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jueves, 28 de abril de 2011

La Casa de Basarab

La Casa de Basarab fue la antigua dinastía que estableció el Principado de Valaquia, provincia bajo dominación turca situada entre los Alpes de Transilvania y el Danubio. Esta dinastía (a veces llamada Bazarab o Bazaraad) le dio al país su primera línea de príncipes, cercanamente emparentada con los gobernantes Muşatin de Moldavia.


Su condición de dinastía es representada como problemática por el sistema electivo oficial, lo que implicaba que los miembros varones de la misma familia, incluyendo hijos ilegítimos, eran elegidos para gobernar por un Consejo de boyardos (las más de las veces la elección estaba condicionada por la fuerza militar ejercida por los candidatos). Después del gobierno de Alexandru I Aldea (finalizado en 1436), la Casa fue dividida por el conflicto entre los Dăneşti y los Drăculeşti, los cuales reclamaban la legitimidad. Varios gobernantes Craioveşti posteriores reclamaban descender directamente de la Casa después de su eventual desaparición, incluyendo Neagoe Basarab, Matei Basarab, Constantin Şerban, Şerban Cantacuzino y Constantin Brâncoveanu.


Gobernantes usualmente mencionados como miembros de esta Casa incluyen (en orden cronológico) Mircea el Viejo, Dan II, Vlad II Dracul, Vlad III el Empalador, Vlad el Monje, Radu cel Mare el Grande y Radu de la Afumaţi.


Insignia naval de Valaquia durante el reinado de Constantin Brâncoveanu (1689-1714)


Origen del nombre


La dinastía se inició en el siglo XIV con Basarab I (1316-1352), fundador del principado sobre el cual sus descendientes reinaron y del que obtuvo la independencia del Reino de Hungría.


El nombre de Basarab I fue originalmente Basarabai y perdió la final -ai cuando fue traducido al rumano. Es un nombre de origen cumano o pechenego y muy probablemente significaba "gobernante padre". Basar fue el participio presente del verbo "gobernar", derivados atestiguados en las antiguas y modernas lenguas Kypchak (o lenguas turcas del noroeste). El historiador rumano Nicolae Iorga creía que la segunda parte del nombre, -aba ("padre"), era un título honorífico, reconocible en muchos nombres cumanos, como Terteroba, Arslanaba y Ursoba.



Basarab I


El padre de Basarab, Thocomerius de Valaquia, también tenía un nombre cumano, identificado como Toq-Tämir, común en el siglo XIII. Las crónicas rusas de alrededor de 1295 se refieren a un Toktomer, un príncipe del Imperio Mongol presente en Crimea.


Mientras que los nombres indican un origen cumano (o pechenego), contemporáneos constantemente identifican a Basarab como valaco. Carlos I de Hungría habla de él como Bazarab infidelis Olacus noster ("Bazarab, nuestro traicionero valaco").


Vlad Draculea


A esta dinastía pertenece el celebérrimo Príncipe Vlad III "Tepes" (el Empalador) nacido poco antes de 1430 y asesinado en 1476, por todos conocido bajo el nombre de "Drácula". Este príncipe era, como su padre y antecesor en el trono, Vlad II Dracul (término que significa dragón), miembro de la Orden de los Caballeros del Dragón, fundada en 1408 por el rey de Hungría. Cuando Vlad III asciende al trono a la edad de 25 años, recibe el título de Draculea, es decir, hijo del Dragón.



Vlad III el Empalador recibe a enviados turcos


Desde su infancia, Vlad Tepes (Tsepesh) conoce la violencia. Ve a su padre asesinado y a su hermano mayor enterrado vivo. Él mismo es retenido varios años en una fortaleza turca como rehén. En efecto, el Imperio Otomano se encuentra entonces en el apogeo de su poderío y se extiende hasta las fronteras de Hungría.


Vlad Tsepesh, a pesar de su sombría personalidad, es aún considerado por muchos rumanos como un héroe nacional por haber intentado liberar las provincias rumanas de Valaquia, Moldavia y Transilvania del dominio del invasor turco. Es uno de los jefes guerreros más temidos por las tropas de ocupación del sultán Mehmed II "el Conquistador". Sin embargo, en 1462 es vencido y debe refugiarse en Hungría, donde es nuevamente tomado prisionero por razones políticas hasta 1473.


El empalador


El empalamiento, en una estaca de madera o hierro, es su método favorito para deshacerse de los prisioneros turcos o de sus opositores, de ahí su sobrenombre. En el siglo XV su crueldad es bien conocida y un grabado alemán de 1499 lo muestra festejando en medio de cadáveres empalados. Se estima entre 50.000 y 100.000 el número de víctimas empaladas, quemadas e incluso desolladas vivas durante su corto reinado de una decena de años. Su sadismo no conoce límites: crónicas locales cuentan que para castigar a unos emisarios turcos que no se descubrieron en su presencia, ordena que se les clave el fez en el cráneo. En otra ocasión, manda reunir a una gran cantidad de pobres y minusválidos en una amplia sala cerrada bajo el pretexto de invitarlos a un banquete y ordena prenderles fuego.



Representación moderna del Empalador


De vuelta en 1476 en el trono de Valaquia, Vlad Draculea es asesinado dos meses después sin que se sepa exactamente quién organizó su caída, si rivales locales o turcos. Es decapitado y su cabeza ensartada en la punta de una estaca.


Se cree que la estirpe principesca emparentaba con los Hunyadi, de la cual procedía el rey Juan Hunyadi de Hungría, así como hay pruebas fehacientes del parentesco con la Casa Báthory, célebre por sus miembros sanguinarios y enfermos mentales, a la que pertenecieron figuras tan prominentes como Esteban I Báthory, rey de Polonia, o la infame Erszebeth Báthory, condesa Nadasky, alias "la Condesa Sangrienta". La estirpe de los Dracul reinó de manera intermitente sobre Valaquia y Moldavia, alternando con sus primos los Basarab, por causas políticas e intereses húngaros o turcos cuando Europa del Este se veía seriamente amenazada por el imparable avance de los Turcos Otomanos.


A pesar de la mala fama de Vlad III "Tepes" -el primero en ostentar ese apodo-, su espíritu batallador contribuyó para frenar la invasión turca mediante el terror y el contraataque sin piedad. A excepción del hijo de éste, Vlad IV Tepelus (el pequeño Empalador), sus descendientes se olvidaron de ostentar el apodo tan siniestro hasta que Bogdan "Tsepesh", nieto de la 4ª generación y representante de la rama menor, lo volvió a adoptar para convertirlo en nombre de su familia a inicios del siglo XVII.



El castillo de Bran, en Transilvania, célebre por ser la supuesta morada de Vlad el Empalador (aunque no hay evidencia física de que viviera allí). Perteneció a la reina María de Rumania, quien lo heredó a su hija, la Princesa Ileana.

martes, 26 de abril de 2011

Una vecina balcánica: Rumania

La formación de Rumania

Los Cárpatos orientales y los Alpes transilvanos forman una cordillera unida en forma de media luna en cuarto creciente. Es el centro de Rumania. Al este y al sur de las montañas se extienden dos fértiles planicies que toman los nombres de Moldavia y Valaquia, respectivamente. Están unidas sin más interrupciones que los ríos que las riegan. El Danubio es el límite meridional de Valaquia. Al oeste de esos Cárpatos está Transilvania.

Los Cárpatos

Por ese gran desfiladero fértil pasaron toda clase de tribus invasoras hasta que se asentaron los dacios. Éstos contemplaban más hacia el sur, tras el Danubio y antes de los Balcanes, donde había más tierra fecundable y habitada. Pero pertenecía al poderoso Imperio romano. No se amedrentaron e incursionaron allí cada vez más. Hasta que en el 106 d.C. las legiones romanas mejor adiestradas ocuparon toda la Dacia, que fue incorporada al Imperio como una provincia suya.

El avance de los germanos desde finales del siglo III hizo que el emperador Aureliano decidiese abandonar la región a godos y carpos. Los godos vivieron con la población autóctona hasta el siglo IV, hasta que los hunos -otro pueblo nómada- se establecieron temporalmente en esta región. Desde el siglo VI la población autóctona tuvo que enfrentarse a las oleadas de pueblos migratorios eslavos. Los gépidos y ávaros gobernaron Transilvania hasta el siglo VIII y después los búlgaros incluyeron parte de la Rumania actual en su imperio hasta 1018.

Los húngaros conquistaron Transilvania entre los siglos XI y XIII y fue incluida en su Reino hasta el siglo XVI. Después de la derrota húngara frente a los turcos otomanos en la batalla de Mohács (1526), se formó el principado autónomo de Transilvania, vasallo del Imperio otomano hasta el 1711. Los pechenegos y los cumanos son también mencionados en territorio rumano, hasta la fundación de los principados de Valaquia por Basarab I, a principios del siglo XIV, y Moldavia por Dragoş, quien era originario de Maramureş (Transilvania), a mitad del siglo XIV. La Moldavia histórica comprendía el territorio de la actual región de Rumania, junto con Basarabia y el norte de Bucovina. Se crearon varias teorías para explicar el origen de los rumanos. Los análisis lingüísticos y geohistóricos tienden a indicar que se formaron como un grupo étnico grande, tanto al norte, como al sur del Danubio.

Miguel I el Valiente (1558-1601), Voivoda de Valaquia, Príncipe de Transilvania y Príncipe de Moldavia. Fresco en la catedral de Alba Iulia, Transilvania.



Transilvania, Valaquia, Moldavia

Transilvania fue una de las provincias de la Dacia conquistadas por los romanos, además de ser la sede de la capital de los dacios, Sarmizegetusa. En la Edad Media, los rumanos no consiguieron unirse bajo un mismo líder, y la región fue conquistada por los húngaros entre los siglos XI y XIII, comenzando con la victoria de Esteban I de Hungría frente a Gyula, dueño del norte de Transilvania. Su historia presenta varias diferencias frente a Valaquia y Moldavia, quedando bajo la influencia, primero del Imperio otomano, y después de Austria, hasta la unificación rumana de 1918.

El único monarca que consiguió la unión de Transilvania, Valaquia y Moldavia en su historia fue Mihai Viteazul, en el año 1600, mediante victorias militares y pactos diplomáticos. Sin embargo, la unión solo duró un año, al ser Mihai traicionado y asesinado en 1601. De todas maneras, la frontera entre Valaquia y Transilvania o entre Moldavia y Transilvania no fue exacta a través de los siglos: por ejemplo, partes de la región de Braşov (hoy en la región rumana de Transilvania) fueron parte de Valaquia en varios períodos. Uno de los elementos del mantenimiento de la conciencia de unidad de los rumanos en Transilvania fue el cristianismo ortodoxo. Era necesario ser católico o protestante para avanzar socialmente. En general, las numerosas medidas de discriminación en contra de los rumanos en Transilvania, tuvieron como resultado el fortalecimiento de su conciencia étnica. En el siglo XVIII, los intelectuales rumanos de Transilvania resaltaron el origen romano de los rumanos, al igual que algunos intelectuales de Valaquia y Moldavia.
Bandera de Valaquia (1593-1611)

Todavía hacia el final del siglo XIX (1892), la petición de derechos para los rumanos de Transilvania (derechos de los cuales sí gozaban los húngaros y alemanes), bajo la forma de un memorándum compuesto por los intelectuales rumanos de Transilvania (y apoyado por los intelectuales del Reino de Rumania y por el rey Carol I), fue castigado con el encarcelamiento de sus autores.

Valaquia y Moldavia tuvieron que enfrentarse al Imperio otomano (y a otros enemigos) a través de los siglos, en repetidas ocasiones teniendo que pagar tributos para mantener su independencia. A pesar de las continuas guerras, también se alcanzaron logros culturales, como durante el reinado de Mircea cel Bătrân, Matei Basarab, Constantin Brâncoveanu o Dimitrie Cantemir. Destacados luchadores antiotomanos fueron Mircea I de Valaquia, Vlad Ţepeş (Draculea), Esteban III de Moldavia, Mihai Viteazul el Valiente y Iancu de Hunedoara (Juan Hunyadi), gobernador de Transilvania y padre del rey de Hungría Matías Corvino, que es evocado en el himno de Rumanía por ser hijo de un boyardo de Valaquia. Cuando los dos principados llegaron a ser gradualmente vasallos del Imperio otomano, mantuvieron su autonomía interna y el derecho a una política exterior propia, al estar el Imperio solo interesado en los importantes tributos financieros y en los reclutas que podía obtener de ahí.


Alexandru Ioan Cuza, Principatele Dunărene Domnitor (Príncipe de los Principados Danubianos o Principados Unidos de Valaquia y Moldavia)


El renacimiento nacional

En el siglo XVIII los dos principados perdieron su derecho a una política exterior propia, hasta la definitiva independencia del país en 1878. Los rumanos (incluidos los de Transilvania) también participaron en la Revolución de 1848, animados por los ideales del nacionalismo romántico. Alexandru Ioan Cuza (1859-1866) fue el primer gobernante de los "Principados Unidos de Valaquia y Moldavia", iniciador de reformas con modelo francés. Cuza recibió el mandato en Bucarest y se título Alejandro Juan I, príncipe de Rumania. Por primera vez se oficializaba la nación con ese nombre.

Sin embargo, la política progresista de Alejandro Juan I no gustó a los sectores más reaccionarios, los boyardos. Fue obligado a abdicar y se optó por traer a un príncipe extranjero para regir los Principados Unidos. Hicieron la oferta a Felipe de Bélgica, conde de Flandes (hermano de Leopoldo II), pero éste rehusó, aduciendo que, siendo Bélgica una nación tan joven aún, él no podía renunciar a su nacionalidad, pues podría ser necesario en su patria (en efecto, habiendo muerto Leopoldo II sin descendencia masculina, será un hijo del conde de Flandes quien ocupe el trono de Bélgica: Alberto I).


Acta de Proclamación del Reino de Rumania (1881), firmado por el rey Carol y la reina Elisaveta

Finalmente aceptó la corona rumana el príncipe Carlos de Hohenzollern-Sigmaringen, Carol I (1866-1914), quien llegó a ser el primer rey de Rumania en 1881, cuando los poderes europeos reconocieron la independencia de Rumania, a través del Tratado de Berlín (después de la participación de los rumanos en la guerra ruso-turca). Carol hizo fabricar su corona con un acero extraído de un cañón turco capturado al enemigo. Este gesto tan literario era evidentemente influencia de su esposa, la princesa Isabel de Wied, conocida mundialmente en el terreno de las letras bajo el seudónimo de Carmen Sylva.

Fue el período de los comienzos de la industrialización del país, bajo los principios del capitalismo.

Primera mitad del siglo XX

Muerto Carol I en 1914, a los 75 años, le sucedió (como ya estaba previsto, al no tener hijos) su sobrino Fernando, casado en 1893 con la princesa María de Gran Bretaña, nieta de la reina Victoria.



Escudo de Armas del Reino de Rumania (1881-1922)


Rumania se declaró neutral al principio de la Primera Guerra Mundial, bajo el nuevo rey, pero aceptó entrar en la guerra formando parte de la Triple Entente en 1916, con la esperanza de reagrupar a todas las provincias con mayoría de población rumana. En 1775 la monarquía de Habsburgo había anexado la parte norte de Moldavia (Bucovina), y el Imperio otomano la parte sur (Bugeac). En 1812 el Imperio ruso anexó la parte este, Basarabia, parcialmente devuelta después de la Guerra de Crimea, con el Tratado de París. Hacia el final del siglo XIX, los Habsburgo incorporaron Transilvania a lo que más tarde se llamó el Imperio austríaco. Con el Tratado de Berlín de 1878, la independencia de Rumania fue reconocida por las potencias europeas. En cambio, por ceder a Rusia los tres distritos del sur de Basarabia que habían sido recuperados después de la Guerra de Crimea en 1852, el nuevo Reino de Rumania recibió Dobrogea. Hacia el fin de la primera guerra, el Imperio austrohúngaro y el Imperio ruso habían colapsado, dejando a Basarabia, Bucovina y Transilvania unirse libremente con Rumanía en 1918. ¡Por fin el reino de la Gran Rumania!

El éxito de la Triple Entente tuvo como consecuencia la creación de la "România Mare" ("Rumanía Grande"), si bien la frontera con Hungría quedó establecida más al este de lo convenido entre Rumania y la Triple Entente en 1916. Sin embargo, la "Rumanía Grande" sólo duró veinte años (1920-1940). Fernando I fue llamado "Întregitorul" ("El Integrador") y el período de entre guerras fue una época de florecimiento económico y cultural para Rumania, interrumpida por la Segunda Guerra Mundial y por la entrada en la órbita soviética.

Fernando de Rumania con los atributos de coronación (1914)


El 20 de julio de 1927 murió el rey Fernando y, como su hijo Carol había renunciado al trono instalándose en Francia, se nombró una regencia, pues el nuevo rey Miguel (hijo de Carol, nieto de Fernando) sólo tenía cinco años. El príncipe Nicolás, hijo menor del rey fallecido, presidió esa regencia que resultó inoperante y se aprovecharon de la situación todas aquellas pequeñas facciones que Fernando I quería minimizar o erradicar. Y aún surgieron otros nuevos movimientos de inspiración totalitaria, de la misma forma que empezaban a notarse en Alemania y que habían logrado el poder en Italia.

En 1930 el primer ministro Julius Maniu, jefe de los nacional-campesinos, en connivencia con el regente Nicolás, hicieron volver a Carol y el 8 de junio el Parlamento revocó la ley que le excluía del trono, votando por su proclamación como rey como si hubiese sucedido directamente a su padre. El joven rey Miguel quedó degradado, volviendo a ser “príncipe heredero” y recibiendo el título de Duque de Alba-Julia.

El Príncipe Heredero Carol (futuro Carol II) con su segunda esposa, la Princesa Helena de Grecia y Dinamarca (hija del rey Constantino I)


Durante el reinado de Carol II surgieron fuertes movimientos fascistas, como la "Guardia de Hierro", de Corneliu Codreanu, y la Liga Cristiana de A.C. Cuza. El 18 de enero de 1938 disolvió el Parlamento y el 10 de febrero suspendió la Constitución y todos los partidos políticos. El 24 del mismo mes organizó un plebiscito para aprobar legalmente esos actos y solo obtuvo 5.300 votos en contra, lo que demostró que se habían cambiado los métodos de contar los votos. En pocos años, el insensato de Carol II había destruido toda la obra positiva que su padre y su abuelo hicieron de Rumania.

En 1940 la Unión Soviética obligó a Rumania a cederle Besarabia y el norte de Bucovina, mientras que la Alemania nazi concedió el norte de Transilvania a Hungría y el sur de Dobrogea a Bulgaria. Los eventos de 1940 fueron contestados entonces por la entera sociedad rumana, con la excepción del pequeño grupo comunista establecido en el país, quien apoyaba la política exterior de la Unión Soviética. El 5 de septiembre de 1940 el mariscal Ion Antonescu dio un golpe de Estado y con ello se adjudicó la jefatura de gobierno. Al día siguiente Carol II -acompañado de su segunda esposa, Magda Lupescu- partió al exilio, no sin antes abdicar en su hijo Miguel, ya de 19 años.

Mihai I (Maiestatea Sa Mihai I Regele Românilor, literalmente, Su Majestad Miguel I, Rey de los Rumanos) en 1947


Durante la Segunda Guerra Mundial el país se alió con el Eje (Alemania fue el único país de entonces que garantizó a Rumania la recuperación de sus territorios perdidos), tomando medidas antisemitas. Al principio se obtuvieron triunfos militares, en el Frente Oriental, en colaboración con los alemanes. Pero a partir del 1943, la situación empeoró, haciendo que las tropas soviéticas entraran en Rumania en 1944. Antonescu le presentó un plan de defensa al rey Miguel I, pero la respuesta de este fue encarcelarle y dejarle ser juzgado por un tribunal soviético (que en 1946 condenó a Antonescu a la muerte). Tras su golpe de estado, Miguel I siguió ocupando el trono rumano por un espacio breve. Sería el único rey de Europa con un gobierno comunista (con excepción de Simeón II de Bulgaria, que sólo tenía seis años).

Sin embargo, Rumania entraría después dentro del espacio de influencia de la Unión Soviética, y por tanto Miguel I fue obligado a abdicar el trono en 1947 y a abandonar el país. El 30 de diciembre, la Asamblea Nacional proclamó la República Popular. Después de la guerra, Rumania recuperó solamente el norte de Transilvania.








jueves, 27 de agosto de 2009

Boyardo


Boyardo (en ruso y ucraniano Боярин) es el título de los nobles terratenientes eslavos, aunque se emplea sobre todo en el ámbito ruso, serbio, búlgaro y rumano (incluyendo Moldavia). Posteriormente, en Rusia se asocian a una nobleza rural que se caracterizaba por su indumentaria particular: abrigos largos hasta los pies de brocado y terciopelo, forrados de pieles, altos gorros de cibelina y largas barbas.



Desde los días del principado ucraniano de Kiev, los boyardos eran los jefes de grandes clanes familiares, que podían movilizar bajo su liderazgo a grandes masas de hombres para prestar servicios militares a los príncipes gobernantes. Pese a la decadencia de Kiev, los boyardos consiguieron mantener su influencia gracias a la conquista y explotación de las tierras fértiles de sus vecinos más débiles.




Maria Ilyinichna Miloslavskaya, Zarina consorte de todas las Rusias (1650)


Asimismo, en la etapa de expansión del principado de Moscovia, los boyardos seguían conservando su influencia política y económica, así como una casi completa autonomía, lo cual entraba en conflicto con la expansión del poderío de los mismos príncipes moscovitas, quienes teóricamente tenían a los boyardos bajo su dominio. No obstante, en el reinado de Iván IV conocido como Iván el Terrible, los boyardos fueron realmente sometidos violentamente al control político y militar de Moscú, quedando suprimida gran parte de su antigua autonomía, por cuanto que Iván el Terrible creó un poderoso cuerpo de tropas que sólo a él rendía cuentas de sus actos, la Oprichnina, debilitando así las fuerzas bélicas de cada boyardo.


El Zar Mikhail I Fyodorovich en la Duma de boyardos (1613)


El Imperio Ruso

A partir del reinado de Pedro I el Grande, a inicios del siglo XVIII, se produjo un revolucionario cambio en las costumbres e indumentaria de los boyardos, imponiéndose la costumbre occidental de los trajes europeos, el uso de peluca, afeitarse la barba, etc. También se impuso en Rusia el uso de los títulos nobiliarios europeos.

Conde Gavrila Ivanovich Golovkin (1710)



Otra modificación importante del reinado de Pedro I fue la mayor dependencia de los boyardos respecto del propio zar, de modo que su prestigio y poder (ya disminuidos en comparación a siglos pasados) no dependía sólo de su destreza militar o riqueza personal, sino de los servicios prestados al Imperio Ruso y su lealtad personal al zar. Al establecerse la Tabla de rangos por orden del soberano, toda la nobleza rusa quedó dividida en estratos muy diferenciados, siendo posible el ascenso o descenso en dicha escala mediante el desempeño en servicio del zar.


Se fijó además como deber máximo de los nobles mostrar lealtad total a su soberano; esto era más importante cuando, como producto de las reformas efectuadas Pedro I el Grande, a diferencia de los antiguos príncipes de Moscú o Kiev, sí tenía la posibilidad real de castigar severamente a cualquier boyardo reacio a sus órdenes.



Conde Pavel Andreevich Shouvalov (1801)





Príncipe Dmitriy Vladimirovich Golitsyn (1825)


La cada vez mayor dependencia de los boyardos respecto del zar causó que los nobles más ricos lograran establecerse definitivamente en la nueva capital rusa, San Petersburgo, consiguiendo así una mayor cercanía con el zar y mayores privilegios derivados de una relación estrecha con el soberano, quedando en el medio rural la mayoría de los boyardos menos adinerados.


Princesa Zinaida Nikolaievna Yussupova (1894)




Princesa Olga Orloff nacida Princesa Olga Konstantinovna Belosselsky-Belozersky (1911)

Boyardos en Bulgaria


La forma eslava del término “boyardo” –bolyarin- data del siglo X y es fundada en Bulgaria, donde puede haber surgido del antiguo título boila, que denotaba un estatus aristocrático entre los búlgaros. En el protocolo diplomático del emperador bizantino Constantino VII los nobles de Bulgaria eran llamados boliades. Un miembro de la nobleza durante el Primer Imperio de Bulgaria era llamado boila mientras que en el Segundo Imperio búlgaro el correspondiente título se había convertido en bolyar o bolyarin. Bolyar, como su predecesor boila, era un título hereditario. Los boyardos búlgaros se dividían en veliki (grande) y mali (menor).


Ivan Asen II, Zar del Segundo Imperio Búlgaro (1218-1241)

Boyardos en Valaquia y Moldavia

En la región de los Cárpatos no habitadas por rumanos, la clase de los boyardos (en rumano, boier) emergió entre los jefes de las comunidades rurales de la primera Edad Media. Inicialmente electos, más tarde hicieron hereditarias sus atribuciones administrativas y judiciales y gradualmente las expandieron a otras comunidades.

Luego de la aparición en el área de estructuras políticas más avanzadas, su privilegiado estatus tenía que ser confirmado por el poder central, el cual usaba su prerrogativa para incluir en la clase boyarda individuos que se distinguían en las funciones civiles o militares (por la asignación de sus tierras desde los dominios principescos).