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miércoles, 28 de septiembre de 2011

Las "Cortes de Amor" medievales


El amor cortés era una concepción medieval europea de noble y caballerosa expresión de amor y admiración. En general, era secreto y entre miembros de la nobleza y generalmente no se practicaba entre marido y mujer. El amor cortés se inició en las cortes ducales y principescas de Aquitania, Provenza, Champaña y Borgoña a finales del siglo XI. En esencia, era una experiencia entre el deseo erótico y el logro espiritual que hoy parece contradictoria, "un amor a la vez ilícito y moralmente elevado, apasionado y disciplinado, humillante y exaltante, humano y trascendente". Su interpretación, los orígenes y las influencias siguen siendo un tema de debate crítico.

Origen

El término amour courtois ("amor cortés") tuvo su definición original con Gaston Paris en 1883, en su "Etudes sur les romans de la Table Ronde: Lancelot du Lac, II: Le conte de la charrette". Paris dijo que el amour courtois era una disciplina ennoblecedora y un modelo a seguir. El amante (idolizer) acepta la independencia de la amante y trata de hacerse digno de ella, actuando con valentía y honor (noblemente) y haciendo cualquier cosa que ella pueda desear, sometiéndose a una serie de pruebas para demostrarle su ardor y compromiso. La satisfacción sexual, dijo Paris, podría no haber sido el resultado final, pero el amor no era del todo platónico, ya que estaba basado en la atracción sexual.

El término y la definición de Paris pronto fueron ampliamente aceptados y adoptados. A pesar de que el término "amor cortés" aparece en un solo poema provenzal existente (como cortez amors en una oda de finales del siglo XII por Pére d'Alvernhe), está estrechamente relacionado con el término fin'amor ("amor fino") que aparece con frecuencia en provenzal y francés, así como el alemán lo tradujo a hohe Minne. Además, otros términos y frases relacionados con "cortesía" y "amor" son comunes en toda la Edad Media. Aunque Paris utiliza el término con muy poco apoyo en la literatura contemporánea, no fue un neologismo y usualmente describe una determinada concepción del amor y se centra en la cortesía que se encontraba en su esencia.

La dama del castillo otorga una prenda de favor al caballero que parte a la batalla

Richard Trachsler dice que "el concepto de la literatura cortés está vinculada a la idea de la existencia de textos cortesanos, textos producidos y leídos por hombres y mujeres que comparten algún tipo de cultura elaborada que todos tienen en común". Argumenta que muchos de los textos que los eruditos dicen ser corteses también incluyen textos "no corteses" y que no hay una manera clara de determinar "dónde termina la cortesía y dónde comienza la no cortesía".

Historia

La práctica del amor cortés fue desarrollada en la vida de la corte de cuatro regiones: Aquitania, Provenza, Champaña y Borgoña, en época de la Primera Cruzada (1099). Eleanor de Aquitania trajo los ideales del amor cortés desde su ducado natal, primero a la corte de Francia, luego a Inglaterra, pues fue reina de dos reyes. Su hija Marie llevó el comportamiento cortés a la corte del Conde de Champagne. El amor cortés encontró su expresión en los poemas líricos escritos por trovadores, como Guillermo IX, Duque de Aquitania (1071-1126).



Los poetas adoptaron la terminología del feudalismo, declarándose el vasallo de la dama y dirigiéndose a ella como midons ("mi señor"), una especie de nombre en clave para que el poeta no tuviera que revelar el nombre de la dama, pero que era halagador dirigirse a ella como su señor. Modelo de dama ideal para el trovador era la esposa de su señor, una dama de alta alcurnia, por lo general la señora del castillo. Cuando su marido estaba fuera, en la Cruzada u otros negocios, ella dominaba la Casa y los asuntos culturales; a veces este era el caso incluso cuando el esposo estaba en el castillo. La dama era rica y poderosa y el poeta le daba voz a las aspiraciones de la clase cortesana, ya que solo aquellos que eran nobles podían participar en el amor cortés. Este nuevo tipo de amor veía la nobleza no basada en la riqueza y en la historia familiar, sino en carácter y acciones, atrayendo así a los caballeros más pobres que veían un camino para el ascenso social.

Ya que en el tiempo el matrimonio tiene poco que ver con el amor, el amor cortés era también una manera para los nobles de expresar el amor que no encontraban en su matrimonio. El término "amante" en el contexto del amor cortés, no se refería a las relaciones sexuales, sino más bien al acto de amor emocional. Estos "amantes" tenían citas breves en secreto, que escalaban mentalmente, pero no físicamente. Las reglas del amor cortés fueron codificadas por el muy influyente trabajo de Andreas Capellanus (Andrés el Capellán) titulado De Amore, a fines del siglo XII. Esta obra lista reglas tales como "El matrimonio no es una excusa real para no amar", "El que no es celoso no puede amar", "Nadie puede estar obligado por un doble amor" y "Cuando haces el amor público rara vez perdura".

La influencia islámica y andaluza

Muchas de las convenciones del amor cortés se remontan a Ovidio, a través de Andreas Capellanus, pero es dudoso que todas ellas sean trazables a este origen. Cuentas del amor cortés a menudo pasan por alto la hipótesis "arabista", que se ha planteado en alguna forma casi desde los inicios de las palabras "amor cortés" en la época moderna. Una fuente propuesta para las diferencias es la poesía árabe y de la España musulmana y el contacto europeo más amplio con el mundo islámico.

Escena de Layla y Majnun ("Layla y el Loco"), clásica historia de amor árabe del siglo VII popularizada por el poeta persa Nizami Ganjavi

Teniendo en cuenta que las prácticas análogas a las del amor cortés ya eran frecuentes en Al-Andalus y en otros lugares del mundo islámico, es muy probable que las prácticas islámicas influyeran las de los europeos cristianos. Guillermo de Aquitania, por ejemplo, estuvo involucrado en la Primera Cruzada y en la Reconquista de España, por lo que tendría que haber estado en contacto con la cultura musulmana en gran medida.

De acuerdo con G. E. von Grunebaum, hubo varios elementos que se desarrollaron en la cultura árabe. Las nociones de "amor por amor" y "exaltación de la mujer amada" han sido rastreadas a la literatura árabe de los siglos IX y X. La noción de "poder ennoblecedor" del amor fue desarrollada en el siglo XI por el sicólogo y filósofo persa Ibn Sina (conocido como "Avicena" en Europa), en su tratado Risala fi'l-Ishq ("Tratado sobre el Amor"). El último elemento del amor cortés, el concepto de "amor como deseo nunca cumplido", estaba a veces implícito en la poesía árabe, pero fue desarrollado por primera vez en una doctrina en la literatura europea, en la que los cuatro elementos del amor cortés estaban presentes.

De acuerdo con un argumento esbozado por María Rosa Menocal en El Papel Árabe en la Historia Literaria Medieval, en la España del siglo XI, un grupo de poetas errantes parecía que iban de corte en corte y en ocasiones viajaban a las cortes cristianas del sur de Francia, una situación que refleja lo que sucedería en aquella zona de Europa cerca de un siglo más tarde. Los contactos entre estos poetas españoles y los trovadores franceses eran frecuentes. Las formas métricas utilizadas por los poetas españoles fueron similares a los utilizados posteriormente por los trovadores.



En el mundo real

Un punto permanente de controversia es si el amor cortés era puramente literario o se practicaba verdaderamente en la vida real. No hay registros históricos que ofrezcan evidencia de su presencia en la realidad. El historiador John Benton no encontró ninguna evidencia docuemntal en códigos legales, casos judiciales, crónicas y otros documentos históricos. Sin embargo, la existencia del género de no ficción de los libros de cortesía es quizá la evidencia de su práctica. Por ejemplo, según el libro de cortesía de Christine de Pizan, llamado Libro de las Tres Virtudes (1405), que expresa la desaprobación del amor cortés, la convención estaba siendo utilizada para justificar y encubrir asuntos ilícitos de amor.

El amor cortés probablemente encontró expresión en el mundo real en costumbre como la coronación de Reinas del Amor y la Belleza en los torneos de caballería. Felipe el Bueno, en su Fiesta del Faisán en 1454, se basó en parábolas extraídas del amor cortés para incitar a sus nobles a jurar a participar en una cruzada prevista, mientras que hasta bien entrado el siglo XV numerosas convenciones políticas y sociales se basaban en gran medida en fórmulas dictadas por las "reglas" del amor cortés.
El "Asedio del Castillo del Amor" en una caja de marfil del siglo XIV

Las cortes de amor

Otro punto de controversia fue la existencia de "cortes de amor", mencionadas por primera vez por Andreas Capellanus. Se supone que estas cortes estaban formadas por tribunales de 10 a 70 mujeres que oirían un caso de amor y se pronunciarían sobre él basadas en las reglas del amor. Los historiadores del siglo XIX tomaron la existencia de estas cortes como un hecho; sin embargo, los historiadores posteriores, como Benton, señalaron que "ninguna de las abundantes cartas, crónicas, canciones y dedicatorias piadosas" sugieren que alguna vez existieron fuera de la literatura poética. De acuerdo con Diane Bornstein, una manera de conciliar las diferencias entre las referencias a las cortes de amor en la literatura y la falta de pruebas documentales en la vida real, es que eran como salones literarios o reuniones sociales, donde los participantes leían poemas, debatían cuestiones de amor y jugaban juegos de palabras, es decir, flirteaban.

De toda su influencia en la cultura, la época de Eleanor de Aquitania en Poitiers fue quizás el más crítico y, sin embargo, se sabe muy poco de lo que sucedió. El rey Enrique II estaba en otra parte, atendiendo sus propios asuntos después de escoltar a Eleanor a Poitiers. Fue aquí donde muchos estudiosos atribuyen la corte de Eleanor como "corte de amor", donde la reina, con la complicidad de su hija Marie, fundió y alentó las ideas de los trovadores, los caballeros y el amor cortés en una sola corte. La existencia y las razones de esta corte se debaten.



Palais des Comtes de Poitiers

En esos años Poitiers se impuso como gran foco cultural de Occidente; las justas poéticas, el idioma del cortejo y la ausencia de violencia dominaban escenarios por los que se movían los mejores autores de la época. Chrétien de Troyes o André Le Chapelain trabajaron gozosos bajo el influjo de Eleanor, quien no reparaba en gastos cuando se trataba de fomentar o difundir cualquier manifestación cultural. Desde todos los confines geográficos llegaban bardos, juglares y trovadores dispuestos a demostrar su valía en los alardes poéticos anuales que se celebraban. Cada vencedor, en esos torneos incruentos, recibía el agasajo verbal y reconocimiento de los allí presentes.

En El Arte del Amor Cortés, Andreas Capellanus se refiere a la corte de Poitiers. Él afirmaba que varias mujeres, incluyendo a Eleanor y su hija Marie de Champagne, se sentaban a escuchar las peleas de amantes y a actuar como jurado a las preguntas de la corte que giraban en torno a los actos del amor romántico. Las damas juzgaban los hechos ateniéndose a un código compuesto por treinta y un artículos que determinaban la conducta más correcta a seguir en cada caso. Él registra unos veintiún casos, el más famoso de ellos es un problema asignado a la mujer acerca de si el verdadero amor puede existir en el matrimonio o no. De acuerdo con Capellanus, las mujeres decidieron que no era nada probable.



Algunos eruditos notan que, debido a que la única evidencia de las cortes de amor estuvo en el libro El Arte del Amor Cortés, una corte influyente como ésta nunca existió. Y para reforzar su argumento, dicen que no hay evidencia de que Marie permaneciera con su madre en Poitiers, más allá de que su nombre se menciona en el trabajo de Andreas. Éste escribió para la corte del rey de Francia, donde Eleanor no era bien vista.

Otros, como Polly Schoyer Brooks, en un libro no académico y popular, sugiere que la corte existió, pero que no fue tomada muy en serio y que los actos del amor cortés eran sólo un "juego de salón" hechos por Eleanor y Marie a fin de poner un poco de orden sobre todos los jóvenes cortesanos que estaban allí. De todas maneras, el suceso literario más destacado de este período es la recopilación de las viejas narraciones celtas a cargo de especialistas consumados y, gracias a la reina Eleanor y su hija, reaparecieron con fuerza lugares y personajes ancestrales célticos como el rey Arturo y la isla de Avalon.



Esto no quiere decir que Eleanor inventara el amor cortés, ya que era un concepto que había comenzado a crecer antes que se creara la corte de Eleanor. Sin embargo, debido a que no hay mucha información sobre lo que pasó mientras Eleanor estaba en Poitiers, todo lo que se puede tomar de ella es que esta corte era más probablemente un catalizador para la creciente popularidad de la literatura del amor cortés en las regiones de Europa Occidental.

domingo, 21 de agosto de 2011

Símbolos escoceses (III): los Castillos

Escocia es tierra de castillos. Además de las telas a cuadros o tartanes y las gaitas celtas, ésta es la imagen más típica del país del norte.

Un castillo es un tipo de estructura fortificada construida durante la Edad Media. Los estudiosos debaten el alcance de la palabra “castillo”, pero usualmente la consideran como residencia fortificada particular de un señor o noble. Es diferente de una fortaleza, la cual no es una residencia familiar, aunque esta distinción no es absoluta, y la misma estructura pudo haber tenido diferentes usos de acuerdo a las diferentes épocas. El término ha sido popularmente aplicado a edificios tan diversos como castros (poblados fortificados) y casas de campo. A lo largo de aproximadamente 900 años tales castillos fueron construidos en variados estilos arquitectónicos.

Castle Stalker, Loch Laich, Argyll


En Escocia, las fortificaciones más tempranas habían incluido castros, torres, áreas defensivas y muchos castillos fueron levantados sobre el sitio de estas tempranas edificaciones. Los castillos escoceses de que hablamos aquí datan del 1100 d. C. en adelante. Es que los primeros edificios de este tipo fueron construidos en Escocia en los siglos XI y XII, con la introducción de la influencia normanda.

Estos castillos eran llamados de mota castral o de mota y Bailey. La mota es un montículo realzado de tierra, parecido a una pequeña colina, regularmente artificial, sobrepuesta por una estructura de madera o de piedra. La tierra para el montículo está presa en un zanjón excavado alrededor de la motte o entorno al castillo entero. La superficie externa del montículo puede ser recubierta de arcilla o reforzada con soportes de madera.

The Bass of Inverurie, Aberdeenshire, un gran castillo de mota y Bailey del siglo XII


El bailey es un patio cerrado, circundado de una verja de madera y sobrepuesto a la mota, que usualmente servía de casa para los esclavos del señor del castillo o granjeros. El bailey a menudo estaba conectado al foso que rodea la mota y contenía un salón, establos para los caballos y ganado, una capilla y cabañas.

Era posible construir estas estructuras con gran rapidez y facilidad en la época de la conquista normanda de Inglaterra y de los asentamientos anglonormandos en Gales, Irlanda y en las planicies de Escocia. Un muro defensivo de puerta sustituyó la verja de madera, como en los castillos de Berkeley, Alnwick, Warwick y el de Windsor (todavía existente).

Rowallan Castle, East Ayrshire, sobre el Carmel Water, data del siglo XIII


Este tipo de castillos fueron reemplazados con las primeras edificaciones de piedra alrededor del 1200. A finales del siglo XIV, los enormes castillos con puentes levadizos y cortinas -en arquitectura militar, cortina es el lienzo de muralla comprendido entre dos bastiones o torres, de las que recibe apoyo y flanqueo- habían comenzado a ceder el terreno a las más modestas torres, viviendas verticales, con menos defensas. Este tipo de residencia vertical continuó siendo popular en la clase terrateniente de Escocia a lo largo del fin del siglo XVII, cuando la arquitectura clásica hizo su primera aparición en el país. Mientras tanto, el avance de la artillería presionó a los ingenieros militares para diseñar fuertes fortificaciones de importantes fortalezas reales.

A lo largo de los siglos XVI y XVII, torres y castillos fueron actualizados con cielorrasos pintados y tapicería decorativa, empleando diferentes estilos nacionales. A fines del siglo XVIII, fue revivida la arquitectura medieval y nuevas residencias campestres estilo castillo empezaron a construirse una vez más. Estos “castillos” no tenían capacidad defensiva, pero estaban diseñados sobre la base de una arquitectura militar (tower-house) como un detalle decorativo. Esta tendencia culminó en el estilo baronial escocés (scottish baronial) del siglo XIX.



Un ejemplo típico del baronial style: Glamis Castle, en Angus, residencia de los Condes de Strathmore and Kinghorne y lugar de nacimiento de La Reina Isabel, Reina Madre.


Este estilo arquitectónico es parte del neogótico (renacimiento gótico o victoriano gótico), que se refiere al movimiento peyorativamente denominado como pseudogótico, consistente en la arquitectura realizada a imitación de la gótica medieval. Por su común rechazo al racionalismo neoclásico, es un estilo vinculado con el romanticismo, y por sus implicaciones políticas, con el nacionalismo. Esta forma de arquitectura, con lenguaje propio del estilo gótico con formas más o menos genuinas, fue popular en los dominios del Imperio Británico.

Han de haberse construido más de dos mil castillos en Escocia, aunque muchos solo son conocidos a través de registros históricos. Se han encontrado en todas los rincones del país. Las torres fortificadas están concentradas a lo largo de la frontera con Inglaterra, mientras que los mejores ejemplos de la era renacentista están agrupados en el noreste.

Fachada del castillo renacentista de Drumlanrig, en Dumfries and Galloway, hogar ancestral de los Duques de Buccleuch y Queensberry


La cantidad de castillos registrados que están distribuidos por condados en Escocia es la siguiente:

Cincuenta y cinco en Aberdeenshire, veintiuno en Angus, cuarenta en Argyll and Bute, cinco en Clackmannanshire, setenta y seis en Dumfries and Galloway, cinco en Dundee, veintiocho en East Ayrshire, dos en East Dunbartonshire, diecinueve en East Lothian, tres en East Renfrewshire, ocho en Edinburgh, cinco en Falkirk, treinta y dos en Fife, cinco en Glasgow, sesenta y cinco en Highland, siete en Inverclyde, ocho en Midlothian, treinta y ocho en Moray, veintiséis en North Ayrshire, dos en North Lanarkshire, seis en Orkney, veintinueve en Perth and Kinross, dieciséis en Renfrewshire, veintisiete en Scottish Borders, dos en Shetland, diecinueve en South Ayrshire, catorce en South Lanarkshire, ocho en Stirling, tres en West Dunbartonshire, cinco en West Lothian y siete en Western Isles (na h-Eileanan Siar).

Los castillos reales, es decir, propiedad de la familia real británica, en Escocia, son el Palacio de Holyroodhouse, en Edinburgh y Balmoral Castle, en Aberdeenshire.





La Familia Real británica en los terrenos de Balmoral Castle: 1951 y 1994

lunes, 2 de mayo de 2011

La Nobleza Inmemorial

La Nobleza Inmemorial es aquella establecida como existente desde antes de los registros normales de un título nobiliario. En su sentido restrictivo, se refiere a las familias nobles cuyos orígenes se pueden rastrear a partir de la caída del Imperio Romano, esto es, alrededor del año 490. En su sentido más inclusivo, y más generalmente aceptado, se refiere a los poseedores de nobleza feudal que pueden rastrear su posesión ininterrumpida de derechos nobiliarios a tiempos inmemoriales.

En muchos reinos las casas más antiguas se consideran primus inter pares, disfrutando de este rango no por un decreto real, sino por el ejercicio sin oposición de los privilegios de la aristocracia desde tiempos inmemoriales, haciendo innecesario establecer las circunstancias de la concesión original.

El tiempo inmemorial

Es un tiempo que se extiende más allá del alcance de la memoria, los registros o la tradición. La inferencia es que el sujeto referido es, o puede considerarse, indefinidamente antiguo.

El término se ha definido formalmente para algunos propósitos. En el Derecho inglés, por ejemplo, tiempo inmemorial significa "un tiempo anterior a la historia legal y más allá de la memoria legal". En 1275, por el primer Estatuto de Westminster, este tiempo fue limitado al reinado de Ricardo I “Corazón de León”, comenzando el 6 de julio de 1189, fecha de su ascensión al trono. Las pruebas de una posesión ininterrumpida o el uso de cualquier derecho desde esa fecha hizo innecesario establecer la cesión original. En 1832, el plan de fechar la memoria legal a partir de un momento fijo fue abandonado; en su lugar, se aceptó que los derechos que se habían disfrutado durante veinte años (o treinta años si era contra la Corona) no podían cuestionarse simplemente demostrando que no se habían disfrutado con anterioridad.

El Tribunal de Caballería de Inglaterra y Gales (Her Majesty's High Court of Chivalry of England and Wales), un antiguo tribunal civil inglés, definió el periodo anterior a 1066 como "tiempo inmemorial" para los asuntos de la heráldica.


Normas por región

El año fijado como límite para el registro más antiguo conservado con el fin de ser considerado como un noble inmemorial depende de las tradiciones de cada región en particular.

En Alemania y Escandinavia, donde los registros no se mantuvieron hasta hace relativamente poco, el año límite es 1400 d.C. La nobleza que puede rastrear su ascendencia noble al menos hasta el año 1400 se conoce como Uradel.

En Europa central, esta nobleza consiste en la de aquellas familias cuyos orígenes se remontan a la temprana Edad Media. Se incluyen las casas de Zähringen (Baden), Bigorre, Cominges, Carcassone, Beziers, Ficquelmont, Foix, Toulouse, Rouergue, Aurvergne y Boulogne, entre otras. Muchas de estas familias son ramas descendientes de los duques de Vasconia y de Septimania. Esta nobleza no se puede conceder ni obtener.



Gaston III Febus de Foix-Bearn, Conde de Foix, rinde homenaje a Carlos VI, Rey de Francia (1470)

En España se refiere a las familias nobles creadas durante las Cruzadas ibéricas o la Reconquista, comenzando con Pelayo en el Reino de Asturias en el siglo VIII y Carlomagno en la Marca Hispánica a principios del siglo IX. En particular, hidalgos de sangre (en virtud de linaje) son "aquellos para los que no hay memoria de su origen y no se tiene conocimiento de ningún documento que menciona una concesión real, cuya oscuridad es universalmente elogiada, incluso más que aquellos nobles que conocen de otro modo su origen". Un famoso, aunque ficticio, ejemplo de un hidalgo de sangre es Don Quijote, cuya nobleza fue descrita en la novela como muy conocida e inmemorial, aunque no le concedía a Don Quijote ningún beneficio material que no fuera la exención del pago de impuestos.


En Inglaterra, el umbral para ser considerado un noble inmemorial sería el año 1189, el tradicional tiempo inmemorial. Sin embargo, en la nobleza de Inglaterra, el más antiguo título es el del Barón de Ros, creado como Par hereditario en 1264.


El Castillo Ashford, que data del siglo XIII, en el Condado de Galway, Irlanda.


En Irlanda, las familias nobles pueden, con pocas excepciones, rastrear su ascendencia por lo menos hasta el siglo IV d.C., con sus genealogías extendiéndose aún más atrás, pero ya entrando en el reino de la mitología. Los más famosos son los Uí Néill, descendientes de Niall de los Nueve Rehenes, en el norte de Irlanda, y en el sur de la Eóganachta. Los títulos irlandeses son los nombres de los septs (divisiones de clanes) en sí mismos, como O'Conor Don, MacDermot de Coolavin, O'Neill de Clanaboy, O'Donnell de Tyrconnell, O'Kelly de Gallagh y Tycooly, O'Toole de Fer Tire, O'Donovan de Clancahill, O'Donoghue de los Glens, McGillycuddy de los Reeks, O'Callaghan de Duhallow y O'Brien de Thomond. Hay una veintena de estas nobles familias irlandesas que permanecen, aunque menos de los títulos, quizá la mitad, han estado en uso continuo desde el siglo XVII. En lo que hoy es Escocia, la antigua nobleza es en realidad muy poca, aunque muchas familias hacen reclamos. Los únicos verificables sólo son unas cuantas familias de las islas occidentales, que no formaban parte de Escocia cuando aparecieron por primera vez. Los más conocidos son los extensos Clann_Somhairle, hoy representados por el High Chief del Clan Donald.


En la Rusia Imperial, existía una categoría similar llamada древнее дворянство ("Antigua nobleza"). No tenía un año establecido, pero requería trazar su linaje a partir de Rurik de Novgorod (Rurikidas) o Gediminas de Lituania (Gediminidas).



El jefe vikingo Rurik llega cruzando el mar al Rus de Kiev (siglo VIII)

miércoles, 14 de octubre de 2009

La Nobleza en Francia

La nobleza en Francia (la noblesse), durante los períodos del Medioevo y de la Edad Moderna, tenía específicos derechos y prerrogativas legales. La primera lista oficial de estas prerrogativas fue establecida recién a mediados del siglo XV, bajo el reinado de Luis XI, e incluía el derecho a cazar, a usar una espada y poseer un escudo de armas, así como a poseer un feudo o un señorío. A los nobles también se les otorgaba una exención del pago del taille (impuesto sobre la tierra) excepto para los plebeyos que poseían tierras en alguna región de Francia. Ciertas posiciones eclesiásticas, civiles y militares estaban reservadas para nobles. Estos privilegios feudales eran usualmente llamados droits de feodalité dominante.


Luis XI de Francia preside el capítulo de San Miguel (1470)


Asimismo, los nobles también tenían responsabilidades: eran requeridos para honrar, servir y aconsejar a su rey y a menudo se les requería rendir servicio militar (por ejemplo, el llamado impôt du sang). El título de noble no era imborrable: ciertas actividades podían causar dérogeance, o pérdida de un título nobiliario. La mayoría de las actividades comerciales y manuales estaban estrictamente prohibidas, aunque los nobles podían beneficiarse de sus tierras explotando minas y fundiciones de hierro.



Château de los Duques de Bretaña en Nantes


Con la excepción de unos pocos casos aislados, la servidumbre había cesado de existir en Francia desde el siglo XV. Con posterioridad, los nobles, sin embargo, mantenían un gran número de privilegios señoriales sobre los campesinos libres que trabajaban en las tierras bajo su control. Podían, por ejemplo, requerir el pago de un impuesto anual a los vasallos sobre las tierras que éstos poseían o arrendaban. Podían cobrar banalités por el derecho a usar los molinos del señor, así como los hornos o las prensas de vino. Asimismo, podían exigir una porción de las cosechas de sus vasallos a cambio de permiso para explotar las tierras de su propiedad. Los nobles también mantenían ciertos derechos judiciales sobre sus vasallos, aunque con el crecimiento del estado moderno, muchos de esos privilegios pasaron al control estatal, dejando a la nobleza rural sólo las funciones de milicia local y control judicial sobre la violación de sus derechos señoriales.


Château de Versailles y La Orangerie (o Jardín de Naranjos)


En el sistema político de los Estados Generales, la nobleza constituía el Segundo Estado. Los historiadores difieren sobre el número de nobles en Francia al final del siglo XVIII; algunos estiman 140.000 nobles (9.000 familias), otros 300.000 (de los cuales 80.000 pertenecen a la tradicional nobleza “de espada”), pero siempre concluyendo que es una de las más pequeñas noblezas de Europa.


Pese a la percepción general, la nobleza en Francia no fue nunca una clase enteramente cerrada. Los títulos nobiliarios eran generalmente hereditarios, pero muchos eran otorgados por el monarca en retribución a la lealtad y había oportunidades, tanto legales como ilegales, de que los individuos más ricos obtuvieran títulos para sí mismos y sus descendientes.


Carlos IX de Francia

De 1275 a 1578 los plebeyos podían adquirir títulos de nobleza luego de tres generaciones a través de la compra de tierras o castillos, con tal que esos feudos pertenecieran anteriormente a un noble o al rey y hubieren sido otorgados en homenaje feudal. Éstos no podían poseer feudos nobles sin pagar un impuesto especial sobre ellos (el franc-fief) al señor. En el siglo XVI, las familias podían adquirir nobleza por posesión de ciertos importantes cargos oficiales o militares, generalmente luego de dos generaciones.


En el Renacimiento y principios del siglo XVII muchos títulos de nobleza fueron usurpados por plebeyos con la compra de feudos y con estilo de vida de nobles, es decir, evitando la actividad comercial y manual y encontrando la manera de quedar exentos de las listas oficiales del taille. Así, la familia podía comenzar poco a poco a ser vista como noble.


Henri IV de Francia


El rey podía otorgar títulos nobiliarios a través de patentes reales y convertir sus tierras en feudos nobles o, para los plebeyos que poseían feudos nobles, otorgarles posesión oficial de los títulos. El soberano también podía conferir privilegios especiales sobre los feudos nobles, como el rango de Par a determinados ducados. En el caso de un Parlamento reacio, los nobles eran denominados à brevet (como un duc à brevet o duque por certificado).


Clases

§ Noblesse d'épée (“nobleza de espada”) o noblesse ancienne: la nobleza antigua o tradicional.
§ Noblesse de chancellerie (“nobleza de cancillería”): los titulares de altos oficios reales.
§ Noblesse de lettres (“nobleza de cartas”): personas hechas nobles a través de lettres patentes o patentes reales.
§ Noblesse de robe (“nobleza de toga”): persona o familia hecha noble por desempeñar ciertos cargos oficiales, como tesorero o presidente de un parlamento provincial.
§ Noblesse de cloche (“nobleza de campana”): los titulares del cargo échevin o prévôt des marchands (alcalde municipal) en determinadas ciudades.
§ Noblesse militaire (“nobleza militar”): los que desempeñan oficios militares, generalmente luego de dos o tres generaciones.


El Duque de Valentinois, Honoré II, Señor de Mónaco (1642)


Muchas veces los nobles se distinguen en base a la edad de su estatus:

§ Noblesse chevaleresque: proveniente de antes de 1400.
§ Noblesse d'extraction: de al menos cuatro generaciones de antigüedad
La adquisición de títulos nobiliarios podía hacerse en una generación o gradualmente luego de varias generaciones:

§ Noblesse au premier degré: nobleza obtenida en la primera generación, después de 20 años de servicio o por la muerte de un titular anterior.
§ Noblesse graduelle: nobleza obtenida en la segunda generación, después de 20 años de servicio o por la muerte de padre e hijo.



Luisa de Saboya, Duquesa de Nemours, Bourbon, Auvergne y Châtellereaut (1530)


La noblesse de lettres se convirtió, a comienzos del reinado de Francisco I, en una manera útil para la Corte de aumentar los ingresos; plebeyos que poseían feudos nobles podrían pagar el valor de un año de ingresos de sus feudos para obtener nobleza. En 1598, Henry IV deshizo algunos ennoblecimientos pero eventualmente vio la necesidad de esta práctica.

La noblesse de cloche data de 1372 (para la ciudad de Poitiers) y fue fundada solo en ciertas ciudades con libertades legales y judiciales; para la época de la Revolución esas ciudades eran solo un puñado.

La noblesse de chancellerie apareció primero durante el reinado de Charles VIII, a finales del siglo XV. Como un canciller del reino demandaba (con pocas excepciones) un estatus real, los plebeyos que ocupaban esa posición obtuvieron rango noble, generalmente luego de 20 años de servicio. Éstos pagaban enormes sumas para mantener esa posición pero esta forma de nobleza fue a menudo criticada por ser savonnette à villain (sopa de villanos).


Charles de Valois, Duque de Berry(1461) y Duque de Normandie (1465), rodeado de su séquito


La noblesse de robe tenía una larga tradición. En 1600 obtuvo estatus legal. Las altas posiciones en importantes cargos financieros y estatales (usualmente comprados a gran precio) conferían nobleza, generalmente en dos generaciones, aunque había excepciones (como los Parlamentos de París, Dauphiné, Besançon y Flanders) que la conferían en una generación. Estas posiciones podían ser perdidas por una familia ante la muerte inesperada del titular. En un intento de ganar mayores beneficios impositivos, en 1604 se instituyó el Paulette, un impuesto anual sobre la transmisión hereditaria que solidificó la adquisición de oficios en Francia y para mediados del siglo XVII la mayoría de los titulares ya eran nobles después de una larga posesión de estos oficios.


Henry IV de Francia comenzó a cortar con la usurpación de títulos de nobleza y, entre 1666 y 1674, Louis XIV comenzó un masivo programa de verificación. Testimonios orales mantenidos entre padres y abuelos que habían sido nobles y vivían como tales ya no eran aceptados. Los nobles necesitaban pruebas escritas (contratos de matrimonio, documentos de propiedad de tierras) sobre su condición a partir de 1560. Muchas familias volvieron a las listas del taille y fueron forzadas a pagar multas por usurpar títulos nobiliarios.


Luis XIV de Francia


miércoles, 24 de junio de 2009

El absolutismo vs la nobleza


La monarquía absoluta y su poder centralizador

A fines de la Edad Media los consejeros de los monarcas se empeñaron en desarrollar el absolutismo real y combatir el feudalismo, apoyándose para ello en el antiguo Derecho Romano. A partir de entonces y hasta la revolución de 1789, el poder real fue absorbiendo cada vez más las antiguas autonomías y volviéndose cada vez más centralizador.

La monarquía absoluta fue reuniendo en las manos del Rey –el cual, a su vez, se identificaba cada vez más con el Estado- la plenitud de poderes otrora repartidos entre los cuerpos intermedios, nobles o no. Al contrario del soberano feudal, el monarca absoluto tiene en torno a sí una nobleza que le acompaña noche y día y que el sirve principalmente de elemento ornamental, sin ningún poder efectivo. Así eran los reyes franceses de la Edad Moderna, los cuales tuvieron en Luis XIV, el Rey Sol, su modelo más completo.

Sin embargo, esta absorción de la nobleza mediante el fortalecimiento del poder real no afectó de la misma manera a la nobleza de otros países ni a las de diversas regiones de un mismo país. En Francia, la nobleza de la Vendée, región que más tarde habría de convertirse en foco de resistencia contra la Revolución, fue una de las que resistió contra la influencia demoledora del absolutismo.

Cada vez más desprovistos de vínculos vitales con todos los cuerpos intermedios que constituían la nación, esos monarcas ya no contaban con sus apoyos naturales e incapaces de sustentarse en ellos para mantenerse en pie, debieron recurrir a redes de burocracia cada vez mayores. Esto resultó cada vez más pesado y, cuanto más pesado, más gravoso a aquellos mismos que estaban obligados a cargar con él.

En Francia, los grandes feudos fueron siendo reabsorbidos por la Corona, principalmente a través de alianzas matrimoniales. El último procedimiento en este sentido, llevado a cabo por medio de negociaciones diplomáticas que tuvieron aspecto de acuerdo de familia, tuvo por objeto el Ducado de Lorena. En 1738 fue convenido entre Francia y Austria que Lorena pasaría a título vitalicio a Stanislao Leszcynski, rey destronado de Polonia y padre de María Leszcynska, esposa de Luis XV. Cuando el suegro del rey francés falleciera, dicho ducado se incorporaría automáticamente al reino de Francia, lo que efectivamente sucedió.

La monarquía burocrática, sin nada de paternal, fue el Estado de Bonaparte, militar, financiero y administrativo. Después de su segunda y definitiva abdicación, el déspota corso permaneció aislado en su fracaso y ni siquiera la perspectiva próxima de su caída suscitó una revolución en su favor inspirada en el amor filial de súbditos leales con su monarca. A la manera de las que levantó la lealtad monárquica en la Vendée o en la Península Ibérica o en Austria por aquellas dinastías reales en las que aún estaban en vigor rasgos del paternalismo de antaño, radicalmente diferentes al despotismo duro de Napoleón.


El Sacro Imperio Romano Germánico, electivo desde su origen, pasó a ser de hecho hereditario en 1438, con Alberto II, de la Casa de Austria. A partir de entonces ocupó siempre el trono imperial el Jefe de esta misma Casa. Aparente excepción fue la elección de Francisco de Lorena en 1745, esposo de la heredera de dicha dinastía, la Archiduquesa María Teresa de Habsburgo, quien fue designado a petición de ella, calificándolo así con el más alto título nobiliario de la Cristiandad y convirtiendo en más proporcionado ese matrimonio desigual. Aquí se constituyó la Casa de Habsburgo-Lorena, continuadora legítima de los Habsburgo al frente del Sacro Imperio. Por presión de Napoleón se disuelve el Sacro Imperio en 1806 y se reducen drásticamente el número de unidades soberanas.

La posterior Confederación Germánica, con el emperador de Austria como presidente hereditario, se sostiene de 1815 a 1866. Ese año, bajo hegemonía prusiana, se forma la Confederación de Alemania del Norte, de la cual fueron excluidos Austria y algunos estados alemanes del Sur. Tras la derrota de Napoleón III en 1870 se convirtió en el Reich alemán, mucho más centralizado, donde se reconocían como soberanos veinticinco estados.

El absolutismo en la Península Ibérica

En España y Portugal, los respectivos monarcas tendieron a consolidar continuamente el poder de la Corona sobre los varios cuerpos del Estado, especialmente sobre la alta nobleza, aunque con múltiples fricciones entre ambos. En Portugal episodios dramáticos dejaron huella tanto en el reinado de Juan II -con aplicación de la pena capital al duque de Braganza y otros grandes nobles, así como la muerte del duque de Viseu, hermano de la reina-, como en el reinado de José I -con la ejecución pública del duque de Aveiro y destacadas figuras de la aristocracia, sobre todo de la ilustre Casa de los Távoras-.

En España esta tendencia centralizadora ya se podía notar en diversos monarcas de la Casa de Trastámara y fue creciendo a lo largo de los sucesivos reinados hasta llegar a su auge en el siglo XVIII, con la Casa de Borbón. Durante el reinado de los Reyes Católicos se produjo una disminución del poder de la nobleza con la destrucción de castillos, la limitación de los privilegios nobiliarios, la incorporación a la Corona del señorío de las plazas marítimas y de los maestrazgos de las principales órdenes militares.

Para el siglo XVIII, la llamada nobleza histórica se mostraba cada vez más afecta a gravitar en torno al soberano, de modo semejante a lo que ocurría en Francia, donde el Rey Sol y sus sucesores se hallaban cercados en la inigualable magnificencia de Versailles. La vida de corte, donde la nobleza ejercía sus funciones, le exigía un fastuoso tren de vida para el cual frecuentemente no bastaban las rentas producidas por sus tierras patrimoniales. En consecuencia, los reyes remuneraban esos cargos. Cuando esto no era suficiente, se producían devastadores endeudamientos que debían romperse por medio de uniones matrimoniales con la alta burguesía o por subsidios concedidos por los monarcas a título de favor.

Tras las invasiones napoleónicas, los regímenes monárquicos de la Península Ibérica se fueron liberalizando cada vez más y perdiendo mucha de su influencia. Los títulos de nobleza acabaron por incluir en esta clase –o por preferencia personal del rey o por servicios prestados en los más variados campos- a numerosas personas que no habían nacido en ella. Tal vez ningún monarca haya llevado tan lejos la propensión a hacer de la nobleza una clase tan abierta como Carlos III de España entre 1759 y 1788.

En España la proclamación de la República en 1873 y en 1931 y las restauraciones monárquicas que siguieron dieron lugar a supresiones y reintegraciones de los títulos de nobleza, con evidente trauma para el cuerpo nobiliario. En Portugal, tras la proclamación de la República en 1910, los títulos, distinciones honoríficas y derechos de la nobleza fueron abolidos, aunque, durante el régimen republicano, aquellas personas a quienes les había sido concedido un título y hubiesen pagado los respectivos derechos de merced del mismo fueron legalmente autorizadas a usarlo, con la condición de precederlo con su nombre civil.

Ya en el siglo XIX se esboza el Estado burgués superpotente que en la primera mitad del siglo XX provoca la caída paulatina de los regímenes monárquicos, abriendo el camino para el Estado proletario.

La nobleza menor

Al lado de la nobleza por excelencia –guerrera, señorial y rural- se fue constituyendo una clase nobiliaria menor, aunque también auténtica. En España, la investidura de determinados cargos civiles, militares y culturales e incluso el ejercicio de ciertas formas de comercio particularmente útiles para el Estado confería ipso facto la nobleza a título personal y vitalicio, o bien a título también hereditario.

Felipe IV, por Real Cédula de 20 de agosto de 1637, dice que el Oficial que sirva en guerra viva por un año, goce de la Nobleza de Privilegio y aquel que lo hiciere durante cuatro, pase dicha nobleza a sus herederos. La Nobleza Personal está reconocida a todos los oficiales del Ejército por orden de 1799 y en 1864 se ordena que el dictado de Don y de Noble se dé a los hijos de oficiales de mayor graduación, nietos de Teniente Coronel y a los Hidalgos notorios que sirvan en el Ejército.

En Portugal, la condición de intelectual abría las puertas para la categoría de noble. Todo aquel que se licenciaba en la célebre Universidad de Coimbra obtenía un título personal y vitalicio, pero no hereditario. Sin embargo, si tres generaciones directas se diplomaban en Coimbra en Teología, Filosofía, Derecho, Medicina o Matemáticas, pasaban a ser nobles por vía hereditaria todos sus descendientes aunque éstos no cursasen estudios allí.

En Francia, además de la nobleza togada –noblesse de robe-, que se reclutaba entre la magistratura, estaba la nobleza de campana -noblesse de cloche-, habitualmente formada por burgueses que se habían destacado al servicio del bien común en las pequeñas ciudades. La adquisición de nobleza podía darse por el ejercicio de cargos militares, altos cargos de la Corte como secretarios y notarios del Rey, cargos de finanzas, puestos universitarios, etc.

Los ennoblecimientos de este tipo suscitaban la búsqueda de autenticidad. La condición de noble no consiste únicamente en el uso de un título conferido por Decreto Real, sino también y especialmente en la posesión del perfil característico de la clase. Es comprensible que ciertos nuevos ricos ascendidos a nuevos nobles tuviesen dificultad en adquirirlo pues, como se sabe, depende de una larga tradición familiar que, a veces, se encuentra en élites burguesas tradicionales menos ricas.

El nuevo noble, lejos de embestir contra ese ambiente del cual era heterogéneo, hizo todo lo posible para adaptarse a él y, sobre todo, proporcionar a los más jóvenes una educación genuinamente aristocrática. Esto hizo que la nobleza antigua absorbiera más fácilmente los elementos nuevos por lo que, en una o más generaciones, desaparecieron las diferencias entre los nobles tradicionales y los nuevos nobles. Esto se dio por el propio efecto del paulatino transcurrir del tiempo y el matrimonio de jóvenes nobles, titulares de nombres históricos, con hijas o nietas de nuevos nobles, cuya riqueza servía a muchos de ellos como medio para evitar la decadencia económica y de conferir nuevo brillo a su respectivo blasón. Este proceso se ha dado desde la Edad Media hasta la actualidad.

El perfil de la nobleza

En la Edad Media y en el Antiguo Régimen la condición nobiliaria no constituía una profesión. Sin embargo, marcaba a fondo a quien gozaba de ella, al igual que a toda su familia. El Título se incorporaba al apellido y a veces lo sustituía; el blasón pasaba a ser el emblema de la familia y la tierra sobre la cual el noble ejercía su poder adquiría en la mayoría de los casos su propio nombre. Cuando sucedía lo contrario era el noble quien incorporaba a su título, a través de la partícula de, el nombre de su territorio.

El noble medieval debía ser un héroe dispuesto a todo en favor del rey y de su pueblo, así como el brazo armado en defensa de la Fe y de la Cristiandad durante la guerra. Pero, al mismo tiempo, debía dar un excelente ejemplo a subordinados y pares tanto en la virtud como en la cultura, en el trato social, en el buen gusto, en la vida cotidiana.

Las buenas maneras y la etiqueta se modelaban según patrones que exigían al noble una continua represión de sus impulsos. La vida social era, bajo algunos aspectos, un sacrificio continuo que se iba haciendo más exigente a medida que la civilización progresaba. En cuanto clase social, la misión de la nobleza era cultivar y difundir el impulso de todas las clases hacia lo alto. El noble estaba vuelto por excelencia hacia esa misión en la esfera temporal, como el clero en la espiritual.

Hoy, de todo lo que otrora la nobleza fue o tuvo, le ha quedado solamente esa excelencia multiforme junto con un conjunto residual de medios que le impide recaer en el desenfreno típico de los nouveau riches.

Privada de todo poder político en las repúblicas contemporáneas –y contando únicamente con vestigios de él en las monarquías-, teniendo una representación escasa en las finanzas, desempeñando en la diplomacia y el mecenazgo un papel casi siempre menos patente que el de la burguesía, la nobleza de hoy es mayormente un residuo aferrado a la tradición y a la grandeza de sus antepasados.