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lunes, 30 de abril de 2012

Invitada de honor: el vestuario de una Primera Dama

Como primera dama, Jacqueline Bouvier Kennedy revolucionó el gusto de la nación”, dijo Hamish Bowles, editor de Vogue USA. Fue en los años en la Casa Blanca cuando Jacqueline Bouvier se forjó como un ícono del estilo. No sólo promovió la cultura y las artes, sino que mostró al público una forma más libre de vestirse, decorar sus casas y recibir. Los analistas dicen que su estilo de vestir fue una metáfora visual muy fuerte sobre lo que quería reflejar la administración Kennedy: juventud, energía, soltura y comodidad en su papel.


Jackie había estudiado un año en la Sorbona de París, se graduó en literatura francesa y se crió en una familia que privilegiaba todo lo europeo, lo que hizo que adorara a los modistos franceses. Chanel y Givenchy eran, para ella, el colmo de la elegancia. Su amor por Francia y todo lo que viniera de allí le dio sofisticación pero también le trajo problemas. Durante la campaña comenzaron a surgir voces sobre que su vestuario era anti-patriótico, snob y afrancesado y, para peor, la Sra. Nixon salió a decir poco menos que Jackie hacía su propia ropa con su máquina de coser. Jackie tuvo que ceder y de sus amados franceses pasó al norteamericano Oleg Cassini, aunque, como ella misma se ocupaba de elegir modelos, copiaba mucho a los popes.


Jacqueline Bouvier según Oleg Cassini



Sugestiva como una novia o una debutante, Jacqueline Kennedy eligió un vestido de noche blanco de para su premiêre como 'Primera Dama'. Jackie consideraba el blanco "el color más ceremonial" y optó por tonos del mismo, tanto para la gala como para el baile inaugural . Hecho de satén de seda de doble cara color marfil, el vestido fue un golpe maestro para la imagen. Despojado de adornos, tenía un solo detalle revelador en la cocarda que ceñía la cintura, una rosette de la misma tela, plena de simbolismo. Tenía sus raíces en el campo de batalla, donde era usada como un símbolo de lealtad. Asimismo, señalaba el orgullo de Jackie Bouvier por su ascendencia francesa, su profundo amor por la historia y su particular afinidad con el siglo XVIII. En la noche del 19 de enero de 1961, el conjunto de Jacqueline consistió en guantes de longitud de la manga y un collar de esmeraldas que su marido le obsequió.


Para el Baile Inaugural, Jackie lució un vestido en satén de seda con el corpiño bordado con hilo de plata reflectiva y cristales. El diseño de Cassini guarda cierta semejanza con un boceto inexacto "robado" de un diseño de Balenciaga para el vestido de novia de la Reina Fabiola publicado en una revista de moda.

Su estilo era moderno y elegante a la vez, era joven, idealista, optimista, cosmopolita, simple y siempre a la altura de las circunstancias. Tenía claro que lo verdaderamente elegante era quitar todo lo que estaba de más y sacar el mejor partido posible de sus 1.70 mts, su largo cuello, linda espalda y pocas caderas. Su postura casi perfecta era fruto de años de equitación. Gracias a ello también sabía moverse, lo que la hacía estar tan estupenda tanto de sandalias bajas y pantalones como en traje de soirée. Era deportista, por lo que tenías unos brazos muy bien formados que explotaba: siempre usaba vestidos sin mangas.


El 3 de mayo de 1961 tuvo lugar la primera cena de Estado dada por los Kennedy en la Casa Blanca. Fue en honor del Presidente de Túnez y la Sra. Bourguiba. Jackie lució un vestido estilo griego, con un hombro al descubierto, de organza de seda amarillo palo salpicado de brillantes.

Su vestuario para la gira semi-oficial de 1961 por India y Pakistán estaba diseñado en los brillantes colores del país anfitrión, aunque el corte era chic y contemporáneo. Aquí con su hermana Lee en camello, con un vestido de seda matelassé de Gustave Tassell. Jackie odiaba los estampados, pero para ese viaje hizo una excepción con este vestido bordó, naranja y rosado “puntillista”.

La mayoría de los trajes que llevó durante el mandato de su marido eran de Oleg Cassini, que le hizo unos trescientos. De los que lució en su viaje oficial a la India el más famoso es probablemente este vestido de seda color albaricoque, sin mangas y escote en V, con un lazo en la cintura. El conjunto se completaba con un abrigo de la misma tela y mangas tres cuartos.


Se había jurado nunca volverse rococó y sobrevestida, un pecado frecuente entre las primeras damas. Sabía perfecto lo que el público quería ver en ella y por eso se la ha visto casi como una actriz. Encabezaba la lista de las mejores vestidas y la flamante Miss America suspiraba “si solo luciera como Jackie”.

Considerada como la Primera Dama estadounidense mejor vestida de la historia, y referente indiscutible para otras primeras damas, a Jackie le encantaba el color blanco. Tanto para la noche, como para el día. Un color que algunos "expertos" parecen denostar para vestirse en un acto oficial. Aquí con un vestido blanco de seda pesada, con falda recta y sin mangas. El cuello de la blusa y el dobladillo de la falda tienen detalles bordados de perlas blancas.

Para una cena en honor del presidente de Costa de Marfil en mayo de 1962, Oleg Cassini le hizo un vestido de tul, con bordados en la línea del escote y el dobladillo, basado en un diseño de Karl lagerfeld para Jean Patou. Madame Houphouët-Boigny, conocida como la "Jackie Africana", iba de Pierre Balmain.

Para presidir una cena en en honor de Mohammad Reza Pahlavi, Sha de Irán, y su esposa Farah Diba en 1962, Jackie llevó un vestido de falda en seda rosa y ajustado corpiño blanco con escote barco y efecto de encaje salpicado de brillantes.

En un banquete formal dado por el Primer Ministro Nehru en Delhi, Jackie llevaba una columna seda blanca nacarada con escote cuadrado. El vestido tenía una tela superpuesta en la parte trasera para formar una cola y tirantes anchos que se acentuaban con moños.

Sus colores preferidos eran claros, puros, para ser fácilmente reconocida entre la multitud; si usaba sombrero tenía especial cuidado en que no le tapara la cara y siempre estaba cómoda y con libertad de movimientos. Tenía claro que la ropa debía ser fotogénica. Odiaba los trajes apretados y no usaba demasiadas alhajas. El pañuelo Hermes en la cabeza, los enormes anteojos para el sol y las sandalias ayudaban a darle ese aire joven que tanto pegaba con las ideas políticas de su marido.


Sencillez extrema pero también extrema sofisticación para recibir al Primer Ministro Nehru en la Casa Blanca: corpiño strapless negro y falda levemente acampanada color marfil; como complemento, sus ya célebres guantes hasta el codo.

Este modelo consiste en una blusa sin mangas de seda negra con una falda color mostaza en forma de campana y un lazo en la cintura con flecos en los extremos.

En Fort Worth, Texas, llevó un dos piezas blanco acentuado con el ya clásico lazo en la cintura en un color contrastante.

Vestido gris de peau de soie con bordados en hilos de plata en forma de medallón. Los guantes blancos, cortos, siguen la moda del momento. Grace Kelly fue otra celebridad conocida por usar este tipo de guantes.

Para sus viajes elegía cuidadosamente cada vestido: naranja, amarillo, rosa shocking, verde, colores fuertes que transmitían una imagen positiva de Estados Unidos. La joven promesa de la administración Kennedy. Era minimalista cuando no todo el mundo lo era: es más, la mayoría se cargaba de joyas y vestidos complicados; por eso hoy sus trajes no pasan de moda. El impacto de Jackie en la forma de ser de toda una generación de mujeres norteamericanas y del mundo entero fue profundo. Grandes figuras de la moda de hoy –Ferré, Valentino, Carolina Herrera- coinciden en destacar su natural elegancia, su escasa ostentación, su exquisito gusto.


Para su gira a México, lució un vestido sin tirantes en crepe Giselle azul Nattier, inspirado por Givenchy. La Primera Dama llevó el vestido el mismo año en una cena ofrecida por el Embajador Howard Beale. Fue uno de sus vestidos favoritos de todos los tiempos.

Este vestido de inspiración griega en jersey de seda, con destacados drapeados para formar la falda plisada y la línea del busto, lo lució la Primera Dama cuando fue anfitriona de 49 Premios Nobel en la Casa Blanca el 29 de abril de 1962.

En la Navidad de 1962, para posar junto al árbol navideño de la Casa Blanca, llevaba un vestido rojo de seda dupioni con una profunda vuelta en V, con los pliegues unidos en la espalda y atados en un nudo.

Ese estilo de estar elegante pero sin ningún esfuerzo daba trabajo. Devoraba las revistas francesas buscando ideas, dibujando ella misma, cambiaba ideas con su hermana o consultando expertos e invertía mucho tiempo en su ropa. “La miramos y decimos ‘¡qué simple!’ –dice Hubert de Givenchy-. Pero era deliberado. Era muy consciente de su estilo, su cuerpo y su cara”.

Para homenajear al presidente de Pakistán, Mohammed Ayub Khan, en Mount Vernon, hogar que fuera de George Washington sobre el río Potomac, Jacqueline llevó un largo y sencillo traje de encaje blanco con adornos en la cintura de seda color chartreuse.


El mismo formato de diseño para sus trajes de soirée que era la firma de Cassini: una columna de tela recta, en este caso de brocado color rosa suave, sin mangas y un lazo en la cintura. Jacqueline usó este modelo en una recepción durante su visita oficial a Austria.

Es interesante notar cómo algo tan superficial como la elección de un vestido puede tener tanto peso y hasta convertirse en un acto político. Jackie sabía decir cosas con la ropa: cuando recibieron en la Casa Blanca al ex presidente Harry Truman y su señora, Jackie usó un vestido simple pero moderno, que contrastó con el atuendo pasado de moda de Bess Truman. La cuenta es fácil: lo anticuado frente al futuro. Cuando estuvo con la reina Isabel usó la misma estrategia y su vestido marcó la imagen de un país de vanguardia. Sabía meterse a la gente en el bolsillo: su primer viaje como primera dama fue a Canadá y para visitar a la Policía Montada eligió un tailleur colorado, el color del uniforme de los agentes. La tapa de Life muestra a un policía y a Jackie, los dos de rojo, y él feliz con el elegante (y astuto) gesto de la primera dama.

En su visita oficial a Canadá, llevó este traje de lana roja con cuello abotonado, hombros redondeados, bolsillos y falda recta.

Para la audiencia privada con Juan XXIII el 11 de marzo de 1962, Cassini diseñó un vestido de alaskine en lana y seda negra, inspirado en la España del siglo XVII. El corte austero no carecía de majestuosidad y nobleza.

Vestido de chiffon color rosa con bordados en cuentas de porcelana y diamantes de imitación, inspirado en Givenchy. Jackie había visto una foto de Audrey Hepburn con el traje original en color amarillo. La primera dama lo usó para la inauguración de la exposición de la Mona Lisa en la National Gallery de Washington, en enero de 1963.

Y si Jackie Kennedy le debe, en parte, a Oleg Cassini "su estilo", también Oleg Cassini le debe a Jackie Kennedy su fama mundial. Consciente de ello le dedicó un libro: "Mil días de magia: Vistiendo a Jacqueline Kennedy para la Casa Blanca". Este fue el modelo que el diseñador eligió para la portada.


Como sabía de la importancia de sus vestidos, los guardó durante años antes de donarlos a la Biblioteca JFK de Boston en los ’80. El sombrero pill box diseñado para ella por Halston, los guantes blancos y largos, las chaquetas de mangas tres cuartos, los enormes lentes oscuros, el collar de perlas de tres vueltas… todos han pasado a ser símbolos de una mujer llamada Jackie.




martes, 6 de marzo de 2012

Banquete de Estado

Una cena de Estado es una cena o banquete presidido por un jefe de Estado en su residencia oficial a fin de renovar o celebrar los lazos diplomáticos entre el país anfitrión y el país cuyo representante (jefe de Estado o jefe de gobierno) responde la invitación. La factura de este tipo de eventos es pagada por el Ministerio de Relaciones Exteriores. En los diferentes países del mundo, hay reglas establecidas por cada protocolo en particular. Las cenas de Estado usualmente exigen etiqueta (esmoquin o frac, incluso uniforme) en el vestir, guardia militar de honor, un menú de cuatro o cinco platos, entretenimiento musical, baile y discursos pronunciados en nombre del jefe de Estado anfitrión y del jefe de Estado extranjero.


Banquete en San Petersburgo en honor del Emperador Guillermo I de Alemania (1873)


Más de un centenar de personas suelen asistir a estos acontecimientos, incluidos miembros del Gobierno, de la diplomacia y todos los estamentos de la vida militar y social del país. Los líderes empresariales nacionales y extranjeros también asisten.


Al inicio de la velada, el jefe de Estado extranjero es recibido en la residencia oficial por el anfitrión, generalmente ambos acompañados por sus consortes (y, ocasionalmente, por otros miembros de la familia gobernante). Se posa para los reporteros gráficos y, durante los cócteles, se escucha música de cámara ejecutada por una de las orquestas de los regimientos militares (o reales). Luego se forma la procesión para alcanzar el salón comedor, se despliegan los diferentes platos del menú, acompañados por diferentes acompañamientos musicales. Luego de los postres llegan los brindis, primero el anfitrión, luego el huésped de honor. La velada se prolongará durante una hora más, en que los invitados se despliegan por los diferentes salones.




Los Reyes de España en el banquete en su honor ofrecido por los Emperadores de Japón, en el Palacio Imperial de Tokio (2008)


El protocolo indica que, luego de la cena de gala en el palacio real o presidencial presidida por el jefe de Estado anfitrión, los visitantes extranjeros le ofrezcan a éste una “cena de devolución”, generalmente en las embajadas de sus respectivos países. A menudo, el dress code se relaja un tanto (se puede asistir de esmoquin y vestido corto, en lugar de frac o traje largo, por ejemplo), al igual que el nivel de pompa.


La Reina y el Duque de Edimburgo con el Presidente de los Estados Unidos y la Sra. Obama durante el banquete de Estado en Buckingham Palace. Obsérvese la estricta etiqueta en la vestimenta: frac, trajes de soirée y las máximas condecoraciones dinásticas.



La pareja presidencial norteamericana es anfitriona de la cena de devolución en honor de Su Majestad en Winfield House, residencia de la embajada de los Estados Unidos en Londres. El frac se torna en esmoquin y no se exhiben condecoraciones.



Reino Unido


En el Reino Unido, las cenas de Estado son presididas en su mayoría por el soberano británico, actualmente Elizabeth II (en contadas ocasiones, la reina delega esta tarea a su primogénito, el Príncipe de Gales). Tradicionalmente, todas las cenas de Estado se han celebrado en el Palacio de Buckingham debido a su posición en el corazón de Londres. Sin embargo, en los últimos años, los banquetes tienen lugar más a menudo en el Castillo de Windsor, en Berkshire. La organización recae en el Jefe de la Casa (Master of the Household) con un plan establecido y confirmado tanto por la Reina como por el Ministerio de Relaciones Exteriores y la Commonwealth (Foreign and Commonwealth Office). Las cenas oficiales, colofón de las visitas de Estado, son muy elaboradas; el Protocolo Real es en general muy estricto, pero se ha suavizado un tanto en los últimos años. Todos los discursos que se leen son revisados y confirmados por la oficina de Relaciones Exteriores, y enmendados si es necesario. Se intercambian regalos por ambas partes.


La procesión real durante la cena de gala en honor del Presidente francés, Nicolas Sarkozy, y su esposa, en el Castillo de Windsor (2008)



El menú tipo de un almuerzo o cena oficial comienza por una sopa, un consomé o un caldo con yemas de huevo Saint Germain. Después pescado, de acuerdo con la estación, un pequeño trozo de langosta o una mousse de salmón; esos platos son servidos acompañados por salsas. La reina adora la pata de cordero, que constituye muy a menudo su plato fuerte. Jamás se ofrece carne de caza ya que la soberana piensa que a muchos invitados puede desagradarle. La carne tiene siempre guarnición de legumbres, de tres o cuatro clases que llegan directamente del mercado. Sigue una ensalada a la francesa. El postre es siempre frío: frecuentemente se trata de un bombón helado, hecho en un molde. Cinco vinos diferentes, de excepcional calidad, acompañan por último la comida. En total, un menú ligero que no tiene nada que ver con la procesión de doce platos de la época victoriana. Con más de setenta banquetes y almuerzos oficiales por año, se comprende por qué la familia real británica pasa la vida haciendo régimen.




Elizabeth II da su discurso tras la cena en honor del jeque y la jequesa de Qatar (Windsor Castle, octubre de 2010)




Cuando la soberana británica, en visita oficial al extranjero, da un bran banquete, lleva su propia vajilla de plata, sus candelabros, su porcelana y, frecuentemente, sus vinos; también traslada con ellos tres yeomen, transformando la embajada británica en su hogar lejos de su hogar.

Estados Unidos


En Estados Unidos, una cena de Estado es una cena formal, más a menudo de tuxedo (black tie) en los últimos años en lugar de frac (white tie), que se celebra en honor de un jefe de Estado extranjero. El anfitrión es siempre el Presidente, acompañado por la Primera Dama y es celebrada en el Comedor de Estado de la Casa Blanca, en Washington DC. Otras cenas formales para visitantes importantes de otras naciones, como un príncipe o una princesa, son llamadas “cenas oficiales”, pero la diferencia es que el gobierno federal no paga por ellas.


El Presidente Lyndon B. Johnson y su esposa, Lady Bird, posan con la Princesa Margarita de Gran Bretaña y Lord Snowdon en el Queen’s Room de la Casa Blanca (1965).



Las cenas de Estado y las cenas oficiales son dictadas por estricto protocolo con el fin de garantizar que no ocurran gaffes diplomáticas. El Jefe de Protocolo de los Estados Unidos, el Jefe de Ujieres de la Casa Blanca (White House Chief Usher), así como el Secretario Social de la Casa Blanca (White House Social Secretary), son los encargados de supervisar la planificación estos eventos de principio a fin. La Oficina de Gráficos y Caligrafía también tiene numerosas responsabilidades, como las invitaciones formales que se envían por correo o las tarjetas con los nombres de los invitados que asignan los asientos en las mesas. Las cenas de Estado requerirán una estrecha coordinación entre el Jefe Ejecutivo de la Casa Blanca y el Jefe Pastelero para planificar y preparar una comida de cuatro o cinco platos, así como el Jefe de Decoración para organizar las velas y los adornos florales de las mesas.




El Presidente Reagan y su esposa esperan un visitante oficial en el Pórtico Norte de la Casa Blanca (1981)


Como es habitual en todas las visitas oficiales de jefes de Estado extranjeros, una cena de Estado es posterior a una Ceremonia Oficial de Llegada que tiene lugar en el Jardín Sur al principio del día. Además, las cenas de estado celebrados en los últimos años también reciben la cobertura de los medios de comunicación a través del canal público de asuntos extranjeros, C-SPAN.



domingo, 29 de enero de 2012

La Temporada

La temporada social o, simplemente, Temporada (en inglés, The Season), es el término por el que se ha referido históricamente al período anual en que es habitual para los miembros de la élite asistir a una serie de fiestas, bailes de debutantes, cenas de gala y grandes eventos de caridad. También es el momento apropiado para residir en la ciudad antes que en el campo, con el fin de asistir a tales eventos.




La Temporada en Londres


La temporada social londinense se desarrolló en los siglos XVII y XVIII y en su forma tradicional alcanzó su punto máximo en el siglo XIX. En esta era, la elite británica estaba dominada por las familias de la aristocracia y la nobleza menor terrateniente, quienes generalmente consideraban a su casa de campo como su hogar principal, pero pasaban varios meses del año en la capital para socializar y participar en la política. Los eventos más exclusivos se celebraban en las mansiones de la ciudad de los principales miembros de la aristocracia. Lugares públicos exclusivos como Almack’s, el primer club londinense en admitir hombres y mujeres, jugaba un papel secundario.


La alta sociedad de Londres en Almack’s (1800)


La Temporada coincidía con la sesión del Parlamento y comenzaba poco después de Navidad, extendiéndose hasta mediados de verano (más o menos a finales de junio). Por esta razón, jugaba un papel importante en la vida política del país: los miembros de las dos Cámaras del Parlamento eran casi todos los participantes en la temporada. Pero también era una oportunidad para que los hijos en edad núbil de la nobleza y la burguesía fueran lanzados en la sociedad. Las mujeres eran introducidas formalmente en la sociedad mediante la presentación ante el monarca en la Corte. En la sociedad londinense, tradicionalmente la temporada comenzaba después de Pascua y terminaba con el Glorious Twelfth (12 de agosto), el inicio de la temporada de caza de perdiz roja.



Glorious Twelfth of August (1890)

La temporada tradicional entró en declive después de la Primera Guerra Mundial, cuando muchas familias aristocráticas renunciaron a sus mansiones de Londres. A partir de este momento un número creciente de eventos de la sociedad comenzaron a llevarse a cabo en lugares públicos, por lo que fue más difícil mantener la exclusividad social.

Muchos eventos que tienen lugar lejos del centro de Londres llegaron a ser considerados como parte de la temporada social, incluyendo el Royal Ascot y la Regata Henley. Los eventos que conforman hoy la London Social Season son cada vez más organizados o patrocinados por las grandes empresas (es decir, "la hospitalidad corporativa") y aunque no existe una organización oficial de la temporada, muchas tradiciones y costumbres permanecen. Los códigos de vestimenta, por ejemplo, todavía se aplican a ciertos eventos, especialmente cuando la Reina juega un papel oficial. De acuerdo con la guía de nobleza de Debrett, la temporada social tradicional se extiende desde abril a agosto.



La Familia Real en el Derby de Epsom (junio de 2011)


Los eventos de la temporada en Inglaterra incluyen:


* Festival Internacional de Edimburgo (música clásica, teatro, ópera y danza de diferentes partes del mundo), Glyndebourne Festival Opera, en East Sussex (principalmente óperas de Mozart), The Proms o Proms de la BBC, ciclo de conciertos diarios de música clásica orquestal, principalmente en el Royal Albert Hall, desde mediados de julio hasta mediados de septiembre.
* La Exhibición de Verano de la Royal Academy, exposición abierta de arte (pintura, dibujo, escultura, diseños arquitectónicos) y espectáculos teatrales en la popular zona del West End; el Chelsea Flower Show, una muestra de jardines durante cinco días de mayo.
* Las prestigiosas carreras de caballos de Royal Ascot (Berkshire), Glorious Goodwood (Chichester, West Sussex), Epsom Derby (Epsom Downs) y Grand National (Aintree, Liverpool).
Otros eventos ecuestres, como el concurso de saltos Badminton Horse Trials en la mansión del Duque de Beaufort en Gloucestershire y el Royal Windsor Horse Show en el Windsor Home Park, el desfile Trooping the Colour –que marca el cumpleaños oficial de la soberana británica- y el Servicio de la Orden de la Jarretera en el Castillo de Windsor.
* Y más deportes: la Boat Race o Carrera de Botes (entre los equipos de Oxford y Cambridge) en el Támesis; la Henley Royal Regatta en la localidad de Henly-on-Thames, los torneos de polo en Guards Polo Club de Windsor (Queen’s Cup, Royal Windsor y Archie David), los campeonatos de tenis de Wimbledon, la semana de regatas de Cowes en el Solent (el área de agua entre el sur de Inglaterra y la Isla de Wight) y el Lord’s Test Match de cricket en St John’s Wood.

El Duque de Edimburgo y la Reina observando los Badmington Horse Trials en Gloucestershire (1968)


Aunque varios de estos eventos no se celebran en Londres, como la copa Hurlingham Polo Cartier International en Windsor, los organizadores de la mayoría de ellos intentan evitar enfrentamientos de fechas y por lo general es posible visitar todos ellos en el mismo año (teniendo suficiente tiempo libre, ingresos adecuados y resistencia). El tradicional fin de la temporada en Londres es el Glorious Twelfth de Agosto, que marca el inicio de la temporada de caza. La sociedad se retiraría al campo para cazar perdiz roja durante el otoño y zorros durante el invierno, antes de regresar a Londres de nuevo con la primavera.


El Baile


El baile como evento social de la temporada implica una gran recepción formal con música, a la que los asistentes acuden con atuendo de noche, detalle que es especificado en la invitación como “esmoquin” o “frac” (el más formal). Existen diferentes tipos de baile, desde el Commemoration ball que año a año organiza uno de los colegios de la Universidad de Oxford hasta el May ball con el que finaliza el año académico la Universidad de Cambridge y que requiere vestimenta formal; desde el Cotillion ball o Cotillón que implica parejas en formación geométrica repitiendo figuras y que hoy se realiza en el Wiener Opernball o Baile de la Opera de Viena, hasta el Gran Ballo della Cavalchina en el Teatro La Fenice, el más espectacular y exclusivo de todos los bailes de máscaras venecianas. Párrafo aparte merece el legendario “baile de debutantes”.




Cotillón en el Baile de la Opera de Viena


Una debutante (del francés débutante, "principiante femenina") es una joven de la aristocracia o la clase alta que ha llegado a la edad de la madurez, y como un nuevo adulto, es introducida a la sociedad en un formal "debut" de presentación. Originalmente, significaba que la mujer joven tenía derecho a casarse y parte de la finalidad era mostrarla a solteros elegibles y sus familias con miras al matrimonio dentro de un selecto círculo social. Las debutantes pueden ser recomendadas por un comité distinguido o patrocinadas por un miembro establecido de la sociedad de élite.

Las presentaciones varían según la cultura regional y también son citadas frecuentemente como "bailes de debutantes", "bailes de cotillón" o "fiestas de puesta de largo". El equivalente masculino se refiere a menudo como "baile de beautillion". Una debutante en solitario podría tener su propio debut, o compartirlo con un hermano u otro pariente cercano. Los modernos bailes de debutantes son a menudo eventos de caridad: los padres de la debutante donan una cierta cantidad de dinero para la causa designada y los invitados pagan por sus billetes. Estos bailes se pueden ser elaborados asuntos formales e involucrar no sólo a "debs", sino también debutantes más jóvenes, escoltas y ujieres, niñas de las flores y también pajes.



Debutantes ante la reina Victoria

En el Reino Unido, la presentación de debutantes en la corte de Saint James marcaba el inicio de The Season. Las solicitudes para jóvenes a ser presentadas en la corte tenían que ser hechas por damas que ya se habían presentado al soberano, como su madre u otra persona conocida por la familia que era adecuada para dar fe por la dama a ser presentada. Una suegra que se había presentado podría, por ejemplo, presentar su nueva nuera. La Presentación de debutantes en la corte era también una manera para que las jóvenes en edad de casarse fueran presentadas a jóvenes solteros y sus familias con la esperanza de encontrar un marido adecuado. El soltero podía, a su vez, utilizar la presentación en la corte como una oportunidad para encontrar una esposa adecuada. Los que querían ser presentados en la corte estaban obligados a solicitar permiso para hacerlo por lo que si la solicitud era aceptada, se les enviaba una citación real del Lord Chambelán para asistir a la presentación en un día que declarado por Debretts siempre comenzaba a las 10 pm. Así como las debutantes, también podían ser presentadas mujeres mayores y damas casadas que no habían sido presentadas previamente.


Después de la presentación, las debutantes eran lanzadas a la sociedad como jóvenes damas para asistir a Royal Ascot, fiestas de té vespertinas, partidos de polo y bailes, todo lo cual era escenario para que las jóvenes actuaran con las maneras apropiadas de una dama. Muchas debutantes también tienen su propia "fiesta de presentación" o, alternativamente, una fiesta compartida con una hermana u otro miembro de la familia.

Drawing Room de Saint James Palace durante un baile de presentación de debutantes (1808)


Los últimas debutantes fueron presentadas en la Corte en 1958, después la reina Isabel II abolió la ceremonia. Se hicieron intentos de mantener la tradición mediante la organización de una serie de fiestas para jóvenes que de otra manera hubieran sido presentadas en la Corte en su primera temporada (a la que jóvenes idóneos también fueron invitados). Sin embargo, la retirada del patrocinio real hizo estas ocasiones cada vez más insignificantes y apenas se distinguen de cualquier otra parte de la temporada social.

Códigos de vestimenta


Muchos eventos de la temporada tienen directivas tradicionales con respecto a la vestimenta. En el Royal Ascot, por ejemplo, los sombreros son un deber y para ser admitido por primera vez en el Recinto Real (Royal Enclosure) uno debe ser invitado de un miembro o patrocinado para la membresía por un miembro que ha asistido al menos cuatro veces. Esto sigue manteniendo un carácter socialmente excluyente al Recinto. Si está permitido entrar en el Recinto Real, los caballeros deben vestir traje de mañana sea negro o gris, incluyendo un chaleco, con un sombrero de copa. Un caballero puede quitar su sombrero de copa en un restaurante, un palco privado, un club privado o terraza con instalaciones, balcón o jardín. Los sombreros también pueden ser quitados en cualquier área exterior dentro del Jardín del Recinto Real. Las damas no deben mostrar diafragmas u hombros descubiertos y deben usar sombreros.



Dama en el Royal Enclosure de Ascot, con sofisticado sombrero diseñado por Hélène de Saint Lager


En la Henley Royal Regatta, en el Recinto de los Mayordomos (Stewards’ Enclosure) los caballeros deben llevar chaqueta y corbata. Los colores del Rowing Club en una chaqueta o sombrero están permitidos, como es el uso de los navegantes. El dobladillo de la falda de una dama debe llegar por debajo de la rodilla y se comprueba antes de la entrada por los oficiales de los Mayordomos. Los sombreros están permitidos pero no son obligatorios para las damas. Cuando una estudiante protestó porque se le negó la entrada al Steward’s Enclosure por no cumplir con el código de vestimenta, diciendo que se había puesto el vestido "en el Recinto Real de Ascot y nadie dijo nada", un portavoz defendió el código diciendo: "La intención es mantener la atmósfera de una fiesta de jardín inglés de la época eduardiana con un vestido más tradicional". Los miembros deben mostrar sus tarjetas de identificación esmaltadas en todo momento. Cualquiera que se encuentre usando un teléfono móvil se le pide que salga inmediatamente y su anfitrión del Steward’s Enclosure, identificado por el número de la insignia de los clientes, puede retener su membresía como resultado.

Espectadores en la Henley Regatta

En partidos de polo es habitual que los caballeros usen una chaqueta y siempre pantalón blanco. Las damas deben usar zapatos planos, pues la tradición de "pisando los terrones" impide el uso de tacones. La famosa Club House en Guards Polo Club, en Windsor Great Park, es solo para uso de los miembros del Club, que usan individualmente insignias de oro y esmalte. Los invitados de los miembros reciben etiquetas especiales con relieve de oro.


La vestimenta masculina


Un esmoquin (del inglés smoking) es un traje de etiqueta masculino para lucir en actos sociales de cierta relevancia, pero sin llegar a la importancia de una boda, recepción oficial o cena de gala, ceremonias donde se luce chaqué o frac. En español, se ha inventado la leyenda de que el origen del esmoquin se remonta al siglo XIX en que los caballeros británicos se ponían esta chaqueta (smoking jacket) para fumar. De ahí su denominación en español, aunque en inglés la misma prenda se llama tuxedo. Actualmente los británicos la llaman dinner jacket ("chaqueta para cenar") o black tie ("corbata negra", por el color de la pajarita o moño).


Los Duques de Cambridge y el Príncipe Harry respondiendo el black tie dress code en la entrega de los Sun Military Awards


El chaqué (también llamado chaquet, terno o vestón) es el traje de máxima etiqueta para el hombre. Se utiliza para fiestas y ceremonias de día (para las noches se utiliza el frac). Sólo el traje regional de cada país tiene el mismo nivel que el chaqué. En inglés se le llama morning dress y raramente es usado en otra cosa que un evento formal diurno, desde almuerzos hasta las carreras de Royal Ascot, en funciones cívicas, gubernamentales o reales o como uniforme para algunos de los colegios más tradicionales de Gran Bretaña, como Eton.

El frac es un traje de tipo formal que constituye el tipo de vestuario más elegante para el hombre en celebraciones nocturnas. En inglés es white tie (o evening dress, full evening dress). Al igual que el chaqué, el protocolo indica que la invitación lo especifique con frases del tipo "frac o traje nacional". Una de las ocasiones más conocidas en que se lleva el frac es la ceremonia de entrega de los premios Nobel. Otras ocasiones posibles incluyen recepciones en las embajadas, cenas de Estado, coronaciones, bailes de gala, etc. No está indicado en absoluto para las bodas (para las que se lleva el chaqué) a menos que tengan lugar al atardecer. Asimismo, durante muchos años, se usó en las visitas al Vaticano por parte de jefes de Estado y durante los cambios de mando presidenciales.

Fracs y trajes nacionales escoceses en la visita del Rey Carlos Gustavo de Suecia a Inglaterra (1975)


Tanto en el chaqué como el frac se desaconseja llevar prendas de abrigo porque tapan la prenda. En grandes eventos formales, como en España el funeral de don Juan de Borbón, padre del Rey, las autoridades lucieron el chaqué sin prenda de abrigo alguna, pese al mal tiempo. Asimismo, los palacios reales de Europa cuentan con escalinatas cubiertas para evitarles a los invitados tener que llevar prendas de abrigo.

La temporada en los Estados Unidos

Muchas de las grandes ciudades de Estados Unidos tienen una temporada social más o menos oficial, aunque sólo las personas del registro social pueden ser conscientes de su existencia. En los Estados Unidos, el momento de la temporada social se adapta al clima local antes que a la sesión de un órgano legislativo y puede empezar tan pronto con el otoño y finalizar a principios del verano, cuando la rica élite tradicionalmente huye del calor y las húmedas ciudades hacia los campos de los Adirondacks, se retira junto al mar, como los Hamptons, o, en California, los valles Napa y Sonoma. En Nueva York, la apertura de la Metropolitan Opera en septiembre es un acontecimiento clave al principio de la temporada, que incluye el International Debutante Ball en diciembre. En Los Angeles es el baile de debutantes de Las Madrinas y en San Francisco la Noche de Gala de Apertura de la Ópera.



Debutante Cotillion Ball en el Waldorf Astoria de Nueva York (1952)

sábado, 21 de agosto de 2010

Grace, Princesa Consorte de Mónaco


La ceremonia matrimonial de Grace Kelly con el príncipe Rainiero de Mónaco tuvo lugar el 19 de abril de 1956. Esa fecha marcó un antes y un después en la vida de la glamorosa estrella hollywoodense nacida en Filadelfia.

La actriz-princesa cuya vida de novela se aderezaba con un halo de elegancia natural, rodeada siempre por los representantes más exclusivos del beau monde, sigue dictando a los creadores cómo conferir a la mujer una femineidad delicada y elegante sin perder la sofisticación del glamour. En ella se mezclaban la practicidad estadounidense del american way of life, país que la vio nacer, crecer y triunfar, con el chic de la Europa decadente, donde la bellísima, diva del cine primero y miembro de la realeza después, creó su familia y fue una excepcional consorte. Su peculiar manera de vestir, mezclando lo clásico con lo vanguardista, consiguió convertirla en una verdadera musa atemporal de la moda, un icono que traspasó las décadas.


Edith Head, modista de la Paramount Pictures, creó el sugerente vestido de satén verde perla con el que Kelly recogió su único Oscar en 1954 por The Country Girl (“La angustia de vivir”), cuando tenía sólo 25 años. La legendaria diseñadora de vestuario que logró el Oscar en ocho ocasiones se tomó muy mal que Grace Kelly no le encargara su vestido de novia y tenía su punto de razón: la actriz nunca apareció más esplendorosa que en Rear Window (“La ventana indiscreta”) y To Catch a Thief, (“Para atrapar a un ladrón”), ambas dirigidas por Hitchcock, con el espectacular vestuario elaborado en el taller de Head.

Luego del anuncio del compromiso, el 5 de enero de 1956, aunque Rainiero dijo que Grace no volvería a actuar, la actriz se reincorporó a la filmación de High society (“Alta Sociedad”) y, al concluir, pidió un año libre a Metro Goldwyn Mayer, los estudios fílmicos con los cuales le quedaban cuatro años de contrato por cumplir. MGM quería mantener a su famosa actriz, lo cual explica que le regalara los vestidos que vistió en la película, y también el traje de novia. Helen Rose —la principal diseñadora de vestuario de MGM— fue la responsable del traje que lució Grace y que fue considerado el más caro salido nunca de los estudios de la Metro.


La filmación de High Society mantuvo muy ocupadas tanto a la futura novia como a la diseñadora; por lo que usaron como punto de partida una idea concebida para el vestuario de esa película. Grace pidió que le incorporara una cola; la parte superior fue hecha con un delicado encaje francés rosa pálido de un siglo de antigüedad y la amplia falda unida por un fajín. Tan pronto aprobó el diseño, 35 artesanos —modistas, bordadoras, especialistas en color— dedicaron 6 semanas a elaborarlo. Al encaje se añadieron veinticinco metros de tafetán y cien metros de tisú de seda. La tradición de llevar la novia algo azul, la cumplió con el detalle de adornar las tres enaguas superpuestas con lazos azules. Y el velo llevaba bordados miles de diminutas perlas.


Para empacarlo construyeron una caja de aluminio de 2,10 x 1,2 metros, donde iba el vestido (relleno de almohadillas y papel de seda), el velo, el devocionario y el traje para la ceremonia civil junto a un negligee e incontables motas de algodón empapadas de perfume para ‘que cuando lo abriera recibiera el aroma de miles de flores’. Grace ensayó a vestirse varias veces antes de la mañana del 19 de abril, cuando llena de solemnidad se desplazó por el pasillo de la catedral de San Nicolás para convertirse en Su Alteza Serenísima y detentar la lista de títulos más larga de la nobleza, aunque todos ellos fueran de menor entidad, ínfima la mayor parte de las veces.

No era la primera mujer de su país que accedía como consorte al trono del principado, ya que le había precedido Alice Heine, de Nueva Orléans, quien casó con Alberto I de Mónaco, pero sí fue la más admirada, la más querida, la más criticada cuando perdió su silueta de cisne y la más llorada el día de su entierro. Y también la menos conocida en su dimensión humana, para ceder el lugar a un escenario de opereta y un personaje de “princesa de cuento de hadas”, como diría la prensa. Sin tener sangre real en sus venas, Grace Kelly supo mantenerse en su puesto con una elegancia y discreción dignas de la mejor cuna. Desde el momento en que contrajo matrimonio con Rainiero nadie pudo poner el más mínimo reparo a su comportamiento y llegó incluso a controlar la calificación moral de las películas exhibidas en su principado.



En poco tiempo, la que había sido famosa estrella de cine, estilizada modelo y portada de las más prestigiosas revistas especializadas, se había convertido en lo que sería su imagen fiel hasta su muerte: la marca de fábrica de la dama de alta sociedad solitaria y aburrida. Consciente de su destino y de su obligación de vender con dignidad el atractivo turístico y el refugio financiero que daba Mónaco, Grace había decidido dar a su público lo que le pedía. Su rubia melena de diario y sus moños, chignons o complicados postizos en las recepciones serían invariables, incluso en el catafalco. Ni un asomo de cardado, de mechas, ni un cambio en esa forma de peinarse que la definiría.


Una sonrisa digna, de perlados dientes. Gafas negras en sus encuentros al aire libre con la prensa. Zapatos de medio tacón, para no destacar ante la talla de su marido y superarle. Foulards blancos al cuello de los discretos trajes de chaqueta. En la mano derecha, bolso de Chanel o de Roberta di Camerino y unos impolutos guantes claros de cabritilla, como los que usaba la reina Isabel de Inglaterra, la soberana que la consideraba una advenediza. No hubo congreso, festival de televisión o concierto que no contara, aunque solo fuera por breves minutos, con la presencia de la nueva princesa. Una presencia que costaba una fortuna, pero que hacía de Montecarlo el punto más exquisito y elegante de la Costa Azul.


Prematuramente madura, con unos cuantos años más de su edad real a causa de los clásicos modelos con que se vestía y embebida de sus sueños tradicionales, la norteamericana intentó llevar hasta el fin sus ideas. La fidelidad matrimonial, una profunda religiosidad y la defensa de imponer una educación tradicional a sus futuros hijos, fueron desde
el primer día sus objetivos.
El ingreso de Kelly en el mundo de la realeza transmutó aquel estilo clásico de los cincuenta en un gusto por la alta costura que tuvo en Dior, Balenciaga, Givenchy y Saint Laurent sus grandes favoritos. Fue un vestido de gasa azul de Christian Dior el que permitió a la princesa proclamar desde la portada de Paris Match, en 1956, que las mujeres embarazadas podían seguir transmitiendo un chic innato. Utilizó un elegante traje verde de Givenchy para una visita oficial a la Casa Blanca en 1961, donde fue recibida por JFK y su esposa, Jacqueline. En 1981 eligió un fabuloso vestido morado de Yves Saint Laurent para una gala benéfica en el Royal Opera House, de Londres, donde coincidió con lady Diana Spencer, futura princesa de Gales.

Por el día elegía pañuelos de Hermès con todos los motivos y temas de la historia universal: abstractos, con motivos art-decó, de animales, selvas u otros lugares geográficos. Los maravillosos carrés de seda de la maison francesa de maletas y complementos servían a la princesa para proteger sus cabellos del sol, cuidar su garganta del frío o para ser anudados como simple adorno de sus bolsos, cinturones o vestidos.

Otro de los básicos de Grace Kelly eran las gafas de sol -que elegía enormes-, los vestidos tipo túnica, tan de moda en los ’70 y los grandes bolsos con herrajes de inspiración joya. No por nada la casa de alta costura favorita de la dama, Hermès, bautizó a uno de sus bolsos estrella, que hoy sigue editando con diferentes materiales, con el nombre de la princesa, el Kelly bag. Grace había puesto de moda ese modelo al ser fotografiada varias veces con él. En cuanto a los bolsos de noche, usaba pequeños clutches cuajados de brillantes. Las pamelas o grandes sombreros le encantaban, así como los lazos anudados a la cintura.

La ropa de ballet fue otra de sus grandes fuentes de inspiración: tules, sedas, organdí, el color rosa casi blanco de las bailarinas enamoraba a la princesa, que en repetidas ocasiones pidió a los modistos esta clase de diseños para la noche. Los vestidos vaporosos ceñidos al talle en colores pastel llenaban sus armarios. Avanzada su vida de princesa se decantó por sinuosos vestidos de noche muy ceñidos, en satén, raso, organza y seda. Su color favorito para las grandes ocasiones era el negro, seguido del rosa claro y el azul. Chanel era su modista ideal para los trajes sastre, que adoraba confeccionados en tela de tweed.


Grace daba rienda suelta a su fantasía cuando iba a un baile de disfraces. Para aumentar los fondos de la Cruz Roja organizó un baile anual de beneficencia a favor de la institución, que resultó el acontecimiento social más esplendoroso del año en la Costa Azul y uno de los más selectos del mundo. En el curso de los años asistieron al evento algunos de los personajes más conocidos del orbe, todos ataviados con trajes espectaculares. Pero los disfraces más fantásticos los lucía Grace, que un año tuvo que trasladarse a la gala en una furgoneta, porque su tocado, compuesto por largas agujas doradas, no cabía en el coche real. “Parecía radio Montecarlo”, bromeó la princesa. Esta gala fue siempre su diversión favorita, porque le daba la oportunidad de ver a sus antiguos amigos, vestirse de manera extravagante y conseguir gran cantidad de dinero para una causa con la que se había comprometido de corazón.

Pero en ella siempre estaba presente la contradicción. La princesa, tan comprometida y ocupada, era capaz de olvidarse, en ciertos momentos, de todas sus responsabilidades, de una manera casi infantil. Una de sus damas de honor recuerda que una vez fue a buscar a Grace a palacio para que asistiese a una asamblea de la Cruz Roja y olió que algo se quemaba. Rápidamente abrió la puerta de la biblioteca. Grace estaba allí jugando con un sello que Rainiero le había regalado con el escudo de armas de su familia. Estaba calentando diversas ceras de colores para ver cuál de ellas iba mejor. “Cuando me vio –escribió la joven- dio un salto pequeño como una niña cogida en falta. Por toda la estancia había cera fundida; la mesa redonda y la alfombra estaban llenas de cerillas y de sobres arrugados. Grace continuó jugando hasta que, de pronto, vio la hora que era y comprendió que ya no podía acudir a la asamblea”.

Cuando no tenía algún asunto serio entre manos, o ninguna diversión, la princesa sucumbía al aburrimiento sin intentar llenar aquellos espacios de libertad. Aquel decaimiento le impedía actuar correctamente en algunas ocasiones y cumplir con sus responsabilidades cuando éstas coincidían con ese estado anímico, lo que era bastante frecuente. Grace trataba de aliviarlo como podía. Era, según un amigo, “infantil” respecto a las fiestas y le excitaba mucho ver a sus amistades. Era infatigable en las reuniones, a veces se resistía a volver a palacio y se quedaba bebiendo champaña hasta altas horas de la madrugada. Esto sucedía también cuando recibía a sus amistades, con quienes jugaba. Y recordaba tiempos pasados hasta el amanecer.



Grace tardó varios años en sentirse a gusto entre los monegascos. Su falta de confianza en el buen desempeño de su papel le resultaba, a veces, un verdadero obstáculo. Su dificultad con el idioma, su falta de familiaridad con el protocolo, su temor a dejar en mal lugar a su esposo, incluso su miopía, la mantenían dentro de una “burbuja de plástico” durante sus apariciones en público. Y el resultado era que, una mujer que sus amigos conocían como cálida y llena de vida, no sólo estaba aislada de sus súbditos, sino que se distanciaba de relaciones sociales que hubiesen podido proporcionarle nuevas amistades para salir de su soledad.

Según la gente ajena a Mónaco, se había integrado perfectamente y con elegancia en los ambientes de la realeza. Su belleza deslumbraba al más indiferente de los jefes de Estado y su reserva, aunque hija del miedo, era considerada como una prueba de su rango. En la década del sesenta, la princesa Grace era considerada una de las mujeres más admiradas, celebradas e imitadas del mundo entero, hecho que confundió a algunos observadores. Maurice Zolotow, al dar el perfil de Grace en 1961, empezaba su artículo:

Una de las cuestiones más curiosas de la opinión pública es por qué todos continúan estando pendientes de cierta rubia alta y esbelta, de treinta y dos años de edad, que se casó y tiene dos hijos y que, durante seis años, no ha contribuido en nada, absolutamente, al desarrollo artístico, político, económico o social del mundo, para justificar la gran atención que consigue… Es una de las siete mujeres más populares de la pasada década en la prensa internacional, siendo sus rivales la princesa Margarita, Marilyn Monroe, Brigitte Bardot, Elizabeth Taylor, Jacqueline Kennedy y la reina Isabel II de Inglaterra. Se ha publicado mucho más acerca de la princesa Grace hoy en día, en las revistas y los periódicos de Europa y América, que en 1954, cuando se hallaba en el pináculo de la fama como una de las mejores estrellas de Hollywood…”


La mística de estrella de cine convertida en princesa le sirvió de mucho, pero también le ayudó la particularidad de ser la esposa de un jefe de Estado. Pocas personalidades políticas resultaban tan bellas, tan elegantes, tan encantadoras en las entrevistas personales como la princesa consorte de Mónaco. Las mismas atractivas cualidades que separaban a Jacqueline Kennedy de las otras esposas de presidentes eran las que distinguían a Grace.

El nacimiento de sus hijos, más que cualquier otra cosa, cimentó la unión de Grace con el príncipe y con el principado. Estaba decidida a ser la mejor de las esposas para su marido, la mejor de las madres para sus hijos y también la mejor princesa de Mónaco. William F. Buckley dijo de Grace que “si hubiese decidido ser monja en lugar de princesa, no habría existido la menor diferencia en la fidelidad de su vocación”.


La segunda mitad de la década de los sesenta fue el período más feliz de la vida conyugal de Grace. Casi todas las pruebas con las que había tenido que enfrentarse en sus primeros diez años como princesa habían quedado atrás; había superado correctamente su período de aprendizaje. Había aceptado el protocolo real y familiar y lo había integrado a su vida. Comprendía las costumbres y la idiosincrasia de los monegascos y les había demostrado su carácter por medio de sus actos y su ejemplo, con lo que había logrado su afecto y admiración.


Hasta los setenta Grace había demostrado una imperturbable apariencia de decoro. En público se mostraba como un compendio de reserva y compostura. En las entrevistas mantenía invariablemente su dignidad y sólo decía lo que se esperaba de ella, sin apenas revelar nada acerca de sí misma. Sonreía fríamente y dejaba sin respuestas aquellas preguntas que consideraba impertinentes. Ciertos reporteros la describieron como “repetitiva” y “rígida”, con una sonrisa “plástica” y “helada” y sus respuestas eran consideradas “aburridas”.

La proximidad de sus 40 años produjo en ella un cambio de actitud. Silenciosa y constante, en lugar de reducir sus actividades y obligaciones, Grace se imponía más. Prefería tener mucho trabajo y acabar exhausta, que disponer de excesivo tiempo libre, lo que la llevaría a aburrirse, a inquietarse y a sentir nostalgia de sus amigos. Se ocupaba además de proyectos propios, de empresas que satisfacían su creatividad y que la mantenían un poco al margen de sus problemas y responsabilidades: primero diseñó cuadros con flores disecadas, lo que resultaba sedante para ella, luego se dedicó a la lectura de poesía, que la llevó a hablar en público por toda Norteamérica y Europa. El escritor y director John Carroll dijo que “la princesa Grace posee un gran sentido del ritmo, el sentido de la perfección. Posee una voz suave, muy grata, con una maravillosa gama de tonos. Y posee, asimismo, un gran sentido del humor”.

Sus experiencias durante la segunda mitad de la década de los ’70 supusieron una dolorosa sucesión de problemas: rumores de infidelidades del príncipe, distanciamiento en la pareja, disgustos con sus hijos. Sus estados de nervios la llevaron a refugiarse en el alcohol. El resultado fue que no pudo controlar su peso y el último año de su vida engordó en exceso, aspecto que resultaba bastante extraño en una mujer que siempre había sido delgada. En 1982 un accidente de auto le quitó la vida, en la misma carretera de Mónaco en la que ella y Cary Grant hacen un picnic en la película To Catch a Thief.

La princesa Gracia Patricia de Mónaco sigue siendo un referente de la moda, su belleza y elegancia quedaron grabadas en la memoria colectiva y se transformó en todo un icono. Jean d’Ormesson, de la Academia Francesa, dijo de ella al momento de su muerte: “Era uno de esos escasos seres de leyenda que dan su gracia al mundo. Por una casualidad demasiado notable como para ser sólo una obra del azar, unía con belleza y encanto dos sueños de nuestra época, el uno dirigido al porvenir y el otro al pasado: los estudios de cine y los bailes de la corte, los reflectores y los palacios, el cine y el trono. La última pastora de corazones de nuestro tiempo había sido actriz antes que princesa. Había interpretado ese mundo antes que vivirlo y, en sus dos vidas sucesivas, había conocido la gloria y encarnado la felicidad para los millones de espectadores de su fulgurante carrera”.