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martes, 23 de noviembre de 2010

El águila prusiana

El Ducado de Prusia o Prusia Ducal (alemán: Herzogtum Preußen; latín: Ducatus Prussiae) fue un ducado de la parte oriental de Prusia desde 1525 a 1701, que se constituyó en el primer ducado protestante (luterano) con una población dominante de habla alemana, así como minorías de polacos y lituanos.

En 1525, durante la Reforma Protestante, el Gran Maestre de los Caballeros Teutónicos, Albrecht de Brandeburgo-Ansbach, miembro de una rama menor de la Casa de Hohenzollern, secularizó el territorio prusiano de la orden, convirtiéndose en Albrecht, duque de Prusia. Su ducado, que tenía su capital en Königsberg, fue establecido como feudo de la corona de Polonia (Segismundo I el Viejo de Polonia era su tío).

Armas de Prusia Ducal


Fue heredado por los Hohenzollern, príncipe-electores de Brandeburgo en 1618; esta unión personal ee referida como Brandeburgo-Prusia. Federico Guillermo, el "Gran Elector" de Brandeburgo, logró la plena soberanía sobre el territorio en Tratado de Wehlau de 1657, que se confirmó en el Tratado de Oliva tres años después. El Ducado de Prusia fue elevado a Reino en 1701.

Historia

En un acuerdo negociado por parte de Lutero, la Prusia Ducal se convirtió en el primer estado protestante, anticipándose a las dispensas de la Paz de Augsburgo de 1555. La "S" en el escudo de armas del ducado representaba al soberano de Alberto, Segismundo Jagellon. Carlos V y el Papa Clemente VII se opusieron al Homenaje Prusiano.

Alberto, Duque de Prusia (y sus hermanos), reciben Prusia del Este como feudo de manos del rey Segismundo I de Polonia en 1525


El 01 de marzo 1526 el 1r Duque de Prusia se casó con la princesa Dorotea, hija del rey Federico I de Dinamarca, estableciendo así los lazos políticos entre el luteranismo y Escandinavia. A pesar de su credo protestante, Alberto fue impulsado por su hermano mayor Jorge, Margrave de Brandeburgo-Ansbach, quien ya había establecido la religión protestante en sus territorios de Franconia y la Alta Silesia. Administrativamente, hubo pocos cambios en la transición de los Caballeros Teutónicos al gobierno ducal. A pesar de que era formalmente un vasallo de la corona de Polonia, Alberto mantuvo el autogobierno para Prusia, su propio ejército, la acuñación de su moneda, una asamblea provincial (la Dieta prusiana o Landtag) y una autonomía sustancial en los asuntos exteriores.

Cuando Alberto murió en 1568, su hijo adolescente (edad exacta se desconoce) Alberto Federico heredó el ducado. Joaquín II, Elector de Brandeburgo, aseguró el co-vasallaje (Mitbelehnung) del ducado en el mismo año. La administración en el ducado se redujo así como Alberto Federico incrementó su debilidad mental, lo que llevó al Margrave Jorge Federico de Brandeburgo-Ansbach a convertirse en regente de Prusia en 1577.



Transición a Brandeburgo-Prusia en 1618

Como Alberto Federico no tuvo herederos varones sobrevivientes, el Tratado de Varsovia en 1611 permitió que su yerno (esposo de su hija Anna de Prusia), el Elector Juan Segismundo, de la rama de los Hohenzollern en Brandeburgo, se convirtiera en el sucesor legal del duque. En 1618 estalló la Guerra de los Treinta Años y Alberto Federico murió, por lo que el ducado pasó a Juan Segismundo, quien murió al año siguiente. El hijo de éste, Jorge Guillermo, fue investido con el ducado en 1623 por el rey de Polonia Segismundo III Vasa, con lo que fue confirmada la unión personal de Brandeburgo-Prusia.

Muchos prusianos se opusieron a ser gobernados por la Casa de Hohenzollern de Berlín e hicieron un llamamiento a Segismundo III para su compensación, o incluso la incorporación de la Prusia Ducal al reino de Polonia, aunque sin éxito. Brandeburgo, siendo un feudo del Sacro Imperio Romano, y Prusia Ducal, siendo un feudo polaco, hicieron jurídicamente imposible una unión real fronteriza. De hecho Brandeburgo y Prusia Ducal fueron cada vez más gobernados como uno y coloquialmente era denominado como Brandeburgo-Prusia.

La Duquesa Anna de Prusia y Jülich-Cleves-Berg (1576 – 1625), hija del Duque de Prusia y esposa de Juan Segismundo, Elector de Brandeburgo.


Federico Guillermo el Gran Elector, duque de Prusia y príncipe-elector de Brandeburgo, adquirió después Prusia Real para poder conectar territorialmente sus dos feudos. Sin embargo, durante la Segunda Guerra del Norte, Carlos X Gustavo de Suecia invadió Prusia Ducal y dictó el Tratado de Königsberg (enero 1656), lo que hizo del ducado un feudo sueco. En el posterior Tratado de Marienburg (junio 1656), el rey de Suecia se comprometió a ceder a Federico Guillermo el Principado-Obispado de Ermland y cuatro voivodados polacos, si éste apoyaba el esfuerzo de Carlos Gustavo. El acuerdo fue una mera especulación, ya que Federico Guillermo definitivamente tendría que proporcionar apoyo militar, mientras que el premio era sólo bajo la condición de una victoria. Cuando la marea de la guerra se volvió contra Carlos X Gustavo, éste concluyó el Tratado de Labiau (noviembre de 1656), haciendo de Federico Guillermo I, el único soberano en Prusia Ducal y Ermland.

El Rey Juan II Casimiro de Polonia, a cambio de que Federico Guillermo renunciara a la alianza prusiano-sueca, reconoció la plena soberanía del Gran Elector sobre el Ducado de Prusia. Después de casi 200 años de soberanía polaca sobre el Estado Monástico-Teutónico de Prusia y de su sucesor Prusia Ducal, se recuperó la plena soberanía. Por lo tanto, Ducado de Prusia se convirtió en la denominación más adecuada para el estado. Esa plena soberanía era un requisito previo necesario para que Prusia Ducal se convirtiera en el soberano Reino de Prusia, que no debe confundirse con la Prusia Real polaca.

Friedrich Wilhelm von Brandenburg, Duque de Brandeburgo-Prusia (1620-1688)


Federico Guillermo fue el verdadero artífice del poderío prusiano; ante la dispersión geográfica de sus dominios, él se centró en su electorado, donde afirmó su autoridad estableciendo un mecanismo institucional adecuado, con una serie de innovaciones en todo sentido. Su hijo, Federico III de Brandeburgo, siguió sus pasos pero intentando ampliar considerablemente los objetivos de los Hohenzollern, y logrando satisfacción con la transformación de sus territorios en reino independiente; el estallido de la Guerra de Sucesión española le dio la oportunidad de conseguir plena soberanía para sus dominios a cambio de ayuda militar al emperador.

Reino en 1701

Federico III, quien a pesar de no estar a la altura como príncipe de su antecesor, el Gran Elector, supo por lo menos conseguir del emperador la autorización necesaria para que el Ducado de Prusia, que ya estaba bajo la plena soberanía del electorado de Brandeburgo desde 1657, se convirtiera en Reino. Como rey de Prusia utiliza el nombre de Federico I, título que recibiría desde 1701, con lo que se incrementaba su significación sobre los demás príncipes del Imperio y se reafirmaba la superioridad del electorado de Brandeburgo-Reino de Prusia en la mitad norte del conglomerado imperial.
Friedrich I von Hohenzollern, 1r Rey de Prusia (Friedrich III, Margrave Elector de Brandeburgo)


Intentar acabar con la desunión y descentralización política de Alemania fue uno de los objetivos principales que se marcó Leopoldo I, en el transcurso de su largo reinado durante la segunda mitad de la centuria. Anteriormente ya se había producido un avance importante en esta dirección cuando, en plena guerra de los Treinta Años, la Monarquía austriaca pudo controlar más eficazmente el territorio checo imponiendo en Bohemia un régimen hereditario, católico y sometido a la Corte de Viena, plan que posteriormente se empezó a aplicar al Reino de Hungría.

Después de la anexión de Prusia Real al Reino de Prusia en 1772, la antigua Prusia Ducal incluyendo Warmia (alemán: Ermland) fue reorganizada en la Provincia de Prusia Oriental , mientras que la mayoría de la antigua Prusia Real se convirtió en la Provincia de Prusia Occidental. El Reino de Prusia, entonces consistente en Prusia Oriental y Occidental, al ser un estado soberano, y Brandeburgo, un feudo en el Santo Imperio Romano, se fusionaron legalmente sólo después de la disolución de este último en 1806 como resultado de las victorias de Napoleón Bonaparte sobre Austria.

El Rey Federico II (centro) en Sanssouci con Voltaire (izquierda) y los principales científicos de la Academia de Ciencias de Berlín, 1750.


A partir de ese año el título de Kurfürst (Príncipe elector) de Brandeburgo ya no tenía sentido y se suprimió. Antes de eso, el soberano Hohenzollern había ostentado muchos títulos, desde el de Jefe de la Iglesia Evangélica hasta el de Rey, Elector, Gran Duque y Duque de varias regiones y reinos bajo su gobierno. Después de 1806, era simplemente el de Rey de Prusia.

Después del Tratado de Tilsit en 1807, Prusia perdió casi la mitad de su territorio, incluidas las tierras ganadas en las Segunda y Tercera Particiones de Polonia (que ahora se resumía al Ducado de Varsovia) en las tierras al oeste del río Elba. Lo que quedó del Reino fue ocupado por las tropas francesas (pagando Prusia todos los gastos de su manutención) y el rey estuvo obligado a hacer una alianza con Francia y adherirse al Bloqueo Continental.

Corona de los reyes de Prusia (Colección del Castillo de Hohenzollern)


Tras la derrota de Napoleón en Rusia, Prusia se desvinculó de la alianza y participó del lado de la Sexta Coalición durante las "Guerras de Liberación" (Befreiungskriege) contra la ocupación francesa. Las tropas prusianas contribuyeron de forma crucial en la Batalla de Waterloo de 1815 a la victoria final sobre Napoleón.

La recompensa de Prusia vino con el Congreso de Viena, en el que Prusia recuperó la mayor parte de sus territorios perdidos e incluso ganó el 40% del Reino de Sajonia y la mayor parte de Renania. Debido a estas nuevas adquisiciones prusianas, el reino se reorganizó en diez provincias y su mayor parte pasó a integrar la Confederación Germánica, que sustituyó al extinto Sacro Imperio Romano Germánico.


La bandera de guerra prusiana (1816)

En 1867 ésta fue sustituida por la Confederación Alemana del Norte, bajo el dominio de Prusia, y con alianzas militares con los estados germanos del Sur (excepto Austria). La unificación de Alemania Kleindeutschland planeada por Bismarck estaba muy cerca de concretizarse. El acto final fue la Guerra Franco-prusiana (1870). Mediante la activación de las alianzas alemanas establecidas tras la Guerra, los Estados Germanos se unieron y derrotaron rápidamente a Francia. Esta victoria comandada por Prusia posibilitó la creación del Imperio alemán, y Guillermo fue proclamado Káiser el 18 de enero de 1871 (justo 170 años después de la coronación del primer rey prusiano, Federico I).




viernes, 19 de noviembre de 2010

Carlos V y el Toisón de Oro

La Orden del Toisón de Oro fue fundada en Brujas por Felipe el Bueno, Duque de Borgoña, el 10 de enero de 1430, durante las fiestas celebradas con motivo de su matrimonio con la infanta Doña Isabel de Portugal, hija del rey Juan I y Felipa de Lancaster. El cronista Georges Chastelain señala que Felipe llevaba largo tiempo meditando sobre la posible creación de una orden caballeresca, pero no acierta a dar una explicación concreta sobre su origen. Uno de los detonantes fue la invitación a ingresar en la prestigiosa Orden de la Jarretera cursada al Duque a través de Jean de Lancaster, duque de Bedford y regente de Francia, en nombre de Enrique VI de Inglaterra. Felipe rechazó educadamente tal ofrecimiento, alegando que planeaba fundar su propia orden cortesana. De este modo logró eludir un juramento de fidelidad que le hubiese puesto a merced del monarca inglés.

Felipe el Bueno fijó «le lieu, chapitre et collège» de la Orden del Toisón de Oro en la desaparecida Sainte-Chapelle del Palacio Ducal de Dijon. En el capítulo XXI de los Estatutos de la Orden, aprobados en Lille en 1431, dejó ordenado que «en el coro de dicho Templo de Dijon se fije sobre la silla del Soberano de esta Orden un escudo, en que estén representadas sus armas e insignias... y ordenamos que se haga lo mismo sobre los asientos de los caballeros de la Orden, según las armas de cada uno»-. Los primeros treinta y un paneles armoriados ya estaban colocados en la sillería en 1433, cuando en ella se celebró el tercer Capítulo de la Orden.


Jean Lefévre, rey de armas Toisón de Oro, entrega el Libro de Estatutos a Felipe el Bueno de Borgoña

Prescribía el ceremonial de la nueva Orden que los escudos de los caballeros decorasen los respaldos de la sillería del templo donde iba a reunirse el Capítulo. Cada escudo, rodeado con el collar del Vellocino y timbrado con un yelmo que siempre mira al altar mayor, era pintado en un panel rectangular de madera de roble cuyas dimensiones suelen aproximarse a 85 x 65 cm. Encima y debajo se escribía en letra gótica el nombre y títulos del caballero que iba a ocupar el sitial, con la particularidad de que en el caso de los fallecidos se suprimía el yelmo con su cimera y se escribía la palabra tréspassé al final del nombre y títulos. Después de la ofrenda de la Santa Misa de Difuntos, estos escudos se llevaban a la nave de la Iglesia para que los fieles rezasen por el alma de los fallecidos. Los escudos de los caballeros que habían sido expulsados de la Orden por haber cometido una falta grave eran cubiertos con pintura negra y sobre ellos se escribían los motivos de su expulsión.

En el plano artístico la sillería del Toisón de Oro de la Catedral de Barcelona supera a las sillerías de coro de la Iglesia de Nuestra Señora de Brujas (1468) y de la Catedral de San Salvador (1478) de la misma ciudad, que han conservado sus tablas armoriadas íntegramente. No tuvieron tanta suerte otras sillerías, aunque han sobrevivido escudos que formaron parte de ellas.


La fantástica sillería del Toisón de Oro en la Catedral de Barcelona

El Capítulo duraba cuatro jornadas del mes de mayo y tenía lugar en un palacio donde los caballeros y el Soberano disfrutaban de pantagruélicos banquetes. Había que acudir varias veces al templo elegido para la celebración de los oficios religiosos, los cuales incluían vísperas vespertinas y cuatro grandes misas cada mañana, celebradas respectiva y sucesivamente por San Andrés, de Requiem por los caballeros difuntos, por el Espíritu Santo (ésta se suprimió más tarde) y por la Virgen María. En días sucesivos los caballeros y el Soberano se reunían en la sillería de la iglesia o en una sala de palacio, donde en el más absoluto secreto era analizado el comportamiento de cada caballero, incluyendo el del Soberano. Otro día eran propuestos y elegidos por votación secreta los aspirantes a ingresar en la Orden. El voto del Soberano valía siempre por dos, e incluso por tres si había empate. Seguía el juramento de los caballeros electos, a los que el Soberano imponía los collares de la Orden. Reuniones sucesivas servían para tomar decisiones de carácter político.

En todos estos actos vestían los caballeros ropa talar, manto y chaperón de lana púrpura con cenefas doradas de fusils y toisones, excepto durante las vísperas, vigilias y misa de Requiem por los fallecidos, a las que acudían con vestiduras negras de paño sin cenefa alguna. En 1473 Carlos el Temerario aumentó el boato, estableciendo el uso de chaperón, ropa talar y manto de terciopelo carmesí, bordado éste con cenefas de oro y forrado interiormente de raso blanco. Continuó el uso de ropas de paño negro durante las ceremonias fúnebres, pero se estableció que a la misa del tercer día, celebrada en honor de la Virgen María, los caballeros acudirían con vestiduras talares blancas de damasco. Carlos V introdujo una última mejora en el Capítulo de 1516, ordenando que las túnicas, mantos y gorras de paño negro, usadas para las vigilias y misas de difuntos, fuesen en adelante de terciopelo negro, con forro de tafetán en las túnicas y de raso liso negro en los mantos. Sobre esta variedad de ropajes centelleaban siempre los collares del Toisón de Oro, que estaban numerados y debían ser devueltos al Tesorero de la Orden cuando moría su poseedor.
Capítulo del Toisón de Oro (1473-1477)


El propio fundador elevó de 25 a 31 el número de caballeros y presidió los capítulos de Lille (1431), Brujas (1432), Dijon (1433), Bruselas (1435), Lille (1436), Saint-Omer (1440), Gante (1445), Mons (1451), La Haya (1456) y Saint-Omer (1461). Su hijo y sucesor Carlos el Temerario sólo tuvo tiempo para reunir dos capítulos: Brujas (1468) y Valenciennes (1473). Ambos soberanos utilizaron la Orden con una doble finalidad: propagandística y política. La primera de ellas estaba sustentada en el brillo de un ceremonial que superaba a los de las cortes regias. En el plano político la Orden posibilitó la cohesión del mosaico multinacional y plurilingüe sujeto a la soberanía del Duque. De hecho, cada Capítulo servía para reunir en torno al Soberano a los aristócratas de esos territorios de lenguas y costumbres tan diferentes, contribuyendo a crear en sus súbditos una suerte de «nacionalismo» borgoñón que todavía permanecerá vivo en la mentalidad del emperador Carlos V.

Pero también sirvió la Orden como instrumento de política exterior, para asegurar las alianzas internacionales. En 1431 fue admitido en ella el renano Federico III, conde de Meurs, y en 1440 los franceses Jean V, duque de Bretaña; Jean II, duque de Alençon; Mathieu de Foix, conde de Comminges, y Charles, duque de Orleans. Pero el auténtico lanzamiento internacional de la Orden del Toisón de Oro comenzó en 1445, cuando Felipe el Bueno entregó el collar a Alfonso V el Magnánimo, rey de Aragón, de Sicilia y de Nápoles. Muerto éste, fueron recibidos en la Orden sus sucesores Juan II, rey de Aragón y de Navarra, en 1461, y los reyes Fernando V el Católico de Aragón y Fernando I de Nápoles, en 1473.


Alfonso V de Aragón, Caballero del Toisón de Oro en 1445

Siguiendo la misma estela recibieron el collar en 1451 Don Juan de Guevara, conde de Ariano, y Don Pedro de Cardona, conde de Golisano, y en 1456 el napolitano Giosia Acquaviva, conde de Terrano. Otros extranjeros admitidos en la Orden fueron Joao de Portugal, duque de Coimbra, en 1456, y Felipe de Saboya, conde de Bresse, en 1468. Carlos el Temerario y el rey Eduardo IV de Inglaterra pusieron el colofón a esta política cuando intercambiaron en 1468 sus respectivas insignias, el collar del Toisón de Oro y la Jarretera, rompiendo la premisa que exigía la pertenencia a una sola orden de caballeros.

En 1478 Maximiliano de Habsburgo, flamante esposo de María de Borgoña, se convirtió en el tercer Jefe y Soberano de la Orden, aunque de modo provisional. Como tal presidió los capítulos de Brujas (1478) y Hertogenbosch (1481), admitiendo a 16 nuevos caballeros, de los cuales 8 eran flamencos, 2 de Borgoña, 2 de Hainaut, 2 de Artois-Picardía, 1 francés y 1 alemán de Liechtenstein. El hijo de María y Maximiliano, llamado Felipe el Hermoso, fue Soberano de la Orden desde 1484, como Duque de Borgoña, llegando a presidir los capítulos de Malinas (1491), Bruselas (1501) y Middelbourg (1505). Al contrario que su padre, Felipe era natural de los Países Bajos, ahora pays de par-deçà, y por ello se atrevió a admitir en la Orden a su abuelo el emperador Federico III, al rey Enrique VII de Inglaterra, a 7 caballeros alemanes, a un francés y a un español, que era su favorito, llamado Don Juan Manuel, Señor de Belmonte. A Maximiliano y a Felipe el Hermoso se debe el renacer de la Orden del Toisón de Oro.


Sitial del emperador Maximiliano I en la Catedral de Barcelona

El capítulo barcelonés, antesala del Imperio de Carlos V

Don Carlos, duque de Luxemburgo, ingresó en la Orden del Toisón de Oro con el número 111 en el XVI Capítulo, reunido en Bruselas en 1501. Fue el quinto Chef et Souverain de la Orden desde 1506, año en que falleció en Burgos su padre Felipe I de Castilla, hasta 1555, año en que renunció a esta dignidad en favor de su hijo el rey Felipe II. Desde 1515 Carlos gobierna en los Países Bajos y al año siguiente se convierte en Rey de las Españas. Bajo su cetro, Castilla se va a erigir en cabeza del primer gran Imperio de la historia con conciencia de abarcar territorios en todo el orbe. Tal poderío adquiere reflejo en la heráldica y en la emblemática de la Monarquía Española, donde se funden definitivamente los símbolos castellano-aragoneses con los austro-borgoñones.

Residía Carlos I en Valladolid, en el Palacio del Marqués de Astorga, en diciembre de 1517, cuando ordenó iniciar los preparativos del XIX Capítulo del Toisón de Oro, que fue el único celebrado fuera de los dominios del Duque de Borgoña. En el Capítulo anterior, reunido en Bruselas en 1516, Carlos I había decidido aumentar el número de caballeros de 31 a 51. Jean van den Perre, orfebre de cámara del Soberano, realizaría la Potence, o collar de ceremonia del rey de armas Toison d'Or, que hubo de ser rediseñado para dar cabida a nuevos esmaltes armoriados, debido a la ampliación del número de caballeros.


La Potence del Toison d’Or conservada en Viena

Van den Perre realizaría a comienzos de 1517 la famosa Potence del Museo de Viena, un collar de oro formado por la habitual cadena de eslabones y pedernales de la que cuelga el Vellocino y por 26 placas trapezoidales y convexas dobles, unidas entre sí mediante bisabras y decoradas con los escudos esmaltados de todos los caballeros. La placa central muestra un rectángulo superior con el blasón del Soberano timbrado de corona real, que fue realizado hacia 1517, y otro rectángulo inferior que incluye las divisas del Fusil y de las Columnas de Hércules con el lema Plus Oultre surmontado de corona imperial, cuyo diseño corresponde a los inicios del siglo XVIII. Las placas podían intercambiarse para sustituir los blasones de los caballeros difuntos por las armas de los nuevos.

En la Catedral de Barcelona, el escultor Antonio Carbonell tallaba a comienzos de 1519 la elaborada decoración de medallones y grutescos a candelieri, en madera dorada, que sirven de marco a las tablas heráldicas de los sitiales, así como las columnillas abalaustradas que separan cada respaldo. Esta decoración abrió los caminos del Renacimiento italiano a la mise en scène de la Orden. Para el Capítulo de 1519 ya estaban instalados, en los accesos a la sillería y en la silla episcopal, los relieves de madera de Ordóñez y Monet con escenas del Antiguo Testamento y de la Pasión, de estilo miguelangelesco.

La espléndida bóveda de la Catedral barcelonesa

Juan de Borgoña pintó los 64 paneles heráldicos de los sitiales. Siguió en ellos la estética tardogótica de los Capítulos del Toisón de Oro, pero introdujo un mayor naturalismo de progenie renacentista. Thomas Isaac, rey de armas Toison d'Or, supervisó personalmente su ejecución, haciendo observar las leyes del blasón y el orden de precedencia en los 50 sitiales de los caballeros, a los que se añaden el del Soberano, el del Emperador Maximiliano, otros 6 respaldos decorados con frases laudatorias, 4 más con divisas borgoñonas y 2 con las fechas de celebración del Capítulo. Hay otros cuatro paneles más estrechos en los chaflanes de los pies, flanqueando al sitial de esquina respectivo. Los errores en los esmaltes de algunos escudos se deben al nefasto repinte que sufrieron en 1748. Pese a ello, podemos afirmar que nos encontramos ante la sillería del Toisón de Oro más bella y suntuosa de Europa.

Su aspecto más interesante radica en el hecho de que la disposición de los sitiales imperial y real responde a los preceptos escritos por Olivier de la Marche en su Espitre pour tenir et célébrer la noble feste du Thoison d'Or, siguiendo en lo demás lo marcado en los Estatutos de la Orden. El punto XVII de estos Estatutos señala que tenían precedencia los emperadores, reyes y duques, viniendo después los caballeros con mayor antigüedad en la Orden y los de mayor edad entre los elegidos en un mismo día. La relación de respeto que hubo entre el emperador Maximiliano I y el rey Felipe I de Castilla, sobrevive entre abuelo y nieto en el coro de la Catedral de Barcelona, donde, a los pies de la sillería y en un plano de igualdad, se disponen los sitiales de ambos. El de Carlos I está ubicado en el lado de la Epístola y el de su abuelo el Emperador se dispone simétricamente en el del Evangelio.

Otro aspecto de la sillería de la Catedral de Barcelona

Armas y divisas

En el sitial del Rey figura su complicada heráldica, flanqueada por dos tablas que conforman una leyenda, escrita en lengua francesa y con letras latinas de oro, que viene a expresar el inmenso poder territorial adquirido por Carlos I:

«TRES HAUT ET TRES EXCELLENT ET TRES PVISSANT ET TRES CATHOLIQVE PRINCE CHARLES ET PAR LA GRACE DE DIEV PREMIER DE CE NOM, ROY DES ESPAIGNES ET DES DEVX SECILLES, DE JHI(E)R(USALE)M ET DES ISLES ET TERRE FIRME DE LA MER OCCIANE, Sr. EN AVEERICQVE, E(T)C(ETERA), ARCHIDVC DAVSTRICE, DVC DE BOVRG(GOGNE), ETC, CHIEF ET SOVERAI(N) DV T(RES) NOBLE ORDRE DE LA THOYSON DOR».

El Rabot, antigua divisa de Juan Sin Miedo

También a los pies de la sillería, pero en lado del Evangelio, se encuentra el asiento reservado al Emperador Maximiliano I, que había fallecido en Wels (Alta Austria) el 12 de enero de 1519. Su escudo aparece todavía timbrado con yelmo y corona imperial, aunque una cartela lateral indica que es trespassé, esto es, difunto.

Continúa la sillería con los asientos de cuatro reyes que en 1519 pertenecían a la Orden. Sus blasones delatan una disposición jerárquica en la que primaba la antigüedad. Cerca del sitial de Carlos I, en el lado de la Epístola, está el asiento del rey Enrique VIII de Inglaterra (1491-1546), elegido en 1505 con el número 119. En el lado opuesto y cerca del de Maximiliano, se dispone el del rey Francisco I de Francia (1494-1547), elegido caballero número 129 en 1516. En dicho capítulo también ingresaron en la Orden los reyes Manuel I de Portugal (1469-1524), con el número 144, y Luis II de Hungría y Bohemia (1506-1526), con el número 145. El orden de precedencia les sitúa frente por frente en la sillería barcelonesa. De este modo quedan en el lado del Evangelio los escudos de Enrique VIII y de Manuel I, y en el de la Epístola los de Francisco I y Luis II. En ambos casos vienen escoltados por las divisas del Rabot y del Fusil, como si fuesen advertidos sobre el poder del Soberano. Ninguno de ellos acudió al Capítulo barcelonés, siendo representados en las ceremonias por sus embajadores respectivos.

Sitiales del Señor de Roeulx, del Infante Don Fernando y del Marqués de Brandeburgo

El Infante Don Fernando (1503-1564) fue elegido caballero del Toisón de Oro con el número 130 en el XVIII Capítulo de la Orden, reunido en Bruselas en 1516. El 12 de noviembre de 1517 en Valladolid se encontró por primera vez con su hermano el rey Carlos I, quien seis días más tarde le impuso el collar del Toisón. Don Fernando no asistió al Capítulo barcelonés, pues tuvo que abandonar España para evitar una posible rebelión y nunca regresó. Su sitial blasonado se encuentra en el lado del Evangelio. Es el quinto a partir del ocupado por la divisa del Fusil en el que utilizó las armas de su hermano con los cuarteles invertidos. Su escudo de armas sufrirá cambios cuando sea coronado Rey de Bohemia y Hungría en 1526, Rey de Romanos en 1531 y Emperador de Alemania en 1558.

Pero el alma de la Orden del Toisón de Oro seguía estando en los antiguos territorios de los Duques de Borgoña. En el XVIII Capítulo reunido en Bruselas en 1516, fueron elegidos 5 caballeros de Flandes y Brabante, 3 de Artois-Picardía, 3 de Borgoña, 2 de Holanda y 2 de Hainaut. Barcelona conoce la elección de 2 de Artois-Picardía: Jacques de Luxembourg, conde de Gavre, y Adrien de Croy, señor de Beaurain.

La elección imperial

Cuando se inició el Capítulo del Toisón de Oro hacía un mes que Carlos I conocía la noticia de la muerte de su abuelo, el Emperador Maximiliano I, por cuya alma hizo celebrar solemnes exequias en la Catedral de Barcelona. Entretanto, Frankfurt era un hervidero de embajadores y banqueros que trataban de conseguir el voto de los siete Príncipes Electores para alguno de los tres candidatos, que eran los reyes de España, Francia e Inglaterra.

Carlos I de España, Emperador electo Carlos V

El 28 de junio de 1519 Carlos fue elegido en Frankfurt «Rey de los Romanos» y «Emperador electo». A comienzos de julio, cuando residía en Molins del Rey, el Rey Carlos I de España recibió la noticia de manos de Federico, Conde Palatino del Rin y embajador de los Príncipes Electores. Después inició el Monarca un largo viaje hacia La Coruña para embarcarse con destino a Aquisgrán, donde sería coronado el 23 de octubre de 1520 en el trono de Carlomagno, aquel soberano medieval que a comienzos del siglo IX había reconquistado Barcelona a los árabes.

Carlos utilizó el Capítulo barcelonés del Toisón de Oro conforme a la tradición borgoñona, como un instrumento de integración de sus variadas posesiones. Mediante un ceremonial que sumergía a los asistentes en un ambiente mágico de destellos dorados, ropajes suntuosos y música sacra, le fue posible arrancar un juramento de fidelidad a la élite de unos territorios cada vez más extensos y diversos. La puesta en escena recreaba el ideal de unidad política expresado en el mito del Rey Arturo y la Tabla Redonda, anunciando una nueva edad dorada en la cual el Soberano y los caballeros del Toisón asegurarían la cohesión política que iba a traer la prosperidad a sus súbditos. Fue también el instrumento diplomático que le sirvió para sellar las alianzas con cuatro monarcas europeos, marcando el punto de partida al renacer de la idea medieval del Imperio Universal Cristiano, que tan presente estará en la Corte de Carlos V.

Sitial de Carlos V (como Carlos I) en la Catedral de Barcelona

Jugó un papel primordial el símbolo. Carlos V flanqueó al final del Capítulo barcelonés la divisa de las Columnas de Hércules pintada a ambos lados de la salida del coro catedralicio, superando los límites del mundo Antiguo. En la puesta en escena se daban cita dos mentalidades diferentes, la medieval, ya en completa decadencia, y la renaciente, que traía consigo profundos cambios sociales. Ambas concepciones del mundo parecían fundirse en el propio soberano y en sus caballeros. Así, por primera vez en la historia de la Orden adoptaron la estética del Renacimiento italiano, pero al mismo tiempo mantuvieron viva la esencia medieval de los relatos troyanos.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Sacrum Romanum Imperium

El Sacro Imperio Romano (en alemán: Heiliges Römisches Reich; en latín: Sacrum Romanum Imperium) fue la unión política de un conglomerado de estados de Europa Central, que se mantuvo desde la Edad Media hasta inicios de la Edad Contemporánea.

Formado en 962, tiene sus orígenes en la parte oriental de las tres en que se dividió el imperio carolingio. Desde entonces, el Sacro Imperio se mantuvo como la entidad predominante en Europa central durante casi un milenio y hasta su disolución en 1806 por Francisco II.


Mapa del Sacro Imperio en el siglo X



En tiempos del emperador Carlos V (28 de junio de 1519), además de los territorios alemanes y de Holstein y Prusia, que con Riga llegaba hasta el golfo de Finlandia, el Sacro Imperio comprendía Bohemia, Moravia y Silesia, alcanzando con Carniola las costas del Adriático. Por el oeste, pertenecían a él el condado libre de Borgoña (Franco-Condado) y Saboya, a los que se sumaban Génova, Lombardía y Toscana en tierras italianas. También estaban integrados en el Imperio la mayor parte de los Países Bajos, con la excepción del Artois y Flandes, al oeste del Escalda. Partiendo del norte de los Alpes, llevaba todo un mes atravesar el territorio imperial en sentido norte-sur o este-oeste.

La denominación del Sacro Imperio varió enormemente a lo largo de los siglos. En 1034 se utilizaba la fórmula Imperio romano para referirse a las tierras bajo dominio de Conrado II, y no fue hasta 1157, durante el reinado de Federico I Barbarroja, que se empezó a usar el término Sacro Imperio. Por otro lado, el uso del término Emperador Romano hacía referencia a los gobernadores de las tierras europeas del norte y comenzó a emplearse con Otón II el Sanguinario (emperador entre 973 y 983). Los emperadores anteriores, desde Carlomagno (muerto en 814) hasta Otón I el Grande (emperador entre 962 y 973), habían utilizado simplemente el título de Imperator Augustus ("Emperador Augusto"). El término Sacro Imperio Romano comienza a ser usado a partir de 1254.



Corona imperial del Rey de los Romanos



Idiosincrasia

El Sacro Imperio fue una institución única en la historia mundial y es por ello que la forma más sencilla de entenderlo sea quizás mostrando sus diferencias respecto a otras entidades más comunes.

Nunca tuvo vocación de convertirse en Estado nación, solo buscó integrar naciones en un solo concepto sagrado de naciones renacentistas con bases católicas cristiano-romanas y un propósito común, a pesar del carácter germánico de la mayor parte de sus gobernantes y habitantes. Desde sus inicios, el Sacro Imperio estuvo constituido por diversos pueblos, y una parte sustancial de su nobleza y cargos electos procedía de fuera de la comunidad germano-hablante.

En su apogeo, el Imperio englobaba la mayor parte de las actuales Alemania, Austria, Suiza, Liechtenstein, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, República Checa y Eslovenia, así como el este de Francia, norte de Italia y oeste de Polonia. Y con ellos sus idiomas, que comprendían multitud de dialectos y variantes de lo que formarían el alemán, el italiano y el francés, además de las lenguas eslavas. Por otro lado, su división en numerosos territorios gobernados por príncipes seculares y eclesiásticos, obispos, condes, caballeros imperiales y ciudades libres hacían de él, al menos en la época moderna, un territorio mucho menos cohesionado que los emergentes Estados modernos que tenía a su alrededor.

Cristo corona a Enrique II el Santo y Cunegunda de Luxemburgo, acompañados por San Pedro y San Pablo ante representantes de Roma, Galia y Germania

A diferencia de las confederaciones, el concepto de Imperio no sólo implicaba el gobierno de un territorio específico, sino que tenía fuertes connotaciones religiosas (de ahí el prefijo sacro), y durante mucho tiempo mantuvo un fuerte ascendiente sobre otros gobernantes del orbe cristiano. Hasta 1508, los reyes alemanes no eran considerados como emperadores hasta que el Papa los hubiese coronado formalmente como tales.


La estructura

Desde la Alta Edad Media, el Sacro Imperio se caracterizó por una peculiar coexistencia entre emperador y poderes locales. A diferencia de los gobernantes de la Francia Occidentalis, que más tarde se convertiría en Francia, el emperador nunca obtuvo el control directo sobre los Estados que oficialmente regentaba. De hecho, desde sus inicios se vio obligado a ceder más y más poderes a los duques y sus territorios. Dicho proceso empezaría en el siglo XII, concluyendo en gran medida con la paz de Westfalia (1648).

Oficialmente, el Imperio o Reich se componía del rey, que había de ser coronado emperador por el Papa (hasta 1508), y los Reichsstände (Estados imperiales).

Las Crónicas de Nuremberg. Estructura organizacional del Sacro Imperio

El Rey

La coronación papal de Carlomagno como emperador de los romanos en 800 constituyó el ejemplo que siguieron los posteriores reyes, y fue la actuación de Carlomagno defendiendo al Papa frente a la rebelión de los habitantes de Roma, lo que inició la noción del emperador como protector de la iglesia.

Convertirse en emperador requería acceder previamente al título de Rey de los Germanos (Deutscher König). Desde tiempos inmemoriales, los reyes alemanes habían sido designados por elección. En el siglo IX era elegido entre los líderes de las cinco tribus más importantes (francos, sajones, bávaros, suabos y turingios), posteriormente entre los duques laicos y religiosos del reino, reduciéndose finalmente a los llamados Kurfürsten (príncipes electores). Finalmente, el colegio de electores quedó establecido mediante la Bula de Oro (1356). Inicialmente había siete electores, pero su número fue variando ligeramente a través de los siglos.

Hasta 1508, los recién elegidos reyes debían trasladarse a Roma para ser coronados emperadores por el Papa. No obstante, el proceso solía demorarse hasta la resolución de algunos conflictos "crónicos": imponerse en el inestable norte de Italia, resolver disputas pendientes con el patriarca romano, etc.


Rodolfo I de Habsburgo, Rey de Alemania (1218-1291). Vitral de la capilla de San Gerónimo, Olomouc, República Checa.


Las tareas habituales de un soberano, como decretar normas o gobernar autónomamente el territorio, fueron siempre, en el caso del emperador, sumamente complejas. Su poder estaba fuertemente restringido por los diversos líderes locales.


Los Estados imperiales

Una entidad era considerada como un Reichsstand (Estado imperial) si, conforme a las leyes feudales, no tenía más autoridad por encima que la del emperador del Sacro Imperio. Entre dichos Estados se contaban:

  • Territorios gobernados por un príncipe o duque, y en algunos casos reyes (A los gobernadores del Sacro Imperio, con la excepción de la corona de Bohemia, no se les permitía ser reyes de territorios dentro del Imperio, pero algunos gobernaron reinos fuera del mismo, como ocurrió durante algún tiempo con el reino de la Gran Bretaña, cuyo rey era también Príncipe elector de Hannover).

  • Territorios eclesiásticos dirigidos por un obispo o príncipe-obispo. En el primer caso, el territorio era con frecuencia idéntico al de la diócesis, recayendo en el obispo tanto los poderes mundanos como los eclesiásticos. Un ejemplo, entre muchos otros, podría ser el de Osnabrück. Por su parte, un príncipe-obispo de notable importancia en el Sacro Imperio fue el obispo de Maguncia, cuya sede episcopal se encontraba en la catedral de esa ciudad.

  • Ciudades imperiales libres
El número de territorios era increíblemente grande, llegando a varios centenares en tiempos de la Paz de Westfalia, no sobrepasando la extensión de muchos de ellos unos pocos kilómetros cuadrados. El Imperio en una definición afortunada era descrito como una "alfombra hecha de retales" (Flickenteppich).



Mapa del Imperio con la división en círcunscripciones de 1512

El Reichstag

El Reichstag o Dieta era el órgano legislativo del Sacro Imperio, establecida desde finales del siglo XV. Era una complicada asamblea que se reunía a petición del emperador, sin una periodicidad establecida y en cada ocasión en una nueva sede. En 1663, el Reichstag se transformó en una asamblea permanente.

Se dividía a fines del s. XVIII (1777-1797) en el Consejo de los electores, que incluía a los 8 electores del Sacro Imperio; el Consejo de los príncipes, que incluía tanto a laicos (91 aristócratas con títulos de Príncipe, Gran Duque, Duque, Conde Palatino, Margrave o Landgrave y los colegios de Renania, Suabia, Franconia y Westfalia que agrupaban a unos 100 Condes (Grafen) y Señores (Herren)) como a eclesiásticos (arzobispos, algunos abades y los dos grandes maestres de la orden de los Caballeros Teutones y de los Caballeros Hospitalarios. Unos 40 abades y prelados más estaban agrupados en dos colegios: Suabia y Renania) y, por último, el Consejo de las 51 ciudades imperiales, que incluía representantes de ellas agrupados en los colegios de Suabia y Renania.

Matthäus Lang von Wellenburg (1469-1540), Cardenal y Príncipe-Arzobispo de Salzburgo y el más prominente eclesiástico del Consejo de los Príncipes


El Imperio también contaba con dos cortes: el Reichshofrat (también conocido como Consejo Áulico) en la corte del rey/emperador (con posterioridad asentada en Viena), y la Reichskammergericht, Cámara de la corte imperial, establecida mediante la Reforma imperial de 1495.

sábado, 6 de noviembre de 2010

El Palatinado (y su unión con la Casa Real de España)


In memoriam: Carolvs II, rex Hispaniae, ultimus gentis regnatricis Habsburgi, natus Matriti die 6 Novembris 1661


El Condado Palatino del Rin (en alemán, Pfalzgrafschaft bei Rhein) fue un territorio histórico del Sacro Imperio Romano, un palatinado administrado por un conde palatino. Sus gobernantes fueron príncipes-electores del Sacro Imperio desde 1356.

El Palatinado Electoral era un territorio mucho más vasto que lo que más tarde se convertiría en el Palatinado Renano (Rheinpfalz), sobre la margen izquierda del Rin, hoy la moderna región del Palatinado en el estado federal alemán de Renania-Palatinado y partes de la región francesa de Alsacia.


Estandarte del Palatinado


El primer Conde Palatino del Rin hereditario fue Conrado de Hohenstaufen, hermano menor del Emperador Federico Barbarroja. Los territorios que estaban bajo su gobierno comenzaban en aquellos que los Hohenstaufen poseían en Franconia y el Rin (otras ramas de la dinastía recibieron tierras en Suabia, el Franco-Condado y así sucesivamente). La mayoría de ellas provenían de sus ancestros imperiales, los emperadores Francos, y una parte de los antepasados maternos de Conrado, los condes de Nassau-Saarbrücken. Estos antecedentes explican la composición del Alto Palatinado y el Palatinado Renano en la herencia centurias después.

En 1195 el Palatinado pasó a la Casa de los Güelfos a través del matrimonio de Inés, heredera de los Condes Staufen. A principios del siglo XIII, con el matrimonio de la heredera Güelfa Inés, el territorio pasó a poder de los Wittelsbach, Duques de Baviera, quienes también eran duques y condes palatinos de Baviera. Durante la división posterior del territorio entre los herederos del Duque Luis II de Alta Baviera en 1294, la rama mayor de los Wittelsbach entró en posesión del Palatinado Renano y los territorios de Baviera al norte del Danubio.

Con el Tratado de Pavía en 1329, el Emperador Luis IV, hijo de Luis II, devolvió el Palatinado a sus sobrinos Rodolfo y Ruperto.


Elector Palatino Ruperto I “el Rojo”, de la Casa de Wittelsbach, con sus esposas Elisabeth, Condesa de Namur y Beatrix von Julich-Berg


El Electorado Palatino

En la Bula de Oro de 1356, el Palatinado fue reconocido como uno de los electorados seculares y le fueron otorgados los oficios hereditarios de Archisenescal (alemán: Erztruchseß, latín: Archidapifer) del imperio y Vicario imperial (Reichsverweser) en Franconia, Suabia, el Rin y el sur de Alemania. A partir de aquel momento, el Conde Palatino del Rin fue conocido usualmente como Elector Palatino (Kurfürst von der Pfalz, Palatinus elector). A mediados del siglo XVI, el Elector Palatino, con base en Heidelberg, adoptó primero el Luteranismo y luego el Calvinismo.


Ottheinrich (1502 – 1559) de Wittelsbach, Conde Palatino del Palatinado-Neoburgo y Príncipe-elector del Palatinado


Cuando la rama mayor de la familia se extinguió en 1559, el Electorado pasó a Federico III de Simmern y el Palatinado se convirtió en uno de los mayores centros del calvinismo en Europa. Durante la Guerra de los Treinta Años, los territorios de Federico V y su posición como Elector fueron transferidos al Duque de Baviera, Maximiliano I. Aunque técnicamente Elector Palatino, éste fue conocido como Elector de Baviera. A partir de 1648 gobernó Baviera y el Alto Palatinado sólo, pero retuvo todas sus dignidades Electorales y la antigüedad del Electorado Palatino. En 1648, por la Paz de Westfalia, el hijo de Federico VI, Carlos Luis, fue restaurado al Bajo Palatinado y recibió un nuevo título electoral, también llamado “Elector Palatino”, pero menor en precedencia a los otros electorados.

En 1685, la línea Simmern se interrumpió con la muerte del protestante Karl II y el Palatinado fue heredado por su primo católico Felipe Guillermo, Conde Palatino de Neoburgo.



Armas del Electorado Palatino


El suegro del rey de España

Philip Wilhelm de Neuburg (1615 – 1690) fue Conde Palatino de Neoburgo de 1653 a 1690, Duque de Jülich y Berg de 1653 a 1679 y Elector del Palatinado de 1685 a 1690. Los reclamos rivales al Palatinado en 1685 por parte de la Duquesa de Orléans, cuñada de Luis XIV de Francia (nacida Princesa Palatina Elizabeth Charlotte), fueron el pretexto para la invasión francesa al Palatinado en 1688, que comenzó la Guerra de los Nueve Años.
Felipe Guillermo se casó dos veces; primero con la Princesa Anna Katarzyna Konstancia de Polonia, hija del rey Segismundo III Vasa, con quien tuvo un hijo que murió al nacer, y luego con la Landgravina Elisabeth Amalie de Hesse-Darmstadt, pareja que produjo 17 niños, incluyendo los dos próximos Electores Palatinos, Johan Wilhelm y Karl III Philip, y también el Elector Arzobispo Franz Ludwig von Pfalz-Neuburg.


Escudo de armas de Philip Wilhelm de Neuburg en la fachada del Monasterio de Frailes Menores Capuchinos “Emmaüs”, en Velp, Países Bajos.


Este segundo matrimonio duró 37 años considerados extremadamente felices y varios de sus hijos tienen descendencia hoy: la actual Casa de Habsburgo, la actual Casa de Braganza, los pretendientes al trono de Brasil, los actuales monarcas de España, Bélgica y Luxemburgo y los pretendientes de Italia y Dos-Sicilias, así como los actuales Príncipes de Guéménée.

Tres de sus hijas se convirtieron en reinas:
  • Leonor Magdalena (1655 - 1720) fue la tercera esposa de Leopoldo I de Habsburgo, emperador del Sacro Imperio Romano;
  • María Sofía Elisabeth (1666 - 1699) fue la segunda esposa de Pedro II de Portugal y
  • María Ana (1667 - 1740) se convirtió en la segunda esposa de Carlos II de España.

Philip Wilhelm von der Pfalz, Elector Palatino de 1685 a 1690


Una nueva reina consorte para España

A principios de 1689 falleció María Luisa de Orléans, la primera esposa de Carlos II de España, por lo que los ministros españoles comenzaron rápidamente a buscar una nueva consorte. Sólo la esperanza de tener hijos, esperanza que únicamente él tenía, hizo que Carlos II contrajese matrimonio por segunda vez. Había estado viudo durante seis meses.

Mariana (por contracción de María Ana) de Neoburgo fue elegida entre varias candidatas debido a la alta fertilidad de su familia. Era la duodécima hija del Elector Palatino del Rin. Desde joven fue relativamente atractiva: alta, opulenta de busto, pelirroja y rostro pecoso, aunque también se caracterizaba por ser vanidosa, egoísta y altanera. La hermana mayor de Mariana, Leonor, estaba casada con el emperador Leopoldo I, con lo que los lazos de España con la rama austríaca de los Habsburgo se verían reforzados.


Schloss Benrath, maison de plaisance cerca de Düsseldorf donde nació Maria Anna von der Pfalz-Neuburg en 1667


La boda por poderes se celebró en agosto de 1689 y la boda en persona recién en la primavera del siguiente año, el 14 de mayo de 1690. Pasado el tiempo, el embajador francés en Madrid describió en pocas palabras la nueva posición de Mariana en la corte española:

La princesa de Neoburgo ha adquirido tal ascendiente sobre el espíritu del rey, su esposo, que bien puede decirse que es ella la que reina y gobierna en España… los cargos y dignidades se otorgan a los que le muestran rendimiento; los méritos, el rango o los servicios prestados no ponen a cubierto a quienes se oponen a su voluntad, ni les salvan de la desgracia y el destierro. Por lo demás, la autoridad de la Reina se funda más bien en el temor que tienen a su resentimiento que a su amor al pueblo…”

Su Majestad La Reina


Durante su matrimonio, Mariana fingió once embarazos y por el pueblo ya corría la frase: “Tres vírgenes hay en Madrid, la Almudena, la de Atocha y la reina nuestra señora”. Al no lograr tener descendencia, la reina conspiró para influir sobre la decisión del sucesor al trono, siempre apoyando las pretensiones de su sobrino, el archiduque Carlos de Austria, hijo de su hermana Leonor. Por si esto fuera poco, Mariana también estuvo involucrada en el extraño asunto de los exorcismos de su marido.

Cánovas del Castillo dijo de ella que “… era soberbia, imperiosa, altiva, la capacidad moderada, el antojo sin moderación ni límite, la ambición de atesorar grande, no menor la de tener parte en el manejo del gobierno, así en las resoluciones arduas como en la provisión de mercedes, cargos y honores. Llevaba con tal impaciencia cualquier cosa que se opusiese a su voluntad, que hasta con el rey prorrumpía en desabrimientos muy pesados y en injurias…”.

Debido a su carácter, Mariana nunca logró hacerse popular entre sus súbditos, quienes la tachaban de «alemana, pelirroja y antipática». Había algo de razón en ello, pues la reina llegó a robar dinero de las arcas españolas para enriquecer a su familia en Alemania. Sin embargo, la economía del reino estaba lejos de ser buena y hubo veces en que Mariana tuvo que hacer sacrificios económicos.

Carlos II y su reina consorte


La viudez y el declive

Ya en 1700 era evidente que el fin de Carlos II estaba cercano. En la capital corrieron rumores diciendo que Mariana, con tal de asegurar su posición elevada, deseaba casarse con el delfín de Francia en cuanto su esposo falleciera. No obstante, en el testamento de Carlos II quedó estipulado que, durante su viudez, se le asignaría a la reina una pensión de cien mil doblones al año, así como el señorío de por vida de la ciudad española donde ella quisiese fijar su residencia. También dejaba estipulado el rey que su viuda fuera tratada por sus sucesores con el respeto de reina viuda de España.

Sin embargo, una vez muerto Carlos II, el nuevo soberano Felipe V indicó su deseo de que Mariana abandonase Madrid antes de que él entrase en ella. La reina no tuvo más remedio que retirarse a Toledo, donde viviría recluida en el sombrío Alcázar de dicha ciudad. El 18 de febrero de 1701 llegó Felipe V a Madrid y no fue hasta el 2 de agosto cuando salió de la ciudad en dirección a Toledo para visitar a la viuda de su tío. Prefirió hacer el viaje él mismo en lugar de consentir que la reina viuda se trasladara a Madrid.


Armas de la Reina Doña Mariana


Viéndose en situación tan desagradable, envió año tras año cartas a su familia en Alemania pidiendo ayuda económica. «...Estoy completamente abandonada –escribía a su madre en 1704-, no me dan mi pensión o, por lo menos, sólo la tercera parte..., de modo que no tengo apenas criados, ni los puedo tener, porque no hay con qué pagarles, y algunas veces no tengo casi que comer... Soy tan desgraciada que no puedo fiarme de nadie y temo que todos me abandonen».

Las últimas décadas de su vida las pasó desterrada en Bayona, olvidada por todos. En 1739 regresó a la corte, ya anciana y enferma. En el Palacio del Infantado en Guadalajara, desengañada por completo, falleció el 16 de julio de 1740. Fue enterrada en el panteón de Infantes de El Escorial, frente al de María Luisa de Orleans. Ninguna de las dos pudo ser enterrada en el Panteón Real por no haber dado hijos que reinasen en España.

Por su parte, en 1742, el Palatinado que la vio nacer fue heredado por el Duque Carlos Teodoro de Sulzbach, quien también heredó el Electorado de Baviera cuando la línea gobernante de éste se extinguió en 1777. El título y la autoridad del Elector Palatino fueron asumidos por el Electorado de Baviera; Carlos Teodoro y sus herederos retuvieron solo el voto simple y la precedencia del elector bávaro, aunque continuaron usando el título “Conde Palatino del Rin”. El Palatinado sería disuelto en las Guerras de la Revolución Francesa a partir de 1795.

La bandera del Palatinado Electoral (1604)


miércoles, 6 de enero de 2010

Casa de Brünswick-Hannover


Los Duques de Brünswick eran oriundos de Este, en Italia, donde una rama menor debía dar lugar a los duques de Módena. A principios del siglo XII, los matrimonios llevaron a Enrique "el Soberbio", y luego a su hijo Enrique "el León", al primer rango de los príncipes alemanes. Enrique "el Soberbio" desposó a Gertrudis, hija del emperador Lotario II y nieta de los señores de Brünswick (que se llamaban Bruno, de ahí el nombre de la ciudad de Brünswick).

Convertido en duque de Baviera y de Sajonia, Enrique "el León" se enfrentó con los Hohenstaufen, duques de Suabia. Es a partir de ese encontronazo que aparecen los apelativos de "Güelfos" y "Gibelinos". La frecuencia con que se encontraba el nombre de pila de Welf (lobezno) en la familia de Enrique, acabó por designarles como "Güelfos" y, con ellos, sus partidarios y los del Papa, unidos en una lucha común contra el emperador, jefe de los "Gibelinos", nombre sacado por los italianos del castillo imperial de Waiblingen, cerca de Stuttgart.

En 1180, el emperador Hohenstaufen, Federico "Barbarroja", despojó a Enrique de sus ducados, dejándole tan solo sus tierras patrimoniales de Brünswick y de Lüneburg. Enrique se había casado con Matilde, primogénita del rey Enrique II de Inglaterra. Es quizás por esta razón que se establece una relación entre el blasón de Brünswick (en campo de gules, dos leopardos de oro) y el de Inglaterra, entonces en plena formación.


Coronación de Enrique el León y Matilda de Inglaterra (1188)

Otto IV, hijo de Enrique y Matilde, fue educado en Inglaterra y dotado con el condado de York. De vuelta a Alemania, se convirtió en emperador en el año 1208. Seis años más tarde, aliado con Juan "Sin Tierra" de Inglaterra, fue derrotado por el rey Felipe II Augusto de Francia en la batalla de Bouvines.

En 1235, el nuevo emperador Federico II, deseoso de atraerse la alianza y apoyo de los Güelfos, creó a Otto "el hijo", duque de Brünswick y de Lüneburg. Poco después, Otto se hizo con Hannover, lo que le convierte en el antepasado de la dinastía de Brünswick-Lüneburg-Hannover.

Brünswick-Lüneburg-Hannover

El principio germánico de reparto territorial a cada generación no fue una excepción en el ducado de Brünswick. En 1267, Alberto I "el Grande" repartió sus posesiones con su hermano menor, y sus 3 hijos se repartieron luego la herencia paterna de Brünswick. La primera rama de los duques de Lüneburg habiéndose extinguido en 1369, los hijos de Magnus II, duque de Brünswick, consiguieron hacer valer sus derechos sucesorios después de una dura y encarnizada lucha. Sin embargo, ese reagrupamiento territorial duró poco. Bernardo I volvió a repartirlos en 1428. Sus propios descendientes se convirtieron en duques de Lüneburg; los de su hermano, fueron duques de Wolfenbüttel, y más tarde añadieron el ducado de Göttingen en 1463, tras la muerte de Otto "el Tuerto".


Albrecht I de Brünswick (1268-1318)


Otro reparto lleno de consecuencias tuvo lugar en 1569, entre los hijos de Ernesto I, poniendo fin a una discordia entre los herederos. Enrique, duque de Dannenburg, y Guillermo, duque de Lüneburg, fundaron dos linajes que permanecieron separados e independientes el uno del otro hasta 1884. En 1635, estas dos familias dividieron los dominios de la rama de Wolfenbüttel. En consecuencia, la rama primogénita acabó siendo denominada con el nombre de Brünswick-Wolfenbüttel, mientras que la otra era conocida como Brünswick-Lüneburg.

El primer duque de Brünswick-Wolfenbüttel, Augusto I, fallecido en 1666, fue un reputado bibliófilo aunque la mayoría de sus parientes se ilustraron preferentemente en los campos de batalla. El duque Carlos I de Brünswick-Wolfenbüttel, alquiló sus tropas al rey Jorge III de Gran-Bretaña para combatir a los insurrectos de América. Su hermano Fernando, sirvió sucesivamente a Federico II de Prusia y a Jorge II de Gran-Bretaña para luego dejar de lado la espada y dedicarse al estudio de la masonería.


Anton-Ulrich I, Duque de Brünswick-Wolfenbüttel (1700)


El duque Carlos II sirvió igualmente en el ejército de Prusia, y luchó contra los franceses en Valmy. Caería en el campo de batalla de Auerstädt en 1806. Un final similar le aconteció a su hijo Federico-Guillermo en la batalla de Quatre-Bras en 1815. En cuanto al duque Carlos III, se hizo este tan antipático e impopular que fue depuesto en 1830. Ni él ni su hermano Guillermo habían casado y carecían por tanto de herederos directos. La muerte de este último en 1884 supuso entonces el fin de la rama primogénita.

En principio el ducado habría revertido naturalmente a los reyes de Hannover, pero Jorge V, al ser anti-prusiano hasta la médula, maniobró de manera que se impuso una regencia permanente hasta 1913.

En cuanto a la rama menor de Brünswick-Lüneburg, no conoció tantas vicisitudes. Los 7 hijos del duque Guillermo "el Joven" se pusieron de acuerdo en 1610 en que solo uno de ellos obtendría el derecho de perpetuar el linaje. El ganador del sorteo favoreció al duque Jorge I y éste, cuando en 1634 se extinguió la primera rama de Wolfenbüttel, se hizo con el principado de Kalenberg, ampliando sus territorios.


Jorge I, Duque de Brünswick-Lüneburg y Príncipe de Kalenberg (1640)


El hijo más joven de Jorge, Ernesto-Augusto, fue en un principio elegido obispo de Osnabrück, pero sus ambiciones personales sobrepasaban las funciones eclesiásticas. Casó con la princesa Sofía del Palatinado, hija del Elector Federico V del Palatinado y rey de Bohemia (un Wittelsbach), y de la princesa Elizabeth de Inglaterra y Escocia (una Estuardo), y reunió gradualmente las herencias de sus hermanos, posesionándose del ducado de Celle y casando a su hijo Jorge-Luis con su sobrina Sofía-Dorotea de Brünswick-Celle.

El emperador Leopoldo I erigió su ducado de Hannover en electorado imperial en 1692, y en 1714, Jorge I Luis, Elector de Hannover, se convirtió en el nuevo rey de Gran-Bretaña e Irlanda (al heredar de su madre los derechos dinásticos de su abuela Isabel Estuardo, reina de Bohemia y Electriz Palatina), al fallecer la reina Ana I sin descendencia y como última Estuardo anglicana. Durante más de un siglo, la suerte de ambos países estuvo íntimamente ligada.


Schloss Herrenhausen, en las afueras de Hannover (1706), residencia de Juan Federico de Brünswick-Kalenberg


En 1814, su bisnieto Jorge III se convirtió en el primer rey de Hannover. La muerte de Guillermo IV en 1837 separó los tronos de Gran-Bretaña y de Hannover ya que, como mujer que era Victoria I, no era apta para sentarse en el trono hannoveriano y la corona fue adjudicada a su tío Ernesto-Augusto I, entonces duque de Cumberland. Autócrata y reaccionario, estuvo a punto de ser destronado en 1848, pero salvó su trono in extremis acordando una constitución a su país.

Jorge V, por haber apoyado a Austria en 1866, tuvo que abdicar su reino a favor de Prusia. Su familia encontró una pobre compensación en 1913, cuando su nieto recuperó la soberanía sobre el ducado de Brünswick gracias a su boda con una princesa de Prusia. De hecho, cuando estalló la Iª Guerra Mundial, Ernesto-Augusto II, heredero del reino perdido de Hannover, fue privado de su ducado inglés de Cumberland. En cuanto a su hijo Ernesto-Augusto III, tuvo que abdicar su ducado de Brünswick en 1918 al caer el Segundo Reich Alemán.


Armas del Reino de Hannover (1837)