jueves, 23 de septiembre de 2010

Príncipe extranjero (Prince étranger)

Prince étranger era un alto -aunque un tanto ambiguo- rango de la corte de Francia.

En Europa medieval, un noble portaba el título de príncipe como indicación de soberanía, ya fuere actual o potencial. A partir de los monarcas, el título les pertenecía a aquellos que estuvieran en la línea de sucesión a un trono. Francia tenía muchas categorías de príncipes en la era post-medieval. Entre ellos frecuentemente reñían y a veces se demandaban entre sí y los miembros de la nobleza, sobre precedencia y distinciones.



Los príncipes extranjeros ocupaban un rango inmediatamente encima de los “príncipes titulares” (princes de titre, portadores de un título principesco legal pero extranjero, sin asociación con un reino hereditario) y sobre la mayoría de los nobles titulados, incluyendo los de mayor rango entre ellos, los duques. Estaban debajo de los miembros reconocidos de los Capetos, la dinastía que gobernaba Francia desde el siglo X. Incluidos en esta categoría real (en orden ascendente) estaban los llamados príncipes legitimados, los príncipes de la sangre y la inmediata familia real, consistente en los hijos legítimos y nietos en línea masculina (enfants y petits-enfants de France) de un monarca o un delfín. Esta jerarquía evolucionaba lentamente en la Corte.

No estaba claro, fuera del Parlamento de París, si los príncipes extranjeros se hallaban encima, a continuación o en el mismo nivel del portador de un título nobiliario francés.


Louise Hyppolyte Grimaldi, Princesa de Mónaco (1697-1731)


Los Príncipes Extranjeros eran de tres tipos:
  • Aquellos domiciliados en Francia, pero reconocidos por el rey actual como miembros más jóvenes de dinastías que reinaban en el extranjero (por ejemplo, los Guisa de la Casa de Lorena, los Nevers de la Casa de Gonzaga de Mantua, los Duques de Nemours, de la Casa de Saboya, etc.). Por encima de ellos estaban los actuales gobernantes reales depuestos, como Jacobo II de Inglaterra, Cristina de Suecia, Suzanne-Henriette, duquesa de Mantua, etc.), quienes generalmente recibían plenas cortesías protocolares en la corte, durante el tiempo que permanecían en Francia.

  • Los gobernantes de pequeños principados que habitualmente habitaban en la corte francesa (los Príncipes de Mónaco, los Duques de Bouillon, etc.)

  • Aquellos que reclamaban la pertenencia a una dinastía anteriormente soberana, ya fuere en la línea masculina (por ejemplo, Rohan) o que pretendían un trono extranjero como herederos en línea femenina (por ejemplo, La Trémoille).
Henriette de Cleves, suo jure Duquesa de Nevers, suo jure Condesa de Rethel, Duquesa de Rethel y Princesa de Mantua (1542-1601)


Estatus

Como los caballeros andantes del folklore caballeresco, ya sea en exilio o en busca de patrocinio real, para ganar notoriedad en las armas, influencia internacional o una fortuna privada, los príncipes extranjeros a menudo emigraban a la corte francesa, considerada como la más magnífica y munificente de Europa en los siglos XVII y XVIII. Algunos gobernaban pequeños reinos fronterizos (los principados de Dombes, Orange, Neuchâtel, Sedán), mientras que otros heredaron o se les concedió grandes propiedades en Francia (Guisa, Rohan, La Tour d' Auvergne). Otros llegaron a Francia como refugiados destituidos (la ex reina de Inglaterra Catalina de Braganza o Eduardo, Conde Palatino de Zimmern). La mayoría consideró que, con asiduidad y paciencia, serían bien recibidos por los reyes de Francia como ornamentos vivos de su corte y, si permanecían en aquel ámbito, serían dotados de mandos militares, fincas, gobernaciones, embajadas, sinecuras eclesiásticas, títulos nobiliarios y, en ocasiones, espléndidas dotes como consortes de princesas reales.

Pero fueron también a menudo perturbadores en la corte y, ocasionalmente, resultaron una amenaza para el rey. Su alta cuna no sólo atrajo la atención del monarca y sino también llamó a la lealtad de nobles franceses, cortesanos frustrados, mercenarios y burgueses ambiciosos, descontentos difamatorios e incluso provincias en busca de un defensor o protector (por ejemplo, la República napolitana) - a menudo en contra o en rivalidad con la corona francesa en sí misma. Considerando que pertenecían a la misma clase que el Rey, tendían a ser orgullosos y algunos urdieron para obtener rangos más altos y poder o impugnaron el del rey o la autoridad del parlamento. A veces desafiaron la voluntad real y se atrincheraron en sus castillos provinciales (por ejemplo, Felipe Manuel de Lorena, duque de Mercoeur), ocasionalmente librando una guerra abierta contra el rey (La Tour d' Auvergne, duques de Bouillon) o intrigando contra él con otros príncipes franceses (la Fronda) o contrayendo alianzas con las potencias extranjeras (Marie de Rohan-Montbazon, duquesa de Chevreuse).
Marie de Rohan, Duquesa de Chevreuse y de Luynes (1600-1679)


Rivalidad con los Pares

Aunque durante las recepciones oficiales de la corte (los llamados Honneurs du Louvre) sus orígenes soberanos eran reconocidos en prosa exagerada, los príncipes extranjeros eran los únicos miembros del principal cuerpo judicial y deliberativo de la nación, el Parlamento de París, si también eran Pares de Francia. En tal caso su precedencia legal derivaba a partir de su fecha de registro en ese cuerpo. Sus notorias disputas con los duques-pares del reino se debían a su falta de rango per se en el Parlement, donde los pares (el nivel más alto de la nobleza francesa, sobre todo duques) tenían precedencia inmediatamente después de los príncipes de la sangre. Considerando que en la mesa del Rey y en la sociedad en general, el prestigio de los princes étrangers era superior a la de los pares ordinarios, los duques-pares denegaron esta preeminencia, tanto en demandas legales y en la negativa a ceder precedencia a ellos, independientemente de las órdenes del rey.

También se enfrentaron con los advenedizos de la corte favorecidos por Francisco II y luego Enrique III, quienes dieron títulos, fortuna y honor a una serie de hombres jóvenes de la nobleza menor, los denominados mignons.


Les Mignons

Les Mignons (del francés mignon, "los queridos" o "los delicados") era un término usado por los polemistas en la atmósfera tóxica de las Guerras de Religión y tomado por el pueblo de París para designar a los favoritos de los reyes de Francia a fines del siglo XVI. Los mignons eran frívolos hombres jóvenes a quienes la malignidad pública atribuyó una sexualidad heterodoxa, rumores que algunos historiadores encontraron como un factor en la desintegración de la tardía monarquía Valois.


Baile por la boda de Anne, Duque de Joyeuse y Marguerite de Vaudémont, 1581

Según el cronista contemporáneo Pierre de l'Estoile, se hicieron "extremadamente odiosos, tanto por su actitud arrogante y necia, como por su vestuario afeminado e inmodesto, pero sobre todo por los inmensos obsequios que el rey les hacía." La boda Joyeuse en 1581, por ejemplo, ocasionó una de las muestras más extravagantes de su reinado.

La facción de los descontentos, encabezada por François, duque de Alençon, creado duque de Anjou en 1576 -el presunto heredero mientras Enrique III no tuviera hijos- parece haber provocado la mala voluntad de los parisinos en su contra. Desde 1576 los mignons fueron atacados por la opinión popular y algunos historiadores les atribuyeron sin pruebas las historias escandalosas de la época. Unos catorce favoritos fueron señalados, incluyendo François d'Espinay, señor de Saint-Luc, quien había acompañado al rey en su "exilio" en Polonia y fue recompensado ahora con el castillo de Rozoy-en-Brie y el gobierno de Brouage. Pero los más conocidos de los mignons, quienes monopolizaban el acceso al rey después de la muerte del hermano y heredero de Enrique, el duque de Alençon, eran Anne de Joyeuse, barón d'Arques, creado duque de Joyeuse (muerto en 1587) y Jean Louis de Nogaret de La Valette, creado duque de Epernon.

El Duque de Joyeuse


La aparición de los mignons en las visitas de Enrique en julio de 1576 a las parroquias de París para recaudar dinero para pagar por las disposiciones del Edicto de Beaulieu, ocasionó un informe de l'Estoile:

"El nombre Mignon comenzó, en este momento, a viajar de boca en boca a través de la gente, para quien eran odiosos, tanto por la forma en la que se burlaban y demostraban soberbia como por su pintura [maquillaje] y apariencia afeminada y descarada ... Sus ocupaciones son jugar, blasfemar, fornicar ... y seguir al Rey por todas partes ... tratando de complacerlo en todo lo que hacían y decían, sintiendo poco por Dios o la virtud, contentándose con estar en buena gracia con su maestro, a quien temían y honraban más que a Dios."

La figura de Ganímedes fue empleada en sonetos difamatorios, pero el motivo de la crítica dentro de la corte fue sobre todo que los mignons no procedían de la flor y nata de las familias nobles, como habían sido los favoritos de su difunto hermano Francisco II o de su padre Enrique II, sino de la nobleza secundaria, lo que elevó a tal grado la malicia que el tejido social apareció anormalmente tenso.

Los mignons fueron desdeñados y resistidos inicialmente por los príncipes de Francia. Más tarde, dotados de riqueza y honores hereditarios, sus familias fueron absorbidas por la nobleza y las dotes de sus hijas fueron buscadas por la clase principesca (por ejemplo, el ducado de Joyeuse finalmente cayó por matrimonio en las manos principescas de, respectivamente, los Duques de Montpensier y los Duques de Guisa).
Jean Louis de Nogaret de La Valette


Más frecuentemente, disputaban por el lugar y el prestigio con otros de su misma clase, con los princes légitimés y, a veces, incluso con los princes du sang.


Príncipes Extranjeros notables

Durante el reinado de Luis XIV, las familias que ocupaban el estatus de prince étranger eran:
  • Saboya Carignano, rama menor de los Duques soberanos de Saboya
  • Guisa, rama menor de los Duques reinantes de Lorena
  • La Tour d' Auvergne, Duques reinantes de Bouillon
  • Grimaldi, Príncipes reinantes de Mónaco
  • La Tremoille, herederos de los Reyes de Nápoles de la depuesta Casa de Trastámara (y pretendientes nominales a los reinos de Jerusalén, Chipre y Armenia).
Los más renombrados de los príncipes extranjeros eran los miembros de la devota y católica Casa de Guisa, la cual, como los reyes Valois se acercaban a su extinción y los Hugonotes se hacían fuertes en defensa del Protestantismo, ponían ojos ambiciosos sobre el trono en sí, con la esperanza de ocuparlo, pero decididos a dominarlo. Tan grande era su orgullo que François, duque de Guisa, se atrevió a cortejar abiertamente a Margarita de Valois, hija de Enrique II. Fue obligado a casarse a toda prisa con una princesse étrangère, Catalina de Cleves, para evitar el daño físico de los ofendidos hermanos de Margarita (cada uno de los cuales logró finalmente suceder a la corona como, respectivamente, Francisco II, Carlos IX y Enrique III).
François de Lorraine II, Príncipe de Joinville, Duque de Guisa, Duque de Aumale (1519 – 1563)

La condición de príncipe extranjero no era automática: requería el reconocimiento del rey y la autorización de cada uno de los privilegios asociados al estatus. Algunos individuos y familias reclamaron el derecho al rango pero nunca lo recibieron. El más tristemente célebre fue el príncipe Eugenio de Saboya, cuya fría recepción en la corte de la familia de su madre lo llevó a los ejércitos del Emperador del Sacro Imperio Romano, donde se convirtió en el marcial azote de Francia por una generación.

Algunas de las principales familias ducales de Francia denegaron el rango de príncipe, simplemente usurparon el título. A menudo era reclamado en nombre de sus hijos mayores, recordándole sutilmente a la corte que el título de príncipe estaba subordinado - al menos en la ley- al de Par, mientras minimizaban el riesgo de que el título principesco fuese cambiado o prohibido. Típico ejemplo eran los Duques de La Rochefoucauld. Afirmaban descender del duque soberano Guillaume IV de Guyena y sus matrimonios con los duques de Mirandola fracasaron al procurar para ellos la designación como príncipes extranjeros. El heredero ducal era conocido como el "príncipe de Marcillac", aunque no haya existido tal principado, dentro o fuera de Francia.


Títulos

La mayoría de los príncipes extranjeros no usaba, inicialmente, "príncipe" como título. Dado que las familias que tenían ese rango eran famosas y pocas en el ancien régime, un título llevaba menos distinción que el apellido familiar. Así, los títulos nobiliarios, incluso el de caballero, eran llevados con indiferencia por los príncipes extranjeros en los siglos XVI y XVII, sin ninguna implicación que su precedencia indicara o se rigiera por el rango de título. Por ejemplo, el título vizconde de Turenne, hecho célebre por el renombrado mariscal francés, meramente reflejaba la tradición familiar, pero era clasificado como prince étranger al ser una rama menor de la Casa de La Tour d' Auvergne, que reinó en el mini-ducado de Bouillon hasta la Revolución francesa.

Escudo de armas de La Tour d’Auvergne


En el siglo XVIII, como los duques y nobles menores se arrogaban el título de "príncipe de X", más de un príncipe extranjero comenzó a hacer lo mismo. Al igual que los príncipes de la sangre (por ejemplo, Condé, La Roche-sur-Yon) era una de sus prerrogativas asumir unilateralmente un título principesco de cortesía vinculado al nombre de un señorío, por ejemplo, príncipe de Joinville (Guisa), príncipe de Soubise (Rohan), príncipe de Talmond (La Trémoille), aun cuando la propiedad epónima ya no estaba en poder de la familia. Estos títulos vacíos fueron transmitidos entre familias como si fueran títulos nobiliarios hereditarios.

Por otra parte, algunos títulos nobiliarios de príncipe conferidos a franceses por el Santo Imperio romano, el Papado y España fueron aceptados finalmente en la corte francesa (Príncipe de Broglie, Princesa de los Ursinos, príncipe de Rache) y se hicieron más comunes en el siglo XVIII. Pero no llevaban rango oficial y su estatus social no era igual a la de cualquiera de los pares o príncipes extranjeros.

Charles, Príncipe de Soubise (1715-1787)


Como era de esperar, los príncipes extranjeros comenzaron a adoptar una costumbre cada vez más común fuera de Francia, anteponiendo sus nombres de pila con "Le prince". El genealogista por excelencia de la nobleza francesa, Père Anselme, inicialmente rechazó aquella práctica neologística con la inserción de un "dit" ("tratado") en sus entradas biográficas, pero después del reinado de Luis XIV registra el uso entre los príncipes extranjeros sin calificación.


Privilegios

Los príncipes extranjeros tenían derecho al tratamiento "haut et puissant prince" (“alto y poderoso príncipe”) en la etiqueta francesa, eran llamados "primos" por el rey y reclamaban el derecho a dirigirse a ellos como votre Altesse (vuestra Alteza).

Aunque Saint -Simon y otros Pares se mostraban reacios a reconocer estas prerrogativas a los princes étrangers, eran más celosos aún de los dos otros privilegios: el llamado pour ("para") y el tabouret ("taburete"). El primero se refiere a las habitaciones asignadas en el Château de Versailles para permitir a los miembros de la dinastía real, los oficiales de alto rango de la casa real, los pares y los cortesanos favoritos el honor de vivir bajo el mismo techo que el rey. Estas habitaciones no eran ni muy bien equipadas, ni bien situadas en relación con las de la familia real, usualmente eran pequeñas y remotas. Sin embargo, les pours distinguían entre el círculo íntimo de la corte y los parásitos que pululaban allí.



El tabouret era aún más altamente valorado. Consistía en el derecho a sentarse en un taburete o ployant (asiento desarmable) en presencia del rey o la reina. Considerando que la reina tenía su trono, los filles de France y petite-filles sus butacas y las princesses du sang asientos con duros respaldos acolchados, las duquesas cuyos maridos eran Pares se sentaban, vestidas de gala y enjoyadas, en un semicírculo alrededor de la reina y de miembros menores de la familia real, en taburetes bajos, inestables, sin respaldo, y se contaban a sí mismas como las más afortunadas entre las mujeres de Francia.

Mientras la esposa de un duque y par podría utilizar un ployant, otras duquesas, nacionales o extranjeras, carecían de la prerrogativa. Pero no sólo podría la esposa de cualquier príncipe extranjero reclamar un tabouret, también podrían hacerlo sus hijas y hermanas. Este privilegio extendido se basaba en el hecho de que un Par era un oficial del Parlamento de París, mientras que el rango de un príncipe derivaba de una dignidad arraigada en su sangre antes que en su función. Así, una duquesa-par compartía con el rango de jure de su marido como oficial, pero ese rango no se extendía a ningún otro de su familia. En cambio, así como todos los descendientes legítimos en línea masculina de un príncipe compartían su sangre, y por lo tanto su estatus, así sucedía con su esposa y las esposas de sus parientes por línea paterna.



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