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sábado, 28 de mayo de 2011

Dos veces duquesa: Sofía Troubetzkoy


Sofía Sergeïevna Troubetzkoy (1838 - 1898) fue una princesa de origen ruso que estuvo considerada como una de las mujeres más bellas y elegantes de la Europa del siglo XIX.


Nació en San Petersburgo en el año 1838. Oficialmente era hija del príncipe Sergei Vassilievitch Troubetzkoy, teniente de caballería, y de Ekaterina Petrovna Moussine-Pouchkine, aunque ella misma presumía ser hija del zar de Rusia. Desde que nació, su paternidad fue atribuida a Nicolás I, pues era conocida la admiración de éste por su madre, y su gestación parece coincidió con el viaje de su padre al Cáucaso, por lo que los rumores sobre esta posible paternidad surgieron desde el primer momento.


Su familia


La familia Trubetskoy (en ruso: Трубецкой) es una dinastía de la pequeña nobleza rutena Gedimínida (descendiente de la dinastía lituana de Gediminas) con varios miembros de la Rutenia Negra, al igual que muchos otros príncipes de las casas del Gran Ducado de Lituania, que más tarde se hizo prominente en la historia, la ciencia y las artes de Rusia. Los Príncipes Trubetzkoy descienden de Demetrio I Starshiy, uno de los hijos de Algirdas, Gran Duque de Lituania en el siglo XIV, que gobernó la ciudades de Briansk y Starodub. Los descendientes de Demetrio continuaron gobernando la ciudad de Trubetsk hasta la década de 1530, cuando tuvieron que elegir convertirse al catolicismo o abandonar su patrimonio e instalarse en Moscú. Eligieron la segunda opción y fueron aceptados con gran ceremonia en la corte de Vasili III de Rusia.


En el siglo XVII el príncipe Wigund-Jeroným Trubetsky apoyó a los polacos y los siguió a la Commonwealth Polaco-Lituana. Aquí sus descendientes obtuvieron posiciones envidiables en la Corte e ingresaron por matrimonio en las grandes familias principescas de Polonia. En 1660, sin embargo, el príncipe Yuri Trubetskoy regresó a Moscú y se le dio un título de boyardo por el zar Alejandro I de Rusia. Todas las ramas de la familia descienden de su matrimonio con la princesa Irina Galitzine.

Armas de los Trubetksoy


La princesa Sofía heredó de su madre la carismática belleza que la hizo destacar en la nobleza europea de la época. Quedó huérfana de padres a muy corta edad y, a pesar de tener abundante familia, de ella se hicieron cargo la emperatriz viuda (nacida Carlota de Prusia) y el nuevo emperador, Alejandro II, en una muestra más del conocimiento de su paternidad.


Duquesa de Morny


Fue por ello educada en la Corte imperial, donde destacó por su inteligencia y sensibilidad. Su gracia incomparable sedujo a un joven dandy que acababa de llegar a la capital de Rusia: el embajador de Francia, Carlos Augusto de Morny, 1r Duque de Morny y hermano uterino de Napoleón III, ya que ambos eran hijos de Hortensia de Beauharnais, ex reina de Holanda y amante del conde de Flahaut (hijo también natural de Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord). De esta historia familiar Morny había prodigado su cínica frase: “Mi abuelo era obispo, mi madre Reina y mi hermano Emperador. Y encuentro todo esto natural”.


El distinguido político y financiero había sido invitado a la coronación de Alejandro II el 7 de septiembre de 1856. Despliega maneras elegantes y levitas impecables y luce hortensia en la solapa, flor que es la única divisa de su ejecutoria, cifrada en estas palabras latinas grabadas en la portezuela de su coche: Tace sed memento (“Calla pero recuerda”).


El Duque de Morny


La belleza y los modales de la gentil Sofía enamoraron a Carlos Augusto, por lo que finalmente contrajeron matrimonio en San Petersburgo el 26 de diciembre de ese mismo año. Cuatro hijos resultaron de esa unión:



  • Marie Eugénie, que casó con José Ramón Osorio y Heredia, IX Conde de la Corzana, Grande de España, IV Marqués de los Arenales.

  • Auguste, 2º duque de Morny, casado con Carlota de Guzmán e Ybarra.

  • Serge, oficial del ejército francés, que falleció soltero.

  • Mathilde, que tras su divorcio de Jacques Godart, marqués de Belbeuf, reconoció su homosexualidad, siendo amiga de la cortesana Liane de Pougy y de la escritora Colette.


Tanto su vida en San Petersburgo como parte de la diplomacia extranjera y el tiempo vivido después en París en calidad de esposa del Ministro de Negocios Exteriores fue cosmopolita y de gran esplendor. Su belleza fue admirada por las damas, sólo podía rivalizar con la de la Emperatriz o con la de la Castiglione; sus caprichos se convirtieron en la última moda y sus toilettes constantemente imitadas. Eran muy comentados sus extravagantes gustos, su afición por los pájaros exóticos, por los monos y por los perros japoneses, así como por los refinamientos de Oriente. Al igual que tantas damas en Francia, se hizo retratar por el pintor de moda de la época, el alemán Franz Xavier Winterhalter, que la inmortalizó en 1863.




El duque y la duquesa de Morny (1863)


Su vida modélica en Francia se vio truncada el 26 de febrero de 1865 cuando su marido, a quien amaba profundamente, fallece repentinamente.Su dolor y desesperación adquieren visos teatrales: cubierta de crespones y deshecha en llanto, se corta los bucles con gesto de renunciación y los deposita como ofrenda fúnebre sobre el ataúd de su esposo.


Entonces comienza una etapa de luto y recogimiento en la que no sale de su palacio y lleva una vida de cierta austeridad, hasta que un día encuentra en un secrétaire unos paquetes de cartas perfumadas y atadas con cintas. Era la prueba de que su difunto marido había tenido una amante. A partir de entonces abandona indignada el luto, rompe el aislamiento y, enjugando sus lágrimas, vuelve a introducirse en el gran mundo a embriagarse con su néctar y buscar la diversión.


Duquesa de Alburquerque y de Sesto


En esa nueva etapa de su vida conoció al Duque de Sesto, cuyas patillas y madrileño garbo la enamoran. Don José Isidro Osorio y Silva-Bazán, llamado Pepe Osorio, “el gran duque de Sesto” residía temporalmente en su villa de Deauville, lugar que Sofía conocía bien, pues su cuñado Napoleón había puesto de moda el lugar entre la aristocracia francesa. Pepe se encontraba allí junto a la familia real, que estaba en el exilio, y a quien sostenía económicamente.




Los duques de Sesto (1870)


Desde allí se trasladaron a España, donde contrajeron matrimonio el 21 de marzo de 1869. Era Pepe un importante aristócrata: era XVI duque de Alburquerque, VIII de Sesto y V de Algete; XVI marqués de Alcañices, XV de Cuéllar, X de Cadreita, IX de Montaos, VIII de los Balbases y V de Cullera; XVI conde de Huelma, XVI de Ledesma, XIII de Fuensaldaña, XIII de Grajal, IX de la Torre de Perafán, IX de Villanueva de Cañedo y IX de Villaumbrosa, y cuatro veces Grande de España.


Compartía con su nuevo marido el carácter cosmopolita y el liberalismo, y su aceptación en Madrid no pudo ser mejor, pues su figura deslumbró en la Corte, y nada más llegar la propia Isabel II de España le concedió la banda de la Orden de las Damas Nobles de María-Luisa. Organizaba reuniones de damas en su residencia, el desaparecido palacio de Alcañices, en las que ponía al tanto a la sociedad madrileña de las novedades en moda y juegos de salón. Fue la introductora en España del árbol de Navidad, pues en 1870 lo instaló por primera vez en su palacio, ubicado en el solar donde más tarde se levantó el edificio del Banco de España, haciendo esquina entre el Paseo del Prado y la distinguida Calle de Alcalá.


Incondicional apoyo a los Borbones


Convertida en consorte del mentor de Alfonso XII de España durante su exilio, aprovechó su posición social para hacer política en favor de la familia Borbón y de la causa de Alfonso XIII de España, gastando al igual que su marido, gran parte de su fortuna en ello. Jugó con el emblema familiar Borbón, la flor de lis, creando el prendedor de pelo con este motivo, que tanto las damas de la aristocracia como el resto de mujeres del pueblo utilizaron. Además, instó a sus amigos y conocidos a llevarlo visible en la solapa, para mostrar su apoyo al rey.







12 de diciembre de 1877: El duque de Sesto, acompañado por el senador Francisco Marín de San Martín, marqués de la Frontera entrega a Antonio de Orleans, duque de Montpensier, una carta autografa de Alfonso XII de España pidiendo la mano de la infanta María de las Mercedes de Orleans.


Mientras que su marido se dedicaba a luchar políticamente por la causa, la duquesa de Alburquerque ocupaba su tiempo en la organización de numerosas actividades en las que ganar adeptos, como lo eran las tertulias culturales y las fiestas en las que mostraba su poder social. Aquellas celebraciones también tenían como objetivo la recaudación de dinero para sostener la causa. Además, era la secretaria de otro personaje de importancia en esta labor, Antonio Cánovas del Castillo, presidente del Consejo de Ministros y máximo dirigente y fundador del Partido Conservador.


No solo mostró su apoyo a los Borbones, sino que además está considerada una de las mayores enemigas del propio Amadeo de Saboya, así como de su mujer María Victoria del Pozzo. Tal era su rechazo por el monarca, que dio orden a sus criados para que cerrasen bruscamente las puertas y ventanas de su palacio cuando la comitiva real pasase por la puerta. Además, protagonizó la famosa Rebelión de las Mantillas, una manifestación de damas madrileñas en contra de Amadeo.


Últimos años


Tras la muerte de Alfonso XII, surgieron las desavenencias entre el matrimonio y la reina María Cristina, quien culpaba al duque de Sesto de las correrías de su marido. Por ello, abandonó los cargos de los que disponía en la Corte y su vida se dividió entre Madrid y París principalmente, aunque también se dedicaron a visitar a numerosos amigos en otras ciudades europeas.




Falleció en Madrid el 27 de julio de 1898 a causa de una enfermedad respiratoria y fue enterrada en el distinguido cementerio de Père-Lachaise, el más grande de París, a pocos metros de la sepultura de su primer marido, el duque de Morny.

viernes, 3 de diciembre de 2010

¿Tiaras o coronas?

La realeza utiliza estas piezas de joyería –ambas- para las ocasiones solemnes: la corona, contadas veces, en situaciones de gran majestuosidad; la diadema, de uso más común, en banquetes de Estado y galas familiares con un protocolo pre-establecido.

Una corona consta de un círculo de oro que se ajusta a la cabeza, del que parten dos arcos, uno frontal y otro lateral, que se cruzan perpendicularmente. De la intersección de los arcos elevados, surge una cruz. Interiormente está forrada de terciopelo y constelada con piedras preciosas.

Una de las coronas más famosas del mundo, la del Estado Imperial (Reino Unido)


El grado de riqueza del trabajo y los materiales empleados, así como el diseño específico, hacen de la corona la joya más preciada para la solemnidad de la coronación de un monarca. Las reinas consortes usan esta joya para su propia coronación y para ocasiones de Estado muy parecidas a ésta en majestuosidad e importancia. Al contrario que los monarcas reinantes, quienes pueden heredar una o más coronas para su uso, las consortes se han mandado confeccionar especialmente coronas para sí mismas que no han sido vueltas a usar por ninguna sucesora suya.



La Corona de María de Módena, utilizada por las reinas consortes de Inglaterra hasta 1831


Todas las reinas británicas del siglo XX, Alexandra de Dinamarca, Mary de Teck y Elizabeth Bowes-Lyon usaron sus propias coronas de consorte confeccionadas en 1902, 1911 y 1937, respectivamente. La otra reina consorte que mandó crear una especialmente para ser usada en su coronación fue Adelaida de Saxe-Meiningen, esposa de William IV, en 1831. Anteriormente venía siendo usada la corona de María de Módena, esposa de James II de Escocia. Lo contrario ocurrió en la Rusia Imperial, donde no había una corona de consorte para cada nueva emperatriz, porque la Corona Imperial Menor fue usada por todas las zarinas consortes.

Otras famosas coronas consortes en la Historia han sido las de Dinamarca, Francia, Hungría, Irán, Noruega, Rumania y Suecia.

La Corona de la Emperatriz Farah Diba de Irán, confeccionada por Van Cleef & Arpels usando enormes piedras de las Joyas de la Corona persa


La diadema es un tipo de corona, específicamente una banda de cabeza ornamental utilizada por los monarcas del Este y otros como una insignia de la realeza. La palabra deriva del griego "διάδημα" (diádēma), "banda" o "filete" y de "διαδέω" (diadéō), "Yo ato alrededor", o "Yo aprieto". El término originalmente se refería a la cinta blanca de seda bordada, que termina en un nudo y dos tiras de flecos a menudo envueltas en los hombros, que rodeaba la cabeza del rey para denotar su autoridad.


Corona y Diadema romanas de bronce, estilo celta, encontradas en un templo de Hockwold-cum-Wilton, Norfolk


El término fue aplicado más tarde a una corona, por lo general un "aro" de forma circular. Por ejemplo, la corona usada por los reyes de la Inglaterra anglosajona fue una diadema, como fue más tarde la del barón (en algunos países, coronada por tres globos). Por extensión, una diadema es un ornamento enjoyado en forma de media corona, usado por las mujeres y que se coloca en el centro de la cabeza o sobre la frente (en este sentido, también llamada “tiara”). Los antiguos persas usaban una alta y erguida tiara real, rodeada con una diadema.

En el Imperio napoleónico, las diademas imperiales eran anchas y envolventes, más del estilo de una corona. La Emperatriz Josefina, el día de su coronación, llevó una de estas joyas confeccionada enteramente de diamantes. No hubo una corona de consorte que ella portara, ya que Napoleón sólo tocó la cabeza de su esposa con la Corona de Carlomagno que había usado para sí, en un gesto simbólico indicador que la autoridad de ella provenía de él.

La diadema de coronación de Josefina de Beauharnais


Detalle de la coronación de Josefina (obra de David)


Elisa Bonaparte, Gran Duquesa de Toscana, con una ancha diadema de perlas


Dos formas de llevar una tiara:


Sobre la frente, como la actual Princesa Heredera de Japón, Masako
Sobre la coronilla, como la Emperatriz Michiko (en la foto, cuando era princesa heredera)


Una de las diademas más célebres con forma de corona es la “King George IV State Diadem”, también conocida como “Diadema de Diamantes”, que fue hecha en 1820 por los Reales Orfebres Rundell, Bridge y Rundell para la coronación de Jorge IV. Fue diseñada para rodear la Cap of Estate de terciopelo que llevaba el Rey en la procesión a la Abadía de Westminster. La joya tiene 1.333 diamantes de 325,75 quilates y 169 perlas a lo largo de su base. Su diseño incluye rosas, cardos y tréboles, los símbolos florales de Inglaterra, Escocia e Irlanda, respectivamente.

La Diadema de Diamantes de George IV


La diadema fue usada también durante la procesión de coronación de la reina Victoria y más tarde de la reina Isabel II. Hoy es usada por la actual soberana en la procesión en carroza el día de la Apertura del Parlamento y ha aparecido en muchos retratos de Isabel II. Apareció además en el primer sello de correos, el "Penny Black" de 1840. Incluso hoy, se puede ver en los billetes y monedas en todos los reinos de la Commonwealth. En su testamento, la reina Victoria dejó la diadema a la Corona, no sólo asegurándose que sería usada por los monarcas futuros, sino también haciéndola formar parte de las joyas de la Corona.


La Reina Mary con la Diadema de Diamantes


Ciertas diademas, como la Tiara Leuchtenberg de zafiros en poder de la familia real sueca, o la Tiara de Esmeraldas de la reina Federica de Grecia, son flexibles y se pueden estirar, para guardarlas en un estuche o para usarlas como collar.

La reina Silvia de Suecia con la tiara de zafiros y el resto del aderezo

La misma tiara en su estuche
Aquí Federica de Grecia usa la diadema de esmeraldas como collar
Su nuera, la reina Ana María, la usa en la cabeza como tiara


Hay diademas reales que han pertenecido a una misma dinastía por generaciones, lo que les ha llevado a iniciar tradiciones familiares, como la Tiara Cartier del Khedive de Egipto, que hoy es una joya de gran valor sentimental para la familia real danesa. Esta tiara de diamantes y platino fue originalmente un regalo de bodas del Khedive de Egipto a la princesa Margarita de Connaught, que se casaría con el futuro rey Gustavo VI Adolfo de Suecia en 1905. Después de la prematura muerte de la princesa Margarita en 1920, la tiara fue heredada por su hija, la princesa Ingrid, que se la llevó con ella cuando se casó, ingresando a la familia real danesa en 1935. A su muerte en 2000, la tiara pasó a la hija menor de Ingrid, la reina Ana María de Grecia.

La Princesa Ana María de Dinamarca en su boda (1964)


Cuando las tres hijas de la reina Ingrid se casaron, usaron la tiara de su abuela como una forma de reconocer su memoria: la princesa Margarita en 1967, la princesa Benedicta en 1968 y la Princesa Ana María en 1964. Esta encantadora tradición familiar se siguió también en la generación siguiente, con la hija mayor de la princesa Benedicta, la Princesa Alexandra zu Sayn-Wittgenstein-Berleburg usando la joya en 1998 y la hija de la reina Ana María, la Princesa Alexia de Grecia, en 1999. Las dos restantes descendientes solteras de la reina Ingrid con quienes continuará la tradición son la Princesa Teodora de Grecia y la Princesa Nathalie zu Sayn-Wittgenstein-Berleburg.


La Princesa Alexia de Grecia en su boda (1999)


Algo parecido ocurre con la Tiara/Collar Belga de Diamantes, que el gobierno belga regaló a la princesa Joséphine-Charlotte en 1953 para su boda con el Gran Duque Heredero Jean de Luxemburgo y que no debe confundirse con la Tiara Congo, regalada para la misma ocasión por el banco nacional belga, el Société Générale. La Tiara Belga consta de brillantes montados en platino, que tanto puede ser usada como tiara y como collar.

La Tiara Belga


La Gran Duquesa Josefina Carlota la usó como tiara en su boda



Y como collar en una recepción oficial


Como tiara de boda fue usada por su nuera, María Teresa Mestre (1981)


Al igual que su hija Marie Astrid (1982)


Y su otra hija, Margaretha (1982)




domingo, 24 de enero de 2010

Casa de Bonaparte


La Casa de Bonaparte es la dinastía imperial y real fundada en 1804 por Napoleón I de Francia, líder militar corso que alcanzó la notabilidad luego de la Revolución Francesa, transformando la Primer República Francesa en el Primer Imperio a través de un golpe de Estado. Napoleón llevó el Gran Ejército contra los poderes más grandes de Europa y dominó el continente a través de una serie de victorias militares. A partir de entonces insertó a los miembros de su familia en los tronos de los estados-títere, fundando así la dinastía.


A lo largo de su historia, los Bonaparte ocuparon los tronos del Primer y Segundo Imperio Francés y de otros reinos ancestrales como Italia, España, Westfalia, Holanda y Nápoles. La dinastía estuvo en una posición de poder alrededor de una década hasta que las Guerras Napoleónicas comenzaron a tomar su precio.


Napoleón I, Emperador de los Franceses, en el trono imperial (1806)


A raíz de sus poderosos enemigos como Austria, Reino Unido, Rusia y Prusia, así como los movimientos restauradores de la realeza legítima (particularmente los Borbones) en Francia, España, Dos Sicilias y Cerdeña, la dinastía eventualmente colapsaría bajo su propio peso.


Entre 1852 y 1870 un nuevo Bonaparte gobernaría el Segundo Imperio Francés: Napoleón III, hijo de Luis Bonaparte. Después de las tensiones con Prusia, la dinastía nuevamente fue depuesta del trono imperial. Desde aquel momento ha habido una serie de pretendientes, sostenedores del reclamo de la familia Bonaparte al trono de Francia, conocida como Bonapartistas. El jefe actual de la Casa, Jean-Christophe Napoléon, tiene, irónicamente, una madre Borbón (Beatriz de Borbón-Dos Sicilias, hija del Príncipe Fernando, Duque de Castro).


La Emperatriz Eugènie (1854)

Los Bonaparte

La familia Bonaparte provenía de San Miniato, cerca de Florencia, Italia, de orígenes lombardos. Instalados en Florencia, disfrutaron de una relación con la entonces familia gobernante, los Médici: Jacobo Bonaparte era amigo y asesor del Papa Médici Clemente VII y fue testigo importante del Sacco de Roma en 1527.


La familia más tarde se separó en dos ramas: Bonaparte-Sarzana, nobili di Sarzana que fueron compelidos a abandonar Florencia debido a la derrota de los Gibelinos y Bonaparte de Francesco, quien llegó a Córcega en el siglo XVI cuando la isla estaba en posesión de Génova.


Revista militar frente al palacio de Las Tullerías (Inválido presenta petición al emperador durante una revista militar)


Napoleón es el nombre más prominente asociado con el apellido porque conquistaría la mayoría del mundo occidental durante la primera parte del siglo XIX. Fue elegido Primer Cónsul de Francia en noviembre de 1799 y se auto-coronaría Emperador de los Franceses en 1804, gobernando hasta 1814 y 1815.


El primer Napoleón haría a su hermano mayor rey de Nápoles (1806-1808) y de España (1808-1813), a su tercer hermano rey de Holanda (1806-1810) y a su hermano más joven rey de Westfalia (1807-1813), el reino de más corta vida creado entre los estados del noroeste de Alemania. El hijo del emperador, Napoleon François Charles Joseph, fue creado rey de Roma (1811-1814) y más tarde considerado Napoleón II por los legitimistas de la dinastía, aunque sólo gobernó por dos semanas luego de la abdicación de su padre.


Carlos Luis Napoleón (1808-1873), sobrino de Napoleón I, fue presidente de Francia entre 1848 y 1852 y emperador entre 1852-1870, reinando como Napoleón III; el hijo de éste, Eugène (1856-1879), el Príncipe Imperial, murió peleando contra los zulúes en Sudáfrica. Con esta muerte, la familia perdió mucho de su restante atractivo político, aunque los reclamantes continúan afirmando el derecho de los Bonaparte al título imperial.


Eugène, Príncipe Imperial (1878)


Coronas sostenidas por la familia

Emperadores de los Franceses
  • Napoleón I (1804–1814, 1815), también rey de Italia (1805–1814)
  • Napoleón II (1815), nombrado Rey de Roma desde su nacimiento, pero nunca reinó
  • Napoleón III (1852–1870)

Reyes de Holanda

  • Luis I (1806–1810)
  • Luis II (1810), Napoleón Luis, también Gran Duque de Berg (1809–1813)

Reyes de Nápoles

  • José I (1806–1808)
  • Joaquín Murat (1808–1815), también Gran Duque de Berg (1806–1808)
Rey de Westfalia
  • Jérôme I (1807–1813)
Rey de España
  • José I (1808–1813)
Gran Duquesa de Toscana
  • Elisa Bonaparte (1809–1814)
Elisa Bonaparte, Gran Duquesa de Toscana (1805)



viernes, 7 de agosto de 2009

La Nobleza: Títulos de victoria


Un título de victoria es un título honorífico otorgado a un comandante militar exitoso para conmemorar la derrota de una nación enemiga. Esta práctica fue usada primariamente en la Antigua Roma y aún hoy es mayormente asociada con los romanos, pero también fue adoptado como práctica por muchos imperios modernos, especialmente el Napoleónico, el Británico y el Ruso.

Antigua Roma

Los títulos de victoria eran considerados como lo que es en latín el cognomina (segundo nombre) y eran usualmente el nombre del enemigo derrotado por el comandante. Así, nombres como Africanus (“el Africano”), Creticus (“el Cretense”) o Germanicus (“el Germano”), aparentemente fuera de lugar para los ardientemente patrióticos romanos, son de hecho expresiones de la superioridad de Roma sobre esos pueblos. Algunos de estos títulos eran considerados como hereditarios.

La práctica de este sistema de premios estaba firmemente establecida entre la República de Roma. El más famoso recipiendario de un título de victoria republicano fue Publius Cornelius Scipio, quien, por sus grandes victorias en la Segunda Guerra Púnica, fue premiado por el Senado romano con el título “Africanus” y así es conocido en la Historia: Scipio Africanus. Su nieto adoptivo Scipio Aemilianus Africanus recibió el mismo título luego de la Tercera Guerra Púnica y es conocido como “Scipio Africanus el Joven”.

En el Imperio Romano, la práctica continuó, aunque enmendada por algunos emperadores que deseaban enfatizar la totalidad de sus victorias agregando al título el término Maximus (“el Más Grande”). Así, por ejemplo, Germanicus Maximus significaba “el Más Grande Germano”. Este gusto creció hasta ser vulgar para los estándares modernos, con grandiosas acumulaciones de títulos parcialmente ficticios.


Época Medieval

Después de la caída de Roma, la práctica continuó de manera notablemente modificada con Carlomagno, y de una manera similar con Edward I de Inglaterra.

El primer emperador carolingio de los Francos se autodenominaba Dominator Saxonorum ("Dominador de los Sajones ") después de subordinar por la fuerza al último gr
an pueblo pagano del imperio, de allí en adelante transformado en un Ducado vástago, esto es, bajo su propia dinastía ducal pero vasallo del Sacro Emperador Romano.



Edward I de Inglaterra era tratado como "Hammer of the Scots” (Scottorum malleus), algo así como el “Martillo de los Escoceses”. Fue un rey que adquirió protagonismo histórico al conquistar extensos territorios de Gales y por estar cerca de conseguir lo mismo en Escocia.


Época Moderna

Más tarde, el término sería nuevamente aplicado a títulos otorgados en conmemoración de una gran victoria militar, pero ahora en la guisa de un título aristocrático feudal, a menudo hereditario, pero solo en apariencia: no se requería un feudo, de hecho, eran concedidos al principal de una batalla donde el monarca simplemente no tenía autoridad constitucional para otorgar nada válidamente en virtud del derecho local.

Esta nueva forma era incluso más específica que la práctica romana. En lugar de nombrar al enemigo –que podía ser repetitivo-, vinculaba el nombre de la batalla, situación que era única la mayoría de las veces y daba al título mayor exclusividad. Otro nivel de protección estaba disponible por el nombramiento de un lugar cercano, como “Austerlitz”, el cual Napoleón declaró que sonaba mejor que la alternativa.

Imperio Ruso

Los títulos de victoria fueron populares en el Imperio ruso en el período entre Catalina la Grande y Nicolás I. Cuando en 1707 Alexander Menshikov ocupó Ingria (Izhora) en Suecia durante la Gran Guerra del Norte, el zar Pedro I lo designó oficialmente como Príncipe Izhorsky.



El Príncipe Izhorsky


Otros títulos rusos, otorgados a veces por campañas completas antes que batallas específicas, fueron:

  • 1775 — Chesmensky para el Conde Aleksey Orlov por su victoria en la batalla naval de Chesma;
  • 1783 — Su Serena Alteza Príncipe Tavrichesky para Grigori Potemkin por su anexión de Crimea y Nueva Rusia (Táurida, el antiguo nombre griego del área);
  • 1813 — Su Serena Alteza Príncipe Smolensky para Mikhail Kutuzov por su derrota de Napoleón en Krasnoi, cerca de Smolensk, durante la invasión napoleónica a Rusia;
  • 1831 —Su Serena Alteza Príncipe Varshavsky para Paskevich por haber tomado Varsovia durante el Levantamiento de Noviembre (1830-1831)

El Príncipe Smolensky


Primer Imperio Francés

Napoleón I Bonaparte fue fundador de una dinastía y único gobernante de Francia como premier Empire, manteniendo dos veces –con la excepción del período que estuvo en Elba- el protocolario rango de Emperador. Bonaparte debía su éxito, tanto su ascenso personal como el crecimiento de su imperio, sobre todo a su excelencia militar, por lo que es altamente sorpresivo que concediera los más grandes honores a sus generales, principalmente el importante número que fue elevado al supremo rango militar de maréchal (mariscal).

El renacimiento del título de victoria original, creado por una victoria específica, era una forma ideal y todos los titulares fueron victoriosos mariscales.

Los más altos de estos títulos eran cuatro Principados nominales, en la mayoría de los casos otorgados como una “promoción” a los portadores de títulos de victoria ducales:

  • Mariscal Davout, Príncipe de Eckmühl – 1809
  • Mariscal Masséna, Príncipe de Essling – 1810
  • Mariscal Ney, Príncipe de la Moskowa - 1813 (Batalla de la Moskowa es el nombre francés para la Batalla de Borodino)
  • Mariscal Berthier, Príncipe de Wagram – 1809

El Príncipe de la Moskowa y Duque de Elchingen


Siguientes en rango venían diez ducados:

  • Mariscal Ney, duque de Elchingen – 1808
  • Mariscal Lefebvre, duque de Dantzig – 1807
  • Mariscal Junot, duque de Abrantès – 1808
  • Mariscal Davout, duque de Auerstaedt – 1808
  • Mariscal Augereau, duque de Castiglione – 1808
  • Mariscal Lannes, duque de Montebello – 1808
  • Mariscal Marmont, duque de Raguse – 1808
  • Mariscal Masséna, duque de Rivoli – 1808
  • Mariscal Kellermann, duque de Valmy – 1808
  • Mariscal Suchet, duque de Albufera – 1813


Segundo Imperio Francés

Aunque Napoleón III nunca se acercó al genio militar de su predecesor, e incluso es recordado por sus derrotas, amaba vincularse en numerosos aspectos del Primer Imperio, así que no sólo revivió muchas de sus instituciones y restableció los títulos que Napoleón I había otorgado, sino que creó algunos nuevos.

Probablemente por falta de memorables hazañas militares, estos incluían sólo dos títulos de victoria, ambos de rango ducal:


  • Malakoff (por la Guerra de Crimea) para el Mariscal Pélissier en 1856
  • Magenta (por la Campaña de Italia) para el Mariscal MacMahon en 1859

El Duque de Magenta