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martes, 15 de mayo de 2012

La primera dama de Marruecos

En 2002, el rey de Marruecos, Mohammed VI contrajo matrimonio en privado con la joven Lalla (“Lady”, Señora) Salma Bennani. Con esta boda, la casa real marroquí rompió una tradición de doce siglos. El rey renunció a la poligamia y envió a los medios de comunicación imágenes e información de la joven. Nunca había existido el papel de reina en Marruecos, por lo que este paso fue considerado como uno más hacia la modernización a la que Mohammed VI quiere llevar al país.


La boda según la tradición marroquí se realiza en dos etapas. La primera es meramente de índole religiosa y en ella la novia no debe usar maquillaje; realiza una visita a los baños moros y se pinta las manos con motivos geométricos elaborados con alheña, posteriormente ingresa al salón en donde se celebrará la boda. En la ceremonia se leen unos cuantos suras del Corán y se oficializa el matrimonio con la firma de un acta notarial. La reunión es solo para las familias de los contrayentes y algunos amigos íntimos.


La segunda etapa del matrimonio se realiza en el Palacio Real de Marrakech y dura tres días aproximadamente. En esta ceremonia se siguen ritos de igual trascendencia que en la anterior. El primer día de los festejos la novia permanece cubierta con un velo de seda verde, ocultando hasta el rostro. Viste un caftán bordado del mismo color y un cinturón de oro y piedras preciosas. En un momento de la ceremonia es sentada en un trono y paseada siete veces por las salas del palacio. Ese mismo día contraen matrimonio decenas de parejas que han sido escogidas del pueblo y de los círculos de la Corte, lo que se lleva a cabo también en el interior del palacio. En el segundo día de la ceremonia matrimonial la novia ya puede salir sin velo y vestida de blanco. No será hasta el tercer día cuando los novios podrán mostrarse juntos en público y gozar de la fiesta.






El papel de la primera dama consorte junto al esposo jefe de Estado es obligatorio en los actos oficiales, aunque esto no sucede en los países islámicos. Salvo Jordania, ninguna de las monarquías islámicas tiene una figura de reina consorte, tan sólo la de madre de príncipes o favorita del rey, sin que sean conocidas en el ámbito oficial.


Marruecos no es una excepción dentro del mundo árabe y, durante los últimos doce siglos de sultanato y luego reino, nunca ha tenido reina. La misma madre de Mohammed VI y esposa del difunto Hasan II, Lalla Latifa, nunca ocupó un lugar relevante en la vida pública nacional. Fue enviada a palacio a la edad de 15 años por su propia familia - la familia bereber más influyente del país - y se convirtió en "madre de príncipes" al dar a luz al primero de sus hijos, Lalla Meryem, en 1962. Sólo existe una foto de ella, que fue robada durante una ceremonia y se publicó en la revista París Match.




El Rey y sus hermanos: Princesa Lalla Hasna, Princesa Lalla Asma, Princesa Lalla Meryem y Príncipe Moulay Rachid


Hasta el momento, todos los monarcas marroquíes han disfrutado de un harén formado por varias concubinas. Para convertirse en esposa de un príncipe musulmán, existen una serie de condiciones, como la virginidad e incluso no haber tenido pasado sentimental alguno. Una vez convertidas en esposas, su pueblo no tendrá nunca noticia alguna de ellas y permanecerán totalmente recluidas en espacios separados de la vida pública, a modo de encarcelamiento. Encarcelamiento, eso sí, rodeado de todo el lujo posible.


De hecho, el anterior rey marroquí, Hasan II, contaba con un total de hasta 80 concubinas en su harén, 40 de las cuales las había heredado del harén de su padre, Mohammed V. Según el estudio realizado por la escritora Malika Ufkir, estas concubinas recibían una exquisita formación sexual para satisfacer al monarca y, una vez "formadas", «las solían casar con el rey de cuatro en cuatro en ceremonias suntuosas en el palacio de Fez».


En 1999, sin embargo, Mohammed VI ya comunicó que había decidido acabar con el tradicional harén de "favoritas" o concubinas que se habían mantenido durante doce siglos sus predecesores. Poco después, en el año 2000 y con motivo de sus visitas oficiales a EE.UU. y España, el monarca viajó acompañado de una de sus hermanas, Lalla Meryem, quien desempeñó las labores de primera dama.




Los Clinton, Mohammed VI y su hermana Lalla Meryem durante una cena de Estado en la Casa Blanca (junio de 2000).


Las tres hermanas de Mohammed VI ocupan un lugar curioso en la corte marroquí. Sus bodas han sido derroches de dinero y fiestas en el país durante días y dos de ellas están divorciadas. Hasta el año 2000, no habían representado a la monarquía en actos oficiales, siendo desde entonces Lalla Meryem, que consiguió la aprobación real en 1997 para divorciarse de su marido, la que ejercía como primera dama.


No deja de ser paradójico que dos de las hermanas del monarca sean divorciadas dada la situación de una mujer divorciada en Marruecos. Según la ley islámica y la tradición en el país, antes de que se solicite el divorcio, el hombre ya puede repudiar a su esposa, al margen de lo que diga la justicia. Una mujer que solicita el divorcio tiene pocas alternativas prácticas. Debe ofrecer dinero a su marido para conseguir el divorcio (conocido este procedimiento como khol'a). El marido debe aceptar el divorcio al recibir la cantidad de dinero que él mismo ha especificado que quiere recibir, sin ningún límite.





Al momento de la boda, la joven Salma no respondía al perfil exigido por una sociedad anclada en las tradiciones en lo que a la situación de las mujeres se refiere. Tiene 14 años menos que el monarc; es hija de un profesor universitario de Fez; ha estudiado ingeniería informática en la escuela Ensias de Rabat y ha trabajado para el consorcio empresarial Omnium Nord Africain (ONA), la compañía privada de holding más grande de Marruecos, controlada por la familia real. Con este currículum era difícil creer que tendría el papel sumiso que sus encarceladas predecesoras desempeñaron como madres de príncipes. Sin embargo, el propio Mohammed VI fue muy explícito en unas declaraciones a un diario francés acerca del papel de su esposa: "En el Islam no hay reina y eso no cambiará en Marruecos". Algo difícil de entender cuando, desde que llegó al trono parecía haber defendido la modernización del país y la causa de la mujer en el islam.




La pareja real marroquí


Desde su llegada al trono, el rey concedió amnistías y reducciones de condena e indemnizó a víctimas de la represión. Prefirió seguir viviendo en su casa de soltero antes que en las residencias palaciegas como habían hecho sus antecesores. Recortó significativamente los gastos de la casa real, rechazó el harén y no aceptó que los notables del majzén –cortesanos civiles y militares- le ofrecieran sus hijas como concubinas. Disolvió el harén de su padre y devolvió a las mujeres que lo integraban a sus familias ofreciéndoles un sueldo vitalicio.


El objetivo del joven rey por mejorar el papel de la mujer en la sociedad marroquí fue observado y no hubo viaje en el que no se hiciera acompañar por su hermana mayor, Lalla Meryem. Al casarse con Mohammed VI, Lalla Salma pasó a ocupar el papel asumido por la hermana del rey. Recibió el título de Princesa con derecho al tratamiento de Alteza Real, siendo la primera consorte de un soberano marroquí a la que se otorgó un título de tal índole. No iba a romper tanto la tradición, de todas maneras, como para otorgar a la esposa del rey el título de "Reina", que es de igual rango, sino que recibió el de "Princesa Real", de rango inferior. A partir de entonces Salma iba a seguir el ejemplo de Rania de Jordania.





El Rey, la Princesa Real y el Príncipe Heredero


La reina consorte jordana, kuwaití licenciada en Administración de Empresas por la Universidad Americana del El Cairo, trabajó en el sector de la banca y de la alta tecnología hasta el momento de contraer matrimonio en 1993 con el príncipe Abdalá ben Hussein, entonces heredero del trono. Con ideas propias, ocupa las portadas de las revistas especializadas, considerada como una de las mujeres más bellas y elegantes del mundo, pero también respetada por sus ideas y constantes participaciones en actos públicos, donde suele descubrir todo aquello que debió ser dicho hace tiempo. Desde su posición, la reina jordana ha sacado en los foros internacionales algunos temas tabúes en su país, tales como la explotación infantil o la situación de la mujer. Entre otras iniciativas, Rania fundó en 1995 la Fundación Río de Jordania para ayudar a los más desfavorecidos de su país y la Sociedad Jordana de Donación de Órganos.





Encuentros de dos reinas consortes de Oriente




La Princesa Salma ha mantenido un bajo perfil como primera dama, aunque un rol mucho más público que sus antecesoras. Recibe a personalidades internacionales fuera de las dependencias de palacio vestida como una mujer occidental, es activa y participa sobre el terreno donde se la necesita. Preside la asociación "Lalla Salma de lutte contre le cancer" y es embajadora de buena voluntad de la OMS, involucrándose en trabajo de prevención contra el SIDA en África. Apoya el Festival de Música Sacra de Fez, ha representado al rey y a Marruecos en encuentros internacionales en Thailandia, Japón y Francia, así como en acontecimientos reales de la talla de la boda del Príncipe William de Gales en 2011.




Versailles, 2003. Junto a la Princesa Mathilde de Bélgica, Duquesa de Brabante, asiste a la 11ª Nuit Internationale de l’Enfance. Más lejos se aprecian Mme. Bernadette Chirac y Farah Diba Pahlavi.



Bangkok, 2006. Cumplimentando al Rey Bhumibol de Thailandia durante las celebraciones por su 60º Aniversario en el trono.



Fez, 2010. En la apertura del Festival de Música Sacra, la Princesa aparece acompañada por Bernadette Chirac y la Princesa Norodom Bhopa Devi de Camboya, hermana del rey de de Camboya.

viernes, 11 de mayo de 2012

Los principales títulos egipcios

Jedive


El término Jedive (en inglés: Khedive; en turco: Hidiv) es un título en gran medida equivalente al Virrey. Fue utilizado por primera vez, sin reconocimiento oficial, por Muhammad Ali Pasha, el Wāli (Gobernador) de Egipto y Sudán y vasallo del Imperio Otomano. El título inicialmente autoproclamado fue reconocido oficialmente por el gobierno otomano en 1867 y posteriormente utilizado por Ismail Pasha y sus sucesores dinásticos hasta 1914.

Este título, conocido por su uso por la dinastía Muhammad Ali de Egipto y Sudán, se registra en inglés desde 1867, derivado a través del francés khédive; basado en el turco hidiv que a su vez deriva del persa khidiv (príncipe), un derivado de khoda "maestro, príncipe" del antiguo persa khvadata- "señor", a partir del compuesto khvat-data-, literalmente, "creado a partir de uno mismo".




Escudo de armas personal del Jedive Abbas Hilmi II


Wāliyah / Jedivato no reconocido (1805-1867)


A raíz de la invasión francesa de Egipto en 1798 y la derrota de las fuerzas egipcias por Napoleón, las cuales consistían en gran medida en la casta militar de los gobernantes mamelucos, los turcos enviaron tropas de Rumelia (las provincias balcánicas del Imperio Otomano), bajo el mando de Muhammad Ali Pasha, para restaurar la autoridad del Imperio en lo que había sido hasta entonces una provincia otomana. Sin embargo, tras la derrota y partida de los franceses, Muhammad Ali tomó el control del país y se declaró gobernante de Egipto, consolidando rápidamente una base de poder local independiente. Después de repetidos intentos fallidos de quitarlo y matarlo, en 1805 la Sublime Puerta reconoció oficialmente a Muhammadd Ali como Pasha (Bajá) y Wāli (gobernador) de Egipto. Sin embargo, demostrando sus ambiciones grandiosas, reclamó para sí el título más alto de Jedive, al igual que sus sucesores, Ibrahim Pasha, Abbas I y Sa'id I.




Isma’il Pasha con dos asistentes (1855)


Jedivato (1867-1914)


El uso del título de Jedive por la dinastía de Muhammad Ali no fue sancionado por el Imperio Otomano hasta 1867, cuando el Sultán Abdulaziz lo reconoció oficialmente como el título de Ismail Pasha. Por otra parte, la Puerta aceptó la alteración de Ismail de la línea real de sucesión al pasar de padre a hijo, en lugar de hermano a hermano, como era la tradición en el Imperio Otomano y las dinastías árabes. En mayo de 1879, el Imperio Británico y Francia comenzaron a presionar al Sultán otomano Abdulhamid II para deponer a Ismail Bajá, y esto se hizo el 26 de junio de 1879. El más flexible Tewfik Pasha, hijo de Ismail, fue su sucesor como el nuevo Jedive. Ismail Pasha salió de Egipto y en un principio se exilió en Nápoles, pero se le permitió con el tiempo por parte del sultán Abdulhamid II retirarse a su palacio de Emirgan, sobre el Bósforo, en Constantinopla. Allí permaneció, más o menos como un prisionero de Estado, hasta su muerte y fue enterrado en El Cairo.

Después de la revuelta nacionalista Urabi de 1882, Gran Bretaña invadió Egipto en apoyo de Tewfik Pasha y continuaría ocupando y dominando el país durante décadas. Durante este período, la dinastía de Muhammad Ali bajo Tewfik Pasha y su hijo Abbas Hilmi Pasha continuó gobernando Egipto y Sudán usando el título de Jedive, mientras estaba todavía en condiciones nominales (de jure) bajo soberanía otomana hasta 1914.




El Jedive Tewfik Pasha (1852–1892) sentado en una butaca y rodeado por su familia. De pie a la izquierda está su esposa, Princesa Amina Elhami (1858–1931), a su lado la Princesa Nimet (1882–1965) y el Príncipe Abbas Hilmi (1874–1944) sentado en el piso. A la derecha de la imagen, de pie, el Príncipe Muhammad Ali (1875–1955) y la Princesa Khadiga (1880–1951).


Sultán


Sultán era el estatus de los gobernantes de Egipto, después del establecimiento de la dinastía Ayubí de Saladino en 1174 hasta la conquista otomana en 1517. Aunque la extensión del Sultanato de Egipto menguaba y aumentaba, por lo general incluía Sham y el Hiyaz, con la consecuencia de que los sultanes ayubíes y más tarde mamelucos también eran considerados Sultanes de Siria. A partir de 1914 el título fue utilizado una vez más por los jefes de la dinastía de Muhammad Ali de Egipto y Sudán, siendo reemplazado por el título de Rey de Egipto y Sudán en 1922.

La conquista otomana de Egipto en 1517 finalizó con el Sultanato egipcio y Egipto se convirtió a partir de entonces en una provincia del Imperio Otomano. También marcó el fin del Califato abasí, a partir del momento en que los otomanos capturaron el actual califa Al-Mutawakkil III y lo obligaron a renunciar a la titularidad a favor del sultán otomano Selim I. Los otomanos posteriormente demostraron poco interés por los asuntos egipcios y los mamelucos rápidamente recuperaron la mayor parte de su poder en Egipto. Sin embargo, seguían siendo vasallos del sultán otomano y sus dirigentes se limitaron al título de Bey.




Saladino y sus mamelucos (1174)


Tras la derrota de las fuerzas de Napoleón en 1801, Muhammad Ali Pasha tomó el poder, derrocando a los mamelucos, y se declaró gobernante de Egipto. En 1805, el sultán otomano Selim III a regañadientes lo reconoció como Wāli bajo la soberanía otomana. Muhammad Ali, sin embargo, se consideraba Jedive y se trataba como tal; aunque técnicamente era un vasallo del Imperio Otomano, gobernaba Egipto como si se tratara de un estado independiente. Buscando rivalizar y, finalmente, sustituir el sultán otomano, Muhammad Ali implementó un rápido programa de modernización y militarización y amplió las fronteras de Egipto hacia el sur en Sudán y el norte en Sham. Finalmente, hizo la guerra al Imperio Otomano con la intención de derrocar a la dinastía gobernante y reemplazarla por sí mismo. Aunque la intervención de las grandes potencias impidieron a Muhammad Ali la realización de sus grandiosas ambiciones de convertirse en sultán, obligando a Egipto a seguir siendo técnicamente parte del Imperio Otomano, la autonomía de Egipto sobrevivió a su muerte con la Puerta reconociendo a la dinastía Muhammad Ali como gobernantes hereditarios del país.




Reclutas egipcios cruzando el desierto


El nieto de Muhammad Ali, Ismail I, accedió al trono de Egipto en 1863 e inmediatamente se dispuso a cumplir los objetivos de su abuelo, aunque de manera menos confrontadora. Una combinación de creciente poder egipcio, fuerza otomana deteriorada y soborno absoluto llevó al sultán otomano Abdulaziz a reconocer formalmente el gobernante egipcio como Jedive en 1867. Como Ismail expandió las fronteras de Egipto en África y el Imperio Otomano continuó decayendo, Ismail creyó que estaba a punto de alcanzar la independencia formal de Egipto e incluso contempló usar la apertura del Canal de Suez en 1869 para declararse a sí mismo Sultán. Estaba convencido de lo contrario por la presión de las grandes potencias, que temían las consecuencias de la desintegración del poder otomano. En última instancia, el reinado de Ismail terminó en un fracaso, debido a la enorme deuda que sus ambiciosos proyectos habían incurrido. La presión europea y otomana forzó su retiro en 1879 y su sustitución por su hijo mucho más flexible, Tewfik. La posterior rebelión Orabi terminó con Gran Bretaña invadiendo Egipto en 1882 por invitación del Jedive Tewfik y el inicio de su larga ocupación del país.

Desde 1882 en adelante, el estatus de Egipto se hizo muy complicado: oficialmente una provincia del Imperio Otomano, semi-oficialmente un estado prácticamente independiente con su propia monarquía, sus fuerzas armadas y posesiones territoriales en el Sudán y, para efectos prácticos, un títere británico. La ficción jurídica de la soberanía otomana en Egipto terminó finalmente en 1914, cuando el Imperio Otomano se unió a las Potencias Centrales en la Primera Guerra Mundial. Alarmados por el hecho de que el anti-británico Jedive Abbas II se pondría del lado de los otomanos, los británicos lo depusieron en favor de su tío Hussein Kamel y declararon a Egipto un protectorado británico. Simbolizando el fin oficial de la dominación otomana, Hussein Kamel tomó el título de Sultán al igual que su hermano Fuad I, que le sucedió en 1917, aunque en realidad Egipto permaneció bajo dominio británico. Tanto Hussein Kamel como Fuad mantuvieron reclamo de Egipto sobre Sudán, con los nacionalistas egipcios declarándolo, a su vez, como el "Sultán de Egipto y Sudán".




Sultán Hussein Kamel en 1915


El aumento de la ira nacionalista por la ocupación británica continua obligó a Gran Bretaña a reconocer formalmente la independencia de Egipto en 1922. Sin embargo, el título de Sultán fue eliminado y sustituido por el de Rey. El líder nacionalista Saad Zaglul, quien fue exiliado después por los británicos, sostuvo que esto era debido a que los británicos se negaron a reconocer a un gobernante soberano egipcio que superara a su propio rey (en la jerarquía de títulos, Sultán, como Sha en Irán, es comparable al de Emperador, siendo un soberano que no reconoce autoridad secular superior). Otra de las razones que ofreció para el cambio en el título, es que reflejaba la creciente secularización de Egipto en la época, puesto que Sultán tiene matices islámicos, mientras que la palabra árabe para rey, Malik, no lo tiene.

Al derrocar al hijo de Fuad, Faruk I, en la revolución egipcia de 1952, los Oficiales Libres consideraron brevemente declarar a su pequeño hijo como Sultán para reforzar la soberanía de Egipto sobre Sudán y demostrar su rechazo a la ocupación británica. Sin embargo, desde que los revolucionarios ya habían decidido abolir la monarquía egipcia después de un breve período de consolidación de su posición en el poder, determinaron que sería un gesto vacío y el hijo de Faruk fue declarado debidamente Rey Fuad II. Al año siguiente el gobierno revolucionario oficialmente abolió la monarquía y Egipto se convirtió en república.




Escudo de Armas del Sultán de Egipto (1914-1922)


Sultana


Sultana es un título islámico reservado para unas pocas gobernantes femeninas musulmanas de la historia. A veces se confunde con el título de la esposa principal de un sultán.

En el Egipto medieval, Shajar al-Durr, una antigua esclava de origen turco, ascendió al trono en 1250, convirtiéndose así en la única mujer musulmana a gobernar un país en el norte de África y Asia occidental. Aunque varias fuentes afirman que ella tomó el título de Sultana, The Cambridge History of Islam se opone a la demanda, afirmando que "una forma femenina, sultana, no existe en árabe: el título de sultán aparece en la moneda única existente de Shajar al-Durr".

Entre 1914 y 1922, los monarcas de la dinastía Muhammad Ali usaron el título de Sultán y sus esposas fueron tratadas legalmente como Sultanas. Solo dos consortes utilizaron el título durante el corto Sultanato de Egipto: Melek Tourhan, la esposa del Sultán Hussein Kamel, y Nazli Sabri, la esposa del Sultán Fuad I. Nazli Sabri se convirtió en Reina luego del establecimiento del reino de Egipto en 1922 y es con éste último título con el que está casi siempre asociada. Melek Tourhan, por el contrario, legalmente retuvo el título de Sultana, incluso después que Egipto se convirtiera en reino, y es a menudo referida simplemente como Sultana Melek.




El palacio de la Sultana Melek (la torre en el centro de la imagen) en el suburbio de Heliópolis, El Cairo (1930).


Príncipe del Sa'id


El Príncipe del Sa'id (Amir al-Sa'id) fue el título utilizado por el heredero al trono de Egipto hasta la abolición de la monarquía en 1953. El título se traduce como Príncipe de Alto Egipto.

Fue utilizado por primera vez por el hijo y heredero del rey Fuad I, el Príncipe Farouk, quien fue nombrado oficialmente así el 12 de diciembre de 1933. El título que se le dio a Farouk incluía la adquisición en su nombre de 3.000 feddans de las mejores tierras agrícolas. Farouk mantuvo el título hasta que ascendió al trono tras la muerte de su padre el 28 de abril de 1936.

Dado que el título se concede sólo a los herederos aparentes o forzosos, el sucesor de Farouk I como heredero, el príncipe Mohammed Ali Tewfik, no lo recibió, ya que era presunto heredero. La siguiente persona que recibió el título fue el primer y único hijo de Farouk I, el príncipe Ahmad Fouad, inmediatamente después de su nacimiento el 16 de enero de 1952, ya que él era el heredero de su padre. Sin embargo, lo portó muy poco tiempo, ya que ascendió al trono como Fuad II, tras la abdicación forzada de su padre el 26 de julio de 1952.



El antiguo rey de Egipto, Fuad II, con sus hijos el Príncipe del Sa’id y la Princesa Fawzia, en el festejo por su 60º cumpleaños (enero de 2012)


El título nunca se ha utilizado desde entonces, pues la monarquía egipcia fue abolida el 18 de junio de 1953. El hijo mayor de Fuad II, Muhammad Ali (nacido el 5 de febrero de 1979), es tratado como Príncipe del Sa'id. Sin embargo, dado que la monarquía ya no existe en Egipto, el título no tiene carácter legal alguno, se utiliza simplemente como una forma de cortesía.


jueves, 8 de marzo de 2012

Boda real

Una boda real es la ceremonia del matrimonio de un miembro de una familia real. Las bodas de los príncipes –principalmente los herederos del trono- o los de los propios monarcas, son importantes ocasiones de Estado y atraen significativa atención nacional e internacional.

La Princesa Elizabeth y el Duque de Edimburgo en 1947

Cuando una boda es al mismo tiempo una fiesta familiar y un acontecimiento nacional, las monarquías de Europa, del Cercano y Lejano Oriente y de África envían sus representantes, monarquías que todavía perduran porque ayudan a conservar, con su influencia actual, atenuada y anodina, la unidad nacional. Un presidente de la República es encarnación del Estado; un soberano es encarnación del país. La boda del hijo del presidente es un asunto de familia; la boda del hijo del rey, especialmente la del príncipe heredero, es algo que concierne a una nación entera.


Varios príncipes herederos se han casado con plebeyas, diluyendo la sangre azul de la estirpe. La tendencia igualitaria ha incitado a los royals a actuar como burgueses, opacando esa aureola que sobrevivía del tiempo en que las monarquías deslumbraban. El Príncipe de Gales protagonizó la primera de las bodas de los herederos europeos al casarse con la malograda Lady Diana Spencer –por lo demás, la novia real con más sangre noble de todas las que vinieron después-. Puede decirse que, dado el papel que los medios de comunicación jugaron ese 29 de julio de 1981, hubo un antes y un después de la boda de Carlos y Diana. Fue para Gran Bretaña la ocasión de mostrar la fuerza del sistema monárquico. Lo que la familia real inglesa hizo ese día no hubieran podido hacerlo ni un gran jefe de Estado de un régimen presidencial, ni el más conciliador de los presidentes de un régimen parlamentario. Mientras duró esta fiesta deslumbrante, un ballet estudiado a la perfección, fotografiado y filmado para todo el mundo, la Inglaterra de los desocupados y de los manifestantes formó un todo con el país amante de las tradiciones y apegado a los antiguos privilegios.




Sin embargo, el desastre matrimonial de Carlos y Diana cambió el destino del resto de los herederos. Ninguno quiso un matrimonio dentro de las viejas reglas de la monarquía y todos apostaron por su libre albedrío, es decir, casarse por amor sin tener en cuenta el origen de su pareja. Desde Pavlos de Grecia –heredero en el exilio- con Marie-Chantal Miller en 1995, hasta Alberto II de Mónaco con Charlene Wittstock en 2011, las novias reales no pertenecen a la realeza. En 1999, Felipe de Bélgica se casó con la pedagoga Matilde d’Udekorn, quien, por su parte, pertenece a la nobleza no titulada de Bélgica (jonkheer) por vía paterna y su madre es la condesa polaca Anna Maria Komorowska. Por lo tanto la Duquesa De Brabante es actualmente una de las dos princesas herederas consortes de una casa reinante europea con ascendencia noble. La otra es la princesa consorte de Liechtenstein, Sofía, hija del Príncipe Max-Emanuel de Baviera y de la Condesa sueca Elisabeth Christina Douglas. Su padre había añadido en 1973 el tratamiento de Duque en Baviera, por un primo suyo que había hecho lo mismo años antes y desde entonces había sido llamada Duquesa Sofía en Baviera. A partir de su casamiento con Alois de Liechtenstein recibe el tratamiento de Su Alteza Serenísima, La Princesa Heredera de Liechtenstein, Condesa de Rietberg.


Los Duques de Brabante protagonizaron la última boda real del siglo XX


Códigos de vestimenta


En las celebraciones inglesas exigen que las mujeres invitadas a una boda real cubran su cabeza con sombreros, según la tradición de la iglesia griega ortodoxa o la iglesia anglicana. A partir de ello se toman las precauciones necesarias para usar cubrecabezas discretos, pues no es idea convertir la ocasión en un nuevo Royal Ascot. Pero ahora ha nacido un nuevo accesorio que bien puede sustituir al sombrero tradicional; el tocado o fascinator -hechos con plumas, flores o encaje- una tendencia completamente inglesa.


Para una boda de día, las mujeres deben ir de corto (hasta la rodilla o un poco por debajo de ella) y, como se ha dicho, con sombrero o pamela. No es casualidad que las soberanas nunca coincidan en el color de sus trajes; detrás hay una labor entre secretarías. Éstas se encargan de averiguar, discretamente, los tonos elegidos por cada Casa Real para evitar momentos incómodos.


Cuando la ceremonia se celebra de tarde, como es común en las bodas nórdicas (Noruega, Dinamarca, Suecia), es de rigor vestir de alta gala, es decir, con vestido largo, la cabeza descubierta y el pelo retirado del rostro. Generalmente los complementos estrella son las tiaras, deslumbrantes obras de arte que destacan en los tocados femeninos. Los caballeros lucen frac o uniforme militar y guantes blancos. Las bandas y medallas de las órdenes dinásticas se despliegan tanto en damas como en caballeros.





Los vestidos de novia han sido creaciones únicas, oscilando de los más recatados a los escotados, de los de buen gusto a los más fantasiosos. Como corresponde a una boda real, no deben ser strapless ni de excesivo escote. De hecho, algunos pocos han tenido escote tan alto y tan austeros que se parecían más a hábitos monjiles (como el de la Princesa Real Ana de Inglaterra), si no fuera por las fantásticas tiaras que coronaban los conjuntos. Luego hubo un par, como el de Gloria, Princesa von Thurn und Taxis, y el de Clotilde, Princesa de Saboya, cuyos atuendos nupciales fueron diseñados para ocultar sus embarazos (definitivamente, no monjiles).

Habitualmente las princesas consortes recurren patrióticamente a firmas de moda de su propio país para el diseño del traje nupcial. Letizia, Princesa de Austrias, usó un vestido del español Manuel Pertegaz; Mathilde, Duquesa de Brabante, uno del belga Edouard Vermeulen; Masako de Japón, un modelo de Hanae Mori; Mary de Dinamarca, uno del danés Uffe Frank; Mette-Marit de Noruega, uno del noruego Harder Finseth; Victoria de Suecia fue con un vestido del sueco Par Engsheden. Grace Kelly recurrió a la diseñadora de la MGM Helen Rose para el que muchos consideran el más bello de los vestidos de novia. Por su parte, las novias británicas siempre han favorecido a los modistas británicos. La Princesa Elizabeth –luego reina- y su hermana la Princesa Margarita recurrieron a Norman Hartnell. Lady Diana Spencer eligió a David y Elizabeth Emmanuel para su controversial pero icónico traje, mientras que Sarah Ferguson usó un modelo de Lindka Cierach. Catherine Middleton, cuando contrajo matrimonio con el Príncipe William, tercero en línea de sucesión al trono británico, fue con un diseño de Sarah Burton, para Alexander McQueen.





Hay excepciones. El italiano Valentino creó el traje de la Princesa Máxima de los Países Bajos y de Marie-Chantal, Princesa Heredera de los Helenos; el inglés Bruce Oldfield fue el responsable del vestido bordado en oro de Rania de Jordania y el también italiano Giorgio Armani diseñó tanto el modelo como el ramo nupcial de Charlene, Princesa consorte de Mónaco.


Casos reales


Las bodas de miembros de la realeza, con el paso de los años y las circunstancias históricas, han revestido características diferentes, como en estos ejemplos que he recogido.


1895


Greg King, en su libro The Last Empress, relata vívidamente la boda de Alix de Hesse, nieta por vía materna de la Reina Victoria, con el zar Nicolás II de Rusia. La ceremonia tuvo lugar el frío 26 de noviembre de 1895, en el Palacio de Invierno de San Petersburgo, una semana después del funeral del zar Alejandro III.


“Finalmente aparecieron Alejandra y Nicolás. Caminaban tomados del brazo, siguiendo la larga cinta de la alfombra carmesí que pasaba de una sala a otra; atravesando los pisos de parquet, de mármol y de madreperla; bajo los techos de estuco, los cuadros y los dorados; a través de las cámaras con sus columnas de mármol, malaquita y jaspe, de perfume en perfume –rosas en vasos de porcelana, orquídeas y lirios del valle, todo esto enviado a través de la nieve y traído de Crimea en tren-. Formaron una procesión que se extendía a largo de cuatrocientos metros y atravesaba las salas atestadas de oficiales uniformados y damas cubiertas de diamantes. Los soldados de los regimientos de la guardia desenfundaban los sables y saludaban al paso de la procesión: cosacos con chaquetas escarlatas y doradas, húsares vestidos de rojo, lanceros de azul. Detrás de Alejandra y Nicolás marchaban los padrinos de boda, los Grandes Duques Jorge y Miguel, los hermanos del zar; su tío, el Gran Duque Sergio y su primo Cirilo. Venían después las madrinas, con los blancos vestidos de corte, los velos largos y las colas de terciopelo carmesí. La procesión necesitó casi media hora para pasar frente a los tres mil invitados que esperaban en los salones y para llegar a las puertas lustradas de la capilla…”


“... Esperando, con las relucientes estolas de plata y las capas pluviales y mitras salpicadas de diamantes, los ancianos sacerdotes de cabellos blancos esperaban en el umbral (…) Alejandra y Nicolás avanzaron a lo largo de la capilla blanca y dorada, sonriendo a los miembros de la familia y los amigos que ocupaban el lugar. Paso a paso Alejandra se adelantó, la cara casi oculta bajo los velos que descendían de los diamantes distribuidos sobre su cabeza, la cola y los vestidos descendiendo en una sucesión de capas de gasa de plata y brocado, las joyas resplandeciendo con cada movimiento, con cada giro, mientras ella flotaba sobre la alfombra roja y las armonías gloriosas de los coros resonaban en el salón (…) Unos pasos más y ella y Nicolás ya estaban sobre el estrado, bajo la cúpula, flanqueados por enormes canteros de orquídeas y lirios, rodeados por los miembros de la familia, frente al iconostasis, el altar recamado de joyas, que relucía en la semipenumbra de las lámparas votivas.”

“Un sacerdote entregó cirios encendidos a Alejandra y Nicolás y después presentó una bandeja de plata, sobre la cual descansaban las dos alianzas. Lentamente, el anciano metropolitano de San Petersburgo trazó el signo de la cruz sobre ellos y anunció: ‘La servidora de Dios Alejandra se compromete con el servidor de Dios Nicolás’. Los dos prometidos intercambiaron tres veces los anillos, como signo de reconocimiento de la Santa Trinidad, mientras los sacerdotes cantaban y balanceaban los incensarios dorados. Una vez intercambiadas las alianzas, Alejandra y Nicolás se arrodillaron, mientras el coro entonaba el Salmo 77, extraña y sombría elección tratándose de una boda”.


“(…) Tomados de la mano, Alejandra y Nicolás rodearon tres veces el altar y después se arrodillaron a rezar. Cuando se reincorporaron, besaron una cruz de oro y un icono y poco después de la una de la tarde Alejandra se convirtió en Su Majestad Imperial, la Emperatriz Consorte de Rusia”.


1937


En el Castillo de Candé, todo estaba listo. Había grandes floreros con peonías blancas y rosadas a los lados de la mesa nupcial y cuatro sillas delante de ella: para la novia, el novio, Herman Rogers, vocero ante la prensa y el Mayor Edward “Fruity” Metcalfe, el padrino. En otra mesa había más flores y una serie de banderas norteamericanas… una gran chimenea de piedra y una tercera mesa junto a la ventana mostraban otro despliegue de flores… En aquel cuarto inundado por la luz del sol había un total de dieciséis invitados. Sin duda, una extraña boda para un hombre que, sólo seis meses antes, había sido el rey de Inglaterra y emperador de la India, soberano de 500.000 personas que vivían sobre 20.000.000 km2 del mundo.


Primero tuvo lugar la ceremonia civil efectuada por el cohibido alcalde de Monts, quien no dejó de ajustar nerviosamente su fajín rojo, blanco y azul, con sus borlas doradas. Leyó la breve fórmula, informó a la novia que debía obedecer a su marido y dijo al novio que debía mantener a su esposa. Ambos dijeron “Oui” y luego firmaron el Registro de Matrimonios y el correspondiente registro británico. El duque se frotaba el mentón pensativamente, luego cruzaba y descruzaba los dedos a su espalda, con los ojos brillantes de excitación.


Marcel Dupré, el destacado organista francés, ejecutaba piezas de Bach y Schumann y una fuga de la que era autor. Luego inició una marcha del oratorio de Haendel Judas Macabeo y el duque y su padrino se dirigieron al altar. Dos minutos más tarde, Dupré tocó una marcha nupcial que había compuesto y entró Wallis del brazo de Herman Rogers. Resultaba apropiado que fuese él quien entregara a la novia; después de todo, durante largo tiempo había sido el responsable de ella.

El vestido de Wallis rozaba el suelo. Era un Mainbocher de crespón de seda de un color intermedio entre un azul suave y un tono pastel. “Lo llamé el azul Wallis, un tono de color que nunca mostré a nadie”, recordaría el diseñador más tarde. Estaba hecho como un traje de dos piezas, con una falda larga y sencilla. La línea era simple, casi severa, de cuello alto. Su “algo viejo” era un trozo de encaje antiguo cosido a su ropa interior; “algo nuevo” era una moneda de oro acuñada para la coronación del rey Eduardo VIII, con su perfil, colocada en el tacón de su zapato; “algo prestado” era un pañuelo de la tía Bessie y “algo azul”, su traje de novia.




Junto al improvisado altar rodeado de flores, que tenía una sencilla cruz de oro facilitada por una iglesia protestante cercana, había dos cojines blancos sobre los que la pareja se arrodilló. El reverendo Jardine leyó la liturgia con voz fuerte. El duque, con su chaqué y sus pantalones a rayas, parecía sentirse totalmente relajado; se veía muy joven e increíblemente feliz. Llegado el momento, respondió: “Sí, quiero” con una voz tan alta y aguda que perturbó la quietud que reinaba en la habitación. En contraste la voz de Wallis pareció muy baja cuando prometió “obedecer, amar, honrar y servir” al duque. Jardine entonces pidió a los presentes que rezaran al Todopoderoso para que “bendijera a este hombre y esta mujer” y agregó su propia oración: “Que permanezcan siempre juntos en perfecta paz y amor”.


2010


Victoria de Suecia, la única mujer entre los actuales futuros reyes de Europa, contrajo matrimonio en 2010 con el plebeyo Daniel Westling y la ceremonia de su boda tuvo la particularidad, destacada entre el resto de los acontecimientos de ese tipo, que parte de la procesión nupcial se hizo en barca.

La ceremonia religiosa en la Catedral de Estocolmo fue emotiva. Una vez se encontraron los novios ante el altar, en donde reposaban como es tradición dos coronas reales en sendos almohadones de terciopelo azul (a tono con el resto de la tapicería del templo), se tomaron de la mano, que mantuvieron en todo momento entrelazadas y se prodigaron en el transcurso de la ceremonia continuas miradas de complicidad. Las de ella, más relajada y emotiva, acompañadas por una tímida sonrisa; las de él siempre comedidas durante el servicio religioso. El rito del intercambio de los votos y los anillos estuvo a la altura de las más románticas expectativas. A Daniel se le ahogó la voz al pronunciar su promesa de amor eterno a una emocionada Victoria de Suecia y cuando la princesa hizo lo propio y prometió amarle hasta que la muerte les separara, Daniel bajó la guardia de la contención y se enjugó una lágrima. La princesa Victoria besó emocionada la mano de él y bajó rápidamente la mirada para no llorar también. No fueron las únicas lágrimas de la ceremonia.


A la salida de la Catedral no se lanzaron ni confeti ni globos, ni hubo después fuegos artificiales, atendiendo el deseo de los novios y por motivos medioambientales. Tras el beso de rigor a la salida del templo a petición del público, Victoria y Daniel se montaron en su carroza de 1900 y, acompañados por un cortejo de ochenta caballos, hicieron un recorrido de casi siete kilómetros por el centro de Estocolmo, en cuyas calles recibieron el calor de unas 500.000 personas. Más de 6,000 soldados participaron en el desfile en honor de los novios, mientras unos 2,500 policías velaban por la seguridad, aunque no se registraron incidentes. Treinta bandas musicales, diecinueve de las cuales eran militares, amenizaron el trayecto.

Los príncipes se embarcaron entonces en la Vasaorden para hacer la última parte de la procesión. La Barcaza Real Vasaorden ha navegado desde su construcción por fechas claves y acontecimientos señalados de los Bernadotte. Se echó a la mar también el 19 de junio de 1976, siendo testigo del amor de los novios de Suecia de entonces: el rey Carlos Gustavo y su reina consorte, Silvia, se trasladaron en ella desde la isla de Skeppsholmen a Logård Steps en Skeppsbron. Cadetes de la escuela naval remaban la barcaza, mientras buques de guerra suecos y extranjeros atestaban la bahía de Estocolmo ondeando alto sus banderas. Durante la segunda parte del viaje, la Fuerza Aérea sueca tomó parte en las celebraciones con un espectáculo a 400 metros de altura sobre la barcaza entre Skeppsholmen y el Palacio Real. Tres unidades volaron en formación con ocho aviones por unidad, formando un corazón.

Las mismas características tuvo la procesión acuática treinta y cuatro años después. Hasta 18 aviones de combate cruzaron el cielo mientras la Vasaorden se acercaba a su lugar de desembarco en el Palacio Real. En las escaleras los esperaban los invitados al banquete y, detrás de las vallas, miles de suecos y turistas que estallaron en júbilo con la llegada de la pareja, homenajeada luego por un coro formado por 300 voces de nueve agrupaciones. Luego los invitados se dirigieron al interior del palacio, en cuya renovada Sala de Estado dio comienzo el banquete nupcial que se prolongó hasta la medianoche.




martes, 7 de febrero de 2012

Los Siete Sudairi

Siete Sudairi -también deletreado Sudairy o Sudayri- es el nombre comúnmente utilizado para una poderosa alianza de siete hermanos de pleno derecho y sus descendientes dentro de la familia real de Arabia Saudita. También se les conoce como los Al Fahd (en referencia al hermano mayor, el difunto Rey Fahd) o el Clan Sudairi (en árabe: عائلة السديري). Luego de la muerte del Rey Fahd, el grupo es llamado muchas veces Seis Sudairi.


La elevación de los Siete Sudairi al poder se remonta a la preferencia mostrada hacia ellos por el Rey Faisal. Como resultado, los hermanos fueron nombrados para una serie de puestos clave dentro del Reino. Fahd en última instancia se convirtió en Rey en 1982 y el siguiente en edad, Sultan, fue heredero aparente del trono desde 2005 hasta su muerte en 2011, siendo sucedido en esta posición por su hermano de sangre, Nayef. Con la muerte de Sultan en 2011, el grupo se redujo a cinco hermanos.


Orígenes


En el siglo XX, Abdul-Aziz Ibn Saud expandió rápidamente su base de poder en el Nejd para establecer el Reino de Arabia Saudita en 1932 y se convirtió en su primer rey. Como parte de este proceso de expansión, se casó con mujeres de poderosos Nejdi y otras familias árabes para consolidar su control sobre todas las partes de su nuevo dominio. Se cree que se casó con un máximo de 22 mujeres como consecuencia de ello. Uno de estos matrimonios fue con la princesa Hassa bint Ahmad bin Muhammad Al Sudairi, miembro de la familia Al Sudairi, una de las más poderosas de Nejd.


Abdul-Aziz Ibn Saud

El matrimonio tuvo los siguientes hijos:


· Fahd (1921-2005), 5º Rey de Arabia Saudita desde 1982 a 2005
· Príncipe Sultan (1930? -2011), Ministro de Defensa desde 1962 hasta su muerte y Príncipe Heredero (2005-2011)
· Príncipe Abdul-Rahman (nacido en 1931), ex Viceministro de Defensa, relevado de la posición en noviembre de 2011.
· Príncipe Nayef (nacido en 1933), Ministro del Interior desde 1975, Primer Viceprimer ministro y Príncipe Heredero desde noviembre 2011.
· Príncipe Turki (nacido en 1934)
· Príncipe Salman (nacido en 1936), Gobernador de Riad (1962-2011) y Ministro de Defensa desde noviembre 2011
· Príncipe Ahmed (nacido en 1940), Viceministro del Interior
· Princesa Lulua
· Princesa Latifa
· Princesa Aljawhra
· Princesa Jawaher

Ibn Saud con sus hijos y nietos (1935)


El número de hijos que Abdul-Aziz tuvo en total, con todas sus mujeres, es desconocido. Una fuente indica que tenía 37 hijos. La generación que sucedió a Abdul-Aziz estaba, por lo tanto, compuesta principalmente por medio-hermanos. Los "Siete Sudairi" -los siete hijos de Abdul-Aziz y la Princesa Hassa- eran el mayor bloque de hermanos de sangre y como consecuencia fueron capaces de ejercer un importante grado de influencia coordinada y poder.


Robert Lacey , cuyo libro El Reino lista 43 hijos del rey Abdulaziz, dice que la Princesa Hassa se ​​casó en realidad con él dos veces y el primer matrimonio se había producido otro hijo, el Príncipe Saad (1914-1919), que otros atribuyen a la princesa Tarfah. Él enumera el Príncipe Sultan, como nacido en 1927 (otras fuentes dicen 1924 y 1928). Algunas referencias de prensa sobre el nombramiento del Príncipe Salman como Ministro de Defensa, en noviembre de 2011, dicen que nació en 1935.



El Rey Fahd



El Príncipe Sultan

El Príncipe Abdul-Rahman

El Príncipe Nayef

El Príncipe Turki

El Príncipe Salman

El Príncipe Ahmed



El Rey Abdullah, sucesor del Rey Fahd, es hijo de Ibn Saud con la Princesa Fahda bint Asi al-Shuraim.


Ascenso al poder


La elevación de los Siete Sudairi al poder se remonta a la ascensión del Rey Faisal y su temprano conflicto con el Rey Saud. Aunque no es un Sudairi en sí mismo, Faisal, en su lucha para derrocar a Saud, se basó en gran medida en los siete hermanos Sudairi. En 1962, como primer ministro y heredero aparente, Faisal designó a Fahd como Ministro del Interior, el Príncipe Sultán como Ministro de Defensa y el Príncipe Salman como gobernador de Riad. Todos eran puestos clave. Tras la ascensión de Faisal al trono después de la deposición de Saud en 1964, el Rey continuó a favor de la Siete Sudairi como sus aliados.


En 1975, tras la muerte de Faisal y la ascensión del Rey Khalid, Fahd se convirtió en príncipe heredero y el Príncipe Nayef sucedió a Fahd en el Ministerio del Interior. Cuando Fahd se convirtió en rey en 1982, hizo a su hijo, el Príncipe Muhammad, Gobernador de la Provincia Oriental, la principal región productora de petróleo.

El Príncipe Nayef, con su hermano, el Príncipe Sultan, en 2009. A la muerte de Sultan en 2011, Nayef pasó a convertirse en el heredero del Reino de Arabia Saudita.


Los Sudairis consolidaron su control de estos feudos mediante el nombramiento de sus hermanos e hijos a sus propios ministerios y otros puestos clave: Sultan nombró a uno de sus hermanos menores Sudairi -Príncipe Abdul-Rahman- y a uno de sus hijos como a sus ministros. Otro de los hijos de Sultan, el Príncipe Bandar, sirvió durante dos décadas como embajador saudí en Washington y luego jefe del Consejo de Seguridad Nacional Saudí. Su hijo, el Príncipe Khaled, segundo comandante con el General Norman Schwarzkopf en la Guerra del Golfo (1991), sucedió a Sultan en el Ministerio de Defensa. Nayef también nombró a un hermano menor Sudairi – Príncipe Ahmed - y uno de sus hijos - el Príncipe Muhammad - como sus representantes en el Ministerio del Interior.

El Príncipe Bandar bin Sultan, embajador de Arabia Saudita en Estados Unidos de 1983 a 2005


La subida de los Sudairis al poder y su dominio sobre el gobierno aportó continuidad al sistema. También llevó a otros príncipes a alinearse en silencio en contra de ellos. La principal oposición a los Sudairis vino de Abdullah antes de su ascensión al trono. Cultivó aliados entre sus otros hermanos y con los hijos del rey Faisal. Tras la ascensión de Abdullah al trono, el rey creó en 2006 un nuevo consejo de familia, la Comisión de Lealtad, para determinar la futura sucesión. Los Sudairis llenan una quinta parte de los escaños del Consejo, que es visto como una dilución del poder Sudairi desde que su control general sobre el Estado es percibido como proporcionalmente mayor que esto. Con la muerte de Sultan, Nayef fue elegido el siguiente Príncipe Heredero.


El orden de sucesión al trono de Arabia está determinado por, y entre, la Casa de Saud. Ésta sigue la antigüedad agnaticia, pero un príncipe puede ser superado u otro elevado. Luego que el Príncipe Nayef fue nombrado heredero, los candidatos son sus hermanos menores Salman, Ahmed, Sattam y Mugrin. Hay al menos dos hermanos (Bandar y Musaid) mayores que el Rey Abdullah y varios otros (Mishaal, Abdul-Rahman, Mutaib, Talal, Badr y Nawwaf) mayores que Nayef. Pero han dado un paso al costado debido a razones de salud, consenso familiar o falta de voluntad para participar en el gobierno.

El Rey Abdullah con sus ministros en plena tarea

domingo, 5 de febrero de 2012

La Casa de Saud

La Casa de Saud (en árabe: آل سعود Āl Suʻūd), también llamada Al Saud, es la familia real gobernante de Arabia Saudita y una de las dinastías más ricas y poderosas del mundo. Se compone de los descendientes de Muhammad ibn Saud y sus hermanos, aunque la facción gobernante de la familia está principalmente dirigida por los descendientes de Abdulaziz ibn Abdul Rahman Al-Saud. La familia defiende la facción salafista del Islam y la unificación de Arabia.


El Estandarte Real del monarca saudita


El miembro más influyente de la familia es el Rey de Arabia Saudita. La línea de sucesión al trono saudita no es padre-hijo, sino hermano-hermano entre los hijos de Rey Abdul-Aziz. Se estima que la familia estará integrada por 15.000 miembros y la mayoría del poder y la riqueza reside entre los aproximadamente 2.000 descendientes del Rey Abdul-Aziz.

La Casa de Saud ha pasado a través de tres fases: el Primer Estado Saudita, el Segundo Estado Saudita y la moderna nación de Arabia Saudita. El Primer Estado Saudita marcó la expansión del Islam Salafista; el Segundo Estado Saudita fue marcado por continuas luchas internas; el Reino de Arabia Saudita ejerce considerable influencia en el Medio Oriente. La dinastía ha tenido confictos con el Imperio Otomano, el Jerife de la Meca y la familia Al Rashid de Ha’il.


Título


Casa de Saud es una traducción de Al Saud. Este último es un nombre árabe dinástico formado por la adición de la palabra Al, que significa "familia de" o "Casa de", al nombre personal de un antepasado. En el caso de Al Saud, este es el padre del fundador de la dinastía del siglo XVIII, Muhammad ibn Saud (Muhammad, hijo de Saud).



Hoy, el apellido "Al Saud" es llevado por todos los descendientes de Muhammad ibn Saud y sus tres hermanos Farhan, Thunayyan y Mishari. Otras ramas de la familia Al Saud se llaman ramas menores. Los miembros de las ramas menores ocupan altos e influyentes cargos en el gobierno a pesar de que no están en la línea de sucesión al trono saudita. Muchos miembros menores se casan entre los Al Saud para restablecer su linaje y siguen teniendo influencia en el gobierno.


Hijos y nietos del Rey Abdul-Aziz son referidos con el tratamiento de "Su Alteza Real" (SAR), a diferencia de los miembros de la realeza que pertenecen a las ramas menores que son llamados "Su Alteza" (SA).


Historia


El antepasado más antiguo registrado de los Al Saud fue Mani' ibn Rabiah Al-Muraydi. Se instaló en Diriyah en 1446 o 1447 con su clan, los Mrudah. Mani fue invitado por un pariente llamado Ibn Dir, quien era el gobernante de un conjunto de pueblos y fincas que componen hoy el moderno Riad. Del clan de Mani había estado en una estancia en el este de Arabia, cerca de al-Qatif , desde un punto desconocido en el tiempo. Ibn Dir entregó a Mani dos fincas llamadas al-Mulaybeed y Ghusayba. Mani y su familia se establecieron y renombraron la región "al-Diriyah", después de su benefactor Ibn Dir.



Mujer árabe en el fuerte Masmak, Riad



Los Mrudah se convirtieron en gobernantes de al-Diriyah, que prosperaron a lo largo de las orillas del Wadi Hanifa y se convirtió en un importante asentamiento Najdi. Ya que el clan se hizo más grande, se produjeron luchas de poder, con una rama dejando la cercana Dhruma, mientras que otra rama (los "Al Watban") marchó a la ciudad de az-Zubayr en el sur de Irak. Los Al Migrin se convirtieron en la familia gobernante entre los Mrudah en Diriyah.


Después de algunas dificultades a inicios del siglo XVIII, Muhammad ibn Saud, de los Al Migrin, se convirtió en el indiscutible Amir. En 1744, Muhammad tomó un clérigo religioso fugitivo llamado Muhammad Ibn Abdul-Wahhab desde la cercana al-Uyayna. Muhammad ibn Saud acordó proporcionar el apoyo político al proyecto de Ibn Abdul-Wahhab para reformar la práctica islámica práctica. Esto marcó el comienzo del Primer Estado Saudita.


Primer Estado Saudita


El Primer Estado Saudita fue fundado en 1744. Este período se caracterizó por la conquista de las zonas vecinas y por el celo religioso. En su apogeo, el primer estado saudita incluía la mayor parte del territorio de la actual Arabia Saudita y los ataques de los aliados de Al Saud y sus seguidores llegaron a Yemen, Omán, Siria e Irak. Los eruditos islámicos, en particular Muhammad ibn Abdul-Wahhab y sus descendientes, se cree que jugaron un papel importante en el gobierno saudita durante este período. Los sauditas y sus aliados se llamaban a sí mismos durante este período como Muwahhidun o Ahl al-Tawhid (los "monoteístas"), por lo que más tarde se les conoció como Wahabíes.


Un wahabí con un árabe azami (1848)



El liderazgo de los Al Saud durante el tiempo de su primer estado pasó de padres a hijos sin ningún incidente. El primer imán, Muhammad ibn Saud, fue sucedido por su hijo mayor Abdul-Aziz en 1765. Éste fue asesinado en 1803 por un asesino, que algunos creen que han sido un chiíta buscando venganza sobre el saqueo de la ciudad santa chiíta de Karbala por los leales sauditas en 1802. Abdul-Aziz a su vez fue sucedido por su hijo, Saud, bajo cuyo gobierno el estado saudita alcanzó su mayor extensión. Saud murió en 1814, su hijo y sucesor Abdullah tuvo que lidiar con una invasión turco-egipcia buscando retomar el perdido territorio otomano y destruir el llamado a regresar al puro Islam. La fuerza principalmente egipcia logró derrotar a las fuerzas de Abdullah, tomando la capital saudita de Diriyyah en 1818. Abdullah fue tomado prisionero y pronto decapitado por los otomanos en Constantinopla, poniendo fin al Primer Estado Saudita. Los egipcios enviaron a muchos miembros del clan Al Saud y otros miembros de la nobleza local como prisioneros a Egipto y Constantinopla y procedieron a arrasar la capital saudita de Diriyyah.


Segundo Estado saudita


Pocos años después de la caída de Diriyyah en 1818, los sauditas fueron capaces de restablecer su autoridad en Najd, estableciendo lo que hoy es conocido como el Segundo Estado Saudita, con su capital en Riad.


En comparación con el Primer Estado Saudita, el segundo período saudita se caracterizó por la menor expansión territorial (nunca reconquistaron el Hijaz o ‘Asir, por ejemplo) y menos celo religioso, aunque los líderes saudias continuaban yendo por el título de imam y aún empleaban eruditos religiosos salafistas. El segundo estado también estuvo marcado por graves conflictos internos dentro de la familia Saud, que finalmente llevaron a la caída de la dinastía. En todas menos una instancia de sucesión se produjeron por asesinato o guerra civil, con la excepción del pasaje de autoridad de Faisal Ibn Turki a su hijo Abdullah ibn Faisal Ibn Turki.




El palacio Saad ibn Saud en Diriyah



El primer saudita que intentó recuperar el poder tras la caída de Dir'iyyah en 1818 fue Mishari ibn Saud, hermano del último gobernante en Dir'iyyah. Mishari pronto fue capturado por los egipcios y muerto. En 1824, Turki Ibn Abdallah , otro saudita que había logrado evitar su captura por los egipcios, fue capaz de expulsar a las fuerzas egipcias y sus aliados locales de Riad y sus alrededores. Turki, un nieto del primer imán saudí Muhammad ibn Saud, es generalmente considerado como el fundador de la segunda dinastía saudita y es también el antepasado de los reyes de la actual Arabia Saudí. Él hizo a Riad su capital y fue capaz de contratar los servicios de muchos familiares que habían escapado de su cautiverio en Egipto, incluyendo a su hijo Faisal.


Turki fue asesinado en 1834 por Mishari ibn Abdul-Rahman, un primo lejano. Mishari fue sitiado pronto en Riad y posteriormente asesinado por el hijo de Turki, Faisal, quien se convirtió en el gobernante más destacado del segundo reinado de los sauditas. Faisal, sin embargo, se enfrentó a una nueva invasión de Najd por los egipcios, cuatro años después. La población local no estaba dispuesta a resistir, y Faisal fue derrotado y llevado a Egipto como prisionero por segunda vez en 1838.


Los egipcios instalaron a Khalid Ibn Saud en Riad como gobernante y lo apoyaron con tropas egipcias. Khalid era el último hermano sobreviviente del último imán del Primer Estado Saudita y había pasado muchos años en la corte egipcia. En 1840, sin embargo, los conflictos externos obligaron a los egipcios a retirar su presencia en la Península Arábiga, dejando a Khalid con poco apoyo. Visto por la mayoría de los locales como nada más que un gobernador egipcio, Khalid fue derrocado poco después por Abdullah ibn Thuniyyan, de la rama colateral Al Thuniyyan. Faisal, sin embargo, había sido puesto en libertad ese mismo año, y, ayudado por los gobernantes Al Rashid de Ha’il, fue capaz de retomar Riad y volver a su gobierno. Faisal más tarde designó a su hijo Abdullah como Príncipe Heredero y se repartieron sus dominios entre sus tres hijos Abdullah, Saud y Muhammad.



Abdul-Rahman bin Faisal, último gobernante del Segundo Estado Saudita



Tras la muerte de Faisal en 1865, Abdullah asumió el gobierno en Riyad, que pronto fue desafiado por su hermano, Saud ibn Faisal. Los dos hermanos se enfrentaron en una larga guerra civil, en el que se negoció el gobierno de Riad en varias ocasiones. Anteriormente, un vasallo de los sauditas, Muhammad ibn Abdullah ibn Rashid de Ha’il aprovechó la oportunidad para intervenir en el conflicto y aumentar su propio poder. Poco a poco, Ibn Rashid extendió su autoridad sobre la mayor parte de Najd, incluida la capital saudí, Riad. Ibn Rashid finalmente expulsó al último líder saudí, Abdul-Rahman bin Faisal, de Najd después de la Batalla de Mulayda en 1891.



Reino de Arabia Saudita


Después de su derrota en Mulayda, Abdul-Rahman ibn Faisal fue con su familia al exilio en el desierto del este de Arabia entre los beduinos Al Murra. Poco después, sin embargo, Abdul-Rahman se refugió en Kuwait como invitado del emir kuwaití, Mubarak Al Sabah. En 1902, el hijo de Abdul-Rahman, Abdul-Aziz, se dio a la tarea de restaurar el gobierno de Arabia Saudita en Riad. Apoyado por una docena de seguidores y acompañado por algunos de sus hermanos y familiares, Abdul-Aziz fue capaz de capturar el fuerte Masmak de Riad y matar al gobernador designado allí por Ibn Rashid. Luego fue proclamado inmediatamente gobernante de Riad. Como el nuevo líder de la Casa de Saud, Abdul-Aziz fue conocido a partir de ese momento simplemente como "Ibn Saud".


Ibn Saud pasó los siguientes tres décadas tratando de restablecer el imperio de su familia sobre la mayor parte de la Península Arábiga como fuera posible, empezando por su país natal, Najd. Sus principales rivales eran el clan Al Rashid en Ha’il, el Jerife de La Meca en el Hijaz y los turcos otomanos en al-Hasa. Ibn Saud también tuvo que lidiar, sin embargo, con los descendientes de su difunto tío Saud ibn Faisal (más tarde conocido como la rama "Saud al-Kabir" de la familia), quienes se consideraban herederos legítimos al trono. Aunque durante un tiempo reconocía la soberanía de los sultanes otomanos, e incluso tomando el título de pachá, Ibn Saud se alió con los británicos, en oposición a los otomanos respaldado por Al Rashid. Para el período comprendido entre 1915 y 1927, los dominios de Ibn Saud eran un protectorado de la Imperio Británico, de conformidad con el Tratado de Darin de 1915.


El Rey Ibn Saud con sus nietos en 1935



En 1932, Ibn Saud se había deshecho de todos sus rivales y consolidado su dominio sobre gran parte de la Península Arábiga. Se declaró a sí mismo rey de Arabia Saudita ese año. Previamente, había pasado por varios títulos, empezando por "Sultán de Najd" y terminando con "Rey de Hijaz y Najd y sus dependencias". El padre de Ibn Saud, Abdul Rahman, retuvo el título honorario de "imán". Unos años más tarde, en 1937, los inspectores estadounidenses descubrieron cerca de Dammam lo que más tarde resultó ser las más vastas reservas de petróleo de Arabia Saudita. Antes del descubrimiento del petróleo, muchos miembros de la familia eran indigentes.


Ibn Saud fue padre de decenas de hijos e hijas con sus muchas esposas. Había tenido, a lo sumo, cuatro esposas al mismo tiempo. Se divorció y se casó varias veces. Se aseguró de casarse en muchos de los clanes y tribus nobles dentro de su territorio, incluidos los jefes de los Bani Khalid, Ajman y Shammar, así como los Al ash-Sheikh (descendientes de Muhammad ibn Abd al-Wahhab). También dispuso de sus hijos y parientes para celebrar matrimonios similares. Nombró a su hijo mayor sobreviviente, Saud, como heredero forzoso, para ser sucedido por el hijo mayor siguiente, Faisal. La familia saudita llegó a ser conocida como la "familia real", y cada miembro, masculino y femenino, se le concedió el título de emir o emira ("príncipe" o "princesa"), respectivamente.


El Rey Ibn Saud con el Presidente Franklin D. Roosevelt a bordo del USS Quincy en Egitpo (1945)



Ibn Saud murió en 1953, después de haber consolidado una alianza con los Estados Unidos en 1945. Todavía es celebrado oficialmente como el "fundador" y sólo sus descendientes directos pueden tener en el título de "Su Alteza Real". La fecha de su reconquista de Riad en 1902 fue elegida para marcar el centenario de Arabia Saudita en 1999 (de acuerdo con el calendario lunar islámico).


Tras la muerte de Ibn Saud, su hijo Saud asumió el trono sin incidentes, pero su derroche de dinero llevó a una lucha de poder entre él y el nuevo príncipe heredero, Faisal. En 1964, la familia real forzó a Saud a abdicar en favor de Faisal, ayudado por un edicto del gran muftí del país. Durante este período, algunos de los hijos menores de Ibn Saud, dirigidos por Talal ibn Abdul Aziz desertó a Egipto, haciéndose llamar los "Príncipes Libres" y llamando a la liberalización y la reforma, pero más tarde fueron inducidos a regresar por Faisal. Estaban totalmente perdonados, pero se les prohibió también ocupar cualquier posición futura en el gobierno.


Faisal fue asesinado en 1975 por un sobrino mentalmente inestable, Faisal ibn Musaid, que entonces fue rápidamente ejecutado. Otro hermano, Khalid, asumió el trono. El príncipe siguiente en la línea había sido Muhammad, pero éste había renunciado a su derecho al trono en favor de Khalid, que era su único hermano de sangre.


Primer pasaporte del Rey Faisal (1926)


Khalid murió de un ataque al corazón en 1982, y fue sucedido por Fahd, el mayor de los poderosos "Siete Sudairi", así llamados porque eran todos hijos de la esposa de Ibn Saud, Hassa al-Sudairi. Fahd acabó con el anterior título real de "Su Majestad" y lo reemplazó con el título honorífico "Custodio de las Dos Mezquitas Sagradas", en referencia a los dos lugares santos islámicos de La Meca y Medina.


Un derrame cerebral en 1995 dejó Fahd en gran medida incapacitado y el príncipe heredero, Abdullah poco a poco se hizo cargo de la mayor parte de las responsabilidades del rey hasta la muerte de Fahd en agosto de 2005. Abdullah fue proclamado rey el día de la muerte de Fahd y rápidamente nombró a su hermano menor, Sultan bin Abdul-Aziz, ministro de Defensa y al "Segundo Viceprimer Ministro" de Fahd como el nuevo heredero aparente. Sultan falleció en octubre de 2011. El 27 de marzo 2009 Abdullah nombró al Ministro del Interior Príncipe Naif como su "segundo viceprimer ministro".


El poder político


El Jefe de la Casa de Saud es el Rey de Arabia Saudita, quien se desempeña como Jefe de Estado y monarca del Reino de Arabia Saudita. El Rey tiene poder político casi absoluto: nombra a los ministros de su gabinete que supervisan sus respectivos ministerios en nombre del rey. Los ministerios de Defensa, Interior y Relaciones Exteriores se reservan para los Al Saud, al igual que la mayoría de las trece gobernaciones regionales. La mayoría de las carteras, sin embargo, como Hacienda, Trabajo, Información, Planificación, Asuntos del Petróleo e Industria, tradicionalmente han sido dadas a plebeyos, a menudo con jóvenes miembros de los Al-Saud sirviendo como sus representantes. Los miembros de la familia Saud también tienen muchos de los puestos críticos militares y gubernamentales del Reino. El máximo poder en el Reino siempre ha descansado sobre los Al Saud, aunque el apoyo de los Ulema, la comunidad comercial y la población en general ha sido clave para el mantenimiento del status quo político de la familia real.


El Rey Abdullah con sus hermanos Nayif y Salman bailando en Janadiriyyah (2010).


A largo plazo, los nombramientos políticos y gubernamentales, tales como los del Rey Abdullah, quien ha sido comandante de la Guardia Nacional desde 1963, del Príncipe Sultan, Ministro de Defensa y Aviación desde 1962, del príncipe Mutaib, Ministro de Asuntos Municipales y Rurales desde 1975 hasta su dimisión en 2009, del príncipe Nayef , que ha sido el ministro del Interior desde 1975, y el príncipe Salman, que ha sido Gobernador de la Región de Riad desde 1962, han perpetuado la creación de feudos donde los príncipes de alto nivel han entremezclado –en su mayoría, no exclusivamente- su patrimonio personal con el de sus respectivos dominios. A menudo han nombrado a sus propios hijos para puestos de responsabilidad dentro de su propio feudo.


Ejemplos de estos incluyen el príncipe Mutaib bin Abdullah como Comandante Adjunto de la Guardia Nacional; el Príncipe Khalid bin Sultan como Viceministro de Defensa; el príncipe Mansour ibn Mutaib como Viceministro de Asuntos Municipales y Rurales hasta que reemplazó a su padre en 2009 y el Príncipe Mohammed ibn Nayef como Ministro Adjunto del Ministerio del Interior. En estos casos, cuando las carteras cuentan con un presupuesto especialmente importante, los nombramientos de los hermanos más jóvenes han sido necesarios, como diputados o viceministros, con el pretexto de compartir la riqueza y la carga de responsabilidad de cada feudo. Ejemplos de estos incluyen el Príncipe Abdul Rahman, que es el Vice Ministro de Defensa y Aviación bajo el Príncipe Sultán; el Príncipe Badr, Adjunto al rey Abdullah en la Guardia Nacional; el Príncipe Sattam, que está adjunto al gobernador de Riad, Príncipe Salman y el Príncipe Ahmed, que tiene la cartera de Ministro Adjunto en el Ministerio del Interior del Príncipe Nayef.



El Rey Abdullah arribando al aeropuerto de Heathrow con parte de su extensa comitiva en su primera visita de Estado al Reino Unido (2007).


A diferencia de las familias reales de Occidente, la monarquía saudita no ha tenido claramente definido el orden de sucesión. Históricamente, al convertirse en rey, el monarca ha designado un heredero al trono, que sirve como el Príncipe Heredero del Reino. Tras la muerte del rey el príncipe heredero se convierte en Rey, y durante la incapacidad del Rey el Príncipe Heredero, del mismo modo, asume el poder como Regente. Aunque otros miembros de la familia Al Saud ocupan cargos políticos en el gobierno de Arabia Saudita, técnicamente sólo el Rey y el Príncipe Heredero constituyen jurídicamente las instituciones políticas.


La riqueza


La distribución de la riqueza de la familia ha sido un componente crítico para mantener la apariencia de un frente unido dentro de la familia real. Una parte esencial de la riqueza de la familia es el Reino en su totalidad física, que los Al Saud ven como un bien de familia totalmente de su propiedad. Ya sea a través de la co-mezcla de fondos personales y estatales desde posiciones de gobierno lucrativas, grandes asignaciones de tierra, asignaciones directas de crudo para vender en el mercado abierto, controles de segmentos de la economía, preferencias especiales para la adjudicación de importantes contratos, distribución de efectivo total y subsidios astronómicos mensuales –todo facturado a la Hacienda nacional- en total, el impacto financiero puede haber superado el 40% del presupuesto anual del Reino durante el reinado del rey Fahd. Durante décadas de los ingresos petroleros generados por la expansión, una estimación del valor real neto es de más de $ 1.2 billones. Este método de distribución de la riqueza ha permitido que muchos de los príncipes y princesas mayores acumulen riquezas en gran medida incontrolables y, a su vez, pagan, en efectivo o en especie, a miembros de la realeza menor y plebeyos y con ello ganan influencia política a través de su propia generosidad.



El superyate “Príncipe Abdulaziz”, de 147 metros de eslora, propiedad del Rey Fahd y hoy del Rey Abdullah.


Durante períodos de altos precios del petróleo al igual que a finales de los ‘70, la década de 1980, y otra vez, inmediatamente después de la invasión de EE.UU. a Irak en 2003, el ingreso nacional ha superado las necesidades de desarrollo y las obligaciones sociales del gobierno de Arabia Saudita. De acuerdo con informes bien publicitados, pero sin fundamento, el rey Abdullah tiene intenciones de reducir la participación de los Al Saud del presupuesto, un acto que puede sembrar el descontento dentro de la familia real, pero sería popular entre los ciudadanos del Reino.


La oposición a la Casa de Saud


Debido a su régimen autoritario y teocrático, la Casa de Saud ha atraído muchas críticas durante su gobierno de Arabia Saudita. Sus opositores se refieren generalmente a la monarquía saudí como totalitaria o dictadura.


Ha habido numerosos incidentes de manifestaciones y otras formas de resistencia contra la Casa de Saud. Estos van desde el levantamiento Ikhwan durante el reinado de Ibn Saud, a numerosos intentos de golpe de las diferentes ramas de la milicia del reino. El 20 de noviembre de 1979, el Santo Santuario de La Meca fue apoderado violentamente por un grupo de disidentes. El decomiso se llevó a cabo por 500 fuertemente armados y provistos disidentes saudíes, en su mayoría de los miembros de la antigua tribu Ikhwan de Utayba, pero también de otros árabes peninsulares y unos pocos egipcios inscritos en estudios islámicos en la Universidad Islámica de Medina.


Los Ikhwan en movimiento, durante una campaña en el desierto (1911)



El ataque fue dirigido por Juhayman al-Otaibi y Abdallah Muhammad ibn 'Abd al-Qahtani, que citaron la corrupción y la ostentación de la casa gobernante de Saud. Utaybi y su grupo hablaron en contra de los cambios socio-tecnológicos que están teniendo lugar en Arabia Saudita y exigieron que el petróleo no debe ser vendido a los Estados Unidos.


Utaybi recibió poco apoyo de las masas fuera de pequeños círculos de obreros y estudiantes de origen tribal, y los trabajadores extranjeros (de Egipto, Yemen y Pakistán). La familia real se volvió hacia el Ulema, que debidamente emitió una fatwa permitiendo la toma del santuario sagrado. Las fuerzas saudíes, con ayuda de unidades de operaciones especiales francesas y pakistaníes, tomaron dos semanas para eliminar a los rebeldes del santuario santo; el uso de los comandos franceses fue sorprendente, ya que, oficialmente, los no musulmanes no pueden entrar en la ciudad de La Meca. Todos los varones supervivientes del Grupo Utaybi (incluyendo Juhaiman ibn Muhammad ibn Saif al Utaybi ) fueron decapitados públicamente en cuatro ciudades de Arabia Saudita.


Jefes de la Casa de Saud


Primer estado saudita


§ Muhammad ibn Saud (muerto en 1765)
§ Abdul-Aziz ibn Muhammad ibn Saud
§ Saud ibn Abdul-Aziz ibn Muhammad Al-Saud
§ Abdallah Ibn Saud


Segundo estado saudita


§ Turki ibn Abdallah
§ Faisal Ibn Turki Al Saud (primer período)
§ Khalid Ibn Saud (nombrado por los egipcios)
§ Abdullah ibn Thunayyan
§ Faisal Ibn Turki (segundo período)
§ Saud ibn Faisal Ibn Turki
§ Abdullah ibn Faisal
§ Abdul-Rahman bin Faisal


Reino de Arabia Saudita


§ Abdul-Aziz ibn Abdul-Rahman Al-Saud
§ Saud ibn Abdul-Aziz
§ Faisal ibn Abdul-Aziz
§ Khalid Ibn Abdul-Aziz
§ Fahd Ibn Abdul-Aziz
§ Abdullah Ibn Abdul-Aziz


El Príncipe Nayef ibn Abdul-Aziz, Ministro del Interior y medio hermano del Rey Abdullah, es el Príncipe Heredero de Arabia Saudita.