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jueves, 28 de junio de 2012

Las bodas reales más caras de la época contemporánea


Una boda real es asunto serio. Porque además de la infinidad de detalles sobre organización y planificación, uno de los ítems más importantes –sino, el más importante- es el de la inversión monetaria. Cuando se casa un hijo de rey, la inversión puede llegar a ser astronómica, pero cuando se trata del primogénito y heredero, la suma alcanza en ciertos casos niveles increíbles. Esto último, dado el carácter público del acontecimiento y la ubicación de los involucrados en la vida política de la nación, despierta habitualmente oleadas de críticas y divide al país.

A lo largo de la historia se han registrado casos inscriptos con letras de molde. Carlos el Temerario, Duque de Borgoña, con Margarita de York en 1468, Arturo, Príncipe de Gales, con Catalina de Aragón en 1501 y Luis, Delfín de Francia, con la Archiduquesa María Antonieta de Habsburgo en 1770 son claros ejemplos de bodas costosas. Porque no se trataba solo de la ceremonia nupcial propiamente dicha, sino de una sucesión de celebraciones que duraban días y hasta semanas: justas, torneos, banquetes, muestras de fuegos de artificio, bailes de disfraces, desfiles, festejos populares… Los agraciados novios, la familia real y la corte, así como los invitados extranjeros, gastaban enormemente en su vestuario, para lucir con toda suntuosidad telas ricas y joyas. Todo eso sumaba y sumaba, dinero que mayormente se obtenía del erario público.

La boda del Delfín de Francia y la Archiduquesa de Austria, Luis y María Antonieta, en mayo de 1770.


A continuación detallamos las siete bodas reales más caras de la época contemporánea.

Boda de Mohammed bin Zayed bin Sultan Al-Nayan, Príncipe Heredero de Abu Dhabi y la Princesa Salamah (mayo de 1981)

100 millones

El Emir de Abu Dhabi no es hombre que crea en la simplicidad. Para la boda del Príncipe heredero entonces –hoy el gobernante- invirtió 45 millones de dólares (hoy 100 millones) en una serie de celebraciones que duraron siete días. Para ello la familia emiral construyó un nuevo estadio con capacidad para 20.000 personas. Embajadores, príncipes europeos y otros miembros de la realeza y del gobierno de naciones árabes y africanas fueron trasladados en 34 jets privados. Los regalos de boda llegaron al palacio de la novia a lomo de 20 camellos enjoyados. Cincuenta compañías de canto y danza oriental mostraron sus espectáculos ante los invitados. La anécdota es que la novia no pudo disfrutar de esta fiesta porque según la tradición tuvo que permanecer en su habitación encerrada durante los siete días de celebración.



Boda del Príncipe William de Gales y Miss Catherine Middleton (29 de abril de 2011)

34 millones

El enlace real del siglo XXI ha supuesto un desembolso de 22,9 millones de euros para las arcas inglesas, de los cuales el mayor porcentaje se destinó a preservar la seguridad de los 2.000 invitados. Los gastos que siguieron en importancia fueron el vestido de novia firmado por Sarah Burton para Alexander McQueen, que costó entre 400.000 y 500.000 dólares, el pastel de bodas 80.000 y 63.000 por limpiar las calles de Westminster el día previo.

Tabloides británicos como el Daily Mail calcularon que el operativo de seguridad durante la boda real insumió 32 millones, una cifra más alta que la estimada debido a que debió pagarse extra a los efectivos durante los días feriados. La revista Ok! Magazine reveló que 800.000 dólares se gastaron en flores y decoraciones para la Abadía de Westminster. Durante la recepción nupcial los invitados degustaron tartas de de fruta y otras delikatessen que supusieron un desembolso de 150.000 dólares, mientras que el exclusivo champagne Bollinger costó 60.000. Por otra parte, sólo el Hotel Goring, que alojó a los miembros de la familia Middleton por dos días completos, costó unos 157.000 dólares.



Boda del Príncipe Pablo de Grecia y Marie-Chantal Miller (1º de Julio de 1995)

7 millones

Una de las ceremonias más lujosas que Londres haya visto nunca tuvo lugar en julio de 1995 en la Catedral de Santa Sofía en Bayswater entre el primogénito de los Reyes de Grecia y la heredera americana Marie-Chantal Miller. La boda, organizada por el padre de la novia, el multimillonario Robert Warren Miller, tuvo un costo total entre 5 millones y 8 millones de la época –que equivale a una suma entre 7 y 11 millones de 2011-  y contó con la presencia de 1.400 invitados de prestigio, entre ellos la Reina Elizabeth, Reina Madre. No se escatimaron gastos, con el florista personal de la familia real danesa y seis asistentes encargados de la decoración de la catedral con 30.000 flores de color rosa. El vestido de la novia era un diseño de Valentino en seda color marfil con incrustaciones de perlas y 12 tipos de encaje, con una cola de 4,5 metros y que costó 225.000 dólares. 

La noche antes de las nupcias tuvo lugar una cena y recepción para los más de 1.000 invitados en gigantescas tiendas construidas al estilo del Partenón, con decoración de 100.000 flores traídas de Ecuador y miles de luces que debieron ser aprobadas por el Aeropuerto de Heathrow. La recepción posterior a la ceremonia incluyó 300 tartas, además del pastel de bodas de ocho pisos.



Boda del Príncipe Felipe de Asturias y Letizia Ortiz (22 de mayo de 2004)

Entre 5 y 25 millones

Más de 1.500 dignatarios asistieron a la ceremonia en la Catedral de la Almudena de Madrid que unió en matrimonio al Príncipe heredero de la Corona española con la antigua periodista –y divorciada- Letizia Ortiz. La falta de información oficial y el secretismo de la Casa Real hicieron que las especulaciones sobre los gastos variaran entre cantidades tan extremas como los 5 y los 25 millones de dólares, repartidos entre una fiesta pre-boda ofrecida por los Reyes Juan Carlos y Sofía y la recepción nupcial que incluyó más de 1.000 botellas de champagne.

Entre los gastos más cuantiosos están los 8 millones de dólares en retransmisión televisiva, 437.000 por el alojamiento de invitados, 450.000 por el banquete nupcial y 1.500.000 en seguridad. El vestido de novia de Manuel Pertegaz fue la inversión menor, en contrapartida, ya que “apenas” costó 7.500 dólares.



Boda del Príncipe Al-Muhtadee Billah de Brunei y Sarah Salleh Pengiran (9 de septiembre de 2004)

Casi 6 millones

En 2004, el príncipe Al-Muhtadee Billah, heredero del sultán de Brunei, se casó con la joven de 17 años, Sarah Salleh Pengiran en el Palacio Nurul Iman, en una elaborada ceremonia. La boda, que costó unos 4.370.000 dólares, fue extravagancia pura, con un sinfín de ceremonias que "mostraron siglos de tradición bruneiana". Dos mil invitados que incluían miembros de la realeza y líderes de todo el mundo acudieron a la cita. Alrededor de 20.000 personas en las áreas circundantes pudieron disfrutar de una muestra de 15 minutos de fuegos artificiales. Luego de la ceremonia, la nueva pareja fue honrada con un desfile de cinco millas de largo, en el cual más de 100 limusinas estaban reservadas para los miembros de la familia real.



Boda de Carlos, Príncipe de Gales y Lady Diana Spencer (29 de julio de 1981)

Casi 5 millones

Cuando los padres del príncipe William se casaron en la Catedral de San Pablo en Londres hace 30 años, la lujosa boda atrajo a una audiencia mundial de unos 750 millones de personas. El costo del evento no ha sido revelado pero fue indudablemente una aventura extravagante, en su momento calificada como “la más cara de la historia”. Sin embargo, en total los costos nupciales fueron de unos 2 millones de la época (4.7 millones, ajustados por la inflación). El gasto más importante fue el de la seguridad, que fue de 600.000 dólares, el mismo precio pagado por las dos semanas de luna de miel a bordo del yate real Britannia. Otros de los ítems más caros fueron los 40.000 dólares por el pastel de bodas de cinco pisos, 100.000 por las flores, 100.000 por la recepción pre-boda y 10.000 por los vestidos de las cinco damas de honor.

El anillo de compromiso de Diana, hoy usado por la Duquesa de Cambridge, costó alrededor de £ 30,000 entonces, eso es alrededor de 1.326,000 dólares en dinero de hoy. Y los tres minutos y medio de caminata hacia el altar le dieron a todos la oportunidad de ver su inolvidable vestido diseñado por Emmanuel, en tafetán y encaje antiguo color marfil, con su cola de siete metros, que costó £ 9.000 entonces, alrededor de 1.404,000 dólares hoy.



Boda de la Princesa Victoria de Suecia y Daniel Westling (19 de junio de 2010)

2.5 millones

Cuando la Princesa heredera de Suecia, Victoria, se casó con su ex entrenador personal Daniel Westling en junio de 2010, el proyecto superó los 20 millones de coronas suecas, unos 3 millones de dólares, que fue pagado a medias entre el Rey Carlos XVI Gustavo, padre de Victoria, y el Estado sueco. Alrededor de 250.000 personas, incluyendo un estimado de 150.000 turistas, salieron a las calles de Estocolmo para ver la procesión nupcial y la ceremonia de cuento de hadas que tuvo lugar frente a 1.000 dignatarios de todo el mundo. El anillo de pedida fue un clásico de diamante de tres quilates, diseñado por el orfebre W.A. Bolin, con valor aproximado de 122,000 dólares. En el otro extremo estaba el viaje de luna de miel, un crucero de lujo por la Polinesia francesa, cuyo costo ascendió a 1.250,000 dólares.



martes, 24 de abril de 2012

El vestuario de Diana, Princesa de Gales

"La inspiración para esta venta maravillosa proviene de una sola persona... nuestro hijo William. "


Con estas palabras, Diana, Princesa de Gales, dio su bendición a un evento sin precedentes en el mundo de la realeza británica: una gran subasta de vestidos de cóctel y de noche ya usados por una princesa. Celebrada en Christie’s de Nueva York el 25 de junio de 1997 y titulada "Vestidos de la colección de Diana, Princesa de Gales", la subasta fue un encuentro de alto perfil con el cual recaudar fondos para determinadas organizaciones benéficas contra el cáncer y el SIDA en los Estados Unidos y el Reino Unido. La subasta se llevó a cabo sobre una base sin fines de lucro.



Diana eligió 79 de sus vestidos para la subasta, posando en varios de ellos para las fotografías de catálogos. Todos fueron confeccionados por diseñadores británicos, entre ellos Victor Edelstein, Hartnell, Zandra Rhodes, Bruce Oldfield, Sassoon Bellville y los Emanuels. Más de la mitad eran de la diseñadora favorita de la princesa, Catherine Walker. Sólo un vestido, diseñado por Cristina Stamboulian, no se hizo específicamente para Diana. El primer modelo databa de 1981, mientras que el más reciente fue hecho en 1996. La mayoría de los trajes elegidos reflejaba el período en la vida de Diana en que asistía a numerosos compromisos oficiales como la esposa del Príncipe de Gales.

La decisión de Diana de llevar a subasta su colección de vestidos para la caridad causó una sensación inmediata. El 25 de junio, en sólo dos horas y media, todos los vestidos se vendieron, recaudando más de $ 3.6 millones para la caridad. Las ofertas finales oscilaron entre un mínimo de 19.000 dólares a un récord máximo de US $ 225.000 para un vestido de Victor Edelstein. La oferta en este último caso causó entusiasmo considerable: era el vestido que la princesa llevó a una cena en la Casa Blanca en 1985 durante la cual bailó con el actor John Travolta. Irónicamente, el vestido batió el récord anteriormente en poder de la venta del traje blanco usado por Travolta en la película “Saturday Night Fever.”


La Princesa de Gales con los responsables de algunos de los diseños llevados por ella

A partir de esta subasta –y mucho más a raíz de su trágica desaparición física en agosto de ese año- se produjeron varias muestras de los trajes de Diana, sin duda, una de las mejores representantes de la elegancia anglosajona durante las últimas décadas del siglo XX, e incluso nuevas subastas. De hecho, el diseño de Víctor Eldestein con el que Diana bailó con John Travolta fue vendido en subasta el 24 de junio de 2011 en Toronto,Canadá, por algo más de 800.000 dólares.

La última de estas exposiciones ha tenido lugar con la reapertura al público del Palacio de Kensington, antigua residencia oficial de los reyes de Inglaterra, con el nombre ‘Diana: Destellos de una princesa moderna’, en la que se exhiben cinco vestidos de gala que pasaron a la historia por su estilo y por los momentos en los que fueron lucidos. Según los organizadores del certamen, la elección de los vestidos pretende ilustrar la evolución del estilo de Diana y el importante papel que la moda jugó en la creación de su imagen pública.





La prenda estrella de la última exhibición es la que Diana llevó en 1981 en la Royal Opera House durante la que fue su primera aparición pública tras su compromiso con el Príncipe de Gales: un modelo strapless, de tafeta negra, obra de David Emmanuel, diseñador que también se encargó de su vestido de novia.





Izquierda: Con este vestido estilo sari de seda y gasa fucsia y púrpura, diseño de Catherine Walker, acudió a una gala en Bangkok (1988). Derecha: Este vestido negro con cuello cabestro en crepé de seda Clerici negro (Catherine Walker) fue llevado por Diana en el Palacio de Versalles para la 'LaNuit Deuxiéme Internacional de L'enfrance' organizada por la UNESCO, en 1994. También fue usado durante la sesión de fotos hoy mundialmente famosa de Mario Testino para la edición 1997 de la revista Vanity Fair.




Este vestido de seda salvaje color lila, en suite con un bordado bolero de manga larga, fue diseñado para el viaje de Estado a la India en 1992 y es un reflejo de la profundidad de la investigación llevada a cabo por Catherine Walker antes de diseñar un vestido tan importante como éste. Sus mangas largas y otras características destacadas están en consonancia perfecta con las normas culturales indias. Bordado en la moda mogol, el corpiño es un tapiz de flores rosadas y blancas, lentejuelas en forma de estrella de color verde y oro, mostacillas de vidrio dorado y trenzas de oro, dando la apariencia de joyas incrustadas.





Izquierda: Este vestido de crepé negro, estilo Imperio, con bordados de strass en el top de manga corta inspirados en la tiara Spencer fue adquirido a Catherine Walker en 1992 para su visita de Estado a la India en compañía del Príncipe de Gales. Derecha: Con la simplicidad clásica y el glamour hollywoodense del “vestido Grace Kelly”, la Princesa eclipsó a las estrellas en el Festival de Cine de Cannes 1987. Es un Catherine Walker de gasa de seda azul hielo intrincadamente drapeado y escondido bajo un canesú cruzado. Una estola de gasa a juego da el toque final.





Con este Victor Edelstein majestuoso y formal Diana asistió al banquete de Estado ofrecido por el Presidente francés y Madame Mitterrand en L’Elysée en noviembre de 1988. Es un strapless en satén duchesse color marfil con bolero bordado con cuentas de oro contorneando claveles y hojas de perlas artificiales, strass y abalorios miniatura plata y blanco. La artesanía tomó 60 horas para completar los bordados, lo que, a un costo de alrededor de £ 55,000, lo hizo el vestido más caro que hubiera comprado hasta entonces.





Izquierda: Largo vestido de noche de satén Clerici color marfil de Catherine Walker, asimétrico, que la Princesa lució durante una visita oficial a Brasil en 1991.Se compone de flores bordadas de lentejuelas color rosa, canutillos blancos e hilo de oro cosido a mano sobre satén de color marfil. Derecha: Vestido y frac de terciopelo de Catherine Walker. Inspirado por la vestimenta masculina de principios del siglo XIX, este es un diseño de vestido strapless en terciopelo de seda color burdeos, que se lleva bajo un frac de terciopelo de seda Bouton Renaud bordado con flores y hojas en hilos de oro y perlas. Fue usado por Diana en el estreno de la película Steel Magnolies en 1990 y durante su visita de Estado a Corea en 1992.




Largo vestido de seda y terciopelo de Catherine Walker. Es un diseño con el corpiño de terciopelo negro bordeado de terciopelo carmesí, con escote cuadrado y una falda amplia de seda verde, negra y roja en un diseño de cuadros escoceses. Diana lució este vestido en Balmoral, Escocia y en Guildhall para apoyar el Royal Marsden Cancer Hospital Fund en 1991.





Un Catherine Walker de inspiración sarong en crepé de seda gris fue llevado por Diana en la sesión de fotos de Mario Testino para una edición de 1997 de la revista Vanity Fair. Este modelo de noche cuenta con un corpiño bordado con sutiles perlas simuladas y lentejuelas.



Otro Catherine Walker formal de crepé de seda color crema. Originalmente diseñado para ser usado en un banquete real en honor del rey y la reina de Malasia en 1993, este vestido también fue usado por Diana en la  sesión de fotos de Mario Testino para la revista Vanity Fair.





Este vestido fue diseñado por Catherine Walker y decorado totalmente en lentejuelas color verde profundo por Jacob Schaepfer. Tiene cuello en V, ligeramente fruncido en el frente y abierto hasta la rodilla. La princesa de Gales lo usó en una visita de Estado a Viena en 1986 y luego un estreno cinematográfico en 1993.




El vestido de Elvis (The Elvis gown). El apodo, utilizado por la propia princesa, es un guiño a Elvis y sus trajes de lentejuelas, pero la imagen es de pura elegancia regia. El vestido strapless de seda blanca está totalmente cubierto de perlas cultivadas y lentejuelas, haciendo juego con una chaqueta bolero con cuello alto y mangas cortas. Catherine Walker hizo este conjunto en 1989, para el viaje de los Gales a Hong Kong, pero terminó haciendo su debut en los British Fashion Awards antes de la partida. El destino original, sin embargo, sirvió de inspiración para el diseño: Walker dijo más tarde que las perlas se veían apropiadas para una visita a Asia. El bordado fue terminado por S. Lock Ltd.





Victor Edelstein encontró inspiración en los vestidos de noche eduardianos para crear este modelo que se haría célebre. Está confeccionado en seda y terciopelo azul medianoche, tiene mangas cortas caídas e intenso drapeado en el corpiño y la cadera. Diana lo usó por primera vez en su visita de Estado a Estados Unidos en 1985, para la cena de gala en la Casa Blanca. Esa noche la Princesa de Gales bailó con Clint Eastwood, Neil Diamond y –su pareja más famosa- John Travolta.



Vestido strapless de terciopelo negro cortado como un pastiche de un frac con bordes de seda grosgrain y con tres botones grandes de strass en el frente. Este vestido era un favorito de la Princesa de Gales; fue fotografiada a menudo con él durante el invierno de 1988/1989. Las líneas limpias y sofisticadas de este traje muestran cómo Diana se iba alejando de los diseños de volantes, casi infantiles, de los primeros años de su matrimonio. Victor Edelstein se convirtió en uno de los diseñadores favoritos de la princesa.


lunes, 12 de marzo de 2012

Viaje oficial

Una Visita de Estado es la visita oficial de un jefe de Estado a otra nación, por invitación del gobernante de esta última. Las visitas de Estado son la forma más alta de contacto diplomático entre dos naciones y están marcadas por la pompa ceremonial y el protocolo diplomático. En las democracias parlamentarias, los jefes de Estado pueden formalmente emitir y aceptar invitaciones. Sin embargo, lo hacen con el consentimiento de sus gobiernos, que por lo general se ponen de acuerdo en que la invitación sea enviada o aceptada de antemano.


Los Príncipes Herederos de Japón, hoy Emperadores, visitan Estados Unidos (1960)



Existe una diferencia entre Visita Oficial y Visita de Estado. La visita de Estado implica la visita a los tres poderes del Estado (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), mientras que la visita Oficial es únicamente a un poder del Estado, usualmente al Ejecutivo.


Antes de un viaje oficial se produce el anuncio a los medios interesados y a las autoridades competentes en el lugar de destino, se establece una agenda concreta de actividades dentro del "programa oficial" (dependiendo de la naturaleza del viajero y del viaje ésta se pasará a la prensa o no y también se asignará tiempo para otras ocupaciones no-oficiales), se constituye una delegación que acompañe a la figura principal y se designa la presencia de un comité de recepción, igualmente oficial y acorde al rango del enviado.


La reina Juliana de los Países Bajos es recibida en Estocolmo por el rey Gustavo VI Adolfo de Suecia (1957)


Las visitas de Estado involucran alguno o todos de los siguientes componentes:


• Una ceremonia de bienvenida que consiste en una revista de la guardia de honor militar, desfiles y el toque de los himnos nacionales por una banda militar.
• Una salva de 21 cañonazos para los jefes de Estado y una de 19 cañonazos para los jefes de gobierno.
• Un intercambio de regalos entre el jefe de Estado extranjero y el jefe de Estado de la nación sede de la visita.
• Banquetes de Estado, ya sea cenas formales u oficiales, ofrecidos primero por el jefe de Estado anfitrión, con el jefe de Estado extranjero como invitado de honor y luego por el visitante extranjero en agradecimiento a su anfitrión.
• Una visita a una legislatura nacional, a menudo con un saludo formal al jefe de Estado extranjero por parte de los órganos legislativos reunidos.
• Visitas de alto nivel de los jefes de Estado extranjeros a puntos de referencia nacionales, tales como depositar una ofrenda floral en una capilla militar o un cementerio.
• Eventos culturales celebrando vínculos entre las dos naciones, que se llevan a cabo en conjunto con la visita oficial.



El Sha y la Emperatriz de Irán con los reyes de Thailandia durante su visita de Estado a este país (1968)

El jefe de Estado extranjero suele ir acompañado de un ministro gubernamental de alto rango, por lo general un Ministro de Relaciones Exteriores. Detrás del protocolo diplomático, las delegaciones formadas por organizaciones comerciales también viajan con él, ofreciendo una oportunidad para establecer contactos y desarrollar vínculos económicos, culturales y sociales, con líderes de la industria en el país que se visita. Al final de una visita de Estado, el visitante extranjero tradicionalmente emite una invitación formal al jefe de Estado anfitrión, que en otro momento, en el futuro, sería una visita de Estado recíproca.


Si bien los costos de una visita de Estado por lo general están a cargo de las arcas del país de acogida, la mayoría de los países son anfitriones de al menos diez visitas de Estado al año, con dos como la cifra menor. La mayoría de los jefes de Estados visitantes se alojarán en la residencia oficial del anfitrión, en una casa de huéspedes reservada para visitantes extranjeros, o en la embajada de su propia nación de ubicada en el país que se visita.


Los reyes Pablo y Federica de Grecia durante su visita al Reino Unido en 1963

Las visitas de Estado de reconocidos líderes mundiales, como el Presidente de los Estados Unidos, el Papa o la Reina Isabel II (quien dirige 16 países), a menudo reciben mucha publicidad y reúnen grandes multitudes en cada evento público.


El ejemplo del Reino Unido

La reina, en su calidad de jefe de Estado, desempeña un doble papel: el primero, en el interior, es el de tener bajo su jurisdicción todo el aparato de gobierno, la administración, las fuerzas armadas, la iglesia y la magistratura. El segundo es el de personificar y simbolizar a su país ante el resto del mundo.


En el balcón del ayuntamiento de Amsterdam, con la reina Juliana de los Países Bajos (1957)


El palafrenero de la Corona tiene la responsabilidad de los viajes oficiales o privados del soberano británico, pero es el Secretario Privado quien cuida los detalles de los desplazamientos aéreos o marítimos. Los viajes oficiales son organizados por el Foreign Office en combinación con la casa real. Dos veces por año, la familia se reúne en Buckingham Palace a los efectos de planificar las visitas: se extiende la lista sobre un inmenso tablero suspendido en el despacho de los palafreneros y de un solo golpe de vista puede verse dónde se encontrará tal o cual miembro de la familia real durante los seis meses siguientes y también la manera de viajar prevista. En general, la realeza viaja con sus propios medios de transporte.



Pasando revista militar a su llegada a Nassau (1994)

Los desplazamiento de la realeza en viajes no sólo se han incrementado en número, sino también en complejidad. Mientras que en los ochenta se arreglaban todos los detalles entre la casa real y la embajada del país que debía recibirlos, hoy día las consultas y los preparativos son mucho más laboriosos. Pueden pasar hasta dos años entre los primeros contactos, por intermedio del Ministerio de Asuntos Exteriores, del 10 de Downing Street y de Buckingham, y el momento en que la reina y su esposo pisan la alfombra roja en el aeropuerto de la capital que los recibe.

Llegando a Canberra, Australia (2012)

Por lo menos seis meses antes de su visita a un país extranjero –o aun a una localidad de Gran Bretaña-, se pone en acción todo un dispositivo de seguridad. El yeoman viajante, un secretario particular, un encargado de prensa y el personal policial patrullan el itinerario previsto, verifican el confort y la calidad de los hoteles albergándose en ellos y la eficiencia de los transportes utilizándolos. Los altos funcionarios de palacio controlan hasta el más mínimo detalle, como el tiempo que empleará la soberana en desplazarse desde su residencia oficial hasta la del jefe de Estado en cuestión, la duración de las presentaciones en cada recepción, la de las comidas y los discursos, los depósitos de coronas de flores, la firma de libros de oro y, en particular, las indispensables pausas previstas a lo largo de la jornada para eso que los ingleses llaman púdicamente the calls of nature, las necesidades fisiológicas. Estas precauciones se toman tanto por la reina como por sus acompañantes, los miembros de la casa real, así como también para el príncipe de Gales y para todos los príncipes de la sangre.

Libro de oro firmado por la reina y su esposo en Kingston, Canadá


La reina no viaja nunca sin un séquito de unas treinta personas, compuesto por lo menos por dos damas de honor, dos vestidoras, una mucama, tres secretarios, dos palafreneros, un asistente del secretario, un asistente del agregado de prensa, un peluquero, ocho valets itinerantes, un médico y seis guardias de seguridad. A esto se le suma la tripulación de a bordo (del avión, el buque o el tren). Eso sí, si un médico acompaña siempre a la reina en sus viajes, el servicio sanitario de Isabel II no tiene nada que ver con aquel de su antepasada Victoria: en 1889, el mismo comprendía tres doctores de la corte, diez honorarios, dos cirujanos rentados, tres cirujanos honorarios, tres parteros, dos oculistas, un pediatra, cuatro médicos honorarios para el palacio, un dentista y nueve farmacéuticos. Es necesario aclarar que la reina Victoria era acompañada por decenas de servidores indios, ingleses y escoceses y varias princesas de su familia, cada una con su séquito personal.


La reina con miembros de su Casa


Su secretario particular, el Master of the Household y el ministro de Asuntos Exteriores o uno de sus adjuntos son también sus acompañantes obligados en todo desplazamiento al extranjero y participan en las conversaciones políticas y económicas que figuran en el programa, al margen de las manifestaciones puramente protocolarias. Están allí también para aconsejar a la reina llegado el caso. El Foreign Office prepara un informe sucinto, aunque muy completo, sobre el país visitado, su situación política, las relaciones entre éste y Gran Bretaña y las personalidades con las que deberá entrevistarse. Se le adjuntan notas biográficas que le permitirán situarlas bien y llevar la conversación sobre sus trabajos y sus experiencias particulares.

La reina escoltada por autoridades locales y seguida por miembros de su séquito durante un viaje a Australia (2011)

Imaginen”, dice el escritor Ralph Martin, “antes que ninguna otra cosa, que ustedes son el príncipe de Gales o la princesa real. Hacen el gesto de estrechar las manos; recuerdan el tiempo empleado para recoger los ramos de flores y sostenerlos y marchan casi exactamente al paso de los nobles tomando nota del tiempo que les lleva tal tarea. En cada detención, ustedes deberán saber quién estará allí esperándolos, quién estará sentado o de pie y dónde; qué cosa se les dirá y, por sobre todo, cuánto durará la ceremonia. En conjunto, con un detalle minuto por minuto, se emplearían docenas de páginas como informe y les será necesaria una intensa preparación.”


Una empleada de la casa real preparando el guardarropa de la reina.


Todo está planificado, estudiado, verificado, codificado. Una ficha indica el detalle de cada momento de la jornada: DJ, vestido de noche; LD, vestido largo; U, uniforme; LS, vestido de cóctel; DD, traje diario; TI, vestido de baile; T, tiara; D, condecoración. Por supuesto que esas letras pueden cambiarse. LDT significa, por ejemplo: vestido largo más tiara.


La reina parte de Fiji con destino a Nueva Zelanda (1954)


Isabel II ha batido todos los récords. En 1953, durante su Commonwealth Tour, estrechó la mano a 13.000 personas, pronunció 157 discursos y escuchó 276; honró con su presencia 135 recepciones; visitó 15 países diferentes, participó en 50 bailes, descubrió 13 placas conmemorativas, plantó 6 árboles y recibió más de 500 ramos de flores. Desde entonces ha viajado en visita oficial a casi dos países por año, y a veces más, como en 1980, un año particularmente cargado, en el que viajó a Suiza, Italia, el Vaticano, Argelia, Túnez y Marruecos. Esto sin tener en cuenta sus desplazamientos por la Commonwealth. El mismo año visitó Australia. En 1986 fue huésped del rey Birenda, de Nepal, y del Presidente de la República Popular China, Li Xiannian; y aún tuvo tiempo de volver a Australia, a Nueva Zelanda y a Hong Kong.

La reina y el duque de Edimburgo concluyen su tour australiano (octubre de 2011).


Cada baúl, cada caja y cada maleta son cuidadosamente marcados con etiquetas de diferentes colores. Cada miembro de la familia tiene su color exclusivo: amarilla para la reina, malva para el duque de Edimburgo, rojo para el príncipe de Gales, verde para la princesa real, etc. Las de la reina, con las palabras The Queen, son particularmente buscadas por los coleccionistas. Así que el travelling yeoman, encargado de sus equipajes, llevará siempre consigo una provisión. Durante el viaje de reconocimiento se habrá cuidado de medir la anchura de todas las puertas y el volumen de todas las cabinas de ascensor, de prever el transporte necesario y el itinerario más rápido para encaminarlas a su residencia, ya que, desembarcadas después de ella, tendrán obligatoriamente que ser descargadas antes de su llegada.



El equipaje de la reina, con sus etiquetas amarillas.


Sir John Colville, que fue secretario particular de Elizabeth II cuando era aún princesa y lo había sido de Neville Chamberlain y de Winston Churchill, dijo que “… las innumerables visitas de la reina al extranjero han hecho más por recordar a la gente que Gran Bretaña existe, por crear un clima favorable en los países extranjeros y en los de la Commonwealth a la vez y por promocionar las exportaciones británicas que muchas conferencias ministeriales y muchos protocolos diplomáticos”.



















martes, 6 de marzo de 2012

Banquete de Estado

Una cena de Estado es una cena o banquete presidido por un jefe de Estado en su residencia oficial a fin de renovar o celebrar los lazos diplomáticos entre el país anfitrión y el país cuyo representante (jefe de Estado o jefe de gobierno) responde la invitación. La factura de este tipo de eventos es pagada por el Ministerio de Relaciones Exteriores. En los diferentes países del mundo, hay reglas establecidas por cada protocolo en particular. Las cenas de Estado usualmente exigen etiqueta (esmoquin o frac, incluso uniforme) en el vestir, guardia militar de honor, un menú de cuatro o cinco platos, entretenimiento musical, baile y discursos pronunciados en nombre del jefe de Estado anfitrión y del jefe de Estado extranjero.


Banquete en San Petersburgo en honor del Emperador Guillermo I de Alemania (1873)


Más de un centenar de personas suelen asistir a estos acontecimientos, incluidos miembros del Gobierno, de la diplomacia y todos los estamentos de la vida militar y social del país. Los líderes empresariales nacionales y extranjeros también asisten.


Al inicio de la velada, el jefe de Estado extranjero es recibido en la residencia oficial por el anfitrión, generalmente ambos acompañados por sus consortes (y, ocasionalmente, por otros miembros de la familia gobernante). Se posa para los reporteros gráficos y, durante los cócteles, se escucha música de cámara ejecutada por una de las orquestas de los regimientos militares (o reales). Luego se forma la procesión para alcanzar el salón comedor, se despliegan los diferentes platos del menú, acompañados por diferentes acompañamientos musicales. Luego de los postres llegan los brindis, primero el anfitrión, luego el huésped de honor. La velada se prolongará durante una hora más, en que los invitados se despliegan por los diferentes salones.




Los Reyes de España en el banquete en su honor ofrecido por los Emperadores de Japón, en el Palacio Imperial de Tokio (2008)


El protocolo indica que, luego de la cena de gala en el palacio real o presidencial presidida por el jefe de Estado anfitrión, los visitantes extranjeros le ofrezcan a éste una “cena de devolución”, generalmente en las embajadas de sus respectivos países. A menudo, el dress code se relaja un tanto (se puede asistir de esmoquin y vestido corto, en lugar de frac o traje largo, por ejemplo), al igual que el nivel de pompa.


La Reina y el Duque de Edimburgo con el Presidente de los Estados Unidos y la Sra. Obama durante el banquete de Estado en Buckingham Palace. Obsérvese la estricta etiqueta en la vestimenta: frac, trajes de soirée y las máximas condecoraciones dinásticas.



La pareja presidencial norteamericana es anfitriona de la cena de devolución en honor de Su Majestad en Winfield House, residencia de la embajada de los Estados Unidos en Londres. El frac se torna en esmoquin y no se exhiben condecoraciones.



Reino Unido


En el Reino Unido, las cenas de Estado son presididas en su mayoría por el soberano británico, actualmente Elizabeth II (en contadas ocasiones, la reina delega esta tarea a su primogénito, el Príncipe de Gales). Tradicionalmente, todas las cenas de Estado se han celebrado en el Palacio de Buckingham debido a su posición en el corazón de Londres. Sin embargo, en los últimos años, los banquetes tienen lugar más a menudo en el Castillo de Windsor, en Berkshire. La organización recae en el Jefe de la Casa (Master of the Household) con un plan establecido y confirmado tanto por la Reina como por el Ministerio de Relaciones Exteriores y la Commonwealth (Foreign and Commonwealth Office). Las cenas oficiales, colofón de las visitas de Estado, son muy elaboradas; el Protocolo Real es en general muy estricto, pero se ha suavizado un tanto en los últimos años. Todos los discursos que se leen son revisados y confirmados por la oficina de Relaciones Exteriores, y enmendados si es necesario. Se intercambian regalos por ambas partes.


La procesión real durante la cena de gala en honor del Presidente francés, Nicolas Sarkozy, y su esposa, en el Castillo de Windsor (2008)



El menú tipo de un almuerzo o cena oficial comienza por una sopa, un consomé o un caldo con yemas de huevo Saint Germain. Después pescado, de acuerdo con la estación, un pequeño trozo de langosta o una mousse de salmón; esos platos son servidos acompañados por salsas. La reina adora la pata de cordero, que constituye muy a menudo su plato fuerte. Jamás se ofrece carne de caza ya que la soberana piensa que a muchos invitados puede desagradarle. La carne tiene siempre guarnición de legumbres, de tres o cuatro clases que llegan directamente del mercado. Sigue una ensalada a la francesa. El postre es siempre frío: frecuentemente se trata de un bombón helado, hecho en un molde. Cinco vinos diferentes, de excepcional calidad, acompañan por último la comida. En total, un menú ligero que no tiene nada que ver con la procesión de doce platos de la época victoriana. Con más de setenta banquetes y almuerzos oficiales por año, se comprende por qué la familia real británica pasa la vida haciendo régimen.




Elizabeth II da su discurso tras la cena en honor del jeque y la jequesa de Qatar (Windsor Castle, octubre de 2010)




Cuando la soberana británica, en visita oficial al extranjero, da un bran banquete, lleva su propia vajilla de plata, sus candelabros, su porcelana y, frecuentemente, sus vinos; también traslada con ellos tres yeomen, transformando la embajada británica en su hogar lejos de su hogar.

Estados Unidos


En Estados Unidos, una cena de Estado es una cena formal, más a menudo de tuxedo (black tie) en los últimos años en lugar de frac (white tie), que se celebra en honor de un jefe de Estado extranjero. El anfitrión es siempre el Presidente, acompañado por la Primera Dama y es celebrada en el Comedor de Estado de la Casa Blanca, en Washington DC. Otras cenas formales para visitantes importantes de otras naciones, como un príncipe o una princesa, son llamadas “cenas oficiales”, pero la diferencia es que el gobierno federal no paga por ellas.


El Presidente Lyndon B. Johnson y su esposa, Lady Bird, posan con la Princesa Margarita de Gran Bretaña y Lord Snowdon en el Queen’s Room de la Casa Blanca (1965).



Las cenas de Estado y las cenas oficiales son dictadas por estricto protocolo con el fin de garantizar que no ocurran gaffes diplomáticas. El Jefe de Protocolo de los Estados Unidos, el Jefe de Ujieres de la Casa Blanca (White House Chief Usher), así como el Secretario Social de la Casa Blanca (White House Social Secretary), son los encargados de supervisar la planificación estos eventos de principio a fin. La Oficina de Gráficos y Caligrafía también tiene numerosas responsabilidades, como las invitaciones formales que se envían por correo o las tarjetas con los nombres de los invitados que asignan los asientos en las mesas. Las cenas de Estado requerirán una estrecha coordinación entre el Jefe Ejecutivo de la Casa Blanca y el Jefe Pastelero para planificar y preparar una comida de cuatro o cinco platos, así como el Jefe de Decoración para organizar las velas y los adornos florales de las mesas.




El Presidente Reagan y su esposa esperan un visitante oficial en el Pórtico Norte de la Casa Blanca (1981)


Como es habitual en todas las visitas oficiales de jefes de Estado extranjeros, una cena de Estado es posterior a una Ceremonia Oficial de Llegada que tiene lugar en el Jardín Sur al principio del día. Además, las cenas de estado celebrados en los últimos años también reciben la cobertura de los medios de comunicación a través del canal público de asuntos extranjeros, C-SPAN.



martes, 28 de febrero de 2012

Las celebraciones de Persépolis

La celebración de los 2500 años del Imperio Persa consistió en un elaborado conjunto de festividades que tuvieron lugar del 12 al 16 octubre de 1971, con motivo del aniversario de la fundación de la monarquía iraní por Ciro el Grande. Las fiestas se llevaron a cabo en una época que todavía era de progreso, pero estuvieron rodeadas por críticas acerca de los gastos indebidos con fondos que podían haber sido utilizados en otras necesidades del país. Mohammad Reza Shah Pahlavi estaba, sin embargo, decidido a demostrar al mundo lo que había sido Irán y dejar saborear a participantes y espectadores la larga y gloriosa historia de Persia, sus tradiciones y la legendaria majestad de sus emperadores. La leyenda volvió al emperador Darío I, el fundador de Persépolis, la impresionante capital de Persia, con un palacio que capturó la imaginación de muchos. Ciro el Grande había tenido su capital a sólo 45 kilómetros de distancia, en Pasargada, donde fue enterrado.


La magnificencia de las celebraciones de Persépolis estuvo más allá de la descripción y casi más allá de la imaginación, al igual que Persépolis en sí misma. Los preparativos en realidad comenzaron diez años antes y el resultado fueron unos días inolvidables de esplendor y brillo. Su objetivo era claro, desde un punto de vista político: poner en marcha definitivamente a Irán como un miembro activo de la comunidad internacional.

Con la decisión de celebrar las principales festividades en la antigua capital de Persia, cerca de Shiraz, la infraestructura local tuvo que ser mejorada, incluyendo el aeropuerto de Shiraz y una carretera a Persépolis (otros eventos fueron programados para Pasargada, el sitio de la tumba de Ciro el Grande, y Teherán).

Estas grandes mejoras tendría un doble uso: sería de gran ayuda para las celebraciones y podría dar impulso al turismo tanto en la antigua Persépolis, como en la más antigua Pasargada. Persépolis era un sitio favorable para las fiestas desde el punto de vista de la seguridad, ya que estaba aislada y por lo tanto podría ser fuertemente custodiada, una consideración muy importante cuando muchos de los líderes del mundo estarían reunidos allí. Los servicios de seguridad de Irán, SAVAK, mantuvieron en prisión preventiva a cualquiera que se sospechara fuese un alborotador potencial.

La Ciudad de Tiendas de Persépolis

Si el plan original era una gran fiesta con cerca de 30 jefes de Estado, cuando la noticia de la organización del evento se difundió, decenas de embajadas requirieron invitación para sus respectivos países, ampliando el número de huéspedes de una manera dramática. La sensación era, en Irán, que nada podría ir mal en estas celebraciones; era el prestigio del país en riesgo. Famosos por su hospitalidad, los iraníes se dieron cuenta de que sólo algo nunca visto podría impresionar a aquellos que serían invitados y a quienes lo vieran en la televisión y en los informes. La voluntad del sha de hacer surgir a Irán de las cenizas y convertirla en una nación líder del mundo siempre estuvo detrás de la idea de la celebración.

Se determinó que ningún otro lugar que las ruinas de la antigua capital Persépolis podría ser el mejor escenario de las celebraciones principales. Allí, los invitados extranjeros podrían tener un sabor de la antigua Persia y del nuevo Irán. La apertura de las celebraciones tendría lugar en Pasargada, a 45 kilómetros de Persépolis, mientras que Shiraz sería la base para muchos de los invitados y para los periodistas extranjeros. Pero, ¿cómo sería posible la celebración de la fiesta más grande de todos los tiempos en el medio del desierto? Persépolis era solo una magnífica muestra de ruinas únicas, donde una vez hubo un palacio esplendoroso. Ahora había unas ruinas impresionantes y arena, mucha arena.


Había sólo un año para hacer una nueva ciudad en Persépolis, una ciudad para albergar una celebración única, una ciudad única. Un Alto Consejo fue formado por varias gabinetes separados, que tuvieron cuidado de los infinitos detalles de las celebraciones, siendo encabezado por el Ministro de la Corte, Assadollah Alam. La Emperatriz Farah era periódicamente informada del avance de los planes. Después de la decisión de seguir adelante con las fiestas en Persépolis, todo lo demás tenía que suceder rápidamente. Se decidió que la empresa francesa de diseño de interiores Jansen estaría a cargo de la planificación de la nueva ciudad: inspirado en el suntuoso Campo del Paño de Oro del rey Francisco I de Francia, erigido en 1520 para recibir a Enrique VIII de Inglaterra, un campamento de tiendas fabulosamente inigualable se construiría como un verdadero oasis en medio del desierto.

Los mismos hombres que tomarían parte en las festividades, marchando en el gran desfile, fueron los que tuvieron la tarea de construir la Tent City (“Ciudad de Tiendas”) o la Ciudad Dorada, como también fue llamada, en una extensión de 160 acres (0.65 km 2 ). Fueron construidas cincuenta tiendas de campaña de color amarillo y azul (en realidad lujosos apartamentos prefabricados cubiertos con tela tradicional persa), 5 a cada lado de 5 calles que formaban una estrella central (en representación de los cinco continentes), en medio de la cual había una espectacular fuente que se iluminaba por la noche. Una de estas calles llevaba al helipuerto y de allí a la Tienda de Honor, que tenía 34 metros de diámetro. Este era el lugar donde se llevaba a cabo la recepción de los dignatarios y desde allí era posible acceder al largo Banqueting Hall o Sala de Banquetes, una tienda de 68 metros de longitud y 24 metros de ancho.


Un gran número de árboles traídos directamente de Francia fueron plantados en el área alrededor de la Ciudad Dorada, recreando algo de cómo la antigua Persépolis debería haberse visto. El área alrededor de las ruinas fue absuelta de las serpientes y otras alimañas y se diseñaron espectaculares jardines floridos. Cada una de las 50 tiendas de campaña para invitados tenía aire acondicionado y una decoración diferente; medían 3 metros de diámetro por 3 metros de altura y estaban compuestas por una sala de estar, 2 dormitorios, 2 baños y un cuarto de servicio.

Como el departamento a cargo de las cenas de Estado no era en absoluto capaz de producir un banquete de la magnitud requerida, se decidió que un especialista francés tendría el honor y la responsabilidad del servicio de catering de la fiesta. Los organizadores se contactaron con el famoso Chez Maxim’s en París (donde el Shah y la Emperatriz eran clientes frecuentes) y se acordó que allí se crearía el menú de la cena de gala, teniendo que cerrar el restaurante parisino durante 15 días y contratar varias decenas de camareros y chefs altamente calificados para el enorme servicio. En total, alrededor de 160 cocineros, camareros y panaderos estuvieron presentes en Persépolis y el legendario hotelier Max Blouet salió de su retiro para supervisar el banquete.


Entre los detalles más extravagantes de las celebraciones de Persépolis fue la orden de 250 Mercedes-Benz rojos para el transporte de invitados desde y hacia el aeropuerto de Shiraz. El diseñador francés Lanvin fue puesto a cargo de la creación de nuevos uniformes de gala para los miembros de la Casa Imperial, uno de los gastos más criticados, pero, como la mayoría de los demás, ampliamente exagerados. Le fueron requeridos treinta uniformes al fabricante habitual de uniformes de la corte, quien replicó que no tenía el tiempo o las herramientas para crearlos para el gran acontecimiento. Entonces los organizadores ordenaron a Lanvin que los proveyera en tiempo y forma.

Como suele ocurrir, estos detalles (y otros, como el collar de diamantes del perro del emperador Haile Selassie) pintorescos fueron los que captaron la atención internacional y la crítica teatral. Nadie se atrevió a mencionar el proyecto que dio lugar a la apertura de 3200 escuelas el día del inicio de las festividades en Pasargada. Esto fue parte de una campaña que tuvo el objetivo de abrir 2500 escuelas con motivo de las celebraciones: todo aquel que quisiera tener una escuela con su nombre se le pidió que donara $ 4,000. El éxito fue tremendo. Pocos mencionan los enormes esfuerzos culturales del Gobierno iraní en la divulgación de la historia y la cultura persas en todo el mundo, con exposiciones y seminarios que tuvieron lugar en los cinco continentes.

Hubo muchos detalles extravagantes que lograron hacer de Persépolis la más grande celebración jamás organizada. Las tapicerías y cortinas italianas, las magníficas arañas de cristal de Bohemia, la porcelana de Limoges creada specialmente con las armas Pahlavi pintadas en el centro, el servicio de cristal de Baccarat, los dos peluqueros de París con todo su personal y sus herramientas... las miles de botellas de vino, champán y agua, las toneladas de carne y verduras que llegaron a Shiraz desde París y fueron llevados a Persépolis. Mientras tanto, corrían los preparativos para el gran desfile del día siguiente y que sería una revisión de los 2500 años de historia: las autoridades iraníes habían sugerido recrear los antiguos uniformes, las armas y las trompetas, cuyos sonidos habían caído en el olvido durante siglos.

La recepción de invitados

Durante la tarde del día 12 y hasta la tarde del jueves 14 de octubre de 1971, decenas de invitados de todas partes del mundo llegaron desde Teherán al aeropuerto de Shiraz. Para recibir a los jefes de Estado, el Sha y la Shahbanou viajaban desde la Ciudad de Tiendas a Shiraz y participaban en todos los honores militares, algo que se convirtió casi en una constante, dada la cantidad de visitantes ilustres. Los invitados eran llevados luego a través de los 50 km de carretera a Persépolis, una carretera iluminada por dos mil balizas gigantes, a 100 metros de distancia una de otra, impulsadas por la Compañía Nacional de Petróleo Iraní (NIOC).

Al llegar a la Tent City, cuya seguridad estaba fuertemente garantizada por cientos de policías y guardias, los invitados, sin duda, abrirían los ojos de estupor. La exhibición de lujo y buen gusto era inmejorable, en una mezcla del confort moderno con las sublimes tradiciones persas. Aprovechando la oportunidad de revivir un arte casi perdido, tapices tradicionales iraníes que representaban los retratos de los invitados fueron tejidos por viejos artesanos y colgados en los salones de las respectivas tiendas. A su llegada, los invitados tenían un mini bar esperando: una botella de whisky Chivas Regal, una de champagne Möet Chandon, una de vodka, seis de cerveza, agua, refrescos y jugos. Puro lujo y buen gusto para recibir a las personas que estaban acostumbrados a lo mejor.

El ambiente era, sin duda, de gran gala, pero también relajado. Persépolis estaba preparado de una manera tal que los invitados podrían disfrutar y divertirse, en medio de grandes e impresionantes actos oficiales. La realeza y los estadistas de cinco continentes debían disfrutar de las fiestas y la posibilidad de vivir en un mundo totalmente único y sublime durante un par de días. Miembros de familias reales se visitarían unos a otros en sus tiendas durante la noche, para tomar una copa o simplemente para una reunión familiar. Los jefes de Estado se reunirían para hablar en un ambiente relajado acerca de los asuntos más importantes del mundo. Pero, lo más importante, dejaría a Persépolis con la mejor impresión del Imperio de Irán y ese era el objetivo principal de Su Majestad Imperial.


El primer gran evento que reunió a todos los huéspedes oficiales tuvo lugar en la noche del 14 de octubre, en lo que fue también el cumpleaños número 33 de la Shahbanou de Irán. Fue el banquete tal vez más grande jamás ocurrido y difícilmente sea repetido, por varias razones, la primera de las cuales es el hecho de que es extremadamente difícil reunir alrededor de 60 miembros de la realeza mundial y jefes de Estado de los cinco continentes en la misma mesa, literalmente.

La grandeur de la noche era casi indescriptible: la sala de banquetes estaba decorada con yardas de terciopelo azul bordado en oro, formando varios baldaquinos por encima de la mesa principal. Esta era una mesa de inspiración barroca de 57 metros de largo que fue construida en forma de serpentina. De esta manera dramáticamente inusual (que permitió evitar muchos problemas de protocolo), todos los sentados allí serían capaz de mirar la habitación entera sin mucho esfuerzo, mientras que el resto de los presentes en la sala, así como camarógrafos y periodistas, podrían obtener todas las imágenes que quisieran de los invitados más ilustres. Como un elemento importante de la decoración estaba el símbolo del Imperio Persa, el pavo real, que podía verse representado en varios lugares de la habitación.

Por encima del dosel en el centro de la mesa estaba el escudo de armas de los Pahlavi. El Sha tomaría su lugar en la curva a la izquierda del centro, mientras que la Shahbanou ocuparía su lugar en la curva opuesta, a la derecha del centro de la larga e impresionante mesa. Todas las mesas estaban profusamente decoradas en azul y oro, mientras que desde el techo de seda rosa colgaban decenas de magníficas arañas de Bohemia, cada una con docenas de lámparas.

En la Tienda de Honor, en la que los invitados presentaron los respetos a Sus Majestades Imperiales antes de ingresar a la Sala de Banquetes, la decoración era de impresionante damasco rojo tejido en Italia y bordado en oro. Digna de cualquier palacio de Europa, la Tienda de Honor se parecía más a un esplendoroso salón del trono, donde los invitados, con sus títulos anunciados en voz alta, venían a cumplimentar al Shahansah, “Rey de Reyes”, el sucesor de Ciro el Grande. Sonaba Mozart y Schubert interpretados por una orquesta desde una galería, mientras que los reyes y presidentes estrechaban sus manos y las damas hacían una reverencia profunda, llevando sus más brillantes vestidos de gala ellas y sus condecoraciones sobre el esmoquin ellos.

Al final de los saludos, el Sha, con su uniforme de Comandante de las Fuerzas Armadas y usando el collar y la cinta de la Nishan-i-Pahlavi, la Orden de Pahlavi, escoltó a la Sala de Banquetes a Su Majestad la Reina de Dinamarca. La Shahbanou, con un fantástico vestido bordado en plata (diseñado, tejido y cortado por mujeres iraníes, como todos los trajes que lució durante las celebraciones) y la banda azul de la Nishan-i-Aryamehr, la Orden de la Luz de los Arios, fue dirigida por Su Majestad Imperial el Emperador de Etiopía. Ellos fueron seguidos por todos los invitados reales y oficiales.

La lista de invitados

Isabel II había sido advertida para no asistir, atendiendo a la seguridad como un problema (el Duque de Edimburgo y de la princesa Ana fueron en su lugar). Otros líderes importantes que no asistieron fueron Richard Nixon y Georges Pompidou. Nixon había previsto inicialmente asistir, pero más tarde cambió de parecer y envió a Spiro Agnew en su lugar.

Algunos de los invitados fueron:

El emperador Haile Selassie de Etiopía
El rey Federico IX y la reina Ingrid de Dinamarca
El rey Balduino I y la reina Fabiola de Bélgica
El rey Hussein y la Princesa Muna de Jordania
El rey Mahendra y la reina Ratna de Nepal
El rey Olav V de Noruega
El emir Isa ibn Salman Al Khalifa de Bahrein
El rey Constantino II y la reina Ana María de Grecia
El Sultán Qaboos de Omán
El príncipe Abdul Wali Khan y la princesa Bilqis Begum de Afganistán
El rey Moshoeshoe II de Lesotho
Yang di-Pertuan Agong Tunku Abdul Halim de Malasia
El emir Zayed bin Sultan Al Nahyan de los Emiratos Árabes Unidos
El príncipe Franz Josef II y la princesa Georgina de Liechtenstein
El príncipe Rainiero III y la princesa Grace de Mónaco
El Gran Duque Juan y la Gran Duquesa Josefina Carlota de Luxemburgo
El príncipe Bernhard de los Países Bajos
El príncipe Felipe, duque de Edimburgo y la princesa Ana del Reino Unido
La princesa Salimah Aga Khan
El príncipe heredero Carlos Gustavo de Suecia
El príncipe Juan Carlos y la princesa Sofía de España
El príncipe Víctor Manuel y la princesa Marina de Italia
El príncipe Mikasa y la princesa Yuriko de Japón
El príncipe Bhanubandhu Yugala de Tailandia
El príncipe Moulay Abdallah y la princesa Lamia de Marruecos
El príncipe Makhosini de Suazilandia


El presidente Josip Broz Tito y su esposa Jovanka Broz de Yugoslavia
El presidente Nikolai Podgorny de la Unión Soviética
El presidente Franz Jonas de Austria
El presidente Todor Zhivkov de Bulgaria
El presidente Emílio Garrastazu Médici de Brasil
El presidente Urho Kekkonen de Finlandia
El presidente Cevdet Sunay de Turquía
El presidente Pal Losonczi de Hungría
El presidente Ludvík Svoboda de Checoslovaquia
El presidente Yahya Khan de Pakistán
El presidente Suleiman Franjieh del Líbano
El presidente Jacobus Johannes Fouché de Sudáfrica
El presidente Leopold Sedar Senghor de Senegal
El presidente VV Giri de India
El presidente Moktar Ould Daddah de Mauritania
El presidente Hubert Maga de Dahomey
El presidente Nicolae Ceausescu y su esposa y viceprimer ministro Elena Ceausescu de Rumania
El presidente Joseph Mobutu de Zaire
El presidente Rudolf Gnägi de Suiza
El primer ministro Jacques Chaban-Delmas de Francia
El primer ministro Kim Jong-pil de Corea del Sur
El primer ministro Emilio Colombo de Italia
El vicepresidente Mieczysław Klimaszewski de Polonia
El vicepresidente Spiro Agnew, de los Estados Unidos
El presidente Kai-Uwe von Hassel del Bundestag de la República Federal de Alemania
El mnistro de Relaciones Exteriores de Portugal, Rui Patricio
La primera dama Imelda Marcos de Filipinas
El gobernador general Roland Michener de Canadá
El gobernador general Sir Paul Hasluck de Australia


El banquete

Jaime Peñafiel, el columnista español y corresponsal de la revista de sociedad ¡Hola! en las celebraciones, dijo, treinta años después, para describir el gran banquete en la Tent City: "Fue, sin duda, la fiesta más fabulosa que he asistido nunca. Ese banquete fue la expresión del lujo más absoluto, así como también del refinamiento más completo. Fue la más grande de todas las fiestas del siglo y es muy posible que ninguna similar se organice otra vez." Seiscientos invitados cenarían más de cinco horas y media, lo que convierte el banquete oficial en el más largo y lujoso de la historia moderna, como se registra en las sucesivas ediciones del Libro Guinness de los Récords.

Como se señalaba antes, el menú fue preparado por Maxim’s de París. La cena comenzó con huevos de codorniz rellenos de caviar iraní (extraído de los esturiones del mar Caspio), con vino Château de Saran, continuó con mousse de cangrejo de río, acompañado por Château Haut-Brion Blanc 1969, cordero asado con trufas y un Château Lafitte Rothschild 1945 y un sorbete de champán (1911 Möet). Símbolo de la monarquía iraní, el pavo real también estaba en el menú: pavo asado relleno de foie gras, acompañado con Musigny Comte de Vogue 1945 en magnum. Al sonido de las piezas de Mozart y de Schubert, la comida finalizó con anillo de higos frescos glaseados al oporto con sorbete de frambuesa. El café estuvo acompañado por Cognac Prince Eugène (de chez Maxim) y, para los brindis, champán Dom Perignon Rose 1959 (Möet Chandon).


Durante la cena, sentado entre la Reina Ingrid de Dinamarca y la Reina Fabiola de Bélgica, el Sha, en su dignidad y esplendor militar, se levantó para hacer un breve discurso, en el que destacó la presencia de tantos Jefes de Estado en la tierra de Ciro, Darío y Jerjes. Después llegó la hora de un espectacular son et lumière show en el exterior, donde las temperaturas habían caído drásticamente.

La muestra fue, por todos los medios, verdaderamente grandiosa. Mantas se habían proporcionado para que las bajas temperaturas no afectaran demasiado a las personas potencialmente frágiles (como el viejo emperador de Etiopía). Al final ocurrió lo inesperado: estaba previsto un magnífico castillo de fuegos artificiales que irrumpiría en los cielos de Persépolis acompañado por una pieza musical electrónica especialmente encargada a Iannis Xenakis. No pasó nada.

Recordando los acontecimientos de Persépolis que había ayudado a organizar, el Sr. Abdolreza Ansari, dijo, treinta años después: "Incluso los mejores planes pueden salir mal. Cuando el son et lumière show terminó, las luces se apagaron y quedamos a oscuras durante unos 3-4 minutos. Entonces, de repente, una explosión. Una fantástica exhibición de fuegos artificiales iluminó el cielo enviando escalofríos a unas pocas personas que pensaron que era un ataque terrorista. Bueno, esto se prolongó durante unos minutos y aún las luces no se encendían. En este punto, todo el mundo se preocupó. Corrí rápidamente a la sala de control, mientras que los fuegos artificiales explotaban por encima de mí. El hombre responsable de las luces era un trabajador común y corriente. Estaba de pie fuera de su habitación tan abrumado por el espectáculo que se había olvidado de cambiar de nuevo las luces. Bueno, tuve que arreglarlo".


Los fuegos artificiales fueron un final espectacular para una noche única. En un estado de ánimo radiante, todos los invitados siguieron a sus anfitriones de vuelta a las tiendas, donde la noche llegó a su fin entre relajados tête-à-têtes. Fue, sobre todo, el reconocimiento de la inmensa labor e inestimable que el Sha había hecho por Irán en la década anterior.

Al día siguiente hubo un desfile de los ejércitos de los diferentes imperios iraníes que abarcaban dos milenios y medio, a cargo de 1.724 hombres de las fuerzas armadas de Irán, todos con trajes de época. Por la noche, una menos formal "tradicional fiesta persa" se llevó a cabo en el Salón de Banquetes como acto de clausura de los eventos de Persépolis. En el último día, el Sha inauguró en Teherán la Torre Shahyad (más tarde rebautizada como Torre Azadi después de revolución iraní) para conmemorar el evento. La torre era también sede del Museo de Historia Persa y allí se muestra el Cilindro de Ciro, que el Sha promovió como "la primera carta de derechos humanos en la historia". Como el cilindro era también el símbolo oficial de las celebraciones, el primer discurso del Sha en la tumba de Ciro elogió la libertad que había proclamado, dos milenios y medio antes. Los festejos concluyeron con el Sha homenajeando a su padre, Reza Shah Pahlavi, en su mausoleo.


Las festividades reunieron a los gobernantes de dos de las más antiguas monarquías existentes, el Sha de Irán y el Emperador de Etiopía. A finales de la década, ambas monarquías habían dejado de existir. Orson Welles dijo entonces: "Esta no fue la fiesta del año, fue la celebración de 25 siglos!"

Crítica

En retrospectiva, el evento puede ser considerado como el canto del cisne de la monarquía iraní. Se puede decir que fue el más notable acontecimiento social internacional del siglo XX involucrando realeza y jefes de estado. Los festejos fueron criticados por su prodigalidad y se opinó que el dinero podría haber sido mejor gastado para la prestación de servicios sociales. Estas críticas fueron expresadas en la prensa occidental y por el radical Khomeini en el exilio y sus seguidores -Khomeini lo llamó el "Festival del Diablo." Se dijo los gastos llegaron a los $ 200 millones, mientras que el Ministerio de la Corte fijó el costo en $ 17 millones de dólares.

Treinta años después, uno de los organizadores del evento, el Sr. Ansari, dijo acerca de los costos: "Ciento sesenta millones de tomans, que era alrededor de $ 22 millones de dólares en esos días. Un tercio del dinero fue recaudado por los industriales iraníes para pagar por todas las festividades. Otro tercio fue con cargo al presupuesto del Ministerio de la Corte para pagar por la Tent City. El resto del dinero provino del presupuesto original bajo el senador Amir Homayoun, el cual había invertido en 1960 y fue para la construcción de la torre Shahyad. Los fondos restantes por valor de 1,6 millones de dólares fueron, por orden de Su Majestad, destinados a la construcción permanente de una mezquita en Qom, que al terminarse iba a recibir el nombre del fallecido Ayatollah Boroujerdi, el líder chiíta más prominente en el mundo."


La cifra real es difícil de calcular con exactitud y es un asunto partidista. Los defensores de las actividades señalaron otros beneficios tales como la apertura de 3.200 escuelas, mejoras en infraestructura turística y el efecto positivo en las relaciones públicas internacionales de Irán. El caso fue denunciado oficialmente después de la revolución iraní.

Críticos del régimen afirmaron que el evento destacó la pérdida de contacto de Mohammed Reza Shah con el público en general, que el Sha era demasiado laico, no islámico y occidentalizado y que su huida del papel del Islam en Irán alienó a la población desde el régimen, la que comenzó a ver el Sha como un títere de Occidente, tratando de impresionarlo y cortejándolo occidentalizando Irán. El costo del evento añadió la impresión de que el régimen era autoritario y no se preocupaba por su pueblo.

Los partidarios del régimen, por su parte, sostienen que es bastante extraño que la tumba del más duro crítico de las celebraciones, el Ayatollah Khomeini, que logró derrocar al Shah, le costaría a Irán cinco veces más que las celebraciones. Y numerosos ejemplos occidentales podrían ser dados como dinero gastado sin un objetivo digno de mención. Por lo menos el dinero gastado en Persépolis tuvo un propósito: proporcionar la entrada de Irán de nuevo a la escena mundial como una nación vital y la gestión de inversiones necesarias para el desarrollo de la economía iraní.
La Torre Shahyad, en Teherán, sede del Museo de Historia Persa