miércoles, 2 de mayo de 2012

Egipto milenario

Egipto es uno de los países con más población de África y Oriente Medio; la mayor parte se asienta en las riberas del río Nilo y en el delta, donde están las zonas de tierra fértil. El nombre en español, Egipto, proviene del latín Aegyptus, derivado a su vez de la palabra griega Αίγυπτος (Aigyptos). El término fue adoptado en copto como Gyptios, y pasó al árabe como Qubt. Se ha sugerido que la palabra es una corrupción de la frase egipcia ḥwt-k3-ptḥ, que significa ‘casa del espíritu (ka) de Ptah’, el nombre de un templo al dios Ptah en Menfis. Según Estrabón, el término griego Aigyptos significaba ‘más allá del Egeo’ (Aἰγαίου ὑπτίως, Aegaeon uptiōs).

En el valle del Nilo, desde hace diez mil años, se han desarrollado distintas culturas. Con las dinastías faraónicas esta civilización alcanza su máximo esplendor, en especial con los faraones que reinaron entre el 2.000 y el 1580 a.C.: su cultura llegó a tener gran influencia en los pueblos del Mediterráneo. El avance del imperio Persa hacia el 520 a. C. de la mano del rey Cambises II acabó definitivamente con el imperio faraónico y llevó la dependencia de Egipto por vez primera de reyes extranjeros. Pero sería Alejandro Magno quien, en el 332 a. C. terminaría por conquistar el país.




El Águila de Egipto, o “águila de Saladino”, tal como aparece en la bandera del país.


Dominación griega y romana

Egipto cayó bajo la influencia de la cultura griega con la mera presencia durante menos de un año de Alejandro Magno que modificó completamente la organización persa y se hizo nombrar faraón. Muerto Alejandro, el general macedonio Ptolomeo I Sóter, que ya era gobernador según un reparto realizado por los propios generales alejandrinos, se proclama rey en el 305 a. C.

Ptolomeo y sus herederos instauran un modelo parecido al faraónico, la dinastía Ptolemaica, con clara división en castas que se distribuyen los trabajos en función de su origen: griegos, judíos y egipcios. El reino sigue dividido en nomos y se ejercerá una verdadera autocracia con un férreo control sobre todas las materias, especialmente la producción agrícola y con sistemas de arrendamientos para la explotación, pues la tierra era del faraón. Se estableció el cupo de exportaciones necesarias por año y se centralizó la actividad crediticia en una sola entidad financiera propiedad de la corona. En el terreno militar se enfrentarán con la expansión en Siria, pero la creación de Alejandría convertirá a Egipto en un país con claros intereses en el Mediterráneo. Así, con los primeros Ptolomeos se conquista Chipre y otras islas griegas, estableciendo puertos en la orilla norte del mar.




Un templo ptolemaico en Antaeópolis (Qau el-Kebir) entre 1810 y 1820.


Sin embargo, el modo de explotación territorial y personal no hará extender entre los millones de egipcios que pueblan el país un sentimiento de pertenencia al mundo helenístico. Las sublevaciones serán constantes y los enfrentamientos evidencian una manifiesta ruptura entre los dirigentes y la ciudad de Alejandría por una parte y el resto por otra. La figura de Cleopatra VII, enfrentada dinásticamente a Ptolomeo VIII Evergetes II, a pesar de lo literario y romántico de su historia personal con los generales romanos Julio César y Marco Antonio, no pudo evitar el fin de la dinastía, que es derrotada decisivamente en Accio en el año 31.

Bajo el dominio romano el Prefecto se convierte en la máxima autoridad, dependiente sólo del Emperador. Las castas establecidas por la dinastía Ptolemaica se mantienen y aún se refuerzan, con la división del trabajo que prima a griegos y judíos y, ahora, los ciudadanos romanos. La cristianización de la metrópoli se extenderá en su conquista de Egipto y el nuevo territorio del Imperio verá ascender al clero cristiano -especialmente al Patriarca de Alejandría- a los puestos más altos dentro de la nueva sociedad.




Augusto usando el nemes, el tocado faraónico, luego de su victoria sobre Egipto (estatua encontrada en Karnak). Los emperadores romanos continuaron siendo representados como faraones.


Bizancio

A la muerte de Teodosio el Imperio queda dividido hasta que en el año 476 Odoacro depone al último emperador del Imperio romano de Occidente, Rómulo Augústulo. El imperio de Oriente, con capital en Constantinopla, consiguió mantenerse con las provincias de Grecia, Balcanes, Palestina, Siria y Egipto, estas tres últimas las más ricas que abastecían al resto.

Justiniano intentó poner orden, pero las provincias eran asoladas por milicias privadas que desafiaban la autoridad y saqueaban a los campesinos. Con todo, el problema principal era de tipo religioso, sobre todo en Egipto: Cuando el concilio de Calcedonia condenó el monofisismo mayoritario en Egipto, provocó una gran escisión: la ortodoxia era defendida por mercaderes y funcionarios relacionados con Constantinopla, mientras que el pueblo defendía a los monofisistas uniendo el rechazo a la autoridad (y al fisco) con la defensa de la lengua y cultura propia, fundándose entonces la Iglesia copta. A la muerte Justiniano en el año 565 la aristocracia local deja de sustentar el poder imperial y la desunión facilita las invasiones.

El Islam

En el año 634 fue elegido segundo califa Umar ibn al-Jattab, suegro de Mahoma, que comienza a expandir el Islam. En 639 conquistó Egipto, imponiendo un gobierno tolerante. Permitió a judíos y cristianos mantener sus prácticas religiosas y los eximió de servir en el ejército a cambio de impuestos especiales, la yizya y el jaray. Esta política comprensiva explica la falta de resistencia a la penetración árabe. Por otra parte, la posición estratégica de Egipto le enfrentó con los cruzados cristianos y el Imperio mongol.




Saladino (1138-1193) victorioso. Fue uno de los grandes gobernantes del mundo islámico, siendo Sultán de Egipto y Siria e incluyendo en sus dominios Palestina, Mesopotamia, Yemen, Hiyaz y Libia. Con él comenzó la dinastía ayubí, que gobernaría Egipto y Siria en los años posteriores a su muerte.

Alejandría mantuvo su importancia estratégica y comercial y El Cairo creció espectacularmente, pasando de ser un simple fortín a una gran ciudad. No obstante, buena parte de los beneficios derivados de la buena gestión terminaron en manos de los sultanes, tanto de Damasco como de Bagdad.

Durante los primeros 300 años de incursión del Islam, se mantuvo un equilibrio con las religiones ya presentes en el territorio: cristianos, judíos y coptos. Pero la nueva religión islámica fue ganando adeptos entre los egipcios hasta convertirse claramente en la religión oficiosa, impregnando el modo de vida de toda la sociedad y quedando el resto en minoría.

Se sucedieron los Omeyas, los Abasíes, los Fatimíes y los Mamelucos. Con la instalación de estos últimos en El Cairo, comienza otra etapa en la historia de Egipto. No persiguieron a las iglesias coptas ni a las comunidades judías, aunque fueron guardianes del islam en el conjunto social. El final de la dinastía llegó con la derrota en 1517 ante Selim I, Sultán del Imperio otomano.

Dominación otomana

Egipto fue considerado Estado vasallo, no provincia, y será gobernado en este tiempo por los bajás y los beyes. La autoridad del Imperio otomano era escasa, y los mamelucos volvieron rápidamente a posiciones de gran influencia: Los emires mamelucos se mantuvieron como jefes de los doce sanjaks, en los cuales fue dividido Egipto; los bajás tomaban muchas veces sus decisiones al margen de los deseos de Estambul, que se conformaba con recibir el tributo en forma de dinero (600.000 piastras anuales) y los contingentes de tropas que se solicitaban. A cambio apenas exigía que las fronteras fueran guardadas de cualquier incursión. La incuria turca condujo a la decadencia de la economía, perdiéndose el comercio de las especias.




Selim I, Sultán otomano de 1512 a 1520


La sublime Puerta nombraba nuevos gobernadores cada poco tiempo para evitar rebeliones, pero los cambios constantes provocaron la pérdida de control del ejército, y al principio del siglo XVII los motines llegaron a ser constantes.

En 1609 algo estalló la guerra civil entre el ejército otomano y el Pachá, a quien apoyaban algunos regimientos leales y los beduinos. Los soldados intentaron elegir un sultán y dividir las regiones entre ellos. El gobernador Mohamed Pachá los derrotó en 1610, entrando triunfalmente en El Cairo y ejecutando a los cabecillas. Historiadores contemporáneos hablan de ese acontecimiento como la segunda conquista de Egipto por los otomanos.

Autogobierno

Tal era la situación que los gobernadores designados eran tratados por los egipcios con menor respeto cada vez. En el siglo XVIII la autoridad del pachá fue reemplazada por la de beyes mamelucos llamados Shaikh al-Balad, jefes de la ciudad, que mantenían el liderazgo de la comunidad. Una tentativa de un pachá de eliminar la autoridad de estos beyes falló debido a la lealtad de sus partidarios armados, que le obligaron a huir a Estambul. Tras una época de disturbios, Ali Bey se hizo con el poder en 1766.




La Mezquita de El Cairo y las Tumbas de los Mamelucos (siglo XIX).


Consiguió poner los asuntos egipcios en orden, y reprimió el bandolerismo de los beduinos en el Bajo Egipto. Intentó constituir una monarquía independiente, y a tal efecto se esforzó para disolver todas las tropas excepto las que estaban bajo su propio control. En seis meses la mayor parte de la península árabe estaba bajo su mando, y designó como sheriff de la Meca a su primo, que proclamó sultán a Alí. En virtud de este nombramiento, emitió moneda y ordenó que su nombre se mencionara en la oración pública. Su movimiento siguiente resultó fatal. Envió en 1771 a Abu-'l-Dhahab a conquistar Siria, pero éste entró en negociaciones con Estambul para restaurar la soberanía otomana y marchó contra Egipto, entrando en el Cairo el 8 de abril de 1772. Al año siguiente capturó a Alí Bey, que fue trasladado a El Cairo, donde murió.
El gobierno después de Bey fue despótico, y descuidó el comercio y la irrigación de los campos hasta extremos muy graves para el futuro de los habitantes. Durante los últimos treinta años del siglo, Egipto fue asolado por epidemias que diezmaron la población.

No es de extrañar que en esta situación, Francia y Gran Bretaña hubieran puesto sus ojos en un territorio débilmente defendido y pobre, pero fundamental en la ruta a Oriente. Los británicos consiguieron concesiones para hacer escala en el territorio en su camino hacia la India, tras la apertura del Mar Rojo en 1775. En 1798, Napoleón Bonaparte conquistó Egipto ante la sumisión del bajá y los beyes, con la aceptación otomana.




Napoleón Bonaparte en El Cairo (1799).


Egipto colonial

Tras la ocupación francesa de Egipto por Napoleón se reconoce por el Imperio otomano en la persona de Mehmet Alí como la dinastía heredera del trono egipcio en1805. Hasta 1811, Mehmet Alí se deshizo de los partidarios de los Mamelucos y colocó el Alto Egipto -la zona más rica y próspera- bajo su total control. A partir de ese momento pudo permitirse una larga campaña de expansión que contó con el consentimiento, cuando no el agrado, del Imperio otomano.

Sin embargo, la debilidad otomana terminaría con distintas acciones de Mehmet tendientes a expandir Egipto por el norte, conquistando buena parte de Siria, poniendo sitio a Acre (Israel) y amenazando a la propia Estambul. En ese momento (1839), es cuando Gran Bretaña, Rusia, Austria y Prusia prefieren un Imperio otomano debilitado que un poderoso Egipto, por lo que forman una alianza que exige a Mehmet el abandono de sus pretensiones al norte (Siria y Líbano). El rechazo de Mehmet lleva a las fuerzas combinadas aliadas a atacar la flota egipcia y destruirla, así que Mehmet capituló y mantuvo a partir de ese momento un ejército reducido y la promesa de no volver a expandir su territorio.




Mehmet Alí, gobernador de Egipto, recibe al cónsul británico en Alejandría, el 16 de mayo de 1839.


Los primeros pasos de la industrialización de Egipto se dieron durante este periodo histórico. Al igual que la agricultura, las nuevas actividades industriales gozaban de protección especial, siendo controlados hasta el extremo los intercambios comerciales con el exterior, fijando los precios de las materias primas y del producto final, así como los mercados con los que no se mantenía relación alguna, entre los cuales destacaba el del Imperio Británico. Esta actitud hacia el Reino Unido, forzada primero por el ocupante francés, fue desarrollada más tarde por el propio Mehmet para evitar que los textiles británicos, de mejor calidad y provenientes de industrias mejor equipadas, ocuparan el mercado egipcio. Este fue uno de los desencadenantes, entre otros, del interés británico por la ocupación de Egipto, dado que el comercio del Imperio se veía afectado.

En 1848, Mehmet Alí renunció al trono en favor de su hijo Ibrahim Pachá a causa de su avanzada edad, pero éste murió a los dos meses de la renuncia de su padre, y ocupó el trono su sobrino, Abbas I, poco dado a la política de expansión de su abuelo Mehmet y despreocupado del gobierno interno. Esto permitió a los británicos afianzar su recién obtenida influencia sobre Egipto. En 1854 Abbas fallece y le sucede su hermano Mehmet Said, mientras Gran Bretaña había conseguido establecer una línea de ferrocarril entre El Cairo y Alejandría que le permitía reducir las comunicaciones comerciales con sus posesiones en Asia, singularmente en India. No obstante, se produjeron cambios sustanciales en la política gubernamental y de alianzas. Said retomó la política de obras públicas de su padre y se deshizo de buena parte del monopolio de la agricultura, liberalizando la economía y favoreciendo las inversiones. Al mismo tiempo, su amistad personal con Ferdinand de Lesseps permitió que el sultán otorgase a Francia en 1854 la explotación del Canal de Suez, que fue abierto en 1869 bajo el gobierno de Ismail Pasha.




Bandera y escudo de Egipto como provincia otomana (1844-1867)


Ismail llevó a cabo un gobierno enérgico continuador de las reformas de su abuelo Mehmet. Destacó por el nuevo impulso a la economía emergente de desarrollo industrial, sin carecer de excentricidades como las que le llevaron a construir más metros de vías férreas por habitante que ningún otro país del mundo, a ampliar El Cairo siguiendo el modelo urbano y artístico de París o a construir grandes palacios. También trató de imitar a Mehmet ampliando los territorios de Egipto por el sur. Se abrió entonces una guerra abierta en la que el ejército egipcio terminó por ser derrotado y, aunque de hecho desde 1877 Egipto no mantuvo el control de la zona, no fue hasta 1884 que se firmó la paz.

Las tensiones con Gran Bretaña, que veía de nuevo una amenaza en la ruta comercial sobre sus colonias, se incrementaron con la concesión de la explotación del Canal de Suez a una compañía francesa. Sin embargo, la crisis con Etiopía hizo preciso al gobierno de Ismail pedir la ayuda británica y, con ello, en 1874, el Reino Unido se hizo con la mayoría del accionariado de la compañía del Canal tras un acuerdo a tres bandas.

La decadencia de la influencia francesa fue compensada con la británica. Gran Bretaña llegó a controlar la mitad del Producto Interior Bruto, el gobierno, el ejército y la administración de facto, aunque nominalmente la monarquía egipcia mantenía la autoridad en el país. Bajo la apariencia de solventar los problemas financieros, la comisión dirigida por el Reino Unido terminó por intervenir en el conjunto de la política económica egipcia, con el consentimiento de Ismail y creando un gobierno de composición mixto de egipcios y europeos, la mayoría británicos.




Oasis con el fondo de la Pirámide de Giza, en una postal del siglo XIX.


Esta posición de dominio provocó las primeras reacciones entre los nacionalistas egipcios que, al amparo de la Asamblea Nacional creada en 1866, presionaron a Ismail que terminó por disolver el gobierno mixto. Esto supuso que en 1879 Ismail debiera abdicar en su hijo, Tewfik Pasha, por presiones de los gobiernos británico y francés sobre el Imperio otomano.

Tewfik trató en todo momento de contentar los intereses extranjeros y restituyó de inmediato el gobierno mixto. Muchos oficiales del ejército se unieron a los nacionalistas y se levantaron contra el gobierno en 1881. En 1882 el grado de deterioro del derviche fue de tal magnitud que el Reino Unido, en solitario, acordó intervenir. Todo Egipto fue ocupado por las tropas británicas y ese mismo año el país pasó a ser, oficialmente, un protectorado británico.

Al tiempo de la finalización de la Primera Guerra Mundial, el nacionalismo emergente desde principios del siglo XX obtuvo el reconocimiento de la independencia, si bien los británicos se reservaron el control de la política internacional, la defensa y bases militares, hasta que en 1936 sólo se encargarán del control del Canal de Suez.

Egipto independiente

En 1919 el partido nacionalista Wafd intenta la independencia de Egipto, sin éxito. Egipto adquirió estatus independiente el año 1922, nombrándose rey a Fuad I, hasta ese momento sultán, como resultado de la desmembración del Imperio otomano, aunque la presencia militar y el control de las comunicaciones por parte de Gran Bretaña duró hasta la invasión de Etiopía por los italianos. El tratado que concedió a Egipto la total independencia se firmó el 26 de agosto de 1936 y los británicos se reservaron el control del canal de Suez.



Escudo de armas del Reino de Egipto, adoptado por decreto real el 10 de diciembre de 1923 y reemplazado por el águila republicano el 29 de junio de 1953.


Al independizarse, Egipto se transformó en una monarquía abiertamente pro-occidental y se aprobó una constitución en 1923, aunque durante el gobierno de Fuad hubo de ser suspendida para controlar el incipiente nacionalismo. Esa constitución declara a Egipto como Estado soberano, libre, independiente y monárquico. El legislativo recae en un Congreso de los Diputados y en un Senado y el ejecutivo en diez ministros nombrados por el rey.

Desde un primer momento hubo problemas entre el rey y el partido nacionalista, de modo que el primero aprueba una nueva constitución más monárquica. El Wafd boicotea las elecciones de 1931, que gana el Partido Liberal Constitucional (favorable a Fuad), quien gobernó hasta 1935, aplicando un régimen de excepción. Se reimplantó la constitución de 1923. Farouk I (1936 – 1952) realizó la misma política antiparlamentaria que su padre. Destituyó el gobierno del Wafd, disolvió el Parlamento y convocó elecciones que ganó nuevamente el Partido Liberal Constitucional.

Durante la Segunda Guerra Mundial, su territorio sirvió como campo de batalla, con Egipto apoyando a los ingleses en contra del Afrika Korps aunque muchos de sus habitantes eran considerados germanófilos y hubo dudas sobre el papel jugado por su rey. Al final del conflicto, Egipto reclamó insistentemente el abandono de Suez por los británicos y la devolución de Sudán. La fracasada guerra contra Israel en1948 acentuó el descontento de la población con sus gobernantes.




El Rey Farouk I (4º desde la izquierda) con su primer ministro Ali Maher Pasha (a su derecha) y miembros del segundo gobierno de éste (1939).


El 26 de julio de 1952, una sublevación armada encabezada por el Movimiento de Oficiales Libres y dirigida por el general Muhammad Naguib, en la que Gamal Abdel Nasser se situó en segundo plano, derrocó a la monarquía e instaló la república el 18 de junio de 1953, aboliendo los partidos políticos. Nombrado Naguib presidente, en noviembre de 1954 el propio Nasser lo derrocó nombrándose Jefe de Estado. En el mismo año Sudán alcanzó la independencia y se firmó el tratado con Gran Bretaña para la evacuación del Canal.

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