domingo, 5 de diciembre de 2010

Fiesta de fringes


De todos los diseños de tiara el más prolífico es el fringe (“franja”). También conocida como “rayo de sol”, la tiara fringe probablemente tuvo sus orígenes en la Antigua Grecia donde los reyes y sacerdotes usaban coronas de oro con la forma de rayos de sol para denotar su divinidad o especial afinidad con la deidad solar.

El típico diseño para una tiara fringe consiste en barras con forma de espiga, de tamaño graduado, dividido con púas de gemas, principalmente diamantes. Este diseño se halla basado en un prototipo ruso, el imperial “kokoshnik”, que significa “cresta de gallo”, y era adaptado del traje típico de una joven campesina rusa.

Diamond fringe russe


Este tipo de tiara, que a menudo podía ser tan versátil como para convertirse en collar o hasta ornamento de corsage, es llamada “fringe rusa” porque fue altamente exitoso en Rusia. Era costumbre para las novias de la familia imperial recibir una tiara fringe el día de su boda. Literalmente, miles fueron confeccionadas a fines del siglo XIX y principios del XX.

Tiaras rusas


La Tiara de la Gran Duquesa María Alexandrovna, Duquesa de Edimburgo, le fue obsequiada por su padre, el Zar Alejandro II. María Alexandrovna lo legó a su hija mayor, María de Sajonia-Coburgo-Gotha, princesa de Edimburgo y futura reina consorte de Rumania. La hermana de ésta, Beatriz, futura Infanta de España y Duquesa de Galliera, también la usó en ocasiones importantes. María de Rumania la legó a su segunda hija, María, futura consorte del rey Alejandro I de Yugoslavia. Ésta, una vez Reina Madre de Yugoslavia, la vendió en julio de 1960 a través de Sotheby’s a Levy Cohen.

La Gran Duquesa María Alexandrovna

María, reina de Rumania

Infanta Beatriz, Duquesa de Galliera
María, Reina Madre de Yugoslavia


La Tiara Rusa Kokoshnik fue obsequiada en 1888 a la Princesa de Gales, nacida princesa Alejandra de Dinamarca, por Lady Salisbury, en nombre de las 365 Pares del Reino Unido. Alexandra había pedido que la tiara fuera diseñada según la moda del tocado de una chica rusa, un kokoshnik. Ella conocía bien el diseño a partir de una tiara similar perteneciente a su hermana Dagmar, luego María Feodorovna, la Emperatriz de Rusia.
La Kokoshnik Russian Tiara

La reina Alejandra

La joya fue realizada por los joyeros Garrard y supervisada por Lady Salisbury. Está compuesta de 61 barras de platino y lleva incrustados 488 diamantes, el mayor de los cuales pesa 3,25 quilates (0,65 g). La Princesa de Gales escribió a su tía, la Gran Duquesa de Mecklemburgo-Strelitz, que "los regalos son absolutamente magníficos. Las señoras de la sociedad me dieron una preciosa tiara de diamantes en punta".

La reina Isabel en los ‘80

La reina Isabel, hoy


La “George III Tiara” o “Hannover Tiara” es un círculo simple que incorpora brillantes en líneas verticales parecidas a espigas, engarzados en plata y montados en oro. Originalmente encargada en 1830 para Jorge III, la tiara desde entonces ha sido usada por muchas reinas consortes. Al principio podía ser usada como un collar o montada en un alambre para formar la tiara.

Hannover fringe


Victoria por primera vez la llevó como tiara, durante una visita a la Ópera Real en 1839. En la pintura de Winterhalter “El Primero de Mayo”, realizada en 1851, puede verse que Victoria la lleva mientras sostiene en brazos al Príncipe Arturo, el futuro duque de Connaught y Strathearn.
“El Primero de Mayo”
La Reina Mary con la Hannover fringe

Es similar en diseño al Kokoshnik ruso de la reina Alejandra. La diferencia principal es que esta última es una tiara real Romanov que tiene pequeños espacios entre los hilos de diamante y los 'picos' no se despuntan en la parte superior. En el año 1936 la tiara Hannover fue cedida por la Reina Mary a su nuera, la reina consorte Isabel y esta la usó en no pocas ocasiones Cuando la consorte de Jorge VI usó por primera vez la tiara, Sir Henry "Chips" Channon la llamó “una fea tiara de puntas”.

La reina Isabel después se la prestó a su hija, la futura Isabel II, para cumplir con la tradición de llevar "algo prestado" para su boda en 1947. Cuando la princesa se estaba vistiendo en el Palacio de Buckingham antes de partir hacia la Abadía de Westminster, la tiara se quebró. Afortunadamente, el joyero de la corte estaba disponible para un caso de emergencia, por lo que fue trasladado urgentemente a su sala de trabajo por una escolta policial. La reina Isabel aseguró a su hija que la joya se arreglaría a tiempo, y así fue.



La reina madre Isabel

La princesa Isabel, hoy Reina, con la Hannover fringe como tiara de boda
Una de las raras ocasiones en que Isabel II la ha utilizado en la actualidad


La Reina Madre más tarde también la prestó a su nieta, la princesa Ana, para su matrimonio con el capitán Mark Phillips en 1973. Al morir la Reina Madre en 2002, todas sus joyas pasaron a manos de la Reina Isabel y entre ellas estaba la tiara en cuestión.

La Tiara de la Gran Duquesa María Pavlovna fue confeccionada alrededor de 1880 por Bolin, uno de los joyeros favoritos de la Gran Duquesa. María Alejandrina Isabel Leonor de Mecklemburgo-Schwerin fue llamada María Pavlovna tras su boda con el Gran Duque Vladimir Alejandrovich de Rusia, tercer hijo del zar Alejandro II. Era conocida como Miechen o María Pavlovna la Mayor. Su fringe de diamantes de corte circular, articulada y graduada, está montada en oro y plata y puede ser desmantelada de su montura para ser usada como collar flexible o como adorno de cabeza. Miechen la usó de una manera un tanto peculiar, formando una estrella con una de sus maravillosas esmeraldas como centro y demostrando la gran flexibilidad de la joya.

La Gran Duquesa Maria Pavlovna, “Miechen”


Luego de la muerte de María Pavlovna, todos sus diamantes fueron a su hija Elena y ésta la usó en su boda con el príncipe Nicolás de Grecia. La princesa Elena se la da a su hija Isabel de Grecia y Dinamarca para su boda con el conde Carl Theodor de Toerring-Jettenbach.
La Gran Duquesa Elena Vladimirovna


La princesa Isabel de Grecia, condesa Toerring-Jettenbach


Elena de Toerring-Jettenbach


A su vez, la hija de ésta Elena (condesa Helene Marina Elisabeth de Toerring-Jettenbach) la luce el día de su boda con el Archiduque Fernando Carlos de Austria y luego la lleva la hija de éstos, Sofía de Habsburgo, cuando se casa con el príncipe Hugo de Windisch-Graetz, y su nuera, la iraní Maya Askari, el día de su boda con el hermano de Sofía, el archiduque Maximilian.


Sofía de Habsburgo


Maya Askari


La familia real sueca posee la Tiara Fringe de Baden, de brillantes con forma de flecos. Fue llevada a Suecia por la reina Victoria, nacida princesa de Baden y bisnieta de la gran duquesa María Pavlovna de Rusia, quien la había recibido como regalo de sus padres, el zar Pablo I y Sofía Dorotea de Württemberg.


Victoria, Princesa Heredera de Suecia


La Kent London Fringe es lo suficientemente romántica como para ser adoptada como la tiara de bodas familiar. Le fue obsequiada por la Ciudad de Londres a Marina, princesa de Grecia y Dinamarca, cuando contrajo matrimonio en 1934 con el Príncipe Jorge, Duque de Kent, cuarto hijo varón del rey Jorge V. Esta Tiara perteneció a una Maharani y, al contrario que la mayoría, tiene la particularidad de no ser convertible en collar: es completamente rígida y solo puede ser usada como tiara.
Kent London Fringe Tiara

Marina de Grecia y Dinamarca


La Princesa Alejandra de Kent, Lady Ogilvy


Dos de las hijas de Nicolás de Grecia, Isabel y Marina, recibieron una fringe. La fringe de Isabel es la de su madre y es la que llega a Sofía de Habsburgo, la de Marina es la obsequiada por el pueblo británico y que su hija, la Princesa Alexandra de Kent también usó el día de su boda con Angus Ogilvy en el año 1963. La nuera de ésta, Marie-Christine von Reibnitz, la lució en la recepción de su boda con el Príncipe Michael en la Embajada Británica en Viena, el 30 de junio de 1978. Hoy todavía se halla en su poder.

El Príncipe Michael de Kent y María Cristina von Reibnitz


La Princesa Michael de Kent


Sirikit Rajini, reina consorte de Tailandia, cuyas joyas no llegan a la suntuosidad de las del Sultanato de Brunei, posee impresionante y variadas piezas. También tiene una versátil fringe, que puede ser llevada como diadema, collar o coronita.


La reina Sirikit y dos formas de usar su fringe


Su hija, la Princesa Bejaratana, la usa como collar


La Tiara Fringe de los Habsburgo, propiedad de la Familia Principesca de Liechtenstein. Su historia dice que fue hecha por Kochert de Viena y obsequiada a la Infanta Maria Teresa de Portugal en 1873 por su boda con el Archiduque Carlos Luis, hermano del Emperador Francisco José. De ella pasó a su hija la Archiduquesa Isabel Amalia, quien se casó con el Principe Alois de Liechtenstein en 1903 y hasta hoy sigue en poder de la familia. La usó su nuera Georgine ("Gina") Condesa de Wilczeck, cuando se casó con el Príncipe Francisco José y luego dos de las nueras de éste: Marie Aglaë, Condesa Kinsky von Wchinitz und Tettau, en su boda con Hans Adam en 1967 e Isabel de L’Arbre de Malander, en su boda con Felipe Erasmo en 1971. La última integrante de la familia vista con esta fringe fue la Princesa heredera Sophie (nacida Duquesa en Baviera), esposa del príncipe Alois.

Habsburg Fringe Tiara

La Princesa Gina de Liechtenstein

La Princesa Marie Aglaë
La Princesa Isabel

La Princesa Heredera Sophie



La Tiara fringe que perteneció a la Gran Duquesa Anastasia Mijailovna Romanova de Rusia, nieta de Nicolás I, le fue obsequiada por su tío, el zar Alejandro II, cuando Anastasia se casó con el Gran Duque de Mecklemburgo-Schwerin. Su hija Alexandrina Augusta de Mecklenburgo-Schwerin, consorte de Christian X de Dinamarca, heredó la tiara de su madre rusa y luego se la legó a su segundo hijo, Canuto, Príncipe heredero de Dinamarca. Hoy la tiara está en manos del nieto de Alejandrina, el Conde Christian de Rosenborg, hijo de Canuto.
Alejandrina de Dinamarca y la Tiara de la Gran Duquesa Anastasia




viernes, 3 de diciembre de 2010

¿Tiaras o coronas?

La realeza utiliza estas piezas de joyería –ambas- para las ocasiones solemnes: la corona, contadas veces, en situaciones de gran majestuosidad; la diadema, de uso más común, en banquetes de Estado y galas familiares con un protocolo pre-establecido.

Una corona consta de un círculo de oro que se ajusta a la cabeza, del que parten dos arcos, uno frontal y otro lateral, que se cruzan perpendicularmente. De la intersección de los arcos elevados, surge una cruz. Interiormente está forrada de terciopelo y constelada con piedras preciosas.

Una de las coronas más famosas del mundo, la del Estado Imperial (Reino Unido)


El grado de riqueza del trabajo y los materiales empleados, así como el diseño específico, hacen de la corona la joya más preciada para la solemnidad de la coronación de un monarca. Las reinas consortes usan esta joya para su propia coronación y para ocasiones de Estado muy parecidas a ésta en majestuosidad e importancia. Al contrario que los monarcas reinantes, quienes pueden heredar una o más coronas para su uso, las consortes se han mandado confeccionar especialmente coronas para sí mismas que no han sido vueltas a usar por ninguna sucesora suya.



La Corona de María de Módena, utilizada por las reinas consortes de Inglaterra hasta 1831


Todas las reinas británicas del siglo XX, Alexandra de Dinamarca, Mary de Teck y Elizabeth Bowes-Lyon usaron sus propias coronas de consorte confeccionadas en 1902, 1911 y 1937, respectivamente. La otra reina consorte que mandó crear una especialmente para ser usada en su coronación fue Adelaida de Saxe-Meiningen, esposa de William IV, en 1831. Anteriormente venía siendo usada la corona de María de Módena, esposa de James II de Escocia. Lo contrario ocurrió en la Rusia Imperial, donde no había una corona de consorte para cada nueva emperatriz, porque la Corona Imperial Menor fue usada por todas las zarinas consortes.

Otras famosas coronas consortes en la Historia han sido las de Dinamarca, Francia, Hungría, Irán, Noruega, Rumania y Suecia.

La Corona de la Emperatriz Farah Diba de Irán, confeccionada por Van Cleef & Arpels usando enormes piedras de las Joyas de la Corona persa


La diadema es un tipo de corona, específicamente una banda de cabeza ornamental utilizada por los monarcas del Este y otros como una insignia de la realeza. La palabra deriva del griego "διάδημα" (diádēma), "banda" o "filete" y de "διαδέω" (diadéō), "Yo ato alrededor", o "Yo aprieto". El término originalmente se refería a la cinta blanca de seda bordada, que termina en un nudo y dos tiras de flecos a menudo envueltas en los hombros, que rodeaba la cabeza del rey para denotar su autoridad.


Corona y Diadema romanas de bronce, estilo celta, encontradas en un templo de Hockwold-cum-Wilton, Norfolk


El término fue aplicado más tarde a una corona, por lo general un "aro" de forma circular. Por ejemplo, la corona usada por los reyes de la Inglaterra anglosajona fue una diadema, como fue más tarde la del barón (en algunos países, coronada por tres globos). Por extensión, una diadema es un ornamento enjoyado en forma de media corona, usado por las mujeres y que se coloca en el centro de la cabeza o sobre la frente (en este sentido, también llamada “tiara”). Los antiguos persas usaban una alta y erguida tiara real, rodeada con una diadema.

En el Imperio napoleónico, las diademas imperiales eran anchas y envolventes, más del estilo de una corona. La Emperatriz Josefina, el día de su coronación, llevó una de estas joyas confeccionada enteramente de diamantes. No hubo una corona de consorte que ella portara, ya que Napoleón sólo tocó la cabeza de su esposa con la Corona de Carlomagno que había usado para sí, en un gesto simbólico indicador que la autoridad de ella provenía de él.

La diadema de coronación de Josefina de Beauharnais


Detalle de la coronación de Josefina (obra de David)


Elisa Bonaparte, Gran Duquesa de Toscana, con una ancha diadema de perlas


Dos formas de llevar una tiara:


Sobre la frente, como la actual Princesa Heredera de Japón, Masako
Sobre la coronilla, como la Emperatriz Michiko (en la foto, cuando era princesa heredera)


Una de las diademas más célebres con forma de corona es la “King George IV State Diadem”, también conocida como “Diadema de Diamantes”, que fue hecha en 1820 por los Reales Orfebres Rundell, Bridge y Rundell para la coronación de Jorge IV. Fue diseñada para rodear la Cap of Estate de terciopelo que llevaba el Rey en la procesión a la Abadía de Westminster. La joya tiene 1.333 diamantes de 325,75 quilates y 169 perlas a lo largo de su base. Su diseño incluye rosas, cardos y tréboles, los símbolos florales de Inglaterra, Escocia e Irlanda, respectivamente.

La Diadema de Diamantes de George IV


La diadema fue usada también durante la procesión de coronación de la reina Victoria y más tarde de la reina Isabel II. Hoy es usada por la actual soberana en la procesión en carroza el día de la Apertura del Parlamento y ha aparecido en muchos retratos de Isabel II. Apareció además en el primer sello de correos, el "Penny Black" de 1840. Incluso hoy, se puede ver en los billetes y monedas en todos los reinos de la Commonwealth. En su testamento, la reina Victoria dejó la diadema a la Corona, no sólo asegurándose que sería usada por los monarcas futuros, sino también haciéndola formar parte de las joyas de la Corona.


La Reina Mary con la Diadema de Diamantes


Ciertas diademas, como la Tiara Leuchtenberg de zafiros en poder de la familia real sueca, o la Tiara de Esmeraldas de la reina Federica de Grecia, son flexibles y se pueden estirar, para guardarlas en un estuche o para usarlas como collar.

La reina Silvia de Suecia con la tiara de zafiros y el resto del aderezo

La misma tiara en su estuche
Aquí Federica de Grecia usa la diadema de esmeraldas como collar
Su nuera, la reina Ana María, la usa en la cabeza como tiara


Hay diademas reales que han pertenecido a una misma dinastía por generaciones, lo que les ha llevado a iniciar tradiciones familiares, como la Tiara Cartier del Khedive de Egipto, que hoy es una joya de gran valor sentimental para la familia real danesa. Esta tiara de diamantes y platino fue originalmente un regalo de bodas del Khedive de Egipto a la princesa Margarita de Connaught, que se casaría con el futuro rey Gustavo VI Adolfo de Suecia en 1905. Después de la prematura muerte de la princesa Margarita en 1920, la tiara fue heredada por su hija, la princesa Ingrid, que se la llevó con ella cuando se casó, ingresando a la familia real danesa en 1935. A su muerte en 2000, la tiara pasó a la hija menor de Ingrid, la reina Ana María de Grecia.

La Princesa Ana María de Dinamarca en su boda (1964)


Cuando las tres hijas de la reina Ingrid se casaron, usaron la tiara de su abuela como una forma de reconocer su memoria: la princesa Margarita en 1967, la princesa Benedicta en 1968 y la Princesa Ana María en 1964. Esta encantadora tradición familiar se siguió también en la generación siguiente, con la hija mayor de la princesa Benedicta, la Princesa Alexandra zu Sayn-Wittgenstein-Berleburg usando la joya en 1998 y la hija de la reina Ana María, la Princesa Alexia de Grecia, en 1999. Las dos restantes descendientes solteras de la reina Ingrid con quienes continuará la tradición son la Princesa Teodora de Grecia y la Princesa Nathalie zu Sayn-Wittgenstein-Berleburg.


La Princesa Alexia de Grecia en su boda (1999)


Algo parecido ocurre con la Tiara/Collar Belga de Diamantes, que el gobierno belga regaló a la princesa Joséphine-Charlotte en 1953 para su boda con el Gran Duque Heredero Jean de Luxemburgo y que no debe confundirse con la Tiara Congo, regalada para la misma ocasión por el banco nacional belga, el Société Générale. La Tiara Belga consta de brillantes montados en platino, que tanto puede ser usada como tiara y como collar.

La Tiara Belga


La Gran Duquesa Josefina Carlota la usó como tiara en su boda



Y como collar en una recepción oficial


Como tiara de boda fue usada por su nuera, María Teresa Mestre (1981)


Al igual que su hija Marie Astrid (1982)


Y su otra hija, Margaretha (1982)




miércoles, 1 de diciembre de 2010

Las joyas de la realeza

En los grandes ceremoniales cortesanos, desde las monarquías centenarias como la noruega hasta las casas reales glamorosas con aroma a Hollywood –la imagen prototípica de Grace Kelly-, sus participantes utilizan la joyería suntuosa como parte del aparato de la realeza.
Piezas de joyería de la Gran Duquesa Josephine Charlotte de Luxemburgo


Desde la época medieval, en que el agresivo despliegue de joyas sobre el vestuario era indicador del poder económico y social de su portador, hasta el Siglo de Oro español, época donde más que gemas se llevaba el oro del Nuevo Mundo en pesadas alhajas sobre el terciopelo negro, el adorno de los personajes reales con elaborada joyería marcaba rotundamente la diferencia de clase entre la corte y el pueblo.

Pero ya en el siglo XVIII, tras ser guillotinado Luis XVI durante la Revolución Francesa, comienza un tiempo nuevo en el ceremonial de las cortes de Europa y hay una clara distinción entre la vida pública y la privada de las familias reales. Se reserva un comportamiento con un aparato de formas para las apariciones públicas y otro más doméstico, humano y elástico para la vida de interior.


Recreación cinematográfica actual de María Antonieta de Francia en traje de corte y magnificente joyería


A partir del momento en que Napoleón se corona a sí mismo e inicia un período de grandeza imperial evocando en sus representaciones el cesarismo romano, nuevamente cambia la estética y las formas. Es el momento en que la monarquía se hace burguesa y se acerca al pueblo.

A fines del siglo XIX va surgiendo otra distinción en la relación entre la realeza y las joyas: éstas comienzan a ser privativas de la persona y a convertirse en objetos con valor de mercado que sirven de respaldo económico si las cosas vienen mal para los monarcas o su entorno familiar. Ejemplo de esto último fueron las consecuencias de la Revolución Rusa que originó un numeroso exilio de aristócratas que buscaban en la venta de sus joyas una ayuda para sobrevivir. En los años ’20 hubo una saturación de piezas de joyería en el mercado, procedentes de una aristocracia rusa que en el zarismo resplandecía cargada de joyas.



Las esmeraldas de la zarina María Feodorovna en poder de la millonaria norteamericana Bárbara Hutton


Con respecto a la monarquía española, la enorme riqueza en joyas que había en el Palacio Real de Madrid fue arrasada por el general Murat y no sería hasta Alfonso XIII, con las piezas que fue adquiriendo para las reinas María Cristina y Victoria Eugenia, en que se empieza a hablar otra vez de joyas reales. En contraste con esta Casa real, sobria en sus formas y radicalmente discreta en la cantidad de sus guardajoyas privado, se hizo público en los años ’90 que las joyas de la Reina de Inglaterra tenían un valor de mercado de unos 350 millones de libras esterlinas.


La Reina de Inglaterra pletórica de joyas en el banquete de Estado en honor del presidente de México (marzo de 2009)


Además de la colección sin par de Elizabeth II, en el mundo de la joyería han destacado las piezas renombradas del Sha de Irán y sus tres esposas, las de los Aga Khan, las de Gloria von Thurn und Taxis (quien en su época de “princesa TNT” recogía sus cabellos para tomar el sol en su yate con una diadema de brillantes que había pertenecido a María Antonieta) y –aunque no tan suntuosas pero sí célebres- las de la Duquesa de Windsor.


Gala pre-boda de la princesa Ingrid de Suecia con el príncipe heredero Federico de Dinamarca (mayo de 1935)


Hoy, las casas reales guardan celosamente coronas, aderezos, diademas, collares, condecoraciones, las creaciones de los mejores joyeros de todos los tiempos para familias reales enteras que han desempeñado un papel importante en la Historia. Muchas atesoran piezas con nombres propios, como los Diamantes Koh-I-Noor, Orlov y Wittelsbach, los más grandes y perfectos del mundo. Otras sacan de sus arcones aderezos completos para lucir en funciones públicas de representación, como la realeza de Suecia, que posee los zafiros más impresionantes de Europa (el “Aderezo Leuchtenberg”) o la Corona británica con su asombroso Cambridge & Delhi Dunbar Parure, un juego de esmeraldas y diamantes consistente en tiara, gargantilla, pendientes, collar, broche, stomacher y brazaletes, que Elizabeth II ha heredado de su abuela paterna, la Reina Mary.


La Reina Mary con el Aderezo Cambridge & Delhi Dunbar


Afortunadamente todavía hay ocasiones donde salen a la luz estas piedras famosas, cuyos destellos marcaban el poder y el prestigio secular de sus dinastías al centellear en las bodas, en los bailes palaciegos y hasta en los imponentes funerales de la realeza centenaria.


El grupo de invitados reales en la boda de la princesa heredera Victoria de Suecia y Daniel Westling (junio de 2010)