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miércoles, 9 de mayo de 2012

Una boda en el palacio real de Egipto

"Con este verso consagrado por el tiempo hacemos referencia al Palacio Al-Qubba en El Cairo, cuya extensión está hoy llena de felicidad, y cuyo interior está lleno de alegría. Los pensamientos de miles de las personas del río Nilo, así como los de amigos de Egipto en el Este y el Oeste, se vuelven hacia él, enviando las más puras felicitaciones al joven en el trono y su novia en el día de su feliz boda."

Con estas palabras, el periódico egipcio Al-Ahram comenzó su editorial del miércoles 19 de enero de 1938. La ocasión era el matrimonio del rey Farouk I que tendría lugar al día siguiente (jueves). Había cumplido 18 años una semana antes (nació el 12 de febrero de 1920) y se casaba con una chica cerca de 18 meses más joven que él, lo que significaba que la novia no tenía todavía 17. Su nombre era Safinaz Zulfiqar, a pesar de que cambió su nombre a Farida por Real Decreto con motivo de su matrimonio real, buscando buen augurio en la tradición que el difunto rey Fuad I había empezado, al iniciar los nombres de todos sus hijos con la letra F. Después de él, su tradición fue seguida por su hijo.


En esta ocasión, Al-Ahram escribió, "deja que tus ojos se deleiten con las caras dondequiera que te encuentres en Egipto y encontrarás expresiones de alegría aparente en ellas, ocultando muchas de las preocupaciones del mundo que nunca terminan. Mira esas banderas izadas, las decoraciones colgando, grupos vitoreando, música y fiestas populares todo alrededor. Ellos plenamente indican el amor y la veneración que esta noble nación tiene para el joven rey y la apreciación y el respeto que tiene para la joven reina."

Era una boda extraña con todas las normas. Al-Ahram como todos los otros periódicos, fue altamente cortés cuando describió a la novia y al novio como "jóvenes", porque no eran más que niños pequeños. Si Farouk se hubiera casado así sin estar en el trono de Egipto, habría sido objeto de bromas de sus familiares. Esto se hizo evidente cuando algunos de los periódicos publicaron una fotografía de Safinaz meses antes de su boda. En la foto está acompañada por las hermanas del rey, las princesas, y todo lo que muestran son niñas con trenzas.


Esto tal vez pide una investigación sobre las razones subyacentes que condujeron a este matrimonio (infantil), teniendo lugar sin que ninguno de los que rodeaban al joven rey le aconsejara que esperara, aunque sólo fuera por un corto tiempo. La primera de estas razones tiene su origen en la reina madre, Nazli, quien vio que el matrimonio de su hijo a tan tierna edad con una chica más joven que él le permitiría mantener su prestigio de reina.

Esto fue apoyado por el Real Decreto publicado el mismo día de la boda y cuyo texto decía: "en vista de las más sagradas emociones de veneración, exaltación, estima y deferencia que tengo por Su Majestad la Reina, mi madre, y mi creencia que la afiliación de su digno nombre a su grandioso título glorifica a su memoria, además de lo que ella posee de gran posición y consideración, yo, Farouk I, el Rey de Egipto, ordena lo siguiente: que el título de Su Majestad la Reina, mi querida madre, a partir de ahora se asocie con su digno nombre, "Su Majestad la Reina Nazli" y que el primer ministro y el jefe del gabinete real ejecute esta orden."


La mayoría de las fuentes que han abordado esta cuestión han señalado que la "reina madre" estaba detrás urgiendo a su hijo a elegir a Safinaz Zulfiqar, pues su madre era una de sus damas de honor y su padre ocupaba un puesto respetable en el cuerpo judicial. La familia real, además, había decidido que debía llevarla a Europa luego del anuncio de su rey con el fin de conocerla mejor y ser más apegado a ella. Y este hecho se llevó a cabo. Por otro lado, la reina Nazli tenía miedo de que su hijo se casara con una de las jóvenes princesas de la familia real, ya que había al menos dos que eran apropiadas. La reina vio que cualquiera de ellas, en caso de ganar al joven rey, mostraría arrogancia hacia ella (Nazli), porque no había tenido vínculos con la familia real antes de casarse con Fuad.

En fin, ese mes de enero de 1938 fue excepcional en la historia de Egipto.

Estampilla conmemorativa de la boda real

A partir del día 7, una campaña mediática comenzó con la emisión de una "voluntad real" para alimentar a todos los pobres de la capital con los fondos privados reales el día de la boda. Diez pabellones se instalaron en las zonas obreras y en cada pabellón se ofrecerían “no menos de 10 toneladas de carne de cordero, es decir, suficiente para alimentar a 10.000 personas pobres”.

Otra noticia informa de la emisión de sellos postales especiales para inmortalizar el evento. Eran de diferentes clases, decorados con una imagen del rey y la reina y llevando la fecha de la boda real en años islámicos escrito en árabe y en años gregorianos escritos en francés. Al-Ahram añadió en esta ocasión información de interés para los coleccionistas de estampillas. Al principio hubo intención de aumentar el precio de estos sellos, pero el rey vio que cada uno debería costar sólo cinco millemes a fin de permitir a la gente obtenerlos. El periódico no tardó en imprimir una fotografía de la "estampilla postal conmemorativa de la feliz boda real". Una primera imagen se publicó en la portada de la edición del 14 de enero. Estaba impresa en "marrón y en su centro se encuentra una imagen del rey y de la novia real, y las dos imágenes están enmarcadas con ramas de olivo".

Una tercera noticia fue publicada acerca de un descuento del 70 por ciento en los viajes a El Cairo por tren. El descuento se inició dos días antes de la celebración y siguió dos días después. Fue anunciado además que "el club real de automóviles iba a organizar un desfile de coches cubiertos de flores entre el Palacio Abdine y el Palacio Al-Qubba".


Egipto celebra la boda real con un desfile de flores

Tampoco el Ministerio de Guerra dejaba de participar en la ocasión. Un programa detallado fue elaborado para la participación del ejército en el auspicioso acontecimiento, que incluía el disparo de 101 cañonazos en cinco localidades. La procesión real del Palacio Al-Qubba iba a comenzar bajo la protección de la fuerza aérea y las fuerzas armadas fueron a alinearse en una formación determinada por el comandante de la unidad de El Cairo ante el Palacio Abdine. A continuación, "el ejército dará la bienvenida a la entidad real en su aparición en la plaza con 21 cañonazos del cuartel de la guardia real. La música comenzará en el momento de la finalización de las salvas y luego un saludo se dará acompañado de tres hurras por la longevidad del rey. Inmediatamente después de eso, la música va a comenzar. Además, se ha decidido conceder a todos los soldados unas vacaciones de tres días en festejo por este día feliz."

El programa incluía tres bailes en el Palacio Abdine, el primero de las cuales fue organizado por la señorita Um Kalthoum. En la segunda noche, varias compañías extranjeras realizaron piezas artísticas que comprendían danza y canciones extranjeras, fiesta que contó con la asistencia exclusiva del cuerpo diplomático y dignatarios extranjeros. En la tercera y última velada, actuó la conocida cantante Saleh Abdel-Hay.


El Palacio Abdine en la época de las celebraciones nupciales

Sin embargo, todas las manifestaciones de alegría y felicidad no impidieron la aparición de algunos pequeños conflictos que eran expresivos de la situación de asfixia política en ese momento entre el palacio y el Partido Wafd. Los estudiantes sirvieron de arena para esta batalla, cuando el gobierno celebró una fiesta benéfica universitaria "de alegría por la boda real", durante la cual Su Majestad anunció que donaría dinero a una asociación estudiantil. Ante esto, la multitud respondió con aplausos para una larga vida del rey, "y luego Um Kalthoum cantó el himno universitario con la asistencia de un numeroso grupo de estudiantes. Esto fue repetido más de una vez".

La misma edición de Al-Ahram publicó el texto de un discurso pronunciado por El-Nahhas Pachá a las delegaciones de jóvenes que habían venido a verle, sobre todo de Al-Gharbiya. En él acusó a sus adversarios, liderados por el rey, por supuesto, de conspirar contra el Partido Wafd. Dijo, "estas conspiraciones no son nuevas, sino más bien vuelven un largo tiempo atrás. Yo sabía de ellas y de las etapas de su eclosión y planificación, pero hice la vista gorda hasta que me dolió, pues yo esperaba que Dios corrigiera sus caminos. Esta esperanza fue inútil, sin embargo." Los reunidos entendieron qué quiso decir el líder de la nación. El líder de sus enemigos era el joven al borde del matrimonio.




Al-Ahram celebró la ocasión a su manera. Uno de sus editores hizo un paseo aéreo por los cielos de El Cairo a bordo de uno de los aviones de la compañía Aerolíneas de Egipto, llamado Al-Mahrusa. Despegó en dirección al Palacio Al-Qubba, la residencia de los novios reales, hizo un círculo en torno al palacio, luego sobrevoló sobre El Cairo y alrededor del Palacio Abdine, el palacio real brillante de luces. El número de Al-Ahram publicado al día siguiente de la boda no fue típico. Noticias de la ocasión ocuparon más de la mitad del periódico. Fotos exclusivas de la boda llenaban la mayor parte de la primera a la última página y una página entera estuvo dedicada a lo que se llamó "el eco de la boda real en las capitales de Europa y los periódicos del mundo". Se hizo parecer como si el mundo entero estuviera celebrando la boda del muchacho que había ascendido al trono de Egipto unos pocos meses antes.


La Reina y su cortejo nupcial

El aspecto más curioso de este asunto es que algunos comerciantes aprovecharon la oportunidad para publicar anuncios promocionando sus productos. Entre ellos se encontraba el Hotel Abbas, bajo el título "Con motivo de la celebración de la feliz boda real". En el anuncio se escribió que su residencia estaba ubicada en la calle Clot Bey cerca de la estación de tren de la capital. "El gran pueblo de la campiña siempre viene a él cuando honra El Cairo, para encontrar en él todos los medios de comodidad y disposiciones sanitarias, incluyendo baños con agua fría y caliente de la más fina construcción, el mejor servicio por el cual ha sido conocido desde hace años, y precios extremadamente modestos".


Festejos populares

El propietario del Hotel Abbas tenía justificación para su publicidad, pues las estadísticas inusuales indicaron que casi un millón y cuarto de millón de visitantes llegaron a la capital en esta ocasión. Se consumieron 52.000 ardeb de trigo, 30.000 cabezas de ganado ovino, 15.000 terneros y vacas, 27 millones de mandarinas y naranjas, 3,5 millones de litros de té y café y cerca de un millón de cigarrillos.

Naturalmente, los procedimientos de esta boda real fueron atípicos. La gestión la Corte Misr de Ley Islámica preparó un protocolo oficial compuesto de tres contratos, cada uno con su propio número. "Este protocolo fue colocado en un hermoso marco decorado con follaje púrpura. Sus perímetros fueron embellecidos con hilos de oro entrelazados en forma de grabados árabes que representaban algunas de las imágenes de la civilización en países islámicos".


Los hombres que tomaron parte en la firma del contrato del matrimonio

Uno de los tres contratos fue asignado para el rey, otro para la reina, y el tercero se mantuvo por la Corte de Ley Islámica. Se decidió que el Jeque Al-Azhar entonaría la formulación jurídica del matrimonio, mientras que los testigos serían, además del Jeque Al-Azhar, el jefe de la Suprema Corte de Ley Islámica y el jefe de la Corte Misr de Primera Instancia de Ley Islámica. Se llevaría a cabo en presencia de Sus Excelencias los emires de la casa real, el primer ministro, el jefe del gabinete real y el gobierno, que estaban encantados de asistir a este evento único. Ninguno de ellos predijo cómo esta boda real descrita en su momento como "feliz" iba a terminar, o en el mejor de los casos, lo que algunos dijeron tras el divorcio de Farida y Farouk, que su padre temía que fuera el resultado de este matrimonio.


Con respecto a los obsequios, todo lo que Farouk recibió con motivo de su matrimonio ocupó grandes sectores de las páginas de Al-Ahram. Entre ellos se encontraban "el regalo de los emires a Su Majestad el Rey y su esposa", que Al-Ahram publicó en la portada de su número dos días antes de la boda. Fue un doble regalo, con una parte presentada al novio y la otra a la novia. El regalo presentado a Farouk fue “una bandeja de oro puro, cuyas cuatro esquinas están decoradas con flores entrelazadas hechas de diamantes. Su centro está grabado con la corona real y el nombre de Su Majestad, también en diamante. Sobre la bandeja hay dos tazas de oro puro con sus tapas y platos, todo grabado en oro." En cuanto al regalo presentado a Farida, era también una bandeja de oro puro, "cuyos lados están incrustados con diamantes. Sobre ella hay dos tazas grabadas con incrustaciones de piedras preciosas." Quién sabe si la reina se aferró a este valioso regalo después de su divorcio, o si el "avaro" Farouk fue tan infame en ese momento que lo llevó a privarla del obsequio.

Entre los regalos inusuales de los emires había una bufanda entregada a la reina que Al-Ahram describe como de gran valor histórico. Era "del famoso encaje belga dentelle y de renombre mundial. La emperatriz Eugenia, esposa de Napoleón III, dio tres de estas bufandas en 1868 a las hijas del Jedive Ismail y sólo queda una. Fue presentada a la reina para que las reinas de Egipto pudieran usarlo en sus bodas."


Aún más extraño fue el regalo presentado por la Princesa Shweikar al rey: un "valioso espantamoscas blanco de 75 centímetros de largo y construido con plumas de aves. Su mango está formado de jaspe blanco adornado con esmaltes y tachonado con diamantes y turquesas. Este espantamoscas tiene gran importancia histórica, pues uno de los líderes mamelucos se lo obsequió a Mohamed Ali, el fundador de la dinastía." Shweikar, la primera esposa del rey Fuad, no olvidó presentar un valioso regalo a la reina Farida: un reloj de oro, jaspe azul y zafiros confeccionado por la famosa joyería Leroy de París a petición de la princesa.

También las instituciones egipcias entregaron sus regalos. El poder judicial y la oficina del fiscal general presentaron cordones de plegarias hechos de esmeralda. Los militares entregaron una valiosa espada de oro puro, grabada con el nombre del rey en esmeraldas y diamantes. El Partido Shaab, que fue formado por Sidqi Pasha en 1930 y que incluía bajás y beys propietarios de tierras, obsequió una alfombra de seda de asombroso color y trabajada con oro puro.


Los novios circundados por los miembros de la familia real

Otros regalos fueron presentados en lo que se parecía a manifestaciones políticas, incluyendo el de la Asociación de Jóvenes Musulmanes. Cinco mil miembros se reunieron en la sede de la asociación y se dirigieron, encabezados por un grupo de jóvenes en motocicletas y bicicletas seguidos de exploradores tocando música. Detrás de ellos el presidente de la asociación, Abdel-Hamid Said, montaba un caballo árabe de pura raza. Su regalo fue colocado en un carro de brocado de seda y cubierto con una réplica de la Kaaba y versículos del Corán. Antes fue colocada una gran foto de la Kaaba, en un hermoso marco de madera, adornado con oro. Jinetes flanqueaban el regalo, bailando al ritmo de la música mientras que bellas voces ululaban.

Al-Ahram presentó un registro de los regalos que los Estados habían enviado a "Su Majestad el Rey de Egipto". Ibn Saud, el rey del Hiyaz, entregó cuatro caballos "que son de raza pura de entre 400 caballos nativos. Son Kahilan, Al-Saqlawiya, Abiyan y Al-Jilabiya. El nombre de cada uno se remonta a los nombres de las casas árabes que los han conservado desde los primeros tiempos." El Emir Abdullah, el príncipe de Jordania oriental, le obsequió también dos caballos árabes.


Adolf Hitler le envió un imponente Mercedes, un "Cabriolet deportivo de primer nivel, el mejor coche, más atractivo y más preciso fabricado en el mundo entero." Jorge VI del Reino Unido envió una carta con el emblema real y el sello, escrita a mano por el rey inglés. Con ella venía una escopeta de caza de la especie más excepcional producida por las fábricas británicas y una colección de equipos deportivos, incluidos palos de golf y raquetas de tenis y squash. El Rey de Bélgica le obsequió dos pistolas, una que llevaba cinco balas y estaba grabada en oro, y la otra de alta velocidad para la caza de animales salvajes. El Papa envió al delegado apostólico en Egipto hasta el palacio real para felicitar al rey en su matrimonio. Pero Al-Ahram no reveló si el delegado pontificio llevaba un regalo, o ¡si bastaba con la bendición de Su Santidad!



El Rey Farouk en el Mercedes Cabriolet que el Führer le envió como regalo de boda.

lunes, 12 de marzo de 2012

Viaje oficial

Una Visita de Estado es la visita oficial de un jefe de Estado a otra nación, por invitación del gobernante de esta última. Las visitas de Estado son la forma más alta de contacto diplomático entre dos naciones y están marcadas por la pompa ceremonial y el protocolo diplomático. En las democracias parlamentarias, los jefes de Estado pueden formalmente emitir y aceptar invitaciones. Sin embargo, lo hacen con el consentimiento de sus gobiernos, que por lo general se ponen de acuerdo en que la invitación sea enviada o aceptada de antemano.


Los Príncipes Herederos de Japón, hoy Emperadores, visitan Estados Unidos (1960)



Existe una diferencia entre Visita Oficial y Visita de Estado. La visita de Estado implica la visita a los tres poderes del Estado (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), mientras que la visita Oficial es únicamente a un poder del Estado, usualmente al Ejecutivo.


Antes de un viaje oficial se produce el anuncio a los medios interesados y a las autoridades competentes en el lugar de destino, se establece una agenda concreta de actividades dentro del "programa oficial" (dependiendo de la naturaleza del viajero y del viaje ésta se pasará a la prensa o no y también se asignará tiempo para otras ocupaciones no-oficiales), se constituye una delegación que acompañe a la figura principal y se designa la presencia de un comité de recepción, igualmente oficial y acorde al rango del enviado.


La reina Juliana de los Países Bajos es recibida en Estocolmo por el rey Gustavo VI Adolfo de Suecia (1957)


Las visitas de Estado involucran alguno o todos de los siguientes componentes:


• Una ceremonia de bienvenida que consiste en una revista de la guardia de honor militar, desfiles y el toque de los himnos nacionales por una banda militar.
• Una salva de 21 cañonazos para los jefes de Estado y una de 19 cañonazos para los jefes de gobierno.
• Un intercambio de regalos entre el jefe de Estado extranjero y el jefe de Estado de la nación sede de la visita.
• Banquetes de Estado, ya sea cenas formales u oficiales, ofrecidos primero por el jefe de Estado anfitrión, con el jefe de Estado extranjero como invitado de honor y luego por el visitante extranjero en agradecimiento a su anfitrión.
• Una visita a una legislatura nacional, a menudo con un saludo formal al jefe de Estado extranjero por parte de los órganos legislativos reunidos.
• Visitas de alto nivel de los jefes de Estado extranjeros a puntos de referencia nacionales, tales como depositar una ofrenda floral en una capilla militar o un cementerio.
• Eventos culturales celebrando vínculos entre las dos naciones, que se llevan a cabo en conjunto con la visita oficial.



El Sha y la Emperatriz de Irán con los reyes de Thailandia durante su visita de Estado a este país (1968)

El jefe de Estado extranjero suele ir acompañado de un ministro gubernamental de alto rango, por lo general un Ministro de Relaciones Exteriores. Detrás del protocolo diplomático, las delegaciones formadas por organizaciones comerciales también viajan con él, ofreciendo una oportunidad para establecer contactos y desarrollar vínculos económicos, culturales y sociales, con líderes de la industria en el país que se visita. Al final de una visita de Estado, el visitante extranjero tradicionalmente emite una invitación formal al jefe de Estado anfitrión, que en otro momento, en el futuro, sería una visita de Estado recíproca.


Si bien los costos de una visita de Estado por lo general están a cargo de las arcas del país de acogida, la mayoría de los países son anfitriones de al menos diez visitas de Estado al año, con dos como la cifra menor. La mayoría de los jefes de Estados visitantes se alojarán en la residencia oficial del anfitrión, en una casa de huéspedes reservada para visitantes extranjeros, o en la embajada de su propia nación de ubicada en el país que se visita.


Los reyes Pablo y Federica de Grecia durante su visita al Reino Unido en 1963

Las visitas de Estado de reconocidos líderes mundiales, como el Presidente de los Estados Unidos, el Papa o la Reina Isabel II (quien dirige 16 países), a menudo reciben mucha publicidad y reúnen grandes multitudes en cada evento público.


El ejemplo del Reino Unido

La reina, en su calidad de jefe de Estado, desempeña un doble papel: el primero, en el interior, es el de tener bajo su jurisdicción todo el aparato de gobierno, la administración, las fuerzas armadas, la iglesia y la magistratura. El segundo es el de personificar y simbolizar a su país ante el resto del mundo.


En el balcón del ayuntamiento de Amsterdam, con la reina Juliana de los Países Bajos (1957)


El palafrenero de la Corona tiene la responsabilidad de los viajes oficiales o privados del soberano británico, pero es el Secretario Privado quien cuida los detalles de los desplazamientos aéreos o marítimos. Los viajes oficiales son organizados por el Foreign Office en combinación con la casa real. Dos veces por año, la familia se reúne en Buckingham Palace a los efectos de planificar las visitas: se extiende la lista sobre un inmenso tablero suspendido en el despacho de los palafreneros y de un solo golpe de vista puede verse dónde se encontrará tal o cual miembro de la familia real durante los seis meses siguientes y también la manera de viajar prevista. En general, la realeza viaja con sus propios medios de transporte.



Pasando revista militar a su llegada a Nassau (1994)

Los desplazamiento de la realeza en viajes no sólo se han incrementado en número, sino también en complejidad. Mientras que en los ochenta se arreglaban todos los detalles entre la casa real y la embajada del país que debía recibirlos, hoy día las consultas y los preparativos son mucho más laboriosos. Pueden pasar hasta dos años entre los primeros contactos, por intermedio del Ministerio de Asuntos Exteriores, del 10 de Downing Street y de Buckingham, y el momento en que la reina y su esposo pisan la alfombra roja en el aeropuerto de la capital que los recibe.

Llegando a Canberra, Australia (2012)

Por lo menos seis meses antes de su visita a un país extranjero –o aun a una localidad de Gran Bretaña-, se pone en acción todo un dispositivo de seguridad. El yeoman viajante, un secretario particular, un encargado de prensa y el personal policial patrullan el itinerario previsto, verifican el confort y la calidad de los hoteles albergándose en ellos y la eficiencia de los transportes utilizándolos. Los altos funcionarios de palacio controlan hasta el más mínimo detalle, como el tiempo que empleará la soberana en desplazarse desde su residencia oficial hasta la del jefe de Estado en cuestión, la duración de las presentaciones en cada recepción, la de las comidas y los discursos, los depósitos de coronas de flores, la firma de libros de oro y, en particular, las indispensables pausas previstas a lo largo de la jornada para eso que los ingleses llaman púdicamente the calls of nature, las necesidades fisiológicas. Estas precauciones se toman tanto por la reina como por sus acompañantes, los miembros de la casa real, así como también para el príncipe de Gales y para todos los príncipes de la sangre.

Libro de oro firmado por la reina y su esposo en Kingston, Canadá


La reina no viaja nunca sin un séquito de unas treinta personas, compuesto por lo menos por dos damas de honor, dos vestidoras, una mucama, tres secretarios, dos palafreneros, un asistente del secretario, un asistente del agregado de prensa, un peluquero, ocho valets itinerantes, un médico y seis guardias de seguridad. A esto se le suma la tripulación de a bordo (del avión, el buque o el tren). Eso sí, si un médico acompaña siempre a la reina en sus viajes, el servicio sanitario de Isabel II no tiene nada que ver con aquel de su antepasada Victoria: en 1889, el mismo comprendía tres doctores de la corte, diez honorarios, dos cirujanos rentados, tres cirujanos honorarios, tres parteros, dos oculistas, un pediatra, cuatro médicos honorarios para el palacio, un dentista y nueve farmacéuticos. Es necesario aclarar que la reina Victoria era acompañada por decenas de servidores indios, ingleses y escoceses y varias princesas de su familia, cada una con su séquito personal.


La reina con miembros de su Casa


Su secretario particular, el Master of the Household y el ministro de Asuntos Exteriores o uno de sus adjuntos son también sus acompañantes obligados en todo desplazamiento al extranjero y participan en las conversaciones políticas y económicas que figuran en el programa, al margen de las manifestaciones puramente protocolarias. Están allí también para aconsejar a la reina llegado el caso. El Foreign Office prepara un informe sucinto, aunque muy completo, sobre el país visitado, su situación política, las relaciones entre éste y Gran Bretaña y las personalidades con las que deberá entrevistarse. Se le adjuntan notas biográficas que le permitirán situarlas bien y llevar la conversación sobre sus trabajos y sus experiencias particulares.

La reina escoltada por autoridades locales y seguida por miembros de su séquito durante un viaje a Australia (2011)

Imaginen”, dice el escritor Ralph Martin, “antes que ninguna otra cosa, que ustedes son el príncipe de Gales o la princesa real. Hacen el gesto de estrechar las manos; recuerdan el tiempo empleado para recoger los ramos de flores y sostenerlos y marchan casi exactamente al paso de los nobles tomando nota del tiempo que les lleva tal tarea. En cada detención, ustedes deberán saber quién estará allí esperándolos, quién estará sentado o de pie y dónde; qué cosa se les dirá y, por sobre todo, cuánto durará la ceremonia. En conjunto, con un detalle minuto por minuto, se emplearían docenas de páginas como informe y les será necesaria una intensa preparación.”


Una empleada de la casa real preparando el guardarropa de la reina.


Todo está planificado, estudiado, verificado, codificado. Una ficha indica el detalle de cada momento de la jornada: DJ, vestido de noche; LD, vestido largo; U, uniforme; LS, vestido de cóctel; DD, traje diario; TI, vestido de baile; T, tiara; D, condecoración. Por supuesto que esas letras pueden cambiarse. LDT significa, por ejemplo: vestido largo más tiara.


La reina parte de Fiji con destino a Nueva Zelanda (1954)


Isabel II ha batido todos los récords. En 1953, durante su Commonwealth Tour, estrechó la mano a 13.000 personas, pronunció 157 discursos y escuchó 276; honró con su presencia 135 recepciones; visitó 15 países diferentes, participó en 50 bailes, descubrió 13 placas conmemorativas, plantó 6 árboles y recibió más de 500 ramos de flores. Desde entonces ha viajado en visita oficial a casi dos países por año, y a veces más, como en 1980, un año particularmente cargado, en el que viajó a Suiza, Italia, el Vaticano, Argelia, Túnez y Marruecos. Esto sin tener en cuenta sus desplazamientos por la Commonwealth. El mismo año visitó Australia. En 1986 fue huésped del rey Birenda, de Nepal, y del Presidente de la República Popular China, Li Xiannian; y aún tuvo tiempo de volver a Australia, a Nueva Zelanda y a Hong Kong.

La reina y el duque de Edimburgo concluyen su tour australiano (octubre de 2011).


Cada baúl, cada caja y cada maleta son cuidadosamente marcados con etiquetas de diferentes colores. Cada miembro de la familia tiene su color exclusivo: amarilla para la reina, malva para el duque de Edimburgo, rojo para el príncipe de Gales, verde para la princesa real, etc. Las de la reina, con las palabras The Queen, son particularmente buscadas por los coleccionistas. Así que el travelling yeoman, encargado de sus equipajes, llevará siempre consigo una provisión. Durante el viaje de reconocimiento se habrá cuidado de medir la anchura de todas las puertas y el volumen de todas las cabinas de ascensor, de prever el transporte necesario y el itinerario más rápido para encaminarlas a su residencia, ya que, desembarcadas después de ella, tendrán obligatoriamente que ser descargadas antes de su llegada.



El equipaje de la reina, con sus etiquetas amarillas.


Sir John Colville, que fue secretario particular de Elizabeth II cuando era aún princesa y lo había sido de Neville Chamberlain y de Winston Churchill, dijo que “… las innumerables visitas de la reina al extranjero han hecho más por recordar a la gente que Gran Bretaña existe, por crear un clima favorable en los países extranjeros y en los de la Commonwealth a la vez y por promocionar las exportaciones británicas que muchas conferencias ministeriales y muchos protocolos diplomáticos”.



















jueves, 29 de septiembre de 2011

La Casa de Elizabeth I de Inglaterra

En el siglo XVI, el rey era considerado el ungido de Dios, y estaba obligado a mantener su posición en la parte superior de la Gran Cadena del Ser. Elizabeth I era un monarca poderoso, y era obvio que para ella y sus compañeros monarcas la magnificencia era un requisito de su lugar en esa Gran Cadena. Ya que estaban en el pináculo de los mortales terrenales necesitaban aparecer más capaces que los meros hombres, mejor vestidos y más profusamente asistidos. Elizabeth, siendo una mujer y por lo tanto, naturalmente inferior a un hombre, puede haber sentido esta exigencia con más intensidad que otros monarcas.

Además de ser el líder secular de Inglaterra, Elizabeth era la cabeza visible de la Iglesia anglicana, lo que multiplicaba su autoridad, mientras que al mismo tiempo le colocaba una carga adicional sobre ella. No sólo tenía que conservar su posición como la reina de Inglaterra, sino también que mantener su posición como líder religiosa. Con el fin de crear un adecuado nivel de magnificencia, Elizabeth tenía que convertir las tareas diarias en funciones ceremoniales, incluso algo tan sencillo como poner la mesa para la cena de la reina requería a los participantes arrodillarse ante la mesa vacía y colocar los utensilios sobre la mesa con la debida reverencia.


Estos rituales podían ser tan elaborados que se convirtieron en "cuasi-religiosa observancia". Esta necesidad de un elemento de la religión en su casa era de esperar en un monarca que era el jefe temporal de la Iglesia anglicana. Sin embargo, estas muestras también tenían un fin práctico: podían "impresionar a potenciales alborotadores con la majestad del soberano y la inutilidad y el pecado de la rebelión", que era fundamental en una época propensa a la sedición. A su vez, proporcionaban el entretenimiento adecuado a la gente importante, que era un punto crítico en la muestra de magnificencia.


La hospitalidad generosa era probablemente la forma más útil y generalizada del visible consumo de los nobles: hospedar, alimentar y entretener a los invitados. La eficiencia y la gentileza (o su ausencia) ofrecida por la casa en la provisión de tal hospitalidad, así como la hospitalidad en sí, afectaría a aquellos a quienes el señor estaba tratando de impresionar.


Elizabeth, en la primera parte de su reinado, necesitaba impresionar a un número de personas que también gobernarían Inglaterra. Muchas de estas personas eran los embajadores extranjeros presentes, especialmente los de Francia y España, por lo que tenía alojamientos permanentes en la corte. Debido a estos observadores permanentes, incluso las tareas domésticas debían ser llevadas a cabo de tal manera que promovieran un aura de respeto y admiración.

La separación de la vida personal y política era difusa en la aristocracia del siglo XVI y aún más en la vida del soberano. En una sociedad donde "nadie hacía una distinción entre las funciones públicas y privadas de la realeza", era la casa del monarca que apoyaba su vida personal y oficial. La corte de Elizabeth era un nexo de poder personal, político y religioso, por lo que "la asistencia allí se convirtió en la obligación social de la aristocracia y la meta de los simples mortales". Estas personas no buscaban servicios en el hogar de la reina por razones altruistas, sino que estaban tratando de avanzar sus propias carreras. Una vez dentro de la casa del monarca estaba hecha la fortuna de un hombre.

En el siglo XVI "el rey gobernaba tanto como reinaba", tenía que hacer política, así como presidir el país. Por lo tanto, la corte de Elizabeth "era no sólo el hogar mortal de esta medio-divinidad, que era el centro de casi todas las principales actividades del Estado". Debido a esto, su casa no sólo tenía que mantener su dignidad como monarca, sino también permitir el buen funcionamiento del gobierno entre sus allegados. Desde que el gobierno era presentado dentro de la casa del monarca, y "todo lo que pasaba escaleras arriba era dependiente al menos en parte del buen funcionamiento de la casa escaleras abajo". La función administrativa del gobierno se llevaba a cabo por el Consejo Privado, el conjunto de asesores oficiales de Elizabeth. Sin embargo, la Contraloría de la Casa, además de los deberes de su casa también estaba a cargo de un miembro del Consejo Privado. El resto de los funcionarios de su casa, aunque no era una parte oficial del gobierno de Inglaterra, "todavía eran llamados a desempeñar una variedad de importantes tareas nacionales". Estas tareas podían ir desde llevar mensajes de naturaleza sensible, a recurrir a su guardaespaldas personal para arrestar a Pares de alto rango por traición.

La casa desarrollaba una estructura burocrática que era un gobierno en miniatura en sí mismo, con el fin de mantener la posición de Elizabeth como un monarca y el gobierno presentado entre la corte. Cada parte de la casa tenía asignadas tareas específicas que formaban parte del todo necesario para producir el efecto de gloria y esplendor que rodeaba a la reina. Esta estructura permitía a la casa funcionar sin la supervisión directa de aquellos que eran necesarios para atender los asuntos de Estado, o la de la reina. Esta es la estructura mostraba cómo los distintos elementos se combinaban para crear la compleja corte isabelina, que alternaba entre ceremonia y practicidad.


Estructura de la Casa Real


La Casa real de Inglaterra era la más estable en Europa, después de la del Papa, porque "parece haber fluctuado menos dramáticamente con la personalidad del gobernante" antes que las casas de otros monarcas. Esta estabilidad fue el resultado de la infraestructura de la casa, que poseía un gobierno interno que podría haber mantenido la funcionalidad y la gloria de la vida de la corte sin ningún monarca en absoluto. Cada división individual "contenía muchos veteranos que podrían ejecutar sus secciones sin la guía de sus superiores", mucho menos la reina o sus ministros.

De acuerdo con J. D. Alsop, en "The Structure of Early Tudor Finance, c.1509-1558", los estratos más bajos de los funcionarios eran vistos como "inflexible, impersonal y sustancialmente burocráticos", también dice que la Cámara Privada era "fundamentalmente personalizada, irregular y (relativamente hablando) no estructurada". Esta percepción de los niveles más bajos de la casa como notablemente burocráticos muestra que estaban suficientemente estructurados para que el control directo del monarca no fuera requerido para su buen funcionamiento. No sólo era la casa capaz de mantener su burocracia, sino que tenía la posibilidad de evitar el procedimiento estándar con el fin de servir mejor a la reina. Esta flexibilidad era un término medio entre función y forma.


La casa se diferenciaba de otras cortes-parásitos por tres cosas: cargos de corte únicos, salarios u honorarios pagados puntualmente a los servidores y la autoridad del Lord Steward o el Lord Chambelán. Dentro de la estructura de la casa, era el funcionario más cercano al soberano. Pero pocos de los de la casa parecen haber sido sometidos a intervención real; en tiempos de Enrique VIII "de los cientos de funcionarios de la casa real sólo una veintena -y una vez más, sobre todo la Cámara Privada- entraba en intimidad, la mayoría tenía contacto más formal con el rey". No hay ninguna razón para creer que este modelo cambió en Elizabeth. Los funcionarios de la casa real estaban presentes, pero la mayoría no eran reconocidos. La Gran Cadena del Ser influenciaba las actitudes de aquellos que estaban siendo atendidos y los que realizaban el servicio, la reina no tenía ninguna necesidad de imponer la dirección personal en la mayoría de sus sirvientes.

De acuerdo con Simon Adams, en "Eliza Enthroned? The Court and its Politics", Elizabeth estaba obsesionada con la gestión de su casa. Pero Enrique VIII afectó la administración de la casa y la estructura de más de lo que Elizabeth hizo. Su padre había patrocinado dos importantes reformas de la casa, una en 1525 y otra en 1540, mientras que lo más que Elizabeth hizo fue nombrar una comisión para examinar sus hábitos de gasto. Adams puede interpretar la preocupación de Elizabeth por el gasto del gobierno como preocupación por la casa, ya que la única preocupación documentada que ella mostró por ésta fue cuando se gastó más dinero del que le hubiera gustado hacerlo. Elizabeth no tenía ningún motivo para preocuparse por la casa, ésta llevaba a cabo su función, permitiéndole a ella reinar y al gobierno funcionar bien.


La casa real estaba organizada en dos secciones principales, que Sir James Croft clasificó como "la Cámara y la Casa" y que Eduardo IV definió en el Liber Niger como la Domus Regie Magnificencie y el Domus Providencie. La primera sección era responsable de mantener el esplendor de la corte y la segunda de la gestión práctica de la misma. Se superponían muy poco, cada una mantenía su propia jerarquía y deberes, pero ambas contribuían a la grandeza de Inglaterra.


El control de la casa estaba dividido entre el Lord Steward (mayordomo mayor) y el Lord Chamberlain (chambelán). El Lord Steward era responsable de la Domus Providencie, así como "la contabilidad y la administración". Era asistido por la Junta de Greencloth, que consistía en la Tesorería de la Casa, la Contraloría y diversos empleados además del Lord Steward. El Tesorero, el Lord Steward y el Controlador se conocían colectivamente como los whitestaves por las barras (o bastones) de color blanco que llevaban como insignia de su cargo. El Lord Chamberlain era responsable del "ceremonial público y... el servicio privado del rey", en otras palabras, la Domus Regie Magnificencie. Era asistido por el Vice-Chambelán y algunas veces por algunos de los caballeros ujieres dentro de su departamento.


Servir al monarca era considerado "honorable y rentable en todos los niveles sociales". Era honorable porque tal servicio beneficiaba el reino y rentable, pues cada funcionario era bien compensado por su esfuerzo. La servidumbre de Elizabeth estaba dispuesta a realizar tareas extra para el monarca "con la esperanza de ganar algún tipo de notificación directa de su amo o una pequeña parte de su favor real." Este favor podría significar la colocación de un miembro de la familia dentro de la casa, un monopolio real o alguna otra concesión real. El monarca se beneficiaba de su servicio, ya que "Al tener una casa lujosa y una mesa generosa, por vestir a la servidumbre con finas libreas, mostrando un gran número de seguidores, un señor era capaz de afirmar su nobleza, proclamar su riqueza y publicitar su poder, atrayendo así a los clientes y ganar respeto"; sin embargo, por la misma razón, un funcionario que no cumpliera bien con su tarea o fuera menos que perfectamente respetuoso podría dañar la reputación del señor.

El aspecto de un sirviente era considerado un reflejo de su amo, por lo tanto, un sirviente descuidado era un signo de un pobre amo. Esto era tan importante en la Domus Providencie como lo era en la Domus Regie Magnificencie; los sirvientes "en los departamentos debajo de las escaleras" no eran cortesanos... pero cada uno realizaba tareas que eran vitales para el buen funcionamiento de la corte. Estas tareas eran quizás menos glamorosas que asistir directamente a la reina, pero eran importantes, ya que permitían a la reina presentar un aura de majestad y su consejo para dirigir el gobierno. Mesas puestas, alimentos preparados, camas hechas y salas barridas eran parte tan importante de la grandeza de la corte como organizar las ceremonias de la reina. En la naturaleza dual de la corte, el sentido práctico podía ser una parte tan importante del esplendor como las ropas finas o los asistentes uniformados.

Domus Regie Magnificencie


El Salón y la Cámara estaban bajo la Domus Regie Magnificencie, compuesta principalmente por la nobleza o aristocracia de alto rango. Estos funcionarios estaban bien pagados, pero también tenían sus propias fortunas y patrimonios. Debido a su rango más alto en la sociedad eran más independientes que los funcionarios de la Domus Providencie, tanto económica como intelectualmente. El objetivo de los funcionarios en el Domus Regie Magnificencie era hacer que el monarca se viera bien, y protegerla cuando ella quería retirarse del mundo.


El Lord Chamberlain, bajo cuya jurisdicción estaba Domus Regie Magnificencie, era responsable tanto de la Cámara Privada como de la Gran Cámara. Ambas tenían una plantilla de "Caballeros, Ujieres, Asistentes y Pajes", pero la Gran Cámara también incluía encargados del Guardarropa Privado hasta Coperos, Médicos psiquiatras (o Psíquicos), Capellanes, Yeomen de la Guardia y Caballeros Pensionados. Estas posiciones eran tanto prácticas como ceremoniales. Para ser nombrado para un puesto en la Domus Regie Magnificencie, "el cortesano necesitaba poseer conocimientos especializados poco más allá que otros miembros de su clase. Un buen conocimiento de etiqueta, equitación, caza y justa sería suficiente."

La Cámara Privada "marcaba la frontera entre la vida pública y privada del monarca; institucionalmente su personal solo servía los dos cuerpos del rey: el "cuerpo natural" real y el "cuerpo político de la majestad". La separación de estos dos estaba sólo empezando a emerger, Elizabeth prefería poder retirarse de la política cuando ella deseara y "reforzó la barrera [entre lo privado y lo político] por una disciplina feroz. Sus damas podían mencionar el nombre de uno de sus protegidos a la reina, pero no se les permitía casarse sin el consentimiento de la soberana. A pesar de ello este estricto control sobre las actividades de sus damas, se hizo tan evidente que "ni siquiera sus más cercanos sirvientes podían ser aislados de las presiones externas" (es decir, política). La naturaleza de la corte como un centro de gobierno impregnaba todos sus aspectos e hizo la participación en la política de Inglaterra inevitable.


La Domus Regie Magnificencie no contaba con la organización rígida de la Domus Providencie; no tenía jerarquía de departamentos y subdepartamentos. Cada funcionario se reportaba "directamente al lord chambelán" o su suplente. Esto hizo del control de la Domus Regie Magnificencie tanto más fácil como más difícil - más fácil, porque un solo hombre controlaba todo en la sección, y más difícil porque ese hombre era necesario para todas las decisiones importantes. La mayor parte de los deberes de los funcionarios de la Sala y la Cámara eran ceremoniales y no simplemente utilitarios, por lo que un hombre podía dirigir todo el trabajo hecho en la cámara. Incluso las tareas prácticas estaban "diseñadas más para impresionar al espectador que simplemente hacer el trabajo." Esta combinación de funcionalidad y formalidad permitió a Elizabeth mantener su posición como un poderoso monarca, ya que la separaba de los simples mortales.


Los alabarderos (Yeomen) de la Guardia eran guardaespaldas ceremoniales de la reina, pero, al igual que la casa real, eran utilizados para propósitos de Estado. A pesar de ser, técnicamente, una guardia personal, eran una parte tan importante del gobierno como su consejo privado. Eran enviados a menudo en las misiones diplomáticas como correos y los miembros de la Guardia eran asignados al Lord Teniente de Irlanda para infundirle prestigio. Los Caballeros Pensionados consistían en 50 hombres, entre ellos Capitán, Teniente y Abanderado. Eran en su mayoría ornamentales y "disfrutaban del alojamiento sólo cuando estaban de servicio", que era de diez a doce hombres a la vez. Este es uno de los raros casos de economía dentro de la Casa: estos hombres podían ser llamados a filas para las grandes ocasiones, cuando la pompa y la ceremonia se requería, pero no creaban una sangría permanente de los recursos de la corona.


Bajo Elizabeth había dos tipos de servidores de cámara - remunerados y no remunerados u "ordinarios" y "extraordinarios". Los funcionarios ordinarios recibían salarios regulares y servían a tiempo completo, y los extraordinarios recibían un estipendio simbólico y eran promovidos a posiciones de las ordinarias, cuando se producía una vacante. Los funcionarios ordinarios de la Cámara Privada eran conocidos como camareros. El más alto rango en la Cámara Privada lo ocupaban las "cuatro Damas de Alcoba y [las] siete Damas de la Cámara Privada". Estas mujeres eran nombradas por razones políticas, por ejemplo, para apaciguar a un cortesano favorito, o por un largo servicio en alguna otra capacidad. Ellas y los servidores masculinos de la cámara preparaban la cámara en la mañana para la comida del mediodía, y había pocas otras responsabilidades. De hecho, "el día de los funcionarios de la Cámara consistía en intensa actividad seguida por largos períodos de tiempo sin nada que hacer." Su principal objetivo era proporcionar un telón de fondo de la reina.


Además de las damas de la Cámara Privada, había Asistentes (Grooms) de la Cámara Privada. Había seis en la lista de coronación (cuatro ordinarios, dos extraordinarios); para 1580 había ocho ordinarios y cuatro extraordinarios. Este aumento en el número sólo puede explicarse por la necesidad de Elizabeth de estar más separada del mundo mortal. En 1580 estaba claro que la reina no se iba a casar y el resultado era el culto de la reina virgen, que requería una gran cantidad de ceremonia rodeándola.

Pam Wright, en "A Change in Direction: The Ramifications of a Female Household, 1558-1603", especificaba que los Asistentes de la Cámara eran de la aristocracia menor, pero no de sangre noble, lo que explica su afirmación de que algunos de los Asistentes parecían hacer el trabajo de mantenimiento de la habitación de la reina. Como correspondía a su condición humilde, eran utilizados por lo general para el trabajo de limpiar el palacio. Debían asegurarse de que techos, ventanas y portales de los apartamentos públicos se "mantuvieran libres de polvo, suciedad y telarañas." También mantenían las mesas para las comidas y traían los cuencos de agua para aquellos exigentes que se lavaban las manos.

Pero los Asistentes no estaban en la parte inferior de la jerarquía de la Domus Regie Magnificencie, esta ubicación pertenecía a los Pajes. La concepción popular de un paje es un niño pequeño formado en una casa noble, pero en la casa de Elizabeth un paje podía servir por más de veinte años. Su deber era despertar a los Asistentes y los alabarderos de la Cámara: "Sus días, de acuerdo con el reglamento, debía comenzar a las siete... Después de levantarse, los pajes encendían la lumbre y despertaban los escuderos para el cuerpo, dormitando frente a la puerta de los compartimentos del rey." También llevaban y traían y casi con seguridad hacían su parte en el trabajo servil.


La Domus Regie Magnificencie estaba organizada sobre una base muy floja, pero la organización existía, no obstante. El régimen autocrático del Lord Chamberlain era incuestionable y cada uno de los servidores de su departamento sabía que debía reportarse a él. Como era apropiado para un cuerpo que necesitaba responder a los caprichos de la reina, ellos eran flexibles dentro de esta estructura. Los alabarderos jerarquizaban los pajes, los pensionados jerarquizaban los alabarderos y cada hombre conocía su lugar en la corte. Las tareas del personal de la Sala y de la Cámara eran principalmente ceremoniales, lo que les permitía hacerse con el servidor más fácilmente disponible. Estas tareas eran a veces elaboradas, a veces simples, pero siempre tenían como objetivo el realce de la soberana.


Domus Providencie

Pasar de la cámara a la casa por debajo de las escaleras era pasar del mundo de los políticos y cortesanos al mundo de los servidores de carrera. La Domus Providencie era responsable de "limpieza, transporte y una serie de otras funciones domésticas" todas las que se centraban en los aspectos prácticos de la vida en la corte, pero permitían que las funciones ceremoniales procedieran sin obstáculos. La Domus Providencie se subdividía en varios departamentos y subdepartamentos que informaban a sus respectivos departamentos. La Domus Providencie se componía de baja aristocracia, la mayoría de la cual procedía de familias que habían servido al rey por generaciones y mantenían una fuerte presencia en la casa. Incluso estos niveles más bajos estaban llenos tradicionalmente por hombres, ya que fuera como políticos, ya como domésticos. En la segunda mitad del siglo XVI, muchos de los nobles comenzaron a escalar sus casas hasta las funciones específicamente domésticas y por tanto, emplear a un mayor número de servidoras "cuyas funciones rara vez pudieron haber sido más que estrictamente domésticas". Esta transformación todavía no había comenzado en la casa real, por lo que las posiciones eran mantenidas aún por hombres.


La Domus Providencie estaba bajo el control del Lord Steward. Su poder dentro de la casa, cuando optaba por ejercerlo, era absoluto. Elizabeth tuvo seis Lord Stewards durante su reinado, los tres primeros y los dos últimos no tenían interés en hacer cambios o ejercitar su poder sobre la casa. Su falta de interés demuestra lo bien que la casa podría funcionar sin la mano guiadora del Lord Steward, pero también muestra la facilidad con que un funcionario podía participar en la política de la corte con la exclusión de todo lo demás. El cuarto Lord Steward, Robert Dudley, conde de Leicester, se mostró más atento. Él "se convirtió en más que un jefe nominal del departamento del mayordomo mayor. Tomó parte activa en las deliberaciones de la junta de Greencloth y parece haber estado interesado en la reorganización de algunos oficios de la casa."


A diferencia de la Domus Regie Magnificencie, la Domus Providencie estaba dividida en departamentos, cada uno de los cuales tenía "una cadena uniforme de comando [que] iba desde sargento a alabardero de asistente a paje. Fuera del departamento era un empleado que tenía las facultades de supervisión." La cadena de mando abarcaba la totalidad de la Domus Providencie - cada división estaba situada en relación con los otros departamentos, con la masa en la parte inferior y la cocina en la parte superior. Esta rígida estructura le permitía funcionar con poca supervisión y sin esfuerzo proporcionaba las herramientas necesarias para que la corte apareciera como un centro de magnífica hospitalidad.


Los servidores en la Domus Providencie no estaban de ninguna manera confinados a sus áreas de responsabilidad, como lo serían en el siglo XVIII. A menudo "eran vistos escaleras arriba, donde muy comúnmente se acercaban a la presencia de su majestad con una petición." La delimitación estricta entre la sangre noble y la sangre común no impediría que hablaran unos a otros. Sus peticiones eran escuchadas con frecuencia y concedidas de vez en cuando. Su presencia no era visto como fuera de lugar, pero se requería, en consecuencia, ser de buen carácter y presentable a la reina. Cuando escaleras arriba eran de facto cortesanos tenían que aportar al brillo y pompa de la corte.



En la Contaduría "a finales del reinado de Elizabeth había dos Secretarios de la Greencloth [auditores de la casa], dos Controladores de Secretario, un Alabardero un Asistente y un Mensajero". El resto de la Domus Providencie se reportaba a la Contaduría, que era la principal responsable para que los presupuestos fueran reportados y los salarios pagados, pero "también escuchaba las quejas de los extranjeros en contra de esas necesarias pero perpetuas molestias, los proveedores reales." Una vez más, esto demostraba que la casa se autovigilaba, sin intervención innecesaria de extranjeros.


Esplendor más practicidad


La Casa de Elizabeth, sobre todo la Providencie Domus, era un gobierno en sí misma, proveyendo para su comodidad sin la supervisión de los funcionarios de su estado. La institucionalización de esta estructura hacía la panoplia de la corte más fácil de lograr. La segregación de oficiales de la casa en los departamentos y estrictas líneas de mando permitían una respuesta eficaz a los deseos de la reina y la corte. Dado que los miembros de la casa de la reina no tenían que consultar a nadie, excepto a sus superiores inmediatos para la instrucción en relación con sus funciones, su competencia era fácilmente establecida.

El salario y las recompensas pagadas a los funcionarios de la casa eran más altos que los de los servidores de otras casas, porque la reina necesitaba mantener su casa mejor que cualquier otra de la nobleza como evidencia de su superioridad. Esto también promovía la estabilidad, ya que los hombres tendían a permanecer en allí una vez que habían obtenido una posición. A pesar de este salario cómodo, los miembros de la casa abusaban de la generosidad de la reina: se apropiaban de comida y bienes antes de tener derecho a ellos, alimentando a más personas de lo que era permitido por ordenanza en la mesa de la reina y vendiendo de sus cargos en el momento de su jubilación. Estas prácticas eran tan institucionalizadas, que las reformas no podían tener ningún efecto apreciable en ellos.


Los miembros de la Domus Regie Magnificencie eran de un rango más alto y por lo tanto, eran más independientes, intelectual y económicamente. Dado que sus funciones eran en gran parte ceremoniales, tenían una gran cantidad de tiempo para intrigas políticas. Los caprichos de la reina influían en su rutina más de lo que introducían en la Domus Providencie, pero, debido a que la estructura era más laxa, eran capaces de funcionar sin problemas a pesar de su estado de ánimo. Aunque la Domus Regie Magnificencie estaba menos institucionalizada que la Providencie Domus , poseía una estructura de mando simple - cada miembro tenía que reportarse al Lord Chamberlain. Estaban obligados a rendir cuentas a él y ser disciplinados por él.

Debido a que el Gobierno estaba centrado en la corte, la eficiencia y el esplendor de ésta eran utilizados como una herramienta política. Había una prelación entre las naciones que se medían por la magnificencia de cada corte y Elizabeth estaba decidida a ser la mejor. Las libreas, las ceremonias, y la eficiencia de su casa estaban diseñadas para impresionar a los visitantes extranjeros, así como para asegurar a su propio pueblo que ella era la más fuerte monarca de Europa. Su posición como cabeza de la Iglesia Anglicana pueden haber influido en la complejidad de los rituales que la rodeaban, pero el principal motivo era político.


La estabilidad y la eficiencia de la casa de Elizabeth eran esenciales para mantener el esplendor de la vida cortesana. Tanto la Domus Regie Magnificencie como la Domus Providencie permitían que las ceremonias y rituales se llevaran a cabo para enfatizar la posición de la reina a la cabeza del gobierno, así como permitir que el gobierno recibiera los servicios básicos que necesitaba. Ambas permitían que la Corte funcionara, aun cuando estuvieran de viaje y que Elizabeth tuviera un espléndido un telón de fondo.