jueves, 10 de noviembre de 2011

La monarquía japonesa y su futuro

Tradiciones matrimoniales de la Casa Imperial

A lo largo de la historia, contrariamente a cualquier suerte de práctica de harén, en que no se reconoce una esposa jefe y sólo manteniendo un surtido de mujeres mueble, los emperadores japoneses y los nobles solían nombrar una esposa jefe.

La dinastía imperial practicó de forma consistente la poliginia oficial, una práctica que sólo terminó en el período Taisho (1912-1926). Además de la emperatriz, el emperador podía tomar, y casi siempre tomaba, varias consortes secundarias (“concubinas”) de distintos grados jerárquicos. Los otros dinastas (shinno) también podían tener concubinas. Luego de un decreto del Emperador Ichijō, algunos emperadores tuvieron incluso dos emperatrices simultáneamente (kogo y chugu son los dos títulos separados en esta situación). Con el auxilio de esta poligamia, el clan imperial fue capaz de producir una mayor descendencia (Los hijos de consortes secundarias eran usualmente reconocidos como príncipes imperiales, y podían ser reconocidos como herederos al trono si la emperatriz no daba a luz un heredero.).





El pueblo japonés saluda al emperador Akihito durante su 76º cumpleaños. De izq a der: Princesa Heredera Masako, Príncipe Heredero Naruhito, Emperador Akihito, Emperatriz Michiko, Príncipe Akishino, Princesa Kiko (23 de diciembre de 2009).


De las ocho mujeres tennō (emperatriz reinante) de Japón, ninguna se casó ni dio a luz luego de ascender al trono. Algunas de ellas, siendo viudas, habían tenido hijos antes de su reinado. En la sucesión, los hijos de la emperatriz eran preferidos a los de las consortes secundarias. Así, era significativo qué familias tenían oportunidades preferenciales de proveer esposas jefe a los príncipes imperiales, esto es, dar futuras emperatrices.

Aparentemente la más antigua tradición de matrimonios oficiales en la dinastía imperial eran aquellos entre miembros de la dinastía, incluso entre medios hermanos o entre tío y sobrina. Dichos matrimonios eran arreglados para preservar mejor la sangre imperial o estaban destinados a producir hijos como modo de reconciliación entre dos ramas de una dinastía. Las hijas de las consortes permanecían como concubinas, hasta que el Emperador Shōmu –en lo que se reportó como la primera elevación de este tipo- ascendió a su consorte Fujiwara a esposa jefe.

Los monarcas japoneses han sido, así como muchos otros en otras partes, dependientes de las alianzas con jefes poderosos y con otros monarcas. Muchas de dichas alianzas eran selladas con matrimonios. La específica característica en Japón era el hecho que esos matrimonios pronto se incorporaron como elementos de tradición que controlaban los matrimonios de las generaciones venideras, aunque la alianza original haya perdido su significado real. Un patrón repetido ha sido un yerno imperial bajo la influencia de su poderoso suegro no imperial.


Emperatriz Consorte Haruko (póstumamente conocida como Emperatriz Shoken, esposa del Emperador Meiji).



Desde los siglos VII y VIII, los emperadores solían tomar a las mujeres del Clan Fujiwara como sus más altas esposas – las más probables madres de los futuros monarcas-. Esto era encubierto como una tradición matrimonial entre los herederos de dos kamis, dioses Shinto: los descendientes de Amaterasu con los descendientes de la familia kami de los Fujiwara. (Originalmente, los Fujiwara eran descendientes de una nobleza relativamente menor, así su kami es difícilmente reconocible en la mitología japonesa.) El producir niños imperiales, herederos de una nación, descendiente por ambas ramas de dos kamis, era considerado deseable – o al menos así parecía a los Señores Fujiwara, que así recibían preferencia en el mercado de los matrimonios imperiales. La realidad tras esos matrimonios era la alianza entre un príncipe imperial y un Señor Fujiwara, su suegro o abuelo, este último con sus recursos apoyando el ascenso del príncipe al trono y más a menudo controlando el gobierno. Estos arreglos crearon la tradición de los regentes (Sessho y Kampaku), cuyo puesto podía ser utilizado sólo por un señor sekke Fujiwara.


Anteriormente los emperadores se casaban con mujeres de familias del clan gobernante Soga, y con mujeres de la misma familia imperial, ya sea con primas en variados grados y a menudo con sus hermanas (medias hermanas). Muchos miembros de la familia imperial de los siglos VI y VII eran hijos de parejas de medios hermanos. Estos matrimonios usualmente eran aparatos de alianza o sucesión: los señores Soga se aseguraban de mantener dominado a un príncipe, para ser puesto como títere en el trono; o un príncipe se aseguraba la combinación de dos descendientes imperiales, para fortalecer su propia pretensión al trono y la de sus hijos. Estos matrimonios también eran una manera de sellar una reconciliación entre dos ramas de la familia imperial.





Desde 1926, estandarte de la Emperatriz Consorte, de la Emperatriz Viuda y de la Gran Emperatriz Viuda.


Luego de un par de siglos, los emperadores ya no pudieron desposar a ninguna mujer fuera de esas familias como primera esposa, sin importar el poder o la riqueza que ese matrimonio pudiese traer. Rara vez un príncipe sin una madre proveniente de estas familias era autorizado para ascender al trono. La primitiva necesidad y conveniencia dieron paso a una estricta tradición que no hacía sino dar a determinadas mujeres el carácter de posibles novias, porque estas familias habían producido posibles esposas por siglos. La tradición se hizo más fuerte que la misma ley.

Las mujeres Fujiwara eran a menudo emperatrices, y las concubinas provenían de familias nobles menos importantes. En el último milenio, los hijos de un varón de la familia imperial con una mujer Fujiwara eran preferidos en la sucesión.

Las cinco familias Fujiwara, Ichijo, Kuji, Nijo, Konoe y Takatsukasa, fueron la fuente principal de novias imperiales desde los siglos VIII a XIX, incluso más comúnmente que las mismas hijas del clan imperial. Así, las mujeres Fujiwara, por lo común eran las emperatrices y madres de los emperadores.

La actual Emperatriz de Japón con la Primera Dama norteamericana Nancy Reagan (1987)



La fuente aceptable de esposas imperiales, novias para el emperador y el príncipe heredero, fueron incluso reglamentadas en las leyes de la casa imperiales durante la era Meiji (1889), que establecían que las hijas de Sekke (las cinco ramas principales de la familia Fujiwara) y las hijas del mismo clan imperial eran primariamente novias aceptables.

Luego de que esa ley fue abolida a consecuencia de la 2ª Guerra Mundial, el actual emperador Akihito fue el primer príncipe heredero en más de mil años en tener una emperatriz no elegida del círculo aceptable.

El dilema de la sucesión

La dinastía imperial japonesa basa su posición en el hecho de que ha reinado “desde tiempos inmemoriales”. Es cierto que sus orígenes están escondidos tras las nieblas del tiempo: no hay pruebas que muestren la existencia de cualquier emperador que no haya sido descendiente de su predecesor, hasta los más tempranos emperadores. Un antiguo ancestro de la dinastía, el Emperador Keitai (aparecido en los años 500 d. C.), a pesar que se sospecha no era descendiente de su predecesor, la tradición lo coloca como un pariente lejano de sus antecesores. De acuerdo a los registros, la familia que él inició en el trono, descendió al menos de una, o probablemente de varias princesas imperiales de la dinastía inmediatamente anterior.



El emperador Akihito, vestido de sacerdote sintoísta, se prepara para tener un encuentro íntimo con la diosa del sol, Amaterasu Omikami, marcando su toma del Trono del Crisantemo.


La tradición erigida por estas leyendas ha elegido reconocer sólo al ancestro masculino putativo para legitimar su sucesión, sin dar importancia al peso de los lazos por parte de las princesas. Hace milenios, la familia imperial japonesa creó su propio y particular sistema de sucesión hereditaria. Este es no basado en la primogenitura, más o menos patrilineal, basado mayoritariamente en rotación. Hoy, Japón usa un estricto sistema de primogenitura patrilineal – en otras palabras, Ley Sálica pura. Esta fue adoptada según el modelo prusiano, por el que Japón fue fuertemente influenciado en la década de 1870.

La primogenitura patrilineal estricta es, no obstante, directamente contradictoria con muchas antiguas tradiciones japonesas sobre la sucesión imperial.

Los principios controladores y su interacción eran aparentemente bastante complejos y sofisticados, llevando incluso a resultados idiosincrásicos. Algunos principios básicos de la sucesión parecen ser:
- Las mujeres podían suceder (pero existían niños que no les eran propios y cuyo padre tampoco era patrilineal de la casa imperial, así no hay precedente de que un hijo de una mujer imperial con un hombre no imperial fuera autorizado para suceder, así como tampoco lo hay prohibiéndolo a los hijos de las emperatrices). Sin embargo, la accesión femenina era claramente mucho más rara que la de los hombres.
- La adopción era posible y una forma muy utilizada para incrementar el número de herederos capaces de suceder (sin embargo, el niño adoptado debe ser hijo de otro miembro patrilineal de la casa imperial.


Akihito y Michiko, el día de su boda en 1959



- La abdicación era común, y de hecho se dio mucho más que la muerte en el trono. En aquellos días, el principal papel del emperador era ser una especie de sacerdote (o dios), que contenía muchísimos y repetitivos rituales, que se juzgaba que, tras un servicio de alrededor de diez años, el susodicho merecía un retiro digno como un honorable ex emperador.
- La primogenitura no era usada – al contrario, en la época temprana, la casa imperial practicó un sistema parecido a la rotación. Muy a menudo un hermano (o hermana) sucedía al más viejo incluso en caso que su predecesor dejara descendencia. El “turno” de la siguiente generación venía luego de varios individuos de la generación anterior. La rotación era común entre dos o más ramas de la casa imperial, así primos más o menos distantes se sucedían entre ellos. El Emperador Go-Saga incluso decretó la alternación entre los herederos de sus dos hijos, cuyo sistema continuó por un par de siglos (llevando a una lucha inducida por los shogunes entre dos ramas, los emperadores “del norte” y “del sur”). Hacia el fin de esto, los alternantes eran primos muy lejanos contados en grados de descendencia masculina (pero siempre hubo matrimonios entre miembros de la casa imperial, así que la relación sería más cercana si se contasen los grados femeninos). Durante los últimos 500 años, sin embargo, debido probablemente a la influencia del confucianismo, la sucesión por parte de los hijos –no siempre, aunque más comúnmente, el hijo menor- ha sido la norma.

Históricamente, la sucesión al Trono del Crisantemo japonés ha pasado siempre por línea masculina el linaje imperial. Generalmente han sido hombres, aunque de los más de cien monarcas masculinos ha habido seis mujeres como emperatrices en ocho ocasiones.



Procesión fuera del Palacio Imperial de Tokyo, con el Emperador Meiji y su consorte (1889)




Hace unos mil años, comenzó la tradición de que el emperador debe ascender al poder relativamente joven. Un dinasta que ha pasado la infancia se considera apta y lo suficientemente crecido. El alcanzar la edad de mayoría legal no era un requisito. Así, una multitud de emperadores han ascendido desde pequeños, jovencitos de 6 a 8 años de edad. Las labores ceremoniales eran juzgadas posibles de ser realizadas por un niño. Un reino de alrededor de diez años era reputado un servicio suficiente. Ser un niño aparentemente era un buen atributo, para soportar deberes tediosos y para tolerar la subyugación de los poderes políticos, así como a veces para esconder a los verdaderos miembros poderosos de la dinastía imperial. Casi todas las emperatrices japonesas y docenas de emperadores abdicaron, y vivieron el resto de sus vidas en el retiro, y/o ejerciendo influencia tras los velos. Muchos emperadores abdicaron y pasaron a su retiro cuando aún eran adolescentes. Estas tradiciones se aprecian en el folclore, teatro y literatura japoneses, así como en otras formas de arte, donde el emperador es usualmente descrito o representado como un adolescente.

Antes de la Restauración Meiji, Japón tuvo ocho tennō, o emperatrices reinantes, todas hijas por línea de padre de la Casa Imperial. Ninguna de ellas ascendió como esposa o viuda de un emperador. Las hijas y nietas imperiales, sin embargo, usualmente ascendían al trono como una suerte de “medida de intervalo” – si un hombre apto no estaba disponible o algunas ramas imperiales estaban en conflicto, por lo que se necesitaba un compromiso. Casi todas las emperatrices japonesas y docenas de emperadores abdicaron – muchas emperatrices una vez que un menor apto alcanzaba la edad de ascender. Tres emperatrices, la Emperatriz Suiko, la Emperatriz Kōgyoku (también llamada Emperatriz Saimei) y la Emperatriz Jitō, eran viudas de emperadores fallecidos y princesas de sangre imperial por derecho propio. Una, la Emperatriz Gemmei, era la viuda de un príncipe de la corona y princesa de sangre imperial. Las otras cuatro, la Emperatriz Genshō, la Emperatriz Kōken (también llamada Emperatriz Shōtoku), la Emperatriz Meishō y la Emperatriz Go-Sakuramachi, eran hijas solteras de emperadores anteriores. Ninguna de estas emperatrices se casó o tuvo hijos luego de ascender al trono.


Yasuhito, Príncipe Chichibu de Japón, segundo hijo del Emperador Taishō (Yoshihito) y hermano menor del Emperador Shōwa (Hirohito), con su flamante esposa, nacida Matsudaira Setsuko (1928)



El Artículo 2º de la Constitución Meiji de 1889 (la Constitución del Imperio del Japón) estatuía, “El Trono Imperial debe ser sucedido por los descendientes imperiales varones, de acuerdo con las providencias de la ley de la Casa Imperial.” La Ley de la Casa Imperial de 1889 fijó la sucesión en los descendientes varones de la línea imperial, y excluyó específicamente a las mujeres descendientes de la sucesión. En el evento que no hubiese varones en la línea principal, el trono pasaría a la línea colateral más cercana, nuevamente en línea masculina. Si la emperatriz no fuese capaz de dar a luz a un heredero, el emperador podía tomar una concubina, y le hijo que llas tuviera sería reconocido como heredero al trono. Esta ley, promulgada el mismo día que la Constitución Meiji, gozaba de igual estatus con aquélla.

El Artículo 2º de la Constitución de Japón, promulgada en 1947 bajo la influencia de la ocupación norteamericana y aún con fuerza, provee que “El Trono Imperial será dinástico y sucedido de acuerdo con la Ley de Casa Imperial aprobada por la Dieta.” La Ley de la Casa Imperial de 16 de enero de 1947, promulgada por la 92º sesión de la Dieta Imperial, retuvo la exclusión de las dinastas mujeres contenida en la ley de 1889. El gobierno del Primer Ministro Yoshida Shigeru remendó rápidamente la legislación para dar a la Ley de la Casa Imperial concordancia con la Constitución de Japón escrita por los americanos, que entró en efecto en mayo de 1947. En un esfuerzo por controlar el tamaño de la familia imperial, la ley establece que sólo los legítimos descendientes varones en la línea de sucesión masculina pueden ser dinastas; que los príncipes y princesas imperiales pierden su estatus de miembros de la Familia Imperial si se casan fuera de ésta; y que el Emperador y otros miembros de la Familia Imperial no pueden adoptar hijos. También evitó que otras ramas que no descendiesen de Taisho accedieran a ser príncipes imperiales.

Gala pre-boda del Príncipe Heredero Akihito (hoy Emperador) con Michiko Shōda, 10 de abril de 1959.


Estado actual


La Sucesión se regula por las leyes promulgadas por la Dieta de Japón. La ley actual excluye a las mujeres de la sucesión, si bien muy ocasionalmente las mujeres ocuparon el trono en siglos precedentes. Un cambio a esta ley ha sido considerado desde 2005 dado que el Príncipe Heredero Naruhito es padre sólo de una niña. Esto crea un desafío tanto logístico como político: cualquier cambio en la ley puede significar una revisión para establecer la sucesión en el primogénito más que en el primer varón; no obstante, el actual emperador no es el primogénito, sino que tiene hermanas mayores.


Hay una potencial crisis sucesoria debido a que no han nacido niños varones en la familia imperial desde el Príncipe Akishino en 1965. Luego del nacimiento de la Princesa Aiko, ha habido cierto debate público sobre la enmienda a la Ley de la Casa Imperial para permitir a las mujeres suceder en el trono. En enero de 2005, el Primer Ministro Jun'ichirō Koizumi designó a un panel especial compuesto de magistrados, catedráticos e intelectuales en orden a estudiar cambios en la Ley de la Casa Imperial y para hacer recomendaciones al gobierno.


El Príncipe Hisahito de Akishino, tercero en la línea de sucesión al trono, es el primer varón nacido en la Familia Imperial japonesa desde su padre, 41 años atrás.


El panel referido recomendó el 25 de octubre de 2005 enmendar la ley para permitir a las mujeres de la descendencia masculina ascender al trono japonés. El 20 de enero de 2006, el Primer Ministro Jun'ichirō Koizumi dedicó parte de su cuenta anual a la controversia, plegándose a la idea de convocar a un plebiscito para permitir a las mujeres ascender al trono para asegurar que la sucesión continúe de manera estable. Sin embargo, poco después del anuncio de que la Princesa Kiko estaba embarazada por tercera vez, Koizumi suspendió estos planes. El 6 de septiembre de 2006, la esposa del Príncipe Fumihito dio a luz a un varón, el Príncipe Hisahito, y que es el tercero en la línea de sucesión, luego de su tío el Príncipe Naruhito y de su padre.

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