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martes, 26 de julio de 2011

Las joyas de El Pardo

En los tres acuartelamientos de la Guardia Real en El Pardo (El Rey, La Reina y El Príncipe) trabajan 1.700 militares: aviadores, marinos e infantes; alabarderos y lanceros; jinetes a caballo y artilleros, incluso perros adiestrados para localizar explosivos y buceadores de combate. La Guardia Real es una unidad de élite que no se parece a ninguna otra unidad del Ejército, forma parte de la Casa de Su Majestad el Rey y está diseñada para velar por la seguridad del monarca, rendirle escolta y honores, custodiar (al menos de forma simbólica) el palacio de la Zarzuela y los Reales Lugares y estar a su disposición para lo que necesite.

El Pardo


La Guardia Real es la depositaria de una de las mejores colecciones de coches del mundo, piezas únicas que cuidan con devoción. Son los vehículos históricos que Juan Carlos I heredó de Francisco Franco. Alguno se salvó de milagro del desguace e, incluso, del expolio por parte de la familia del dictador. Ese particular parque móvil que se ha logrado preservar está depositado en el cuartel El Rey, a espaldas del palacio de El Pardo, en el que Franco vivió y desde el que gobernó 35 años. No es fácil contemplar estos vehículos que durante décadas han permanecido ocultos; menos aún circular en ellos. Sin embargo, algunos todavía se usan en las grandes ceremonias del Estado, por lo que se les chequea y revisa a diario.

Siempre que se habla de Franco y de su época apenas se menciona nada sobre sus vehículos oficiales, un apartado que también ha escrito su propia historia. Todavía persisten en el recuerdo de los españoles aquellas caravanas de Cadillac negros entre los que destacaba el del Generalísimo, una limusina blindada en titanio que llevaba sobre sus aletas un banderín con cuatro estrellas.



Franco en su Rolls descapotable


A través de sus coches se pueden reconstruir décadas de la memoria de España. Suponen un peculiar manual de historia que muestra, por ejemplo, los saltos mortales de Franco en política exterior para eternizarse en el poder, que se materializaban en la nacionalidad del vehículo que usaba en cada momento para complacer a su aliado de turno. Desde su entrañable amistad con Adolfo Hitler (que le regaló en 1940 un Mercedes 540 todoterreno de seis ruedas) y su profunda admiración por el régimen nacionalsocialista (el otro imponente Mercedes, un 770 Pullman blindado y con motor de avión, es idéntico al que usaban Himmler y los jerarcas de las SS), a su súbito acercamiento a los americanos en cuanto los nazis perdieron la contienda (que se concretó en la compra de un Cadillac Fleetwood de 1948 y varios Buick Eight); su aproximación a los británicos en los ‘50 (que se tradujo en la compra de tres Rolls-Royce), hasta los intentos de presumir de poderío industrial (con un despampanante Chrysler Imperial que le fabricó a medida el empresario Eduardo Barreiros en 1964) y su vuelta al redil del complejo militar-industrial estadounidense, a partir de 1970 (con sucesivas generaciones de Cadillac Fleetwood, El Dorado y Brougham, que conservaría hasta el final de sus días).

Cuando Franco llegó a la Jefatura del Estado en 1939, el parque de vehículos era muy reducido. Se compraron vehículos Packard; tuvo el Ford 8 CV, que había sido fabricado en España y con el que tuvo un accidente en Cuenca, un Cadillac y un Hispano-Suiza 12 cilindros, regalo de la familia catalana Mateu, fabricantes de esta marca. Debido a los problemas y posterior cierre de Packard y al igual que la mayoría de la clientela americana de prestigio, Franco se pasó a Cadillac en los años cuarenta, entre otras razones porque eran berlinas muy lujosas, confortables, seguras y con resistentes carrocerías.


El Cadillac Fleetwood, hoy en venta


En las caravanas todos los Cadillac eran del mismo modelo y color y con el paso de los años se fueron renovando por otros más potentes y modernos. La Guardia Civil y la Guardia de Franco realizaban la escolta con estos vehículos. Al principio la mayoría eran descubiertos, pero poco a poco se impusieron los cerrados. Los escoltas que se situaban detrás utilizaban el modelo ElDorado, en el que el techo se plegaba. Dos barras de acero situadas detrás de los cabeceros de los asientos delanteros servían de asidero para los escoltas mientras iban de pie. En viajes largos, como los que se hacían todos los veranos a San Sebastián o Galicia, estos Cadillac servían para transportar material de todo tipo y equipaje personal de la familia. Gracias a su cambio automático, sobre la columna de dirección, su conducción era placentera.

En los años 60 la mayoría de los mandatarios extranjeros cambiaron sus coches oficiales y de representación por Mercedes-Benz. Sin una explicación aparentemente lógica, Franco decidió conservar los Cadillac hasta sus últimos días. Aunque Hitler le regaló los famosos Mercedes G4 y 770, el Generalísimo continuó usando vehículos de la firma estadounidense. También se adquirieron tres Rolls-Royce Phantom IV, pero aún así no hubo forma de “bajarlo” de los Cadillac.

Regalos de lujo

El primero de los obsequios de Adolfo Hitler fue el famoso Mercedes de seis ruedas. En el período de 1934 a 1940 hubo varios todo-terreno fabricados por la compañía alemana, de los cuales el más representativo fue el 540 G4: en su primer año de fabricación se montaron tres unidades con un acabado exclusivo, lo que ha inducido a creer que sólo se produjeran éstos. Dos de los tres Mercedes de tres ejes fueron regalados por Hitler a Benito Mussolini y Francisco Franco. Pero en 1935 se construyeron cuatro Mercedes TT más y, entre 1937 y 1939, se ensamblaron un par más cada año.


El célebre Mercedes de 6 ruedas, regalo de Hitler


El otro Mercedes Benz que se conserva en la Casa Real es un 770 Grosse (grande) Pullmann-Limousine de 1942. La línea de la carrocería es similar a la del 540, pero solo utiliza dos ejes y su filosofía de uso fue bastante diferente. El original se presentó en el Salón del Automóvil de París, en 1930: pesaba 2700 kilogramos, medía 5.6 metros y utilizaba un motor de 8 cilindros en línea de casi 8 litros. De esta primera serie se fabricaron solo cien unidades hasta 1938. El sustituto resultó ser muy parecido, un poco más largo y la gran novedad fue un compresor Roots elevaba la potencia de 150 a 230 caballos. De esta última serie se montaron 88 unidades, la mitad fueron descapotables, diez berlinas y solo ocho de los dieciocho que se fabricaron con carrocería limousine se blindó su parte trasera, como la de la Casa Real. Esta protección suponía un incremento de peso total hasta los 4300 kilogramos, que le impedían poder pasar de 80 o 90 kilómetros por hora. Los 770 fueron muy solicitados durante unos años en que los Jefes de Estado tenían la necesidad de imitar a Hitler en su parafernalia diaria de desfiles y paradas militares.

La gran excepción al uso cotidiano de los Cadillac fueron los tres Rolls-Royce que compró la Casa de Franco a la firma inglesa y que fueron entregados el 28 de marzo de 1952. Del modelo Phantom IV sólo se montaron dieciocho unidades que fueron vendidas a reyes, jefes de Estado y príncipes. Pero el dato más importante es que España posee tres unidades, mientras que la Casa real británica solo conserva dos. De eos tres, uno solo es convertible, el que fue utilizado en el enlace de la Infanta Cristina con Iñaki Urangarín en 1997 y luego en 2004, para la boda del Príncipe de Asturias con Doña Letizia Ortiz.


El primer desfile del rey Juan Carlos en el Rolls-Royce convertible (1975)


El silencioso propulsor que utilizan los Phantom es de 8 cilindros y desarrolla la “suficiente” fuerza -160 caballos-, ya que la marca Rolls-Royce nunca revela la potencia de sus coches. Cuando llegaron estos Rolls a España no traían ruedas y hubo que adaptarles unas de camión. En la década del ’90 todo fue sustituido por materiales de origen y en la actualidad las tres limusinas prestan sus servicios a la Casa Real sin plantear problema alguno. Son custodiados y mantenidos meticulosamente por personal especializado del propio ejército.

Siempre que Franco asistía a presentaciones de factorías o inauguraciones era obsequiado con algún modelo de coche, aunque en algunas ocasiones los rechazara. Eduardo Barrientos, que inició su carrera transformando motores en Galicia y que posteriormente se instaló en Villaverde, fabricó una serie de Chrysler Imperial con el propósito de vender una veintena de unidades en España. Al final no hubo un público que respondiera a la fábrica de Barreiros y muchos de los Imperial se quedaron sin vender. La genial idea de su creador fue cederle tres unidades a la Casa de Franco y de este modo crearse un prestigio. El resultado fue muy satisfactorio y, tal como se pensó, todos los Imperial fueron vendidos a gente de alta representación. Franco lo usó menos que el Cadillac, aunque era utilizado por la escolta como coche de respeto en las caravanas. Esto es, cuando un coche se averiaba éste ocupaba su lugar. En la actualidad es uno de los pocos coches que, junto con los Cadillac y los Rolls, continúa dando servicio en la Casa real como vehículo de cortesía.

Los Reyes en otro de los Rolls-Royce Phantom IV


Aunque la mayoría de los coches fueron adquiridos por Franco, muchos otros que se conservan hoy en El Pardo han sido regalos de mandatarios o amigos personales a los Reyes. “Hace unos años”, cuenta una fuente, “surgió una gran polémica sobre la propiedad del Mercedes 540. Según la hija de Franco, este vehículo fue un regalo personal de Hitler a su padre, en 1940. El tiempo ha pasado y el Mercedes continúa en manos de la Guardia Real.

La herencia de un monarca sin corona

La colección de vehículos aporta otras pistas sobre su personalidad. Para empezar, dada su escasa estatura, detestaba los coches altos. Tampoco le gustaba que el conductor fuera más cómodo que él, como era el caso del Chrysler Imperial; disfrutaba con los descapotables y, aunque España estuviera en la ruina, siempre adquirió los mejores modelos de la época.

Cuando cogía manía a un coche oficial, se lo transfería a su mujer, Carmen Polo; por ejemplo, el Rolls-Royce Silver Wraith de 1950. La Señora (como se hacía llamar en su particular corte) más espigada que el general, prefería coches de techo más alto para acceder a ellos con sombrero o peineta. Hasta 1974, cuando Franco se hizo con una nueva flotilla de Cadillac Fleetwood, ninguno de sus vehículos incorporó aire acondicionado.



El Buick de caza (1949)


De este conjunto de coches históricos se deduce que Franco era un obseso por la caza, hasta el punto de hacerse instalar en la parte trasera de un Buick Eight de 1949 dos sofisticados sillones tipo barbero que giraban 360 grados para poder disparar en todas las direcciones mientras el vehículo marchaba descapotado a toda velocidad. Esos asientos están delicadamente tapizados en piel roja y el respaldo de los delanteros está diseñado para que Franco colocara tres escopetas. A sus pies se conservan unas mantas escocesas ribeteadas de piel para que no cogiera frío. Este modelo fue modificado en los talleres del Ejército en Torrejón de Ardoz (Madrid), al igual que un Land Rover con una pequeña torreta diseñada también para la caza. El mismo Mercedes de seis ruedas también lo utilizó una vez para ir de Valdepeñas a una montería, aunque el problema de todos estos coches era el peso tan elevado que tenían y la tracción tan mala que llevaban. El Buick se atascaba con gran facilidad en las zonas lodosas y lo mismo sucedía con el Mercedes, aún teniendo fuerza en los dos ejes posteriores. Otro de los vehículos que se conservan en perfecto estado es un camión-vivienda que usó Franco durante la Guerra Civil: tiene un despacho equipado y un dormitorio, entelado y alfombrado. En la misma línea también hubo un camión-cocina y un camión-comedor. Algunos de estos vehículos sirvieron después para las cacerías.

Como todo dictador que se precie, otra de sus manías era su seguridad. Todos los vehículos de Franco están blindados, alguno, como el Cadillac de 1948, con rudimentarios cristales de cuatro dedos de grosor que le fabricaron en la factoría de armas de Trubia (Asturias), y otros, con planchas de acero propias de un carro de combate, como el Chrysler de 1964. La mayoría solo lo están en su parte posterior (donde viajaba Franco), dejando al chófer a la intemperie. Por contra, la gran mayoría son descapotables, lo que parece un sinsentido.


El Rolls-Royce Phantom IV descapotable (1952)



Según el capitán Emilio Galindo, oficial a cargo de los vehículos históricos, "esa absurda idea sobre la seguridad que se limitaba a blindar los laterales y los bajos del coche y dejaba el techo descubierto duró hasta el atentado a Kennedy, en Dallas, en 1963, donde se demostró que un tirador apostado en una posición elevada podía acabar con un jefe de Estado. A partir de ahí se acabaron los descapotables. De hecho, cuando el Príncipe de Asturias contrajo matrimonio con doña Letizia, hubo que diseñar una pérgola de cristal a prueba de balas para cubrir el Rolls-Royce Phantom IV descapotable con el que iban a cruzar Madrid. Los atentados, desgraciadamente, nos dieron más lecciones de seguridad: era importante proteger la zona del conductor, porque si este era alcanzado, el automóvil quedaba inmovilizado y el jefe del Estado a merced de los terroristas. Y también era conveniente blindar el techo, porque alguien podía colocar un artefacto explosivo encima. Y lo mismo pasa con los escoltas en moto, que no es una cuestión estética, sino que son fundamentales para establecer una cápsula de seguridad en torno al jefe de Estado y que nadie pueda acercarse.”

Franco siempre temió por su vida. Cuando cruzó por primera vez el umbral del palacio de El Pardo, en la mañana del 15 de marzo de 1940, situó su dormitorio en el rincón más recóndito del edificio, con vistas a un patio sombrío, en el extremo opuesto de los impresionantes jardines que rodean la residencia. El conjunto palaciego, a siete kilómetros de Madrid, formaba parte del antiguo Patrimonio de la Corona y estaba inmerso en 15.000 hectáreas de bosques cercados y perfectamente conservados; un ecosistema único en Europa habitado por ciervos, gamos, jabalíes y gatos monteses, que suponía el último vestigio de las inmensas propiedades de los antiguos reyes de España y que el General Franco, monarca absoluto sin corona, eligió como hogar tras la contienda. La decisión de Franco (y su esposa) se basaba, según el historiador Paul Preston, en tres atractivos que tenía el enclave para la pareja: "Su pasado real, su seguridad y el hecho de que el monte que rodeaba la finca era ideal para la caza".



El 20 de noviembre de 1975 moría el dictador. El día 25, un decreto creaba la Casa de Su Majestad el Rey en la que se integrarían todos los miembros de la organización del anterior jefe del Estado. Don Juan Carlos heredaba la espesa maquinaria del franquismo. Sin embargo, nunca viviría en el palacio de Franco, continuaría en La Zarzuela, un palacete del siglo XVII situado en el mismo monte de El Pardo, al que había llegado de recién casado.

jueves, 31 de marzo de 2011

Nobleza de nuevo cuño

Cuatro nuevos marquesados otorgados por el Rey Juan Carlos a personalidades de la vida pública y social del país han devuelto a muchos nobles españoles al limbo de la perplejidad y la sorpresa, un lugar que parece que están visitando con excesiva frecuencia en estos tiempos. De esa manera llegan a 49 los títulos concedidos por el monarca español desde su asunción en 1975 (ver entrada 21/05/2010)

La firma del Rey

Los agraciados con estas nuevas mercedes nobiliarias (no hay entre ellas ninguna Grandeza de España) son Mario Vargas Llosa, insigne premio Nobel que se enorgullece allá donde va de su estrecha vinculación con España; Aurelio Menéndez, ex presidente del Tribunal Constitucional y ex ministro de educación; Juan Miguel Villar Mir, empresario de la construcción - presidente de OHL- y Vicente del Bosque, entrenador de la Selección Española de Fútbol.


Nuevos marqueses

Pero la propia designación elegida para los nuevos títulos carece de originalidad dentro de esa línea de tecnicismo que en los últimos tiempos ha caracterizado la concesión de nuevas mercedes nobiliarias, pues únicamente el Marquesado de Ibias, el que ha correspondido a Aurelio Menéndez, hace gala de una cierta imaginación frente a los Marquesados de Vargas Llosa, de Villar Mir y de Del Bosque.

De acuerdo con lo dispuesto por el Rey, estos cuatro títulos pasarán también a los sucesores de sus titulares, siguiendo lo establecido en la normativa española sobre títulos nobiliarios. En la exposición de motivos de la ley 33/2006 se apunta que actualmente la posesión de un título nobiliario no otorga ningún estatuto de privilegio, al tratarse de una distinción meramente honorífica cuyo contenido se agota en el derecho a usarlo y a protegerlo frente a terceros.


Corona heráldica de Marqués

En la concesión de dignidades nobiliarias de carácter perpetuo, a su naturaleza honorífica hay que añadir la finalidad de mantener vivo el recuerdo histórico al que se debe su otorgamiento, razón por la cual la sucesión en el título queda vinculada a las personas que pertenezcan al linaje del beneficiario de la merced. Este valor puramente simbólico es el que justifica que los títulos nobiliarios perpetuos subsistan en la actual sociedad democrática, regida por el principio de igualdad de todos los ciudadanos ante la ley.

Los títulos conllevan una especie de patente de uso, protegida por los tribunales. Al respecto es relevante recordar que el Tribunal Supremo dictó una sentencia en la que consideró una intromisión ilegítima el etiquetado de un vino con el nombre de Marqués de Bradomín, un personaje de ficción creado por Valle Inclán, aprovechado por el rey Juan Carlos para crear ese título que concedió a su hijo Carlos Valle en 1981. Es decir, quien quiera usar el nombre de un título como marca comercial debe pagar al titular del mismo.


El Marqués de Ibias

La nobleza española se ve una vez más dividida entre su afecto a la Corona y su incomprensión del trato que recibe como estamento, que se ve perjudicado con los últimos cambios en las leyes y con algunas de estas nuevas mercedes nobiliarias que, al entender de muchos, no hacen sino “democratizar a la baja” dañando en su esencia a una institución centenaria. Todo ello facilita que surjan grandes preguntas. ¿Qué es lo que se premia?, ¿cuáles son los valores que hacen a la nobleza? o ¿acaso será todo ello parte de esa intención de “plebeyizar la monarquía” y, con ella, una institución tan íntimamente vinculada a la Corona como la nobleza?

Porque una cosa, dicen algunos, es un escritor de incuestionable renombre internacional como Mario Vargas Llosa, que cuadra bien con su flamante título de Marqués, y otra distinta son un entrenador de fútbol como Vicente del Bosque o un empresario como Juan Miguel Villar Mir, cuyo grupo empresarial en los sectores inmobiliarios, de la construcción y de los servicios, se define como “comprador y consolidador de empresas en graves dificultades”. Para estos últimos, opinan muchos, se podría haber pensado en otros premios y distinciones del Estado como la digna Orden de Carlos III o la también prestigiosa Orden de Isabel de la Católica. Pero ¿acaso no importa la vanidad?

El Marqués de Del Bosque

Don Juan Carlos justifica la concesión del título nobiliario a Del Bosque por su "gran dedicación" al deporte español y su "contribución al fomento de los valores deportivos" que merecen ser reconocidas de manera "especial". De Vargas Llosa destaca su "extraordinaria contribución" a la lengua y literatura españolas, "apreciada universalmente", mientras quiere reconocer la "valiosa y fecunda labor" del abogado Menéndez en el ámbito de la docencia universitaria y las ciencias jurídicas "al servicio de España y de la Corona". Del empresario Villa Mir, subraya su "destacada y dilatada trayectoria al servicio de España y de la Corona".

En los círculos aristocráticos no se habla de otra cosa y se dice que este proceder es una copia de la forma de actuar de la monarquía británica, pues Elizabeth II no duda en otorgar la dignidad de “Sir” a personajes como David Beckham, Elton John o Sean Connery. Pero la sobria monarquía española, hasta ahora muy prudente al momento de conceder nuevos títulos de nobleza, no puede competir con la riqueza de la que hace gala la británica en la concesión anual de títulos y mercedes nobiliarias de distintas naturalezas y rangos a numerosas personalidades de todo el país.


El Marqués de Villar Mir

Y es que Su Graciosa Majestad se guarda mucho de crear nuevos títulos hereditarios, como estos de nueva creación en España, que solo reserva para ocasiones y personalidades muy singulares. Es generosa, en cambio, con las mercedes vitalicias y de rango menor, que mueren con el concesionario y que premian el esfuerzo y la dedicación de personalidades que se distinguen por méritos propios en muchos y muy distintos ámbitos de actividad. Una vez más la polémica está servida, pues también son muchos los ciudadanos de a pie que ven en este gesto un acercamiento de la Corona a un necesario premiar los méritos de la calle.


El Marqués de Vargas Llosa

sábado, 18 de diciembre de 2010

Las "joyas de pasar" de la familia real de España

A diferencia de Inglaterra, España no tiene Joyas de la Corona en sentido estricto. Sólo se guarda una sencilla corona y un cetro de plata sobredorada en el Palacio Real, que simbolizan el Reino, y que presiden sobre un almohadón algunos actos solemnes de la monarquía. Quizás por esto, una inglesa, la reina Victoria Eugenia, creó las llamadas "Joyas de pasar", para que las reinas de España las usen y disfruten, pero no se dispersen entre los herederos, como ha venido ocurriendo. Son pocas joyas en número, pero importantes y significativas. Fue la Condesa de Barcelona la que acuñó la expresión joyas "de pasar", cuando la reina Victoria Eugenia (nacida princesa de Battenberg) le entregó las piezas históricas al morir su esposo, el rey Alfonso XIII. Doña María de las Mercedes no quiso aceptarlas mientras su suegra viviera y la única vez que las lució todas fue, a petición de la propia Victoria Eugenia, en la coronación de Isabel II de Inglaterra, "porque yo aquí estoy como princesa inglesa y reina madre, mientras que tú estás como reina de España", le dijo a doña María.


Doña María de las Mercedes, Condesa de Barcelona, en la coronación de Isabel II de Inglaterra (1953)


Doña Sofía, atenta a este nuevo espíritu, cedió la diadema helénica a la Princesa de Asturias el día de su boda en 2004. Doña Letizia va luciendo progresivamente algunas joyas de familia de modo institucional. Los observadores piensan que la reina ha decidido "pasar" su diadema de princesa a la actual Princesa de Asturias, para incrementar este tipo de joyas personales pero históricas de la monarquía. Desde la boda de Don Felipe la reina no ha vuelto a lucir la joya y, según fuentes fidedignas, hoy se custodia en el Pabellón de los Príncipes, a disposición de Doña Letizia.

La llegada de Victoria Eugenia a la corte madrileña supuso todo un cambio en las costumbres y tradiciones palaciegas. La Princesa de Battenberg era titular de una dote de cierta entidad que, en lo referente sólo a joyas, ascendía a 1.147.286 pesetas, cifra importante para aquellas fechas. A esta cantidad habría que sumar las alhajas recibidas como regalo de bodas por parte de Don Alfonso XIII y que, según tasación realizada en 1906, con ocasión de sus esponsales, ascendían a 1.158.000 pesetas. La suma total de más de 2.300.000 pesetas era verdaderamente astronómica: teniendo en cuenta que el sueldo anual de un alto cargo de palacio en aquellos años ascendía a tres mil pesetas, las joyas de Doña Victoria Eugenia equivalían al trabajo de un año de mil funcionarios de esta índole.

Entre las alhajas que le regaló Alfonso XIII, las piezas son enormemente representativas, y muchas de ellas alcanzaron fama internacional:

–Una pequeña corona real, obra de Cartier, que en la parte baja lucía cuatro esmeraldas rectangulares, cuatro rubíes y ocho brillantes de regular tamaño y ocho ornamentos de brillantes más pequeños. De la base se elevaban ocho florones de los que partían otras tantas diademas que se unían en un orbe rematado con una cruz, todo ello cuajado de brillantes. Es la que porta la reina en el cuadro de Comba que durante años se conservó en el Palacio Real de Madrid. En los años siguientes, la reina solía utilizarla en las ceremonias de apertura de Cortes y con ella se retrató en un conocido lienzo de Álvarez de Sotomayor.

–Un medio aderezo compuesto por el collar de perlas de la Reina Mercedes (su suegra), al que se le habían retirado cuatro de ellas, y un colgante de lazo cuajado de brillantes, descrito en su momento como de estilo Luis XV, que lleva en su centro una gran perla casi esférica de 85, 25 gramos y del que pende otra gran perla, en forma de pera, cuyo peso es de 218,75 gramos. Esta última es la que la familia real española considera como la «Peregrina» y Ansorena modificó su engarce para que pudiese colgar del collar antes descrito o de un broche, con una perla rodeada de brillantes, que han lucido con frecuencia la Condesa de Barcelona y la Reina Doña Sofía.


-Una diadema de brillantes, algunos excepcionales, con tres flores de lis, realizada por la casa Ansorena.

-Un collar rivière con 30 grandes brillantes montados a la rusa -en chatones con garras esmaltadas a lima- sobre platino, también de la firma Ansorena.

-Unos botones de brillantes, denominación que en la época se daba a los pendientes que no cuelgan, igualmente debidos a los talleres de Ansorena.

A esta fortuna habrán de añadirse los regalos hechos por otros miembros de la familia real:

-Una diadema de brillantes y perlas de estilo rococó y un collar de gruesas perlas de seis hilos, regalo de la Reina Madre, Doña María Cristina.



-Un colgante y pendientes de rubíes y brillantes de la Infanta Doña María Teresa.

-Un colgante de zafiros y diamantes de la Infanta Doña Isabel.

-Un brazalete de rubíes y brillantes del Príncipe viudo de Asturias, Don Carlos.


Con la Diadema de las Flores de Lis, el collar de perlas de la Reina María Mercedes, las pulseras gemelas, el broche art-déco de Cartier y los pendientes de brillantes gruesos.


Al advenimiento de la República las joyas de la Reina abandonaron España con ella en el verano de 1934, en una operación en la que intervino el consulado británico en Madrid. Victoria Eugenia no sólo puso a buen recaudo su colección, sino que se ocupó de hacer llegar al rey las de su madre, que Don Alfonso no pudo llevar consigo en su precipitada huida de España desde Cartagena.


Ya en el exilio, la reina, a la que gustaba modificar el aspecto de las joyas de su propiedad, hizo desmontar la pequeña corona que recibiera como regalo de bodas de su marido, ya que estaba pasada de moda y resultaba claramente inapropiada para una soberana en el exilio. Con sus brillantes se fabricaron dos pulseras, que Victoria Eugenia hizo «pasar» testamentariamente a su hijo Don Juan. Efectivamente, un codicilo testamentario sitúa en primer plano las ocho piezas descritas al vincular su propiedad, ya por tres generaciones, al Jefe de la Casa.


El testamento de Doña Victoria Eugenia comienza así: “Dado en Lausanne, a 29 de junio de 1963. Yo, doña Victoria Eugenia de Battenberg y Windsor, Reina que fui de España por mi matrimonio con el Rey Alfonso XIII, de cuyo enlace subsistieron al presente cuatro hijos, llamados Don Jaime, Don Juan, Doña Beatriz y Doña Cristina, por el presente testamento ológrafo ordeno mi última voluntad según las siguientes cláusulas…”. Cuando se hizo público, se encontraron dos codicilos también ológrafos y escritos en papel con el membrete de “Vieille Fontaine”.

En el primero de ellos se lee:

Las alhajas que recibí en usufructo del Rey Don Alfonso XIII y de la misma Infanta Isabel, que son:
- Una diadema de brillantes con tres flores de lis
- El collar de chatones más grande
- El collar con treinta y siete perlas grandes
- Un broche de brillantes del cual cuelga una perla en forma de pera llamada “La Peregrina”
- Un par de pendientes con un brillante grueso y brillantes alrededor
- Dos pulseras iguales de brillantes
- Cuatro hilos de perlas grandes
- Un broche con perla grande gris pálido rodeada de brillantes y del cual cuelga una perla en forma de pera.
Desearía, si es posible, se adjudicasen a mi hijo Don Juan, rogando a éste que las transmita a mi nieto Don Juan Carlos.
El resto de mis alhajas, que se repartan entre mis dos hijas
”.


viernes, 28 de mayo de 2010

El protocolo real en la época borbónica


Con la llegada de los Borbones irrumpe una renovadora concepción del protocolo. Felipe V, junto con sus consejeros franceses, se encuentra una España endogámica, una corte encerrada en sí misma, inundada de enanos y bufones y un pueblo vestido de luto, por lo que decide cambiar el sistema de gobierno y, con él, también a las personas. La Corte francesa giraba en torno a un sistema de actos y continuidad de la vida política impulsada por el Soberano, donde la ceremonia y la precedencia eran ya muy importantes. La modernización del sistema de administración del Estado, a manos de Felipe V, trae a España el incipiente organigrama del Estado con la creación de los Secretarios de Estado.


Asimismo, la figura del Introductor de Embajadores, que entonces llegó a España y que hoy es el cargo más antiguo de la administración española, fue tomada por Felipe IV con el modelo del Maestro de Ceremonias de Enrique II de Francia.

La Bandera rojigualda elegida por Carlos III


Con Carlos III se produjeron nuevos cambios en el ámbito del ceremonial y el protocolo, creándose, por ejemplo, la Bandera y el Himno Nacionales. El Himno actual fue una Marcha de Pífanos convertida en Marcha de Honor por Carlos III y no reglamentada como Himno Nacional hasta mucho después. Fue Alfonso XIII el que convirtió esta marcha real, que se había conservado en palacio, en Himno Nacional por una disposición de 1908. Por otra parte, en 1785, en un momento en el que toda Europa mediterránea estaba en manos de los Borbones y se empleaba la bandera blanca con las armas del soberano de cada país en los buques de la Armada, Carlos III creó una bandera que diferenciara en la mar a sus buques y fuera fácilmente identificable. Escoge entonces los colores rojo y amarillo, que son los que mejor se distinguen en la distancia.


Esta bandera pasaría después de los buques de la Armada a los ejércitos de tierra, convirtiéndose finalmente en la Bandera Nacional. Esto no ocurrió sino hasta 1860, en la Guerra de África. Los diez mil soldados españoles que intervinieron en dicha guerra llevaban en sus mochilas la bandera roja y amarilla con que serían posteriormente enterrados. La bandera pasa entonces al pueblo, sin ningún decreto ni ningún otro reglamento, convirtiéndose en la Bandera Nacional (Alfonso XIII dispondrá en 1908 que la Bandera Nacional bicolor ondee en los edificios públicos los domingos y los días de fiesta, cuando hasta entonces sólo había ondeado en las fuerzas del ejército de tierra y del mar).

Joseph Bonaparte, en vestimenta de coronación como José I de España

Con José Bonaparte se innovó el protocolo español. En 1809, el rey intruso introdujo las llamadas “Etiquetas”, donde se establecía quiénes iban a ocupar cada una de las siete salas del Palacio Real, siendo reglamentadas posteriormente por la Orden Real de 1908 de Alfonso XIII.


Curiosamente, el Palacio Real de Oriente, situado en el occidente de Madrid, recibe este nombre por el “rey intruso”. Fue un homenaje de los afrancesados a José Bonaparte, que era el Gran Oriente de la Masonería Española, por lo que el Palacio Real era llamado el Palacio del Gran Oriente y así ha permanecido hasta hoy en la Plaza de Oriente.


José Bonaparte suprimió las órdenes existentes en la época de Carlos III y creó una serie de disposiciones de carácter protocolario: creó la Orden Real de España, copiando la Legión de Honor, cambió el Escudo del reino (que tenía el águila imperial) e introdujo por primera vez en él las armas de Navarra.

El palacio y la plaza de Oriente en época de José I


En el siglo XIX van a surgir las primeras disposiciones escritas sobre protocolo promulgadas en la Gaceta de Madrid. Así, durante el reinado de Isabel II, se escribe un organigrama del Estado en el que aparece reflejado por primera vez el poder civil. En una disposición de 1856, la soberana establece una alternancia del poder civil y militar, de modo que en los actos presididos por un representante del poder civil, el militar estará a su derecha y viceversa.


El reinado de Alfonso XIII, con el que se inaugura el siglo XX, representa uno de los momentos más importantes del protocolo español. Con la Orden del Rey de 1908 firmada por el Jefe Superior de Palacio y refrendada por el Presidente del Consejo de Ministros, se recogen las Etiquetas de José Bonaparte. En ella se establecen las siete grandes categorías de precedencias en el organigrama del Estado Español que van a ocupar las siete salas del Palacio Real. Sería la última ocasión en que estas categorías serían ordenadas según el Uso de Borgoña: un orden que no atiende a la posición de las personas sino a la de sus antepasados.

Ceremonia de boda entre Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg (1906)


La Orden del Rey dispone el “orden que para la entrada en el Salón del Trono y desfile ante Su Majestad debe regir en todas las recepciones reales”, dando primacía a los Grandes de España, frente a las autoridades políticas y militares. La “Orden” se inclina claramente por situar por delante en esa precedencia, para la entrada en el Salón del Trono, por las autoridades religiosas, los Títulos del Reino, los Caballeros de las Órdenes Militares, los de las Reales Maestranzas de Caballería y los Caballeros Hijodalgos de la Nobleza de Madrid.

Fue la Segunda República la que provocó una ruptura definitiva con el Antiguo Régimen y con las normas protocolarias existentes. Se cambió el Himno, la Bandera y el Escudo; se abolieron las Órdenes del Toisón de Oro, de Carlos III y de María Luisa; se derogaron los Títulos de Grandes de España. Esto no significa que la Segunda República fuera antiprotocolaria: creó la Orden Honorífica de la República, además de la nueva Bandera y Escudo. En el Salón del Trono se dio forma a una solemne ceremonia de Presentación de Credenciales de los Embajadores extranjeros ante el presidente de la República, que hoy día se ha perdido (Actualmente, el Rey recibe a los Embajadores en la Cámara en presencia del Ministro de Asuntos Exteriores o de su representante).

El rey recibe las cartas credenciales del Embajador de Colombia en España, Carlos Enrique Rodado, durante el acto celebrado en el Palacio Real (2008)


El General Franco no estableció ninguna disposición de protocolo hasta el final de su gobierno en 1968, cuando promulga un reglamento llamado de Precedencias y Ordenación de Autoridades y Corporaciones, en el que establece un organigrama de Estado con objeto de perpetuar la situación política, propiciando una mayor presencia del estamento militar sobre el de las autoridades políticas o civiles de la época. Este Reglamento establece ya una moderna clasificación de actos y autoridades públicas, pues delimita el ámbito de aplicación a los actos oficiales (excluyendo los actos privados, sociales, deportivos o religiosos) y a los cargos públicos. El reglamento debió ser modificado dos años más tarde, en 1970, para dar entrada en ese ordenamiento a la figura del Príncipe de España, que asumió el actual Rey, Don Juan Carlos de Borbón. En 1975, con la Transición Española, perdió vigencia dado que habían desaparecido gran parte de las autoridades de la época del General Franco y se han definido otros nuevos cargos no contemplados en él.

El caos protocolario de la época evidencia la necesidad de crear un nuevo ordenamiento, pues emerge una de las premisas que así lo estipulan: el pasaje del régimen autoritario de Franco a una nueva monarquía parlamentaria.

S.M. el Rey firma de la Constitución de 1978

Hoy día siguen vigentes en España 16 disposiciones legales que establecen normas de protocolo y que nacieron con la Constitución perfilándose en menos de diez años. El Ordenamiento General de 1983 es básicamente constitucional y así lo recoge su prólogo, donde se reconocen unos principios básicos referidos al establecimiento del nuevo Estado social y democrático de derecho, bajo la forma política de una Monarquía Parlamentaria. Reconocía así la nueva estructura de poderes, culminados por el Tribunal Constitucional, órgano máximo al que corresponde la interpretación última de la Constitución.

Se aporta aquí el reconocimiento y consideración del poder de las Comunidades Autónomas, llegándose a definir dos precedencias diferentes, para su aplicación bien en actos celebrados en Madrid, como capital de España y sede de las Instituciones Generales del Estado, bien en el resto de las Autonomías. Existe un Real Decreto de fecha 6 de noviembre de 1987, la disposición de protocolo más importante después de la Constitución, donde se establece el uso de los Tratamientos, Títulos y Honores Oficiales que tanto interés suscitan.


Cena de Estado en el Palacio de Oriente


A pesar de no existir en la actualidad Corte, por ser una monarquía parlamentaria, todavía siguen vigentes algunas ceremonias, escritas siguiendo los pasos del antiguo protocolo borgoñón. Continúa vigente la figura del Primer Introductor de Embajadores, el ceremonial protocolario de la Presentación de Cartas Credenciales, la entrada en el Salón del Trono en actos oficiales y la etiqueta en las cenas de Palacio con motivo de visitas de Estado.


En época de la monarquía Austríaca y Borbónica, los actos se organizaban para centenares de personas. Hoy, millones pueden ver acontecimientos como las bodas reales gracias a los medios de comunicación. Lo importante entonces y ahora es el mensaje que la Casa Real quiere transmitir a partir de la institución que lo organiza.

S.S.M.M. Los Reyes





viernes, 21 de mayo de 2010

Títulos otorgados por Juan Carlos I

Juan Carlos I ha otorgado 45 títulos nobiliarios, haciendo uso así de la prerrogativa que la Constitución española le otorga como Rey de España.

La concesión de títulos nobiliarios es una potestad regia cuyos orígenes se remontan a la Edad Media, donde la concesión de señoríos territoriales era, tanto una forma de recompensar, por parte del príncipe soberano, los servicios prestados en el campo de batalla, como un modo de cerciorar el control efectivo de determinados territorios por parte de caballeros afectos a su causa. En ciertos casos era una forma de alejar a ciertos individuos de la Corte o de determinados centros de poder empujando a que permanecieran en dichos territorios.

José de la Serna y Martínez de Hinojosa, I conde de los Andes (1770 - 1832), último virrey del Perú


Al final de la edad media ya eran muchos los casos de títulos nobiliarios que no suponían poder real sobre un territorio. También existieron otros de carácter vitalicio, como los Condestables o los Virreyes, que tenían unas funciones de representación del monarca bastante marcadas, sobre todo en monarquías como las hispánicas, en las que el poder del monarca medieval era relativamente mayor al de otros príncipes europeos. De ahí la necesidad de crear instituciones que vigilaran directamente por los intereses de la Corona. Sin embargo algunos de estos títulos pasaron a convertirse igualmente en hereditarios. En España es la Constitución de 1812, aunque con ciertos paréntesis como el de la Década Ominosa, la que promulga la abolición definitiva de los Señoríos territoriales.

Con la llegada al poder de Francisco Franco, se retoma la concesión de títulos nobiliarios, abolidos durante la Segunda República. Para poner a la práctica esta costumbre Franco se apoyó en la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado. Una vez en el trono y resguardado, pues, en esa misma legitimidad, D. Juan Carlos I concedió 8 títulos nobiliarios. Además de los títulos a la viuda y a la hija del General Franco, incluyó a destacados personajes de la transición, entre ellos dos ex-presidentes del Gobierno.


El General Franco y su recién legitimado sucesor, príncipe de España (julio de 1969)

Monarquía Constitucional 1978

Desde 1978 y, tras la sanción de la Constitución, ha seguido concediendo, de forma relativamente pausada (Franco concedió 54 en 36 años), títulos nobiliarios al amparo del artículo 62.f de la misma. La concesión de un título nobiliario se considera como la mayor distinción que puede otorgar el Rey ya que no sólo distingue al agraciado sino a toda su estirpe mientras ésta exista. Aunque en principio está supeditada, como casi cualquier otro Real Decreto, al refrendo del gabinete ministerial, suele ser una concesión personal del monarca.

Desde su subida al trono Juan Carlos I ha concedido títulos nobiliarios distinguiendo principalmente a personajes de las artes, las ciencias o la política, pero también a descendientes y viudas de hombres de la cultura, empresarios aristócratas y a cortesanos o ciertos miembros de la familia real.

Resulta destacable que ha ofrecido un título nobiliario con Grandeza de España a todos los ex-presidentes del Gobierno. Sin embargo Felipe González y José María Aznar no lo han recibido, el primero por haberlo rechazado y el segundo por no encontrarse todavía retirado de la vida política.
Escudo de España usado en el ejemplar de la Constitución de 1978, según el modelo oficial vigente durante la Transición Española, entre 1977 y 1981. Se conservan motivos heráldicos tradicionales españoles (armas de Castilla, León, Aragón, Navarra y Granada y las Columnas de Hércules con la cartela Plus Ultra) y elementos usados por los escudos del régimen desde 1938, como el lema Una Grande Libre, el Águila de San Juan y el yugo y las flechas, inspirados en las armas de los Reyes Católicos y que también fueron adoptados por la Falange.


Privilegios de la Nobleza

Esta distinción, que se entiende como de las mayores que puede otorgar el Rey, no supone actualmente ningún tipo de privilegio real, más que la distinción de Excelentísima persona, en el caso de las Grandezas de España o de Ilustrísima persona en el resto de los títulos.

El último privilegio abolido a la aristocracia española fue, en el caso de los Grandes de España, el derecho a solicitar y poseer pasaporte diplomático, como representantes del reino, aunque al día de hoy siguen en pie ciertas tradiciones, como la "obligación" de solicitar audiencia al Rey para que éste les dé la pertinente autorización para contraer matrimonio.

El Marqués de Lozoya, Grande de España

Desde la abolición de los últimos privilegios, la concesión de títulos nobiliarios no supone sino una gracia real a un súbdito de la Corona por un especial arrojo en la defensa de los ideales de la misma y un especial afecto de la persona del Rey.
Muy al contrario, ejercer el derecho a utilizar oficialmente un título nobiliario en España, se considera un hecho imponible y como tal conlleva el pago, en la modalidad de Actos Jurídicos Documentados del Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados.


Clases y particularidades de los títulos concedidos

En cuanto al rango del título, tampoco existe ningún tipo de pauta, y suelen ser concedidos a merced de Su Majestad, aunque se ha reservado los Ducados y las Grandezas de España (que los primeros portan implícita) para aquellos casos más allegados al Rey o como un especial reconocimiento. En ciertos casos en los que la persona a distinguir ya contaba con título nobiliario, el Rey ha concedido la Grandeza de España a unir con dicho título.

Yo, el Rey

Así, desde su entronización en 1975 Juan Carlos I ha concedido prácticamente todo tipo de títulos nobiliarios, a saber:


  • 1 Infantado
  • 6 Ducados
  • 26 Marquesados (4 con G.E.)
  • 5 Condados (1 con G.E.)
  • 1 Baronía
  • 1 Señorío (con G.E.)
  • 5 Grandezas de España
En el listado anterior sólo se incluyen aquellos títulos de designación expresa, mediante Real Decreto. Dentro de los títulos concedidos encontramos dos tipos según la posibilidad o no de ejercer algún tipo de derecho sucesorio sobre el mismo. La generalidad de los títulos concedidos (con ciertas excepciones) tienen carácter hereditario, de modo que el titular será sucedido en el título por su primogénito (desde 2008 sin ningún tipo de discriminación por sexo) o por los descendientes del causante con mejor derecho. Sin embargo, algunos títulos concedidos a miembros de la Familia Real, por entenderse que son títulos reales, son de carácter vitalicio y al fallecimiento de sus titulares revertirán en la Corona.



S.A.R. La Infanta Doña Pilar, Duquesa de Badajoz


Se pueden encontrar casos como el del marqués de Dalí de Púbol, cuyo título, por deseo del mismo, fue transformado en título vitalicio dada la carencia de descendencia y la mala relación con su familia. Lo contrario sucedió con el Señorío de Meirás, creado como título vitalicio para Doña Carmen Polo de Franco y que, a la muerte de ésta y tras la solicitud hecha por Francisco Franco Martínez-Bordiú, le fue, sin embargo, concedido, pudiéndose entender por tanto, convertido en título hereditario.



Por otro lado, la intitulación es un favor real y como tal se puede declinar, como así hicieran Severo Ochoa y Pedro Laín Entralgo con el General Franco. Durante el reinado de Juan Carlos I, Felipe González, siendo ya ex presidente, rechazó el ofrecimiento del rey de concederle un título nobiliario.


Asimismo hay ciertos títulos que podríamos llamar natos, es decir, que aunque generalmente han sido creados ex-novo para el tenedor, no habiéndose heredado de un titular anterior, no son de creación expresa, como los hijos del rey o del príncipe de Asturias que son, desde su nacimiento, infantes de España. Del mismo modo los hijos de los Infantes de España desde el momento de su nacimiento tienen el título y tratamiento de Grandes de España. Tanto en el caso de los Infantes como de sus hijos poseen dicho título con carácter vitalicio.

Las distintas generaciones de la Familia Real en el verano de 2007


Análogamente los títulos de príncipe de Asturias, príncipe consorte de Asturias, reina consorte de España o príncipe consorte, no precisan de una creación expresa sino que se adquieren, en el primer ejemplo, por ocupar el primer puesto en la línea de sucesión al trono (se trate o no del hijo del Rey) o por matrimonio en el caso de los últimos, con lo cual no estaríamos hablando de títulos hereditarios in sensu estricto, sino de una posición que les otorga un título y tratamiento.


Títulos Concedidos

A continuación se enumera el año de creación, título, primer titular y méritos, ocupación o circunstancias que les valieron tal merced.

· 1975: Señorío de Meirás con Grandeza de España a Carmen Polo de Franco, viuda de Francisco Franco
· 1975: Ducado de Franco a Carmen Franco Polo, hija de Francisco Franco

La Duquesa de Franco y su esposo en la boda de su hija Carmen con el Duque de Cádiz


· 1976 Grandeza de España a unir al marquesado de Lozoya a Juan de Contreras y López de Ayala, importante figura de la cultura española
· 1976 Marquesado de Arias-Navarro con Grandeza de España a Carlos Arias Navarro, Presidente del Gobierno de España
· 1977 Principado de Asturias, Gerona y Viana, Ducado de Montblanc, Condado de Cervera y Señorío de Balaguer a S.A.R. Felipe de Borbón y Grecia, hijo del Rey
· 1977 Condado de Rodríguez de Varcárcel a título póstumo a Alejandro Rodríguez de Varcárcel y Nebreda, Presidente del Consejo de Regencia
· 1977 Condado de Iturmendi a Rita Gómez Nales, viuda de Antonio Iturmendi Bañales, político
· 1977 Ducado de Fernández-Miranda a Torcuato Fernández-Miranda Hevia, Presidente de las Cortes Generales y presidente provisional del Gobierno
· 1980 Condado de Villacieros a Antonio Villacieros Benito, diplomático, Jefe de Protocolo de la Casa del Rey.
· 1981 Ducado de Suárez a Adolfo Suárez González, Presidente del Gobierno de España
· 1981 Ducado de Soria a S.A.R. Infanta Margarita de Borbón, hija de D. Juan de Borbón
· 1981 Marquesado de Bradomín a Carlos Luis del Valle-Inclán y Blanco, Hijo de Ramón María del Valle-Inclán, dramaturgo, poeta y novelista
· 1981 Marquesado de Salobreña a Andrés Segovia Torres, guitarrista
· 1982 Marquesado de Dalí de Pubol a Salvador Dalí i Domènech, pintor

El Marqués de Dalí de Pubol


· 1986 Marquesado de Tarradellas a Josep Tarradellas i Joan, Presidente de la Generalitat de Cataluña
· 1983 Grandeza de España a unir al marquesado de Valenzuela de Tahuarda a Joaquín María de Valenzuela y Alcíbar-Jáuregui, militar, jefe del Cuarto Militar de la Casa de Su Majestad el Rey
· 1987 Marquesado de Marañón con Grandeza de España a Gregorio Marañón y Moya, hijo de Gregorio Marañón, médico y académico
· 1991 Marquesado de Águilas a Alfonso Escámez López, senador de las Cortes Constituyentes
· 1991 Marquesado de los Jardines de Aranjuez a Joaquín Rodrigo Vidré, compositor
· 1991 Marquesado de Samaranch a Juan Antonio Samaranch Torelló, Presidente del Comité Olímpico Internacional
· 1992 Condado de Latores con Grandeza de España a Sabino Fernández Campo, militar, Jefe de la Casa de Su Majestad el Rey


El Conde de Latores, Grande de España


· 1993 Grandeza de España a unir al Condado de los Gaytanes a Luis de Ussía y Gavaldá, Presidente del Consejo Privado del Conde de Barcelona
· 1994 Condado de los Alixares a Emilio García Gómez, personaje de la cultura
· 1994 Marquesado de Puebla de Cazalla a Javier Benjumea Puigcerver, fundador de Abengoa
· 1994 Marquesado del Pedroso de Lara a José Manuel Lara Hernández, editor del Grupo Planeta
· 1994 Marquesado de Gutiérrez-Mellado a Manuel Gutiérrez Mellado, Capitán general y político · 1994 Infantado de España a S.A.R. Carlos de Borbón-Dos Sicilias y Borbón-Parma, Heredero de los derechos de la corona del Reino de las Dos Sicilias
· 1995 Ducado de Lugo a S.A.R. Infanta Elena de Borbón y Grecia, hija del Rey
· 1996 Marquesado de Iria Flavia a Camilo José Cela Trulock, escritor, Premio Nobel de Literatura



El Marqués de Iria Flavia

· 1997 Ducado de Palma de Mallorca a S.A.R. Infanta Cristina de Borbón y Grecia, hija del Rey
· 2002 Marquesado de la Ría de Ribadeo con Grandeza de España a Leopoldo Calvo-Sotelo y Bustelo, Presidente del Gobierno de España
· 2002 Grandeza de España a unir al vizcondado del Castillo de Almansa de José Fernando de Almansa y Moreno-Barreda, Jefe de la Casa de Su Majestad el Rey
· 2003 Marquesado del Valle de Tena con Grandeza de España a Guillermo Luca de Tena y Brunet, editor del diario ABC
· 2003 Marquesado de la Ribera del Sella a Antonio Durán Tovar
· 2003 Marquesado de Oró a Juan Oró Florensa, científico
· 2004 Marquesado de Garrigues a Antonio Garrigues Díaz-Cañabate, Jurista, Diplomático
· 2008 Grandeza de España a unir al Condado de Godó de Javier de Godó y Muntañola, editor de La Vanguardia
· 2008 Marquesado de Guadalcanal a Antonio Fontán, catedrático, periodista y presidente del Senado de España
· 2008 Marquesado de Canero a Margarita Salas Falgueras, científica
· 2008 Marquesado de O'Shea a Paloma O'Shea, esposa de Emilio Botín, filántropo y pianista


La Marquesa de O’Shea

En abril de 2010 el Boletín Oficial del Estado ha publicado el decreto de nombramiento de los siguientes títulos nobiliarios:

· El Marquesado de Tàpies a Antoni Tàpies, artista, por su contribución a las artes plásticas en España y el mundo.
· La Baronía de Perpinyà a Roser Rahola D´Espona, viuda del historiador Jaume Vicens Vives, por su labor como empresaria y continuadora de la obra de su esposo.
· El Marquesado de Oreja a Marcelino Oreja Aguirre, ex ministro.
· El Marquesado de Castrillón a Gonzalo Anés, historiador y economista.
· El Marquesado de Asiaín a José Angel Sánchez Asiaín, banquero.
· El Marquesado de Laserna a Iñigo Moreno de Arteaga, actual Marqués de Laula.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Los Ducados reales



  • MONTBLANC

El primer ducado real de España ha sido el Ducado de Montblanc, un título creado por primera vez por el rey Juan I de Aragón para su hermano Martín, futuro Martín I, el 16 de enero de 1387. La intención de Juan I era conceder a su hermano un título inferior al de rey pero superior a todos los demás nobles. Se trataba, por tanto, de un título vitalicio pero no hereditario. En cuanto muriera el Infante Martín, el título debía volver a la corona de Aragón. Pero Juan I de Aragón murió sin descendencia en 1396 y fue coronado como tal el infante Martín, Duque de Montblanc, quien dejó de utilizar el título.

Al poco tiempo, la dinastía de la Casa de Aragón quedó sin heredero al morir Martín el Joven. Tras el Compromiso de Caspe se eligió para reinar a Fernando I de Aragón, de la dinastía castellana de los Trastámara. Cuando fue designado rey, en 1412, decidió regalar el título de Duque de Montblanc a su segundo hijo el infante Juan.


Martín I de Aragón

Pero unos años más tarde la historia se repitió: el rey Alfonso V el Magnánimo murió sin hijos legítimos y su hermano Juan fue coronado como nuevo monarca de la Corona de Aragón. Éste cedió su título a su segundo hijo el infante Fernando (el Católico). El 1461 murió el heredero Carlos de Viana y fue designado nuevo Príncipe de Gerona (título del heredero en la Corona de Aragón) el infante Fernando. Fernando decidió entonces que los títulos de Príncipe de Gerona y Duque de Montblanc irían unidos al heredero del reino. Así fue como el Ducado de Montblanc se convirtió en un título no vitalicio y hereditario, que designaba el heredero real hasta el fin de la dinastía Habsburgo.

Con la muerte del rey Carlos II de Aragón el 1700, el nuevo monarca fue el Borbón Felipe IV de Aragón. No se nominó a ningún heredero y, por lo tanto, los títulos de Príncipe de Gerona y Duque de Montblanc quedaron vacantes, al igual que los títulos de herederos del Reino de Castilla (Príncipe de Asturias) y del Reino de Navarra (Príncipe de Viana).
Escudo de Montblanc


En 1705, la Corona de Aragón se rebeló contra la monarquía y coronó nuevo rey al austriacista Archiduque Carlos de Austria como Carlos III de Aragón, quién tampoco designó heredero ya que se encontraba en mitad de la Guerra de Sucesión.

En 1714, los borbónicos ganaron la guerra en Cataluña (en 1707 habían ganado en Aragón y en Valencia, y en 1715 ocuparon Mallorca) y coronaron de nuevo a Felipe de Anjou como rey de Aragón. Poco después, se publicaron los Decretos de Nueva Planta que suprimieron la Corona de Aragón, con todas las consecuencias.

En el siglo XX, desde el 8 de septiembre de 1996, día del 7º centenario de la llegada de la Virgen de la Sierra de Montblanc, este título en su condición de heredero de la corona española corresponde al Príncipe Felipe de Borbón y Grecia, que es de hecho el primer Borbón que ha ostentado el título de Duque de Montblanc, al asumirlo, sin ceremonia oficial de investidura. Anteriormente ningún otro Borbón había tomado posesión ni había utilizado este título.


Escudo de los Duques de Montblanc, en el frontispicio de la iglesia de Santa María la Mayor, en la villa de Montblanc (Tarragona).


Los duques de Montblanc

Casa de Aragón-Barcelona (1387-1396)
  • Martín el Humano, 1387 - 1396
Casa de Trastámara (1412-1516)

  • Juan II de Aragón, 1412 - 1458
  • Fernando el Católico, 1458 - 1462
-Guerra Civil Catalana 1462 - 1472

  • Fernando el Católico, 1472 - 1479
  • Juan de Aragón, 1479 - 1497
  • Juana la Loca, 1497-1516
Casa de Habsburgo (1516-1700)
  • Carlos I de Aragón, 1516 - 1527
  • Felipe I de Aragón y II de Castilla, 1527 - 1556
  • Carlos de Habsburgo, 1556 - 1568
  • Felipe I de Aragón y II de Castilla, (2ª vez), 1568 - 1571
  • Fernando de Habsburgo, 1571 - 1578
  • Diego de Habsburgo, 1578 - 1582
  • Felipe II de Aragón y III de Castilla, 1582 - 1605
  • Felipe III de Aragón y IV de Castilla, 1605 - 1626
  • Baltasar Carlos de Austria, 1626 - 1640
-Sublevación de Cataluña 1640 - 1652

  • Felipe III de Aragón y IV de Castilla, (2ª vez), 1652 - 1657
  • Felipe Próspero, 1657 - 1661
  • Carlos II de Aragón, 1661 - 1700
Título vacante (1700 - 1996)

Casa de Borbón (1996-...)

  • Felipe de Borbón y Grecia, 1996 -
S.A.R. El Duque de Montblanc

Otros ducados

Los infantes e infantas de España reciben usualmente un ducado al momento del matrimonio (con excepción del Príncipe de Asturias). Es un título no hereditario pero trae consigo una Grandeza de España, lo que le da precedencia sobre todos los otros rangos del reino.


Títulos existentes hoy
  • BADAJOZ

El Ducado de Badajoz fue otorgado por primera vez por Enrique IV de Castilla en fecha desconocida a Hernán Gómez de Cáceres y Solís, señor de Salvatierra y de Barcarrota, alcalde de la ciudad de Badajoz, siendo revertido a la Corona en 1470.
Posteriormente fue ofrecido por Juan de Borbón y Battenberg a su sobrino Alfonso de Borbón y Dampierre en los años 1950, pero éste lo rechazó alegando que aún era joven y esperaba ostentar una dignidad mayor.


S.A.R. La Duquesa de Badajoz



Finalmente, y a instancias de Juan de Borbón y Battenberg, se facultó a ostentarlo en España con carácter vitalicio mediante decreto de 17 de abril de 1967, a su hija Doña Pilar de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, Infanta de España, por lo tanto hermana de Juan Carlos I, actual monarca español.



Las Duquesas de Soria y de Badajoz, Infantas de España


  • SORIA
El Ducado de Soria es uno de los títulos nobiliarios españoles de carácter hereditario más antiguo; fue otorgado por primera vez por Enrique II de Castilla en 1370 a Beltrán Duguesclín y revirtió a la Corona en 1375 a cambio de 240.000 doblas.



S.A.R. La Duquesa de Soria


Posteriormente fue creado por Juan de Borbón y Battenberg durante su exilio para su hija Doña Margarita de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, Infanta de España y duquesa de Hernani, aunque no fue legitimado hasta el 23 de junio de 1981, reinando ya en España su hermano Juan Carlos I. El título tiene carácter vitalicio, por lo que una vez haya fallecido su actual poseedora, la dignidad revertirá de nuevo a la Corona.



El Duque y la Duquesa de Soria


  • LUGO

El Ducado de Lugo es un título vitalicio concedido por S. M. el Rey de España a su hija la infanta Doña Elena de Borbón y Grecia en fecha 3 de marzo de 1995, con ocasión de su enlace matrimonial con don Jaime de Marichalar.



S.A.R. La Duquesa de Lugo



El ducado fue concedido a título vitalicio, por lo que su primogénito Felipe Juan Froilán (cuyo tercer nombre le fue impuesto por el patrón de Lugo) no lo heredará tras el fallecimiento de su madre. Su denominación hace referencia a la ciudad de Lugo, Galicia.




El Duque y la Duquesa de Lugo (hoy divorciados)

  • PALMA

El Ducado de Palma es un título vitalicio concedido por S. M. el Rey de España a su tercera hija, la infanta doña Cristina de Borbón y Grecia el 26 de septiembre de 1997, con ocasión de su enlace matrimonial con don Iñaki Urdangarín Liebaert. El título refiere a Palma de Mallorca, una de las islas Baleares.

S.A.R. La Duquesa de Palma de Mallorca





El Duque y la Duquesa de Palma



  • SEVILLA
El Ducado de Sevilla es el título que el rey Fernando VII concedió en 1823 a Enrique de Borbón, hijo de Francisco de Paula de Borbón, Infante de España, y nieto del rey Carlos IV. Su nombre se refiere a la ciudad andaluza de Sevilla.



El 1º Duque de Sevilla, nieto de Carlos IV


Titulares:

  1. Enrique de Borbón y Borbón-Dos Sicilias (1823-1870)
  2. Enrique Pío de Borbón y Castellví (1870-1894)
  3. María Luisa de Borbón y Parade (1894-1919)
  4. Enriqueta de Borbón y Parade (1919-1968)
  5. Francisco de Paula de Borbón y Escasany (1968-actualidad)


El actual Duque de Sevilla



Títulos no existentes hoy


  • SEGOVIA
El Ducado de Segovia fue creado el 23 de junio de 1933 por el rey Alfonso XIII, con carácter vitalicio, para su segundo hijo Jaime de Borbón y Battenberg. El hermano mayor de éste, Alfonso de Borbón y Battenberg, Príncipe de Asturias, aquejado de hemofilia, renunció a los derechos sucesorios al trono de España para casarse con la cubana Edelmira San Pedro.


S.A.R. El Duque de Segovia


La renuncia del primogénito convirtió a Jaime de Borbón y Battenberg en Príncipe de Asturias y heredero de su padre, el rey Alfonso XIII. Solo fue Príncipe de Asturias por diez días, ya que a instancias de su padre, el Rey, y en consideración a la sordomudez que padecía (y que le hubiera limitado para cumplir con sus responsabilidades), renunció a sus derechos al trono de España para sí y sus descendientes. El nuevo Príncipe de Asturias pasó a ser el tercer hijo varón del Rey, Juan de Borbón y Battenberg, padre de Juan Carlos I (que llegó al trono en 1975, a la muerte del dictador Francisco Franco).


Como compensación a su renuncia al trono de España, Jaime de Borbón y Battenberg, recibió el título vitalicio de Duque de Segovia. Esta denominación se dio en recuerdo a su lugar de nacimiento.

Los Duques de Segovia y su hijo

Con el tiempo, el Duque de Segovia quiso retractarse de su renuncia, pero el 19 de julio de 1969 y por petición de su hijo Alfonso de Borbón Dampierre, renunció a sus pretensiones y reconoció como rey de España a su sobrino Juan Carlos de Borbón, quién había sido nombrado "Príncipe de España", y sucesor a título de "Rey", por Francisco Franco.


  • CADIZ

El Ducado de Cádiz fue concedido a Rodrigo Ponce de León, III conde de Arcos, II Marqués de Cádiz, de la Casa de Arcos. Su nombre se refiere a la ciudad andaluza de Cádiz.

Una vez muerto el primer duque, los Reyes Católicos negociaron con su heredera, Francisca Ponce de León y de la Fuente, la abolición del marquesado y del ducado de Cádiz, reincorporando la ciudad y los títulos a la Corona tras la muerte de ésta, la segunda duquesa.


Escudo de la ciudad de Cádiz


Hasta el siglo XIX el título permaneció en desuso. Desde entonces el título de duque de Cádiz lo han ostentado varios miembros de la familia del rey: Francisco de Asís de Borbón, hijo primogénito del Infante de España Francisco de Paula de Borbón, y, tras su muerte, su hermano (de igual nombre) don Francisco de Asís de Borbón, rey consorte, quien apenas utilizó este título en vida, y a cuya muerte dicho título volvió a revertir a la Corona.

Por último, su descendiente don Alfonso de Borbón y Dampierre, hijo del infante Jaime de Borbón y Battenberg y nieto de Alfonso XIII, recibió el título por parte del abuelo de su esposa, el dictador Francisco Franco. Tras su muerte, el título volvió a revertir a la Corona una vez más. Actualmente nadie ostenta el título.



Don Alfonso de Borbón y Dampierre