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martes, 29 de marzo de 2011

Las residencias de la nobleza: palacios urbanos

A finales de siglo XVIII tuvo lugar en Madrid un cambio en la estructura residencial de la nobleza. Aunque siguieron en ellos los nuevos gustos de la monarquía borbónica que comenzó su reinado levantando el Palacio Real en el lugar donde se había erigido el antiguo Alcázar.


Hasta entonces los nobles de la capital española habían ocupado viejos caserones de presencia exterior más bien austera, que no correspondía con el magnífico lujo del interior, sus vajillas de plata, sus colecciones de cuadros y objects d’art. La construcción de nuevas casas no se había llevado a cabo, porque dentro del casco urbano no existía el espacio suficiente, ni las condiciones urbanísticas apropiadas, ya que predominaban las calles estrechas y laberínticas.


El antiguo palacio de Uceda, luego de Medinaceli, junto a la plaza de Colón, entre el Paseo de Recoletos y la calle de Génova.


Por eso cuando comenzó a llegar el gusto francés por los palacetes elaborados y grandes jardines, no quedó más remedio que buscar grandes solares en la periferia de la ciudad, que permitieran desarrollar el tipo de vivienda que la aristocracia demandaba. Se concentraron principalmente en la zona oriental y occidental, coincidiendo con la vecindad del Palacio Real y el del Buen Retiro. Los palacios de Liria, Buenavista, Villahermosa y Osuna son buenos ejemplos de ello. Pero también se buscaron lugares cercanos a monasterios y conventos prestigiosos (San Andrés), o a las rutas oficiales por donde pasaban los reyes en sus desplazamientos.


Hubo tres momentos a lo largo del siglo XIX, que podrían indicarnos la relación entre la construcción de palacios y la clase social que los ocupaba. El primero se dio en la primera mitad del siglo XIX, entre 1800 y 1840, en el que la construcción de palacios estuvo protagonizada por la nobleza de cuna; el segundo en los decenios centrales del siglo, coincidiendo con el reinado de Isabel II, entre 1840 y 1868, en el que la aristocracia de nueva creación adquirió un creciente protagonismo, ejemplificado en la construcción del palacio del marqués de Salamanca; y el tercero coincidiría con la Restauración borbónica, entre 1875 y 1900, representado por la alta burguesía ennoblecida, un ejemplo claro es el palacio de Linares . A la vez estos tres periodos se corresponderían con la secuencia de construcción Palacio-Palacete-Hotel.


Aires de palacio real: el Palacio de Liria, actual residencia de los Alba en la Calle de la Princesa


De los grandes palacios concebidos al modo tradicional y habitados por la antigua nobleza, estaban el de Villafranca, el de la Alameda de Osuna o el de Liria, junto a la Puerta de San Bernardo en el límite de la ciudad. Propios de la nobleza surgida gracias al dinero, los del marqués de Salamanca en Recoletos y el de Gaviria, ambos de influencia italiana. Poco más tarde, de influencia francesa, destacó el palacio del duque de Uceda en la plaza de Colón, o el de Portugalete en la calle Alcalá.


Una vez hecho realidad el proyecto del ensanche, la nobleza pasó a contar con un barrio residencial propio donde estaba agrupada. Hasta entonces sus palacios habían estado más o menos dispersos por la ciudad. Y fue sobre este nuevo barrio donde el marqués de Salamanca proyectó la construcción de unos hoteles para la clase alta, que serían los antecedentes de las viviendas unifamiliares de la Ciudad Lineal y de la Ciudad Jardín.


El escudo familiar en el frontón del Palacio de Linares


Los palacios del XIX, a diferencia de los anteriores, mezclaba el lujo tanto interior como exterior. Las fachadas solían ser de ladrillo y piedra, formando con ello una combinación bicromática. En ellas se podían contemplar elegantes frisos, cornisas y portadas en las que se encajaban los escudos familiares. Avanzado el siglo, fueron apareciendo los balcones. Además, rodeaban el edificio enormes jardines con fuentes y pequeños estanques, limitados con formidables cerramientos que incluían monumentales puertas de entrada.


El interior de la residencia se dividía en tres plantas –que fueron aumentando con el tiempo- comunicadas por una suntuosa escalera principal: la planta baja donde se situaba la cocina, las caballerizas, las cocheras, y otros servicios, la planta principal, en la que se encontraban los salones donde se celebraban los actos sociales y las alcobas de los distintos miembros de la familia, alrededor de las cuales había antecámaras y gabinetes; el segundo piso, donde estaban los cuartos de criados. La división espacial que se creaba en el interior de estas lujosas casas, daba lugar a la aparición de microsociedades dentro de los palacios.


Los visitantes al Palacio de Liria ascienden una monumental escalera bajo cúpula, diseñada por Sir Edward Luytens durante una restauración a principios del siglo XX.


El lujo interior se reflejaba en espejos, pisos de mármol, tapices gigantescos, alfombras, cortinados dobles, papeles pintados en las paredes, frescos en los techos, vastas colecciones de pinturas, elaboradas lámparas de cristal, grandes ventanas que daban a los jardines, decoraciones al gusto mudéjar, grandes bibliotecas… Eso sí, sin perder nunca el estilo de vista francés que estaba en boga.


Escenarios de la vida social


La nobleza de viejo cuño sufría una crisis desde finales del siglo XVIII, especialmente, en el tránsito del Antiguo Régimen al Régimen Liberal. Crisis que tuvo que afrontar de diferentes modos. En este sentido, las pautas de comportamiento de la vieja nobleza iban a jugar un papel muy importante como manera de reafirmar su poder e influencia. Pero estas pautas no sólo venían determinadas por un sentimiento de amenaza respecto a su posición, sino que iban a dar una impronta propia a dicho grupo social a la vez que iban a servir de "modelo" a la nueva nobleza. Desde este punto de vista, la vida de sociedad tuvo una gran importancia como forma de mantener las viejas formas y perpetuar los complicados ceremoniales nobiliarios.


Despliegue de tapices en el salón comedor del palacio del Marqués de Manzanedo


Si bien a finales del siglo XIX -y hasta 1930 aproximadamente-, la mayor parte de la nobleza continuaba presente en la capital, la mayoría había perdido parte del poder político y económico, que en esos momentos tenía que compartir con la alta burguesía. Sin embargo, como respuesta a esa pérdida de poder, seguía monopolizando el poder social multiplicando fiestas y eventos. En aquella época, la principal dedicación de la nobleza era el ocio: las visitas, el paseo por Atocha y Recoletos, las fiestas palaciegas, las veladas de ópera en el Teatro Real. Aunque es verdad que, aunque a mediados del siglo XIX se produce un resurgir de los salones llevados por las aristócratas de cuño, su decadencia en relación al siglo XVIII es un hecho.


De esta manera, si bien la nobleza permitió el acceso a su ámbito de otros sectores sociales, dígase alta burguesía, lo hizo de una manera muy controlada y vigilada, es decir, que en cierto modo, puso resistencia a verse del todo sustituida por la nueva clase emergente. Así, incluso arruinada, hizo unos esfuerzos y sacrificios económicos con tal de mantener sus estatus social, no renunciando a su viejo modo de vida opulento y ostentoso.


Grupo de invitados a un baile de disfraces en el Palacio de Fernán Núñez


Dentro de los ámbitos de sociabilidad de la nobleza de Madrid, el salón fue considerado como el primer escenario de representación social y de la propia fusión con la alta burguesía, ya que ésta intentaba penetrar en los círculos aristocráticos y conseguir el ansiado ennoblecimiento, ya sea por favor o por medio del matrimonio. A este respecto, el salón fue un espacio de sociabilidad clave, ya que en él, además de albergar intrigas políticas o económicas, también sería escenario de intrigas amorosas. En estos momentos la estrategia matrimonial del grupo nobiliario consistía en maniobras a largo plazo, de fusiones con segundones, con la consiguiente creación de ramas familiares secundarias, buscando la consolidación de dicho grupo social. De ahí, que en definitiva, los salones dieron cobijo a la clase dirigente por excelencia, una clase que era producto de la fusión señalada.


La importancia de los salones y los bailes que en ellos se dieron, serán de capital importancia para la nueva nobleza porque le permitirá introducirse en el mundo aristocrático, en tanto en cuanto, ésta adoptó los usos y costumbres de la vieja aristocracia de sangre. Así, por ejemplo, los viejos palacios de la nobleza con un piso bajo de grandes ventanas enrejadas y otro piso alto, muy suntuosos por dentro y adornados con tapices y cuadros de gran valor, fueron sustituidos por los palacios burgueses, que trasladaron esa suntuosidad al exterior.


La elegante fachada del palacio de la Condesa de la Vega del Pozo


En cuanto a los bailes, algunos de ellos fueron celebrados en Palacio por la propia reina, Isabel II. Otros tuvieron lugar en los palacios de la alta aristocracia. Se trataba de unos bailes a los que podían asistir hasta cuatrocientas personas y su frecuencia era, si no diaria, al menos semanal. Según Azaña, en el invierno de 1849 a 1850, se dieron en las casas de la nobleza doscientos cincuenta bailes sin contar los de Palacio. Esto tenía lugar en un momento en que se reanudaba la vida de sociedad y llegaba la epidemia "que llaman pasión de riquezas, fiebre de lujo y de comodidades" que afectaba, sobre todo, a la nueva grandeza del comercio y del préstamo.


A este respecto, Guillermo de Cortázar ha señalado dos etapas en el comportamiento de la élite madrileña: la primera, que iría desde 1875 hasta el reinado de Alfonso XIII, caracterizada por la plena vigencia de los salones aristocráticos, la segunda desde 1914 a 1918, en la que tendría lugar la decadencia de estos salones y de una mayor aplicación y apertura de la élite. Así mismo tendría lugar un cambio en el espacio físico y urbano de Madrid, de tal manera que la construcción de los hoteles Ritz (1905) y Palace (1912) con sus respectivos salones, iban a permitir que esta élite se reuniera en ellos, a diferencia de la cerrada "vida de sociedad" de la época de la Regencia o del reinado de Alfonso XII.


El luminoso tocador de la Marquesa de Cerralbo, la Salita Imperio, que, al encontrarse junto al comedor de gala, servía para que las damas descansaran o se acicalaran después del almuerzo o la cena.



Pero volviendo al mundo de la vida social, cabe decir que asistía lo más granado de la juventud aristocrática, incluidos militares y oficiales de la Guardia. El cuerpo diplomático también estaba invitado y algunos embajadores como los de Rusia, Francia, Austria y Nápoles, incluso daban fiestas en sus propias residencias. Fernández de Córdova señala que hacia 1825, todos los domingos la duquesa de Osuna, condesa de Benavente, recibía "a la sociedad más selecta y escogida. Su base era el Cuerpo Diplomático extranjero y su propia familia". "La duquesa de la Roca era una señora de la primera Grandeza de España, daba los viernes bailes a donde era muy afortunado tener el privilegio de ir, pues escogía entre la juventud los más distinguidos". "Los sábados abrían los salones de la señora de Vallarino".


Otras señoras que cita son, por ejemplo, la duquesa de Benavente, la marquesa de Santa Cruz, la marquesa de Alcañices ("sin rival en la Corte"), Fernanda de Santa Cruz, condesa de Corres, la marquesa de Miraflores, la de Montelo, la condesa de Vilches (que solía acudir a la casa del conde de Ezpeleta), la duquesa de Castro Enriquez, etc. Es decir, que "las damas eran el principal ornamento de aquella sociedad".


Inés Francisca de Silva-Bazán y Téllez Girón, marquesa de Alcañices y duquesa de Alburquerque.


Pero quizás lo más destacado de estas reuniones eran el lujo y la suntuosidad que las presidían. Las señoras llevaban sus joyas más suntuosas y se ponían sus más elegantes vestidos. Fernández de Córdova recuerda en sus memorias a la condesa de Cervellón, "que apenas podía soportar el peso de los diamantes en su preciosa cabeza y sobre su elegante traje" y a la Infanta doña Luisa Carlota "radiante de hermosura y de riquísimas joyas, siendo las únicas que pudieron rivalizar en tal conjunto con la Princesa de Pastrana" (refiriéndose a la anfitriona de una fiesta celebrada los jueves en la embajada de Nápoles). En ellas incluso se daban conciertos a los que acudían los más importantes cantantes de ópera y artistas del momento y es que la nobleza tenía especial predilección por el mundo operístico, especialmente por la ópera italiana.


El suntuoso salón de baile del Palacio Cerralbo


sábado, 26 de marzo de 2011

Dos ducados singulares: Ciudad Rodrigo y Berwick

Los avatares de la legislación y regulación nobiliaria en Europa han llevado a que se produzcan casos especiales como éste, en el que un título español es portado por un ciudadano británico y un título británico es llevado por un ciudadano español.

Ducado de Ciudad Rodrigo

El Ducado de Ciudad Rodrigo es un título español que, acompañado por Grandeza de España de Primera Clase, fue conferido el 30 de enero de 1812, por el rey Fernando VII al General británico Arthur Wellesley, entonces 1r Vizconde Wellington, en recompensa por su importante victoria en el sitio de Ciudad Rodrigo, España, contra las fuerzas invasoras francesas. Es considerado un Título de victoria.


Bandera de Ciudad Rodrigo (Salamanca)


Además de sus victorias en España y Portugal contra los franceses, fue el que derrotó definitivamente a Napoleón I Bonaparte, en la batalla de Waterloo. Se le concedió también el título español de Vizconde de Talavera. Recibió, entre otros títulos del Reino Unido, el de Duque de Wellington, así como otros del reino de Portugal y de los Países Bajos.

Históricamente, este ducado español es portado por los descendientes del 1r Duque de Wellington que han llevado el título de Duque de Wellington. Sin embargo, hasta 2006, debido a los cambios en España sobre la sucesión nobiliaria, el título español pasó a los herederos primogénitos en general, independientemente del sexo, mientras que el título británico pasó a los herederos masculinos. Debido a esta diferencia, los títulos fueron separados en una ocasión: el Ducado de Ciudad Rodrigo pasó a la 7ª Duquesa de Ciudad Rodrigo (Anne Maud Rhys) y el Ducado de Wellington a su tío (Gerald Wellesley, 7º Duque de Wellington). Anne Maud Rhys, en consecuencia, cedió su título español al 7º Duque de Wellington; el resultado es que tanto el 7º como el 8º Duque de Wellington también llevaban el título de Duque de Ciudad Rodrigo. Esto cambió en 2010 por las razones que siguen.

El Castillo de Ciudad Rodrigo sobre la vega del río Águeda


Arthur Valerian Wellesley, 8º Duque de Wellington y 9º Duque de Ciudad Rodrigo, cedió el ducado español a su hijo mayor, Charles Wellesley, Marqués de Douro, y, de acuerdo al procedimiento español, el marqués hizo reclamo formal sobre el título con las autoridades españolas el 10 de marzo de 2010. El Rey Don Juan Carlos, a través de su embajador, otorgó la sucesión del ducado al Marqués de Douro por Decreto Real de 21 de mayo de 2010, confirmado en el Boletín Oficial del Estado con fecha de junio. En consecuencia, el Marqués de Douro es hoy 10º Duque de Ciudad Rodrigo y a la vez heredero aparente del título de Duque de Wellington.

A partir de tal Decreto Real, el heredero aparente al Ducado de Ciudad Rodrigo es el hijo mayor del 10º Duque, Arthur Wellesley, Conde de Mornington. Lord Mornington tiene gemelos: Lady Mae Madeleine Wellesley y Arthur Darcy Wellesley, Vizconde Wellesley. Dado el decreto de 2006 de las Cortes Generales de España cambiando la sucesión a primogenitura absoluta, el primero de los gemelos es el heredero aparente al título de Ciudad Rodrigo, independientemente del sexo.

El 1r Duque de Ciudad Rodrigo (1r Duque de Wellington)


Los Duques de Ciudad Rodrigo

1. Arthur Wellesley (1769–1852)
2. Arthur Richard Wellesley (1807–1884)
3. Henry Wellesley (1846–1900)
4. Arthur Charles Wellesley (1849–1934)
5. Arthur Charles Wellesley (Charlie ) (1876–1941)
6. Henry Valerian George Wellesley(Morney) (1912–1943)
7. Anne Maud Rhys (1910–1998), cedió el título a su tío en 1949
8. Gerald Wellesley (Gerry) (1885–1972), cedió el título a su hijo en 1968
9. Arthur Valerian Wellesley (n. 1915), cedió el título a su hijo en 2010
10. Arthur Charles Valerian Wellesley (n. 1945)


Ducado de Berwick

El Duque de Berwick-upon-Tweed es un título nobiliario inglés, referido a Berwick-upon-Tweed, en el condado de Northumberland y otorgado a James Fitz-James, hijo ilegítimo de Jacobo II de Inglaterra y Arabella Churchill, en 1687.


Armas de los Fitz-James Stuart, con los blasones de Francia, Inglaterra, Escocia e Irlanda. Cuando los duques de Berwick sucedieron en el ducado de Alba de Tormes, pusieron las armas de los Álvarez de Toledo en el cuarto cuartel en lugar del cuartelado repetido de Francia e Inglaterra.


Este título fue creado como par de Inglaterra y sólo se transmite vía masculina no pudiendo ser ostentado por mujeres, tal y como se estila con los títulos de Inglaterra. Generalmente en Inglaterra se considera que es un título perdido por cuanto el primer duque siguió al exilio a su padre natural, el rey Jacobo II de Inglaterra. Sin embargo, algunos han discutido esta pérdida pues nunca fue realizada correctamente, y por tanto consideran que el título sigue existiendo, actualmente en posesión del Duque de Peñaranda. Asociado a este título se encuentran los de Conde de Tinmouth y de Barón de Bosworth.

Los Duques en España

Felipe V imponiendo el Toisón de Oro al duque de Berwick


Durante casi trescientos años los duques de Berwick han vivido en España. Cuando Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó muere en 1953, su hija Cayetana aplicó para sucederlo en el título y correspondiente Grandeza de España, por lo que en España es reconocida como Duquesa de Berwick. Esto, bajo el amparo de la legislación española.

Sin embargo, a la muerte de Don Jacobo, y bajo legislación británica, el heredero del título de Duque de Berwick es su sobrino, Don Fernando Fitz-James Stuart y Saavedra, padre del actual Duque de Berwick Jacobo Hernando Fitz-James Stuart y Gómez.

Como consecuencia, luego de la muerte de Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, quedan dos títulos en existencia, uno bajo el amparo de Gran Bretaña y otro a parte en España (quiere decir que existe el título español de Duque de Berwick y el británico de Duque de Berwick). Esto se debe a que el título de Duque de Berwick sólo permite la sucesión masculina, por ende, en un principio, es el sobrino de Jacobo Fitz-James Stuart el heredero de este título y sus subsidiarios y legalmente se le llama Duque de Berwick. Sin embargo, la prima de este último, Cayetana Fitz-James Stuart, también hereda un título más bien nuevo, de naturaleza española, y será llamada Duquesa de Berwick y de acuerdo a sus títulos subsidiarios.


El Salón Estuardo del Palacio de Liria (residencia madrileña de los duques de Alba), con el retrato del Mariscal de Berwick, 1r Duque de Berwick, de Kneller.

Los Duques de Berwick-upon-Tweed

  1. James Fitz-James, 1er. Duque de Berwick-upon-Tweed (1670-1734)
  2. James Francis Fitz-James Stuart, 2º Duque de Berwick (1696-1738)
  3. James Francis Edward Fitz-James Stuart y Ventura Colón de Portugal, 3er. Duque de Berwick (1718-1785)
  4. Carlos Fernando Fitz-James Stuart y Silva Álvarez de Toledo, 4º Duque de Berwick (1752-1787)
  5. Jacobo Felipe Carlos Fitz-James Stuart y Stolberg-Gedern, 5º Duque de Berwick (1773-1794)
  6. Carlos Miguel Fitz-James Stuart y Fernández de Híjar-Silva, 7º Duque de Berwick (1794-1835)
  7. Jacobo Luís Francisco Pablo Rafael Fitz-James Stuart y Ventimiglia, 8º Duque de Berwick (1821-1881)
  8. Carlos María Isabel Fitz-James Stuart y Portocarrero Palafox, 9º Duque de Berwick (1849-1901)
  9. Jacobo María del Pilar Carlos Manuel Fitz-James Stuart y Falcó, 10º Duque de Berwick (1878-1953)
Sucesión como título español
  • María del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart y De Silva, 11ª Duquesa de Berwick (n. 1926)
Sucesión como título británico
  • Jacobo Hernando Fitz-James Stuart y Gómez, 12º Duque de Berwick (n. 1947)

La actual Duquesa de Alba, 11ª Duquesa de Berwick

miércoles, 9 de marzo de 2011

La Casa de Alba

La Casa de los Duques de Alba de Tormes (o Casa de Alba) tiene sus orígenes en la nobleza castellana del siglo XIV. La casa ducal debe su nombre al Ducado de Alba de Tormes, que está en posesión de la misma. Según afirma el padre Antonio Ossorio en su biografía sobre el Gran Duque de Alba, “nada reprochable ni vergonzoso ha habido en la Casa de Alba, en el transcurso de tantos siglos de existencia, sino el que, demasiado preocupada por la fama de su nombre, olvidóse por completo de acumular riquezas cuantiosas”. Visión no del todo verdadera.

Escudo actual de la Casa de Alba, desde la unión a los Fitz-James Stuart (con los emblemas de Inglaterra, Escocia e Irlanda).


La familia de los Álvarez de Toledo (originaria de Alba de Tormes) surge en la historia nobiliaria española al obtener en el siglo XIV los señoríos de Oropesa y Valdecorneja como recompensa por los servicios prestados al rey Enrique II de Castilla. Es decir, el origen de la fortuna de los Alvarez de Toledo estaría cimentado en lo que los medievalistas llaman “mercedes enriqueñas”. El ascenso de la familia vendrá, fundamentalmente, a partir del siglo XV, merced al apoyo prestado a la corona en sus conflictos con la nobleza castellana.

En 1429 Gutierre Álvarez de Toledo, obispo de Palencia y arzobispo de Sevilla y Toledo, obtiene de Juan II el señorío de Alba de Tormes, localidad próxima a Salamanca (España), heredado por su sobrino Fernando Álvarez de Toledo, al que Juan II convierte en Conde de Alba de Tormes en 1438. Será con su hijo García Álvarez de Toledo, marqués de Coria y conde de Salvatierra, cuando el título se eleve a ducado, convirtiéndose, por tanto, en el primer Duque de Alba en 1472 por concesión de Enrique IV de Castilla. El verdadero artífice del espectacular incremento de la fortuna familiar fue este último, codicioso y astuto, que acumuló ciudades, tierras, el extenso y fértil dominio de Oropesa y la mitad de las rentas de la feria de Medina del Campo. Ostentó, además, los cargos de virrey de León y de Castilla durante el reinado de Enrique IV y, muerto éste, gozó de la buena estima de Fernando el Católico, hasta el extremo de tomar por esposa a María Enríquez, hermana de la reina Juana (madre del rey don Fernando).



Iglesia de San Juan de la Cruz, en el señorío de Alba de Tormes

Posteriormente, los Reyes Católicos otorgaron la capitanía general de sus ejércitos al segundo Duque de Alba, Fadrique Álvarez de Toledo. Éste y el tercer Duque, Fernando Álvarez de Toledo, conocido como el Gran Duque de Alba, son los que tuvieron mayor notoriedad histórica. Don Fadrique daría muestras de un altruismo y fidelidad hacia la monarquía que marcaría a sus descendientes e imprimiría una impronta especial a la Casa de Alba: mientras el resto de la nobleza apuntalaba las fortunas logradas durante la Reconquista y las guerras civiles de los siglos XIV y XV, la Casa de Alba proporcionaba soldados profesionales dispuestos a batirse allá donde ordenara el rey. En 1520 Carlos V incluyó a los Duques de Alba de Tormes entre los 25 primeros Grandes de España.

El Gran Duque de Alba, llamado don Fernando en honor al rey católico, heredó, aparte de tierras y prebendas, un orgullo de casta y un conocimiento bien informado de las hazañas de sus antepasados, lo que después, como sistema de valores asumido y articulado, sería transmitido casi despiadadamente para conformar el carácter de sus vástagos. Siempre de viaje, de guerra en guerra, don Fernando Alvarez de Toledo forjó un curriculum militar impresionante: desde España a Túnez, luego a Italia y Francia, Alemania, Italia nuevamente, los Países Bajos y el último florón a su mérito y lealtad con el rey fue la conquista de Portugal para la Corona de España. Fue generalísimo, virrey de Nápoles, Gobernador de Flandes, caballero del Toisón de Oro y mayordomo del Rey.

El Gran Duque de Alba (1507-1582)


Actualmente, el título ya no corresponde a la antigua familia de los Álvarez de Toledo, habiendo pasado, merced a matrimonios y defunciones a una rama de la familia Fitz-James Stuart, duques de Berwick. El 12º Duque de Alba, don Fernando, en realidad era hijo de don Manuel José de Silva, de la prestigiosa Casa del Infantado (Alvarez de Toledo por parte materna). Al morir su único descendiente varón, don Francisco de Paula, el título recayó en su hija, doña María Pilar de Silva Alvarez de Toledo, que murió también sin sucesión. Entonces el ducado pasó a manos de Carlos Miguel Fitz-James Stuart de Silva Alvarez de Toledo, sobrino-bisnieto de don Fernando. El duque de Berwick y de Liria era descendiente del mariscal Berwick, hijo natural de Jacobo II de Inglaterra. Casó en 1844 con doña María Francisca de las Sales Portocarrero y Kilpatrick, condesa de Montijo, hermana de la emperatriz de los Franceses, Eugenia.

Con el tiempo, en virtud de herencias y matrimonios, la Casa de Alba ha ido añadiendo nuevos títulos, habiéndose convertido en la casa noble con mayor cantidad de éstos en España. A lo largo de su dilatada historia se fue convirtiendo en un auténtico museo vivo.


Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, XVII Duque de Alba, el día de su boda con María Del Rosario de Silva Fernández de Ixar Portugal y Guterbey, IX Marquesa de San Vicente del Barco, hija de los Duques de Aliaga y heredera del inmenso patrimonio de la Casa de Híjar (7 de octubre de 1920)


Rol histórico y patrimonio

La Casa de Alba y, con ella su actual titular, encarnan más de 500 años de historia europea, española y americana. La familia reúne una rama ilegítima de la Casa de los Estuardo de Escocia, luego reyes de Inglaterra, junto a enlaces con la dinastía portuguesa y las casas nobiliarias españolas de los Duques de Veragua y del Conde-Duque de Olivares. El mismo Cristóbal Colón es ancestro de la actual duquesa.

Una gran fortuna material y supervivencia histórica explican como los Alba poseen una de las mejores colecciones privadas de arte de Europa, conservada en más de veinte palacios y castillos repartidos por toda la geografía española, algunos de los cuales están cedidos a instituciones públicas para su mejor conservación y uso.


El Salón Español del palacio de Liria. Allí se puede recibir a las visitas rodeado de Velázquez, El Greco, Zurbarán, Murillo e incluso un Rubens que representa a la infanta Isabel Clara Eugenia y su esposo el archiduque Alberto.


Aunque la colección de arte de la Casa es gigantesca, por diversos avatares no conserva todos los tesoros que pasaron por ella. El Palacio de Liria, en Madrid, contiene la mayor y más valiosa parte de la herencia cultural de los Alba. Más de 30.000 libros conforman la biblioteca, destacando la famosa Biblia de Alba de 1433, primera traducida al castellano o 21 documentos autógrafos de Cristóbal Colón. En la pinacoteca lucen pinturas de Tiziano, Rubens, Goya, Velázquez, El Greco o Rembrandt, del que conserva uno de los 15 paisajes que pintó a lo largo de su vida.

La pinacoteca fue iniciada por Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel. En esta época, la documentación menciona obras de Domenichino, Allori, Gentileschi, Ribera, Velázquez, Rafael o Correggio. Más tarde, en el siglo XVIII ingresaron importantes lienzos encargados a Raphael Mengs y, gracias al mecenazgo de la 13ª Duquesa de Alba, amiga y modelo de Goya, se enriqueció con varios lienzos de este artista, entre los que destaca el retrato de la duquesa. Su fallecimiento supuso el desmembramiento de casi toda la pinacoteca. Algunas obras pasaron a manos de Manuel de Godoy, otras las legó la duquesa a diversos allegados y su sucesor el duque Carlos Miguel apenas recibió una treintena de obras.


Cayetana, duquesa actual, en el palacio madrileño de Liria, bajo uno de los retratos que Goya hiciera de su antepasada homónima


De todas formas, el 14º duque de Alba y 6º duque de Berwick, gran enamorado del arte, adquirió en un largo viaje por Europa piezas de Fra Angelico y Rembrandt. En 1821 tenía pensionados en Roma a una docena de artistas, con los que quiso montar una academia. Cinco años después solicitó al gobierno español permiso para entrar a Madrid, sin abrirlos en Alicante, más de 70 cajones de obras de arte adquiridas en sus viajes que sumaban unos dos millones de reales. Pero, dada la mala situación financiera de la Casa, tras múltiples peripecias de acreedores, créditos, deudas impagas… sólo llegaron al palacio ducal 117 cuadros, más 58 vasos pintados, 6.000 estampas y algunas estatuas de mármol.

En el siglo XIX, la colección se completó con algunas obras inglesas a las que, ya entrado el siglo XX, se sumaron pinturas de Madrazo, Sorolla, Zuloaga y Sotomayor, así como algunas piezas del impresionismo francés adquiridos por la actual duquesa.

La Casa de Alba posee una de las fortunas más grandes de España, conformada por palacios, terrenos agrícolas, propiedades inmobiliarias, sociedades y participaciones bursátiles. Considerada su titular una de las terratenientes más importantes del país ibérico, se calcula que controla unas 34.000 hectáreas (equivalente a más de 170 veces el Principado de Mónaco), muchas de ellas vestigio de los antiguos señoríos jurisdiccionales que, tras su supresión, la familia conservó bajo su propiedad. Casi cada título nobiliario que la Casa posee, está relacionado con alguna propiedad territorial.

El palacio neoclásico de los Duques de Alba en Piedrahita, Ávila


Entre sus posesiones destacan algunos de los castillos y palacios más relevantes del patrimonio histórico español, en su mayoría hoy integrados en la Fundación Casa de Alba.

En Sevilla: el Palacio de las Dueñas, las fincas La Pizana en Gerena y Las Arroyuelas en Carmona. En Salamanca: el Palacio de Monterrey.
En San Sebastián: el Palacio de Arbaizenea.
En Segovia: el Castillo de Coca, cedido al Ministerio de Agricultura a cambio de su restauración.
En Madrid: el Palacio de Liria, de 3.500 metros cuadrados.
En Marbella: la finca Las Cañas.
En Ibiza: la finca "Sa Ufabaguera".
En Alba de Tormes: el Castillo de los Duques de Alba.
En Rivilla de Barajas: el castillo-palacio de Castronuevo.
En Loeches: el Panteón Familiar de la Casa de Alba, en el Monasterio de la Inmaculada Concepción.
En Valdunquillo: el Palacio de los Osorio.


Títulos en posesión de María del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart

Títulos con Grandeza de España:

  1. XVIII duquesa de Alba de Tormes (1955)
  2. XI duquesa de Berwick (1955)
  3. III duquesa de Arjona (1955)
  4. XVII duquesa de Híjar (1957)
  5. XI duquesa de Liria y Jérica (1955)
  6. XIV condesa-duquesa de Olivares (1955)
  7. XVI marquesa del Carpio (1955)
  8. Condesa de Aranda (1957)
  9. XXII condesa de Lemos (1955)
  10. XIX condesa de Lerín-condestablesa de Navarra (1955)
  11. XX condesa de Miranda del Castañar (1955)
  12. XVI condesa de Monterrey (1955)
  13. XX condesa de Osorno (1955)
  14. Condesa de Palma del Río (1957)


Ha sido recurrente por parte de algunas publicaciones decir que la actual jefa de la Casa es veinte veces Grande de España. En realidad Doña Cayetana fue dieciocho veces Grande de España sólo antes de que fueren legados cuatro títulos nobiliarios a sus hijos, cada uno con Grandeza, quedando con cuatro Grandezas menos. Los ducados de Huéscar y Aliaga habrían pasado a posesión de sus dos hijos mayores directamente desde el XVII Duque Alba de Tormes luego de su muerte, sin haber estado nunca en sus manos. Por estas razones Cayetana de Alba es sólo catorce veces Grande de España. Cabe destacar además, que el Ducado de Liria y Jérica posee en conjunto una sola Grandeza, al igual que sus títulos de Condesa de Lerín y Condestable de Navarra.


María del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart y Silva (hija del XVII Duque de Alba) el día de su boda con Luis Martínez de Irujo en 1947, en Sevilla. Casarse en el Altar Mayor de la Catedral de Sevilla es un privilegio sólo al alcance de pocos, que deben ser miembros de la Realeza y Grandes de España, y depende exclusivamente de la decisión del propio Arzobispo. En todo el siglo XX sólo cuatro bodas se han podido realizar allí.


Títulos nobiliarios sin Grandeza:

  • 17 Marquesados: XII marquesa de la Algaba (1955), XII marquesa de Almenara (1957), XXI Marquesa de Barcarrota (1955), Marquesa de Castañeda (1995), XIX marquesa de Coria (1955), XII Marquesa de Eliche (1955), Marquesa de Mirallo (1986), XX Marquesa de la Mota (1955), XX Marquesa de Moya (1955), XVII Marquesa de Orani (1991), XI Marquesa de Osera (1955), XVI Marquesa de San Leonardo (1955), XIX Marquesa de Sarria (1955), XII Marquesa de Tarazona (1955), Marquesa de Valdunquillo (1986), XXI Marquesa de Villanueva del Fresno (1955), XVI Marquesa de Villanueva del Río (1955)
  • 12 Condados: XX condesa de Villalba (1955), XXV condesa de San Esteban de Gormaz (1955), X condesa de Santa Cruz de la Sierra (1955), XVIII condesa de Andrade (1955), XV condesa de Ayala (1955), XIV condesa de Casarrubios del Monte (1955), XIV condesa de Fuentes de Valdepero (1955), X condesa de Fuentidueña (1955), XVI condesa de Galve (1955), XVII condesa de Gelves (1955), Condesa de Guimerá (2007), Condesa de Ribadeo (1957)
  • 1 Vizcondado: X vizcondesa de la Calzada (1955)
  • 1 Señorío: XXIX Señora de Moguer (1955)

16 de marzo de 1978: la duquesa de Alba se casa por segundas nupcias, con Jesús Aguirre y Ortiz de Zárate, en el Palacio de Liria


Títulos en posesión de los hijos de la duquesa

  • Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo:
    XVIII Duque de Huéscar (con Grandeza de España)
  • Alfonso Martínez de Irujo y Fitz-James Stuart:
    XVI Duque de Aliaga (con Grandeza de España)
  • Jacobo Martínez de Irujo y Fitz-James Stuart:
    XXIV conde de Siruela (con Grandeza de España)
  • Fernando Martínez de Irujo y Fitz-James Stuart:
    XI marqués de San Vicente del Barco (con Grandeza de España)
  • Cayetano Martínez de Irujo y Fitz-James Stuart:
    conde de Salvatierra (con Grandeza de España)
  • Eugenia Martínez de Irujo y Fitz-James Stuart:
    XI duquesa de Montoro (con Grandeza de España)


Señores de Alba de Tormes (1429-1438)

  1. Gutierre Álvarez de Toledo, señor de Alba de Tormes. También obispo de Palencia y arzobispo de Sevilla y Toledo.


Condes de Alba (1438-1472)

  1. Fernán Álvarez de Toledo
  2. García Álvarez de Toledo (elevado a duque en 1472)

Torre de los Escudos del Castillo de la Muela, Consuegra, Toledo. El escudo superior pertenece a D. Juan José de Austria, hijo de Felipe IV. El segundo escudo pertenece a los Álvarez de Toledo donde puede apreciarse el Blasón Ajedrezado perteneciente a esta Casa.


Duques de Alba de Tormes (desde 1472)

  1. García Álvarez de Toledo y Enríquez (1472-1488)
  2. Fadrique Álvarez de Toledo y Enríquez de Quiñones (1488-1531)
  3. Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel (1531-1582)
  4. Fadrique Álvarez de Toledo y Enríquez de Guzmán (1582-1585)
  5. Antonio Álvarez de Toledo y Beaumont (1585-1639)
  6. Fernando Álvarez de Toledo y Mendoza (1639-1667)
  7. Antonio Álvarez de Toledo y Pimentel (1667-1690)
  8. Antonio Álvarez de Toledo y Beaumont (1690-1701)
  9. Antonio Martin Álvarez de Toledo Guzmán (1701-1711)
  10. Francisco Álvarez de Toledo (1711-1739)
  11. María Teresa Álvarez de Toledo (1739-1755)
  12. Fernando de Silva y Álvarez de Toledo (1755-1778)
  13. María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo. Al no dejar descendencia, el título pasa a manos de su sobrino Carlos Miguel Fitz-James Stuart (1778-1802).
  14. Carlos Miguel Fitz-James Stuart (1802-1835)
  15. Jacobo Fitz-James Stuart (1835-1881)
  16. Carlos María Fitz-James Stuart y Portocarrero (1881-1901)
  17. Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó (1902-1953)
  18. María del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart y Silva (1953-actual titular)