jueves, 9 de septiembre de 2010

El día de la Reina

Hoy hablaremos de un día habitual en la vida de las tres últimas soberanas consortes del Antiguo Régimen, la de Luis XIV, la de Luis XV y la de Luis XVI.


La corte de damas de la reina, sin contar a la superintendente, se componía de catorce personas. La primera, única en su especie, era la dama de honor. No se apartaba de la soberana, a quien acompañaba de la mañana a la noche, desde que se levantaba hasta que se acostaba. La dama de honor recordaba a la reina sus obligaciones cotidianas, le evitaba todo error de etiqueta o protocolo, por lo que debía ser perfecta conocedora de los arcanos cortesanos. Luego estaba la azafata o dama de tocador, que tenía por misión velar sobre el inmenso guardarropa real; con la reina, elegía los atuendos, la ayudaba a vestirse y luego a cambiarse, lo que ocurría varias veces por día. Las damas de palacio eran doce: debían asistir a la dama de honor, rodear a la reina en sus ceremonias, acompañarla en sus desplazamientos. Servían por turnos rotativos de dos en dos. Por consiguiente, cada una de ellas cumplía su turno cada seis semanas, pero si ellas lo querían o si la reina expresaba el deseo, podían asumir sus funciones aunque no les correspondiera esa semana.


La consorte española


María Teresa de Austria, además de las damas francesas que le fueron asignadas cuando contrajo matrimonio, tenía una camarera española que hacía las tareas de doncella y dama de tocador y una damisela enana que, además de dama de compañía, hacía de bufón de corte. Asimismo, el duque de Beaufort le obsequió el mismo año de su llegada a Francia un niñito del Sudán que le tocaba música y la divertía.


La reina, devota, murmuraba sus primeras oraciones antes de levantarse. Su camarera la calzaba y la envolvía en una bata hasta que los pajes traían el agua, la palangana, el jabón de Venecia y los perfumes para las primeras abluciones. Una taza de chocolate era su primer desayuno. Luego entraba en escena la dama de tocador para ponerle su camisa, vestirla con una falda de seda blanca tan estrecha que se ajustaba a sus formas y ajustarle un corsé ligero de tela fina pero bien provisto de ballenas y ajustado por medio de lazos, para afinar la cintura.


La azafata peinaba entonces sus magníficos cabellos, los pajes traían las enaguas y el vestido que había elegido la reina asistida por su camarera española; después, la dama de compañía le colocaba las joyas en el peinado y la garganta, le alcanzaba los guantes y le daba el toque de perfume. Finalmente, escoltada por su dama de honor y su escudero y seguida por Nabo, el negrito sudanés que le llevaba el misal, María Teresa se dirigía a los aposentos de la reina madre, su suegra.


Luego de unos minutos de salutaciones, ambas reinas, rodeadas de sus damas –los domingos se le sumaban los gentileshombres de sus casas- atravesaban los aposentos del Louvre hacia la capilla, donde se encontraban con el rey para asistir a la misa de diez. De regreso a su habitación, la reina conversaba con sus damas, jugaba con Nabo o su enana, tocaba la guitarra, siempre rodeada de su séquito. Acostumbrada a la penumbra de los palacios españoles, donde las personas reales recibían una especie de culto, María Teresa no se adaptaba a las continuas corrientes de aire de la vida en los palacios franceses, que cualquier cortesano podía atravesar cuando quería. En los primeros tiempos del matrimonio la corte, itinerante, iba del Louvre a Vincennes, a Saint-Germain, a Compiègne y finalmente a Fontainebleau, con un breve intermedio en Versailles, donde Luis XIV se proponía construir el palacio más magnífico del mundo y donde, mientras tanto, daba fiestas en el parque del pequeño castillo construido años atrás por Luis XIII.


Ya instalada en el nuevo palacio de Versailles, la reina almorzaba con el rey en público y luego paseaba por los jardines o salía a cabalgar. Era una excelente amazona. En sus flamantes grandes apartamentos se habían instalado mesas de juego donde, previo a la cena y con el círculo real resplandeciente de joyas, se jugaba cartas y se oía música.


En tiempos del Rey Sol, la cena de gran gala reunía obligatoriamente a todos los miembros de la familia real, todos los Borbón-Condé, todos los Borbón-Conti. El rey, ubicado en una cabecera, se sentaba en un sillón ligeramente elevado mientras en la tribuna se hacían oír las doce violas y los doce violines. Esa cena duraba casi dos horas, era mortalmente aburrida. Cada servicio de alimentos era presentado y probado previamente por un séquito de veedores de viandas. Se presentaban en la mesa alrededor de cincuenta platos diferentes.


Antes de irse a la cama nuevamente, María Teresa permanecía un largo momento en su oratorio.


La consorte polaca

María Leczinska se levantaba a las ocho de la mañana. Recibía enseguida la visita de su primer médico y de su cirujano. Luego de ponerse una bata se dirigía, acompañada por el capellán en cuarto, hacia el pequeño oratorio que había hecho instalar en su habitación. Después se sentaba en un sillón y la primera doncella le traía su desayuno, frugal: una simple taza de chocolate o a veces de café. Entraban entonces su dama de honor y la superintendente para asistirla en el petit lever, abluciones que serán largas y completas cuando la reina disponga de su propio cuarto de baño.


En el grand lever, o gran ceremonia después de levantarse, estaban presentes todas sus damas de palacio. Para vestir a la reina, la asistía la dama de turno durante ese trimestre. Pero el protocolo indicaba cuidar las precedencias y si una princesa de sangre real llegara a entrar en ese instante, a ella le correspondía el honor de tenderle la camisa. Las damas de atavío se encargaban de su arreglo personal, le ponían rouge en las mejillas, le arreglaban la peluca que elegía la soberana y luego la cubrían con una mantilla, un pañuelo de cabeza o hasta una toca.


El gusto de la reina por esa clase de tocados causaba asombro. ¿Pretendía envejecerse? Nada de eso; solamente tenía frío. Esa princesa del Norte debería estar habituada a los rigores del invierno, pero precisamente en Polonia sabían defenderse de él. En Versailles las chimeneas tiraban mal: en ellas se quemaban troncos de árboles enteros pero uno se asaba junto a ellas y se congelaba a veinte pasos de distancia. La consecuencia era que todos se resfriaban constantemente. Por eso María se cubría la cabeza para atravesar los salones y la Galería de los Espejos (Gallerie des Glaces), que bien merecía su mote de “galería de los hielos” (glaces).


En efecto, después de ponerse un vestido de cola, la reina atravesaba los grandes aposentos para saludar al rey, escoltada por su caballero de honor, su escudero y una o dos damas que le llevaban la cola. Luego regresaba a sus aposentos para cambiarse nuevamente de vestido. María tenía una gran variedad de ellos, aunque no era coqueta como lo sería su sucesora. Cuando le ofrecían nuevos modelos, siempre comenzaba por preguntar el precio y los que llevaba eran semejantes a los de las damas de su Casa.


Al finalizar la mañana la reina permanecía habitualmente en sus habitaciones, las cuales, gracias a una nube de doncellas, habían recuperado su aspecto solemne. En el gran gabinete concedía sus audiencias particulares. Al fondo del salón, frente a las ventanas, se encontraba el sillón de la reina y los taburetes reservados exclusivamente a las duquesas. Las otras damas de su casa permanecían de pie, salvo la esposa del caballero de honor que tenía derecho a una pequeña alfombra cuadrada en la que debía estar bastante incómoda. ¿Pero qué no se aceptaba para gozar de un privilegio real? En la cámara de la reina, apoyada en una inmensa mesa de mármol, María recibía en audiencia especial a los embajadores, a sus esposas y a personas importantes que habían obtenido el favor de una entrevista. Si no tenía ninguna obligación, escribía o conversaba con las damas de palacio.


Un poco antes de mediodía la reina oía misa en la capilla, con el rey y todos los cortesanos. Excepto fiestas muy importantes, el oficio era breve, de aproximadamente media hora. La reina y su séquito regresaban, ya sea a la cámara, a la antecámara o al gabinete, donde todo estaba listo para la comida. María almorzaba sola, rodeada de un semicírculo de damas y gentileshombres que la observaban comer. Los oficiales de boca le presentaban las fuentes y ella se servía abundantemente; cuando deseaba beber, el jefe de escanciadores exclamaba: “¡De beber para la reina!” y de inmediato se organizaba un pequeño ballet. Con paso solemne, cuatro escanciadores se dirigían hacia un trinchante. Uno de ellos tomaba la jarra de agua, otro la de vino, los otros dos las copas. El catador cumplía con su oficio. El pequeño grupo se acercaba a la mesa, se inclinaba en una profunda reverencia, vertía el agua y el vino. Al fin la soberana podía calmar su sed; había aguardado más de cinco minutos pero el respeto al protocolo le había enseñado a ser paciente. Al concluir el almuerzo, se lavaba las manos en un aguamanil y se levantaba de la mesa. Las damas de palacio iban a comer a su vez mientras la reina descansaba.


En la tarde, si sus obligaciones no incluían ni audiencia solemne ni ceremonias, María paseaba por el parque, siempre escoltada por su caballero de honor y su escudero. Las damas la seguían a alguna distancia. Luego de admirar los estanques y las estatuas, regresaba hacia sus aposentos sobre las cuatro o las cinco y dedicaba el tiempo que precedía a la cena a sus distracciones favoritas, la música y las cartas.


Finalmente, estaba la cena de gran gala, que se servía a las ocho de la noche. Luis XV había simplificado el ritual de su bisabuelo: solo asistían a la comida de gala los miembros de la familia real presentes en el palacio y se prescindía casi siempre de la música. El rey narraba los incidentes de su partida de caza; la reina, tímidamente, hablaba de sus paseos. Sin ser animadas, las conversaciones eran agradables y la cena duraba poco más de una hora. Algunos privilegiados, sentados aparte, cumplían el papel de comparsa muda. Luego se volvía al salón de juego, pero tanto al rey como a su esposa les agradaba acostarse temprano.


La consorte austríaca

El día de María Antonieta en Versailles empezaba a las ocho. Una dama de guardarropa entraba y depositaba una cesta cubierta, denominada el apresto del día, conteniendo camisas, pañuelos y cepillos, y comenzaba a hacer el servicio. La primera dama de atavío alcanzaba a la reina, que se despertaba, el libro del guardarropa. Trozos de tela estaban pegados en cada página, con la descripción resumida del vestido en cuestión. Con la ayuda de alfileres, la reina señalaba sus vestidos para los distintos momentos del día, desde la audiencia privada de la mañana hasta la cena en los apartamentos de Monsieur.


Realizado este “trabajo”, tomaba un baño en una tina en forma de zueco que se trasladaba a su habitación. No desnuda, sino envuelta en una gran camisa de franela inglesa. Una taza de chocolate o de café era su desayuno, que tomaba en la cama cuando no se bañaba. A su salida del baño, sus damas le ofrecían pantuflas de bombasí guarnecidas de encajes y colocaban sobre sus hombros una bata de tafetán blanco. Era la hora en que, recostada o levantada, recibía a los primeros cortesanos con derecho de entrada que tenían audiencia con ella. Por derecho, entraban el primer médico de la reina, su primer cirujano, su médico ordinario, su lector, su secretario de gabinete, los cuatro primeros ayudas de cámara del rey.


A mediodía se realizaba su atavío de presentación, el lever oficial. El tocador se llevaba al centro de la habitación. La dama de honor presentaba el peinador a la reina; dos damas vestidas con ropa de ceremonia reemplazaban a las dos damas que habían servido durante la noche. Entonces empezaban, con el peinado, las Grandes Entradas. Se colocaban asientos plegadizos en círculo a su alrededor en los que se colocaban la superintendente, las damas de honor y de atavío, la gobernanta de los infantes de Francia. Entraban los hermanos del rey, los príncipes de la sangre, los capitanes de la guardia, los altos funcionarios de la corona. Únicamente para los príncipes de la sangre insinuaba el movimiento de levantarse, apoyándose con las manos en el tocador.

Después venía la vestimenta del cuerpo. La dama de honor pasaba la camisa y vertía el agua para el lavado de las manos; luego la dama de atavío pasaba el faldón del vestido, ponía la pañoleta, anudaba el collar. Cada día la camisa le era colocada por una dama determinada, pero si por casualidad entraba a la habitación otra de un rango superior, le pasaba el derecho de colocársela. Menos paciente que sus predecesoras, María Antonieta decidirá a los pocos años de su reinado que la primera dama presente le alcance la camisa. Una vez vestida, la reina se colocaba en el centro de la habitación y firmaba los contratos presentados por el secretario de los mandatos; daba su venia a los coroneles para retirarse y, rodeada por sus damas de honor, por sus damas de palacio, por su caballero de honor, por su escudero y sus capellanes, avanzaba. Las princesas de la familia real, que llegaban seguidas de toda su casa, se le sumaban en la galería y el cortejo se dirigía a misa. La reina se ubicaba entonces con el rey en la tribuna.


Al regreso de misa, la reina debía comer todos los días a solas con el rey en público, pero en realidad esa comida pública no tenía lugar más que el domingo. El jefe de servicio de la reina, armado de un gran bastón de seis pies adornado con flores de lis de oro y con empuñadura en forma de corona, anunciaba que estaba servida, le entregaba el menú y, durante todo el tiempo que duraba la comida, permanecía detrás de la soberana, ordenando servir y levantar el servicio de la mesa.


La reina regresaba después a su apartamento y, luego de haberse quitado el miriñaque y la enagua, se pertenecía a sí misma únicamente entonces, tanto como lo permitía la presencia en ropa de ceremonia de sus damas, que tenían derecho a estar siempre presentes y acompañarla a todas partes. Eran horas dedicadas a la libertad, al juego de billar o de cartas, a la música, a la conversación. En sus gabinetes interiores, detrás del apartamento oficial, la reina recibía a sus amigos y a los proveedores. Las tardes en el Trianón traían la comodidad en las costumbres: los invitados de la reina llegaban a las dos para almorzar y regresaban a Versailles a medianoche para acostarse. Todo ese tiempo había ocupaciones campestres: merienda sobre la hierba, pesca en el lago, bordado e hilado en la rueca, juegos de granja en el Hameau.


Las noches de María Antonieta, luego de la cena temprana, incluían reuniones sociales de la más variada índole, desde una velada en la Opera de París hasta una partida de cartas en el apartamento de la princesa de Lamballe. Si había un acontecimiento oficial, como la visita de un soberano extranjero, era pretexto para una mascarada, un baile de gran fasto o un concierto en la gran galería. El rey gustaba acostarse sobre las once de la noche, pero la reina, la mayor parte de las veces, no se iba a la cama antes de la una de la madrugada.

martes, 7 de septiembre de 2010

Las Reinas de Francia


La ley de los varones impide la ascensión de una mujer al trono, por lo que el país galo nunca ha tenido una reina gobernante por derecho propio (aunque algunas mujeres han gobernado Francia como regentes).

Desde el año 987, de la boda de Hugo I de Francia, se cuentan 53 consortes de los monarcas franceses, de ellas 49 han llevado el título de Reina de Francia, Reina Consorte o Reina de los Franceses. Tres de ellas han llevado el título de Emperatriz de los Franceses y una fue conocida como Consorte Real.


Boda de Henri II con Catalina de Médicis

Ingeborg de Dinamarca y Ana de Bretaña fueron cada una reinas por más de una vez. María Josefina Luisa de Saboya fue reina de jure durante los períodos republicano e imperial, pero nunca esposa de facto del jefe del Estado francés.

Desde 1285 a 1328 las coronas de Navarra y Francia estuvieron unidas en virtud del matrimonio de Juana I, reina reinante de Navarra, con Felipe IV, rey de Francia, y por la sucesión de sus tres hijos, Luis X, Felipe V y Carlos IV. Así, las esposas de estos tres reyes eran reinas consortes, no sólo de Francia sino también de Navarra. Con la muerte de Carlos IV, sin embargo, Navarra pasó de las manos de los reyes de Francia hasta 1589, cuando Enrique III de Navarra se convirtió en Enrique IV de Francia.

Tras la sucesión de Enrique, su esposa, Margarita de Valois, que ya era reina consorte de Navarra, también se convirtió en reina consorte de Francia. A partir de entonces y hasta 1791, las reinas de Francia también fueron reinas de Navarra; la corona de Navarra se fusionó con la corona francesa en 1620, pero los reyes franceses continuaron usando el título de rey de Navarra hasta 1791. Se retomaría con la restauración de 1814-1815 y acabaría con la Revolución de 1830; las consortes Bonaparte y Orleans no lo usaron.

Henri IV y Margarita de Valois


Entre las integrantes de la lista de reinas francesas, resaltan algunas que fueron regentes del reino en distintas circunstancias:
  • Ana de Kiev: desde 1060 y hasta 1066, durante la minoría de edad de su hijo Felipe I
  • Adela de Champaña: entre 1090 y 1092, durante la participación de su hijo Felipe II Augusto en la Tercera Cruzada
  • Blanca de Castilla:
    o entre 1226 y 1234 por la minoría de edad de su hijo Luis IX
    o desde 1248 y hasta 1252 por la ausencia de su hijo en las Cruzadas
  • Juana de Borgoña: durante las varias ausencias de su esposo, Felipe VI, por la Guerra de los Cien Años
  • Isabel de Baviera-Ingolstadt: informalmente, durante la demencia de su esposo Carlos VI (1393-1420)
  • Catalina de Médicis:
    o en 1552, pues su esposo Enrique II se encontraba en una Campaña Militar
    o por tres años desde 1560, pues su segundo hijo Carlos IX aun era menor de edad al asumir
    o por un breve período en 1574, mientras su hijo Enrique III arribaba desde Polonia para asumir la corona
  • María de Médicis: desde 1610 y hasta 1614, su hijo Luis XIII aun era menor de edad al morir Enrique IV
  • Ana de Habsburgo: a partir de 1643 y hasta 1651, en nombre de su hijo Luis XIV, aun menor de edad.
  • Eugenia de Montijo: en tres oportunidades durante las ausencias de su esposo Napoleón III

María de Médicis, consorte de Enrique IV


Dinastía de los Capetos

• Adelaida de Aquitania (945-1004)
• Susana de Italia (937-1003)
• Berta de Borgoña (964-1010)
• Constanza de Arles (973-1064)
• Matilde de Frisia (m. 1044)
• Ana de Kiev (1024-1075)
• Berta de Holanda (1055-1094)
• Bertrada de Montfort (1070-1117)
• Adela de Saboya (1092-1154)
• Leonor de Aquitania (1122-1204); Duquesa de Aquitania, Duquesa de Gascuña y Condesa de Poitou.
• Constanza de Castilla (1141-1160); Infanta de Castilla.
• Adela de Champaña (1140-1206)
• Isabel de Henao (1170-1190)
• Isambur de Dinamarca (1175-1276); Princesa de Dinamarca.
• Inés de Méran (1172-1201)
• Isambur de Dinamarca (1175-1276); Princesa de Dinamarca.
• Blanca de Castilla (1188-1252); Infanta de Castilla.
• Margarita de Provenza (1221-1295)
• Isabel de Aragón (1245-1271); Infanta de Aragón.


Isabel de Aragón, primera consorte de Felipe III


• María de Brabante (1254-1321)
• Juana I de Navarra (1271-1305); Reina de Navarra, Condesa de Champaña y Condesa de Brie.
• Margarita de Borgoña (1290-1315); Reina de Navarra.
• Clemencia de Hungría (1293-1328); Princesa de Hungría.
• Juana de Borgoña (1293-1330); Condesa de Borgoña y Condesa de Poitiers.
• Blanca de Borgoña (1296-1326); Condesa de La Marche.
• María de Luxemburgo (1304-1324)
• Juana de Evreux (1310-1370); Señora de Brie-Comte-Robert.

Dinastía Capetina de los Valois

• Juana de Borgoña (1293-1348); Condesa de Maine, Condesa de Valois y Anjou.
• Blanca de Evreux (1333-1398; Infanta de Navarra.
• Juana de Auvergne (1326-1360); Condesa de Auvergne y Boulogne.
• Juana de Borbón (1339-1378)
• Isabel de Baviera-Ingolstadt (1370-1435)
• María de Anjou (1404-1463); Princesa de Nápoles e Infanta de Aragón.
• Carlota de Saboya (1441-1483)
• Ana de Bretaña (1477-1514); Duquesa de Bretaña.

Isabel de Baviera, consorte de Carlos VI

Línea de los Valois-Orléans

• Juana de Valois (1464-1505); Duquesa de Berry.
• Ana de Bretaña (1477-1514); Duquesa de Bretaña.
• María Tudor (1496-1533); Duquesa de Suffolk.


Línea de los Valois-Angulema

• Claudia de Valois (1499-1524); Duquesa de Bretaña.
• Leonor de Habsburgo (1498-1558); Reina Consorte de Portugal.
• Catalina de Médici (1519-1589); Condesa de Auvergne.
• María Estuardo (1542-1587); Reina de Escocia.
• Isabel de Austria (1554-1592); Archiduquesa de Austria.
• Luisa de Lorraine-Vaudémont (1553-1601)

Louise de Lorraine, consorte de Henri III


Dinastía Capetina de los Borbón

• Margarita de Valois (1553-1615); Reina Consorte de Navarra.
• María de Médicis (1573-1642)
• Ana de Habsburgo (1601-1666); Infanta de España y Portugal y Archiduquesa de Austria.
• María Teresa de Habsburgo (1638-1683); Infanta de España y Archiduquesa de Austria.
• Francisca de Aubigne (1635-1719); Marquesa de Maitenon. Consorte Real (1685-1715)
• María Leszczynska (1703-1768); Princesa de Polonia.
• María Antonieta de Habsburgo-Lorena (1755-1793); Archiduquesa de Austria. Reina de Francia (1774-1791) y Reina de los Franceses (1791-1792)


Dinastía Bonaparte

• Josefina de la Pagerie (1763-1814); Vizcondesa de Beauharnais. Emperatriz de los Franceses (1804-1810)
• María Luisa de Habsburgo-Lorena (1791-1847); Archiduquesa de Austria. Emperatriz de los Franceses (1810-1815)

María Luisa de Austria, segunda consorte de Napoleón I


Dinastía Capetina de los Borbón (Restauración)

• María Teresa de Borbón (1778-1851); Madame Royale.


Línea Borbónica de los Orleáns

• María Amalia de Borbón-Dos Sicilias (1788-1866);Princesa de las Dos Sicilias, Reina de los Franceses (1830-1848)


Dinastía Bonaparte

• Eugenia de Montijo (1826-1920); Condesa de Teba. Emperatriz de los Franceses (1853-1871)

La corona de la emperatriz Eugénie

domingo, 5 de septiembre de 2010

Cambios en el tratamiento real




Antiguo Régimen


987–1031 Por la Gracia de Dios, Rey de los Francos (Hugo Capeto, Roberto II)


1031–1032 Por la Gracia de Dios, Rey de los Francos, Duque de Borgoña (Enrique I)

1032–1137 Por la Gracia de Dios, Rey de los Francos (Enrique I, Felipe I, Luis VI)

1137–1152 Por la Gracia de Dios, Rey de los Francos y Duque de los Aquitanos, Conde de los Poitevinos (Luis VII)

1152–1180 Por la Gracia de Dios, Rey de los Francos (Luis VII)

1180–1190 Por la Gracia de Dios, Rey de los Francos, Conde de Artois (Felipe II)

1190–1223 Por la Gracia de Dios, Rey de los Francos (Felipe II)



Philippe II


1223–1237 Por la Gracia de Dios, Rey de los Francos, Conde de Artois (Luis VIII, Luis IX)

1237–1285 Por la Gracia de Dios, Rey de Francia (Luis IX, Felipe III)

1285–1305 Por la Gracia de Dios, Rey de Francia y Navarra, Conde de Champagne (Felipe IV)

1305–1314 Por la Gracia de Dios, Rey de Francia (Felipe IV)

1314–1316 Por la Gracia de Dios, Rey de Francia y Navarra, Conde de Champagne (Luis X, Juan I)

1316–1322 Por la Gracia de Dios, Rey de Francia y Navarra, Conde de Champagne y Borgoña (Felipe V)

1322–1328 Por la Gracia de Dios, Rey de Francia y Navarra, Conde de Champagne (Carlos IV)

1328–1350 Por la Gracia de Dios, Rey de Francia (Felipe VI)

1350–1360 Por la Gracia de Dios, Rey de Francia, Conde de Auvernia y Boloña (Juan II)

1360–1361 Por la Gracia de Dios, Rey de Francia (Juan II)

1361–1363 Por la Gracia de Dios, Rey de Francia, Duque de Borgoña (Juan II)

1363–1364 Por la Gracia de Dios, Rey de Francia (Juan II)

1364–1422 Por la Gracia de Dios, Rey de Francia; Delfín de Vienne, Conde de Valentinois y de Diois (Carlos V, Carlos VI)



Charles V


1422-1429 Por la Gracia de Dios, Rey de Inglaterra y Francia y Señor de Irlanda; Delfín de Vienne, Conde de Valentinois y de Diois (Enrique VI de Inglaterra)

1422/1429-1486 Por la Gracia de Dios, Cristianísimo Rey de Francia; Delfín de Vienne, Conde de Valentinois y de Diois (Carlos VII, Luis XI, Carlos VIII)

1486–1491 Por la Gracia de Dios, Cristianísimo Rey de Francia; Conde de Provenza, Forcalquier y las tierras adyacentes; Delfín de Vienne, Conde de Valentinois y de Diois (Carlos VIII)

1491–1495 Por la Gracia de Dios, Cristianísimo Rey de Francia, Duque de Bretaña; Conde de Provenza, Forcalquier y las tierras adyacentes; Delfín de Vienne, Conde de Valentinois y de Diois (Carlos VIII)

Febrero-Julio 1495, Por la Gracia de Dios, Cristianísimo Rey de Francia, Nápoles y Jerusalén, Duque de Bretaña; Conde de Provenza, Forcalquier y las tierras adyacentes (Carlos VIII)

1495–1498 Por la Gracia de Dios, Cristianísimo Rey de Francia, Duque de Bretaña; Conde de Provenza, Forcalquier y las tierras adyacentes; Delfín de Viennois, Conde de Valentinois y de Diois (Carlos VIII)


Charles VIII

April 1498-1499 Por la Gracia de Dios, Cristianísimo Rey de Francia, Duque de Bretaña; Conde de Provenza, Forcalquier y las tierras adyacentes; Delfín de Viennois, Conde de Valentinois y de Diois (Luis XII)

1499–1505 Por la Gracia de Dios, Cristianísimo Rey de Francia, Duque de Bretaña; Rey de Nápoles y Jerusalén, Duque de Milán, Conde de Provenza, Forcalquier y las tierras adyacentes; Delfín de Vienne, Conde de Valentinois y de Diois (Luis XII)

1505–1512 Por la Gracia de Dios, Cristianísimo Rey de Francia, Duque de Bretaña; Duque de Milán, Conde de Provenza, Forcalquier y las tierras adyacentes; Delfín de Vienne, Conde de Valentinois y de Diois (Luis XII)

1512–1514 Por la Gracia de Dios, Cristianísimo Rey de Francia, Duque de Bretaña; Conde de Provenza, Forcalquier y las tierras adyacentes; Delfín de Vienne, Conde de Valentinois y de Diois (Luis XII)

1514–1515 Por la Gracia de Dios, Cristianísimo Rey de Francia; Conde de Provenza, Forcalquier y las tierras adyacentes; Delfín de Vienne, Conde de Valentinois y de Diois (Luis XII)

1515–1521 Por la Gracia de Dios, Cristianísimo Rey de Francia, Duque de Bretaña; Duque de Milán, Conde de Asti, Señor de Génova; Conde de Provenza, , Forcalquier y las tierras adyacentes; Delfín de Vienne, Conde de Valentinois y de Diois (Francisco I)


Francisco I


1521–1524 Por la Gracia de Dios, Cristianísimo Rey de Francia, Duque de Bretaña; Conde de Provenza, Forcalquier y las tierras adyacentes (Francisco I)

1524–1559 Por la Gracia de Dios, Cristianísimo Rey de Francia; Conde de Provenza, Forcalquier y las tierras adyacentes (Francisco I, Enrique II)

1559–1560 Por la Gracia de Dios, Cristianísimo Rey de Francia y Escocia; Conde de Provenza, Forcalquier y las tierras adyacentes; Delfín de Vienne, Conde de Valentinois y de Diois (Francisco II)

1560–1589 Por la Gracia de Dios, Cristianísimo Rey de Francia; Conde de Provenza, Forcalquier y las tierras adyacentes; Delfín de Vienne, Conde de Valentinois y de Diois (Carlos IX, Enrique III)

1589–1607 Por la Gracia de Dios, Cristianísimo Rey de Francia y Navarra, co-Príncipe de Andorra, Duque de Albret, Beaumont y Vendôme, Conde de Foix, Armagnac, Comminges, Bigorre y Marle, Señor de Béarn y Donezan; Conde de Provenza, Forcalquier y las tierras adyacentes; Delfín de Vienne, Conde de Valentinois y de Diois (Enrique IV)

1607–1620 Por la Gracia de Dios, Cristianísimo Rey de Francia y Navarra, co-Príncipe de Andorra, Señor de Béarn y Donezan; Conde de Provenza, Forcalquier y las tierras adyacentes; Delfín de Vienne, Conde de Valentinois y de Diois (Enrique IV, Luis XIII)



Luis XIII


1620–1641 Por la Gracia de Dios, Cristianísimo Rey de Francia y Navarra; Conde de Provenza, Forcalquier y las tierras adyacentes; Delfín de Vienne, Conde de Valentinois y de Diois (Luis XIII)

1641–1652 Por la Gracia de Dios, Cristianísimo Rey de Francia y Navarra; Conde de Barcelona, Rosellón y Cerdeña; Conde de Provenza, Forcalquier y las tierras adyacentes; Delfín de Vienne, Conde de Valentinois y de Diois (Luis XIII, Luis XIV)

1652–1791 Por la Gracia de Dios, Cristianísimo Rey de Francia y Navarra; Conde de Provenza, Forcalquier y las tierras adyacentes; Delfín de Vienne, Conde de Valentinois y de Diois (Luis XIV, Luis XV, Luis XVI)

1791-1814 Por la Gracia de Dios, Cristianísimo Rey de Francia y Navarra (Luis XVI, Luis XVII, Luis XVIII)

1791–1792 Por la Gracia de Dios y por el derecho Constitucional del Estado, Rey de los Franceses (Luis XVI)


Monumento funerario de Luis XVI y María Antonieta en Saint Denis


Primer Imperio

1804–1805 Por la Gracia de Dios y las Constituciones de la República, Emperador de los Franceses (Napoleón I)

1805–1806 Por la Gracia de Dios y las Constituciones de la República, Emperador de los Franceses, Rey de Italia (Napoleón I)

1806–1809 Por la Gracia de Dios y las Constituciones de la República, Emperador de los Franceses, Rey de Italia, Protector de la Confederación del Rin (Napoleón I)

1809–1814 Por la Gracia de Dios y las Constituciones de la República, Emperador de los Franceses, Rey de Italia, Protector de la Confederación del Rin, Mediador de la Confederación Helvética (Napoleón I)


El emperador Napoleón


Restauración

1814–1815 Por la Gracia de Dios, Cristianísimo Rey de Francia y Navarra (Luis XVIII)

Marzo-Junio 1815 Por la Gracia de Dios y las Constituciones de la República, Emperador de los Franceses (Napoleón I, Napoleón II)

1815–1830 Por la Gracia de Dios, Cristianísimo Rey de Francia y Navarra (Luis XVIII, Carlos X, Luis XIX, Enrique V)

Monarquía de Julio

1830–1848 Por la Gracia de Dios y el derecho Constitucional del Estado, Rey de los Franceses (Luis-Felipe)

Segundo Imperio

1852–1870 Por la Gracia de Dios y las Constituciones de la República, Emperador de los Franceses (Napoleón III)


Napoleón III


viernes, 3 de septiembre de 2010

Tratamientos y títulos de los monarcas franceses

El tratamiento preciso de los soberanos de Francia varió a través de los años. Actualmente no hay monarquía en Francia, pero tres distintas tradiciones existen (Legitimistas, Orleanistas y Bonapartistas), cada una reclamando diferentes fórmulas de titulación.


Estandarte Real de Francia


Las tres formas de tratamientos reclamadas por los pretendientes al trono francés son:


  • Legitimista: “Muy Alto, Muy Poderoso y Muy Excelso Príncipe (X), por la Gracia de Dios, Rey de Francia y de Navarra, Majestad Cristianísima” (Très haut, très puissant et très excellent Prince, X, Par la grâce de Dieu, Roi de France et de Navarre, Roi Très-chrétien).

  • Orleanista : « (X), por la Gracia de Dios y el derecho constitucional del Estado, Rey de los Franceses » (X, Par la grâce de Dieu et par la loi constitutionnelle de l'État, Roi des Français).

  • Bonapartista : « (X), por la Gracia de Dios y las Constituciones de la República, Emperador de los Franceses » (X, par la grâce de Dieu et les Constitutions de la République, Empereur des Français.)

La Galería de Reyes en la fachada Oeste de la catedral de Notre Dame. Representa una línea de estatuas de los 28 reyes de Judá e Israel, rediseñada por Viollet-le-Duc para reemplazar las estatuas destruidas durante la Revolución. Los revolucionarios creían que estas imágenes representaban a los reyes franceses, por lo que las decapitaron.

Francorum Rex

El termino latino Francorum Rex era el título oficial en latín del Rey de los Francos luego de la ascensión de la dinastía carolingia (muchas veces tomando la forma de Rex Francorum); este título era usado en documentos oficiales hasta que el francés reemplazó al latín como el lenguaje formal de la documentación y permaneció siendo usado en la moneda hasta el siglo XVIII. No obstante, desde el siglo XII también se usaba la forma Franciae Rex ("Rey de Francia").

Monograma de Carlomagno, de la subscripción de un diploma real: "Signum (monograma: KAROLVS) Karoli gloriosissimi regis".


Rey Cristianísimo


El título Rex Christianissimus, o Roi Très-chrétien, tuvo sus orígenes en la larga, y deferente, relación entre la Iglesia Católica y los Francos. Francia fue el primer estado moderno en ser reconocido por el Papado: era la “Hija Mayor de la Iglesia” y Clovis, Rey de los Francos, era considerado protector de los intereses de Roma. Así, este título fue frecuentemente otorgado a los reyes franceses (aunque en determinadas ocasiones monarcas de otros reinos serían tratados como tales por la Iglesia) y su uso se hizo frecuente durante el reinado de Carlos VI; bajo su hijo, Carlos VII, se reconoció como un título exclusivo y hereditario de los Reyes de Francia.


El Papa Julio II, aliado entre 1510 y 1513 con Henry VIII de Inglaterra contra Luis XII de Francia, consideró transferir el título del monarca francés al soberano inglés, redactando un breve papal a estos efectos; sin embargo, este documento nunca se hizo público. Los reyes franceses continuaron así usando el título, en particular en los documentos diplomáticos, menos frecuentemente dentro de Francia o en el habla cotidiana del reino.

Sello personal de Luis IX, San Luis


Rey de los Franceses

Con la Revolución francesa vino la Constitución. Dentro de las reformas propuestas, el monarca cesó de ser un gobernante absoluto de tierras hereditarias y poder derivado de Dios; en su lugar, se convirtió en un gobernante constitucional por la voluntad del pueblo francés y para lograr su bienestar. Por decreto de 12 de octubre de 1789, el título del Rey cambió de “Por la Gracia de Dios, Rey de Francia y de Navarra” a “Por la Gracia de Dios y por el derecho constitucional del Estado, rey de los Franceses” (Par la grâce de Dieu et par la loi constitutionnelle de l'État, Roi des Français), convirtiéndose en oficial al igual que la nueva Constitución el 1º de octubre de 1791.

La monarquía fue abolida un año después y los partidarios de los Borbones apoyaron a Luis XVI, y luego a Luis XVII y Luis XVIII, como “Rey de Francia y de Navarra” antes que “Rey de los Franceses”, bajo cuyo título fueron restaurados en 1815. No obstante, la monarquía constitucional revivió en 1830, con la deposición borbónica. Aunque la llamada “Monarquía de Julio” (Orleanista) fue abolida en 1848, los herederos de Luis Felipe continuaron reclamando el título y el legado.



Representación barroca de las Armas reales de Francia sostenidas por querubines


Emperador de los Franceses

Este título fue instituido en 1804 por Napoleón Bonaparte, quien se coronó a sí mismo Emperador. Es el título con el cual los Bonapartistas y sus partidarios continúan estableciendo reclamo hoy.


Otros títulos

Los Reyes de Francia portaron, en un momento u otro, diferentes títulos agregados a la Corona.


Bretaña

Bretaña, durante la Edad Media, era parte del Reino de Francia (es decir, se encontraba dentro de las fronteras tradicionales del reino y el soberano era considerado señor del Ducado); efectivamente, sin embargo, fue un estado por mucho tiempo independiente. Este período llegó a su fin con la muerte de Francisco II de Bretaña; el Ducado fue heredado por su hija, Ana, pero Carlos VIII de Francia, determinado a traer aquel territorio bajo control real, la forzó a casarse con él y, como resultado, Francia y Bretaña pasaron a ser una unión personal, convirtiéndose el rey de Francia también en duque de Bretaña.


El pabellón de Bretaña


Legalmente, el ducado permanecía separado de la propia Francia; los dos títulos estaban vinculados solo por el matrimonio del rey y la reina y cuando el monarca murió sin descendencia, el título “Duque de Bretaña” permaneció en poder de Ana antes que pasar al heredero del reino, Luis XII. Éste, sin embargo, casó también con la reina viuda, por lo que el rey de Francia fue una vez más Duque de Bretaña. Cuando la reina murió, Bretaña pasó directamente a su hija y heredera, Claudia, pero al casarse Claudia con el sucesor de Luis XII, Francisco I, el rey nuevamente se convirtió en Duque en virtud de tal matrimonio.

La muerte de Claudia de Francia en 1524 separó el ducado de la corona una vez más y esta vez para siempre. Como Claudia, al igual que su madre, era Duquesa soberana, el título de “Duque” no permaneció en poder de su esposo, sino que pasó a su hijo, Francisco IV de Bretaña, quien era también Delfín de Francia. Legalmente, la corona y el ducado estaban separados pero el Duque era un niño, por lo que el ducado por años sería gobernado como una parte integral de Francia. Bretaña cesó de ser usado como título del rey de Francia luego de la muerte de la duquesa Claudia.

La fleur de lys, tradicional emblema de la realeza francesa, en la arquitectura


Navarra

Navarra estuvo dos veces unida con Francia: entre 1314 y 1328 (efectivamente desde 1284, luego del matrimonio de Felipe IV de Francia y Juana I de Navarra) y desde 1589 hasta hoy.

En el primer caso, la unión fue meramente la de dos coronas: aunque los reyes portaban ambos títulos, los dos reinos eran legalmente diferentes, ligados solo por los descendientes del matrimonio entre Felipe y Juana de Navarra. Cuando murieron sus descendientes directos en línea masculina, los dos dominios se separaron: Francia pasó a Felipe de Valois, sobrino de Felipe IV y Navarra fue heredada por la nieta de éste (y heredera mayor), Juana II de Navarra. Las otras posesiones de Juana I en Francia, heredadas de sus antepasados los Condes de Champagne, no pasaron con Navarra a sus herederos, sino que, por tratado, Juana las intercambió por otras tierras y Felipe fusionó la herencia Champenois a la Corona francesa.


Unidos, los blasones de Francia y de Navarra


Francia y Navarra estuvieron unidas nuevamente en 1589, en la persona de Enrique IV de Francia: su madre, Juana III de Navarra, había sido Reina de Navarra (y heredera mayor de Juana II); su padre, Antoine de Borbón, había sido el heredero mayor después de la Casa de Valois. Así que se convirtió en “Rey de Francia y Navarra”. En 1590 declararía por patente real que sus propiedades personales permanecerían separadas de la corona y no sujetas a la ley Sálica; en 1596 declaró que sus dominios en Navarra, Béarn y Donazan, Flandes y otros ducados, condados y señoríos serían separados de la casa de Francia y no serían fusionados a ella a menos que él así lo dispusiera o tuviera hijos a los que desearía proveer de herencia.

En 1620, por edicto de Luis XIII, Navarra, Béarn, Andorra y Donazan quedaron unidas e incorporadas a la corona de Francia: aunque, como en el caso de Escocia e Inglaterra en 1707, mientras los dominios navarros estuvieran política y monárquicamente unidos a Francia, retenían sus instituciones separadas; de esa manera, estaban confinados irrevocablemente a Francia, pero no fusionadas a ella. No obstante, en reconocimiento a la naturaleza separada del Reino de Navarra (y los señoríos de Béarn, Andorra y Donazan, los cuales se consideraban agregados a la corona de Navarra), los reyes Borbones de Francia tradicionalmente usaron el título “Rey de Francia y Navarra”.


Un luis de oro de 1786, donde se aprecian las armas de Francia y de Navarra


En 1789, por voto de la Asamblea General, el título del rey fue cambiado a “Rey de los Franceses” (denegando así la separación entre los dos reinos y enfatizando la –presunta- unidad del pueblo francés). Por la constitución de 1791, este cambio fue efectivo y la fusión de Navarra fue completa –perdió todas sus instituciones separadas y fue denegado cualquier reconocimiento como estado separado de la nación francesa-. Aunque los últimos Borbones se autotitularon “Rey de Francia y Navarra” una vez más, sólo era un mero título: Navarra había cesado de existir como algo más que un nombre.

Otros títulos

El Rey de Francia era también gobernante de tierras fuera de fronteras del reino en sí. Si deseara o pudiera fusionar esas tierras a la Corona y, por ende, al estado, legalmente sería soberano de ellas de una forma separada a su rol como rey francés. En tales casos, los tratamientos del rey serían considerados de forma diferente en el territorio relevante. Sin embargo, el título sería usado solo dentro del territorio, o en documentos referidos a él; no sería formalmente utilizado como parte del título del rey fuera de las tierras correspondientes.


  • El Delfinado (Dauphiné): el área había sido cedida al rey de Francia por el Delfín de Vienne en 1349, bajo la condición que la tierra y el título siempre fueran usados por el hijo mayor del rey. Como el territorio era legalmente parte del Sacro Imperio Romano antes que de Francia, los Emperadores prohibieron que la región fuera unida a Francia. Cuando no hubiera Delfín de Francia, el rey sería personalmente soberano del Delfinado. En este caso su título allí sería Par la grâce de Dieu roi de France, dauphin de Viennois, comte de Valentinois et de Diois ("Por la Gracia de Dios Rey de Francia, Delfín de Vienne, Conde de Valentinois y de Diois").
Corona heráldica del Delfín de Vienne, luego Delfín de Francia


  • Provenza: el territorio fue cedido a Luis XI por Margarita de Anjou, la heredera, en 1480 y unido a la corona al año siguiente; no obstante, la unión fue legalmente revertida en 1486 por el Edicto de Unión, el cual estipulaba que Provenza y sus territorios “no estarían subordinados de ninguna manera a la corona o reino de Francia”. El rey de Francia estaba titulado en relación a Provenza, Par la grâce de Dieu roi de France, comte de Provence, Forcalquier et terres adjacentes ("Por la Gracia de Dios Rey de Francia, Conde de Provenza, Forcalquier y los territorios adyacentes").


  • Carlos VIII usaba el título "Rey de Nápoles y Jerusalén" en relación al Reino de Nápoles; su sucesor, Luis XII, se autotitulaba Ludovicus Dei Gratia Francorum Neapolis et Hierusalem Rex Dux Mediolani ("Luis, Por la Gracia de Dios Rey de los Francos, de Nápoles y de Jerusalén, Duque de Milán"). Lo abandonó por el Tratado de Blois de 22 de octubre de 1505.

Armas de Carlos VIII de Francia, Nápoles y Jerusalén


  • Francisco I usaba el título Roi de France, duc de Milan, comte d'Asti, seigneur de Gênes ("Rey de Francia, Duque de Milán, Conde de Asti, Señor de Génova") en relación al Ducado de Milán.


  • En enero de 1641, el rey de Francia fue elegido por los catalanes como “Conde de Barcelona, Rosellón y Cerdeña”; los documentos oficiales relacionaban al rey con esa área entre 1641 y 1652 y lo describían como Dei gratia Galliarum et Navarrae Rex, comes Barcinonae, Rossilionis et Ceritaniae ("Por la Gracia de Dios Rey de las Galias y Navarra, Conde de Barcelona, Rosellón y Cerdeña"). Rosellón y Cerdeña fueron más tarde cedidas a Francia por España, pero fueron fusionadas directamente a la corona.
Asimismo, Alsacia requirió que el rey tomara el título de “Landgrave de Alta y Baja Alsacia” en relación con tal territorio, pero esto nunca se llevó a cabo.


El Salón de Apolo, o sala del trono, del Château de Versailles

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Franciae, alea jacta est

Los primeros pobladores conocidos en el actual territorio francés fueron los celtas, que constituyeron el pueblo galo al fundirse con antiguas tribus galas. En el siglo VI a.C. los griegos se establecieron en Massalia (hoy Marsella). Julio César conquistó las Galias para Roma a mediados del siglo I a.C. y con Augusto quedaron divididas en varias provincias. A partir del siglo IV se producen invasiones germánicas, en especial de los francos que, durante el reinado de Clodoveo, iniciador de la dinastía merovingia, lograron restaurar la unidad de las Galias.

De los francos deriva el antiguo nombre de “Francie” (la “Francia moderna” debe su nombre al dominio feudal de los reyes Capetos alrededor de París). Los francos fueron la primera tribu entre los conquistadores germánicos de Europa, después de la caída del imperio romano, en convertirse al cristianismo a raíz del bautismo de Clodoveo en 498. Así, Francia obtuvo el título de "Hija mayor de la Iglesia”, lo que adoptaría esto como justificación para llamarse con posterioridad “el reino más cristiano” y su soberano Christianissimus Rex.

El bautismo de Clovis

Sobre los territorios que componían la Francia de la Edad Media reinaron las siguientes dinastías:
  • Los Merovingios, descendientes de Meroveo y Clodoveo.
  • Los Carolingios, descendientes de Carlos Martel.
  • Los Capetos, descendientes de Hugo Capeto.
En 751 Pipino el Breve fundó la dinastía carolingia que alcanza el mayor esplendor con su hijo Carlomagno, coronado emperador de Occidente (800). Al morir Carlomagno (814) su imperio fue dividido en tres reinos (Francia Oriental, Francia Central y Francia Occidental), uno de los cuales era aproximadamente lo que hoy es Francia, que más tarde se dividió en principados.

En 987 Hugo Capeto fundó la dinastía de su nombre iniciándose un largo período de régimen feudal. Sus sucesores (la Casa de Valois y la Casa de Borbón) lograron extender su poder sobre la nobleza y contrarrestar los avances ingleses. Felipe II Augusto luchó contra Ricardo Corazón de León, conquistó Normandía, se valió de la cruza albigense para dominar parte de Aquitania y consolidó la autoridad del rey. Luis IX, San Luis (1226-1270) y Felipe IV el Hermoso (1285-1314) afirmaron el poder del Estado y lograron la hegemonía francesa.


Luis IX, San Luis, dando limosna

A la muerte de Carlos IV (1328), último de los Capetos, lo sucedió Felipe VI de Valois, pero Eduardo III de Inglaterra también pretendía el trono, lo que dio origen a la Guerra de los Cien Años, que dejó a Francia muy debilitada. El Estado se reorganizó en tiempos de Carlos VII, con la acción heroica de Juana de Arco (1435). Luis XI (1461-1483) logró fortalecer la integridad territorial del país. Se continuaron las guerras en Italia desde 1494 que terminaron con la derrota de Francisco I.


Enrique IV entra en París (1594)


El siglo XVI se caracterizó por las luchas religiosas entre católicos y protestantes que culminaron cuando Enrique IV (Enrique de Navarra), primero de los Borbones, protestante, se convirtió al catolicismo y publicó el Edicto de Nantes (1589) que garantiza la tolerancia religiosa. Su hijo Luis XIII continuó la restauración política y económica con el apoyo de loas cardenales Richelieu y Mazarino. A la muerte del cardenal Mazarino (1661) comenzó el gobierno de Luis XIV (1643-1715), llegando el absolutismo a su mayor esplendor. En este tiempo Francia poseía la población más grande de Europa y su política, su economía y su cultura influían en todo el continente.


Boda de Luis XIV y María Teresa de Austria (1660)


Culminó la gloria artística y literaria que proseguía en “El siglo de las luces” durante el reinado de Luis XV (1715-1774), que llevó a Francia al primer lugar en Europa, pero también dio comienzo al descontento popular debido a la miseria provocada por los impuestos. Fracasó en la política exterior con la pérdida de las mayores colonias francesas (Canadá, Louisiana y el imperio colonial de la India). En mayo de 1789 Luis XVI convocó a los Estados Generales y en julio del mismo año el pueblo de París tomó la Bastilla, con lo que dio comienzo a la Revolución francesa, el rey fue guillotinado, se abolió la monarquía y se proclamó la Primera República (1792), eliminando las bases económicas y sociales del Antiguo Régimen.

Napoleón, Primer Cónsul (1799)

De 1792 a 1794 se instaló el reino del Terror conducido por Robespierre hasta que, restablecido el Directorio (1795-1799), dio paso al Consulado de Napoleón Bonaparte, quien fue coronado emperador de Francia (1804) y rey de Italia (1805). Es lo que se conoce hoy como el Primer Imperio Francés. Aparte de sus proezas militares, a Napoleón también se le conoce por el establecimiento del Código Napoleónico, un código civil que permanecería vigente hasta la segunda mitad del siglo XX y serviría de modelo a otros países. Se le conoce también por su talento para haberse rodeado de brillantes expertos con un elevado sentido del Estado, que supieron crear el marco jurídico y administrativo de la Francia contemporánea. Otros, sin embargo, lo consideran un dictador tiránico cuyas guerras causaron la muerte de millones de personas, y uno de los personajes más megalómanos y nefastos de todos los tiempos.


Después de llevar a la victoria los ejércitos de la Revolución en una guerra de defensa del territorio nacional amenazado por los ejércitos de las monarquías europeas, su ejército, la Grande Armée, conquistó la mayor parte de Europa continental. En los territorios invadidos, Napoleón nombró a los miembros de la familia Bonaparte y a algunos de sus generales más cercanos como monarcas. Hoy en día, la familia real sueca desciende del general bonapartista Bernadotte.

Alegoría de Luis XVIII ayudando a Francia a sus pies


Tras la derrota final de Napoleón en 1815 en la batalla de Waterloo y como consecuencia del Congreso de Viena, la monarquía francesa fue reinstaurada (Luis XVIII, de la Casa de Borbón), pero con nuevas limitaciones constitucionales. Si bien la organización política de Francia osciló entre república, imperio y monarquía durante 75 años después del golpe de Estado de Napoleón Bonaparte, lo cierto es que la revolución dio a luz a un nuevo régimen donde la burguesía, y en algunas ocasiones las masas populares, se convirtieron en la fuerza política dominante en el país. En 1830, una sublevación civil estableció la monarquía constitucional de julio, que duró hasta 1848. La Segunda República, de breve duración, terminó en 1852, cuando Luis Napoleón Bonaparte, sobrino de Napoleón I, se hizo proclamar emperador como Napoleón III (1852-1870). Se inició así el Segundo Imperio Francés.

Presentación de los planos del Louvre a Napoleón III y la emperatriz Eugenia

urante este nuevo imperio se produce un considerable desarrollo de los medios de transportes, así como una bonanza económica. Sin embargo la política exterior tuvo una serie de fracasos importantes como la Segunda Intervención Francesa en México y sobre todo la estrepitosa derrota en la Guerra Franco-prusiana de 1870 en la cual Napoleón III fue vencido por completo. Este suceso ocasionó la Tercera República (1871).


Adolphe Thiers aclamado en la Asamblea General (1877)


Francia tuvo posesiones coloniales en varias partes del mundo, desde principios del siglo XVII hasta mediados del siglo XX. En los siglos XIX y XX, su imperio colonial global era el segundo más grande del mundo después del Imperio británico. En su pico, entre 1919 y 1939, el segundo Imperio colonial francés se extendió sobre 12.347.000 kilómetros cuadrados de tierra.

Con la presidencia de Thiers el país prosperó económicamente. En 1914 Alemania le declaró la guerra y estalló la Primera Guerra Mundial. Por el Tratado de Versailles (1919) Francia recuperó Alsacia y Lorena. Se produce el surgimiento del nazismo. Aunque en última instancia acabó como vencedor en la Primera Guerra Mundial, Francia sufrió unas pérdidas humanas y materiales enormes que la debilitaron en las décadas por venir. Los años 30 fueron marcados por una variedad de reformas sociales introducidas por el gobierno del Frente Popular. Francia y Reino Unido declararon la guerra a la Alemania nazi el 3 de septiembre de 1939 en virtud de un tratado suscrito con Polonia, cuyo territorio había sido invadido por el ejército alemán.


La Conferencia de Paz de Versailles, 1919


El Reich estableció un régimen autoritario bajo la tutela del mariscal Philippe Pétain, conocido como la Francia de Vichy, que adoptó una política de colaboración con la Alemania Nazi. Los opositores del régimen formaron el estado de Francia Libre fuera de Francia, sostuvieron a la resistencia francesa y fueron sumando cada vez más territorios coloniales a su causa. Francia continental fue liberada con el esfuerzo común de los Aliados, de Francia Libre y de la Resistencia en 1944.

La derrota alemana (1945) produjo la subida al poder de Charles De Gaulle, quien dimitió ese mismo año por entrar en vigor una nueva Constitución y proclamarse la Cuarta República, con Vicente Auriol como presidente. La Cuarta República luchó para mantener su estatus económico y político como potencia mundial e intentó recuperar el control sobre su imperio colonial, afectado por la guerra.


Charles De Gaulle y la Reina Elizabeth, la Reina Madre, en París, 1959


Se producen conflictos coloniales. La revolución argelina produjo una seria crisis en el país que llevó nuevamente al general De Gaulle al poder (1958), el cual presidió la Quinta República haciendo votar una nueva Constitución que otorgaba plenos poderes al presidente. Argelia logró su independencia en 1962. De Gaulle fue reelecto en 1965. Impulsó la reestructuración económica pero en el orden interno su política provocó serios obstáculos. Se producen manifestaciones estudiantiles y una huelga general que paralizó al país en el célebre “mayo francés” (1968). En 1969 De Gaulle renunció a la presidencia y lo reemplazó Georges Pompidou.

A la muerte de Pompidou en 1974 fue elegido presidente el conservador Valery Giscard d’Estaing. En 1981 el candidato del partido Socialista, François Mitterrand se impuso en las elecciones presidenciales y fue reelecto en 1988 por un período de 7 años. En junio de 1991 es nombrada Primer Ministro Edith Cresson, la primera mujer en la historia de Francia que ocupa ese cargo. A partir de entonces se sucederían en la presidencia Jacques Chirac (reelecto) y Nicolas Sarkozy.


El Presidente Mitterrand y la Primera Dama francesa, Danielle, reciben en el Elíseo a Margarita II de Dinamarca y su consorte (1992)


En décadas recientes, la reconciliación y la cooperación de Francia con Alemania han probado la línea central a la integración política y económica de la Unión Europea de desarrollo. La nación francesa ha estado a la vanguardia de los Estados miembros europeos de la Unión que intentaban explotar el ímpetu de la unión monetaria para crear una unión europea política, con una defensa y un aparato unificados y más capaces en la seguridad.