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sábado, 31 de julio de 2010

La Guardia Pontificia


El Cuerpo de Guardia Suiza Pontificia (alemán: Schweizergarde, italiano: Guardia Svizzera Pontificia, latín: Pontificia Cohors Helvetica, o Cohors Pedestris Helvetiorum a Sacra Custodia Pontificis) es un pequeño ejército mantenido por la Santa Sede y encargado de la seguridad personal del Papa, así como del Palacio Apostólico. Sirve, además, de facto como el cuerpo militar de la Ciudad del Vaticano. En la actualidad, con alrededor de 110 soldados, conforma el ejército profesional más pequeño del mundo.




Antiguos Cuerpos de Guardia Pontificios


  • Guardia Noble
  • Guardia Palatina
  • Zuavos Papales
La Guardia Suiza

La Guardia Suiza fue fundada por el Papa Julio II en 1505, ante la necesidad de que existiera un cuerpo militar siempre disponible para proteger al Papa. Su historia ejemplar de lealtad guarda el honor y el orden en la Ciudad del Vaticano. Fue creada el 21 de enero de 1506, tres años después de que el Papa Julio II ocupara la silla de San Pedro y pidiera a los nobles suizos, soldados para su protección, formando una compañía de 150 hombres. En ese momento, la elección lógica fueron los mercenarios suizos, debido a la reputación que se habían labrado en las Guerras de Borgoña. La fecha oficial de su fundación es el 21 de enero de 1506. Julio II les otorgaría más tarde el título de “Defensores de la libertad de la Iglesia”.


Diversos hechos de armas han inmortalizado la bravura de estos soldados, pero el más memorable ocurrió en 1527 cuando se enfrentaron a un millar de soldados alemanes y españoles durante el saqueo de Roma por parte de las tropas del emperador Carlos V. Lucharon ante la Basílica de San Pedro y siguieron combatiendo mientras retrocedían hasta los escalones del altar mayor. Sobrevivieron sólo 42 de los 150 guardias suizos; estos formaron un círculo alrededor del Papa Clemente VII y lograron que escapara por un callejón que conduce al Castillo de Sant'Angelo. Rememorando este hecho, cada 6 de mayo los nuevos alabarderos juran sus cargos ante el Papa y los ascendidos toman posesión.




La bandera está dividida por una cruz blanca en cuarteles. En la parte inferior derecha aparecen las armas del Papa Julio II; en el cuadrante superior izquierdo las del Papa reinante; en los otros se despliegan los colores de la Guardia y en el medio aparece el escudo del propio comandante.


En las ceremonias vaticanas, cada vez que el Santo Padre pasa frente a ellos, el llamado «Ejército más pequeño del mundo» le saluda de rodillas, en señal de profundo respeto y máximo honor.





La Guardia Suiza hoy

No se considera que la Guardia Suiza pertenezca a ninguna otra organización: su función exclusiva es la de ejército del Estado soberano de Ciudad del Vaticano. Está compuesta por unos ciento treinta soldados: el Comandante, con el rango de Coronel, el Vicecomandante, un capellán Teniente Coronel, un oficial con el grado de Comandante, dos oficiales de rango Capitán, 23 mandos intermedios, 99 alabarderos y 2 tamborileros.

Se les entrena en procedimientos y manejo de armas modernas, aunque también se les enseña a manejar la espada y la alabarda. Reciben lecciones de autodefensa, así como instrucción básica en tácticas defensivas de guardaespaldas similares a las utilizadas en la protección de muchos jefes de Estado. Actualmente cada guardia suizo trae oculto en su uniforme un pulverizador de gas lacrimógeno y, a partir del grado de sargento, una pistola y dos modernas granadas.





Desde el punto de vista ceremonial, compartían deberes en la corte pontificia con la Guardia Palatina y la Guardia Noble. Pero desde que estos cuerpos fueron abolidos en 1970 bajo Pablo VI, la Guardia Suiza ha pasado a ocupar los roles ceremoniales de las anteriores unidades.


Uniforme

El uniforme oficial de la Guardia es azul, rojo, naranja y amarillo con una brillante apariencia renacentista. El actual fue diseñado por el Comandante Jules Répond (1910-1921) a partir del modelo que aparece en una pintura de Rafael, donde se aprecia a la Guardia Suiza de la época transportando al Papa Julio II sobre una litera. Por mucho tiempo se atribuyó el diseño a Miguel Ángel, pero la Santa Sede se encargó de aclarar que éste no tuvo nada que ver, sino que fue influenciado por Rafael, como influyó con toda la moda italiana renacentista, a través de sus pinturas.




Este diseño, realizado en los colores azul y amarillo de la Casa Della Rovere, a la que pertenecía Julio II, es considerado una de las vestimentas militares en activo más antiguas del mundo. Resulta mucho más vistoso, alegre y brillante que el que tenían ya bastante degradado en el siglo XIX: el yelmo, ornado con una pluma roja o blanca, según la graduación; los guantes blancos, la coraza, que aún tiene una reminiscencia medieval, y el casco morrión, negro (o plata para las ocasiones de gala), que es una copia del que llevaban los soldados españoles en el siglo XVI. El color rojo fue introducido por el Papa León X, en referencia al escudo de los Médicis.





El uniforme bermejo de los oficiales está basado en el que usaban los guardias españoles del Imperio durante el reinado de Felipe II. Van armados de alabarda y espada ropera, aunque en su prestación de servicio añaden para el uso armas modernas de infantería, pistola, ametralladoras y subfusiles y fusiles de asalto, además de explosivos con los que realizan un alto entrenamiento profesional y táctico militar.

El uniforme de diario es más funcional, consistente en una versión de azul sólido, más simple que el colorido uniforme de gran gala, usado con un simple cinturón marrón, un collar blanco y una boina plana negra. Para los nuevos reclutas y la práctica de rifle se usa un simple conjunto de color azul claro con cinturón de color café. Durante el tiempo frío o inclemente, una capa azul oscuro se lleva sobre el uniforme regular.



Los guardias suizos no usan propiamente botas altas, aunque sí calzas a las piernas, sujetas a la altura de la rodilla por una liga dorada y cubiertas por polainas según la ocasión y clima. Este uniforme expresa la alegría de ser soldado, de combatir y de estar al servicio del Papa. Aunque también el color rojo simboliza la sangre derramada en defensa del Papado.





Yo, [nombre del nuevo guardia], juro mantenerme fiel diligente y fervientemente a todo esto que me ha sido leido; que sea el Todopoderoso y Sus Santos mis testigos.”


Guardia Noble

La Guardia Noble (italiano: Guardia Nobile) era una de las unidades de guardia de la Santa Sede. Fue creada por Pío VII en 1801 como un regimiento de caballería pesada, fusionando en ella la antigua Guardia de los Caballeros Ligeros (fundada en 1485 por Inocencio VIII) y el Cuerpo delle Lance Spezzate (fundado por Pablo IV en 1527). El nuevo cuerpo recibió el nombre de "Guardia Noble del Cuerpo de Nuestro Señor". En 1968 Pablo VI la rebautizó como "Guardia de Honra de Su Santidad".


En un principio, el regimiento tenía como principal tarea escoltar al Romano Pontífice y a otros grandes Príncipes de la Iglesia, así como en las misiones a lo ancho de los Estados Pontificios a las órdenes del Papa. Una de sus primeras grandes misiones fue la escolta de Pío VII a París para la coronación de Napoleón Bonaparte como Emperador el día 2 de diciembre de 1804. Con la unificación italiana y la confiscación de los Estados Pontificios en 1870, la Guardia Noble se transformó en una Guardia de Corps pedestre encargada de la custodia física de la persona del Papa.


Estaba conformada por soldados voluntarios, sus miembros no recibían paga por el servicio prestado e incluso debían pagar su propio equipamiento. El comandante del cuerpo tenía título de Capitán. Uno de los puestos intermedios de la Guardia Noble era el de Portaestandarte Hereditario, quien portaba el Estandarte Papal. El oficial de servicio de la Guardia Noble era el jefe de todos los cuerpos militares de la antecámara pontificia, incluida la Guardia Suiza y los gentilhombres.



La Guardia tenía un capitán general comandante, que tenía la representación del Cuerpo y era ayudado por un coronel ayudante. El comando militar era competencia del oficial ayudante mayor. A continuación dos brigadieres generales, que comandaban la brigada de servicio y la brigada de honor. Tras ellos había nueve oficiales y los guardias, subdivididos a su vez en diversos grados.


La Guardia Noble hacía su aparición en público sólo cuando el Papa tomaba parte en funciones públicas. Durante el período de Sede Vacante, el cuerpo permanecía al servicio del Colegio Cardenalicio. Durante la Segunda Guerra Mundial, la Guardia Noble compartió la responsabilidad de la seguridad personal de Pío XII con la Guardia Suiza. Por ejemplo, cuando el Papa daba su paseo diario por los Jardines Vaticanos, dos Guardias Nobles le seguían a distancia.




La Guardia Noble tenía desde sus inicios la prerrogativa de no prestar juramento. El Papa Inocencio VIII que la estableció declaró que la fidelidad de la Guardia Noble no estaba en discusión.

Inicialmente sólo estaba abierta a los nobles provenientes de los Estados Pontificios, pero después de 1929 se amplió el ingreso a la nobleza de toda Italia. Hubo algunas excepciones a esta regla de la nacionalidad, como la del noble español Luis de Goyeneche.

Este cuerpo de guardia fue disuelto por Pablo VI en 1970 como parte de las reformas tras el Concilio Ecuménico Vaticano II.


Guardia Palatina

La Guardia palatina (italiano: Guardia Palatina d'Onore) fue una unidad militar de los Estados Pontificios y la Ciudad del Vaticano.

La Guardia palatina nació en 1850 bajo el pontificado de Pío IX de la fusión de dos unidades preexistentes en los Estados Pontificios. Dicho cuerpo estaba formado como una unidad de infantería y tomaba parte en la vigilancia de Roma, por lo que participó en diferentes batallas, incluyendo la defensa de la Ciudad Eterna contra los soldados piamonteses.

Después de 1870 y de la unificación de Italia, la Guardia fue confinada al Vaticano, donde prestaba un servicio de guarida. Hacían acto de presencia cuando el Papa aparecía en la Plaza de San Pedro o cuando un Jefe de Estado visitaba el Vaticano. En este tipo de ocasiones formaban una banda militar y ejecutaban los himnos nacionales.

Los miembros de esta unidad eran voluntarios que no recibían pago por su servicio, aunque sin embargo recibían cierta cantidad para la reparación de sus uniformes (Las tropas vestían uniforme azul y un quepis emplumado).

La Segunda Guerra Mundial tuvo un papel incidente en la historia de la Guardia Palatina. En setiembre de 1943, cuando las tropas alemanas ocuparon Roma, la Guardia tuvo la responsabilidad de proteger la Ciudad del Vaticano, varias propiedades vaticanas en Roma y la villa de verano papal en Castel Gandolfo. Sus miembros (principalmente comerciantes de Roma y empleados de oficina), cuyos servicios estaban anteriormente limitados a permanecer de pie y presentar armas en las ocasiones ceremoniales, ahora debían patrullar los muros, jardines y patios del Vaticano y vigilar las entradas a los edificios pontificios alrededor de la Ciudad Eterna. En más de una ocasión este servicio terminó en violentas confrontaciones con las unidades de la Policía Fascista italiana que trabajaba con los alemanes arrestando refugiados políticos que estaban escondidos en edificios protegidos por el Vaticano.


Al comienzo de la Segunda Guerra en septiembre de 1939 la Guardia Palatina nucleaba unos quinientos hombres, pero para la liberación de Roma en junio de 1944, el cuerpo había crecido hasta los dos mil.


Fue disuelto el 14 de septiembre de 1970 por Pablo VI como parte de las reformas de la Iglesia. Sus antiguos miembros fueron invitados a formar un nuevo grupo llamado Asociación Santos Pedro y Pablo (Associazione SS. Pietro e Paolo), cuyos estatutos fueron aprobados por el Santo Padre en abril de 1971.


Zuavos Papales

Zuavo es el nombre que se dio a ciertos regimientos de infantería en el ejército francés, que normalmente sirvieron en el Norte de África entre 1831 y 1962. Originarios de Argelia, tanto el nombre como el uniforme distintivo de los Zuavos se extendió por las fuerzas armadas de Estados Unidos, Estados Pontificios, España, Brasil y el Imperio otomano. La etimología es del francés zouave que por su parte deriva de la palabra bereber zwāwī la cual es el gentilicio de la tribu zwāwa, que aportó soldados mercenarios.


Los Zuavos Papales fueron creados para la defensa de los Estados Pontificios y evolucionaron a partir de una unidad formada en 1860, los Tiradores Franco-Belgas. El 1º de enero de 1861 la unidad fue renombrada como Zuavi Pontifici. Estaba integrada principalmente por hombres jóvenes, solteros y católicos, quienes voluntariamente asistían a Pío IX en su conflicto contra la Unificación italiana. Usaban un estilo de uniforme similar al de los zuavos franceses, pero en color gris con adornos rojos. Un quepi gris y rojo fue sustituido por el fez nor-africano.


Todas las órdenes se daban en francés y la unidad era comandada por un coronel suizo, M. Allet. No obstante, el regimiento era verdaderamente internacional, y en mayo de1868 llegaban a 4592 hombres: 1.910 holandeses, 1.301 franceses, 686 belgas, 157 romanos y ciudadanos pontificios, 135 canadienses, 101 irlandeses, 87 prusianos, 50 ingleses, 32 españoles, 22 alemanes de fuera de Prusia, 19 suizos, 14 estadounidenses, 14 napolitanos, 12 modeneses, 12 polacos, 10 escoceses, 7 austriacos, 6 portugueses, 6 toscanos, tres malteses, dos rusos y un voluntario de cada una de las islas de los Mares del Sur, India, "África", México, Perú y Circasia.


Mil quinientos zuavos pontificios colaboraron en la notable victoria papal en la batalla de Mentana, librada el 3 de noviembre de 1867 entre las tropas franco-papales y voluntarios italianos dirigidos por Giuseppe Garibaldi. Los zuavos también jugaron un papel en los compromisos finales de septiembre de 1870, en los cuales las fuerzas papales superaban casi siete a uno. Después de la captura de Roma por Víctor Manuel en 1870, los ex Zuavos Pontificios sirvieron al gobierno de la Defensa Nacional en Francia durante la guerra franco-prusiana. La unidad fue disuelta después de la entrada de las tropas prusianas en París.


jueves, 29 de julio de 2010

La bendición "Urbi et orbi"



Urbi et orbi, palabras que en latín significan "a la ciudad [de Roma] y al mundo", era la fórmula habitual con la que empezaban las proclamas del Imperio romano. En la actualidad es el término usado para denotar la bendición más solemne que imparte el Papa, y sólo él, dirigida a la ciudad de Roma y al mundo entero.





La bendición Urbi et orbi se imparte durante el año en dos fechas, el Domingo de Pascua y el día de Navidad, ocasiones en que es transmitida a todo el mundo a través de European Broadcasting Union. También es impartida el día de la elección papal; es decir, al final del cónclave, en el momento en que el Santo Padre se presenta ante Roma y el mundo como nuevo sucesor de Pedro. Muy raras veces, la Urbi et orbi es usada como bendición de los peregrinos durante el Año Santo o Jubileo.



La característica fundamental de esta bendición para los fieles católicos es que otorga la remisión por las penas debidas por pecados ya perdonados, es decir, confiere una indulgencia plenaria bajo las condiciones determinadas por el Derecho Canónico (haberse confesado y comulgado, y no haber caído en pecado mortal). De acuerdo a las creencias de los fieles, los efectos de esta bendición se cumplen para toda aquella persona que la reciba con fe y devoción, incluso si la recibe, en directo, a través de los medios de comunicación de masas (televisión, radio, internet, etc.).




El Papa preside la ocasión desde el balcón central de la Basílica de San Pedro (llamado por eso Balcón de las bendiciones) adornado con el estandarte pontificio. Para las bendiciones de Coronación y de Navidad, el Pontífice solía revestirse con ornamentos solemnes (mitra, báculo, estola y capa pluvial). Hoy se recurre a esta vestimenta solo en la bendición navideña. En todas las ocasiones, el Sumo Pontífice va precedido de cruz procesional y acompañado de cardenales-diáconos y ceremonieros.

La Coronación de Pío XII (1939)


Antes de la bendición propiamente dicha, el Santo Padre da una alocución a la multitud, transmitida al mundo entero a través de la televisión en directo, con saludos especiales en varios idiomas.

Juan XXIII el día de su Coronación (1958)


Antigua práctica

Antes de la ocupación de Roma por el ejército del Reino de Italia (20 de setiembre de 1870), esta bendición era impartida más frecuentemente y en determinadas basílicas de Roma:


· Basílica de San Pedro: Jueves Santo, Pascua, las Fiestas de San Pedro y San Pablo y la Coronación Papal.
· San Juan de Letrán: Ascensión de Jesús (muchas veces pospuesta hasta Pentecostés) y la entronización de un nuevo Papa como Obispo de Roma.
· Santa María la Mayor: Asunción

El Balcón de las Bendiciones, en la fachada principal de San Pedro


Después de la ocupación, el papa Pío IX se consideró a sí mismo “Prisionero en el Vaticano” y en protesta cesó de dar la bendición. La práctica fue más tarde reasumida, aunque de una manera más limitada, siguiendo a la resolución de la llamada “Cuestión romana” (las relaciones entre el Vaticano y el gobierno de Italia).

El Papa Inocencio X en el Jubileo de 1650, en la Epifanía, Pentecostés y Todos los Santos, así como los veinte papas subsiguientes, incluyendo Pío IX (1846-1878), por especiales razones, dieron esta solemne bendición desde la balconada del Palacio del Quirinal.


El balcón principal del Palazzo Quirinale


Fórmula (latín)

Sancti Apostoli Petrus et Paulus, de quorum potestate et auctoritate confidimus, ipsi intercedant pro nobis ad Dominum.

– Amen.

– Precibus et meritis beatæ Mariæ semper Virginis, beati Michælis Archangeli, beati Ioannis Baptistæ et sanctorum Apostolorum Petri et Pauli et omnium Sanctorum misereatur vestri omnipotens Deus et dimissis omnibus peccatis vestris, perducat vos Iesus Christus ad vitam æternam.

– Amen.

– Indulgentiam, absolutionem et remissionem omnium peccatorum vestrorum, spatium veræ et fructuosæ penitentiæ, cor semper penitens et emendationem vitæ, gratiam et consolationem Sancti Spiritus et finalem perseverantiam in bonis operibus, tribuat vobis omnipotens et misericors Dominus.

– Amen.

– Et benedictio Dei omnipotentis (Patris et Filii et Spiritus Sancti) descendat super vos et maneat semper.

– Amen.


Pío XII (1939)



Pío XII (1952)


Bendición (español)

- "Que los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, en cuyo poder y autoridad confiamos, intercedan por nosotros ante el Señor".

- Todos: "Amén".

- "Que por a las oraciones y los méritos de santa María, siempre Virgen, de san Miguel Arcángel, de san Juan el Bautista, de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y de todos los Santos, Dios todopoderoso tenga misericordia de vosotros y, perdonados todos vuestros pecados, os conduzca por Jesucristo hasta la vida eterna".

- Todos: "Amén".

- "Que el Señor omnipotente y misericordioso os conceda la indulgencia, la absolución y la remisión de todos vuestros pecados, tiempo para una verdadera y provechosa penitencia, el corazón siempre contrito y la enmienda de vida, la gracia y el consuelo del Espíritu Santo y la perseverancia final en las buenas obras".

- Todos: "Amén".

- "Y la bendición de Dios omnipotente (Padre, Hijo y Espíritu Santo) descienda sobre vosotros y permanezca para siempre".

- Todos: "Amén".




lunes, 26 de julio de 2010

El protocolo vaticano: funeral, cónclave y proclamación de un Papa

Muerte y Funeral del Sumo Pontífice

Golpes en la frente del Papa con un martillo de plata, la destrucción del anillo pontificio y el tañido de las campanas de San Pedro, son algunos de los actos protocolares que se realizan luego de la muerte del Santo Padre, según marca la tradición vaticana. Existen otros actos que no son dictados por la tradición religiosa, pero que fueron establecidos por los propios Pontífices a lo largo de la historia.

En los primeros siglos, la comprobación de la muerte del Papa se hacía acercando una vela encendida a sus labios. Si la llama se movía, significaba que aún conservaba un hálito de vida, y esa misma operación se realizaba varias veces hasta que la llama permanecía inmóvil, lo que significaba que el Papa había muerto. Sin embargo, actualmente la comprobación de la muerte del Sumo Pontífice se realiza con los métodos médicos habituales.



Camarlengo certificando la muerte de un papa (ilustración de 1903)

Antes era el arquiatra, pero ahora es el médico el que confirma la defunción del Papa, y se lo comunica al prefecto de la casa pontificia, que anuncia oficialmente la muerte con una sencilla fórmula: 'El Papa ha muerto'. Todos los presentes en la habitación papal se arrodillan y comienzan los primeros responsos. Después, por orden jerárquico, se acercan al cadáver y besan su mano. Se encienden entonces cuatro cirios a los pies del lecho mortuorio y se coloca aceite y agua bendita a su lado, para los responsos de los prelados visitantes.

El camarlengo -quien estará al frente del Vaticano hasta la elección del próximo Papa- ingresa a la habitación papal vestido de violeta, en señal de duelo, acompañado por un destacamento de la Guardia Suiza con alabardas. Golpea tres veces la frente del Pontífice con un martillo de plata (que figura en el escudo de armas pontificio), como lo indica el viejo rito vaticano, al tiempo que llama al difunto por su nombre de pila, para comprobar la muerte.



El cadáver de León XIII en sus apartamentos con hábito coral: sotana blanca, roquete, muzeta roja y camauro.

El acto debe realizarse en presencia del maestro de celebraciones litúrgicas y del secretario y el canciller de la Cámara Apostólica, y este último es el encargado de rellenar el acta de defunción del Pontífice. Luego, al Papa se le retira el anillo del Pescador, símbolo del poder pontificio, lo que marca que el reinado ha concluido. Ese anillo, posteriormente, será destruido junto con el sello de plomo del Papa ante los cardenales, para evitar de esa manera que se puedan falsificar documentos papales. El mismo camarlengo deberá sellar la habitación y el estudio del fallecido, aposentos estos que no podrán abrirse hasta que no se elija un sucesor.

La puerta de bronce del
Vaticano se abre y el notario de la Cámara Apostólica levanta acta, mientras las campanas de San Pedro 'doblan a muerto', anunciando públicamente el deceso. Esa puerta se cierra por la noche, en señal de duelo, luego que el cuerpo del Papa, tras ser preparado por los médicos, es vestido con los símbolos pontificios: se le coloca la mitra blanca en la cabeza, la casulla, es decir, el manto rojo (que es el color de luto papal) que utiliza cuando celebra misa, y el palio, una faja de lana blanca con cruces negras, símbolo de dignidad. La conservación del cuerpo prevé la extirpación de las vísceras, algo que realizan los forenses del Instituto de Medicina Legal de la Universidad de Roma.

Luego, en una solemne procesión encabezada por el cardenal decano y el camarlengo, el cuerpo del Papa es llevado hasta la Basílica de San Pedro, mientras los coros entonan 'Libera me, Domine, de morte aeterna' (Líbrame Señor de la muerte eterna). El sepelio se denomina 'Missa poenitentialis' y generalmente se espera que acudan delegaciones de todo el mundo. Es la Santa Sede la que fija el nivel de las delegaciones que asisten a los actos. Generalmente las exequias son marcadas por características de funeral de Estado, dado que correspond
en no sólo al jefe de la Iglesia Católica sino también al Jefe del Estado Vaticano.

Los servicios de protocolo de la Santa Sede barajan varias opciones en la ubicación de los asistentes: la primera, siguiendo el orden alfabético –en inglés o francés, lengua esta última utilizada en la diplomacia vaticana- y la segunda, tomando como referente la fecha del establecimiento de las relaciones diplomáticas de cada país con la Santa Sede. El protocolo marca que los invitados se sitúen por categorías: primero jefes de Estado y después primeros ministros, embajadores y el resto de las representaciones diplomáticas.Con respecto a las autoridades de la Iglesia, figuran los cardenales, los principales Patriarcas orientales, arzobispos, obispos, párrocos de Roma, canónigos de San Pedro y demás religiosos católicos, colocados por orden de importancia, desde la zona más cercana al altar hacia fuera, del lado derecho.



Funeral de Juan Pablo II, abril de 2005


El protocolo litúrgico

Fundamentalmente, las diferencias entre un funeral y otro las marcan los propios Papas -quienes indican en su última voluntad cómo quieren que se desarrollen las exequias-, pero también las circunstancias históricas e incluso algo tan impredecible como los factores climatológicos.

El ordenamiento litúrgico de la Capilla Sixtina impone que las honras fúnebres deben presentarse en canto llano y generalmente se utiliza la música gregoriana, la “oficial” de la iglesia latina. En el apartado musical, los cantos antifonales son interpretados por los miembros de la Capella Giulia, siendo los encargados de señalar el comienzo, el ritmo y el final del funeral.Son muchos los símbolos que pueden extraerse de una ceremonia de estas características. Por ejemplo, los doce hombres encargados de portar el féretro del Papa fallecido son los mismos que llevan la silla gestatoria el día de la proclamación; el ceremonial litúrgico no tiene luto, pues los signos hablan de entrada a otro mundo, al igual que sucede en la entronización del nuevo Papa.

Durante la liturgia se pueden utilizar varios idiomas: el latín, el italiano, el francés, usado durante la homilía –la parte más protocolaria y formalista donde se saluda a todos los presentes y se hace una sencilla y no ostentosa biografía del fallecido-, el español, el inglés y otros a elección de la curia, sobre todo para el momento de
las plegarias.

Con respecto a la vestimenta, los miembros del Colegio Cardenalicio pueden lucir su color protocolario, el morado, propio de los eventos de gran relevancia o pueden ir de rojo, el color litúrgico propio a la muerte de un Papa, y la mitra. Obispos, arzobispos y diáconos también portan sus hábitos violáceos mientras que el resto de sacerdotes y los canónigos –no ordenados obispos-visten la tradicional sotana con la sobrepelliz negra.

Entre los invitados, las normas protocolarias marcan: para los caballeros, traje oscuro, frac o uniforme de gala sin condecoraciones –en señal de respeto-; para las damas, traje corto negro con la opción de portar o no mantilla del mismo color.

Durante la ceremonia un prelado lee los hechos más importantes de su labor y al final mete el pergamino en un tubo de cobre que se introduce en el féretro junto con un saquit
o de terciopelo con monedas y medallas de su pontificado. Terminada la misa, los restos mortales son introducidos en una triple caja -una de ciprés, otra de plomo y una de nogal- y sobre esta última se coloca un simple crucifijo y una Biblia abierta, para luego llevar el féretro en procesión, a través de la puerta de Santa Marta, hacia las Grutas Vaticanas, donde permanecerá hasta que se disponga su sarcófago definitivo. En el funeral de Juan Pablo II no se utilizó un sarcófago, sino una lápida de mármol blanco que selló la tumba con las palabras 'Johannes Paulus P. P.II'.

Al concluir el funeral, se abre el novenario de misas por el Papa en la Basílica, que se prolongará hasta dos días antes del comienzo del cónclave. De éste saldrá el nuevo sucesor de Pedro y se desarrollará la siguiente gran ceremonia, la Proclamación del nuevo Pontífice.


Elección y Proclamación de un Papa

Cuando un Papa fallece y es necesario elegir su sucesor, se convoca un Cónclave. Los llamados a tan alta misión tienen la obligación suprema de dar a la Iglesia a su hijo más apto para que la dirija y la guíe.

En realidad este proceso que se inicia no es sólo la elección de un Papa, sino mucho más. Es una pugna por el poder supremo de la Iglesia, de manera que los allí congregados, en función de las distintas corrientes doctrinales o ideológicas, deben esforzarse por ganar adeptos a su precandidato y establecer las alianzas precisas para que al final éste sea el escogido.

En el mismo momento en que muere un Pontífice, se inicia un período provisional que se denomina Sede Vacante. A lo largo de este tiempo, la curia romana se rige estrictamente por el principio de “nihil innovatur” o, lo que es lo mismo, “no innovar en nada”. Aunque el gobierno de la Iglesia queda en manos del Colegio de los Cardenales, éste sólo puede tomar decisiones de rutina y de mero trámite. En cualquier caso, pasados quince días de la muerte del Papa, los cardenales deben constituirse en cónclave.



Cónclave


Aquí es donde adquiere cierta relevancia el papel de camarlengo pontificio, un funcionario al servicio del Papa anterior que debe ocuparse del protocolo en la elección del nuevo Pontífice. Será él quien se ocupe de citar a los purpurados de todo el mundo, confirmar su asistencia, recibirlos en la Santa Sede y controlar que todo esté preparado para el día del cónclave. La palabra “camarlengo” procede del latín camerarius (de la cámara), en referencia al lugar donde se guardaba un tesoro. Trasladado al mundo monástico, el camarlengo era el monje que se encargaba de la administración de los bienes de la congregación, o sea una especie de tesorero. Y así llegamos hasta el camarlengo de la Santa Sede Romana, que al principio administraba las posesiones y las rentas del Vaticano. Pero en el siglo XIX el papa Pío VII restringió en gran parte su autoridad. Actualmente, además de las funciones propias de su cargo, el camarlengo se ocupa de la verificación de la muerte del Papa y de colaborar con el Gran Elector en el desarrollo del cónclave.

No menos complejo es el papel que tiene que desarrollar el llamado Gran Elector. Dentro del secretísimo cónclave, quien organiza las votaciones y controla que todo el proceso se realice según lo marcado por el protocolo el Gran Elector, también conocido como el Maestro de Ceremonias.
Escudo del Cardenal Camarlengo


La palabra “cónclave” proviene del latín cum clavis, o lo que es lo mismo “con llave”. Este nombre se debe a que la reunión que elige a un nuevo Papa siempre se ha celebrado a puertas cerradas, para evitar que los participantes puedan tener algún tipo de contacto con el mundo exterior. El selecto grupo de cardenales que han de cumplir tan alta misión está formado en su mayoría por pastores de diócesis más o menos alejadas de Roma. De todos modos, para conservar la tradición que imponía que todos los electores fueran prelados romanos cada cardenal es nombrado, mientras dura el proceso, “titular honorario” de una de las iglesias de la ciudad.

El cónclave debe iniciarse entre los 15 y 20 días siguientes a la muerte del Papa. Los cardenales se reunirán en la Capilla Sixtina, jurando guardar silencio “absoluto y perpetuo” y en el ambiente prevalecerá el recogimiento y la oración. Las penas eclesiásticas por violar estos juramentos son tan severas que pueden incluir la excomunión.



La Capilla Sixtina, que ha sido locación del cónclave desde 1492

El día elegido para comenzar la elección del nuevo Papa, los cardenales se reunirán en la imponente basílica de San Pedro para celebrar una misa votiva llamada “Pro eligendo Papa”. Por la tarde acudirán en solemne procesión hacia la Capilla Sixtina. El hecho de acudir a este bellísimo recinto es para distender el ambiente de tensión que han producido las reuniones previas a la elección, así como el nerviosismo en el momento de votar, sobre todo si no está claro quién resultará elegido. Tengamos presente que cuando todos los congregados vuelvan a salir de la Capilla Sixtina serán súbditos de uno de ellos, al que habrán designado como Sumo Pontífice. Si las votaciones no alcanzan a reflejar la mayoría necesaria, los electores deberán pasar las noches que sean necesarias dentro del Vaticano, en la Domus Sanctae Marthae, una residencia inaugurada en 1996 y dedicada habitualmente a alojar personal de la curia.

La tradición marca que, tras cada votación, los electores informen a los fieles congregados en la plaza del resultado de la misma. Para ello se emplea desde hace siglos el mismo sistema: una columna de humo o fumata, que asciende por una de las chimeneas. Si los votos aún no han consagrado un ganador, se quema paja seca para que el humo salga negro. Pero si la votación ha designado un nuevo Papa, se quema paja húmeda para producir la famosa fumata bianca, que la multitud celebra con devoto entusiasmo.


Pero la elección no acaba con este acto. Una vez conocido y consensuado el resultado se quemarán todas y cada una de las papeletas en las que los cardenales han escrito el nombre de su favorito.


La fumata bianca de octubre de 1978, anunciando la nueva de la elección de Juan Pablo II


El Maestro de Celebraciones Litúrgicas Pontificias le solicita su consentimiento para aceptar su responsabilidad como Vicario de Cristo cuestionándole en latín: ¿Acceptasne electionem de te canonice facta in summum pontificem? o sea: ¿Aceptas tu elección canónica como Sumo Pontífice? Y luego le pregunta: ¿Quomodo vis vocari? ¿Cómo deseas ser llamado?, atendiendo a la tradición iniciada por Jesús, cuando a Simón le llamó Pedro.

Tras esto, los cardenales procederán a rendirle homenaje; luego el primero de los cardenales diáconos, el cardenal protodiácono, anunciará Urbi et Orbi (A la ciudad y al orbe) la buena nueva desde el balcón de la basílica vaticana, utilizando la fórmula tradicional:

Annunttio vobis gaudium magnum: ¡Habemus papam! Eminentissimum ac Reverendissimum Dominum (nombre del cardenal) Sanctae Romanae Eecclesiae Cardinalem (apellido del cardenal), qui sibi nomem imposuit: (nombre elegido para reinar)”, anuncio tras el cual aparece en el mismo balcón, vestido ya con la sotana y solideo blancos, con esclavina y estola rojas, el neopapa.



jueves, 15 de julio de 2010

Los títulos del Papa

El Papa, además de Obispo de Roma, Arzobispo Metropolitano de la Provincia Romana y Primado de Italia, rangos supremos de la Iglesia Católica Romana, es Soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano. Pero, en un nivel estrictamente religioso, ostenta de manera oficial los siguientes títulos:
  • Vicario de Cristo
  • Sucesor del Príncipe de los Apóstoles
  • Pontífice Máximo de la Iglesia Universal
  • Siervo de los Siervos de Dios

Y recibe el tratamiento de Su Santidad.



Home page de la página web vaticana el día de la elección del nuevo papa, hoy reinante


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Vicario de Cristo (a partir del latín Vicarius Christi), o Vicario de Dios como título equivalente, es un término utilizado de diferentes maneras, con diferentes connotaciones teológicas a lo largo de la historia. Un vicario es un sirviente que está en el lugar del soberano real en algunos asuntos administrativos de su reino, títulos equivalentes comprenden el "representante "o "supervisor".
El título se emplea actualmente en el Catolicismo para referirse a los obispos y más específicamente al Obispo de Roma.

Historia y diversos usos

Durante el historia del Cristianismo, el título de Vicario de Cristo fue utilizada de diferentes maneras, con implicaciones teológicas, pastorales u otras.


Espléndida representación de un Vicario de Cristo: Ioannes Paulus Secundus


El primer registro del concepto del Vicario de Cristo se menciona en la Epístola a los Magnesios de San Ignacio, Obispo de Antioquía, un alumno de San Juan, probablemente al mando del Pedro, con un sentido pastoral, escrito entre los años 88 y 107 d.C. "su obispo preside en el lugar de Dios (...)". Aunque Ignacio no utilizó explícitamente el término Vicario de Cristo, establece claramente el concepto. Actualmente, el Catecismo de la Iglesia Católica enseña que todos los obispos son vicarios de Cristo.


El segundo uso registrado de “Vicario de Cristo” se encuentra en las epístolas de Tertuliano en el siglo III, con una inclinación teológica diferentes para referirse al Espíritu Santo, es decir, como Cristo no está físicamente haciendo milagros en la Iglesia, el Espíritu Santo actúa como su Vicario en su nombre, realizando milagros y previniendo los errores de la Iglesia. Pero este es el único uso bíblico del término de esta manera. Se desconoce si este término se utilizaba ampliamente en la Iglesia primitiva, o si era una observación personal teológica de Tertuliano.

El tercer uso del término Vicario de Cristo aparece en el siglo V, en un sínodo de los obispos para referirse al Papa Gelasio I. Las connotaciones teológicas del título tienen un gran sentido pastoral, evocando las palabras de Cristo al Apóstol Pedro, considerado como el primer Papa católico en Juan 21:16-17, "Apacienta mis corderos... Apacienta mis ovejas", por lo que Cristo hizo a Pedro su vicario y pastor con la responsabilidad de apacentar su rebaño (es decir, la Iglesia) en su propio lugar.



Inocencio III recibe a San Francisco de Asís


Sin embargo, el uso del título para referirse a los Papas en la Iglesia primitiva era inestable , y varias versiones del uso de Vicario fueron utilizados por el Papa, como "Vicario de Pedro" , indicando que eran los sucesores de San Pedro , "Vicario del Príncipe de los Apóstoles" o "Vicario de la Sede Apostólica", entre otras variantes. Este título es utilizado por el Misal Romano en sus oraciones para un papa muerto y el juramento de fidelidad a San Bonifacio a Gregorio II. El nombramiento de Vicario de Cristo para los Papas se convirtió en el uso regular desde el siglo XIII, debido a las reformas empleadas por el Papa Inocencio III, a menudo llamado Inocencio por este título y su prerrogativa de nombrar obispos. En la edición 2009 del Anuario Pontificio, el "Vicario de Jesucristo" es el tercer título oficial de los Papas.

Otro uso del título, con un significado diferente, apareció en las Iglesias Orientales, en uso entre los siglos V y VI. El término se utilizaba para referirse al emperador bizantino, mostrando el ápice de cesaropapismo. Aunque el emperador no decidía la doctrina -que era responsabilidad de los obispos-, su función era mantener el culto propio de Dios y la espiritualidad de sus súbditos y preservar la ortodoxia, por lo que actuaba como Vicario de Cristo sobre las cuestiones de carácter y de administración de su imperio.


Aparición de la Cruz al Emperador Constantino de Bizancio

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El Pontifex Maximus (del latín, "el mayor fabricante de puentes") era el sumo sacerdote de la Colegio de Pontífices (Collegium Pontificum) en la antigua Roma. Esta era la posición más importante en la antigua religión romana, abierto sólo a patricios hasta el 254 a.C., cuando el primer plebeyo ocupó este puesto. Un oficio claramente religioso bajo la primera República Romana, poco a poco se politizó hasta que, a partir de Augusto, fue subsumido en el oficio imperial. Su último uso en relación con los emperadores es en las inscripciones de Graciano (que reinó de 375 a 383) quien, sin embargo, decidió omitir más tarde las palabras pontifex maximus de su título.

La palabra pontifex, más adelante se convirtió en un término utilizado para los obispos cristianos, incluido el Obispo de Roma y el título de Pontifex Maximus fue aplicado en el Iglesia Católica Romana al Papa como su obispo principal. No está incluido en los títulos oficiales del Papa, pero aparece en los edificios, monumentos y monedas de los papas del Renacimiento y los tiempos modernos.


San Pío V

Uso del título en la Iglesia Católica

En los círculos católicos, el montanista Tertuliano aplicó con furia el término al Papa Calixto I, con quien estaba en desacuerdo sobre la relajación de éste sobre la disciplina penitencial de la Iglesia (que permitía a adúlteros arrepentidos y disolutos volver al seno de la Iglesia, bajo su autoridad Petrina). No está claro si la palabra Pontífice era de uso común por el cristianismo de principios del siglo III, como lo fue después, para denotar un obispo. El uso de Tertuliano es inusual puesto que la mayor parte de los términos técnicos del paganismo romano se evitaron en el vocabulario de latín cristiano a favor de neologismos o palabras griegas.

Los últimos vestigios de los emperadores siendo al mismo tiempo pontífices se encuentran en las inscripciones de Valentiniano, Valente y Graciano. Desde Teodosio I (379-395), los emperadores ya no aparecen con la dignidad de pontífice, pero el título fue aplicado más tarde al obispo cristiano de Roma. En 382, el Emperador Graciano, a instancias de Aurelio Ambrosio, eliminó el Altar de la Victoria del Foro, retiró las subvenciones estatales que financiaban muchas actividades paganas y renunció formalmente el título de Pontifex Maximus.


San Dámaso


Se dice que el Papa Dámaso I fue el primer obispo de Roma en asumir el título. Otras fuentes dicen que el uso de tales títulos por los obispos, entre ellos el obispo de Roma, vino más tarde. El título de pontifex sigue siendo tanto para el obispo de Roma como para otros obispos. En el edicto De fide catholica del emperador Teodosio (380), promulgado en Tesalónica y publicado en Constantinopla para todo el imperio, con el cual establece la cristiandad católica como la religión oficial del imperio, se refirió a Dámaso como pontífice y a Pedro Obispo de Alejandría.

La Enciclopedia Británica dice que el Papa León I (440-461) asumió el título Pontifex Maximus, mientras que otras fuentes dicen Gregorio I (590-604) fue el primer Papa en emplearlo en un sentido formal, o, por el contrario, el Papa Siricio (384-399). El Diccionario Oxford de la Iglesia Cristiana dice que fue en el siglo XV (cuando el Renacimiento despertó un nuevo interés en la antigua Roma) cuando Pontifex Maximus se convirtió en un título de honor regular para los Papas.


Aunque el título en cuestión fue utilizado durante algunos siglos en las inscripciones referentes a los papas, nunca ha sido incluido en la lista oficial de títulos papales publicado en el Anuario Pontificio, el cual incluye el de "Supremo Pontífice de la Iglesia entera"(en latín, Universalis Ecclesiae Summus Pontifex) como el cuarto título oficial, siendo el primero "Obispo de Roma".


Los términos pontifex maximus y summus pontifex fueron utilizados durante siglos no sólo por el Obispo de Roma, sino también por otros obispos. Eran, sin duda, originalmente empleados en relación con el sumo sacerdote judío, cuyo lugar los obispos cristianos consideraban como cada uno en su propia diócesis, pero desde el siglo XI parecen aplicarse sólo al Papa. El título romano de Pontifex Maximus era usado en inscripciones en griego y la literatura de la época como ἀρχιερεύς (literalmente,"sumo sacerdote") o por una traducción más literal y en orden de palabras como ἀρχιερεὺς μέγιστος (literalmente, "el mayor sumo sacerdote"). El término "ἀρχιερεύς" aparece en el Septuagésimo texto del Antiguo Testamento y se utiliza en el Nuevo Testamento para referirse al sumo sacerdote judío.

El título de Pontifex Maximus, que ahora se aplica al Papa aunque no estuviera incluido en su lista oficial de títulos, tiene por tanto una historia muy antigua. El único título sólo aplicado al Papa que tiene una larga historia documentada es la palabra "Papa" en sí misma (en griego, " πάππας "), que se encuentra ya en la época de Homero. Este título tampoco está incluido en la lista oficial, pero se utiliza en los documentos oficiales (como los encabezados de encíclicas y documentos similares) mucho más frecuentemente que el título de Pontifex Maximus, el cual es utilizado en la práctica poco más que en las inscripciones de los edificios.


Puerta al Vaticano con la inscripción: Benedictus XVI Pont[ifex] Max[imus] Anno Domini MMV Pont[ificatus] I ("Benedict XVI, Supremo Pontífice, en el Año de Nuestro Señor 2005, en el primer año de su pontificado").


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Servus Servorum Dei es una frase latina que significa Siervo de los Siervos de Dios. La frase es uno de los títulos del Papa y se utiliza para referirse a él en el comienzo de las Bulas papales.

San Gregorio I (Papa desde 590 hasta 604) fue el primero en usar este título para referirse a sí mismo como Papa. La adopción del título se deriva de una disputa con el Arzobispo de Constantinopla Juan quien adoptó el título de "Patriarca Ecuménico": el título humilde "siervo de los siervos de Dios" compensaba los reclamos de poder y eminencia de los demás contra el obispo de Roma (el Papa). Algunos de los sucesores de Gregorio Papa usaron la frase de vez en cuando durante algunos siglos, pero lo hicieron regularmente sólo desde el siglo IX. A veces, algunos gobernantes civiles también lo utilizaban, pero después del siglo XII llegó a ser utilizado exclusivamente por el Papa.


San Gregorio I

A partir del Concilio Vaticano II los Papas han utilizado el concepto de Servus Servorum Dei para hacer su oficio más simple y menos real. El Papa Pablo VI dejó de usar la Tiara papal y ninguno de sus sucesores la ha llevado. Juan Pablo I, Juan Pablo II y Benedicto XVI prescindieron de una coronación, optando por una forma más simple de instalación (o inauguración). En lugar de recibir la Tiara papal, los tres pontífices electos recibieron el pallium durante la ceremonia de su instalación. Además, el real "Nosotros" fue dispensado del habla y la escritura y en su lugar el singular "Yo" ha sido utilizado por los sucesores de Pablo VI, excepto en Latín, un idioma en el que, como en griego antiguo, el más impersonal "nosotros" tiene el efecto contrario al del real “nosotros”. En su Motu Proprio Summorum Pontificum, Benedicto XVI utiliza el real "nosotros".

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Su Santidad es el tratamiento oficial debido a los líderes de ciertos grupos religiosos. En la Iglesia Ortodoxa, la Iglesia Ortodoxa Copta de Alejandría y la Iglesia Católica Romana (así como las Iglesias Orientales Católicas), el tratamiento se utiliza cuando, respectivamente, se refiere al Patriarca de Alejandría y al Papa de Roma. También se utiliza en referencia a otros varios otros patriarcas cristianos, como el de Constantinopla.

En Budismo Tibetano, el Dalai Lama también es tratado de la misma manera en inglés, al igual que otros líderes budistas como Sakya Trizin, el Patriarca de Sakyapa.


La Cátedra de San Pedro en la Basílica vaticana, símbolo del magisterio del Sumo Pontífice

Uso

En el Cristianismo, el tratamiento deriva de la palabra latina sanctitas. Era utilizado originalmente para todos obispos pero, desde el siglo VII, fue utilizado solo para Papas, patriarcas y algunos gobernantes seculares. Desde el siglo XIV se restringió su uso a una pequeña minoría de patriarcas cristianos, en particular el Patriarca de Alejandría, el Papa de Roma y el Patriarca de Moscú. En la secta Dawoodi Bohra de la rama Ismailí de Shia Islam, el título es llevado por Mohammed Burhanuddin Syedna. Es propiamente el tratamiento superlativo, tomando precedencia ante todos los demás tratamientos.

El título se utiliza oficialmente en la diplomacia internacional y en contextos formales sin tener en cuenta sus orígenes doctrinales, filosóficos y teológicos.




Bendición apostólica de Su Santidad Juan Pablo II


En español y en italiano, el tratamiento directo y en tercera persona suenan de la misma manera (Su Santidad y Sua Santitá); en cambio, en inglés tercera persona es His Holiness (H.H.) y el tratamiento directo es Your Holiness.

Actuales líderes cristianos que llevan el tratamiento de Su Santidad:


· Benedicto XVI, Papa de Roma (1927- )
· Ecuménico Bartolomé I, Arzobispo y Patriarca de Constantinopla (1940- )
· Teodoro II, Patriarca de la Iglesia Griega Ortodoxa de Alejandría (1954- )
· Patriarca Kiril I de Moscú, Patriarca de Moscú y Todas las Rusias (1946- )
· Shenouda III, Papa de la Iglesia Ortodoxa Copta de Alejandría (1923- )
· Ignacio Zakka I Iwas, Patriarca Siriano Ortodoxo de Antioquía (1933- )
· Karekin II, Catholicos de todos los Armenios (1951- )
· Maxim de Bulgaria, Patriarca de la Iglesia Ortodoxa de Bulgaria y Patriarca Metropolitano de Sofía (1914- )



Su Santidad El Patriarca de Moscú

sábado, 19 de septiembre de 2009

Los Príncipes de la Iglesia: Cardenales

La dignidad de Cardenal, eclesiástico de alto rango de la Iglesia Católica, es el más alto título honorífico que puede conceder el Papa. Quienes lo reciben se convierten en miembros del Colegio Cardenalicio y son "creados" en una ceremonia especial llamada "consistorio público".

La principal misión del Colegio de cardenales es elegir el Sumo Pontífice en caso de fallecimiento o renuncia del anterior. En circunstancias habituales el deber fundamental del Colegio es aconsejar al Papa. Muchos de los Cardenales gobiernan diócesis o arquidiócesis importantes, presiden los organismos de la Curia romana y de la administración de la Santa Sede.



Solemnidad: cardenales de púrpura en la Basílica de San Pedro


Dado que en sus orígenes los cardenales eran clérigos al servicio de la diócesis de Roma, es costumbre que a cada cardenal designado por el Papa se le asigne un obispado sufragáneo (llamado “suburbicario”, etimológicamente “inferior en la ciudad”), el título presbiterial o la diaconía de un templo de la arquidiócesis de Roma.

El término “cardenal” deriva del latín cardo o bisagra, lo cual sugiere el papel de fulcro (punto de apoyo, gozne) que juegan: ellos son las “bisagras” alrededor de las cuales gira todo el edificio de la iglesia, en torno a su pastor, el Papa, y con éste, en torno a Jesucristo.



Sesión del colegio cardenalicio con el Sumo Pontífice

Historia

Los cardenales no siempre han elegido al papa. Originalmente, eran los miembros de la Iglesia de Roma quienes lo hacían, pero este procedimiento cambió durante la Edad Media, hasta hacer que sólo los cardenales, un grupo especial de clérigos de la diócesis de Roma, tuvieran derecho a elegir al sucesor del apóstol Pedro. La constitución apostólica In nomine Domini, promulgada por el papa Nicolás II en 1059, limitó la potestad de elección a los cardenales romanos que fueran obispos. Fue en 1179 cuando el papa Alejandro III extendió a todos los cardenales este derecho.




El escenario cotidiano de los cardenales romanos: San Pedro, Plaza y Basílica, al alba

En tiempos más modernos, los monarcas ingleses, españoles y franceses tenían a cardenales como primeros ministros: Thomas Wolsey en Inglaterra, Alberoni en España, Richelieu y Mazarino en Francia. Igualmente las más importantes cortes europeas forzaban el nombramiento de determinados cardenales para que gestionaran en Roma sus respectivos intereses. Estos hombres eran cardenales no por sus funciones religiosas sino porque permitían que sus reyes les pagasen con los impuestos eclesiásticos. Roma aceptaba la pérdida de dichos impuestos para proteger el resto de su propiedad y rentas.



El Cardenal Jules Mazarin


El Colegio de cardenales tiene como máximas jerarquías el "Decano", el "Vice-decano" y el "Camarlengo", oficial mayor de la Santa Sede, al cual compete la organización de la sede vacante y del cónclave. Dispone además de un prelado secretario y de un tesorero, cargos estos no necesariamente ocupados por cardenales.

La condición de cardenal es un título honorífico (ajeno al Sacramento del Orden), como los son las de patriarca, monseñor, arcipreste, canónigo, decano, deán, archidiácono y otras. La púrpura cardenalicia es conferida por el romano pontífice en unas ceremonias llamadas "consistorios", con el propósito de participar de la elección del sucesor del Papa, para actuar colegialmente en caso de sede vacante y para actuar como asesores en distintas materias que sean importantes para el Papa en funciones. Es por ello que muchos cardenales presiden secretarías, comités, comisiones, dicasterios y otras oficinas en la Santa Sede, y además muchos de ellos rigen las diócesis más importantes del mundo.


Príncipes de la Iglesia en una ceremonia vaticana


Tratamiento protocolario
  • Si el cardenal no es un obispo, se le conceden los privilegios ceremoniales de un obispo, en lo que hace al uso de la mitra, el anillo y el báculo.

  • Los cardenales colocan un galero rojo con quince borlas a cada lado, antiguo símbolo de su cargo, encima de su escudo de armas.


El Cardenal Flavio Chigi III
  • Desde 1630, los cardenales ostentan el tratamiento de Eminencia. La palabra "Cardenal" pasa a formar parte del nombre del prelado antes del apellido como, por ejemplo, Norberto Cardenal Rivera Carrera. De igual modo, los cardenales reciben el tratamiento de Su Eminencia (S.E.) si no son obispos y Su Eminencia Reverendísima (S.E.R.) cuando se trata de un cardenal que es obispo o arzobispo al mismo tiempo, aunque en ocasiones se utiliza también la fórmula "Eminentísimo y Reverendísimo Monseñor” (Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México) o simplemente “Eminencia”.

  • Algunos cardenales utilizan en su rúbrica en latín la fórmula S.R.E. Cardinalis, que significa significa "Sanctæ Romanæ Ecclesiæ Cardinalis", de modo que Norberto S.R.E. Cardinalis Rivera Carrera se debe interpretar como Norberto Cardenal de la Santa Iglesia de Roma Rivera Carrera.

Nombramiento

Para su nombramiento, según el Código de Derecho Canónico, se eligen varones destacados por su sabiduría (doctrina), costumbres (coherencia de vida), piedad (oración y relación experiencial con Dios), prudencia (buen actuar, discernimiento, decisiones acertadas).


Ordenamiento de cardenales en un templo norteamericano


A veces, el Papa se reserva en el corazón (in pectore), el nombramiento de algún Cardenal. Esto puede obedecer a motivos, por ejemplo, de que su divulgación pueda poner en peligro su vida o la Iglesia que está bajo su cuidado, principalmente en lugares donde ésta es perseguida. Este cardenal, comienza a tener sus deberes y derechos como tal, el día en que es divulgado su nombre, pero su precedencia y antigüedad se remontan al momento en que el Santo Padre creó Cardenales y se guardó su nombre en el corazón ("en el pecho").

Por su sola elección, quedan incorporados al clero de Roma, y por ello son colaboradores inmediatos del Romano Pontífice, ya sea en la Curia, como en las Congregaciones (para los Obispos, para el clero, para la vida consagrada, para los laicos, para las relaciones ecuménicas, etc.), ayudando así al Santo Padre en el gobierno de la Iglesia Universal. Si no tienen diócesis asignadas a su cargo, y trabajan en la Curia o en las Congregaciones romanas, deben residir en el Vaticano. Estando fuera de sus diócesis, no dependen de los Obispos diocesanos para su actuación, ni deben pedirle permisos a éstos.


El colegio cardenalicio en pleno durante el funeral de Juan Pablo II (abril de 2005)


Los Nuncios Apostólicos son cardenales delegados por el Sumo Pontífice como embajadores de la Santa Sede ante el país al que son enviados. Al ser un Estado independiente, el Vaticano queda libre de los poderes temporales, y recibe a los embajadores de las naciones que tienen relaciones diplomáticas con él, y a su vez envía embajadores a las mismas. Los Nuncios velan e informan al Santo Padre sobre la Iglesia en dicho país o nación.

Los cardenales electores, todos aquellos que el día en que inicia la Sede Vacante (sea por muerte o por renuncia del sumo pontífice), tengan menos de ochenta años de edad, asumen, por una parte, el gobierno de la Iglesia, y por la otra, la responsabilidad de elegir al nuevo papa en el cónclave.