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martes, 20 de julio de 2010

La Rosa de Oro



La Rosa de Oro es un ornamento bendecido anualmente por el Papa y concedido a iglesias y santuarios, personalidades católicas prominentes de la realeza, los gobiernos y el estamento militar. Fue creada por León IX en 1049.

Como su nombre indica, consiste en un rosal de oro con flores, botones y hojas, colocado en un vaso de plata renacentista en un estuche con el escudo papal. El valor de la Rosa varía en función de la munificencia de los pontífices o de las circunstancias económicas de los tiempos.

Rosa de Oro de la Biblioteca Apostólica Vaticana


Significación y simbolismo

La rosa es bendecida el cuarto Domingo de Cuaresma, el Dominica Laetare (por lo que es también conocido como Domingo de la Rosa), cuando las vestiduras y las cortinas color rosa son sustituidas por el púrpura penitencial, simbolizando esperanza y alegría en medio de la solemnidad cuaresmal. A través de la mayor parte de la Cuaresma, los católicos rezan, ayunan, hacen penitencia y meditan sobre la malicia del pecado y el castigo terrible que concita; el Domingo de la Rosa es una oportunidad de ver más allá de la muerte de Cristo en el Calvario y ver al Redentor, resucitado en los primeros rayos del sol de Pascua y regocijarse. Las brillantes flores doradas muestran el reflejo de la majestad de Cristo, apropiado porque los profetas lo llamaban “la flor del campo y el lirio de los valles”. Su fragancia, de acuerdo al Papa León XIII, “muestra el dulce olor de Cristo, el cual debería ser ampliamente difundido por sus fieles seguidores”, y las espinas y el tinte rojo refieren a Su Pasión.

Muchos sermones y diplomas papales, cuando la confieren, han explicado el significado místico de la rosa. Inocencio III dijo : "Como el Laetare, el día escogido para la función, representa el amor después del odio, la alegría después de la tristeza, la saciedad después del hambre, lo mismo hace la rosa, designada por su color, olor y sabor, el amor , la alegría y la saciedad, respectivamente. " Y comparada la rosa a la flor referida en Isaías 11:01: " Saldrá una vara del tronco de Jesé, y una flor se levantará de su raíz".


Rosa de Oro otorgada por el Papa Juan XXII a Rudolf III de Nidau, Conde de Neuchâtel, obra de Minucchio da Siena (1330).

Historia

La flor

Antes del pontificado de Sixto IV (1471-1484) la Rosa de Oro consistió en una flor simple y única hecha de oro puro y ligeramente teñida de rojo. Más tarde, para embellecer el ornamento pero manteniendo el simbolismo místico, el oro se dejó de teñir pero se colocaron rubíes y después varias gemas diferentes en el corazón de la rosa o sobre sus pétalos.

Sixto IV sustituyó la rosa simple por una rama con espinas, hojas y varias (diez o más) rosas, la mayor de las cuales surgía de la parte superior de la rama con las rosas más pequeñas agrupadas alrededor. En el centro de la rosa principal había una taza pequeña con una tapa perforada, en la que el Papa vertía almizcle y sándalo para bendecir la flor. El ornamento todo era de oro puro.

Este diseño “Sixtino” se mantuvo, pero varió en cuanto a decoración, tamaño, peso y valor. Originalmente tenía poco más de seis pulgadas de altura y era llevada fácilmente en la mano izquierda del Papa mientras bendecía a la multitud con su mano derecha, cuando pasaba en procesión desde la iglesia de Santa Croce in Gerusalemme (en Roma) al Palacio de Letrán. Posteriormente, especialmente cuando un vaso y un gran pedestal pasaron a formar parte del ornamento, un robusto clérigo estaba obligado a llevarlo, precediendo la cruz papal en la procesión. La rosa enviada a Wilhelmina Amalia de Brunswick, esposa del Emperador José I de Habsburgo, por Inocencio XI, pesaba veinte libras y tenía casi dieciocho pulgadas de alto. Tenía forma de ramo, con tres ramas dobladas que se reunían después de muchas vueltas en la parte superior del tallo, soportando una rosa grande y un racimo de hojas.



Rosa de Oro confeccionada por Giuseppe y Pietro Paolo Spagna (1818/19), hoy en el Tesoro Imperial de la Hofburg de Viena.

El jarrón y el pedestal

El jarrón y el pedestal de apoyo han variado en cuanto a material, peso y forma. En un principio eran de oro puro, pero después fueron de plata muy dorada con oro. El pedestal puede ser triangular, cuadrangular u octogonal, y está ricamente adornado con decoraciones y bajorrelieves. Además de la inscripción de costumbre, el escudo de armas del Papa que había confeccionado el ornamento y quien la bendijo y confirió, están grabados en el pedestal.


Origen

La costumbre de dar la rosa suplantó a la antigua práctica de enviar a los gobernantes católicos Llaves de Oro del Confesional de San Pedro, una costumbre introducida en el siglo VIII. Una cierta analogía existe entre la rosa y las llaves: las dos son de oro puro bendecido y concedido por el Papa a los católicos ilustres y, también, ambas tienen reminiscencia de un relicario -la rosa contiene almizcle y bálsamo, las llaves son limaduras de la Silla de San Pedro-.

La fecha exacta de la institución de la rosa es desconocida. Según algunos es anterior a Carlomagno (742-814), según otros, tuvo su origen a finales del siglo XII, pero ciertamente es anterior al año 1050, desde que León IX (1051) habla de la rosa como de una institución antigua en su época.


La Rosa de Oro entregada al Santuario Knock, de Irlanda (1979)


La costumbre, comenzada cuando los papas se trasladaron a Aviñón, de conferir la rosa al príncipe más meritorio de la corte papal, continuó después que el papado regresó a Roma. El príncipe recibiría la rosa de manos del Papa en una solemne ceremonia y acompañado por el Colegio de los Cardenales desde el palacio papal a su residencia. Desde el comienzo del siglo XVII, la rosa era enviada sólo a reinas, princesas y nobles eminentes. Emperadores, reyes y príncipes recibían una espada como un regalo más adecuado. Sin embargo, si un digno emperador católico, rey u otro gran príncipe estaba presente en Roma el Domingo Laetare, sería obsequiado con la rosa.

La tarea de llevar y conferir la rosa a aquellos que vivían fuera de Roma era dado por el Papa a los cardenales legados a latere, nuncios y delegados apostólicos. En 1895 fue instituido un nuevo oficio, llamado "Portador de la Rosa de Oro" o "Guardián de la Rosa de Oro", destinado llevar el ornamento a miembros de Casas Reales (cargo no hereditario) y se asignó a un Camarero secreto de capa y espada participante, un rango dentro de la Casa Pontificia que hoy ha dejado de existir.





La Reina Elena de Italia recibe la Rosa de Oro durante una solemne audiencia pontifical (1937)


El enviado papal portador de la Rosa de Oro era recibido con gran ceremonia a su llegada al lugar donde se encontraba el destinatario. En España era un Grande el que, comisionado por el Rey, recibía al enviado pontificio para recoger la distinción y llevarla a la iglesia donde se debía verificar su recepción solemne. En el día indicado, el propio representante papal, si tenía el orden episcopal, celebraba misa pontifical. Antes de dar la bendición final, se sentaba en medio del altar, estando frente a él la persona destinataria de la Rosa. El notario real debía entonces leer la bula papal de concesión y las indulgencias otorgadas en la ocasión. Se levantaba entonces el prelado y tomaba aquélla en sus manos para entregarla a dicha persona –que la recibía de rodillas– con estas palabras: “Accipe Rosam de manibus nostris quam de speciale commissione Sanctissimi Domini Nostri NN (nombre del Papa) conferimus tibi ”. Dada la bendición, la Rosa de Oro era llevada con gran acompañamiento por la persona distinguida por ella o por su capellán al oratorio donde se iba a colocar permanentemente.


Bendición de la Rosa

Las primeras rosas no fueron bendecidas; la bendición fue introducida para dar más solemnidad a la ceremonia más e inducir una mayor reverencia hacia ella por parte del destinatario. Unos dicen que el Papa Inocencio IV (1245-1254) fue el primero en bendecirla. Otros afirman que los primeros fueron Inocencio III (1198-1216), Alejandro III (1159-1181) o León IX (1049-1055). Se dice que León IX, en 1051, obligó al monasterio de monjas de Bamberg, en Franconia, que presentara una Rosa de Oro para ser bendecida y transportada cada año en el Domingo Laetare. Benedicto XIV da fe que la ceremonia de bendición se originó a finales del siglo XIV o principios del XV. Catalanus, maestro de ceremonias papal, cree que incluso las primeras rosas eran ungidas con almizcle y bálsamo, pero la bendición con plegarias, incienso y agua bendita tuvo su inicio más tarde, poco antes del pontificado del Papa Julio II (1503-1513). En la actualidad, el Papa bendice la rosa cada año, pero no siempre es una rosa nueva y diferente; la vieja se utiliza hasta que se haya regalado.


Benedicto XVI revestido de rosa para los oficios del Laetare


Originalmente (antes que el papado se trasladara a Aviñón) la rosa era bendecida en el Salón de Vestimentas (sacristía) en el palacio donde el Papa estuviera, pero la solemne Misa y la donación de la rosa se llevaba a cabo en Santa Croce in Gerusalemme (una figura, de acuerdo al Papa Inocencio III, de la Jerusalén celestial). La bendición era seguida de una solemne misa cantada, ya sea por el propio Papa o el primer Cardenal Sacerdote. En el primer caso, la rosa era colocada sobre un velo de seda de color de rosa ricamente bordado en oro; en el segundo el Papa sostenía la rosa en la mano, excepto mientras estuviera de rodillas, o durante el Introito, Confiteor, Elevación y el canto del Laudemus in Domino.

Rosa en mano, el Papa regresaba en procesión hasta el Palacio de Letrán, el prefecto de Roma llevaba su caballo por la brida y le ayudaba a desmontar. A su llegada, le daba la rosa al Prefecto, como recompensa por estos actos de respeto y homenaje. Antes de 1305, la rosa no se daba en Roma a ningún extranjero, salvo el emperador en el día de su coronación. Durante su residencia en Aviñón (1305-1375), los Papas, imposibilitados de visitar las iglesias y basílicas romanas, realizaban muchas de sus funciones sagradas, entre ellos la bendición de la rosa, en la capilla privada de su palacio (de ahí el origen de la Cappella Pontificia). A su regreso a Roma (con excepción de Sixto V), retuvieron esta costumbre.

La bendición de la rosa ahora tiene lugar en el Salón de Vestimentas (Camera dei parimenti) y la Misa solemne en la capilla papal. La rosa es colocada sobre una mesa iluminada con velas y el Papa, vestido con alba y estola, capa y mitra, comienza la ceremonia con la oración ritual. Luego pone incienso (sostenido por el cardenal-diácono) en el incensario e inciensa el bálsamo y luego el almizcle. Luego espolvorea el almizcle dentro de la taza pequeña en el corazón de la rosa principal. Entonces inciensa la rosa y la rocía con agua bendita. Se la entrega entonces al clérigo más joven de la Cámara, quien la carga delante del Papa hasta la capilla, donde se la coloca sobre el altar al pie de la cruz sobre un velo de seda ricamente bordado. Allí permanece durante la misa cantada por el primer cardenal-sacerdote.



El Santo Padre sostiene la Rosa


Acabada la misa, y hecha oración ante el altar por el Pontífice, recibe la Rosa como antes y la lleva a su cámara. Si aquel a quien quiere darla está presente, se le hace llegar a sus pies; y estando de rodillas le da el Pontífice la Rosa diciendo: “Recibe la Rosa de nuestras manos, que aunque sin méritos, tenemos en la tierra el lugar de Dios. Por ella se designa el gozo de una y otra Jerusalén; es a saber, de la Iglesia triunfante y militante, por la cual a todos los fieles de Cristo se manifiesta aquella flor hermosísima que es gozo y corona de todos los Santos. Recibe ésta tú, hijo amadísimo, que eres noble según el siglo, poderoso y dotado de gran valor, para que más y más te ennoblezcas en Cristo Nuestro Señor con todo género de virtudes, como rosas plantadas junto al río de aguas abundantes, cuya gracia, por un acto de su infinita clemencia, se digne concederte el que es Trino y Uno por lo siglos de los siglos. Amén. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.

Si no hay destinatario previsto para ese momento, la Rosa es llevada en procesión ante el Papa a la sacristía, donde es cuidadosamente guardada en un lugar especial para ella, hasta ser concedida a un personaje digno.


Destinatarios

Entre las principales iglesias a las que la rosa ha sido presentada son la Basílica de San Pedro (cinco rosas), la Basílica de San Juan de Letrán (cuatro rosas - según algunos, dos de ellas fueron entregadas a la propia basílica y dos a la capilla llamada Sancta Sanctorum), la Basílica de Santa María la Mayor (dos rosas), el Santuario de Nuestra Señora de Fátima (dos rosas), Santa Maria sopra Minerva (una rosa) y San Antonio dei Portoghesi (una rosa).



«Benedicto XVI. Rosa de Oro. Para la imagen de la Bienaventurada Virgen María de la Cabeza, Patrona Celestial de la Diócesis de Jaén. Concesión benignísima. 22 de noviembre de 2009»


Entre las muchas personas que recibieron el regalo, se destacan las siguientes:

  • Fulco IV, Conde de Anjou (Urbano II; 1096)
  • Alfonso VII, Rey de Castilla (Eugenio III; 1148)
  • Luis VII de Francia (Alejandro III; 1163)
  • Luis I de Hungría (Clemente VI; 1348)
  • Juana I, Reina de Nápoles (1368)
  • Emperador Segismundo (Eugenio IV; 1435)
  • Juan II de Castilla (Eugenio IV; 1436)
  • Enrique VI de Inglaterra (Eugenio IV; 1444)
  • Casimiro IV, rey de Polonia (Nicolás V; 1448)
  • Federico III de Habsburgo y la Emperatriz Leonor (Nicolás V; 1452)
  • Carlos VII, Rey de Francia (Calixto III; 1457)
  • Eberhard I, Duque de Württemberg (Sixto IV; 1482)
  • Jacobo III de Escocia (Inocencio VIII; 1486)
  • Gonzalo Fernández de Córdoba (Alejandro VI; 1497)
  • Isabel la Católica (Alejandro VI; 1500)
  • Alejandro Jagellon, Rey de Polonia (Julio II; 1505)
  • Manuel I de Portugal (Julio II; 1506)
  • Federico III, Elector de Sajonia (León X; 1518)
  • Enrique VIII de Inglaterra, quien recibió una del Papa Julio II, una de León X y una de Clemente VII en el año 1524.
El rey de Inglaterra, Henry VIII, y su familia, en 1545. Paradójicamente, el único monarca que recibió tres Rosas de Oro fue quien provocó la ruptura con el Papado.

  • Federico, Duque de Mantua (Pablo III; 1537)
  • María I de Inglaterra (Pablo IV; 1555)
  • Isabel Juana de la Lama y de la Cueva, esposa del 5º Duque de Alburquerque, gobernador de Milán (Pío V; 1569)
  • Carlos IX de Francia (Gregorio XIII; 1572)
  • Leonor de Médicis, esposa del duque Vincenzo I de Mantua (Gregorio XIII; 1583)
  • Enrique IV, Rey de Francia y de Navarra (Clemente VIII; 1592)
  • Margarita de Austria, consorte de Felipe III de España (Clemente VIII; 1598)
  • Isabel de Borbón (Pablo V; 1618)
  • Enriqueta María de Francia, reina de Inglaterra y Escocia (Urbano VIII; 1625)
  • María Ana de España, reina de Hungría (Urbano VIII; 1630)
  • María Teresa de España, reina de Francia (Alejandro VII, padrino del Delfín; 1668)
  • Eleonora María Józefa de Austria, reina de Polonia (Clemente X; 1672)
  • Marie Casimire Louise de la Grange d’Arquien, consorte de Juan III Sobieski, rey de Polonia (Inocencio XI; 1684)
  • Guillermina Amalia de Brünswick, Emperatriz (Inocencio XII; 1699)
  • María Luisa Gabriela de Saboya, reina de España (Clemente XI; 1701)

María Luisa de Saboya, primera esposa de Felipe V

  • Violante de Baviera, Gran Princesa de Toscana, Gobernadora de Siena (Benedicto XIII; 1726)
  • Francesco Loredan, Dogo de Venecia (Clemente XIII; 1759)
  • María Cristina de Habsburgo, Archiduquesa de Austria (Pío VI; 1776)
  • María Teresa de Austria-Este, reina viuda de Cerdeña (León XII; 1825)
  • María Ana de Cerdeña, reina de Hungría, luego emperatriz (Gregorio XVI; 1832)
  • María II, Reina de Portugal (Gregorio XVI; 1842)
  • María Pía de Saboya, reina de Portugal, en el día de su bautismo (Pío IX, su padrino; 1849)
  • Eugénie, Emperatriz de los Franceses (Pío IX; 1856)
  • Isabel II de España (Pío IX; 1868)
  • María Cristina de Austria, Reina Regente de España (León XIII; 1886)
  • Isabel de Braganza, Princesa Imperial de Brasil (León XIII; 1889)
  • Amélie de Orleans, reina de Portugal (León XIII; 1892)
  • María Enriqueta de Austria, Reina de los Belgas (León XIII; 1893)
  • Victoria Eugenia de Battenberg, consorte de Alfonso XIII (Pío XI; 1923)
  • Isabel de Baviera, Reina de los Belgas (Pío XI; 1926)
  • Josefina Carlota de Bélgica, Gran Duquesa de Luxemburgo (Pío XII; 1956)

En la segunda mitad del siglo XX, las concesiones de la Rosa de Oro fueron muy raras y en todos los casos fueron conferidas a lugares religiosos, sobre todo santuarios. El Papa Pablo VI, por ejemplo, hizo solo cinco concesiones de la Rosa de Oro durante su pontificado, que duró desde 1963 hasta 1978, y ninguna de ellas fue a personas, sí a lugares de devoción. El Papa Juan Pablo II hizo ocho entregas de la Rosa de Oro, cada una a un santuario diferente, durante sus 27 años de pontificado. Por lo tanto, la atribución de la Rosa de Oro puede ser considerada un gran privilegio.


La Rosa de Oro en poder de la Basílica de Luján, Argentina (1982)

  • Nuestra Señora de Fátima, Portugal (Pablo VI; 1965)
  • Nuestra Señora de Guadalupe, México (Pablo VI; 1966)
  • Nuestra Señora de Aparecida, Brasil (Pablo VI; 1967)
  • Santuario de Jasna Góra, Polonia (Juan Pablo II; 1979)
  • Santuario de Knock, Irlanda (Juan Pablo II; 1979)
  • Nuestra Señora de Luján, Argentina (Juan Pablo II; 1982)
  • Santuario de Matka Boża Kalwaryjska, Polonia (Juan Pablo II; 1987)
  • Nuestra Señora de la Evangelización en Lima, Perú (Juan Pablo II; 1988)
  • Nuestra Señora de la Concepción del Sameiro, Portugal (Juan Pablo II; 2003)
  • Oratorio de San José, Quebec, Canadá (Juan Pablo II; 2004)
  • Nuestra Señora de Lourdes, Francia (Juan Pablo II; 2004)

El Papa Benedicto XVI ha entregado diez Rosas de Oro hasta el momento:


  • Nuestra Señora de Jasna Gora, Częstochowa, Polonia (2006)
  • Nuestra Señora de Aparecida, Brasil (2007)
  • Basílica de Mariazell, Austria (2007)
  • Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción, Estados Unidos (2008)
  • Nuestra Señora de Bonaria, Cagliari, Italia (2008)
  • Nuestra Señora de Pompeya, Campania, Italia (2008)
  • Nuestra Señora de Europa, Gibraltar (2009)
  • Virgen de la Cabeza, Jaén, España (2009)
  • Nuestra Señora de Ta 'Pinu (2010)
  • Nuestra Señora de Fátima (2010)

La Rosa de Oro presentada por Benedicto XVI a la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción de Washington, D.C. (2008)

domingo, 18 de julio de 2010

Wolfgang Amadeus Mozart recibe la Orden de la Espuela de Oro

La fama y el nombre de Antonio Allegri, antiguo maestro de la Capilla Sixtina, quedaron indisolublemente ligados a una sola de sus composiciones: el Miserere, versión del salmo 50, penitencial por excelencia, que está concebida de acuerdo con el uso de la Capella papale, es decir, a dos coros, que se van alternando de manera que el primero ejecuta un versículo en canto llano y el otro el versículo siguiente en canto polifónico.


En la Liturgia tradicional romana, el Miserere tenía su lugar especialísimo en las laudes del Oficio de Tinieblas, que es el propio del Triduo Sacro, es decir, los tres días que preceden a la Pascua: el Jueves Santo, el Viernes de Parasceve y el Sábado de Gloria. La composición de Allegri se reveló en una obra maestra de excepcional belleza, que el Papado se cuidó de guardar celosamente para sí. Se prohibió, bajo las más severas penas, que saliera de la Capilla Sixtina copia alguna de ella.


Papa Clemens Quartus Decimus


Durante más de doscientos años fue respetada la interdicción pontificia y sólo los privilegiados que se hallaban en San Pedro de Roma durante los oficios de alguna Semana Santa podían disfrutar del hermoso Miserere. Uno de ellos, en 1770, era un joven súbdito del emperador germánico, que se hallaba de viaje por Italia con su padre, músico de cámara del príncipe-arzobispo de Salzburgo. Su nombre era Wolfgang Amadeus Mozart y, a sus trece años, llevaba ya una larga trayectoria sorprendiendo a la sociedad europea por su prodigiosa precocidad como músico y compositor.

Había sido aplaudido ya en las Cortes de Viena, París y Londres y en diciembre de 1769 había emprendido el voyage en Italie, que era una especie de iniciación en el buen gusto y el refinamiento de la época. Visita Rovereto, Verona, Mantova, Cremona, Milán, Lodi, Parma, Bolonia, Florencia, Roma y Nápoles, exhibiendo en todas partes su genio musical y recibiendo siempre una acogida y ovaciones entusiastas. Wolfgang no era ciertamente rico, pero gracias a la previsión de su padre Leopold, que surtió generosamente su guardarropa, pasaba ante quienes lo veían por un auténtico aristócrata acompañado de su preceptor.



Retrato familiar de alrededor de 1780: Nannerl, Wolfgang, Leopold. Sobre la pared está el retrato de la madre de Wolfgang, Anna Maria, quien había muerto en 1778.


Los Mozart, padre e hijo, llegaron a la Ciudad Eterna en plena Semana Santa de 1770. También aquí, tras ser invitado a los salones de nobles y eclesiásticos, el «niño prodigio» demostraría su maestría. Pero, antes que nada, decidieron presenciar en la basílica vaticana los imponentes oficios.


El 12 de abril era Jueves Santo y el Papa tenía capilla en San Pedro. En medio de la misa, vieron como el Santo Padre deponía sus ornamentos más ricos y se ceñía una toalla a la cintura para lavar los pies a doce pobres de Roma, invitados suyos para comer aquel día en el Palacio Apostólico y a los que serviría en la mesa. A la hora de la comida, Wolfgang y su padre lograron acceder al lugar donde los cardenales tomaban la colación y llamaron especialmente la atención de uno de ellos, el cardenal Pallavicini, quien los invitó a sentarse. Enterado de quienes eran, el purpurado los trató con gran deferencia y les recomendó volver a San Pedro por la tarde para asistir al Oficio de Tinieblas, lo que hicieron después de dedicarse a visitar las ruinas del Foro.



Interior de la Basílica de San Pedro a principios del siglo XVIII


El Oficio de Tinieblas se cantaba en el coro la tarde anterior a cada uno de los maitines y laudes después del anochecer. La razón de esta anticipación es que las ceremonias principales tenían lugar por la mañana y no por la tarde, como se estila hoy. Al repartirse las funciones entre mañana y tarde, se propiciaba la asistencia del pueblo. Durante el Oficio se cantaban quince salmos; acabado cada uno se extinguía una vela del tenebrario (o candelabro triangular) hasta quedar por completo a oscuras. Al final de las laudes se cantaba el salmo Miserere con aparato polifónico: precisamente la composición de Allegri. El joven Mozart quedó impresionado al oírlo.



Oficio de Tinieblas


Una vez de regreso en su alojamiento, tomó papel y pluma y empezó a escribir las notas que recordaba. Copió prácticamente todo lo que había oído, pero quería asegurarse y para ello pidió a su padre volver a San Pedro al día siguiente, que era Viernes Santo, último en el que se cantaría el Oficio de Tinieblas.


Premunido de sus apuntes de la víspera, Wolfgang esperó pacientemente hasta el final de las laudes para corregir los posibles fallos de su transcripción. Sin embargo, nada más empezar, un monseñor que se acercó pudo comprobar con horror que el joven extranjero tenía en sus manos la partitura prohibida. Fue llevado entonces ante la presencia del propio Papa, Clemente XIV, quien le preguntó cómo se había agenciado la copia del salmo. Mozart declaró sencillamente que él la había hecho de memoria y que aquella mañana sólo quería hacer unas correcciones sobre la marcha.


Orden de la Espuela de Oro


Fue tal la impresión que provocó entre los eruditos curiales que el pontífice quiso honrar la habilidad y el arte del muchacho de Salzburgo concediéndole, en una audiencia privada (en compañía del Padre Martini, célebre músico también él, que Mozart había conocido en Bolonia), la Orden de la Espuela de Oro. Esta orden, de origen incierto, era una de las más importantes condecoraciones pontificias con las que se honraba a personalidades que se distinguieran especialmente a favor del Catolicismo y daba derecho al título de Caballero.


Se conserva una copia del breve pontificio dirigido a Mozart, con fecha del 26 de junio de 1770, enviado junto con las insignias propias de la Orden. En el breve se puede leer, entre otras cosas, un elogio al joven músico (f. 24r: te, quem in suavissimo cymbali sonitu a prima adolescentia tua excellentem esse intelleximus).


El Breve papal


A diferencia de Cristoph Willibald Gluck (1714-1787) y de Carl Ditter von Dittersdorf (1739-1799), quienes no perdían ocasión de lucir públicamente sus medallas de caballeros papales, no parece que Mozart usara nunca el título que Clemente XIV le concedió.


Así, la tan ambicionada Espuela de Oro acabó durmiendo el sueño del olvido dentro de su estuche en algún rincón de la casa de los Mozart.


El compositor en 1777, con la Orden en su pecho



viernes, 16 de julio de 2010

Órdenes Papales de Caballería

Se trata de órdenes de caballería otorgadas por el Papa. La Santa Sede, reconocido sujeto de derecho internacional y entidad soberana, ha otorgado distinciones de caballería desde la temprana Edad Media. Tales honores conferían originalmente nobleza, personal o hereditaria de acuerdo al rango, pero hoy las órdenes de caballería papales son principalmente un medio por el cual el Papa distingue a los que han servido particularmente a la Iglesia Católica Romana.

Piazza San Pietro, 1850


Las cruces de las órdenes papales son marcas visibles de reconocimiento y corresponden a los premios otorgados por la mayoría de los estados a sus ciudadanos y otros por servicios públicos y privados. Las nominaciones para recibir órdenes ecuestres del Papa se hacen generalmente, a propuestas de los párrocos, por el ordinario local que remite la recomendación a la Pontificia Secretaría de Estado Papal a través de la Nunciatura Apostólica del país.

No hay evidencia documental sobreviviente de una fecha concreta de creación de la primera institución papal de caballería, la Milicia de Oro, representada hoy por la segunda de las Órdenes Papales, la de la Espuela Dorada. Sin embargo, la autoridad superior de la Santa Sede como una fuente de honor fue reconocida por primera vez por los caballeros Cruzados que formaron las Órdenes de los Templarios y Hospitalarios a principios del siglo XII.


Institución de la Orden del Temple por el papa Honorio III en el Concilio de Troyes (1128)

Las órdenes
  • Suprema Orden de Cristo
La más alta orden papal, la Orden de Cristo, fue otorgada en 1987 (hasta ahora la última) a Fray Angelo de Mojana di Cologna, 77 º Príncipe y Gran Maestre de la Soberana Militar Orden de Malta, para honrarlo en el 25º aniversario de su elección. Fue instituida en 1318 por el rey Denis I de Portugal como una orden militar religiosa en reemplazo de la recientemente disuelta Caballeros Templarios. El Papa Juan XXII se reservó el derecho de nombrar caballeros para sí y sus sucesores. En 1522, la Orden fue efectivamente dividida y, mientras que la condecoración portuguesa se fue distribuyendo cada vez más ampliamente, la distinción papal fue cayendo gradualmente en desuso hasta ser revivida en 1878 como la más alta orden de caballería de la Iglesia Católica. Se otorga exclusivamente a soberanos católicos (masculinos) o Jefes de Estado. Actualmente no hay miembros sobrevivientes.
  • Orden de la Espuela de Oro

La segunda Orden más elevada, la de la Espuela de Oro, es la más antigua de las órdenes papales. Se originó en el título de Conde Palatino del Palacio de Letrán, instituido por el Sacro Emperador Romano en el siglo XIV. Durante el Renacimiento la orden aparecía vinculada al título de conde palatino. Luego de la muerte de Carlos V en 1558, su refundación en manos papales se atribuye a Pío IV en 1559. Se confería a personas de fe católica que contribuyeran a la gloria de la Iglesia, ya sea por hechos de armas, escritos u otros actos ilustres.

En 1841 fue suprimida por Gregorio XVI, siendo absorbida a la Orden de San Silvestre como la Orden de San Silvestre y la Milicia de Oro. Pero Pío X la restauró al estatus de orden separada en 1905, poniéndola bajo el patrocinio de la Santísima Virgen María; además la limitó a cien caballeros, como la Orden de la Milicia de Oro. Una nueva reforma de 1966, limitándola a soberanos cristianos y Jefes de Estado, todavía la describía en la Bula Papal como la Orden de la Milicia de Oro, pero el Anuario Pontificio la describe como la Orden de la Espuela de Oro.

  • Orden de Pío IX

La tercera, y más frecuentemente asignada (aunque generalmente menos de 70 concesiones se hacen anualmente en todo el mundo), es la Orden de Pío IX. Una Orden Pía de caballeros fue fundada por Pío IV alrededor de 1560, pero ésta cayó en desuso y la presente Orden, instituida por Pío IX en 1847, puede considerarse como una nueva fundación. Ha habido varias reformas de los Estatutos y en la actualidad el rango más alto es el Collar de Oro de la Orden, el galardón más común otorgado a Jefes de Estado con ocasión de visitas oficiales a la Santa Sede. La Gran Cruz, la más alta condecoración papal dada a los laicos, hombres y mujeres, también se da a embajadores acreditados ante la Santa Sede después de dos años en el puesto, y para los líderes católicos en el resto del mundo por servicios particulares, principalmente en el ámbito internacional y particularmente por obras pendientes a la Iglesia y la sociedad. El siguiente rango es el de Caballero (y ahora Dama) Comandante, al que la Estrella (el mismo que usan los Grandes Cruces) se puede administrar como una distinción más alta. El rango más bajo es el de Caballero o Dama. Se otorga a católicos y no católicos y, en ocasiones, a no cristianos.

  • Orden de San Gregorio el Grande

La cuarta Orden pero, de las que hoy se adjudican, efectivamente la segunda, es la Orden Ecuestre de San Gregorio el Grande. Fundada en 1831, sus grados son similares a las de la Orden Pía pero sin el rango de Collar, mientras que desde 1834 ha tenido divisiones civiles y militares. Al igual que todas las órdenes Papales, fue reformada en 1905 y se otorga por el servicio visible a la Iglesia y la sociedad, independientemente de su lealtad religiosa.


  • Orden de San Silvestre Papa y Mártir
La quinta Orden pero, de las que hoy se adjudican, efectivamente la tercera, es la Orden de San Silvestre Papa y Mártir, separada de la de la Milicia de Oro en 1905 y establecida con los mismos rangos que la de San Gregorio. Está destinada a ser adjudicada a los laicos que están activos en el apostolado, sobre todo en el ejercicio de sus deberes profesionales y maestría de las diferentes artes. Es también conferida a los no católicos, pero más raramente que la de San Gregorio.

La Orden de San Silvestre no es ni monástica, ni militar, sino un título puramente honorífico creado por el Papa Gregorio XVI el 31 de octubre de 1841. La idea de colocar este título, tomado de la Edad Media, bajo el patrocinio de un Papa del siglo 4º se explica por la existencia de una orden de Constantino el Grande reclamando la aprobación de su contemporáneo, Silvestre I, que gozaba de una autoridad usurpada en Roma desde el siglo XVII. Para finalizar este abuso, Gregorio XVI crea un título auténtico de Caballeros de San Silvestre, que deberá conferirse en reconocimiento de algunos servicios prestados a la Iglesia. La orden se limita a 150 comandantes y 300 caballeros romanos, además de los extranjeros de los cuales el número es ilimitado. Los miembros no tienen privilegios más allá de usar una medalla que consiste en una cruz de Malta de oro esmaltado con la imagen de San Silvestre en un lado y en el otro la inscripción : 1841 Gregorius restituit XVI .

Órdenes asociadas con la Santa Sede

Además de estas Órdenes Papales de Caballería, otorgadas por el Papa como soberano temporal y fuente de honores (similar a las órdenes dadas por otros jefes de Estado) también permanecen varias órdenes religiosas militares de la época de las Cruzadas. Estas combinan la orden de caballería con una orden religiosa y son una especie de monjes-caballeros. Están bajo la protección de la Santa Sede.

Caballeros medievales
  • Orden del Santo Sepulcro
La Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén es listada en el Anuario Pontificio como " bajo la protección de la Santa Sede". La Orden data de antes de la Primera Cruzada, cuando un grupo fue formado por el duque Godofredo de Bouillon para proteger el Capítulo religioso de los Cánones, los custodios tradicionales de la tumba de Cristo. Ellos cumplen este papel por aproximadamente veinte años. En 1095 de Bouillon arrebató Jerusalén a los musulmanes y fundó el Reino de Jerusalén. Aunque reconocida en 1113 por Pascual II, no fue hasta 1122 que el Papa Calixto II promulgó una bula estableciendo la Orden como una comunidad laica religiosa. No surgió de las Cruzadas como una gran fuerza militar del estilo de la Orden de San Juan de Jerusalén, la Orden del Templo o la Orden Teutónica.


Medalla de Comandante de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén


La primera referencia a los Caballeros de la Orden se encuentra en 1336, años después de la caída de Acre y relata a un Wilhelm von Boldensel que viajó a Jerusalén y allí recibió el título de caballero en la Tumba. Cualquiera que sea su naturaleza, después de la caída de Acre en 1291, la Orden se fragmentó y se dispersó a través de toda la región mediterránea y Europa. Entró en un período de cuatrocientos años de latencia, desde la época del Papa Alejandro VI hasta 1860 cuando el Papa Pío IX la re-vigorizó y la estableció en su forma actual. Es difícil decir si la orden fue aún propiamente existente durante este período y una continuidad alegada es derivada de la práctica de los frailes franciscanos invistiendo peregrinos en la Orden como una recompensa por llegar a Jerusalén. Este honor no implicaba ninguna responsabilidad, no requería ninguna prueba noble y no implicaba ninguna forma de participación monástica. La Orden en ese momento no tenía una estructura formal como tal.

Hoy es una orden de hombres y mujeres laicos católicos practicantes y no tiene una comunidad de religiosos asociados a ella (como la Soberana Orden Militar de Malta), tampoco es soberana en sí misma. Sus Caballeros y Damas permanecen activos en obras de caridad, con un énfasis particular en obras caritativas en Oriente Medio. La Orden fue reorganizada por los Papas Pío IX (1847 y 1868) y León XIII (1888). En 1907 Pío X reservó el puesto de Gran Maestre para el Papa, dando así a la Orden el estatus de una orden papal. Sin embargo, en 1949, decretó que el Gran Maestre sería un cardenal designado por el Papa y que serviría a discreción del Papa o hasta que el cardenal pudiera establecer su oficio.

Armas de John Cardenal Foley, Gran Maestre actual

Aunque esta revisión ya no hizo de la Orden del Santo Sepulcro una orden papal como tal, le otorgó a la Orden un estatus pontificio único, colocándola bajo la protección directa del Papa reinante. Como tal, es parte de la Santa Sede: la concesión de la caballería y promoción en la Orden son actos de gobierno; todas las cartas patentes llevan la firma y el sello de la Secretaría de Estado. Desde 2007, el Gran Maestre es John Patrick Foley. El Patriarca latino de Jerusalén es, ex officio, Gran Prior de la Orden.


  • Soberana y Militar Orden de Malta
La Santa Sede reconoce asimismo la Soberana Militar y Hospitalaria Orden de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta, que remonta su historia a 1048 cuando el Hospital de Jerusalén fue fundado por comerciantes de Amalfi. Por 1080 el Hospital estaba siendo operado por el beato Gerardo (de quien poco se conoce). Por Bula Papal de 15 de febrero de 1113, que todavía está en existencia, Pascual II formalmente fundó la Orden de San Juan como una orden militar de caballería. En 1140 el papel de la Orden se había transformado tanto en el rol militar como médico. Junto con la Orden del Temple (que era la única militar por naturaleza), construyó numerosas fortificaciones en Tierra Santa, la más conocida de ellas es la enorme Krak de'Chavellier, una de las principales unidades cruzadas de combate. Después de la caída de Acre en 1291 la Orden se estableció primero en Chipre y luego en Rodas. Por necesidad evolucionó en una fuerza de guerra basada en el mar y desarrolló una pequeña pero eficaz armada.


Armas de la Soberana Orden de de Malta


La Orden continuó su campaña militar contra las fuerzas islámicas ahora victoriosas, que precipitaron los dos asedios de Rodas en 1480 y 1523. Las fuerzas de Suleimán el Magnífico tuvieron éxito en la segunda de ellas; sin embargo, el sultán le permitió a la Orden que abandonara Rodas con honores militares, como gesto de respeto a su valiente defensa. En 1530 Carlos V, con la aprobación del Papa Clemente VII, concedió Malta a la Orden por la renta anual de un halcón maltés. El momento más destacado de esa época en Malta fue el asedio feroz de 1565, en que la Orden resistió con éxito un segundo intento de destruirlos por parte de Suleimán. Continuó hostigando a las potencias del Mediterráneo Islámico largo de los siglos XVII y XVIII, pero en 1798 fue expulsada de su bastión de Malta por Napoleón, pues las leyes de la Orden les prohibían tomar las armas contra otros cristianos. La sede de la Orden está situada hoy en su Palacio Magistral en la vía Condotti de Roma y es encabezada por su 79º Gran Maestre, Fra’ Matthew Festing, quien goza de la precedencia de un Cardenal, y por lo tanto, es tratado como Eminencia. En virtud del carácter soberano de la Orden es también Príncipe Real y es reconocido internacionalmente como un Jefe de Estado.

La Orden cuenta con embajadas en 99 países, es un observador oficial permanente en las Naciones Unidas, emite sus propios sellos y pasaportes, y es una organización internacional de ayuda muy respetada. Es una entidad soberana y por lo tanto constituye un fons honorum, por lo que Caballeros de la Orden son creados por ella, no por la Santa Sede, como es el caso de la Orden Ecuestre.


Frater Andrew Willoughby Ninian Bertie, Príncipe y Gran Maestre de la Orden (1929-2008)


La Orden de Malta es la cuarta más antigua de las de la Iglesia Católica existentes hoy e incluye tanto religiosos profesos (aquellos que han tomado plenos votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia) como hombres y mujeres laicos católicos. El Gran Maestre es elegido por los miembros religiosos profesos de la Orden y sirve de por vida, o hasta su abdicación (sólo dos Grandes Maestres han abdicado en su historia). Las elecciones del Gran Maestro deben ser aprobadas por el Sumo Pontífice, quien también designa a un Cardenal Patron y un Prelado de la Orden.
  • Caballeros Teutónicos

La Orden de la Casa Alemana de Santa María en Jerusalén u Orden Teutónica ya no es una orden de caballería, aunque fue fundada como tal. Desde 1928 es más bien una orden puramente religiosa de sacerdotes, hermanos y hermanas, con una categoría de doce caballeros de honor y un número ilimitado de asociados, conocidos como Marianos. Tiene su sede en Viena, Austria.



Condecoraciones

Cada una de estas Órdenes tiene sus propias condecoraciones. En las tres Órdenes adjudicadas en la actualidad -la Orden Pía, San Gregorio y San Silvestre-, caballeros y damas usan la insignia suspendida de una cinta en lado izquierdo del pecho. Caballeros Comandantes llevan la insignia en una cinta alrededor del cuello, mientras que las Damas la usan con un lazo sobre el lado izquierdo del pecho; los condecorados con la Estrella la usan en la parte inferior izquierda del pecho, y los Grandes Cruces llevan la insignia suspendida de una cinta ancha desde el hombro derecho a la cadera izquierda, junto con la estrella en la parte izquierda.


Gran Collar de la Orden Pía

Cada uno también tiene sus propios uniformes estilo militar, cuyo diseño se ha regulado en las reformas de 1905. El de la Orden Pía es azul oscuro, con un collar rojo y puños adornados con galones de oro, el de San Gregorio es de color verde oscuro, con botones de plata y trenzado, la de San Silvestre es negro, con botones de oro y trenzado.

En heráldica eclesiástica, las personas que han obtenido una orden papal pueden mostrar las insignias de su rango en su escudo de armas. Los altos rangos tienen una cinta que rodea completamente las armas, mientras que los rangos inferiores ponen la cinta y la insignia en el líber del escudo.


El pintor etíope Afewerk Tekle recibiendo el uniforme y la Orden de San Silvestre en el Vaticano

Obligaciones

Caballeros y damas papales no tienen obligaciones específicas por haber obtenido el honor personal de la membresía de estas Órdenes. Es habitual, sin embargo, para ellos, que sean invitados a participar en importantes eventos de su diócesis, como la consagración de los obispos, la ordenación de sacerdotes y la introducción de un nuevo obispo en su diócesis. En tales ocasiones, se recomienda que usen el uniforme de su respectiva Orden.

sábado, 12 de diciembre de 2009

La Nobleza italiana

Antes del movimiento de unificación política ocurrido durante el siglo XIX en Italia, los títulos de nobleza eran concedidos por cada uno de los soberanos que ejercieron su poder sobre las diversas partes del territorio italiano: emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico, reyes de España, de las Dos Sicilias, de Cerdeña, grandes duques de Toscana, duques de Parma, dogos de Venecia y Génova y, principalmente, los Papas, que continuaron concediéndolos después de la extinción de facto de su soberanía temporal en los antiguos Estados Pontificios.
Escudo del Papa (Alejandro VI), tradicional dispensador de títulos nobiliarios en la Península Itálica, en su calidad de soberano temporal

La nobleza de Italia refleja el hecho de que la Italia medieval era un escenario de estados separados hasta 1870 y tuvo varios linajes reales. Las familias reales italianas estaban usualmente emparentadas entre sí a través del matrimonio, e incluso con otras familias reales europeas.

Casas soberanas de Italia

  • Casa de Saboya: Reyes de Italia, Reyes de Cerdeña, Duques de Saboya, Príncipes de Piamonte
  • Casa de Este: Duques de Ferrara, Módena y Reggio, condes de Polesino y Garfagnana
  • Casa de Farnesio: Duques de Parma, Piacenza y Castro
  • Casa de Borbón: Reyes de las Dos Sicilias, Reyes de Nápoles, Reyes de Sicilia, Duques de Parma y Piacenza
  • Casa de Médici: Grandes Duques de Toscana
  • Casa de Visconti: Duques de Milán
  • Casa de Sforza: Duques de Milán
  • Casa de Gonzaga: Duques de Montferrato, Duques de Mantua
Los rangos nobiliarios iban desde el Príncipe al Patricio, jerarquía que resultó a partir de la superposición de aquellos rangos establecidos por los estados de la pre-unificación. Como eran fuertemente diferentes uno de otro, los títulos no estaban distribuidos homogéneamente a través del país y, respectivamente, en alguna región un título determinado se encontraba completamente ausente.

Los reinos de Nápoles, Sicilia y Cerdeña, así como los estados papales, otorgaban los rangos típicos de monarquías como España, Francia e Inglaterra: príncipe, duque, marqués, conde y barón. El título de Vizconde no es tan frecuente. En el norte de Italia y Toscana la situación era más compleja, porque había varios tipos de autoridades que otorgaban títulos. Típicamente, los municipios italianos (también en el Reino de Nápoles) y las repúblicas concedían el título de Patricio, el cual sólo en Italia es considerado un rango de nobleza. La República de Venecia también concedía títulos feudales.
El Castello di Valentino, en Turín, propiedad del duque Emanuel Filiberto de Saboya (1580)


Hasta 1806, el norte de Italia (excepto Venecia) y Toscana formaban el Reino de Italia, perteneciendo al Sacro Imperio Romano. El emperador retenía el derecho de crear duques y príncipes. Los monarcas del norte de Italia recibían del emperador el derecho de conceder títulos feudales menores (de marqués en adelante), ya que estos monarcas por sí mismos eran usualmente príncipes y duques.

Durante el Renacimiento los soberanos habían conquistado todas las ciudades-república excepto Venecia, Génova, Lucca, San Marino y Ragusa. Por lo tanto, en la mayoría de Italia, los patricios se integraron a los niveles más bajos de la aristocracia. Cuando en 1871 el Rey de Cerdeña conquistó los otros estados italianos, la Consulta Araldica (el colegio de armas de Italia) integró estos diferentes y variados sistemas en una sola jerarquía.
Escudo de armas del Reino de las Dos Sicilias

En la Edad Media, la mayoría de los feudatarios era simplemente signori (del francés seigneur, un título introducido en Italia por los normandos del siglo XI), vassalli (vasallos) o cavalieri (caballeros). Eventualmente, esta clase pasó a ser conocida colectivamente como los baroni (barones), aunque en Italia barone no era siempre un título descriptivo de un particular rango feudal. Durante el siglo XIV, la mayoría de los territorios feudales menores se convirtieron en baronías y sus titulares en barones.

En Roma, la clase noble se subdividía en dos categorías: Patricios romanos, que descendían de aquellos que habían ocupado en la Edad Media cargos de gobierno civil en la ciudad Pontificia, y Patricios romanos conscriptos, los cuales pertenecían a alguna de las sesenta familias que el Soberano Pontífice había reconocido como tales en una bula especial, en la cual se las citaba nominalmente. Constituían la flor y nata del patriciado romano.

La nobleza romana estaba también subdividida en dos categorías; los nobles que descendían de los feudatarios, es decir de las familias que habían recibido un feudo del Soberano Pontífice, y los nobles simples, cuya nobleza les venía de haberles sido atribuido un cargo en la Corte, o directamente de una concesión pontificia.

Recepción por las bodas de plata del Rey Humberto I y la reina Margarita en el Palacio del Quirinal, Roma, 1893.

Cuando se consumó la unificación en 1870, la Casa de Saboya intentó amalgamar las diferentes noblezas en un todo. Política y jurídicamente el intento fracasó. Muchas familias nobles se mantuvieron fieles a las dinastías depuestas de las cuales habían recibido sus títulos. Una considerable parte de la aristocracia romana continuó figurando oficialmente en las solemnidades del Vaticano, se negó a reconocer la anexión de Roma a Italia, rechazó cualquier aproximación al Quirinal y cerró sus salones en señal de protesta. A esta nobleza así enlutada se le dio el nombre de Nobleza Negra.

No obstante, desde el punto de vista social, esta amalgama se dio generalmente en una importante escala mediante matrimonios y relaciones sociales, haciendo que la aristocracia italiana constituya hoy un solo todo.

El Tratado de Letrán de 1929 aseguraba, sin embargo, a la nobleza romana una situación especial, pues reconocía al Papa el derecho a continuar otorgando títulos nobiliarios y aceptaba los que anteriormente habían sido concedidos por la Santa Sede. Incluso “se establecerán los casos en los cuales dicho reconocimiento no estará sujeto en Italia al pago de tasas”, refiriéndose a una cuantía simbólica que el Estado italiano exigía a los nobles de los Estados previos a la unificación para obtener el reconocimiento de sus títulos y su filiación a la nobleza. La dispensa en ciertos casos de estas tasas era el único privilegio tributario otorgado por el Tratado a los nobles pontificios. Desde el punto de vista legal, han continuado coexistiendo dos noblezas: la italiana y la romana.

Camillo Benso, Conde de Cavour, de Isolabella y de Leri (1810-1861), líder del movimiento de unificación italiana

En las sucesivas Constituciones de la Italia unificada, tanto de la monárquica como de la republicana, hay artículos específicos sobre la situación de la nobleza. El Estatuto Albertino, que estuvo en rigor de 1848 a 1947, establecía:

Art. 79 -
Los Títulos de Nobleza les serán mantenidos a quienes tengan derecho a ellos. El Rey podrá conceder nuevos Títulos.
Art. 80 –
Nadie podrá recibir condecoraciones, títulos o pensiones de una potencia extranjera sin autorización del Rey.

A su vez, la Constitución de la Italia republicana de 1947 establece:

XIV –
No se reconocen los títulos nobiliarios. Los predicati de los existentes antes del 28 de octubre de 1922 serán válidos como parte del nombre. La Orden Mauriciana será conservada como institución hospitalaria y funcionará del modo establecido por la ley. La ley regulará la supresión de la Consulta Araldica.

El predicato del título está constituido por el nombre del antiguo territorio añadido al apellido, por ejemplo, príncipe Colonna di Paliano. La Constitución de 1947 autoriza a que aparezca en los documentos este apellido compuesto, con tal que fuera anterior al fascismo.

Recepción del Papa Pablo VI al patriciado romano el 14 de enero de 1964.

La Consulta Araldica de la época monárquica era el tribunal específico para los casos de títulos en disputa, escudos de armas, etc. Pese a no tener valor legal, pero sí mucha fuerza moral e histórica, ha sido sustituida hoy por el Cuerpo de la Nobleza Italiana, dotado de un tribunal de consulta para la admisión de miembros a diferentes entidades (como la Orden de Malta, por ejemplo).

No se le reconoce a la nobleza ningún tipo de privilegio político ni tributario, ni en la vieja ni en la nueva Constitución Italiana.

Nobleza Negra

La “Nobleza Negra” (en italiano: aristocrazìa nera) estaba formada por familias de la aristocracia italiana que se hallaban del lado del Papado bajo Pío IX después que el ejército del Reino de Italia entró a Roma en setiembre de 1870, derrocó los Estados Papales, y se hizo cargo del Palacio Apostólico. Por los siguientes 59 años el Papa se confinó en la ciudad del Vaticano y reclamó ser un prisionero en el Vaticano para evitar el asomo de aceptación a la autoridad del gobierno italiano.

Un destacamento de la Guardia Noble Pontificia, cuerpo de élite integrado exclusivamente por miembros del patriciado y de la nobleza al servicio personal del Papa


Los aristócratas que habían recibido previamente sus títulos de parte de la Santa Sede, incluyendo los Chambelanes de Capa y Espada, mantuvieron sus puertas cerradas para llorar el confinamiento del Papa, lo que llevó a que fueran llamados la “Nobleza Negra”.

Luego de la firma del Tratado de Letrán en 1929, la Nobleza Negra obtuvo una ciudadanía dual, en Italia y en Ciudad del Vaticano. Esto les permitió entrar a la Guardia Noble, lo que previamente sólo estaba abierto a la nobleza proveniente de los antiguos Estados Papales. En 1931, el Papa Pío XI negó el requerimiento de Alfonso XIII de abrir la Guardia Noble a aristócratas provenientes de todas las naciones católicas.

Famosos miembros de la Nobleza Negra incluyen a Eugenio Pacelli, quien más tarde se convertiría en Pío XII, y a notabilidades de las familias Colonna, Massimo, Pallavicini y Ruspoli.


El Príncipe Marcantonio Colonna y su hijo Don Asprenno en el Hall de los Héroes del palazzo familiar, 1945


jueves, 17 de septiembre de 2009

La Iglesia: la Corte Pontificia

La Corte Pontificia es el antiguo nombre del entorno papal en Ciudad del Vaticano, que fue severamente reducida en magnificencia en 1968, cuando el Papa Pablo VI promulgó una Nova Ordinatio cambiando hasta su nombre –hoy se llama Casa Pontificia- y en la que muchos oficios fueron abolidos o reformados.




Pío XI en procesión solemne bajo palio (1922)


La Corte Pontificia estaba dividida en dos cuerpos diferenciados: la Capilla Pontificia y la Familia Pontificia. La primera estaba adscrita a la persona del Papa a título espiritual (para asistirle en las funciones sagradas). La segunda, para atenderle en lo temporal.

  • La antigua Capilla Pontificia

Estaba conformada por los eclesiásticos que participaban en las ceremonias pontificias con sus respectivos hábitos litúrgicos, según la dignidad. Como en toda iglesia catedral o colegiata, se tenía en la Corte Papal el servicio divino diariamente. Los oficios ordinarios tenían lugar en la Capilla Sixtina, en tanto que los más solemnes se verificaban en la Basílica de San Pedro, que es la capilla del Papa y no hay que confundir con su catedral como Obispo de Roma, que es la Basílica de San Juan de Letrán.


Partida desde Piazza San Pietro del séquito del Duque de Choiseul, embajador de Francia ante la Santa Sede (1754)


Dentro de la Capilla Pontificia hay que distinguir por un lado, a los dignatarios, colegios y cargos que asistían a las ceremonias como séquito del Papa y, por otro, a los que tomaban parte en las mismas como ministros y sirvientes.

  • La antigua Familia Pontificia

Constaba de todas aquellas personas que ejercían algún cargo palatino al servicio de Su Santidad, las cuales podrían clasificarse en tres categorías: la de los Cardenales Palatinos y la Noble Antecámara Secreta, la del Estado Mayor de los cuerpos armados y la de los capellanes y dignatarios menores. Los clérigos formaban la Casa Eclesiástica del Papa; los miembros de los cuerpos armados, su Casa Militar, y los laicos, su Casa Civil.

Dignatarios nobles y prelados de la Casa Pontificia


Las Condecoraciones papales


Las condecoraciones papales son los títulos de nobleza, órdenes ecuestres y otras marcas de honor y distinciones conferidas por el Sumo Pontífice a hombres y mujeres de intachable carácter que han promovido de alguna forma los intereses de la sociedad, de la Iglesia Católica y de la Santa Sede.

Los rangos de títulos van desde príncipe a barón incluso, y son concedidos por el Papa en su calidad de soberano temporal. El título conferido más comúnmente es el de Conde prefijado al nombre familiar, el cual es simplemente personal o heredable al primogénito masculino y es conocido como Conde Romano. El Príncipe asistente al Solio es Conde Romano por derecho. Existe otro título llamado habitualmente Conde Palatino, pero la verdadera designación es Conde del Sagrado Palacio de Letrán, el cual es atribuido a muchas oficinas en la corte papal. Éste puede ser vitalicio o hereditario y ha sido otorgado por Papas y Sacros Emperadores Romanos desde la Edad Media, frecuentemente hasta el siglo XIV. El Sumo Pontífice continuó otorgando títulos puramente honorarios incluso después de 1870, cuando los rangos de la nobleza romana estaban de otro modo congelados.



El rey de los Belgas, Alberto I, y la reina Elizabeth, antes de una Audiencia Pontifical (1910)

Las órdenes ecuestres, ordenadas de acuerdo a su importancia y dignidad son:


  • Suprema Orden de Cristo
  • Cruz "pro Ecclesia et Pontifice"
  • Orden del Beato Pío IX
  • Orden de San Gregorio El Grande
  • Orden de San Silvestre
  • Orden de la Espuela Dorada
  • Orden del Santo Sepulcro
  • Medalla Benemerenti

Por el Tratado de Letrán de 1929, el gobierno italiano reconoció y confirmó el poder del Papa para otorgar títulos, los cuales eran considerados equivalentes a títulos italianos. Sin embargo, se confirieron discretamente desde Pío XII. El tenor irlandés John McCormack y la matriarca Rose Kennedy estuvieron entre los últimos en recibir tal honor. Con Pablo VI, quien realizó el formal mensaje navideño al patriciado declarando que la nobleza papal no formaría parte de la corte pontificia, la costumbre esencialmente despareció. Juan Pablo II concedió varios títulos a compatriotas al comienzo de su pontificado, pero sobriamente y sin ser publicados en las Actas de la Sede Apostólica.




El senador Joseph Kennedy y su esposa Rose llegan a San Pedro para la coronación de Pío XII. Son escoltados por un Gentilhombre de Su Santidad (1939).


Las antiguas posiciones

Los siguientes puestos son laicos, tradicionalmente hereditarios, que también incluyen los Gentileshombres de Su Santidad (título que absorbió los Camareros Secretos de capa y espada participantes, los Camareros Secretos de capa y espada y los Camareros de Honor de capa y espada):


§ Mariscal de la Sacra Iglesia Romana y el Sacro Cónclave (Príncipe Chigi)
§ Gran Maestro del Sacro Hospicio (Príncipe Ruspoli), también en la Noble Antecámara Secreta.
§ Intendente General o Foriere Maggiore (Marqués Sacchetti, Marqués de Castel Romano)
§ Superintendente de los Establos o Cavallerizzo Maggiore (Marqués Serlupi Crescenzi)
§ Gran Maestro de los Correos Pontificios (Príncipe Massimo).



Las funciones práctico-ceremoniales de estos oficios fueron abolidos por Pablo VI en su motu propio Pontificalis Domus. Estos títulos son, actualmente, puramente honorarios (aunque todavía hereditarios) y permanecen entre las respectivas familias de la nobleza romana.



El Papa Pío VIII trasladado en la Sedia Gestatoria por los Chambelanes de capa y espada (1829)

Gran Maestro del Sacro Hospicio

El Gran Maestro del Sacro Ospizio es un oficio de la Casa Pontificia creado en 1808 por el Papa Pío VII, quien nombró como tal al príncipe Francesco Ruspoli, 3º Príncipe de Cerveteri, con carácter hereditario. Era el introductor de soberanos y jefes de Estado en visita al Papa (tradicionalmente vestía con calzas y medias de seda blancas, frac recamado y bicornio con plumas).

El Gran Maestro es uno de los Chambelanes Secretos y el único miembro laico de la Noble Antecámara Secreta, así como uno de los Chambelanes de Capa y Espada (quienes eran todos laicos, llevando por tradición puestos hereditarios).

Tres Chambelanes Secretos di cappa e spada partecipanti: Marqués Giulio Sacchetti, Foriere Maggiore de los Sacros Palacios Apostólicos, Príncipe Leone Massimo, Sovrintendente Generale de los Correos Papales, y Marqués Giacomo Serlupi Crescenzi, Cavallerizzo Maggiore de Su Santidad.


Intendente General Hereditario del Sacro Palacio Apostólico

Era uno de los oficios ceremoniales entre la Curia romana, antes de la reforma de la Casa Pontificia en 1968. Ha recaído en los príncipes Sacchetti y es actualmente portado por el Príncipe Giulio Sacchetti.

Mariscal de la Sacra Iglesia Romana y el Sacro Cónclave

Era un oficio hereditario de la Casa Pontificia antes de la reforma de la corte papal a cargo de Pablo VI. Han sido investidos los príncipes Chigi, Farnese, Campagnano, etc. Durante el sagrado cónclave, el Mariscal tenía la tarea ceremonial de sellar desde el exterior las puertas de la Capilla Sixtina.

Su Excelencia don Marcantonio Colonna, Príncipe Asistente al Trono Papal en 1920


Príncipe Asistente al Trono Papal

Este es un cargo muy antiguo y honorífico, conferido a algún Príncipe heredero católico para que acompañe al Papa en la Corte pontificia. Es un oficio hereditario que data de principios del siglo XVI y sobrevivió a la reforma de la Prefectura de la Casa Pontifical en 1968. Hoy es el único puesto hereditario todavía en uso en el Vaticano.

Existen dos puestos, ocupados por representantes de la nobleza romana designados desde los tiempos de Julio II y que se turnaban anualmente junto al Trono Papal durante los oficios. Actualmente están ocupados por el Príncipe Don Alessandro Torlonia, Príncipe Torlonia, Príncipe de Fucino, Príncipe de Canino y Musignano, y por el Príncipe Don Marcantonio Colonna, Príncipe y Duque de Paliano.

Los miembros de la familia Colonna han sido Príncipes Asistentes desde 1710. La familia Torlonia obtuvo este cargo en 1958 para suceder al Príncipe Orsini, cuya familia había dado al Vaticano Príncipes Asistentes desde 1735.


Misa solemne en San Pedro oficiada por Pablo VI