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domingo, 11 de julio de 2010

Patriarcas


Un Patriarca es el obispo que preside una sede, en principio de fundación apostólica, o que preside una parte de ella que practica un determinado rito. Este título es utilizado por varias denominaciones cristianas, entre ellas las Iglesias Ortodoxas, la Iglesia Católica, las Iglesias orientales, la Iglesia Husita Checoslovaca o la Iglesia Mormónica, en la que los obispos de mayor rango han sido denominados patriarcas.

Símbolos tradicionales de San Pedro, primer patriarca de Occidente: las llaves (de los cielos y la tierra) y el gallo (su negación)

Patriarcas de la Iglesia primitiva


En los primeros años de la historia cristiana se trataba como 'padre' a todos los obispos, pero, poco a poco, fue reservándose el título de patriarca para los metropolitanos de algunas diócesis, todas ellas fundadas por uno de los apóstoles, que tenían una relevancia especial en el gobierno de la Iglesia universal. Esta denominación específica aparece en los escritos de los Padres de la Iglesia, y ya está plenamente aceptada y establecida en el Concilio de Nicea I (325), donde el tratamiento y dignidad patriarcales se reserva sólo para cuatro obispos metropolitanos. Por orden de importancia, los patriarcados originales son:

• El Patriarca de Occidente, Papa y obispo de Roma. Este obispado fue fundado por san Pedro.
• El Patriarca de Constantinopla. Este obispado fue fundado por san Andrés.
• El Patriarca de Alejandría. Este obispado fue fundado por san Marcos.
• El Patriarca de Antioquía. Este obispado fue fundado por san Pedro y san Pablo.

Trono del Patriarca de Constantinopla

En el Concilio de Constantinopla I (381) se enumeran estos cuatro patriarcados como cúspide de la organización eclesiástica y se declara que, después del Papa de Roma, el de Constantinopla «tendría primacía de honor, después del obispo de Roma, puesto que Constantinopla es la Nueva Roma», quedando este Patriarca en un rango superior sobre los antiguos Patriarcados de Alejandría y Antioquía. En ese concilio se establece definitivamente la estructura jerárquica de la Iglesia, donde el Patriarca de Occidente ocupa la cúspide de la pirámide episcopal, con derecho de intervención, auxilio, consejo y arbitraje sobre los otros patriarcados, y se hace destacar al Patriarca de Constantinopla sobre sus tres compañeros orientales, aunque sujeto al arbitraje papal.

En el concilio de Calcedonia (451) se eleva la sede jerosolomitana a Patriarcado, el Patriarcado de Jerusalén. Este obispado había sido fundado por Santiago el Menor y tenía una importancia simbólica dentro de la Iglesia. También en este Concilio se fijó la estructura piramidal de la cúpula jerárquica de la Iglesia de Oriente¬ y se reconoció una gran expansión de las fronteras del Patriarcado de Constantinopla y un consecuente aumento de su autoridad sobre los obispos de las diócesis situadas «entre los bárbaros», además de otorgarle poderes jurisdiccionales sobre sus colegas orientales.

A estos cinco patriarcas (Roma, Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén) se los ha conocido posteriormente como La Pentarquía.


Harootiun Vehabedian, Patriarca Armenio de Jerusalén, 1900


Los patriarcas orientales tras el Cisma de Oriente


A partir de 1054, tras la separación de las Iglesias latina y griega por las disputas del Patriarca de Constantinopla Miguel Cerulario con el Papa León IX, los cánones de Calcedonia para la organización eclesiástica pierden su uso original. Por una parte, el Patriarca de Occidente, con toda su feligresía, queda fuera de la organización eclesial griega, y, por otra, la pérdida de territorios a manos de los musulmanes, hacen que el peso de los patriarcados de Jerusalén, Alejandría y Antioquía sea menor, y el de Constantinopla adquiere definitivamente el gobierno efectivo de la Iglesia de Oriente, adquiriendo pleno significado el apelativo de Patriarca Ecuménico, que usó desde Calcedonia. Para completar la Pentarquía disuelta en el Cisma, primero se suma a este grupo al patriarca de Kiev, que luego será sustituido por el de Moscú.


Pavle, Arzobispo de Peć, Metropolitano de Belgrado y Karlovci y Patriarca de Serbia


Los patriarcas de las Iglesias orientales autocéfalas


Entre los siglos XI y XV, alcanzaron este rango los titulares de las Iglesias dependientes de Constantinopla que fueron declarándose disciplinarmente independientes del Patriarca Ecuménico. Actualmente, son nueve las Iglesias ortodoxas autocéfalas cuyo primer jerarca goza del rango patriarcal:

1. Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, primero en rango y dignidad.
2. Patriarcado Ortodoxo de Alejandría, segundo patriarcado en cuanto a rango.
3. Patriarcado Ortodoxo de Antioquía, tercer patriarcado en cuanto a rango.
4. Patriarcado Ortodoxo de Jerusalén, cuarto patriarcado en cuanto a rango.
5. Patriarcado de Moscú.
6. Patriarcado de Serbia.
7. Patriarcado de Rumania.
8. Patriarcado de Bulgaria.
9. Patriarcado de Georgia.

S.S. Illia II, Patriarca de la Iglesia Ortodoxa de Georgia


Patriarcas de las Iglesias no calcedonianas


A lo largo de la historia una parte de los obispados orientales sufrieron las divisiones creadas por las querellas cristológicas, partiéndose sus feligresías entre los que sostenían el credo expresado en Calcedonia y los que confesaban el credo nestoriano, el monofisita o el monotelista. Así, por ejemplo, las sedes de Echmiadzín (Armenia), Mtskheta-Tiflis (Georgia) y Seleucia-Ctesifonte -actualmente en Bagdad (Iraq)- vienen ostentando el título de Catholicós , equivalente al de Patriarca, desde el siglo IV, aunque no fueron reconocidos por el concilio de Calcedonia por no estar representadas en dicho concilio por las razones antedichas. Estas Iglesias son conocidas como Iglesias no calcedonianas y no están en comunión con el Patriarca Ecuménico de Constantinopla. Posteriormente han tenido divisiones y uniones, bien con el Patriarca Ecuménico (por ejemplo, el Katholikós de los Georgianos), bien con el Papa (por ejemplo, el Catholicós de Armenia).

Estos patriarcados «no calcedonianos» son los siguientes:

• Supremo Patriarca o Catholicós de Armenia con sede en Echmiadzín.
• Patriarca de Ctesifonte y Catholicós de todos los Asirios.
• Patriarca siríaco de Antioquía.
• Patriarca copto de Alejandría de Egipto.
• Abuna-Patriarca de Addis Abeba.
• Abuna-Patriarca de Asmara.


Religioso ortodoxo de Addis Abeba (Etiopía)


En el caso de los patriarcados copto y siríaco, estos surgieron durante el siglo VI, como consecuencia del cisma monofisita que afectó a las sedes de Alejandría y Antioquía y que dieron origen a la duplicidad de jerarquías y el nacimiento de estas iglesias nacionales contrarias a la iglesia oficial del imperio (Iglesia ortodoxa).


La sede de Addis Abeba (Etiopía) alcanza el título patriarcal en 1948, cuando la Iglesia ortodoxa copta de Alejandría reconoce su autocefalia. Igualmente, la sede de Asmara en Eritrea pasa a ser patriarcal en 1993, tras la segregación de esta nación de Etiopía y el reconocimiento por parte del Abuna etíope de la autocefalia de la Iglesia de Eritrea.


Patriarcas de la Iglesia Católica

En la actualidad, la Iglesia católica tiene dos clases de patriarcas: reales y nominales. Entre los primeros se reconocen algunas sedes orientales, alrededor de las cuales se organiza un determinado rito, y tres patriarcados latinos:
  • Los Patriarcados de Lisboa, Venecia y Jerusalén, de rito latino.

Los de los ritos orientales son:

  • El Patriarca de Alejandría para los coptos.

  • Tres Patriarcas de Antioquía, para los maronitas, los melquitas y los sirios.

  • El Patriarca de Babilonia para los caldeos.

  • El Patriarca de Cilicia para los armenios.
Además de las eparquías y/o Archieparquías sufragáneas de los patriarcados, existen 5 territorios dependientes de Patriarcas:
  • Del Patriarca de Antioquía de los melquitas, el Territorio Dependiente de Egipto y Sudán, en Egipto y Sudán, y el de Jerusalén, en Palestina.

  • Del Patriarca de Antioquía de los sirios, el Territorio Dependiente de Sudán, en Sudán.

  • Del Patriarca de Babilonia, el Territorio Dependiente de Jerusalén, en Israel, y el de Jordania, en Jordania.
Giuseppe Melchiore Sarto, Patriarca de Venecia y futuro Pío X


Los Patriarcas orientales son elegidos por los obispos de sus respectivos ritos, con la aprobación del Papa, quien les entrega el palio simbólico de su dignidad. Es de destacar que el papa Benedicto XVI no ha adoptado el título de «Patriarca de Occidente», como prueba de la voluntad de acercamiento a la Iglesia ortodoxa.

Por otra parte, en la Iglesia de rito latino se extendió también la costumbre de llamar patriarcado a las sedes cuya fundación se debiera a uno de los apóstoles o evangelistas. Por ejemplo, en Italia se le trata de Patriarca al arzobispo de Venecia (sede fundada por san Marcos) y en Portugal al arzobispo de Lisboa (dignidad otorgada en el siglo XVIII); ambos títulos son meramente nominales y sin ningún poder juridiccional en sus respectivas naciones.

Tras el descubrimiento de América se establecieron los dos últimos patriarcados, en este caso, nominales ya que son nombrados por el Papa y no tienen ningún poder real de jurisdicción patriarcal sobre las Iglesias americanas o asiáticas, como sí lo tienen los primeros:

• El Patriarcado de las Indias Orientales, asociado al obispado de Goa
• El Patriarcado de las Indias Occidentales, asociado primero al arzobispado de Santiago de Cuba, luego al de Santo Domingo, posteriormente al Capellán del Rey de España, luego al Primado de España y, tras una breve asociación al obispado de Madrid (sólo le fue concedida esta dignidad a don Leopoldo Eijo y Garay), al arzobispo general castrense del Ejército español (esta dignidad patriarcal es, pues discrecional, y el Papa la otorga al obispo correspondiente cuando lo considera. Actualmente está vacante).

Emblema del Patriarcado de Babilonia de los Caldeos

lunes, 11 de enero de 2010

Casa de Anjou-Valois


Títulos: Conde de Anjou, Conde de Provenza, Rey de Sicilia, Rey de Nápoles, Rey de Hungría, Rey de Polonia, Emperador de Constantinopla, Déspota de Epiro, Rey de Albania, Príncipe de Acaya

Historia

En 1203 Felipe II de Francia conquistó los territorios del rey inglés (entonces Juan I) en Francia, entre ellos el condado de Anjou, que pasó al patrimonio de la Corona. En 1246 Luis IX de Francia –San Luis- concedió los condados de Anjou y Maine a su hermano Carlos, que se convirtió en el fundador de la Segunda Casa de Anjou. Nombrado por la Santa Sede defensor de la Iglesia en Italia, fue coronado rey de Sicilia en San Juan de Letrán, en 1265.


Con los nietos de Carlos, la dinastía se dividió en varias ramas, cuyas posesiones y alianzas se extendieron rápidamente por Europa y tuvieron gran influencia durante la Edad Media hasta su extinción en 1434, llegando a gobernar no sólo Sicilia, sino también Nápoles, Hungría y Polonia. Incluía las ramas de Anjou-Sicilia, que reinó en Nápoles (1282- 1382), Anjou-Hungría, que gobernó Hungría (1308–1385, 1386–1395) y Polonia (1370–1399), Anjou-Tarento, que reinó sobre los remanentes del Imperio Latino (1313–1374) y Anjou-Durazzo, que gobernó en Nápoles (1382–1435) y Hungría (1385–1386).

El Condado de Anjou fue la dote de Margarita de Anjou y Maine, hija de Carlos II de Nápoles. Así, pasó a su marido Carlos de Valois. Al morir Carlos, el título pasó a su hijo Felipe, que se convertiría en Felipe VI de Francia. El condado volvía así, de nuevo, al patrimonio de la Corona.


Felipe VI, rey de Francia (1293-1350)

En 1356 Juan II de Francia concedió los condados de Anjou y Maine a su hijo Luis, que se convirtió en el fundador de la Tercera Casa de Anjou. En 1360 Anjou fue elevado a Ducado. Juana I de Nápoles adoptó a Luis para dejarle sus posesiones, pero a la muerte de la reina, Luis tuvo que luchar contra el otro pretendiente, Carlos (perteneciente a la rama Anjou-Durazzo), quien tras la muerte de Luis en 1384 pudo reinar efectivamente. Desde entonces, los descendientes de Luis fueron sólo Reyes titulares, excepto el breve reinado de Renato I.


La línea Anjou-Durazzo obtuvo el control de Nápoles pero la Casa de Anjou-Valois controlaba la segura Provenza y continuó peleando por el trono napolitano (Luis II gobernó Nápoles entre 1389 y 1399). La extinción de los Anjou-Durazzo en 1435 aseguró temporalmente el dominio de Nápoles a la línea mayor, pero fueron expulsados de allí por Alfonso V de Aragón en 1442. René de Anjou, el último duque de esta tercera línea angevina, murió en 1480, y Anjou revirtió a la corona francesa. Con la muerte de su sobrino el Duque de Maine en 1481, todas las posesiones angevinas, incluyendo Provenza, se fusionaron a la corona.


Luis II de Anjou, rey de Nápoles (1377-1417)

Reyes de Nápoles (Rama de Anjou-Sicilia)

En 1265 el papa Clemente IV concedió a Carlos de Anjou el Reino de Sicilia (y Nápoles), cuya corona ostentaban los Hohenstaufen, enemigos del papa por las luchas entre güelfos y gibelinos. El 26 de febrero de 1266, en la batalla de Benevento, el rey Manfredo de Hohenstaufen fue derrotado y muerto. Tras la batalla Carlos fue coronado rey de Sicilia. En 1282, ante la rebelión de los sicilianos, Anjou fue expulsado y Pedro III de Aragón fue coronado rey. Desde entonces, Carlos y sus descendientes sólo reinaron sobre Sicilia citerior (Nápoles). Sus títulos eran rey de Nápoles, de Sicilia y de Jerusalén, duque de las Pouilles, príncipe de Salerno, de Capua y de Tarento.

  • Carlos I (1282 - 1285)
  • Carlos II (1285 - 1309)
  • Roberto I (1309 - 1343)
  • Juana I (1343 - 1382). Su muerte provoca una guerra de sucesión entre su primo Carlos de Anjou-Durazzo y su hijo adoptivo Luis (perteneciente a la Tercera Casa de Anjou). Tras la muerte de Luis en 1384, Carlos se proclama Rey. Mientras, los descendientes de Luis se convierten en reyes titulares.
Blasones de Anjou-Sicilia-Jerusalén

Reyes titulares de Nápoles
  • Luis I (1382 - 1384)
  • Luis II (1384 - 1417)
  • Luis III (1417 - 1434)
  • Renato I (1434 - 1442)
  • Renato I (1435 - 1442)
  • Renato I (1442 - 1480)
  • Carlos IV (1480 - 1481). Muerto sin descendencia, los títulos pasan nuevamente al patrimonio de la Corona francesa.

Rama Anjou-Durazzo

La rama Anjou-Durazzo reinó sobre Nápoles tras la guerra de sucesión. Su fundador fue Juan I de Anjou, duque de Durazzo, hijo de Carlos II de Nápoles. Su nieto Carlos se convirtió en rey de Nápoles tras la muerte de Juana I.
  • Carlos III (II de Hungría) (1382 - 1386). Rey efectivo desde 1384
  • Ladislao I (1386 - 1414)
  • Juana II (1414 - 1435)
  • Juana II murió sin herederos, acabando con ella la rama Anjou-Durazzo. Nombró heredero a Renato (I) de Anjou, nieto del pretendiente Luis (I) y, por lo tanto, miembro de la Tercera Casa de Anjou.
Carlos de Anjou, III de Nápoles y I de Hungría (1345-1386)

Reyes de Hungría (Rama Anjou-Hungría)

Tras la muerte sin descendencia de Ladislao IV de Hungría en 1290, dos hombres se disputaron el trono: Andrés Árpád (tío segundo del rey) y Carlos Martel de Anjou (hijo de Carlos II de Nápoles y María de Hungría, hermana de Ladislao). Andrés se convirtió finalmente en rey, pero su muerte sin descendencia provocó que la corona recayese en Carlos Roberto, hijo de Carlos Martel de Anjou.

  • Carlos Martel (pretendiente)
  • Carlos I Roberto (1308 - 1342)
  • Luis I (I de Polonia) (1342 - 1382)
  • María I (1382 - 1385). Carlos III de Nápoles, de la rama Anjou-Durazzo, se proclama rey de Hungría en 1385, como pariente varón más cercano a Luis I. Es asesinado en 1386 por los partidarios de María I.
  • María I (1386 - 1395)
María, reina de Hungría, con su madre Elizabeth (de Bosnia), Reina Viuda de Hungría y Polonia, en cautividad (1386)

Reyes de Polonia

Tras la muerte sin descendencia de Casimiro III de Polonia en 1370, el trono es heredado por Luis I de Hungría.
  • Luis I (I de Hungría) (1370 - 1382)
  • Eduviges I (1382 - 1399)

Emperadores titulares del Imperio Latino (Rama Anjou-Tarento)

En 1313 Felipe de Anjou, príncipe de Tarento e hijo de Carlos II de Nápoles, se casó con Catalina de Valois-Courtenay, emperatriz titular del Imperio Latino.
  • Felipe I de Tarento (1313 - 1332), junto a su esposa Catalina (1308 – 1346)
  • Roberto de Tarento (1346 - 1364)
  • Felipe II de Tarento (1364 - 1373)
  • Jaime de Baux (1373 - 1383). Por ser hijo de Francisco de Baux, no pertenece directamente a la Casa de Anjou, pero fue sobrino de Roberto y Felipe II de Tarento. Tras su muerte, el título pasa a Luis de Anjou, pretendiente al trono de Nápoles y miembro de la Tercera Casa de Anjou, aunque ni él ni sus descendientes llegaron a usarlo.

Santa Sofía de Constantinopla, lugar de coronación de los emperadores del Imperio Latino (1910)

La rama principal de Anjou-Sicilia se extinguió en línea masculina con la muerte del rey Ladislao de Nápoles en 1414 y totalmente extinta con su hermana Juana II de Nápoles en 1434. Fabulosamente fecunda y activa, llegaría a totalizar, en toda su duración, 299 coronas soberanas y 12 beatificaciones.

martes, 22 de septiembre de 2009

Los Reyes bíblicos


Las monarquías en el reino de Israel se extienden aproximadamente desde el -1050 hasta el -920 a. C.

Después de 200 años de un éxito relativo en cuanto al asentamiento en la tierra de Israel, los hebreos se unieron para formar un único estado bajo una sola monarquía. Durante los primeros siglos, en esa zona, los hebreos eran regidos en forma esparcida por “jueces” quienes parecían ejercer un limitado control judicial, legislativo y aún militar sobre las tribus hebreas que debían ser independientes.

Por momentos, numerosos “enviados” liderarían a algunas tribus en contra de los agresores u opresores no hebreos, y luego se desvanecerían en la historia. Aún así, las tribus enfrentaban constantemente las amenazas de invasión y opresión, y todavía no estaban certeras en cuanto a su fe en un solo Dios (Adonai).


Saúl

Los hebreos, de todas maneras, comenzaron a requerir soluciones más permanentes para sus problemas políticos y militares. Observando los modelos monárquicos de Egipto y la Mesopotamia, particularmente entre sus vecinos, los cananeos, filisteos, moabitas y amonitas, las tribus hebreas comenzaron a demandar un rey.


Tal como se halla relatado en los libros I Samuel y II Samuel, los hebreos solicitaron a Samuel, el juez y profeta de Israel, un rey. El relato deja en claro que tanto Samuel como Yahvé consideraron esta actitud como desobediencia; según Samuel el pueblo hebreo sufriría graves consecuencias por esta desobediencia. Sin embargo, Yahvé, así como sucedió con Moisés y otros “enviados” en la historia hebrea, seleccionó un rey para los hebreos. Samuel formalmente lo ungió como tal, con aceite, para simbolizar su elección como monarca. Se trataba de Saúl, que según la historia hebrea fue elegido por aclamación popular del pueblo.



Aparentemente fue elegido por su altura y bella apariencia, pero pronto probó ser ineficaz. Saúl constituía alguien fuera de lo común para Cercano Oriente ya que parece haber sido un líder militar. No hay registros de su ejercicio de poder monárquico fuera del ámbito militar. Los hebreos, después de todo y para esa época todavía eran un pueblo tribal, de tal forma que la transición hacia la monarquía fue lenta.

Saúl no era un monarca rico, los registros de su reinado demuestran que no era más rico que otros líderes tribales. La historia hebrea de Saúl enfatiza su desobediencia porque repetidamente falla en cumplir las instrucciones de Yahvé, inspiradas en Samuel. Entonces surge otro líder, David.

Saúl y David


Aparentemente, Saúl reinó solamente dos años. A partir de él la monarquía es tomada como un desarrollo negativo en la historia hebrea, y esto resulta asombroso considerando que los recuentos históricos fueron escritos después de siglos de las monarquías hebreas y judías. Desde el punto de vista religioso, representa la negativa hebrea a ser regidos por Dios en favor de un regidor humano.


David

Aún antes de que Saúl hubiera sido designado como Rey, Yahvé elige otro candidato en función de la desobediencia de Saúl: David. Muy desconfiado, Saúl intenta matar varias veces al joven David, pero éste huye hacia las colinas. Cuando Saúl se mata, David retorna y se erige en Rey. Los relatos de su reinado son muy ambivalentes. David es claramente un héroe durante el reinado de Saúl, pero su carácter cambia con el ejercicio del poder hasta que comete el crimen mayor, mucho peor que cualquier otro delito que hubiera cometido Saúl: manda a matar a un hombre para casarse con su mujer.




El juicio a David parece ser ambivalente, otra vez, pero sus éxitos en 40 años de reinado son innegables. Después de siglos de perder en batallas, los hebreos finalmente derrotan a los filisteos bajo un brillante liderazgo militar de David. Sus campañas militares transformaron al nuevo reino hebreo en un Imperio hebreo. Un imperio es un estado que rige varios estados semi-independientes. Estos estados independientes nunca se integraron completamente en el estado mayor, pero bajo la amenaza de retaliación militar, enviaban su tributo y labor al rey del Imperio.


Mucho más importante es el hecho de que David unifica las tribus de Israel bajo una monarquía absoluta. Un gobierno monárquico requiere mucho más que campañas militares, también requiere obras públicas, legislación, judiciales, etc.



David tañendo su arpa


También reconstruyó Jerusalén como una capital rica, grande y opulenta. Un gobierno central, un ejército en armas y mucho dinero no vienen solos; los hebreos pronto se hallaron pagando pesados impuestos –por primera vez desde su salida de Egipto.


Salomón


Fue el tercer y último rey de un estado hebreo unido. Transformó a la monarquía hebrea en algo comparable a las monarquías opulentas del Medio Oriente y Egipto. El relato hebreo muestra un sabio rey, aunque este retrato no es del todo positivo y algunos aspectos perturbadores emergen claramente.





Salomón deseaba ser Rey según el modelo de los reyes de la Mesopotamia. Construyó una extremadamente rica y opulenta capital en Jerusalén con un palacio magnífico y un enorme templo junto al palacio (el Templo). Tomó 700 esposas y más de 300 concubinas, la mayoría de las cuales no eran hebreas (en el Libro de Jueces, Dios le prohíbe a todo hombre hebreo casarse con no-hebreas).



Toda esta infraestructura y riqueza requería de bienes importados: oro, cobre y cedros que no podían hallarse en Israel. Salomón impuso altísimos impuestos a su pueblo, y aquello que no podía pagar a través de los impuestos, lo pagaba con tierras (y la gente en ellas). Entregó 20 ciudades a poderes extranjeros, y a los fenicios les pagó con trabajo de esclavos: cada tres meses, 30 mil hebreos debían efectuar trabajos esclavizantes para el rey de Tiro. Esto, parecería ser lo que el profeta Samuel expresó cuando dijo que el pueblo sufriría mucho por tener un rey.



Salomón y la Reina de Saba


Sufriendo bajo la opresión de Salomón, los hebreos estaban muy descontentos y enardecidos, de tal forma que a la muerte de Salomón (circa -926) las diez tribus del norte hicieron una revolución. Negándose a ser regidos por el hijo de Salomón, Rejoboam, estas tribus establecieron su propio reinado.

El gran imperio de David y Salomón nunca más volvería a ser visto; en su lugar quedaron dos pequeños reinos que perdieron todos los territorios conquistados por David, hasta 100 años después de la muerte de Salomón.