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lunes, 26 de marzo de 2012

Servicios religiosos

La Separación Iglesia-Estado es el concepto legal y político por el cual las instituciones del Estado y de la Iglesia se mantienen separadas y esta última no interviene en los asuntos públicos, teniendo cada parte una autonomía para tratar los temas relacionados con sus esferas de influencia. Esta separación se relaciona con la extensión de la libertad de culto a todos los ciudadanos y se condiciona a partir de este derecho la relación entre ambas instituciones. Ocurre sobre todo en aquellos estados con religión oficial que favorecen de alguna forma una religión en detrimento de las demás por medio del patronato regio u otras acciones similares.




El Patronato regio era el conjunto de privilegios y facultades especiales que los Papas concedían a los reyes de distintas monarquías del Antiguo Régimen y que les permitían, al principio, ser oídos antes de una decisión Papal o elegir directamente, en sustitución de las autoridades eclesiásticas, a determinadas personas que fueran a ocupar cargos vinculados a la Iglesia.


Más tarde, los monarcas lograron el ejercicio de todas o la mayoría de las facultades atribuidas a la Iglesia en el gobierno de los fieles, convirtiéndose, de hecho y de derecho, en la máxima autoridad eclesiástica en los territorios bajo su dominio (Patronato regio strictu sensu). El más importante históricamente es el que se concedió entre 1508 y 1523 a los reyes de España, pero ya en 1516 se habían concedido privilegios semejantes al rey de Francia (por el Papa León X) y antes aún al rey de Portugal (por el papa Julio II, en 1506); aunque estas prerrogativas «se extendían solo a obispados y beneficios consistoriales».

En la bula Pacificus et aeternum de 1 de abril de 1517, el Papa León X concedió el mismo título de sus abuelos maternos, el de Rey Católico, a Carlos I, con lo que se le legitimaba el título real asumido por el rey de forma ilegal.


Iglesias nacionales

En Europa hay en la actualidad algunas iglesias o confesiones religiosas dependientes del Estado, como la Iglesia de Noruega, la Iglesia de Inglaterra, la Iglesia de Groenlandia, la Iglesia de Suecia, la Iglesia del Pueblo Danés, la Iglesia ortodoxa turca o la Iglesia Ortodoxa de Grecia.

En Gran Bretaña existen algunas leyes relativas a la religión del monarca: la Ley de Instauración (Act of Settlement) y la Ley de Matrimonios Reales, que entre otras cosas prohíben que el soberano se case con una persona católica; o el Juramento de Coronación, que obliga a preservar la religión protestante.

Escandinavia

La Iglesia de Suecia (en sueco Svenska kyrkan) es una iglesia evangélica luterana de episcopado histórico, cuyo fundador fue el rey Gustavo I Vasa. Abandonó su obediencia al episcopado romano tras adherirse a los postulados de la Reforma Protestante, decidida en Suecia por un Riksdag o Consejo de Gobierno que tuvo lugar en Västerås en 1527. Hasta el siglo XIX estaba prohibido para un sueco dejar la Iglesia de Suecia. En el 2000, la Iglesia de Suecia definitivamente se separó del Estado sueco.

La familia real sueca asiste a un Te Deum en la capilla del Palacio Real de Estocolmo, con ocasión de la presentación formal de la hija primogénita de los Príncipes Herederos, la Princesa Estelle, Duquesa de Öestergöetland.


En Noruega, el segundo artículo de la Constitución garantiza la libertad de religión, aunque también establece que el Luteranismo Evangélico es la iglesia oficial del Estado. La autoridad suprema de la Iglesia de Noruega es el Rey, quien delega su responsabilidad en el Departamento de Iglesia y Cultura (en ocasiones ha existido un Departamento de Iglesia independiente) del gobierno de Noruega. Las cuestiones concernientes a la Iglesia son tratadas por el Consejo de Estado Eclesiástico (Kirkelig statsråd), constituido exclusivamente por miembros del gobierno pertenecientes a la Iglesia de Noruega. El Consejo de Estado Eclesiástico está previsto en el artículo 27 de la Constitución Noruega, y es el fundamento para que al menos la mitad de los miembros del gobierno tengan que estar afiliados a la Iglesia de Noruega (artículo 12). El rey, reunido con dicho consejo de estado, se encarga del nombramiento de los obispos y prepósitos.


La Iglesia del Pueblo Danés o Iglesia Evangélica Luterana de Dinamarca es la mayor de las iglesias cristianas en aquel país. Se adhirió a la Reforma Protestante y posee una doctrina de tipo evangélico luterano. Desde el establecimiento de la Constitución danesa de 1849 la Iglesia Evangélica Luterana en Dinamarca ha sido establecida como “la iglesia del pueblo” así como la iglesia oficial nacional. El parlamento danés es la autoridad legislativa de la iglesia, aunque su membresía es voluntaria. El monarca reinante es la autoridad suprema de la Iglesia, pero no el jefe, con el Ministro de Asuntos Eclesiásticos como la máxima autoridad administrativa.

La Reina Margarita II ingresa en procesión a la Iglesia de Nuestra Señora, en Copenhague, con motivo de la Celebración Ecuménica por la Creación, en el marco de la Conferencia de la ONU sobre el Clima (diciembre de 2009).


España

La Constitución de Cádiz de 1812 proclamaba que la religión no sólo del Estado, sino de la Nación misma, es y será siempre la católica, apostólica y romana, única verdadera. La tolerancia religiosa que acompañó al Régimen Liberal permitió el comienzo de la actividad de propagandistas protestantes. Simultáneamente se hizo cada vez más evidente un proceso de descristianización, fortalecido por el apoyo del clero al bando absolutista durante la Guerra Carlista. El poder económico del clero se acaba con la desamortización. Las relaciones oficiales con la Iglesia se recuperan con el concordato, por el que el Estado se obliga al mantenimiento de los eclesiásticos con fondos públicos.


La alternancia de progresistas y moderados iba dando el pulso de una mayor o menor aproximación a la iglesia, siendo el momento más alejado el Sexenio Revolucionario (1868-1874) y el más próximo la Restauración borbónica, en que se expulsó de la universidad a los que no se ajustaran a la ortodoxia religiosa. En la Segunda República se instauró un Estado laico (prohibiendo por ejemplo a los religiosos ejercer la enseñanza y expulsando a los jesuítas). Después de la Guerra Civil, bajo la dictadura de Franco el Estado volvió a ser confesional, identificándose con el término nacionalcatolicismo. Tras la proclamación de la Constitución Española en 1978, España es formalmente un Estado aconfesional, manteniendo relaciones con los distintos credos.

La Misa del Espíritu Santo en Los Jerónimos de Madrid iniciando el reinado de Juan Carlos I (27 de noviembre de 1975).


No obstante, la Iglesia Católica tiene en España una posición especial, apoyada en el Concordato de 1978, un acuerdo con la Santa Sede que fue aprobado por las Cortes antes de que la Constitución entrara en vigor, basada en la subvención por parte del Estado y en una posición privilegiada en la enseñanza.

Escenarios

El Monasterio de San Jerónimo el Real, conocido popularmente como Los Jerónimos, fue uno de los conventos más importantes de Madrid, del que subsisten actualmente la iglesia, convertida en parroquia de San Jerónimo, y un claustro, a espaldas del Museo del Prado. Iglesia y convento estuvieron estrechamente ligados a la vida de la Corte y la monarquía española, dada su proximidad con el palacio real. Además, los reyes disponían en el convento de un aposento que, mandado construir por Felipe II en la parte oriental de la iglesia, servía a los monarcas de lugar de retiro, meditación, y duelo en los días de luto familiar.

El templo fue escenario durante siglos de la investidura del Príncipe de Asturias. Aquí se celebró la boda del rey Alfonso XIII con Victoria Eugenia de Battenberg en 1906. Y una misa tuvo lugar el 27 de noviembre de 1975 para celebrar la proclamación del rey Juan Carlos I. Funerales, juras, bodas y proclamaciones, este vínculo se consolidó en parte también porque Madrid sólo completó la Catedral de la Almudena en 1993. El 22 de mayo de 2004 aquí se celebró de la boda del Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, con Letizia Ortiz, siendo ésta la primera boda en celebrarse en la historia de la catedral.

El jueves 31 de mayo de 1906 contrajeron matrimonio en Los Jerónimos el rey Alfonso XIII y la Princesa Victoria Eugenia de Battenberg.

Inglaterra

La Iglesia de Inglaterra (Anglicana) es nominalmente la iglesia oficial del Estado. El monarca británico (actualmente Elizabeth II) ostenta el título constitucional de “Gobernador Supremo de la Iglesia de Inglaterra”. A pesar de que la autoridad del monarca sobre la iglesia no es fuerte, el título sigue siendo muy relevante y más que todo tiene un sentido simbólico. El gobernador supremo nombra oficialmente a los miembros de alto rango de la Iglesia con el asesoramiento del primer ministro del Reino Unido, que a su vez es asesorado por líderes religiosos.

En Inglaterra, los nombramientos eclesiásticos son nombramientos de la Corona, la Iglesia se encarga de importantes funciones oficiales, tales como coronaciones, y un número de altos funcionarios de la Iglesia tienen escaños en la Cámara de los Lores (26 de un total de 789 miembros), los que son conocidos como Lores Espirituales (Lords Spirituals) en oposición a los Lores Temporales (Lords Temporals).

La Reina Elizabeth II y el Arzobispo de Canterbury, Dr. Rowan Williams, abandonan Lambeth Palace, la residencia oficial del Arzobispo en Londres, luego de un encuentro interreligioso en el marco de los festejos por el Jubileo de Diamante de la soberana (febrero de 2012).

Los vínculos entre la Iglesia y el Estado en el Reino Unido son, hoy en día, mayormente una formalidad y el gobierno del reino británico es relativamente secular, aunque los Lords Spiritual tienen significativa influencia cuando votan como un bloque en ciertos temas, en particular el aborto y la muerte asistida.

Servicios reales

Los servicios de Acción de Gracias se suelen llevar a cabo en las iglesias notables, catedrales y abadías en Londres y en todo el Reino Unido, con el fin de celebrar acontecimientos de importancia nacional o para marcar hitos personales de la familia real o que se relacionan con organizaciones vinculadas a ella. Por ejemplo, la Reina y el Duque de Edimburgo asistieron a un Servicio Nacional de Acción de Gracias en la Catedral de St. Paul para celebrar el Jubileo de Oro en 2002. En el año 2008 tuvo lugar otro en la Capilla de San Jorge en el Castillo de Windsor para celebrar el 660º aniversario de la fundación de la Orden de la Jarretera y el Colegio de San Jorge y el 60º aniversario de la reintroducción del servicio anual de la Jarretera por el rey Jorge VI. Servicios de Acción de Gracias tuvieron lugar también en la Abadía de Westminster para celebrar las bodas de Plata, Oro y Diamante de la Reina y el Duque de Edimburgo. De vez en cuando, la Reina y otros miembros de la familia real asisten a los servicios de Acción de Gracias en memoria de una determinada persona prominente.

La Reina y el Duque de Edimburgo avanzan por el pasillo central de Westminster Abbey para asistir a un servicio de celebración por sus Bodas de Diamante (noviembre de 2007).

Cada año en la Pascua, la Reina entrega un especial Maundy Money a los pensionistas en una abadía o catedral del Reino Unido. La presentación tiene lugar el Jueves Santo, en reconocimiento del servicio de las personas mayores de su comunidad y su iglesia. Desde el siglo XV, el número de monedas entregadas y el número de personas que reciben las monedas ha estado relacionado con la edad del Soberano. Por ejemplo, en 2011 había 85 hombres y 85 mujeres beneficiarias en la Abadía de Westminster para el servicio de Royal Maundy con presencia de la Reina. El servicio usualmente se llevaba a cabo en Londres, pero al principio de su reinado Elizabeth II decidió que debería tener lugar en un lugar diferente cada año.

martes, 27 de julio de 2010

El protocolo vaticano: coronación e inauguración papal


La Coronación papal es la ceremonia en la que un nuevo Papa es coronado con la Tiara como líder de la Iglesia Católica en la Tierra y soberano del Estado de Ciudad del Vaticano (antes de 1870, también de los Estados Pontificios).

La primera coronación papal recordada fue la de Celestino II en 1143. Ochocientos años más tarde, luego de su coronación en 1963, el Papa Pablo VI abandonó la práctica de usar la Tiara. Ninguno de sus sucesores ha elegido regresar a la práctica y no ha habido una coronación papal como tal.


Ritual

Cuando un cónclave elige un nuevo Papa, el Pontífice asume todos los derechos y la autoridad del papado inmediatamente después de su aceptación de la elección; sin embargo, tradicionalmente nombran sus años de reinado a partir de la fecha de su coronación. Desde el pontificado de Juan XXIII, todos los cardenales deben ser obispos y por centurias los cardenales han elegido uno de ellos para ser Papa. Si un Papa recientemente elegido no es obispo, debe ser consagrado como tal.
De acuerdo a la tradición, el derecho de consagración pertenece al Decano del Colegio de Cardenales, en su ausencia al Subdecano y en la ausencia de ambos, al más antiguo Cardenal Obispo. Si el nuevo Papa ya es obispo, su elección es anunciada inmediatamente a la multitud reunida en la Plaza de San Pedro, a los que les da su bendición.


San Juan de Letrán (siglo XVII)

La entronización episcopal del Papa tiene lugar en su catedral, la Basílica de San Juan de Letrán, una ceremonia que estaba combinada con la coronación. Durante el papado de Aviñón, el Papa no podía ser entronizado en su catedral en Roma así que las coronaciones continuaron mientras que las entronizaciones debieron esperar un retorno a la Ciudad Eterna. Cuando regresó Gregorio XI, el Palacio de Letrán tenía necesidad de reparaciones, por lo que los papas hicieron del Vaticano su residencia y transfirieron las coronaciones a la Basílica de San Pedro. La Basílica de San Juan de Letrán sigue siendo la catedral de Roma y la entronización ocurre allí. Durante el período en que el Papa se declaró “prisionero en el Vaticano” (1870-1929), la entronización no tuvo lugar.


La Misa Solemne


La coronación se realizaba el primer domingo luego de la elección. Comenzaba con una solemne Misa Papal. Durante el canto de las Terceras, el pontífice se sentaba en su trono y todos los cardenales realizaban el “primer saludo de obediencia”, acercándose uno a uno para besar su mano. Luego arzobispos y obispos besaban su pie.

Acto seguido, el nuevo Papa era portado a través de la Basílica de San Pedro en la sedia gestatoria, bajo un baldaquín blanco, flanqueado a su izquierda y a su derecha por las flabellas papales (abanicos ceremoniales). En lugar de la tiara papal, usaba una mitra enjoyada (la mitra pretiosa episcopal). La procesión se detenía tres veces y un manojo de lino atado a un báculo dorado era quemado ante el Papa recién elegido, mientras el maestro de ceremonias declamaba: Pater Sancte, sic transit gloria mundi (Santo Padre, así pasa la gloria del mundo), como una advertencia simbólica a dejar de lado el materialismo y la vanidad.

Una vez frente al altar mayor, celebraría la Solemne Misa Papal con todo el ceremonial pontificio. Luego del Confiteor -conocido por su traducción al español "yo confieso" o "yo pecador”, donde se realiza el acto de confesión de los pecados-, el Papa se sentaba en su trono y los tres cardenales más antiguos, de mitra, se aproximaban a él; uno por vez ponían sus manos sobre el Santo Padre y rezaban la plegaria Super electum Pontificem (sobre el papa electo). Entonces el Cardenal decano colocaba el palio sobre sus hombros, diciendo:

Acepta el pallium, que representa la plenitud del oficio pontifical, para honor de Dios Todopoderoso, y la muy gloriosa Virgen María, Su Madre, y los Benditos Apóstoles Pedro y Pablo, y la Santa Iglesia Romana.

En los siglos XI y XII la immantatio, o concesión del mantum (una vestidura papal consistente en una larga capa roja sujeta con una elaborada hebilla), en el recién elegido Papa era considerado como especialmente simbólico de la investidura de la autoridad papal. Era conferido con las palabras: “Te invisto así con el papado romano, que domina sobre la ciudad y el mundo”.
Luego de la investidura (ya fuere con el pallium o el mantum) el papa recibía nuevamente la obediencia de cardenales, arzobispos y obispos mientras la Misa continuaba y se cantaba la Letanía de los Santos.


La Coronación


Luego de la Misa, el nuevo Papa era coronado con la tiara papal. Esto frecuentemente tenía lugar en el balcón de la Basílica de San Pedro, de frente a las multitudes reunidas en la Piazza. El Papa era sentado en un trono con las flabellas a cada lado; se le quitaba la mitra y el Cardenal decano le presentaba la tiara, con las palabras:


ACCIPE TIARAM TRIBVS CORONIS ORNATAM ET SCIAS TE ESSE PATREM PRINCIPVM, RECTOREM ORBIS IN TERRA, VICARIVM SALVATORIS NOSTRI IESV CHRISTI, CVI EST HONOR ET GLORIA IN SAECVLA SAECVLORVM (“Recibe la tiara adornada con tres coronas y sabe que tú eres el Padre de Príncipes y Reyes, Gobernador del Mundo, Vicario de nuestro Salvador Jesucristo sobre la tierra, a quien debemos honor y gloria por los siglos de los siglos”).


Entonces solemnemente colocaba la tiara sobre la cabeza del Sumo Pontífice y arreglaba las ínfulas (dos piezas de tela que parten de la parte trasera de la tiara) detrás de su cuello.

Luego, el Papa ya coronado pronunciaba la solemne bendición pontifical, Urbi et Orbi.


Posesión de la cátedra de Obispo de Roma

El último acto de la inauguración de un nuevo Papa es, todavía hoy, la toma de posesión formal (possesio) de su cátedra como Obispo de Roma en la Basílica de San Juan de Letrán. Esta es la ceremonia final mencionada en la Constitución Apostólica de Juan Pablo II luego del período de Sede Vacante y la elección de un Romano Pontífice.


El Papa es entronizado de la misma manera que otros obispos: es solemnemente conducido al trono episcopal y toma posesión sentándose en él. Luego recibe el beso de la paz y escucha la lectura de un pasaje de las Santas Escrituras, pronunciando entonces una alocución que se acostumbra llamar sermo inthronisticus. En tiempos antiguos, las cartas que el papa enviaba a los patriarcas en señal de estar en comunión con ellos en la misma fe eran llamadas litteræ inthronisticæ, o syllabai enthronistikai.


El escenario

Las primeras coronaciones papales ocurrieron en San Juan de Letrán. No obstante, por cientos de años se realizaron tradicionalmente en las proximidades de la Basílica de San Pedro, aunque algunas tuvieron lugar en Aviñón. En 1800 el Papa Pío VII fue coronado en la apartada iglesia del monasterio Benedictino de la isla de San Giorgio, después que su último precursor fue forzado al exilio temporal durante el período en que Napoleón Bonaparte capturó Roma.

Todas las coronaciones posteriores a 1800 ocurrieron en Roma. Hasta mediados del siglo XIX coronaron a los papas en San Juan de Letrán. Sin embargo la hostilidad pública al papa en Roma condujo a que la ceremonia fuese movida de San Juan de Letrán a la más segura Capilla Sixtina para la coronación del Papa León XIII, debido al temor de que las multitudes anticlericales, inspiradas por la unificación italiana, pudieran atacar la Basílica e interrumpir la ceremonia. Coronaron al Papa Benedicto XV también en la Sixtina en 1914. El Papa Pío XI fue coronado sobre el "dais" (una plataforma levantada en un cuarto para la ocupación dignificada) delante del Altar Mayor en la Basílica de San Pedro. Los Papas Pío IX, Pío XII, Juan XXIII y Pablo VI se coronaron en público en el balcón de la basílica, frente a los feligreses situados debajo, en la Plaza de San Pedro.

En 1939, la coronación del Papa Pío XII fue la primera en la que se realizó una filmación y la primera coronación difundida en vivo por radio. La ceremonia, que duró seis horas, fue presenciada por altos dignatarios internacionales, como el heredero del trono italiano, el Príncipe de Piamonte (futuro Humberto II), los ex-reyes Fernando I de Bulgaria y Alfonso XIII de España, al duque de Norfolk (que representó a Jorge VI del Reino Unido) y el irlandés Taoiseach Éamon de Valera.


La coronación tras Pablo VI

El último papa que se coronó fue Pablo VI. Aunque él decidió dejar de utilizar la tiara papal a pocas semanas de su coronación, y puso la suya propia ante el altar de la Basílica de San Pedro en un gesto de humildad, su encíclica de 1975 Constitución Apostólica, Romano Pontifici Eligendo, requirió explícitamente a su sucesor tener una coronación, indicando: “el nuevo pontífice debe ser coronado por el más antiguo cardenal decano”.

Sin embargo, en medio de una considerable oposición dentro de la Curia Romana, su sucesor el Papa Juan Pablo I optó por no ser coronado, eligiendo en cambio, tener una “Misa solemne para marcar el comienzo de su ministerio como Supremo Pastor”, de características menos formales.


Coronación de Pablo VI


Los partidarios de la coronación asumieron que las semanas posteriores a la muerte repentina del Papa Juan Pablo I, a sólo seis semanas de la previa inauguración de un pontificado, no era la época de regresar al antiguo ceremonial, pero que la vuelta a una coronación tradicional era una opción para los papas futuros.

Las coronaciones papales durante los siglos XIX y XX fueron:

• 1800 –Pío VII, coronado por el Cardenal Antonio Doria Pamphili
• 1823 –León XII, coronado por el Cardenal Fabrizio Ruffo
• 1829 –Pío VIII, coronado por el Cardenal Giuseppe Albani
• 1831 –Gregorio XVI, coronado por el Cardenal Giuseppe Albani.
• 1846 –Pío IX, coronado por el Cardenal Tommaso Riario Sforza.
• 1878 –León XIII, coronado por el Cardenal Teodolfo Mertel.
• 1903 –Pío X, coronado por el Cardenal Luigi Macchi.
• 1914 –Benedicto XV, coronado por el Cardenal Francesco Salesio Della Volpe.
• 1922 –Pío XI, coronado por el Cardenal Gaetano Bisleti.
• 1939 –Pío XII, coronado por el Cardenal Camillo Caccia-Dominioni.
• 1958 –Juan XXIII, coronado por el Cardenal Nicola Canali.
• 1963 –Pablo VI, Coronado por el Cardenal Alfredo Ottaviani.


Ioannes XXIII, ya coronado (1958)


Inauguración papal

La Misa de Inauguración Papal es un servicio litúrgico (celebrado en el Rito Romano pero con elementos del Rito Bizantino) para la investidura eclesiástica del Papa y que hoy en día ya no incluye la milenaria ceremonia de coronación.

Pablo VI, el último Papa en ser coronado, donó su tiara personal a la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción, en la ciudad de Washington como un regalo a los católicos de los Estados Unidos. Sin embargo, aún permanecen más de 20 tiaras en el Vaticano (una se sigue usando cada año para coronar simbólicamente una estatua de San Pedro en su día). El primer papa en siglos que inauguró su pontificado sin una coronación fue Juan Pablo I.


Reemplazo de la coronación

Aunque Pablo VI decidió no usar una tiara, la Constitución Apostólica Romano Pontifici Eligendo de 1975 continuó concibiendo una ceremonia de coronación para sus sucesores. Sin embargo, Juan Pablo I, elegido en el cónclave de agosto de 1978, quería una ceremonia más "simple" y encargó al maestro de ceremonias papal diseñar una nueva. Teniendo el contexto de una “Misa de Inauguración”, el punto principal de la ceremonia era la colocación del pallium sobre los hombros del nuevo Papa y la recepción de obediencia de los cardenales.


Juan Pablo I durante la Misa inaugural de su pontificado


Su sucesor, Juan Pablo II, mantuvo los cambios hechos por su predecesor, aunque con adiciones, algunas de las cuales se hicieron eco de las antiguas coronaciones. Él prefirió que la Misa se realizara durante la mañana y no al atardecer, como la de Juan Pablo I. Refiriéndose a su homilía de inauguración con la tiara papal, dijo: "El Papa Juan Pablo I, cuya memoria está tan viva en nuestros corazones, no deseaba tener la tiara, ni su sucesor la desea hoy. Este no es el momento de regresar a una ceremonia y un objeto considerados, erróneamente, como un símbolo del poder temporal de los Papas".

En 1996, con la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis, Juan Pablo II estableció una "Solemne ceremonia de inauguración de un pontificado" a tener lugar, pero no especificó qué forma debería tomar. En términos técnicos una inauguración papal y una coronación papal se podrían utilizar para inaugurar un pontificado: ambas ceremonias habían sido descritas en el pasado usando tal término. Al escribir sobre la “inauguración de un pontificado” antes que sobre una “inauguración específica de un papa” se deja a la decisión individual de los nuevos Papas la elección de la forma particular de tal ceremonia.

La inauguración moderna

La actual inauguración papal, desarrollada a partir de la de Juan Pablo I, tiene lugar durante la Misa (usualmente en la Plaza fuera de la Basílica de San Pedro) e incluye la imposición formal del pallium o palio, el símbolo de la jurisdicción universal del Papa, sobre el Pontífice recientemente electo por parte del más antiguo Cardenal Decano.

Hasta hoy han sido tres los Papas que han utilizado la nueva ceremonia de inauguración: Juan Pablo I, Juan Pablo II (ambos en 1978) y Benedicto XVI (2005).


La Misa de Inauguración de Juan Pablo II


Benedicto XVI mantuvo esos cambios e introdujo uno más: el juramento de obediencia, que todos los cardenales deberían hacer, uno a la vez, durante la Misa, fue reemplazado por un juramento simbólico de respeto prestado por doce personas (los cardenales ya habrían hecho sus juramentos de obediencia uno por uno al momento de la elección, de acuerdo a las reglas del Cónclave).

La ceremonia comienza con el Papa y los cardenales rindiendo plegarias de rodillas ante la Tumba de San Pedro, detrás del altar mayor de la Basílica. Luego salen en procesión a la Piazza para la Misa, mientras se entona la Letanía de los Santos, pidiendo su ayuda para el nuevo Santo Padre. Éste recibe entonces el pallium y el Anillo del Pescador. Como se ha dicho, en lugar del juramento de lealtad de cada cardenal de rodillas (cosa que ya habrían hecho luego del Cónclave), doce personas representativas, laicas y eclesiásticas, le juran obediencia: el más antiguo Cardenal Obispo, el más antiguo Cardenal Sacerdote, el más antiguo Cardenal Decano, un obispo, un sacerdote, un diácono, un hermano religioso, una monja benedictina, una pareja de Corea y dos jóvenes (de Sri Lanka y de República del Congo) recientemente confirmados.

Luego de la Misa, el Papa ingresa a la Basílica de San Pedro donde, frente al altar mayor, recibe el saludo personal de las delegaciones oficiales presentes, incluyendo monarcas y jefes de Estado.



Imposición del palio a Benedicto XVI durante la solemne inauguración pontifical


El futuro de esta ceremonia

Mientras que los rituales inaugurales usados por los Papas Juan Pablo I y Juan Pablo II eran ad hoc (provisionales), el usado por el Papa Benedicto XVI no lo fue. Bajo Juan Pablo II, la Oficina de Celebraciones Litúrgicas del Supremo Pontífice preparó una versión permanente del ritual, para ser sometida a revisión y a aprobación como un ordo definitivo por parte de su sucesor. Benedicto XVI aprobó ese nuevo ritual el 20 de abril de 2005. Entonces fue publicado como un libro litúrgico oficial de la Iglesia con el nombre Ordo Rituum pro Ministerii Petrini Initio Romae Episcopi (Orden de los Rituales para el Inicio del Ministerio Petrino del Obispo de Roma). Este nuevo ordo ha de ser una versión permanente del rito de la inauguración y, en una rueda de prensa que sostuvo poco antes a la inauguración de Benedicto XVI, el arzobispo Piero Marini, Maestro de Ceremonias Papal, lo describió como parte de la aplicación a los ritos papales de las reformas litúrgicas hechas tras el Concilio Vaticano II. Por supuesto, un nuevo Papa tendría completa autoridad para alterar este rito de la inauguración, si, por ejemplo, él decide incluir una ceremonia de coronación.


La Plaza y la Basílica de San Pedro durante la Misa Solemne de Inauguración de Benedicto XVI


El Ordo Rituum pro Ministerii Petrini Initio Romae Episcopi que fue aprobado en 2005 no solo contiene el rito de la Misa de Inauguración papal, sino también la misa de entronización del nuevo Papa en la Cathedra Romana (Cátedra Romana), en la Basílica de Letrán, catedral de Roma, que precede en importancia incluso a la basílica vaticana. Los Papas usualmente toman posesión de la Basílica de Letrán unos días después de la inauguración de su pontificado. Benedicto XVI lo hizo el 7 de marzo de 2005. Este rito, conocido en latín como incathedratio, es el último de los rituales que marcan la ascensión de un nuevo Sumo Pontífice.