Mostrando entradas con la etiqueta María Teresa de Austria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta María Teresa de Austria. Mostrar todas las entradas

sábado, 5 de febrero de 2011

Habsburgo: los dueños de Austria


El nombre HABSBURGO proviene del castillo suizo Habichtsburg (Castillo del azor), la residencia familiar de los Habsburgo durante los siglos XI, XII y XIII en el antiguo ducado de Suabia, hoy en día Suiza (Suiza no existía entonces en su forma actual, y las tierras suizas formaban parte principalmente del Sacro Imperio Romano Germánico). Desde el sudoeste de Alemania (principalmente Alsacia, Brisgovia, Argovia y Turgovia) la familia extendió su influencia y asentamientos a los extremos del sudeste del Sacro Imperio Romano Germánico, aproximadamente lo que es hoy en día Austria (1278–1382). En sólo dos o tres generaciones, los Habsburgo habían logrado obtener un alcance inicialmente intermitente en el trono imperial que duraría siglos (1273–1291, 1298–1308, 1438–1740 y 1745–1806).

Después del matrimonio de Maximiliano I con María, heredera de Borgoña (que controlaba los Países Bajos) y el de su hijo Felipe el Hermoso con Juana, heredera de España y su recién fundado imperio, su nieto Carlos V heredó España, Italia del sur, Austria y los Países Bajos. En 1580 el hijo de éste, Felipe II, heredó Portugal y sus colonias. Bajo Maximiliano II, los Habsburgo adquirieron primero la tierra donde después construirían el Palacio de Schönbrunn: el palacio de verano de los Habsburgo en Viena y uno de los símbolos más duraderos de la dinastía.


Rama principal: Duques de Austria

En la Baja Edad Media, cuando los Habsburgo expandieron sus territorios hacia el este, a menudo gobernaron como duques del Ducado de Austria que cubría sólo lo que hoy es Baja Austria y la parte este de Alta Austria. Las posesiones de los Habsburgo también incluían Estiria y entonces se expandieron hacia el oeste para incluir Carintia y Carniola en 1335 y Tirol en 1363.

Sus dispersas posesiones originales en el sur de Alsacia, sudoeste de Alemania y Vorarlberg eran conocidas colectivamente como Austria Anterior. Los duques de Habsburgo perdieron gradualmente sus tierras natales al sur del Rin y el Lago de Constanza por la expansión de la Antigua Confederación Suiza. Los duques de Austria también gobernaron Austria Anterior hasta 1379; después de ese año, Austria Anterior fue gobernada por el Conde de Tirol.

  • Rodolfo I, hijo y sucesor de Alberto IV, conde de Habsburgo desde 1240 y también duque de Austria, Estiria, Carintia y Carniola (1278–1282), rey de Romanos (1273–1291).
  • Alberto I, duque de Austria y Estiria (1282–1308); rey de romanos (1298–1308).
  • Rodolfo III, duque de Austria y Estiria (1298–1307).
  • Federico I el Hermoso (Friedrich der Schöne), duque de Austria y Estiria (1308–1330); elegido rey rival de romanos entre 1314 y 1325, y reconocido como tal por el emperador Luis IV desde 1326.
  • Leopoldo I, duque de Austria y Estiria (1308–1326).
  • Alberto II, duque en Austria Anterior (1326–1358), duque de Austria y Estiria (1330–1358), duque de Carintia y Carniola después de 1335.
  • Otón el Alegre (der Fröhliche), duque de Austria y Estiria (1330–1339) junto con su hermano Alberto II, duque de Carintia y Carniola después de 1335. Le sucedieron sus hijos de forma nominal, ya que ambos eran menores:
    * Federico II (1339–1344)
    * Leopoldo II (1339–1344). Debido a que ambos murieron a edad temprana, sus derechos revirtieron a su tío Alberto II.

El Schloss Habichtsburg


A la muerte de Alberto II en 1358, le heredaron sus hijos Rodolfo IV, Federico III (duque de Carintia, †1362), Alberto III y Leopoldo III; pero, dado que los tres últimos eran menores, el gobierno efectivo lo ejerció Rodolfo IV el Fundador (der Stifter).

  • Rodolfo IV, Duque de Austria y Estiria (1358–1365), Conde de Tirol después de 1363.

Después de la muerte de Rodolfo IV, sus hermanos Alberto y Leopoldo gobernaron las posesiones de los Habsburgo juntos de 1365 hasta 1379, cuando dividieron los territorios en el Tratado de Neuberg, quedándose Alberto el Ducado de Austria y gobernando Leopoldo Estiria, Carintia, Carniola, Tirol y Austria Anterior.

A. Línea albertina: Duques de Austria

  • Alberto III, duque de Austria (1365-1395), conde de Tirol (1365–1395).
  • Alberto IV, duque de Austria (1395–1404), en conflicto con Leopoldo IV.
  • Alberto V, duque de Austria (1404–1439), rey de romanos (1438–1439) como Alberto II.
  • Ladislao el Póstumo, duque de Austria (1440–1457).

Alberto III “el de la Trenza” (mit dem Zopf), Duque de Austria. A la izquierda su primera esposa, Isabel de Bohemia y Luxemburgo( (hija del emperador Carlos IV) y a la derecha su segunda esposa, Beatriz von Hohenzollern (hija de Federico V, Burgrave de Nuremberg)


B. Línea leopoldina: Duques de Estiria, Carintia, Carniola, Tirol

  • Leopoldo III, duque de Estiria, Carintia, Carniola, Tirol y Austria Anterior de 1365 hasta 1386, cuando murió en la Batalla de Sempach.
  • Guillermo, duque en Austria Interior (Carintia, Carniola, Estiria) (1386–1406).
  • Leopoldo IV, hijo de Leopoldo III, corregente con su hermano Guillermo, desde 1391 duque en Austria Anterior, conde de Tirol (1395–1411).

B.1. Sublínea leopoldina-Austria Interior

  • Ernesto el Férreo (der Eiserne), duque de Austria Interior (1406–1424), hermano y sucesor de Guillermo.
  • Federico V, rey de romanos en 1440 y emperador en 1452. Fue duque en Austria Interior desde 1424 hasta 1493 con su hermano Alberto VI. Guardián de Segismundo (1439–1446) y de Ladislao el Póstumo (1440–1452). A la muerte de Ladislao (1457), adquirió el ducado de Austria.
  • Alberto VI, duque en Austria Interior desde 1424 hasta 1463 con su hermano Federico V, regente de Austria Anterior (1446–1463), duque de Austria (1457–1463) a la muerte de Ladislao (1457).

Alberto VI, duque de Austria (1418-1463)


B.2. Sublínea leopoldina-Tirol

  • Federico IV, hermano y sucesor de Leopoldo IV, conde de Tirol desde 1406 y duque en Austria Anterior (1411-1439).
  • Segismundo, conde de Tirol y duque en Austria Anterior (1439–1490). Hasta 1446 bajo la tutela de Federico V.

Segismundo no tuvo hijos y adoptó a Maximiliano I, hijo del duque Federico V (emperador Federico III). Con Maximiliano, las posesiones de los Habsburgo se unirían de nuevo bajo un único gobernante, después de que reconquistara el Ducado de Austria tras la muerte de Matías Corvino, quien residió en Viena y se nombró duque de Austria (1485–1490).

  • Maximiliano I, archiduque de Austria (1493–1519), rey de romanos (1486–1508), y después emperador electo hasta 1519.
  • Carlos I, archiduque de Austria (1519–1521); rey de romanos (1519–1520); emperador electo en 1520 y coronado en 1530 (su abdicación no fue reconocida hasta 1558); rey de España (1516–1556). Carlos I, archiduque de Austria y Rey de España, dividió la Casa de Habsburgo en las líneas austríaca y española.

El gran escudo de armas de Nuremberg, el escudo del Sacro Emperador Romano de la Nación alemana (Habsburgo) y las armas pequeñas de la ciudad de Nuremberg en la puerta interior del castillo imperial


División de la Casa: los Habsburgo austríacos y los Habsburgo españoles

Después de la asignación el 21 de abril de 1521 de las tierras austríacas a Fernando I desde su hermano Emperador Carlos V (1516–1556), la dinastía se dividió en una rama austríaca y una española. Los Habsburgo austríacos llevaron (después de 1556) el título de Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, así como de las tierras hereditarias de los Habsburgo y los Reinos de Bohemia y Hungría, mientras los Habsburgo españoles gobernaban sobre los reinos españoles, los Países Bajos, las posesiones de los Habsburgo en Italia, y durante un tiempo, Portugal. Hungría, nominalmente bajo el reinado de los Habsburgo desde 1526 pero en su mayor parte bajo ocupación turca otomana durante 150 años, fue reconquistada entre 1683 y 1699.

Los Habsburgo españoles desaparecieron en 1700 debido a la endogamia y excesiva consanguinidad de sus matrimonios, que acabaron por dar un rey completamente disminuido e incapaz de gobernar, Carlos II de España. Se provocó así la Guerra de Sucesión Española, cosa que se repetiría con los Habsburgo austríacos en 1740, originando la Guerra de Sucesión Austriaca. Sin embargo, la heredera del último Habsburgo austríaco (María Teresa) se casó con Francisco Esteban, Duque de Lorena, ambos bisnietos del Emperador Habsburgo Fernando III, pero desde diferentes emperatrices.

Sus descendientes continuaron la tradición de los Habsburgo de Viena bajo el nombre dinástico Habsburgo-Lorena. Se especula a menudo que los comunes matrimonios intrafamiliares entre ambas líneas contribuyeron a su extinción, pero hubo pocos matrimonios de este tipo en la línea austríaca. La muerte de las jóvenes herederas por viruela fue una causa mayor.

Fernando I, Sacro Emperador Romano (1503-1564)


Los Habsburgo austríacos: Emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico, Archiduques de Austria

  • Fernando I, hermano y sucesor del emperador Carlos V, archiduque de Austria (1521–1564), rey de romanos (1531–1558) y después emperador (1558–1564).


A. Línea de los Archiduques de Austria

  • Maximiliano II, hijo y sucesor del emperador Fernando I, archiduque de Austria (1564–1576), rey de romanos (1562–1564) y después emperador (1564–1576).
  • Rodolfo II, hijo y sucesor del emperador Maximiliano II, archiduque de Austria. Rodolfo V (1576–1608), rey de romanos (1575–1576) y después emperador (1576–1612).
  • Matías, hermano y sucesor del emperador Rodolfo II, archiduque de Austria (1608–1619), emperador (1612–1619).
  • Maximiliano III, hermano de Rodolfo II y Matías, fue gobernador de Tirol entre 1612 y 1618.

Maximiliano II (1527-1576), su esposa Maria, Infanta de de España y Portugal (1528-1603) y sus hijos Ana (futura esposa de Felipe II de España), Rodolfo (futuro emperador Rodolfo II) y el archiduque Ernesto


B. Línea de Austria Interior

  • Carlos II, hijo y sucesor del emperador Fernando I, archiduque en Austria Interior (Estiria, Carintia, Carniola) (1564–1590).
  • Fernando III, hijo del precedente, archiduque en Austria Interior (1590–1637), reunió las dos ramas familiares como sucesor del emperador Matías en 1619; fue elegido emperador (1619–1637).

C. Línea de Austria Anterior y Tirol

  • Fernando II, hijo y sucesor del emperador Fernando I, conde de Tirol (1564–1595). Debido a que su descendencia masculina derivaba de su matrimonio morganático, su herencia pasó a Rodolfo V y posteriormente a los emperadores Matías y Fernando II.

A.B. Línea principal: Archiduques de Austria

La línea principal deriva del emperador Fernando II (archiduque Fernando III), que había reunido todos los territorios de los Habsburgo; su sucesor fue archiduque de Austria y duque de Estiria, Carintia y Carniola.

  • Fernando IV, hijo y sucesor del emperador Fernando II, archiduque de Austria (1637–1657), rey de romanos (1636–1637) y después emperador (1637–1657).

Sello imperial de Fernando II (1655)


C. Línea de Austria Anterior y Tirol

Los descendientes del hermano del emperador Fernando II (archiduque Fernando III) fueron archiduques en Austria Anterior y Condes de Tirol desde que el emperador le cediera estos territorios en 1623.

  • Leopoldo V, hermano del emperador Fernando II, tenía el gobierno de Tirol y Austria Anterior en 1619 y en 1623 se desgajó este territorio para su descendencia. Murió en 1632.
  • Fernando Carlos, archiduque en Austria Anterior y Tirol (1628–1662).
  • Segismundo Francisco, archiduque en Austria Anterior y Tirol (1662–1665); hermano y sucesor del precedente, su muerte sin descendencia revirtió sus territorios a la rama principal, al emperador Leopoldo I.


Casa de Habsburgo-Lorena: el Imperio Austríaco

El 6 de agosto de 1806 se disolvió el Sacro Imperio Romano Germánico bajo la reorganización de Alemania del Emperador Napoleón. Sin embargo, como anticipación de la pérdida de su título de Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Francisco II se declaró a sí mismo Emperador de Austria hereditario (como Francisco I) el 11 de agosto de 1804, tres meses después de que Napoleón se hubiera declarado a sí mismo Emperador de los franceses.

Retrato ecuestre de Francisco I, emperador de Austria


El Emperador Francisco I de Austria usó el gran título oficial: «Francisco I, por la gracia de Dios Emperador de Austria; Rey de Jerusalén, Hungría, Bohemia, Dalmacia, Croacia, Eslavonia, Galitzia y Lodomeria; Archiduque de Austria; Duque de Lorena, Salzburgo, Wurzburgo, Franconia, Estiria, Carintia y Carniola; Gran Duque de Cracovia; Gran Príncipe de Transilvania; Margrave de Moravia; Duque de Sandomir, Masovia, Lublin, Alta y Baja Silesia, Auschwitz y Zator, Teschen y Friuli; Príncipe de Berchtesgaden y Mergentheim; Conde de Habsburgo, Gorizia y Gradisca y del Tirol; y Margrave de Alta y Baja Lusacia y Istria».

En 1867 se dio autonomía efectiva a Hungría bajo los términos del Ausgleich o 'compromiso' hasta la deposición de los Habsburgo de Austria y Hungría en 1918 después de la derrota en la Primera Guerra Mundial.


Emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico, Archiduques de Austria: Territorios reunidos


  • Leopoldo VI, archiduque de Austria y emperador (1658–1705).
  • José I, archiduque de Austria (1705–1711), rey de romanos (1690–1705) y después emperador (1705–1711).
  • Carlos III, archiduque de Austria y emperador (1711–1740).
  • María Teresa, heredera de los Habsburgo y consorte del emperador Francisco I (1745–1765), duque de Lorena, reinó como Archiduquesa de Austria y Reina de Hungría y Bohemia (1740–1780).


Con María Teresa acaba la casa de Habsburgo, que derivó sus sucesores en la Casa de Habsburgo-Lorena. La nueva Casa real surge cuando el emperador Carlos VI del Sacro Imperio Romano Germánico en sus últimos años de vida emite la Pragmática Sanción de 1713, donde se establece que su hija María Teresa I de Austria sería la emperatriz germánica y su esposo solo su consorte. Así, los hijos de María Teresa y Francisco de Lorena serían los miembros de la nueva dinastía.

Schloss Schönbrunn, Viena (1758)

Casa de Habsburgo-Lorena, línea principal

Emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico, Archiduques de Austria


  • José II, archiduque de Austria (1780–1790), rey de romanos (1764–1765) y después emperador (1765–1790).
  • Leopoldo VII, archiduque de Austria y emperador (1790–1792).
  • Francisco I, archiduque de Austria y emperador (1792–1806).


La Casa de Habsburgo-Lorena conservó Austria y las posesiones adjuntas después de la disolución del Sacro Imperio Romano Germánico.


Un hijo de Leopoldo II fue Rainiero de Austria, cuya esposa pertenecía a la Casa de Saboya; una hija Adelaida, Reina de Cerdeña, fue consorte del Rey Víctor Manuel II de Piamonte, Saboya y Cerdeña y Rey de Italia. Sus hijos se casaron en las Casas Reales de Bonaparte; Sajonia-Coburgo-Gotha (Braganza); Saboya (España) y los ducados de Montferrat y Chablis.


Emperadores de Austria

  • Francisco I (1804–1835): Francisco II, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.
  • Fernando I (1835–1848).
  • Francisco José I (1848–1916).
  • Carlos I (1916–1918). Murió en el exilio en 1922.

Estandarte imperial Habsburgo (1804-1867)


Jefes de la Casa de Habsburgo (post-monarquía)

Carlos I fue expulsado de sus dominios después de la Primera Guerra Mundial y el imperio fue abolido.

  • Carlos I (1918–1922).
  • Otón de Habsburgo (1922–presente).
  • Zita de Borbón-Parma, guardiana (1922–1930).
  • Carlos de Habsburgo-Lorena, quien obtuvo en 2007 sus derechos dinásticos por abdicación de Otón.



domingo, 21 de noviembre de 2010

El penúltimo Emperador


Carlos VI (1685 - 1740) fue el penúltimo soberano del imperio de los Habsburgo. Sucedió a su hermano mayor, José I , como emperador del Sacro Imperio, Rey de Bohemia, Croacia y Hungría, Archiduque de Austria, etc., en 1711. Fue conocido como Archiduque Carlos de Austria y Carlos III de España durante la Guerra de Sucesión Española. Con Isabel Cristina de Brunswick-Wolfenbüttel tuvo sus dos hijas: María Teresa, nacida en 1717, última soberana de Austria, y Ana María, nacida en 1718, Gobernadora de los Países Bajos austriacos.

Cuatro años antes del nacimiento de María Teresa, debido a su falta de herederos varones, Carlos promulgó en 1713 la Pragmática Sanción, que establecía que su reino no podía ser dividido y permitía que los herederos al trono pudieran ser mujeres. De esta manera favorecía en la sucesión a sus hijas sobre los hijos de su hermano mayor y predecesor, José I, ignorando el decreto que había firmado durante el reinado de su padre, Leopoldo I. Cuando murió en 1740, se desató la Guerra de Sucesión de Austria, que asoló a su sucesor, María Teresa, durante ocho años.


Alegoría del Sacro Emperador Romano Carlos VI


El Archiduque Carlos (Carolus Franciscus Josephus Wenceslaus Balthasar Johannes Antonius Ignatius) de Austria era el segundo hijo que el emperador Leopoldo I tuvo con su tercera esposa, la Princesa Eleanor Magdalena del Palatinado-Neoburgo.

Al morir Carlos II de España sin herederos, fue uno de los pretendientes a la corona española y participó en la Guerra subsiguiente en contra de Felipe V, el nieto de Luis XIV de Francia. Portugal, Inglaterra, Escocia, Irlanda y la mayoría del Sacro Imperio Romano apoyaron su candidatura. Los reinos peninsulares de la Corona de Aragón le reconocieron como rey, con el nombre de Carlos III. Estando la guerra en curso, su hermano José I murió repentinamente sin sucesión, por lo que el trono imperial recayó en él.


Carlos III rey de Aragón (1706-1707), rey de Valencia (1706-1707), conde de Barcelona (1706-1714).


En 1711 fue coronado Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico en Fráncfort del Meno, renunciando a la corona de España (tratados de Utrecht y Rastadt) a cambio de los Países Bajos españoles, el Milanesado, Nápoles y Cerdeña (que cambió al duque de Saboya en 1720 por Sicilia). Luchó contra los turcos (1716-1718), conquistando la mayor parte de Valaquia y Serbia, pero luego perdió gran parte de estas conquistas en una guerra posterior (1737-1739). Aunque Carlos parece haber sido algo torpe en los asuntos políticos, la monarquía austríaca alcanzó su mayor expansión durante su reinado.




Firma del emperador



Carlos estaba extremadamente descontento ante la pérdida de España y, como resultado, imitó en Viena el serio ceremonial cortesano de los Habsburgo españoles (Spanisches Hofzeremoniell), adoptando la vestimenta de un monarca español, el cual, según el historiador británico Edward Crankshaw, consistía en "un jubón negro y manguera, zapatos negros y medias escarlata". Probablemente como consecuencia de sus años en España, decidió construir la escuela de equitación española, así como la Reichskanzlei (Cancillería del estado) y la Biblioteca Nacional. Durante su reinado se crearon la mayor parte de las obras más importantes del barroco en Viena. También tuvo ambiciones musicales: componía, tocaba el clave y dirigía la orquesta de la corte.

Káiser Karl VI

Reinado imperial


La incapacidad de su esposa Isabel Cristina para producir herederos varones irritó a Carlos y condujo a la promulgación de la Pragmática Sanción de 1713, un documento que abolió la sucesión únicamente masculina (hasta la fecha efectiva en todos los reinos Habsburgo) y declaró sus tierras indivisibles. Carlos buscó la aprobación de las otras potencias europeas, aunque éstas plantearon duros términos: Inglaterra exigió que Austria aboliera su empresa de comercio exterior (Ostende Co.). En total, Gran Bretaña, Francia, Sajonia-Polonia, la República de Holanda, España, Venecia, los Estados de la Iglesia, Prusia, Rusia, Dinamarca, Saboya-Cerdeña, Baviera y la Dieta del Sacro Imperio Romano reconocieron la sanción. Francia, España, Polonia y Sajonia, Baviera y Prusia, más tarde la renegaron.

La emperatriz consorte


Carlos libró un productivo conflicto contra el Imperio Otomano desde 1716 hasta 1718. Austria salió de esta guerra con ganancias considerables en Serbia y el Reino de Hungría, extendiendo su imperio hasta el Danubio. Siguió otra guerra, la de la Cuádruple Alianza, que también terminó en una victoria para Austria; por el Tratado de La Haya, Carlos cambió Cerdeña, que pasó al duque de Saboya, Víctor Amadeo II, por Sicilia, la isla más grande del Mediterráneo, que era más difícil de defender de la agresión extranjera que Cerdeña. El tratado también reconoció al hijo de Felipe V de España, Don Carlos, como heredero del Ducado de Parma y el Gran Ducado de Toscana; Carlos había aprobado antes la sucesión de la hija del actual Gran Duque Cosme III de Médicis, Anna Maria Luisa, Electora Palatina.



Maria Theresa von Habsburg

El tema del matrimonio de su hija mayor comenzó desde su niñez. Primero fue comprometida a Leopoldo Clément, Príncipe Heredero de Lorena, con quien iba a encontrarse en 1723. Pero al morir éste de viruela, su hermano menor, Francisco Esteban, fue invitado a Viena. Carlos consideró otras posibilidades (por ejemplo, casarla con el futuro Carlos III de España) antes de anunciar el compromiso de la pareja. Francia exigió que el prometido de María Teresa renunciara a su ancestral Ducado de Lorena para dar cabida a Stanislaw Leszczynski, el depuesto rey de Polonia. El padre de María Teresa obligó entonces a Francisco a renunciar a sus derechos sobre Lorena y le dijo: "No hay renuncia, no hay archiduquesa". Se casaron en febrero de 1736 y Lorena fue transferido a Francia en julio de 1737.



Maria Anna von Habsburg


En 1737, el Emperador se embarcó en otra guerra turca con Rusia. A diferencia de la confrontación anterior, terminó en una derrota decisiva de Austria. Los avances territoriales efectuados en la última Guerra Turca, en Bosnia, Serbia y Oltenia (Pequeña Valaquia), fueron borrados. El descontento popular por la costosa guerra reinó en Viena. Como resultado de ello, Francisco de Lorena, el consorte de María Teresa, fue considerado un espía francés por los vieneses.

Desayuno de bodas de María Teresa y Francisco Esteban

Muerte y legado

En el momento de su muerte, las tierras de los Habsburgo estaban saturadas de deudas, el tesoro contenía apenas 100.000 florines; la deserción era moneda corriente en el ejército de Austria, difundido en todo el Imperio en pequeños e ineficaces cuarteles. Los contemporáneos esperaban que Austria-Hungría en sí misma torciera el yugo de los Habsburgo después de su muerte.


El Palais Augarten

El emperador murió el 20 de octubre 1740 en el Palais Augarten de Viena. La obra máxima de su vida, la Pragmática Sanción, fue en vano. María Teresa se vio obligada a recurrir a las armas para defender su herencia de la coalición de Prusia, Baviera, Francia, España, Sajonia y Polonia -todos partidarios de la sanción- que asaltaron la frontera austriaca semanas después de su muerte. Resultado: María Teresa perdió el rico ducado de Silesia en Prusia y el Ducado de Parma en España.

jueves, 9 de septiembre de 2010

El día de la Reina

Hoy hablaremos de un día habitual en la vida de las tres últimas soberanas consortes del Antiguo Régimen, la de Luis XIV, la de Luis XV y la de Luis XVI.


La corte de damas de la reina, sin contar a la superintendente, se componía de catorce personas. La primera, única en su especie, era la dama de honor. No se apartaba de la soberana, a quien acompañaba de la mañana a la noche, desde que se levantaba hasta que se acostaba. La dama de honor recordaba a la reina sus obligaciones cotidianas, le evitaba todo error de etiqueta o protocolo, por lo que debía ser perfecta conocedora de los arcanos cortesanos. Luego estaba la azafata o dama de tocador, que tenía por misión velar sobre el inmenso guardarropa real; con la reina, elegía los atuendos, la ayudaba a vestirse y luego a cambiarse, lo que ocurría varias veces por día. Las damas de palacio eran doce: debían asistir a la dama de honor, rodear a la reina en sus ceremonias, acompañarla en sus desplazamientos. Servían por turnos rotativos de dos en dos. Por consiguiente, cada una de ellas cumplía su turno cada seis semanas, pero si ellas lo querían o si la reina expresaba el deseo, podían asumir sus funciones aunque no les correspondiera esa semana.


La consorte española


María Teresa de Austria, además de las damas francesas que le fueron asignadas cuando contrajo matrimonio, tenía una camarera española que hacía las tareas de doncella y dama de tocador y una damisela enana que, además de dama de compañía, hacía de bufón de corte. Asimismo, el duque de Beaufort le obsequió el mismo año de su llegada a Francia un niñito del Sudán que le tocaba música y la divertía.


La reina, devota, murmuraba sus primeras oraciones antes de levantarse. Su camarera la calzaba y la envolvía en una bata hasta que los pajes traían el agua, la palangana, el jabón de Venecia y los perfumes para las primeras abluciones. Una taza de chocolate era su primer desayuno. Luego entraba en escena la dama de tocador para ponerle su camisa, vestirla con una falda de seda blanca tan estrecha que se ajustaba a sus formas y ajustarle un corsé ligero de tela fina pero bien provisto de ballenas y ajustado por medio de lazos, para afinar la cintura.


La azafata peinaba entonces sus magníficos cabellos, los pajes traían las enaguas y el vestido que había elegido la reina asistida por su camarera española; después, la dama de compañía le colocaba las joyas en el peinado y la garganta, le alcanzaba los guantes y le daba el toque de perfume. Finalmente, escoltada por su dama de honor y su escudero y seguida por Nabo, el negrito sudanés que le llevaba el misal, María Teresa se dirigía a los aposentos de la reina madre, su suegra.


Luego de unos minutos de salutaciones, ambas reinas, rodeadas de sus damas –los domingos se le sumaban los gentileshombres de sus casas- atravesaban los aposentos del Louvre hacia la capilla, donde se encontraban con el rey para asistir a la misa de diez. De regreso a su habitación, la reina conversaba con sus damas, jugaba con Nabo o su enana, tocaba la guitarra, siempre rodeada de su séquito. Acostumbrada a la penumbra de los palacios españoles, donde las personas reales recibían una especie de culto, María Teresa no se adaptaba a las continuas corrientes de aire de la vida en los palacios franceses, que cualquier cortesano podía atravesar cuando quería. En los primeros tiempos del matrimonio la corte, itinerante, iba del Louvre a Vincennes, a Saint-Germain, a Compiègne y finalmente a Fontainebleau, con un breve intermedio en Versailles, donde Luis XIV se proponía construir el palacio más magnífico del mundo y donde, mientras tanto, daba fiestas en el parque del pequeño castillo construido años atrás por Luis XIII.


Ya instalada en el nuevo palacio de Versailles, la reina almorzaba con el rey en público y luego paseaba por los jardines o salía a cabalgar. Era una excelente amazona. En sus flamantes grandes apartamentos se habían instalado mesas de juego donde, previo a la cena y con el círculo real resplandeciente de joyas, se jugaba cartas y se oía música.


En tiempos del Rey Sol, la cena de gran gala reunía obligatoriamente a todos los miembros de la familia real, todos los Borbón-Condé, todos los Borbón-Conti. El rey, ubicado en una cabecera, se sentaba en un sillón ligeramente elevado mientras en la tribuna se hacían oír las doce violas y los doce violines. Esa cena duraba casi dos horas, era mortalmente aburrida. Cada servicio de alimentos era presentado y probado previamente por un séquito de veedores de viandas. Se presentaban en la mesa alrededor de cincuenta platos diferentes.


Antes de irse a la cama nuevamente, María Teresa permanecía un largo momento en su oratorio.


La consorte polaca

María Leczinska se levantaba a las ocho de la mañana. Recibía enseguida la visita de su primer médico y de su cirujano. Luego de ponerse una bata se dirigía, acompañada por el capellán en cuarto, hacia el pequeño oratorio que había hecho instalar en su habitación. Después se sentaba en un sillón y la primera doncella le traía su desayuno, frugal: una simple taza de chocolate o a veces de café. Entraban entonces su dama de honor y la superintendente para asistirla en el petit lever, abluciones que serán largas y completas cuando la reina disponga de su propio cuarto de baño.


En el grand lever, o gran ceremonia después de levantarse, estaban presentes todas sus damas de palacio. Para vestir a la reina, la asistía la dama de turno durante ese trimestre. Pero el protocolo indicaba cuidar las precedencias y si una princesa de sangre real llegara a entrar en ese instante, a ella le correspondía el honor de tenderle la camisa. Las damas de atavío se encargaban de su arreglo personal, le ponían rouge en las mejillas, le arreglaban la peluca que elegía la soberana y luego la cubrían con una mantilla, un pañuelo de cabeza o hasta una toca.


El gusto de la reina por esa clase de tocados causaba asombro. ¿Pretendía envejecerse? Nada de eso; solamente tenía frío. Esa princesa del Norte debería estar habituada a los rigores del invierno, pero precisamente en Polonia sabían defenderse de él. En Versailles las chimeneas tiraban mal: en ellas se quemaban troncos de árboles enteros pero uno se asaba junto a ellas y se congelaba a veinte pasos de distancia. La consecuencia era que todos se resfriaban constantemente. Por eso María se cubría la cabeza para atravesar los salones y la Galería de los Espejos (Gallerie des Glaces), que bien merecía su mote de “galería de los hielos” (glaces).


En efecto, después de ponerse un vestido de cola, la reina atravesaba los grandes aposentos para saludar al rey, escoltada por su caballero de honor, su escudero y una o dos damas que le llevaban la cola. Luego regresaba a sus aposentos para cambiarse nuevamente de vestido. María tenía una gran variedad de ellos, aunque no era coqueta como lo sería su sucesora. Cuando le ofrecían nuevos modelos, siempre comenzaba por preguntar el precio y los que llevaba eran semejantes a los de las damas de su Casa.


Al finalizar la mañana la reina permanecía habitualmente en sus habitaciones, las cuales, gracias a una nube de doncellas, habían recuperado su aspecto solemne. En el gran gabinete concedía sus audiencias particulares. Al fondo del salón, frente a las ventanas, se encontraba el sillón de la reina y los taburetes reservados exclusivamente a las duquesas. Las otras damas de su casa permanecían de pie, salvo la esposa del caballero de honor que tenía derecho a una pequeña alfombra cuadrada en la que debía estar bastante incómoda. ¿Pero qué no se aceptaba para gozar de un privilegio real? En la cámara de la reina, apoyada en una inmensa mesa de mármol, María recibía en audiencia especial a los embajadores, a sus esposas y a personas importantes que habían obtenido el favor de una entrevista. Si no tenía ninguna obligación, escribía o conversaba con las damas de palacio.


Un poco antes de mediodía la reina oía misa en la capilla, con el rey y todos los cortesanos. Excepto fiestas muy importantes, el oficio era breve, de aproximadamente media hora. La reina y su séquito regresaban, ya sea a la cámara, a la antecámara o al gabinete, donde todo estaba listo para la comida. María almorzaba sola, rodeada de un semicírculo de damas y gentileshombres que la observaban comer. Los oficiales de boca le presentaban las fuentes y ella se servía abundantemente; cuando deseaba beber, el jefe de escanciadores exclamaba: “¡De beber para la reina!” y de inmediato se organizaba un pequeño ballet. Con paso solemne, cuatro escanciadores se dirigían hacia un trinchante. Uno de ellos tomaba la jarra de agua, otro la de vino, los otros dos las copas. El catador cumplía con su oficio. El pequeño grupo se acercaba a la mesa, se inclinaba en una profunda reverencia, vertía el agua y el vino. Al fin la soberana podía calmar su sed; había aguardado más de cinco minutos pero el respeto al protocolo le había enseñado a ser paciente. Al concluir el almuerzo, se lavaba las manos en un aguamanil y se levantaba de la mesa. Las damas de palacio iban a comer a su vez mientras la reina descansaba.


En la tarde, si sus obligaciones no incluían ni audiencia solemne ni ceremonias, María paseaba por el parque, siempre escoltada por su caballero de honor y su escudero. Las damas la seguían a alguna distancia. Luego de admirar los estanques y las estatuas, regresaba hacia sus aposentos sobre las cuatro o las cinco y dedicaba el tiempo que precedía a la cena a sus distracciones favoritas, la música y las cartas.


Finalmente, estaba la cena de gran gala, que se servía a las ocho de la noche. Luis XV había simplificado el ritual de su bisabuelo: solo asistían a la comida de gala los miembros de la familia real presentes en el palacio y se prescindía casi siempre de la música. El rey narraba los incidentes de su partida de caza; la reina, tímidamente, hablaba de sus paseos. Sin ser animadas, las conversaciones eran agradables y la cena duraba poco más de una hora. Algunos privilegiados, sentados aparte, cumplían el papel de comparsa muda. Luego se volvía al salón de juego, pero tanto al rey como a su esposa les agradaba acostarse temprano.


La consorte austríaca

El día de María Antonieta en Versailles empezaba a las ocho. Una dama de guardarropa entraba y depositaba una cesta cubierta, denominada el apresto del día, conteniendo camisas, pañuelos y cepillos, y comenzaba a hacer el servicio. La primera dama de atavío alcanzaba a la reina, que se despertaba, el libro del guardarropa. Trozos de tela estaban pegados en cada página, con la descripción resumida del vestido en cuestión. Con la ayuda de alfileres, la reina señalaba sus vestidos para los distintos momentos del día, desde la audiencia privada de la mañana hasta la cena en los apartamentos de Monsieur.


Realizado este “trabajo”, tomaba un baño en una tina en forma de zueco que se trasladaba a su habitación. No desnuda, sino envuelta en una gran camisa de franela inglesa. Una taza de chocolate o de café era su desayuno, que tomaba en la cama cuando no se bañaba. A su salida del baño, sus damas le ofrecían pantuflas de bombasí guarnecidas de encajes y colocaban sobre sus hombros una bata de tafetán blanco. Era la hora en que, recostada o levantada, recibía a los primeros cortesanos con derecho de entrada que tenían audiencia con ella. Por derecho, entraban el primer médico de la reina, su primer cirujano, su médico ordinario, su lector, su secretario de gabinete, los cuatro primeros ayudas de cámara del rey.


A mediodía se realizaba su atavío de presentación, el lever oficial. El tocador se llevaba al centro de la habitación. La dama de honor presentaba el peinador a la reina; dos damas vestidas con ropa de ceremonia reemplazaban a las dos damas que habían servido durante la noche. Entonces empezaban, con el peinado, las Grandes Entradas. Se colocaban asientos plegadizos en círculo a su alrededor en los que se colocaban la superintendente, las damas de honor y de atavío, la gobernanta de los infantes de Francia. Entraban los hermanos del rey, los príncipes de la sangre, los capitanes de la guardia, los altos funcionarios de la corona. Únicamente para los príncipes de la sangre insinuaba el movimiento de levantarse, apoyándose con las manos en el tocador.

Después venía la vestimenta del cuerpo. La dama de honor pasaba la camisa y vertía el agua para el lavado de las manos; luego la dama de atavío pasaba el faldón del vestido, ponía la pañoleta, anudaba el collar. Cada día la camisa le era colocada por una dama determinada, pero si por casualidad entraba a la habitación otra de un rango superior, le pasaba el derecho de colocársela. Menos paciente que sus predecesoras, María Antonieta decidirá a los pocos años de su reinado que la primera dama presente le alcance la camisa. Una vez vestida, la reina se colocaba en el centro de la habitación y firmaba los contratos presentados por el secretario de los mandatos; daba su venia a los coroneles para retirarse y, rodeada por sus damas de honor, por sus damas de palacio, por su caballero de honor, por su escudero y sus capellanes, avanzaba. Las princesas de la familia real, que llegaban seguidas de toda su casa, se le sumaban en la galería y el cortejo se dirigía a misa. La reina se ubicaba entonces con el rey en la tribuna.


Al regreso de misa, la reina debía comer todos los días a solas con el rey en público, pero en realidad esa comida pública no tenía lugar más que el domingo. El jefe de servicio de la reina, armado de un gran bastón de seis pies adornado con flores de lis de oro y con empuñadura en forma de corona, anunciaba que estaba servida, le entregaba el menú y, durante todo el tiempo que duraba la comida, permanecía detrás de la soberana, ordenando servir y levantar el servicio de la mesa.


La reina regresaba después a su apartamento y, luego de haberse quitado el miriñaque y la enagua, se pertenecía a sí misma únicamente entonces, tanto como lo permitía la presencia en ropa de ceremonia de sus damas, que tenían derecho a estar siempre presentes y acompañarla a todas partes. Eran horas dedicadas a la libertad, al juego de billar o de cartas, a la música, a la conversación. En sus gabinetes interiores, detrás del apartamento oficial, la reina recibía a sus amigos y a los proveedores. Las tardes en el Trianón traían la comodidad en las costumbres: los invitados de la reina llegaban a las dos para almorzar y regresaban a Versailles a medianoche para acostarse. Todo ese tiempo había ocupaciones campestres: merienda sobre la hierba, pesca en el lago, bordado e hilado en la rueca, juegos de granja en el Hameau.


Las noches de María Antonieta, luego de la cena temprana, incluían reuniones sociales de la más variada índole, desde una velada en la Opera de París hasta una partida de cartas en el apartamento de la princesa de Lamballe. Si había un acontecimiento oficial, como la visita de un soberano extranjero, era pretexto para una mascarada, un baile de gran fasto o un concierto en la gran galería. El rey gustaba acostarse sobre las once de la noche, pero la reina, la mayor parte de las veces, no se iba a la cama antes de la una de la madrugada.