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jueves, 12 de abril de 2012

El guardarropa de Alexandra Feodorovna

La última emperatriz de uno de los imperios más grandes del mundo era una princesa de uno de los principados más pequeños. La Princesa Alix Viktoria Helena Luise Beatrice von Hesse-Darmstadt, caprichosa, fatalista, obstinada y fanáticamente religiosa, accedió al trono de la Rusia imperial a los 22 años de edad. Su herencia democrática, arraigada en la monarquía constitucional, se vio desplazada en su matrimonio con un hombre al que se consideraba casi divino, el Zar de todas las Rusias, Nicolás II Romanov.





1887. Alexandra, soltera, cuando era princesa de Hesse, con un traje de chaqueta de polisón moderado y doble botonadura.

Uno pensaría que una zarina lo iba a tener todo fácil. De una manera real, su predecesora María Feodorovna lo hizo. Pero Alexandra era de Hesse en Alemania, cuando el nacionalismo eslavo estaba corriendo fuerte, lo que ayudó a hacerla una zarina alemana no deseada. La aristocracia rusa no le dio la bienvenida, ya que su llegada luego de la muerte del zar Alejandro III hizo que la gente, supersticiosa, murmurara: "Viene a nosotros detrás de un ataúd." Desafortunadamente, varios miles de campesinos murieron en un incidente en las celebraciones de la coronación y, encima de todo, no se llevaba bien con su suegra, la Emperatriz Viuda María Feodorovna. Al influjo de Alexandra sobre el zar se atribuye la caída de los Romanov, que desembocó en el fusilamiento de toda la familia imperial a manos de los bolcheviques.



1892. En este vestido de fiesta, el borde de piel repite el patrón de los habituales bordes de encaje, que bordean el corpiño y continúan hasta el dobladillo de la falda.


Al igual que su prima hermana, Maud de Noruega –el padre de Maud y la madre de Alix eran hermanos, hijos de la reina Victoria-, Alexandra de Hesse vivió la transición de la moda entre dos siglos, pero, a diferencia de Maud, no llegó a disfrutar de la libertad en el vestir que caracterizó a los locos años 20 debido a su trágica muerte en 1918, con apenas 46 años. Su boda en 1894 le abrió las puertas a un mundo de ilimitada riqueza y poder.



Alexandra y su hermana Ella demuestran la moda de finales de 1890: faldas línea A, mangas ligeramente abullonadas y boas de plumas.


La primera página de la descripción que hace Ella a su abuela, la reina Victoria, acerca del vestido de novia de Alexandra.


Merece párrafo aparte su vestido de boda, una grandiosa creación, tan complicada que Alexandra necesitó casi una hora para vestirse. Tenía las medias de encaje, los zapatos bordados y decorados. Sobre ellos, había una sucesión de enaguas rígidas. La falda ancha llena de brocado de plata se abría desde la cintura para revelar una segunda prenda interior de gasa de plata, revestida de piel. El escote era bajo y revelaba el cuello y los hombros; la túnica tenía mangas cortas con una esclavina larga revestida de armiño. La pechera muy ajustada, con sus sostenes, estaba recamada de diamantes que brillaban con cada movimiento. Los pliegues del faldellín caían hacia atrás para formar una cola y desde los hombros descendía otra cola amplia, de lienzo de oro, revestido de armiño. Sobre todo esto, Alexandra vestía el manto imperial de lienzo dorado, forrado y bordeado de armiño. El largo velo de tul se mantenía fijo en su sitio gracias a una diadema kokoshnik de diamantes engastados en platino y a la corona nupcial de los Romanov, formada por diamantes cosidos a la tela de terciopelo carmesí. Más deslumbrantes joyas se desplegaban por su cabeza y su pecho.


1894. La flamante zarina en todo el esplendor de su vestuario de boda, sin la amplia capa que lo recubría (la ceremonia tuvo lugar en invierno). El modelo no es un vestido de boda tradicional, incluso para la realeza, sino que es un vestido ruso de corte.

La corona nupcial que todas las novias Romanov usaban en su boda.


Durante su etapa como emperatriz consorte, su residencia principal era el Palacio Alejandro, construido por Catalina la Grande en Tsárskoye Seló, cuatrocientas hectáreas de paraíso a 20 km de San Petersburgo. Alix prefirió este palacio a todas las restantes mansiones de las cuales podía disponer y allí, junto a su famoso Boudoir Malva, estaban sus cuartos de vestir. Había armarios y gabinetes atestados con hileras de vestidos, todos envueltos en fundas, y filas infinitas de zapatos; en los cajones se depositaban las blusas de seda, envueltas en papel fino y centenares de pañuelos y pares de guantes pulcramente doblados; cajas con los sombreros de última moda y arcones de diferentes tamaños conteniendo alfileres de cabello y cepillos, así como frascos con el perfume favorito de la emperatriz, el Rose Blanche.

Alexandra se convirtió en emperatriz al casarse con el zar Nicolás en 1894, pero fueron coronados formalmente en 1896. En este grabado francés que describe la ceremonia, Alexandra lleva una pequeña corona (crownlet) a la manera de Victoria de Inglaterra y Victoria Eugenia de España.


La encargada del vestuario de Alexandra, la princesa María Golitsyn (después reemplazada por la princesa Isabel Narishkin), supervisaba el personal. La primera doncella, María Muchanowa, ayudaba a vestirse todos los días a Alexandra, con la colaboración de ocho criadas de menor categoría. A la emperatriz le desagradaba la ropa interior de seda. En cambio, tenía camisones de hilo fino o batista, adornados con encajes de Valenciennes y Mechlin. Dijo cierta vez a su principal doncella que el uso de ropa interior hermosa era uno de sus placeres más grandes.


La cola de este traje es larga, demasiado larga para un baile, así que Alexandra lo ha de haber usado en una recepción con cena o una velada en la ópera.



1898. Con un vestido de noche muy parecido al de arriba, con falda línea A, escote corazón y mangas hasta el codo.


Este es un vestido de baile, con una cola leve y mangas puff.


Alexandra decepcionaba a muchos habitantes de la capital, pues su sensibilidad para la moda dejaba algo que desear a los ojos de la sociedad. Se vestía teniendo en cuenta su comodidad personal y aunque era cliente de los modistos más prestigiosos del momento, le interesaban poco las tendencias vigentes. En cada temporada ordenaba cincuenta vestidos nuevos a Paquin o Worth. Realizaba agregados permanentes a su guardarropa cuando encontraba una prenda que le agradaba de manera especial, de modo que como resultado pagaba cuentas de ropa que se elevaban a 100.000 rublos mensuales.


1900. Lo destacable de este blanco atuendo es la blusa de cuello alto bajo otra blusa de cuello en V y con solapas para la corbata.


Traje de corte de material pesado, escote cuadrado y mangas segmentadas en tres partes, adornadas con encajes.


Cuando se casó, todo el ajuar de Alexandra consistía en prendas de luto y medio luto, de modo que llegó al trono sin prendas apropiadas para su jerarquía. La zarina prefería los vestidos de seda amplios de tela blanca, crema o malva, cubiertos de encaje, gasa o tul y completaba su atuendo con grandes sombreros de ala ancha adornados con plumas de avestruz; los sombreros eran creación de Bertrand, una firma francesa que tenía sucursal en San Petersburgo. Sus medias de seda y encaje eran fabricación de Swears and Wells de Londres. Calzaba zapatos de tacón bajo, de piel de ante y cuero y siempre usaba una sombrilla para protegerse del sol durante sus jornadas al aire libre.



1906. La emperatriz con el completo atuendo de corte que llevaba en la Duma luego del ignominioso final de la guerra ruso-japonesa. El vestido deja los hombros al descubierto y se despliega en larga cola. La enorme tiara lleva no una, sino dos filas de magníficas perlas.


1907. Con estola de piel y perlas que delinean la blusa.


1908. Alexandra a bordo del yate imperial Standart, con una capa de lluvia.


1910. San Petersburgo puede ser cálido y húmedo en verano, así que probablemente Alexandra no se moviera mucho con este vestido de cuello alto y mangas largas.

Le desagradaban muchas de las modas del momento y consideraba que la “falda tubo” era una molestia inaceptable. “¿De veras le agrada esta falda?”, preguntó cierta vez a Lili Dehn, esposa de un oficial del yate imperial Standart. “Bien, señora, es la moda”, replicó Lili. “No sirve como falda”, fue la réplica de la emperatriz. “Bien, Lili, demuéstreme que es cómoda… Corra, Lili, corra… y veamos cómo lo hace con esta prenda”.

La emperatriz viste un traje con un sobre-vestido de gasa negra y amplio, elegante sombrero con plumas.


Vestido de noche blanco y plata. Está cubierto con un revestimiento diáfano de tul decorado con grandes figuras florales de material plateado.


Otro modelo con encaje superpuesto, este de Madame Brissac. Los mismos patrones florales del escote se derraman sobre los bordados de la falda.


En su viaje a Gran Bretaña en septiembre de 1896, durante su primera gira europea en su condición de soberanos recientemente coronados, Alexandra despertó mucho interés en la prensa, sobre todo en relación con su sensibilidad para la moda. El Graphic informó: “Pese al encanto y la elegancia de la emperatriz rusa, confiamos en que no determinará nuestra moda… después de organizar un viaje por mar, descendió del barco ataviada con un vestido celeste, una capa color gamuza adornada con un cuello de plumas de avestruz blancas y un gorro azul y blanco. Realizó otro viaje en tren con un vestido de seda rosada y una delicada capa color heliotropo, con un gorro blanco. Durante el mismo viaje, la duquesa de Connaught usó ‘un auténtico atuendo inglés, un vestido y una chaqueta de tweed de color marrón oscuro, confeccionado a medida’”.


Alexandra en el yate imperial. Los vestidos negligée estaban de moda antes de la Primera Guerra y es fácil creer que la emperatriz lleva un negligée en esta foto. Otra forma de traje relajado en la época era el vestido de té.

1914. En el jardín de Livadia, con blusa de cuello alto y mangas estrechas, parasol y sombrero con vuelo de gasa.


Al mismo tiempo que el vestuario adquirido en París, Alexandra pedía vestidos a Madame Brissac, la principal diseñadora de la capital, que amasó una enorme fortuna gracias a los precios escandalosos que cobraba a sus clientes. Todos se quejaban, pero nada podían hacer. Pero, cierta vez, durante una prueba con la zarina, Madame Brissac le dijo: “Ruego a Su Majestad que no mencione esto a nadie, pero siempre bajo mis precios para Vuestra Majestad”. Pero se reveló la verdad cuando Olga, cuñada de Alexandra, relató a ésta lo que Madame Brissac le había dicho: “Ruego a Vuestra Alteza Imperial que no mencione estas cosas en Tsarskoie Selo, pero siempre bajo mis precios para usted”.

En plena época dorada del zarismo, Alexandra viste un vestido con cuello en V para lucir su inigualable collar de perlas de seis vueltas y una amplia capa forrada de piel.


Guardaba sus joyas en cofres y bandejas especiales empotrados en los muros del cuarto de vestir. Disponía de la más lujosa colección de joyas de Europa –diademas, collares, aros, brazaletes, broches, anillos, petos, coronas, gargantillas-. Todos los años el zar agregaba a ésta un regalo especial, generalmente encargado a Fabergé o Bolin, que tenían órdenes de reservar las mejores piezas para la zarina. Las perlas eran las favoritas de Alexandra: le encantaba adornarse con vueltas y más vueltas de las mejores perlas naturales, usadas con broches y aros engastados en platino. A pesar de su conocida lucha para conseguir las joyas de la corona retenidas por la emperatriz viuda, Alexandra rara vez las usaba. Cuando lo hacía, prefería mostrar todas las piezas, una exhibición que la Gran Duquesa María Pavlovna, esposa del Gran Duque Vladimir, denominó “un gout de parvenue”.


Alexandra en diferentes épocas, siempre con las espléndidas joyas Romanov.



1916. La moda se ha congelado en algún lugar para una pensativa y cansada zarina, quien parece vestir como antes de la Gran Guerra.


El autor Greg King recibió una carta del Príncipe Nikolai Romanov, en la que decía que “la vida de la difunta emperatriz se divide claramente en dos épocas y ella debe ser juzgada como si fuese dos mujeres distintas. La primera es una esposa, madre y cónyuge que ofrece discutibles consejos en cuestiones que en rigor no le concernían. La segunda mujer aparece apenas abdica el zar, afronta humillaciones y un sentimiento constante de miedo, y recorriendo su propio calvario llega al sótano de la Casa Ipatiev. La única característica común a las dos mujeres es el apasionado amor de la emperatriz a su esposo. La primera mujer puede llegar a merecer la crítica más severa; la segunda es admirable.”

1918. La última foto tomada a Alexandra Feodorovna –con sus hijas Olga y Tatiana-, llevando un atuendo de blanca sencillez, en el balcón de la mansión del gobernador, Tobolsk, Siberia.

domingo, 8 de abril de 2012

Damas de la era victoriana

El término "victoriano" es una palabra de habla inglesa que se aplica al reinado de Victoria del Reino Unido, entre 1837 y 1901. El victoriano temprano -1837 a 1870- es una época caracterizada por vestidos amplios, con el apoyo, en la década de 1850, de los aros de las jaulas de metal llamados "crinolinas", es decir, “miriñaques”. Sin embargo, este período se extiende por otras épocas culturales, la parte tardía de la época romántica que se extendió a partir de 1815, con el fin de las guerras napoleónicas, hasta 1850, cuando la revolución industrial realmente tomó el control. En el mundo alemán, el período de 1815 a 1848 se llama "Biedermeier". La moda evolucionó a partir del estilo Imperio de la primera década del siglo XIX a las amplias faldas y mangas muy grandes del período entre 1815 y 1836. Un prototipo se estableció en 1837, con el advenimiento de Victoria al trono de Inglaterra, que progresivamente evolucionó a través de 1869. En la década de 1880 se desarrolló el “bustle” o “polisón”, forma que se comenzó a consolidar a principios de la década de 1870. La época victoriana temprana se cierra con la guerra franco-prusiana, que pondría fin al Segundo Imperio. El polisón ya se estaba atrincherando cuando este conflicto cambió la historia por otros 119 años. Los accesorios femeninos van desde el parasol festoneado de cintas y encajes, clave desde los años del Primer Imperio para la hora del paseo, hasta el abanico de plumas de avestruz, a veces constelado de piedras preciosas, infaltable en las noches de soirée de finales del siglo XIX y principios del XX.

Boda de la Princesa Alice del Reino Unido con el Príncipe Ludwig de Hesse, Osborne House, 1862



Este es un gran conjunto de imágenes por cuatro razones. En primer lugar, más vestidos y arte sobrevivieron a este período porque es muy reciente en la historia. En segundo lugar, más retratistas fueron dejando constancia de su trabajo, sobre todo de vestidos de noche y trajes para ocasiones especiales, como coronaciones y bailes de disfraces. En tercer lugar, se desarrolló la tecnología de impresión, por lo que hay numerosas imágenes impresas y documentos ilustrados, sobre todo el Illustrated London News. Por último, pero lo más importante, Louis Daguerre inventó la fotografía y ésta se hizo abiertamente disponible en 1839. Incluso antes de que George Eastman inventara la cámara instantánea (“Kodak”) y los rollos de película, la fotografía hizo más fácil proliferar el número de retratos e imágenes, hasta el punto de que muchos desarrollaron cartes de visite y tarjetas de gabinete (cabinet cards) con imágenes de celebridades.



La Archiduquesa Gisela de Austria, hija del Emperador Franz Josef y la Emperatriz Sissi, a fines de la década de 1870.



He seleccionado esta serie de figuras femeninas de la época, entre las decenas que atestiguan la evolución del vestuario a lo largo del siglo XIX.



Louise Marie d’Orleans, Reina de los Belgas

Louise d’Orléans (Louise Marie Thérèse Charlotte Isabelle) fue Reina consorte de los Belgas como la segunda esposa del Rey Leopoldo I. Es antepasada directa del actual Rey de los Belgas, del Pretendiente Real italiano (Príncipe de Nápoles), del Gran Duque de Luxemburgo y del Príncipe Napoléon, jefe de la Casa Imperial de Francia. El rey Leopoldo había contraído matrimonio con Carlota de Inglaterra y, como ésta murió durante el parto, el monarca se casó nuevamente, esta vez con la Princesa d’Orléans, titulada Princesse de France cuando su padre, Luis Felipe, se convirtió en Rey de los Franceses en 1830. Leopoldo de los Belgas y Luisa María de Francia tuvieron cuatro hijos, de los cuales tres sobrevivieron a la edad adulta. Uno fue el futuro rey Leopoldo II, el otro fue Felipe, Conde de Blandes, casado con una princesa de la Casa Hohenzollern y la tercera fue Carlota, quien casó con el malogrado Archiduque Maximiliano de Austria, el que fuera nombrado Emperador de México y ejecutado en 1867. Devota esposa y amante madre, era de naturaleza tímida y solo aparecía en público cuando era forzada a ello. Pronto fue popular en la corte belga por su famosa generosidad y belleza.




1841




1849



Infanta Luisa Fernanda, Duquesa de Montpensier

Luisa Fernanda de Borbón era la hija menor del rey Fernando VII de España y su cuarta esposa María Cristina de Borbón-DosSicilias. Era, por tanto, hermana de la reina Isabel II. Tenía 14 años cuando se casó con Antoine, Duque de Montpensier, hijo menor del rey Luis Felipe, en 1846. Un hecho singular de su vida, poco conocido por los aficionados al arte, es que al morir su padre Fernando VII, heredó la mitad del contenido del Museo del Prado, entonces llamado Museo Real y que era propiedad exclusiva de los reyes. El riesgo de que la colección se desmembrase quedó por suerte eliminado, gracias a que se decidió que su hermana, la nueva reina Isabel II, la indemnizase con dinero. A través de su hija, la Infanta María Isabel –quien se casó con Felipe, Conde de París-, se convertiría en bisabuela del rey Manuel II de Portugal, de Luis Felipe, Duque de Braganza, de los duques Amadeo II de Aosta y Aimone de Spoleto, de la princesa Dolores Czartoryski, de la princesa Esperanza de Orleans-Braganza, de María de las Mercedes, Condesa de Barcelona (madre del rey Juan Carlos I de España) y de Henri, Conde de París.




1847



1870



Princesa Mathilde Bonaparte

Una vez le dijo a Marcel Proust, sobre Napoleón I, “Si no fuera por él, yo estaría vendiendo naranjas en las calles de Ajaccio”. Pero Napoleón Bonaparte era su tío –como hija de Jerôme Bonaparte y Catharina de Würtemberg-, por lo que Mathilde recibió el título de Princesa Francesa. Casó primero con el Príncipe Anatole Demidoff, infructuosamente. No era tan hermosa como la Emperatriz Eugenia, pero proyectaba un aura de glamour. Vivía en una mansión en París, donde fue prominente miembro de la nueva aristocracia durante y después del Segundo Imperio como anfitriona de artistas y escritores. No gustaba de la etiqueta, pero daba la bienvenida a sus visitantes, de acuerdo a Abel Hermant, con un extremo refinamiento de esnobismo y cortesía. En 1873, viuda ya del Príncipe Demidoff, se casó con el artista y poeta Claude Popelin. Fue el único miembro de la familia Bonaparte en permanecer en Francia después de mayo de 1896, cuando la República Francesa expulsó a los príncipes de dinastías gobernantes anteriores. Murió en 1904, a los 83 años.



1861





1889



Las hermanas de la Emperatriz Sissi

El Duque Maximiliano en Baviera y su esposa, Ludovika, tuvieron cinco hijas: Helene Caroline (Néné, Princesa von Thurn und Taxis), Elisabeth Amelie (Sissi, Emperatriz de Austria), Maria Sophie (Reina de las Dos Sicilias), Mathilde Ludovika (Condesa de Trani, parte de las Dos Sicilias) y Sophie Charlotte (Duquesa d’Alençon). La posición y la fortuna de la familia les permitía a las hermanas Wittelsbach vestir espectacularmente.

Helene

La Princesa Helene Caroline Therese, Néné, era la hija mayor, nacida en 1834. Iba a casarse con el Emperador Franz Josef de Austria, pero éste se enamoró de la hermana menor de Helene, la bella Elisabeth, Sissi. Eso creó serias dificultades para encontrar un esposo para Helene, pero al final contrajo matrimonio con Maximilian von Thurn und Taxis, de una rica familia alemana, en 1858, durante la temprana era del miriñaque. Su matrimonio fue feliz, pero ella murió joven, a los 36 años.



1863




Mathilde

La Princesa Mathilde fue la segunda hermana Wittelsbach en viajar a Nápoles y Sicilia. El 5 de junio de 1861 contrajo matrimonio con Ludovico de Borbón-Dos Sicilias, Conde de Trani, hermano del marido de su hermana Maria Sohie, Francisco II de las Dos Sicilias. El matrimonio fue infeliz casi desde su inicio, refugiándose Luis en el alcohol y Matilde en los largos viajes con sus hermanas. La pareja tuvo una única hija: María Teresa Magdalena de Borbón-Dos Sicilias, casada con el príncipe Guillermo de Hohenzollern-Sigmaringen. En 1878 el Conde de Trani falleció ahogado en Suiza. Matilde sobrevivió a su marido treinta y nueve años, aunque no volvió a contraer matrimonio.





1888



Maria Sophie

La tercera hermana Wittelsbach no estuvo mucho tiempo en el candelero. Esta dinastía era casi una extensión de los Habsburgo y los Habsburgo tenían tentáculos a través de Italia formados por ellos mismos y sus matrimonios con Wittelsbachs. Cavour y Garibaldi actuaron para unificar Italia, forzando a varios gobernantes vinculados con Alemania a huir. Uno de ellos fue Maria Sophie, quien se había casado en 1859 con Francesco II, Rey de las Dos Sicilias (que incluía Nápoles), cuyo reinado finalizó con la caída de Gaeta en 1862. La reina consorte salió del poder en un resplandor de gloria, liderando la defensa de Gaeta. Marcel Proust la llamó “la reina soldado en las murallas de Gaeta”. Como resultado de su breve reinado, sus fotos documentan la era clave del miriñaque.



1862




Sophie Charlotte

Penúltima hija de Maximiliano y Ludovika de Baviera, su belleza era semejante a la de su hermana Isabel, la futura Emperatriz de Austria, por lo que hubo numerosos pretendientes a su mano. Pero a ella parecía no gustarle ninguno e incluso se permitió el lujo de rechazar la proposición del archiduque Luis Víctor de Austria, hermano del Emperador Franz Josef. Tras un compromiso frustrado con su primo, Luis II de Baviera, casó con fue Fernando Felipe María d’Orleans, duque de Alençon, hijo de Luis d’Orleans, duque de Nemours y nieto por tanto de Luis Felipe I de Francia. Pereció abrasada a los 50 años en el incendio de un bazar de caridad en París.



1869



La Condesa de Castiglione



Virginia Oldoini, Condesa de Castiglione, fue una aristócrata y agente secreto italiana, célebre por haber sido amante del Emperador Napoleón III. En parte fue responsable de la unificación italiana, debido a la influencia que adquirió sobre el Emperador. Fue también una significativa figura en la temprana historia de la fotografía como modelo y colaboradora del fotógrafo Pierre-Louis Pierson. Las entradas de la condesa a las fiestas y bailes se convirtieron en leyenda. Siempre tarde, hacía que su marido la escoltara a una esquina del salón donde observaba la gran atención que su presencia producía. Allí, esperaba a que los anfitriones realizaran las presentaciones y se emocionaba solo cuando el emperador o la emperatriz la saludaban. Se le llegó a conocer como la "Mujer del amor Imperial".



1860





1862



Victoria, Princesa Real

La Princesa Victoria Adelaide Mary Louisa, “Vicky”, fue la primogénita de la Reina Victoria y de Alberto, Príncipe Consorte. Como hija mayor de la soberana reinante, fue nombrada Princesa Real. Se vio envuelta en un matrimonio dinástico en la prominente familia real prusiana, los Hohenzollern, al casarse con el príncipe heredero, Federico Guillermo, en 1857. Este arreglo fue un éxito romántico, pero un fracaso dinástico. El Káiser Federico sufría de cáncer de garganta antes de ascender al trono y, cuando lo hizo, reinó solo 99 días. Su hijo Wilhelm se convirtió en káiser un tanto cohibido por la preocupación de su abuela, la formidable reina de Inglaterra. La Princesa Real favorecía la democratización, Wilhelm era de la vieja escuela –aunque no tanto como Bismarck- y su esposa Augusta Victoria de Schleswig-Holstein aceptó de todo corazón el lugar muy restringido de las mujeres en la sociedad alemana. Luego de la muerte de Federico en 1888 vivió una gran soledad. Murió el mismo año que su madre, 1901. Mientras la reina Victoria no fue especialmente conocedora de la moda, su hija, la Princesa Real, sí lo fue.



1856




1874. Con un traje renacentista, para un baile de disfraz.





1880



Luisa de Suecia

En el siglo XIX hubo tres princesas y reinas escandinavas de nombre Luisa: dos en Dinamarca y una, la madre de la segunda reina danesa Luisa, en Suecia. La reina consorte Luisa (Lovisa) de Suecia pertenecía a la Casa de Orange-Nassau, de los Países Bajos. Era hija del príncipe Federico de las Países Bajos y de la princesa Luisa de Prusia. Por vía paterna era nieta del rey Guillermo I y de la princesa Guillermina de Prusia. Por vía materna era nieta del rey Federico Guillermo III de Prusia y la duquesa Luisa de Mecklenburg-Strelitz. El 8 de junio de 1859 se convirtió en reina consorte de Suecia y Noruega ya que su esposo, el Príncipe Heredero sueco Carl Ludvig Euden se convirtió en Carlos XV a la muerte de su padre, el rey Oscar I.

Luisa de los Países Bajos moría en Estocolmo el día 30 de marzo de 1871 sin haber podido dar un descendiente varón a su esposo, con lo cual, debido a la ley de sucesión, la corona pasaría a su muerte al hermano de Carlos XV, que reinaría como Oscar II.



1859





1861. Con un traje van Dyck.



La Emperatriz Carlota

Marie Charlotte Amélie Augustine Victoire Clémentine Léopoldine de Saxe-Coburg et Orléans Bourbon-Deux-Siciles et de Habsbourg-Lorraine fue la única hija del Rey Leopoldo I de los Belgas y la Princesa Luisa María de Francia (hija del rey Luis Felipe I de Orleáns y de María Amalia de Borbón-Dos Sicilias). El 27 de julio de 1857, Carlota contrajo matrimonio con el archiduque Maximiliano de Habsburgo, el idealista hermano menor de Francisco José I, Emperador de Austria. A principios de la década de 1860, Napoleón III inició la Intervención francesa en México, buscó un testaferro adecuado para servir como el emperador nominal y el archiduque Maximiliano aceptó la propuesta. La princesa Charlotte de Bélgica, archiduquesa de Austria, tomó el nombre español de Carlota Amalia de México al convertirse en emperatriz. Y comenzó junto a su esposo a configurar una corte, con un rígido protocolo influenciado por su vida juntos en Austria.


El Segundo Imperio Mexicano (1864 - 1867), fue breve y agitado debido a los choques entre la guerrilla republicana y los ejércitos imperiales mexicanos y franceses. En 1865 la emperatriz decidió cruzar el Atlántico en búsqueda de ayuda en Europa en una tentativa desesperada de salvar el trono de su marido. Pero fracasó. Desde ese momento, bajo presión, su locura fue incrementándose, con episodios de lucidez y demencia, agravados (si cabe) por el fusilamiento de su marido. Fallecería el 19 de enero de 1927, víctima de una pulmonía.



1850. Princesa de Bélgica



1862. Emperatriz de México



Maria Pia de Saboya, Reina de Portugal

Maria Pia di Savoia, hija del Rey Víctor Manuel II de Cerdeña y Piamonte y de la Archiduquesa María Adelaida de Austria, casó en 1862 con el rey Luis I de Portugal. Fue conocida como O Anjo da Caridade e Mãe dos Pobres (El Angel de Caridad y Madre de los Pobres) por su compasión y trabajo en causas sociales. En contrapartida, gustaba del lujo, la moda y las fiestas; en un baile de máscaras en 1865, cambió su disfraz tres veces. Cuando el Parlamento portugués discutió los gastos excesivos de la reina, Maria Pia replicó diciendo “si quieren una reina, tienen que pagar por ella”. La violencia y los disturbios políticos golpearon su vida: perdió a su hijo y su nieto en 1908 y debió abandonar Portugal para retornar a Italia en 1910, cuando Portugal se convirtió en una república.



1862. En miriñaque



1880. En polisón



1887. En fastuoso traje de corte