miércoles, 23 de diciembre de 2009

El Barón de Rothschild


La familia Rothschild es una dinastía de financieros y banqueros de origen judeoalemán que realizó operaciones por toda Europa y cuyos miembros fueron declarados nobles por el gobierno de Austria. Desde principios del siglo XIX constituyen uno de los más influyentes linajes de Europa.

Mayer Amschel Bauer (1744 – 1812) fue el fundador de la dinastía. Su padre, Moses Amschel Bauer, era un comerciante de monedas y orfebre que se asentó en el barrio judío de Francfort y abrió un negocio en 1750. Sobre la entrada colgaba un escudo rojo (rot Schild), origen del nombre Rothschild (el rojo era el pabellón de los judíos protestantes en el este de Europa). Pocos años después de la muerte de su padre, Mayer Amschel comenzó como ayudante en la casa bancaria Openheimer en Hannover, donde tras algún tiempo se hizo socio "junior". Mayer Amschel adoptó el nombre Rothschild después de retornar a Francfort y adquirir el antiguo negocio de su padre.

Alrededor de 1760, Mayer Amschel comenzó a realizar negocios con la corte de Hanau, gracias a su relación con el General von Estorff. El 29 de agosto de 1770 se casó con Gutele Schnaper, con quien tuvo cinco hijas y cinco hijos (Amschel, Salomon, Nathan, Karl y James).


La Casa Rothschild en el callejón de los judíos en Francfort


En 1801, Mayer Amschel se hizo gerente de la corte (Hoffaktor). De 1802 a 1804 realizó su primer préstamo estatal a la corte de Dinamarca por más de diez millones de florines. Pocos años después forjó una casa bancaria y, con ayuda de los banqueros Lennap y Lawatz, obtuvo interés en toda Europa y pudo especular con el dinero en su control. Tras su muerte en 1812, el secretario de Metternich escribió: "Ellos son los corrientes judíos ignorantes de aspecto respetable. Pero tienen un instinto notable para elegir lo correcto y entre dos cosas correctas, la mejor. Son la gente más rica de Europa”.

Los hijos de Rothschild se hicieron cargo de los negocios bancarios de su padre, mientras Amschel Mayer permaneció en la casa matriz en Fráncfort. Se abrieron subsidiarias en Viena, Londres, París y Nápoles. Esta primera generación, para entonces ennoblecida, financió la industria, los ferrocarriles y la construcción del Canal de Suez. Con un sistema especial de préstamos estatales hicieron al gobierno francés independiente de las autorizaciones de impuestos del parlamento.

Cinco flechas, cinco hijos, cinco direcciones


De cómo la perspicacia financiera puede conferir un título de nobleza

La restauración de los Borbones en Francia trajo cambios radicales para los Rothschild pues nuevas tradiciones surgentes habrían de crear una situación social única en Europa. Los aristócratas de Rusia, Gran Bretaña y Europa Central habían conservado sus tierras, sus riquezas y su altanería. La soberbia y austera élite prusiana no podía mostrar un contraste más acusado con sus pares de Francia, donde la renta se había convertido en el fundamento de todo poder político y también determinaba la posición social del individuo, fácilmente perceptible para quienes regresaban del exilio en 1815.

Para los nobles, nada fuera del brillo de las hazañas militares podía rivalizar con el ocio y la cultura desinteresada, y estaban mal preparados para resistir el ascenso inexorable de la burguesía. El espíritu de la iniciativa económica reemplazó al valor caballeresco en la carrera por el éxito: ya no contaban las espectaculares gestas de los generales de Napoleón –Ney, Murat, Bernadotte-. Entre la Revolución y el Imperio el ejército ya no proporcionaba el trampolín social de antes.

Armas de la Casa de Francia (Restauración)

El resultado era una confrontación entre los aristócratas, más decididos que nunca a reclamar sus propiedades y el poder político, y los nuevos comerciantes, cuyas fortunas eran envidiadas por los terratenientes y de quienes mucho tenían que aprender. A medida que la burguesía en ascenso iba adquiriendo fuerza y seguridad en sí misma, menos inclinación tenía a buscar alianzas a cualquier precio con la vieja nobleza. En París, James Rothschild, uno de los cinco hermanos financistas, sólo se preocupó por expandir sus negocios al máximo.

Al restablecerse la paz, la principal preocupación de los banqueros fue participar en los empréstitos que el gobierno francés se iba a ver obligado a lanzar para pagar todas sus deudas de guerra. Desde Inglaterra, el otro hermano Rothschild, Nathan, puso en movimiento todas sus influencias para lograr que James accediera a los círculos de gobierno. Éste creía tener menos acceso a las sedes del poder que Nathan en Londres. Aunque los desaires sociales lo molestaban aún más, como cuando Lafitte dio un gran baile y él no fue invitado o cuando advirtió que no tenía esposa que oficiara de anfitriona en su propia casa. Nada fuera del triunfo social traería paz al alma de James Rothschild.

James de Rotschild (1792-1868)

En los primeros años de la Restauración, James se esforzó en preparar los caminos del futuro. Primero, en un golpe maestro, obtuvo la protección del duque de Orléans, el futuro Luis Felipe, gracias una vez más a los buenos oficios de Nathan y, por otro lado, se ganó la amistad del jefe de policía Decazes, favorito de Luis XVIII, quien en 1818 se erigió como nuevo primer ministro. Luego logró ser un agente en la transferencia de las indemnizaciones francesas fijadas para Austria.

Todo pequeño príncipe alemán con problemas acudía a la Casa de Rothschild para obtener préstamos. Pero la eficacia y la buena disposición de financistas como Karl y Salomon Rothschild les abrió un campo de operaciones más amplio, en el cual podían hacer grandes préstamos a Prusia, Rusia, Austria y Nápoles. Salomon, en particular, sabía prestar atención a las personas importantes cuyas necesidades muchas veces excedían a sus medios. De este modo granó la gratitud de Gentz, el consejero más influyente en los medios que rodeaban a Metternich, el canciller austríaco.


Estandarte del imperio austríaco (Francisco I de Habsburgo)

Friedrich von Gentz, prusiano, intelectual brillante, tenía una debilidad que le impedía convertirse en el comentarista imparcial que hubiera podido ser: le gustaba el dinero y todo lo que podía obtener con él. Gentz siempre estaba dispuesto a recibir efectivo donde pudiera encontrarlo, pues nunca tenía bastante. Salomon captó al gran hombre a primera vista y procedió a complacerlo con lo que él llamaba “agradables operaciones financieras”.

Este fue el canal por el cual los Rothschild consiguieron un acceso directo a Metternich y fueron ganando una posición de monopolio en los asuntos financieros de Austria. El altivo canciller, pese a su antisemitismo visceral, al poco tiempo ya estaba jurando por “su querido Salomón” y su buena voluntad era tan grande que le dio un regalo que sería difícil de evaluar en términos metálicos: un título de nobleza.

Salomon Mayer von Rothschild (1774-1855)


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada