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miércoles, 7 de abril de 2010

Bal Beistegui

El millonario mexicano-español Don Carlos de Beistegui –Charlie para sus amigos- se había consagrado con su famoso baile de disfraces del 3 de septiembre de 1951, para el que había invitado a todo el Gotha y al cafe society de la época al Palazzo Labia, su refugio veneciano sobre el Gran Canal.

Charles de Beistegui en la balconada del palazzo


Le Bal Beistegui, que permanece en la historia social como uno de los más grandes acontecimientos mundanos del siglo XX, reunió en Venecia a príncipes, millonarios y socialites del mundo entero. Fue la primera gran fiesta después de la Segunda Guerra Mundial. Las invitaciones fueron enviadas seis meses antes para que los privilegiados tuvieran tiempo para prepararse. Tener listos los disfraces y llegar a Venecia en 1951 podía ser toda una aventura, pues por barco o tren el viaje insumía cinco días.




A través de toda Europa los expectantes invitados se preocupaban por obtener sus disfraces a tiempo y días antes ensayaban entradas majestuosas para la gran noche. Se dijo que una extraordinaria procesión de Rolls-Royces atravesó el Paso de Simplón en dirección a Venecia, llevando enormes cajas de Dior sobre sus techos, “una cadena humana de cajas de sombreros Reboux”, como dijo uno de los invitados.


Paul-Louis Weiller, Madame Mallard, Lady Diana Cooper, Barón de Cabrol, Madame Hersent


El día de la fiesta Charles de Beistegui desapareció en una suite del Grand Hotel para evitar escenas frenéticas, como por ejemplo de gente reclamando sus invitaciones que no habían llegado por alguna razón. Los invitados llegaban desde el ancho canal que fluía hacia el Gran Canal, donde la excitada multitud expectante los alentaba y aplaudía. El ambiente era electrizante mucho antes de llegar al baile y hubo algunos de los invitados que se unieron a la diversión quitándose sus máscaras para deleite de la multitud.


Chinoiseries


Arturo López-Willshaw, el gran coleccionista y anfitrión que siempre amó China y el arte oriental, acompañado de su esposa Patricia, hicieron una apoteósica entrada vestidos como el Emperador y la Emperatriz de China. El Barón Alexis de Redé, quien era parte del grupo, recuerda “… yo era un invitado en su suite, con una fantástica corona china, atuendo y espada, viéndome, lo confieso, mejor que el último emperador ‘niño’. Nuestros disfraces eran copia exacta de aquellos de las famosas tapicerías ‘el Viaje del Emperador de China’.” Su llegada en un enorme junco chino fue la más espectacular de la velada.

Entrada de Jacques y Geneviéve Fath


El diseñador Jacques Fath, vestido como el Rey Sol, tuvo que permanecer de pie en su góndola porque “su postura (estaba) marcada por un disfraz tan perfectamente armado y pesado con sus brocados que no podía sentarse”, escribió el Príncipe Jean-Louis de Faucigny-Lucinge en su libro Legendary Parties.


Lady Diana Cooper como Cleopatra

Lady Diana Cooper, vestida como Cleopatra por Cecil Beaton y Oliver Messel, hizo una entrada que constituía “… una hermosa vista con la luz de las ventanas del palazzo cayendo sobre su cara, sus perlas y su peluca rubia” inspirada en el magnífico fresco de Tiepolo “El Banquete de Cleopatra”, que era el tema central del baile. El Palazzo Labia es verdaderamente famoso por su salón central, con su altura descomunal y sus frescos representando a Antonio y Cleopatra. Duff Cooper, antiguo embajador británico en Francia, tenía un saco cosido bajo su disfraz de dominó para sostener un matraz. Había estado en suficientes fiestas de Beistegui para conocer la probable escasez de alcohol y ser consciente del potencial aburrimiento en el momento de espera de todas las entradas.


Don Carlos de Beistegui


Recibiendo a sus invitados en lo alto de una gigantesca escalinata, Beistegui era una conspicua presencia en una enorme peluca rizada del siglo XVIII y borceguíes de plataforma que lo elevaban dos pies por encima de todos los demás, por lo que podía ver y ser visto en la noche que probablemente fuera la más importante de su vida.



Gene Tierney



Todos, desde el Aga Khan a la actriz Gene Tierney –en la cúspide de su carrera en Hollywood- estaban allí. Las entradas ocuparon gran parte de la velada, “algunas mejor que otras”. La princesa Caetani, la vizcondesa Jacqueline de Ribes y la princesa Colonna usaban idénticas máscaras blancas y negras. El disfraz de Christian Dior fue diseñado por Salvador Dalí, el viejo Aga Khan era una “siniestra figura en seda negra” y Orson Welles iba en traje de esmoquin con su cabeza adecuadamente coronada con plumas como único disfraz.



Orson Welles y Mademoiselle de Heeren

Daisy Fellowes acudió como la Reina de África. No se sentía bien esa noche y estuvo recostada en cama antes de hacer su entrada. Cuando le llegó su turno, se elevó de la cama y se convirtió en una reina. El Barón de Rédé comentaría: “Ella fue por lejos la más elegante de los invitados. Nunca había visto a nadie caminar de forma tan bella como ella lo hizo. Tiene estilo innato”.

Daisy Fellowes como la Reina de África

Setenta lacayos con disfraces del baile de la Duquesa de Richmond la noche antes de Waterloo atendieron a los invitados. Ballerinas de la compañía de Cuevas representaron sarabandas y minuettos en el patio, mientras que los bomberos de Venecia formaron una fantástica pirámide humana de cuatro pisos de altura en el salón principal del palacio. Dos bandas de jazz amenizaron la hora del baile.

Aparte de estas atracciones y el espectáculo de los disfraces, se dijo que “la cena estuvo buena y la bebida abundante”, lo que no siempre era el caso en un entretenimiento de Beistegui. Algunos de los invitados no llegaron a casa hasta las 6 de la mañana. El acontecimiento fue espléndido y los periódicos le dieron amplia cobertura, incluso fue fotografiado por Cecil Beaton para Vogue.

Invitados frente al fresco de Tiepolo




martes, 6 de abril de 2010

Lady Diana Cooper



Su verdadero nombre era Lady Diana (Olivia Winifred Maud) Manners. Era hija de Henry Manners, 8º Duque de Rutland, y de Marion Margaret Violet Lindsay, pero se ha supuesto que el padre biológico de Lady Diana fue el escritor Henry Cust. De joven era considerada una de las más bellas mujeres de Inglaterra, apareciendo en incontables retratos, fotografías y artículos en periódicos y revistas.

Retrato de Lady Diana Manners (1900)


En la década de 1910 formó parte activa de The Coterie, un influyente grupo de jóvenes aristócratas e intelectuales ingleses, cuya importancia y número se vio reducido a causa de la Primera Guerra Mundial. Los integrantes de este círculo de bohemios se denominaban a sí mismos The Souls (“Los espíritus”) y se caracterizaban por un revivido interés hacia la poesía, la literatura y los gustos estéticos cultivados. Entre sus miembros figuraban lady Wemyss, lady Desborough, lady Ribblesdale, lady Islington, lady Lytton y la condesa de Oxford y Asquith. Entre los “espíritus” masculinos estaban lord Balfour, Raymond Asquith (hijo de Herbert Henry Asquith, el Primer Ministro), Patrick Shaw-Stewart, Edward Horner, Sir Denis Anson y Alfred Duff Cooper.

Dibujo (1919)


Aparte de sus periféricas actividades políticas, The Souls ejerció una influencia considerable en las tendencias estéticas de su tiempo. Las casas de los miembros del grupo estaban decoradas a base de telas japonesas muy finas con listas de colores o flores y hojas estampadas sobre fondo blanco. Podían encontrarse repartidos por las habitaciones búcaros que contenían ramas de romero, tomillo o jazmín u hojas de magnolia. Las señoras preferían vestirse con largas túnicas y vestidos plisados y hojas de laurel sujetas con broches de joyería.



De toca (1923)


Violet, duquesa de Rutland, era uno de los miembros inmortales del grupo. Poseía una gran belleza y gustaba peinarse al estilo clásico griego con un flequillo y un gran moño. Sus tres hijas vestían de modo desacostumbrado y seguían las direcciones originales de los móviles estéticos de su progenitora. Diana era la hija más joven y hermosa. Era muy rubia y en lugar de ir envuelta en los vestidos corrientes de muselina blanca de la época, su madre la vestía cuidadosamente de terciopelo negro. Cuando la joven Diana cumplió la edad de ser presentada en sociedad no apareció vestida con las ropas blancas y rosas que era obligado en estos casos, sino que su madre la atavió con tonos grises azulados que hacían destacar el fulgor apagado del cutis de la muchacha.


Desembarca en Inglaterra desde el HMS Homeric, de la línea White Star (1924)


Cuando iba a Ascot, a diferencia de las otras jóvenes que llevaban sombreros de paja adornados con una rosa o un lazo, lady Diana Manners se destacaba por su sombrero negro con espigas de trigo doradas o plateadas, llevando otras veces un sombrero envuelto en pliegues de encaje gris. En las funciones teatrales de asunto histórico, donde personajes de la mejor sociedad actuaban con fines benéficos o por propia diversión, lady Diana siempre sorprendía: una vez, en lugar de vestirse de reina inglesa o de favorita de rey francés, ella y su grupo decidieron vestirse de cisnes. Su madre, sin decir nada a las otras señoritas, se las compuso para que lady Diana fuese el cisne negro de la manada.


Un gesto característico


Educada en la escuela eduardiana de esa madre extraordinaria, se convirtió en una de las pocas aristócratas que pueden transgredir las normas y permanecer en equilibrio en el pedestal de la noblesse obligue. La tradición inglesa está detrás de ella tanto si está en contacto con la gente de teatro como con la más alta sociedad. Había sido la más famosa de The Souls. Tras la muerte súbita de Asquith, Horner, Shaw-Stewart y Anson — los dos primeros en la guerra, el tercero ahogado — Lady Diana se casó con Alfred Duff Cooper, uno de los últimos supervivientes de su círculo de amigos, en junio de 1919. No fue un matrimonio popular para la familia de ella, puesto que sus padres esperaban que se casara con Eduardo VIII del Reino Unido. En 1929 tuvo su único hijo, John Julius Norwich, que llegó a ser escritor y presentador de televisión.

Portada (1926)


Tras trabajar como enfermera durante la guerra y como editora de la revista Femina, escribió una columna en periódicos pertenecientes a William Max Aitken antes de dedicarse al teatro, interpretando a la madonna en la reposición de The Miracle (dirigida por Max Reinhardt). La obra consiguió un gran éxito internacional, y ella viajó durante dos años representándola. Lady Diana posteriormente actuó en varios filmes mudos, incluyendo las primeras películas británicas en color.

Vestida como en una pintura de Velázquez, durante un Tableaux vivant representado por la alta sociedad a beneficio del Hospital Marie Curie (1931).


En 1924 Duff Cooper ganó la elección al Parlamento, mientras su esposa seguía siendo una celebridad social. Su reputación fue aún mayor en Francia como centro del mundo literario francés inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial, al ser su marido destinado a Francia como embajador de Gran Bretaña. Durante este período la popularidad de Lady Diana como anfitriona permaneció intacta, aún a pesar de que la lista de invitados de la embajada incluía a personas sospechosas de colaboracionismo durante la guerra.



Con su esposo, Alfred Duff Cooper, desembarca en Francia (1944)


Nunca se permitió a sí misma ser convencional. Se mezclaba con gente común sin perder su contacto con la realeza. Era capaz de rodar quinientas millas en un automóvil para convertirse a su llegada en la vida y el alma de una reunión. Ejercitaba constantemente su mente con la lectura y análisis de libros, mantenía un vivo interés por el arte y los nuevos artistas, mantenía un sentido de obligación hacia los demás, lo que, en combinación con su gentileza aristocrática, la hacía capaz de una gran reconcentración y emotividad en lo referente a otras personas.

Con una mascota (1946)


Nacida rubia, lady Diana acentuaba su belleza color pastel usando colores pálidos y el resultado de ello era una luminosidad que producía la impresión de que las luces se habían encendido cuando entraba a un salón. Su aspecto era siempre romántico y picaresco y su estilo sólo cambiaba en detalles durante los años que fue una de las grandes bellezas de Inglaterra. Se vestía dejándose llevar por su imaginación desistiendo de los dictados de un modista y acudiendo a su propio guardarropa, creándose trajes para cada una de las ocasiones: para ir a comprar verduras a un mercado de Venecia o para asistir a un baile en el palacio de Buckingham, con la cabeza ceñida por una banda de gasa se parecía a una monja con toca, mientras con una gorra de yate se asemejaba a un joven capitán de marina. Su colección de sombreros incluía desde un fez marroquí hasta un alto gorro peludo de granadero para algún uso ocasional.

De gorro (1959)

Tras el retiro de Duff Cooper en 1947, siguieron viviendo en Francia, en Chantilly, hasta la muerte de él en 1954, siendo dos años antes nombrado Vizconde Norwich por sus servicios a la nación. Sin embargo, Lady Diana rechazó ser llamada Vizcondesa Norwich, diciendo que sonaba como porridge (gachas). A este efecto, hizo un anuncio oficial en The Times, afirmando que, independientemente del status de su marido y del suyo propio, continuaría siendo conocida como Lady Diana Cooper.



En una gala con su esposo, ya Vizcondesa de Norwich (1952)


Lady Diana redujo drásticamente sus actividades en los últimos años de la década de 1950, pero escribió tres volúmenes de memorias: The Rainbow Comes and Goes, The Lights of Common Day, y Trumpets from the Steep. Era una mujer de preclaro ingenio, conversadora de grandes vuelos y una corresponsal brillante. Pasaría a la posteridad por sus epístolas. Falleció en Londres en 1986, a los 93 años de edad.




Lady Diana Cooper, octogenaria


Títulos

Estos son los títulos formales de Lady Norwich; sin embargo, continuó siendo llamada después de 1952, a solicitud suya, Lady Diana Cooper.


  • Lady Diana Manners (1892-1919)

  • Lady Diana Cooper (1919-1952)

  • Vizcondesa Norwich (1952-1954)

  • Vizcondesa viuda de Norwich (1954-1986)