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sábado, 10 de abril de 2010

La Duquesa de Windsor



Nada ni nadie pudo acabar con su amor. El 11 de Diciembre de 1936 Eduardo VIII del Reino Unido declaró a los medios de comunicación que abdicaba al trono de su país por no permitirle el Parlamento, la prensa y la opinión pública contraer matrimonio con la señora Wallis Simpson. La historia de las amantes de los reyes de Inglaterra es tan larga como la de su régimen parlamentario, pero la intención del flamante rey de contraer matrimonio con una norteamericana dos veces divorciada, le obligó a tomar esa determinación inapelable.


A partir de allí comenzó su historia de amor, acunada por las joyas, los viajes y la vida social.

“Ahora somos 27 x 36″ era la frase inscrita en el interior de la alianza de bodas, obra de Cartier, que sostenía una esmeralda de casi 20 quilates. La extraña inscripción hacía evidente la fecha del compromiso: 27 de Octubre de 1936. Años más tarde, con motivo de su 20º aniversario de matrimonio, la Duquesa cambió la creación original montando la piedra en un elaborado diseño de oro y platino. Y como regalo de bodas Wallis recibió de manos del Duque de Windsor un espectacular brazalete de zafiros y brillantes creado por Van Cleef & Arpels, en el que el motivo central de los 45 zafiros está enmarcado por una multitud de diamantes, todos ellos tallados de forma diferente. En el cierre, y antes de la ceremonia, el duque había hecho grabar estas palabras “Por nuestro contrato 18/V/37″, ya que el 18 de Mayo de 1937 fue la fecha en la que la pareja finalizó los complicados trámites previos a la boda. El castillo de Candé, a pocos kilómetros de Tours, fue el escenario donde las vidas de Eduardo y Wallis se unieron para siempre. Para la ocasión la duquesa mandó confeccionar al diseñador Mainbocher un vestido en crepé azul satinado para que resaltase el broche que lució a juego con el brazalete.



Durante décadas, los duques se intercambiaron valiosos regalos elaborados por Cartier. El apego por la Maison le venía al duque de familia: su abuelo, el rey Eduardo VII, que ejercía gran influencia en el pequeño Eduardo, decía de Cartier que era “el rey de joyeros”. No es de extrañar, por ejemplo, que Eduardo le encargara un sello de platino y oro con rubíes y zafiros engarzados para regalárselos a su futura esposa. Y es que Wallis, que ya había estado casada en dos ocasiones, era la mujer más retratada en las revistas de moda y la más solicitada en las fiestas de la alta sociedad londinense.



La pareja comenzó entonces un largo peregrinaje que les llevó a las Bahamas durante la Segunda Guerra Mundial, donde Eduardo fue gobernador general, para acabar en París, ciudad en la que vivieron su amor hasta el fallecimiento del duque en 1972. Aunque no hubo ciudad europea por la que los duques de Windsor no quisieran pasar durante sus primeros años de matrimonio. Para recordarlo encargaron a Cartier una pitillera y una polvera de oro con un mapa de Europa en sus tapas en el que las ciudades visitadas iban quedando marcadas con piedras de colores y unidas mediante líneas de esmalte rojas y azules.




Dos de las joyas que llevaba la Duquesa a menudo eran brazaletes, uno de corazones de diamantes en su muñeca izquierda y otro de cruces de diamantes en la derecha. Explicaba que “las cruces correspondían a las que había tenido que soportar. Cada una representaba algún suceso doloroso. Los corazones también tienen su significado…” Algunas de las mejores piezas de Cartier que fueron propiedad de Wallis eran creaciones con motivos felinos y su primer exponente fue el broche Panthére con un zafiro cabochon de 152 quilates. Estas piezas nacieron del estudio parisino de la artista Jeanne Toussaint, en el que la pareja solía reunirse con otros amigos, como Cecil Beaton, que no ahorraba elogios del encuentro: “Una sensibilidad de artista y la pasión de un coleccionista se reúnen aquí para lograr un resultado de alto nivel intelectual”.


Tras su definitivo asentamiento en París, los duques de Windsor se convirtieron en un elemento fundamental de la alta sociedad francesa y en el filón favorito de la prensa rosa del momento. Liberados de obligaciones oficiales y protocolarias, se embarcaron en una vida de glamour, estadías en Cannes o Saint Möritz, Deauville o Palm Beach. Eran tiempos de bailes benéficos y partidas de golf, de torneos de polo y recepciones informales donde llevaba exquisitas piezas de joyería, como el collar draperie de turquesas y amatistas creado por Cartier en 1947, con el que la Duquesa se presentó en el baile de l’Orangerie del Palacio de Versalles en 1953.


En Versailles, durante una cena benéfica, 1953



Con Bill yBabe Paley, en Palm Beach, 1955



Con el Barón Frédéric de Cabrol y su esposa Daisy, en el Moulin de la Tuilerie, 1961



Frente a la Villa Windsor, con la reina de Inglaterra, el Príncipe de Gales y el Duque de Edimburgo, 1972



En su hogar parisino, el palacete del siglo XIX situado en el Nº 4 de la Rue des Champs d’Entraînement, la duquesa se había encargado personalmente de la decoración, todo en aquel azul claro que ya se empezaba a conocer como « azul Windsor » combinado con gris o azul más oscuro. Siempre era una experiencia sensorial ir de una parte a otra de la casa, pues cada sala tenía un aroma distinto gracias a las fragancias que emanaban de los pebeteros de Guerlain dispuestos con disimulo en los rincones.






Los días de recibo se colocaban en el vestíbulo el libro de invitados, donde éstos dejaban estampada su firma, y un diagrama con la disposición de los comensales. El salón comedor azul y plateado se iluminaba con la temblorosa luz de las velas. Los magníficos arreglos florales, la colección de cajas Fabergé del duque, los regios muebles Luis XVI y el ambientador de Guerlain Extrait de Pot Pourri contribuían a crear una atmósfera de lujo y afabilidad.





Por entonces, Wallis ocupaba las portadas de Vogue y las mujeres se apresuraban a copiar su estilo de líneas depuradas , mientras el duque se convertía en el prototipo de aristócrata dandy: tartanes y cachemires de colores vivos marcaban una tendencia que décadas después sigue llevando el nombre de su ducado.

miércoles, 17 de febrero de 2010

La Duquesa de Windsor

Bessie Wallis Warfield (1896-1986) nació en Pennsylvania, única hija de Teackle Wallis Warfield y Alice Montague. La muerte de su padre ocurrió poco tiempo después de su nacimiento y ella con su madre viuda debieron ser socorridas por sus parientes más acaudalados en la ciudad de Baltimore.


Bessie à-la-mode (la Sra. Spencer en California, 1919)

Su primer matrimonio fue en mayo de 1916 con Earl Winfield Spencer, Jr., un oficial de la Marina de los Estados Unidos. Win, como era conocido su esposo, era alcohólico. Esta situación y los cambios en los destinos militares de Win, marcaron la relación con períodos de separación. Para 1925 vivían separados y dos años después se divorciaron.


En la última época Wallis ya se había envuelto en una relación con Ernest Aldrich Simpson, un próspero magnate naviero mitad inglés-mitad americano. El 21 de julio de 1928 ambos se casaron en Londres. A través de Thelma, lady Furness, en enero de 1931 Wallis fue presentada a Eduardo, Príncipe de Gales, primogénito de Jorge V y heredero al trono británico. Entre 1931 y 1934 el Príncipe se encontraría con el matrimonio Simpson en varias fiestas de fines de semana y Wallis fue presentada a la Corte.



El Sr. y la Sra. Simpson el día de su presentación en la Corte (1931)



En este momento es cuando comienza la historia de amor sobre la que se han escrito mares de tinta. En enero de 1934, lady Furness almuerza en el elegante hotel Ritz con Wallis y le pide a su amiga que, durante el tiempo que le tomará un viaje que tenía que realizar, atendiera al fiestero príncipe para que no fuera a hacer travesuras. Lady Furness nunca se imaginó que la travesura la iba a hacer la propia Wallis. Cuando regresó Thelma de su viaje se dio cuenta de que ya había sido sustituida en la vida del Príncipe de Gales, quien ni siquiera tomaba ya sus llamadas telefónicas.


Coronado ya como soberano del Reino Unido, Eduardo se encontraba ante tres opciones: renunciar a Wallis, conservarla y encontrarse con la renuncia del gobierno o abdicar y ceder el trono. Cuáles fueran los motivos ulteriores no se sabe, pero ella, en aquel momento, no quería que renunciara al trono. Sin embargo, el 11 de diciembre de 1936 millones de británicos escucharon por el radio la conmovedora voz de Eduardo VIII que, al abdicar, se justificaba: "…me ha resultado imposible soportar la pesada carga de la responsabilidad y desempeñar mis funciones como Rey, en la forma en que desearía hacerlo, sin la ayuda y el apoyo de la mujer que amo."



Eduardo y Wallis en sus primeros tiempos de matrimonio



Con el título de Duque de Windsor otorgado por Jorge VI, Eduardo abandonó Inglaterra para no regresar hasta varias décadas después. La boda se realizó en el castillo francés de Candé, en la más absoluta intimidad, y los recién casados recibieron una discreta carta en donde se les informaba que la duquesa no tenía derecho a ser llamada Alteza Real ni a recibir, por lo tanto reverencias, a pesar de su matrimonio con el duque. Esto lo tomaron como la más grande humillación.



Sofisticación en una fotografía de Cecil Beaton (1940)

Antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial, muchos en el gobierno y la sociedad les atribuyeron simpatías con los nazis. En los ’50 y los ’60 vivieron viajando entre América y Europa, convertidos en “ciudadanos del mundo”, en una vida de opulenta vaciedad dedicada al culto de su amor mutuo y sus relaciones sociales. La comuna de París les había dado en uso un palacete en el Nº 4 de la Rue du Champ d'Entraînement en Neuilly, que fue su cuartel general el resto de su vida. También compraron una casa en el campo, “Le Moulin de la Tuilerie”, a solo veinte minutos de su casa de París.


Biarritz, 1951



París, 1959. El Duque y la Duquesa de Windsor bailan cha-cha-cha en el Lido.

La Corona no estaba de acuerdo para nada con la vida superficial, frívola y extravagante que llevaban los duques de Windsor. Se referían a ella como "esa mujer". Sin el permiso de la soberana no podían regresar a Inglaterra pero lo hicieron en 1965, para una cirugía ocular que debió practicarse el duque y en 1967, para descubrir una placa conmemorativa del centenario del nacimiento de la Reina María, su madre.


Con los años la duquesa se volvió aún más prepotente y nerviosa con su marido, a quien se dijo que humillaba en la intimidad. A fuerza de estirarse tanto el cuello, Wallis tuvo problemas para que la intervinieran quirúrgicamente años después, al entubarla, debido a todas las cirugías estéticas que ya se había hecho. El duque, sin embargo, seguía patológicamente enamorado de su esposa, cumpliéndole todos sus caprichos y aguantando sus malos tratos.


Una reverencia de impecable estilo para la Reina de Inglaterra a la entrada de su residencia en París (1972)

El duque escribió un tratado de horticultura y sus Memorias en donde repite que nunca se arrepintió de su decisión a pesar del desprecio por parte de su familia, como fue la de haberlo excluido de todas las manifestaciones oficiales, incluso la coronación de su sobrina Isabel (Aunque para el funeral de su hermano Jorge VI en 1952 el duque había asistido sin la duquesa). Poco tiempo antes de morir recibió la visita de la Reina, a quien acompañaban el Duque de Edimburgo y el Príncipe de Gales. Murió en mayo de 1972, un mes antes de haber cumplido los 78 años. La familia real permitió que Wallis estuviera presente en los funerales que se llevaron a cabo en Londres y que pernoctara en Buckingham Palace.




La Duquesa en su ancianidad (1979)

La Duquesa, cada vez más senil y frágil, vivió el resto de su vida como una reclusa, sostenida por la herencia de su esposo y una pensión de la reina. Le dio entonces toda autoridad legal a su abogada francesa, Suzanne Bloom. Para 1980 había perdido el poder del habla. Hasta el final, vivió en una silla de ruedas y no recibió más visitantes, excepto doctores y enfermeras.


Catorce años después de la muerte del duque, Wallis murió en su casa de París. Era el 24 de abril de 1986 y tenía 90 años.



Sus restos descansan en la Saint George’s Chapel del Castillo de Windsor, al lado de Eduardo.




La Villa Windsor en el Bois de Boulogne

Títulos y tratamientos



  • 1896 – 1916: Srta. Warfield
  • 1916 – 1928: Sra. Spencer
  • 1928 – 1937: Sra. Simpson
  • Mayo – Junio 1937: Sra. Wallis Warfield
  • 1937 – 1986: Su Gracia La Duquesa de Windsor
  • Durante el período de Eduardo como Gobernador de Bahamas (1940-1945), Wallis debía ser conocida como Su Excelencia. Sin embargo, este tratamiento fue supeditado a la apelación Su Gracia, de mayor rango, que le correspondía como duquesa.

lunes, 15 de febrero de 2010

Vizcondesa Furness


Thelma Morgan (1904-1970) nació en Lucerna, Suiza. Era hija de Harry Hays Morgan, diplomático que fue cónsul de Estados Unidos en Buenos Aires y en Bruselas, y Laura Delphine Kilpatrick, mitad chilena, mitad irlandesa. Thelma fue conocida como la mujer que precedió a Wallis Simpson en los afectos de Edward VIII de Inglaterra, luego Duque de Windsor.


Thelma y su gemela Gloria

Tenía tres hermanos: Gloria (su gemela idéntica, quien casó con Reginald Vanderbilt y fue madre de Gloria Vanderbilt, reconocida diseñadora de modas y artista); Consuelo (quien casó tres veces, una de ellas con el conde francés de Maupas) y Harry Hays Morgan, Jr.


Su primer esposo fue James Vail Converse, nieto de Theodore N. Vail, presidente de AT&T. Se casaron en Washington, D.C., en 1922 –ella tenía 17 años y el novio diez años más- y se divorciaron en Los Angeles, en 1925. Después de su divorcio se rumoreó que ella mantenía un romance con el actor Richard Bennet, el ídolo hollywoodense de las matinées.


El primer Vizconde Furness


Su segundo esposo fue el hombre de negocios británico Marmaduke Furness, 1º Vizconde Furness, chairman de la Furness Shipping Company, y viudo de su primera esposa, Daisy Hogg. El aristócrata había sucedido a su padre como 2º barón Furness en 1912 y seis años después fue creado Vizconde Furness of Grantley, en el Condado de Yorkshire. Casó con Thelma el 27 de junio de 1926 y se divorciaron en 1933. Fruto de este matrimonio fue William Anthony Furness, 2º Vizconde Furness. Ella retuvo el tratamiento de una noble divorciada y pasó a ser Thelma, Vizcondesa Furness.


El Príncipe de Gales y Thelma, lady Furness, en York Cottage (1930)


Lady Furness conoció al Príncipe de Gales en un baile en Londonderry House en 1926 pero no volvieron a verse otra vez hasta 1929, en el Leicestershire Agricultural Show. El príncipe la invitó a cenar y se encontraron regularmente hasta que Thelma acompañó al príncipe a un safari en África Este a principios de 1930, cuando la relación entre ellos ya era muy estrecha. Al regreso a Inglaterra en abril de ese año, ella se convirtió en su acompañante habitual de los fines de semana en Fort Belvedere, su casa de campo recientemente adquirida. Esta fue la rutina hasta enero de 1934.




Burrough Court

El 10 de enero, en su casa de Burrough Court, cerca de Melton Mowray, Thelma presentó al príncipe a su amiga cercana Wallis Simpson y, mientras visitaba a su hermana Gloria en los Estados Unidos, entre enero y marzo de ese año, fue suplantada en el afecto del príncipe de Gales por la señora Simpson. Entonces ella, reaccionando contra la frialdad del príncipe de Gales, ese mismo año inició un corto romance con el príncipe Aly Khan.

Lady Furness murió en la ciudad de Nueva York en 1970. Como su sobrina, Gloria Vanderbilt, recordó “Cayó muerta en la 73 y Lexington en su camino al médico. En su bolso tenía este oso de peluche en miniatura que el Príncipe de Gales le había dado, años atrás, cuando ella vino para estar con mi madre en el juicio de custodia…”




Lady Furness en sus últimos años




sábado, 26 de diciembre de 2009

El Duque de Windsor


En 1936, tras la abdicación al trono de Edward VIII del Reino Unido, hubo mucha controversia sobre cómo podría ser tratado el antiguo Rey –una posibilidad era el Ducado de Cambridge, otra el de Connaught, aunque ninguno de ellos era adecuado porque el Marquesado de Cambridge y el Ducado de Connaught ya existían-. Una teoría es que fue idea del Primer Ministro Stanley Baldwin darle el título Duque de Windsor. Otra es que fue el nuevo rey George VI quien expresó la idea de un título luego de que fuera firmado el instrumento de abdicación y sugirió usar “el nombre de la familia”.

El nuevo monarca anunció que crearía a su hermano Duque de Windsor, con el tratamiento de Su Alteza Real. Sin embargo, muchos meses pasaron antes que fuera promulgada la Patente real que formalmente otorgaba el título.

El ducado toma su nombre del pueblo donde se halla el famoso Castillo de Windsor, que ha sido la residencia de los monarcas ingleses por más de mil años, y que significa estabilidad, tradición y la esencia misma del ser británico (Windsor era también el apellido de la familia real por muchas de esas razones). A la muerte del duque en 1972 el título se extinguió. Dado su origen, es muy poco probable que sea recreado en el futuro.


El castillo de Windsor

Eduardo VIII del Reino Unido (1894 - 1972), en inglés Edward Albert Christian George Andrew Patrick David, fue monarca del Reino Unido y Emperador de la India durante solamente 326 días, desde la muerte de su padre el 20 de enero de 1936 hasta su abdicación el 11 de diciembre del mismo año.

Nació el 23 de junio de 1894 en White Lodge, distrito de Richmond, en Londres. Era el primogénito de los duques de York (más tarde el rey Jorge V del Reino Unido y la reina María). Si bien es conocido internacionalmente como el príncipe Eduardo, su familia y compañeros de su clase lo llaman David.


El Príncipe David (1919)

Cuando tenía quince años, su padre le otorgó el título de Príncipe de Gales, siendo investido como tal en 1911 en el castillo de Caernarvon. También ostentó los títulos de Duque de Cornualles, Duque de York y Duque de Rothesay, siempre con el tratamiento de Alteza Real. Durante la Primera Guerra Mundial, el príncipe sirvió en el ejército británico pero siempre resguardado de los peligros de la guerra. Después de la guerra, el joven y apuesto Eduardo era muy popular entre el público británico y de la mayor parte del mundo.

Cuando el rey Jorge V murió en enero de 1936, Eduardo VIII subió el trono, convirtiéndose en el segundo monarca de la Casa de Windsor.

Sin embargo, el nuevo soberano deseaba casarse con Wallis Simpson, una estadounidense divorciada que vivía en Inglaterra, cuya reputación con los hombres no era nada buena, habiéndose divorciado además dos veces. Como el monarca británico es también líder de la Iglesia de Inglaterra, ciertos dignatarios religiosos y gubernamentales no aprobaron una unión entre el rey y la señora Simpson.


El día de la boda, en el castillo de Candé (1937)

Pero Eduardo decidió casarse a pesar de las abundantes objeciones. Tras menos de doce meses como rey, abdicó el trono. El 11 de diciembre de 1936 anunció su decisión y reafirmó su amor por Wallis Simpson en un discurso radiofónico a la nación el mismo día. Al día siguiente se despidió de su familia y abandonó su residencia de Fort Belvedere para marchar al exilio forzado. Primero fue a Austria por seis meses, siendo huésped de los barones de Rothschild y luego a Francia, donde se reencontraría con su amada Wallis. Se casaron el 3 de junio de 1937 ante la presencia de algunos amigos de confianza en el castillo de Candé, cerca de Tours.

Después de su abdicación, Eduardo había sido nombrado Duque de Windsor (con tratamiento de Alteza Real) por Jorge VI. Su esposa adquirió el título de Duquesa de Windsor pero no la dignidad de Alteza Real. Este hecho encolerizaría al duque durante muchos años.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el duque obtuvo el cargo de Gobernador General de las Bahamas (1940-1945), en aquel tiempo todavía una colonia británica. Después de la guerra, él y su esposa volvieron a Europa y vivieron otra vez en Francia donde pasaron juntos la mayoría de su vida. Eduardo visitaba a su familia en Inglaterra algunas veces, pero la familia real nunca aceptó a su mujer. La pareja nunca tuvo hijos.


El Duque en su madurez

Eduardo murió en París el 28 de mayo de 1972 y Wallis catorce años más tarde, en 1986. Ambos fueron enterrados juntos cerca del castillo de Windsor, al oeste de Londres.

Títulos
  • 14 de diciembre de 1895 – 28 de mayo de 1898: Su Alteza Príncipe Eduardo de York
  • 28 de mayo de 1898 – 22 de enero de 1901: Su Alteza Real Príncipe Eduardo de York
  • 22 de enero de 1901 – 9 de noviembre de 1901: Su Alteza Real Príncipe Eduardo de Cornualles y York
  • 9 de noviembre de 1901 – 6 de mayo de 1910: Su Alteza Real Príncipe Eduardo de Gales
  • 6 de mayo de 1910 – 23 de junio de 1910: Su Alteza Real El Duque de Cornualles
  • 23 de junio de 1910 – 20 de enero 1936: Su Alteza Real El Príncipe de Gales (en Escocia: 1910–1936: Su Alteza Real El Príncipe Eduardo, Duque de Rothesay)
  • 20 de enero de 1936 – 11 de diciembre de 1936: Su Majestad El Rey (en India: Su Majestad Imperial El Rey-Emperador)
  • 11 de diciembre de 1936 – 8 de marzo de 1937: Su Alteza Real El Príncipe Eduardo
  • 8 de marzo de 1937 – 28 de mayo de 1972: Su Alteza Real El Duque de Windsor


Monograma real de Edward VIII, luego Duque de Windsor


sábado, 19 de diciembre de 2009

Los casos especiales de la nobleza

Existen dignidades nobiliarias otorgadas por los monarcas en casos muy especiales de acuerdo a características personales de la situación o el recipiendario. Los diferentes casos serán detallados en sucesivas entradas.

El ejemplo más clásico es el del emblemático Duque de Windsor, creado en la Nobleza del Reino Unido en 1937. El destinatario fue el Príncipe Edward, anteriormente Edward VIII del Reino Unido, tras su abdicación en 1936 para casarse con la norteamericana Wallis Simpson. Esta creación beneficiaba sólo a él y a su esposa legítima, no así a sus descendientes.


Armas del Duque de Windsor


De otro orden es el título de Príncipe otorgado al Aga Khan, líder espiritual de los ismailíes. Al no ser hereditaria, la dignidad era concedida por la Corona británica a cada titular. En el caso del Aga Khan IV, también el Sha de Irán le otorgó el tratamiento de Alteza Real, pero siempre como dignidad personal.

El león de Ismael, cuya secta lidera el Aga Khan

El Vizconde Astor de Hever, el Conde Mountbatten de Burma, el Barón de Rothschild, el Barón von Thyssen-Bornemisza, son otros ejemplos de peculiares concesiones nobiliarias que, más antiguo en el tiempo, incluyen otros títulos como Marqués de Peralta, Duquesa de Guastalla o Princesa Francesa.


Armas de la Casa Borghese

Los Estados Pontificios dieron cabida a familias italianas poderosas que fueron elevadas a la nobleza por el Pontífice de turno –Colonna, Orsini, Borghese, Sforza- pero también a figuras cuyos títulos fueron otorgados por la Historia, como Ludovico Il Moro, Duque de Milán, de la familia Sforza, o Lorenzo Il Magnifico, un Médici, Señor de Florencia.


Armas de los Médici

Por su parte, en el ámbito de la realeza, existe el título de memoria, que utiliza un soberano o un príncipe heredero mientras no ostenta el ejercicio del poder, ya fuere por haber mudado la forma institucional del estado o por haber sido ocupado el trono por otra rama dinástica. Tal es el caso del Duque de Braganza, pretendiente al trono de Portugal, o el de Conde de Chambord, pretendiente legitimista al trono de Francia.

Armas de Enrique, Conde de Chambord


Generalmente los descendientes del monarca depuesto y en muchas ocasiones hasta él mismo asumen un Título de pretensión o memoria para señalarse como depositarios de los derechos soberanos de aquellos territorios donde reinaron efectivamente sus antepasados.