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viernes, 31 de julio de 2009

El Infante

Infante es un título de realeza que se otorga en España –y, antes de la abolición de la monarquía, en Portugal- a los hijos del monarca que no tengan la condición de Príncipe o Princesa de Asturias. También se les titula así a los nietos reales, hijos de los Príncipes de Asturias. La “infantería” fue en sus orígenes la tropa que custodiaba al infante, o también la tropa que este último comandaba. Posteriormente se llamó así al soldado de a pie, en contraposición al soldado de a caballo.
Philippe, conde de Poitiers, Infante de Francia,
futuro Philippe V « Le Long » de Francia (1292-1322)

En el caso de la Corona de Francia, los hijos segundones de los reyes eran titulados Enfants de France ("Infantes de Francia") o Fils de France ("Hijos de Francia"), y los hijos de éstos recibían el tratamiento de "Petits-Fils de France" (Nietos de Francia) en su calidad de nietos del rey por línea paterna exclusivamente.

Infante como título real

En España, al contrario de lo que sucede en otras monarquías, sólo tiene el título de Príncipe el heredero, y que recibe por ello el Principado de Asturias y demás Principados asociados al Heredero de la Corona española (los de Viana y Gerona). Reciben el título de Infantes el resto de los hijos de los Reyes de España y los vástagos de los Príncipes de Asturias.


Por otro lado, la legislación española le permite al monarca conceder dicho título, a su discreción y de forma excepcional, a personas dignos de tal merecimiento. De esta manera, el título de Infante le ha sido concedido a Carlos de Borbón-Dos Sicilias y Borbón-Parma, Duque de Calabria y primo del Rey Juan Carlos I, que es el primero en la línea de sucesión al trono español después de la familia directa del Rey.


A pesar de lo dicho, también se reserva el título de Príncipe para el consorte de una Reina de España que reine por derecho propio (Príncipe Consorte). Hubo excepción en el caso del marido y consorte de la reina Isabel II, Francisco de Asís de Borbón, duque de Cádiz, que recibió el tratamiento de "Su Majestad el Rey titular de España" (o rey consorte), y que por su nacimiento, a pesar de ser nieto de Carlos IV, no era Infante de España ni tenía tratamiento de "Alteza Real".


Entre otras distinciones, los Infantes tienen derecho a ser enterrados en el Monasterio de El Escorial, en el Panteón de Infantes. Los hijos de los Infantes reciben el tratamiento y honores de Grandes de España, excepto los hijos de los Príncipes de Asturias, que reciben el título de Infantes.


Tampoco son Infantes los maridos de las Infantas, actualmente Elena y Cristina, Jaime de Marichalar e Iñaki Urdangarín, que reciben el tratamiento de "Excelentísimos Señores", además de los correspondientes títulos de Duque Consorte de Lugo y Duque Consorte de Palma de Mallorca a título vitalicio (no transmisible a sus hijos) mientras sigan siendo consortes de las Infantas o permanezcan viudos.

Don José de Braganza y Habsburgo, Infante de Portugal, futuro José I de Portugal « el Reformador » (1714-1777)

Historia


En las monarquías hispánicas medievales -castellana, navarra o aragonesa- todos los hijos e hijas de los reyes, incluidos los primogénitos, recibían el título de infantes o infantas. Sin embargo, a fines del siglo XIV, Juan I de Castilla, hijo y sucesor de Enrique II de Trastámara, al casar a su hijo primogénito, el infante Enrique —futuro Enrique III— con Catalina de Lancaster, nieta del destronado y asesinado Pedro el Cruel, creó el título de Príncipes de Asturias para la pareja, que en lo sucesivo fue otorgado a los herederos de la Corona, fuese cual fuese el sexo de éstos. Por nacimiento, los hijos primogénitos de los reyes nacían infantes como sus hermanos, pero era en el momento de su designación como herederos por las Cortes cuando se convertían en Príncipes de Asturias.


Lo mismo pasó en Navarra, cuando Carlos III "el Noble" creó para su nieto, el infante Carlos, hijo de su hija Blanca y del futuro Juan II de Aragón, el título de Principe de Viana, con la idea de que dicho título fuese transmitido a los herederos de la Corona Navarra. Pero al ser conquistada Navarra por Fernando el Católico en 1512, el título del heredero de Navarra fue asumido por el heredero de Castilla y Aragón, aunque los Albret desterrados continuaron usando el título para sus herederos.


Tres generaciones de infantas de España


S.S.A.A.RR. Doña Leonor y Doña Sofía de Borbón Ortiz, Infantas de España, hijas de S.A.R. Don Felipe de Borbón y Grecia, Príncipe de Asturias


S.A.R. Doña Cristina de Borbón y Grecia, Infanta de España y Duquesa de Palma de Mallorca, hija de S.M. Don Juan Carlos I de Borbón y Borbón


S.A.R. Doña Margarita de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, Infanta de España y Duquesa de Soria, hija de S.A.R. Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona

martes, 14 de julio de 2009

La Monarquía Católica

Con el nombre Monarquía Católica se hacía referencia al conjunto de los territorios gobernados por Su Católica Majestad y a su sistema de gobierno.

En la historiografía suelen considerarse sinónimos los términos Monarquía Católica y Monarquía Hispánica, ambos más apropiados que el de Reino de España, sólo aplicable con propiedad a partir de la Edad Contemporánea.

A pesar de que era corriente entre sus contemporáneos llamar Reyes de España a los Habsburgo de Madrid, el conjunto de territorios sobre los que gobernaban iban más allá de la Península Ibérica, tanto en el continente europeo, como en el inmenso imperio ultramarino. Los encabezamientos de las leyes o cartas eran siempre enumerativos, como se acostumbraba desde la Edad Media y se siguió haciendo con los Reyes Católicos y sus sucesores a pesar de la acumulación de títulos; de hecho, se observaban los diferentes numerales en cada reino.

La fórmula se fijó de forma más estable en 1556 tras las abdicaciones de Carlos V, que dejaban a su hijo Felipe II la mayor parte de sus estados, con excepción de la opción a la elección para el Sacro Imperio Romano Germánico, que quedó para la rama de los Habsburgo conocida como Austrias de Viena, quienes eran los que realmente regían el Archiducado de Austria a pesar de que siguiera figurando en el listado de los Austrias de Madrid junto con otros títulos pretendidos aunque de imposible ejercicio (rey de Jerusalén, ducados de Atenas y Neopatria).


Don Felipe (o según tocara), por la gracia de Dios, Rey de Castilla, de León, de Aragón, de las dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Menorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, del Algarve, de Algeciras, de Gibraltar, de las Islas Canarias, de las Indias Orientales y Occidentales, de las Islas y Terrafirme del Continente Oceánico, Archiduque de Austria, Duque de Borgoña, de Brabante, de Atenas y Neopatria y de Milán, Conde de Absburg, de Flandes, del Tirol y de Barcelona, Señor de Vizcaya y de Molina, etc.

No obstante, hubo adiciones al listado con motivo de algunos hechos: el matrimonio de Felipe II con María de Inglaterra en 1554 le hizo ostentar como consorte los títulos de rey de Inglaterra y de Francia (éste último como pretensión pendiente de la corona inglesa desde la Guerra de los Cien Años): Don Felippe por la graçia de Dios, rey de Castilla, de León, de Aragón, de Yngalaterra, de Françia, de las dos Seçilias..., derecho que perdió con la muerte de la reina en 1558.

La crisis sucesoria en Portugal (1580) le dio al mismo Felipe II, y a sus dos siguientes sucesores (Felipe III y Felipe IV hasta la crisis de 1640) el de rey de Portugal: Don Phelipe, por la gracia de Dios, rey de Castilla, de Leon, de Aragon, de las Dos Çecilias, de Jerusalem, de Portugal, de Navarra, de Granada, de Toledo. ´

La forma en que las monedas presentaban habitualmente el título era Hispaniarum rex (rey de las Españas), refiriéndose no sólo a la pluralidad de reinos y coronas peninsulares presente en su tiempo, sino al recuerdo de las provincias hispanorromanas (Citerior-Ulterior, Tarraconense-Cartaginense-Betica-Lusitania, etc.) que dan a la monarquía una justificación imperial. A veces las formulaciones eran incluso más lapidarias y rimbombantes: Philippus II catholicus, Hispaniarum Rex et Indiarum Nouiq' Orbis Monarcha Potentissimus.

La separación de la también hispánica Portugal en 1640 y la pérdida de los territorios europeos por el Tratado de Utrecht en 1714 terminaron haciendo coincidir la Monarquía Católica con la actual España, con el añadido de Ultramar. Desde el siglo XVIII, con la dinastía Borbón, suelen utilizarse los términos España y Monarquía española con mucha mayor frecuencia.

La Constitución española de 1978 define a España como un Estado social y democrático de derecho y establece que la forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria. Atendiendo a lo cual, el nombre oficial con que se designa al Estado español en las relaciones internacionales y en los actos públicos internos es el de Reino de España.

Origen del título

El título de Reyes Católicos fue concedido a Isabel de Castilla y Fernando de Aragón por Alejandro VI (el Papa Borgia, de origen valenciano) en la bula Si convenit expedida el 19 de diciembre de 1496 (posteriormente a las llamadas Bulas Alejandrinas de 1493). Redactada tras un debate en el Colegio Cardenalicio en el que por primera vez recibieron el nombre de rey y reina de las Españas y en el que se barajaron y descartaron otros posibles títulos (defensores o protectores), las razones que el texto de la bula invoca para la concesión del título son:

  • La liberación de los Estados Pontificios y del feudo papal del Reino de Nápoles, invadidos por el rey Carlos VIII de Francia.
  • Las virtudes personales de ambos Reyes manifestadas en la unificación, pacificación y robustecimiento de sus reinos.
  • La reconquista de Granada de manos del Islam.
  • La expulsión de los judíos que no hubiesen aceptado o aceptasen el bautismo en 1492.
  • Por los esfuerzos realizados por ambos monarcas en intentar llevar adelante la cruzada contra el Imperio Turco, a la que se seguían comprometiendo.


El título de “Católico” responde a una emulación entre las distintas monarquías autoritarias que se estaban formando en Europa Occidental: los reyes de Francia ya utilizaban el título de Rey Cristianísimo (Francia es la fille ainée de l'Eglise -la hija mayor de la Iglesia-). En 1521 Enrique VIII de Inglaterra obtuvo el de Defensor de la Fe (Defensor Fidei), por un libro polémico contra Lutero, Assertio septem sacramentorum -Aserto de los siete sacramentos-, escrito con el auxilio de Tomás Moro, no mucho antes de enemistarse con el Papa y ajusticiar a su co-autor).


El título de Rey Católico se volvió a dar a Carlos V en 1517, después de lo cual quedó incorporado al uso diplomático y de las cancillerías, y desde entonces se utilizó por sus sucesores, empezando por Felipe II y resto de los Habsburgo españoles, y desde 1700 por Felipe V y los Borbones españoles. Como la constitución española de 1978 reconoce al rey el uso de los títulos tradicionales de la Monarquía española, Juan Carlos I también puede utilizar el de Rey Católico o ser llamado Su Católica Majestad.