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miércoles, 28 de septiembre de 2011

Las "Cortes de Amor" medievales


El amor cortés era una concepción medieval europea de noble y caballerosa expresión de amor y admiración. En general, era secreto y entre miembros de la nobleza y generalmente no se practicaba entre marido y mujer. El amor cortés se inició en las cortes ducales y principescas de Aquitania, Provenza, Champaña y Borgoña a finales del siglo XI. En esencia, era una experiencia entre el deseo erótico y el logro espiritual que hoy parece contradictoria, "un amor a la vez ilícito y moralmente elevado, apasionado y disciplinado, humillante y exaltante, humano y trascendente". Su interpretación, los orígenes y las influencias siguen siendo un tema de debate crítico.

Origen

El término amour courtois ("amor cortés") tuvo su definición original con Gaston Paris en 1883, en su "Etudes sur les romans de la Table Ronde: Lancelot du Lac, II: Le conte de la charrette". Paris dijo que el amour courtois era una disciplina ennoblecedora y un modelo a seguir. El amante (idolizer) acepta la independencia de la amante y trata de hacerse digno de ella, actuando con valentía y honor (noblemente) y haciendo cualquier cosa que ella pueda desear, sometiéndose a una serie de pruebas para demostrarle su ardor y compromiso. La satisfacción sexual, dijo Paris, podría no haber sido el resultado final, pero el amor no era del todo platónico, ya que estaba basado en la atracción sexual.

El término y la definición de Paris pronto fueron ampliamente aceptados y adoptados. A pesar de que el término "amor cortés" aparece en un solo poema provenzal existente (como cortez amors en una oda de finales del siglo XII por Pére d'Alvernhe), está estrechamente relacionado con el término fin'amor ("amor fino") que aparece con frecuencia en provenzal y francés, así como el alemán lo tradujo a hohe Minne. Además, otros términos y frases relacionados con "cortesía" y "amor" son comunes en toda la Edad Media. Aunque Paris utiliza el término con muy poco apoyo en la literatura contemporánea, no fue un neologismo y usualmente describe una determinada concepción del amor y se centra en la cortesía que se encontraba en su esencia.

La dama del castillo otorga una prenda de favor al caballero que parte a la batalla

Richard Trachsler dice que "el concepto de la literatura cortés está vinculada a la idea de la existencia de textos cortesanos, textos producidos y leídos por hombres y mujeres que comparten algún tipo de cultura elaborada que todos tienen en común". Argumenta que muchos de los textos que los eruditos dicen ser corteses también incluyen textos "no corteses" y que no hay una manera clara de determinar "dónde termina la cortesía y dónde comienza la no cortesía".

Historia

La práctica del amor cortés fue desarrollada en la vida de la corte de cuatro regiones: Aquitania, Provenza, Champaña y Borgoña, en época de la Primera Cruzada (1099). Eleanor de Aquitania trajo los ideales del amor cortés desde su ducado natal, primero a la corte de Francia, luego a Inglaterra, pues fue reina de dos reyes. Su hija Marie llevó el comportamiento cortés a la corte del Conde de Champagne. El amor cortés encontró su expresión en los poemas líricos escritos por trovadores, como Guillermo IX, Duque de Aquitania (1071-1126).



Los poetas adoptaron la terminología del feudalismo, declarándose el vasallo de la dama y dirigiéndose a ella como midons ("mi señor"), una especie de nombre en clave para que el poeta no tuviera que revelar el nombre de la dama, pero que era halagador dirigirse a ella como su señor. Modelo de dama ideal para el trovador era la esposa de su señor, una dama de alta alcurnia, por lo general la señora del castillo. Cuando su marido estaba fuera, en la Cruzada u otros negocios, ella dominaba la Casa y los asuntos culturales; a veces este era el caso incluso cuando el esposo estaba en el castillo. La dama era rica y poderosa y el poeta le daba voz a las aspiraciones de la clase cortesana, ya que solo aquellos que eran nobles podían participar en el amor cortés. Este nuevo tipo de amor veía la nobleza no basada en la riqueza y en la historia familiar, sino en carácter y acciones, atrayendo así a los caballeros más pobres que veían un camino para el ascenso social.

Ya que en el tiempo el matrimonio tiene poco que ver con el amor, el amor cortés era también una manera para los nobles de expresar el amor que no encontraban en su matrimonio. El término "amante" en el contexto del amor cortés, no se refería a las relaciones sexuales, sino más bien al acto de amor emocional. Estos "amantes" tenían citas breves en secreto, que escalaban mentalmente, pero no físicamente. Las reglas del amor cortés fueron codificadas por el muy influyente trabajo de Andreas Capellanus (Andrés el Capellán) titulado De Amore, a fines del siglo XII. Esta obra lista reglas tales como "El matrimonio no es una excusa real para no amar", "El que no es celoso no puede amar", "Nadie puede estar obligado por un doble amor" y "Cuando haces el amor público rara vez perdura".

La influencia islámica y andaluza

Muchas de las convenciones del amor cortés se remontan a Ovidio, a través de Andreas Capellanus, pero es dudoso que todas ellas sean trazables a este origen. Cuentas del amor cortés a menudo pasan por alto la hipótesis "arabista", que se ha planteado en alguna forma casi desde los inicios de las palabras "amor cortés" en la época moderna. Una fuente propuesta para las diferencias es la poesía árabe y de la España musulmana y el contacto europeo más amplio con el mundo islámico.

Escena de Layla y Majnun ("Layla y el Loco"), clásica historia de amor árabe del siglo VII popularizada por el poeta persa Nizami Ganjavi

Teniendo en cuenta que las prácticas análogas a las del amor cortés ya eran frecuentes en Al-Andalus y en otros lugares del mundo islámico, es muy probable que las prácticas islámicas influyeran las de los europeos cristianos. Guillermo de Aquitania, por ejemplo, estuvo involucrado en la Primera Cruzada y en la Reconquista de España, por lo que tendría que haber estado en contacto con la cultura musulmana en gran medida.

De acuerdo con G. E. von Grunebaum, hubo varios elementos que se desarrollaron en la cultura árabe. Las nociones de "amor por amor" y "exaltación de la mujer amada" han sido rastreadas a la literatura árabe de los siglos IX y X. La noción de "poder ennoblecedor" del amor fue desarrollada en el siglo XI por el sicólogo y filósofo persa Ibn Sina (conocido como "Avicena" en Europa), en su tratado Risala fi'l-Ishq ("Tratado sobre el Amor"). El último elemento del amor cortés, el concepto de "amor como deseo nunca cumplido", estaba a veces implícito en la poesía árabe, pero fue desarrollado por primera vez en una doctrina en la literatura europea, en la que los cuatro elementos del amor cortés estaban presentes.

De acuerdo con un argumento esbozado por María Rosa Menocal en El Papel Árabe en la Historia Literaria Medieval, en la España del siglo XI, un grupo de poetas errantes parecía que iban de corte en corte y en ocasiones viajaban a las cortes cristianas del sur de Francia, una situación que refleja lo que sucedería en aquella zona de Europa cerca de un siglo más tarde. Los contactos entre estos poetas españoles y los trovadores franceses eran frecuentes. Las formas métricas utilizadas por los poetas españoles fueron similares a los utilizados posteriormente por los trovadores.



En el mundo real

Un punto permanente de controversia es si el amor cortés era puramente literario o se practicaba verdaderamente en la vida real. No hay registros históricos que ofrezcan evidencia de su presencia en la realidad. El historiador John Benton no encontró ninguna evidencia docuemntal en códigos legales, casos judiciales, crónicas y otros documentos históricos. Sin embargo, la existencia del género de no ficción de los libros de cortesía es quizá la evidencia de su práctica. Por ejemplo, según el libro de cortesía de Christine de Pizan, llamado Libro de las Tres Virtudes (1405), que expresa la desaprobación del amor cortés, la convención estaba siendo utilizada para justificar y encubrir asuntos ilícitos de amor.

El amor cortés probablemente encontró expresión en el mundo real en costumbre como la coronación de Reinas del Amor y la Belleza en los torneos de caballería. Felipe el Bueno, en su Fiesta del Faisán en 1454, se basó en parábolas extraídas del amor cortés para incitar a sus nobles a jurar a participar en una cruzada prevista, mientras que hasta bien entrado el siglo XV numerosas convenciones políticas y sociales se basaban en gran medida en fórmulas dictadas por las "reglas" del amor cortés.
El "Asedio del Castillo del Amor" en una caja de marfil del siglo XIV

Las cortes de amor

Otro punto de controversia fue la existencia de "cortes de amor", mencionadas por primera vez por Andreas Capellanus. Se supone que estas cortes estaban formadas por tribunales de 10 a 70 mujeres que oirían un caso de amor y se pronunciarían sobre él basadas en las reglas del amor. Los historiadores del siglo XIX tomaron la existencia de estas cortes como un hecho; sin embargo, los historiadores posteriores, como Benton, señalaron que "ninguna de las abundantes cartas, crónicas, canciones y dedicatorias piadosas" sugieren que alguna vez existieron fuera de la literatura poética. De acuerdo con Diane Bornstein, una manera de conciliar las diferencias entre las referencias a las cortes de amor en la literatura y la falta de pruebas documentales en la vida real, es que eran como salones literarios o reuniones sociales, donde los participantes leían poemas, debatían cuestiones de amor y jugaban juegos de palabras, es decir, flirteaban.

De toda su influencia en la cultura, la época de Eleanor de Aquitania en Poitiers fue quizás el más crítico y, sin embargo, se sabe muy poco de lo que sucedió. El rey Enrique II estaba en otra parte, atendiendo sus propios asuntos después de escoltar a Eleanor a Poitiers. Fue aquí donde muchos estudiosos atribuyen la corte de Eleanor como "corte de amor", donde la reina, con la complicidad de su hija Marie, fundió y alentó las ideas de los trovadores, los caballeros y el amor cortés en una sola corte. La existencia y las razones de esta corte se debaten.



Palais des Comtes de Poitiers

En esos años Poitiers se impuso como gran foco cultural de Occidente; las justas poéticas, el idioma del cortejo y la ausencia de violencia dominaban escenarios por los que se movían los mejores autores de la época. Chrétien de Troyes o André Le Chapelain trabajaron gozosos bajo el influjo de Eleanor, quien no reparaba en gastos cuando se trataba de fomentar o difundir cualquier manifestación cultural. Desde todos los confines geográficos llegaban bardos, juglares y trovadores dispuestos a demostrar su valía en los alardes poéticos anuales que se celebraban. Cada vencedor, en esos torneos incruentos, recibía el agasajo verbal y reconocimiento de los allí presentes.

En El Arte del Amor Cortés, Andreas Capellanus se refiere a la corte de Poitiers. Él afirmaba que varias mujeres, incluyendo a Eleanor y su hija Marie de Champagne, se sentaban a escuchar las peleas de amantes y a actuar como jurado a las preguntas de la corte que giraban en torno a los actos del amor romántico. Las damas juzgaban los hechos ateniéndose a un código compuesto por treinta y un artículos que determinaban la conducta más correcta a seguir en cada caso. Él registra unos veintiún casos, el más famoso de ellos es un problema asignado a la mujer acerca de si el verdadero amor puede existir en el matrimonio o no. De acuerdo con Capellanus, las mujeres decidieron que no era nada probable.



Algunos eruditos notan que, debido a que la única evidencia de las cortes de amor estuvo en el libro El Arte del Amor Cortés, una corte influyente como ésta nunca existió. Y para reforzar su argumento, dicen que no hay evidencia de que Marie permaneciera con su madre en Poitiers, más allá de que su nombre se menciona en el trabajo de Andreas. Éste escribió para la corte del rey de Francia, donde Eleanor no era bien vista.

Otros, como Polly Schoyer Brooks, en un libro no académico y popular, sugiere que la corte existió, pero que no fue tomada muy en serio y que los actos del amor cortés eran sólo un "juego de salón" hechos por Eleanor y Marie a fin de poner un poco de orden sobre todos los jóvenes cortesanos que estaban allí. De todas maneras, el suceso literario más destacado de este período es la recopilación de las viejas narraciones celtas a cargo de especialistas consumados y, gracias a la reina Eleanor y su hija, reaparecieron con fuerza lugares y personajes ancestrales célticos como el rey Arturo y la isla de Avalon.



Esto no quiere decir que Eleanor inventara el amor cortés, ya que era un concepto que había comenzado a crecer antes que se creara la corte de Eleanor. Sin embargo, debido a que no hay mucha información sobre lo que pasó mientras Eleanor estaba en Poitiers, todo lo que se puede tomar de ella es que esta corte era más probablemente un catalizador para la creciente popularidad de la literatura del amor cortés en las regiones de Europa Occidental.

martes, 25 de agosto de 2009

Caballero


La acepción más pura para la palabra caballero es "persona que monta a caballo", siendo de gran riqueza en cuanto a semántica. Pasó de significar el hecho de montar a caballo a expresar una condición social muy diferente y cambiante en las distintas etapas históricas. Por ejemplo: para las tribus nómadas del Asia meridional existía una relación entre hombre y caballo muy estrecha, según la cual el caballo era no sólo medio de transporte, sino también fuente de alimentación y figura en los rituales mágicos religiosos. Para los romanos y griegos, en cambio, ser caballero implicaba un prestigio social y económico dado el costo de manutención de un caballo.

En la Edad Media, la institución de la caballería estaba relacionada con un código de conducta y de honor que definía no solamente el arte de la guerra, sino que también implicaba la conducta social.

Historia

La caballería como institución armada a la orden de un rey o poder feudal viene desde los tiempos de los antiguos imperios medo y persa, que adoptaron la costumbre de usar el caballo como arma montando a los guerreros sobre el animal, a diferencia de etapas anteriores, en donde sólo se usaba como animal de tiro al que se ataba un carro o carroza de combate. Posteriormente los medos adoptaron el uso de armaduras para hombres y caballos, dando inicio así a la caballería pesada, arma fundamental en la guerra hasta la aparición de la pólvora. Después de los pueblos orientales, esta arma fue adoptada por los griegos y en tiempos posteriores por las tropas de los macedonios, que, al conjugarla con la falange griega como formación cerrada, permitió a los griegos conquistar el mundo conocido (en tiempos de Alejandro).

La reina Leonor armando un Caballero (siglo XII)


En latín se llamaba caballus –i a los caballos que eran especialmente de trabajo, pero usaban el término equus –i para el resto de los caballos, especialmente para los utilizados en la guerra. De ahí que se dijera ordo equester para la clase social de los caballeros. Caballus venía a su vez del griego kaballes –ou, con el significado igualmente de caballo de trabajo. El guerrero era un hombre noble que había servido como paje y escudero. La palabra Knight (caballero en inglés) deriva de la palabra anglosajona Cnight, que significa "sirviente".

Caballeros en el Feudalismo

Eran guerreros a caballo de la Europa medieval que servían al rey o a otro señor feudal como retribución habitual por la tenencia de una parcela de tierra, aunque también por dinero, como tropa mercenaria. El caballero era por lo general un hombre de noble cuna que, habiendo servido como paje y escudero, era luego ceremonialmente ascendido por sus superiores al rango de caballero. Durante la ceremonia, el aspirante solía prestar juramento de ser valiente, leal y cortés, así como de proteger a los indefensos. Después del siglo XV, el título de caballero se otorgó a los civiles en recompensa por sus servicios privados y públicos.







Caballero Templario ( blanco) y Caballero Hospitalario (negro)


En todos los países que lo suelen conceder, el título de caballero constituye un honor otorgado por el monarca tanto a hombres como a mujeres, en reconocimiento de un notorio mérito personal, y mediante el acuerdo de una orden de caballería.

Órdenes de caballería

  • Caballeros Hospitalarios (1099)
  • Orden de San Lázaro (1100)
  • Caballeros Templarios (1118)
  • Caballeros Teutónicos (1190)

Otras órdenes fueron establecidas en la Península Ibérica, bajo la influencia de las órdenes en Tierra Santa y el movimiento cruzado de la Reconquista:


  • Orden de Avis (1143)
  • Orden de Alcántara (1156)
  • Orden de Calatrava (1158)
  • Orden de Santiago (1164)

Alfonso XIII de España, Gran Maestre de la Orden de Santiago (1929)

La creación de órdenes caballerescas se hicieron célebres entre la nobleza en los siglos XIV y XV, lo que todavía se refleja en los sistemas contemporáneos de honores, incluyendo el término “orden” en sí mismo.



  • Orden de San Jorge, fundada por Carlos I de Hungría (1325)
  • Orden de la Jarretera, fundada por Edward III de Inglaterra (1348)
  • Orden del Dragón de San Jorge, fundada por Milos Obilic de Serbia (1370)
  • Orden del Dragón, fundada por Segismundo de Luxemburgo (1408)
  • Orden del Toisón de Oro, fundada por Felipe III, Duque de Borgoña (1430)
  • Orden de San Miguel, fundada por Luis XI de Francia (1469)
  • Orden del Cardo, fundada por Jacobo VII de Escocia (1687)
  • Orden del Elefante, fundada por Christian V de Dinamarca (1693)
  • Orden del Baño, fundada por George I de Gran Bretaña (1725)


Fernando I de Austria, Gran Maestre de la Orden del Toisón de Oro (1847)


Desde aproximadamente 1560 fueron establecidas órdenes puramente honoríficas como una forma de conferir prestigio y distinción, relacionado al servicio militar y la caballerosidad en su sentido más estricto. Tales órdenes fueron particularmente populares en los siglos XVII y XVIII y se continúa confiriendo la caballería en países como Reino Unido y la Commonwealth, Países Bajos, Rusia y la Santa Sede.


Henry Danvers, Earl of Danby, Caballero de la Jarretera (1630)


Existen otras monarquías e incluso repúblicas que siguen esta práctica. La caballería moderna es otorgada principalmente en reconocimiento a servicios prestados a la sociedad: servicios que no necesariamente son de naturaleza marcial. En el sistema británico de honores el tratamiento caballeresco de Sir para los hombres y Dame para las mujeres es acompañado por el nombre cristiano y opcionalmente el apellido. Así, Elton John puede ser llamado Sir Elton o Sir Elton John, pero nunca Sir John. Las esposas de los caballeros son tituladas con el honorífico “Lady” antes del nombre de su esposo.


Almirante Lord George Rodney, 1º Barón Rodney, Caballero de la Orden de Bath (1792)



Fuera del sistema honorífico de Gran Bretaña es considerado impropio tratar a una persona hecha caballero como Sir o Dame. Algunos países hicieron honoríficos equivalentes, como Cavaliere en Italia (ejemplo, Cavaliere Benito Mussolini) y Ritter en Alemania y el Imperio Austro-Húngaro (ejemplo, Georg Ritter von Trapp). En Irlanda hay tres órdenes de caballería hereditarias: Caballero de Glin o Caballero Negro (FitzGerald de Limerick), Caballero de Kerry o Caballero Verde (FitzGerald de Kerry) y Caballero Blanco Fitzgibbon.



Las Caballerías de Estado en los Países Bajos son otorgadas en tres órdenes: la Orden Militar de William (1815), la Orden del León de los Países Bajos (1815) y la Orden de Orange Nassau (1892). Adicionalmente permanecen unos pocos caballeros hereditarios.


Antonio Martelli, Cavaliere di Malta (1558)




En Francia, entre otras órdenes, están la Légion d'Honneur (1802), la Ordre National du Mérite (1963), la Ordre des Palmes académiques (1955) y la Ordre des Arts et des Lettres (1957). El menor de los rangos conferidos por estas órdenes es Chevalier.

En la Mancomunidad Polaco-Lituana, en 1705, Augusto II estableció la Orden del Águila Blanca, que permanece como la más prestigiosa orden de Polonia. Se confiere a distinguidos ciudadanos, monarcas extranjeros y otras cabezas de Estado. No hay particulares honoríficos que acompañen el nombre de caballero de esta orden pues históricamente sus miembros serían miembros de la realeza o nobles hereditarios.


Conde Stanisław Kostka Potocki, Caballero de la Orden del Águila Blanca (1785)