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jueves, 4 de marzo de 2010

Ceremonial

La Corona británica se ha preocupado por acentuar el aspecto sagrado y grandioso de sus representantes reales multiplicando las ceremonias oficiales que a menudo transfiguran esa familia inglesa “tradicional”. Por ello, el menor acontecimiento familiar toma, sobre el escenario de Buckingham, suntuosas connotaciones teatrales. Bautismos, bodas o funerales representan las grandes horas de la dinastía reinante. Y el interés que despiertan estas ceremonias se mantiene incólume. Según sea el lugar en el balcón o en torno de la mesa nupcial, según el asiento asignado en la abadía de Westminster o en la carroza que desfila hacia el Royal Ascot, así se miden las diferencias y rivalidades que constituyen el cimiento de las mejores familias.


La monarquía siempre ha manejado su imagen con un arte consumado: la pompa de los funerales, el esplendor de las bodas, la magnificencia de las coronaciones y el fasto de la apertura del Parlamento, con sus procesiones de carrozas, sus regimientos de caballería en tenida de gala y sus cortejos de pares del Reino envueltos en capas de armiño, todo parece salido directamente del pasado pero atrae irresistiblemente a las masas.


Tradicional desfile por el Mall para la apertura del Parlamento


Espectáculo grandioso si los hay es una boda real en Gran Bretaña. A la fastuosidad habitual en el desfile de carruajes y la ceremonia nupcial se suma el número de invitados reales ya que, cuando se casa uno de sus pares, la Europa de las monarquías siempre dice presente. El corazón de la vieja Inglaterra vibra cuando el arzobispo de Canterbury dice: “Nos encontramos aquí reunidos, bajo la mirada de Dios, para la unión de este hombre y esta mujer”.


Hoy como ayer, todos los miembros de la familia real deben presentar una petición oficial ante el soberano reinante antes de casarse desde que George III, en 1772, hizo promulgar una ley en tal sentido. Hoy como ayer el novio debe inclinarse y la novia hacer una reverencia a la soberana una vez finalizado el servicio religioso que los convierte en marido y mujer.



6 de mayo de 1960: boda de la Princesa Margaret y Lord Snowdon


Pese a los cañonazos en Hyde Park y las campanadas en la abadía de Westminster, los bautismos reales constituyen, hoy, ceremonias muy privadas y teñidas de simplicidad, tal como lo señala el ceremonial de la corte. Algunas decenas de invitados, a lo más, en torno a la pila bautismal de plata dorada instalada en el salón de música; una recepción que no es sino una reunión de familia pero con detalles enternecedores, como la famosa ropa de bautizo que data del reinado de Victoria: se ha escrito que la misma llevaba tal cantidad de puntillas de Holanda que podría vestir a todo el cuerpo de baile de “El Lago de los Cisnes”.


1982: Bautismo del primogénito de los Príncipes de Gales

La coronación del 2 de junio de 1953 marcó la presentación de la televisión en las ceremonias reales. Y con Edward VII en 1901 la coronación se había convertido en el emocionante espectáculo que se conoce en la actualidad. Aunque es justo destacar que la ceremonia de Elizabeth II sobrepasó en pompa y magnificencia a todas las precedentes. Además de la televisión hubo otras manifestaciones del progreso tecnológico: la carroza recubierta de oro que data de 1761 fue modernizada con iluminación interior y un micrófono que permite hablar con el cochero; los 43 kilómetros que recorrería el cortejo estaban bordeados por tribunas y gradas, así como arcos de triunfo en algunos puntos y gigantescos proyectores. Estas ocasiones representan una oportunidad única de anclar la imagen sagrada del soberano en la memoria colectiva de su pueblo.

1953: La flamante Reina de Inglaterra saluda en el balcón luego de ser coronada


El día de la apertura de la nueva sesión del Parlamento da lugar a un solemne rito secular. La reina llega en la carroza del Estado irlandés, acompañada por el príncipe Felipe y precedida por la Household Cavalry. La corona imperial, la capa y la espada han partido en la carroza de la reina Alejandra hacia el Parlamento antes que la soberana. El gran mariscal de Inglaterra la recibe con el gran chambelán, guardián hereditario del palacio real de Westminster. Resuenan las trompetas, después Isabel se coloca la corona creada por la reina Victoria en 1838 y viste su capa. Entra entonces en la Casa de los Lores y pone su mano izquierda sobre la derecha del duque de Edimburgo. Precedidos por el lord chambelán y del mariscal de la corte, avanzan lentamente hacia el trono.


Cuando la reina dice “Lores, sentaos”, la sesión todavía no comienza: falta aún ir a buscar a algunos de los miembros de los Comunes. A través de un impresionante ritual, el ujier recorre cincuenta metros de pasillo y se da la nariz contra la puerta, según una tradición que se remonta a Charles I, el único rey que osó penetrar en esta asamblea con sus soldados para arrestar a cinco diputados y donde sufrió un enérgico rechazo. Después, los diputados son invitados a escuchar el discurso de la reina, que Isabel lee con sus gafas puestas, con voz grácil y modulada.


El discurso de la Reina en el Parlamento


Vivir un ceremonial de esta naturaleza para el común de los mortales significaría una sensación de asfixia. No obstante, siempre circulan falsas ideas sobre la etiqueta victoriana de la corte. Victoria no era ninguna esclava de la etiqueta; su marido, por el contrario, se mostraba en exceso puntilloso. El príncipe Alberto tuvo como preocupación primordial aumentar el orden de la corte. No permitía, por ejemplo, que se sentaran en su presencia. Una anécdota cuenta que estando una dama noble invitada a palacio poco tiempo después de dar a luz mostraba signos de cansancio: la reina le dijo entonces al oído que tomara asiento, pero colocando delante de ella a otra invitada para que el príncipe no se diera cuenta de ese quebrantamiento de la etiqueta…


Victoria decidió en 1851 aligerar durante las recepciones la etiqueta impuesta varias decenas de años antes por el príncipe consorte, a fin de que “las pobres damas que hubieran sido parte inocente en las causales de divorcio” pudieran ser admitidas en la corte. También anunció a su primer ministro de entonces, el marqués de Salisbury, su intención de levantar la interdicción que pesaba sobre las divorciadas extranjeras que no tuvieran ninguna culpa.


17 de junio de 1856: Baile en Buckingham Palace


La ascensión al trono de George V marcó una renovación en la etiqueta. Su esposa, la reina Mary, otorgó una dimensión casi sagrada a ese frágil y pomposo edificio que era la Corona. No obstante ser alemana, se preocupaba porque la familia fuera profundamente inglesa; desarrolló el culto de la realeza combinando el esplendor del ceremonial con las virtudes familiares del deber y el saber vivir y se dedicó a mantener la dignidad real de la corte y de su entorno cotidiano.

En sus días como reina consorte, el lujo hablaba por sí mismo. Cuando la familia partía para Balmoral en tren, seis vagones con todas las comodidades esperaban en la estación Paddington. El palacio de Buckingham era servido por un personal permanente de cien empleados domésticos principales y cuatrocientos servidores subalternos. Los primeros tenían derecho a una comida diaria de cuatro platos bien regados de vino blanco y jerez. Mientras tanto, el rey y su esposa cenaban frugalmente vestidos de soirée, él ornado con la orden de la Jarretera y ella con valioso peto de diamantes, antes de acostarse puntualmente a las once y quince. La gula y las extravagancias desaparecieron del palacio y las divorciadas se vieron impedidas de residir en la corte tanto como acceder al palco real en el hipódromo de Ascot.


26 de abril de 1923: Boda del Príncipe George (futuro George VI) y Lady Elizabeth Bowes-Lyon. Obsérvese la diferencia de atuendo entre la Reina Mary y la Condesa de Strathmore.


Los personajes sobrevivientes de la alta sociedad eduardiana podían burlarse de la moralidad burguesa que tanto respetaba la corte y los aristócratas libertinos deplorar el hastío que pesaba sobre el palacio: era lo que la reina Mary deseaba y nada había que decir.


Cuando Elizabeth II fue coronada en 1952, muchos esperaban que la nueva monarquía barriese con el antiguo protocolo afincado en la realeza. Pero nada de eso se produjo y la reina, en el seno familiar, ha conservado sus caballos, su círculo íntimo de aristócratas y sus obligaciones cotidianas de jefe de Estado. El duque de Edimburgo, príncipe consorte, que no rey, siempre ha intentado no atentar contra el prestigio de la monarquía, pese a sus meteduras de pata con la prensa. Cuando el protocolo le aburre, lo considera como un mal necesario. Ha aprendido a conciliar su gusto por la modernidad con su atracción por el orden, la firmeza y las viejas tradiciones.


2004: La Reina y el Duque de Edimburgo hacen su entrada en el Royal Ascot


Los valets ya no llevan más pelucas y los niños reales no hacen más reverencias ante sus padres, pero los principios básicos quedan. La familia real siempre llama por sus apellidos a los policías, pajes, chóferes y viejos servidores; a los lacayos y los valets, por sus nombres de pila. Según la reina, “vivimos en una época en la que las buenas maneras son cada vez más raras. El protocolo es una barrera muy eficaz contra toda clase de agresiones engendradas por el desenfado, la familiaridad y la mala educación”.


Nunca se toca a la reina, bajo ningún pretexto. En oportunidad de su visita a Francia en 1972, Georges Pompidou trastocó de manera gigantesca al protocolo al tomar del brazo a Su Majestad para conducirla al Trianon a través del dédalo de presentaciones: salvo para librarla de un peligro inmediato jamás se toma del brazo a la reina. Tampoco se le dirige la palabra en primera persona y se evita hacerle preguntas directas. Para saludarla, los hombres se inclinan y las mujeres hacen la reverencia. Aunque todo ello necesita un poco de práctica, acerca de lo cual Peter Townsend nos da la receta: “Haced recaer el peso sobre el pie que se encuentra adelantado, el busto derecho, mirando directamente a los ojos, preferentemente sonriendo. No inclinarse demasiado, sobre todo cuando se está un poco excedido de peso”. El antiguo palafrenero de George VI recuerda haber visto una dama de generosas proporciones curvarse delante de soberano y no poder levantarse: Su Majestad debió apoyarse sobre sus talones para que pudiera mantenerse erguida. Los parientes no cosanguíneos de la reina deben hacer una reverencia, besarle la mejilla izquierda, después la derecha y luego la mano. Para dirigirse a ella deben llamarla “señora” (Ma’am).


La Princesa de Hannover (nacida Princesa de Mónaco) hace una genuflexión a la Reina


Los interlocutores de la soberana siempre se muestran intimidados. El título de reina de Gran Bretaña impresiona y el embarazo de la gente reduce en mucho las posibilidades de un contacto humano, ya bastante restringido por el protocolo. La puntualidad, por ejemplo, se torna endémica en ocasión de una presentación ante la realeza. Todos los invitados se dirigen a Windsor con media hora de anticipación y aguardan el momento exacto bajo los árboles con los conejos. Pero, ¿quién se arriesgaría a llegar tarde a una cita con Su Majestad? La reina misma es, más o menos, siempre puntual. La última vez que se mostró un tanto retrasada en una ceremonia de investidura se remonta a la fecha del nacimiento de su primer nieto Peter, en noviembre de 1977 y ¡todavía se acuerda de ello!


Con todo, el protocolo ha debido modificarse con la desmitificación parcial de la monarquía, a la que la televisión y la prensa en general han hecho acercar un poco al nivel de la calle. Pero, al renunciar al misterio posando para los fotógrafos y apareciendo en la pequeña pantalla, la familia real no ha destruido por ello la admiración que inspira, sino que esa admiración ha cambiado de naturaleza.


La Reina, el Príncipe Andrew y el Príncipe Edward (1964)


En Buckingham no existe jefe de protocolo. De acuerdo con las características de la ocasión, es el secretario privado o el palafrenero de la soberana quienes se ocupan de que todo se desarrolle correctamente. Aunque, si hay un protocolo, este concierne antes al ámbito ceremonial que a la vida cotidiana. Y sus elementales reglas son aceptadas por todos. Después de la era victoriana, Inglaterra, cualquiera haya sido la evolución de su régimen político, considera el ceremonial como una fuente irreemplazable de respetabilidad: el país asocia más la libertad con las jerarquías que con la igualdad.



lunes, 12 de octubre de 2009

La Nobleza británica: títulos menores y tratamientos


Los escalones inferiores de la pirámide nobiliaria británica (encabezada por el Duque) son el de Caballero y el de Rey de Armas, a las que se añadió un título suplementario, el de Baronet, intermedio entre el de barón y el de caballero, que fue creado a inicios del siglo XVII (1611) por una Corona de maltrechas arcas.

Baronet

Es un honor hereditario portador del tratamiento de Sir. Los Baronets no son Pares, pero usualmente son considerados una especie de Caballeros.


Cuando el título queda vacante ante la muerte del titular, el heredero, si desea ser tratado como Sir, debe registrar las pruebas de sucesión. La Lista Oficial de Baronets se conserva en la Oficina del Interior por el Secretario del Baronetage. Cualquier persona que asuma por herencia el título de baronet debe presentar pruebas de la sucesión al Secretario del Interior. Una persona no inscripta en la Lista no será tratada o mencionada como baronet ni tendrá precedencia como tal, disminuyendo eficazmente el honor. El título puede ser reactivado en cualquier momento a disposición de aceptables pruebas de la sucesión.


Al igual que con los títulos hereditarios, los títulos de baronet cesaron de ser otorgados luego de 1964. La única excepción fue en 1991 cuando se creó un título para el esposo de la Primer Ministro, Sir Denis Thatcher, el cual fue heredado por su hijo, Mark Thatcher, luego de la muerte de su padre.

Sir Denis Thatcher


Caballero


Descendientes de la Caballería medieval, los caballeros existen hoy tanto como titulares de órdenes de Caballería que como la clase de Knights Bachelor, algo así como “Caballeros simples”. Recipiendarios regulares de este título incluyen jueces de la Alta Corte y antiguos funcionarios civiles. Lleva consigo el tratamiento de Sir; el equivalente femenino Dame solo existe entre las órdenes de Caballería.


Los Caballeros Militares de Windsor


Rey de Armas

Con el nombre de Rey de Armas se distingue al funcionario público a quien estaba encomendado el registro de los blasones, la formación de nuevos escudos de armas y la observancia de las leyes heráldicas. Era un título de dignidad y honor que daban los reyes a los caballeros más esforzados a cuyo cargo estaba advertir las hazañas de los demás militares testificando de ellas para su remuneración y premio, decidir en causas dudosas de hechos de armas, denunciar las guerras, asentar la paz, asistir a los consejos de guerra e interpretar la letra peregrina escrita a los reyes. Sus insignias eran las armas y blasón del emperador o rey, sin ninguna ofensiva pues no peleaban. Este cargo tuvo muchas prerrogativas y gran importancia en los últimos siglos de la Edad Media, especialmente en la organización de los torneos y en la formación de sus leyes.

John Anstis, Rey de Armas de la Jarretera (1725)

Los Reyes de Armas ingleses y escoceses son los únicos oficiales de armas en tener una corona distintiva de su oficio, que se usa para propósitos ceremoniales, como la coronación del monarca. Los principales reyes de armas y autoridades heráldicas del Reino Unido son:


· Rey de Armas de la Jarretera
· Rey de Armas de Clarenceaux
· Rey de Armas de Norroy y Ulster
· Rey de Armas Lord Lyon


En España el título equivale al Cronista de Armas, un funcionario civil nombrado por el rey, y más recientemente por el Ministro de Justicia, quien tiene la autoridad de otorgar los escudos de armas.


Formas de tratamiento

Para los Baronets, al igual que para los Caballeros, el tratamiento es de Sir delante y las iniciales correspondientes detrás del nombre, dependiendo del rango y orden; por ejemplo, Sir John Smith, Bt. Sus esposas son tratadas como Lady, sin letras después del nombre. El equivalente femenino de una orden de caballería es tratada como Dame delante y las letras correspondientes al final. Referencias más familiares o tratamientos orales usan solo el tratamiento más el primer nombre, por ejemplo, Sir John o Dame Jane. Esposas de caballeros y baronets son oficialmente tratadas como Lady solo como título de cortesía.

Dame Joan Sutherland


Recipiendarios de órdenes, condecoraciones y medallas no reciben tratamiento de Sir o Dame pero pueden agregar las letras adecuadas después del nombre, por ejemplo, John Smith, VC. Recipiendarios de premios al valor pueden ser referidos en el Parlamento como “valeroso”, además de “honorable”, “noble”, etc., por ejemplo: El honorable y valeroso Caballero…Los diferentes grados de la Orden de San Juan de Jerusalén no reciben especial tratamiento (Sir o Dame) pero pueden agregar las iniciales correspondientes después del nombre. Es generalmente aceptado que los galardonados del show-business (Anthony Hopkins, Maggie Smith, Elton John) omitan el título en sus nombres por razones profesionales.



Sir Anthony Hopkins


Sigue una lista de los tratamientos y sus correspondientes beneficiarios:

  • The Most Noble (El Más Noble): Duques
  • The Most Honourable (El Más Honorable): Marqueses
  • The Right Honourable (El Muy Honorable): Condes, Vizcondes, Barones, Lores del Parlamento, Miembros del Consejo Privado, Miembros del Gabinete
  • The Right Honourable and Learned (El Muy Honorable y Letrado): Los enumerados anteriormente, pero si el titular es también Consejero de la Reina
  • The Right Honourable and Gallant (El Muy Honorable y Valeroso): Los enumerados anteriormente, pero si el titular es también oficial militar en servicio
  • The Honourable (El Honorable): Hijos menores de Condes, todos los hijos de Vizcondes, Barones y Lores del Parlamento
  • The Much Honoured (El Muy Honrado): Señores escoceses y Barones feudales


The Hon. Mrs. Philip Leyland Kindersley (1910-1995), nacida Miss Oonagh Guinness, hija del Hon. Arthur Ernest Guinness.


sábado, 10 de octubre de 2009

La Nobleza inglesa: los Títulos

Las dignidades de nobleza son creadas por el Soberano a través de writs of summons o letters patent. El modo de heredatoriedad de un título es determinado por alguno de estos dos métodos. El primero es simplemente una citación de una persona al Parlamento –esto no confiere explícitamente un título- y desciende siempre a los herederos, masculino y femenino. El segundo método se utiliza para crear explícitamente un título y nombrar la dignidad en cuestión, además de establecer el curso de la descendencia; normalmente, sólo a los herederos masculinos les está permitido suceder en el título. Asimismo, deben ser hijos legítimos: un título inglés, irlandés o británico (aunque no escocés) puede ser heredado sólo por un hijo legítimo de padres casados, no legitimado por un matrimonio posterior.


Normalmente un título pasa al siguiente titular luego de la muerte del titular previo. De todas maneras, Edward IV introdujo un procedimiento conocido como writ of acceleration, por el cual es posible para el hijo mayor de un par con múltiples títulos obtener un escaño en la Cámara de los Lores en virtud de una de las dignidades subsidiarias de su padre.


Su Alteza Real El Duque de Sussex (1801-1843)


Un título se convierte en extinto cuando todos los posibles herederos han fallecido. Un título se convierte en latente si nadie lo ha reclamado o si no hay reclamo probado satisfactoriamente. Un título entra en suspenso si hay más de una persona igualmente habilitada para ser el titular.


El Acto 1917 de Privación de Títulos permitió a la corona suspender la nobleza si sus titulares habían luchado contra el Reino Unido durante la Primera Guerra Mundial. La culpabilidad era determinada por un comité del Consejo Privado; cualquiera de las Cámaras del Parlamento podría rechazar el informe del comité dentro de los 40 días siguientes a su presentación.


En 1919, George V publicó una Order-in-Council suspendiendo el Ducado de Albany (junto con sus títulos subsidiarios, el Condado de Clarence y la Baronía de Arklow), el Ducado de Cumberland y Teviotdale (con el Condado de Armagh) y el Vizcondado de Taaffe (con la Baronía de Ballymote). Bajo el Acto de Privación de Títulos, los sucesores pueden presentar una petición a la corona para reinstaurarlos pero ninguno de ellos lo ha hecho hasta ahora.


George V del Reino Unido (1910-1936)


Un Par puede también renunciar a un título hereditario bajo el Acto 1963, con excepción de los títulos irlandeses. Un par que renuncia a su nobleza pierde todos sus títulos, derechos y privilegios asociados con la nobleza; su esposa o esposo es afectado de la misma manera. No más títulos hereditarios pueden ser conferidos a la persona, sí títulos en vida. Ese título va a permanecer sin un titular hasta la muerte del par que solicitó la renuncia.

Un título que pertenece a alguien que se convierte en monarca, se fusiona a la Corona y cesa de existir, pues el soberano no puede tener una dignidad que fue otorgada a partir de sí mismo como autoridad real. El Ducado de Cornwall y de Rothesay y el Condado de Carrick son casos especiales, pues cuando no están en uso pertenecen a la Corona: fueron creados para existir, aunque nadie sea titular, durante determinados períodos. Estos títulos también son especiales porque nunca son directamente heredados.


Henry Frederick, Duque de Rothesay, Duque de Cornwall (1603)


El Ducado de Cornwall era llevado anteriormente por el hijo mayor del Rey de Inglaterra, así como el Ducado de Rothesay, el Condado de Carrick y otros títulos que no son de nobleza (Barón Renfrew, Señor de las Islas y Príncipe y Gran Senescal de Escocia) por el hijo mayor del Rey de Escocia. Desde que esos títulos se unieron, los ducados y sus títulos subsidiarios son llevados por el hijo mayor del monarca. En Escocia, el título Duque de Rothesay es usado de por vida. En Inglaterra e Irlanda del Norte, el título Duque de Cornwall es usado hasta que el heredero aparente es creado Príncipe de Gales. Al mismo momento que el Principado es creado, el Duque es investido también como Conde de Chester. El condado es un caso especial, porque no es hereditario, fusionándose a la corona si el Príncipe asciende al trono o precede al monarca.


Henry de Monmouth, Duque de Lancaster, futuro Henry V de Inglaterra (1399)

El Ducado como dignidad de nobleza se halla asociado al ducado como territorio, cuyos ingresos van al titular o, cuando éste se halla vacante, al soberano británico. El único otro ducado territorial en el Reino Unido equivalente a una dignidad de nobleza es el Ducado de Lancaster, que se fusionó a la corona cuando Henry de Monmouth, Duque de Lancaster, se convirtió en monarca como Henry V. Sin embargo, el Ducado de Lancaster todavía continúa existiendo, teóricamente llevado adelante por el Canciller del Ducado. Es una propiedad heredada que pertenece personalmente al monarca antes que a la Corona. Así, los ingresos del ducado forman parte de la Bolsa Privada, fondos personales del soberano.


Writs of Summons

Al comienzo de cada nuevo Parlamento, a cada par que estableció sus derechos a asistir al Parlamento le es emitido una cédula de citación (writ of summons). Sin la cédula, ningún par puede sentarse o votar en el Parlamento. Cuando le son emitidas a aquellos que no son pares, el recipiendario toma un asiento en el Parlamento e ipso facto se convierte en par. De hecho, las más antiguas baronías han sido creadas por citaciones de un individuo al Parlamento, haciéndolo par de este modo.

La Cámara de los Lores


Los títulos de nobleza creados por cédula de citación son heredables sólo por el heredero carnal (heir of the body) del recipiendario. El significado de este heredero es determinado por el derecho común. Esencialmente, descendencia es, por reglas de primogenitura masculina, un mecanismo en el que descendientes masculinos del Par tienen precedencia sobre descendientes femeninos y donde la línea mayor de descendencia tiene precedencia sobre la línea joven por cada género.

Estas reglas, sin embargo, son modificadas por la condición de que las hermanas (y sus herederos) son consideradas co-herederas; la antigüedad en la línea es irrelevante cuando la sucesión es a través de la línea femenina. En otras palabras, ninguna mujer hereda porque es mayor que sus hermanas. Si de todas las co-herederas una muere, entonces la sobreviviente sucede al título. De lo contrario, el título permanece en suspenso hasta que el Soberano termina con el suspenso a favor de una de las co-herederas. El fin de una suspensión es enteramente a discreción de la corona.


Su Alteza Real La Princesa Louise, Duquesa de Fife (1901)

Letters patent

Las patentes reales son los mecanismos usados más usualmente para crear títulos de nobleza. Estos documentos deben explicitar el nombre del recipiendario del título y especificar el curso de la descendencia; el significado exacto del término es determinado por el derecho común. Normalmente, la patente especifica al heredero carnal como sucesor; en estos casos, se aplican las reglas de la sucesión agnática, lo que significa que la sucesión se realiza sólo a través de la línea masculina.

Las patentes inglesas y británicas que no especifican el curso de la descendencia son inválidas, aunque no pasa lo mismo en las patentes reales creando pares en la Nobleza de Escocia. La Cámara de los Lores ha establecido en muchos casos que cuando el curso de la descendencia no se especifica, o cuando las patentes están perdidas, el título desciende al heredero masculino.


El Vicealmirante Horatio Nelson, 1º Barón Nelson (1801)


Es posible para algunas patentes permitir que la sucesión caiga en alguna otra persona que en un heredero masculino. Por ejemplo, la Baronía de Nelson (a un hermano mayor y sus herederos masculinos), el Condado de Roberts (a una hija y sus herederos masculinos), la Baronía de Amherst (a un sobrino y sus herederos masculinos) y el Ducado de Dover (a un hijo menor y sus herederos masculinos mientras el hijo mayor esté vivo). En muchos casos, el par en cuestión no tuvo hijos y el otorgamiento especial fue hecho para evitar una extinción del título.


Las Letters patent no son absolutas; pueden ser enmendadas o revocadas por un Acto del Parlamento. Por ejemplo, el Parlamento enmendó las patentes que crearon el Ducado de Marlborough en 1706. La patente originalmente proveía que el ducado podría ser heredado por el heredero carnal masculino del primer duque, Capitán General Sir John Churchill. Un hijo murió en la infancia y el otro murió en 1703 de viruela. Bajo la enmienda parlamentaria, decidida para permitir que el honor del famoso general sobreviviera después de su muerte, se autorizó a que el ducado pasara a las hijas del Duque: Lady Henrietta, Lady Anne (la Condesa de Sunderland), Lady Elizabeth (la Condesa de Bridgewater) y Lady Mary (duquesa de Montagu) y a los herederos masculinos de éstas, y luego “a todos y cada uno de los descendientes masculinos y femeninos, linealmente descendientes de o desde el antedicho Duque de Marlborough…”


John Churchill, 1º Duque de Marlborough (1702)