miércoles, 21 de abril de 2010

Marie-Héléne de Rothschild

La Baronesa Marie-Hélène de Rothschild fue una de las más imaginativas anfitrionas de París, la doyenne de la alta sociedad francesa de los años ’60, ’70 y ’80. Sus actividades empezaron a dominar la temporada social desde que, por matrimonio, pasó a formar parte de la prominente familia Rothschild. La prensa de todo el mundo se hacía eco particularmente de sus cenas, bailes y eventos benéficos, muchos de ellos realizados en el Château de Ferriéres, la antigua mansión Rothschild que hoy pertenece al Estado francés.


Nacida en Nueva York como Baronesa Marie-Hélène Naila Stephanie Josina van Zuylen van Nyevelt, era la hija mayor de los tres vástagos del Barón Egmont Van Zuylen van Nyevelt (1890-1960) y Marguerite Namétalla (c.1905-1996). Su madre era egipcia y su padre un diplomático holandés, mientras que su abuela paterna era la baronesa Hélène de Rothschild (1863-1947) – hija de Salomon James de Rothschild, judío-, quien se había casado en 1887 con el Barón holandés Etienne Van Zuylen, católico romano.



La fiesta campestre inaugural del Château de Ferriéres, fines de los ‘50


Fue educada en el Marymount College en Tarrytown, Nueva York. Luego de finalizar la escuela viajó a París y allí conoció al Conde François de Nicolay (1919-1963), con quien se casaría en 1950. Su hijo, Philippe de Nicolay, nació en 1955 pero la pareja se divorció al año siguiente. Marie-Hélène comenzó a frecuentar a su primo en tercer grado una vez separado, el barón Guy de Rothschild, cabeza del Banco de Rothschild Frères, quien, asimismo, había decidido obtener el divorcio. Se casaron el 17 de febrero de 1957 en una ceremonia civil en Nueva York “para permitir que la tempestad que habíamos despertado por un doble divorcio disminuyera un poco”, como dijo la baronesa. Tuvieron un único hijo, Edouard Etienne Alphonse, nacido en diciembre de ese año.

La Baronesa Edmond de Rothschild, la actriz Anouk Aimée, Marie-Helêne de Rothschild y la diseñadora Coco Chanel (1966)



Guy y sus hermanas, Jacqueline y Bethsabée, habían crecido en el magnífico Château de Ferrières, 20 millas al sureste de París. Capturado por los alemanes durante la ocupación de Francia en la Segunda Guerra Mundial, el château permaneció vacío hasta 1959, cuando los recién casados Rothschilds decidieron reabrirlo. Marie-Hélène se hizo cargo de restaurar el enorme castillo, convirtiéndolo en un lugar donde la nobleza europea se mezclaba con músicos, artistas, diseñadores de moda y estrellas de Hollywood en grandes soirées. Mucho se habló sobre los espléndidos y creativos bailes temáticos y los eventos para recaudar fondos que ella organizaba tanto en París como en Nueva York.




Con el Barón de Rédé, anfitrión del Bal Orientale del 5 de diciembre de 1969 en el Hôtel Lambert




Con Guy, en el Hippodrome, 1969


La baronesa disfrutaba creando fantasías para sus reuniones sociales. Una vez recibió a 150 invitados a un baile (Bal des Têtes Surrealistes, cuyas invitaciones estaban impresas sobre un cielo azul con nubes, inspiradas en una pintura de Magritte y para descifrarlas había que sostenerlas frente a un espejo) vestida como un ciervo en la cacería, con una máscara de altas astas y diamantes en forma de pera que caían como “lágrimas”. El Barón Alexis de Rédé llevaba un extravagante y original sombrero diseñado por Salvador Dalí.




Bajo una máscara de cierva llorando lágrimas de diamante en su Bal des Têtes Surrealistes, 1972



En un baile que dio en Ferriéres para 1600 personas, el castillo fue cubierto con muselina blanca para hacer que pareciera una enorme telaraña tachonada de brillantes. En una gala para el Paris Ballet transformó el Palais Garnier en un bosque, con árboles y enredaderas colgando del techo. En otra ocasión, su Bal Proust, celebrando el 100º aniversario del nacimiento de Marcel Proust, el célebre Cecil Beaton tomó los retratos de los invitados. “Cuando se le pone algo en la mente, no hay nada en la tierra que pueda detenerla”, dijo una vez su esposo.

Château de Meautry, residencia de campo de Guy y Marie-Héléne cerca de Deauville, Normandía


Marie Hélène demostró que tenía el fuego y la imaginación para crear algo único y valioso. No sólo recurría a su encanto. Se necesitaba un implacable grado de determinación. Ella atendía cada detalle de estilo en su vida personal y también en sus entretenimientos, por lo que era una Anfitriona con mayúsculas. Siempre andaba a la búsqueda de nuevos talentos y nuevas figuras del mundo del arte, la literatura, la danza o la moda. Luego los mezclaba con el círculo más establecido de la sociedad de París y el resultado estaba a la vista. Las fiestas de Marie-Hélène adquirieron tal importancia que una figura social amenazó con cometer suicidio si no se le invitaba a una de ellas…

Nan Kempner, una socialite de Nueva York y gran amiga, dijo: “Ella tenía enorme inteligencia y curiosidad y quería verlo y hacerlo todo”.

Con una joven Carolina de Mónaco en la primera fila de los desfiles de París, fines de los ‘70


La baronesa también apoyaba enormemente la alta costura y por muchos años tuvo un lugar reservado en la primera fila de los más importantes desfiles de moda de París. Era presidente del comité que organizó el 1973 Divertissement a Versailles, un evento en el cual diseñadores norteamericanos no sólo fueron presentados a los europeos, sino que compartieron la escena con sus contrapartes franceses. Marie-Hélène reunió cinco couturiers franceses y cinco americanos en un fantástico show en el Théâtre Gabriel del Château de Versailles. A fines de los ’80 fue una de las tres mujeres que pagaron 20.000 dólares por un vestido negro con grandes rosas rojas que diseñó Christian Lacroix.



En 1975, Guy y Marie-Hélène obsequiaron el Château de Ferriéres a la cancillería de la Universidad de París, pero retuvieron para sí la residencia que habían construido en los bosques que rodeaban el castillo. La pareja adquirió el Hôtel Lambert, en la Île Saint-Louis, una de las más lujosas mansiones de la capital francesa, en cuyos pisos superiores fijaron su residencia. Marie-Hélène se convirtió en amiga cercana de Alexis de Rédé, quien era inquilino en el primer piso del Hôtel y sería una constante en sus reuniones.



1973: París, 13 de diciembre. Marie-Héléne arriba al Lido para la premiére de la revista Grand Jeu escoltada por Salvador Dalí.



En el Lido, Salvador Dalí la ayuda a quitarse el abrigo ante la mirada divertida de Yul Brynner


Sus invitados incluían un selecto círculo de la sociedad internacional, las finanzas y las artes, como la Duquesa de Windsor, la Princesa Grace, Elizabeth Taylor, Yves Saint-Laurent, Oscar de la Renta y Andy Warhol. “Una buena forma de hacer feliz a la gente es permitirles encontrarse con sus opuestos”, dijo una vez.


Con Guy, en Marbella, 1982


Cuando Francia nacionalizó la Banca Rothschild en 1981, el barón se mudó a Nueva York por un corto tiempo. Aunque la enfermedad de la baronesa hacía dificultoso su viaje, igual trabajó con un decorador de interiores para restaurar su apartamento del Upper East Side. Luego de batallar con el cáncer y la artritis reumatoide por más de diez años, Marie-Hélène falleció en 1996 en su hogar del parque de Ferriéres, a los 68 años. Fue enterrada en Touques, Calvados, donde por más de un siglo la rama francesa de la familia de su esposo había sido dueña del Haras de Meautry, un notorio criadero de caballos.

En la última década de su vida, con Lauren Bacall y Rudolf Nureyev


En reconocimiento a su importancia en la promoción de la cultura francesa y la moda a un nivel internacional, Marie-Hélène de Rothschild había sido condecorada con la Legion d’Honneur.

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