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lunes, 5 de septiembre de 2011

El cortesano

Un “cortesano” es una persona que aparece a menudo en la Corte de un monarca o un alto personaje. Históricamente, la corte era el centro del gobierno tanto como la residencia del monarca y la vida social y política estaban muchas veces completamente mezcladas una con la otra. Los monarcas siempre esperaban que los más importantes personajes de la nobleza estuvieran la mayor parte del año en la corte. Aunque los cortesanos no eran todos nobles, sino que incluían miembros del clero, soldados, portadores de cargos de la corte, secretarios, agentes e intermediarios de todo tipo con el comercio regular de la corte.

Robert Dudley, 1r Conde de Leicester, favorito de Elizabeth I y portador de los cargos de Master of the Horse, Lord Steward de la Casa Real, Consejero Privado, Gobernador-General de las Provincias Unidas de los Países Bajos.


La promoción a posiciones importantes podían ser muy rápidas en la corte y para los ambiciosos no había otro lugar mejor para subir en la escala social.


Como las divisiones sociales se hicieron más rígidas, una brecha, apenas presente en la Antigüedad o la Edad Media, se abrió entre los sirvientes domésticos y otras clases en la corte, aunque Alexandre Bontemps, ayuda de cámara principal de Luis XIV, fue un ejemplo tardío de un "criado" que logró establecer su familia en la nobleza. Los productos clave para un cortesano eran el acceso y la información y una gran corte operaba a varios niveles -muchas carreras exitosas en la corte no implicaban el contacto directo con el monarca en sí-.


Una dama de la corte, en presencia o en posesión de un cargo de corte, era llamada courtesan, aunque hoy ese nombre implica una connotación sexual.

La Duquesa de Marlboroguh usando el símbolo de su cargo y autoridad: la llave de oro. Sarah era Mistress of the Robes (Dama del Guardarropa) de la Reina Ana, el más alto puesto en la corte que podía ser llevado por una mujer, y, además, Keeper of the Privy Purse (Guardián de la Bolsa Privada).


La mayor y más famosa corte de Europa fue la del Château de Versailles en su apogeo, aunque la Ciudad Prohibida de Pekín era aún más grande y más aislada de la vida del país. Características muy similares marcaron las cortes de todas las grandes monarquías, ya sea en Delhi, el Palacio de Topkapi en Estambul, la Antigua Roma, Bizancio o los califas de Bagdad o El Cairo. Sin embargo, la nobleza europea generalmente tenía un poder independiente y estuvo menos controlada por el monarca hasta aproximadamente el siglo XVIII, lo que le daba a la vida cortesana un sabor más complejo.


En la literatura moderna, los cortesanos son a menudo representados como poco sinceros, expertos en la adulación y la intriga, ambiciosos y carentes de sentido para el interés nacional. Representaciones más positivas del estereotipo pueden incluir el rol desempeñado por la corte en el desarrollo de la cortesía y las artes.


Famosos cortesanos de la Historia son Lady Anne Boleyn en la corte de Enrique VIII, Sir Walter Raleigh en el entorno de Isabel I, Madame de Pompadour, maitresse-en-titre de Luis XV y la Princesa de Lamballe (Marie-Thérèse Louise de Savoie-Carignan), amiga íntima de María Antonieta.

La Corte francesa en pleno asiste a la recepción del Gran Condé en Versailles



El Libro del Cortesano


“El Libro del Cortesano” (en italiano: Il Cortesano) es un libro de cortesía escrito por Baldassare Castiglione en el transcurso de varios años, comenzando en 1508 y publicado en 1528, justo antes de su muerte. Se ocupa de la constitución de un perfecto cortesano y, en su última entrega, de una dama perfecta. El Libro del Cortesano permanece como el relato definitivo de la vida de la corte en el Renacimiento. Debido a esto, se considera una de las obras renacentistas más importantes.


El libro está organizado como una serie de conversaciones de ficción entre los cortesanos del Duque de Urbino en 1507 (cuando Baldassare era, de hecho, parte de la corte del Duque). Aquí el cortesano se describe como poseedor de una mente fría, una buena voz (con hermosas palabras, elegantes y altivas), junto con la postura y los gestos adecuados. Al mismo tiempo, sin embargo, el cortesano debe tener un espíritu guerrero, ser atlético y tener buen conocimiento de los seres humanos, las obras clásicas y las bellas artes. A lo largo de cuatro noches, los miembros de la corte tratan de describir el perfecto caballero cortesano. En el proceso debaten la naturaleza de la nobleza, el humor, las mujeres y el amor.


Este libro fue uno de los más ampliamente distribuidos durante el siglo XVI, con ediciones impresas en seis idiomas y en veinte centros europeos. La traducción al inglés de 1561 por Thomas Hoby ​​tuvo una gran influencia en la concepción del caballero por parte de la clase alta de Inglaterra.

Cortesanos del siglo XVI, en Inglaterra


La retórica


De las muchas cualidades que los personajes de Castiglione atribuyen a su perfecto cortesano, la oratoria y la manera en que éste se presenta mientras habla se encuentra entre uno de los más altamentes discutidos. Wayne Rebhorn, un estudioso de Castiglione, afirma que el discurso del cortesano y el comportamiento en general está "diseñado para hacer que la gente se maraville con él, para transformarse en un bello espectáculo que otros puedan contemplar". Como explica el Conde Ludovico, el éxito del cortesano depende en gran medida de su recepción por el público a partir de la primera impresión. Esto explica en parte por qué el grupo considera que el vestido del cortesano es tan vital para su éxito.


Los personajes de Castiglione tienen mucho que decir acerca de cómo su cortesano puede impresionar a su público y ganar su aprobación. Al igual que los retóricos clásicos Cicerón y Quintiliano, Castiglione hace hincapié en la importancia de la entrega al hablar. En el Libro I, el Conde establece que cuando el cortesano habla, debe tener una "sonora, clara, dulce y bien modulada" voz que no es ni demasiado afeminada, ni demasiado áspera y debe ser "moderada por un rostro sereno y con un juego de ojos que dará un efecto de gracia". (Castiglione 1,33) Esta gracia, o grazia, se convierte en un elemento importante en la aparición del cortesano en la audiencia. Eduardo Saccone establece en su análisis de Castiglione "grazia consiste en, o más bien, se obtiene a través de la sprezzatura".

El atento cortesano de la era isabelina


De acuerdo con el conde, la sprezzatura se encuentra entre uno de los más importantes, si no el más importante, recurso retórico a las necesidades del cortesano. Peter Burke describe sprezzatura en El Libro del Cortesano como "indiferencia", "negligencia cuidada" y "sin esfuerzo y facilidad." El cortesano ideal es alguien que "oculta arte y presenta lo que se hace y se dice como si fuera hecho sin esfuerzo y casi sin pensar" (31).


El Conde aboga por el cortesano participando en sprezzatura o esta "determinada indiferencia", en todas las actividades que participa, especialmente el discurso. Las razones que el conde da para ocultar su conocimiento de las letras, es que el cortesano da la impresión de que sus "oraciones eran compuestas muy simplemente", como si surgieran de "la naturaleza y de la verdad [más bien] que del estudio y el arte." (1,26). Este aspecto mucho más natural, a pesar de que no es natural por cualquier medio, es más ventajoso para el cortesano.

Carlos I de Inglaterra, la reina consorte Henriette-Marie y la reina María de Médici asistiendo a un Royal Circle (recepción para cortesanos) en St James Palace.



El Conde sostiene que si el cortesano quiere alcanzar grazia y ser estimado como excelente, estaría en su mejor interés tener esta apariencia de indiferencia. Al no emplear sprezzatura, destruye su oportunidad para la gracia. Mediante la aplicación de sprezzatura a su discurso y todo lo demás que hace, el cortesano parece tener grazia e impresiona a la audiencia, logrando así la excelencia y la perfección. (Saccone 16)


El estilo


Otra característica de la retórica que Castiglione discute es el papel de la lengua escrita y el estilo. Federico responde a la evaluación de los Condes de la utilización de la lengua hablada por plantear la cuestión de cuál es el mejor lenguaje para escribir la retórica. La respuesta del Conde, básicamente, establece que el idioma no importa, sino el estilo, la autoridad y la gracia del trabajo más importante (Cortesano 71). Robert J. Graham, un estudioso del Renacimiento literario, señala que "las preguntas cuya lengua es privilegiada en cualquier momento histórico están profundamente implicadas en los asuntos de importancia personal, social y cultural", lo que afirma es la razón principal del uso de Castiglione de la lengua vernácula. Esto también ilustra la respuesta del Conde de la relatividad del lenguaje en la retórica. Con el papel de la selección de idioma, Castiglione comienza a describir el estilo y la autoridad en la que el cortesano debe escribir con el fin de alcanzar el éxito.


Un Príncipe de la Iglesia con su cortesano


El éxito de un discurso escrito, en contraste con el lenguaje hablado, se basa en la idea de que "estamos dispuestos a tolerar una gran cantidad de uso inapropiado y descuidado, incluso" en la retórica oral antes que en la escrita. El Conde explica que junto con el uso de la palabra adecuada, un cortesano ideal debe tener un sentido propio del estilo que debe fluir a sus palabras. Estas palabras deben ser hechas pero entretener, como dice el Conde, "entonces, es necesario disponer de lo que se ha dicho o escrito en su orden lógico, y después expresarlo muy bien en palabras, es decir que, si no me equivoco, debe ser apropiado, escogido con cuidado, claro y bien formado, pero sobre todo que todavía esté en uso popular"(Cortesano 77). Esta forma de énfasis en el lenguaje es notado por Graham: "Aunque el Conde es consciente de los aspectos más tradicionales del orador (apariencia, gestos, voz)... todo esto será inútil y de poca importancia si las ideas transmitidas por las palabras mismas no son ingeniosas y elegantes a las exigencias de la situación" (Graham 49).

Una embajada persa ante Luis XIV y su corte

lunes, 2 de mayo de 2011

La Nobleza Inmemorial

La Nobleza Inmemorial es aquella establecida como existente desde antes de los registros normales de un título nobiliario. En su sentido restrictivo, se refiere a las familias nobles cuyos orígenes se pueden rastrear a partir de la caída del Imperio Romano, esto es, alrededor del año 490. En su sentido más inclusivo, y más generalmente aceptado, se refiere a los poseedores de nobleza feudal que pueden rastrear su posesión ininterrumpida de derechos nobiliarios a tiempos inmemoriales.

En muchos reinos las casas más antiguas se consideran primus inter pares, disfrutando de este rango no por un decreto real, sino por el ejercicio sin oposición de los privilegios de la aristocracia desde tiempos inmemoriales, haciendo innecesario establecer las circunstancias de la concesión original.

El tiempo inmemorial

Es un tiempo que se extiende más allá del alcance de la memoria, los registros o la tradición. La inferencia es que el sujeto referido es, o puede considerarse, indefinidamente antiguo.

El término se ha definido formalmente para algunos propósitos. En el Derecho inglés, por ejemplo, tiempo inmemorial significa "un tiempo anterior a la historia legal y más allá de la memoria legal". En 1275, por el primer Estatuto de Westminster, este tiempo fue limitado al reinado de Ricardo I “Corazón de León”, comenzando el 6 de julio de 1189, fecha de su ascensión al trono. Las pruebas de una posesión ininterrumpida o el uso de cualquier derecho desde esa fecha hizo innecesario establecer la cesión original. En 1832, el plan de fechar la memoria legal a partir de un momento fijo fue abandonado; en su lugar, se aceptó que los derechos que se habían disfrutado durante veinte años (o treinta años si era contra la Corona) no podían cuestionarse simplemente demostrando que no se habían disfrutado con anterioridad.

El Tribunal de Caballería de Inglaterra y Gales (Her Majesty's High Court of Chivalry of England and Wales), un antiguo tribunal civil inglés, definió el periodo anterior a 1066 como "tiempo inmemorial" para los asuntos de la heráldica.


Normas por región

El año fijado como límite para el registro más antiguo conservado con el fin de ser considerado como un noble inmemorial depende de las tradiciones de cada región en particular.

En Alemania y Escandinavia, donde los registros no se mantuvieron hasta hace relativamente poco, el año límite es 1400 d.C. La nobleza que puede rastrear su ascendencia noble al menos hasta el año 1400 se conoce como Uradel.

En Europa central, esta nobleza consiste en la de aquellas familias cuyos orígenes se remontan a la temprana Edad Media. Se incluyen las casas de Zähringen (Baden), Bigorre, Cominges, Carcassone, Beziers, Ficquelmont, Foix, Toulouse, Rouergue, Aurvergne y Boulogne, entre otras. Muchas de estas familias son ramas descendientes de los duques de Vasconia y de Septimania. Esta nobleza no se puede conceder ni obtener.



Gaston III Febus de Foix-Bearn, Conde de Foix, rinde homenaje a Carlos VI, Rey de Francia (1470)

En España se refiere a las familias nobles creadas durante las Cruzadas ibéricas o la Reconquista, comenzando con Pelayo en el Reino de Asturias en el siglo VIII y Carlomagno en la Marca Hispánica a principios del siglo IX. En particular, hidalgos de sangre (en virtud de linaje) son "aquellos para los que no hay memoria de su origen y no se tiene conocimiento de ningún documento que menciona una concesión real, cuya oscuridad es universalmente elogiada, incluso más que aquellos nobles que conocen de otro modo su origen". Un famoso, aunque ficticio, ejemplo de un hidalgo de sangre es Don Quijote, cuya nobleza fue descrita en la novela como muy conocida e inmemorial, aunque no le concedía a Don Quijote ningún beneficio material que no fuera la exención del pago de impuestos.


En Inglaterra, el umbral para ser considerado un noble inmemorial sería el año 1189, el tradicional tiempo inmemorial. Sin embargo, en la nobleza de Inglaterra, el más antiguo título es el del Barón de Ros, creado como Par hereditario en 1264.


El Castillo Ashford, que data del siglo XIII, en el Condado de Galway, Irlanda.


En Irlanda, las familias nobles pueden, con pocas excepciones, rastrear su ascendencia por lo menos hasta el siglo IV d.C., con sus genealogías extendiéndose aún más atrás, pero ya entrando en el reino de la mitología. Los más famosos son los Uí Néill, descendientes de Niall de los Nueve Rehenes, en el norte de Irlanda, y en el sur de la Eóganachta. Los títulos irlandeses son los nombres de los septs (divisiones de clanes) en sí mismos, como O'Conor Don, MacDermot de Coolavin, O'Neill de Clanaboy, O'Donnell de Tyrconnell, O'Kelly de Gallagh y Tycooly, O'Toole de Fer Tire, O'Donovan de Clancahill, O'Donoghue de los Glens, McGillycuddy de los Reeks, O'Callaghan de Duhallow y O'Brien de Thomond. Hay una veintena de estas nobles familias irlandesas que permanecen, aunque menos de los títulos, quizá la mitad, han estado en uso continuo desde el siglo XVII. En lo que hoy es Escocia, la antigua nobleza es en realidad muy poca, aunque muchas familias hacen reclamos. Los únicos verificables sólo son unas cuantas familias de las islas occidentales, que no formaban parte de Escocia cuando aparecieron por primera vez. Los más conocidos son los extensos Clann_Somhairle, hoy representados por el High Chief del Clan Donald.


En la Rusia Imperial, existía una categoría similar llamada древнее дворянство ("Antigua nobleza"). No tenía un año establecido, pero requería trazar su linaje a partir de Rurik de Novgorod (Rurikidas) o Gediminas de Lituania (Gediminidas).



El jefe vikingo Rurik llega cruzando el mar al Rus de Kiev (siglo VIII)

miércoles, 14 de abril de 2010

Bal Cuevas

El clímax de la carrera social del Marqués George de Cuevas fue en 1953 con un baile de máscaras que dio en Biarritz y que se consideró como una de las más sofisticadas fiestas de la década.




Cuando Charles de Beistegui dio su “fiesta del siglo” en Venecia dos años antes parecía que ningún hombre podría lograr nada más elaborado en el espacio de una sola noche, pero ahora tenía un rival en el pequeño Marqués, cuyo baile del siglo XVIII en el Chiberta Country Club de Biarritz triunfó sobre cientos de problemas y dio un impulso al comercio de aquel resort de la Bahía de Biscay, lo que no se disfrutaba desde los días de Eduardo VII.





En aquella época Francia estaba paralizada por una huelga general; no había aviones ni trenes. Sin inmutarse, los nómadas de la sociedad internacional, con sus disfraces del siglo XVIII haute couture en sus baúles de viaje, hicieron el camino a través de Europa como aves migratorias para participar en los tableaux vivants del baile de Cuevas, un evento tan extravagante que fue criticado por la Iglesia Católica y por la izquierda política.





La gente habló del tema por meses, antes y después”, recordaba la rica heredera Josephine Hartford Bryce, quien cuarenta años más tarde donaría el disfraz que usó esa noche al Metropolitan Museum of Art de Nueva York. “Todos morían por ir. Los disfraces eran fantásticos y las personas invitadas pasaron la mayor parte de la noche analizándose una a otra”.




Como se decía en aquellos círculos, tout le beau monde estuvo allí. Había miembros de la aristocracia española, italiana y latinoamericana, una gran cantidad de millonarios y nobles franceses, algunos británicos, estrellas del teatro y de la pantalla.




Elsa Maxwell se vistió de Sancho Panza y apareció a lomo de mula. Pedro de Yugoslavia bailó con Merle Oberon, que llevaba una descomunal tiara de diamantes. La Duquesa de Argyll, del brazo del duque –quien más tarde se divorciaría de ella-, llegó vestida de ángel. René Zizi Jeanmaire, la bailarina francesa, arribó al Chiberta Country Club a lomos de un dromedario y escasamente vestida. Zizi fue probablemente la más fotografiada de los invitados pues su disfraz no dejaba nada librado a la imaginación como para ser llamado del siglo XVIII.







Y en el centro de todo estaba George de Cuevas, presidiendo la noche como el Rey de la Naturaleza en un extravagante atuendo de lamé de oro, amplia capa roja y un tocado de plumas de avestruz. Estaba rodeado por las Cuatro Estaciones, en las figuras disfrazadas del Conde Charles de Ganay, la Princesa Marella Caracciolo –quien pronto se convertiría en la esposa de Gianni Agnelli-, su hija Bessie y el esposo de ésta, Hubert Faure.







Los reportajes sobre la fiesta exageraban y confundían, pues algunos decían que el marqués había gastado más de 35.000 libras para entretener a sus invitados, otros situaban la cifra en las 15.000 libras. De todos modos, quinientos trajes de época fueron contratados para la policía y los camareros; ocho ovejas blancas con campanas y moños y cuatro vacas con cintas en el cuello deambulaban entre los invitados; bailarines de ballet actuaron sobre un conjunto de balsas en el lago de Chiberta y bandas de rumba en tres pistas separadas mantuvieron el ritmo hasta temprano en la mañana contra el fondo de un castillo de yeso.





Como siempre, Margaret de Cuevas hizo lo inesperado. Desde varios días antes, su disfraz diseñado por el gran couturier Pierre Balmain colgaba, como una presencia, sobre un maniquí en su residencia en Biarritz. Pero Margaret no apareció en el baile, aunque, por supuesto, pagó por el disfraz. Podía ser una Rockefeller antipática pero seguía siendo una Rockefeller. La opulencia, extravagancia y enormidad (cuatro mil personas fueron invitadas y dos mil aceptaron) del evento la ofendían. Así que simplemente esa noche desapareció y la fiesta se desarrolló sin ella. De todas maneras, observaría la llegada de los invitados desde un lugar oculto y una historia muy repetida, pero no confirmada, fue que envió a su doncella vestida con el disfraz que Balmain había hecho para ella.



Después que todo terminó y Biarritz intentó volver a la normalidad, hubo rumores desde el Vaticano y otros lugares de alto nivel sobre el degradante espectáculo y el dinero ridículamente malgastado aquella noche. El marqués, sin embargo estuvo encantado con todo y Biarritz resultó encantada con el marqués.








martes, 9 de marzo de 2010

El Orden de Precedencia

El Orden de precedencia en el Reino Unido es diferente en cada una de sus naciones constitutivas. Órdenes separados existen para hombres y mujeres. La precedencia era una cuestión de gran peso por lo menos hasta la Segunda Guerra Mundial, pero es mucho menos significante en la vida británica de hoy.


El Orden se determina por varios métodos. El Acta de Precedencia (que técnicamente aplica solo para determinar las ubicaciones en la Cámara de los Lores) y las Actas de Unión con Escocia e Irlanda generalmente sientan precedencia para los miembros de la nobleza. Los estatutos de varias Órdenes de Caballería marcan la precedencia para sus miembros. En otros casos, la precedencia puede ser decidida por orden del soberano, a través de una Royal Warrant of Precedence, por patentes reales, por Actos del Parlamento o por costumbre.


Cuatro generaciones Windsor: el orden de precedencia británico es tan estricto que una reina reinante tiene precedencia sobre una reina consorte viuda, aunque fuere su propia madre.


Una persona puede adquirir precedencia por varias razones. Primeramente, puede ser titular de un oficio. Segundo, puede tener un particular estatus social, como un noble. Tercero, en el caso de las mujeres, puede ser esposa del poseedor de un título (las esposas adquieren precedencia gracias a sus esposos, pero éstos no ganan ninguna especial precedencia por sus esposas). Finalmente, puede ser hijo o hija del poseedor de un título. Una mujer no obtiene precedencia como hija de una lady, a menos que esa lady sea miembro de la familia real o una Par del reino por propio derecho. Asimismo, si una hija de par se casa con un plebeyo, ella retiene su precedencia como hija de par. Pero si se casa con un par, su precedencia estará basada en el estatus de su esposo y no en el de su padre.


La Familia real


El soberano, ya fuere rey o reina, está primero en el orden de precedencia. Si es monarca varón, entonces su esposa, la reina consorte, está primera en el orden de precedencia para mujeres. Lo contrario (reina reinante, príncipe consorte primero en la precedencia masculina) no siempre sucede. No hay un sólido derecho de precedencia para un príncipe consorte, aunque usualmente se le otorga precedencia especial sobre los otros miembros masculinos a través de una patente real.


3 de mayo de 1951: Miembros de la familia real británica reunidos en la entrada de la Catedral de San Pablo durante la ceremonia de apertura del Festival de Gran Bretaña (izquierda a derecha: La Condesa de Harewood, Condesa Mountbatten, Conde Mountbatten, La Duquesa de Kent, Princesa Alexandra de Kent, La Princesa Real, La Duquesa de Gloucester, Princesa Margaret, El Duque de Edimburgo, Princesa Elizabeth, Reina Mary y Reina Elizabeth. Al frente están Michael de Kent y William de Gloucester)


El orden de precedencia para miembros masculinos es:

1. El Rey
2. Los hijos del soberano
3. Los nietos del soberano
4. Los hermanos del soberano
5. Los tíos del soberano que tienen sangre real
6. Los sobrinos del soberano que tienen sangre real
7. Los nietos de anteriores soberanos...
1. ...que son duques
2. ...que no son duques


El orden de precedencia para miembros femeninos es:

1. La Reina (reinante o consorte)
2. Las Reinas viudas (la más reciente primero)
3. Las nueras del soberano
4. Las hijas del soberano
5. Las nietas políticas del soberano
6. Las nietas del soberano
7. Las cuñadas del soberano
8. Las hermanas del soberano
9. Las tías del soberano que tienen sangre real...
1. ...por matrimonio
2. ...por nacimiento
10. Las sobrinas del soberano
1. ...por matrimonio
2. ...por nacimiento
11. Las nietas políticas de anteriores soberanos...
1. ...cuyos esposos son duques
2. ...cuyos esposos no son duques
12. Las nietas de anteriores soberanos

Práctica actual

§ La Reina recientemente cambió el orden de precedencia para ocasiones privadas, poniendo a la Duquesa de Cornwall cuarta en la precedencia después de sí misma, la Princesa Anne y la Princesa Alexandra (de Kent), contrario a la usual posición de consorte del heredero. La Duquesa de Cornwall continúa ocupando el segundo lugar en el orden de precedencia en ocasiones oficiales, como son las cenas de estado.

§ La Circular de la Corte también lista al Príncipe William de Gales por encima de sus tíos: Andrew, Duque de York y Edward, Conde de Wessex, marcando que toma precedencia sobre ellos.

Oficiales


En Inglaterra y Gales, el Arzobispo de Canterbury es el rango más alto en precedencia después de la familia real. Luego siguen:


2. Lord Canciller 3. Arzobispo de York 4. El Primer Ministro 5. El Presidente del Consejo Privado 6. El Presidente de la Cámara de los Comunes (Speaker of the House of Commons) 7. El Presidente de la Cámara de los Lores (Lord Speaker)8. El Jefe de Justicia de Inglaterra y Gales (Lord Chief Justice of England and Wales) 9. El Guardián del Sello Privado (Lord Privy Seal).


Su Majestad saluda al Lord Canciller en la Cámara de los Lores durante la apertura del Parlamento


La precedencia de otros oficiales –el Lord Gran Chambelán, el Gran Mariscal, el Lord Steward y el Lord Chambelán- se basa en el grado de nobleza de cada titular. Estos oficiales se hallan en un nivel superior a todos los otros pares de su rango. Así, si el Lord Steward es un duque, está por encima de otros duques; si es un marqués, está por encima de otros marqueses; y así sucesivamente. La precedencia del Master of the Horse está vinculada directamente a la del Lord Chambelán, por lo que sigue inmediatamente después de éste. De todas maneras, si el Master es de un grado más alto de nobleza que el Lord Chambelán figuraría entre sus compañeros pares del mismo grado pero no debajo de éste.


En Escocia, los oficiales del estado son diferentes. El Guardián del Gran Sello de Escocia y el Guardián del Sello Privado de Escocia, si son pares, se ubican después que el Presidente de la Cámara de los Lores. Si no lo son, van después que los hijos menores de los duques. El Hereditary High Constable of Scotland y el Master of the Household en Escocia están sobre los duques. Si los Guardianes de los Sellos son Pares, entonces preceden al High Constable y al Master.


Los Primeros Ministros de la Commonwealth, si se hallan visitando el Reino Unido, se ubican luego del Primer Ministro británico, ordenados de acuerdo a la fecha de su investidura. Los Embajadores y Altos Comisionados del Reino Unido van luego del Guardián del Sello Privado, en orden de llegada al país. Hay altos oficiales del estado, como el Lord High Steward y el Lord High Constable que son ceremoniales y se nombran sólo para las coronaciones.


Nobles


Los rangos de los nobles siguen el siguiente orden: duques, marqueses, condes, vizcondes y barones. Entre cada grado, los Pares van de acuerdo a la antigüedad de la creación de su título, pero los Pares de Inglaterra (creados antes de 1707) preceden a los Pares de Escocia (antes de 1707), quienes juntos preceden a los Pares de Gran Bretaña (antes de 1801), quienes juntos preceden a los Pares de Irlanda (antes de 1801), quienes juntos preceden a los Pares del Reino Unido (después de 1801). Sin embargo, las reglas respecto al país de nobleza aplican solo entre rangos particulares: un conde del Reino Unido, por ejemplo, dejaría atrás a un vizconde de Inglaterra pero no a un conde de Inglaterra, que pasaría al primer lugar.


Los Caballeros de la Orden de la Jarretera, Pares del Reino


Las esposas de Pares marcan su rango con las Pares por propio derecho de acuerdo a la antigüedad del título (sujeto a reglas en cuanto a países mencionadas anteriormente), tanto al propio como al de su esposo. Sin embargo, una Par viuda (esposa de un anterior titular y usualmente un ancestro del presente titular) precedería siempre a la Par actual. Así, la “Duquesa Viuda de X” vendría antes que la actual “Duquesa de X”.

Clerecía


Como ha sido notado, el Arzobispo de Canterbury es el rango no real más alto, seguido por el Arzobispo de York. Son los dos más altos de los 26 llamados Lords Spiritual (o Spiritual Peers) de la Iglesia de Inglaterra, seguidos por los Obispos, que están inmediatamente encima de los barones: primero los Obispos de Londres, Durham y Winchester, seguido por los otros obispos en orden de antigüedad.


En Escocia, la iglesia nacional no tiene arzobispos ni obispos. El Alto Comisionado a la Asamblea General de la Iglesia de Escocia (Lord High Commissioner to the General Assembly of the Church of Scotland) figura inmediatamente debajo del soberano o su consorte (dependiendo de sus respectivos géneros), pero sólo cuando la Asamblea General está en sesión. El Moderator of the General Assembly, más allá de si está en sesión o no, tiene su rango inmediatamente después del Lord Canciller.


La Reina con los dos Pares religiosos más altos de Inglaterra, los Arzobispos de Canterbury y de York y dos autoridades de la Conferencia Metodista.


En Irlanda del Norte, debido a la sensibilidad con respecto al conflicto entre católicos y protestantes, no hay distinción entre los prelados de ambas religiones. Los Arzobispos de Armagh y Dublín, tanto de la Iglesia Católica como de la Iglesia Anglicana de Irlanda, tienen un rango superior al Lord Canciller, en orden de antigüedad. Los Obispos se hallan encima de los barones, como en Inglaterra y Gales.


Baronets y caballeros


Las tres órdenes de caballería más altas de Inglaterra y Gales, Escocia e Irlanda son las Órdenes de la Jarretera, del Cardo y de San Patricio, respectivamente. Los Caballeros de estas órdenes preceden a los baronets. Después de éstos vienen los miembros de todas las otras órdenes de caballería de acuerdo a su rango: Caballero o Dama Gran Cruz, Caballero o Dama Comandante, Comandante o Compañero, Teniente u Oficial y Miembro. Para individuos de rangos equivalentes pero de diferentes órdenes, la precedencia se basa en la antigüedad de cada orden, que es el siguiente:


1. Orden del Baño (Order of the Bath) 2. Orden de la Estrella de India (Order of the Star of India) 3. Orden de San Miguel y San Jorge (Order of St. Michael and St. George) 4. Orden del Imperio Indio (Order of the Indian Empire) 5. Real Orden Victoriana (Royal Victorian Order) 6. Orden del Imperio Británico (Order of the British Empire).

Para rangos y órdenes equivalentes, aquellos nombrados con anterioridad en el tiempo preceden a los que fueron nombrados después.


1749: Procesión de Caballeros de la Orden del Baño (Westminster Abbey)


Las esposas de los Caballeros de las tres órdenes principales y de los Caballeros Gran Cruz, Caballeros Comandantes y Comandantes de las otras órdenes, reciben precedencia de acuerdo a las posiciones de sus esposos. Las esposas de individuos de cierto rango siguen en precedencia a las titulares del mismo rango. Así, esposas de Caballeros Gran Cruz siguen a las Damas Gran Cruz titulares.

Las esposas de baronets van inmediatamente por encima de todas las Damas Gran Cruz pero debajo (aunque no inmediatamente debajo) de Ladies y esposas de Caballeros de la Jarretera, el Cardo y San Patricio. Las viudas de baronets siguen reglas similares a las Pares viudas; la viuda de un baronet anterior va inmediatamente antes que la esposa de un baronet actual.


lunes, 1 de febrero de 2010

NOBLEZA COMPRADA: De cómo todo título tiene precio

Hubo una época en que las grandes fortunas, mayormente norteamericanas, salieron a comprar títulos nobiliarios por doquier. A diferencia de William Waldorf Astor y John Jacob Astor IV, quienes obtuvieron vizcondado y baronía, respectivamente, por mérito propio, otros magnates enviaron a sus hijas y herederas como señuelo para adquirir el lustre de la vieja nobleza. Y en el siglo XX vinieron las figuras femeninas del espectáculo, quienes con su riqueza propia y su fama adquirida en el cine o el teatro, quisieron agregar otra conquista por la vía más fácil: casarse con un noble para ascender a la nobleza.



Un duque real con vestimenta de coronación de Par del Reino
(Su Alteza Real El Duque de Clarence en la coronación de George IV del Reino Unido, 1821)


En la Inglaterra victoriana se dio una curiosa corriente de ida y vuelta: las familias de rancio abolengo adolecían de maltrechas arcas y los acaudalados comerciantes o terratenientes del Nuevo Mundo disponían de floreciente dinero, contante y sonante. Las necesidades de uno se cubrían con las disponibilidades del otro, así que las matemáticas funcionaron bien y la familia Churchill, una de las más linajudas de Gran Bretaña, inauguró la importación de herederas norteamericanas al Viejo Continente.


Lord Randolph Spencer-Churchill (1849-1895) casó con Jennie Jerome, hija del magnate Leonard Jerome. George Charles Spencer-Churchill, hermano del anterior y 8º duque de Marlborough (1844 – 1892) casó con Lilian Price, hija de Cicero Price (quien conservó el título luego de haber quedado viuda del duque). Charles Richard John Spencer-Churchill (1871-1934), hijo del anterior y 9º duque, Secretario de Estado de 1903 a 1905, casó con Consuelo Vanderbilt en 1895 y luego de divorciarse de ella se casó con Gladys Deacon, hija de Edward Parker Deacon. Por último y ya a mediados del siglo XX, John George Vanderbilt Spencer-Churchill (1926 - ), 11º duque y actual jefe de la Casa, casó en segundas nupcias –cuando todavía era marqués de Blandford- con la millonaria Athina Livanos, de la familia de navieros griegos, recientemente divorciada de Aristóteles Onassis.



Blasones de los Churchill



Los nobles franceses fueron los siguientes en la lista de admiradores de las anglosajonas ricas, luego los apátridas, rusos principalmente, pero también polacos y alemanes. Algunas ambicionaban algo más que pertenecer a la nobleza por matrimonio y, a fuerza de encanto o de dólares, lograron acercarse a las gradas de un trono inmemorial, lo cual estaba bien, y sentarse con plenos derechos en otro –aunque fuera de un reino liliputiense-, que era mucho mejor.


En Europa, las alianzas entre nobleza y fortuna también es cosa corriente, ya que los altos niveles sociales generan ese “beau monde” del que habla la prensa especializada con una mixtura de millonarios, celebridades del espectáculo, realeza y aristócratas de vieja prosapia que se encuentran en fiestas de todo tipo en el círculo New York-Londres-París-Roma-Venecia. Tanto encuentro social abre las puertas a infinidad de relaciones y el matrimonio –aunque fuera por interés- es una de ellas.


Compromiso de Pablo de Grecia y Marie-Chantal Miller (9 de enero de 1995)


Veinticinco alianzas notables entre riqueza y nobleza fueron:


  • CATHERINE WILLIS GRAY con el príncipe Aquiles Murat (1826)

  • JENNIE JEROME con lord Randolph Churchill (1874)

  • ALICE HEINE con el duque de Richelieu (1875) y el príncipe Alberto I de Mónaco (1889)

  • CONSUELO YZNAGA DEL VALLE con el 8º duque de Manchester (1876)

  • LILIAN PRICE con el 8º duque de Marlborough (1888)

  • CLARA WARD con el príncipe de Caraman-Chimay (1890)

  • WINNARETTA SINGER con el príncipe Edmond de Polignac (1893)

  • CONSUELO VANDERBILT con el 9º duque de Marlborough (1895)

  • ANNA GOULD con el conde Boni de Castellane (1895) y el marqués de Talleyrand-Perigord (1908)

  • POLA NEGRI con el conde Domiski (1919) y el príncipe Serge Mdivani (1927)

  • PIEDAD ITURBE Y SCHOLTZ con el príncipe Maximilian von Hohenlohe-Langenburg (1921)

  • GLORIA SWANSON con el marqués Henri de la Falaise (1924)

  • MAE MURRAY con el príncipe David Mdivani (1926)

  • THELMA MORGAN con el Vizconde Furness (1926)

  • BARBARA HUTTON con el príncipe Alexis Mdivani (1933), el conde von Reventlow (1935), el barón von Cramm (1947), el príncipe Trubetzkoy (1955) y el príncipe Doan (1964)

  • WALLIS SIMPSON con el príncipe Eduardo de Gales (1937)

  • MARY FAHRNEY con el conde Oleg Cassini Loiewski (1938)

  • CLARA AGNELLI con el príncipe Tassilo Von Fürstenberg (1938)

  • CECIL AMELIA BLAFFER con el príncipe Tassilo von Fürstenberg (1947)

  • MONA TRAVIS STRADER con el conde Albreth von Bismarck-Schönhausen (1954)

  • GRACE KELLY con el príncipe Rainiero de Mónaco (1956)

  • MARTHA CRAWFORD con el príncipe Alfred de Auersperg (1957) y con Claus von Bülow (1966)

  • LEE BOUVIER con el príncipe Stanislas Radziwill (1959)

  • MARIE-CHANTAL MILLER con el príncipe Pavlos de Grecia (1995)

  • ALEXANDRA MILLER con el príncipe Alexandre von Fürstenberg (1995)

Una de las alianzas más célebres, la de los Duques de Windsor (3 de junio de 1937: de izq a der, Herman Rogers, Wallis Simpson, el Duque de Windsor y Major Metcalfe)


En noviembre de 1895, luego de la boda de Consuelo Vanderbilt y el duque de Marlborough, el New York World publicó los nombres del total de veintisiete duques ingleses subrayando a los que todavía eran “elegibles”. “Atención, herederas norteamericanas”, decía el epígrafe, “¿qué ofrecerá cada una?




sábado, 5 de diciembre de 2009

La Nobleza en Polonia y Lituania

Szlachta era el nombre de la Nobleza en el Reino de Polonia y el Gran Ducado de Lituania, cuya unión formó la llamada República de las Dos Naciones. La szlachta surgió en la Edad Media y existió hasta principios del siglo XX. Tradicionalmente, sus miembros eran propietarios de las tierras, generalmente en forma de latifundios, y gozaron de sustanciales y casi exclusivos privilegios políticos hasta los Repartos de Polonia ya casi en el siglo XIX. Las distinciones de la nobleza fueron oficialmente abolidas por la Constitución de Polonia de marzo de 1921, (aunque parcialmente restablecidas por la Constitución de 1935), entretanto la calidad de miembro de la szlachta permanece siendo reivindicada en algunos círculos de la sociedad polaca, dentro y fuera del país.



Escudo de armas de la Comunidad Polaco-Lituana


El término polaco szlachta designaba a la "clase de los nobles". Abarcaba la idea de hidalguía o nobleza de sangre: un noble específico era llamado szlachcic, una noble, szlachcianka. Una teoría sugiere que szlachta deriva del alemán antiguo geschlecht o slahta ("casa, familia, heredad"), como lo hacen muchas otras palabras polacas con relación a la nobleza — por ejemplo, la palabra polaca rycerz ("caballero", del alemán ritter) y el polaco herb ("herencia", “escudo de armas”, del alemán erbe).


Términos relacionados que podían ser aplicados a los antiguos nobles polacos eran rycerz ("caballero"), en latín nobilis ("noble"; plural: nobiles) y mozny ("poderoso"; plural: możni). Posteriormente, los más poderosos fueron llamados "magnates" (en singular: magnat).



Magnates polacos del siglo XVI

Orígenes
  • Polacos
    La nobleza polaca se originó de una clase de guerreros eslavos, formando un elemento distinto dentro del antiguo agrupamiento tribal polaco: los clanes nobles. A este elemento se agregó la inmigración nórdica, puesto que los Príncipes acostumbraban “contratar” para su guardia personal (“Drużyna”), a huestes vikingas, a las cuales pagaban en tierras (y siervos) y ponían también a cargo de los castillos o plazas fuertes desde los cuales controlaban sus dominios. Próximo al siglo XIV había poca diferencia entre los llamados “caballeros” y aquellos ya referidos en Polonia como nobles. El integrante de la szlachta tenía la obligación personal de defender el país (pospolite ruszenie). Así se tornó en la clase social privilegiada del reino.

  • Lituanos
    En Lituania y en Prusia antes de la creación del estado Lituano por Mindaugas los nobles eran llamados boyardos 'bajorai' y la Alta nobleza 'kunigai' o 'kunigaikščiai' (Príncipes). En el proceso de establecimiento del estado fueron gradualmente subordinados a Grandes Duques, (“Kniaz”).
    Luego de la unión heráldica (“Unión de Horodło”), la nobleza lituana adquirió iguales derechos a la szlachta polaca, y durante siglos comenzaron a asimilar como propio el idioma polaco, por más que preservaron su autonomía nacional como Gran Ducado, y en la mayoría de los casos reconocían sus raíces lituanas.
    El proceso de “Polonización” se completó, aunque en el correr de bastante tiempo. Al comienzo sólo las familias de los magnates fueron afectadas, luego, gradualmente envolvió a amplios grupos de la población.

  • Rutenos
    En Rutenia (Bielorrusia y Ucrania occidental) la nobleza gradualmente dirigió su lealtad hacia el multicultural y multilingüista Gran Ducado de Lituania luego que el viejo principado de Halych se convirtiera en una parte de él. Muchas nobles familias rutenas se entrelazaron con familias lituanas y polacas. Los derechos de los nobles ortodoxos eran nominalmente iguales a los que gozaban los nobles polacos y lituanos, pero estuvieron bajo constante presión para convertirse al Catolicismo.


Szlachta polacos en Gdänsk


Szlachta: su ascensión al poder

Los nobles nacían en una familia noble, eran adoptados por un clan noble por iniciativa de algún Señor importante, (esto fue abolido en 1633), o se tornaban nobles al ganar el título del Rey o del Sejm por varias razones: bravura en combate, excelentes servicios prestados al estado, etc. La nobleza polaca gozaba de muchos derechos que no tenían las clases nobles de los otros países y, típicamente, cada nuevo monarca le concedía privilegios adicionales. Estos privilegios formaron la base de la "Libertad dorada" en la República de las Dos Naciones.


A pesar de tener un rey, Polonia era llamada "República" (Rzeczpospolita), ya que era realmente una república aristocrática debido a que el rey era electo por todos los diputados de la nobleza. Polonia era considerada propiedad de esa clase, no la del rey o de la dinastía reinante. Este estado de cosas creció en parte debido a la extinción de la línea masculina de los descendientes de las antiguas dinastías reales (primero los Piastas y luego los Jagiellones), y la selección por la nobleza de los reyes polacos entre los descendientes de esas dinastías por el lado femenino.




Stanisław Antoni Szczuka (1652-1710), noble polaco y talentoso político



Sucesivos reyes concedieron privilegios a la nobleza en el momento de sus elecciones al trono (los privilegios estaban especificados en los Pacta Conventa del rey electo) y en otras ocasiones, en permutas (ad hoc) por el permiso para aumentar algún tributo o la leva en armas de la nobleza (pospolite ruszenie). De este modo, la nobleza de Polonia acumuló una creciente colección de privilegios e inmunidades.

En 1355 en Buda el Rey Casimiro III el Grande decretó el primer privilegio de ámbito nacional para la nobleza, a cambio de la concordancia de estos con que a falta de herederos masculinos, el trono pasaría para su pariente, el Rey Luis el Húngaro. Decretó que la nobleza estaría exenta por muchos años de pagar tributos 'extraordinarios', o pagar con sus propios fondos las expediciones militares fuera de Polonia. También prometió que durante los viajes de la corte real, el rey y la corte pagarían por todos los gastos, relacionados al uso de facilidades de la nobleza local. El hito más importante en la integración de la nobleza polaco-lituana en una sola clase social fue la Unión de Horodlo (“Unia horodelska”) en 1413, en que gran parte de los boyardos lituanos fueron “adoptados” por los clanes nobles polacos, “en masa”, con el consiguiente derecho de usar los Escudos de armas polacos.


Princesa Katarzyna Lubomirska (?-1611) szlachcianka polaca del siglo XV


Hasta la muerte de Segismundo II Augusto, el último rey de la dinastía Jagellon, los monarcas solo podían ser electos dentro de la familia real. Con todo, a partir de 1573, prácticamente cualquier noble polaco o extranjero de Sangre Real podría convertirse en monarca polaco-lituano. Todo rey recién electo tendría que firmar dos documentos: los Pacta conventa, una confirmación de las promesas del rey antes de la elección y los Artículos enriqueños (artykuły henrykowskie, así llamados debido al primer rey electo por elecciones libres, Enrique de Valois). El documento más tarde sirvió como una virtual constitución polaca y contenía las leyes básicas de la “República”.

sábado, 1 de agosto de 2009

La Nobleza: Títulos hereditarios


Títulos hereditarios, en sentido general, son títulos, posiciones o tratamientos que se heredan de generación en generación y así tienden a permanecer en familias particulares.

Algunos títulos hereditarios son heredados sólo por el primogénito; otros pueden pasar al hijo mayor de otra generación o a todos los hijos de una misma familia (lo que es raro), o pueden ser compartidos y así multiplicados en el caso de un título y/o dividido en el caso de un objeto real. En algunas tradiciones la adopción es una vía muy común para suplir el parentesco biológico, como en la tradición hindú que para asegurarlo hay varios herederos masculinos en la misma casta.

Ejemplos de títulos hereditarios:

  • Monarquía hereditaria

El Reino Unido (y varios reinos de la Commonwealth), Bután, Brunei, Camboya, Japón, Nepal, Thailandia, Bélgica, Dinamarca, Luxemburgo, Liechtenstein, Mónaco, Holanda, Noruega, España, Suecia, Jordania, Marruecos, Qatar, Arabia Saudí, Tonga y Bahrein. Las diferentes Constituciones nacionales usan diferentes modos de sucesión al heredar sus monarquías, especialmente en Oriente, que usualmente agregan un momento elegido (ejemplo, un consejo familiar) al mero derecho de nacimiento el cual sólo concede la elegibilidad.


Escudo de armas del Reino de los Países Bajos


Un caso especial son las dos monarquías elegibles, Malasia y Emiratos Árabes Unidos, donde los estados de cada federación son monarquías hereditarias pero sus jefes conforman un colegio electoral que asigna la posición de jefe de estado a uno de sus integrantes por un término de 5 años.




Escudo de armas de Arabia Saudita


  • Títulos de nobleza en el Reino Unido y otros países

En el Reino Unido, la mayoría de los títulos de nobleza (linajes y el título más nuevo de Baronet) pasan sólo al hijo mayor (u ocasionalmente la hija mayor en ausencia de herederos masculinos); todos los otros hijos e hijas de nobles son plebeyos aunque pueden usar uno o más títulos de cortesía heredables por separado, incluso Lord, Lady u Honorable dependiendo del rango de nobleza sostenido por su padre o madre, o también un título con tratamiento de nobleza sin un sitio en la Cámara de los Lores, usualmente uno o dos rangos debajo del de su padre.

Blasones de la familia Cavendish, de los Duques de Devonshire


En muchos países europeos los títulos pueden ser heredados por todos los herederos masculinos de una familia cuyos miembros usan el mismo título al mismo tiempo (por ejemplo, la nobleza de Polonia o en los sucesivos estados del Sacro Imperio).

Blasones de la familia polaca de los Czartoryski



Algunos títulos de la corte, como en el Reino Unido, incluyendo Earl Marshal o Lord Great Chamberlain. La mayoría de éstos son sinecuras, rango puramente ceremonial, que pasan generalmente al hijo mayor (excepto por el Lord Great Chamberlain, que es repartido entre los jefes de las familias Cholmondeley y Willoughby)

Blasones del Marqués de Cholmondeley

Algunos otros oficios, especialmente de la edad feudal, se han vuelto hereditarios, usualmente conectados al estamento militar (ej. Guardián de un castillo, en Japón el Shogun) y/o funciones gubernativas, por lo que también se convierten en títulos de nobleza (ej. Burgrave, Margrave).


Armas del Margraviato de Brandenburgo


Mientras la membresía hereditaria de una clase o casta privilegiada puede implicar un título o no (a veces confusamente llamada nobleza no titulada), esto constituye frecuentemente un requisito para varias ocupaciones tituladas, por ejemplo, cuartos de nobleza son requeridas por una orden militar.

miércoles, 24 de junio de 2009

El absolutismo vs la nobleza


La monarquía absoluta y su poder centralizador

A fines de la Edad Media los consejeros de los monarcas se empeñaron en desarrollar el absolutismo real y combatir el feudalismo, apoyándose para ello en el antiguo Derecho Romano. A partir de entonces y hasta la revolución de 1789, el poder real fue absorbiendo cada vez más las antiguas autonomías y volviéndose cada vez más centralizador.

La monarquía absoluta fue reuniendo en las manos del Rey –el cual, a su vez, se identificaba cada vez más con el Estado- la plenitud de poderes otrora repartidos entre los cuerpos intermedios, nobles o no. Al contrario del soberano feudal, el monarca absoluto tiene en torno a sí una nobleza que le acompaña noche y día y que el sirve principalmente de elemento ornamental, sin ningún poder efectivo. Así eran los reyes franceses de la Edad Moderna, los cuales tuvieron en Luis XIV, el Rey Sol, su modelo más completo.

Sin embargo, esta absorción de la nobleza mediante el fortalecimiento del poder real no afectó de la misma manera a la nobleza de otros países ni a las de diversas regiones de un mismo país. En Francia, la nobleza de la Vendée, región que más tarde habría de convertirse en foco de resistencia contra la Revolución, fue una de las que resistió contra la influencia demoledora del absolutismo.

Cada vez más desprovistos de vínculos vitales con todos los cuerpos intermedios que constituían la nación, esos monarcas ya no contaban con sus apoyos naturales e incapaces de sustentarse en ellos para mantenerse en pie, debieron recurrir a redes de burocracia cada vez mayores. Esto resultó cada vez más pesado y, cuanto más pesado, más gravoso a aquellos mismos que estaban obligados a cargar con él.

En Francia, los grandes feudos fueron siendo reabsorbidos por la Corona, principalmente a través de alianzas matrimoniales. El último procedimiento en este sentido, llevado a cabo por medio de negociaciones diplomáticas que tuvieron aspecto de acuerdo de familia, tuvo por objeto el Ducado de Lorena. En 1738 fue convenido entre Francia y Austria que Lorena pasaría a título vitalicio a Stanislao Leszcynski, rey destronado de Polonia y padre de María Leszcynska, esposa de Luis XV. Cuando el suegro del rey francés falleciera, dicho ducado se incorporaría automáticamente al reino de Francia, lo que efectivamente sucedió.

La monarquía burocrática, sin nada de paternal, fue el Estado de Bonaparte, militar, financiero y administrativo. Después de su segunda y definitiva abdicación, el déspota corso permaneció aislado en su fracaso y ni siquiera la perspectiva próxima de su caída suscitó una revolución en su favor inspirada en el amor filial de súbditos leales con su monarca. A la manera de las que levantó la lealtad monárquica en la Vendée o en la Península Ibérica o en Austria por aquellas dinastías reales en las que aún estaban en vigor rasgos del paternalismo de antaño, radicalmente diferentes al despotismo duro de Napoleón.


El Sacro Imperio Romano Germánico, electivo desde su origen, pasó a ser de hecho hereditario en 1438, con Alberto II, de la Casa de Austria. A partir de entonces ocupó siempre el trono imperial el Jefe de esta misma Casa. Aparente excepción fue la elección de Francisco de Lorena en 1745, esposo de la heredera de dicha dinastía, la Archiduquesa María Teresa de Habsburgo, quien fue designado a petición de ella, calificándolo así con el más alto título nobiliario de la Cristiandad y convirtiendo en más proporcionado ese matrimonio desigual. Aquí se constituyó la Casa de Habsburgo-Lorena, continuadora legítima de los Habsburgo al frente del Sacro Imperio. Por presión de Napoleón se disuelve el Sacro Imperio en 1806 y se reducen drásticamente el número de unidades soberanas.

La posterior Confederación Germánica, con el emperador de Austria como presidente hereditario, se sostiene de 1815 a 1866. Ese año, bajo hegemonía prusiana, se forma la Confederación de Alemania del Norte, de la cual fueron excluidos Austria y algunos estados alemanes del Sur. Tras la derrota de Napoleón III en 1870 se convirtió en el Reich alemán, mucho más centralizado, donde se reconocían como soberanos veinticinco estados.

El absolutismo en la Península Ibérica

En España y Portugal, los respectivos monarcas tendieron a consolidar continuamente el poder de la Corona sobre los varios cuerpos del Estado, especialmente sobre la alta nobleza, aunque con múltiples fricciones entre ambos. En Portugal episodios dramáticos dejaron huella tanto en el reinado de Juan II -con aplicación de la pena capital al duque de Braganza y otros grandes nobles, así como la muerte del duque de Viseu, hermano de la reina-, como en el reinado de José I -con la ejecución pública del duque de Aveiro y destacadas figuras de la aristocracia, sobre todo de la ilustre Casa de los Távoras-.

En España esta tendencia centralizadora ya se podía notar en diversos monarcas de la Casa de Trastámara y fue creciendo a lo largo de los sucesivos reinados hasta llegar a su auge en el siglo XVIII, con la Casa de Borbón. Durante el reinado de los Reyes Católicos se produjo una disminución del poder de la nobleza con la destrucción de castillos, la limitación de los privilegios nobiliarios, la incorporación a la Corona del señorío de las plazas marítimas y de los maestrazgos de las principales órdenes militares.

Para el siglo XVIII, la llamada nobleza histórica se mostraba cada vez más afecta a gravitar en torno al soberano, de modo semejante a lo que ocurría en Francia, donde el Rey Sol y sus sucesores se hallaban cercados en la inigualable magnificencia de Versailles. La vida de corte, donde la nobleza ejercía sus funciones, le exigía un fastuoso tren de vida para el cual frecuentemente no bastaban las rentas producidas por sus tierras patrimoniales. En consecuencia, los reyes remuneraban esos cargos. Cuando esto no era suficiente, se producían devastadores endeudamientos que debían romperse por medio de uniones matrimoniales con la alta burguesía o por subsidios concedidos por los monarcas a título de favor.

Tras las invasiones napoleónicas, los regímenes monárquicos de la Península Ibérica se fueron liberalizando cada vez más y perdiendo mucha de su influencia. Los títulos de nobleza acabaron por incluir en esta clase –o por preferencia personal del rey o por servicios prestados en los más variados campos- a numerosas personas que no habían nacido en ella. Tal vez ningún monarca haya llevado tan lejos la propensión a hacer de la nobleza una clase tan abierta como Carlos III de España entre 1759 y 1788.

En España la proclamación de la República en 1873 y en 1931 y las restauraciones monárquicas que siguieron dieron lugar a supresiones y reintegraciones de los títulos de nobleza, con evidente trauma para el cuerpo nobiliario. En Portugal, tras la proclamación de la República en 1910, los títulos, distinciones honoríficas y derechos de la nobleza fueron abolidos, aunque, durante el régimen republicano, aquellas personas a quienes les había sido concedido un título y hubiesen pagado los respectivos derechos de merced del mismo fueron legalmente autorizadas a usarlo, con la condición de precederlo con su nombre civil.

Ya en el siglo XIX se esboza el Estado burgués superpotente que en la primera mitad del siglo XX provoca la caída paulatina de los regímenes monárquicos, abriendo el camino para el Estado proletario.

La nobleza menor

Al lado de la nobleza por excelencia –guerrera, señorial y rural- se fue constituyendo una clase nobiliaria menor, aunque también auténtica. En España, la investidura de determinados cargos civiles, militares y culturales e incluso el ejercicio de ciertas formas de comercio particularmente útiles para el Estado confería ipso facto la nobleza a título personal y vitalicio, o bien a título también hereditario.

Felipe IV, por Real Cédula de 20 de agosto de 1637, dice que el Oficial que sirva en guerra viva por un año, goce de la Nobleza de Privilegio y aquel que lo hiciere durante cuatro, pase dicha nobleza a sus herederos. La Nobleza Personal está reconocida a todos los oficiales del Ejército por orden de 1799 y en 1864 se ordena que el dictado de Don y de Noble se dé a los hijos de oficiales de mayor graduación, nietos de Teniente Coronel y a los Hidalgos notorios que sirvan en el Ejército.

En Portugal, la condición de intelectual abría las puertas para la categoría de noble. Todo aquel que se licenciaba en la célebre Universidad de Coimbra obtenía un título personal y vitalicio, pero no hereditario. Sin embargo, si tres generaciones directas se diplomaban en Coimbra en Teología, Filosofía, Derecho, Medicina o Matemáticas, pasaban a ser nobles por vía hereditaria todos sus descendientes aunque éstos no cursasen estudios allí.

En Francia, además de la nobleza togada –noblesse de robe-, que se reclutaba entre la magistratura, estaba la nobleza de campana -noblesse de cloche-, habitualmente formada por burgueses que se habían destacado al servicio del bien común en las pequeñas ciudades. La adquisición de nobleza podía darse por el ejercicio de cargos militares, altos cargos de la Corte como secretarios y notarios del Rey, cargos de finanzas, puestos universitarios, etc.

Los ennoblecimientos de este tipo suscitaban la búsqueda de autenticidad. La condición de noble no consiste únicamente en el uso de un título conferido por Decreto Real, sino también y especialmente en la posesión del perfil característico de la clase. Es comprensible que ciertos nuevos ricos ascendidos a nuevos nobles tuviesen dificultad en adquirirlo pues, como se sabe, depende de una larga tradición familiar que, a veces, se encuentra en élites burguesas tradicionales menos ricas.

El nuevo noble, lejos de embestir contra ese ambiente del cual era heterogéneo, hizo todo lo posible para adaptarse a él y, sobre todo, proporcionar a los más jóvenes una educación genuinamente aristocrática. Esto hizo que la nobleza antigua absorbiera más fácilmente los elementos nuevos por lo que, en una o más generaciones, desaparecieron las diferencias entre los nobles tradicionales y los nuevos nobles. Esto se dio por el propio efecto del paulatino transcurrir del tiempo y el matrimonio de jóvenes nobles, titulares de nombres históricos, con hijas o nietas de nuevos nobles, cuya riqueza servía a muchos de ellos como medio para evitar la decadencia económica y de conferir nuevo brillo a su respectivo blasón. Este proceso se ha dado desde la Edad Media hasta la actualidad.

El perfil de la nobleza

En la Edad Media y en el Antiguo Régimen la condición nobiliaria no constituía una profesión. Sin embargo, marcaba a fondo a quien gozaba de ella, al igual que a toda su familia. El Título se incorporaba al apellido y a veces lo sustituía; el blasón pasaba a ser el emblema de la familia y la tierra sobre la cual el noble ejercía su poder adquiría en la mayoría de los casos su propio nombre. Cuando sucedía lo contrario era el noble quien incorporaba a su título, a través de la partícula de, el nombre de su territorio.

El noble medieval debía ser un héroe dispuesto a todo en favor del rey y de su pueblo, así como el brazo armado en defensa de la Fe y de la Cristiandad durante la guerra. Pero, al mismo tiempo, debía dar un excelente ejemplo a subordinados y pares tanto en la virtud como en la cultura, en el trato social, en el buen gusto, en la vida cotidiana.

Las buenas maneras y la etiqueta se modelaban según patrones que exigían al noble una continua represión de sus impulsos. La vida social era, bajo algunos aspectos, un sacrificio continuo que se iba haciendo más exigente a medida que la civilización progresaba. En cuanto clase social, la misión de la nobleza era cultivar y difundir el impulso de todas las clases hacia lo alto. El noble estaba vuelto por excelencia hacia esa misión en la esfera temporal, como el clero en la espiritual.

Hoy, de todo lo que otrora la nobleza fue o tuvo, le ha quedado solamente esa excelencia multiforme junto con un conjunto residual de medios que le impide recaer en el desenfreno típico de los nouveau riches.

Privada de todo poder político en las repúblicas contemporáneas –y contando únicamente con vestigios de él en las monarquías-, teniendo una representación escasa en las finanzas, desempeñando en la diplomacia y el mecenazgo un papel casi siempre menos patente que el de la burguesía, la nobleza de hoy es mayormente un residuo aferrado a la tradición y a la grandeza de sus antepasados.