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miércoles, 29 de diciembre de 2010

La herencia de las princesas de Europa

Las princesas herederas de los tronos de Europa, ya sea por nacimiento (como Victoria de Suecia) o por matrimonio (Letizia de España, Máxima de Holanda, Mette-Marit de Noruega, Mary de Dinamarca), reciben un patrimonio en joyas que ha permanecido en las familias reales luego de varias generaciones. Este es un ejemplo de excepcionales piezas que lucen hoy en banquetes de Estado y bodas de la realeza.


La Tiara Prusiana de la Princesa de Asturias

La joya pertenecía a Victoria Luisa de Prusia, abuela materna de la Reina Doña Sofía (nacida princesa greco-alemana), quien la había recibido de su padre, el Káiser Guillermo II, por su boda con Augusto II de Hannover en 1913. Guillermo II daba a su hija las magníficas joyas que en su día Prusia arrebató a la Casa Real de Hannover, alhajas que volvían así a sus legítimos propietarios. Victoria Luisa se la regaló a su única hija, Federica, cuando contrajo matrimonio en 1937 con el entonces príncipe Pablo de Grecia. Con ella posó en su fotografía oficial del enlace.


La Tiara Prusiana (o Helénica)





La Reina Federica se la regalaría a su hija, la princesa Sofía, cuando se casó con Juan Carlos de España en 1962, aunque anteriormente ya la había lucido en su puesta de largo o en algún viaje oficial que realizó acompañando a sus padres. Es quizá por ello una pieza muy querida para la princesa Sofía, que la lució siendo Princesa de Asturias y luego como Princesa de España, en múltiples ocasiones. Sin embargo, ninguna de las infantas la eligió para usarla en sus bodas, sólo Doña Letizia Ortiz lo hizo cuando desposó al Príncipe de Asturias en 2004, elección probablemente influida por el valor familiar de la pieza, también por su ligereza y aire clásico, tan conveniente al estilo de su atuendo nupcial.


La reina Sofía


La Infanta Elena


Es una tiara estilo neoclásico en línea griega que resembla la columna del Partenón y las hojas de laurel. Está confeccionada en platino y diamantes y lleva un brillante central en forma de pera. En varias ocasiones se ha dicho de ella, erróneamente, que es de factura helénica. Nada tenía que ver con Grecia cuando fue confeccionada, aunque su historia la acercaría a aquel país.


La Princesa de Asturias

El Bandeau de Diamantes de Máxima de Holanda

Esta tiara consiste en veintisiete grandes diamantes en forma de rosa situados en un marco de platino brillante. Los diamantes fueron tomados del rivière de treinta y cuatro diamantes que formaba parte del regalo de bodas de la Reina Emma. El ajuste de la tiara fue hecho probablemente para la Princesa Juliana, pues fue vista por primera vez con ella en 1937, cuando usó el aderezo completo: el collar como un bandeau junto con el impresionante adorno de corsage, en lo que era un claro homenaje a su abuela. Quizá haya recibido este conjunto de la Reina Emma como presente de bodas de su madre.



El bandeau de diamantes


La reina Emma con su aderezo regalo de boda (en el corsage del vestido se aprecian los diamantes que dieron origen al bandeau)


La Reina Guillermina llevó el simple pero impresionante bandeau en su ceremonia de coronación en 1898 y para su boda en 1901, así como en la última sesión de su retrato oficial en 1948. La Reina Juliana, por el contrario, usó la tiara de diamantes muchas veces y en la mayoría de los casos con un set de aretes hecho de grandes diamantes de talla antigua. Probablemente también tomados del collar original.


La reina Guillermina


La reina Juliana


La Reina Beatriz comenzó a usar esta tiara en años recientes. Sin embargo, su hermana, la Princesa Margriet, la ha usado en varias ocasiones. Incluso la Princesa Cristina, hermana menor de la reina y conocida por no usar muchas joyas, ha llevado esta pieza. Hoy en día es la Princesa Máxima, consorte del Príncipe Heredero Guillermo, quien usa frecuentemente esta sencilla pero impresionante joya de puros diamantes.


La reina Beatriz


La Princesa de Orange

La Tiara de Camafeos de la Princesa Heredera de Suecia

Josefina de Leuchtenberg llevó consigo una gran colección de joyas cuando se convirtió en consorte del rey de Suecia, Oscar II, en 1823. Una de las más originales es el aderezo de camafeos que perteneció a su abuela, la emperatriz de los Franceses, Josefina de Beauharnais, del que la estrella es la tiara.



El color de esta joya histórica es muy especial; es blanca, en una combinación de perlas, oro y camafeos que representan figuras mitológicas. El uso de figuras de la Antigua Grecia o Roma, incluso de la mitología, era muy común en la época napoleónica para los tocados femeninos. En total la diadema despliega siete camafeos: en el centro se halla la coronación del amor (madre e hijo), donde los retratos de un hombre y una mujer acostumbraban ponerse para ser vistos. En la parte trasera los camafeos son intercambiados con una diosa que tiene un querubín en su regazo (cuidador) y un hombre con un bastón (guarda). El aderezo se completa con un collar, aretes y broche.

Josefina de Leuchtenberg, Reina consorte de Suecia


Fue heredado por el príncipe Eugenio Napoleón de Suecia y Noruega, hijo del rey Oscar II y Sofía de Nassau, quien se lo regaló a la princesa Sybilla de Sajonia-Coburgo-Gotha el día de su boda con su sobrino el príncipe Gustavo-Adolfo de Suecia, padres del actual rey Carlos XVI Gustavo. La princesa Ingrid (hija de Gustavo VI Adolfo de Suecia y Margarita de Connaught), antes de casarse con el rey Federico IX de Dinamarca, también la utilizó.



La Princesa Heredera Margarita


La Princesa Sybilla


La Princesa Heredera Ingrid

Cuando la princesa Birgitta, hermana de Carlos Gustavo, escogió la tiara de los camafeos como diadema nupcial al contraer matrimonio con el príncipe Juan Jorge de Hohenzollern en 1961, comenzó una nueva tradición entre las novias de la dinastía Bernadotte. Desde ese momento, esta joya tan original ha sido llevada por la princesa Desirée (para su boda en 1964) y por Silvia Sommerlath, cuando se casó con el rey Carlos Gustavo en 1976.


La Princesa Birgitta (1961)


La Princesa Desirée (1964)


Silvia Sommerlath (1976)


Además, solo la reina Silvia la usa y es una de sus favoritas para ser llevada en ocasiones especiales, tales como la cena anual del Premio Nobel. En la cámara del tesoro de la Fundación Bernadotte, esta joya descansa en una vitrina. La última vez que fue utilizada ocurrió en 2010: la pieza, ideal como ornamento nupcial, fue elegida como tocado por la Princesa Heredera Victoria para su boda con Daniel Westling, el último acontecimiento de este tipo que tuvo lugar en la vieja Europa de las monarquías.


La Reina consorte Silvia

La Princesa Heredera Victoria


La Tiara de rubíes de Dinamarca

La excepcional diadema que pertenece a la Casa Real de Dinamarca tiene 32 hojas de arce de diamantes montadas en oro blanco y plata. Cada hoja tiene 22 diamantes de 0,25 quilates. Hay además 50 rubíes engastados en oro amarillo que forman bayas y penden de ramas de oro. El peso total de los diamantes es de 7,50 quilates.



Esta tiara es parte de un aderezo de rubíes (tiara, collar, pendientes, pulsera, broche). La pieza le fue obsequiada originalmente a Désirée Clary por su ex-prometido, el emperador Napoleón, al momento de su matrimonio con Jean-Baptiste Bernadotte, quien se convirtió en el rey Carlos XIV Juan de Suecia. Tras la muerte de la reina Désirée en 1860, el aderezo de rubíes pasó a su bisnieta, la princesa Luisa de Suecia, quien se convirtió en la reina consorte de Dinamarca.



El aderezo de rubíes ha pasado automáticamente de una reina consorte a una princesa heredera al contraer matrimonio con el príncipe heredero de Dinamarca: de la reina Luisa a la princesa heredera Alejandrina, de la reina Alejandrina a la princesa heredera Ingrid, de la reina Ingrid a la princesa heredera Mary (Donaldson).

La reina Alejandrina, sólo con la tiara usada al estilo bandeau


La princesa Ingrid modificó la tiara (como se vio en marzo de 1948) mediante la adición de broches para darle un aspecto más grandioso, que es su forma actual. A la muerte de la reina Ingrid, en 2000, el aderezo de rubíes pasó a su nieto, el príncipe heredero Frederik, para ser usado por su futura esposa.


Ingrid de Suecia, reina consorte de Dinamarca, con parte de la tiara usada como broche


La Reina consorte Ingrid con el aderezo completo

El conjunto reapareció en 2004 cuando Mary Donaldson, la futura princesa heredera de Dinamarca, lo llevó en dos eventos previos a la boda: el 11 de mayo, durante una cena en el Palacio de Christiansborg en honor a la pareja de novios, y el 13 de mayo, para una velada en el Teatro Real. La princesa heredera Mary ha llevado esta diadema durante las tres galas de Año Nuevo en la corte danesa: en 2006, 2007 y 2008.


La Princesa Heredera Mary, con el aderezo completo


lunes, 7 de septiembre de 2009

OBITUARIO: las últimas Reinas Madres del siglo XX


Para el comienzo del segundo milenio, en la vieja Europa de las monarquías vivían cuatro reinas madres: Elizabeth de Inglaterra, Juliana de los Países Bajos, Ingrid de Dinamarca y Juana de Bulgaria (María de las Mercedes de Borbón, aunque madre de rey -Juan Carlos de España-, no era reina madre porque su esposo, Don Juan, nunca fue soberano).

Pero en el año 2000 fallecieron la madre de Simeón de Bulgaria a los 90 años y la madre de Margarita de Dinamarca a la misma edad. Las dos restantes, aunque de avanzadísima edad (la Reina Madre de Inglaterra cumplió 100 años en agosto de ese año y la Reina Madre de Holanda, 90 en marzo) parecían gozar, no de buena salud, sino de envidiable salud teniendo en cuenta lo que ya habían vivido.

Sin embargo, pronto las dos venerables damas, últimas reinas madres del siglo XX, decidieron decir adiós: a fines de marzo de 2002 lo hizo la abuela de los ingleses, ya con 102 años, a quien cariñosamente llamaban “Queen Mum” y, curiosamente, en el mismo mes, pero dos años más tarde, la última soberana que supo abdicar, la abuela de los Países Bajos, con 94 años de edad.


La Reina Madre de Bulgaria

Nacida Juana de Saboya el 13 de noviembre de 1907, pocas mujeres han tenido un entronque más real que la soberana desaparecida: hija del rey de Italia Víctor Manuel III, hermana del sucesor Humberto II, cuñada del rey Leopoldo III de Bélgica, tía de los reyes Balduino y Alberto de los Belgas y de Josefina Carlota de Luxemburgo. Y ella misma, reina durante 16 años por su matrimonio con el rey Boris III de Bulgaria. De este matrimonio nacieron dos hijos, María Luisa el 13 de enero de 1933 y Simeón el 16 de junio de 1937.

En el reinado de Boris y Juana y entre las dos guerras mundiales, Bulgaria conoció un periodo de paz durante el cual el soberano procuró desarrollar la vida económica del país. Al estallar la II Guerra Mundial, Boris III dedicó todo su esfuerzo a escapar de la presión alemana, pero falleció el 28 de agosto de 1943 después de una violenta entrevista con Hitler, sin conseguirlo.

Le sucede su hijo, de seis años, con el nombre de Simeón II. Al finalizar la guerra, en 1945, Bulgaria fue ocupada por las tropas soviéticas y un Gobierno comunista se instaló en el país, aboliendo la monarquía en septiembre de 1946 y proclamando la república. La familia real marcha al exilio. La reina Juana y sus hijos recalan primero en Alejandría (Egipto), por invitación del rey Faruk, y más tarde en España. Fijaron su residencia definitiva en Madrid, donde el joven rey completó su formación bajo la dirección de su madre.

Cuando el 21 de enero de 1962 Simeón contrae matrimonio con Margarita Gómez-Acebo, la reina Juana se va la localidad portuguesa de Estoril para vivir en Villa Iantra (nombre de un importante río búlgaro), que sería su última morada.

Juana de Saboya, reina madre de Bulgaria en el exilio, nació el 13 de noviembre de 1907 y falleció el 26 de febrero de 2000.


La Reina Madre de los daneses

La Corte Real de Dinamarca anunció en noviembre de 2000 que la Reina Madre Ingrid había fallecido en el castillo de Fredensborg, a 45 kilómetros de Copenhague, y no en el hospital de Hilleroed, donde había permanecido últimamente. Se cumplía así su deseo de morir en su propia casa.

Ingrid de Dinamarca, que nació en Estocolmo (Suecia), era la tercera hija del Rey Gustavo IV Adolfo de Suecia y de su primera esposa, la princesa británica Margarita, nieta de la Reina Victoria de Inglaterra. Contrajo matrimonio el 24 de mayo de 1935 con el príncipe heredero Federico de Dinamarca.

Los daneses son un pueblo del norte que se siente orgulloso de tener una reina en lugar de un rey. Ocurre por primera vez en la historia milenaria del reino. Una dinastía ininterrumpida desde que el Rey Harald la fundara hace más de 1.000 años. Con 50 reyes y dos reinas, es todo un récord mundial. Pero el que hoy Dinamarca tenga una mujer como jefa de Estado y soberana se debe a la Reina Ingrid, que dio a luz el 16 de abril de 1940 a una niña, Margarita. Los dos hijos habidos después también eran niñas: Benedicta, nacida el 29 de abril de 1944, y Ana María, el 30 de agosto de 1946.

A la fallecida Reina Ingrid se le atribuía, como a la Reina Federica de Grecia, artes celestinescas para casar a sus tres hijas, aunque la más pequeña, que se convertiría en reina niña al casarse cuando aún no había cumplido 18 años con el Rey Constantino de Grecia, perdió el trono al ser derrocado su esposo por un golpe militar.

El 14 de enero de 1972 fallecía el Rey Federico IX. Como consecuencia de ello, Ingrid se convertía en reina viuda. Pero 24 horas después, concretamente el día 15, el entonces jefe de Gobierno, Jens Otto Krag, proclamaba a la princesa heredera Margarita, de 31 años, Reina de Dinamarca. En ese preciso momento, Ingrid se convertía en la Reina Madre que ha sido, hasta su muerte, a los 90 años.

Ingrid, nacida Bernadotte, Reina Madre de Dinamarca, nació el 28 de marzo de 1910 y falleció el 7 de noviembre de 2000.


La Reina Madre de Gran Bretaña

La resistencia física de la Queen Mum era vista por los británicos como una señal de la fortaleza espiritual de la mujer que les alentó durante algunos de los momentos más difíciles de su Historia.
Nacida en Hertfordshire el 4 de agosto de 1900, la Honorable Isabel Angela Margarita Bowes-Lyon, tuvo una infancia feliz en el seno de una familia muy numerosa, ya que eran ocho hermanos. Tenía 14 años cuando estalla la primera gran guerra europea. El castillo familiar se convierte en un hospital para soldados convalecientes y aunque ella era todavía una niña, se dedica por entero a colaborar en el restablecimiento de los heridos.

El 15 de enero de 1923, la Casa de Su Graciosa Majestad británica hacía público el compromiso de su hijo Alberto Federico Arturo Jorge con Isabel. Ambos se habían conocido tres años antes y se habían enamorado. La ceremonia nupcial fue la primera de un hijo de rey que se celebraba en la Abadía de Westminster desde 1382, cuando Ricardo II se casara con Ana de Bohemia. A pesar de ello, la joven nunca creyó que sería, un día, la reina de Inglaterra. Ni tan siquiera cuando el 20 de enero de 1936, falleció su suegro, el rey Jorge V, y accedió al trono el popular príncipe de Gales con el nombre de Eduardo VIII.

Cuando a fines de ese año fatídico el rey abdicó para casarse con una norteamericana dos veces divorciada, Bertie se convirtió en lo que nunca quiso ser: el rey Jorge VI. Isabel jamás perdonó a su cuñado la carga que echaba sobre los hombros de su marido, enfermo él. Siempre creyó que había contribuido a su temprana muerte. Y odió tanto a Wallis Simpson que siempre se negó a que le concedieran el tratamiento de Alteza Real por creer que había causado una quiebra irreparable en la monarquía.

Los años de la Guerra Mundial, pusieron a prueba el papel decisivo que Isabel tuvo para que la monarquía conquistase el respeto y la admiración de la nación. El propio Winston Churchill reconoció públicamente el esfuerzo de la reina Isabel en estos años de sufrimiento. Sólo tenía 55 años cuando, el 6 de febrero de 1952, una trombosis coronaria acababa con la frágil salud de su esposo, por lo que su hija se convertía en reina reinante y ella en reina madre.
Aunque parecía ser tan solo una figura decorativa, muchos ignoraban la influencia que sus consejos tenían para su hija, Isabel II, que acudía a su madre cada vez que se encontraba ante un problema que la desbordaba. Su otra hija, Margarita, que tantos dolores de cabeza le trajo durante su vida, murió en febrero de 2002 y ella no sólo recibió la noticia con la entereza de una reina, sino que decidió asistir a los funerales de corpore insepulto en el castillo de Windsor, escenario donde el destino quiso que también le sorprendiera la muerte.

Mirando atrás se descubre que fue más tiempo viuda que esposa. Más tiempo reina madre que reina. Pero los británicos están convencidos de que ella era la principal razón por la que Gran Bretaña continuara siendo una monarquía.

Isabel Angela Margarita Bowes Lyon, reina madre del Reino Unido y de la Commonwealth, nació el 4 de agosto de 1900 y murió el 30 de marzo de 2002.

La Reina Madre de los Países Bajos

Un comunicado del gobierno de los Países Bajos, que no de la Casa Real, informaba en 2004 de la muerte, en el Palacio de Soestdijk, en La Haya, de Juliana, madre de la reina Beatriz, a los 94 años de edad y a causa de una pulmonía.

La última de las reinas madres del siglo no sólo había abdicado en su hija Beatriz el 30 de abril de 1980, sino que había renunciado al privilegio de ser llamada oficialmente Reina Madre, título que, por derecho, le correspondía. Juliana aceptó ser llamada princesa de Holanda pero, hace unos años, también se negó a este tratamiento. Quiso ser sólo Juliana de los Países Bajos.

La princesa Guillermina de Orange-Nassau, fallecidos sus hermanos Guillermo y Alejandro, inauguró la serie de reinas soberanas de Holanda. Tras varias maternidades interrumpidas dio a luz en 1909 una niña que recibe los nombres de Juliana Luisa Emma María Guillermina. Hija única de la reina de hierro, como llamaban a Guillermina, y del príncipe consorte Wladimir Albrecht, duque de Mecklemburgo, Juliana recibió una severa educación dentro del más puro calvinismo.

Cuando aún no había cumplido 27 años, la princesa heredera se dispuso a contraer matrimonio. Aún a sabiendas de que casarse con alemanes, enemigos históricos de Holanda, les solía acarrear problemas, tres soberanas consecutivas lo hicieron con súbditos germanos. Juliana lo hizo con el príncipe Bernardo de Lippe-Biesterfeld, como años después su hija, Beatriz, la actual reina reinante lo haría, el 10 de marzo de 1966, con otro alemán, el diplomático Klaus von Amsberg, recientemente fallecido.

Guillermina abdicó en su hija el 4 de septiembre de 1948. Sólo dos días después, el 6, Juliana era coronada reina de Holanda. La mayor ilusión de Juliana, al casarse con Bernardo, era dar un heredero varón al trono de los Países Bajos. Cuatro veces lo intentó. Pero, en los cuatro partos pudo oírsele exclamar: «¡Otra niña!», porque cuatro fueron las hijas de Juliana: Beatriz, Irene, Margarita y Cristina.

El mismo día que cumplía 71 años, el 30 de abril de 1980, Juliana abdicaba en su hija Beatriz, que cumplía 42. Juliana había sido reina 32 años y vivió 24 más como la más leal súbdita de su hija, la Reina Beatriz. Su marido, el esposo infiel, aún le sobrevive.

Juliana Luisa Emma María Guillermina de Orange-Nassau, reina madre de Holanda, nació el 30 de abril de 1909 y falleció el 20 de marzo de 2004.