martes, 15 de mayo de 2012

La primera dama de Marruecos

En 2002, el rey de Marruecos, Mohammed VI contrajo matrimonio en privado con la joven Lalla (“Lady”, Señora) Salma Bennani. Con esta boda, la casa real marroquí rompió una tradición de doce siglos. El rey renunció a la poligamia y envió a los medios de comunicación imágenes e información de la joven. Nunca había existido el papel de reina en Marruecos, por lo que este paso fue considerado como uno más hacia la modernización a la que Mohammed VI quiere llevar al país.


La boda según la tradición marroquí se realiza en dos etapas. La primera es meramente de índole religiosa y en ella la novia no debe usar maquillaje; realiza una visita a los baños moros y se pinta las manos con motivos geométricos elaborados con alheña, posteriormente ingresa al salón en donde se celebrará la boda. En la ceremonia se leen unos cuantos suras del Corán y se oficializa el matrimonio con la firma de un acta notarial. La reunión es solo para las familias de los contrayentes y algunos amigos íntimos.


La segunda etapa del matrimonio se realiza en el Palacio Real de Marrakech y dura tres días aproximadamente. En esta ceremonia se siguen ritos de igual trascendencia que en la anterior. El primer día de los festejos la novia permanece cubierta con un velo de seda verde, ocultando hasta el rostro. Viste un caftán bordado del mismo color y un cinturón de oro y piedras preciosas. En un momento de la ceremonia es sentada en un trono y paseada siete veces por las salas del palacio. Ese mismo día contraen matrimonio decenas de parejas que han sido escogidas del pueblo y de los círculos de la Corte, lo que se lleva a cabo también en el interior del palacio. En el segundo día de la ceremonia matrimonial la novia ya puede salir sin velo y vestida de blanco. No será hasta el tercer día cuando los novios podrán mostrarse juntos en público y gozar de la fiesta.






El papel de la primera dama consorte junto al esposo jefe de Estado es obligatorio en los actos oficiales, aunque esto no sucede en los países islámicos. Salvo Jordania, ninguna de las monarquías islámicas tiene una figura de reina consorte, tan sólo la de madre de príncipes o favorita del rey, sin que sean conocidas en el ámbito oficial.


Marruecos no es una excepción dentro del mundo árabe y, durante los últimos doce siglos de sultanato y luego reino, nunca ha tenido reina. La misma madre de Mohammed VI y esposa del difunto Hasan II, Lalla Latifa, nunca ocupó un lugar relevante en la vida pública nacional. Fue enviada a palacio a la edad de 15 años por su propia familia - la familia bereber más influyente del país - y se convirtió en "madre de príncipes" al dar a luz al primero de sus hijos, Lalla Meryem, en 1962. Sólo existe una foto de ella, que fue robada durante una ceremonia y se publicó en la revista París Match.




El Rey y sus hermanos: Princesa Lalla Hasna, Princesa Lalla Asma, Princesa Lalla Meryem y Príncipe Moulay Rachid


Hasta el momento, todos los monarcas marroquíes han disfrutado de un harén formado por varias concubinas. Para convertirse en esposa de un príncipe musulmán, existen una serie de condiciones, como la virginidad e incluso no haber tenido pasado sentimental alguno. Una vez convertidas en esposas, su pueblo no tendrá nunca noticia alguna de ellas y permanecerán totalmente recluidas en espacios separados de la vida pública, a modo de encarcelamiento. Encarcelamiento, eso sí, rodeado de todo el lujo posible.


De hecho, el anterior rey marroquí, Hasan II, contaba con un total de hasta 80 concubinas en su harén, 40 de las cuales las había heredado del harén de su padre, Mohammed V. Según el estudio realizado por la escritora Malika Ufkir, estas concubinas recibían una exquisita formación sexual para satisfacer al monarca y, una vez "formadas", «las solían casar con el rey de cuatro en cuatro en ceremonias suntuosas en el palacio de Fez».


En 1999, sin embargo, Mohammed VI ya comunicó que había decidido acabar con el tradicional harén de "favoritas" o concubinas que se habían mantenido durante doce siglos sus predecesores. Poco después, en el año 2000 y con motivo de sus visitas oficiales a EE.UU. y España, el monarca viajó acompañado de una de sus hermanas, Lalla Meryem, quien desempeñó las labores de primera dama.




Los Clinton, Mohammed VI y su hermana Lalla Meryem durante una cena de Estado en la Casa Blanca (junio de 2000).


Las tres hermanas de Mohammed VI ocupan un lugar curioso en la corte marroquí. Sus bodas han sido derroches de dinero y fiestas en el país durante días y dos de ellas están divorciadas. Hasta el año 2000, no habían representado a la monarquía en actos oficiales, siendo desde entonces Lalla Meryem, que consiguió la aprobación real en 1997 para divorciarse de su marido, la que ejercía como primera dama.


No deja de ser paradójico que dos de las hermanas del monarca sean divorciadas dada la situación de una mujer divorciada en Marruecos. Según la ley islámica y la tradición en el país, antes de que se solicite el divorcio, el hombre ya puede repudiar a su esposa, al margen de lo que diga la justicia. Una mujer que solicita el divorcio tiene pocas alternativas prácticas. Debe ofrecer dinero a su marido para conseguir el divorcio (conocido este procedimiento como khol'a). El marido debe aceptar el divorcio al recibir la cantidad de dinero que él mismo ha especificado que quiere recibir, sin ningún límite.





Al momento de la boda, la joven Salma no respondía al perfil exigido por una sociedad anclada en las tradiciones en lo que a la situación de las mujeres se refiere. Tiene 14 años menos que el monarc; es hija de un profesor universitario de Fez; ha estudiado ingeniería informática en la escuela Ensias de Rabat y ha trabajado para el consorcio empresarial Omnium Nord Africain (ONA), la compañía privada de holding más grande de Marruecos, controlada por la familia real. Con este currículum era difícil creer que tendría el papel sumiso que sus encarceladas predecesoras desempeñaron como madres de príncipes. Sin embargo, el propio Mohammed VI fue muy explícito en unas declaraciones a un diario francés acerca del papel de su esposa: "En el Islam no hay reina y eso no cambiará en Marruecos". Algo difícil de entender cuando, desde que llegó al trono parecía haber defendido la modernización del país y la causa de la mujer en el islam.




La pareja real marroquí


Desde su llegada al trono, el rey concedió amnistías y reducciones de condena e indemnizó a víctimas de la represión. Prefirió seguir viviendo en su casa de soltero antes que en las residencias palaciegas como habían hecho sus antecesores. Recortó significativamente los gastos de la casa real, rechazó el harén y no aceptó que los notables del majzén –cortesanos civiles y militares- le ofrecieran sus hijas como concubinas. Disolvió el harén de su padre y devolvió a las mujeres que lo integraban a sus familias ofreciéndoles un sueldo vitalicio.


El objetivo del joven rey por mejorar el papel de la mujer en la sociedad marroquí fue observado y no hubo viaje en el que no se hiciera acompañar por su hermana mayor, Lalla Meryem. Al casarse con Mohammed VI, Lalla Salma pasó a ocupar el papel asumido por la hermana del rey. Recibió el título de Princesa con derecho al tratamiento de Alteza Real, siendo la primera consorte de un soberano marroquí a la que se otorgó un título de tal índole. No iba a romper tanto la tradición, de todas maneras, como para otorgar a la esposa del rey el título de "Reina", que es de igual rango, sino que recibió el de "Princesa Real", de rango inferior. A partir de entonces Salma iba a seguir el ejemplo de Rania de Jordania.





El Rey, la Princesa Real y el Príncipe Heredero


La reina consorte jordana, kuwaití licenciada en Administración de Empresas por la Universidad Americana del El Cairo, trabajó en el sector de la banca y de la alta tecnología hasta el momento de contraer matrimonio en 1993 con el príncipe Abdalá ben Hussein, entonces heredero del trono. Con ideas propias, ocupa las portadas de las revistas especializadas, considerada como una de las mujeres más bellas y elegantes del mundo, pero también respetada por sus ideas y constantes participaciones en actos públicos, donde suele descubrir todo aquello que debió ser dicho hace tiempo. Desde su posición, la reina jordana ha sacado en los foros internacionales algunos temas tabúes en su país, tales como la explotación infantil o la situación de la mujer. Entre otras iniciativas, Rania fundó en 1995 la Fundación Río de Jordania para ayudar a los más desfavorecidos de su país y la Sociedad Jordana de Donación de Órganos.





Encuentros de dos reinas consortes de Oriente




La Princesa Salma ha mantenido un bajo perfil como primera dama, aunque un rol mucho más público que sus antecesoras. Recibe a personalidades internacionales fuera de las dependencias de palacio vestida como una mujer occidental, es activa y participa sobre el terreno donde se la necesita. Preside la asociación "Lalla Salma de lutte contre le cancer" y es embajadora de buena voluntad de la OMS, involucrándose en trabajo de prevención contra el SIDA en África. Apoya el Festival de Música Sacra de Fez, ha representado al rey y a Marruecos en encuentros internacionales en Thailandia, Japón y Francia, así como en acontecimientos reales de la talla de la boda del Príncipe William de Gales en 2011.




Versailles, 2003. Junto a la Princesa Mathilde de Bélgica, Duquesa de Brabante, asiste a la 11ª Nuit Internationale de l’Enfance. Más lejos se aprecian Mme. Bernadette Chirac y Farah Diba Pahlavi.



Bangkok, 2006. Cumplimentando al Rey Bhumibol de Thailandia durante las celebraciones por su 60º Aniversario en el trono.



Fez, 2010. En la apertura del Festival de Música Sacra, la Princesa aparece acompañada por Bernadette Chirac y la Princesa Norodom Bhopa Devi de Camboya, hermana del rey de de Camboya.

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