miércoles, 22 de diciembre de 2010

Las perlas, infaltables en un joyero real

La perla, como se sabe, ha ocupado en el mundo de las piedras preciosas un lugar muy especial. Reinas, princesas y aristócratas de buen gusto han hecho de ellas sus piezas maestras.

La reina María de Médicis

Los collares de Catalina de Médicis

En el siglo XVI, María de Médicis, reina de Francia, llegó a poseer 5.878 perlas redondas y en forma de pera. Su nuera, Ana de Austria, esposa de Luis XIII, aumentó la colección. Catalina de Médicis, esposa y madre d
e reyes de Francia, heredó valiosísimas joyas con estas gemas y uno de sus más preciados tesoros fue un magnífico collar de perlas de dos vueltas con siete enormes perlas colgantes, regalo de bodas de su tío, el Papa Clemente VII. La reina de Francia le regaló después esta joya a su nuera María Estuardo, la desdichada reina de los Escoceses.

Cuando Isabel I de Inglaterra ordenó ejecutarla y se apropió de algunas de sus joyas, María Estuardo envió el collar nuevamente a Francia. Se supo que la espléndida pieza cruzó el Canal de la Mancha pero no volvió a verse en público sino hasta tres siglos después, adornando el cuello de la emperatriz Josefina, como se ve en un grabado de la época. Luego del divorcio de Napoleón, el collar pasó a manos de una nieta de la emperatriz, Josefina de Leuchtenberg, reina de Suecia.

Otras perlas adquiridas por Isabel I fueron heredadas a través de la familia real, causando a principios del siglo XIX una batalla legal por su propiedad entre la reina Victoria y el Rey de Hannover. La mayoría fueron a parar a la familia real de Hannover, pero algunas de ellas hoy utiliza Isabel II.




La Tiara de la Emperatriz Eugenia

Fue mandada hacer por Napoleón III al joyero de la corte Gabriel Lemmonier, para obsequiársela a su esposa, la bella española Eugenia de Montijo: una tiara de espectaculares perlas engarzada en platino y montada en brillantes. La emperatriz la usó a menudo en las ceremonias e incluso aparece con ella en un retrato oficial realizado por Winterhalter.




El origen de las perlas usadas en esta joya se cree que proviene del magnífico aderezo que Napoleón Bonaparte obsequió a su segunda esposa, la Emperatriz María Luisa. Había sido encargado al joyero de la corte, Francois Regnault Nitot y el componente principal del conjunto era la extraordinaria tiara, confeccionada con 297 perlas y una pieza central, la enorme Perle Napoleon o “Regente”, en forma de gota y de 346.27 granos de peso. Otras piezas que incluía el set eran la peineta, un par de brazaletes, pendientes, un collar de tres vueltas, un enorme sautoir y otro collar simple de 408 perlas esféricas.

Luego de la caída de Napoleón, el aderezo fue a parar a las manos de Marie-Therese, hija de Luis XVI y María Antonieta, que se casaría con su primo Louis Antoine, Duque de Angulema. El aderezo de la emperatriz María Luisa fue rediseñado y la Perle Napoleon se utilizó como pieza central de una nueva tiara.



En 1853 Napoleón III ordenó que se confeccionara un aderezo enteramente nuevo para la emperatriz Eugenie utilizando las perlas que previamente habían pertenecido a María Luisa y María Teresa. El conjunto incluía, además de la tiara que pintara Winterhalter, un collar de seis vueltas, brazaletes y un stomacher de diamantes que incorporaba la Perle Napoleon. En 1855, cuando la emperatriz acompañó a su esposo a la visita de Estado a Gran Bretaña, Eugenia usó la Tiara de Diamantes y Perlas durante dos cenas consecutivas.

En 1887, luego de la venta de las joyas de la Corona por las autoridades de la Tercera República, la pieza fue subastada y vendida al artista Julius Jacob. Tres años después la joya fue a parar a Alemania, a la Casa Von Thurn und Taxis, cuando la adquirió el Príncipe Albrecht I como regalo de bodas para su esposa, la archiduquesa Margarethe de Austria. Continuó siendo usada por las consortes de sus príncipes durante fines del siglo XIX y primera mitad del XX, incluso la llevó la princesa Gloria el día de su boda con Johannes, el 11º Príncipe von Thurn und Taxis, en 1980.

Finalmente, la excepcional joya fue vendida en la millonaria subasta de esta colección realizada en Christie´s en 1992. Los compradores fueron la sociedad “Amis de Louvre”, que la destinaron al Museo del Louvre, como parte del gran legado histórico y cultural de Francia.


El Aderezo de Perlas de Orange-Nassau

La colección de Orange formada por diamantes, rubíes y perlas es un conjunto de una gran belleza. Las piezas de perlas fueron confeccionadas entre 1825 y 1860; sin ser específicamente un aderezo, aunque combinen perfectamente, el juego consistía en una tiara, un corsage, pendientes, broche y collar.




La tiara consiste en dieciocho arcos en punta de diamantes de los que cuelgan grandes perlas en forma de gota. El gran broche con forma de ramillete puede dividirse en dos piezas, y ambas pueden llevarse en el collar de perlas. Este collar puede llevarse con o sin el gran cierre de diamantes y perlas. Cuando se lleva con el cierre de diamantes, el cierre se lleva en la parte delantera del cuello. Algunas de las perlas son muy antiguas, de hecho, el rey Christian IV (1577-1648), fue retratado con un pendiente de perlas.

La tiara fue hecha para la princesa Luisa de Prusia, cuando contrajo matrimonio con el príncipe Federico de los Países Bajos (tatarabuelos de la actual reina Margarita II). La reina acabó regalándosela a su propia hija, la princesa Luisa, cuando se casó con el heredero al trono de Suecia y Noruega, el futuro rey Carlos XV, en 1859.


De Suecia la tiara viajó a Dinamarca como parte de los regalos de boda de la futura reina Luisa, hija de Luisa de Suecia y Noruega, en 1869. Luisa de Dinamarca conservó su conjunto hasta su muerte en 1926, cuando lo heredó la reina Alejandrina, que lo llevó mientras el rey Christian X estuvo vivo. Tras su muerte en 1947, ella cedió su conjunto a su sucesora, la reina consorte Ingrid, hija de Gustavo VI Adolfo de Suecia y Margarita de Connaught. La esposa de Federico IX de Dinamarca usó por primera vez esta joya durante su primera visita oficial a Suecia y, por segunda vez, durante las fiestas de coronación del Sha de Irán en 1967.


Siempre se ha pensado que el aderezo pertenecía a las joyas de la Corona, pero no es correcto, la tiara pertenece a una fundación, la Løsørfideikommis, fundada en 1910 por la reina Luisa. En esta fundación hay una gran colección de joyas que están declaradas no vendibles ni pueden ser subastadas o desgajadas en posibles herencias, sino que está pensada para pasar de generación en generación, por lo que muchas de las piezas que lleva Margarita son de este fondo y también otros miembros de la familia tienen permiso para llevarlas.

Dada su tendencia artística, la reina Margarita suele utilizar joyas de este conjunto en combinación con otras piezas de su colección privada.


El Swan Lake Suite de Diana, Princesa de Gales

Entre las diferentes piezas de joyería que lady Diana Spencer recibió de la colección p
ersonal de la reina al casarse con su hijo primogénito, sus favoritas eran las alhajas que incluían perlas, la más prominente de las cuales fue la Tiara Cambridge Lover’s Knot, pues estuvo siempre asociada a la princesa. Además usaba collares de una o dos vueltas para el día y la noche, pero los chokers fueron los más famosos y fue fotografiada en diferentes ocasiones usándolos, con vueltas de perlas que variaban de dos a once. Estos chokers estaban hechos solo de perlas blancas o, a veces, con alguna gema de color como pieza central. El ejemplo más clásico es el que llevaba un gran zafiro y que lució por primera vez en 1985, durante el banquete de Estado en la Casa Blanca con el presidente Reagan.

Hasta el final de su vida usó perlas y de diamantes y perlas fue la última joya que llevó en público oficialmente antes de su muerte, el collar de la Swan Lake Suite.



Este conjunto consiste en dos piezas, un collar de diamantes y perlas y un par de aretes de diamantes y perlas. El collar había sido creado por los joyeros Garrard en la primavera de 1997 con el conocimiento y la asistencia de Diana. Fue usado para la gala real del ballet “El Lago de los Cisnes” en el Royal Albert Hall el 3 de junio antes de ser devuelto a los joyeros para que fuera acompañado por los aretes. Desafortunadamente, fue su último compromiso oficial antes de su prematura muerte el 31 de agosto de 1997 y nunca tuvo la oportunidad de usar la suite completa.



El collar está confeccionado con 164 diamantes corte brillante y 14 diamantes corte marquesa e incluye cinco de las joyas favoritas de la princesa, las perlas de los Mares del Sur. Los aretes tienen un diseño floral montado en platino y están confeccionados con 15 brillantes y 3 marquesas cada uno y una perla esférica pendiente como gota.

Aunque la princesa había dado la orden a Garrard para su realización, no llegó a hacer ningún pago por el trabajo y, así, los joyeros de la corte seguían siendo sus dueños. El collar se convertía en la única joya lucida por la princesa de la cual no podía ser dispuesto su destino. Las piezas prestadas u obsequiadas de la colección de Elizabeth II regresaron a manos de la soberana; las que pertenecieron personalmente a la princesa, permanecen en custodia hasta que sus dos hijos, William y Harry, las reclamen algún día.



Finalmente, el conjunto conocido como “Diana, Princess of Wales Swan Lake Suite” fue adquirido por el director de Lehman Brothers, el banco de inversiones londinense, como presente de cumpleaños para su esposa. El 16 de diciembre de 1999, los dueños ingleses de la suite decidieron subastarla en Guernsey’s, de Nueva York, siendo vendida por 580.000 dólares al coleccionista de Texas James McIngvale.

Las “Queen Anne and Queen Caroline Pearls” de Elizabeth II

La soberana del Reino Unido y sus perlas forman una imagen que no puede ser concebida por separado. Elizabeth II posee una colección inestimable. Las que usa a menudo durante el día fueron obsequio de su abuelo, el rey Jorge V, cuando ella aún era joven. Hay además regalos de bodas, herencias familiares, presentes de todo tipo que incluyen estas gemas.

Las perlas de la Reina Ana y la Reina Carolina, en conjunto, fueron estimadas en más de 4 millones de libras el par. Ambos collares constan de un solo hilo de grandes perlas con broches también de perla. El collar de la Reina Ana era la pieza más valiosa de la última soberana Estuardo. Horace Walpole escribió en su diario: "La reina Ana tenía pocas joyas y todas indiferentes, a excepción de un collar de perlas que le dio el príncipe Jorge".




La Reina Carolina, por el contrario, tenía una gran cantidad de joyas valiosas, incluyendo por lo menos cuatro collares de perlas finas. Llevó todos sus collares de perlas durante su coronación, pero después seleccionó las mejores cincuenta perlas para hacer un collar grande. En 1947 ambos collares fueron obsequiados a la entonces Princesa Isabel por su padre como regalo de bodas.


Aquel 20 de noviembre de 1947, Isabel dio cuenta de que había dejado sus perlas en el palacio de St. James. Como la princesa deseaba usar particularmente las perlas, le pidió a su secretario privado John Colville que fuera hasta allí para recuperarlas. Colville terminó en el patio donde encontró el gran Daimler del rey Haakon VII de Noruega. El tráfico aquella mañana estaba detenido por lo que incluso el coche del rey de Noruega, con su bandera real volando, no podía llegar a ninguna parte. Colville continuó su viaje hacia el palacio a pie. Cuando llegó allí, tuvo que explicar su extraña historia a los guardias que custodiaban los más de 2600 regalos de boda de la princesa. Después de encontrar el nombre del secretario privado en un programa de la boda lo admitieron y Colville fue capaz de obtener las perlas de la princesa a tiempo para su retrato en el Salón de Música del Palacio de Buckingham.


La Diadema española de “La Chata”

La diadema bautizada como de 'La Chata' fue creada en el año 1867 por la joyería Mellerio, de París, por encargo de la reina de España Isabel II para la boda de su hija, la infanta María Isabel, con el príncipe Cayetano María de Borbón- Dos Sicilias. La pieza fue expuesta ese mismo año en París con motivo de la Exposición Universal.



Conocida también como la diadema de las conchas por sus motivos marinos (se representa el mar a través de las conchas y la espuma de las olas por la sucesión de las perlas pinjantes en forma de pera), destaca esta importante joya por el montaje sobre platino de los doce diamantes y las siete perlas que la componen (Tres perlas a los lados, de menor a mayor tamaño, y una muy grande en el centro con forma de lágrima. Intercalados, los 11 diamantes y uno muy grande debajo de la perla, también con forma de lágrima).

Cuando falleció la Infanta sin descendencia, la joya pasó a su sobrino, el Rey Alfonso XII, luego al hijo de éste, Alfonso XIII y de él a su hijo Don Juan, Conde de Barcelona, quien se la regaló a su nuera, la princesa Sofía de Grecia, por sus esponsales con el entonces príncipe Juan Carlos, en 1962. La Reina la lució en la boda de su hermano Constantino y aparece con ella en retratos oficiales y algún sello de correos.






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