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jueves, 16 de agosto de 2012

La Medialuna de Kapurthala


El 28 de enero de 1908 una española de 17 años, sentada a lomo de un elefante lujosamente enjaezado, hace su entrada en una ciudad del norte de la India. El pueblo entero está en la calle rindiendo un cálido homenaje a la nueva princesa de tez tan blanca como las nieves del Himalaya. Así fue la boda de la andaluza Anita Delgado con el riquísimo Maharajá de Kaphurtala y así empezó una gran historia de amor y ambición alrededor de una joya.

Que un personaje tan poderoso económicamente y de tanta influencia como Jagatjit Singh se enamorara de una casi analfabeta bailarina de danza española, como lo era Anita Delgado, es un hecho increíble y bien podría tratarse de un cuento de hadas a no ser porque los acontecimientos históricos así lo reflejan. Existen uniones como la de Rainiero de Mónaco con la actriz Grace Kelly o la de Felipe de Borbón con la periodista Letizia Ortiz, que pueden servir de ejemplos contemporáneos -ellos príncipes y ellas de procederes tan distintos como las artes escénicas o el periodismo-, pero no se pueden comparar dada la formación cultural de Grace o Letizia; en cambio, Anita se hizo reina solo por su gracia andaluza y su belleza según los cánones de la época (los rasgos agitanados, el cuerpo rellenito y el cabello negro, al igual que su tez morena, eran ingredientes más que suficientes para el gusto de un hindú, que aún sin ser de su raza sí la acercaba, eso sí, con un toque exótico).



En los días históricos en que el rey Alfonso XIII se casaba con Victoria Eugenia de Battenberg y la nobleza de todo el mundo se daba cita en Madrid, uno de los personajes invitados quedó prendado de la joven bailarina malagueña. El Maharajá de Kapurthala, de 34 años, aunque le doblaba la edad, quiso conocerla, pero cuentan que ella no sólo lo rechazó sino que lo hizo con la vehemencia andaluza. Los acontecimientos se precipitaron y los invitados abandonaron aprisa la capital española debido al atentado terrorista sufrido contra los reyes en la calle Mayor. Jagatjit Singh no se quedó conforme con la respuesta y desde París insistió, pidiéndole en una carta que se casara con él. La joven andaluza viajó entonces a París y de ahí a la India, donde se casó.

La pareja se convirtió en unas de las más admiradas de la época, sus constantes viajes eran un imán para los reporteros gráficos, quienes los perseguían por todas partes. Y entre los exquisitos regalos con los que la agasajaba su marido, se encontraban las mejores joyas.



El culto a las joyas

Creyéndose "divinos", los maharajás de la India hacían gala de una demostración extravagante de tesoros y posesiones que les hacía vivir en un mundo aparte. Todo, desde la pastilla de jabón más pequeña hasta los grandiosos palacios de mármol, todo era "hecho para el maharajá". Vivían de la tierra y de las inmensas fortunas familiares amasadas durante generaciones a costa de sus súbditos.



En la época del Raj británico, estos príncipes construyeron algunos de los palacios más espectaculares de la India, decorándolos con lo mejor de cada lugar. Los edificios atesoraban carísimas alfombras, delicada porcelana, piezas de jade verde transparente y ámbar rojo y cantidades de marfil. Cartier para las joyas, Louis Vuitton para los artículos de piel y Rolls Royce para los coches, se convirtieron en los proveedores reales favoritos. Sólo comían en vajillas de porcelana de Royal Worcester o Minton y bebían únicamente en cristalerías de Lalique o Baccarat.

Los maharajás fueron también famosos por la ostentación de sus joyas. Les rendían verdadero culto, que era en ellos de naturaleza casi religiosa, pues atribuían a las piedras preciosas una esencia mística provista de inmensos poderes. Algunas de esas piezas databan de la época de los mogoles, quienes las habían regalado a sus favoritas. Otras eran encargadas a las casas más importantes como Cartier, Boucheron, Van Cleef & Arpels y Harry Winston.



El Maharajá de Kapurthala era un hombre culto que hablaba seis lenguas y a quien entusiasmaba la historia. También era un francófilo declarado que sentía fascinación por todo lo francés, desde la literatura hasta el arte, la comida, la moda, las mujeres y la arquitectura. De alguna manera intentó imbuir a Kapurthala de la joie de vivre parisina. Por ejemplo, contrató a algunos de los mejores arquitectos franceses para que construyeran una réplica de Versailles -incluso el personal debía vestir con uniformes franceses del siglo XVII- y encargó a Cartier piezas de joyería que hoy son legendarias.

Digna de una reina

En 1909, Anita acudió con su esposo al palacio de las mujeres, en el centro de la ciudad, para asistir a la puja del cumpleaños, una de las ceremonias consideradas íntimas por la familia. Esa nueva imposición del rajá hizo que la guerra fuera abierta entre el peso de la tradición, que reclamaban sus mujeres, y la voluntad del soberano. La maharaní caminaba erguida, el porte altivo, vestida con un sari que le ocultaba parte del rostro y adornada con las joyas que le había ido regalando el rajá. Llevaba en la frente una espléndida esmeralda en forma de medialuna.



Como todo se pega con la convivencia, a mí se me contagió la afición que tenía mi marido por esas chucherías y poco a poco me iba haciendo con un joyero de bonitas piezas”, escribiría en su diario. La esmeralda ha sido el último de los regalos, un capricho de Anita, que intuía que las joyas eran su única seguridad. Esta piedra su utilizaba para adornar al elefante más viejo de la cuadra de palacio, a modo de talismán protector, hasta que Anita, al asistir a su primer desfile, se fijó en ella. Iba cosida a un arnés de seda a la altura de los ojos y estaba rodeada de perlas.  “Era una pena que un elefante luciese una esmeralda tan hermosa, así que se la pedí al rajá”.



Pero él pensaba que era demasiado grande y tosca para un adorno de mujer.  Como quiera que Anita insistió tanto que el maharajá decidió regalársela el día que ella pudiese hablar bien el urdu. La joven se aplicó tanto que pasaba las tardes enteras estudiando en su alcoba. El día de su decimonoveno cumpleaños, el príncipe apareció en las habitaciones de la maharani muy temprano, seguido del viejo tesorero de palacio que portaba una gran bandeja de plata con un paquete. Dentro estaba la codiciada esmeralda.



La magnífica piedra era enorme y con los bordes engarzados en un fino marco de oro: tenía en las esquinas dos pequeños orificios. Con sumo cuidado, Anita le había hecho un boquetito y deslizado un hilillo dorado entre el engarce y la gema, a la altura de los dos ángulos de la luna. De ese modo, una vez peinada y oculto el hilo entre el cabello, la esmeralda resplandecería colgada sobre la frente como si verdaderamente fuese un tocado oriental hecho ex profeso. “Ya puedes decir que has conseguido la luna –le dijo el rajá-, aunque me ha costado trabajo dártela”.



Y es verdad, no había sido fácil. Quitarle la joya al elefante para dársela a Anita había supuesto un desafío a la tradición, un gesto que seguramente provocara cascadas de rumores. Pero lo había hecho adrede, para apoyar a su mujer, a sabiendas de que todo lo que hacía se escudriñaba y comentaba detalladamente en la corte. “¡El rajá le ha regalado la luna del elefante!”. La noticia no había tardado en extenderse. El mensaje subrepticio que conllevaba su decisión quería dejar bien sentado que era capaz de cualquier cosa por su mujer. Más que un regalo, había sido un acto político.

Anita, discreta y presente a la vez, le siguió el juego. Para la puja del cumpleaños había cuidado su atuendo y su maquillaje con esmero. Quería estar resplandeciente, porque inconscientemente sabía que ése era su mejor argumento.



El final

La rani malagueña que fue bailarina y vivió durante años en la India dejando atrás su pasado humilde, terminó separándose de su maharajá, quien le prohibió volver su país de adopción y la separó de su hijo. Anita se instaló en París, donde residió en su lujoso apartamento de la Avenida Víctor Hugo y su vida se tornó díscola, viviendo en una sucesión continua de festejos. Años más tarde fue fotografiada con su amante y amigo Ginés Rodríguez, su secretario durante su estancia en la India. Luego de la guerra civil regresó a Madrid, donde fijó su residencia hasta que falleció el 7 de julio de 1962.

Cuarenta y cinco años después, en 2007, ocho magníficas piezas de joyería de estilo art-déco que habían pertenecido a la quinta esposa de Jagatjit Singh, Maharajá de Kapurthala, fueron subastadas en Christie’s. Según palabras de Amin Jaffer, director de Arte Asiático de la célebre casa de subastas, las piezas "unen el espléndido patrocinio indio con la mejor artesanía y diseño europeos".  Lo que olvidó aclarar es que la medialuna de esmeralda que se encontraba entre ellas guardaba dentro de sí una triste historia de amor y ambición.








lunes, 13 de agosto de 2012

El Nizam de Hyderabad


El Nizam de Hyderabad, un término reducido de Nizam-ul-Mulk, es decir, Administrador del Reino, era el título, desde 1724, de los soberanos nativos del antiguo Estado de Hyderabad, pertenecientes a la dinastía Asaf Jah. Esta dinastía fue fundada por Mir Qamar-ud-Din Siddiqi, un virrey del Deccan bajo los emperadores mogoles de 1713 a 1721 y de forma intermitente gobernó bajo el título Asaf Jah en 1724.



Escudo de armas de Hyderabad


Hyderabad, a lo largo de siete generaciones de Nizams, se convirtió en el estado más rico del mundo. Sin embargo, el mundo lo relacionaba mayormente con su séptimo gobernante, Mir Osaman Ali Khan, que es famoso por sus particularidades y su riqueza. Éste era dueño de grandiosos tesoros del mundo, pero vivía como un mendigo, fumando bidhis baratos y usando ropa hecha jirones.

El Nizam de Hyderabad ocupa el quinto lugar en la lista de Forbes “Los más ricos de todos los tiempos” de 2008 con un patrimonio neto de 210,8 billones de dólares, mientras que Bill Gates es vigésimo, con su patrimonio neto de 101 billones de dólares. Esta es una lista de figuras históricas que vivieron durante la era Industrial, la era de la Información, la Edad Media, el mundo Antiguo y se basa únicamente en el patrimonio neto acumulado por herencia o beneficios personales. El patrimonio estimado de estas personas se calcula en dólares ajustados a la inflación en 2007, desde cuando estaban en la cima de su patrimonio neto.

El último Nizam del Estado Principesco de Hyderabad y Berar, Fath Jang Nawab Mir Osman Ali Khan Asaf Jah VII, era el hombre más rico en los años 1940, con una fortuna estimada en $ 2 billones. Gobernó Hyderabad entre 1911 y 1948 e incluso apareció en la portada de la revista TIME. Mientras a los gobernantes de otros estados grandes, como Cachemira, Jodhpur Bikaner, Indore y Bhopal,  se les dio el título de "Su Excelencia" (H.E., por sus siglas en inglés), sólo el Nizam de Hyderabad recibió el título único de "Su Exaltada Alteza" (H.E.H.).



El Nizam en la portada de TIME


Los Nizams gobernaron hasta el 17 de septiembre de 1948, cuando militares indios atacaron el estado soberano independiente y forzaron la rendición del Nizam en lo que se conoce como una "acción policial" después de la 'Operación Polo' del ejército indio. El estado fue integrado en la Unión India y en 1956 dividido en líneas lingüísticas y fusionado con los estados indios vecinos.

Orígenes

La dinastía Asaf Jahi se originó en la región alrededor de Samarkanda, pero la familia llegó a la India desde Bagdad en el siglo XVII. Eran descendientes directos del primer Califa del Islam, Hazrat Abu Bakr Al-Siddiq.

Nizam-ul-Mulk fue un título usado por primera vez en urdu  alrededor de 1600, significando  Gobernador del reino o Diputado para el Imperio Entero. La palabra se deriva del árabe, Nizām, que significa orden, arreglo. El Nizam era referido como Ala Hadrat, Ala Hazrat o Nizam Sarkar, es decir, Su Exaltada Alteza (El último Nizam fue galardonado con este título hereditario).

El primer Nizam gobernó en nombre de los emperadores mogoles. Tras la muerte de Aurangzeb, los Nizams se separaron de los mogoles para formar un reino independiente. Cuando los británicos lograron supremacía sobre  India, los Nizams pudieron continuar gobernando sus estados como reyes vasallos. Retuvieron el poder interno sobre el Estado de Hyderabad hasta el 17 de septiembre de 1948, cuando se integró forzosamente dentro de la nueva Unión India.



Banquete de Estado en Hyderabad en honor del Virrey de India


La dinastía de Asaf Jah tuvo solamente siete gobernantes; sin embargo, hubo un período de 13 años después del gobierno del primer Nizam en que tres de sus hijos (Nasir Jung, Muzafar Jung y Salabath Jung) llegaron al poder, aunque no fueron reconocidos oficialmente como  gobernantes. Una leyenda acerca del primer Nizam dice que, en uno de sus  viajes de caza un hombre santo le ofreció algunos kulchas (un pan indio) y le pidió que comiera tantos como pudiera. El Nizam pudo comer siete kulchas; el hombre santo entonces le profetizó que siete generaciones de su familia gobernarían el estado.

Por tradición ningún Nizam ha salido de la India, no importa cuán buena fuera la razón para hacerlo; como se ha dicho, "el Soberano es demasiado valioso para su pueblo, como para nunca dejar India".

Patrimonio

Durante el período del gobierno Nizam, el Estado de Hyderabad se convirtió en el más rico y el más antiguo y grande Estado-saludo de los principados indios. Se extendía sobre 223.000 kilómetros 2 (86.000 millas cuadradas) en el Deccan, gobernado por la dinastía Asaf Jah. El de Nizam recibió el tratamiento de Su Exaltada Alteza y el título de Fiel Aliado del Gobierno Británico de parte del Reino Unido, convirtiéndose en el único príncipe indio al cual se le otorgaron estos dos estatus. El gobierno de los Nizams trajo el crecimiento cultural y económico para la ciudad de Hyderabad. Sus gobernantesi fueron grandes mecenas de la literatura, el arte, la arquitectura, la cultura, la joyería y la haute cuisine. 



El elefante personal del Nizam de Hyderabad


La Revista Time informó el 22 de febrero de 1937 - la mayoría de las noticias sobre el hombre más rico eran principalmente chismes sobre cómo era cuidadosa Su Exaltada Alteza con sus centavos – que, mientras que 5.000 dólares era su ingreso diario aproximado, sus joyas tenían un valor estimado de $ 150 millones, mantenía $ 250 millones más en lingotes de oro y su capital total ascendía a unos $ 1.4 billones, por no hablar de las legendarias "Minas de Golconda”. Se esperaba que los regalos en efectivo por el Silver Jubilee de parte de sus súbditos ascendieran a, por lo menos, $ 1 millón.

La legendaria colección de joyas del Nizam, valuada por Sotheby’s y Christie’s entre $ 250 y $ 350 millones, se remonta desde el siglo XVIII hasta principios del siglo XX. Hechas en oro y plata y embellecidas con esmalte, las piezas están montadas con esmeraldas colombianas y diamantes de las minas de Golconda, rubíes birmanos y perlas de Basora y del Golfo de Mannar.

Su colección de perlas por sí sola podría llenar una piscina de tamaño olímpico. El Nizam obtuvo el famoso diamante Jacob, de 400 quilates, el doble del tamaño del Koh-i-Noor y el quinto más grande del mundo, a través de un famoso pleito en 1892. El Diamante Jacob fue adquirido en 1995 por el Gobierno de India luego de una batalla de 24 años con el trust del Nizam por un estimado de 13 millones de dólares junto con otras Joyas de los Nizams. Es mantenido en el Reserve Bank of India, en Bombay. El valor del Jacob por sí solo es de 100 millones de libras.  El séptimo y último Nizam encontró esta piedra, del tamaño de un huevo de pato, escondido en las zapatillas de su padre y lo utilizó como pisapapeles.



El Diamante Jacob (hoy Diamante Victoria) en exhibición en Egipto


En 1948 el estado tenía una población estimada de 17 millones  y generaba un ingreso anual estimado de £ 90 millones. El estado tuvo su propia moneda, conocida como la rupia de Hyderabad, hasta 1951. El ritmo al que el último Nizam, Mir Osman Ali Khan, amasaba riqueza le hizo uno de los hombres más ricos del mundo en 1937. 

Los Nizams inauguraron numerosas instituciones en nombre de la dinastía: hospitales, escuelas, colegios y universidades que impartían educación en urdu. Inspirado por el Servicio Civil Indio, establecieron el Servicio Civil de Hyderabad y construyeron grandes embalses. El trabajo de relevamiento en la presa de Nagarjuna Sagar se inició durante este tiempo, aunque el trabajo real fue completado por el Gobierno de la India en 1969. 

Los Asaf Jahis eran constructores prolíficos. Varios palacios de los Nizams en Hyderabad fueron Chowmahalla o Chowmahallat (“4 Palacios”), Purani Haveli, el Palacio Rey Kothi, la Mansión Mahboob, Falaknuma, Bella Vista, Hill Fort, Chiran y Bashir Bagh, mientras que en Nueva Delhi levantaron Hyderabad House. Otras de sus notables construcciones fueron el Alto Tribunal de Andhra Pradesh, el Jubilee Hall, la Biblioteca Asafia, la Asamblea del Estado de Andhra Pradesh, la Universidad Osmania y el Colegio Médico Osmania.



El Andhra Pradesh Assembly Building


Los Nizams gustaban el estilo europeo de arquitectura y crearon una fusión de las tradiciones europeas con formas y motivos hindúes e islámicos.

Fin de la dinastía

Durante el siglo XIX los Nizams jugaron como peones en las manos de los británicos y los franceses de Pondicherry. Después de que los franceses fueron derrotados por los británicos, el Nizam de Hyderabad cambió su lealtad a éstos y gobernó bajo protección británica. Cuando la India obtuvo su independencia en 1647 y el Viceprimer Ministro Sardar Patel inició el proceso de integración de los estados principescos indios, Jammu y Cachemira, Junagadh y Hyderabad decidieron buscar la adhesión con Pakistán o declarar la independencia. Hyderabad era el mayor de los estados principescos, e incluía partes de los actuales estados de Andhra Pradesh, Karnataka y Maharashtra. Su gobernante, el Nizam Osman Ali Khan era musulmán, aunque más del 80% de sus habitantes eran hindúes. El Nizam de Hyderabad se mantuvo cambiando su posición y Patel no pudo más.

En su calidad de Primer Ministro en funciones, cuando Nehru estaba de gira por Europa puso en marcha una acción policial en Hyderabad el 13 de septiembre de 1948, invadiendo rápidamente las fuerzas del Nizam en cuestión de cuatro días y medio. La acción se denominó Operación Polo, en la cual miles de fuerzas Razakar fueron asesinadas, pero Hyderabad fue asegurado cómodamente dentro de la Unión India. El 17 de septiembre de 1948 terminó el gobierno del Nizam y fue meramente un jefe de Estado ceremonial.  Era el final de la dinastía.
Mir Osman Ali Khan, el último Nizam, murió el viernes 24 de febrero de 1967. Aunque todos los Nizams están enterrados en las tumbas reales en la  Makkah Masjid,  cerca de Charminar, en Hyderabad, Osman Ali Khan quiso que lo enterraran junto a su madre, en el patio de la Mezquita Judi frente al Palacio Rey Kothi.



El VII Nizam con su nieto Sahebzada Mukarram Jah, en la década del ’30.


Este Nizam, de quien se reportó que había engendrado más de cien hijos ilegítimos con 86 de sus amantes, nombró, no a su hijo, sino a su nieto Mukarram Jah (nacido en Francia y con una madre turca), para ser el siguiente (y último) Nizam titulado. Mukarram Jah no pudo encargarse de las batallas sobre la riqueza de su abuelo y se escapó a Australia donde, a pesar de tener el dinero para la mejor educación (Harrow, Cambridge, Sandhurst), operaba excavadoras y  se casó y divorció cinco veces, una de ellas con una ex Miss Turquía. Hoy vive en un apartamento de dos habitaciones en Estambul.

En la actualidad, el Gobierno de la India acordó un arreglo extra-oficial con Pakistán y los descendientes del Nizam. Mir Osaman Ali Khan había transferido el 20 de septiembre 1948 un millón de libras de la cuenta del gobierno del Nizam de Hyderabad en el National Westminster Bank, a una cuenta de Habib Ibrahim Rahimtoola, el entonces Alto Comisionado de Pakistán en Gran Bretaña, pues el Nizam vacilaba sobre a cuál de las dos nuevas naciones unirse. Envió entonces un telegrama al banco para congelar la operación cuando fue presionado por el gobierno de la India.

En 1957, después de varias rondas de litigio entre el Nizam y el gobierno paquistaní, el caso llegó a la Cámara de los Lores, que dictaminó que la cuenta sólo podía ser descongelada con el acuerdo de todas las partes. La cantidad ha crecido a cerca de 30 millones de libras esterlinas y Nueva Delhi tiene la intención de lograr un compromiso con los dos herederos del Nizam de Hyderabad y Pakistán.



Los descendientes del VII Nizam


Muhammad Safiullah, asesor cultural de la Fundación del Nizam, dijo: "Los nietos de Mir Osman Ali Khan, Mufakham Jah, Shahmat Jah, y Mukarram Jah, la nieta Fátima Fouzia y otros miembros de la familia han apostado a reclamar parte de los fondos. Como no hay ningún gobierno de Nizams por ahora, la fundación del Nizam y sus herederos legales también recibirá una parte del dinero. El gobernante quería ayudar al naciente gobierno de Pakistán en 1948, ya que no tenía dinero para pagar ni los sueldos de sus empleados."

Los herederos del Nizam no desean compartir el dinero con India o Pakistán. "El dinero es nuestro y sólo nosotros somos los herederos legales. Una vez que los asuntos queden claro, vamos a reclamar ", dicen.


domingo, 3 de junio de 2012

Apéndice: tiaras de reina (o las Tiaras de la Reina)

Como toda soberana que se precie, la Reina de Inglaterra dispone en su guardajoyas de invaluables piezas para festejar su aniversario. Y entre éstas encuentra los ornamentos de cabeza más fabulosos del mundo.

En sus 60 años en el trono (y 65 de matrimonio), Elizabeth II ha usado nueve tiaras (once, si contamos que la Tiara Vladimir se puede llevar de tres maneras diferentes, o doce, si incluimos la Tiara del Nizam de Hyderabad, que ha lucido solo una vez o dos), piezas que se han hecho célebres al convertirse su dueña en la mujer más fotografiada del mundo.


Vladimir


Esta fantástica joya es la preferida de Elizabeth. Fue heredada de su abuela, la reina Mary, quien la adquirió en 1921 y tiene la particularidad que las perlas colgantes pueden ser intercambiadas por quince esmeraldas cabochon (las esmeraldas Cambridge). La reina la ha utilizado incluso sin ningún pendiente, lo que le da un aire extraordinariamente grácil y elegante.











Girls of Great Britain and Ireland


Otra pieza que perteneció a la reina Mary, gran amante de las joyas, y data de 1893. Le fue obsequiada a su nieta, entonces Princesa heredera, para su boda en 1947. Está hecha de diamantes –originalmente surmontada de nueve grandes perlas-. Elizabeth II la ha usado sin las perlas y sin la base de diamantes, para hacerla mucho más fácil de llevar.


  



Burmese Ruby


Es la más moderna de las piezas de cabeza de Elizabeth II, pues data de 1973. Por entonces fue encargada a los joyeros Garrard con piedras sueltas que fueron regalos de boda: diamantes del Nizam de Hyderabad y rubíes del pueblo de Birmania.






Brazilian Aquamarine


Esta tiara forma parte del Brazil Parure de aguamarinas, obsequiado por el gobierno brasileño en 1953 y al que la reina agregó la tiara en 1957. El tamaño desmesurado de las piedras y la disposición de éstas en la pieza no la hacen el diseño del mejor gusto.






George III Fringe


En el otro extremo del gusto (por su sencillez y elegancia) se halla la primera de las tiaras Fringe que posee la soberana y que usó como diadema nupcial en 1947. Puede ser usada también como collar y fue confeccionada para la reina Mary en 1919 con diamantes pertenecientes a George III. En 1936 Mary obsequió la tiara a su nuera Elizabeth, consorte de George VI.






Russian Fringe


En la misma línea Fringe, estilo del que la mayoría de las casas reales posee una diadema, se halla la Tiara Rusa o Kokoshnik, compuesta de 488 diamantes incrustados en barras de platino. Le fue obsequiada originalmente a la reina Alexandra, cuando se convirtió en Princesa de Gales, por las 365 Pares (femeninas) del Reino Unido.





• Cambridge Lovers Knot


Esta pieza de diseño neoclásico con sus diecinueve perlas colgantes hizo célebre Diana, Princesa de Gales. Pero data de 1914 y la reina Mary la legó a Elizabeth, quien la usó durante los primeros tiempos de su matrimonio. En 1981 la obsequió a su nuera, pero regresó a manos de Su Majestad luego del divorcio de los Príncipes de Gales.









George VI Diamond and Sapphire


Aunque espléndidos, los zafiros no son las piedras más usadas por la reina en atuendos de soirée (los prefiere en broches, para trajes de día). La tiara –y un brazalete- fue mandada hacer en 1963, con zafiros adquiridos a la Princesa Luisa de Sajonia-Coburgo-Gotha. Elizabeth II quiso agregar esas dos piezas al Victorian Sapphire Suite que le obsequió su padre, el rey George VI, con ocasión de su boda.





 




Oriental Ruby Circlet


Esta joya, propiedad de su madre, la recibió Elizabeth II en herencia luego de la muerte de ésta, en 2002, por lo que la ha usado muy pocas veces. Originalmente perteneció a la reina Victoria, obsequio de su esposo Alberto y confeccionada por Garrard en 1853. En lugar de los rubíes tenía ópalos y, al ser los diseños florales en una base hindú, muchas veces ha sido referida como la Indian Ruby Tiara o, simplemente, Indian Tiara.






Nizam of Hyderabad


Esta tiara formaba parte de la avalancha de presentes de boda que recibió la entonces princesa Elizabeth en 1947. Hacía juego con un collar, conjunto hecho por Cartier sobre un apropiado diseño de rosas inglesas. Luego de un par de veces que fue vista en público, la reina no la usó más. Solo llevaba el collar. En 2012, Hugh Roberts, en su libro The Queen’s Diamonds ha confirmado que la tiara Nizam fue desmantelada y sus piedras usadas en la Burmese Ruby Tiara. Las rosas de la tiara se convirtieron en tres broches, dos pequeños y uno más grande.






martes, 17 de abril de 2012

El guardarropa y el guardajoyas de Marina de Kent

Al igual que S.A.R. El Duque de Edimburgo, que posee el título de Príncipe por haber nacido en el seno de la depuesta familia real griega, asimismo su prima hermana, la Princesa Marina, Duquesa de Kent, mantuvo el título principesco hasta su muerte por ser hija de Príncipe y nieta de Rey. La Princesa Marina fue la esposa del príncipe George, Duque de Kent, el cuarto hijo varón del rey George V y de la reina Mary. Fue la última princesa extranjera en casarse con un miembro de la familia real británica, ya que posteriores consortes han sido de la aristocracia inglesa, escocesa, alemana o, simplemente, plebeyas.

Posando para el pintor de la realeza, Philip de Laszlo.



No fue nada difícil organizar un "compromiso" entre el Príncipe George y la Princesa Marina. La joven poseía un árbol genealógico sencillamente formidable, así como las apropiadas conexiones familiares. En esa época, lo importante era que, ya que había que proteger detrás de una vistosa pantalla la intimidad desordenada del príncipe, nada mejor que un enlace absolutamente glamoroso con una princesa de verdadera sangre real (su madre, la Gran Duquesa Elena, era nieta del Zar Alejandro II; su padre, el Príncipe Nicolás, era hijo del Rey de Grecia, nieto de los Reyes de Dinamarca, primo carnal del Zar Nicolás II y del Rey George V).





Marina (1923)



Los encuentros entre George y Marina no habían hecho surgir el amor pero, ciertamente, se agradaban mutuamente. Marina podía apreciar la apostura y la personalidad encantadora del príncipe. En cuanto a George, estaba fascinado por el parecido que veía en Marina con su fallecida abuela paterna, la inolvidable Alexandra. En realidad, no resultaba sorprendente, ya que Alexandra era tía abuela paterna de Marina. Para George, suponía un estímulo positivo la perspectiva de ofrecer a los ingleses una princesa que tuviese un estilo similar al que había hecho extraordinariamente popular a Alix. Formarían un equipo con una imagen conjunta elegante y refinada, lo que constituiría un servicio a la monarquía. Así que se comprometieron.


Máxima elegancia: raso negro y perlas


El 28 de Agosto de 1934, el Boletín de la Corte publicaba el anuncio, fechado en Balmoral: "Con gran satisfacción, S.M. El Rey anuncia el compromiso de su querido hijo, el Príncipe George, con la Princesa Marina de Grecia, hija del Príncipe y la Princesa Nicolás de Grecia. El Rey, con gran alegría, ha dado su consentimiento a esta unión."



Balmoral


Un detalle snob de Marina es que siempre consideró que ella estaba hecha de madera más noble que sus concuñadas. Marina era REALEZA, en tanto que Elizabeth Bowes-Lyon (prometida del duque de York) y Alice Montagu-Scott (prometida del duque de Gloucester) eran ARISTOCRACIA, aunque el matrimonio las hubiese introducido en el círculo real. Dada la fuerte raigambre y conexiones dinásticas germanas de la familia real, se había considerado muy apropiado y ventajoso que dos de los hijos varones del rey se casasen con aristócratas de sólida raigambre escocesa. Lizzie y Alice aportaban esa conexión británica. Con cierta ironía, Marina llamaría a ambas "esas galletitas escocesas" (these scottish cookies).




El día del compromiso, con the Marina hat, estilo cajita de píldoras.



Por cierto que Marina ya entraba a la realeza británica creando estilo. El sombrerito que llevó Marina en la sesión de fotos del compromiso se convirtió en el sueño de millones de británicas, al punto de que llegó a inspirar una canción en la época.




El día de la boda



El 29 de noviembre de 1934 tuvo lugar la boda en la Abadía de Westminster. Su vestido fue diseñado por el couturier inglés Edward Molyneux en brocado color plata tejido en Lyon con rosas inglesas de diseño medieval, todo cerrado con botones de plata que también tenían grabada la rosa de Inglaterra. Era el tipo de vestido que habría usado una princesa inglesa en el Medioevo. El material para el vestido era tan delicado que sólo fue enviado a las Islas alrededor de dos semanas antes de la boda. Las mangas se ampliaban desde el hombro hasta la muñeca. El ondulante velo de tul blanco era de cinco pies de largo, ampliándose en la parte inferior a diez pies; era el mismo que había usado su hermana Elisabeth para su boda. Manteniendo esto en su lugar estaba la Tiara London Fringe de diamantes y dos pequeños ramos de flores de azahar detrás de cada oreja.



De pie, de izquierda a derecha: George V, la Princesa Nicolás de Grecia (Gran Duquesa Helena de Rusia), la novia y el novio, la reina Mary, el príncipe Nicolás de Grecia. Sentadas, a la izquierda, la princesa Elizabeth (futura Elizabeth II) y a la derecha, lady Mary Cambridge.



El rey le obsequió un collar de 36 enormes diamantes; la reina, un set de diamantes que consistía en una diadema con dos enormes zafiros en el centro y diamantes a los lados, tres gargantillas, dos broches, un collar y un par de aretes; el novio una belleza en diamantes, perlas y rubíes: una tiara de diamantes, cuya parte central puede ser intercambiada por rubíes, una pulsera de diamantes y rubíes, un collar de diamantes con un gran rubí y pendientes de perlas. El rey y la reina, además, ofrecieron a su nuera un soutoir de diamantes y un broche grande con rubíes en el centro y diamantes a los lados. Una tercera tiara con diamantes y perlas recibiría de sus padres y una cuarta, la tiara fringe de diamantes en el modelo ruso kokoshnik, de parte del alcalde y los ciudadanos de Londres.



El día de la coronación de George VI, 12 de mayo de 1937, luciendo sus joyas de boda.



El Illustrated London News, del 1º de diciembre de 1934, tiene imágenes claras de algunas de las joyas reales que recibió Marina como regalos de boda, incluyendo el aderezo Cambridge de zafiros y diamantes de la reina Mary. Este consistía en una tiara con siete motivos de diamantes y zafiros, un par de brazaletes, un largo collar con un pendiente desmontable, tres broches y un par de pendientes colgantes. Este fabuloso conjunto se rompió cuando el actual duque vendió la tiara por los derechos de sucesión.

Marina –aquí con su suegra- luciendo el famoso parure de diamantes y perlas que heredó de su madre, la Princesa Nicolás de Grecia.





Con el enorme broche de lazos de diamantes que recibió de su madre como regalo de bodas. Le fue regalado originalmente a la Gran Duquesa Helena, hija de la Gran Duquesa Vladimir, cuando se casó con el Príncipe Nicolás.



Cuando se convirtió en Duquesa de Kent, Marina introdujo una nueva elegancia a la familia real, tal y como Lady Diana Spencer lo haría cincuenta años después. Amante de la literatura, culta, inteligente y sofisticada, cualidades que se unían a las físicas, era alta, delgada, con unos preciosos ojos de color miel y un mohín permanente en su boca. Tenía una elegancia clásica y etérea y sus diseñadores favoritos eran Charles Worth, Edward Molyneux y John Cavanagh, todos de origen inglés.



Vestida de Molyneaux, con el broche de lazos puesto en la cintura.



La casa de Edward Molyneux estuvo en funcionamiento desde 1919 hasta 1950. Fue el diseñador a quien recurría la mujer a la moda en los años 20 y 30, cuando quería ser absolutamente "correcta" y no predecible. Molyneaux se mezclaba tanto con la aristocracia, como con la cafe society del París de entre-guerras y trabó conocimiento de las necesidades de las mujeres en esa época de cambio y libertad. Tenía la seguridad en sus manos, vistiendo a Gertrude Lawrence para el teatro y a Marina de Grecia para su boda.



Diseños de Molyneaux para su trousseau de bodas.




De color pastel y con perlas, combinación que le encantaba.



Desde el principio, su estilo era de extrema sencillez y buen gusto. Además de la alta costura, Molyneux diseñó pieles, ropa interior, sombreros y hasta perfume. Vistió a las mujeres más elegantes hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial; era conocido por su ropa conservadora, pero nunca formal o estilo matrona. Su cliente típica era alta, delgada e inteligente, con piernas largas y delgadas y por lo general en el filo de los treinta años. Su aerodinámico vestido sin espalda en blanco satén con pieles de zorro plateado arrojadas por encima del hombro, se convirtió en el símbolo de la elegancia de los años 30. Fue mejor conocido por su maravilloso manejo del azul marino y negro, ya sea en un liviano tailleur de falda plato o un sensual vestido de noche.


Marina usaba los diferentes tipos de sombrero volcados a la derecha. Aquí un nuevo “pillbox”.




En carroza, durante el Jubileo del Rey George V (1935).




Una excepcional imagen tomada por Cecil Beaton (1938)



En las carreras, con el Duque (1938)



De uniforme (1940)



Un diseño de Molyneux


John Cavanagh, por su parte, había instalado su propia maison en 1952 y se lanzó a la fama con su colección “Coronación”, para la Primavera-Verano 1953, marcando la coronación de Elizabeth II. Era una serie de vestidos diseñados en telas suntuosas y, aunque solo llevaba en el negocio un año, los miembros de la aristocracia de Inglaterra le encargaron sus atuendos para las celebraciones de ese año.



Junto a su hijo y duque de 17 años, Edward, y luciendo la recargada vestimenta de Par del Reino, en un retrato oficial por la coronación de su sobrina, Elizabeth II, en 1953.


Con su otra sobrina, la Princesa Margarita –quien la adoraba-, a mediados de los ’50.



El modisto era reconocido por su elegante manufactura, su sentido del color y del refinamiento, así como el alto nivel y calidad de sus diseños. Mantuvo una pureza de líneas y formas en toda su obra, ropa adecuada para el estilo de vida de su clientela predominantemente británica y estadounidense, tales como vestidos de cóctel y de noche y trajes a medida. Buscaba que sus prendas se vieran igualmente buenas en cualquier lugar que se usaran, ya fuera en Londres, París o Nueva York. Diseñó exquisitos trajes para Marina, a quien admiraba y también hizo los vestidos de novia de su nuera, Lady Katharine Worsley, cuando se casó con el Duque de Kent en 1961 y el de la Princesa Alexandra de Kent para su boda con el Honorable Angus Ogilvy en 1963.



Resplandeciente de joyas y órdenes dinásticas (1959)



El Duque de Kent moriría trágicamente en 1942 en un accidente de aeroplano en Escocia, mientras prestaba servicio en la Royal Air Force, pero ella siguió siendo un miembro activo de la familia real, llevando a cabo una amplia gama de compromisos oficiales. En marzo de 1957, cuando Ghana -entonces colonia británica -se independizó de Gran Bretaña, la duquesa de Kent fue nombrada para representar a la Reina en las celebraciones. Cincuenta años más tarde, en el aniversario de la independencia de Ghana, sería nombrado su hijo, Príncipe Eduardo, Duque de Kent, para representar a la Reina. En septiembre de 1966, cuando el Protectorado Británico de Bechuanalandia se convirtió en la nueva República de Botswana, nuevamente la Duquesa de Kent acudió en representación de Su Majestad.



En los ’60 no pierde un ápice su elegancia.



Justo antes de la boda del actual Duque de Kent, en junio de 1961, Marina anunció que deseaba ser conocida como Su Alteza Real la Princesa Marina, Duquesa de Kent en lugar de Su Alteza Real la Duquesa de Kent, un cambio en el tratamiento tradicional que le fue concedido por su sobrina, la reina Elizabeth II. Tras su matrimonio, le correspondía legalmente el título y el tratamiento de Su Alteza Real la Duquesa de Kent, Condesa de St. Andrews, y Baronesa Downpatrick. Sin embargo, seguía siendo una princesa de la Casa Real griega. Así que, después de la boda de su hijo mayor, simplemente volvió a su título principesco propio.


Con el traje típico griego, 1930



Treinta años después