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sábado, 21 de agosto de 2010

Grace, Princesa Consorte de Mónaco


La ceremonia matrimonial de Grace Kelly con el príncipe Rainiero de Mónaco tuvo lugar el 19 de abril de 1956. Esa fecha marcó un antes y un después en la vida de la glamorosa estrella hollywoodense nacida en Filadelfia.

La actriz-princesa cuya vida de novela se aderezaba con un halo de elegancia natural, rodeada siempre por los representantes más exclusivos del beau monde, sigue dictando a los creadores cómo conferir a la mujer una femineidad delicada y elegante sin perder la sofisticación del glamour. En ella se mezclaban la practicidad estadounidense del american way of life, país que la vio nacer, crecer y triunfar, con el chic de la Europa decadente, donde la bellísima, diva del cine primero y miembro de la realeza después, creó su familia y fue una excepcional consorte. Su peculiar manera de vestir, mezclando lo clásico con lo vanguardista, consiguió convertirla en una verdadera musa atemporal de la moda, un icono que traspasó las décadas.


Edith Head, modista de la Paramount Pictures, creó el sugerente vestido de satén verde perla con el que Kelly recogió su único Oscar en 1954 por The Country Girl (“La angustia de vivir”), cuando tenía sólo 25 años. La legendaria diseñadora de vestuario que logró el Oscar en ocho ocasiones se tomó muy mal que Grace Kelly no le encargara su vestido de novia y tenía su punto de razón: la actriz nunca apareció más esplendorosa que en Rear Window (“La ventana indiscreta”) y To Catch a Thief, (“Para atrapar a un ladrón”), ambas dirigidas por Hitchcock, con el espectacular vestuario elaborado en el taller de Head.

Luego del anuncio del compromiso, el 5 de enero de 1956, aunque Rainiero dijo que Grace no volvería a actuar, la actriz se reincorporó a la filmación de High society (“Alta Sociedad”) y, al concluir, pidió un año libre a Metro Goldwyn Mayer, los estudios fílmicos con los cuales le quedaban cuatro años de contrato por cumplir. MGM quería mantener a su famosa actriz, lo cual explica que le regalara los vestidos que vistió en la película, y también el traje de novia. Helen Rose —la principal diseñadora de vestuario de MGM— fue la responsable del traje que lució Grace y que fue considerado el más caro salido nunca de los estudios de la Metro.


La filmación de High Society mantuvo muy ocupadas tanto a la futura novia como a la diseñadora; por lo que usaron como punto de partida una idea concebida para el vestuario de esa película. Grace pidió que le incorporara una cola; la parte superior fue hecha con un delicado encaje francés rosa pálido de un siglo de antigüedad y la amplia falda unida por un fajín. Tan pronto aprobó el diseño, 35 artesanos —modistas, bordadoras, especialistas en color— dedicaron 6 semanas a elaborarlo. Al encaje se añadieron veinticinco metros de tafetán y cien metros de tisú de seda. La tradición de llevar la novia algo azul, la cumplió con el detalle de adornar las tres enaguas superpuestas con lazos azules. Y el velo llevaba bordados miles de diminutas perlas.


Para empacarlo construyeron una caja de aluminio de 2,10 x 1,2 metros, donde iba el vestido (relleno de almohadillas y papel de seda), el velo, el devocionario y el traje para la ceremonia civil junto a un negligee e incontables motas de algodón empapadas de perfume para ‘que cuando lo abriera recibiera el aroma de miles de flores’. Grace ensayó a vestirse varias veces antes de la mañana del 19 de abril, cuando llena de solemnidad se desplazó por el pasillo de la catedral de San Nicolás para convertirse en Su Alteza Serenísima y detentar la lista de títulos más larga de la nobleza, aunque todos ellos fueran de menor entidad, ínfima la mayor parte de las veces.

No era la primera mujer de su país que accedía como consorte al trono del principado, ya que le había precedido Alice Heine, de Nueva Orléans, quien casó con Alberto I de Mónaco, pero sí fue la más admirada, la más querida, la más criticada cuando perdió su silueta de cisne y la más llorada el día de su entierro. Y también la menos conocida en su dimensión humana, para ceder el lugar a un escenario de opereta y un personaje de “princesa de cuento de hadas”, como diría la prensa. Sin tener sangre real en sus venas, Grace Kelly supo mantenerse en su puesto con una elegancia y discreción dignas de la mejor cuna. Desde el momento en que contrajo matrimonio con Rainiero nadie pudo poner el más mínimo reparo a su comportamiento y llegó incluso a controlar la calificación moral de las películas exhibidas en su principado.



En poco tiempo, la que había sido famosa estrella de cine, estilizada modelo y portada de las más prestigiosas revistas especializadas, se había convertido en lo que sería su imagen fiel hasta su muerte: la marca de fábrica de la dama de alta sociedad solitaria y aburrida. Consciente de su destino y de su obligación de vender con dignidad el atractivo turístico y el refugio financiero que daba Mónaco, Grace había decidido dar a su público lo que le pedía. Su rubia melena de diario y sus moños, chignons o complicados postizos en las recepciones serían invariables, incluso en el catafalco. Ni un asomo de cardado, de mechas, ni un cambio en esa forma de peinarse que la definiría.


Una sonrisa digna, de perlados dientes. Gafas negras en sus encuentros al aire libre con la prensa. Zapatos de medio tacón, para no destacar ante la talla de su marido y superarle. Foulards blancos al cuello de los discretos trajes de chaqueta. En la mano derecha, bolso de Chanel o de Roberta di Camerino y unos impolutos guantes claros de cabritilla, como los que usaba la reina Isabel de Inglaterra, la soberana que la consideraba una advenediza. No hubo congreso, festival de televisión o concierto que no contara, aunque solo fuera por breves minutos, con la presencia de la nueva princesa. Una presencia que costaba una fortuna, pero que hacía de Montecarlo el punto más exquisito y elegante de la Costa Azul.


Prematuramente madura, con unos cuantos años más de su edad real a causa de los clásicos modelos con que se vestía y embebida de sus sueños tradicionales, la norteamericana intentó llevar hasta el fin sus ideas. La fidelidad matrimonial, una profunda religiosidad y la defensa de imponer una educación tradicional a sus futuros hijos, fueron desde
el primer día sus objetivos.
El ingreso de Kelly en el mundo de la realeza transmutó aquel estilo clásico de los cincuenta en un gusto por la alta costura que tuvo en Dior, Balenciaga, Givenchy y Saint Laurent sus grandes favoritos. Fue un vestido de gasa azul de Christian Dior el que permitió a la princesa proclamar desde la portada de Paris Match, en 1956, que las mujeres embarazadas podían seguir transmitiendo un chic innato. Utilizó un elegante traje verde de Givenchy para una visita oficial a la Casa Blanca en 1961, donde fue recibida por JFK y su esposa, Jacqueline. En 1981 eligió un fabuloso vestido morado de Yves Saint Laurent para una gala benéfica en el Royal Opera House, de Londres, donde coincidió con lady Diana Spencer, futura princesa de Gales.

Por el día elegía pañuelos de Hermès con todos los motivos y temas de la historia universal: abstractos, con motivos art-decó, de animales, selvas u otros lugares geográficos. Los maravillosos carrés de seda de la maison francesa de maletas y complementos servían a la princesa para proteger sus cabellos del sol, cuidar su garganta del frío o para ser anudados como simple adorno de sus bolsos, cinturones o vestidos.

Otro de los básicos de Grace Kelly eran las gafas de sol -que elegía enormes-, los vestidos tipo túnica, tan de moda en los ’70 y los grandes bolsos con herrajes de inspiración joya. No por nada la casa de alta costura favorita de la dama, Hermès, bautizó a uno de sus bolsos estrella, que hoy sigue editando con diferentes materiales, con el nombre de la princesa, el Kelly bag. Grace había puesto de moda ese modelo al ser fotografiada varias veces con él. En cuanto a los bolsos de noche, usaba pequeños clutches cuajados de brillantes. Las pamelas o grandes sombreros le encantaban, así como los lazos anudados a la cintura.

La ropa de ballet fue otra de sus grandes fuentes de inspiración: tules, sedas, organdí, el color rosa casi blanco de las bailarinas enamoraba a la princesa, que en repetidas ocasiones pidió a los modistos esta clase de diseños para la noche. Los vestidos vaporosos ceñidos al talle en colores pastel llenaban sus armarios. Avanzada su vida de princesa se decantó por sinuosos vestidos de noche muy ceñidos, en satén, raso, organza y seda. Su color favorito para las grandes ocasiones era el negro, seguido del rosa claro y el azul. Chanel era su modista ideal para los trajes sastre, que adoraba confeccionados en tela de tweed.


Grace daba rienda suelta a su fantasía cuando iba a un baile de disfraces. Para aumentar los fondos de la Cruz Roja organizó un baile anual de beneficencia a favor de la institución, que resultó el acontecimiento social más esplendoroso del año en la Costa Azul y uno de los más selectos del mundo. En el curso de los años asistieron al evento algunos de los personajes más conocidos del orbe, todos ataviados con trajes espectaculares. Pero los disfraces más fantásticos los lucía Grace, que un año tuvo que trasladarse a la gala en una furgoneta, porque su tocado, compuesto por largas agujas doradas, no cabía en el coche real. “Parecía radio Montecarlo”, bromeó la princesa. Esta gala fue siempre su diversión favorita, porque le daba la oportunidad de ver a sus antiguos amigos, vestirse de manera extravagante y conseguir gran cantidad de dinero para una causa con la que se había comprometido de corazón.

Pero en ella siempre estaba presente la contradicción. La princesa, tan comprometida y ocupada, era capaz de olvidarse, en ciertos momentos, de todas sus responsabilidades, de una manera casi infantil. Una de sus damas de honor recuerda que una vez fue a buscar a Grace a palacio para que asistiese a una asamblea de la Cruz Roja y olió que algo se quemaba. Rápidamente abrió la puerta de la biblioteca. Grace estaba allí jugando con un sello que Rainiero le había regalado con el escudo de armas de su familia. Estaba calentando diversas ceras de colores para ver cuál de ellas iba mejor. “Cuando me vio –escribió la joven- dio un salto pequeño como una niña cogida en falta. Por toda la estancia había cera fundida; la mesa redonda y la alfombra estaban llenas de cerillas y de sobres arrugados. Grace continuó jugando hasta que, de pronto, vio la hora que era y comprendió que ya no podía acudir a la asamblea”.

Cuando no tenía algún asunto serio entre manos, o ninguna diversión, la princesa sucumbía al aburrimiento sin intentar llenar aquellos espacios de libertad. Aquel decaimiento le impedía actuar correctamente en algunas ocasiones y cumplir con sus responsabilidades cuando éstas coincidían con ese estado anímico, lo que era bastante frecuente. Grace trataba de aliviarlo como podía. Era, según un amigo, “infantil” respecto a las fiestas y le excitaba mucho ver a sus amistades. Era infatigable en las reuniones, a veces se resistía a volver a palacio y se quedaba bebiendo champaña hasta altas horas de la madrugada. Esto sucedía también cuando recibía a sus amistades, con quienes jugaba. Y recordaba tiempos pasados hasta el amanecer.



Grace tardó varios años en sentirse a gusto entre los monegascos. Su falta de confianza en el buen desempeño de su papel le resultaba, a veces, un verdadero obstáculo. Su dificultad con el idioma, su falta de familiaridad con el protocolo, su temor a dejar en mal lugar a su esposo, incluso su miopía, la mantenían dentro de una “burbuja de plástico” durante sus apariciones en público. Y el resultado era que, una mujer que sus amigos conocían como cálida y llena de vida, no sólo estaba aislada de sus súbditos, sino que se distanciaba de relaciones sociales que hubiesen podido proporcionarle nuevas amistades para salir de su soledad.

Según la gente ajena a Mónaco, se había integrado perfectamente y con elegancia en los ambientes de la realeza. Su belleza deslumbraba al más indiferente de los jefes de Estado y su reserva, aunque hija del miedo, era considerada como una prueba de su rango. En la década del sesenta, la princesa Grace era considerada una de las mujeres más admiradas, celebradas e imitadas del mundo entero, hecho que confundió a algunos observadores. Maurice Zolotow, al dar el perfil de Grace en 1961, empezaba su artículo:

Una de las cuestiones más curiosas de la opinión pública es por qué todos continúan estando pendientes de cierta rubia alta y esbelta, de treinta y dos años de edad, que se casó y tiene dos hijos y que, durante seis años, no ha contribuido en nada, absolutamente, al desarrollo artístico, político, económico o social del mundo, para justificar la gran atención que consigue… Es una de las siete mujeres más populares de la pasada década en la prensa internacional, siendo sus rivales la princesa Margarita, Marilyn Monroe, Brigitte Bardot, Elizabeth Taylor, Jacqueline Kennedy y la reina Isabel II de Inglaterra. Se ha publicado mucho más acerca de la princesa Grace hoy en día, en las revistas y los periódicos de Europa y América, que en 1954, cuando se hallaba en el pináculo de la fama como una de las mejores estrellas de Hollywood…”


La mística de estrella de cine convertida en princesa le sirvió de mucho, pero también le ayudó la particularidad de ser la esposa de un jefe de Estado. Pocas personalidades políticas resultaban tan bellas, tan elegantes, tan encantadoras en las entrevistas personales como la princesa consorte de Mónaco. Las mismas atractivas cualidades que separaban a Jacqueline Kennedy de las otras esposas de presidentes eran las que distinguían a Grace.

El nacimiento de sus hijos, más que cualquier otra cosa, cimentó la unión de Grace con el príncipe y con el principado. Estaba decidida a ser la mejor de las esposas para su marido, la mejor de las madres para sus hijos y también la mejor princesa de Mónaco. William F. Buckley dijo de Grace que “si hubiese decidido ser monja en lugar de princesa, no habría existido la menor diferencia en la fidelidad de su vocación”.


La segunda mitad de la década de los sesenta fue el período más feliz de la vida conyugal de Grace. Casi todas las pruebas con las que había tenido que enfrentarse en sus primeros diez años como princesa habían quedado atrás; había superado correctamente su período de aprendizaje. Había aceptado el protocolo real y familiar y lo había integrado a su vida. Comprendía las costumbres y la idiosincrasia de los monegascos y les había demostrado su carácter por medio de sus actos y su ejemplo, con lo que había logrado su afecto y admiración.


Hasta los setenta Grace había demostrado una imperturbable apariencia de decoro. En público se mostraba como un compendio de reserva y compostura. En las entrevistas mantenía invariablemente su dignidad y sólo decía lo que se esperaba de ella, sin apenas revelar nada acerca de sí misma. Sonreía fríamente y dejaba sin respuestas aquellas preguntas que consideraba impertinentes. Ciertos reporteros la describieron como “repetitiva” y “rígida”, con una sonrisa “plástica” y “helada” y sus respuestas eran consideradas “aburridas”.

La proximidad de sus 40 años produjo en ella un cambio de actitud. Silenciosa y constante, en lugar de reducir sus actividades y obligaciones, Grace se imponía más. Prefería tener mucho trabajo y acabar exhausta, que disponer de excesivo tiempo libre, lo que la llevaría a aburrirse, a inquietarse y a sentir nostalgia de sus amigos. Se ocupaba además de proyectos propios, de empresas que satisfacían su creatividad y que la mantenían un poco al margen de sus problemas y responsabilidades: primero diseñó cuadros con flores disecadas, lo que resultaba sedante para ella, luego se dedicó a la lectura de poesía, que la llevó a hablar en público por toda Norteamérica y Europa. El escritor y director John Carroll dijo que “la princesa Grace posee un gran sentido del ritmo, el sentido de la perfección. Posee una voz suave, muy grata, con una maravillosa gama de tonos. Y posee, asimismo, un gran sentido del humor”.

Sus experiencias durante la segunda mitad de la década de los ’70 supusieron una dolorosa sucesión de problemas: rumores de infidelidades del príncipe, distanciamiento en la pareja, disgustos con sus hijos. Sus estados de nervios la llevaron a refugiarse en el alcohol. El resultado fue que no pudo controlar su peso y el último año de su vida engordó en exceso, aspecto que resultaba bastante extraño en una mujer que siempre había sido delgada. En 1982 un accidente de auto le quitó la vida, en la misma carretera de Mónaco en la que ella y Cary Grant hacen un picnic en la película To Catch a Thief.

La princesa Gracia Patricia de Mónaco sigue siendo un referente de la moda, su belleza y elegancia quedaron grabadas en la memoria colectiva y se transformó en todo un icono. Jean d’Ormesson, de la Academia Francesa, dijo de ella al momento de su muerte: “Era uno de esos escasos seres de leyenda que dan su gracia al mundo. Por una casualidad demasiado notable como para ser sólo una obra del azar, unía con belleza y encanto dos sueños de nuestra época, el uno dirigido al porvenir y el otro al pasado: los estudios de cine y los bailes de la corte, los reflectores y los palacios, el cine y el trono. La última pastora de corazones de nuestro tiempo había sido actriz antes que princesa. Había interpretado ese mundo antes que vivirlo y, en sus dos vidas sucesivas, había conocido la gloria y encarnado la felicidad para los millones de espectadores de su fulgurante carrera”.


martes, 23 de febrero de 2010

La Princesa Consorte de Mónaco (II)

Grace Patricia Kelly (1929-1982) fue una actriz norteamericana, ícono de la moda, convertida por matrimonio en Princesa de Mónaco.



Nació en Filadelfia, en el estado de Pensilvania, en el seno de una familia católica de origen irlandés. Su padre, John Brendan Kelly (usualmente conocido como Jack Kelly), era un millonario de la Costa Este y además héroe local del deporte al haber ganado una medalla de oro olímpica en remo. A pesar de que su familia se opuso a que fuese actriz, Kelly quiso realizar el sueño que había tenido desde niña. Se fue a Nueva York donde trabajó como modelo y estudió interpretación en la Academia Nacional de Arte Dramático. En 1949 consiguió su primer papel en Broadway, la zona de teatros más prestigiosa de Nueva York, en la obra The Father, de Strindberg, junto a Raymond Massey. Seguidamente hizo algunas apariciones en televisión, hasta que decidió trasladarse a Los Ángeles para probar fortuna en el cine.


Ya en 1951, a los 22 años, Kelly hizo su debut en el cine en la película "Catorce horas", actuando en un papel secundario. Su elegancia y delicada belleza llamaron poderosamente la atención en Hollywood, de forma que al año siguiente se le ofreció el papel principal en el western "Solo ante el peligro", junto a Gary Cooper. Su siguiente film fue "Mogambo", junto a Clark Gable y Ava Gardner, por el cual fue candidata al Oscar como Mejor Actriz de Reparto.




En su corta carrera cinematográfica, Kelly fue una de las actrices favoritas de Hitchcock, con quien trabajó en tres películas, "Crimen perfecto" con Ray Milland, "La ventana indiscreta" con James Stewart, y "Para atrapar a un ladrón" con Cary Grant. Esta última se rodó en Mónaco, donde Kelly conoció a su futuro marido, el Príncipe Rainiero. También trabajó al lado de Sir Alec Guinness en el " El Cisne", un anticipo de la vida futura que le esperaba (1955). En 1954 hizo “Los Puentes de Toko-Ri”, junto a William Holden, el mismo año en que obtuvo un Oscar como mejor actriz principal por "La angustia de vivir" (The country girl) co-protagonizada por Bing Crosby, y en que comenzó “Fuego Verde”, con Stewart Granger. Su última película fue "Alta sociedad", un remake musical de su papel de graduación en The Philadelphia Story, nuevamente con Bing Crosby. Después ya se trasladó a Mónaco para casarse con Rainiero, quien le había manifestado, muy a pesar de Kelly, que si se convertía en princesa de Mónaco debía dejar el cine. Tenía 11 películas en su haber. En sus años de actriz, se dice que Kelly vivió varios romances, principalmente con los actores con los que había trabajado, como Clark Gable, William Holden, Bing Crosby y Cary Grant.



En el Festival de Cine de Cannes de 1955, Grace fue invitada a una sesión de fotos en el Palacio de Mónaco junto a su soberano, el príncipe Rainiero III. A partir de este primer encuentro y a su regreso a América, mantuvo correspondencia con él. En diciembre, en medio de un tour de Rainiero a los Estados Unidos, el príncipe visitó a los Kelly y propuso matrimonio a Grace.

Su boda, el 19 de abril de 1956, fue como un cuento de hadas. Luego de una apoteósica llegada en barco al puerto de Mónaco el día 12 y una ceremonia civil de 40 minutos en el palacio el día 18, tuvo lugar la ceremonia religiosa en la Catedral de San Nicolás. Los 600 invitados incluían estrellas de Hollywood de la talla de David Niven y Ava Gardner pero una ausencia prácticamente total de cabezas coronadas. El Aga Khan, con su flamante título de príncipe, fue el único toque de nobleza, no precisamente legítima.



A partir de entonces su vida y su trabajo estuvieron dedicados por entero a su familia y al Principado. Fue activa en el desarrollo de las instituciones artísticas y benéficas locales. Su figura y estilo dieron un nuevo impulso a Mónaco, el cual creció económicamente gracias al turismo y al impulso de inversionistas, atraídos por las concesiones económicas impulsadas por Rainiero.


El matrimonio tuvo tres hijos:


  • Caroline Louise Marguerite (1957- ) hoy princesa de Hannover y presunta heredera al trono monegasco
  • Albert II, Príncipe soberano de Mónaco (1958- )
  • Stéphanie Marie Elisabeth (1965- )


En 13 de septiembre de 1982 la princesa Grace sufrió un accidente cuando conducía su auto por una carretera cercana a Mónaco. Llevaba a su hija Estefanía como acompañante, quien salió ilesa. Al día siguiente, la Princesa murió sin recobrar el conocimiento en el Centro Hospitalario Princesa Grace. Tenía 52 años. El Príncipe Rainiero nunca pudo superar la pérdida de su esposa.


Títulos

  • Noviembre 12, 1929 – Abril 19, 1956: Miss Grace Patricia Kelly
  • Abril 19, 1956 – Septiembre 14, 1982: Su Alteza Serenísima La Princesa Consorte de Mónaco

viernes, 5 de febrero de 2010

La Princesa Consorte de Mónaco (I)

Alice Heine (1858-1925) fue la segunda esposa del príncipe Alberto I de Mónaco, tatarabuelo de Alberto II, el soberano actual. Nació en New Orleans, Louisiana, hija de Michael Heine, vástago de una prominente familia de banqueros de Berlín y París y sobrino del poeta Heinrich Heine.

La Guerra Civil americana hizo que la familia volviera a Francia, donde la juventud y belleza de Alice –y la riqueza de su familia- causaron gran impresión en la sociedad parisiense. La firma de su padre ayudó a financiar la guerra de Napoleón III contra Rusia.


Alice, Duquesa de Richelieu


Alice casó en primeras nupcias con Marie Odet Armand Aimable Chapelle, Marqués de Jumilhac, 7º Duque de Richelieu y de Fronsac, el 27 de febrero de 1875 en París. Su único hijo, Armand Chapelle (nacido en diciembre de ese mismo año), se convirtió en 8º y último duque de Richelieu y de Fronsac y Marqués de Jumilhac luego de la muerte de su padre en 1880. Cuando murió en 1952 sin descendencia, el título de Duque de Richelieu fue nada menos que al heredero pretendiente al trono francés, Henri, conde de París.


Alice, Princesa Consorte de Mónaco


El segundo matrimonio de Alice fue con Alberto I Grimaldi, príncipe soberano de Mónaco, el 30 de octubre de 1889. El soberano era oceanógrafo y durante sus largos viajes a través del mar, Alice se interesó grandemente en la ópera de Mónaco. En este sentido, volcó todas sus energías para convertir al principado en uno de los más grandes centros culturales de Europa, a través de la ópera, el teatro y el ballet bajo la dirección del célebre empresario Serge Diaghilev. El príncipe y la princesa de Mónaco se separaron judicialmente en 1902 pero continuaron casados. A partir de la muerte del príncipe veinte años más tarde, Alice se convirtió en la Princesa Viuda de Mónaco. No volvió a casarse más.


El 11º Príncipe Soberano de Mónaco, Alberto I Grimaldi

Títulos

* Miss Marie Alice Heine (1857–1874)
* Su Gracia la Marquesa de Jumilhac (1874-1879)
* Su Gracia la Duquesa de Richelieu y de Fronsac, Marquesa de Jumilhac (1879-1880)
* Su Gracia la Duquesa Viuda de Richelieu y de Fronsac, Marquesa Viuda de Jumilhac (1880–1889)
* Su Serena Alteza la Princesa de Mónaco (1889–1922)
* Su Serena Alteza la Princesa Alicia de Mónaco, Princesa Viuda de Mónaco (1922–1925)


La Opera de Montecarlo

Títulos completos

Su Serena Alteza la Princesa Alicia, Princesa de Mónaco, Duquesa de Richelieu, Fronsac, Valentinois, Mazarin, Mayenne y Estouteville, Princesa de Château-Porcien, Marquesa de Jumilhac, Baux-de-Provence, Guiscard y Chilly, Condesa de Carladès, Thorigny, Longjumeau, Ferrette, Belfort, Thann y Rosemont, Baronesa de Buis, Saint-Lô, la Luthumière, Hambye, Massy, le Calvinet y Altkirch, Señora de Saint-Rémy, Matignon e Issenheim.



viernes, 29 de enero de 2010

Los Tratamientos reales: cambios durante el siglo XX

MONARQUIAS HOY REINANTES


  • El 7 de febrero de 1901, el duque Enrique de Mecklenburg es creado príncipe de los Países Bajos al contraer matrimonio con la Reina y recibe el tratamiento de Alteza Real de parte de Guillermina, Reina de los Países Bajos, su esposa.

Príncipe consorte de los Países Bajos, Henry (nacido Mecklenburg-Schwerin)




  • El 5 de febrero de 1904, los hijos del príncipe Waldemar de Dinamarca reciben el tratamiento de Alteza Real por Cristián IX, Rey de Dinamarca, su abuelo.


  • El 9 de noviembre de 1905, Lady Alexandra y Lady Maud Duff, hijas del Duque de Fife y de la princesa Luisa de Gran Bretaña, fueron creadas princesas de Gran Bretaña con el tratamiento de Alteza por Eduardo VII, Rey de Gran Bretaña, su abuelo.



  • El 3 de abril de 1906, la princesa Victoria Eugenia de Battenberg, prometida del Rey de España, recibió el tratamiento de Alteza Real por Eduardo VII, Rey de Gran Bretaña, su tío.


Reina consorte de España, Victoria Eugenie (nacida princesa de Battenberg)




  • El 20 de junio de 1911, Adolphus, Duque de Teck, recibió el tratamiento de Alteza por Jorge V, Rey de Gran Bretaña, su cuñado.


  • El 17 de junio de 1914, los hijos del Príncipe Ernesto Augusto III de Hannover, duque de Brünswick, recibieron el tratamiento de Alteza Real por Jorge V, Rey de Gran Bretaña.


  • El 14 de julio de 1917, los súbditos británicos que, miembros de familias surgidas de matrimonios morganáticos de príncipes alemanes, ostentaban tratamiento de Alteza o Alteza Serenísima, renuncian a sus tratamientos junto a sus títulos alemanes de príncipes de Battenberg y príncipes o duques de Teck y obtienen títulos de nobleza británicos con tratamiento de Lord si les corresponde como miembros de la nobleza británica.

Príncipe Alexander de Teck (más tarde Alexander Cambridge, 1º Conde de Athlone)




  • El 17 de julio de 1917 un decreto real especifica que sólo mantendrán el tratamiento de Alteza Real los miembros de la Familia Real Británica hijos o nietos de Rey. El resto pierde su condición de príncipes y mantendrán el tratamiento que les corresponda como miembros de la nobleza británica.


  • El 25 de setiembre de 1919, Su Alteza Real La Princesa Patricia de Connaught desea ser tratada como Lady Ramsay y recibe la autorización de George V, Rey del Reino Unido.


Princesa Patricia de Connaught (más tarde Lady Patricia Ramsay)




  • El 17 de mayo de 1927, Doña María Luisa de Silva, Duquesa de Talavera de la Reina, esposa de Don Fernando de Baviera, Infante de España, es la primera persona, y hasta ahora la única, de sangre no real, que en España recibe el título de Infanta con tratamiento de Alteza Real por parte de Don Alfonso XIII, Rey de España.


  • El 7 de enero de 1937, el príncipe Bernhard zur Lippe-Biesterfeld es creado príncipe de los Países Bajos tras su boda con la princesa Juliana, heredera del Trono, con el tratamiento de Alteza Real, por parte de Guillermina, Reina de los Países Bajos, su suegra.


  • El 6 de diciembre de 1941, Liliane Baels, esposa del Rey Leopoldo III de los belgas, es creada Princesa de Réthy con el tratamiento de Alteza Real por Leopoldo III, Rey de los Belgas, su esposo.



Liliane Baels (más tarde Princesa de Réthy, Reina consorte de los Belgas)




  • El 20 de noviembre de 1947, Lord Philip Mountbatten, Duque de Edimburgo, recibe el tratamiento de Alteza Real por Jorge VI, Rey del Reino Unido, su suegro.


  • El 22 de octubre de 1948 se especifica que los hijos e hijas de S.A.R. el Duque de Edimburgo y S.A.R. la Princesa Isabel, duquesa de Edimburgo, recibirán el tratamiento de Alteza Real por parte de Jorge VI, Rey del Reino Unido, su abuelo.


  • El 10 de marzo de 1966, Claus von Amsberg es creado príncipe de los Países Bajos, tras su matrimonio con la Princesa Heredera Beatriz, con el tratamiento de Alteza Real, por parte de Juliana, Reina de los Países Bajos, su suegra.



Claus von Amsberg (más tarde Príncipe de los Países Bajos) y la Princesa Beatriz de los Países Bajos



  • En 1974 la Princesa Alicia, duquesa de Gloucester, recibe el tratamiento de Alteza Real por Elizabeth II, Reina del Reino Unido.

  • En 1996 Diana, Princesa de Gales, pierde el tratamiento de Alteza Real luego de su divorcio del Príncipe de Gales, reteniendo el tratamiento correspondiente a la esposa de un Par del Reino divorciada.


  • En 1996 Sarah, Duquesa de York, pierde el tratamiento de Alteza Real luego de su divorcio del Duque de York, reteniendo el tratamiento correspondiente a la esposa de un Par del Reino divorciada.


  • El 19 de junio de 1999, un decreto real especifica que los hijos e hijas de S.A.R. El Príncipe Eduardo, Conde de Wessex, por expreso deseo de sus padres, recibirán el tratamiento de Lord y Lady Windsor con la autorización de Elizabeth II del Reino Unido, su abuela.



Los Condes de Wessex y su primogénito, lord James Windsor, Vizconde Severn


jueves, 28 de enero de 2010

Los Estados mediatizados

Los titulares de estos estados serán considerados iguales en nacimiento a los titulares de una casa soberana, por lo que los matrimonios mixtos no serán considerados morganáticos. Sin embargo, a su vez pueden contraer matrimonios iguales con miembros de la nobleza titulada.


Blasón de Sayn-Wittgenstein-Berleburg


Se convierten en los primeros súbditos del soberano en cuyo territorio haya quedado enclavado el estado mediatizado, ocupando los primeros rangos protocolarios tras la familia reinante. Mantendrán su jurisdicción civil y penal en justicia menor. Estarán exentos de servicios como el militar, etc. Es decir gobernarán un estado dentro del estado soberano aunque sometido a sus leyes y supervisión.

A las prerrogativas anteriores algunos estados añadieron la de considerar a los jefes de las Casas Mediatizadas como miembros natos de la cámara alta. El Emperador de Austria reconoció, no sistemáticamente, aunque si de hecho, el estatus de Mediatizado a todos los ducados y principados aunque no estuvieran enclavados en su territorio.

§ Abensberg-Traun
§ Anhalt-Bernburg-Schaumburg-Hoym
§ Arenberg
§ Aspremont-Lynden
§ Auersperg
§ Bentheim
§ Bentinck
§ Bömelberg
§ Bretzenheim
§ Castell
§ Colloredo
§ Croÿ
§ Dietrichstein
§ Erbach
§ Esterházy von Galántha


Condesa Isabella Esterházy de Galántha (1911)

§ Fürstenberg
§ Fugger
§ Giech
§ Harrach
§ Hesse
§ Hohenlohe
§ Kaunitz-Rietberg
§ Khevenhüller-Metsch
§ Königsegg-Aulendorf
§ Kuefstein
§ Leiningen
§ Leyen
§ Ligne
§ Limburg-Styrum
§ Lobkowicz
§ Löwenstein-Wertheim
§ Looz und Corswarem
§ Metternich



Príncipe Klemens von Metternich-Winneburg (1830)

§ Neipperg
§ Nesselrode
§ Nostitz
§ Orsini y Rosenberg
§ Ortenburg
§ Ostein
§ Öttingen
§ Pappenheim
§ Platen-Hallermund
§ Plettenberg
§ Pückler-Limpurg
§ Quadt
§ Rechberg
§ Rechteren-Limpurg
§ Salm
§ Sayn-Wittgenstein
§ Schäsberg
§ Schlitz gennant von Görtz
§ Schönborn
§ Schönburg
§ Schwarzenberg
§ Solms
§ Stadion
§ Starhemberg
§ Sternberg-Manderscheid
§ Stolberg
§ Thurn und Taxis



Johannes y Gloria von Thurn und Taxis, con sus hijos (1989)


§ Törring Gutenzell
§ Trauttmansdorff-Weinsberg
§ Waldbott von Bassenheim
§ Waldburg
§ Waldeck
§ Wallmoden-Gimborn
§ Wartenberg
§ Wied
§ Windisch-Grätz
§ Wurmbrand-Stuppach


Hesse-Homburg nunca fue considerada soberana por el Landgraviato de Hesse-Darmstadt, sino como su feudo, por lo que la primera no fue técnicamente mediatizada por la última. Hesse-Kassel fue anexionada por el Reino de Westfalia, pero después recobró su soberanía.

También fueron mediatizados, entre 1806 y 1814, los estados alemanes creados por Napoleón para sus parientes y aliados próximos. El principado de Aschaffenburg en 1806, el Gran Ducado de Fráncfort en 1814, el Reino de Westfalia en 1813 y el Gran Ducado de Wurzburgo en 1814, son ejemplos de ello. Las únicas Ciudades Imperiales Libres no abolidas en 1803 fueron: Augsburgo, Fráncfort del Meno, Ratisbona y Lübeck.



Princesa Alice (del Reino Unido), Gran Duquesa consorte de Hesse y del Rin (1862)


Consecuencias de la Mediatización

Literalmente, se eliminaron más de 200 estados, sobreviviendo al proceso unos cuarenta estados independientes. Un pequeño número de estos lograron significativas ganancias territoriales y tres de ellos (Baden, Hesse-Kassel y Württemberg) elevaron su estatus al de estados electores, para remplazar a los tres principados eclesiásticos electores que fueron secularizados. Aunque nunca participaron en una elección imperial (el Sacro Imperio fue abolido antes, en 1806) el título se mantuvo por cuestión de prestigio y preeminencia nobiliaria.

De las ciudades libres imperiales libres, solo Bremen, Hamburgo y Lübeck sobrevivieron a la Mediatización: las dos primeras son en la actualidad Estados Federados (Länder) de la República Federal Alemana y la última perdió su estatus de ciudad libre en pleno Nazismo, en 1937.


Friedrich I, Príncipe Elector de Württemberg (1803), Rey de Württemberg (1805)


Fueron los estados y no las familias las que obtuvieron la condición de mediatizados. Esto explica por qué linajes ilustres, cuyos feudos no quedaron incluidos en el territorio de la Confederación Germánica, no alcanzaron el estatus de mediatizado (los Ligne por ejemplo), mientras otros, mucho menos antiguos, lo hicieron tras ser mediatizados territorios recientemente adquiridos (los Wallmoden o los Bentinck). También esto justifica que una rama familiar sea considerada mediatizada y otra no (caso de los Törring o los Esterhazy), o que una familia soberana sea titular de estados mediatizados (como los Waldeck Limpurg).

La particularidad jurídica que mantuvieron los territorios mediatizados explica la distribución que en ocasiones se hizo de ellos entre varios hermanos, con la consiguiente creación de nuevas líneas siguiendo la tradición germánica, y los repartos entre las sobrevivientes de los de las líneas extinguidas.



Friedrich I, Príncipe de Waldeck y Pyrmont (1907)


De igual forma los estados mediatizados podían ser heredados en caso de extinción de las familias titulares por miembros de otras casas mediatizadas o soberanas, así vemos que el príncipe de Hohenlohe-Waldenburg-Schilligsfürst hereda los estados mediatizados de Ratibor y Corvey al morir sin descendencia el Landgrave de Hesse-Rothenburg. Si la herencia recae en una familia de la nobleza titulada, no se mantiene la condición de mediatizada, caso por ejemplo de los Mensdorff Pouilly, herederos del título de Príncipe de Dietrichstein-Nikolsburg, pero no de su condición de mediatizado.

A lo largo del siglo XIX numerosas soberanas consortes procedían de Casas mediatizadas, como, por ejemplo, la reina de Rumania, princesa Elisabeth zu Wied; la Gran Duquesa de Hesse, princesa Eleonore zu Solms Hohensolms Lich; la Duquesa de Schleswig Holstein, princesa Adelheid zu Hohenlohe- Langenburg (suegra del Emperador Guillermo II) o la Princesa de Liechtenstein, Landgravina Josepha zu Fürstenberg-Weitra. Princesas mediatizadas eran también las esposas de los pretendientes al trono de Portugal Don Miguel I (Adelheid zu Löwenstein-Wetheim-Rosenberg) y Don Miguel II (Elisabeth von Thurn und Taxis y Marie Therese zu Löwenstein-Wetheim-Rosenberg).


Elisabeth de Wied, Reina consorte de Rumania (1869-1914)


Entre 1800 y 1990 princesas consortes de Thurn und Taxis fueron figuras del estatus de la duquesa Augusta de Württemberg, la duquesa Teresa de Mecklenburg (hermana de las reinas de Prusia y Hannover), la baronesa Guillermina von Dörnberg, la archiduquesa Margarita de Austria, la infantas María Isabel y María Ana de Portugal y la condesa María Gloria von Schönburg Glauchau.

Por otra parte, la obtención del estatus de mediatizado por una familia, no implicó una inmediata modificación de su prestigio. Las familias reales, incluso las alemanas, no aceptaban sistemáticamente la igualdad de nacimiento de una condesa mediatizada (condesa Augusta von Harrach, esposa morganática del Rey Federico Guillermo III de Prusia), cuando sí aceptaban el de una princesa húngara (princesa Antonia de Kohary, esposa del príncipe Fernando de Sajonia Coburgo y madre del Rey Consorte Fernando II de Portugal) o polaca (princesa María Ana Czartoryska, esposa del duque Luis de Württemberg).

Desde entonces las familias mediatizadas han sufrido una evolución parecida a la de las familias soberanas, algunas de ellas han conservado un prestigio incuestionable como los Sayn, Thurn und Taxis, Waldburg, Windisch-Grätz, Hohenlohe, Löwenstein, etc. mientras que otras en poco se distinguen del común de los ciudadanos.



Chlodwig Karl Victor, Fürst zu Hohenlohe-Schillingsfürst, Canciller de Alemania y Primer Ministro de Prusia (1896)

martes, 8 de septiembre de 2009

La Princesa Consorte


Una Princesa Consorte es el equivalente femenino de un príncipe consorte. Este es un título o una designación normalmente dada a princesas que son esposas de un príncipe soberano. Puede ser también otorgado a la esposa de un rey, si no es usada la designación “Reina consorte”, o más informalmente, puede describir la posición familiar de cualquier mujer que se casa dentro de la realeza, mientras ha obtenido su propio título de princesa.




El título no ha sido usado en monarquías occidentales, pues las esposas dinásticas de los reyes han sido “reinas consortes”. De todas maneras, en los principados de Mónaco y Liechtenstein, las esposas de sus soberanos son princesas consortes. Actualmente, existe una sola princesa consorte de un jefe de Estado en Europa: Marie de Liechtenstein. En Mónaco, la última princesa consorte fue Grace Kelly, esposa de Rainiero III.



Marie, Princesa Consorte de Liechtenstein



Grace, Princesa Consorte de Mónaco

De todas maneras, Clarence House ha anunciado que cuando el actual Príncipe de Gales ascienda al trono, su esposa no será conocida como Su Majestad La Reina sino como Su Alteza Real La Princesa Consorte.


En Oriente, el título de Princesa Consorte le fue otorgado a la princesa Lalla Salma de Marruecos, quien contrajo matrimonio en 2002 con el rey Mohamed VI. Ella es la primera esposa real marroquí en obtener este título.



Lalla Salma, Princesa Consorte de Marruecos

La contraparte masculina, Príncipe Consorte, ha sido usada formalmente en Gran Bretaña sólo una vez: para el Príncipe Alberto de Saxe-Coburgo-Gotha, otorgado por su esposa, la reina Victoria, en 1857. El esposo de la actual soberana británica es considerado príncipe consorte pero es llamado oficialmente Su Alteza Real Príncipe Philip, Duque de Edimburgo. En 2005 el Príncipe Henrik, esposo de la reina Margrethe II de Dinamarca, también obtuvo el título de forma oficial.



S.A.R. Alberto, Príncipe Consorte del Reino Unido

S.A.R. el Príncipe Philip, Duque de Edimburgo