Golpes en la frente del Papa con un martillo de plata, la destrucción del anillo pontificio y el tañido de las campanas de San Pedro, son algunos de los actos protocolares que se realizan luego de la muerte del Santo Padre, según marca la tradición vaticana. Existen otros actos que no son dictados por la tradición religiosa, pero que fueron establecidos por los propios Pontífices a lo largo de la historia.
En los primeros siglos, la comprobación de la muerte del Papa se hacía acercando una vela encendida a sus labios. Si la llama se movía, significaba que aún conservaba un hálito de vida, y esa misma operación se realizaba varias veces hasta que la llama permanecía inmóvil, lo que significaba que el Papa había muerto. Sin embargo, actualmente la comprobación de la muerte del Sumo Pontífice se realiza con los métodos médicos habituales.
Camarlengo certificando la muerte de un papa (ilustración de 1903)Antes era el arquiatra, pero ahora es el médico el que confirma la defunción del Papa, y se lo comunica al prefecto de la casa pontificia, que anuncia oficialmente la muerte con una sencilla fórmula: 'El Papa ha muerto'. Todos los presentes en la habitación papal se arrodillan y comienzan los primeros responsos. Después, por orden jerárquico, se acercan al cadáver y besan su mano. Se encienden entonces cuatro cirios a los pies del lecho mortuorio y se coloca aceite y agua bendita a su lado, para los responsos de los prelados visitantes.
El camarlengo -quien estará al frente del Vaticano hasta la elección del próximo Papa- ingresa a la habitación papal vestido de violeta, en señal de duelo, acompañado por un destacamento de la Guardia Suiza con alabardas. Golpea tres veces la frente del Pontífice con un martillo de plata (que figura en el escudo de armas pontificio), como lo indica el viejo rito vaticano, al tiempo que llama al difunto por su nombre de pila, para comprobar la muerte.
El cadáver de León XIII en sus apartamentos con hábito coral: sotana blanca, roquete, muzeta roja y camauro.El acto debe realizarse en presencia del maestro de celebraciones litúrgi
cas y del secretario y el canciller de la Cámara Apostólica, y este último es el encargado de rellenar el acta de defunción del Pontífice. Luego, al Papa se le retira el anillo del Pescador, símbolo del poder pontificio, lo que marca que el reinado ha concluido. Ese anillo, posteriormente, será destruido junto con el sello de plomo del Papa ante los cardenales, para evitar de esa manera que se puedan falsificar documentos papales. El mismo camarlengo deberá sellar la habitación y el estudio del fallecido, aposentos estos que no podrán abrirse hasta que no se elija un sucesor.La puerta de bronce del
Vaticano se abre y el notario de la Cámara Apostólica levanta acta, mientras las campanas de San Pedro 'doblan a muerto', anunciando públicamente el deceso. Esa puerta se cierra por la noche, en señal de duelo, luego que el cuerpo del Papa, tras ser preparado por los médicos, es vestido con los símbolos pontificios: se le coloca la mitra blanca en la cabeza, la casulla, es decir, el manto rojo (que es el color de luto papal) que utiliza cuando celebra misa, y el palio, una faja de lana blanca con cruces negras, símbolo de dignidad. La conservación del cuerpo prevé la extirpación de las vísceras, algo que realizan los forenses del Instituto de Medicina Legal de la Universidad de Roma.Luego, en una solemne procesión encabezada por el cardenal decano y el camarlengo, el cuerpo del Papa es llevado hasta la Basílica de San Pedro, mientras los coros entonan 'Libera me, Domine, de morte aeterna' (Líbrame Señor de la muerte eterna). El sepelio se denomina 'Missa poenitentialis' y generalmente se espera que acudan delegaciones de todo el mundo. Es la Santa Sede la que fija el nivel de las delegaciones que asisten a los actos. Generalmente las exequias son marcadas por características de funeral de Estado, dado que correspond
en no sólo al jefe de la Iglesia Católica sino también al Jefe del Estado Vaticano.Los servicios de protocolo de la Santa Sede barajan varias opciones en la ubicación de los asistentes: la primera, siguiendo el orden alfabético –en inglés o francés, lengua esta última utilizada en la diplomacia vaticana- y la segunda, tomando como referente la fecha del establecimiento de las relaciones diplomáticas de cada país con la Santa Sede. El protocolo marca que los invitados se sitúen por categorías: primero jefes de Estado y después primeros ministros, embajadores y el resto de las representaciones diplomáticas.Con respecto a las autoridades de la Iglesia, figuran los cardenales, los principales Patriarcas orientales, arzobispos, obispos, párrocos de Roma, canónigos de San Pedro y demás religiosos católicos, colocados por orden de importancia, desde la zona más cercana al altar hacia fuera, del lado derecho.
El protocolo litúrgico
Fundamentalmente, las diferencias entre un funeral y otro las marcan los propios Papas -quienes indican en su última voluntad cómo quieren que se desarrollen las exequias-, pero también las circunstancias históricas e incluso algo tan impredecible como los factores climatológ
icos.El ordenamiento litúrgico de la Capilla Sixtina impone que las honras fúnebres deben presentarse en canto llano y generalmente se utiliza la música gregoriana, la “oficial” de la iglesia latina. En el apartado musical, los cantos antifonales son interpretados por los miembros de la Capella Giulia, siendo los encargados de señalar el comienzo, el ritmo y el final del funeral.Son muchos los símbolos que pueden extraerse de una ceremonia de estas características. Por ejemplo, los doce hombres encargados de portar el féretro del Papa fallecido son los mismos que llevan la silla gestatoria el día de la proclamación; el ceremonial litúrgico no tiene luto, pues los signos hablan de entrada a otro mundo, al igual que sucede en la entronización del nuevo Papa.
Durante la liturgia se pueden utilizar varios idiomas: el latín, el italiano, el francés, usado durante la homilía –la parte más protocolaria y formalista donde se saluda a todos los presentes y se hace una sencilla y no ostentosa biografía del falle
cido-, el español, el inglés y otros a elección de la curia, sobre todo para el momento de las plegarias.Con respecto a la vestimenta, los miembros del Colegio Cardenalicio pueden lucir su color protocolario, el morado, propio de los eventos de gran relevancia o pueden ir de rojo, el color litúrgico propio a la muerte de un Papa, y la mitra. Obispos, arzobispos y diáconos también portan sus hábitos violáceos mientras que el resto de sacerdotes y los canónigos –no ordenados obispos-visten la tradicional sotana con la sobrepelliz negra.
Entre los invitados, las normas protocolarias marcan: para los caballeros, traje oscuro, frac o uniforme de gala sin condecoraciones –en señal de respeto-; para las damas, traje corto negro con la opción de portar o no mantilla del mismo color.
Durante la ceremonia un prelado lee los hechos más importantes de su labor y al final mete el pergamino en un tubo de cobre que se introduce en el féretro junto con un saquit
o de terciopelo con monedas y medallas de su pontificado. Terminada la misa, los restos mortales son introducidos en una triple caja -una de ciprés, otra de plomo y una de nogal- y sobre esta última se coloca un simple crucifijo y una Biblia abierta, para luego llevar el féretro en procesión, a través de la puerta de Santa Marta, hacia las Grutas Vaticanas, donde permanecerá hasta que se disponga su sarcófago definitivo. En el funeral de Juan Pablo II no se utilizó un sarcófago, sino una lápida de mármol blanco que selló la tumba con las palabras 'Johannes Paulus P. P.II'.Al concluir el funeral, se abre el novenario de misas por el Papa en la Basílica, que se prolongará hasta dos días antes del comienzo del cónclave. De éste saldrá el nuevo sucesor de Pedro y se desarrollará la siguiente gran ceremonia, la Proclamación del nuevo Pontífice.
Elección y Proclamación de un Papa
Cuando un Papa fallece y es necesario elegir su sucesor, se convoca un Cónclave. Los llamados a tan alta misión tienen la obligación suprema de dar a la Iglesia a su hijo más apto para que la dirija y la guíe.
En realidad este proceso que se inicia no es sólo la elección de un Papa, sino mucho más. Es una pugna por el poder supremo de la Iglesia, de manera que los allí congregados, en función de las distintas corrientes doctrinales o ideológicas, deben esforzarse por ganar adeptos a su precandidato y establecer las alianzas precisas para que al final éste sea el escogido.
En el mismo momento en que muere un Pontífice, se inicia un período provisional que se denomina Sede Vacante. A lo largo de este tiempo, la curia romana se rige estrictamente por el principio de “nihil innovatur” o, lo que es lo mismo, “no innovar en nada”. Aunque el gobierno de la Iglesia queda en manos del Colegio de los Cardenales, éste sólo puede tomar decisiones de rutina y de mero trámite. En cualquier caso, pasados quince días de la muerte del Papa, los cardenales deben constituirse en cónclave.
Cónclave No menos complejo es el papel que tiene que desarrollar el llamado Gran Elector. Dentro del secretísimo cónclave, quien organiza las votaciones y controla que todo el proceso se realice según lo marcado por el protocolo el Gran Elector, también conocido como el Maestro de Ceremonias.
Escudo del Cardenal Camarlengo La palabra “cónclave” proviene del latín cum clavis, o lo que es lo mismo “con llave”. Este nombre se debe a que la reunión que elige a un nuevo Papa siempre se ha celebrado a puertas cerradas, para evitar que los participantes puedan tener algún tipo de contacto con el mundo exterior. El selecto grupo de cardenales que han de cumplir tan alta misión está formado en su mayoría por pastores de diócesis más o menos alejadas de Roma. De todos modos, para conservar la tradición que imponía que todos los electores fueran prelados romanos cada cardenal es nombrado, mientras dura el proceso, “titular honorario” de una de las iglesias de la ciudad.
El cónclave debe iniciarse entre los 15 y 20 días siguientes a la muerte del Papa. Los cardenales se reunirán en la Capilla Sixtina, jurando guardar silencio “absoluto y perpetuo” y en el ambiente prevalecerá el recogimiento y la oración. Las penas eclesiásticas por violar estos juramentos son tan severas que pueden incluir la excomunión.
La Capilla Sixtina, que ha sido locación del cónclave desde 1492La tradición marca que, tras cada votación, los electores informen a los fieles congregados en la plaza del resultado de la misma. Para ello se emplea desde hace siglos el mismo sistema: una columna de humo o fumata, que asciende por una de las chimeneas. Si los votos aún no han consagrado un ganador, se quema paja seca para que el humo salga negro. Pero si la votación ha designado un nuevo Papa, se quema paja húmeda para producir la famosa fumata bianca, que la multitud celebra con devoto entusiasmo.
El Maestro de Celebraciones Litúrgicas Pontificias le solicita su consentimiento para aceptar su responsabilidad como Vicario de Cristo cuestionándole en latín: ¿Acceptasne electionem de te canonice facta in summum pontificem? o sea: ¿Aceptas tu elección canónica como Sumo Pontífice? Y luego le pregunta: ¿Quomodo vis vocari? ¿Cómo deseas ser llamado?, atendiendo a la tradición iniciada por Jesús, cuando a Simón le llamó Pedro.
Tras esto, los cardenales procederán a rendirle homenaje; luego el primero de los cardenales diáconos, el cardenal protodiácono, anunciará Urbi et Orbi (A la ciudad y al orbe) la buena nueva desde el balcón de la basílica vaticana, utilizando la fórmula tradicional:
“Annunttio vobis gaudium magnum: ¡Habemus papam! Eminentissimum ac Reverendissimum Dominum (nombre del cardenal) Sanctae Romanae Eecclesiae Cardinalem (apellido del cardenal), qui sibi nomem imposuit: (nombre elegido para reinar)”, anuncio tras el cual aparece en el mismo balcón, vestido ya con la sotana y solideo blancos, con esclavina y estola rojas, el neopapa.

Espléndida representación de un Vicario de Cristo: Ioannes Paulus Secundus
Inocencio III recibe a San Francisco de Asís
Aparición de la Cruz al Emperador Constantino de Bizancio
San Pío V
San Dámaso
Puerta al Vaticano con la inscripción: Benedictus XVI Pont[ifex] Max[imus] Anno Domini MMV Pont[ificatus] I ("Benedict XVI, Supremo Pontífice, en el Año de Nuestro Señor 2005, en el primer año de su pontificado").
San Gregorio I
La Cátedra de San Pedro en la Basílica vaticana, símbolo del magisterio del Sumo Pontífice
Bendición apostólica de Su Santidad Juan Pablo II
Su Santidad El Patriarca de Moscú
Fachada de la Basílica de San Pedro
Solemne misa papal bajo el baldacchino de San Pedro con participación de la Capilla pontificia
Ceremonia presidida por S.S. Pío XII, asistido por miembros de su Casa
El Papa Benedicto XVI firma una encíclica asistido por el Prefecto actual, Monseñor James Harvey
Sello del Estado de la Ciudad del Vaticano
El Sumo Pontífice y los príncipes de la Iglesia






