lunes, 21 de marzo de 2011

La Casa de Alburquerque

La Casa de Alburquerque tiene su origen en la Corona de Castilla y su nombre proviene del Ducado de Alburquerque, título de carácter hereditario que Enrique IV de Castilla otorgó a su valido don Beltrán de la Cueva el 26 de septiembre de 1464, como una de las mercedes con las que el monarca lo premió a cambio de su renuncia al Maestrazgo de la Orden de Santiago. Su nombre hace referencia a la villa de Alburquerque (Badajoz) y pertenece al grupo de los denominados Grandes de España de 1520, primeros títulos en obtener la Grandeza por merced de Carlos I (Sacro Emperador Carlos V).

El título estuvo en manos de la familia de la Cueva desde sus orígenes hasta 1811, en que falleció en Londres sin sucesión masculina el XIV duque de Alburquerque y fue heredado por la familia Osorio, a quien se concedieron los derechos en 1830 tras un largo pleito sucesorio.

Originariamente el heredero de la casa ostentaba el título de conde de Ledesma, y desde 1562 el correspondiente es el de marqués de Cuéllar. Actualmente es jefe de la Casa de Alburquerque Juan Miguel Osorio y Bertrán de Lis, XIX duque de Alburquerque, quien además ostenta otros títulos que se han ido incorporando por matrimonios y herencias a la Casa: el Ducado de Algete, el Marquesado de Alcañices, el Marquesado de Cadreita, el Marquesado de Montaos, el Marquesado de Cullera, el Condado de Fuensaldaña, el Condado de Grajal y el Condado de Villanueva de Cañedo. Es además, presidente de la Fundación de la Casa Ducal de Alburquerque.


El Castillo de Cuéllar, en Segovia, hoy sede de la Fundación de la Casa Ducal de Alburquerque


El Ducado de Alburquerque

Enrique IV de Castilla había otorgado a su valido Beltrán de la Cueva el Maestrazgo de la Orden de Santiago, hecho que irritó tanto a la nobleza castellana, por lo que el monarca le pidió que renunciase a dicha dignidad. A cambio de ello, recibiría las villas de Anguix, Cuéllar, Alburquerque con el título de ducado, Roa, La Codosera, Aranda, Molina de Aragón y Atienza, y debía alejarse por un tiempo de la Corte.

Por Real Cédula fechada en 20 de agosto de 1464 el Rey concede a Beltrán de la Cueva el ducado, exponiendo:

Don Enrique por la graçia de Dios, rey de Castilla, de Leon, de Toledo, de Galiçia, de Seuilla, de Cordoua, de Murçia, de Jahen, del Algarbe, de Algeçira, de Gibraltar, señor de Viçcaya é de Molina... Por ende, conosçiendo lo susodicho é asi mesmo conosçiendo la muy grand fidelidad é lealtad que yo siempre he fallado é fallé en vos Don Beltran de la Cueva, maestre de la orden de la caballeria de Santiago, conde de Ledesma é del mi Consejo, é el amor é çinçero deseo que siempre avedes mostrado é mostrades á mi serviçio é á guarda de mi persona é estado é dignidad real é al bien de la cosa pública de mis regnos é la noblesa e eroycas virtudes de que Dios doctó vuestra persona, é que sois buen merescedor de lo que esta mi carta contenido... fago vos mi duque de la vuestra villa de Alburquerque; el qual dicho nombre de Duque quiere deçir aparcero del Rey é cabdillo de sus gentes...

A todas estas dignidades habría de unirse la concesión del condado de Huelma, por Real Cédula de 20 de agosto de 1474, ya que don Beltrán había cedido el condado de Ledesma a su hijo primogénito.


El escudo de los duques de Alburquerque en una representación de Sala del Trono en el castillo de Cuéllar


El II Duque de Alburquerque, Francisco de la Cueva y Mendoza, se casó con Francisca de Toledo, hija del Duque de Alba, siendo uno de los linajes a los que el Emperador otorgó la Grandeza en 1520. El III Duque, Beltrán de la Cueva y Toledo, fallecido en 1562, General de los Reales Ejércitos y Caballero del Toisón de Oro, casó con Isabel Téllez-Girón y Velasco, hija de los Condes de Ureña.

Hacia 1530 el emperador Carlos V concede el título de marqués de Cuéllar a Francisco II Fernández de la Cueva y Girón, IV Duque de Alburquerque y bisnieto de don Beltrán. A partir del año 1562 el Marquesado de Cuéllar será el título que llevarán los herederos al ducado, vinculando así ambos títulos. Por tanto, todos los duques de Alburquerque poseyeron unidos los títulos de: Ducado de Alburquerque, el Marquesado de Cuéllar y los Condados de Ledesma y de Huelma.

En el siglo XVII se extingue la rama primogénita más directa al morir el quinto duque sin sucesión, heredando el ducado los descendientes del segundo duque, línea que continúa hasta 1757 cuando fallece sin sucesión Francisco Fernández de la Cueva y de la Cerda.


Don Gabriel de la Cueva y Téllez-Girón (1515-1571), V Duque de Alburquerque


El VI Duque de Alburquerque fue Beltrán de la Cueva y Castillo, Mayordomo de Felipe II y Virrey de Aragón. Este Beltrán se casó con su prima, hija de los anteriores duques, Isabel de la Cueva y Fernández de Córdoba. El VII Duque fue Francisco de la Cueva, Virrey de Cataluña y Sicilia, quien se casó varias veces, siendo madre de sus hijos Ana Enríquez de Cabrera y Colonna. Esta última era hija de Luis Enríquez de Cabrera, Almirante de Castilla y duque de Medina de Riseco, casado en 1587 con Vittoria Colonna, hija del Príncipe Marcantonio Colonna y de Felice Orsini y Sforza.

De esta manera, a través de los Medina de Rioseco los Alburquerque entroncaron con las grandes familias de la nobleza italiana: Colonna, Orsini, Caetani, Sforza, Farnese (descendientes del Papa Paulo III).

El VIII Duque de Alburquerque sirvió al rey en el cerco Fuenterrabía en 1638, pasando a Flandes y ascendiendo a General de la Caballería Ligera del Ejército de Flandes. Fue virrey de Nueva España hasta 1660. A su regreso, fue nombrado Capitán general de la Armada de la Mar Oceáno, siendo Virrey de Sicilia en 1667. Una vez en España fue Mayordomo Mayor del rey Carlos II. Su esposa, Juana de Armendáriz y Ribera, Marquesa de Cadreita, fue una poderosa dama de la corte Española, Camarera Mayor de las reinas María Luisa de Orléans y de Mariana de Neoburgo.


Don Francisco Fernández de la Cueva (1619-1676), VIII Duque de Alburquerque


Fue su hija y heredera Rosalía de la Cueva y Armendáriz, quien no pudo heredar la Casa de Alburquerque por ser mujer, y para arreglarlo se casó con su tío Melchor de la Cueva y Hernández de Cabrera, que heredaba la Casa como IX Duque. Fue Consejero de Estado y Guerra y General de la Armada del Mar Océano. De momento habían arreglado la sucesión. Su hijo, Francisco V Fernández de la Cueva y de la Cueva, 34º Virrey de Nueva España de 1702 a 1710, casó con Juana de la Cerda Aragón y Moncada, hija de Juan Francisco II de la Cerda Enríquez de Ribera y Portocarrero, VIII Duque de Medinaceli. Fue su hijo Francisco Nicolás VI el siguiente Duque, 9º de su nombre, quien con María Agustina de Silva y Mendoza, hija del 10º Duque del Infantado, solo tuvo una hija que no pudo heredar la Casa.

De acuerdo a las cláusulas de fundación del mayorazgo, recayó en la Casa Condal de Siruela, manteniendo el apellido originario y añadiendo otros títulos nobiliarios a la Casa. Esta línea no perdura ni un siglo, pues en 1811 muere en Londres su último portador, José María de la Cueva y de la Cerda, el XIV duque. Se inicia entonces un largo pleito por la división de las casas y mayorazgos acumulados en su persona, que duró hasta 1830, recayendo el Ducado de Alburquerque y sus estados correspondientes en la gran familia de los Osorio, Marqueses de Alcañices y de los Balbases, en la que perdura en la actualidad.


El XVIII Duque de Alburquerque recibe la Medalla de Oro al Mérito Deportivo de manos de Juan Antonio Samaranch, por su victoria en el Gran Premio de Madrid con su caballo “Tebas”. Hipódromo de La Zarzuela, noviembre de 1969.

Los Duques

Primera línea (1464 - 1571)

I - Beltrán de la Cueva y Mercado (1464-1492), Gran Maestre de la Orden de Santiago
II - Francisco I Fernández de la Cueva y Mendoza (1492-1526)
III - Beltrán II de la Cueva y Toledo (1526-1560), Virrey de Aragón, Virrey de Navarra
IV- Francisco II Fernández de la Cueva y Girón (1560-1563), Conquistador de La Goleta y Saint Jean de Luz
V - Gabriel III de la Cueva y Girón (1563-1571), Virrey de Navarra, Gobernador de Milán

Segunda línea (1571 - 1757)

VI - Beltrán III de la Cueva y Castilla (1571-1612), Virrey de Aragón
VII - Francisco III Fernández de la Cueva (1612-1637), Virrey de Cataluña, Virrey de Sicilia
VIII - Francisco IV Fernández de la Cueva y Enríquez de Cabrera (1637-1676), Virrey de Nueva España, Virrey de Sicilia
IX - Melchor Fernández de la Cueva y Enríquez de Cabrera (1676-1686), Capitán General de la Mar Océano
X - Francisco V Fernández de la Cueva y de la Cueva (1686-1733), Virrey de Nueva España
XI - Francisco VI Fernández de la Cueva y de la Cerda (1733-1757), Capitán General de la Mar Océano
Inés Francisca de Silva (1806-1865), hija del X marqués de Santa Cruz, esposa de Nicolás Osorio y Zayas (1799-1866), XV duque de Alburquerque, XVI marqués de Alcañices, VIII marqués de los Balbases y IV duque de Algete


Tercera línea (1757 - 1811)

XII - Pedro Miguel de la Cueva y Guzmán (1757-1762), Mariscal de Campo de los Reales Ejércitos
XIII - Miguel de la Cueva y Enríquez de Navarra (1762-1803) Virrey de Aragón
XIV - José Miguel de la Cueva y de la Cerda (1803-1811), Teniente General de los Reales Ejércitos

Cuarta línea (1830 - actualidad)

XV - Nicolás Osorio y Zayas (1830-1866), Senador del Reino
XVI - José Isidro Osorio y Silva-Bazán (1866-1909), Alcalde-corregidor y Gobernador de Madrid, Jefe Superior del Palacio Real
XVII - Miguel Osorio y Martos (1909-1942), Gentilhombre de cámara de Alfonso XIII
XVIII - Beltrán Alfonso Osorio y Díez de Rivera (1942-1994), Jefe de la Casa de los Condes de Barcelona
XIX - Juan Miguel Osorio y Bertrán de Lis, actual titular


El actual duque con su segunda esposa Blanca Suelves Figueroa, hija de los Marqueses de Tamarit




sábado, 19 de marzo de 2011

La Casa de Medinaceli


La Casa de Medinaceli es originaria de la Corona de Castilla y proviene del Condado de Medinaceli, título hereditario que Enrique II concedió a Bernardo de Bearne, hijo bastardo del Conde de Foix, y esposo de Isabel de la Cerda Pérez de Guzmán, bisnieta de Fernando de la Cerda, Infante de Castilla. Su nombre se refiere al municipio castellano de Medinaceli, en la provincia de Soria.

La reina Isabel la Católica elevó el condado a Ducado en 1479 en la persona de Luis de la Cerda y de la Vega, V Conde de Medinaceli y en el año 1520 el rey Carlos I incorpora al título la distinción de Grandeza de España. El ducado permaneció en la Casa de la Cerda hasta que recayó en la Casa de Aguilar-Priego, donde perdura. Su actual cabeza es Victoria Eugenia Fernández de Córdoba y Fernández de Henestrosa, XVIII Duquesa de Medinaceli. Tradicionalmente el heredero de la Casa de Medinaceli ha llevado el Marquesado de Cogolludo.


Historia

La Casa de la Cerda tiene su origen en los Infantes de la Cerda, hijos de Fernando de la Cerda, Infante de Castilla, primogénito del rey Alfonso X el Sabio, que murió antes que su padre. El segundogénito de Alfonso X, Sancho, usurpó el trono originando el pleito de La Cerda.

Tras la Primera Guerra Civil Castellana, en la segunda mitad del siglo XIV, el único miembro del linaje que sobrevivió es Isabel de la Cerda Pérez de Guzmán. Como recompensa por los servicios prestados al rey Enrique II de Castilla, Bernardo de Foix, hijo bastardo del Conde de Foix, que vino a España a luchar en la reconquista de Granada, le fue concedido en 1368 el Condado de Medinaceli y se casó en 1370 con Isabel de la Cerda, Señora de El Puerto de Santa María, bisnieta del Infante Fernando de la Cerda y nieta de Guzmán el Bueno, fundador de la Casa de Medina-Sidonia, quien se tituló Condesa de Medinaceli por derecho propio. A partir de su nieto Luis de la Cerda, III Conde, sus descendientes empezaron a utilizar exclusivamente el apellido y las armas de Isabel de la Cerda, dada la preponderancia de su linaje. Desde 1479 el Condado pasó a ser Ducado.


Ana María Fernández de Henestrosa y Gayoso de los Cobos, hija del VIII Conde de Moriana del Río y de la XV Marquesa de Camarasa, consorte del XVII Duque de Medinaceli (retratada en el Palacio Medinaceli de la Plaza Colón de Madrid)


Los Duques de Medinaceli poseían un privilegio único por el cual frente a su escudo no se podía oponer otro. Ésta es la razón por la que el palacio de los duques de Villahermosa en Madrid (actual Museo Thyssen-Bornemisza) tiene la fachada a la calle Zorrilla y no a la Carrera de San Jerónimo, que era donde tenía su residencia la familia Medinaceli hasta 1910, año en que se demolió para la construcción del Hotel Palace.


Casas nobiliarias incorporadas

La Casa de Medinaceli se fue convirtiendo con el paso del tiempo en una de las más importantes familias españolas, sobre todo tras heredar la Casa de Cardona.

A lo largo de su historia varias casas nobiliarias han ido incorporándose a ella. En 1625, la Casa de Alcalá de la Alameda, del linaje Portocarrero, por el matrimonio de Juan Luis de la Cerda, VII Duque de Medinaceli, con Ana María Luisa Enríquez de Ribera Portocarrero y Cárdenas, III Marquesa de Alcalá de la Alameda.


Doña Antonia de Toledo Dávila y Colonna (1591-1625), consorte de Don Juan de La Cerda y Aragón, VI Duque de Medinaceli.


En 1639 Ana María Luisa Enríquez de Ribera, esposa del VII Duque de Medinaceli, heredó los títulos y estados de la Casa de Alcalá de los Gazules de su prima hermana María Enríquez de Ribera, IV Duquesa de Alcalá de los Gazules y muerta sin descendencia.

En 1676 se incorporó la Casa de Segorbe por el matrimonio de Catalina Antonia de Aragón, IX Duquesa de Segorbe con Juan Francisco de la Cerda, VIII Duque de Medinaceli. En 1711, la Casa de Priego, cuando Nicolás Fernández de Córdoba y de la Cerda, IX Marqués de Priego y VII Marqués de Montalbán, sucedió a su tío materno Luis Francisco de la Cerda y Aragón, IX Duque de Medinaceli, muerto sin descendencia. Asimismo se incorporó la Casa de Feria, del linaje Figueroa, que ya se había unido a la de Priego en 1634. En 1739 fue la Casa de Aytona, de Luis Antonio Fernández de Córdoba y Spínola, futuro XI Duque de Medinaceli, al casarse con María Teresa de Moncada y Benavides, futura VII Marquesa de Aytona.


Don Luis-Francisco de La Cerda y Aragón Folch de Cardona, 9º Duque de Medinaceli (1654-1711)


En 1789 se incorporó la Casa de Santisteban del Puerto, por el matrimonio Luis María Fernández de Córdoba y Gonzaga, futuro XIII Duque de Medinaceli, con Joaquina María de Benavides y Pacheco, futura III Duquesa de Santisteban del Puerto. En 1931, la Casa de Denia y Tarifa cuando, al morir sin sucesión Carlos María Fernández de Córdoba y Pérez de Barradas, II Duque de Denia y de Tarifa, le sucedió su sobrino Luis Jesús Fernández de Córdoba y Salabert, XVII Duque de Medinaceli. En 1936, las Casas de Ciudad Real y la de la Torrecilla al suceder Luis Jesús Fernández de Córdoba y Salabert, XVII Duque de Medinaceli, a su madre Casilda Remigia de Salabert y Arteaga, XI Duquesa de Ciudad Real, IX Marquesa de la Torrecilla, quien, ya viuda del XVI Duque de Medinaceli, la había heredado de su hermano en 1925.

Finalmente, en 1948, se incorporó la Casa de Camarasa cuando, a la muerte sin sucesión de Ignacio Fernández de Henestrosa y Gayoso de los Cobos, XVI Marqués de Camarasa, la heredó su sobrina, Victoria Eugenia Fernández de Córdoba y Fernández de Henestrosa, XVIII Duquesa de Medinaceli.


La 18ª Duquesa de Medinaceli en su niñez (retrato de Álvarez de Sotomayor)


Su patrimonio

En su patrimonio se cuentan algunas de las propiedades histórico-artísticas más importantes de España. En Sevilla se encuentra la Casa de Pilatos, construida por la Casa de Alcalá, el Hospital Tavera en Toledo —donde se encuentra enterrada la mayoría de la familia— y en Galicia poseen el Pazo de Oca, seguramente el pazo más renombrado de Galicia.

La Casa de Medinaceli conserva un extraordinario conjunto artístico y documental, gestionado por una fundación. Seguramente su sección más conocida y valiosa es la colección de pinturas y esculturas, repartida por varios edificios de su propiedad. Entre los artistas representados, se hallan El Greco (con más de cinco obras, entre ellas una rara escultura, Cristo resucitado), Antonio Moro, Pieter Coecke, Alonso de Berruguete, Sebastiano del Piombo (la famosa Piedad de Úbeda, actualmente en préstamo en el Museo del Prado), Il Sodoma, Gaspar de Crayer, Luis Tristán, José de Ribera, Zurbarán, Juan Carreño de Miranda, Goya, Salvatore Rosa, Luca Giordano, Giuseppe Recco, Mariano Fortuny, etc.


Casa de Pilatos (Sevilla): el Jardín Grande


Esta Casa siempre fue una de las primeras en cuanto a posesiones agrarias. Cuando después del golpe militar de José Sanjurjo en 1932 la Segunda República tasó los bienes de los Grandes de España, Luis Jesús Fernández de Córdoba, XVII duque de Medinaceli, lideraba la lista con 74.146 hectáreas. Sus dos propiedades más famosas eran La Almoraima, en Castellar de la Frontera (que rondaba las 17.000 hectáreas), y La Alameda, en el término de Santisteban del Puerto (alrededor de 13.000 hectáreas). Los actuales duques ya no son grandes propietarios, como resultado de las ventas masivas a lo largo de los años 1970 y 1980.

Los Duques

1479-1501 Luis de la Cerda y de la Vega
1501-1544 Juan de la Cerda y Bique
1552-1575 Gastón de la Cerda y Portugal
1552-1575 Juan de la Cerda y Silva
1575-1594 Juan de la Cerda y Portugal
1594-1607 Juan de la Cerda y Aragón
1607-1671 Antonio de la Cerda y Dávila
1671-1691 Juan Francisco de la Cerda y Enríquez de Ribera
1691-1711 Luis Francisco de la Cerda y Aragón
1711-1739 Nicolás Fernández de Córdoba y de la Cerda
1739-1768 Luis Fernández de Córdoba y Spínola
1768-1789 Pedro de Alcántara Fernández de Córdoba y Montcada
1789-1806 Luis Fernández de Córdoba y Gonzaga
1806-1840 Luis Fernández de Córdoba y Benavides
1840-1873 Luis Fernández de Córdoba y Ponce de León
1873-1879 Luis Fernández de Córdoba y Pérez de Barradas
1880-1956 Luis Fernández de Córdoba y Salabert
1956-Presente Victoria Eugenia Fernández de Córdoba y Fernández de Henestrosa

Láurea que domina el piso principal del Palacio de los duques de Medinaceli en Cogolludo, Guadalajara. En su interior, dos querubines sujetan el escudo de la familia de la Cerda. Es un escudo cuartelado: los cuarteles primero y cuarto llevan las armas de Castilla y de León que llegaron a la familia por Fernando de la Cerda, hijo primogénito de Alfonso X a la sazón rey de Castilla y de León. Los cuarteles segundo y tercero llevan cada uno tres flores de lis que fueron aportados por Blanca de Francia, hija del rey Luis IX, esposa de Fernando de la Cerda.



jueves, 17 de marzo de 2011

La Casa de Medina Sidonia

La Casa de Medina Sidonia es originaria de la Corona de Castilla y su nombre proviene del Ducado de Medina Sidonia, título hereditario que Juan II de Castilla otorgó a Juan Alonso Pérez de Guzmán, III Conde de Niebla, el 17 de febrero de 1445, como premio por sus servicios a la Corona.

Armas de los Pérez de Guzmán orlado con los castillos y leones de la familia real, con la que había entroncado. Como ornamento exterior, el Toisón de Oro.


El Ducado de Medina Sidonia es el ducado hereditario más antiguo del Reino de España. El nombre proviene de la localidad española de Medina Sidonia, en Andalucía. Estuvo desde sus orígenes en manos de la familia Pérez de Guzmán, comúnmente conocidos como "los Guzmanes", hasta que en 1779 pasó a los Álvarez de Toledo, cuando a la muerte sin descendencia de Pedro de Alcántara Pérez de Guzmán y Pacheco, XIV Duque de Medina Sidonia, lo heredó su primo José Álvarez de Toledo y Gonzaga, XI Marqués de Villafranca. Al morir éste también sin descendencia, el título pasó a su hermano Francisco de Borja Álvarez de Toledo y Gonzaga. Actualmente la casa sigue en manos de la Casa de Villafranca del Bierzo, en la persona del actual duque Leoncio Alonso González de Gregorio y Álvarez de Toledo.

El Ducado recibió en 1520 la Grandeza de España de Primera Clase. Además la casa reúne otros títulos, como el Señorío de Sanlúcar, el Condado de Niebla, el Marquesado de Gibraltar, el Marquesado de Cazaza y el Marquesado de Valverde.


1983: La Duquesa de Medina Sidonia es madrina de la boda de su hijo primogénito, el Conde de Niebla, con Montserrat Viñamata y Martorell, hija de los Condes de Alba de Aliste y nieta de los Duques de Almenara Alta y Escalona.


A lo largo de su historia, los miembros de la Casa de Medina Sidonia han entroncado con numerosos linajes y casas nobiliarias, entre ellas la Casa de Medinaceli, la Casa de Arcos, la familia Enríquez (parientes de Enrique II de Castilla), la Casa de Alcalá, la Casa de Ayamonte, la Casa de Osuna, la Casa de Braganza, la Casa de Zúñiga, la Casa de Aragón, la Casa del Infantado, la Casa de Lerma.


El fundador de la Casa

Alonso Pérez de Guzmán, "el Bueno", fue el fundador de la Casa de Medina Sidonia, ya que, aunque nunca ostentó el título de Duque de Medina Sidonia, fue él quien puso las bases sobre las cuales se asentaría a lo largo de los siglos dicha casa. Su vida pública transcurrió entre 1276 y 1309. Como militar intervino en las luchas internas del Marruecos meriní. Tras las incursiones norteafricanas en la Baja Andalucía de 1275, medió en la tregua establecida entre el sultán meriní Yusuf y Alfonso X el Sabio en 1276.


Escudo de la familia Pérez de Guzmán, Iglesia Mayor Parroquia de Ntra. Sra. de la O, Sanlúcar de Barrameda


En 1282, el Rey Sabio premió los servicios de Guzmán con la villa de Alcalá Sidonia, hoy Alcalá de los Gazules, que le cambiaría ese mismo año por el Donadío de Monteagudo (hoy cortijo en el término municipal de Sanlúcar de Barrameda). Además el rey le casó con María Alfonso Coronel, una rica mujer que aportaría al matrimonio una importantísima dote, compuesta por casas, olivares, villas, aceñas (molinos de harina) y pagos.

Con el acceso al trono de Sancho IV, Guzmán marchó de nuevo al sultanato meriní de Fez, haciendo una gran fortuna con la que ampliaría sus propiedades. Compró más olivares en el Aljarafe, más casas en Sevilla, La Algaba, Alaraz, el Vado de las Estacas (en Alcalá del Río), Santiponce, más villas, dehesas y donadíos.

Posteriormente, en 1294, el propio Sancho IV recurrió a Guzmán para la defensa de Tarifa, plaza amenazada por el infante don Juan, tío del monarca, con la ayuda de los meriníes y nazaritas. Allí ocurrió la célebre defensa heroica de Tarifa, con la muerte del inocente hijo de Guzmán convertida en leyenda. Tras la gesta de Tarifa, Sancho IV le prometió verbalmente el Señorío de Sanlúcar, en cuyo término se incluían los lugares y poblados de Sanlúcar de Barrameda, Rota, Chipiona y Trebujena. Sin embargo, no fue él sino su hijo Fernando IV quien hizo efectiva dicha merced en 1297. Con el tiempo, Sanlúcar se convertiría en el principal solar de la casa. Recibió a partir de entonces mercedes en almadrabas, señoríos y rentas.


Guzmán el Bueno arrojando su daga en el cerco de Tarifa: "No engendré yo fijo para que fuesse contra mi tierra..."


A la muerte de Guzmán el Bueno luchando en la frontera con el Reino de Granada, las dimensiones de sus señoríos y propiedades en el alfoz sevillano del Aljarafe, el área fronteriza de Huelva, el Bajo Guadalquivir y el área del Guadalete, convertían a la Casa de Guzmán en el linaje más importante de la alta nobleza en Andalucía durante la Baja Edad Media.

No obstante, la casa perdió parte de sus propiedades originales debido a las dotes matrimoniales y al testamento de María Alfonso Coronel dado en 1330.

El Condado de Niebla

En 1369, el rey Enrique II de Castilla otorgó a Juan Alfonso Pérez de Guzmán, IV Señor de Sanlúcar, el Condado de Niebla por su fidelidad en la Primera Guerra Civil Castellana que aquel había mantenido con su hermanastro Pedro I el Cruel. Además el rey lo casó con una de sus hijas ilegítimas, entroncando la casa con la Familia Enríquez, por ende, con la Casa de Trastámara, incorporando a su escudo una orla con los castillos y los leones propios de la casa real castellano-leonesa. Fue el primer condado con jurisdicción territorial que se otorgó a un noble ajeno a la familia real.


El Castillo de los Guzmanes, en Niebla, Huelva


El Condado toma su nombre de la villa onubense de Niebla, e incluía la villa de Niebla y sus aldeas.

Todo ello dio a la casa un nuevo gran impulso, a lo que se unió la institución de un mayorazgo por parte del conde en 1371, con los bienes raíces y jurisdiccionales que había heredado junto con los aportados en dote por su mujer.


El Ducado de Medina Sidonia

En 1440, Juan II cambió a Juan Alfonso Pérez de Guzmán, III Conde de Niebla, el señorío de La Algaba, Alaraz y El Vado de las Estacas por Medina-Sidonia. En 1444, dicho conde recuperó Ayamonte, Lepe y La Redondela, lugares que habían sido desgajados del mayorazgo de la Casa en 1396. Asimismo, durante la crisis que Juan II tuvo con los Infantes de Aragón, entre 1441 y 1444, el III conde apoyó al monarca haciendo que el reino de Sevilla se mantuviera mayoritariamente a su favor, servicio por el que fue recompensado en 1445 con la concesión del Ducado de Medina Sidonia. Este título supuso que la dignidad de Conde de Niebla quedara asociada al primogénito y sucesor del duque.

En 1457, el 1r duque, casado con María de la Cerda, de la Casa de Medinaceli, estableció mayorazgo, con permiso del rey, a favor de su hijo bastardo Enrique, pues no tenía descendientes legítimos con su esposa. Estas circunstancias generarían en la casa dos largos pleitos. El primero se mantuvo con la Casa de Medinaceli, que reclamaba la devolución de la villa de Huelva, puesto que María de la Cerda la había aportado al matrimonio en dote, pero había muerto sin haber tenido hijos con el duque. La devolución no se llevó a cabo y por ello, en torno a 1466, surgió una larga confrontación entre ambas casas que no finalizaría hasta 1509.


María de la Cerda, de la Casa de Medinaceli


El segundo pleito se dio con Teresa de Guzmán, Condesa de Alba de Liste y hermana del 1r duque, que argumentaba la bastardía del hijo del duque para reclamar la mitad de Lepe y Ayamonte en 1462; lugares que en 1454 se habían desgajado del mismo nuevamente para dotar a otra Teresa, hija del I duque. Tras un largo período de reclamación, el pleito de Ayamonte se solucionaría en 1510.

La inestabilidad provocada por la guerra civil entre Enrique IV de Castilla y su medio hermano Alfonso, fue aprovechada por la casa para ampliar sus dominios anexionando Gibraltar y Jimena. Gibraltar, que había sido conquistado a los granadinos en 1462, pasó a la casa en 1467 por merced de Alfonso, que reinaba como Alfonso XII, lo que no fue óbice para que su contrincante Enrique IV revalidara dicha merced en 1469 cuando recuperó totalmente el gobierno.

En 1488 los Reyes Católicos concedieron al duque el Marquesado de Gibraltar, pero a su muerte en 1492 intentaron recuperarlo para la corona sin éxito, quedando el asunto en suspenso hasta 1501, en que se produjo su devolución definitiva. Por su parte, Jimena, que había sido conquistada a los nazaritas granadinos en 1456, fue arrebatada al Duque de Alburquerque en 1468, lo que generó un largo pleito que concluyó a principios del siglo XVI, pagando la casa 6.000.000 de maravedís como compensación por la villa. Durante esta época la casa hizo préstamos monetarios a la Corona para la Guerra de Granada y prestó servicios militares en determinadas campañas.

Isabel La Católica, reina de Castilla


A finales del siglo XV, el III duque prestó su apoyo al adelantado Alonso Fernández de Lugo, quien conquistó definitivamente Tenerife, lo que le trajo a la casa ingenios azucareros y bienes raíces en las Canarias. En 1497 partió de Sanlúcar una armada comandada por Pedro de Estopiñán, que conquistó Melilla, en el reino de Tremecén cerca de la frontera con el reino de Fez. Los reyes nombraron al duque gobernador y teniente de Melilla. En 1498, concedieron en señorío varios lugares de la Serranía de Ronda y en 1503 aprobaron un nuevo mayorazgo de la casa, incluyendo Huelva, Jimena, San Juan del Puerto, el dozavo de Palos, Olivares y Villafranca.

En 1505 el III duque Juan se lanzó a ofrecer su apoyo a Juana I de Castilla y su esposo Felipe el Hermoso, frente a la "amenaza" del padre de la reina, Fernando el Católico, mediante embajada que partió de Sanlúcar a Flandes. En respuesta, ellos le nombraron "Lugarteniente real y capitán general de los reinos de Granada, Córdoba, Jaén, los Algarves, Algeciras, con toda la Andalucía" y, según un documento, "y de Murcia"; cargo que nunca llegó a ser ejercido. La casa seguía implacable en la ampliación de sus dominios. En 1506, el alcaide ducal de Melilla, Gonzalo Mariño de Ribera, conquistó Cazaza y el duque recibió de los nuevos reyes el marquesado homónimo. En 1507, el III duque murió en Sevilla inesperadamente de peste, sucediéndole como IV duque su hijo Enrique, menor de edad, por lo que quedó bajo la tutela de su madrastra Leonor Pérez de Guzmán y Zúñiga, su cuñado Pedro Girón, Per Afán de Ribera, Juan de Barahona y Antón Rodríguez Lucero.

Vista de Sanlúcar de Barrameda, señorío primigenio y capital de los estados de la Casa de Medina Sidonia.



Las alianzas

A partir de entonces la Casa pasó por una serie de vicisitudes ocasionadas fundamentalmente por las alianzas familiares contraídas, los pleitos territoriales pendientes de resolución y la inestabilidad política por la que atravesaba la nobleza andaluza ante la vuelta del Rey Católico. El III duque había concertado con Juan Téllez Girón, II Conde de Urueña, un doble casamiento entre guzmanes y girones: Mencía Pérez de Guzmán casó con Pedro Girón, III Conde de Ureña, y el futuro duque Enrique casaría con María Téllez Girón, también conocida como María de Archidona, cuando alcanzaran la edad adecuada.

Con el regreso del Rey Católico a Castilla a mediados de 1507 para hacerse cargo de la regencia, la nobleza castellana quedó al punto sometida de nuevo al poder real. Sin embargo, la andaluza no lo haría hasta mediados de 1508. La entrada en la familia de Pedro Girón, tutor del IV duque, que era débil y menor de edad, supuso desde el principio un enfrentamiento con Fernando el Católico. El monarca aragonés tenía intención de casar a su nieta Ana de Aragón con el duque Enrique. Pedro Girón, contrario a ese matrimonio, mintió al rey diciéndole que el duque y su hermana María de Archidona ya estaban casados. El monarca, sin saber que Girón mentía, manifestó su disgusto por ese enlace, que no había tenido el consentimiento real. Girón, con astucia, se precipitó a llevar a los dos niños a Medina-Sidonia donde los casó en secreto.
Fernando El Católico


El rey, desde Sevilla, solicitó a Pedro Girón las fortalezas de Sanlúcar, Vejer y Huelva, quien le respondió que tratara el asunto directamente con el duque, que ya estaba casado y era señor de sus estados. Tal conducta fue considerada una rebeldía por el rey. Pedro Girón fue desterrado a Portugal, llevándose con él al duque niño como garantía. El rey procedió a tomar todas las villas y fortalezas del estado del duque. Niebla, por órdenes dadas por Girón antes de partir al exilio, puso resistencia al rey, por lo que la villa sufrió el asalto de las tropas reales, lo que provocó en noviembre de 1508 una masacre popular recordada por su crudeza.

Tras ello, el rey no suprimió los estados ducales, sino que nombró gobernador del mismo al Arzobispo de Sevilla Diego de Deza, a Per Afán de Ribera y al doctor Lillo; la supresión del señorío lo hubiera enfrentado a todo el estamento nobiliario. El secuestro por parte del rey de los estados de la casa dejaba a sus miembros en una difícil situación económica. No obstante, el rey autorizó que los gobernadores del señorío libraran la cantidad de dinero suficiente para el cumplimento del testamento del duque Juan y la resolución de los pleitos territoriales, abonando 10.000.000 de maravedíes a la Casa de Medinaceli en compensación por Huelva en 1509, y pagando 34.000.000 al Conde de Alba de Liste por Ayamonte y Lepe en 1510.


Alonso Pérez de Guzmán el Bueno y Zúñiga (1550-1615), VII Duque


La casa y el rey acabaron congraciándose, y en 1512 llegó el perdón regio. Tanto el IV Duque como Pedro Girón regresaron de Portugal. A su vuelta acataron al rey en la corte y establecieron su residencia en Osuna, donde el duque murió en enero de 1513, sin hijos y dejando a su hermana Mencía de Guzmán (a la sazón esposa de Pedro Girón) como heredera universal. Como es natural, el testamento fue impugnado y Alonso, el legítimo heredero, pidió ayuda al rey, quien le casó en 1513 con su nieta Ana de Aragón por poderes, ya que ambos eran menores de edad. En la minoría de Alonso, la duquesa viuda Leonor gobernó los estados de la casa hasta su muerte en 1515. A finales de ese año se celebró la boda entre Alonso y Ana en Plasencia. Alonso sería considerado "mentecato e impotente" y en 1518, Carlos I aceptó traspasar el título a su hermano Juan Alonso, casándolo con su cuñada tras la pertinente anulación del matrimonio anterior.

El nuevo duque sirvió al Emperador en la Guerra de las Comunidades de Castilla, manteniendo fiel el reino de Sevilla y mandando al frente de las tropas andaluzas a su hermano Pedro, I Duque de Olivares, cuando la rendición de María de Padilla en Toledo. Precisamente este Pedro de Guzmán inaugura la Casa de Olivares, una de las ramas menores de la casa, que tendrá mucho protagonismo en la historia de España en la figura del Conde-Duque de Olivares. En 1581 el VII Duque fue investido caballero de la Orden del Toisón de Oro y nombrado Capitán General de Lombardía. El VII, el VIII y el IX duque ostentaron la Capitanía General del Mar Océano y Costas de Andalucía.
Escudo que formaba parte del mascarón de proa de una galera del VII Duque de Medina-Sidonia


La decadencia de la casa comenzó tras la Conspiración independentista en Andalucía (1641), supuestamente dirigida por el IX duque, aunque posiblemente fuera una conjura contra él orquestada por el Conde-duque de Olivares. Como consecuencia, el IX duque perdió el Señorío de Sanlúcar en 1645, fue desterrado y la Capitanía General de la Mar Océana pasó a la Casa de Medinaceli.


De los Pérez de Guzmán a los Álvarez de Toledo

En 1779 la jefatura de la casa pasó a la Casa de Villafranca del Bierzo, cuando a la muerte sin descendencia de Pedro de Alcántara Pérez de Guzmán y Pacheco, XIV Duque de Medina Sidonia, lo heredó su primo José Álvarez de Toledo y Gonzaga, XI Marqués de Villafranca, quien también murió sin descendencia, pasando la varonía de la casa a su hermano Francisco de Borja Álvarez de Toledo y Gonzaga. Con ello se incorporaron asimismo las casas de los Vélez, Paternò y Martorell.


El 15º Duque de Medina-Sidonia y 13º Duque (consorte) de Alba


Actualmente la casa sigue en manos de los Álvarez de Toledo. La XXI duquesa, Luisa Isabel Álvarez de Toledo y Maura, catalogó el Archivo de la Casa y creó en torno a él la Fundación Casa Medina Sidonia en el palacio ducal de Sanlúcar de Barrameda. Tras su muerte en 2008 la presidencia de la fundación pasó a Liliane Dahlmann, aunque sus hijos demandan que la fundación sea reformulada, debido a que los bienes que su madre donó en vida a la misma, al ser la práctica totalidad de su patrimonio, deben ser reducidos para satisfacer los derechos legales de los herederos, sin menoscabo de los intereses del Estado y de la declaración de Bien de Interés Cultural (con la consiguiente indivisibilidad), que afecta a la herencia de la XXI duquesa.

Otros miembros de la casa tuvieron un papel destacado en la historia, caso del Conde-Duque de Olivares, valido del Felipe IV de España y de Luisa de Guzmán, reina consorte y regente de Portugal. Asimismo en la familia hubo dos Patriarcas de las Indias, Alonso Pérez de Guzmán, hijo del VII duque, y Antonio Pérez de Guzmán, nieto del VIII duque. Por otro lado, Pedro Núñez de Guzmán, citado unas veces como Adelantado mayor de Castilla, otras de Andalucía, fue el supuesto padre de Guzmán el Bueno.

Blasones de Gaspar de Guzmán, conde duque de Olivares

Los ingresos

La economía de la casa se basaba fundamentalmente en la agricultura, la ganadería, la pesca y el comercio. Cultivaba en sus tierras del Aljarafe, del Bajo Guadalquivir, de la Campiña de Jerez y del alfoz de Medina-Sidonia, la tríada mediterránea (trigo, olivo y viña) y los cultivos hortícolas. Explotaba ganadería bovina en las grandes dehesas del Condado de Niebla y del Andévalo. Poseía las almadrabas de atún de Barbate, Conil y Chiclana, las salinas y la Almona de Sanlúcar. Comerciaba desde el puerto de Sanlúcar con el norte de Europa, norte de África y las Indias, exportando atún, vino, grana, aceite, jabón... y beneficiándose de las importaciones y del conjunto del tráfico comercial de dicho puerto, mediante la casa de contratación ducal y el cobro del almojarifazgo del puerto de Sanlúcar por parte de la aduana ducal.

La casa ejerció un importante mecenazgo artístico. Ejemplo de ello son el Palacio de Medina Sidonia en Sanlúcar de Barrameda, el Palacio de Medina Sidonia en Sevilla (derruido), el Monasterio de San Isidoro del Campo en Santiponce, el Monasterio de Dominicas de Madre de Dios en Sanlúcar, el Convento de Santo Domingo de Sanlúcar, el Santuario de Nuestra Señora de la Caridad Coronada en Sanlúcar, el Convento de La Merced en Sanlúcar, el Castillo de Santiago, los castillos de Niebla, Trigueros y Barbate, la chanca de Zahara de los Atunes y un largo etcétera. La gesta de Tarifa de Guzmán el Bueno ha sido objeto de numerosas obras literarias, entre ellas la escrita por Tomás de Iriarte. Atribuido a Cervantes, el Soneto a la entrada del duque de Medina en Cádiz, está dedicado al VII duque. Góngora dedicó su Fábula de Polifemo y Galatea al Conde de Niebla.


Jardines del Palacio Ducal de Medina Sidonia, casa solariega del linaje en Sanlúcar de Barrameda.


Los Duques

Primera creación por Enrique II de Castilla

1380 - Enrique de Castilla y Sousa

Segunda creación por Juan II de Castilla

1445 – 1468 Juan Alonso Pérez de Guzmán y Orozco
1468 – 1492 Enrique Pérez de Guzmán y Meneses
1492 – 1507 Juan Alonso Pérez de Guzmán y Afán de Ribera
1507 – 1513 Enrique Pérez de Guzmán y Fernández de Velasco
1513 – 1518 Alonso Pérez de Guzmán y Zúñiga
1518 – 1558 Juan Alonso Pérez de Guzmán y Zúñiga
1558 – 1615 Alonso Pérez de Guzmán y Zúñiga
1615 – 1636 Juan Manuel Pérez de Guzmán y Silva
1636 – 1645 Gaspar Pérez de Guzmán y Sandoval
1645 – 1667 Gaspar Pérez de Guzmán y Guzmán
1667 – 1713 Juan Clarós Pérez de Guzmán y Fernández de Córdoba
1713 – 1721 Manuel Alonso Pérez de Guzmán y Pimentel
1721 – 1739 Domingo Pérez de Guzmán y Silva
1739 – 1779 Pedro de Alcántara Pérez de Guzmán y Pacheco
1779 – 1796 José Álvarez de Toledo y Gonzaga
1796 – 1821 Francisco de Borja Álvarez de Toledo y Gonzaga
1821 – 1867 Pedro de Alcántara Álvarez de Toledo y Palafox
1867 – 1900 José Joaquín Álvarez de Toledo y Silva
1900 – 1915 José Joaquín Álvarez de Toledo y Caro
1915 – 1955 Joaquín Álvarez de Toledo y Caro
1957 – 2008 Luisa Isabel Álvarez de Toledo y Maura

Leoncio Alonso González de Gregorio y Álvarez de Toledo es el actual titular, XXII poseedor del título.

Escudo de la Casa de Medina Sidonia, en la calle Palacio, Huelva, antigua residencia de los Condes de Niebla.



martes, 15 de marzo de 2011

¡Ni que fuera Osuna!

“¡Ni que fuera Osuna!”. Con esta expresión señalaba la sociedad española de la segunda mitad del siglo XIX toda muestra de dispendio exagerado y ostentación rumbosa. Y con estas mismas palabras comienzan la mayoría de las biografías dedicadas al personaje que las propició, don Mariano Téllez-Girón, XII Duque de Osuna, última luminaria de uno de los grandes artificios de la nobleza española de todos los tiempos, la Casa de Osuna, auténtico Estado dentro del Estado, cuyos intereses y propiedades llegaron a extenderse por veinte provincias.


Las armas maternas (Beaufort-Spontin)


Como apunta el especialista Atienza Hernández, “Los que comienzan siendo condes de Ureña en el siglo XV, pasan a ser duques de Osuna en el XVI, integrando gran cantidad de títulos desde finales del XVIII y, sobre todo en el XIX, acumulando prestigio social, económico y político, de tal manera que sus rentas, junto a las de la Casas de Medinaceli, significan el 22 por ciento del total de las rentas nobiliarias nacionales”.

De doña María Josefa de la Soledad de la Portería Alfonso Pimentel, condesa-duquesa de Benavente, heredó su nieto Téllez-Girón el gusto por el lujo y el despilfarro. Mujer de vivo carácter, rebelde y orgullosa, ilustran la personalidad de “la más encopetada dama de España” las anécdotas que siguen. Una vez recibió la visita de un embajador, en cuya casa había escaseado el champaña durante una fiesta, y ordenó desenganchar los caballos de su carruaje, obligando a que los animales abrevaran en cubos repletos de tan costosa bebida. Siempre según la leyenda, en una ocasión en la que celebraba una partida de cartas en su casa, como alguien extraviara una moneda en el suelo y hubo que interrumpirse el juego, la aristócrata encendió una pira con billetes de curso legal con la que iluminar convenientemente la estancia y acelerar la búsqueda de tan insignificante “adminículo”.


El XI Duque de Osuna, Pedro Téllez-Girón, hermano mayor e inmediato antecesor de Mariano


Su nieto Mariano Téllez-Girón, auténtico exterminador del patrimonio familiar, era un segundón, pero las muertes de su padre y su hermano mayor (X y XI duques de Osuna, respectivamente) lo convirtieron en el hombre más rico de la Península. Heredó catorce grandezas de España, cincuenta y dos títulos, cuatro principados y unas rentas que ascendían a cinco millones de pesetas anuales, cantidad astronómica para la época; además de los doce millones de reales en oro, castillos, palacios y obras de arte.

Como señala Sánchez-Mora: “Suyos eran los palacios del Infantado, en Guadalajara; el de Mendoza, en Toledo (Hospital de Santa Cruz después); los de Benavente, Manzanares, Osuna, Béjar, Pastrana, Gandía, el de Arcos, en Sevilla y el de Beauraing, en Bélgica, que él mandó reconstruir. La Alameda, en los alrededores de Madrid, y la magnífica posesión de Aranjuez. En Madrid tenía varios palacios, todos ellos regios. Pero él prefirió el de las Vistillas –hoy derruido- (…) descollando en él la magnificencia del patio de honor. Tapices, esculturas, reposteros, armas y valiosísimos muebles y lienzos adornaban el palacio. Cuadros de Tintoretto, Teniers, Rubens, Tiziano (…). Lienzos de Van Dyck, Carnicero, Pantoja, Bayeu (…) La famosa Biblioteca del Infantado, con más de sesenta mil volúmenes; la armería; las caballerizas, con magníficos caballos de carrera, posta, tiro; maravillosas carrozas esmaltadas y –noble gesto de auténtico prócer- el hospital que don Mariano hizo construir para su servidumbre, viejos o enfermos”.

¿Y qué dejó a su muerte? Cuarenta y tres millones de pesetas de pasivo, cifra casi nueve veces más astronómica que la que heredó.



La Alameda de Osuna, “El Capricho”, heredado de su abuela Benavente


El origen de tamaña hazaña tuvo lugar en el Cuerpo de Guardias del rey, donde desde 1833 era cadete supernumerario cuando llevaba el título de marqués de Terranova, que le había cedido su hermano Pedro, XI duque de Osuna. Su ascensión dentro de la institución militar resultó meteórica una vez consumado el conflicto carlista. Sin embargo, su salud no era buena y se vio obligado a pedir una real licencia para restablecerse.

A principios de 1838 fue nombrado caballero de la embajada extraordinaria que debía acudir a Londres a la coronación de la reina Victoria. Don Mariano realizó el viaje de París a Londres en una diligencia, “ya que los elegantes detestaban el viaje en tren, no por el peligro, sino por ver sus delicadas levitas y claros pantalones manchados por el humo y el carbón”. Y añade Sánchez-Mora que “en la corte inglesa, que en aquella ocasión no estuvo a la altura de su tradicional elegancia, don Mariano fue un auténtico dandy gomoso y estirado; los bigotes en punta y el aire altanero y un tanto impertinente; hueco, ampuloso y leve, está como deslumbrado por su propio brillo”.


Don Mariano en traje de calle


Instalado en París recibió la noticia de la muerte de su hermano, situación que convirtió la afectada elegancia del marqués de Terranova en un delirio de grandeza que terminaría por provocar otro lapidario comentario: “Osuna se ha vuelto loco, creyéndose Osuna”. Decidió instalarse en el palacio de las Vistillas, donde ordenó acometer toda clase de suntuosas reformas, con el fin de que su residencia estuviera a la altura de su alcurnia.

El inmenso edificio construido por la bisabuela de Mariano, princesa de Salm-Salm y duquesa viuda del Infantado, era austero en su fachada, pero su interior rebosaba magnificencia y lujo. Del completo entramado protocolario que se vivía entre sus muros da cuenta un testigo que asegura que quien deseaba ver al duque debía pasar previamente por portero, lacayos, portero de estrados, secretario particular, etcétera, al tiempo que desfilaba por innumerables dependencias en cuyas puertas podía leerse: Secretaría, Archivo, Tesorería, Contaduría…



Osuna en el palacio de las Vistillas


Todos los palacios de su propiedad, dentro y fuera de España, tenían la orden de servir la comida cada día, “igual que si el señor duque asistiera a ella”. Según ciertas hablillas, tan excéntrica y costosa exigencia tuvo su origen un día en que llegó el señor duque a uno de sus palacios y no encontró listo el almuerzo. Y lo mismo ocurría con los carruajes del duque, obligados a permanecer apostados durante horas todos los días en la estación ferroviaria, aunque don Mariano estuviese en el extranjero.

Ni que decir tiene que don Mariano viajaba siempre en trenes especiales. En una ocasión en que se encontraba comiendo con unos amigos en las Vistillas, como uno de los invitados luciera una elegante corbata francesa que a él le gustara, mandó fletar en dos horas un tren especial a París en el que viajó su mayordomo, con el único objeto de comprar una corbata exactamente igual. Pese a ser tan puntilloso en lo referente a la hospitalidad, aunque siempre tenía un buen número de invitados en sus comedores, con frecuencia prefería permanecer en sus habitaciones. En la casa de París “comieron muchos habituales que jamás llegaron a ver al duque de Osuna, su anfitrión”.

Al duodécimo duque de Osuna debe España la importación de los caballos de raza anglo-árabe y las carreras de caballos. Incluso parece ser que los primeros caballos españoles de la prestigiosa Escuela de Equitación de Viena salieron de las cuadras de don Mariano.


El XII duque de Osuna en traje de ceremonia


No obstante, no fue hasta 1852, año en el que es nombrado embajador extraordinario para representar a Isabel II en los funerales de Lord Wellington, cuando toda Europa comenzó a hablar de su ostentoso modo de vida. Su fama creció de tal forma que en 1857 la reina no dudó en enviarlo como ministro plenipotenciario a la coronación del zar Alejandro II de Rusia, país con el que España había roto sus relaciones diplomáticas.

Don Juan Valera, que acompañó al duque de Osuna en calidad de secretario, dejó un valioso testimonio escrito de este viaje: “Viajamos a lo príncipe. Paramos en las mejores fondas y tenemos coches, criados, palco en los teatros y cuanto hay que desear. Los miramientos, las delicadas atenciones y la noble bondad con que nos tratan, así al ayudante como a mí, exceden todo encarecimiento (…) Harto claro se ve que su nombre suena bien en los oídos de esta gente del Norte, mucho más aristocrática que nosotros o, por lo menos, no tan envidiosa y sí mejor educada…”

A causa de las bajas temperaturas, Osuna gasta una fortuna en pieles para él y sus criados, a tal punto que su secretario particular, el señor Benjumea, “va tan empellizado y tan raro, que en una estación del camino por poco se le comen los perros, tomándole por alimaña del bosque…”. El duque y su séquito pasaron por Bruselas, por Münster, por Varsovia y, una vez en San Petersburgo, Osuna no tardaría en convertirse en el extranjero “mimado” de la corte zarista.


La ceremonia de coronación del zar Alejandro II


“El palacio es inmenso y rico –escribe Valera-, pero de muy mal gusto y de una extravagancia churrigueresca. Para llegar desde nuestro cuarto al salón en que nos recibió el Emperador, tuvimos que andar, siempre en línea recta, cuatrocientos cincuenta y siete pasos, que mi compañero Quiñones, que es matemático, tuvo la paciencia de contar, y atravesamos veintiocho salones a cuál más lujoso. Los esclavos negros nos abrían las puertas de par en par en cuanto nos acercábamos. Dos de mitras y plumas nos precedían. El gran maestro de ceremonias marchaba al lado del duque. Al mío un acólito del maestro de ceremonias. El duque iba resplandeciente como un sol, todo él lleno de relumbrones collares y bandas. Su Excelencia comió al lado derecho del Gran Duque Constantino, que a su vez estaba al del Emperador y cenó al lado de Su Majestad la Emperatriz. Después de tantos agasajos y honores nos volvimos a nuestros cuartos, nos quitamos las galas y regresamos a Petersburgo en un tren especial del ferrocarril que hay desde aquí a aquel sitio. Eran las tres de la madrugada.”

El 22 de diciembre Alejandro II le concedió la Gran Cruz de San Alejandro Nevski y luego el Gran Cordón de San Andrés. Pero además le dio el trato de embajador, situando su preferencia después de la del embajador de Francia. ¿Cómo responde Osuna a todas estas atenciones? Doblando las atenciones recibidas, despilfarrando y deslumbrando a la corte más deslumbrante del mundo por aquel entonces, donde en los bailes multitudinarios se exponían en vitrinas las joyas que las anfitrionas no podían colgarse encima.

Osuna gastaba a diario grandes sumas de dinero en flores para las damas de la corte, regalaba abanicos antiguos a centenares, fletaba trenes especiales desde España cada vez que el zar mostraba la más mínima curiosidad por el país ibérico: hasta Rusia llegaron un cazador de osos asturiano, galgos, plantas tropicales, flores de Valencia… Pero como Osuna seguía siendo un Pimentel y éstos no conocían la humildad, también tenía desplantes propios de su aristocrática soberbia.


Ceremonia en la corte zarista de Alejandro II


En cierta ocasión, se puso de moda hablar de un maravilloso zorro azul recién descubierto en una inhóspita zona de Siberia. Fue tanto el interés que despertó este raro animal que el zar financió una expedición para cazar cuantos ejemplares pudieran encontrarse. La expedición, sin embargo, fue un éxito a medias, porque con las pieles de los zorros cazados sólo pudo confeccionarse una taluna, es decir, una capa corta que, naturalmente, fue entregada a la zarina. Parece ser que la taluna era tan hermosa que causó la envidia de toda la corte. ¿Y qué hizo Osuna? Financió secretamente una expedición idéntica a la del zar, con la fortuna de que la cantidad de zorros azules obtenidos dio para confeccionar dos flamantes pellizas… que regaló a su cochero y a su lacayo.

Pero fue más humillante aún el caso del conde Orloff. Era Orloff de granada cuna, además de poseer una de las mejores yeguadas del mundo, con cruza de caballos árabes y daneses, algunos de los cuales habían costado 15.000 duros de la época. Los caballos de Orloff tenían fama de ser los más rápidos del planeta, “por ser los únicos capaces de lograr la mayor velocidad conocida en caballos enganchados a trineos: cuatro kilómetros en siete minutos…” Pues bien, como cabía esperar, Osuna se encaprichó con uno de estos animales. Quiso comprarlo a cualquier precio pero Orloff se negó a vender, incluso puso en duda que Osuna tuviera el dinero suficiente para comprar uno de sus caballos.

Pero Osuna supo esperar. Aprovechando una ausencia del conde, consiguió que la condesa le vendiera el caballo deseado. De regreso, Orloff corrió a la casa de Osuna para deshacer el trato.

- Lo siento –contestó el duque-, pero el caballo está haciendo servicio.

- ¿Dónde? –preguntó el conde.

- Allí, mírele.

Y asomándose al balcón, Orloff pudo comprobar que su caballo daba vueltas a una noria del huerto de Osuna, con las crines y la cola cortadas y un pañuelo tapándole los ojos. Sobra decir que los caballos españoles del duque llevaban herraduras de plata y campaban libres y altivos por la finca.

Osuna a caballo


El palacio donde se había instalado el duque deslumbraba por su espléndida decoración y su exótico jardín, en el que abundaban las plantas tropicales, arbustos y trepadoras, cultivados a su temperatura por medio de estufas de leña. Las fiestas que Osuna daba allí encandilaban a los nobles rusos, porque eran propias de “Las Mil y Una Noches”. Incluso al final de una de ellas Osuna hizo arrojar “la vajilla de oro a las profundidades del Neva, para asombro de algunas docenas de convidados”.

Aunque la anécdota tiene más visos de leyenda que de realidad, hubiera sido posible en la persona de Osuna. Hombre altivo, pero no muy inteligente, Osuna se dejaba estafar por quienes lo rodeaban. No se trataba de algo voluntario, simplemente, era el precio que debía pagar por tanta adulación y admiración. Su nobleza era tan poco común, como su desapego por los bienes materiales. Consideraba que el oro era tan vil como el hombre que se preocupaba de conseguirlo a cualquier costa. Aquel que trabajaba y se esforzaba para enriquecerse era un mentecato que merecía ser esclavo de un buen despilfarrador. En una palabra, Osuna no conocía la necesidad, así que la ignoraba y la despreciaba, particular idiosincrasia que no tardará en llevarlo a la ruina.

Pero mientras ésta llegaba, el duque vivía preso de una frenética actividad. “Es incansable y no se comprende cómo no cae muerto de fatiga”, cuenta Juan Valera. “No duerme ni reposa; se viste y desnuda seis o siete veces al día y no hay fiesta en que no se halle ni persona a quien no visite, con lo cual, con toda la cápila de sus títulos y su grande cortesanía, le tiene ganada la voluntad a los rusos. Anoche volvió a casa a las tres o las cuatro de la madrugada y a las siete ya estaba vestido para ir con el Emperador a la caza del oso.”


Botón de plata de una levita, con las armas ducales grabadas


En 1861 Mariano se traslada a Berlín para asistir a las fiestas de coronación de Guillermo I. El boato exhibido por Osuna es tal, que el rey de Prusia instituye para él la Orden del Águila Roja, que llevaba aparejada un collar de diamantes. En otra ocasión, de visita en Londres, pretende a la hija del Conde de Jersey, pero ésta lo rechaza abiertamente, llegando a decir que “El duque de Osuna es aburridísimo. Me hace visitas de dos y tres horas y jamás le oigo nada interesante”. Lo que no deja dudas sobre la mediocre personalidad y escaso atractivo interior del duque: no es más que un bonito envoltorio.

Sin embargo, el noble español encuentra definitivamente pareja en Viena: María Leonor Crescencia Catalina de Salm-Salm, princesa del Sacro Imperio Romano, con la que contrae matrimonio el 4 de abril de 1866 en Wiesbaden. Era veintiocho años mayor que la novia, por lo que el idilio dura apenas unos meses. La joven princesa de Salm-Salm es aún más derrochadora que su marido, de modo que los administradores de tierras y rentas de la Casa de Osuna se ven obligados a aumentar las contribuciones.


Estandarte de la dinastía de Salm-Salm


El maná comenzaba a escasear, así que se encargó a Bravo Murillo, en su calidad de especialista financiero, que analizara la situación y emitiera un diagnóstico. El consejo del ministro fue claro y determinante: había que recortar gastos, ahorrar cuanto se pudiera. Osuna, incapaz de llevar a cabo una simple suma, acostumbrado a despreciar bandejas repletas de oro (cabe señalar que nunca cobró alguno de los sueldos que por sus numerosos cargos públicos le hubieran correspondido), prefirió recurrir al crédito, con lo que a la larga su situación financiera empeoró.

En esta huida hacia la debacle tuvo aún tiempo de gastar 125.000 pesetas en un baile y otras 160.000 en una fiesta de Navidad a la que asistieron sólo doce invitados. Por último, volvió a representar a la corona española en la boda del príncipe Guillermo de Alemania con la princesa de Schleswig-Holstein. El duque marchó hacia Alemania en uno de sus trenes especiales, acompañado de su joven esposa y de todo su fasto. Pero ya no regresaría a España. Se refugiaría definitivamente, sabiéndose arruinado, en su castillo belga de Beauraing, donde murió el 2 de junio de 1882. La residencia fue sacada tras su muerte a pública subasta.


El castillo de Beauraing, en Bélgica


Trasladado el cuerpo al panteón familiar de la villa de Osuna, la viuda encargó un suntuoso féretro en el que aparecían grabadas más de dos mil palabras que registraban todos los títulos del difunto y que luego, asfixiada por las deudas, rehusó pagar. Quedaba así enterrado quien había sido el mayor contribuyente del Estado y luego había descendido a los niveles más bajos de la ruina.


domingo, 13 de marzo de 2011

La Casa de Osuna

La Casa de Osuna es originaria de la Corona de Castilla y su nombre proviene del Ducado de Osuna, título nobiliario con Grandeza de España, creado el 5 de octubre de 1562 por el rey Felipe II para Don Pedro Téllez-Girón, V conde de Ureña y VI señor de la ciudad andaluza de Osuna.

Fue tradición, durante siglos, que el heredero del ducado de Osuna llevara el título de Marqués de Peñafiel. Esta tradición se interrumpió a la muerte del XII duque de Osuna, Mariano Téllez-Girón y Beaufort-Sportín, recayendo este marquesado, a raíz del reparto que se hizo de sus numerosos títulos, en los Roca Togores. Esta familia lo ostentó hasta 1956, cuando lo heredó Ángela María de Solís-Beaumont y Téllez-Girón, con quien volvió a incorporarse a la Casa de Osuna.

Desde el siglo XVI la casa ducal fue creciendo en importancia y riqueza y tres siglos después era la más importante de España, al reunirse en la persona del duque de Osuna veinte Grandezas de España y los ducados de Arcos, de Béjar, de Benavente, de Gandía, del Infantado, de Medina de Rioseco, de Pastrana, de Plasencia, de Lerma, de Estremera, de Francavilla, y de Mandas y Villanueva. Estos trece ducados fueron ostentados junto con doce marquesados, trece condados y un vizcondado.


El 3r Duque de Osuna y Virrey de Nápoles, Don Pedro Téllez-Girón y Guzmán (1574-1624), conocido como "el Gran Duque de Osuna".


La Casa de Osuna desciende por vía paterna de la casa de los girones, de los Téllez de Meneses ricohombres de Castilla (Tierra de Campos), de los Condes de Haro, así como de las familias portuguesas de los Acuña (da Cunha) y de los Pacheco. Por vía materna, descienden los de la Cueva y de los Álvarez de Toledo. El 1r Duque de Osuna es hijo de María de La Cueva y Álvarez de Toledo, hija de Francisco Fernández de La Cueva, 2º Duque de Alburquerque y de Francisca Álvarez de Toledo, la hija del 1r Duque de Alba, García Álvarez de Toledo.


Casas de los Girones y de los Téllez de Meneses

El patronímico de la Casa de Osuna, Téllez-Girón, proviene de los apellidos del matrimonio entre Gonzalo Ruiz Girón y María Téllez de Meneses (siglo XIV). Los girones provienen originalmente (siglo XII) del Mayordomo Real Rodrigo Gutiérrez Girón. Su hijo Gonzalo Rodríguez Girón -de quien descendieron varios reyes de Portugal, Castilla y Aragón- y su nieto Rodrigo González Girón jugaron un papel clave al servicio de los reyes de Castilla durante el siglo XIII, contribuyendo al proceso de unificación con la corona de León. Por ello, recibieron diversas mercedes, entre las que destaca el señorío de Autillo. Por su parte María Téllez de Meneses desciende de Alfonso Téllez de Meneses el Viejo.

Entre el siglo XII y el XIV existen otros vínculos matrimoniales anteriores entre ambas familias, fuertemente relacionadas.

Castillo de Montealegre (Valladolid), construido a finales del siglo XIII o principios del XIV por Alfonso de Meneses, como principal fortaleza de la familia.


Los descendientes de este Girón conforman una serie de nobles de la máxima influencia durante el siglo XIII, cuestión ligada a su papel en la reconquista y a sus alianzas y relaciones con las otras poderosas familias de Tierra de Campos. Esta influencia se quiebra a mediados del siglo XIV cuando sufren la venganza del rey Pedro I de Castilla que da muerte al primogénito de los girones Alfonso Téllez Girón y a su hermano, hijos de doña María Téllez de Meneses y posteriormente cuando Alfonso Téllez Girón, sobrino que sucede a éstos y que permanece fiel al último de los Borgoña, padece el exilio a la muerte de este rey. Fue el último varón de su familia. Su hija única, doña Teresa Téllez Girón se casó en Portugal con Martín Vasques da Cunha (1357-1417), importante noble de ese reino que a su vez hubo de exiliarse de su patria junto con sus hermanos. El hijo de Martín y Teresa, Alfonso Téllez Girón se casó con María Pacheco, hija de Juan Fernández Pacheco, ricohombre portugués, Alcalde de Santarén, Guarda mayor de Juan I de Portugal y primer señor de Belmonte.


Señorío de Osuna y Condado de Ureña

La inmensa riqueza del Ducado tiene su origen en el belmonteño Don Pedro Girón (1423-1466), bisabuelo de Pedro Téllez-Girón y de la Cueva, 1r Duque de Osuna. Fue señor de Belmonte, Maestre de la Orden de Calatrava (1445-1466) y 1r Señor de Ureña. Junto con su hermano Juan Pacheco, Marqués de Villena y su tío, el Arzobispo de Toledo Alfonso Carrillo conformó la alianza familiar más poderosa de la corte de Enrique IV de Castilla. Recibió de este rey múltiples mercedes, entre otras la que le instituyó como primer señor de la villa de Osuna. Instituyó en su primogénito Alfonso Téllez-Girón el Condado de Ureña, título que en 1520 sería incluido entre los primeros Grandes de España y que subroga dicha grandeza en el Ducado de Osuna. Son ambos hermanos los responsables del retorno de la familia a la alta nobleza.


La Cruz de Calatrava, emblema de la Orden de la cual el 1r Señor de Ureña era Maestre


Como Maestre de Calatrava debía de permanecer célibe, pero tuvo cuatro hijos con Inés de las Casas, que serían legitimados por Enrique IV y por el papa Pío II en 1459, tres de ellos serían los primeros condes de Ureña:
  • Alfonso Téllez-Girón, que heredó el mayorazgo hecho por su padre y fue nombrado conde de Ureña, pero murió en 1469, a la edad de 16 años.
    Rodrigo Téllez Girón, que sucedió a su padre como maestre de la Orden de Calatrava.
    Juan Téllez Girón, que heredó las propiedades y el título de su hermano Alfonso, al morir éste. De él descienden a su vez sus hijos y sucesores en el Condado de Ureña Pedro Girón y Velasco y Juan Téllez-Girón el Santo.
Retrato anónimo de don Juan Téllez Girón, IV Conde de Ureña y padre del primer Duque, en el retablo de la capilla de la antigua Universidad de Osuna, de la que fue fundador.


El padre del 1r Duque de Osuna, Juan Téllez-Girón el Santo (1494-1558), nació en Osuna, fue el IV Conde de Ureña y uno de los ascendientes más destacados de la casa. Creó en la ciudad de Osuna el mayor y más deslumbrante conjunto monumental del renacimiento sevillano, con un patrimonio de edificios de interés difícilmente superable, que le convierten en el mecenas andaluz más importante de su época.


El engrandecimiento de la Casa

La obtención del ducado de Osuna tuvo lugar en 1562, cuando Felipe II concedió el privilegio al V Conde de Ureña, de nombre idéntico al del fundador de la dinastía: Pedro Girón. A este título hay que añadir otro de significativa relevancia, el de Marqués de Peñafiel, otorgado por el Rey Prudente en 1568 al 2º duque de Osuna y VI conde de Ureña, don Juan Téllez-Girón. Al ser este nuevo título superior al de conde de Ureña, fue el utilizado desde entonces por el heredero de la Casa.


Gaspar Téllez Girón y Pacheco Gómez de Sandoval Enríquez de Ribera (1625 - 1694), V Duque de Osuna y Duque consorte de Uceda, V Marqués de Peñafiel, IX Conde de Ureña y Grande de España.


De esta forma los Téllez-Girón pasaron a engrosar las filas de los Grandes de España y accedieron, por tanto a los más altos cargos de la administración del Estado. Este es el caso del 3r duque de Osuna, don Pedro Girón y Velasco, también llamado el Grande, que llegó a ejercer de virrey y capitán general de Sicilia y, posteriormente, de Nápoles. Hombre de proverbial justicia, se cuenta que, debiendo mostrar su ecuanimidad, en un caso en el que unos tutores retenían el capital de un menor y no demostraban flexibilidad alguna “so capa que tan sólo habían de entregarle un legado compuesto por lo que ellos quisieran”, les dijo: ‘No, no habéis interpretado el testamento. Manda que deis al hijo lo que queráis vosotros. Y ¿qué queréis? ¿La herencia? Pues eso habéis de darle. Yo os lo mando’. Y si proverbial resultó su forma de administrar justicia, no lo fue menos su singular vida, destacada siempre por la esplendidez y el lujo.

Una vez consolidados los tres estados (Osuna, Peñafiel y Ureña) en torno a los cuales se crearon la fama y la fortuna de la Casa, la política matrimonial, junto con la extinción de líneas directas de sucesión de terminados linajes que son absorbidos por otros, da lugar a una auténtica apoteosis y traspasos de títulos que se agregan a la Casa de Osuna. Baste un ejemplo: el matrimonio del 9º duque de Osuna con María Josefa de la Soledad de la Portería Alfonso Pimentel, condesa-duquesa de Benavente, a fines del siglo XVIII, y la muerte sin herederos en 1841 del XIII duque del Infantado, don Pedro Alcántara de Toledo, incrementaron los títulos de los Osuna con los ducados del Infantado, Arcos, Béjar, Gandía y Benavente, acumulando así cuatro Grandezas de España.

La esposa del 9º duque de Osuna, doña María Josefa de la Soledad, era rebelde y orgullosa. A ella se debe la adquisición de la famosa Alameda de Osuna, antigua prisión en la que estuvo encerrado el tercer duque de Osuna, donde ordenó levantar una fastuosa mansión de recreo que pudiera competir con el no menos esplendoroso palacio de la Moncloa (propiedad de su rival, la duquesa Cayetana de Alba) y que llamó “Mi capricho”. De su decidido y espontáneo espíritu dan cuenta las cuatro puñaladas que le propinó a retrato que de ella había pintado Esteve. ¿Acaso estaba mal hecho? No, fue inconformismo. Simplemente, doña María Josefa era una Pimentel, condesa-duquesa de Benavente, progenie, según algunos, “de lechuguinos impertinentes y puntillosos, cogollo y flor de la más emperifollada sociedad de la corte”.

Con la muerte prematura del 9º duque y la posterior desaparición del 10º (hijo primogénito del anterior), el título fue a parar a las manos del segundo hijo, don Mariano Téllez-Girón y Beaufort. Su fabulosa herencia, compuesta de títulos, oro, regios palacios y colecciones de arte, fue despilfarrada en cuarenta años. Lo ilustra esta anécdota. De viaje a la Rusia de los zares como enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de Isabel II, una noche en la que debió asistir a una recepción en palacio y como no encontró sitio por haber llegado tarde, se sentó en el suelo, sobre el abrigo de armiño cargado de joyas y condecoraciones que le protegía del frío. Una vez concluida la sesión, el duque de Osuna se levantó y se retiró sin acordarse del armiño. Un ujier corrió tras él y, al hacerle notar el olvido, Osuna contestó: “Sepa usted que los embajadores de España no acostumbran llevarse los asientos”.

Así y todo. Fiestas eternas, deslumbrantes viajes, regalos… todo llevó a la debacle. Las razones del endeudamiento de la Casa eran muchas y diversas, e iban desde la presión fiscal o la ayuda solicitada por la corona para hacer frente a guerras y otros gastos suntuarios hasta la mala gestión administrativa. Don Mariano, víctima de su tiempo y de la revolución liberal burguesa, se vio en la necesidad de hacer frente a las deudas con la venta de su patrimonio, en esa época de venta libre tas la abolición de los mayorazgos. De haber nacido dos siglos antes, don Mariano hubiera dejado tantas deudas como íntegro su patrimonio. Pero no fue así.


“Mi Capricho”, Palacio de la Alameda de Osuna


Lista de titulares

1562-1590 - Pedro Téllez-Girón y de la Cueva
1590-1600 - Juan Téllez-Girón y Pérez de Guzmán
1600-1625 - Pedro Téllez-Girón y Fernández de Velasco
1625-1656 - Juan Téllez-Girón y Enríquez de Ribera
1656-1694 - Gaspar Téllez-Girón y Sandoval
1694-1716 - Francisco de Paula Téllez-Girón y Benavides
1716-1733 - José María Téllez-Girón y Benavides
1733-1787 - Pedro Téllez-Girón y Pérez de Guzmán
1787-1807 - Pedro de Alcántara Téllez-Girón y Pacheco
1807-1820 - Francisco de Borja Téllez-Girón y Pimentel
1820-1844 - Pedro de Alcántara Téllez-Girón y Beaufort Spontin
1844-1882 - Mariano Téllez-Girón y Beaufort Spontin
1882-1901 - Pedro de Alcántara Téllez-Girón y Fernández de Santillán
1901-1909 - Luis María Téllez-Girón y Fernández de Córdoba
1909-1931 - Mariano Téllez-Girón y Fernández de Córdoba
1931 - Ángela María Téllez-Girón y Duque de Estrada (actual titular
)


El título, hoy

La actual Duquesa de Osuna, doña Ángela María Téllez-Girón y Duque de Estrada, es también Condesa-duquesa de Benavente, Duquesa de Arcos, de Gandía, de Uceda, de Escalona y de Plasencia; Marquesa de Jabalquinto, con G. de E; condesa de Peñaranda de Bracamonte, con G. de E; marquesa de Lombay y condesa de Ureña, de Pinto y de La Puebla de Montalbán. Nueve veces Grande de España. Casó con Pedro de Solís-Beaumont y Lasso de la Vega, de los marqueses de Valencina, quien recuperó en gran medida el patrimonio de la Casa Ducal de Osuna. En segundas nupcias, casó con José María de Latorre y Montalvo, marqués de Montemuzo, ya fallecido.
Angela María Tellez Girón y Duque de Estrada, Duquesa de Osuna y Gandia, en su palacio de Sevilla ante un retrato de su padre.


La actual Duquesa de Osuna ha cedido:

  • A su hija mayor, Ángela María de Solís-Beaumont, el ducado de Arcos.
  • A su segunda hija, María de Gracia de Solís-Beaumont, el ducado de Plasencia y el marquesado de Frómista. María de Gracia es, por matrimonio, Princesa Ruspoli dei Principi di Cerveteri.
  • A su tercera hija, María del Pilar de Latorre, el ducado de Uceda y el marquesado de Belmonte.
  • A su cuarta y última hija, María Asunción de Latorre, el ducado de Medina de Rioseco y el condado de Salazar de Velasco.
  • A su nieta, Ángela María de Ulloa, hija de su hija mayor, el condado de Ureña, como futura duquesa de Osuna.
  • A su nieta, María Cristina de Ulloa, el marquesado de Jarandilla.
  • A su nieta, María de Gracia Rúspoli, hija de su hija María de la Gracia, el marquesado de Villar de Grajanejos.