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martes, 6 de marzo de 2012

Banquete de Estado

Una cena de Estado es una cena o banquete presidido por un jefe de Estado en su residencia oficial a fin de renovar o celebrar los lazos diplomáticos entre el país anfitrión y el país cuyo representante (jefe de Estado o jefe de gobierno) responde la invitación. La factura de este tipo de eventos es pagada por el Ministerio de Relaciones Exteriores. En los diferentes países del mundo, hay reglas establecidas por cada protocolo en particular. Las cenas de Estado usualmente exigen etiqueta (esmoquin o frac, incluso uniforme) en el vestir, guardia militar de honor, un menú de cuatro o cinco platos, entretenimiento musical, baile y discursos pronunciados en nombre del jefe de Estado anfitrión y del jefe de Estado extranjero.


Banquete en San Petersburgo en honor del Emperador Guillermo I de Alemania (1873)


Más de un centenar de personas suelen asistir a estos acontecimientos, incluidos miembros del Gobierno, de la diplomacia y todos los estamentos de la vida militar y social del país. Los líderes empresariales nacionales y extranjeros también asisten.


Al inicio de la velada, el jefe de Estado extranjero es recibido en la residencia oficial por el anfitrión, generalmente ambos acompañados por sus consortes (y, ocasionalmente, por otros miembros de la familia gobernante). Se posa para los reporteros gráficos y, durante los cócteles, se escucha música de cámara ejecutada por una de las orquestas de los regimientos militares (o reales). Luego se forma la procesión para alcanzar el salón comedor, se despliegan los diferentes platos del menú, acompañados por diferentes acompañamientos musicales. Luego de los postres llegan los brindis, primero el anfitrión, luego el huésped de honor. La velada se prolongará durante una hora más, en que los invitados se despliegan por los diferentes salones.




Los Reyes de España en el banquete en su honor ofrecido por los Emperadores de Japón, en el Palacio Imperial de Tokio (2008)


El protocolo indica que, luego de la cena de gala en el palacio real o presidencial presidida por el jefe de Estado anfitrión, los visitantes extranjeros le ofrezcan a éste una “cena de devolución”, generalmente en las embajadas de sus respectivos países. A menudo, el dress code se relaja un tanto (se puede asistir de esmoquin y vestido corto, en lugar de frac o traje largo, por ejemplo), al igual que el nivel de pompa.


La Reina y el Duque de Edimburgo con el Presidente de los Estados Unidos y la Sra. Obama durante el banquete de Estado en Buckingham Palace. Obsérvese la estricta etiqueta en la vestimenta: frac, trajes de soirée y las máximas condecoraciones dinásticas.



La pareja presidencial norteamericana es anfitriona de la cena de devolución en honor de Su Majestad en Winfield House, residencia de la embajada de los Estados Unidos en Londres. El frac se torna en esmoquin y no se exhiben condecoraciones.



Reino Unido


En el Reino Unido, las cenas de Estado son presididas en su mayoría por el soberano británico, actualmente Elizabeth II (en contadas ocasiones, la reina delega esta tarea a su primogénito, el Príncipe de Gales). Tradicionalmente, todas las cenas de Estado se han celebrado en el Palacio de Buckingham debido a su posición en el corazón de Londres. Sin embargo, en los últimos años, los banquetes tienen lugar más a menudo en el Castillo de Windsor, en Berkshire. La organización recae en el Jefe de la Casa (Master of the Household) con un plan establecido y confirmado tanto por la Reina como por el Ministerio de Relaciones Exteriores y la Commonwealth (Foreign and Commonwealth Office). Las cenas oficiales, colofón de las visitas de Estado, son muy elaboradas; el Protocolo Real es en general muy estricto, pero se ha suavizado un tanto en los últimos años. Todos los discursos que se leen son revisados y confirmados por la oficina de Relaciones Exteriores, y enmendados si es necesario. Se intercambian regalos por ambas partes.


La procesión real durante la cena de gala en honor del Presidente francés, Nicolas Sarkozy, y su esposa, en el Castillo de Windsor (2008)



El menú tipo de un almuerzo o cena oficial comienza por una sopa, un consomé o un caldo con yemas de huevo Saint Germain. Después pescado, de acuerdo con la estación, un pequeño trozo de langosta o una mousse de salmón; esos platos son servidos acompañados por salsas. La reina adora la pata de cordero, que constituye muy a menudo su plato fuerte. Jamás se ofrece carne de caza ya que la soberana piensa que a muchos invitados puede desagradarle. La carne tiene siempre guarnición de legumbres, de tres o cuatro clases que llegan directamente del mercado. Sigue una ensalada a la francesa. El postre es siempre frío: frecuentemente se trata de un bombón helado, hecho en un molde. Cinco vinos diferentes, de excepcional calidad, acompañan por último la comida. En total, un menú ligero que no tiene nada que ver con la procesión de doce platos de la época victoriana. Con más de setenta banquetes y almuerzos oficiales por año, se comprende por qué la familia real británica pasa la vida haciendo régimen.




Elizabeth II da su discurso tras la cena en honor del jeque y la jequesa de Qatar (Windsor Castle, octubre de 2010)




Cuando la soberana británica, en visita oficial al extranjero, da un bran banquete, lleva su propia vajilla de plata, sus candelabros, su porcelana y, frecuentemente, sus vinos; también traslada con ellos tres yeomen, transformando la embajada británica en su hogar lejos de su hogar.

Estados Unidos


En Estados Unidos, una cena de Estado es una cena formal, más a menudo de tuxedo (black tie) en los últimos años en lugar de frac (white tie), que se celebra en honor de un jefe de Estado extranjero. El anfitrión es siempre el Presidente, acompañado por la Primera Dama y es celebrada en el Comedor de Estado de la Casa Blanca, en Washington DC. Otras cenas formales para visitantes importantes de otras naciones, como un príncipe o una princesa, son llamadas “cenas oficiales”, pero la diferencia es que el gobierno federal no paga por ellas.


El Presidente Lyndon B. Johnson y su esposa, Lady Bird, posan con la Princesa Margarita de Gran Bretaña y Lord Snowdon en el Queen’s Room de la Casa Blanca (1965).



Las cenas de Estado y las cenas oficiales son dictadas por estricto protocolo con el fin de garantizar que no ocurran gaffes diplomáticas. El Jefe de Protocolo de los Estados Unidos, el Jefe de Ujieres de la Casa Blanca (White House Chief Usher), así como el Secretario Social de la Casa Blanca (White House Social Secretary), son los encargados de supervisar la planificación estos eventos de principio a fin. La Oficina de Gráficos y Caligrafía también tiene numerosas responsabilidades, como las invitaciones formales que se envían por correo o las tarjetas con los nombres de los invitados que asignan los asientos en las mesas. Las cenas de Estado requerirán una estrecha coordinación entre el Jefe Ejecutivo de la Casa Blanca y el Jefe Pastelero para planificar y preparar una comida de cuatro o cinco platos, así como el Jefe de Decoración para organizar las velas y los adornos florales de las mesas.




El Presidente Reagan y su esposa esperan un visitante oficial en el Pórtico Norte de la Casa Blanca (1981)


Como es habitual en todas las visitas oficiales de jefes de Estado extranjeros, una cena de Estado es posterior a una Ceremonia Oficial de Llegada que tiene lugar en el Jardín Sur al principio del día. Además, las cenas de estado celebrados en los últimos años también reciben la cobertura de los medios de comunicación a través del canal público de asuntos extranjeros, C-SPAN.



viernes, 2 de diciembre de 2011

Crónicas fotográficas I: La Reina y el Presidente

La soberana más longeva que ha ocupado el trono inglés –después de la reina Victoria- ha batido, por esta misma razón, el récord del único monarca europeo existente que se ha encontrado con el mayor número de presidentes norteamericanos.


Su Majestad con Harry S. Truman (1953)



Su Majestad con Dwight D. Eisenhower (1957)





Su Majestad con John F. Kennedy (1961)




Su Majestad con Richard M. Nixon (1969)





Su Majestad con Gerald R. Ford (1976)






Su Majestad con James Carter (1977)




Su Majestad con Ronald Reagan (1982)





Su Majestad con George H. Bush (1990)




Su Majestad con William J. Clinton (1995)



Su Majestad con George W. Bush (2007)




Su Majestad con Barack OBama (2009)

miércoles, 20 de julio de 2011

Automóviles de la Familia Real británica

La Familia Real británica tiene una larga historia de limusinas hechas a medida que se remonta a los modelos Daimler del rey Edward VII. En ocasiones de Estado, Elizabeth II usualmente viaja en uno de las dos tradicionales limusinas oficiales Bentley.





La Limusina Bentley es un vehículo de Estado creado para la Reina por la antedicha firma automotriz con ocasión de su Jubileo de Oro, en 2002. Este vehículo ha sido modificado de la versión R del Bentley Arnage, con una velocidad máxima de 130 mph (210 km/h). Es tres pies (91.44 cm) más largo que un Bentley Arnage estándar, 10 pulgadas (254 mm) más alto y 6 pulgadas (152.4 mm) más ancho. Está equipado con anchas puertas de apertura inversa (coach doors) que abren en la parte trasera casi 90 grados.



El interior del Bentley


Los fabricantes textiles Hield Brothers produjeron la tela de lana satinada utilizada para la tapicería de los asientos traseros. El coche también tiene una cubierta extraíble para el acristalamiento posterior con el fin de permitir una mayor visibilidad cuando el ocupante esté asistiendo a un evento público o una mayor privacidad cuando sea necesario.


Solo dos de estos vehículos fueron construidos, haciéndolo más raro aún que el Rolls-Royce Phantom IV -de los cuales fueron construidos solo dieciocho-.


El Bentley es usado solo en compromisos oficiales y siempre es escoltado por una selección de vehículos –identificados y no- del Royal Protection Squad, coches de la policía local y escoltas motorizados. La Reina también lo usa para ir a la iglesia cuando se encuentra en Balmoral y en Sandringham House. Al contrario que el presidente norteamericano, Elizabeth II no usa este automóvil cuando viaja al extranjero, prefiriendo utilizar cualquiera de los que son proveídos por sus anfitriones.


Su Majestad despide en Buckingham a un invitado oficial


Como todos los automóviles oficiales británicos, el Bentley tiene un montaje sobre el techo para un escudo iluminado y un gallardete, el cual puede ser insertado desde el interior del vehículo. Ambos usualmente muestran el Estandarte Real, aunque pueden ser usados otros símbolos en ocasiones de Estado. Cuando la Reina está a bordo, el ornamento del radiador de Bentley, el “Flying B”, es reemplazado por la mascota personal de Su Majestad, San Jorge imponiéndose el dragón.


En enero de 2009 fue anunciado que ambos modelos Bentley serían convertidos para funcionar con biocombustibles.



El emblema personal de la Reina en el radiador del Bentley


Otros vehículos de Estado


Las Royal Mews contienen un raro Rolls-Royce Phantom IV, que fue adquirido por la entonces Princesa Elizabeth en 1950 y que se convirtió en un vehículo oficial cuando ascendió al trono como Elizabeth II en 1952. Hay también dos modelos Rolls-Royce Phantom VI, incluyendo el automóvil del Jubileo de Plata o Silver Jubilee Car, con el techo agrandado para un realce de la visibilidad, que fue un obsequio de la industria automotriz británica en 1977 y un modelo estándar de 1987. La flota es completada por tres limusinas Daimler DS420 -una de las cuales fue propiedad de la Reina Elizabeth, Reina Madre, hasta su muerte en 2002-, las cuales son utilizadas como vehículos de apoyo.


El RR Phantom V de la Reina Madre, entregado en 1962, lleva el emblema 'Britannia' sobre el radiador.


Los vehículos oficiales son usados algunas veces cuando la Reina viaja fuera del país y también están disponibles para Jefes de Estado en visita oficial al Reino Unido, así como para otros miembros de la familia real cuando se hallan en representación de la Corona. Bajo la ley británica, los coches oficiales del monarca no poseen matrícula registrada (con excepción de los tres modelos Daimler, que sí las tienen), pero sí son matriculados los vehículos que la soberana y su familia reservan para su uso personal.


Un Rolls-Royce Phantom V retirado, que fuera propiedad de la Reina y de la Reina Madre hasta 2002, puede ser observado en el garaje construido para tal propósito a bordo del antiguo Yate Real Britannia, en Edimburgo. Asimismo, otro vehículo oficial (generalmente un modelo Phantom IV, raramente usado) está en exposición en las Royal Mews de Buckingham Palace.

El emblema personal de la Reina Madre: 'Britannia' sobre un globo terráqueo, el cual fue creado originalmente para los Daimlers del rey George V.


Carlos, Príncipe de Gales, utiliza unos Bentley Turbo R, Range Rover, Jaguar XJ o Audi A6 blindados. En ocasiones oficiales, a menudo es visto en el Silver Jubilee Car, el cual perdió su designación de "Number One State Car" (el vehículo más frecuentemente usado por la Reina) luego de la entrega de las limusinas Bentley. La noche del 9 de diciembre de 2010, el automóvil fue atacado por protestantes estudiantiles cuando conducía al Príncipe de Gales y la Duquesa de Cornwall al Royal Variety Performance. La pareja no resultó herida, pero el automóvil, que no estaba blindado, fue salpicado con pintura y una de las ventanas laterales fue rota.


El Duque de York usa un Bentley Arnage 2008 con una placa de matrícula personalizada donde aparecen las letras “DOY” (Duke Of York).



El Rolls-Royce Phantom VI en una visita de Estado de los Reyes de Noruega


Vehículos personales de la Familia Real


En ocasiones no oficiales, la Reina usualmente es conducida en un Jaguar XJ blindado, similar al usado por el Primer Ministro, que es escoltado por los mismos vehículos, como un automóvil oficial. La Reina utiliza ocasionalmente un Range Rover, particularmente para visitas a áreas rurales y a eventos como shows en los condados del interior. Cuando se encuentra en Balmoral o Sandringham, gusta ponerse al volante de un Land Rover Defender. El Duque de Edimburgo es propietario de un Land Rover Discovery y un Metrocab, que él utiliza para visitas alrededor de Londres central.



El Jaguar XJ de la Reina


Otros miembros de la familia utilizan habitualmente modelos Audi A6 o Range Rover. La Princesa Real es propietaria de un Bentley Continental Flying Spur, que usa tanto en compromisos privados como oficiales. El Príncipe de Gales tiene también un Aston Martin V8 convertido para funcionar con biocombustible hecho a partir de excedentes de vino blanco local. Sus Jaguar, Audi y Range Rover utilizan biodiesel hecho de aceite de cocina reciclado.

lunes, 18 de julio de 2011

Carrozas de coronación

Imperio Ruso

La Gran Carroza de Catalina (que tomó su nombre porque fue usada por primera vez por Catalina la Grande en 1762 en su coronación) tiene una gran cantidad de detalles en ella. Lo más notable es su tamaño; luego destacan los colores utilizados. Los fabricantes seguramente decidieron no ser sutiles por el uso febril de los colores oro y rojo. Lo que también es divertido es el tamaño de las ruedas, también adornadas con colores dorados.




El entero carruaje está lleno de espléndida decoración rococó. Cuando se mira más de cerca, se advierte la una gran cantidad de pinturas que embellecen las puertas y esculturas que son apenas reconocibles. Se entremezclan imágenes de ángeles, cupidos y cabezas de león. Aunque no se aprecia a simple vista, la carroza se hizo principalmente en madera de roble, plata, hierro, cobre, bronce, acero y vidrio. No hay un rastro de oro en esa mezcla. En general, es una muy detallada obra de arte que deleita los ojos con su esplendor.




Fue utilizada para la gran entrada en procesión de Catalina I a la capital del imperio. Aunque estaba localizada en San Petersburgo (1713-1728, 1732-1917), las coronaciones rusas siempre se llevaron a cabo en Moscú, en la Catedral de la Asunción, del Kremlin. Y fue la única vez que un nuevo gobernante hizo uso de ella para lo que fue construida, ya que, desde Pablo I hasta Nicolás II, el nuevo zar hizo su entrada procesional en Moscú a caballo. Iba acompañado por múltiples escuadrones de caballería, seguido por su consorte (a bordo de un carruaje) y el repique de –literalmente- miles de campanas.



Reino Unido

La Carroza Oficial de Oro (Gold State Coach) ha sido usada por la Familia Real británica en la coronación de cada monarca desde George IV. Fue construida en los talleres londinenses de Samuel Butler en 1761, por orden de George III, quien había pedido expresamente que fuera esplendorosa, por lo que no se reparó en gastos - el coste total del coche casi 8.000 libras-. George III no la usó para su coronación ni para su boda -con la princesa Charlotte de Mecklenburg-Strelitz- pero sí, en noviembre de 1762, con motivo de la tradicional sesión de apertura del Parlamento.


El valor histórico de esta carroza, su peso y falta de maniobrabilidad ha limitado su uso a las grandes ocasiones oficiales de la monarquía, tales como coronaciones, bodas reales y jubileos. Pesa cuatro toneladas y tiene 7.3 metros de largo por 2 de ancho y 4 de altura. Es enteramente dorada y los ocho paneles laterales fueron encargados al artista florentino Giovanni Battista Cipriani, que pintó las escenas alegóricas que reflejaban la grandeza de Inglaterra.




Las ricas esculturas doradas parten desde el techo, con la corona imperial sostenida por tres querubines que representan a Inglaterra, Irlanda y Escocia y terminan en los cuatro tritones donde reposa, uno en cada esquina (representando el poder imperial de Gran Bretaña). La construcción de la cabeza de un "dios", tallada minuciosamente mirando hacia fuera, bajo las puertas del carruaje, fue obra del escultor José Wilton. El interior está forrado con terciopelo y satén.



Los periódicos de la época escribieron a la hora de definirla: "Con una elegancia y una grandeza sin precedentes en todos los reinos de Europa". Es tirada por un cuerpo de ocho caballos con arneses “rojo Marruecos”. Originalmente conducida por un cochero, los caballos son hoy guiados por postillones en pares.


Suecia


La coronación de la reina Kristina en octubre de 1650 fue una de las ceremonias más lujosas de la historia de Suecia. Cientos de encargos se hicieron en París durante varios años antes del evento. Kristina fue al Castillo de Jacobsdal –hoy conocido como Palacio Ulriksdal-, unos 6 kms al norte de Estocolmo, donde subió a su carroza de coronación.



El carruaje utilizado por la reina es uno de los objetos más importantes de la historia del ceremonial sueco del siglo XVII. Fue diseñada por el italiano Gianlorenzo Bernini, el más influyente escultor de la época. Estaba completamente tapizada de terciopelo bordado en oro y tirada por seis caballos blancos con libreas doradas. Por 300 años los magníficos textiles que cubrían el carruaje se han conservado en la Real Armería, al igual que los arneses completos del tiro de caballos.



La procesión a Storkyrkan, la Gran Iglesia de Estocolmo, era tan larga que cuando los primeros carruajes llegaron a la iglesia, los últimos aún no habían abandonado Jacobsdal. Los cuatro estados –nobleza, clerecía, burguesía y campesinado- fueron invitados a cenar en el castillo. Había fuentes en la plaza del mercado emanando vino, se sirvió carne asada, y brillaban las iluminaciones de festejo. Los participantes fueron vestidos con trajes de fantasía, como en un carnaval.

Irán


La carroza de coronación del Sha y la Shabanu de Irán (Mohammad Reza Pahlavi y Farah Diba) fue construida en Viena especialmente para la ceremonia llevada a cabo en Teherán en 1967.



El carruaje es azul, color del estandarte personal del Sha, y tiene las armas de los Pahlavi pintadas en la puerta. Hay grabados de oro en todo el carruaje y en la parte superior un modelo de la corona imperial, incluyendo las plumas. El asiento del cochero es de color azul bordado en oro y también tiene las armas de la familia imperial.

El cortejo triunfante de coronación, que iba desde el Palacio Golestán hasta el Palacio de Mármol, estaba compuesto por varios regimientos montados y bandas de música y alrededor de cada carruaje caminaban guardias de coloridos uniformes.


sábado, 2 de julio de 2011

"Britannia", el Yate Real

Iniciamos aquí una serie sobre los medios de transporte de la realeza y la nobleza a lo largo de los siglos, desde la ancestral tradición oriental del palanquín transformado en sofisticada silla de manos durante los siglos XVII y XVIII, hasta la desmesurada y ostentosa colección de vehículos del Jefe de Estado más rico del mundo, el Sultán de Brunei. Ya sea por vía terrestre, aérea o acuática, las familias reales y la aristocracia han convertido sus traslados en verdaderos despliegues de boato y refinamiento.

El “HMY Britannia”

Ha habido yates reales conocidos en la Historia. El “Standart”, por ejemplo, el yate imperial ruso del que hablaremos en otra entrada, trasladó al último Zar y su familia a pasar los veranos en el golfo de Finlandia. En el “Agamenón”, del magnate griego Eugenides, se conocieron más íntimamente el actual rey de España con la princesa Sofía –hija del rey Pablo I-, quien luego se convertiría en su esposa. El “Deo Juvante II”, propiedad del príncipe Rainiero de Mónaco, fue el primer suelo de bandera monegasca en el que puso pie su futura consorte, la actriz Grace Kelly, aquel increíble día de abril de 1956. Pero ninguno ha sido más célebre –o, por lo menos, más renombrado- que el HMY Britannia (Her Majesty’s Yacht Britannia), de la reina Elizabeth II.




El Reino Unido ha tenido 83 yates reales desde la restauración de la monarquía en 1660. El propio Carlos II tuvo veinticinco navíos –el primero de ellos fue el Mary, de 15 metros, bautizado así por el rey en honor de su hermana- y cinco estuvieron simultáneamente en servicio en 1831, durante el reinado de William IV. Ocasionalmente barcos mercantes o de guerra han sido fletados o asignados para un servicio especial como temporario yate real, como el vapor Ophir en 1901 y el acorazado HMS Vanguard en 1947.

El HMY Britannia es el número 83 de tales buques desde 1660. Es el segundo yate real en llevar ese nombre, el primero fue el famoso navío de carreras construido para el Príncipe de Gales en 1893. En 1997 el HMY Britannia fue retirado y no fue reemplazado. No hay actualmente un Yate Real británico, aunque el MV Hebridean Princess es usado ocasionalmente por la familia real.

Historia

La reina amaba este palacio flotante. Su historia comienza en 1951, cuando el almirantazgo, debido a que el Victoria and Albert ya no estaba en condiciones de hacerse a la mar, tomó la decisión de construir un nuevo navío para la familia real. El Victoria and Albert, terminado en 1899 a un costo de más de 500.000 libras esterlinas, era considerado el más grande y suntuoso de las embarcaciones reales de su tiempo, pero carecía de cualidades marineras. Casi zozobró cuando lo botaron y tuvieron que estabilizarlo con lastre de hormigón. Los proyectos de sustituirlo se archivaron durante la Segunda Guerra, pero los resucitaron en 1951 con la esperanza de que un yate mejorara la salud de George VI. El rey se decidió por una embarcación que sirviera de hospital en tiempo de guerra; en efecto, los aposentos reales del Britannia se transformaban en salas de hospital en solo 24 horas.



Fue construido en el astillero de John Brown & Co. Ltd. en Clydebank, West Dunbartonshire, siendo botado por Su Majestad el 16 de abril de 1953. Ese día, de duelo por George VI, ella manifestó: “Mi padre pensaba, lo mismo que yo, que un yate real es una necesidad y no un lujo para la cabeza de nuestra gran Commonwealth, entre cuyas naciones el mar no constituye una barrera, sino una de comunicación natural e indestructible”. Como signo de la importancia de tal acontecimiento, la ceremonia del bautismo fue transmitida por televisión.

El HMY Britannia efectuaba maniobras navales y también relevamientos hidrográficos. Algunas cifras dan una idea de las dimensiones de la construcción: tiene 125,65 metros de largo por 16,76 de ancho y 5.862 toneladas de desplazamiento. Sus turbinas gemelas, de 12.000 h.p., le daban una velocidad de crucero de 21 nudos y tenía autonomía de 3.000 millas náuticas. Fue diseñado con tres mástiles, un trinquete de 133 pies (41 m), un palo mayor de 139 pies (42 m) y un palo de mesana de 118 pies (36 m). La cima del palo mayor y la del trinquete -unos 20 pies (6,1 m)- eran dobladas con bisagras, para permitir que el barco pasara bajo los puentes. En su construcción se conservaron nexos con las naves anteriores: la rueda del timón de la famosa balandra de regatas de George V, también llamada Britannia; una bitácora dorada del último de los buques reales totalmente a velas, el Royal George; sábanas de lino que usó la reina Victoria en el Victoria and Albert.



Las habitaciones reales se sitúan en el tercio posterior de la nave: el apartamento de la soberana vecino al del duque de Edimburgo. Abajo, al nivel de la sala de máquinas, se localizan la bodega para el vino y la caja fuerte para las joyas. Las cubiertas inferior y principal constituyen un laberinto de camarotes y salones para los invitados y los treinta y tantos empleados de Buckingham Palace, entre ellos los secretarios, valets, mucamas y pajes que se necesitaban para una travesía.

En la cubierta superior, a estribor, se halla el salón privado de Su Majestad. Diseñado por sir Hugh Casson en un discreto estilo “de casa campestre inglesa” (como todos los interiores), tiene paredes blancas, un espejo circular con marco dorado sobre la chimenea, alfombra verde musgo, un sofá, una silla de brazos y un escritorio de frente cóncava en el cual Su Majestad se ocupaba de los asuntos de Estado. A proa se encuentran las despensas, la cocina (dirigida por un maestro cocinero de Buckingham) y el comedor, de 13 metros de largo, donde la plata brillaba en una mesa de caoba rodeada de sillas estilo Hepplewhite. Una vez que la soberana y sus invitados habían cenado, pasaban a una antesala que se comunicaba por medio de puertas plegables con el recibidor. Las dos habitaciones juntas son bastante grandes para una recepción de 200 personas. Dan acceso a los dormitorios reales un ascensor y, conforme a la gran tradición de los transatlánticos, una ancha escalera de caoba.

De viaje

La dotación del Britannia, escogida cuidadosamente de una lista de espera, constituía la flor y nata de la Marina Real. Cuando el yate se hacía a la mar con la realeza a bordo, su tripulación constaba de 256 marineros, 6 tenientes de navío, 5 capitanes de corbeta y 5 de fragata y el comandante, conocido como el Oficial de Bandera de los Yates Reales, único almirante de la Marina Real que mandaba un buque. Los marineros llevaban a popa la cabeza descubierta, indicando que, técnicamente, no estaban de uniforme y la reina se ahorraba la interrupción de los saludos mientras tomaba el aire del mar. Sabían mostrarse perfectamente discretos para preservar la intimidad de los viajeros desempeñando sus tareas con un mínimo de ruido; andaban con zapatos de lona y actuaban sin necesidad de recibir órdenes verbales. La tripulación tenía una gran experiencia en viajes de boda: albergó a la princesa Margarita en 1960 (luego de su boda con lord Snowdon) y al Príncipe de Gales en 1981 (durante su luna de miel con Lady Diana Spencer).

Cada crucero implicaba por lo menos dos años de ardua preparación. Una vez fijado el itinerario (por lo general, para economizar tiempo, el yate salía primero; la soberana y su familia iban en avión a su encuentro), una consideración importantísima era contar con agua de suficiente profundidad para la nave, que cala cinco metros. Además, un desembarco real, observado inevitablemente por una multitud, tenía que “verse bien”, como advertía un oficial. Esto significaba un estudio cuidadoso de las tablas de las mareas.



Durante las giras, el yate cargaba de dos a cinco toneladas de bastimentos y equipajes. También se llevaban a bordo unas 40 películas de largometraje, pues el comedor también servía de sala de cine. Como suplemento de la dotación normal, iban un director de música y 26 ejecutantes, lo suficientemente hábiles para tocar retirada con himnos y marchas y ejecutar cualquier melodía que les fuera solicitada. Además, ayudaban a bruñir y limpiar la cubierta, labor casi interminable.

Según su costumbre cuando hacía un viaje real, la reina desembarcaba a las 10 de la mañana para atender sus compromisos del día y regresaba para ofrecer una recepción nocturna y la cena. La banda tocaba Retirada y a medianoche el Britannia levaba anclas y salía rumbo al siguiente puerto. Un cabo recuerda: “Así lo hicimos a lo largo de la costa norteamericana, en 1976, durante la celebración del bicentenario de la Independencia. Fue agitadísimo: seis puertos en seis días.”

Sus llegadas y partidas se efectuaban con gran pompa y aparato. Muchas veces la tripulación se lucía en una bien ensayada exhibición admirada en los puertos de los siete mares: izaba un arco de 48 banderas y gallardetes desde la proa, por encima de los mástiles, hasta la popa. Así, los 126 metros de longitud de la nave (casi la mitad del transatlántico Queen Elizabeth) quedaban ataviados en sólo tres segundos. Un capitán de fragata recuerda: “En ocasiones especiales salimos de la bahía de noche, completamente iluminados por reflectores”. Millones de televidentes vieron una de esas espectaculares despedidas en febrero de 1977, cuando zarpó de Fiji: el gran navío, con su superestructura blanca, su chimenea amarilla y sus tres mástiles alumbrados a giorno, se hundió poco a poco en la noche del Pacífico, mientras los isleños cantaban en el muelle y la reina, vestida de gala y cubierta de joyas, se despedía desde la cubierta superior.


El antiguo secretario particular del príncipe Philip evocó en 1992 la influencia que el Britannia podía ejercer sobre las multitudes de la Commonwealth: “El yate real, cuando abandona lentamente el puerto, produce un efecto espectacular sobre los miles de personas que acompañan a la reina con sus ovaciones. Este efecto es mucho más grande que el que ejerce un avión al decolar de un aeropuerto. Su Majestad puede recibir a bordo a los miembros de la Commonwealth a los cuales visita mucho mejor de lo que podría hacer en un hotel o en las casas de gobierno. Puede invitar sesenta personas a cenar y organizar una recepción para doscientos cincuenta. El yate es muy agradable y la Commonwealth lo aprecia muchísimo”.

Singular ejemplo de destreza marinera, espectacularidad y observancia estricta del protocolo británico, el Britannia era el palacio flotante de Su Majestad.

Diario

Paul Burrell, conocido como el mayordomo de Diana, Princesa de Gales, fue lacayo personal de la reina entre 1977 y 1987 y, en su libro A Royal Duty, cuenta lo siguiente:

Para las vacaciones anuales de verano de la Reina, la corte se traslada del Palacio de Buckingham al castillo de Balmoral desde principios de agosto hasta comienzos de octubre. En esa fecha, los Windsor viajan a bordo del yate real Britannia partiendo de Portsmouth, bordeando la costa occidental de Gran Bretaña a través del Mar de Irlanda y recorriendo los islotes escoceses antes de poner proa directamente hacia Aberdeen. (…)



Navegar implicaba la pérdida de una de mis obligaciones principales: el paseo de los perros, que siempre viajaban por aire a Aberdeen, a bordo de un Andover de la escuadrilla real. De modo que mis tareas se limitaban a atender a Su Majestad en la cubierta de popa, donde había un salón vidriado del cual se pasaba a una cubierta al aire libre. Allí se veía sin cesar el paisaje marino y la estela de la embarcación que se disolvía a la distancia. Siempre nos escoltaba una fragata a corta distancia.

Todos los días, a las nueve para el desayuno y a las cinco para el té, yo disponía para la Reina y el príncipe Felipe una mesa plegable. A la una para el almuerzo y a las ocho y cuarto para la cena, ambos acudían al comedor, como el resto de la comitiva. Todos los días se usaba una vajilla con el emblema real que provenía del yate real Victoria and Albert. (…)

Las comidas en alta mar eran una dura prueba. El barco se balanceaba con el fuerte oleaje y en un instante yo ascendía por una pendiente con dos platos de verduras, y al siguiente descendía. Aprendí a mantenerme en pie con los pies bien separados y las rodillas semiplegadas para no perder el equilibrio. A la Reina la divertía ver que su personal de tierra palidecía y que su lacayo la atendía con un andar de payaso. Cuando el mar estaba en calma, el Britannia echaba anclas al anochecer en alguna bahía poco profunda. Entonces, todo el grupo de la Reina se trasladaba a tierra en lanchas de motor para comer al aire libre carne asada por el chef en una playa desierta. Oficiales de la marina atendían el fuego mientras los miembros de la familia real se tendían en las rocas o en esteras. En estas ocasiones, el personal habitual de servicio podía descansar a bordo, participar de algunos tragos o tomar parte en concursos de preguntas y respuestas que se hacían entre los distintos casinos de oficiales y que transmitía el operador de radio.




Una vez que el Britannia se alejaba de la costa escocesa de Caithness, llegaba uno de los momentos culminantes del crucero para la Reina: se avistaba la residencia de su madre, el castillo de Mey, asentado al borde de un acantilado. El personal de la Reina salía a cubierta agitando servilletas, manteles y sábanas y los oficiales lanzaban bengalas y hacían sonar la sirena. A modo de respuesta, el personal de la Reina Madre agitaba la ropa blanca en torrecillas y ventanas y lanzaba fuegos artificiales desde el techo del castillo. Era una manera imponente de saludarse. Provista de binoculares, la Reina se mantenía en cubierta procurando ver a su madre, la cual hacía a su vez lo mismo en tierra. Cuando por fin se ubicaban, se saludaban con la mano con gran exaltación. Habrían de verse de nuevo apenas unos días más tarde, en Balmoral, cuando la Reina Madre llegara para una estadía de dos semanas antes de trasladarse a su residencia de Birkhall.”

Ronda de visitas

Al terminar el primer viaje del Britannia, cuando la reina y el duque de Edimburgo regresaron de Tobruk tras una gira por Australia, el barco fue puesto en dique de carena para corregirle un zumbido de la hélice. Dos años después, a pesar de los estabilizadores, decían que se comportaba como un pesado dragaminas. Señalado también como “la partida más controvertida de los gastos reales”, se ha enfrentado con éxito a una tormenta de críticas. Como sólo pasaba una tercera parte del año al servicio de la casa real, la soberana pidió que el resto del tiempo lo utilizara la Marina, tomando parte en ejercicios como cuartel general, barco de señales y comunicaciones o blanco para submarinos.


El Britannia recibe al Queen Elizabeth 2


El 20 de julio de 1959 navegó el flamante Canal del San Lorenzo en ruta a Chicago, donde atracó, convirtiendo a la reina Elizabeth en el primer monarca de Canadá en visitar la ciudad. El presidente norteamericano Dwight D. Eisenhower estuvo a bordo del Britannia durante una parte de este crucero. Como servía de escenario para las cenas de regreso de las visitas oficiales, algunos jefes de Estado como los presidentes Gerald Ford y Ronald Reagan también fueron invitados a bordo. El yate poseía para Elizabeth una virtud particular: se sentía mucho más a gusto allí durante las recepciones oficiales que en los hoteles desconocidos o en las embajadas. La gracia y la ausencia de protocolo le daban la oportunidad de recibir más naturalmente.

El barco también fomentaba las exportaciones. En una visita oficial a Brasil en 1968, sirvió como palco en alta mar para representantes de las aerolíneas y el ejército brasileño, que presenciaron maniobras antisubmarinas y de helicópteros de la Armada inglesa. En México, en 1975, hombres de negocios y secretarios del gabinete presidencial hicieron un crucero de 40 millas que duró un día. El barco también evacuó a más de 1.000 refugiados de la guerra civil en Adén (Yemen) en 1986.

La Reina posa en una playa tropical vestida informalmente mientras el yate real a sus espaldas aparece anclado (1977)


A los invitados solía asombrarles que el nombre del barco no apareciera por ninguna parte de su exterior. Un secretario del almirante lo explicó a la prensa en su momento: “Sería superfluo. Lleva el escudo real a proa y el monograma real a popa. Es inconfundible”. El buque representaba, a los ojos de la reina, una porción de su suelo natal. Cuando en el curso de un largo viaje comenzado en avión, Elizabeth II posaba sus pies a bordo del yate real, tenía la impresión de volver a casa. Por poco que sus hijos se encontraran allí –era a menudo el caso en la época que eran pequeños, y aún adolescentes- la célula familiar se recomponía, para su gran felicidad.

Durante su carrera como Yate Real transportó con lujo digno de su regio estado, no solo a la reina y otros miembros de la familia real, sino también a cientos de dignatarios del gobierno británico, en un total de 696 viajes al extranjero, en todos los continentes, y 272 visitas en aguas británicas. En el año del jubileo, 1977, que empezó con una larga visita a Australasia e incluyó un largo recorrido por las ciudades costeras de Gran Bretaña, navegó más de 40.000 millas: una marca para un año.

El Príncipe y la Princesa de Gales con sus hijos durante la visita real a Canadá en 1991

En el momento de su retiro el Britannia había recorrido 1.087.623 millas náuticas (2.014.278 kilómetros).

El retiro

En 1997, el gobierno conservador de John Major se comprometió a reemplazar el yate real si era reelegido, mientras que el Partido Laborista se negó a revelar sus planes para el buque. Tras la victoria de los Laboristas el 1 de mayo de 1997 se anunció que el buque sería retirado y no sería construido ningún reemplazo. El gobierno conservador arguyó que el coste de la nave estaba justificado por el papel de ésta en la política exterior y la promoción de los intereses británicos en el extranjero, especialmente a través de conferencias organizadas por International Financial Services, London (IFSL). Al cancelar la sustitución del buque, el nuevo gobierno laborista argumentó que el gasto no se justificaba dadas las otras presiones en el presupuesto de defensa (del cual sería financiado y mantenido). Propuestas para la construcción de un nuevo yate real, tal vez financiadas a través de un préstamo o mediante fondos propios del soberano, desde entonces han hecho pocos progresos.

La última misión del célebre yate real en el extranjero fue trasladar al último gobernador británico de Hong Kong, Chris Patten (hoy Lord Patten de Barnes) y al Príncipe de Gales fuera de aquella ciudad, luego de la transferencia de soberanía a la República Popular de China el 1 de julio de 1997. El Britannia fue dado de baja el 11 de diciembre.


Hubo cierta controversia sobre la ubicación de la nave, con algunos argumentando que estaría mejor amarrado en el Clyde, donde fue construido, que en Edimburgo, con la cual el yate tenía pocos vínculos. Sin embargo, su posicionamiento en Leith coincidió con un nuevo desarrollo de la zona del puerto y la devolución de instituciones escocesas al gobierno de aquel país.

Su Majestad la Reina asistió a la clausura, junto con la mayoría de los miembros mayores de la familia real y la normalmente impasible soberana no pudo evitar derramar una lágrima en público después de desembarcar por última vez.

Enumerado como parte de la Flota Histórica Nacional, Colección Core, el Britannia está ahora amarrado permanentemente como una atracción cinco estrellas en el histórico puerto de Leith, Edimburgo y es cuidado por el Royal Yacht Britannia Trust, una organización benéfica escocesa.



Un Rolls-Royce Phantom V, retirado de la flota de coches reales, que fue propiedad de la familia real en la década de 1960, está en exhibición en el garaje construido a bordo del Britannia. Otros puntos destacados de la visita a las cinco cubiertas que están abiertas al público incluyen el Dormitorio de la Reina (detrás de una pared de cristal) y el Comedor del Estado. También el Salón Real de Té, que abrió sus puertas en 2009.

El yate de carreras Bloodhound, que perteneció a la Reina, está atracado junto con el Britannia. El Bloodhound fue uno de los yates de regatas oceánicas más exitoso jamás construido y también fue el navío en el que tanto el Príncipe de Gales como la Princesa Real aprendieron a navegar. El Royal Yacht Britannia Trust adquirió el Bloodhound a principios de 2010 y es la pieza central de una nueva exposición centrada en la pasión por la navegación de la Familia Real británica.