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martes, 24 de abril de 2012
El vestuario de Diana, Princesa de Gales
sábado, 25 de diciembre de 2010
Magia azul zafiro

La familia real británica posee una colección remarcable de zafiros. Dos de las piezas más evocativas contienen zafiros pertenecientes a la reina Victoria. El primero –y probablemente el más conmovedor- es el Prince Albert Brooch, con un gran zafiro rectangular rodeado de doce diamantes, que fue re
galado a Victoria por el príncipe Alberto el día anterior a su boda. La reina lo legó en su testamento a la Corona para uso de futuras reinas. Isabel II usa hoy un esplendoroso conjunto que fue originalmente un regalo de Jorge VI del Reino Unido a la entonces princesa Isabel, en 1947. La suite, confeccionada originalmente en 1850, consta de un largo collar de dieciocho zafiros rectangulares en racimos de diamantes y un par de pendientes a juego de zafiros cuadrados también rodeados de diamantes. El color de las piedras era exactamente igual al de las túnicas de la Orden de la Jarretera, aunque esto puede haber sido una coincidencia de parte del rey.
En 1952 Elizabeth hizo retirar cuatro piedras, incluyendo el zafiro mayor del collar, con el fin de reducir su longitud. En 1959 había hecho un nuevo colgante con la piedra removida. El pendiente tiene un perno montado para ser usado como broche.
Cuando Sir Noël Coward vio a la reina usando el aderezo en el Royal Command Performance de 1954 escribió
: “Después del show nos alineamos y nos presentamos a la Reina, al Príncipe Felipe y la Princesa Margarita. La reina se veía luminosamente bella y llevaba los zafiros más grandes que he visto nunca”. En 1963 una nueva tiara de zafiros y diamantes y un brazalete fueron confeccionados para hacer juego con las piezas originales.
El Aderezo Leuchtenberg de Silvia de Suecia
El célebre Aderezo Leuchtenberg, que se halla en poder de la Corona de Suecia, es una impresionante selección de piezas montadas en una tiara, un collar, un juego de pendientes, un broche y dos horquillas para recogidos y moños. El conjunto perteneció a la emperatriz Josefina de Beauharnais, quien, después de su matrimonio con Napoleón, encargó a un joyero francés que le montara sobre oro y plata varios juegos de piedras preciosas para su uso privado. Uno de ellos fue el de los zafiros. Catorce piedras de intenso y profundo azul que pueden ser sustituidos, ocasionalmente, por perlas en forma de gota.
Silvia de Suecia con el Aderezo Leuchtenberg
El Aderezo Leuchtenberg pasó de la emperatriz de Francia a manos de su hijo Eugene de Beauharnais y su esposa, la princesa Augusta Amalia de Baviera. El Duque y la Duquesa de Leuchtenberg, como era conocida la pareja después de su matrimonio, dieron el conjunto a su hija, la princesa Josefina de Leuchtenberg, quien se llevó consigo el gran tesoro a Suecia cuando, en 1823, se casó con el rey Oscar I. A partir de entonces lo heredó su nieto, Gustavo V, y los sucesivos reyes de Suecia, para ser usados por las consortes reales.


La pieza central de la suite es la tiara de diamantes y zafiros, consistente en una base de madreselvas y hojas centrada con grandes diamantes ovales y coronada por nueve zafiros rectangulares rodeados de grupos de diamantes. El collar tiene nueve zafiros pendientes rodeados de diamantes. Originalmente los zafiros de la tiara se podían intercambiar por nueve perlas en forma de pera.
La reina Luisa, consorte de Gustavo VI Adolfo
La reina Silvia, consorte de Gustavo XVI Adolfo
El Anillo de Compromiso de Diana, Princesa de Gales
El príncipe de Gales propuso matrimonio inicialmente a Lady Diana Spencer sin un anillo de compromiso, insistiendo que Diana considerara las implicaciones del rol de su
esposa antes de aceptar. Diana, sin embargo, necesitó un pequeño estímulo luego que los joyeros Garrard le presentaran una selección de joyas de compromiso para su consideración.
Diana eligió un gran anillo valuado en 30.000 libras: consistía en 14 diamantes circundando un zafiro oval de 18 quilates, todo montado en oro blanco, una joya similar al anillo de su madre. Como la alianza de boda de Diana era de oro (una tradición real galesa), parecía que el anillo estaba confeccionado en oro. No fue hasta el compromiso de su hijo William con Kate Middleton diecinueve años después que las imágenes de mejor calidad revelaron el actual color.
La Princesa de Gales llevó el zafiro toda su vida matrimonial y aún estando separada, convirtiéndose en el más fotografiado del mundo. Casi nunca se la vio sin él, hasta el día en que su divorcio fue definitivo. En agosto de 1996 las cámaras lo registraron cuando Diana visitó la sede del Ballet Nacional de Inglaterra. Lo llevó durante un viaje a Nueva York en octubre, pero en su siguiente visita al National Ballet Theatre en Navidad ya faltaba de su dedo.

El despliegue de maravillosas joyas que hizo en su día la realeza de los Balca
nes es difícil que alguna familia real, salvo la inglesa, pueda reunir en la actualidad. La reina María de Rumania -descendiente por línea paterna de reyes de Inglaterra y por línea materna de zares de Rusia- llevó las más espléndidas piezas de joyería. Sus zafiros fueron obtenidos a fines del siglo XIX en los yacimientos de Sri Lanka (entonces llamada Ceilán).
Con el estallido de la Gran Guerra en 1914, María de Rumania vio dividida su familia, pues la unían lazos de sangre tanto a Gran Bretaña como a Rusia (era hija de Alfredo, duque de Edimburgo, el segundo de los hijos de la reina Victoria, y de la gran duquesa María de Rusia, hija del zar Alejandro II). En 1916 las joyas de la Corona rumana fueron enviadas a un lugar seguro, en Moscú, pero en enero de 1918 fueron confiscadas por los bolcheviques, junto con las reservas en oro de Rumania.

En la fotografía se la ve luciendo una tiara de zafiros elaborada por Cartier (adquirida de la Gran Duquesa Vladimir, que había partido de Rusia durante la revolución de 1917) y el célebre collar de diamantes (de la misma procedencia), del que pende otra famosa joya: un zafiro rectangular de enormes dimensiones.

El famoso Zafiro Azul de María de Rumania, también originario de Sri Lanka, fue registrado por primera vez por Cartier en 1913.
Según Christie’s esta joya, que llegaría a su poder en 2003, es el zafiro más grande que se haya subastado jamás. Sólo hay en el mundo otras dos piedras mayores y ambas se encuentran en museos: el “Estrella de la India”, un zafiro de 576 quilates expuesto en el museo de Historia natural de EEUU y el zafiro de 547 quilates “La nariz de Pedro el Grande”, expuesto en un museo de Dresde, Alemania.

La pieza de 478 kilates fue comprada en 1921 por el rey Fernando de Rumania para su esposa, quien lució el collar en la coronación de su marido, en 1922. El zafiro fue vendido de nuevo en 1947, fecha en la que el nieto de la reina María, el rey Miguel, obligado al exilio, lo ofreció al joyero neoyorquino Harry Winston. Fue adquirido, aparentemente, por un millonario griego al año siguiente, quien se lo obsequió a la reina Federica de Grecia. Ella lo llevaba montado en un pendiente que luego se convirtió en la pieza central de un collar. En esa foto la soberana griega lleva el zafiro en la gala por su 25º aniversario de bodas.

El Aderezo de la Reina Marie-Amélie de Orléans
Desde 1985 puede verse en el Louvre de París una histórica colección de zafiros que han
tenido una versátil conexión con la Corona de Francia. La mayor razón para adquirirlos debió haber sido porque estas piedras fueron posesión de la Casa de Orléans. En 1821, el rey Luis Felipe adquirió una tiara, un collar, unos aretes y un broche para su esposa Marie-Amélie (María Amalia Teresa de Borbón-Dos Sicilias y Habsburgo-Lorena, hija de Fernando I, Rey de las Dos Sicilias, nieta de Carlos III de España y la Emperatriz María Teresa de Habsburgo), en cuya familia estos zafiros permanecieron hasta que fueron vendidos al Louvre. Esta perfecta procedencia había legitimado estas piedras para convertirse en un tesoro nacional de Francia.

Sin embargo, no sólo la Casa de Orléans fue propietaria de estos zafiros, sino que hasta 1821 fueron propiedad personal de Hortensia de Beauharnais. La hija de la emperatriz Josefina y consorte de Luis Bonaparte, hermano de Napoleón, poseía una magnífica colección de joyería, la cual reunió durante su época como reina de Holanda y fue indudablemente enriquecida nuevamente por el legado de su madre Josefina en 1814.

Es fácil reconocer la tiara acortada por la reina María Amalia. Una de las partes laterales se convirtió en el centro de un stomacher y los tres elementos restantes fueron usados en un segundo aderezo. Los aretes todavía son los originales, aunque el collar puede haber sido alterado por lo menos en su longitud.
En el retrato de 1806 firmado por Henri Riesener, la emperatriz Josefina usa un impresionante aderezo de zafiros que incluye en un collar, un par de pendientes, dos brazaletes, dos broches y un cinturón con una gran hebilla de zafiro. Seguro habría tenido una tiara y una peineta para completar el aderezo pero como signo de su excepcional posición como emperatriz, eligió usar una corona junto con una tiara de oro, una combinación muy común durante el período napoleónico.

Luego del divorcio en 1810, la emperatriz se quedó con la mayor parte de las joyas que recibió de Napoleón que luego legaría a sus descendientes.
La couronette
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Las perlas, infaltables en un joyero real
Los collares de Catalina de Médicis
En el siglo XVI, María de Médicis, reina de Francia, llegó a poseer 5.878 perlas redondas y en forma de pera. Su nuera, Ana de Austria, esposa de Luis XIII, aumentó la colección. Catalina de Médicis, esposa y madre d
e reyes de Francia, heredó valiosísimas joyas con estas gemas y uno de sus más preciados tesoros fue un magnífico collar de perlas de dos vueltas con siete enormes perlas colgantes, regalo de bodas de su tío, el Papa Clemente VII. La reina de Francia le regaló después esta joya a su nuera María Estuardo, la desdichada reina de los Escoceses.
nal de la Mancha pero no volvió a verse en público sino hasta tres siglos después, adornando el cuello de la emperatriz Josefina, como se ve en un grabado de la época. Luego del divorcio de Napoleón, el collar pasó a manos de una nieta de la emperatriz, Josefina de Leuchtenberg, reina de Suecia. 
La Tiara de la Emperatriz Eugenia
Fue mandada hacer por Napoleón III al joyero de la corte Gabriel Lemmonier, para obsequiársela a su esposa, la bella española Eugenia de Montijo: una tiara de espectaculares perlas engarzada en platino y montada en brillantes. La emperatriz la usó a menudo en las ceremonias e incluso aparece con ella en un retrato oficial realizado por Winterhalter.

El origen de las perlas usadas en esta joya se cree que proviene del magnífico aderezo que Napoleón Bonaparte obsequió a su segunda esposa, la Emperatriz María Luisa. Había sido encargado al joyero de la corte, Francois Regnault Nitot y el componente principal del conjunto era la extraordinaria tiara, confeccionada con 297 perlas y una pieza central, la enorme Perle Napoleon o “Regente”, en forma de gota y de 346.27 granos de peso. Otras piezas que incluía el set eran la peineta, un par de brazaletes, pendientes, un collar de tres vueltas, un enorme sautoir y otro collar simple de 408 perlas esféricas.
Luego de la caída de Napoleón, el aderezo fue a parar a las manos de Marie-Therese, hija de Luis XVI y María Antonieta, que se casaría con su primo Louis Antoine, Duque de Angulema. El aderezo de la emperatriz María Luisa fue rediseñado y la Perle Napoleon se utilizó como pieza central de una nueva tiara.

En 1853 Napoleón III ordenó que se confeccionara un aderezo enteramente nuevo para la emperatriz Eugenie utilizando las perlas que previamente habían pertenecido a María Luisa y María Teresa. El conjunto incluía, además de la tiara que pintara Winterhalter, un collar de seis vueltas, brazaletes y un stomacher de diamantes que incorporaba la Perle Napoleon. En 1855, cuando la emperatriz acompañó a su esposo a la visita de Estado a Gran Bretaña, Eugenia usó la Tiara de Diamantes y Perlas durante dos cenas consecutivas.

En 1887, luego de la venta de las joyas de la Corona por las autoridades de la Tercera República, la pieza fue subastada y vendida al artista Julius Jacob. Tres años después la joya fue a parar a Alemania, a la Casa Von Thurn und Taxis, cuando la adquirió el Príncipe Albrecht I como regalo de bodas para su esposa, la archiduquesa Margarethe de Austria. Continuó siendo usada por las consortes de sus príncipes durante fines del siglo XIX y primera mitad del XX, incluso la llevó la princesa Gloria el día de su boda con Johannes, el 11º Príncipe von Thurn und Taxis, en 1980.
Finalmente, la excepcional joya fue vendida en la millonaria subasta de esta colección realizada en Christie´s en 1992. Los compradores fueron la sociedad “Amis de Louvre”, que la destinaron al Museo del Louvre, como parte del gran legado histórico y cultural de Francia.
El Aderezo de Perlas de Orange-Nassau
La colección de Orange formada por diamantes, rubíes y perlas es un conjunto de una gran belleza. Las piezas de perlas fueron confeccionadas entre 1825 y 1860; sin ser específicamente un aderezo, aunque combinen perfectamente, el juego consistía en una tiara, un corsage, pendientes, broche y collar.


La tiara consiste en dieciocho arcos en punta de diamantes de los que cuelgan grandes perlas en forma de gota. El gran broche con forma de ramillete puede dividirse en dos piezas, y ambas pueden llevarse en el collar de perlas. Este collar puede llevarse con o sin el gran cierre de diamantes y perlas. Cuando se lleva con el cierre de diamantes, el cierre se lleva en la parte delantera del cuello. Algunas de las perlas son muy antiguas, de hecho, el rey Christian IV (1577-1648), fue retratado con un pendiente de perlas.

La tiara fue hecha para la princesa Luisa de Prusia, cuando contrajo matrimonio con el príncipe Federico de los Países Bajos (tatarabuelos de la actual reina Margarita II). La reina acabó regalándosela a su propia hija, la princesa Luisa, cuando se casó con el heredero al trono de Suecia y Noruega, el futuro rey Carlos XV, en 1859.
De Suecia la tiara viajó a Dinamarca como parte de los regalos de boda de la futura reina Luisa, hija de Luisa de Suecia y Noruega, en 1869. Luisa de Dinamarca conservó su conjunto hasta su muerte en 1926, cuando lo heredó la reina Alejandrina, que lo llevó mientras el rey Christian X estuvo vivo. Tras su muerte en 1947, ella cedió su conjunto a su sucesora, la reina consorte Ingrid, hija de Gustavo VI Adolfo de Suecia y Margarita de Connaught. La esposa de Federico IX de Dinamarca usó por primera vez esta joya durante su primera visita oficial a Suecia y, por segunda vez, durante las fiestas de coronación del Sha de Irán en 1967. 
Siempre se ha pensado que el aderezo pertenecía a las joyas de la Corona, pero no es correcto, la tiara pertenece a una fundación, la Løsørfideikommis, fundada en 1910 por la reina Luisa. En esta fundación hay una gran colección de joyas que están declaradas no vendibles ni pueden ser subastadas o desgajadas en posibles herencias, sino que está pensada para pasar de
generación en generación, por lo que muchas de las piezas que lleva Margarita son de este fondo y también otros miembros de la familia tienen permiso para llevarlas. El Swan Lake Suite de Diana, Princesa de Gales
Entre las diferentes piezas de joyería que lady Diana Spencer recibió de la colección p
ersonal de la reina al casarse con su hijo primogénito, sus favoritas eran las alhajas que incluían perlas, la más prominente de las cuales fue la Tiara Cambridge Lover’s Knot, pues estuvo siempre asociada a la princesa. Además usaba collares de una o dos vueltas para el día y la noche, pero los chokers fueron los más famosos y fue fotografiada en diferentes ocasiones usándolos, con vueltas de perlas que variaban de dos a once. Estos chokers estaban hechos solo de perlas blancas o, a veces, con alguna gema de color como pieza central. El ejemplo más clásico es el que llevaba un gran zafiro y que lució por primera vez en 1985, durante el banquete de Estado en la Casa Blanca con el presidente Reagan. Hasta el final de su vida usó perlas y de diamantes y perlas fue la última joya que llevó en público oficialmente antes de su muerte, el collar de la Swan Lake Suite.

Este conjunto consiste en dos piezas, un collar de diamantes y perlas y un par de aretes de diamantes y perlas. El collar había sido creado por los joyeros Garrard en la primavera de 1997 con el conocimiento y la asistencia de Diana. Fue usado para la gala real del ballet “El Lago de los Cisnes” en el Royal Albert Hall el 3 de junio antes de ser devuelto a los joyeros para que fuera acompañado por los aretes. Desafortunadamente, fue su último compromiso oficial antes de su prematura muerte el 31 de agosto de 1997 y nunca tuvo la oportunidad de usar la suite completa.

El collar está confeccionado con 164 diamantes corte brillante y 14 diamantes corte marquesa e incluye cinco de las joyas favoritas de la princesa, las perlas de los Mares del Sur. Los aretes tienen un diseño floral montado en platino y están confeccionados con 15 brillantes y 3 marquesas cada uno y una perla esférica pendiente como gota.

Las “Queen Anne and Queen Caroline Pearls” de Elizabeth II
urante el día fueron obsequio de su abuelo, el rey Jorge V, cuando ella aún era joven. Hay además regalos de bodas, herencias familiares, presentes de todo tipo que incluyen estas gemas. 
Aquel 20 de noviembre de 1947, Isabel dio cuenta de que había dejado sus perlas en el palacio de St. James. Como la princesa deseaba usar particularmente las perlas, le pidió a su secretario privado John Colville que fuera hasta allí para recuperarlas. Colville terminó en el patio donde encontró el gran Daimler del rey Haakon VII de Noruega. El tráfico aquella mañana estaba detenido por lo que incluso el coche del rey de Noruega, con su bandera real volando, no podía llegar a ninguna parte. Colville continuó su viaje hacia el palacio a pie. Cuando llegó allí, tuvo que explicar su extraña historia a los guardias que custodiaban los más de 2600 regalos de boda de la princesa. Después de encontrar el nombre del secretario privado en un programa de la boda lo admitieron y Colville fue capaz de obtener las perlas de la princesa a tiempo para su retrato en el Salón de Música del Palacio de Buckingham. La Diadema española de “La Chata”
La diadema bautizada como de 'La Chata' fue creada en el año 1867 por la joyería Mellerio, de París, por encargo de la reina de España Isabel II para la boda de su hija, la infanta María Isabel, con el príncipe Cayetano María de Borbón- Dos Sicilias. La pieza fue expuesta ese mismo año en París con motivo de la Exposición Universal.


lágrima. Intercalados, los 11 diamantes y uno muy grande debajo de la perla, también con forma de lágrima). 
















