viernes, 20 de mayo de 2011

El affaire Dolgoruki y el Zar de Todas las Rusias

Cuando se produce el advenimiento del joven Pedro II al trono ruso, éste es consciente de no ser sino la sombra de un emperador, una Majestad de carnaval sometida a la voluntad del organizador del pintoresco espectáculo ruso. Haga lo que haga, deberá plegarse a la voluntad de Alexandr Ménshikov, uno de los “Aguiluchos” de Pedro el Grande (quien le había otorgado el título de Príncipe Serenísimo), el que prevé y organiza todo a su manera.


Pedro II, flamante Zar de todas las Rusias


Las preocupaciones matrimoniales por la zarevna Isabel, tía del zar, no le hacen perder de vista a Ménshikov la educación de su pupilo imperial. Recomienda al vicecanciller Andrei Ivanovich Osterman que refuerce su lucha contra la pereza natural del zar acostumbrándolo a unos horarios fijos, ya se trate de estudios o de solaz. El westfaliano es secundado en esta tarea por el Príncipe Alexei Grigorievich Dolgoruki, “gobernador adjunto”, quien se presenta a menudo en palacio con su joven hijo, el Príncipe Iván, un apuesto veinteañero, elegante y afeminado, que divierte a Su Majestad con su inagotable parloteo.


La zarevna Isabel visita diariamente, acompañada de su hermana Ana, a su querido sobrino en su jaula dorada. Escuchan sus confidencias de niño mimado, comparten su entusiasmo por Iván Dolgoruki, el efebo irresistible, y los acompañan a los dos en sus alegres francachelas nocturnas. Pese a las reconvenciones de sus carabinas masculinas, sobre este cuarteto de desvergonzados sopla un viento de locura.


En diciembre de 1727, Johann Lefort pone al corriente a su ministro en la corte de Sajonia de las calaveradas del joven Pedro II: “El señor no tiene más ocupaciones que recorrer día y noche las calles con la princesa Isabel y su hermana, visitar al chambelán Iván, a los pajes, a los cocineros y Dios sabe a quién más”. Después de dar a entender que el soberano bajo tutela tiene unos gustos contra natura y que el delicioso Iván lo arrastra a juegos prohibidos en lugar de combatir sus inclinaciones, Lefort prosigue: “Podría creerse que esos imprudentes (los Dolgoruki) favorecen los más variados desenfrenos instigando (en el zar) los sentimientos del más abyecto de los rusos. Sé de un aposento contiguo a la sala de billar donde el subgobernador (el príncipe Alexei Grigorievich Dolgoruki) le organiza encuentros galantes (…). No se acuestan hasta las 7 de la mañana.”



Peter y su tía Isabel Petrovna, de caza


Estas diversiones de juventud sedienta de placeres no inquietan a Ménshikov. Mientras Pedro y sus tías se entretengan con enredos amorosos y revolcones de segunda fila, su influencia política será nula. Tras la marcha a Kiel de Ana y su esposo, el duque Carlos Federico de Holstein, Ménshikov cae enfermo de consideración, produciéndose un vacío de poder. Isabel y su sobrino, inmersos en el torbellino de la vida galante, inventan todos los días nuevas ocasiones para retozar y embriagarse. Las cacerías alternan con las meriendas campestres improvisadas y los revolcones en algún pabellón rústico con las ensoñaciones a la luz de la luna. Un ligero perfume de incesto sazona el placer que Pedro experimenta acariciando a su joven tía. Nada como el sentimiento de culpa para salvar el comercio amoroso de las tristezas de la costumbre. Ceñidos a la moral, las relaciones entre un hombre y una mujer enseguida se vuelven aburridas como el cumplimiento de un deber.


Sin duda es esta convicción lo que incita a Pedro a entregarse a experiencias paralelas con Iván Dolgoruki. Para agradecerle las satisfacciones íntimas que éste le proporciona, con el asentimiento de Isabel, lo nombra chambelán y le concede la condecoración de la Orden de Santa Catalina, reservada en principio a las damas. En la corte, esto es motivo de burla y los diplomáticos extranjeros se apresuran a comentar en sus despachos las juergas de doble sentido de Su Majestad. Hablando de la conducta indecorosa de Pedro II durante la enfermedad de Ménshikov, algunos citan el dicho: “Cuando el gato no está, los ratones bailan”. Éste se recupera e intenta imponer orden nuevamente. Pero el zar ya no consiente que nadie, ni siquiera su futuro suegro, se permita oponerse a sus deseos. Ante un Ménshikov atónito y a punto de sufrir una apoplejía: “¡Yo te enseñaré quién manda aquí!”.


Aleksandr Menshikov


De allí hasta el desprecio y el exilio del Serenísimo hay un paso. Alentado con toda probabilidad por Isabel, Natalia y el clan de los Dolgoruki, Pedro ha ordenado detenerlo y confinarlo en Siberia. Los miembros del Alto Consejo empiezan a pelearse por el reparto del poder tras su caída. El vicecanciller Ósterman ha tomado desde el principio la dirección de los asuntos ordinarios, pero los Dolgoruki, basándose en la antigüedad de su apellido, se muestran cada vez más impacientes para suplantar al westfaliano. Sus rivales más directos son los Golitsin, cuyo árbol genealógico es, afirman ellos, como mínimo igual de glorioso. Cada uno de estos paladines quiere barrer para su casa, sin preocuparse demasiado ni de Pedro II ni de Rusia.


Puesto que el zar solo piensa en divertirse, no hay ninguna razón para que los grandes servidores del Estado se empeñen en defender la felicidad y la prosperidad del país, en vez de pensar en sus propios intereses. Los Dolgoruki cuentan con el seductor Iván para alejar al zar de su tía Isabel y de su hermana Natalia, cuyas ambiciones les parecen sospechosas. Dimitri Golitsin, por su parte, encarga a su yerno, el elegante y poco escrupuloso Alexander Buturlin, que arrastre a Su Majestad a placeres lo bastante variados como para apartarlo de la política. Pero Isabel y Natalia se han olido la maniobra de los Dolgoruki y los Golitsin y se unen para abrir los ojos del joven zar ante los peligros que lo acechan entre los dos validos de dientes afilados.




Pedro en su niñez, con su hermana Natalia


En este clima de libertinaje y de rivalidades intestinas es que los dirigentes políticos de Rusia preparan las ceremonias de la coronación en Moscú. El 9 de enero de 1728 Pedro se pone en camino, a la cabeza de un cortejo tan numeroso que hace pensar en el éxodo de todo San Petersburgo. La alta nobleza y la alta administración de la nueva capital se encaminan lentamente hacia los fastos del viejo Kremlin. Han sido los Dolgoruki los encargados de organizar las ceremonias.


Luego, el flamante zar continúa llevando su habitual existencia desordenada. Los Dolgoruki, los Golitsin y el ingenioso Ósterman, dispensados de rendirle cuentas de sus decisiones, aprovechan la situación para imponer su voluntad en toda circunstancia. No obstante, siguen desconfiando de la influencia que Isabel ejerce sobre su sobrino. Segura del poder que tiene sobre los hombres, se insinúa a unos y otros para mantener idilios sin consecuencias y relaciones sin futuro. Tras haber seducido a Alexandr Buturlin, su interés se dirige hacia Iván Dolgoruki, el valido titular del zar. ¿Acaso lo que la excita es la idea de atraer a sus brazos a un hombre cuyas preferencias homosexuales conoce? Su intriga diabólica la estimula como si se tratara de demostrar la superioridad de su sexo en todas las formas de perversidad amorosa. Sin duda es menos corriente, y por lo tanto más divertido, piensa ella, apartar a un hombre de otro hombre que quitárselo a una mujer.

El Zar


En las fiestas que Ana Petrovna y el duque de Holstein dan en Kiel para celebrar el nacimiento de su hijo, el zar abre el baile con su tía Isabel. Luego se retira a la estancia contigua para beber con un grupo de amigos. Después de vaciar unas copas, se percata de que Iván Dolgoruki, su habitual compañero de placeres, no está junto a él. Sorprendido, vuelve sobre sus pasos y lo ve bailando sin parar, en medio del salón, con Isabel. Ella parece tan excitada frente a aquel caballero que la devora con los ojos, que Pedro se enfurece y se retira para emborracharse. Pero ¿de quién está celoso? ¿De Iván o de Isabel?


La reconciliación entre tía y sobrino no tendrá lugar hasta después de Pascua. Dejando de lado por primera vez a Iván Dolgoruki, Pedro lleva a Isabel a una larga partida de caza, que tiene previsto dure varios meses. Un séquito de quinientas personas acompaña a la pareja. Matan tanto animales de pluma como caza mayor. Cuando hay que acorralar a un lobo, un zorro o un oso, se encargan de hacerlo lacayos que visten libreas verdes guarnecidas con trencilla plateada. Éstos atacan al animal con escopetas y venablos, ante la mirada atenta de los señores. La inspección de las piezas cobradas va seguida de un banquete al aire libre y de una visita al campamento de los comerciantes venidos de lejos con sus provisiones de telas, bordados, ungüentos milagrosos y joyas de fantasía.


En plenos festejos, el zar se entera que su tía Ana cae enferma y muere víctima de una pleuresía. Unos meses más tarde, la tisis que había enfermado a su hermana Natalia se agrava repentinamente y también se la lleva a la tumba. Aunque, como por azar, Pedro está ocupado yendo de aquí para allá y cazando, vuelve a San Petersburgo para acompañar su funeral. Pero luego se apresura a partir para Gorenki, la finca donde los Dolgoruki le organizan espléndidas partidas de caza. Esta vez no le pide a Isabel que lo acompañe. Aunque no está cansado de las atenciones y las coqueterías de la joven, siente la necesidad de renovar el personal de sus placeres, justificándose en la idea de que el juego de las revelaciones sucesivas siempre resulta más atractivo que la tediosa fidelidad.



El castillo de Gorenki



En el castillo de Gorenki lo espera una agradable sorpresa. Alexei, el jefe del clan de los Dolgoruki, le pone delante unas piezas que Pedro no se esperaba: las tres hijas del príncipe, frescas, libres y apetecibles bajo sus aires de provocadora virginidad. La mayor, Iekaterina –Katia para los íntimos-, posee una belleza que corta la respiración. De temperamento audaz, la joven aristócrata participa tanto en el acorralamiento de un ciervo como en las libaciones que cierran un banquete, en tranquilos juegos de sociedad o en bailes improvisados después de galopar durante horas por el campo. Todos los observadores coinciden en predecir que, en el corazón del voluble zar, Iván Dolgoruki no tardará en ser suplantado por su hermana, la graciosa Katia. De cualquier modo, la familia Dolgoruki se declarará vencedora y esa unión acarrearía la sumisión total del zar a su familia política, que pondría en vereda a los otros miembros del Alto Consejo secreto.


Pedro parece haber mordido tan bien el anzuelo lanzado por Katia que, nada más llegar a San Petersburgo, ya está pensando en irse de nuevo. Si se ha tomado la molestia de trasladarse durante unos días a la capital es únicamente para completar su equipo de caza. Así pues, tras comprar doscientos perros de busca y cuatrocientos lebreles, vuelve a Gorenki. Pero, una vez de regreso en el lugar de sus hazañas cinegéticas, ya no está tan seguro de que el placer sea tan excelso. Cuenta hastiado las liebres, los zorros y los lobos que ha matado a lo largo de la jornada. Una noche, cuando menciona los tres osos que figuran entre sus piezas cobradas, alguien lo felicita por esta última proeza. Con una sonrisa sarcástica, Pedro contesta: “He hecho cosas mejores que atrapar tres osos; llevo conmigo cuatro animales de dos patas”. Su interlocutor comprende que se trata de una alusión descortés al príncipe Alexei Dolgoruki y sus tres hijas. Semejante burla, dicha en público, hace suponer a los presentes que el zar ya no arde de pasión por Katia y que tal vez está a punto de abandonarla.

Pedro II con la banda azul de la Orden de San Andrés


Pero los Dolgoruki se obstinan en acariciar, pese a las señales de alarma, la idea de una boda imperial en su beneficio. Aunque, para más seguridad, consideran que habría que unir no sólo a Iekaterina con Pedro II, sino también a la tía sobreviviente del zar con el bello Iván. Pero resulta que, según las últimas noticias, la loca de Isabel se ha encaprichado con el descendiente de otra gran familia, el conde Simón Narishkin. Urge poner coto a esa inesperada chifladura que puede comprometer todo el asunto.


Jugándose el todo por el todo, los Dolgoruki amenazan a Isabel con hacerla encerrar en un convento por conducta indecorosa si se empeña en preferir a Narishkin en perjuicio de Iván. Pero la joven, por cuyas venas corre sangre de Pedro el Grande, sufre un acceso de orgullo y se niega a obedecer. Entonces los Dolgoruki se desatan. Como controlan los principales servicios del Estado, Simón Narishkin recibe del Alto Consejo secreto la orden de partir inmediatamente en misión al extranjero. Lo dejarán allí el tiempo que sea necesario para que Isabel lo olvide, mientras ésta llora y trama despiadadas venganzas.




Isabel Petrovna, tía del zar



Los cotilleos cortesanos indican que el zar ha estado a punto de repudiar a Katia al enterarse que ésta había tenido citas clandestinas con otro pretendiente, un agregado de la embajada de Alemania en Rusia, el Conde de Millesimo. Alarmados por las consecuencias de tal ruptura e impacientes por impedirla, los Dolgoruki se las arreglan para preparar un encuentro de reconciliación de la pareja en un pabellón de caza. Esa noche, el padre de la joven aparece en el momento de las primeras caricias, se declara ultrajado en su honor y exige una reparación oficial. Lo más extraño de todo es que ese burdo subterfugio da resultado. En esta capitulación del enamorado sorprendido en flagrante delito por un pater familias indignado, es imposible saber si el “culpable” ha cedido finalmente a su inclinación por Katia, al temor de un escándalo o simplemente al cansancio.


Lo cierto es que el 22 de octubre de 1729, aniversario del nacimiento de Iekaterina, los Dolgoruki comunican a sus invitados que la joven acaba de ser prometida al zar. El 19 de noviembre el Alto Consejo secreto recibe el anuncio oficial de los esponsales y el 30 del mismo mes se celebra una ceremonia religiosa en el palacio Lefortovsky de Moscú, donde Pedro acostumbra residir durante sus breves estancias en la capital. La anciana zarina Eudoxia, abuela paterna del zar, ha accedido a salir de su retiro para bendecir a la joven pareja. Todos los dignatarios del imperio y los embajadores extranjeros se encuentran presentes en la sala, esperando la llegada de la elegida. Su hermano Iván va a buscarla al palacio Golovín, donde se ha alojado con su madre. El cortejo atraviesa la ciudad aclamado por una multitud sencilla y crédula que, ante tanta juventud y tanta magnificencia, está convencida de asistir al final feliz de un cuento de hadas.

El Palacio Lefortovksy



A la entrada del palacio Lefortovsky, la corona que adorna el techo de la carroza de la prometida se engancha con el montante superior del pórtico y cae al suelo con estrépito. Los supersticiosos interpretan este incidente como un mal presagio. En cuanto a Katia, no se inmuta. Cruza muy erguida el umbral del salón de ceremonias. El obispo Feofán Prokopovich la invita a acercarse junto con Pedro. La pareja se coloca bajo un palio de oro y plata sostenido por dos generales. Tras el intercambio de anillos, salvas de artillería y campanadas preludian el desfile de las felicitaciones. Siguiendo el protocolo, la zarevna Isabel Petrovna da un paso adelante y, tratando de olvidar que es la hija de Pedro el Grande, besa la mano de una “súbdita” llamada Iekaterina Dolgoruki.


Al cabo de un momento le toca a Pedro II dominar su despecho, pues el conde de Millesimo, tras aproximarse a Iekaterina, se inclina ante ella. La joven ya se dispone a tenderle la mano. Pedro querría impedir ese gesto de cortesía, que le parece incongruente, pero ella apura el movimiento y presenta espontáneamente sus dedos al agregado de embajada, que los roza con los labios antes de incorporarse, mientras el prometido imperial le dirige una mirada asesina. Al ver la expresión irritada del zar, los amigos de Millesimo se lo llevan y desaparecen con él entre la multitud.



Entonces es cuando el príncipe Vasili Dolgoruki, uno de los miembros más eminentes de esta numerosa familia, cree que ha llegado el momento de dirigir un pequeño discurso moralizador a su sobrina. “Ayer yo era tu tío –dice ante un círculo de oyentes atentos-. Hoy, tú eres mi soberana y yo soy tu fiel servidor. Sin embargo, apelo a mis antiguos derechos para darte este consejo: no mires al hombre con quien vas a casarte sólo como tu marido, sino también como tu señor y no te ocupes más que de complacerlo. (…) Si algún miembro de la familia te pide favores, olvídalo para no tener en cuenta más que el mérito. Será el mejor medio de garantizar toda la felicidad que te deseo.”



Iekaterina –Katia- Dolgorukaya


Estas doctas palabras tienen la virtud de ensombrecer el humor de Pedro. Hasta el final de la recepción permanece con el ceño fruncido. Ni siquiera durante los fuegos artificiales que clausuran la fiesta concede una mirada a la joven con la que acaba de intercambiar promesas de amor eterno. Cuanto más escruta los rostros alegres que lo rodean, más tiene la impresión de haber caído en una trampa.


Cuando se entera que su querido Iván Dolgoruki está pensando en casarse con la pequeña Natalia Sheremetievna, no tiene ningún inconveniente en ceder su valido de otros tiempos a una rival. Queda convenido que, para afianzar la amistad innata que une a los cuatro jóvenes, las dos bodas se celebren el mismo día. Sin embargo, este arreglo razonable sigue atormentando al zar. Todo lo decepciona e irrita. En ningún sitio está a gusto y ya no sabe con quién sincerarse.


Poco antes que acabe el año, Pedro se presenta sin anunciarse en casa de su tía Isabel, a quien ha descuidado en los últimos meses. La encuentra mal instalada, mal servida, privada de lo esencial, cuando debería ser la primera dama del imperio. Ha ido a quejarse ante ella de su desasosiego y es ella quien se queja ante él de su indigencia. Isabel acusa a los Dolgoruki de haberla humillado y arruinado y de disponerse a ejercer su dominio sobre él a través de la esposa que le han arrojado a los brazos. Conmovido por las quejas de su tía, a la que sigue amando en secreto, replica: “¡Yo no tengo la culpa! No me obedecen, pero pronto encontraré la manera de romper mis cadenas!”.



El Zar


Estas palabras son referidas a los Dolgoruki, que se consultan para elaborar una réplica a la vez respetuosa y eficaz. Además, hay otro problema familiar que solucionar urgentemente: Iván se ha peleado con su hermana Katia, la cual desde sus esponsales ha perdido todo sentido de la mesura y reclama los diamantes de la difunta Gran Duquesa Natalia, afirmando que el zar se los había prometido. Esta sórdida disputa en torno a un cofrecillo de joyas puede irritar a Pedro en el momento en que es más necesario que nunca adormecer su desconfianza. Pero ¿cómo hacer entrar en razón a una mujer menos sensible a la lógica masculina que al destello de unas piedras preciosas?


El 6 de enero de 1730, en la tradicional bendición de las aguas del Neva, Pedro llega tarde a la ceremonia y se queda de pie detrás del trineo descubierto donde está Iekaterina. En el aire gélido, las palabras del sacerdote y el canto del coro tienen una resonancia irreal. El zar tirita durante el interminable oficio. Al regresar al palacio, lo acometen escalofríos y se mete en la cama. Todos creen que se trata de un resfriado. Un mes después se encuentra mejor. Sin embargo, cinco días más tarde los médicos descubren en él los síntomas de la viruela.




El Zar en 1730




Ante el anuncio de esta enfermedad, con frecuencia mortal en la época, todos los Dolgoruki se reúnen, aterrorizados, en el palacio Golovín. El pánico ensombrece los semblantes. Ya se prevé lo peor y se buscan salidas para la catástrofe. Entre la agitación general, el príncipe Alexei afirma que sólo habría una solución en el caso que el zar llegara a desaparecer: coronar sin tardanza a quien él ha escogido por esposa, la pequeña Katia. Pero esta pretensión le parece demasiado al príncipe Vasili Vladimirovich. Protesta en nombre de toda la familia negándose a ser súbditos de Iekaterina por no estar casada.


La discusión sube de tono. El príncipe Sergei habla de sublevar a la Guardia para apoyar la causa de la prometida del zar. Pero el general Vasili Vladimirovich se niega y abandona la reunión. Tras su marcha, el príncipe Vasili Lukich, miembro del Alto Consejo secreto, se sienta junto a la chimenea donde arde un enorme fuego y, sin pedir la opinión de nadie, redacta un testamento para presentárselo al zar mientras éste todavía tenga fuerzas para leer y firmar. Los demás miembros de la familia se congregan a su alrededor e intervienen sugiriendo una frase o una palabra para redondear el texto.



Vassili Dolgoruki


Cuando el príncipe termina de escribir, entre los presentes se alza una voz que expresa el temor de que mentes malintencionadas pongan en duda la autenticidad del documento. Inmediatamente interviene un tercer Dolgoruki, Iván, el valido de Pedro, quien saca un papel del bolsillo y falsifica alegremente la firma del zar.


Los testigos están estupefactos, pero ninguno se indigna. Todos se inclinan sobre su hombro, maravillados de su letra idéntica. A continuación, los conspiradores, más tranquilos, intercambian miradas y ruegan a Dios que les libre de tener que utilizar ese documento. De vez en cuando envían emisarios a palacio en busca de noticias del zar. Éstas son cada vez más alarmantes.


El Zar de todas las Rusias se extingue a la una de la madrugada del lunes 19 de enero de 1730, a la edad de catorce años y tres meses. Su reinado habrá durado poco más de dos años y medio. El día de su muerte es la fecha que él mismo había fijado unas semanas antes para su boda con Iekaterina Dolgoruki.




miércoles, 18 de mayo de 2011

Los Stroganov

Los Stroganov o Strogonov (ruso: Строгановы, Строгоновы) eran una familia de altos comerciantes, industriales, terratenientes y hombres de estado que alcanzaron la prominencia entre los siglos XVI y XX y a los que se otorgó rango de nobleza.


Originalmente era una familia de campesinos pomor (es decir, del subártico ruso, la región del Mar Blanco). Fiódor Lukich Stróganov, el progenitor, se afincó en Solvychegodsk, también en el norte ruso, a finales del siglo XV. Su hijo, Anikéi Fiódorovich Stroganov (1488-1570) abrió una salina en 1515, la que se convertiría posteriormente en una gran industria. En 1558, Iván el Terrible le dio en posesión a él y a sus sucesores de vastas tierras ubicadas en lo que en ese momento era el límite oriental de Rusia, a lo largo de los ríos Kama y Chusovaya.


En 1566, a su petición, sus tierras fueron incluidas en la Opríchnina, un territorio dentro de Rusia regido por la autoridad directa de Iván el Terrible. Arrebatando las tierras a la población local mediante la conquista y colonizándolas con campesinos rusos, los Stroganov desarrollaron allí la agricultura, la caza, las salinas, la pesca y la minería. Construyeron ciudades y fortalezas, suprimiendo a los rebeldes locales con la ayuda de un pequeño ejército privado (cuyas unidades eran conocidas como druzhinas), y anexando nuevas tierras en los Urales y Siberia en favor de Rusia. Semión Anikeyevich Stróganov (1609†) y los nietos de Anikey, Maksim Yakovlevich (1620-30†) y Nikita Grigoriyevich (1620†) financiaron la campaña siberiana de Yermak Timoféyevich de 1581.



Grigory Dmitriyevich Stroganov (1656-1715)


Durante el período de la intervención polaca a principios del siglo XVII, los Stroganov ofrecieron apoyo militar y humano al gobierno ruso (unos 842.000 rublos en materia de dinero), por lo que recibieron el título de Personas Distinguidas en 1610.


En el siglo XVII, los Stroganov invirtieron firmemente en la industria de sal de Solikamsk. En la década de 1680, Grigory Dmitriyevich (1656-1715) unió todas las tierras dispersas por los herederos de los hijos de Anikey Stroganov. También se anexionó las salinas de las familias Shustov y Filatiyev. En el siglo XVIII, los Stroganov establecieron varias herrerías y fundiciones de cobre en los Urales.


En ese período de tiempo, la familia ordenó construir varias iglesias remarcables -en estilo barroco Naryshkin- a lo largo de toda Rusia. Entre ellas se incluye la Catedral de la Presentación de María (Введенский собор) en Solvychegodsk, la Iglesia de Nuestra Señora de Kazán en Ustiuzhna, la Iglesia de Nuestra Señora de Smolensk (церковь Смоленской Богоматери) en Gordeyeva (actualmente parte del distrito de Kanavino en Nizhny Novgorod) y la Iglesia de la Natividad de Nizhny Novgorod (empezada en 1697 y consagrada en 1719).



Nuestra Señora de Kazán, en Ustyuzhna

Los Barones Stroganov


Durante la Gran Guerra del Norte de 1700-1721, los Stroganov le dieron un gran apoyo financiero al gobierno de Pedro I el Grande, por lo que Alejandro Grigoriyevich, Nicolás Grigoriyevich y Sergei Grigoriyevich fueron elevados al rango de Barón en 1722 y posteriormente al de Conde.


Desde entonces, los Stroganov fueron miembros de la aristocracia y ejercieron importantes cargos en el gobierno:


* Sergei Grigoriyevich (1707-1756) jugó un importante papel durante el reinado de Isabel Petrovna.
* Su hijo Alexander Sergeyevich (1733-1811) fue miembro de la comisión para elaborar el nuevo código de leyes durante el reinado de Catalina la Grande. A finales del siglo XVIII y principios del XIX, ejerció diferentes cargos, tales como presidente de la Academia Rusa de Artes, director de arte de la Biblioteca Pública, y miembro del Consejo de Estado.
* Pavel Alexandrovich (1772-1817) fue miembro del Comité de Privados (Негласный комитет) de Alejandro I y asistente del ministro de Interior.
* Sergei Grigoriyevich (1794-1882) fue el gobernador general de Moscú entre 1859 y 1860. Fundó el Instituto Stroganov de Artes e Industria de Moscú en 1825.
* Alexander Grigoriyevich fue ministro de Interior entre 1839 y 1841 y miembro del Consejo de Estado desde 1849.



Conde Sergei Grigorievich Stroganov (1881)


La mayoría de los miembros de la familia han sido conocidos por su interés en el arte, la literatura, la historia, y la arqueología. Tenían por costumbre poseer ricas bibliotecas, vastas colecciones de pintura, de monedas, medallas, etc. El Palacio Stroganov (hoy uno de los edificios del Museo del Estado Ruso) está entre las mejores vistas de la Perspectiva Nevsky en San Petersburgo.


Tiempos modernos


Después de la Revolución rusa de 1917 los Stroganov emigraron con el Movimiento Blanco y toda la propiedad familiar fue nacionalizada en beneficio del pueblo ruso.


En 1992 fue creada en el Estado de Nueva York una corporación sin ánimo de lucro: la Fundación Stroganoff, que se dedica a la conservación y la restauración de la herencia rusa de la dinastía. El establecimiento de esta fundación fue inspiración de la baronesa Hélène de Lundinghausen, que vive en París y cuya madre, la princesa Xenia Alexandrovna Shcherbatova-Stroganova, nació en el Palacio Stroganov.


Hélène de Lundinghausen-Stroganoff (extremo izq): vida social en París

lunes, 16 de mayo de 2011

Suvorov, el Generalísimo

Aleksandr Vasílievich Suvorov (Александр Васильевич Суворов, conocido también como Aleksánder o Alexánder), Conde Suvorov de Rímnik, Príncipe de Italia (граф Рымникский, князь Италийский), fue el cuarto y último Generalísimo del imperio ruso, reconocido como uno de los pocos grandes generales de la historia que nunca perdió una batalla. Se hizo famoso por su manual La ciencia de la victoria y notorio por su dicho «Entrenar duro, luchar calmado».

Alexander (apodado Sasha o Sandy) nació en Moscú, en el seno de una familia noble y terrateniente que procedía de la región de Novgorod. Su familia había emigrado de Suecia en 1622. Sasha entró en el ejército a los 17 años, sirviendo contra los suecos en Finlandia en 1741 y contra los prusianos durante la Guerra de los Siete Años (1756-1763). Ya hablaba francés, alemán, polaco e italiano y en su pre-adolescencia se había dedicado con devoción al estudio de varios autores militares. Tras distinguirse repetidas ocasiones en combate, fue nombrado coronel en 1762 (tenía alrededor de 33 años).

A continuación sirvió en Polonia durante la Confederación de Bar, dispersando a las fuerzas polacas bajo el mando de Pułaski. Atacó Cracovia (1768), y alcanzó el rango de mayor general. La guerra ruso-turca de 1768-1774 vio sus primeras campañas contra los turcos entre 1773 y 1774, y particularmente en la batalla de Kozludsí, en el último año, asentó su reputación.



Imagen del General Suvorov en una moneda de 50 rublos



En 1775, Suvorov fue enviado a suprimir la rebelión de Pugachev, quien reclamaba ser el Zar Pedro III, pero llegó a la escena sólo a tiempo de conducir el primer interrogatorio del líder rebelde, el cual había sido traicionado por sus aliados cosacos y posteriormente fue decapitado en Moscú.

El azote de polacos y turcos

Desde 1777 a 1783, Suvorov sirvió en Crimea y el Cáucaso, convirtiéndose primero en teniente general y luego en general de infantería, al momento de la conclusión de su trabajo. De 1787 a 1791 luchó de nuevo contra los turcos durante la Guerra Ruso-Turca y consiguió numerosas victorias. Por la última de ellas, Catalina la Grande le otorgó el título de victoria de Conde con el nombre "Rimniksky" agregado al suyo propio y el Sacro Emperador José II lo hizo Conde del Sacro Imperio Romano.

El 22 de diciembre de 1790, Suvorov atacó la impenetrable fortaleza de Izmaíl, en Besarabia. Las fuerzas turcas tenían órdenes de mantener la posición hasta el final y declinaron de forma arrogante el ultimátum ruso. La derrota significó una catástrofe de gran magnitud para el Imperio otomano, mientras que en Rusia la victoria fue glorificada en su primer himno nacional, «Deja que suenen los truenos de la victoria».


El Conde Alexsandr Suvorov Rimniksky


Inmediatamente tras la firma de la paz con los turcos, Suvorov fue transferido de nuevo a Polonia, donde asumió el mando de uno de los cuerpos de ejército que tomaron parte en la batalla de Maciejowice, en la cual capturaron al comandante en jefe de la insurrección polaca, Tadeusz Kościuszko. El 4 de noviembre de 1794, los cosacos de Suvorov atacaron Varsovia, y en lo que se conoció como la «Masacre de Praga», por la impotencia del general de impedírselos, capturaron uno de sus suburbios. La matanza denunciada de muchos civiles rompió el espíritu de los defensores, y rápidamente se puso fin a la sublevación de Kościuszko.


El comandante ruso envió un informe a su soberana que consistía en tres palabras: Ура, Варшава наша! (¡Hurra! Varsovia es nuestra.). La emperatriz rusa respondió de una forma igualmente breve: Ура, фельдмаршал! (Felicidades, Mariscal de Campo), otorgándole el título de esa forma. El recién nombrado Mariscal permaneció en Polonia hasta 1795, cuando volvió a San Petersburgo. Pero su soberana y amiga Catalina murió en 1796 y su sucesor el zar Pablo I le despidió, haciéndole caer en desgracia.


Suvorov entrando en Varsovia (1794)

La campaña italiana

Suvorov vivió entonces algunos años retirado en su finca de Konchanskoye, cerca de Borovichí, región de Nóvgorod. Criticaba las nuevas tácticas militares y los uniformes introducidos por el emperador y algunas de sus frases más cáusticas llegaron a los oídos de Pablo. Su conducta comenzó a ser vigilada, así como la correspondencia con su esposa, que permanecía en Moscú (ya que sus relaciones matrimoniales no eran buenas). Los domingos tocaba la campana de la iglesia y cantaba con los paisanos de la aldea; entre semana trabajaba con ellos como uno más. Pero en febrero de 1799, el Emperador Pablo le convocó de nuevo para ir al campo de batalla, esta vez contra los ejércitos revolucionarios franceses en Italia.

La campaña comenzó con una serie de victorias de Suvórov (Cassano d'Adda, Trebbia, Novi), las cuales redujeron el gobierno francés a una estrechez desesperada y expulsaron a los soldados franceses de Italia, salvados por los pocos que estaban bajo el mando de Moreau, que mantuvo el equilibrio en los Alpes marítimos y alrededor de Génova. El mismo Suvorov obtuvo el rango de Príncipe de la Casa de Saboya por parte del rey de Cerdeña.

Suvorov recibe en el exilio la orden del Emperador de mandar a sus ejércitos contra Napoleón.


Pero los últimos eventos de aquel año lleno de novedades se les pusieron de cara a Rusia. Las fuerzas del general Korsakov fueron vencidas por Masséna en Zúrich. Traicionado por los austriacos, el viejo mariscal de campo, tratando de pasar a través de los Alpes hasta el Rin superior, tuvo que retirarse a Vorarlberg, donde el ejército, prácticamente deshecho, sin caballos ni artillería, tenía sus cuarteles de invierno. Cuando Suvorov se hizo camino a través de las cumbres nevadas de los Alpes, su ejército se vio sometido a una dura prueba, aunque no fue derrotado. Por tan maravillosa retirada estratégica, no conocida desde los tiempos de Aníbal, Suvorov fue ascendido al rango de Generalísimo (el cuarto de Rusia). Se le prometió oficialmente que se le darían honores militares por su triunfo en Rusia, pero las intrigas de la corte llevaron al zar a cancelar la ceremonia.

A principios de 1800, Suvorov volvió a San Petersburgo. Pablo rehusó recibirle en audiencia y, herido y enfermo, el viejo veterano murió unos días después, el 18 de mayo. Lord Whitworth, el embajador inglés, y el poeta Gavrila Derzhavin fueron las únicas personas distinguidas presentes en su funeral.

Las tropas del Generalísimo cruzando los Alpes (1799)


Suvorov está enterrado en la iglesia de la Anunciación, en el monasterio Aleksandr Nevski. Una simple inscripción en su sepulcro reza, conforme a sus propios deseos: «Aquí yace Suvorov». Pero un año después de su muerte, el zar Alejandro I erigió una estatua a su memoria en el Campo de Marte de San Petersburgo.

Su familia

El hijo de Suvorov, Arcadio (1783-1811), sirvió como general en el ejército ruso durante las guerras turcas y napoleónicas a principios del siglo XIX, y se ahogó en el mismo río Rimnik que tanta fama le dio a su padre. Su nieto, Aleksandr Arkadievich (1804-1882), fue Gobernador General de Riga entre 1848 y 1861 y de San Petersburgo entre 1861 y 1866. La hija de Suvorov, Natalia Alexandrovna (1775-1844), casó con el Conde Nikolai Zubov.

Arcadio Suvorov, hijo del Generalísimo (1809)


Títulos

Su nombre completo y sus títulos son los siguientes: Aleksandr Vasíliyevich Suvorov, Príncipe de Italia (Kniaz Italyiskiy), Conde de Rímnik (Graf Rímnikskiy), Conde del Sacro Imperio Romano, Príncipe de Cerdeña, Generalísimo de las Fuerzas Terrestres y Navales de Rusia, Mariscal de Campo de los ejércitos de Austria y Cerdeña.

Fue receptor de las siguientes condecoraciones:

· Orden de San Andrés el Primer Apóstol
· Orden de San Jorge el Triunfante Primera Clase
· Orden de San Vladimiro Primera Clase
· Orden de San Alejandro Nevski
· Orden de Santa Ana Primera Clase
· Gran Cruz de la Orden de San Juan de Jerusalén
· Orden de María Teresa Primera Clase (Austria)
· Orden del Águila Negra (Prusia)
· Orden del Águila Roja (Prusia)
· Mención al Mérito (Prusia)
· Orden de los Santos Revelados Mauricio y Lázaro (Cerdeña)
· Orden de San Guberto (Baviera)
· La Leona de Oro (Baviera)
· Órdenes Unidas de la Carmelita Virgen María y San Lázaro (Francia)
· Orden del Águila Blanca (Polonia)
· Orden de San Estanislao (Polonia)



Suvorov en su uniforme del Regimiento Preobrazhenky y el bastón de Mariscal de Campo. Lleva en su pecho 10 condecoraciones y la banda azul de la Orden de San Andrés (la primera y más alta orden de caballería del imperio ruso).


Legado


Los rusos han mimado largamente la memoria de Suvorov. Se le considera el gran capitán de la nación rusa por el carácter de su liderazgo, acorde con el carácter del soldado ruso. En una época en la que la guerra se había convertido en una acción más de la diplomacia, él restauró su verdadero significado como acto de fuerza. Tuvo una gran simplicidad de maneras y mientras estaba en campaña vivía como un soldado raso, durmiendo sobre la paja y contentándose con la paga más humilde, aunque pasó por todos los rangos del servicio militar.


Sus mofas le procuraron no pocos enemigos. Como hombre de acción, despreciaba a los favoritos ignorantes y a los caballeros ornamentales de salón, pero sus chanzas sirvieron en ocasiones para esconder y muchas otras para expresar un genio militar cuyo efecto permaneció largamente en el ejército ruso. Si las tácticas de los rusos en la Guerra Ruso-Japonesa de 1904-1905 reflejaron demasiado literalmente algunas de las máximas de las guerras turcas de Suvorov, el espíritu de sacrificio, la resolución y la indiferencia por las pérdidas que mostraron, creó un precioso legado procedente de estas guerras. Mikhail Ivanovich Dragomirov declaró que basó sus enseñanzas en las tácticas de Suvórov, las cuales tenía como representativas de las verdades fundamentales de la guerra y de las cualidades militares de la nación rusa.



La Orden de Suvorov


En 1900 se abrió el magnífico 'Museo de Historia Militar Suvorov' para conmemorar el centenario de la muerte del general. Fuera de San Petersburgo, se erigieron otros monumentos a Suvórov en Focsani, Ochákov, Sebastopol, Izmail, Tulchin, Kobrin, Novaya Ladoga, Jersón, Timanovka, Simferopol, Kaliningrado, Konchanskoye, Rymnik y en el Paso del Gotardo en los Alpes suizos. El 29 de julio de 1942, el Presidium del Soviet Supremo de la URSS estableció la Orden de Suvorov, que se otorgaba por las acciones ofensivas exitosas contra fuerzas enemigas superiores. El pueblo de Suvorovo en la Provincia de Varna, Bulgaria, fue nombrado así por el general, así como el barco ruso que descubrió la Isla Suwarrow (en realidad, un atolón coralino) en el Pacífico.

Monumento a Suvorov en el Paso de San Gotardo en los Alpes suizos.


sábado, 14 de mayo de 2011

Los Orlov

Orlov (en ruso: Орлóв) es una familia noble de Rusia que produjo distinguidos estadistas, diplomáticos y militares. La familia obtuvo distinción en la persona de los cuatro hermanos Orlov, el segundo de los cuales fue amante de Catalina la Grande y los dos menores notables comandantes militares.



Los hermanos Orlov


El Conde Grigory Grigoryevich Orlov (1734-1783), quien creó para su familia un lugar ilustre en la historia rusa, era hijo de Gregory Orlov, gobernador de la Gran Novgorod. Fue educado en el cuerpo de cadetes de San Petersburgo, comenzó su carrera militar en la Guerra de los Siete Años y fue herido en la batalla de Zorndorf. Mientras servía en la capital como oficial de artillería enamoró a la Gran Duquesa Catalina Alexeyevna, futura zarina, y lideró la conspiración que resultó con el destronamiento y muerte del esposo de la Gran Duquesa, Pedro III, en 1762.


Catalina lo elevó entonces al rango de Conde y lo hizo General-adjunto, Director-general de ingenieros y General-en-jefe. Tuvieron un hijo ilegítimo, Alexei, que nació en 1762 y le fue dado el nombre del pueblo de Bobriki, donde vivió; de él desciende la línea de los Condes Bobrinsky. La influencia de Orlov se convirtió en decisiva luego del descubrimiento del complot de Khitrovo para dar muerte a la familia Orlov al completo. En una época la zarina decidió casarse con su favorito, pero el plan se frustró por su influyente asesor Conde Nikita Panin.

El más célebre de los hermanos Orlov, Grigory


Grigory Orlov no era estadista, pero tenía un rápido ingenio, una exacta apreciación de los acontecimientos y fue un consejero útil y comprensivo durante la primera parte del reinado de Catalina. Tanto por motivos patrióticos como económicos, se entregó con entusiasmo a la causa de mejora de la condición de los siervos y su emancipación parcial. Fue uno de los primeros propagandistas de la idea de la emancipación de los cristianos al yugo otomano. En 1771 fue enviado como primer embajador plenipotenciario ruso al congreso de paz de Focşani; pero falló en su misión, debido en parte a la obstinación de los otomanos y en parte (de acuerdo con Panin) a su propia indignante insolencia. De regreso sin permiso a su Palacio de Mármol en San Petersburgo, se encontró sustituido en el favor de la emperatriz por Grigory Potemkin, mucho más joven que él.


Con intenciones de recuperar el afecto de Catalina, Grigory le obsequió con uno de los más grandes diamantes conocidos. Con 189 quilates, era originario del sur de la India y la zarina lo bautizó con el nombre del conde, encomendando a su joyero Troitinsky la confección de un cetro –que se completó en 1784-, en el que incorporó la reliquia. Pese a todo, el conde no logró la finalidad deseada y se convirtió en persona non grata en la corte, por lo que se retiró al extranjero por algunos años. Regresó a Rusia unos meses antes de su muerte, que tuvo lugar en Moscú en 1780. Ya maduro, había contraído matrimonio con su sobrina, Madame Zinovyeva, pero no tuvieron hijos.

Salón Vestidor del Conde Orlov en el Palacio Gatchina. La propiedad y el castillo fueron vendidos a la Corona en 1783.


El Conde Alexey Grigoryevich Orlov (1737–1808), hermano del anterior, fue, por lejos, el más capaz de los miembros de la familia y también notable por su fuerza y destreza física. En la revolución palaciega de 1762 jugó un importante rol, incluso más que su hermano Grigori. Trasladó al zar Pedro III al castillo de Ropsha y lo asesinó con sus propias manos.


En 1770 fue nombrado Comandante-en-jefe de la flota enviada contra los turcos, cuya armada por lejos superior Orlov aniquiló en la batalla de Chesma, una victoria que se llamó la Revuelta Orlov y que conquistó el archipiélago griego. Por este hecho recibió, en 1774, un título de victoria honorífico, el de Príncipe Chesmensky, y el privilegio de incluir las armas imperiales en su escudo de armas personal.


Alexey Orlov


El mismo año, a requerimiento de la emperatriz Catalina, fue a Livorno a seducir y traer a Rusia a la Princesa Elizabeth Alexeyevna Tarakanova, quien se proclamaba hija natural de la emperatriz Isabel. Habiendo realizado con éxito este inusual encargo, se retiró de la vida pública y se estableció en Moscú. Allí se dedicó devotamente a la cría de ganado y produjo la “más fina raza de caballos” entonces conocida, los “Trotadores Orlov”, a través de la cruza de caballos árabes con los más pesados pero briosos Frisones holandeses y los altos, ligeros sementales ingleses de carrera. También refinó y popularizó una variedad de pollos, llamados hoy Orloff en su honor.


En las Guerras Napoleónicas durante 1806-1807, Orlov comandó la milicia del quinto distrito, que fue puesta en guerra casi enteramente a sus propias expensas. Dejó una herencia por valor de cinco millones de rublos y 30.000 siervos.

Alexey Orlov-Chesmensky corriendo con su semental Bars I, el más famoso de los Trotadores Orlov. En el siglo XIX, los “Trotadores Orlov” eran considerados los más rápidos de Europa.

Los otros Condes Orlov


El mayor y menos notable de los cuatro hermanos Orlov fue Ivan Grigoryevich Orlov (1733-1791). Después de la muerte de su padre en 1746 se convirtió en cabeza de la familia; todos los hermanos Orlov lo veían y respetaban como un segundo padre. Tuvo una existencia modesta manejando las propiedades familiares. Incluso después de la revolución de 1762, cuando los Orlov se convirtieron en condes y obtuvieron enorme fortuna, él aparentemente rehusó cualquier carrera estatal y título nobiliario y continuó viviendo en Moscú y en las fincas de la familia.


El cuarto hermano Orlov fue el Conde Fyodor Grigoryevich (1741-1796), un general que primero se distinguió en la Guerra de los Siete Años. Participó con sus hermanos mayores en el golpe de estado de 1762, después del cual fue nombrado Jefe Procurador y Senador de Gobierno. Durante la primera Guerra Ruso-Turca (1768-1774) de Catalina II sirvió bajo las órdenes del Almirante Spiridov y fue uno de los primeros en quebrar la línea turca en la batalla de Chesme. Consecuentemente, en la batalla de Hydra, destruyó dieciocho navíos turcos. Estas proezas fueron, por orden de Catalina, conmemoradas con una columna triunfal, coronada con trofeos navales, que se erigió en Tsarskoie Selo. En 1775 se retiró del servicio público. Nunca se casó, pero tuvo cinco hijos naturales, que la emperatriz Catalina legitimizó y ennobleció.



El Conde Ivan Orlov


El más joven de los hermanos Orlov fue el Conde Vladimir Grigoryevich (1743-1831). Tenía solo 19 cuando sus hermanos mayores accedieron al poder y lo consideraron tan sabio como para enviarlo a la Universidad de Leipzig. Aunque su educación fue más espasmódica que buena, la emperatriz lo nombró Presidente de la Academia Rusa de Ciencias a su retorno cuatro años más tarde. Su ignorancia del latín lo llevó a retirar ese idioma de la Academia: fue reemplazado por el alemán, en el cual Orlov era más fluido. Se convirtió en patrono de científicos alemanes como el zoologista y botánico Peter Simon Pallas e invitó a varios de ellos a Rusia. En 1767 acompañó a Catalina II durante su viaje a lo largo del Volga, documentándolo en un diario. Después que su hermano cayó en desgracia, Vladimir fue removido de su puesto y se retiró a sus poblados.


Este Orlov tuvo varias hijas, una de ellas esposa de Nikita Petrovich Panin, y un hijo -Conde Grigory Vladimirovich (1777–1826)-, quien murió antes que su padre. Grigory el Joven fue devoto de las ciencias como su padre. En 1799 casó con la Condesa Anna Saltykova y viajó a Francia, Italia y Suiza. Viviendo en París, Orlov tradujo al francés algunas fábulas de Ivan Krylov. Después de la muerte de su esposa, el Conde Orlov regresó a Rusia y desde 1809 fue miembro honorario de la Academia Rusa de Ciencias. Sus tres hijos nacieron fuera del matrimonio.



La Condesa Anna Orlova

Príncipes Orlov


El Príncipe Alexey Fyodorovich Orlov (1787-1862), hijo natural del conde Fyodor Grigoryevich, tomó parte en todas las guerras napoleónicas desde 1805 hasta la captura de París. Por sus servicios como comandante de la caballería de los Life Guards con ocasión de la rebelión de 1825 fue creado Conde y en la Guerra Ruso-Turca de 1828-1829 ascendió al rango de Teniente-general. En esta época comienza la brillante carrera diplomática de Orlov.


Estuvo presente como enviado plenipotenciario ruso al Tratado de Adrianópolis y en 1833 fue nombrado embajador ruso en Constantinopla, teniendo al mismo tiempo el puesto de Comandante-en-jefe de la flota del Mar Negro. Asimismo se convirtió en uno de los agentes de más confianza de Nicolás I, a quien acompañó durante su tour por el extranjero en 1837. De 1844 a 1856 estuvo a cargo de la Tercera Sección o policía secreta. En 1856, cuando fue uno de los plenipotenciarios que concluyó la Paz de París, recibió la dignidad de Príncipe, siendo nombrado presidente del Consejo del Estado Imperial y del Consejo de Ministros. En 1857, durante la ausencia del emperador, presidió la comisión formada para considerar la cuestión de la emancipación de los siervos, a la que era hostil. Murió en 1862 en San Petersburgo.



El Príncipe Nikolay Orlov


Su único hijo,
Príncipe Nikolay Alexeyevich Orlov (1827-1885), fue un distinguido diplomático y escritor. Primero realizó una carrera militar, siendo seriamente herido en la Guerra de Crimea. Consecuentemente entró en el servicio diplomático y representó a Rusia, sucesivamente, en Bruselas (1860-1870), París (1870-1882) y Berlín (1882-1885). Como escritor se situó en la vanguardia de la reforma. Sus artículos sobre los castigos corporales, que aparecieron en “Russkaya Starina” en 1881, trataron sobre su abolición. También abogó sobre la tolerancia hacia los disidentes.


El Príncipe Alexey tenía un hermano, Mikhail Fyodorovich Orlov (1788-1842), quien tomó parte activa en las guerras napoleónicas y recibió el rango de General-mayor cuando regresó a Rusia en 1814. Amigo de Alexander Pushkin y convencido liberal, concentraría su atención en los proyectos de emancipación de los siervos y la introducción del gobierno republicano en Rusia. Desde 1818 estuvo a cargo de la sección Kishinev de la sociedad Decembrista. Cuando la revuelta falló, fue arrestado pero puesto en libertad bajo fianza a través de la mediación de su hermano. Se estableció entonces en Moscú y publicó un estudio pionero sobre el crédito estatal.

El Palacio Gatchina. El Monumento al Águila en los jardines refiere al apellido Orlov, derivado de la palabra rusa para “águila”.

jueves, 12 de mayo de 2011

Los Tolstoy

Tolstoy, o Tolstoi, es una prominente familia de la nobleza rusa descendiente de Andrey Kharitonovich Tolstoy el Gordo, quien sirvió bajo Vasily II de Moscú. Los “salvajes Tolstoys”, como eran conocidos en la alta sociedad de la Rusia imperial, han dejado un perdurable legado en política rusa, historia militar, literatura y bellas artes.


Andrey Kharitonovich Tolstoy era bisnieto de un tal Indris, un hombre de distinguidos ancestros que llegó al Principado de Chernigov proveniente de las tierras de César (el Sacro Imperio Romano), acompañado de sus hijos Litvinos y Zimonten y una fuerza de tres mil hombres. Esta leyenda familiar es incomprobable.



La familia comenzó a alcanzar la prominencia a fines del siglo XVII por sus conexiones con el clan Miloslavsky, al cual pertenecía la primera esposa del zar Alexis I. Fue okolnichi Pyotr Andreyevich Tolstoy (1645-1729) quien decidió la fortuna familiar al optar por el partido de Pedro el Grande. El okolnichi era un alto cargo de la Corte, cuyo titular se encargaba de organizar los viajes de los zares y grandes príncipes, así como acoger a los embajadores extranjeros y presentarlos en la corte. Él gradualmente ganó la confianza del zar sirviendo primero como embajador en Constantinopla, luego como jefe de la policía secreta. Aunque detestado por sus contemporáneos, Tolstoy fue hecho Conde por su aporte al asegurar el trono para Catalina I. Más tarde se enfrentaría con el poderoso Príncipe Menshikov, fue desprovisto de sus títulos y exiliado al Solovki. Títulos y propiedades fueron restauradas a sus nietos treinta años después.


Pyotr Andreyevich Tolstoy, prominente estadista durante el reinado de Pedro el Grande.



El más famoso Tolstoy del siglo XIX fue el Conde Dmitri Andreevich (1823–1889), sucesivamente Ministro de Educación, Ministro del Interior y Presidente de la Academia de Ciencias. Durante su mandato puso en práctica un vigoroso programa de “rusificación” en Polonia y Ucrania, por el cual es principalmente recordado.



Dos miembros de la familia estuvieron activos durante las Guerras Napoleónicas. El Conde Peter Alexandrovich (1761–1844) sirvió bajo Suvorov en las guerras contra Polonia y Turquía, fue hecho general adjunto en 1797, fue como embajador a París en 1807 y trató de persuadir a Alejandro I de preparar la guerra contra Francia, aunque sin mucho éxito. Fue gobernador de San Petersburgo y Kronstadt desde 1828 hasta su muerte.



Alexander Ivanovich Tolstoy (1770–1857), derivado de una rama colateral de la familia, heredó el título condal y las propiedades de su tío Ivan Ostermann, quien murió sin hijos como el último de los Ostermanns. Primero se distinguió en la batalla de Charnova (1807), donde su regimiento peleó por 15 horas contra el ejército completo comandado por Napoleón. Uno de los más admirados generales de la coalición anti-napoleónica, fue premiado por su coraje en las batallas de Pultusk y Eylau. En Guttstadt fue herido tan seriamente que temieron por su vida.


La Galería Militar del Palacio de Invierno, donde el Conde Alexander Ivanovich ocupa un lugar destacado.



En la gran batalla de Borodino, comandó brillantemente las posiciones clave hasta que fue traumatizado y retirado del campo de batalla. Ostermann-Tolstoy fue una vez más herido en la batalla de Bautzen (1813) pero no se dio por vencido al comandar sus fuerzas. Coronó sus logros con la Victoria de Kulm (agosto de 1813), que le costó la amputación de su brazo izquierdo. Cuando la guerra terminó, peleó con el emperador, y resignado pasó el resto de su vida en Europa.

Los otros Tolstoy



El Conde Feodor Petrovich Tolstoy (1783–1873), mencionado por Alexander Pushkin en "Eugene Oneguin", fue uno de los más conocidos dibujantes y pintores rusos de la década de 1820. Aunque realizó finas ilustraciones para Dushenka, de Ippolit Bogdanovich, su genuina vocación fue modelaje en cera y diseño de medallas. Como gradualmente fue quedando ciego debió renunciar al dibujo y comenzó a escribir ballets y libretos para óperas. Fue nombrado Vice- Presidente de la Academia de Artes en 1828. Muchos de sus trabajos pueden ser vistos en el Museo Ruso de San Petersburgo.





El Conde Feodor Petrovich en su casa de Moscú



El Conde Feodor Ivanovich Tolstoy (1782–1846) fue un notorio alcohólico, gastrónomo y duelist. Se dijo que había matado once personas en duelos. En 1803 participó en la primera circunnavegación rusa alrededor de la Tierra. Peleó bravamente en la Guerra de 1812 pero escandalizó a su familia nuevamente al casarse a una cantante gitana en 1821.



Muchos de los Tolstoy dedicaron su tiempo libre a actividades literarias. Por ejemplo, el Conde Alexei Konstantinovich (1817–1875) fue cortesano pero también uno de los más populares poetas rusos de la época. Escribió admirables baladas, una novela histórica, algunos versos licenciosos y sátiras publicadas bajo el seudónimo de Kozma Prutkov. Su última contribución a la literatura rusa fue una trilogía de dramas históricos, modelados a partir del "Boris Godunov" de Pushkin.


Conde Fyodor Ivanovich Tolstoy, también conocido como el "Americano". En 1803 hizo la primera circunnavegación alrededor del mundo en un navío (el velero Nadezhda) de bandera rusa.



El Conde Lev Nikolaevich (1828–1910), más conocido como Leon Tolstoy, es aclamado como uno de los grandes novelistas de todos los tiempos. Después de empezar su carrera militar, primero dibujaba libros ya escritos cuando sirvió en Chechenya y ya su primera novela, Kazaky (“Los Cosacos”) era algo muy diferente a cualquier cosa escrita antes que él. Fue en la propiedad familiar Yasnaya Polyana, cerca de Tula, donde creó dos de sus novelas, "Guerra y Paz" y "Anna Karenina", consideradas entre las mejores novelas jamás escritas.



De los trece hijos que tuvo Leon, la mayoría pasó su vida promocionando las enseñanzas de su padre o denunciándolas. Su hija menor y secretaria, Alexandra Lvovna (1884–1979), tuvo una vida particularmente problemática. Aunque compartió con su padre la doctrina de no-violencia, sintió que era su deber tomar parte en los eventos de la Primera Guerra Mundial.


Lev Tolstoy en Yasnaya Polyana (1908), la primera fotografía color tomada en Rusia



El Conde Aleksei Nikolaevich Tolstoy (1883–1945) pertenecía a una rama diferente de la familia. Sus primeras historias cortas, publicadas en 1910, fueron criticadas por excesivo naturalismo y cruel erotismo.



Después de la Revolución de 1917 emigró brevemente a Alemania, pero entonces cambió su visión política y retornó a la Unión Soviética. Sus novelas de ciencia ficción de 1923 y 1927 todavía son populares entre los lectores del género. En sus últimos años publicó dos extensas novelas de temas históricos: "Pedro Primero" (1929-1945) y "Camino al Calvario" (1922-1941). Como firme partidario de Stalin, comenzó a ser conocido como el Conde Rojo o el Camarada Conde y su trabajo fue reconocido como clásico de la literatura soviética.



Su bisnieta Tatiana Tolstaya (nacida en 1951) es una de las primeras escritoras rusas de historias cortas. Otro miembro sobreviviente de la familia es Nikolai Tolstoy-Miloslavsky (nacido en 1935), un controversial historiador británico.


Tatiana Tolstaya