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viernes, 27 de enero de 2012

Los ballets imperiales rusos

En el siglo XVIII en Rusia comienza a establecerse el arte coreográfico gracias a las condiciones favorables en que se hallaba el imperio respecto a la valoración de la estética por parte de su monarquía militar y feudal.

La influencia de ballets extranjeros en el imperio ruso se mantiene durante medio siglo y es durante estas primeras cinco décadas del siglo XIX que los intérpretes extranjeros visitan asiduamente dicho país. Nacido en el siglo XVI en las cortes italianas, para luego trasladarse a Francia a finales del mismo siglo, el ballet ya florecido en París se introdujo en Rusia dos siglos más tarde.


Dadas las virtudes artísticas del pueblo ruso, la popularidad de la danza en general y el apoyo oficial con su Dirección General de Teatros Imperiales, que solventaba económicamente el ballet y lo dirigía en su totalidad, se produjo el advenimiento de este arte en un país tan singular.


Las Escuelas Imperiales de baile en Rusia eran tres: la de San Petersburgo, la de Moscú y otra que se situaba en la ciudad de Varsovia. Allí además de tener una enseñanza general y de ballet, tenían un programa -de 8 a 9 años de estudio- compuesto por clases de música, dibujo, arte escénico, idiomas, además de otras materias vinculadas al arte de la danza. Todas ellas eran también supervisadas por el gobierno y dirigidas por renombrados maestros de baile.


Período del maestro Landé


El emperador Pedro el Grande introdujo reformas que cambiaron la vida de los rusos en su aspecto social, impulsando el arte de su nación para abandonar poco a poco la imitación de la danza de Europa Occidental. Tal es así que liberó a las damas de la aristocracia para que pudieran participar de reuniones sociales con gente de otras clases, lo cual anteriormente no les había estado permitido. Introdujo también danzas francesas como el minuet, la courante y la pavana, pero muchas veces pedía que el ritmo se acelerara un poco para que la danza fuese más veloz.

Landé


En 1738 el maestro Jean-Baptiste Landé fundó la primera de las escuelas imperiales de baile, la de San Petersburgo. El maestro Landé era un bailarín francés que había sido empleado en la corte polaca en Dresde hasta que fue contratado por el rey Federico I de Suecia en 1721. Hasta 1728 fue maestro de danza de la corte sueca, luego viajó a Dinamarca y por último a Rusia, donde, luego de una actuación ante la emperatriz Anna en 1735, pudo establecerse como ballet master de la Escuela Imperial de Ballet, llamada Escuela de Baile de Su Majestad. Sus primeros alumnos (doce chicos y doce chicas) fueron de las clases sociales más bajas y los bailarines no eran considerados más que simples instrumentos para la diversión y placer del monarca (recién a principios del siglo XIX los artistas de la danza lograron ser considerados).


Dos escuelas europeas estaban representadas en el plan de estudios. Danza «grave» basada en el minué francés fue enseñada por Landé, luego por sus alumnos. Métodos de danza cómica, derivados de la Commedia del'Arte, fueron enseñados por los italianos: el coreógrafo y bailarín Antonio Rinaldi, llamado Fuzano, y su esposa, Julia. Las estrictas formas de la escuela francesa y el virtuosismo de la italiana se fusionaron para extenderse en el estilo de actuación ruso.


Las trabas para que los rusos consideraran que podían tener un arte propio eran muchas. La mayoría continuaba pensando que el género nacional era de muy mal gusto. Lo primero que pudo lograr autonomía fue la literatura a partir del siglo XIX con Pushkin y Gogol. Luego hizo lo propio la música, con Tschaikovsky, Glinka y Dargomijsky y también la pintura. Para el ballet resultó más dificultoso que para el resto de las artes, ya que su técnica y terminología denotaban el origen extranjero del mismo, complicando la tendencia nacionalista.


La emperatriz Elizaveta Petrovna

A esto contribuyó la emperatriz Isabel Petrovna (segunda hija de Pedro el Grande), para quien los asuntos teatrales llegaron a ser preocupación de la corte. Amante del lujo y del ocio y ella misma una excelente bailarina, Isabel recomienda diversiones en palacio. Landé fue convocado desde el exterior para reabrir el estudio de baile y todos los recursos fueron lanzados a la organización de la celebración de la ascensión al trono. La coronación se celebró en Moscú en mayo de 1742, para la cual fueron representados dos ballets: “La Manzana de Oro en el Festín de los Dioses” y “El Juicio de Paris y la Felicidad del Pueblo ante la Aparición de Astrea en el Horizonte de Rusia y la Restauración de los Tiempos Dorados”. Estas alegorías de ballet representaban a la nueva zarina como patrona de las artes en favor de unirse a la cultura europea.


Durante su reinado, Landé tuvo la iniciativa de presentar ante su corte una obra con danzas rusas, que, si bien fue aceptada con éxito por la refinada y culta Isabel, éste no duró demasiado, ya que luego "lo nacional" fue despreciado por aquellos en quienes se depositaba el control y destino del ballet ruso. Por tanto, la danza durante su período no logró salir del círculo de los salones cortesanos.


Acto II de La Bayadére (1877)


Después de la muerte de Landé, Fuzano dirigió la escuela hasta 1750. A su vez, éste fue reemplazado por el maestro Josette. En 1758, el coreógrafo vienés Franz Hilverding llegó a San Petersburgo y obtuvo el reconocimiento europeo por su progresiva actividad creativa. Hilverding confiadamente llevó el ballet a la independencia, tratando de demostrar sus posibilidades en géneros tanto cómicos como trágicos.


La forma musical de la «ópera seria» sigue siendo la base fundamental sobre la que Hilverding unió pantomima y danza, aumentando así el hermoso templo de ballet. La novedad ideológica y estética de la creatividad de Hilverding demandó de los bailarines rusos desarrollo de métodos técnicos, perfección de movimiento y enriquecimiento de mímica.


Período del maestro Canziani


Fue Catalina la Grande quien finalmente le imprimió un carácter nacional al teatro, sacándolo del palacio real y poniéndolo al servicio de la sociedad toda. Desde ese momento, las funciones de ópera y ballet comienzan a ser parte de la vida social de los habitantes de San Petersburgo, tanto que se vuelven indispensables.


Les amazones

La formación del ballet fue mejorada notablemente en 1784, con la llegada del coreógrafo veneciano Giuseppe Canziani. Su actividad fue distinguida por un genuino cuidado hacia el arte ruso. Enseñó a sus alumnos cinco o seis horas al día, dedicando sus clases no sólo a ejercicios y ensayos, sino también a las conversaciones sobre Noverre y sus teorías, así como sobre otras destacadas figuras del ballet de la época. El coreógrafo no sólo preparó artistas pasivos, sino más bien desarrolló la capacidad de sus estudiantes para la creatividad independiente. Los brillantes resultados de la actividad docente de Ganziani fueron la graduación de varios bailarines rusos masculinos y femeninos, que alcanzaron posiciones prominentes en la compañía, así como figuras de origen ruso que lograron destacarse luego al reemplazar a las celebridades que iban a bailar a Rusia desde Occidente. Entre ellos estaba Iván Ivanovich Valberkh (Lesogorov), el primer coreógrafo ruso.


Tras la muerte de la Emperatriz, asume el reinado su hijo Pablo I y bajo su despotismo las artes volvieron a decaer.


Período del maestro Didelot


Al comenzar el nuevo siglo, comienza el período del nuevo zar, Alejandro I, desde 1801 a 1825. Junto a él las artes, y en particular el ballet, recobraron el terreno perdido años atrás y la danza logró avanzar aún más. Desde la misma fecha de la asunción al trono del nuevo emperador, asumió como profesor en San Petersburgo el gran Charles-Louis Didelot, moldeando la Escuela Teatral de aquella ciudad según las enseñanzas recibidas de Jean Dauberval en Francia y su propio criterio. Sus métodos e ideas fueron muy cuestionadas por su gran crueldad para con los niños que acudían a sus clases, y con todo su elenco de bailarines - tan dispuesto a someterse con tal de lograr una mejora en su posición social o tener éxito-.



Charles-Louis Didelot


A pesar de su mal carácter, su trabajo a lo largo de los 37 años que pasó en Rusia resultó útil y eficaz, ya que el público comenzó a considerar a sus bailarines como a verdaderos artistas, gracias al aporte en la enseñanza de su gran técnica y talento coreográfico; tanto que sus alumnas rusas consiguieron superar hasta la mismísima Marie Taglioni en cuanto a emoción dramática. Concretó, asimismo, cambios con respecto a la danza que llegarían a modificar los paradigmas antes establecidos. Por ejemplo, él mismo quitó los trajes utilizados tradicionalmente hasta el siglo XVIII, e introdujo el maillot color carne y las túnicas de gasa en escena.

Gracias a una casualidad, en medio de una de sus coreografías Taglioni - que hasta ese entonces bailaba en demi-pointe- se elevó sobre la punta de sus pies, asombrando a los espectadores. De esa manera transformó al ballet en "arte alado", al decir del poeta ruso Pushkin. En adelante, los coreógrafos han modificado sus danzas que ahora parecían tener posibilidad de simular a seres ultraterrenales y etéreos con el uso de las zapatillas de punta o pointes.



Marie Taglioni como La Sílfide



Otro hecho importante en Rusia es el que se produjo entre 1803 y 1804 cuando, por decreto del zar, el gobierno imprime los cuatro tomos de "Cartas sobre la danza" de Jean-Georges Noverre (destacado coreógrafo y teórico de la danza de aquellos tiempos), que se constituyó en el diccionario del lenguaje coreográfico. Mientras tanto, el contacto con los bailarines y coreógrafos extranjeros que visitaban Rusia se mantuvo gracias a las giras de los cuerpos de ballets de otros países. Algunas de las figuras que viajaron hasta allí fueron: María Taglioni, Carlos Blasis, Lucile Grahn, Fanny Elssler, Julio José Perrot y Marius Petipa.

El maestro Petipa

Durante casi 20 años Marius Petipa fue el ballet master del Ballet Imperial ruso, convirtiéndose en uno de los nombres más célebres en la historia de la danza. Petipa fue un gran apasionado de las danzas tradicionales españolas, y sobre todo las andaluzas, como así demuestran sus ballets Don Quijote y Paquita (ballet que eligió para su presentación en San Petersburgo). Descolló en los pasos de carácter e introdujo en escena el baile de la polca. Tras debutar en Bruselas en 1838, se perfeccionó con Auguste Vestris y actuó por toda Europa como primer bailarín.


Casi una década después (1847), tras haber pasado una temporada en París, decidió volver a San Petersburgo, donde trabajó durante 60 años. En ese período creó 55 ballets en exclusiva, 21 en colaboración y 37 para diversas óperas. En 1858 fue nombrado maestro de baile del Ballet Imperial ruso, cargo ocupado hasta entonces por Jules Perrot y con este nombramiento se inició su época más productiva. Junto con Vsevoloiski, formó una dupla que duró 17 brillantes años. En la lista inmensa de creaciones de este periodo basta con recordar las tres obras supremas de Tchaikovsky, nervio principal de todos los repertorios (El Lago de los Cisnes, Giselle, La Bella Durmiente y El Cascanueces), así como las tardías pero eficaces partituras de Aleksandr Glazunov (Raymonda, Las Cuatro Estaciones, Astucias de amor).



Marius Petipa; Pierina Legnani como Odette (1895); Pavel Gerdt como el Príncipe Sigfrido (1895); Julia Nikolaievna Sedova como la Princesa Aspicia (1862); el coreógrafo Lev Ivanov, colaborador de Petipa.



El arte de Petipa estuvo hecho de rigor técnico, riqueza de medios y un sentido de la elegancia que huía de todo virtuosismo y de cualquier espectacularidad pomposa. Detestaba el acrobatismo de la escuela italiana y el lujo desanimado del tardío ballet francés. Intentó conservar y enriquecer la herencia romántica, llevando la tradición a sus más altos niveles. Reformó el papel del bailarín masculino y dio corporeidad diferenciada al hombre y a la mujer, de modo que se explotaran al máximo las propiedades anatómicas y enérgicas del bailarín. También suprimió la figura del favorito (o favorita), tratando a todos con igualdad.


En la redacción de sus coreografías era minucioso y científico, e iba escribiendo en una libreta las diversas evoluciones que la partitura exigía, incluyendo retratos y perfiles de las actitudes que imaginaba en los diversos personajes. El culmen de cada una de sus obras era el pas de deux entre los protagonistas, que empieza con un adagio a cargo de ambos, sigue con variaciones alternadas, una para ella y una para él, una lenta y otra rápida, y acaba con un nuevo dúo, exigente de técnica y resuelto con una pose entrelazada y estatuaria. Así pues, Petipa unió la tradición de la velocidad italiana con la herencia del elaborado adagio francés. Petipa fue quién dio el esplendor al llamado ballet imperial en Rusia.


El Ballet Mariinsky


El Ballet Mariinsky siguió a la formación de la primera escuela de danza rusa, la de San Petersburgo, en la década de 1740.



Bailarines del Mariinsky Imperial Ballet posan frente a la decoración de Orest Allegri para Raymonda, de Petipa (1898).



Hay poca información sobre los años formativos de la compañía de ballet, aunque es sabido que tanto la escuela como la compañía estaban vinculadas por el nombre: Escuela Imperial de Ballet y Ballet Imperial Ruso, que continuaron siendo usados hasta la abolición del régimen imperial. A finales del siglo XVIII y principios del XIX, la compañía alcanzó la prominencia y emplearía a los más influyentes y reconocidos nombres de la historia de la danza, como Charles Didelot, Marie Taglioni, Christian Johansson, Enrico Cecchetti, Jules Perrot, Fanny Cerrito y Carlotta Grisi.

Luego de la Revolución Rusa, el gobierno soviético decidió que la escuela y la compañía de ballet eran símbolos no queridos del régimen zarista y los cerraron. La compañía fue la primera en ser re-establecida, convirtiéndose en el Ballet Soviético, con la escuela re-abriendo más tarde como Escuela Coreográfica Estatal de Leningrado. En 1934, después del asesinato del revolucionario bolchevique Sergei Kirov, el entonces Ballet Soviético fue renombrado como Ballet Kirov, un nombre que es comúnmente usado para identificar a la compañía todavía hoy. Terminado el gobierno comunista, tanto la compañía de ballet como la de ópera del Teatro Mariinsky fueron vinculadas al teatro por el nombre, convirtiéndose en Ballet Mariinsky y Opera Mariinsky.




El Teatro Mariinsky (1900)


El Ballet Bolshoi


El Ballet Bolshoi es, junto con el Mariinsky, una de las más antiguas compañías de ballet clásico. Sus orígenes pueden ser encontrados en la creación de una escuela de danza para un orfanato en Moscú en 1773. En 1776, bailarines de esa escuela fueron empleados por el Príncipe Pyotr Urusov y el empresario teatral inglés Michael Maddox para formar para de su nueva compañía. Originalmente actuando en lugares privados, más tarde adquirieron el Teatro Petrovsky, el cual, luego de incendios y remodelaciones erráticas, sería reconstruido más tarde y es el actual Teatro Bolshoi.

La historia temprana del Ballet Bolshoi es muy superficial y, pese a poner en escena muchos ballets, luchaba por competir con la reputación del ballet imperial ruso, el actual Ballet Mariinsky. No fue hasta la designación de Alexander Gorsky como ballet master en 1900 que la compañía comenzó a desarrollar su propia y única identidad. Ese año, Alexander Gorsky fue nominado para ser Premier danseur (principal solista masculino) del Ballet Imperial de San Peterburgo, solo para ser movido al Ballet del Teatro Imperial Bolshoi de Moscú como régisseur (director) ocho días después. Lo que iba a ser un movimiento temporario se convirtió en permanente. Fue nombrado Premier Maître de Ballet del Teatro Bolshoi. En su enseñanza usó “libres movimientos de baile en contraste con las formas académicas, congeladas” del anterior estilo clásico del ballet. Gorsky estaba inspirado por Isadora Duncan, quien era famosa por rechazar el ballet pues creía que la danza debía ser una natural expresión del alma. Su inspiración era también el método de acción de Stanislavsky.



Arabesque



Alexander Gorsky coreografió, repuso y revivió muchos ballets. Creó varias obras propias, pero fue su re-elaboración de los ballets de Marius Petipa los que habrían de convertirse en conocidos. Algunos dicen que allanó el camino para la obra de Michel Fokine. Del repertorio clásico del Bolshoi, Gorsky revivió la versión Petipa-Ivanov de La Fille mal gardée por primera vez en 1903 (la versión de Gorsky se convertiría en la base para todas las producciones sucesivas representadas en Rusia y en Occidente durante décadas), la reposición de Petipa/Ivanov de El Lago de los Cisnes en 1901, Don Quijote en 1900, La Bayadère en 1904 y Raymonda en 1905, entre muchas otras.

domingo, 15 de enero de 2012

La Entrada real

La Entrada real, también conocida como Entrada triunfal, consistía en el ceremonial y las festividades que acompañaban una entrada formal por parte de un gobernante o de su representante en una ciudad, durante la Edad Media y la temprana Edad Moderna en Europa. La entrada se centraba en una procesión que rodeaba al príncipe, el cual era recibido y homenajeado adecuadamente por las autoridades civiles. Seguirían una fiesta y otras celebraciones.

Entrada real de Enrique II en Rouan (1550)


Desde la Baja Edad Media las entradas se convirtieron en la ocasión ideal para crecientes muestras de pompa y propaganda. La elaboración de la iconografía, aparte de los altos patrones convencionales en que se estableció rápidamente, era seleccionada con cuidado escrupuloso por parte de los más letrados de la ciudad de bienvenida, que estaría asociada con el capítulo de la catedral, con la universidad o la academia cortesana, o era obtenida de la comitiva del homenajeado. Muchos de los más grandes artistas, escritores y compositores de la época estaban involucrados, con algunos de ellos dedicando partes importantes de su tiempo a crear decoraciones temporales, de las cuales pocos registros sobreviven, al menos de los primeros tiempos.


Orígenes y desarrollo


La Entrada comenzaba como un gesto de lealtad y fidelidad de una ciudad al gobernante, con sus orígenes en el adventus celebrado por los emperadores romanos, los cuales fueron entradas formales mucho más frecuentes que los triunfos. La primera visita de un nuevo gobernante era normalmente la ocasión. Para la capital a menudo se fusionaba con las festividades de coronación y para las ciudades de provincia la reemplazaban.


Carlos V entrando en Amberes (1515)


El relato contemporáneo de Galbert de Brujas sobre el solemne "Alegre Adviento" de la flamante Corte de Flandes en "su" ciudad de Brujas, en abril de 1127, muestra que en la etapa inicial, disimulada por la adulación y la imaginería triunfalista en que llegó a ocultarse, una Entrada era similar a una conferencia, una tregua formal entre las potencias rivales de un magnate territorial y una ciudad amurallada, con reiteración de las "libertades" de la ciudad, en el sentido medieval, es decir, sus derechos y prerrogativas eran establecidos en términos claros y legitimados por la presencia de las reliquias de los santos.


Durante la Guerra de los Cien Años, la entrada de Enrique VI de Inglaterra, de 10 años de edad, para ser coronado rey de Francia en París, el 2 de diciembre de 1431, fue marcada con gran pompa y propaganda heráldica. Fuera de la ciudad fue recibido por el alcalde en una larga hopalanda de terciopelo azul, su séquito de color violeta con capas escarlata y representantes del Parlamento de París en rojo con adornos de piel. En la Porte Saint-Denis el partido real fue recibido con un gran escudo que lucía las armas francesas que Enrique reclamaba, flores de lis de oro en un campo azul celeste. El rey ofreció grandes corazones rojos, de los cuales palomas fueron puestas en libertad, y una lluvia de flores cayó sobre la procesión. En la puerta simbólica, un baldaquín bordado con más flores de lis de oro fue erecto sobre el joven rey, quien fue llevado en una litera apoyada en seis lanzas portadas por hombres vestidos de azul. A través de la ciudad hubo desfiles y representaciones alegóricas de bienvenida: ante la Iglesia de los Santos Inocentes, fue levantado un bosque a través del cual un ciervo capturado fue puesto en libertad y "cazado".


Entrada solemne de Jean II le Bon y su reina, Jeanne d’Aubergne, a París después de su coronación en Reims (1350).


Un gobernante con un nuevo cónyuge también recibía una entrada. Las entradas de Carlos IX de Francia y su reina Habsburgo, Isabel de Austria, en París, en marzo de 1571, habían sido programadas solo para Carlos en 1561, como las entrate celebradas por lo general hacia el comienzo de un reinado, pero las Guerras de Religión francesas habían hecho inapropiadas tales festividades, hasta la Paz de Saint-Germain-en-Laye, firmada en agosto de 1570. Hasta mediados del siglo XIV, las ocasiones eran relativamente simples. Las autoridades de la ciudad esperaban al príncipe y su séquito fuera de las murallas de la ciudad y después de la entrega de una llave ceremonial con un "tratamiento leal" o discurso y quizás deteniéndose a admirar cuadros vivientes, como los que se llevaron a cabo en la entrada a París de la reina Isabel de Baviera, lo conducían por las calles coloridas especialmente, con las casas de la ruta luciendo desde sus ventanas tapices y colgaduras, o alfombras, o grandes piezas de tela y con la mayoría de la población lo largo del camino. La muestra heráldica estaba en todas partes: en la entrada a Valladolid de Fernando II de Aragón en 1513, los toros en los campos de las afueras de la ciudad estaban engalanados con telas pintadas con las armas reales y adornados con cascabeles.

A lo largo de la ruta de la procesión en repetidas ocasiones se detenía para admirar el conjunto de piezas adornadas con lemas heráldicos y alegorías vivientes, acompañado por declamaciones y el estruendo de trompetas y salvas de artillería. La procesión incluía los miembros de los diferentes estamentos, con la nobleza y la burguesía de los alrededores, el clero y los gremios de la ciudad detrás del príncipe. A partir de mediados del siglo XIV los miembros de los gremios a menudo llevaban uniformes especiales, cada uno de ellos en un brillante color; por ejemplo, en Tournai en 1464, 300 hombres llevaban grandes flores de lis de seda bordadas en su pecho y espalda. El príncipe correspondía confirmando y algunas veces extendiendo los privilegios de la ciudad o de un área local de la que era la capital. Por lo general, el príncipe también visitaba la catedral para ser recibido por el obispo y confirmar también los privilegios del capítulo. Luego sería habitual un Te Deum y se representaría música escrita para la ocasión.


Entrada de Isabel de Baviera, consorte de Carlos VI, a París, el 22 de agosto de 1389.


El aumento de la elaboración


Durante el siglo XIV, como la cultura cortesana, con la corte de Borgoña a la cabeza, comenzó a representar recreaciones de batallas o leyendas como entretenimiento en las fiestas, las ciudades empezaron a incluir en las ceremonias de entrada pequeños "tableaux", por lo general organizados por los gremios (y por las comunidades de comerciantes extranjeros residentes), basándose en su experiencia cada vez mayor de teatro medieval y concursos. Inicialmente se trataba de temas religiosos, pero "poco a poco estos cuadros desarrollaron, a través del siglo XV y entrando en el XVI, un repertorio de arcadas y teatros callejeros, que presentaban variantes de un remarcado vocabulario visual e iconográfico." La Fortuna con su rueda, la Fama y el Tiempo, las siete Virtudes, tanto cristianas como clásicas, y los Nueve Caballeros de la Fama y otros héroes clásicos, bíblicos y locales. A medida que la tradición se desarrolló, los temas fueron más específicos, en primer lugar, haciendo hincapié en la legitimidad del príncipe, y su reclamo por descendencia, luego poniendo delante de él las virtudes principescas y sus premios, que incluían especialmente los beneficios de alentar a las ciudades y provincias más prósperas.


La procesión podría hacer una pausa para enfrentar figuras alegóricas, o pasar al lado de un árbol genealógico o bajo un arco triunfal de estilo clásico, ya sea con figuras pintadas o con actores posados en él, de pie para las estatuas en el caso de los arcos. Una cantidad sorprendente de desnudez pública parece haber sido aceptable en estas ocasiones y figuras de ambos sexos a menudo son descriptas como desnudas -Carlos el Temerario de Borgoña disfrutó de un Juicio de Paris, que actuó para él en la calle de Lille en 1468. Sin embargo espectáculos más elaborados comenzaron a ser presentados durante o después de la fiesta cívica y por la mitad del siglo XVII estos podrían ser tan magníficos como escenas de batallas navales, mascaradas, óperas y ballets que las cortes representaban para sí mismas.


Arco de triunfo temporal levantado en Gdańsk, Polonia, para celebrar la entrada ceremonial de María Luisa Gonzaga, reina consorte de Ladislao IV, en 1646.


La corte ya tenía un rol importante tanto en el diseño como en la financiación de las entradas, que cada vez más se dedicaban a la glorificación del monarca absoluto como héroe y dejaban detrás el antiguo énfasis en sus obligaciones; "cualquier posibilidad de su uso como un vehículo para el diálogo con la clase media desapareció". En el tercer “triunfo” en Valladolid en 1509, un león sosteniendo el escudo de armas de la ciudad era destrozado a la llegada del Rey, dejando al descubierto las armas reales: el significado no se perdía, incluso en aquellos que no podían escuchar la declamación acompañante.


Durante el siglo XVI, en fechas que difieren ampliamente según la ubicación, el tableaux vivant fue eliminado y reemplazado en su mayoría por imágenes pintadas o esculpidas, aunque persistieron muchos elementos del teatro callejero y pequeñas máscaras u otras muestras fueron incorporadas a los programas. La entrada en 1514 de María Tudor a París, como nueva reina de Luis XII, fue la primera entrada francesa en tener un único organizador, diez años antes de que la entrada de Ana de Bretaña haya sido “en gran parte medieval", con cinco paradas para obras de misterio en las calles.


Carlos V el Sabio entra a París por la Porte Saint Denis después de su coronación en Reims (1364).


Influencia clásica


La gente culta de la Edad Media tenía a mano un ejemplar de una serie alegórica de las entradas a una boda, en el marco histórico que abre la introducción enciclopédica de Marciano Capella a todo lo que uno necesita saber de las artes, En la boda de Filología y Mercurio y de las Siete Artes Liberales. Con el renacimiento del aprendizaje clásico, las entradas italianas resultaron influenciadas por las descripciones literarias del “triunfo” romano. Las fuentes más rebuscados eran traídas a colación: el Noctes Atticae de Aulo Gelio proporcionó un detalle que pasó a formar parte de la simbología convencional: coronación con siete coronas. El largo poema de Bocaccio Amorosa visione (1342-43), siguiendo el esquema de un triunfo, ofrecía un desfile de personajes famosos, tanto históricos como legendarios, que pueden haber servido de modelo para Petrarca, quien elaboró ​​sobre Tito Livio un reporte del triunfo de Escipión el Africano y en su poema I Trionfi Castruccio Castracani entró en Lucca en 1326 viajando en una carroza conducida por prisioneros. Alfonso V de Aragón entró en Nápoles en 1443 sentado en un carro triunfal bajo un baldaquín, como aparece mostrado en un bajorrelieve. En el sentido italiano, significados específicos fueron desarrollados para trionfo, tanto la procesión entera como un coche particular o un carro decorado con un tableaux; aunque estos usos no se extendieron exactamente a otros idiomas, que utilizan términos como "entrada triunfal" y "procesión triunfal".

El énfasis comenzó a cambiar a partir de la muestra de cuadros estáticos que eran pasados ante una procesión en vestidos festivos pero contemporáneos a las muestras incorporadas a la propia procesión, una característica también de los desfiles religiosos medievales; los cuadros eran montados en carri, los precursores de la flota y ahora estaban a menudo acompañados por una multitud vestida. Los desfiles de carnaval de Florencia se perfeccionaron en los últimos años del quattrocento hasta alcanzar altos estándares; no carecían de un elemento de propaganda, a veces, como en los lujosos desfiles del carnaval de 1513, tras el regreso no bien acogido de los Medici el año anterior; el tema de un desfile era más directo que sutil: “El Regreso de la Edad de Oro”. Con las invasiones francesas a Italia desde 1494, esta forma de entrada proliferó por el norte. El Cardenal Bibbiena informó en una carta de 1520 que el duque de Suffolk había enviado emisarios a Italia para comprar caballos y traer hombres que sabían cómo hacer decoraciones festivas a la última manera italiana.



Entrada bajo palio del Emperador Carlos V, el Rey Francisco I de Francia y el Cardenal Alessandro Farnese a París (1540).


Carlos V se entregó a una serie de Entrate en las ciudades italianas durante la consolidación de los Habsburgo después del saqueo de Roma, sobre todo en Génova, donde Carlos y su heredero Felipe hicieron no menos de cinco entradas triunfales. Ocasiones impresionantes como la entrada real de Carlos V en Messina en 1535 ha dejado pocos testimonios sobrevivientes concretos pero representaciones estaban todavía pintadas en carros de boda sicilianos en el siglo XIX.


Después de que el gran mural de Mantegna de Los Triunfos de César rápidamente se hizo conocido en toda Europa en numerosas versiones de forma impresa, éste se convirtió en la fuente estándar, de la cual los detalles fueron tomados con frecuencia, por lo menos por los gobernantes Habsburgo, quienes reclamaban especialmente el legado imperial de Roma. Aunque los elefantes de Mantegna eran difíciles de copiar, cautivos encadenados, reales o haciendo el papel, no lo eran y elaborados carros triunfales, a menudo tirados por "unicornios", podrían reemplazar aquel temprano baldaquín sostenido sobre el príncipe a caballo.



Triunphus Caesaris, mural de Mantegna que muestra la procesión triunfal de Julio César.


Un ejemplo precoz de la Entrata con un tema alegórico unificado y consistente fue la entrada del Papa Médici León X en Florencia, en noviembre de 1515. Todos los recursos artísticos de la ciudad fueron aprovechados para crear esta entrada ejemplar, para un planeado programa quizá ideado por el historiador Jacopo Nardi, como sugirió Vasari; las Siete Virtudes representadas por siete arcos de triunfo en las estaciones a lo largo de la ruta, la séptima aplicada como una fachada temporal al Duomo, Santa Maria del Fiore, que aún carecía de una permanente.


Propaganda

Aparte del tema permanente de los lazos recíprocos uniendo al gobernante y el gobernado, en tiempos de tensión política los mensajes de las entradas se hicieron más puntuales y enfáticos. Una sucesión disputada produciría un mayor énfasis en el tema de la legitimidad. Después de la Reforma, la tensión se convirtió en una condición permanente y la mayoría de las Entradas contenían un elemento sectario. Después de 1540 las entradas francesas y Habsburgo en los Países Bajos fueron cargadas especialmente con implicación, como los intentos de los gobernantes para suprimir el protestantismo llevó a las poblaciones protestantes y católicas por igual en el borde de la ruina. Pero inicialmente esto incrementó la escala de muestras, cuyo mensaje estaba cuidadosamente controlado por la corte.



Entrada de Enrique IV a París, el 22 de marzo de 1594, con 1.500 coraceros.



Esta transformación ocurrió mucho antes en Italia que en el Norte y una sucesión de entradas para los virreyes españoles a la ciudad bloqueada de Amberes, una vez la más rica en el norte de Europa y ahora en declive, fueron "utilizados por los padres de la ciudad para combinar cada vez más elogiosas celebraciones de sus gobernantes Habsburgo con cuadros que les recordaran la ruina comercial que presidían." La entrada Pompa Introitus del Cardenal-Infante Fernando en Amberes en 1635, diseñada por Gaspar Gevartius y llevada a cabo bajo la dirección de Rubens, fue indudablemente intencionada, e incluyó una representación del dios del comercio, Mercurio, volando, como una figura gimiente representando Amberes que apunta hacia él y mira suplicante al virrey, mientras a su lado se encuentran un marinero durmiendo y un dios del río, que representa el comercio destrozado de la ciudad desde el bloqueo del río Escalda. Con el tiempo el Virrey logró obtener el levantamiento de la prohibición del comercio con las Indias, la cual la entrada había representado como la única esperanza de Amberes de escapar de la ruina; pero para entonces los españoles habían acordado el bloqueo permanente del río.


En 1638, la entrada triunfal de la reina madre María de Médici en Amsterdam prestó de facto el reconocimiento internacional de la recién formada República de Holanda, a pesar de que en realidad la reina viajó a los Países Bajos como al exilio. Muestras espectaculares y desfiles de agua se llevaron a cabo en el puerto de la ciudad; una procesión fue encabezada por dos trompeteros montados; una gran estructura temporal fue erigida sobre una isla artificial en el río Amstel, construida especialmente para el festival. Este edificio fue diseñado para mostrar una serie de dramáticos cuadros en homenaje a ella una vez que puso pie en la isla flotante y entró en su pabellón.

Federico da Montefeltro y su esposa en carros triunfales, el de ella tirado por unicornios (1472).


La paz y la guerra


Aunque la esencia de una entrada implicaba una ocasión pacífica y festiva, muy diferente de la toma de una ciudad por asalto, varias entradas siguieron una acción militar de la ciudad en contra de su gobernante y fueron asuntos muy tensos. En 1507, la población de Génova, se sublevó contra los franceses, que la habían conquistado en 1499 y restauraron su República. Luis XII de Francia derrotó al ejército genovés fuera de la ciudad, que luego acordó una capitulación, incluyendo una entrada que fue seguida por la ejecución del dux y otros líderes de la revuelta. El contenido gestual era bastante diferente de una entrada pacífica; Luis entró en armadura completa, sosteniendo una espada desnuda, que golpeó contra el portal al entrar en la ciudad, diciendo: "Orgullosa Génova! te he ganado con la espada en mi mano!" .


Carlos V entró en Roma con todo esplendor de menos de tres años después que su ejército había saqueado la ciudad. Los problemáticamente famosos ciudadanos de Gante se rebelaron contra Felipe el Bueno en 1453 y Carlos V en 1539, después de lo cual Carlos llegó con un gran ejército y fue recibido con una entrada. Unas semanas más tarde dictó el programa de un deliberadamente humillante anti-festival, con los burgueses llegando descalzos, con sogas al cuello para pedirle perdón. El emperador, después de imponer una multa millonaria, consintió en hacerlo. Las entradas de Carlos y su hijo Felipe en 1549, fueron seguidas al año siguiente por un feroz edicto anti-protestante que inició la represión que llevó a la revuelta de los Países Bajos, en el curso de la cual Amberes iba a sufrir un saqueo terrible y un largo asedio en 1584-1585, el que finalmente terminó toda la prosperidad de la ciudad.



Luis XII de Francia, de armadura, entra a Génova. Muchas ejecuciones siguieron a esta entrada.



Decadencia


Durante el siglo XVII la escala de entradas comenzó a declinar. Hubo una tendencia clara, dirigida desde los Medici de Florencia, a transferir festividades que implicaban el monarca al mundo privado de la corte. Los intermezzi desarrollados en Florencia, el ballet de cour que se extendió desde París, las masques inglesas e incluso los elaborados ballets ecuestres hicieron que las entradas declinaran. En 1628, cuando María de Médici encargó a Rubens una Entrada Triunfal de Enrique IV en París, fue para una suite de grandes decoraciones para su propio palacio, el Luxemburgo; Rubens no recreó los detalles históricos de la entrada real de 1594, saltó por encima de ellos para hacer la alegoría en sí misma.


El ambiente cultural del protestantismo era menos favorable para la entrada real. En la nueva República de Holanda las entradas cesaron por completo. En Inglaterra, parte de los festejos del Accession Day en 1588, tras la derrota de la Armada Española, fue especialmente alegre y solemne. Retrasando el evento a la semana al 24 del noviembre, Isabel iba en triunfo, "imitando a los antiguos romanos", de su palacio de Whitehall en la Ciudad de Westminster para entrar en la Ciudad de Londres en el Temple Bar. La reina montaba en una carroza "hecha con cuatro pilares que, para tener un dosel, en la parte superior fue hecha una corona imperial y dos pilares más bajos; delante había un león y un unicornio, soportando las armas de Inglaterra, tirada por dos caballos blancos." El Conde de Essex seguía el carro triunfal, llevando el caballo enjaezado y sin jinete, seguido por las damas de honor.

La reina Elizabeth I en procesión a Blackfriars (1600)



La entrada de Jacobo I en Londres en 1604 fue la última hasta la restauración de su nieto en 1660, después de la Guerra Civil Inglesa. La corte de Carlos I intensificó la escala de mascaradas privadas y otros entretenimientos, pero las ciudades, cada vez más en desacuerdo con la monarquía, ya no participarían. El Ducado de Lorena, un gran centro de todas las fiestas, fue perdido en la Guerra de los Treinta Años, lo que no dejó a gran parte del norte y centro de Europa en condición para las celebraciones en la antigua escala. En Francia, la concentración de poder en manos reales iniciada por Richelieu, dejó a las élites de la ciudad en estado de desconfianza hacia la monarquía y una vez que Luis XIV subió al trono, los viajes reales se detuvieron por completo durante más de cincuenta años; en su lugar Luis organizó elaboradas fêtes en la corte, fragantes de propaganda cultural, que fueron inmortalizadas en los volúmenes suntuosamente ilustrados que el Gabinete del Rey colocaba en todas las manos adecuadas.

Los cambios en el clima intelectual significaban que las antiguas alegorías ya no resonaban con la población. Los asesinatos de Enrique III y Enrique IV de Francia, de Guillermo el Taciturno, Príncipe de Orange, y otras figuras destacadas, así como la propagación de armas de fuego, hicieron a los gobernantes más cautos en cuanto aparecían en lentas procesiones planificadas y publicitadas desde mucho antes; en las grandes ocasiones de fuegos artificiales e iluminaciones, los gobernantes ahora no hacían más que mostrarse en una ventana ceremonial o un balcón. La visita de Luis XVI a inspeccionar las obras del puerto naval de Cherbourg en 1786 parece, sorprendentemente, haber sido la primera entrada de un rey francés diseñada como un evento público desde los primeros años de Luis XIV más de un siglo antes. Aunque considerada un gran éxito, esto fue sin duda demasiado poco y demasiado tarde para evitar la catástrofe que esperaba a la monarquía francesa.


Entrada de Luis XVI a París (1789)


Ideólogos de la Revolución Francesa tomaron las fêtes semi-privadas de la corte anterior y las hicieron públicas, una vez más, en eventos como la Fiesta de la Razón. Bajo Napoleón, el Tratado de Tolentino (1797) requisó ​​del Papado una gran cantidad de obras de arte, incluyendo la mayoría de las famosas esculturas de la antigüedad romana en el Vaticano. Una entrada triunfal bajo el nombre de una fête se organizó para la llegada de tal botín cultural en París, la cuidadosamente preparada Fête de la Liberté (“Fiesta de la Libertad”) de 1798. Con el mayor sentido de seguridad pública del siglo XIX, las entradas adquirieron grandeza otra vez, en ocasiones como la visita del rey Jorge IV a Escocia, donde el resurgimiento medieval hizo su primera aparición, junto con gran parte del romanticismo Highland, las visitas de la reina Victoria a Dublín y otros lugares, o los tres Delhi Durbars. En estas ocasiones, aunque los actos ceremoniales mantuvieron su importancia, las alegorías abiertas nunca recuperaron el antiguo protagonismo y las decoraciones retrocedieron en festivas, pero simplemente decorativa muestras de banderas, flores y banderines, el último vestigio del show medieval de ricos tejidos a lo largo del recorrido procesional.




Entrada de George IV del Reino Unido a Dublín (1821)

domingo, 6 de noviembre de 2011

El Emperador de Japón contemporáneo del Rey de España

Cuando Carlos de Austria, hijo y heredero de Felipe IV de España, fue proclamado a los cuatro años Rey de España, Nápoles, Sicilia y Cerdeña, Duque de Milán, Soberano de los Países Bajos y Conde de Borgoña, corría 1665 y en el otro extremo del mundo reinaba el Emperador Reigen (霊元天皇 Reigen Tennō).




Era el 112° emperador de Japón, de acuerdo al orden tradicional de sucesión y ocupó el Trono del Crisantemo desde el 5 de marzo de 1663 hasta el 2 de mayo de 1687. Antes de su ascensión al trono, su nombre personal era Satohito (識仁) y su título pre-ascensión era Ate-no-miya (高貴宮). Fue el 16º hijo del Emperador Go-Mizunoo y en 1654 fue nombrado heredero antes de la muerte de su hermano mayor, el Emperador Go-Kōmyō; sin embargo, el príncipe era considerado demasiado joven para convertirse en emperador. Se decidió que hasta que fuera mayor, su hermano accedería al trono como Emperador Go-Sai.



El 5 de marzo de 1663 Go-Sai abdicó y el Príncipe Satohito recibió la sucesión (senso). Inmediatamente después accedió formalmente al trono como Emperador Reigen. Tribunales de inquisición fueron establecidos en todas las aldeas de Japón, tribunales que fueron acusados de descubrir y eliminar todo vestigio de cristianismo en cada comunidad. En contrapartida, prácticas budistas hokke shu fueron preservadas para aquellos que creían que su pureza espiritual y moral pudiera ser mancillada por estrecha asociación con los demás.





El emblema personal del monarca


Reigen tuvo al menos 13 hijos y 14 hijas, pero de su unión con la Emperatriz Consorte, Takatsukasa Fusako (鷹司房子) tuvo solo una hija. El resto de sus vástagos nació fruto de sus uniones con damas de honor de la emperatriz, con sus consortes secundarias y con otras mujeres de la corte. En 1682 Tomohito-shinnō, nacido príncipe imperial Asahito, hijo del emperador y la dama de honor Matsuki Muneko (松木宗子), fue proclamado Heredero de la Corona y se llevó a cabo una investidura ceremonial que había estado en suspenso por 300 años.


El 2 de mayo de 1687, el Emperador Reigen abdica a favor de su quinto hijo, que sería conocido como Emperador Higashiyama. Inicialmente, continuó gobernando en nombre de Higashiyama como un emperador de clausura, lo que provocó no pocas fricciones con el shogunato Tokugawa o Tokugawa bakufu. Durante el período de los shogunatos, existía una especie de dictadura militar sometida específicamente al Emperador. El shōgun, convertido en general en jefe de las fuerzas armadas de Japón, tenía el poder militar y político del país; mientras que al Emperador le fueron asignados poder espiritual y religioso, a modo de enlace entre las personas y los dioses, y poder nominal en la Corte Imperial de Kioto. Esta situación era análoga, en parte, a la dominante entre las monarquías europeas de origen católico durante la Edad Media, cuando los monarcas poseyeron el poder político y militar, y el Papa, el poder religioso.





El Emperador Higashiyama, que ascendió al trono en 1687



Quince shōgun administraron el poder del clan Tokugawa y del país durante 264 años, subordinando a los demás clanes a cambio de un poder secundario o provincial. El carácter apacible del flamante emperador Higashiyama ayudó a mejorar las relaciones con los bakufu, aumentaron las propiedades del emperador y se llevaron a cabo reparaciones en los mausoleos imperiales.


Luego de la abdicación formal de Reigen, el nuevo hogar de éste fue el llamado Sentō-gosho o Palacio Imperial Sentō, en Kyoto, construido para su padre, el Emperador Go-Mizunoo, que a partir de entonces sería el palacio para los emperadores retirados. En 1713, trece años después de la muerte de su contemporáneo ibérico, Reigen entra a un monasterio tomando el nombre de Sojō (素浄) y el 24 de septiembre de 1732 muere a los 79 años.



Su nombre póstumo fue creado durante la Era Meiji por la combinación de los kanji (los caracteres de escritura japonesa) de dos emperadores anteriores, el Emperador Kōrei (孝霊) y el Emperador Kōgen (孝元).




Palacio Imperial Sentō, en Kyoto.



Las eras del reinado de Reigen son específicamente identificadas por más de un nombre:


§ Kanbun (1661–1673)
§ Enpō (1673–1681)
§ Tenna (1681–1684)
§ Jōkyō (1684–1688)



In memoriam: Carolvs II, rex Hispaniae, ultimus gentis regnatricis Habsburgi, natus Matriti die 6 Novembris 1661

lunes, 26 de septiembre de 2011

La corte imperial de Bizancio

El Imperio bizantino contaba con un desarrollado y complejo sistema de burocracia y aristocracia, que fue heredado del Imperio Romano. En la cúspide de la pirámide estaba el Emperador, el único gobernante (autokrator) y ordenado por Dios, pero por debajo de él una multitud de oficiales y funcionarios de la corte operaba la maquinaria administrativa del Estado bizantino. Además, existió un gran número de títulos honoríficos, que el emperador concedía a sus súbditos o a amigables gobernantes extranjeros.


El águila bicéfala de Bizancio con el sympilema, el monograma de la dinastía Paleóloga (de un mural religioso del siglo XIV).



Durante los más de 1.000 años de existencia del Imperio, se utilizaron y dejaron de usar numerosos títulos, según ganaban o perdían prestigio. Al principio los títulos usados en el Imperio eran prácticamente los mismos que en el Bajo Imperio romano, pues Bizancio mantuvo la continuidad romana. En la época de Heraclio, en el siglo VII, muchos de los títulos romanos estaban ya anticuados; en tiempos de Alejo I Comneno, muchos de los cargos eran nuevos o habían cambiado radicalmente de sentido y función, pero se mantuvieron casi sin cambios desde el reinado de Alejo hasta la Caída de Constantinopla en 1453.



En el temprano período bizantino (siglo IV al VII) el sistema de gobierno siguió el modelo establecido a finales de la época romana bajo Diocleciano y Constantino el Grande , con una separación estricta entre los empleos civiles y militares y una escala de títulos correspondientes al cargo, donde la pertenencia o no al Senado era la característica distintiva importante. Después de la transformación del estado bizantino en el siglo VII debido a masivas pérdidas territoriales durante la conquista musulmana, este sistema se desvaneció, y durante el período medio del estado bizantino (de finales del siglo VIII al XI) emergió un nuevo sistema de corte centralizada. En este sentido, nuevos títulos derivaron de los antiguos, ya obsoletos, oficios públicos y dignidades de un cierto nivel se otorgaron en cada oficio. Una clase senatorial permaneció en su lugar, que incorporó una gran parte de la oficialidad superior, como por ejemplo todos los funcionarios del rango protospatario que fueron considerados miembros de ella.



Durante este período, muchas familias siguieron siendo importantes durante varios siglos y varios emperadores surgieron de la aristocracia. Se pueden distinguir dos grupos: una nobleza civil metropolitana y una militar provincial, esta última permaneciendo en una base regional y poseyendo grandes extensiones de tierra, pero al parecer no tenían fuerzas militares propias, en contraste con la Europa Occidental. Los siglos X y XI vieron un aumento en la importancia de la aristocracia y un creciente número de nuevas familias entraron en ella. Las pérdidas catastróficas a finales del siglo XI promovieron nuevamente una reorganización del sistema administrativo imperial, de la mano de la nueva dinastía de los Comneno: las antiguos oficios y títulos cayeron gradualmente en desuso, mientras que una serie de nuevos títulos honoríficos surgieron, lo que significó sobre todo la cercanía de la relación familiar de su receptor con el Emperador.



El imperio Comneno, y más tarde sus sucesores Paleólogos, estaba basado principalmente en la aristocracia de la tierra, manteniendo el gobierno del estado estrictamente controlado por un número limitado de familias aristocráticas emparentadas entre ellas. En los siglos XI y XII, por ejemplo, unas 80 familias de la nobleza civil y 64 de la nobleza militar habían sido identificados, un número muy pequeño para un estado tan grande. Por último, en el sistema Paleólogo se podía discernir la nomenclatura acumulada durante siglos, con antiguos altos rangos que habían sido devaluados y otros tomado su lugar y la vieja distinción entre oficio y dignidad se había desvanecido.


El estandarte imperial bizantino



Títulos del emperador



El emperador bizantino recibía el título de Basileus, término griego para "rey," en sustitución del término arcaico anax, cambio que se produjo durante la Edad Oscura griega.



En principio hacía referencia a cualquier rey del mundo greco-parlante del Imperio romano, como Herodes en Judea. También se usaba para referirse al emperador (sah) de Persia. Heraclio adoptó este título en sustitución del antiguo título latino de Augusto (Augoustos) en 629, y se convirtió así en el término griego para designar al "emperador." Heraclio también utilizó los títulos de autokrator ("autócrata") y kyrios ("señor"). Los bizantinos reservaban el término "basileus" entre los gobernantes cristianos exclusivamente para el emperador en Constantinopla, y se referían en cambio a los reyes europeos occidentales como "rigas", forma helenizada de la palabra latina "rex" (=rey).



Los emperadores que deseaban enfatizar la legitimidad de su ascendencia al trono, añadían a sus nombres el título de porphyrogenitos (castellanizado como "porfirogeneta" o "porfirogénito", "nacido en la púrpura"), con el sentido de que habían venido al mundo en la sala de nacimientos del palacio imperial (llamada "Porphyra" porque estaba recubierta de losas de mármol púrpura), eran hijos de un emperador reinante y, por tanto, legítimos. Este epíteto era elegantemente definido por el poeta Claudiano:



Ardua privatos nescit fortuna Penates; Et regnum cum luce dedic. Cognata potestas excepit Tyrio venerabile pignus in ostro…


La Emperatriz Teodora (consorte de Justiniano I) rodeada de su corte



La forma femenina basilissa se usaba para referirse a la emperatriz. Las emperatrices eran denominadas "Eusebestati Augousta" (=La más Pía Augusta), y también se llamaban Kyria (=Señora) o Despoina (forma femenina de "despotes"). Basileopatōr (βασιλεοπάτωρ), "Padre del Emperador", era un título excepcional, concedido sólo dos veces en la historia de Bizancio. Aunque un basileopator no tenía por qué ser necesariamente el padre del emperador que estuviese entonces en el trono. El primero en usar el título de basileopator fue Zautzes, un noble de época de León VI, y Romano I Lecapeno también uso este título cuando fue regente de Constantino VII. No debe olvidarse que la primogenitura, o incluso la transmisión hereditaria del trono, nunca llegó a estar firme y legalmente establecida en la sucesión imperial bizantina, ya que en principio el emperador romano era elegido por el Senado, el pueblo y el ejército. Este hecho se asentaba firmemente en la tradición "republicana" de Roma, según la cual se rechazaba cualquier forma de herencia del poder y el título imperial consistía teóricamente en la coincidencia de varios cargos de la República en una misma persona.



Muchos emperadores, deseosos de salvaguardar el derecho al trono para sus primogénitos, los coronaban como co-emperadores cuando aún eran niños, asegurándose así que tras su muerte el trono imperial no quedaría vacante ni un instante. En tales casos, no se planteaba el caso de una elección imperial. En otros casos, el nuevo emperador ascendía al trono por ejemplo tras casarse con la viuda del emperador anterior o incluso tras obligar al emperador anterior a abdicar y retirarse a un monasterio como monje. Algunos emperadores también fueron depuestos por incapacidad manifiesta, por ejemplo tras una grave derrota militar, y otros fueron asesinados. Todo esto explica por qué un basileopator (es decir, el padre del emperador o su padre político) no había sido emperador él mismo.


Flavius Augustus Honorius (384–423) fue emperador desde 395 hasta su muerte.



El emperador también recibía los títulos de Autokrator ("Emperador") y Sebastos ("Majestad"), este último era la traducción literal griega de la palabra latina Augustus o Augoustos.



En los últimos siglos del imperio, a los emperadores bizantinos también se les aplicaron los títulos de Khronokrator y Kosmokrator - literalmente, "gobernante del tiempo" y "gobernante del mundo"-.



Títulos imperiales



Estos eran los títulos más altos, usualmente limitados a miembros de la familia imperial o a muy selectos gobernantes extranjeros, cuya amistad el emperador deseaba.



* Despotēs (δεσπότης) - "Señor", el máximo título después del emperador (dicho título sería usado por el heredero del trono bizantino desde 1261. La forma femenina, despoina, se usaba para referirse tanto a una mujer con el cargo de déspota como a la esposa de un déspota.
* Sebastokratōr (σεβαστοκράτωρ) - "Venerable Gobernante": título creado por Alejo I combinando los de autokrator y sebastos. El primer sebastokrator fue el hermano de Alejo, Isaac; en esencia era un título sin contenido, que indicaba simplemente una relación muy cercana con el emperador. Su forma femenina era sebastokratorissa. El primer extranjero en ser llamado sebastokratōr fue Stefan Nemanja de Serbia, a quien le fue dado el título en 1161.


Basil II con su guardia personal



* Kaisar (καῖσαρ) – César, en un principio, como en el Bajo Imperio romano, este título era usado por un co-emperador subordinado o por el supuesto heredero. Cuando Alejo I creó el título de sebastokrator, kaisar pasó a ser el tercero en importancia, y sería el cuarto después de que Manuel I crease el título de despotes. La forma femenina era kaisarissa.
* Nobelissimos (νωβελίσσιμος) - del latín Nobilissimus ("más noble"): originalmente un título dado a los familiares directos del Emperador, subordinados sólo al kaisar. Durante el período de Comneno, el título fue otorgado a los funcionarios y dignatarios extranjeros, diluyendo su estado. El título Prōtonobelissimos fue creado en su lugar, hasta que también comenzó a disminuir, sólo para ser reemplazado por una forma aún más aumentada:
Prōtonobelissimohypertatos.
* Kouropalatēs (κουροπαλάτης) - del latín cura palatii, "encargado del palacio": en la época de Justiniano I, era el oficial a cargo de la gestión del palacio imperial. Sin embargo, la gran autoridad y la riqueza que se derivaba de esta posición, así como la proximidad al emperador, acumulaba un gran prestigio. Fue concedido a importantes miembros de la familia imperial, pero a partir del siglo XI, se redujo y fue concedido por lo general a los gobernantes vasallos de Armenia e Iberia Caucásica.
* Panhypersebastos y Protosebastos – fueron creados a partir de sebastos ("majestad"). Alejo I y los emperadores posteriores crearían numerosos títulos por el procedimiento de añadir pan ("todo"), hyper ("superior"), proto ("primero") y otros prefijos a títulos básicos como sebastos.



Despotes, sebastokrator, kaisar, panhypersebastos y protosebastos eran títulos normalmente reservados a los miembros de la familia imperial y se distinguían por el uso de ropajes determinados y de distintas coronas.



Vestimenta de la Iglesia Ortodoxa luciendo el estilo bizantino



Pansebastohypertatos, panoikeiotatos y protoproedros son ejemplos de los largos títulos que se podían crear añadiendo prefijos. Se trataba de títulos reservados a miembros de la familia imperial desde la época de Alejo I, que indicaban una relación de proximidad con el emperador, pero que carecían de un poder real.



Títulos cortesanos de los siglos VIII a XI



En los siglos VIII al XI, por debajo de los títulos imperiales, los bizantinos distinguían dos categorías distintas de dignidades ( ἀξίαι ): la " dignidad por premio" ( διά βραβείων ἀξίαι ), que eran los títulos de corte puramente honorífico y conferidos por la adjudicación de un símbolo de rango y la "dignidad por proclamación" ( διά λόγου ἀξίαι ), que eran oficios del Estado y otorgados por pronunciamiento imperial.



El primero se dividía en tres categorías, dependiendo de quién era elegible para ellos: diferentes conjuntos de títulos existían para "los barbados" (βαρβάτοι del latín barbati, es decir, no eunucos), los eunucos (ἐκτομίαι) y las mujeres. Los funcionarios del Estado solían combinar títulos de las dos categorías principales, de modo que un alto funcionario sería tanto magistros (un título "de premio") y logotetas tou dromou (un oficio "proclamdo").



Dentro de los títulos "por premio" para los barbados estaba el Magistros (μάγιστρος) o magister officiorum, uno de los más altos funcionarios; el Vestarches (βεστάρχης), "jefe de los vestai", adoptado en la segunda mitad del siglo X para los altos eunucos, que fue otorgado a "barbados" altos oficiales militares y funcionarios judiciales de Constantinopla hasta el siglo XII; el Vestes (βέστης), título etimológicamente conectado al vestiarion, el guardarropa imperial, pero a pesar de los intentos anteriores para conectar el vestai y el título de vestarchēs relacionado, el jefe de la clase de los vestai, con los funcionarios del vestiarion, tal relación no parece haber existido; el Patrikios ( πατρίκιος ) o "patricio", establecido como el más alto título de nobleza por Constantino el Grande, que era otorgado a funcionarios de alto rango, incluidos los eunucos, y los gobernantes extranjeros, el Kandidatos ( κανδιδάτος ), del latín candidatus, llamados así por sus túnicas blancas, eran originalmente eran un selecto grupo de guardias, procedentes de la Scholae Palatinae; el Basilikos mandatōr (βασιλικός μανδάτωρ), "mensajero imperial"; el Vestētōr ( βεστήτωρ ), oficial del guardarropa imperial; el Silentiarios ( σιλεντιάριος ), originalmente un grupo de cortesanos responsable del mantenimiento del orden (incluido el respetuoso silencio) en el palacio.






Por su parte, los títulos "por premio" para los eunucos muchas veces eran los mismos que para los barbados, como el Vestarches (βεστάρχης), el Patrikios, el Vestes, el Prōtospatharios… Otros títulos propios eran Praipositos (πραιπόσιτος), del latín praepositus, "colocado antes"; Primicerio (πριμικήριος), del latín primicerius, "primero en la lista"; Ostiarios (ὁστιάριοs), del latín ostiarius, "portero, ujier"; Koubikoularios (κουβικουλάριος), del latín cubicularius, "chambelán", Nipsistiarios (νιψιστιάριος), del griego νίπτειν, "lavar las manos"), quien portaba un cuenco de oro y piedras preciosas que contenía agua para que el emperador realizara las abluciones rituales antes de salir del palacio imperial o participar en ceremonias.




También hay un solo título especial reservado para las mujeres, el de zostē patrikia (ζωστὴ πατρικία), que se le otorgaba a las damas de honor de la emperatriz y, de acuerdo con Philoteos, era un puesto destacado en la jerarquía, por encima incluso del magistros y proedros y justo debajo del kouropalates. Es el único título propio, de lo contrario las mujeres llevaban las formas femeninas de los títulos de sus maridos.

Oficios de palacio



* Parakoimomenos
- literalmente, "el que duerme cerca", era el Gran Chambelán que dormía en el dormitorio del Emperador. Por lo general, un eunuco, durante los siglos IX y X de los titulares de este oficio a menudo funcionaba como principales ministros de facto del Imperio.



* Protovestiarios - generalmente un pariente menor del emperador, que se encargaba del vestuario personal del monarca, sobre todo en las campañas militares. También era a veces responsable de otros miembros de la casa imperial y de las finanzas personales del emperador. El término más antiguo, desde antes del tiempo de Justiniano I, era curopalata (o kouropalates en griego). Esto se derivaba de kourator (curador), un antiguo funcionario responsable de asuntos financieros. El vestiarios era un funcionario subalterno. La protovestiaria y vestiaria realizaba las mismas funciones para la emperatriz.
* Papías – gran conserje de los palacios imperiales, responsable de la apertura y el cierre de las puertas del palacio todos los días.
* Pinkernes - originalmente copero del emperador, más tarde, un título honorífico de alto nivel. * Kanikleios - el guardián de la escribanía imperial, uno de los altos funcionarios de la cancillería. En el período de Comneno y Paleólogos, algunos de sus titulares eran de facto ministros principales del Imperio.
* Epi tes trapezes - griego: ὁ ἐπὶ τῆς τραπέζης, "el encargado de la mesa", oficiales responsables de atender a la mesa imperial durante los banquetes.
Los bizantinos también contaban con títulos aristocráticos para los miembros inferiores de la familia imperial y para la nobleza de menor rango. Estos títulos solían estar adaptados de términos latinos y en cierto modo eran equivalentes a títulos similares presentes en Europa occidental (que a su vez también se derivaban de términos latinos). Entre éstos se contaban los títulos de prinkeps (príncipe), doux (duque) y komes (conde). También disponían de títulos como kleisourarka, apokomes y akrita, más o menos equivalentes a los de marqués, vizconde o barón.


Portaestandarte



Otros nobles ostentaban títulos relacionados con la casa imperial, como parakoimomenos (guardia personal), pankernes (copero) y megas konostaulos ("gran condestable," a cargo de los establos imperiales).



Títulos de la administración



La vasta administración bizantina disponía de muchos títulos y más variados que los meramente aristocráticos o militares. En Constantinopla se contaban cientos, si no miles, de burócratas en un momento dado. Al igual que la Iglesia y los militares, que llevaban elaborados vestidos diferentes, incluyendo a menudo enormes sombreros. Algunos más comunes, incluidos aquellos que no eran nobles, que estaban al servicio directo del emperador, eran el Prefecto de pretorio, en origen un cargo romano que usaba el jefe del ejército en las mitades oriental y occidental del Imperio; el Protoasekretis, título antiguo del jefe de la cancillería, responsable de los registros oficiales del gobierno; el Logothetes, un secretario de la extensa burocracia, que realizaba diversos trabajos según la posición que ocupase y el Basileopatōr, "Padre del Emperador", un título del que ya hablamos y que ocupó el primer lugar entre los cargos por decreto imperial. Suponía amplios deberes administrativos.



El protoasecretes, logothetes, prefecto, pretor, cuestor, magister y sacellarios, entre otros, eran miembros del Senado bizantino, hasta que, a partir de Heraclio, el Senado pasó a ser una institución cada vez menos presente en el Imperio.






La vida en la Corte



En el pacífico Bizancio Medio, la vida de la corte "se desarrollaba en una especie de ballet", con precisas ceremonias prescriptas para cada ocasión, para mostrar que "el poder imperial podía ser ejercido en armonía y el orden" y "el Imperio podía así reflejar el movimiento del Universo, como fue hecho por el Creador ", de acuerdo con el emperador Constantino Porphyrogenitus , que escribió un Libro de ceremonias describiendo con gran detalle la ronda anual de la Corte. Eran establecidos estilos determinados de vestimenta para diferentes clases de personas, durante ocasiones especiales; en la cena por el santo del emperador o la emperatriz varios grupos de altos funcionarios realizaban "danzas" ceremoniales, un grupo usando "una prenda azul y blanco, con mangas cortas y bandas de oro y aros en sus tobillos. En sus manos sostienen lo que llaman phengia". El segundo grupo hacía lo mismo, pero usando "una prenda verde y roja, dividida con bandas de oro". Estos colores eran las marcas de las facciones de las carreras de carrozas, los cuatro fusionados a sólo los Azules y los Verdes e incorporados en la jerarquía oficial. Al igual que en el Versalles de Luis XIV, la elaborada vestimenta y el ritual de la corte, probablemente era al menos en parte un intento de sofocar y distraer la atención de las tensiones políticas.



Sin embargo, incluso en la época de Ana Comnena, con el emperador alejado en las campañas militares gran parte del tiempo, esta forma de vida había cambiado considerablemente y después de la ocupación Cruzada desapareció casi por completo. La emperatriz iba a la iglesia con un séquito muy inferior al de la reina de Francia, por ejemplo. La familia imperial abandonó en gran medida el Gran Palacio por el relativamente compacto Palacio de Blanquerne.






La corte de Justiniano