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martes, 3 de abril de 2012

El guardarropa de la Reina Virgen

Comenzamos en este mes de abril, mes de cambio de estación –primavera en el Hemisferio Norte, otoño en el Hemisferio Sur-, una serie atractiva para todos aquellos que gustan de la moda y el estilo. Hurgaremos en los armarios de las royals célebres, reinas y princesas desde el siglo XVI al XXI y hasta una invitada especial sin sangre azul, pero la que más se aproxima al concepto de realeza para Norteamérica: la mítica Jackie O.


Isabel I de Inglaterra, a menudo conocida como La Reina Virgen, Gloriana o La Buena Reina Bess, fue reina de Inglaterra e Irlanda desde el 17 de noviembre de 1558 hasta el día de su muerte, el 24 de marzo de 1603. Isabel fue la quinta y última monarca de la dinastía Tudor. Hija de Enrique VIII, nació como princesa, pero su madre, Ana Bolena, fue ejecutada cuando ella tenía tres años, con lo que Isabel fue declarada hija ilegítima. Sin embargo, tras la muerte de sus medio hermanos Eduardo VI y María I, Isabel asumió el trono.

Isabel con vestiduras de coronación: el manto de tela de oro está sembrado con las rosas Tudor y forrado de armiño


La reina Isabel tenía una extraña habilidad para usar cualquier situación para su beneficio político y su imagen no fue una excepción. Era muy consciente de su apariencia personal y sabía que sus actos y su imagen juntos formaban su identidad, lo cual en conjunto se convertiría en un símbolo para la empresa completa de Inglaterra. Su imagen estaba cuidadosamente trabajada para impresionar y transmitir riqueza, autoridad y poder, tanto en su tierra como en el extranjero. A medida que su reinado avanzaba, también debía vestirse para la parte de diosa virginal en que se había convertido y transmitir confianza para el crecimiento de la nación. Su guardarropa estaba lleno de vestidos de rica fabricación adornados con joyas y elaborados detalles, lo cual era francamente imponente y hablaba enormemente acerca de su riqueza y su estatus.



1560: Isabel usa la “bolsa” de su capucha francesa sobre la frente como un bongrace o sombra.


El vasto vestuario de Isabel I es legendario: en su propia época algunos de los vestidos ricamente bordados eran mostrados con otros tesoros para deslumbrar a los visitantes extranjeros de la Torre de Londres. La cantidad de ropa registrada en los inventarios tomados en el año 1600 parece sugerir pura vanidad, pero una encuesta de la labor llevada a cabo en Wardrobe of Robes durante todo el reinado muestra una imagen diferente. Es una cuidada organización y economía.



1563


La auto-elaboración de la imagen de la reina implicó, literalmente, el uso de la "moda". Ella vestía para ser vista; sus ricas vestiduras y joyas hacían una declaración acerca de su poder como gobernante femenino y sobre la estabilidad y la fuerza de su nación. Su impacto era notado especialmente por los visitantes extranjeros en la corte. Los alemanes hablaban de su "túnica roja entretejida con hilos de oro" y su vestido "de satén blanco puro, bordado en oro". Un francés reportó sobre "una cadena de rubíes y perlas alrededor de su cuello" y sus brazaletes de perlas, "seis o siete filas de ellos."



1570


Isabel también exigía un sentido del estilo a todos aquellos que la rodeaban y sus cortesanos gastaban grandes sumas de dinero en su vestuario con el fin de atraer la atención de la soberana e impresionarla. El vestido era un medio de mostrar la jerarquía social e Isabel creía que la vestimenta debía adecuarse, pero no exceder, el rango de una persona. Era así que la reina debía vestir de manera más magnífica que todos los demás. A nadie se le permitía competir con la apariencia de la soberana y una dama de honor desafortunada fue reprendida por usar un vestido que era demasiado suntuoso para ella. Las camareras estaban destinadas a complementar la apariencia de la reina, no a eclipsarla.


Isabel de blanco

En los últimos años del reinado, las damas de la reina llevaban vestidos de colores lisos, como blanco o plateado. La reina, en cambio, tenía los vestidos de todos los colores, pero blanco y negro fueron sus colores favoritos, ya que simbolizaban la virginidad y la pureza, por lo que más a menudo llevaba un vestido de esos colores. Los vestidos de la reina estaban magníficamente bordados a mano con todo tipo de hilos de colores y decorados con diamantes, rubíes, zafiros y todo tipo de joyas.


Isabel de blanco y negro

La apariencia de Isabel hacía hincapié en su rango como jefe de Estado y de la Iglesia y el uso de vestidos ricos, pieles de marta, bordados de oro o perlas y todo tipo de oropeles estaba marcado por restricciones legales. Las llamadas “Leyes Suntuarias” habían sido publicadas originalmente por Enrique VIII y continuaron bajo Isabel I hasta 1600. Fueron promulgadas para imponer el orden y la obediencia a la Corona y para permitir la evaluación del status de un vistazo.



1575

Al igual que todas las mujeres aristocráticas isabelinas, la reina normalmente usaría una camisa, un corsé rígido con madera o hierro, una enagua, un guardainfante, medias, una toga, mangas y gorgueras en cuello y muñeca. Con el descubrimiento del almidón, las gorgueras se hicieron aún más elaboradas. Para completar su apariencia, la reina llevaría accesorios tales como un abanico, un pomo para evitar malos olores, aretes, un collar de diamantes o perlas, un broche y un reloj. Robert Dudley le regaló un reloj encastrado en un brazalete, el primer reloj de pulsera conocido en Inglaterra. Al igual que otras mujeres, ella también solía llevar un Libro de Plegarias en miniatura adjunto a su cinturón.


Para el aire libre, Isabel usaba ricas capas de terciopelo, guantes de tela o cuero y, en un clima cálido, protegía su pálido rostro del sol con sombreros de todas clases. Para cabalgar o cazar se ponía trajes de montar especiales que le dieran facilitad de movimientos y botas hasta la rodilla.


1580


Como el amor de Isabel por la ropa y la joyería se convirtió en conocimiento público, se incrementaron los regalos que recibía en Año Nuevo en este sentido. Por ejemplo, el 1º de enero de 1587, la reina recibió más de 80 piezas de joyería, incluso magníficas joyas de parte de sus muchos pretendientes. Del inventario compilado por Mrs. Blanche Parry, en su retiro en 1587 como dama de cámara de Isabel, sabemos que la reina tenía en ese momento 628 piezas de joyería.


1583


Esta entrega de regalos ayudó con los gastos de mantenimiento de su espléndido vestuario, al igual que la práctica de alterar prendas con nuevas mangas, corpiños o collares para actualizarlos. Poco del vestuario total de Isabel ha sobrevivido: vestidos y accesorios fueron reciclados, reutilizados, dados como regalos o usados como pago a las damas de su servicio. Sin embargo, cuentas detalladas del Guardarropa Real fueron mantenidas, detallando el tipo, la cantidad y los costos de la tela comprada, los proveedores utilizados y el tipo de prenda producida. A su muerte, más de 2000 trajes se registraron en guardarropa de Isabel. Estas cuentas y retratos de la época han proporcionado gran parte de la información disponible hoy sobre el vestuario isabelino.


1585


Como la mujer más poderosa de la nación, el gusto de Isabel establecía el ‘look’ del momento, sobre todo para la aristocracia. Este estilo se desarrolló a lo largo de su reinado, desde las elegantes y sobrias líneas de moda en su juventud hasta las cinturas estrechas, mangas hinchadas, gran engolado y amplio vuelo de faldas de sus últimos años. La influencia de Isabel se extendió más allá de la ropa femenina. En su reinado temprano, la moda masculina era muy similar a la que había sido bajo su padre y su hermano, favoreciendo una silueta ancha y cuadrada con capas de ropa hechas de ricas telas. Como el vestuario de Isabel se convirtió en más opulento y elaborado, con una silueta más y más exagerada, pasó lo mismo con sus cortesanos. Los hombres usaban corsés para tener una cintura ceñida y rellenaban los dobletes, lo que les hacía un vientre en punta, como un guisante en una vaina.


1587: las vestiduras de terciopelo rojo y el manto forrado de armiño constituyen el atuendo del Parlamento.

El ideal isabelino de la belleza era el pelo rubio, la tez pálida, ojos brillantes y labios rojos. Isabel era alta y llamativa, con la piel pálida y cabello rojo-dorado. Ella exageraba estas características, especialmente cuando envejecía, y otras mujeres trataban de emularla. Un cutis de alabastro simbolizaba riqueza y nobleza (indicando que uno no tenía que trabajar bajo el sol) y las mujeres se esforzaban mucho para lograr este look. La base blanca más popular, llamada albayalde, era hecha de plomo blanco y vinagre. Eran utilizados brebajes para blanquear las pecas y tratar manchas con ingredientes que incluían azufre, trementina y mercurio. Estos ingredientes tóxicos se hicieron sentir con el uso, dejando la piel “gris y arrugada”, como señaló un comentarista contemporáneo. Para combatir esto, la piel era glaseada con clara de huevo cruda para producir una superficie lisa y dura como el mármol.

Venas falsas eran pintadas con frecuencia sobre la piel para resaltar su “transparencia” y el bermellón (sulfuro de mercurio) era la opción más popular para colorear de rojo los labios. Altas y estrechas cejas arqueadas y una alta línea capilar requería mucho punteo y los ojos se iluminaban con gotas de jugo de belladona y delineaban con kohl (antimonio en polvo).


1588


La reina nunca estaba completamente vestida sin su maquillaje. En los primeros años de su vida usaba poco, pero después de su ataque de viruela en 1562, se pondría bastante para ocultar las cicatrices en su rostro. Seguía la moda: se pintaba la cara con albayalde, se ponía bermellón en los labios y cubría sus mejillas con colorante rojo y clara de huevo. Este maquillaje era muy malo para su salud, en particular el blanco de plomo, que lentamente envenenaba el cuerpo.



1589

El cabello rizado y rojo de Isabel presentaba otro desafío, con muchas recetas de tintura y blanqueo aportadas por mujeres que trataban de obtener el mismo look. Las pelucas rojas se convirtieron en la alternativa popular, que Isabel también tuvo que usar. Cuando Isabel envejeció, su legendario gusto por los dulces le tendió una trampa, provocando que sus dientes decayeran hacia las caries. Mientras que los isabelinos trataban de cuidar sus dientes y sabían que para mantenerlos limpios había que mantenerlos sanos, no tenían cuidado dental muy sofisticado y los dientes se pudrían. Como consecuencia de ello, Isabel tuvo que eliminar varios dientes a medida que fue madurando y para prevenir la aparición de las mejillas hundidas, metía trapos en su boca. Su influencia en aquel momento era tan omnipresente que algunas mujeres incluso fueron tan lejos hasta ensombrecer sus dientes para imitar su apariencia!.



1590


1592



1592


1600

domingo, 21 de marzo de 2010

Los Ducados reales (II)

York


El título de Duque de York es, desde el siglo XV, otorgado al segundo hijo del monarca británico. Desde su segunda creación (1474), ninguno de los titulares lo heredó a su descendencia: todos murieron sin herederos masculinos o se convirtieron en reyes.

El actual Duque es el Príncipe Andrew, segundo hijo de Elizabeth II, quien no tiene herederos masculinos y (desde su divorcio en 1996) no se ha casado nuevamente.


Estandarte del Duque de York
Historia

El título de Duque fue creado por primera vez en la Nobleza de Inglaterra para Edmundo de Langley, cuarto hijo sobreviviente de Edward III, en 1385. Su hijo Edward de Norwich, quien heredó el título, fue muerto en la batalla de Agincourt en 1415 y el título pasó a su sobrino Richard, hijo de Richard de Conisburgh, 3º Conde de Cambridge (quien había sido ejecutado por complotar contra el rey Henry V). El joven Richard Plantagenet manipuló para obtener la restauración del título, pero cuando su hijo mayor, que heredó el título, se convirtió en Edward IV en 1461, el Ducado se fusionó a la Corona.

La segunda creación del Ducado de York fue para Richard de Shrewsbury, segundo hijo de Edward IV. Richard fue uno de los “príncipes en la Torre” y, como murió sin herederos, el título se convirtió en extinto.


Edward V de Inglaterra y su hermano Richard de Shrewsbury, Duque de York, prisioneros en la Torre de Londres (1483)


La siguiente creación fue en 1494 para Henry Tudor, segundo hijo de Henry VII. Cuando su hermano mayor Arthur, Príncipe de Gales, murió en 1502, Henry pasó a ser heredero al trono y finalmente se convirtió en el rey Henry VIII. Sus títulos se fusionaron entonces a la Corona. En 1605 Charles Stuart, segundo hijo de James I, obtuvo el título, que fue creado por cuarta vez. Cuando su hermano mayor, Henry Frederick, Príncipe de Gales, murió en 1612, Charles se convirtió en heredero. Fue creado Príncipe de Gales en 1616 y subió al trono como Charles I en 1625, fusionándose otra vez el título a la Corona.


La quinta creación fue en favor de James Stuart, segundo hijo de Charles I, en 1633. La ciudad y el estado de Nueva York en lo que es hoy Estados Unidos de América fueron bautizados por este Duque de York en particular. Cuando su hermano mayor, Charles II, murió sin herederos, James le sucedió en el trono como James II y el título, una vez más, se fusionó a la Corona.

Príncipe James, Duque de York (futuro James II), 1684


A principios del siglo XVIII, el reclamante jacobino al trono, James Francis Edward Stuart, el Viejo Pretendiente, hijo de James II, otorgó el título “Duque de York” (en la nobleza jacobina) a su propio segundo hijo, Henry Benedict. Su hijo mayor, Charles, era llamado el Joven Pretendiente y Bonnie Prince Charlie, y su hijo menor, que se convirtió en cardenal católico romano, era conocido como el Cardenal Duque de York. Para los jacobinos, eran los reyes James III, Charles III y Henry IX, respectivamente (desde esta perspectiva, la creación del título se fusionó a la Corona con la muerte de Charles sin descendencia legítima y la sucesión de Henry a sus derechos).


Duques de York y de Albany


Luego de la Unión de Gran Bretaña en 1701, los reyes Hannoverianos gustaban de otorgar títulos dobles (uno por cada país constituyente del Reino) para enfatizar la unidad.

Durante el siglo XVIII el Ducado de York y Albany fue creado varias veces en la Nobleza de Gran Bretaña. Primero lo llevó el Duque Ernest Augustus de Brunswick-Lüneburg, Obispo de Osnabrück, hijo menor de George I de Gran Bretaña en 1714; éste moriría sin herederos. La segunda creación fue para el Príncipe Edward, hijo menor de George III, quien también murió sin herederos, no habiéndose casado nunca.


Príncipe Edward, Duque de York y de Albany (1764)


La tercera y última creación, en 1784, fue para el Príncipe Frederick Augustus, segundo hijo de George III. Sirvió como Comandante-en-Jefe de la Armada Británica por muchos años y fue el original "Grand old Duke of York" de la rima popular. Tampoco tuvo descendencia y el título se extinguió en 1827.


Duques de York


En 1892 se produjo la sexta creación del Ducado de York, esta vez para el Príncipe George de Gales, segundo hijo de Albert Edward, Príncipe de Gales (el futuro Edward VII). Fue creado Duque de York luego de la muerte de su hermano mayor, Príncipe Albert Victor, Duque de Clarence. El título se fusionó a la Corona cuando George sucedió a su padre como George V.



Príncipe George de Gales, Duque de York (1893)


En una séptima creación del título, en 1920, fue investido el Príncipe Albert, segundo hijo de George V y hermano menor del futuro Edward VIII. Albert subió inesperadamente al trono cuando su hermano abdicó y tomó el nombre de George VI. El ducado revirtió a la Corona nuevamente.


La más reciente creación fue para el Príncipe Andrew, segundo hijo de Elizabeth II, antes de su boda en 1986. Hasta hoy, solo tiene dos hijas. Así, si no tuviera hijos varones, el título se extinguiría a su muerte. Si la tradición de otorgar el título al segundo hijo del monarca continuara, sería concedido al Príncipe Henry de Gales, segundo hijo del Príncipe Charles. Los títulos se otorgan tradicionalmente en el momento del matrimonio y si la boda de Harry se produjera antes de la muerte del Príncipe Andrew, se le concedería presumiblemente otro título (como Cambridge o Sussex), reservándose York para un futuro uso.



El Príncipe Andrew, actual Duque de York


Además, la diferencia de edad entre los Príncipes Andrew y Charles reduce la posibilidad de que el título estuviera disponible para que Charles lo concediera si llegara a ser rey.


Los Ducados de York, Cornwall, Lancaster, Clarence y Gloucester componen el grupo original creado entre 1337 y 1385. El Príncipe Charles es el Duque de Cornwall; la Reina es el Duque de Lancaster y su primo el Príncipe Richard es el Duque de Gloucester. El único de estos títulos actualmente inexistente es Clarence, cuyo último titular fue el nieto de la reina Victoria fallecido en 1892.


Reencuentro familiar en 2006: El Duque de York, Sarah, Duquesa de York y las Princesas Beatrice y Eugenie de York


viernes, 12 de marzo de 2010

Los Consortes reales


  • Las esposas de los monarcas británicos reciben el título de Reina Consorte del Reino Unido. Anteriormente la esposa del rey de Inglaterra era llamada Reina Consorte de Inglaterra. Todas las esposas de rey han sido Reina Consortes, mientras que el único Rey Consorte fue Felipe II de España, rey con autoridad de nombre, pero no de hecho. Los otros tres consortes varones han sido llamados de distintas maneras que se indicarán en la siguiente lista.
Reina consorte en vestimenta de coronación
(Adelaida, esposa de Guillermo IV, en su coronación en Westminster Abbey, 8 de setiembre de 1831)


Evolución del título
  1. En 1031 Guillermo el Conquistador contrae matrimonio con Matilde de Flandes, la primera en ostentar el título de Reina Consorte de Inglaterra.
  2. Durante el reinado de Enrique VIII, el señorío de Irlanda se convirtió en Reino, siendo la consorte Reina Consorte de Inglaterra e Irlanda.
  3. La muerte de la reina Isabel I (Casa de Tudor) sin descendencia, provocó el acceso al trono de Jacobo I (Casa de Estuardo), hijo de María Estuardo, que era también rey de Escocia como Jacobo VI, siendo la esposa Reina Consorte de Inglaterra, Escocia e Irlanda.
  4. Durante el reinado de Ana I, se firmó el Acta de la Unión (1707), que unía a las coronas de Inglaterra y Escocia, convirtiéndose en el Reino de Gran Bretaña, dándosele al consorte el título de Reina Consorte de Gran Bretaña, que estaría vacante hasta el reinado de Jorge II.
  5. La muerte de la reina Ana (Estuardo) provocó que heredara su pariente más cercano protestante, Jorge I (Casa de Hannover), también rey de Hannover.
  6. Durante el reinado de Jorge III, se unieron las coronas de Gran Bretaña e Irlanda, que pasaron a conformar el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, y la consorte pasó a llamarse Reina Consorte del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda.
  7. La muerte de Guillermo IV del Reino Unido significó la separación de Hannover, en el que existía la Ley Sálica, quedando el Reino Unido para Victoria I y Hannover para Jorge V.

La Diadema de Diamantes de George IV (1820)

Consortes de Inglaterra
  • Matilda de Flandes (1031-1083), esposa de Guillermo I
  • Edith de Escocia (1080-1118), esposa de Enrique I
  • Adela de Louvain (1103-1151), esposa de Enrique I
  • Matilda de Boulogne (1105-1152), esposa de Esteban I
  • Leonor de Aquitania (1122-1204), esposa de Enrique II
  • Berenguela de Navarra (1165-1230), esposa de Ricardo I
  • Isabel de Angulema (1187-1246), esposa de Juan I
  • Leonor de Provenza (1223-1291), esposa de Enrique III
  • Leonor de Castilla (1241-1290), esposa de Eduardo I
  • Margarita de Francia (1275-1317), esposa de Eduardo I
  • Isabel de Francia (1292-1358), esposa de Eduardo II
  • Felipa de Henaut (1311-1369) esposa de Eduardo III
  • Ana de Luxemburgo (1366-1394), esposa de Ricardo II
  • Isabel de Valois (1387-1409), esposa de Ricardo II
  • Juana de Navarra (1370-1437), esposa de Enrique IV
  • Catalina de Francia (1401-1437), esposa de Enrique V
  • Margarita de Anjou (1430-1482), esposa de Enrique VI
  • Isabel Woodville (1437-1492), esposa de Eduardo IV
  • Ana Neville (1456-1485), esposa de Ricardo III
  • Isabel de York (1466-1503), esposa de Enrique VII
  • Catalina de Aragón (1485-1536), primera esposa de Enrique VIII
  • Ana Bolena (1501-1536), segunda esposa de Enrique VIII
  • Jane Seymour (1507-1537), tercera esposa de Enrique VIII
  • Ana de Cleves (1515-1557), cuarta esposa de Enrique VIII
  • Catalina Howard (1520-1542), quinta esposa de Enrique VIII


Catalina de Aragón, reina consorte de Inglaterra

Consortes de Inglaterra e Irlanda
  • Catalina Parr (1512-1548), sexta y última esposa de Enrique VIII.

Consortes de Inglaterra, Escocia e Irlanda
  • Ana de Dinamarca (1574-1619), esposa del rey Jacobo VI de Escocia y I de Inglaterra.
  • Enriqueta María de Francia (1609-1669), esposa de Carlos I.
  • Catalina de Braganza (1638-1705), esposa de Carlos II.
  • María de Módena (1658-1718), esposa de Jacobo II.

Consortes de Gran Bretaña e Irlanda
  • Carolina de Brandenburgo-Ansbach (1683-1737), esposa de Jorge II.
  • Carlota de Mecklenburgo-Strelitz (1744-1818), esposa de Jorge III.

Consortes del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda

  • Carlota de Mecklenburgo-Strelitz (1744-1818), esposa de Jorge III.
  • Carolina de Brunswick-Wolfenbüttel (1768-1821), esposa de Jorge IV.
  • Adelaida de Sajonia-Meiningen (1792-1849), esposa de Guillermo IV.
  • Alejandra de Dinamarca (1844-1925), esposa de Eduardo VII.
  • María de Teck (1867-1953), esposa de Jorge V.
  • Isabel Bowes-Lyon (1900-2002), esposa de Jorge VI.

Carolina, reina consorte del Reino Unido (1820)


Príncipes

Los esposos de reinas británicas que por alguna razón no fueron reyes consortes son:


Consorte de Gran Bretaña e Irlanda

  • Jorge de Oldenburgo (1653-1708), esposo de la reina Ana de Gran Bretaña.

Consorte del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda

  • Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha (1819-1861), consorte de Victoria I del Reino Unido.

1º de mayo de 1851: La reina Victoria sostiene a su hijo, el Príncipe Arthur, mientras el Duque de Wellington le presenta un obsequio y detrás, protector, aparece Alberto, Príncipe Consorte.



Consorte del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte
  • Felipe de Edimburgo, actual Príncipe Consorte (1921 - ), esposo de la reina Isabel II.

Reyes

Sólo hubo un hombre, esposo de una soberana británica, que ostentó el título de rey consorte:

Consorte de Inglaterra e Irlanda

  • Felipe I de Inglaterra, esposo de la reina María la Sanguinaria, que fue también llamado El Prudente (1527 – 1598), fue Rey de España, de Nápoles y Sicilia y de Portugal y las Algarves (como Felipe I), realizando una ansiada Unión Ibérica que duró 60 años.



Felipe, Príncipe de Asturias, futuro consorte de María I Tudor y luego Rey de España como Felipe II (1551)



Remembranza de una Consorte: la Reina Mary

El elemento importante del reinado de George V fue la presencia de la extraordinaria reina Mary. Desde el comienzo de sus funciones, ésta se aboca a la tarea de redecora
r Buckingham Palace, de restaurarlo según su propio estilo, de eliminar los anacronismos, de anular el mal gusto. Ella amaba la unidad, la armonía y la belleza. Reunió la serie de muebles, cuadros y vajilla que se encontraba dispersa por doquier, barrió con las palmeras enanas, con las colgaduras de felpa roja, con los bronces informes; arregló los suntuosos baños y alentó a su hijo para que instalara la calefacción central. Fue realmente célebre su colección de objetos de arte.


Su estilo personal era eterno: durante los últimos cuarenta años de su vida vistió casi de la misma manera, trajes de noche adornados con abalorios, chaqueta y falda sastre, zapatos de punta larga y una sombrilla arrollada, con una gran toca puesta en lo alto del peinado haciendo las veces de corona. Este aspecto propio que cultivó servía de modelo para todo el tiempo, siendo bueno lo mismo para el sol que para la lluvia. Dondequiera que se la veía, su fina silueta sólida y pulcra indicaba la presencia de la realeza.


No contenta con apoyar al rey con su devoción absoluta, la reina Mary dio muestras de verdadero genio para hacer brillar la monarquía británica. Durante la Primera Guerra Mundial, decidió con su esposo que la corte renunciaría al alcohol “mientras duraran las hostilidades”. El rey difícilmente podía prescindir de su whisky con soda, pero la omnipresencia de la reina Mary le obligaba a no sucumbir. Un sacrificio muy comentado por la prensa: nadie podía imaginar tal renunciamiento, que los soberanos vivieran en el lujo mientras el pueblo debiera abstenerse.


Bajo la influencia de la soberana, la monarquía hizo una religión del deber y la devoción. Fatigándose a la cabecera de los heridos, Mary obligaba a las otras mujeres de la familia a seguir su ejemplo, de tal modo que una de ellas acabó por quejarse: “Estoy cansada y detesto los hospitales” y la reina replicó: “Usted pertenece a la familia real de Inglaterra. Nosotros jamás nos fatigamos y en verdad amamos todos los hospitales”.


Sin embargo, como lo ha hecho notar un biógrafo, “tanta devoción que ella mostró hacia el mito de la monarquía británica y a la persona sagrada del rey, jamás logró resolver un problema crucial: sus relaciones con sus hijos. El hijo mayor y heredero del rey refutaba casi todos los valores defendidos por sus padres, hasta tal punto que su breve y agitado reinado de 325 días causó la más grande crisis que jamás afrontó la casa de Windsor…”


miércoles, 25 de noviembre de 2009

Casa Tudor


La Dinastía Tudor gobernó Inglaterra desde 1485 hasta 1603. Su emblema era una rosa, la rosa Tudor, de ocho pétalos, cuatro blancos al centro y cuatro rojos en el borde exterior. De esta forma se simbolizaba la unión de la Casa de York con la Casa de Lancaster y el fin de la guerra civil que ensangrentó la historia inglesa durante el siglo XV.


Su historia esta entrelazada con los acontecimientos más importantes y dramáticos de la historia moderna de Europa y del mundo, pues bajo su gobierno comenzó la exploración inglesa de América. Por ello se la considera como la familia real inglesa más famosa y controvertida. Son un ejemplo de las monarquías autoritarias con las que compitieron y se relacionaron en el escenario de la Europa occidental del Antiguo Régimen.

El castillo de Hampton Court, residencia real durante el siglo XVI


Los reyes Tudor fueron:


  • ENRIQUE VII que reinó de 1485 a 1509, puso fin al a guerra civil de las Dos Rosas venciendo a Ricardo III en la batalla de Bosworth Field. Su consorte fue Isabel de York.


  • ENRIQUE VIII que reinó de 1509 a 1547. Tuvo seis esposas: Catalina de Aragón, Anne Boleyn, Jane Seymour, Ana de Cleves, Catherine Howard y Katharine Parr. Fue famoso por esto, ya que varias de ellas convivieron con él al mismo tiempo, luego de que al divorciarse las adoptase como hermanas. Este fue el caso de la primera, Catalina de Aragón, y de la cuarta Ana de Cleves. A otras, en cambio, como la segunda y la quinta, primas ambas, las hizo decapitar por adúlteras. Sólo la tercera y la sexta murieron como reinas.

  • EDUARDO VI que reinó de 1547 a 1553.



  • JUANA I que reinó una semana en 1553. Lady Jane Grey era hija de una sobrina de Enrique VIII y por lo tanto bisnieta de Enrique VII.


  • MARIA I que reinó de 1553 a 1558. Fue la segunda esposa de Felipe II, rey de España.



  • ISABEL I que reinó de 1558 a 1603. Conocida como “la reina virgen”, le dio gran poderío a Inglaterra, por lo que su período de gobierno fue llamado Era Isabelina. Las tierras descubiertas por los ingleses en América recibieron por ella el nombre de Virginia.