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lunes, 26 de julio de 2010

El protocolo vaticano: funeral, cónclave y proclamación de un Papa

Muerte y Funeral del Sumo Pontífice

Golpes en la frente del Papa con un martillo de plata, la destrucción del anillo pontificio y el tañido de las campanas de San Pedro, son algunos de los actos protocolares que se realizan luego de la muerte del Santo Padre, según marca la tradición vaticana. Existen otros actos que no son dictados por la tradición religiosa, pero que fueron establecidos por los propios Pontífices a lo largo de la historia.

En los primeros siglos, la comprobación de la muerte del Papa se hacía acercando una vela encendida a sus labios. Si la llama se movía, significaba que aún conservaba un hálito de vida, y esa misma operación se realizaba varias veces hasta que la llama permanecía inmóvil, lo que significaba que el Papa había muerto. Sin embargo, actualmente la comprobación de la muerte del Sumo Pontífice se realiza con los métodos médicos habituales.



Camarlengo certificando la muerte de un papa (ilustración de 1903)

Antes era el arquiatra, pero ahora es el médico el que confirma la defunción del Papa, y se lo comunica al prefecto de la casa pontificia, que anuncia oficialmente la muerte con una sencilla fórmula: 'El Papa ha muerto'. Todos los presentes en la habitación papal se arrodillan y comienzan los primeros responsos. Después, por orden jerárquico, se acercan al cadáver y besan su mano. Se encienden entonces cuatro cirios a los pies del lecho mortuorio y se coloca aceite y agua bendita a su lado, para los responsos de los prelados visitantes.

El camarlengo -quien estará al frente del Vaticano hasta la elección del próximo Papa- ingresa a la habitación papal vestido de violeta, en señal de duelo, acompañado por un destacamento de la Guardia Suiza con alabardas. Golpea tres veces la frente del Pontífice con un martillo de plata (que figura en el escudo de armas pontificio), como lo indica el viejo rito vaticano, al tiempo que llama al difunto por su nombre de pila, para comprobar la muerte.



El cadáver de León XIII en sus apartamentos con hábito coral: sotana blanca, roquete, muzeta roja y camauro.

El acto debe realizarse en presencia del maestro de celebraciones litúrgicas y del secretario y el canciller de la Cámara Apostólica, y este último es el encargado de rellenar el acta de defunción del Pontífice. Luego, al Papa se le retira el anillo del Pescador, símbolo del poder pontificio, lo que marca que el reinado ha concluido. Ese anillo, posteriormente, será destruido junto con el sello de plomo del Papa ante los cardenales, para evitar de esa manera que se puedan falsificar documentos papales. El mismo camarlengo deberá sellar la habitación y el estudio del fallecido, aposentos estos que no podrán abrirse hasta que no se elija un sucesor.

La puerta de bronce del
Vaticano se abre y el notario de la Cámara Apostólica levanta acta, mientras las campanas de San Pedro 'doblan a muerto', anunciando públicamente el deceso. Esa puerta se cierra por la noche, en señal de duelo, luego que el cuerpo del Papa, tras ser preparado por los médicos, es vestido con los símbolos pontificios: se le coloca la mitra blanca en la cabeza, la casulla, es decir, el manto rojo (que es el color de luto papal) que utiliza cuando celebra misa, y el palio, una faja de lana blanca con cruces negras, símbolo de dignidad. La conservación del cuerpo prevé la extirpación de las vísceras, algo que realizan los forenses del Instituto de Medicina Legal de la Universidad de Roma.

Luego, en una solemne procesión encabezada por el cardenal decano y el camarlengo, el cuerpo del Papa es llevado hasta la Basílica de San Pedro, mientras los coros entonan 'Libera me, Domine, de morte aeterna' (Líbrame Señor de la muerte eterna). El sepelio se denomina 'Missa poenitentialis' y generalmente se espera que acudan delegaciones de todo el mundo. Es la Santa Sede la que fija el nivel de las delegaciones que asisten a los actos. Generalmente las exequias son marcadas por características de funeral de Estado, dado que correspond
en no sólo al jefe de la Iglesia Católica sino también al Jefe del Estado Vaticano.

Los servicios de protocolo de la Santa Sede barajan varias opciones en la ubicación de los asistentes: la primera, siguiendo el orden alfabético –en inglés o francés, lengua esta última utilizada en la diplomacia vaticana- y la segunda, tomando como referente la fecha del establecimiento de las relaciones diplomáticas de cada país con la Santa Sede. El protocolo marca que los invitados se sitúen por categorías: primero jefes de Estado y después primeros ministros, embajadores y el resto de las representaciones diplomáticas.Con respecto a las autoridades de la Iglesia, figuran los cardenales, los principales Patriarcas orientales, arzobispos, obispos, párrocos de Roma, canónigos de San Pedro y demás religiosos católicos, colocados por orden de importancia, desde la zona más cercana al altar hacia fuera, del lado derecho.



Funeral de Juan Pablo II, abril de 2005


El protocolo litúrgico

Fundamentalmente, las diferencias entre un funeral y otro las marcan los propios Papas -quienes indican en su última voluntad cómo quieren que se desarrollen las exequias-, pero también las circunstancias históricas e incluso algo tan impredecible como los factores climatológicos.

El ordenamiento litúrgico de la Capilla Sixtina impone que las honras fúnebres deben presentarse en canto llano y generalmente se utiliza la música gregoriana, la “oficial” de la iglesia latina. En el apartado musical, los cantos antifonales son interpretados por los miembros de la Capella Giulia, siendo los encargados de señalar el comienzo, el ritmo y el final del funeral.Son muchos los símbolos que pueden extraerse de una ceremonia de estas características. Por ejemplo, los doce hombres encargados de portar el féretro del Papa fallecido son los mismos que llevan la silla gestatoria el día de la proclamación; el ceremonial litúrgico no tiene luto, pues los signos hablan de entrada a otro mundo, al igual que sucede en la entronización del nuevo Papa.

Durante la liturgia se pueden utilizar varios idiomas: el latín, el italiano, el francés, usado durante la homilía –la parte más protocolaria y formalista donde se saluda a todos los presentes y se hace una sencilla y no ostentosa biografía del fallecido-, el español, el inglés y otros a elección de la curia, sobre todo para el momento de
las plegarias.

Con respecto a la vestimenta, los miembros del Colegio Cardenalicio pueden lucir su color protocolario, el morado, propio de los eventos de gran relevancia o pueden ir de rojo, el color litúrgico propio a la muerte de un Papa, y la mitra. Obispos, arzobispos y diáconos también portan sus hábitos violáceos mientras que el resto de sacerdotes y los canónigos –no ordenados obispos-visten la tradicional sotana con la sobrepelliz negra.

Entre los invitados, las normas protocolarias marcan: para los caballeros, traje oscuro, frac o uniforme de gala sin condecoraciones –en señal de respeto-; para las damas, traje corto negro con la opción de portar o no mantilla del mismo color.

Durante la ceremonia un prelado lee los hechos más importantes de su labor y al final mete el pergamino en un tubo de cobre que se introduce en el féretro junto con un saquit
o de terciopelo con monedas y medallas de su pontificado. Terminada la misa, los restos mortales son introducidos en una triple caja -una de ciprés, otra de plomo y una de nogal- y sobre esta última se coloca un simple crucifijo y una Biblia abierta, para luego llevar el féretro en procesión, a través de la puerta de Santa Marta, hacia las Grutas Vaticanas, donde permanecerá hasta que se disponga su sarcófago definitivo. En el funeral de Juan Pablo II no se utilizó un sarcófago, sino una lápida de mármol blanco que selló la tumba con las palabras 'Johannes Paulus P. P.II'.

Al concluir el funeral, se abre el novenario de misas por el Papa en la Basílica, que se prolongará hasta dos días antes del comienzo del cónclave. De éste saldrá el nuevo sucesor de Pedro y se desarrollará la siguiente gran ceremonia, la Proclamación del nuevo Pontífice.


Elección y Proclamación de un Papa

Cuando un Papa fallece y es necesario elegir su sucesor, se convoca un Cónclave. Los llamados a tan alta misión tienen la obligación suprema de dar a la Iglesia a su hijo más apto para que la dirija y la guíe.

En realidad este proceso que se inicia no es sólo la elección de un Papa, sino mucho más. Es una pugna por el poder supremo de la Iglesia, de manera que los allí congregados, en función de las distintas corrientes doctrinales o ideológicas, deben esforzarse por ganar adeptos a su precandidato y establecer las alianzas precisas para que al final éste sea el escogido.

En el mismo momento en que muere un Pontífice, se inicia un período provisional que se denomina Sede Vacante. A lo largo de este tiempo, la curia romana se rige estrictamente por el principio de “nihil innovatur” o, lo que es lo mismo, “no innovar en nada”. Aunque el gobierno de la Iglesia queda en manos del Colegio de los Cardenales, éste sólo puede tomar decisiones de rutina y de mero trámite. En cualquier caso, pasados quince días de la muerte del Papa, los cardenales deben constituirse en cónclave.



Cónclave


Aquí es donde adquiere cierta relevancia el papel de camarlengo pontificio, un funcionario al servicio del Papa anterior que debe ocuparse del protocolo en la elección del nuevo Pontífice. Será él quien se ocupe de citar a los purpurados de todo el mundo, confirmar su asistencia, recibirlos en la Santa Sede y controlar que todo esté preparado para el día del cónclave. La palabra “camarlengo” procede del latín camerarius (de la cámara), en referencia al lugar donde se guardaba un tesoro. Trasladado al mundo monástico, el camarlengo era el monje que se encargaba de la administración de los bienes de la congregación, o sea una especie de tesorero. Y así llegamos hasta el camarlengo de la Santa Sede Romana, que al principio administraba las posesiones y las rentas del Vaticano. Pero en el siglo XIX el papa Pío VII restringió en gran parte su autoridad. Actualmente, además de las funciones propias de su cargo, el camarlengo se ocupa de la verificación de la muerte del Papa y de colaborar con el Gran Elector en el desarrollo del cónclave.

No menos complejo es el papel que tiene que desarrollar el llamado Gran Elector. Dentro del secretísimo cónclave, quien organiza las votaciones y controla que todo el proceso se realice según lo marcado por el protocolo el Gran Elector, también conocido como el Maestro de Ceremonias.
Escudo del Cardenal Camarlengo


La palabra “cónclave” proviene del latín cum clavis, o lo que es lo mismo “con llave”. Este nombre se debe a que la reunión que elige a un nuevo Papa siempre se ha celebrado a puertas cerradas, para evitar que los participantes puedan tener algún tipo de contacto con el mundo exterior. El selecto grupo de cardenales que han de cumplir tan alta misión está formado en su mayoría por pastores de diócesis más o menos alejadas de Roma. De todos modos, para conservar la tradición que imponía que todos los electores fueran prelados romanos cada cardenal es nombrado, mientras dura el proceso, “titular honorario” de una de las iglesias de la ciudad.

El cónclave debe iniciarse entre los 15 y 20 días siguientes a la muerte del Papa. Los cardenales se reunirán en la Capilla Sixtina, jurando guardar silencio “absoluto y perpetuo” y en el ambiente prevalecerá el recogimiento y la oración. Las penas eclesiásticas por violar estos juramentos son tan severas que pueden incluir la excomunión.



La Capilla Sixtina, que ha sido locación del cónclave desde 1492

El día elegido para comenzar la elección del nuevo Papa, los cardenales se reunirán en la imponente basílica de San Pedro para celebrar una misa votiva llamada “Pro eligendo Papa”. Por la tarde acudirán en solemne procesión hacia la Capilla Sixtina. El hecho de acudir a este bellísimo recinto es para distender el ambiente de tensión que han producido las reuniones previas a la elección, así como el nerviosismo en el momento de votar, sobre todo si no está claro quién resultará elegido. Tengamos presente que cuando todos los congregados vuelvan a salir de la Capilla Sixtina serán súbditos de uno de ellos, al que habrán designado como Sumo Pontífice. Si las votaciones no alcanzan a reflejar la mayoría necesaria, los electores deberán pasar las noches que sean necesarias dentro del Vaticano, en la Domus Sanctae Marthae, una residencia inaugurada en 1996 y dedicada habitualmente a alojar personal de la curia.

La tradición marca que, tras cada votación, los electores informen a los fieles congregados en la plaza del resultado de la misma. Para ello se emplea desde hace siglos el mismo sistema: una columna de humo o fumata, que asciende por una de las chimeneas. Si los votos aún no han consagrado un ganador, se quema paja seca para que el humo salga negro. Pero si la votación ha designado un nuevo Papa, se quema paja húmeda para producir la famosa fumata bianca, que la multitud celebra con devoto entusiasmo.


Pero la elección no acaba con este acto. Una vez conocido y consensuado el resultado se quemarán todas y cada una de las papeletas en las que los cardenales han escrito el nombre de su favorito.


La fumata bianca de octubre de 1978, anunciando la nueva de la elección de Juan Pablo II


El Maestro de Celebraciones Litúrgicas Pontificias le solicita su consentimiento para aceptar su responsabilidad como Vicario de Cristo cuestionándole en latín: ¿Acceptasne electionem de te canonice facta in summum pontificem? o sea: ¿Aceptas tu elección canónica como Sumo Pontífice? Y luego le pregunta: ¿Quomodo vis vocari? ¿Cómo deseas ser llamado?, atendiendo a la tradición iniciada por Jesús, cuando a Simón le llamó Pedro.

Tras esto, los cardenales procederán a rendirle homenaje; luego el primero de los cardenales diáconos, el cardenal protodiácono, anunciará Urbi et Orbi (A la ciudad y al orbe) la buena nueva desde el balcón de la basílica vaticana, utilizando la fórmula tradicional:

Annunttio vobis gaudium magnum: ¡Habemus papam! Eminentissimum ac Reverendissimum Dominum (nombre del cardenal) Sanctae Romanae Eecclesiae Cardinalem (apellido del cardenal), qui sibi nomem imposuit: (nombre elegido para reinar)”, anuncio tras el cual aparece en el mismo balcón, vestido ya con la sotana y solideo blancos, con esclavina y estola rojas, el neopapa.



jueves, 15 de julio de 2010

Los títulos del Papa

El Papa, además de Obispo de Roma, Arzobispo Metropolitano de la Provincia Romana y Primado de Italia, rangos supremos de la Iglesia Católica Romana, es Soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano. Pero, en un nivel estrictamente religioso, ostenta de manera oficial los siguientes títulos:
  • Vicario de Cristo
  • Sucesor del Príncipe de los Apóstoles
  • Pontífice Máximo de la Iglesia Universal
  • Siervo de los Siervos de Dios

Y recibe el tratamiento de Su Santidad.



Home page de la página web vaticana el día de la elección del nuevo papa, hoy reinante


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Vicario de Cristo (a partir del latín Vicarius Christi), o Vicario de Dios como título equivalente, es un término utilizado de diferentes maneras, con diferentes connotaciones teológicas a lo largo de la historia. Un vicario es un sirviente que está en el lugar del soberano real en algunos asuntos administrativos de su reino, títulos equivalentes comprenden el "representante "o "supervisor".
El título se emplea actualmente en el Catolicismo para referirse a los obispos y más específicamente al Obispo de Roma.

Historia y diversos usos

Durante el historia del Cristianismo, el título de Vicario de Cristo fue utilizada de diferentes maneras, con implicaciones teológicas, pastorales u otras.


Espléndida representación de un Vicario de Cristo: Ioannes Paulus Secundus


El primer registro del concepto del Vicario de Cristo se menciona en la Epístola a los Magnesios de San Ignacio, Obispo de Antioquía, un alumno de San Juan, probablemente al mando del Pedro, con un sentido pastoral, escrito entre los años 88 y 107 d.C. "su obispo preside en el lugar de Dios (...)". Aunque Ignacio no utilizó explícitamente el término Vicario de Cristo, establece claramente el concepto. Actualmente, el Catecismo de la Iglesia Católica enseña que todos los obispos son vicarios de Cristo.


El segundo uso registrado de “Vicario de Cristo” se encuentra en las epístolas de Tertuliano en el siglo III, con una inclinación teológica diferentes para referirse al Espíritu Santo, es decir, como Cristo no está físicamente haciendo milagros en la Iglesia, el Espíritu Santo actúa como su Vicario en su nombre, realizando milagros y previniendo los errores de la Iglesia. Pero este es el único uso bíblico del término de esta manera. Se desconoce si este término se utilizaba ampliamente en la Iglesia primitiva, o si era una observación personal teológica de Tertuliano.

El tercer uso del término Vicario de Cristo aparece en el siglo V, en un sínodo de los obispos para referirse al Papa Gelasio I. Las connotaciones teológicas del título tienen un gran sentido pastoral, evocando las palabras de Cristo al Apóstol Pedro, considerado como el primer Papa católico en Juan 21:16-17, "Apacienta mis corderos... Apacienta mis ovejas", por lo que Cristo hizo a Pedro su vicario y pastor con la responsabilidad de apacentar su rebaño (es decir, la Iglesia) en su propio lugar.



Inocencio III recibe a San Francisco de Asís


Sin embargo, el uso del título para referirse a los Papas en la Iglesia primitiva era inestable , y varias versiones del uso de Vicario fueron utilizados por el Papa, como "Vicario de Pedro" , indicando que eran los sucesores de San Pedro , "Vicario del Príncipe de los Apóstoles" o "Vicario de la Sede Apostólica", entre otras variantes. Este título es utilizado por el Misal Romano en sus oraciones para un papa muerto y el juramento de fidelidad a San Bonifacio a Gregorio II. El nombramiento de Vicario de Cristo para los Papas se convirtió en el uso regular desde el siglo XIII, debido a las reformas empleadas por el Papa Inocencio III, a menudo llamado Inocencio por este título y su prerrogativa de nombrar obispos. En la edición 2009 del Anuario Pontificio, el "Vicario de Jesucristo" es el tercer título oficial de los Papas.

Otro uso del título, con un significado diferente, apareció en las Iglesias Orientales, en uso entre los siglos V y VI. El término se utilizaba para referirse al emperador bizantino, mostrando el ápice de cesaropapismo. Aunque el emperador no decidía la doctrina -que era responsabilidad de los obispos-, su función era mantener el culto propio de Dios y la espiritualidad de sus súbditos y preservar la ortodoxia, por lo que actuaba como Vicario de Cristo sobre las cuestiones de carácter y de administración de su imperio.


Aparición de la Cruz al Emperador Constantino de Bizancio

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El Pontifex Maximus (del latín, "el mayor fabricante de puentes") era el sumo sacerdote de la Colegio de Pontífices (Collegium Pontificum) en la antigua Roma. Esta era la posición más importante en la antigua religión romana, abierto sólo a patricios hasta el 254 a.C., cuando el primer plebeyo ocupó este puesto. Un oficio claramente religioso bajo la primera República Romana, poco a poco se politizó hasta que, a partir de Augusto, fue subsumido en el oficio imperial. Su último uso en relación con los emperadores es en las inscripciones de Graciano (que reinó de 375 a 383) quien, sin embargo, decidió omitir más tarde las palabras pontifex maximus de su título.

La palabra pontifex, más adelante se convirtió en un término utilizado para los obispos cristianos, incluido el Obispo de Roma y el título de Pontifex Maximus fue aplicado en el Iglesia Católica Romana al Papa como su obispo principal. No está incluido en los títulos oficiales del Papa, pero aparece en los edificios, monumentos y monedas de los papas del Renacimiento y los tiempos modernos.


San Pío V

Uso del título en la Iglesia Católica

En los círculos católicos, el montanista Tertuliano aplicó con furia el término al Papa Calixto I, con quien estaba en desacuerdo sobre la relajación de éste sobre la disciplina penitencial de la Iglesia (que permitía a adúlteros arrepentidos y disolutos volver al seno de la Iglesia, bajo su autoridad Petrina). No está claro si la palabra Pontífice era de uso común por el cristianismo de principios del siglo III, como lo fue después, para denotar un obispo. El uso de Tertuliano es inusual puesto que la mayor parte de los términos técnicos del paganismo romano se evitaron en el vocabulario de latín cristiano a favor de neologismos o palabras griegas.

Los últimos vestigios de los emperadores siendo al mismo tiempo pontífices se encuentran en las inscripciones de Valentiniano, Valente y Graciano. Desde Teodosio I (379-395), los emperadores ya no aparecen con la dignidad de pontífice, pero el título fue aplicado más tarde al obispo cristiano de Roma. En 382, el Emperador Graciano, a instancias de Aurelio Ambrosio, eliminó el Altar de la Victoria del Foro, retiró las subvenciones estatales que financiaban muchas actividades paganas y renunció formalmente el título de Pontifex Maximus.


San Dámaso


Se dice que el Papa Dámaso I fue el primer obispo de Roma en asumir el título. Otras fuentes dicen que el uso de tales títulos por los obispos, entre ellos el obispo de Roma, vino más tarde. El título de pontifex sigue siendo tanto para el obispo de Roma como para otros obispos. En el edicto De fide catholica del emperador Teodosio (380), promulgado en Tesalónica y publicado en Constantinopla para todo el imperio, con el cual establece la cristiandad católica como la religión oficial del imperio, se refirió a Dámaso como pontífice y a Pedro Obispo de Alejandría.

La Enciclopedia Británica dice que el Papa León I (440-461) asumió el título Pontifex Maximus, mientras que otras fuentes dicen Gregorio I (590-604) fue el primer Papa en emplearlo en un sentido formal, o, por el contrario, el Papa Siricio (384-399). El Diccionario Oxford de la Iglesia Cristiana dice que fue en el siglo XV (cuando el Renacimiento despertó un nuevo interés en la antigua Roma) cuando Pontifex Maximus se convirtió en un título de honor regular para los Papas.


Aunque el título en cuestión fue utilizado durante algunos siglos en las inscripciones referentes a los papas, nunca ha sido incluido en la lista oficial de títulos papales publicado en el Anuario Pontificio, el cual incluye el de "Supremo Pontífice de la Iglesia entera"(en latín, Universalis Ecclesiae Summus Pontifex) como el cuarto título oficial, siendo el primero "Obispo de Roma".


Los términos pontifex maximus y summus pontifex fueron utilizados durante siglos no sólo por el Obispo de Roma, sino también por otros obispos. Eran, sin duda, originalmente empleados en relación con el sumo sacerdote judío, cuyo lugar los obispos cristianos consideraban como cada uno en su propia diócesis, pero desde el siglo XI parecen aplicarse sólo al Papa. El título romano de Pontifex Maximus era usado en inscripciones en griego y la literatura de la época como ἀρχιερεύς (literalmente,"sumo sacerdote") o por una traducción más literal y en orden de palabras como ἀρχιερεὺς μέγιστος (literalmente, "el mayor sumo sacerdote"). El término "ἀρχιερεύς" aparece en el Septuagésimo texto del Antiguo Testamento y se utiliza en el Nuevo Testamento para referirse al sumo sacerdote judío.

El título de Pontifex Maximus, que ahora se aplica al Papa aunque no estuviera incluido en su lista oficial de títulos, tiene por tanto una historia muy antigua. El único título sólo aplicado al Papa que tiene una larga historia documentada es la palabra "Papa" en sí misma (en griego, " πάππας "), que se encuentra ya en la época de Homero. Este título tampoco está incluido en la lista oficial, pero se utiliza en los documentos oficiales (como los encabezados de encíclicas y documentos similares) mucho más frecuentemente que el título de Pontifex Maximus, el cual es utilizado en la práctica poco más que en las inscripciones de los edificios.


Puerta al Vaticano con la inscripción: Benedictus XVI Pont[ifex] Max[imus] Anno Domini MMV Pont[ificatus] I ("Benedict XVI, Supremo Pontífice, en el Año de Nuestro Señor 2005, en el primer año de su pontificado").


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Servus Servorum Dei es una frase latina que significa Siervo de los Siervos de Dios. La frase es uno de los títulos del Papa y se utiliza para referirse a él en el comienzo de las Bulas papales.

San Gregorio I (Papa desde 590 hasta 604) fue el primero en usar este título para referirse a sí mismo como Papa. La adopción del título se deriva de una disputa con el Arzobispo de Constantinopla Juan quien adoptó el título de "Patriarca Ecuménico": el título humilde "siervo de los siervos de Dios" compensaba los reclamos de poder y eminencia de los demás contra el obispo de Roma (el Papa). Algunos de los sucesores de Gregorio Papa usaron la frase de vez en cuando durante algunos siglos, pero lo hicieron regularmente sólo desde el siglo IX. A veces, algunos gobernantes civiles también lo utilizaban, pero después del siglo XII llegó a ser utilizado exclusivamente por el Papa.


San Gregorio I

A partir del Concilio Vaticano II los Papas han utilizado el concepto de Servus Servorum Dei para hacer su oficio más simple y menos real. El Papa Pablo VI dejó de usar la Tiara papal y ninguno de sus sucesores la ha llevado. Juan Pablo I, Juan Pablo II y Benedicto XVI prescindieron de una coronación, optando por una forma más simple de instalación (o inauguración). En lugar de recibir la Tiara papal, los tres pontífices electos recibieron el pallium durante la ceremonia de su instalación. Además, el real "Nosotros" fue dispensado del habla y la escritura y en su lugar el singular "Yo" ha sido utilizado por los sucesores de Pablo VI, excepto en Latín, un idioma en el que, como en griego antiguo, el más impersonal "nosotros" tiene el efecto contrario al del real “nosotros”. En su Motu Proprio Summorum Pontificum, Benedicto XVI utiliza el real "nosotros".

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Su Santidad es el tratamiento oficial debido a los líderes de ciertos grupos religiosos. En la Iglesia Ortodoxa, la Iglesia Ortodoxa Copta de Alejandría y la Iglesia Católica Romana (así como las Iglesias Orientales Católicas), el tratamiento se utiliza cuando, respectivamente, se refiere al Patriarca de Alejandría y al Papa de Roma. También se utiliza en referencia a otros varios otros patriarcas cristianos, como el de Constantinopla.

En Budismo Tibetano, el Dalai Lama también es tratado de la misma manera en inglés, al igual que otros líderes budistas como Sakya Trizin, el Patriarca de Sakyapa.


La Cátedra de San Pedro en la Basílica vaticana, símbolo del magisterio del Sumo Pontífice

Uso

En el Cristianismo, el tratamiento deriva de la palabra latina sanctitas. Era utilizado originalmente para todos obispos pero, desde el siglo VII, fue utilizado solo para Papas, patriarcas y algunos gobernantes seculares. Desde el siglo XIV se restringió su uso a una pequeña minoría de patriarcas cristianos, en particular el Patriarca de Alejandría, el Papa de Roma y el Patriarca de Moscú. En la secta Dawoodi Bohra de la rama Ismailí de Shia Islam, el título es llevado por Mohammed Burhanuddin Syedna. Es propiamente el tratamiento superlativo, tomando precedencia ante todos los demás tratamientos.

El título se utiliza oficialmente en la diplomacia internacional y en contextos formales sin tener en cuenta sus orígenes doctrinales, filosóficos y teológicos.




Bendición apostólica de Su Santidad Juan Pablo II


En español y en italiano, el tratamiento directo y en tercera persona suenan de la misma manera (Su Santidad y Sua Santitá); en cambio, en inglés tercera persona es His Holiness (H.H.) y el tratamiento directo es Your Holiness.

Actuales líderes cristianos que llevan el tratamiento de Su Santidad:


· Benedicto XVI, Papa de Roma (1927- )
· Ecuménico Bartolomé I, Arzobispo y Patriarca de Constantinopla (1940- )
· Teodoro II, Patriarca de la Iglesia Griega Ortodoxa de Alejandría (1954- )
· Patriarca Kiril I de Moscú, Patriarca de Moscú y Todas las Rusias (1946- )
· Shenouda III, Papa de la Iglesia Ortodoxa Copta de Alejandría (1923- )
· Ignacio Zakka I Iwas, Patriarca Siriano Ortodoxo de Antioquía (1933- )
· Karekin II, Catholicos de todos los Armenios (1951- )
· Maxim de Bulgaria, Patriarca de la Iglesia Ortodoxa de Bulgaria y Patriarca Metropolitano de Sofía (1914- )



Su Santidad El Patriarca de Moscú

viernes, 2 de julio de 2010

La Iglesia: el poder de la jerarquía

La Iglesia Católica Apostólica Romana es el órgano de poder más imperecedero que ha existido en la historia del hombre. Lleva dos milenios protagonizando, dirigiendo e influyendo en los hechos fundamentales del devenir de Occidente y buena parte del resto del mundo. Ha sido testigo de la caída de monarquías absolutas, del advenimiento de la democracia, del capitalismo, del comunismo y de la globalización.


Piazza San Pietro vista desde el Domo de la Basílica


Ninguna otra institución de poder, ya sea espiritual o terrenal, ha perdurado tanto en el tiempo como la Iglesia Católica y parte de su secreto ha consistido en no quebrar nunca su estructura jerárquica. Para afrontar nuevas circunstancias sin lesionar esa jerarquía inamovible, ha empleado otras estructuras paralelas que, siempre a su amparo, han desarrollado funciones específicas. Muchas de ellas, como la Orden del Temple, han sido denostadas cuando dejaron de ser útiles o cuando amenazaban la hegemonía papal. Otras, como la Compañía de Jesús, han servido para introducir ciertas reformas sin alterar, al menos en apariencia, los principios doctrinales. Estas “ramas paralelas” también han servido para aunar las voces disonantes y permitir un diálogo integrador que restableciera la unidad.


La Casa Pontificia

Si hay algo que destaca en la historia del Vaticano es la Curia romana, o Casa Pontificia, nombre que recibe el conjunto de los altos cargos y funcionarios eclesiásticos que trabajan en el gobierno de la Santa Sede y que habitualmente residen en ella. Su función es asistir al Papa, que necesita de la colaboración y de la ayuda de departamentos políticos o teológicos y de oficinas administrativas y judiciales para cumplir su misión como pastor supremo de la Iglesia. Toman parte en actividades tanto religiosas (ceremonias litúrgicas importantes) como civiles (recepciones a monarcas, jefes de estado y de gobierno, dignatarios, presentación de credenciales de embajadores, audiencias privadas y públicas) en todo lo que se refiere al ceremonial, protocolo, acogida y también administración.


Fachada de la Basílica de San Pedro


Pablo VI suprimió el nombre de "Corte Pontificia" substituyéndolo por el de "Casa Pontificia" y promulgando una Nova Ordinatio de la misma por el motu proprio "Pontificalis Domus" de 28 de marzo de 1968. Anteriormente, con la Constitución Apostólica "Regimini Ecclesiæ Universæ" de 15 de agosto de 1967 (por el que reformaba la Curia), había instituido la llamada "Prefectura del Palacio Apostólico", que asumía la dirección de la Capilla y la Familia Pontificias. El motu proprio aludido cambió ese nombre por el de "Prefectura de la Casa Pontificia", a la cual dio, además, un aire más burocrático que cortesano.


Toca a la Prefectura de la Casa Pontificia en la actualidad ordenar el servicio de antecámara y organizar las audiencias de Su Santidad, así como disponer lo necesario y oportuno cada vez que el Papa sale del Palacio Apostólico a Roma o viaja por Italia. También cuida del orden de precedencia de la Capilla pontificia y de la Familia Pontificia, del Colegio Cardenalicio, de la Prelatura y del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede. La Casa Pontificia se sigue dividiendo, según la tradición, en Capilla Pontificia y Familia Pontificia.




Pío XII abandona el Vaticano para celebrar el solemne rito papal en Santa María sopra Minerva en honor de San Francisco de Asís y Santa Catalina de Siena


Estructura de la Casa pontificia
  • Prefecto de la Casa Pontificia (anteriormente llamado Prefecto del Palacio Apostólico): Es aquel que está a la cabeza de la Casa, y el supervisor de las actividades de todos los que forman parte de ella.
  • Regente de la Casa Pontificia
  • Capilla Papal: Se denomina así propiamente a la Capilla musical pontificia, schola cantorum o escolanía de la Capilla Sixtina, coro formado por hombres y niños que durante siglos acompañó al Papa en las liturgias pontificias. Por extensión se denomina "Capilla Papal" a cualquier liturgia presidida por el Sumo Pontífice en la Santa Sede.
  • Familia Pontificia: Es propiamente el entorno papal, formado por dos ramas: una eclesiástica (conformada por clérigos) y una laica. Los clérigos de la familia pontificia tienen derecho al tratamiento de "monseñor", a vestir sotana con botonadura, ribetes y fajín morados y a puestos de honor en las ceremonias papales. Algunos viven permanentemente en el Vaticano o en Roma, pero muchos otros son clérigos de distintas partes del mundo a quienes el Papa confiere el honor de este nombramiento.

Formación de la Casa pontificia

I. Capilla pontificia

1. Cardenales.
2. Patriarcas, Arzobispos, Obispos y Eparcas asistentes al Solio, sea de rito latino que oriental.
3. El Vice-Camarlengo de la Santa Iglesia Romana.
4. Los Presidentes de los Consejos pontificios.
5. Los Secretarios de las Congregaciones romanas.
6. El Regente del Tribunal de la Penitenciaría Apostólica.
7. El Secretario del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica.
8. El Decano del Tribunal de la Rota romana.
9. Los Prelados superiores de los Consejos pontificios y de las Comisiones pontificias.
10. El Abad de Montecassino y los Abades generales de los Canónigos regulares y de las Órdenes monásticas.
11. Los Superiores generales o, en su ausencia, los Procuradores generales de las Órdenes mendicantes.
12. Los Auditores del Tribunal de la Rota romana.
13. Los Votantes del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica.
14. Los miembros de los Capítulos de las tres Basílicas Patriarcales.
15. Los Abogados consistoriales.
16. Los Párrocos de Roma.
17. Los Clérigos de la Capilla pontificia.
18. Los parientes del Papa.

Solemne misa papal bajo el baldacchino de San Pedro con participación de la Capilla pontificia


II.Familia pontificia

A. Eclesiástica

1. El Substituto para los asuntos generales, de la Secretaría de Estado.
2. El Secretario para las relaciones con los estados, de la Secretaría de Estado.
3. El Limosnero de Su Santidad.
4. El Presidente de la Pontificia Academia Eclesiástica (antigua Academia de Nobles Eclesiásticos).
5. El Teólogo de la Casa pontificia (antiguo Maestro del Sacro palacio). Por tradición es siempre un dominico.
6. El Colegio de los Protonotarios apostólicos de número participantes. Son siete
7. Los Protonotarios apostólicos supernumerarios.
8. Los Ceremonieros pontificios. Están encabezados por el Maestro de las celebraciones litúrgicas pontificias
9. Los Prelados de honor de Su Santidad (antiguamente Prelados domésticos)
10. Los Capellanes de Su Santidad (los antiguos Camareros secretos supernumerarios).
11. El Predicador de la Casa pontificia (antes Predicador apostólico): Un sacerdote que se encarga de predicar en retiros espirituales y otras ocasiones para el Papa, los miembros de la Curia Romana y de la Casa Pontificia. Predica ahora en la Capilla "Redemptoris Mater".
12. El secretario personal del Papa, quien tiene el rango de Prelado de Honor de Su Santidad.


Ceremonia presidida por S.S. Pío XII, asistido por miembros de su Casa

B. Laica

1. El (Príncipe) Asistente al Solio pontificio: Cargo muy antiguo y honorífico, conferido a algún Príncipe heredero católico para que acompañara al Papa en la Corte pontificia. Usualmente es de la nobleza romana.
2. El Delegado Especial de la Pontificia Comisión para el Estado de la Ciudad del Vaticano (antes Consejero general).
3. El Comandante de la Guardia Suiza Pontificia.
4. Los Consultores del Estado de la Ciudad del Vaticano.
5. El Presidente de la Pontificia Academia de las Ciencias.
6. Los Gentileshombres de Su Santidad (absorbidos bajo este título: los Camareros secretos de capa y espada participantes, los Camareros secretos de capa y espada y los Camareros de honor de capa y espada).
7. Los Procuradores de los Palacios Apostólicos (cuyas funciones, desde 1988, han sido transferidas a los Abogados de la Santa Sede, conservándose los títulos y privilegios de los procuradores todavía en activo).
8. Los Agregados de Antecámara (los antiguos "Bussolanti").
9. Los parientes del Papa: su familia carnal
10. El Ayuda de cámara del Papa (especie de mayordomo privado).
11. La Antecámara Pontificia (dirigida por el Decano de Sala).

Su Excelencia, Don Domenico Orsini, Príncipe Asistente al Solio Pontificio


Dentro de la Casa Pontificia, hay que considerar además a la Capilla musical pontificia.


El Prefecto de la Casa Pontificia

El Prefecto o Maestro di Camera del Papa es un oficial de la Curia romana que se responsabiliza de la famiglia pontificia y la cappella papale, es decir, vela por la organización interna de la casa pontificia y supervisa todo lo concerniente a la conducta y el servicio de clérigos y laicos que se desempeñan allí. Está al servicio del Supremo Pontífice, tanto en el Palacio Apostólico como en los viajes del Papa por Roma o el resto de Italia.


El Papa Benedicto XVI firma una encíclica asistido por el Prefecto actual, Monseñor James Harvey


Este es el título de uno de los cuatro prelados del palacio Vaticano y actual Chambelán jefe de la Ciudad del Vaticano. Su jurisdicción está limitada exclusivamente a los salones de recepción del Papa. La Prefectura incluye los Gentilhombres del Papa (los Camareros Secretos de Capa y Espada participantes, los Camareros Secretos de Capa y Espada y los Camareros de Honor de Capa y Espada), el Mayordomo de la Casa y el Prefecto del Palacio Apostólico.

La Prefectura se ubica en el Palacio Apostólico, que contiene los Apartamentos Papales, y en el Palacio Pontifical y Villa Barberini en la ciudad de Castel Gandolfo.


El Prefecto vaticano, Monseñor Harvey, recibe en el patio de San Dámaso al Presidente de los Estados Unidos

Lista de Prefectos

§ Scipione Borghese (1766–1771)
§ Giovanni Gallarati Scotti (1800–1801)
§ Antonio Frosini (1817–1823)
§ Giovanni Marazzani Visconti (1823–1829)
§ Costantino Patrizi Naro (1832–1839)
§ Pietro Gasparri (1914–1918)
§ Giovanni Tacci Porcelli, (1918–1921)
§ Camillo Caccia-Dominioni (1921–1935)
§ Mario Nasalli Rocca di Corneliano (1967–1969)
§ Jacques-Paul Martin (1969–1986)
§ Dino Monduzzi (1986–1998)
§ James Harvey (1998–presente)

La Secretaría de Estado

La Secretaría de Estado es el componente de la Curia que colabora de una forma más cercana con el Sumo Pontífice.

Sello del Estado de la Ciudad del Vaticano

En el año 1487 fue instituida la Secretaría Apostólica, compuesta por veinticuatro secretarios. Uno de ellos, el Saecretarius Domesticus, también conocido simplemente como secretario del Papa, ocupaba un lugar de honor dentro del organigrama y a él se le encargaban las labores más delicadas. Siglos más tarde, en 1814, Pío VII le dio forma a la Sagrada Congregación de los Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios. Un siglo más tarde se dividieron sus competencias en tres grandes apartados: asuntos extraordinarios, asuntos ordinarios y breves pontificios. En 1967, Pablo VI eliminó esta tercera sección y la Sagrada Congregación pasó a ser el Consejo para los Asuntos Públicos de la Iglesia.

El Rey de España y el Secretario de Estado del Vaticano, Monseñor Tarcisio Bertone, acompañados del Ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, Miguel Ángel Moratinos, y el nuncio de la Santa Sede, Manuel Monteiro, en el Palacio de La Zarzuela (Madrid, febrero de 2009)


En el año 1988 Juan Pablo II volvió a efectuar una reforma dividiendo la Secretaría de Estado en dos secciones: asuntos generales y relaciones con los estados.


La primera, dirigida por un arzobispo con la ayuda de un prelado, despacha todos los asuntos que conlleva la actividad diaria del Papa: organiza las audiencias, redacta sus documentos, tramita nombramientos y, entre muchas otras labores más, custodia el sello de plomo y el anillo del pescador. La segunda sección de la Secretaría, la de relaciones con los estados, se ocupa de todos los asuntos diplomáticos, la representación del Vaticano ante organismos internacionales y el nombramiento de obispos en otros países. La segunda sección está dirigida por un arzobispo que ostenta el cargo de secretario para las relaciones con los estados y que cuenta con la ayuda de otro prelado, designado como subsecretario. Actualmente la Secretaría de Estado, a la que dan forma estas dos secciones, está presidida por un cardenal que recibe el título de secretario de Estado y desempeña las funciones de primer colaborador del Pontífice en el gobierno de la Iglesia. Este purpurado es el responsable e la actividad política y de las acciones diplomáticas del Vaticano.

Otro órgano influyente es el Sínodo de los Obispos, una institución de carácter permanente creada por Pablo VI en 1965, con la intención de intentar mantener viva la llama del espíritu conseguido gracias a la experiencia conciliar. Básicamente, se trata de una especie de asamblea, una reunión entre un grupo de obispos y el Papa, para intercambiar información y experiencias y buscar soluciones a los problemas pastorales.

El Sumo Pontífice y los príncipes de la Iglesia


jueves, 23 de julio de 2009

El Papa


El Papa (del latín papa, Petri Apostoli Potestatem Accipiens, “El que sucede al apostól Pedro” y a su vez del griego πάππας pápas: "padre" o "papá") es la cabeza visible de la Iglesia Católica y el Jefe del Estado de la Ciudad del Vaticano. También se le conoce como Obispo de Roma, Vicario de Cristo, Sucesor de Pedro, Sumo Pontífice y Siervo de los siervos de Dios.

Durante los primeros siglos de la historia del cristianismo, la expresión "papa" se usaba para dirigirse o referirse a los obispos, en especial a los metropolitas u obispos de diócesis mayores en extensión o importancia. Así, Cipriano de Cartago, por ejemplo, es llamado "papa" (cf. Epist. 8, 23, 30 etc.). Hay que esperar a Gregorio VII, en 1073, para un uso ya exclusivo del obispo de Roma.

Origen del Papado


La visión de la Iglesia Católica de los relatos evangélicos en torno al apóstol San Pedro resalta su preeminencia sobre los demás apóstoles: Jesús le da un nombre especial, Cefas (Roca) (Mc 3,16; Juan 1,42), el cual señalaría la futura misión del apóstol. Además, en los listados de apóstoles los evangelistas siempre lo nombran en primer lugar (a pesar de no haber sido el primero en recibir la llamada de Jesús), incluso utilizando el título de "el primero" (Mt 10,2). Con todo, el pasaje clave es Mateo 16, 13-20, donde Jesús -más adelante- hace entrega a Pedro de las "llaves del reino de los cielos" y se refiere a él como la roca sobre la cual fundaría su Iglesia. Luego de la resurrección, Jesús nuevamente le menciona su papel: "apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas" (Juan 21, 15-17) donde apacentar en términos bíblicos es "gobernar" (ejemplo Hechos 20,28).

Por ello, según la visión de la Iglesia Católica, el evangelio reflejaría la voluntad de Jesucristo de que sus discípulos permanecieran unidos bajo la dirección de Pedro, a quien Jesucristo dio ese nombre en un momento solemne, llevando a sus apóstoles a una ciudad edificada junto a una roca, Cesarea de Filipo (Mateo, 16, 13-20).

Pedro es considerado dentro de la Iglesia Católica como el primer Papa, aunque en aquel tiempo no llevaba el título pero sí la misma función y autoridad. Pese a esto, muchos Padres de la Iglesia dicen que la piedra a la que se refiere Cristo es su confesión, no Pedro; pero sin rechazar el pontificado.

San Pedro en Roma

A partir del siglo XI la Iglesia Católica ha hecho énfasis en el origen de la sucesión apostólica a partir de Roma. Debe tenerse en cuenta que en los inicios de esta tradición, el peso del Imperio Romano se había trasladado a Bizancio. Sin embargo, Roma era el Patriarcado que tenía la primacía sobre los demás patriarcas, pues Constantinopla no fue elevada a Patriarcado sino hasta el siglo V, y aun así no gozó de la autoridad espiritual que tenía Roma, principalmente con papas como San León Magno.

Luego de la caída del Imperio romano de Occidente, la figura del obispo de Roma se volvió relevante también en lo político, siendo la única autoridad de los romanos. Pocos disputan estas pruebas desde el punto de vista histórico, pero como ya se dijo, sí se disputa la conclusión de autoridad a que se puede llegar a partir de ellas, por otras razones.
Funeral por Juan Pablo II en San Pedro, Roma, abril de 2005

El gobierno jerárquico de la Iglesia Católica se basa en la autoridad de los sucesores de los apóstoles, llamados obispos, reunidos en concilio bajo la autoridad del primero de los obispos. Para los católicos romanos, éste es el obispo de Roma, llamado Papa, porque tanto Pedro (que primero se trasladó de Jerusalén a Antioquía de Siria) como Pablo murieron en Roma.

Ésta es una de las razones por la que, a partir del siglo XI, la Iglesia de esa ciudad fue reconocida por la Iglesia de Occidente como cabeza de las demás Iglesias católicas romanas: por haber tenido dentro de sí a dos apóstoles, dándole por ello mayor autoridad frente a otras ciudades que sólo habrían tenido a uno. Para el caso de Pablo, además del testimonio de sus cartas desde la prisión romana, existen testimonios arqueológicos y escritos de su martirio en Roma. Más importante es el caso de Pedro, a quien los católicos considera que suceden los 264 papas que después de él han regido la Iglesia Católica Romana.

Tradición católica

Para los católicos, el Papa es el Obispo de la Diócesis de Roma. Según la tradición católica, desde que San Pedro se estableció para predicar el Evangelio en la ciudad y nombró su sucesor a uno de los Presbíteros de la ciudad, se ha establecido la ciudad como la sede de la Iglesia universal.

En el principio a los sucesores de San Pedro se los llamaba simplemente obispo de Roma. El título de Papa viene a ser usado muchos años después, concretamente hasta el año 378 no se instauró el cargo papal.

Actualmente, el Papa ostenta también oficialmente los siguientes títulos:


* Vicario de Cristo.
* Sucesor del Príncipe de los Apóstoles.
* Príncipe de los Obispos.
* Pontífice Supremo de la Iglesia Universal.
* Primado de Italia.
* Arzobispo y Metropolitano de la Provincia Romana.
* Siervo de los Siervos de Dios, Servus Servorum Dei.
* Padre de los reyes.
* Pastor del Rebaño de Cristo.
* Soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano.

Su elección se realiza en cónclaves, en los que los cardenales votan al nuevo Papa (es un cargo vitalicio). Desde principios del siglo XIX, si hay acuerdo, se proclama mediante la fumata blanca, en caso contrario se anuncia con la fumata negra y se prosiguen las votaciones. A partir de 2006 el Papa Benedicto XVI renunció al título de "Patriarca de Occidente".


Las Insignias papales son el Anillo del Pescador, la Mitra (tocado de cabeza), el Palio (indumentaria ornamental), el Solideo (gorro a modo de casquete pequeño), el Camauro (gorro más grande), el Trono, la Tiara papal (mitra alta con tres coronas), el Gonfalón (estandarte largo), los Flabelos (grandes abanicos de plumas de avestruz), el Fanón (prenda a modo de capa pequeña), la Silla gestatoria (silla para ser trasladada a hombros), el Báculo pastoral (cayado ornamentado) y el Asterisco (cruz de metal precioso para la Liturgia).


Condecoraciones Papales


Las condecoraciones papales son los títulos de nobleza, órdenes ecuestres y otras marcas de honor y distinciones que la Corte Papal confiere en hombres y mujeres de intachable carácter que han promovido de alguna forma los intereses de la sociedad, de la Iglesia Católica y de la Santa Sede.


Los rangos de títulos van desde Príncipe a Barón incluso, y son concedidos por el Papa en su calidad de soberano temporal. El título conferido más comúnmente es el de Conde, prefijado al nombre familiar, el cual es simplemente personal o heredable al primogénito masculino. El Príncipe asistente al Solio es Conde de Roma por derecho. Existe otro título llamado habitualmente Conde Palatino, pero la verdadera designación es Conde del Sagrado Palacio de Letrán, el cual es atribuido a muchas oficinas en la corte papal.


Las órdenes ecuestres son:

  • Suprema Orden de Cristo
  • Cruz "pro Ecclesia et Pontifice"
  • Orden del Beato Pío IX
  • Orden de San Gregorio El Grande
  • Orden de San Silvestre
  • Orden de la Espuela Dorada
  • Orden del Santo Sepulcro
  • Medalla Benemerenti
  • Rosa de Oro

    Rosa de Oro otorgada a María Cristina de Austria por Pío VI, en 1776, hoy en el Tesoro Imperial de la Hofburg, en Viena