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martes, 21 de junio de 2011

Christian IX, el "Suegro de Europa"

Christian IX fue rey de Dinamarca desde el 16 de noviembre de 1863 al 29 de enero de 1906. Gracias a su política dinástica –principalmente por influencia de su esposa-, la mayoría de los actuales monarcas europeos descienden de él.

Nació en Gottorp como Príncipe Christian de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Beck, el hijo de Friedrich Wilhelm, duque de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Beck y Caroline Louise, Princesa de Hesse.En 1825, su padre se convirtió en duque de Glücksburg, fundando así la línea Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg.

Aunque era descendiente de varios soberanos europeos en uno u otro grado, Christian no tenía ningún derecho particular a algún trono. Pertenecía a una rama menor de la Casa de Oldenburg, que había gobernado Dinamarca por centurias, y a la Casa de Schauenburg, duques de Schleswig y condes de Holstein, por lo que era elegible para suceder los ducados gemelos de Schleswig-Holstein, pero no estaba primero en la línea.


Schloss Gottorf, lugar de nacimiento del príncipe Christian


Cómo Christian se convirtió en heredero

La falta de hijos de Federico VII había presentado un dilema complicado y la cuestión de la sucesión al trono danés resultó problemática. La adhesión de Dinamarca a la Ley Sálica y un creciente nacionalismo en los territorios de de habla alemana de Schleswig-Holstein obstaculizaron todas las esperanzas de una solución pacífica. Las resoluciones propuestas para mantener juntos los dos ducados y como parte de Dinamarca resultaron insatisfactorias para los intereses daneses y alemanes. La Ley Sálica adoptada por Dinamarca sólo afectaba a los descendientes de Federico III, que era el primer monarca hereditario de Dinamarca (antes de él, el reino era oficialmente electivo).

La descendencia agnada de Federico III terminaría con la muerte sin hijos del rey Federico VII y la de su tío, el Príncipe Heredero Fernando, también sin hijos. En ese momento, la ley de sucesión promulgada por Federico III preveía una sucesión semi-sálica. Hubo sin embargo varias maneras de interpretar a quién podía pasar la corona, puesto que la disposición no era del todo clara en cuanto a si un aspirante al trono podría ser el más cercano pariente femenino o no.

Como las naciones de Europa pudieron ver, los numerosos descendientes de Helwig de Schauenburg comenzaron a ocupar el trono danés. Federico VII pertenecía a la rama primogénita de los descendientes de Helwig. En 1863, Federico, duque de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Augustenburg (el futuro suegro del Káiser Guillermo II de Alemania), se auto-proclamó Federico VIII de Schleswig-Holstein. Frederick von Augustenburg se convirtió en el símbolo del movimiento nacionalista alemán en Schleswig-Holstein, después de que su padre (a cambio de dinero) renunciara a sus pretensiones como primero en la línea para heredar los dobles ducados de Schleswig y Holstein. Siguiendo el protocolo de Londres del 8 de mayo de 1852, que concluyó la Primera Guerra de Schleswig y teniendo en cuenta la renuncia a su padre, Federico fue considerado no elegible para heredar.

Los parientes femeninos más cercanos de Federico VII eran su tía paterna, Louise (Princesa Luisa Carlota de Dinamarca), quien se había casado con un vástago de la rama menor de la Casa de Hesse, y sus hijas. Sin embargo, no eran descendientes agnados de la familia real y no cumplían los requisitos para suceder en Schleswig-Holstein.

La heredera dinástica calculada de acuerdo a la ley original de primogenitura de Federico III era Carolina de Dinamarca (1793-1881), la hija mayor del difunto rey Federico VI, princesa que no tenía hijos. Le seguía en la línea su hermana –también sin hijos- Guillermina (1808-1891), Duquesa de Glücksburg, y cuñada de Christian IX, y luego Luisa, hermana de Federico VI, quien se había casado con el duque de Augustenburg. El principal heredero de esa línea era el mismo Federico von Augustenburg, pero su turno vendría sólo después de la muerte de las dos princesas sin hijos que estaban muy vivas en 1863.

La Casa de Glücksburg también mantenía un gran interés en la sucesión al trono. Era una rama más joven del clan real y también descendiente de Federico III a través de la hija de Federico V. Por último, había otra rama agnada menor que era elegible para suceder en Schleswig-Holstein: la de Christian y sus tres hermanos mayores, el mayor de los cuales, Karl, no tenía hijos, pero los demás sí y además hijos varones.


Christian y Luisa (1840)



El Príncipe Christian había sido un "nieto" para la pareja real sin descendencia de Federico VI y su reina consorte María (Marie Sophie Friederike von Hesse). Familiarizado con la corte y las tradiciones de los últimos monarcas, su joven pupilo, el príncipe Christian, era sobrino nieto de la reina María y descendiente de un primo hermano de Federico VI. Fue criado como danés, después de haber vivido en las tierras de habla danesa de la dinastía real, y no se había convertido en un nacionalista alemán, lo que hizo de él un candidato relativamente bueno desde el punto de vista danés. Como descendiente agnado menor, tenía derecho a heredar Schleswig-Holstein, pero no era el primero en la línea. Como descendiente de Federico III, era elegible para suceder en Dinamarca, aunque tampoco en este caso era el primero en la línea.

Pero en mayo de 1842, Christian se casó con la princesa Luisa de Hesse-Kassel, hija de la pariente femenina más cercana de Federico VII (sobrina de Christian VIII de Dinamarca). Entonces la madre y los dos hermanos de Luisa renunciaron a sus derechos en favor de ésta, convirtiendo así a la consorte del príncipe Christian en la más cercana heredera femenina de Federico VII.


Christian y Luisa (1892)



Diez años después, la espinosa cuestión de la sucesión de Dinamarca fue resuelta por legislación, a través de la cual Christian de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg fue elegido como el siguiente en la línea de sucesión al trono danés después de Federico VII y su tío.

Rey

Cuando Federico murió en 1863, el Príncipe Christian asumió el trono como Christian IX. Pronto fue condecorado con las más prestigiosas órdenes de caballería de Europa: es el 1007º Caballero de la Orden del Toisón de Oro en España desde 1864 y el 744º Caballero de la Orden de la Jarretera desde 1865.

Cuatro de sus hijos se sentaron en los tronos (ya sea como reyes o como consortes) de Dinamarca, Reino Unido, Rusia y Grecia. Una quinta hija, Thyra, se habría convertido en Reina de Hannover si el trono de su esposo no hubiera sido abolido antes de que su reinado comenzara. El gran éxito dinástico de los seis hijos fue en gran medida no gracias a Christian IX en sí mismo, sino debido a la ambición de su esposa, Luisa de Hesse-Kassel. Algunos han comparado esta capacidad dinástica con la de la reina Victoria del Reino Unido.


La reina Luisa con su hija, la reina Alexandra y su nieta, la Princesa Real, Duquesa de Fife


En sus últimos años comenzó a ser llamado el "Suegro de Europa", sobrenombre compartido por dos monarcas contemporáneos: el propio Christian IX y Nicolás I de Montenegro, ambos a causa de los matrimonios de sus hijos con príncipes y princesas extranjeros. El hecho destacado fue que cada uno era un soberano de moderado o modesto poder y el número de hijos de ambos les permitió emparentar con los herederos de las mayores fortunas del continente.

El Rey de Dinamarca fue el padre de:

* Alexandra, que se casó con Eduardo VII del Reino Unido
* Federico VIII de Dinamarca
* Jorge I de Grecia
* Dagmar, que se casó con el zar Alejandro III de Rusia (siendo bautizada como María Feodorovna)
* Thyra, que se casó con Ernesto Augusto, Príncipe Heredero de Hannover
* Waldemar


Los hijos de Christian y Luisa. De pie, detrás, Alexandra y Federico. Sentados: Dagmar, Jorge, Thyra y Waldemar.


El Rey de Montenegro fue el padre de:

* Elena, que se casó con el rey Víctor Manuel III de Italia
* Zorka, que se casó con el rey Pedro I de Serbia
* Ana, que se casó con el Príncipe Francisco José de Battenberg
* Anastasia, que se casó con el Gran Duque Nicolás Nikolaievich de Rusia
* Milica, que se casó con el Gran Duque Pedro Nikolaievich de Rusia


Los nietos de Christian incluían a Nicolás II de Rusia, Constantino I de Grecia, Jorge V del Reino Unido, Christian X de Dinamarca y Haakon VII de Noruega. Hoy en día, la mayor parte de las familias reales reinantes y no reinantes de Europa son directos descendientes de Christian IX (y de Victoria del Reino Unido).

Invitados reales a la coronación del rey Vajiravudh (Rama VI) de Thailandia, diciembre de 1911. De pie, de izq a der, el Príncipe Axel de Dinamarca (hijo del Príncipe Waldemar y nieto de Christian IX), el Príncipe Fushimi Sadanaru, 22º Fushimi-no-Miya de Japón, el Príncipe Aage, Conde de Rosenborg (otro hijo de Waldemar de Dinamarca) y el príncipe Erik (tercer hijo de Waldemar de Dinamarca). Sentados, de izq a der, el Príncipe Alexander de Teck (hermano de la Reina Mary), el Gran Duque Boris Vladimirovich de Rusia (nieto del Zar Alejandro II), la Princesa María de Suecia (Gran Duquesa María Pavlovna de Rusia), la Princesa Alexander de Teck (Princesa Alice, nieta de la Reina Victoria), el Príncipe Waldemar de Dinamarca (hijo menor de Christian IX), el Príncipe Guillermo de Suecia (hijo del Rey Gustavo V Adolfo de Suecia).


Hay una historia curiosa que cuenta que, mientras se hallaba en una excursión con sus hijos y las familias de éstos, el rey pasó junto a un hombre perdido a quien ayudaron a encontrar su camino. Al llegar a la carretera, el hombre preguntó por la identidad de aquéllos que le habían socorrido. Christian respondió con sinceridad, indicando los nombres y títulos de todos los presentes. No creyendo a Christian pero tomándolo con humor, el hombre se proclamó a sí mismo como Jesucristo antes de darles las gracias y partir.

Christian murió en la paz de la vejez a los 87 años en el Palacio de Amalienborg, en Copenhague y fue enterrado en la catedral de Roskilde.




El Rey de Dinamarca en su lecho de muerte



Títulos

Su Serena Alteza el Príncipe Christian de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Beck
Su Serena Alteza el Príncipe Christian de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg
Su Alteza Real el Príncipe Christian de Dinamarca
Su Majestad el Rey (Christian IX de Dinamarca)

lunes, 4 de abril de 2011

El reino de los Helenos

La historia de Grecia es una de las más tempranamente documentadas y estudiadas. En la antigüedad, Grecia fue una de las regiones con mayor desarrollo tecnológico en Occidente y poseía una rica tradición cultural. Fue famosa por sus conocimientos científicos, sus pensadores y escritores, su arte y su religión, al punto que se la suele llamar "la cuna de la civilización occidental" por la obra de sus grandes pensadores y artistas. La civilización griega tuvo un fuerte desarrollo en el campo filosófico.

El país que actualmente se denomina Grecia se conocía antiguamente como Hélade, pero no formaba un estado centralizado y políticamente estaba fragmentado en numerosas poleis (singular polis) o ciudades-estado independientes entre sí, que unas veces se aliaban y otras se enfrentaban en guerras sangrientas.

Desde la división del Imperio entre Arcadio y Honorio (395), Grecia formó parte del Imperio romano de Oriente o Imperio bizantino, cuya base cultural fue helénica. Las invasiones de pueblos germánicos y eslavos modificaron la composición étnica de la población. Numerosos pueblos eslavos se establecieron en las zonas montañosas, mientras que los griegos se refugiaron en las costas y en las islas. Estos eslavos fueron lentamente helenizados.

Los turcos otomanos controlaron la Grecia peninsular desde el siglo XV, pero algunas islas permanecieron bajo la soberanía de Venecia hasta el siglo XVIII. Durante la dominación turca, los griegos pudieron conservar sus características nacionales y practicar su religión mediante el pago de un impuesto especial. Los turcos confiscaron algunas tierras para repartirlas entre sus funcionarios civiles y religiosos. En otros casos respetaron las posesiones de los antiguos propietarios.


Jóvenes griegas siendo convertidas al Islam

Durante los siglos XVI, XVII y XVIII se sucedieron las insurrecciones de los helenos, que se multiplicaron en los períodos en que Turquía se enfrentaba con alguna potencia europea. En el siglo XVIII la decadencia del Imperio otomano favoreció la formación de grupos de bandoleros y piratas, que se convirtieron en los primeros núcleos del levantamiento nacional. A finales de ese siglo, algunos griegos emigrados organizaron sociedades patrióticas para preparar el alzamiento. Estos emigrados propagaron con éxito en Europa los ideales del nacionalismo griego.

Independencia

Iniciada la revuelta en 1820, la sublevación se extendió rápidamente y en 1822 la Asamblea de Epidauro proclamó la independencia. Divididos por luchas internas, los sublevados no pudieron evitar que los turcos, con el apoyo de Egipto, reconquistaran el país en dos años (1826-1827); pero las simpatías despertadas en toda Europa por el movimiento nacionalista griego se plasmaron en el Tratado de Londres, en el que Francia, Inglaterra y Rusia proclamaron la autonomía de Grecia bajo la soberanía turca. La destrucción de la flota turco-egipcia en Navarino obligó al sultán a firmar el Tratado de Adrianópolis (1829), en el que se reconocía lo ya establecido.


Lord Byron fue un prominente filoheleno inglés que fue muerto durante la revolución griega

Una conferencia en Londres ofreció entonces el trono griego al príncipe Leopoldo de Sajonia-Coburgo, pero éste no lo aceptó, alegando que las fronteras que habían sido asignadas al nuevo estado lo reducían demasiado. Después del asesinato de Ioannis Kapodistrias, quien gobernaba dictatorialmente estos territorios liberados del yugo otomano, las potencias europeas designaron en 1832 como rey de Grecia a Otón Wittelsbach, hijo de Luis I de Baviera. Así pues, puede decirse que el reino de Grecia empieza en marzo de 1832. No llegará a cumplir 150 años, con un intermedio de más de 10 años republicanos.

Otón ejerció el absolutismo hasta el golpe de Estado de 1843, que le obligó a conceder algunas libertades formales, aunque mantuvo su gobierno de carácter autoritario gracias al apoyo de Rusia. Sus treinta años de reinado estuvieron marcados por las disensiones internas, la pobreza del país, el constante e incontrolable bandidaje y, como resultado de ello, la completa impopularidad de su real persona. Depuesto en 1862, la Asamblea griega proclamó rey al príncipe Alfredo de Gran Bretaña, pero el gobierno inglés contestó con una negativa. Como remedio, le propusieron la corona al príncipe Jorge de Dinamarca, de 17 años, hijo del rey Christian IX y cuñado del Príncipe de Gales. Éste aceptó tomando el nombre de Jorge I de Grecia. En 1864 una nueva Constitución redujo los poderes monárquicos e instauró el sufragio universal. Casado con la Gran Duquesa Olga de Rusia, su dinastía perdurará en Grecia poco más de cien años.


Primer estandarte real de Grecia (1863-1913). Similar a la bandera danesa, con la Cruz Nórdica y el escudo de armas de la Casa de Glücksburg.

Durante el reinado de Jorge I, Grecia tuvo derrotas y victorias contra los turcos, así como diferencias diplomáticas con las grandes potencias. Tras el golpe de Estado de 1909, Eleftherios Venizelos fue nombrado primer ministro. En 1912 y 1913 estallaron las Guerras de los Balcanes, al término de las cuales Grecia dobló su territorio por la incorporación de Tesalia, parte de Macedonia, el Epiro, Tracia y las islas de Samos, Quíos, Lesbos y Lemnos. A favor del rey griego está el sentimiento panbalcánico que unió a su nación con Bulgaria, Serbia y Montenegro contra Turquía. En 1913 Jorge I fue asesinado en Salónica y le sucedió su primogénito Constantino.

Al estallar la Primera Guerra Mundial el país estaba dividido en dos facciones, la germanófila, que dirigía el rey Constantino I (por estar casado con Sofía de Prusia era cuñado del káiser Guillermo), y la pro-aliada, cuyo jefe era Venizelos. En los primeros tiempos Grecia era neutral, pero, a medida que el conflicto se extendía entre los Estados balcánicos, las discrepancias entre el monarca y Venizelos se agudizaron. Esta crisis interna favoreció la ocupación de Macedonia por las Potencias Centrales, y la de Salónica, el istmo de Corinto y El Pireo por los Aliados (1915). En septiembre de 1916, Venizelos estableció un Gobierno provisional en Salónica y, con la ayuda de los Aliados se apoderó de Atenas en junio de 1917. Constantino tuvo que irse del país y ceder el trono a su segundo hijo, Alejandro. Al poco tiempo, Grecia declaró la guerra a las Potencias Centrales. Al finalizar el conflicto obtuvo por el Tratado de Neuilly, firmado con Bulgaria, la Tracia Occidental, y por el Tratado de Sèvres, firmado con Turquía, la Tracia Oriental hasta el mar Negro, excepto la región de Estambul y el territorio de Esmirna en el Asia Menor.


El Rey Constantino I durante la Segunda Guerra Balcánica

En octubre de 1920 murió el rey Alejandro I y, mediante un plebiscito, Constantino regresó a Grecia (diciembre de 1920) mientras Venizelos se exiliaba en Francia. Los militares venizelistas consiguieron hacerle abdicar de nuevo el 27 de septiembre de 1922 (tres meses y medio antes de su muerte), sustituyéndole por su hijo mayor, Jorge II, mero títere en manos de los oficiales del ejército.

En julio de 1923, por el Tratado de Lausana, firmado con Turquía, Grecia renunció a la Tracia Oriental y a Esmirna y aceptó la repatriación de 1.400.000 refugiados griegos. Esta inmigración masiva agravó la situación económica, lo que favoreció el desarrollo de la oposición republicana y del Partido Comunista. En octubre de 1923 fracasó un golpe de Estado dirigido por el general Ioannis Metaxas que se proponía fortalecer la monarquía, lo que alentó a los partidarios de la República. En diciembre del mismo año, a causa de la creciente presión popular, Jorge II abdicó y se instauró una regencia. El 1º de mayo de 1924 se proclamaba la república en Grecia.

La vida de este nuevo régimen no fue muy larga. En noviembre de 1935 regresó Jorge II de su exilio en Inglaterra, apoyado por ésta, tras haberse celebrado un plebiscito (monarquía o república) que, totalmente falseado, dio el resultado oficial de la reinstauración. En 1936, un nuevo golpe de Estado militar erigió en dictador al general Metaxas quien, aunque respetó la monarquía, declaró la ley marcial, disolvió el Parlamento, prohibió los partidos políticos y organizó un régimen sumamente represivo contra cualquier clase de oposición. Jorge II no solo le permitió todas sus actividades anticonstitucionales, sino que le nombró primer ministro vitalicio el 30 de julio de 1938.


Jorge II de Grecia y su esposa, Elisabeth de Rumania, en el exilio inglés (1931)

Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, Grecia intentó mantener su neutralidad. Aunque Metaxas se orientaba ideológicamente hacia el campo de las Potencias fascistas del Eje y el rey se mostraba inclinado hacia la causa británica, el ultimátum de Italia del 19 de octubre de 1940, en el que se exigían bases estratégicas en territorio griego, arrojó a Grecia en manos de los aliados. La inmediata invasión italiana desde Albania fue contrarrestada; pero la ofensiva alemana de abril de 1941 no pudo ser contenida, y empezó la ocupación alemana, a la vez que el rey y su gobierno se exiliaron en Egipto.

Jorge II regresó a Atenas el 28 de septiembre de 1946, después de que un plebiscito (esta vez no falseado) diera un resultado a favor de la monarquía. Poco tiempo pudo ocupar el trono al que había ascendido por tercera vez, pues murió el 1º de abril de 1947. Le sucedió su hermano como Pablo I.

La guerra civil entre grupos comunistas y las fuerzas gubernamentales prosiguió hasta que, en 1950, ante la imposibilidad de proseguir la lucha, los últimos guerrilleros hubieron de refugiarse en Albania. Las fuerzas de la derecha dominaron el país apoyadas en el ejército y la policía. La importancia estratégica del país posibilitó una notable ayuda militar y económica de Estados Unidos, que sustituyó a Gran Bretaña como principal aliado de Grecia e inspirador de la política de su monarquía.

Dracma de 1963 conmemorando el centenario del reinado griego de la Casa de Glücksburg. Desde la cima, en el orden de las manecillas del reloj: Pávlos, Geórgios II, Aléxandros, Konstantinos y Geórgios I.

Aunque ya no era la clara dictadura anterior, el poder político se encontraba fuera del Parlamento e incluso del gobierno: estaba en manos del rey, de sus consejeros, del ejército y, detrás de todos ellos, la vigilante CIA norteamericana. Pero, pese a todas las presiones oficiales y policiales, el Partido de la Unión del Centro, dirigido por Giorgios Papandreu (que aliaba a liberales y socialdemócratas), ganó por mayoría absoluta las elecciones del 16 de febrero de 1964. Naturalmente, Pablo I no tuvo más remedio que nombrar a Papandreu como primer ministro. El rey falleció el 6 de marzo de ese mismo año, dejando como sucesor a su hijo, Constantino II.

El primer ministro Papandreu introdujo reformas sociales y aceleró la liberación de los presos políticos de la guerra civil, incluidos los comunistas, lo que le enfrentó a violentas críticas de la derecha. A partir de ese momento la inestable situación política derivó en el golpe de Estado de los oficiales de extrema derecha del ejército, en 1966. El régimen suspende la Constitución, establece una rígida censura y los funcionarios son obligados a firmar una declaración de lealtad a la Junta Militar. El enfrentamiento del rey con esta Junta, hace que, en diciembre de 1967, parta a Roma con su familia. El gobierno militar termina definitivamente con el reino de Grecia en junio de 1973, cuando el general Papadópulos es proclamado presidente de la nueva República griega.


Bautismo del Príncipe Heredero Pavlos, primogénito de Constantino II, en la Catedral Ortodoxa Griega de Atenas (29 de junio de 1967). De izquierda a derecha: Reina Federica de los Helenos, Princesa Sofía de España, Reina Ana María (con el Príncipe Heredero en brazos), Princesa Irene, Rey Constantino II de los Helenos y Princesa Alexia de Grecia.


Primera República Helénica, 1828-1833


* Ioannis Kapodistria (1828 a 1831)


* Augustinos Kapodistrias (1831 a 1832)


* Consejo de Gobierno (1832-1833)


Casa de Wittelsbach, 1833-1862


* Otón I (1833-1862)


Casa de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg, 1863-1924


* Jorge I (1863-1913)


* Constantino I (1913–1917) 1ª vez


* Alejandro I (1917–1920)


* Constantino I (1920–1922) 2ª vez


* Jorge II (1922–1924) 1ª vez


Segunda República Helénica, 1924-1935


* Pavlos Kunturiotis (1924 a 1926) 1ª vez


* Theodoros Pangalos (15 de marzo a 24 de agosto de 1926)


* Pavlos Kunturiotis (1926 a 1929) 2ª vez


* Alexandros Zaimis (1929 a 1935)


Casa de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg (Restaurada), 1935-1973


* Jorge II (1935–1947) 2ª vez


* Pablo I (1947–1964)


* Constantino II (1964–1973, exiliado desde 1967)



Insignia naval del Estado y de Guerra de la Familia Real Griega durante el Reino de Grecia (1863-1924 y 1935-1970)

jueves, 19 de agosto de 2010

Alexandra, Reina Consorte del Reino Unido

Cuando la Princesa Alexandra Caroline Marie Charlotte Louise Julia de Dinamarca -o "Alix", como era conocida entre su familia- desembarcó del yate real Victoria and Albert II en Gravesend, Kent, el 7 de marzo de 1863, Sir Arthur Sullivan compuso una pieza musical especialmente para su arribo y Alfred Tennyson, el Poeta Laureado, escribió una oda en su honor.



Había nacido en Copenhague –hija del Príncipe Christian de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg y de la Princesa Louise de Hesse-Cassel-, pero fue en el Castillo Real de Laeken, en Bélgica, donde Albert Edward, hijo primogénito de la reina Victoria, propuso matrimonio a la princesa danesa de 16 años. Se casaron 18 meses más tarde, en la capilla del castillo de Windsor, elección criticada en la prensa (al estar fuera de Londres las enormes multitudes de público no podrían ver el espectáculo), por invitados en prospecto (como el lugar de celebración era pequeño, muchas personas que esperaban invitación no la recibieron) y por los daneses (solo fueron invitados los parientes más cercanos de Alexandra). La corte todavía estaba de luto por el Príncipe Alberto, por lo que las damas estaban restringidas a usar gris, lila o malva.



Para el fin del año siguiente, el padre de Alexandra había ascendido al trono de Dinamarca, su hermano Georgios se había convertido en Rey de los Helenos, su hermana Dagmar estaba comprometida con el zarevitch de Rusia y Alexandra había dado a luz a su primer hijo, Albert Victor, dos meses prematuro. Sería una madre devota de sus hijos; según comentó un allegado, “estaba en la gloria cuando podía correr a la nursery, ponerse un delantal de franela, lavar ella misma los niños y verlos dormir en sus pequeñas camas”.

Como princesa de Gales ganó los corazones del pueblo británico y se volvió inmensamente popular; su estilo de vestir y su porte eran copiados por las mujeres seguidoras de la moda. Aunque estaba excluida totalmente de blandir cualquier poder político, Alix intentó infructuosamente influir en la opinión de los ministros y de su familia a favor de sus parientes reinantes en Grecia y Dinamarca.




En público Alexandra era digna y encantadora; en privado, afectuosa y divertida. Disfrutaba de las variadas actividades sociales, incluyendo el baile y el patinaje sobre hielo. Era una experta amazona y conductora de carruajes y le atraía la caza, para consternación de la reina Victoria, quien le pedía que se detuviera pero sin éxito. Incluso después del nacimiento de su primer hijo, ella continuó comportándose como antes, lo que condujo a fricciones entre la reina y la joven pareja, agravadas por el odio de Alejandra hacia los alemanes y la parcialidad de la reina hacia ellos. Todos los hijos de Alix y Bertie nacieron, al parecer, prematuramente; la princesa no quiso que su suegra estuviera presente en sus partos, así que deliberadamente engañó a la reina sobre sus probables fechas de nacimiento. Cuando dio a luz a su tercer hijo en 1867, la complicación añadida de un ataque de fiebre reumática amenazó la vida de Alexandra, dejándola con una cojera permanente.




Los Gales hicieron de Sandringham House su residencia preferida, con Marlborough House como su base londinense. Los biógrafos coinciden en que su matrimonio fue en muchos sentidos feliz; no obstante, algunos han afirmado que Bertie no dio a su esposa toda la atención que le hubiera gustado y que gradualmente fueron alejando uno del otro hasta que su ataque de fiebre tifoidea a finales de 1871 trajo la reconciliación. A lo largo de su matrimonio el príncipe continuó manteniendo relaciones con otras mujeres, la mayoría de las cuales con pleno conocimiento de su esposa, quien más tarde permitió a Alice Keppel visitara al rey mientras agonizaba. Alexandra, por su parte, se mantuvo fiel durante todo el matrimonio.

Un mayor grado de sordera, causada por la otosclerosis hereditaria, condujo al aislamiento social de Alejandra; pasaba más tiempo en casa con sus hijos y mascotas. Su sexto y último embarazo terminó en tragedia cuando su pequeño hijo murió después de un solo día de vida. La muerte de su primogénito, el príncipe Albert Victor, Duque de Clarence y Avondale, en 1892 fue un duro golpe para el tierno corazón de Alexandra, quien dijo: "He enterrado a mi ángel y con él mi felicidad". Cartas sobrevivientes entre Alix y sus hijos indican que eran mutuamente devotos.

Alexandra se comprometió a muchas funciones públicas; en palabras de la reina Victoria, “para ahorrarme la tensión y fatiga de las funciones. Ella abre bazares, asiste a conciertos, visita hospitales en mi lugar… ella no sólo no se queja, sino que se esfuerza en probar que ha disfrutado de lo que para otro sería un deber agotador”.

A la muerte de su suegra en 1901, Alexandra se convirtió en reina (del Reino Unido) y emperatriz (de India) consorte. Fue la primera mujer en ser Dama de la Jarretera desde 1495.

Los biógrafos han afirmado que Alexandra se le negó el acceso a los documentos de información del Rey y fue excluida de algunas giras reales al extranjero para evitar su intromisión en asuntos diplomáticos. Era profundamente desconfiada de los alemanes e invariablemente se oponía a cualquier cosa que favoreciera la expansión o los intereses alemanes. Despreciaba y desconfiaba de su sobrino Willy -el káiser Wilhelm II-, llamándolo en 1900 “interiormente nuestro enemigo”.

El sobrino Willy siempre había tenido un carácter destemplado, prepotente y arrogante hasta alcanzar la máxima cota de imperial soberbia. Alix se valía de su sordera para lidiar con el endemoniado temperamento del káiser alemán. Se cuenta que una vez Willy, en una de sus notables demostraciones de absoluta falta de tacto, había pronunciado ante sus tíos Bertie y Alix un vehemente discurso de orientación anti-británica. Alix se había mantenido imperturbable, sin revelar lo que pudiera pensar o sentir ante tal cantidad de invectivas pronunciadas por el káiser. Cuando Willy se detuvo, con el semblante enrojecido y sin aliento debido a la extensión de su perorata, la tía Alix le miró y esbozó una de sus radiantes sonrisas. Con voz muy dulce, declaró: “Willy, querido, temo no haber escuchado ni una sola de tus palabras”. La anécdota deja claras dos cosas: la primera, que Willy era un maleducado; la segunda, que Alix tenía un estilo propio para poner en su sitio a los maleducados.


Puesto que la realeza, por su misma definición, se halla siempre en un plano superior de la multitud, huelga decir que la moda de los monarcas era individual y única y establecía sus propias leyes rígidas. En la primera época en el trono de la reina Victoria, la realeza estaba empezando a limitarse a moldes conservadoramente burgueses.

Sin embargo, Alexandra fue seguramente quien creó la tradición moderna de ser árbitro de la moda y en aquel país se experimentó durante muchos años la influencia de la realeza en el vestuario. Acostumbraba llevar durante el día vestidos adornados con lentejuelas y abalorios, cosa que se convirtió después en una costumbre real aceptada. También llevaba chaquetas de mediana longitud cubiertas con cuentas de color púrpura o malva con un cuello Toby rizado, de tul. Aquellas eran prendas que hubiesen usado muchas mujeres en sus atavíos de noche; pero el hecho de que la princesa (luego soberana) las usase durante el día las situó en un plano distinto ayudando a aumentar el aura de distancia que se asocia con la idea de corte.


Un hecho que debe ser tenido en cuenta en primer término es que la realeza debe vestir para las muchedumbres; deben exhibirse y, tanto hoy como ayer, las damas reales debían usar sombreros que no ocultasen la cara, mientras que, de ser posible, debía de serles añadida altura a fin de que aquellos situados en la parte más alejada de la multitud pudieran, por lo menos, captar un nimbo de fieltro o un aigrette, evitándose así muchas desilusiones. Alexandra aprendió a apreciar las demandas exigidas por el público y sus apariciones con pequeñas tocas o sombreros de plumas fueron siempre aclamadas.

Cuando Alix se unió a la familia real, más de dos años habían pasado ya que el esposo de la reina Victoria, el Príncipe Alberto, había muerto. Sin embargo, Victoria todavía vivía de luto profundo. Había renunciado a todos los placeres y se había comprometido a llevar vestidos de triste crespón negro el resto de su vida como muestra de dolor. Alix descubrió que Victoria había amasado una enorme colección de joyas. Pero, después de la muerte de Alberto, la reina se había convencido de que la exhibición excesiva de joyas despertaba sentimientos anti-monárquicos en el pueblo inglés. La princesa intentó convencerla de usar sus bellas y brillantes piezas, pero no tuvo éxito. Fue sabido que Victoria se negó a llevar una corona al servicio de Acción de Gracias en honor a su Jubileo de Oro en 1887. La reina de Gran Bretaña llegó a la ceremonia oficial usando un simple bonete.




Considerando que Victoria había renunciado a todos los placeres, la princesa Alexandra recién empezaba a vivir. Ella había crecido en la pobreza y ahora era rica y la futura reina de Inglaterra. No estaba dispuesta a ser absorbida por el riguroso luto victoriano. Aunque su esposo Bertie era un adúltero en serie, Alexandra aceptó su infidelidad y se llevaba bien con su vida, moviéndose con él de fiesta en fiesta entre la sociedad de moda. Vestirse con finas joyas y ropa frívola se convirtió en su pasión y ella se entregó por completo.

Para ocasiones formales y oficiales, ella misma parecía enyesada desde la cabeza hasta la cintura en collares, diademas, cintas, y broches de perlas, diamantes y otras gemas. Sus largas cadenas de perlas se convirtieron en su sello inconfundible. El magnate estadounidense Cornelius Vanderbilt Jr., comentó que la reina Alexandra "poseía los hombros y el pecho más perfectos del mundo para la exposición de joyas."


Alexandra escondía una pequeña cicatriz en el cuello, que fue probablemente el resultado de una operación de la infancia, usando collares choker de perlas, los llamados collier de chien. En la década de 1900, la joyería más fina era blanca y hecha a base de diamantes blancos o perlas. Al usar collares de gargantilla y escotes altos, Alix sentó un precedente en el estilo de la moda. Su amor por las perlas comenzó cuando visitó la India, lugar donde se fascinó con la moda ornamental hindú en materia de joyería: contemplaba admirada aquellas piezas fantásticas usadas por los príncipes y pequeños reyezuelos. Cuando regresó a Inglaterra se dispuso a aplicar estos nuevos estilos y diseños en la fabricación de joyas. En cuanto a vestuario, se proveía sobre todo en las casas de moda de Londres; su favorito era Redfern’s, pero compraba ocasionalmente en Doucet y Fromont de París. La influencia de la reina Alexandra fue tan profunda que las damas de la sociedad copiaron enteramente su estilo por más de cincuenta años, incluso su andar con una pierna coja luego de su grave enfermedad de 1867.


Ella entendía muy poco de dinero. En las palabras de su nieto, Eduardo VIII (más tarde el duque de Windsor), "su generosidad era una fuente de vergüenza para sus asesores financieros. Cada vez que ella recibía una carta solicitando dinero, un cheque era enviado por el próximo correo, independientemente de la autenticidad del mendicante y sin haber sido investigado el caso”. Aunque no siempre fue extravagante (tenía sus viejas medias zurcidas para ser reusadas y sus vestidos viejos eran reciclados como cubiertas para muebles), desestimaría las protestas por sus elevados gastos con un gesto de la mano o diciendo que no había oído.


En 1910, luego de la muerte de su esposo Bertie, le dijo a Frederick Ponsonby: "Me siento como si hubiera sido convertida en piedra, incapaz de llorar, incapaz de comprender el significado de todo esto." Tal y como fueron las cosas, había reinado como consorte durante solo nueve años. Es un lapso de tiempo muy corto, sobre todo teniendo en cuenta que había lucido el título de princesa de Gales, asociado por tradición a la esposa del heredero del trono británico, durante nada menos que treinta y ocho años. Su hermana pequeña Minnie, por ejemplo, había sido esposa del zarevitch de Rusia a lo largo de dieciséis años y consorte del zar durante trece.


Dado que la reina Victoria se había distinguido por su longevidad, el príncipe de Gales se había convertido en el Rey Edward VII con sesenta años de edad. Nadie había esperado sacar un gran soberano de él, empezando por su propia madre, que le hacía de menos constantemente y por sistema le excluía de cualquier asunto “serio”. Pero Bertie demostró un profundo sentido de la responsabilidad en cuanto falleció Victoria. En principio, le irritó mucho que por su propia causa, debido a un inoportuno ataque de apendicitis, hubo que retrasar la ceremonia de coronación.



A partir de ahí, Bertie reinó para bien. Como monarca, puso especial interés en los asuntos exteriores y en los militares. No sólo estaba conectado por vínculos familiares con todos los monarcas de la época, sino que su afición a escaparse a territorio francés con relativa frecuencia le había proporcionado allí una excelente imagen pública, por ejemplo. Bertie aprovechó para sellar alianzas que, de momento, hicieron que sus súbditos le apodasen Peacemaker, “El Pacificador”.

A la muerte del rey, Alix quedó literalmente abrumada por la pena y la angustia. Había vivido un matrimonio de cuarenta y siete años, tiempo en el cual había tenido que encajar con el hecho de que Bertie no era ni sería nunca un fiel y devoto esposo. Se había casado con un crápula, un hombre que vivía para sus carreras de caballos, sus cartas, sus opíparas cenas, sus cigarrillos, sus aventuras amorosas. Bertie jamás había dejado de buscar nuevas sensaciones fuera del ámbito hogareño. Y Alix había aprendido a sacarle partido a su progresiva sordera, que le permitía aislarse de los constantes rumores en torno a los escándalos en los que se veía inmerso su díscolo marido.


Pero Bertie siempre había rodeado a Alix de afecto y respeto. La admiraba por su belleza y su porte, así como por su naturaleza cándida y compasiva. En ella había genuina bondad y nunca perdió la capacidad para experimentar sincera empatía hacia las desgracias ajenas. Una historia muy bonita que tiene a Alix por coprotagonista es la de su amistad con Joseph Carey Merrick, el denominado “hombre elefante”.

No se sabe exactamente qué padecía Merrick, pero bien puede haber sido el caso más grave jamás descubierto de síndrome de Proteus. Las terribles malformaciones que le afectaban desde la temprana edad de dieciocho meses hicieron que se le maltratase en la niñez y que luego se le exhibiese en los circos de la época, con una notoria falta de respeto hacia su drama personal. Pese a esas vicisitudes, no creció resentido y amargado, sino dulce y extremadamente educado. Cuando Alix le conoció, en un hospital en el que se encargaba de él el prestigioso Sir Frederick Treves, ella supo “ver” más allá de la monstruosa apariencia de Merrick y le trató con una natural delicadeza, algo por lo que él quedaría eternamente embelesado. Merrick lloró de emoción al recibir una fotografía de Alix, enviada por ella misma, y le correspondió con una breve pero sentidísima carta.

Esa clase de historia, que revela el gran corazón de Alix, hacía que Bertie, aún sin haber estado “enamorado”, la quisiese muchísimo. Los dos habían atravesado por distintas fases. Habían tenido seis hijos, de los cuales uno (Alexander John) había muerto a las veinticuatro horas de nacer y el otro (Albert Victor “Eddie”) a los veintiocho años de edad. Esas pérdidas les habían afectado intensamente a los dos. Asimismo, se habían regocijado juntos con las bodas de tres de sus retoños (Louise, Georgie y Maudie), pero, en especial, con la aparición en sus vidas de los nietos comunes. Sin duda, existía una gran vinculación emocional entre Bertie y Alix.

Ella había aprendido a “pasar con garbo” por encima de los escándalos de cualquier tipo, incluidos los que ocasionaban los líos de faldas. La aspiración de los dos radicaba en poder entenderse igual de bien en una larga vejez. Por eso, Alix, al perder a Bertie, perdía sus cuatro puntos cardinales.




El cortejo fúnebre del rey Eduardo fue uno de los mayores eventos de su tiempo. Acudieron testas coronadas de todos los rincones del continente europeo: los reyes de Grecia, de España, de Rumania, de Bélgica, de Portugal, el káiser de Alemania - sobrino carnal de Bertie-, el archiduque Franz Ferdinand, presumible heredero del Imperio Austro-Húngaro y, en representación del zar de Rusia, su hermano, el gran duque Mikhail “Misha” Alexandrovich.

La época eduardiana de opulencia no había sobrepasado una década. El prestigio de Eduardo VII era tan grande que su muerte trajo consigo una primera sugestión del profundo trastorno orgánico que había de sufrir la sociedad occidental en las tres décadas siguientes. El aspecto más significativo del período de duelo en Inglaterra por la muerte del rey Eduardo fue el “Ascot de luto” (Black Ascot), en el cual, durante la primera temporada de carreras que siguió al fallecimiento del popular monarca, toda la buena sociedad se presentó en el hipódromo de Ascot vestida de negro de pies a cabeza. Los hombres llevaban sombreros de copa con gasa de luto y eran negros sus chaquetas y pantalones, chalecos y corbatas, incluso el paraguas arrollado apretadamente. Hasta donde la vista podía extenderse había vestidos negros, sombrillas de finas sedas negras y enormes sombreros del mismo color, más anchos aún de lo acostumbrado, que eran como ruedas de fuegos artificiales, con aquellas plumas negras de avestruz mezcladas con las de águila y aves del paraíso y combinadas con tules fúnebres.

Obviamente, por imprevista e intempestiva que hubiese sido la muerte de Edward VIII, ascendía al trono George, príncipe de Gales, como George V y el protocolo británico establecía que la nueva primera dama de la nación y sus dominios era la esposa del nuevo rey, Mary. La viuda Alexandra quedaba relegada. Buckingham ya no constituía su residencia londinense: tenía a su disposición Marlborough House. En cuanto a Sandringham, pasaba a manos de los nuevos soberanos, igual que Balmoral en Escocia. Por supuesto, hablando de tantas y tan extensas propiedades, no había problema para albergar a Alix en cada una de ellas siempre que se le antojase, pero la nueva señora de esas casas se llamaba Mary.


Alix no asistió a la coronación de su hijo en 1911, pues no era costumbre para una reina coronada estar presente en la coronación de otro rey o reina, pero, por otro lado continuaría con el lado público de su vida, dedicando tiempo a sus causas caritativas. Una de ellas era el Alexandra Rose Day, en el cual rosas artificiales confeccionadas por discapacitados eran vendidas a beneficio de los hospitales por mujeres voluntarias.



Alexandra conservaba una apariencia juvenil en sus primeros años, pero durante la guerra su edad se le vino encima. Comenzó a usar elaborados velos y pesado maquillaje, el cual, de acuerdo a los chismes, hacía ver su cara “esmaltada”. Dejó de hacer viajes al extranjero y sufrió problemas de salud cada vez mayores. En 1920, un vaso sanguíneo hizo explosión en su ojo, dejándola temporalmente ciega de forma parcial. Hacia el final de su vida, su memoria y su habla entraron en el deterioro. Murió en 1925 en Sandringham después de sufrir un ataque cardíaco y fue enterrada junto a su esposo en el mismo lugar donde se casó con él, la capilla de San Jorge en el castillo de Windsor.


viernes, 1 de enero de 2010

Casa de Glücksburg

La Casa de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg (en danés: Slesvig-Holsten-Sønderborg-Lyksborg), llamada también Casa de Glücksburg, por tener su origen en Glücksburg, ciudad del norte de Alemania, es una rama de la dinastía de los Oldenburg, casa real danesa descendiente de Cristián III. Hoy es la dinastía reinante en Dinamarca y Noruega y fue la casa de los reyes de Grecia hasta la abolición de la monarquía en ese país.


Proviene del Ducado de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Beck, que luego se llamaría Glücksburg. Cambió su título acorde a los deseos del Duque Federico Guillermo de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg, casado con la Princesa Luisa Carolina de Hesse-Kassel, una nieta del Rey Federico V de Dinamarca. Ni el Ducado de Beck ni el de Glücksburg era soberano de su territorio - ellos ocuparon el feudo a los duques de Schleswig y Holstein - el Rey de Dinamarca y (antes de 1773) al Ducado de Holstein-Gottorp.

Cristián IX, el cuarto hijo de Federico Guillermo, fue elegido por el rey Federico VII de Dinamarca para ser su heredero, pues se había casado con la prima hermana de Federico, Luisa de Hesse. De los hijos de Cristian y Luisa, Federico sería rey de Dinamarca como Federico VIII, Guillermo fue elegido Rey de Grecia el 30 de marzo de 1863 y tomó el nombre de Jorge I de Grecia, Alejandra casó con Eduardo VII del Reino Unido y Dagmar (quien se llamaría luego María Feodorovna) con Alejandro III de Rusia. El príncipe Carlos, segundo hijo de Federico VIII de Dinamarca y nieto de Cristián IX, se transformó en Rey de Noruega el 18 de Noviembre de 1905 llamándose Haakon VII. Lo que significa que para 1914, los descendientes de Cristián IX habían asumido casi tantos tronos Europeos como los descendientes de la Reina Victoria.

Escudo de armas del Reino de Dinamarca (1819-1903)

Ducado de Schleswig-Holstein
  • Federico Guillermo de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg (1816-1831)
  • Carlos de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg (1831-1863/1878)
  • Federico de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg (1863-1866/1885)
  • Federico Fernando de Schleswig-Holstein, Duque de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg(1885-1934), desde 1931 Duque de Schleswig-Holstein
  • Federico de Schleswig-Holstein (1934-1965)
  • Pedro de Schleswig-Holstein (1965-1980)
  • Cristofer de Schleswig-Holstein (1980 – presente)

Friedrich Ferdinand, Duque de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg (1855-1934)



Reyes de Dinamarca

  • Cristián IX de Dinamarca (1863 a 1906)
  • Federico VIII de Dinamarca (1906 a 1912)
  • Cristián X de Dinamarca (1912 a 1947)
  • Federico IX de Dinamarca (1947 a 1972)
  • Margarita II de Dinamarca (1972-presente)

Boda de Dagmar de Dinamarca y el futuro Alejandro III de Rusia, en 1866, en la capilla del Palacio de Invierno. Cristian IX y la reina Luisa no asistieron al casamiento de su hija porque pensaban que no serían capaces de igualar las lujosas celebraciones de la corte imperial rusa.


Reyes de Grecia

  • Jorge I de Grecia (1863 a 1913)
  • Constantino I de Grecia (1913 a 1917 y 1920 a 1922)
  • Alejandro I de Grecia (1917 a 1920)
  • Jorge II de Grecia (1924, 1935 a 1947)
  • Pablo I de Grecia (1947 a 1964)
  • Constantino II de Grecia (1964 a 1973)


La Reina Consorte de los Helenos, nacida Gran Duquesa Olga Constantinovna de Rusia, esposa de Jorge I de Grecia (1915)

Reyes de Noruega

  • Haakon VII de Noruega (1905 a 1957)
  • Olaf V de Noruega (1957 a 1991)
  • Harald V de Noruega (1991 – presente )


Gran Escudo del reino de Noruega



Otros miembros notables

  • Ingeborg de Dinamarca, princesa de Suecia (1878 – 1958). Hija de Federico VIII de Dinamarca y esposa de Carlos de Västergötland.
  • Elena de Grecia y Dinamarca (1896 – 1982). Esposa de Carlos II de Rumania.
  • Olga de Grecia y Dinamarca (1903 – 1997). Esposa del Regente Pablo, Príncipe de Yugoslavia.
  • Irene de Grecia y Dinamarca (1904 – 1974). Esposa de Tomislav II de Croacia.
  • Marina de Grecia (1906 – 1968). Esposa el Príncipe Jorge, duque de Kent.
  • Cecilia de Grecia y Dinamarca (1911 – 1937). Esposa de Jorge Donatus Gran Duque Heredero de Hesse.
  • Alejandra de Grecia y Dinamarca (1921 – 1993). Esposa de Pedro II de Yugoslavia.
  • Felipe de Edimburgo (1921 - ), hijo del Príncipe Andrés de Grecia y Dinamarca y esposo de Isabel II del Reino Unido.
  • Sofía de Grecia (1938 - ). Esposa del Rey Juan Carlos I de España.
  • Miguel de Grecia y Dinamarca (1939- ) Hijo del Príncipe Cristofer de Grecia y Dinamarca y la Princesa Francisca de Orleans. Las hijas de Miguel no usaron el sufijo “de Dinamarca”.


Princesa Marina, Duquesa de Kent (1934), hija del Príncipe Nicolás de Grecia y de la Gran Duquesa Elena Vladimirovna de Rusia y esposa del Duque de Kent



miércoles, 11 de noviembre de 2009

Casa de Oldenburg

Dominios: Gran Ducado de Oldenburgo, Imperio Ruso, Reino de Dinamarca, Reino de Noruega, Reino de Suecia, Reino de Grecia, Ducado de Schleswig-Holstein

Títulos: Emperador De Rusia, Rey de Dinamarca, Rey de Noruega, Rey de Suecia, Rey de Grecia, Rey de Islandia, Gran Duque de Oldenburg, Duque de Schleswig-Holstein, Duque de Augustenburg.

Ramas menores: Casa de Holstein-Gottorp, Casa de Holstein-Gottorp-Romanov, Casa de Holstein-Gottorp (línea sueca), Casa de Augustenburg, Casa de Glücksburg (sub-rama: Casa de Mountbatten-Windsor)

La Casa de Oldenburg es una familia noble originaria del norte de Alemania y que llegó a ser una de las dinastías reales más influyentes de toda Europa. Matrimonios entre los condes medievales de Oldenburg allanaron el camino para que sus herederos se convirtieran en monarcas de varios reinos escandinavos. En el siglo XIV, a través del matrimonio con un descendiente del rey Waldemar I de Suecia y de Eric IV de Dinamarca, un reclamo a Suecia y Dinamarca fue elevado desde 1350.


Los Oldenburg adquirieron preponderancia cuando el conde Cristian I de Oldenburg fue elegido rey de Dinamarca en 1448 y a partir de entonces la casa ocupó ininterrumpidamente el trono danés hasta la actualidad; el rey Cristian se convirtió también en rey de Noruega en 1450 luego de la renuncia del sueco Carlos I Knutsson. De esta manera, este descendiente en línea materna de Eufemia de Suecia y Noruega (quien también descendía de Eric V de Dinamarca) se convirtió en soberano de los tres reinos de la Unión de Kalmar.



Christian I, Rey de Dinamarca, de Noruega y de Suecia, Duque de Schleswig, Holstein, Stormarn y Dithmarschen, Conde de Oldenburg y Delmenhorst (1426-1481)


Línea de Holstein-Gottorp

Reyes de Suecia
En 1751 Adolfo Federico de Holstein-Gottorp accede al trono de Suecia, poder que ostentará su familia hasta 1818 cuando son sustituidos por la familia Bernardotte.


Zares de Rusia
En 1762 el duque Carlos Pedro Ulrico de Holstein-Gottorp es coronado Emperador Pedro III de Rusia al ser hijo de Ana Romanovna (una de las hijas de Pedro I el Grande), sus descendientes gobiernan sucesivamente el país hasta la Revolución rusa de 1917.

Adolf, Duque de Holstein-Gottorp (1526-1586)


Línea de Augustenburg


Fue fundada por Ernesto Gunther, duque de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Augustenburg, un bisnieto de Cristian I de Dinamarca, este brazo continúa hasta el día de hoy, si bien es cierto es proseguido desde 1931 por los Duques de Targino-Flensburg, una rama colateral de la familia.

Línea de Glücksburg

Originalmente denominada Schleswig-Holstein-Sonderburg-Beck, el duque Federico Guillermo cambió este último nombre por Glücksburg en 1816.


Friedrich, 3º Duque de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg (1841)


Reyes de Dinamarca
Un hijo de Federico Guillermo fue elegido rey en 1863 como Cristian IX de Dinamarca. La actual reina danesa, Margarita II de Dinamarca, desciende en línea directa de este rey.


Reyes de Grecia
En 1863 el segundo hijo del rey Cristian IX de Dinamarca fue elegido rey de los helenos con el nombre de Jorge I de Grecia (1845–1913) inaugurando un nuevo trono para la familia. Esta dinastía gobernaría el país hasta el derrocamiento en 1973 del rey Constantino II (n.1940).

De esta rama deriva la actual Casa real británica de Mountbatten-Windsor a través del matrimonio en 1948 del príncipe Felipe de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg -futuro Felipe de Edimburgo-, hijo del príncipe Andrés de Grecia y Dinamarca y nieto de Jorge I de Grecia, con la hoy reina Isabel II del Reino Unido.

Las familias reales española y griega, tras el comunicado oficial de compromiso entre Juan Carlos de Borbón y Sofía de Grecia, 1961

Reyes de Noruega
En 1905 Noruega se independizó del reino de Suecia y por tal motivo se eligió al primer rey constitucional del país, esta elección recayó en el príncipe Carlos de Dinamarca (1872-1957), coronado como Haakon VII de Noruega, segundo hijo del rey Federico VII de Dinamarca. Harald V, actual monarca del país, es un nieto suyo.



Cuadro esquemático


1 - Línea Principal


  • Reyes de Dinamarca (1448–1863)
  • Reyes de Noruega (1450–1814)
  • Reyes de Suecia (1457–1464, 1497–1501 y 1520–1521)
  • Duques de Schleswig y Condes de Holstein (1460–1544)
  • Duques de Schleswig y Holstein gobernando parte de los ducados (1544–1721/1773)
  • Duques de Schleswig (1721–1864), gobernando todo el Ducado
  • Duques de Holstein (1773–1864), gobernando todo el Ducado

2 - Holstein-Gottorp


  • Duques de Holstein-Gottorp (1544–1739)

* Holstein-Gottorp-Romanov (llamados comúnmente Romanov)
Duques de Holstein-Gottorp (1739–1773)
Zares de Rusia (1762 y 1796–1917)
* Holstein-Gottorp (rama sueca), extinta
Reyes de Suecia (1751–1818)
Reyes de Noruega (1814–1818)
* Holstein-Gottorp (rama Gran Ducal)
Duques, luego Grandes Duques de Oldenburg (1773–1918)


3 - Schleswig-Holstein-Sonderburg-Augustenburg, extinta

  • Reclamante Duque de Schleswig-Holstein en 1863

4 - Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg

  • Duque de Schleswig-Holstein
  • Reyes de Dinamarca (desde 1863)
  • Rey de Islandia (1918-1944)
  • Reyes de Noruega (desde 1905)
  • Reyes de los Helenos (1863–1924, 1935–1973)
  • Casa Mountbatten-Windsor (desde 1948)

Estandarte real de Noruega