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miércoles, 1 de diciembre de 2010

Las joyas de la realeza

En los grandes ceremoniales cortesanos, desde las monarquías centenarias como la noruega hasta las casas reales glamorosas con aroma a Hollywood –la imagen prototípica de Grace Kelly-, sus participantes utilizan la joyería suntuosa como parte del aparato de la realeza.
Piezas de joyería de la Gran Duquesa Josephine Charlotte de Luxemburgo


Desde la época medieval, en que el agresivo despliegue de joyas sobre el vestuario era indicador del poder económico y social de su portador, hasta el Siglo de Oro español, época donde más que gemas se llevaba el oro del Nuevo Mundo en pesadas alhajas sobre el terciopelo negro, el adorno de los personajes reales con elaborada joyería marcaba rotundamente la diferencia de clase entre la corte y el pueblo.

Pero ya en el siglo XVIII, tras ser guillotinado Luis XVI durante la Revolución Francesa, comienza un tiempo nuevo en el ceremonial de las cortes de Europa y hay una clara distinción entre la vida pública y la privada de las familias reales. Se reserva un comportamiento con un aparato de formas para las apariciones públicas y otro más doméstico, humano y elástico para la vida de interior.


Recreación cinematográfica actual de María Antonieta de Francia en traje de corte y magnificente joyería


A partir del momento en que Napoleón se corona a sí mismo e inicia un período de grandeza imperial evocando en sus representaciones el cesarismo romano, nuevamente cambia la estética y las formas. Es el momento en que la monarquía se hace burguesa y se acerca al pueblo.

A fines del siglo XIX va surgiendo otra distinción en la relación entre la realeza y las joyas: éstas comienzan a ser privativas de la persona y a convertirse en objetos con valor de mercado que sirven de respaldo económico si las cosas vienen mal para los monarcas o su entorno familiar. Ejemplo de esto último fueron las consecuencias de la Revolución Rusa que originó un numeroso exilio de aristócratas que buscaban en la venta de sus joyas una ayuda para sobrevivir. En los años ’20 hubo una saturación de piezas de joyería en el mercado, procedentes de una aristocracia rusa que en el zarismo resplandecía cargada de joyas.



Las esmeraldas de la zarina María Feodorovna en poder de la millonaria norteamericana Bárbara Hutton


Con respecto a la monarquía española, la enorme riqueza en joyas que había en el Palacio Real de Madrid fue arrasada por el general Murat y no sería hasta Alfonso XIII, con las piezas que fue adquiriendo para las reinas María Cristina y Victoria Eugenia, en que se empieza a hablar otra vez de joyas reales. En contraste con esta Casa real, sobria en sus formas y radicalmente discreta en la cantidad de sus guardajoyas privado, se hizo público en los años ’90 que las joyas de la Reina de Inglaterra tenían un valor de mercado de unos 350 millones de libras esterlinas.


La Reina de Inglaterra pletórica de joyas en el banquete de Estado en honor del presidente de México (marzo de 2009)


Además de la colección sin par de Elizabeth II, en el mundo de la joyería han destacado las piezas renombradas del Sha de Irán y sus tres esposas, las de los Aga Khan, las de Gloria von Thurn und Taxis (quien en su época de “princesa TNT” recogía sus cabellos para tomar el sol en su yate con una diadema de brillantes que había pertenecido a María Antonieta) y –aunque no tan suntuosas pero sí célebres- las de la Duquesa de Windsor.


Gala pre-boda de la princesa Ingrid de Suecia con el príncipe heredero Federico de Dinamarca (mayo de 1935)


Hoy, las casas reales guardan celosamente coronas, aderezos, diademas, collares, condecoraciones, las creaciones de los mejores joyeros de todos los tiempos para familias reales enteras que han desempeñado un papel importante en la Historia. Muchas atesoran piezas con nombres propios, como los Diamantes Koh-I-Noor, Orlov y Wittelsbach, los más grandes y perfectos del mundo. Otras sacan de sus arcones aderezos completos para lucir en funciones públicas de representación, como la realeza de Suecia, que posee los zafiros más impresionantes de Europa (el “Aderezo Leuchtenberg”) o la Corona británica con su asombroso Cambridge & Delhi Dunbar Parure, un juego de esmeraldas y diamantes consistente en tiara, gargantilla, pendientes, collar, broche, stomacher y brazaletes, que Elizabeth II ha heredado de su abuela paterna, la Reina Mary.


La Reina Mary con el Aderezo Cambridge & Delhi Dunbar


Afortunadamente todavía hay ocasiones donde salen a la luz estas piedras famosas, cuyos destellos marcaban el poder y el prestigio secular de sus dinastías al centellear en las bodas, en los bailes palaciegos y hasta en los imponentes funerales de la realeza centenaria.


El grupo de invitados reales en la boda de la princesa heredera Victoria de Suecia y Daniel Westling (junio de 2010)



jueves, 18 de noviembre de 2010

Las joyas imperiales

Las Joyas del Reich (en alemán: Reichskleinodien), llamadas también Insignias Imperiales (Reichsinsignien) o Tesoro Imperial (Reichsschatz) son las joyas de los soberanos de los pueblos germánicos y emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico. Este tesoro incluye la Corona Imperial, la Lanza Sagrada y la Espada Imperial como las piezas más importantes, pero también posee las únicas coronas de la Edad Media que permanecen casi completamente intactas. En la actualidad se hallan en el Schatzkammer del Palacio Imperial de Hofburg de Viena.


Insignia imperialia


Durante la Baja Edad Media, la palabra Insignia Imperial (Reichskleinodien) había tenido muchas variaciones en la lengua latina. Las insignias fueron nombradas, en latín, insignia imperialia, regalia insignias, insignias imperalis capellae quae regalia dicuntur y otras expresiones similares.

El Emperador Segismundo con todas las insignias imperiales (siglo XV)


Sin embargo, hasta la Alta Edad Media, el concepto de Imperio resulta inadecuado, ya que, la idea “imperial” en relación con las joyas sería posterior. Los nombres dados a cada objeto ligados al sustantivo imperial son debido al inventario del Castillo de Trifels que se redactó a partir del año 1246 donde está presente de nuevo el término Keizer. Además, la existencia del tesoro imperial de la época de Carlos IV no era estable. Las piezas se añadían, cambiaban o se reponían unas por otras. Sin embargo la historiografía añade a las joyas o tesoro el término "Imperial" por razones prácticas.


La Corona Imperial

Las insignias se componen de dos grupos diferentes. El mayor es el formado por los llamados Nürnberger Kleinodien (traducido aproximadamente como joyas de Nuremberg), nombrados así por la ciudad de Nuremberg, donde las insignias se mantuvieron desde 1424 hasta 1796. Esta parte consta de la Corona Imperial, partes de la vestimenta de coronación, el Orbe Imperial (un globus cruciger), el Cetro Imperial, la Espada Imperial, la Espada Ceremonial, la Cruz Imperial, la Santa Lanza y todos los otros relicarios excepto la Bolsa de San Esteban.


El Orbe Imperial


La Bolsa de San Esteban (Stephansbursa), la Biblia Imperial (Reichsevangeliar o Krönungsevangeliar) y el llamado Sable de Carlomagno (Säbel Karl des Großen) se mantuvieron en Aquisgrán hasta 1794. Es por eso que el grupo menor se llama Aachener Kleinodien (joyas de Aquisgrán). No se sabe desde cuándo esta parte se ha incluido entre las insignias imperiales, ni cuánto tiempo fueron mantenidas en Aquisgrán.


La Biblia Imperial


Insignias de Nuremberg (Nürnberger Kleinodien)

  • Corona Imperial (Reichskrone)
  • Cruz Imperial (Reichskreuz)
  • Lanza Sagrada (Heilige Lanze)
  • Reliquias de la Vera Cruz (Kreuzpartikel)
  • Espada Imperial (Reichsschwert)
  • Orbe Imperial (Reichsapfel)
  • Manto de la Coronación (Krönungsmantel) (pluviale)
  • Alba
  • Dalmática (Tunicella)
  • Medias
  • Zapatos
La Santa Lanza

  • Guantes
  • Espada Ceremonial (Zeremonienschwert)
  • Estola (Stola)
  • Dalmática del águila (Adlerdalmatica)
  • Cetro imperial (Zepter)
  • Hisopo
  • Relicario con cadenas
  • Relicario con un pedazo de vestido de Juan el Bautista
  • Relicario con un afeitado de la cuna de Cristo
  • Relicario con un hueso del brazo de Santa Ana
  • Relicario con un diente de Juan el Bautista
  • Estuche (Futteral) de la Corona Imperial
  • Relicario con un trozo del mantel usado durante la Última Cena
La Corona del emperador Carlos VII


El inventario de las insignias durante la Baja Edad Media normalmente consistía sólo de cinco a seis ítems. Goffredo da Viterbo cuenta los siguientes elementos: la Cruz Imperial, la Santa Lanza, la corona, el cetro, el orbe y la espada.En otras listas, sin embargo, la espada no es mencionada. Es difícil de definir por cuánto tiempo las Espadas Imperial y Ceremonial han pertenecido a las insignias.


La Espada Imperial


Que las crónicas medievales realmente se refieran a las mismas insignias que se mantienen en Viena hoy depende de una variedad de factores. Las descripciones de los emperadores sólo hablaban de ellos como "vestidos con insignias imperiales", sin describir exactamente qué elementos eran.

La corona sólo se puede datar en el siglo XIII, cuando es descripta en un poema medieval. El poema habla de la piedra Waise, que era una joya grande y prominente en las coronas. La primera imagen pictórica definida de ella sólo se puede encontrarse más adelante en un mural en el Castillo de Karlstein, cerca de Praga.


La entrada al Schweizerhof (Patio de los Suizos), en el Palacio de Hofburg, Viena, que alberga el Tesoro imperial


domingo, 30 de mayo de 2010

El futuro de la monarquía en España

Sucesión y regencia

De acuerdo al Artículo 57 la Corona de España es heredada por los sucesores de Juan Carlos I de Borbón a través de primogenitura de preferencia masculina. Es tanto más significante en tanto que omite enteramente la designación de Juan Carlos por parte del General Francisco Franco. Mientras se redactaba la nueva constitución, el abogado y diputado liberal Joaquín Satrústegui (1909-1992) insistió en que la frase “el legítimo heredero de la dinastía histórica” se incluyera en el texto para subrayar que la monarquía era una institución histórica anterior a la constitución o al régimen republicano. Además, Satrústegui estaba “ansioso por remover” la idea que la monarquía constitucional tenía orígenes franquistas, de acuerdo al autor Charles Powell.


Los Reyes


La primogenitura de preferencia masculina había sido practicada en España desde el siglo XI en los variados estados visigodos y fue codificada en las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio, con las mujeres habilitadas para heredar en determinadas circunstancias. Sin embargo, con la sucesión de Felipe V en 1700, el primero de los Borbones españoles, las mujeres fueron eliminadas de la línea sucesoria hasta que Fernando VII reintrodujo el derecho y designó a su hija mayor Isabel como su heredera en 1833.

Con el nacimiento de la Infanta Doña Leonor, hija de los Príncipes de Asturias, el 31 de octubre de 2005, el Presidente Zapatero reafirmó la intención del gobierno de enmendar la constitución española para reintroducir la completa o igual primogenitura, también conocida en francés como aînesse intégrale, que implica una ley de sucesión neutral al género adoptada ya en Noruega, Suecia, Países Bajos y Bélgica. Los derechos del actual heredero aparente, Felipe de Borbón, serían mantenidos. Con la primogenitura completa e igual, el primogénito será heredero aparente, independientemente del género.


Los Reyes, los Príncipes de Asturias y las Infantas de España


Allanando el camino, en 2006 el rey publicó un decreto reformando la sucesión de los títulos nobiliarios de primogenitura de preferencia masculina a primogenitura absoluta. Sin embargo, como la sucesión a la Corona está especificada en la Constitución de forma explícita, esta reforma requiere una enmienda constitucional, lo que implica un proceso más complicado que la publicación de un decreto real.

Si todas las líneas designadas por la ley se extinguen, la Constitución reserva el derecho de las Cortes Generales de proveer la sucesión “en la forma más adecuada para España”. Además el texto constitucional desplaza de la sucesión a aquellos miembros de la familia real que contraigan matrimonio contra la expresa prohibición del monarca y de las Cortes Generales, así como a sus descendientes. Por último, el artículo 57 establece además que “Las abdicaciones y renuncias y cualquier duda de hecho o de derecho que ocurra en relación con la sucesión a la Corona se resolverá por una ley orgánica”.


Los Condes de Barcelona y sus hijos


Constitucionalmente, los herederos actuales de Juan Carlos I, son:
  • SAR El Príncipe de Asturias, hijo del Rey
  • SAR La Infanta doña Leonor, hija mayor del Príncipe y la Princesa de Asturias
  • SAR La Infanta doña Sofía, hija menor del Príncipe y la Princesa de Asturias
  • SAR La Infanta doña Elena, Duquesa de Lugo, hija mayor del Rey
  • SE don Felipe Juan Froilán de Marichalar y de Borbón, hijo de la Infanta doña Elena.
  • SE doña Victoria Federica de Marichalar y de Borbón, hija de la Infanta doña Elena.
  • SAR La Infanta doña Cristina, Duquesa de Palma de Mallorca, hija menor del Rey
  • SE don Juan Urdangarín y de Borbón, hijo mayor de la Infanta doña Cristina
  • SE don Pablo Urdangarín y de Borbón, segundo hijo de la Infanta doña Cristina.
  • SE don Miguel Urdangarín y de Borbón, tercer hijo de la Infanta doña Cristina
  • SE doña Irene Urdangarín y de Borbón, hija de la Infanta doña Cristina

La Constitución describe la regencia de la monarquía y la tutela de la persona del monarca en el caso de su minoría de edad o incapacidad. El cargo de Regente (s) y la tutela del monarca (si el monarca se encuentra en su minoría de edad o incapacitado), no necesariamente puede ser la misma persona. En el caso de minoría del monarca, la madre o el padre sobreviviente, o pariente mayor de edad más próximo a la línea de sucesión, inmediatamente asumiría el cargo de regente, que en todo caso deberá ser español.


El Príncipe de Asturias, futuro rey


En caso de un monarca que esté incapacitado y que la incapacidad es reconocida por las Cortes Generales, entonces el Príncipe de Asturias (heredero aparente), de inmediato se convierte en Regente, si es mayor de edad. Si el Príncipe de Asturias es menor, entonces las Cortes Generales nombrarán una Regencia que puede estar compuesta por uno, tres, o cinco personas. La persona del rey en su minoría de edad caerá bajo la tutela de la persona designada en el testamento del monarca fallecido, siempre que él o ella sea mayor de edad y de nacionalidad española. Si no ha sido nombrado tutor en el testamento, entonces el padre o la madre asumirá la tutela, siempre y cuando permanezcan viudos. De lo contrario, las Cortes Generales designarán tanto el Regente (s) y el tutor, que en este caso no podrán ser la misma persona, excepto por el padre o la madre, de relación directa con el rey.


Monarquía contemporánea

La monarquía española sigue gozando de amplio apoyo y popularidad por los españoles desde su restauración constitucional de 1978, de acuerdo con Fernando Villespin, presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas en 2008. Según Villespin, el nivel de aprobación del rey promedia más del 70% a través de los años, siempre ofreciendo mejor rendimiento que los de líderes políticos electos. Un porcentaje similar de los encuestados considera que el rey juega un papel importante en el mantenimiento de la democracia española.



La transición



A pesar de los altos índices de aprobación de la corriente española, y en particular la popularidad que gozan el actual rey y su reina, la monarquía ha sido el foco de la crítica aguda tanto de la extrema izquierda como de la extrema derecha del espectro político español, así como por las regiones separatistas. El 22% de los ciudadanos españoles creen que la república sería la mejor forma de gobierno para España, mientras que los separatistas y partidarios de la independencia en el País Vasco y Cataluña protestan contra la monarquía como el símbolo viviente de una España unida. La extrema izquierda critica a la institución de la monarquía como anacrónica, mientras que la extrema derecha critica al Rey Juan Carlos personalmente porque él ha dado el consentimiento real y la aprobación tácita a lo que ellos perciben como una agenda liberal en España y un secularismo de la vida española.

Por otro lado, según una encuesta realizada por Metroscopia para la Fundación Toledo, en 2008, el 69% de los ciudadanos españoles siente que la institución de la monarquía constitucional es el sistema político ideal para España, y el 80% de los españoles cree que la transición de España a la democracia no habría sido posible sin la intervención personal del rey.



Los Reyes de España y sus herederos

La filosofía del monarca sobre su familia, sobre la integridad personal, y sobre una ética de trabajo desinteresado fueron revelados en correspondencia privada de consejos paternales a su hijo Felipe, entre 1984 y 1985, cuando el Príncipe de Asturias asistía a la Universidad en Canadá. Según Juan Carlos un monarca no debe tomar su posición por sentada, sino trabajar para el bienestar de la gente, ser amable, atento y servicial, y "parecer animado incluso cuando estás cansado, bondadoso incluso cuando no lo sientas así; atento incluso cuando no estés interesado; útil incluso cuando te resulte un esfuerzo [...] Necesitas parecer natural, pero no vulgar; cultivado y consciente de los problemas, pero no pedante o engreído".

El rey continuaba:

Aquellos a quienes Dios ha escogido para ser reyes y estar a la cabeza de los destinos de un país no tienen otra opción que empezar a entender la importancia y las características especiales de la posición, porque uno puede decir que empiezan a ser adultos mucho antes que otros chicos de su edad. Si en esta vida esto es tan importante para formar y fortalecer el carácter suficiente para permitirnos liderar, no es menos que saber cómo obedecer. A pesar de los altos cargos que ocupamos en la vida, siempre será vital conocer que también tenemos deberes que cumplir y la obediencia implica siempre verdadero honor [...] Tenemos que construir una familia estrechamente unida, sin fisuras o contradicciones, no debemos olvidar que en todos y en cada uno de nosotros están fijados los ojos de los españoles a quienes debemos servir con cuerpo y alma. No quiero prolongar más mi primera carta para no cansarte, pero espero que esta así como las sucesivas que te envíe dejen una impresión profunda en ti y sean leídas con calma y seriamente”.

Rey Juan-Carlos I al Príncipe Felipe, 1984




Consejos paternos



El historiador y biógrafo real Charles Powell dijo a la BBC en 2008 que "Hay un sentimiento profundamente arraigado de gratitud por el papel del rey en la transición a la democracia [y] Encuestas muestran que él es el individuo al que la democratización se le atribuyó más profundamente, y el sentido de gratitud atraviesa las clases sociales y las líneas ideológicas. "











sábado, 29 de mayo de 2010

Las joyas de la Corona de España


Es sabido que en España, desde la Guerra de la Independencia, no hay joyas de la Corona, es decir, joyas vinculadas a la Institución. Todas las joyas que hoy poseen los Reyes son exclusivamente bienes privados. Únicamente perduran en palacio una corona tumular y un llamado cetro -en realidad un bastón de mando- que ha presidido la proclamación de los monarcas en las Cortes, desde Isabel II hasta Don Juan Carlos I.

Historia

Los reyes de Castilla, Aragón y demás reinos peninsulares no necesitaban joyas ni objetos ceremoniales, pues entonces –como hoy en España- no se coronaban ni se entronizaban, simplemente los proclamaban. Algunos (Sancho IV) se enterraban con la corona, otros (Martín el Humano) donaban sus preseas a la Iglesia. Isabel ‘La Católica’ donó alguna de sus joyas y piezas de orfebrería a la Capilla Real y el resto mandó que se vendiese. Queda claro que se consideraban propiedad personal de los Reyes.


Los Reyes Católicos

Algunos monarcas como Fernando III o Pedro I de Castilla acumularon fabulosas riquezas que no tardaron en ser dispersadas. Las crisis dinásticas y los crónicos apuros económicos por los que pasaron los reyes en el Medievo hacían inviable la formación de un tesoro patrimonial, contrario además a las costumbres de la realeza hispánica.

La llegada de los Austrias no significó grandes cambios. Su etiqueta exigía el Toisón para reyes y príncipes, pero nada más. Precisamente para que la orden se luciera, el protocolo aconsejaba cierta austeridad: el negro terciopelo o el morado en época de luto era el fondo ideal para el oro de la joya. Con todo, esta dinastía intentó que algunas piezas pasasen de padres a hijos, de la misma forma que se inició una colección pictórica permanente. Pero tanto las joyas como los cuadros eran propiedad personal de los reyes. Por otra parte sucesivas bancarrotas volvieron a hacer inviable la creación de ese tesoro regio.


Felipe II con el Toisón pendiente de un cordón

Bajo los Austrias se documenta una costumbre que tal vez se heredase de la Edad Media. Se trata de colocar el cetro y la corona sobre el túmulo real y a veces sobre el sepulcro de forma permanente. Así se encontraban las tumbas reales de la Capilla Real Sevillana hasta 1948, por lo que se entiende que estos objetos no eran de un valor excesivo.

Barbara de Braganza aportó en su dote una colección fabulosa de joyas (en aquel momento Portugal se enriquecía con el oro, la plata y los diamantes del Brasil). Lamentablemente al morir sin descendencia la mayor parte de aquel patrimonio volvió a su país.

Bárbara de Braganza, infanta de Portugal, consorte de Fernando VI


Carlos III se vio en la obligación de encargar una corona tumular (esto es para presidir los funerales regios), pieza que aún se conserva y pertenece al Patrimonio Nacional.

La invasión francesa supuso la dispersión de las joyas y otras riquezas regias que hasta entonces se habían acumulado. El siglo XIX con sus revoluciones no se prestaba a reconstruir el tesoro. Isabel II se hizo famosa por sus joyas, pero el exilio y las larguezas de la reina acabaron con la colección real.

La Corona

Las “joyas de la Corona” como tales, puede decirse que fueron las piezas de joyería vinculadas a la Corona por Carlos II de España en sus disposiciones para la sucesión. Sin embargo, se disgregaron como conjunto y algunas desaparecieron con motivo del expolio al que fue sometido el Palacio Real de Madrid durante la Guerra de Independencia de España por orden del rey impuesto por Napoleón, su hermano José Bonaparte.

Julia Clary, reina consorte de España, con su hija mayor, junto a la corona real


Se conoce con precisión la colección de joyas gracias a dos inventarios: el primero de fecha 8 de mayo de 1808 (entregado a Francisco Cabarrús por Juan Fulgencio, y que estima su valor en más de 22 millones de reales) y el segundo de 30 de julio del mismo año (conservado en los Archivos Nacionales franceses, y que responde a las joyas recibidas en París por Julia Clary, consorte del rey).

Mucho antes, la víspera de Navidad de 1734, un número indeterminado de joyas reales de España fueron destruidas en el incendio del Alcázar de Madrid, aunque la parte más importante se salvó, centrándose los daños en las joyas que se encontraban en la Real Capilla. Otro importante conjunto de joyas, las que Felipe V había traído desde Francia y conocidas como Tesoro del Delfín, estaban en el Palacio de la Granja y no se vieron afectadas.


El Tesoro del Delfín


Las dos piezas más famosas de las joyas reales estaban montadas en el llamado Joyel de los Austrias, y eran la perla Peregrina y el diamante Estanque. La perla Peregrina ha sido objeto de muchas especulaciones, considerándosela perdida y recuperada en varias ocasiones. Desde Mesonero Romanos (autor costumbrista de mediados del XIX, que la considera perdida desde el incendio) hasta Luis Martínez de Irujo, duque de Alba (que proclama en 1969 que la Casa Real española dispone de la Peregrina verdadera y que la de Elizabeth Taylor, obsequio de Richard Burton, no lo era). También era notable la cruz que habían tenido en sus manos al morir Carlos I y Felipe II.

Cada uno de los reinos cristianos peninsulares tuvo diferentes ceremonias de coronación, proclamación o jura al comienzo de los reinados o como reconocimiento de cada uno de los diferentes territorios que los componían. Para el caso de los territorios vascos y del reino de Navarra, el soberano era alzado sobre un escudo por los ricoshombres.

Isabel II durante la firma de la Constitución de 1845


Ya en la Edad Moderna, todos los reyes de la Monarquía Hispánica, así como los reyes de España de la Edad Contemporánea, tanto en el Antiguo Régimen como en el régimen liberal, han recibido la dignidad real por proclamación, no por coronación, aunque una corona real estuvo siempre presente en estas ceremonias.


Corona de Alfonso VIII

El diseño de la corona de Alfonso VIII de Castilla, que se conserva en el Monasterio de Santa María la Real de Las Huelgas (Burgos) era de corona mural, con castillos en vez de hojas de acanto, como tuvo la posterior corona real (paradójicamente, la corona mural fue la elegida posteriormente para el escudo republicano).

Se ha destacado el uso solemne que Alfonso XI de Castilla hacía de la corona, especialmente en un acto en Sevilla en 1340, en el que fue colocada en un estrado junto a una espada, para simbolizar al reino y asimilar el hecho de honrar la corona al de honrar la tierra, expresiones que aparecían en el Código de las Siete Partidas.


Juan I de Castilla


El último rey que fue solemnemente coronado fue Juan I de Castilla, el 24 de agosto de 1379. Juan I (1358 - 1390) era el segundo rey de la dinastía de Trastámara, hijo de Enrique II el de las Mercedes y de Juana, hija de Juan Manuel de Villena, cabeza de una rama más joven de la casa real de Castilla (la Casa de Borgoña). Después de él, los monarcas asumían la dignidad real por proclamación y aclamación.


Corona de Alfonso XII

La corona ordenada por el rey Alfonso XII en 1874, desaparecida durante la Guerra civil española, correspondía a la representación heráldica de la corona real. Esto es: un anillo de base con 8 florones, engastado con piedras preciosas. Cada florón es de oro, engastado de diamantes y con una gran perla en la parte central. Bordeando toda la parte superior de dicho anillo hay una onda de oro con una perla en vértice de cada una de ellas entre cada par de florones. De cada uno de los ocho florones se desprende un arco decorado con una fila de perlas rebordeada de lado y lado por una fila de diamantes. Confluyen todos los arcos en la parte superior central de la corona. Al remate de los ocho arcos se encuentra un orbe con una cruz. Al interior de la corona hay un gorro de terciopelo rojo.


Alfonso XII con su corona apoyada a un lado

Desde Isabel II

Desde Isabel II, las mismas joyas han presidido las juras en las Cortes (la de su hijo Alfonso XII, su nieto Alfonso XIII, y el nieto de éste, el rey actual, Juan Carlos I):
  • La corona conmemorativa del funeral de Isabel de Farnesio, consorte de Felipe V, viuda por entonces (10 de julio de 1766). La corona es de oro y plata chapada en oro y piedras no preciosas, con los escudos de los reinos de Castilla y de León. Fue confeccionada por orden del rey entonces reinante, Carlos III.
  • Un cetro, regalo de Rodolfo II (proclamado Emperador del Sacro Imperio el 12 de octubre de 1576) a su primo el rey de España Felipe II. Proveniente de Viena, es una joya del siglo XVI. Otras fuentes lo identifican con un bastón de mando labrado en oro, esmaltes, rubíes y cristal de roca, de origen ruso del siglo XVII, regalado a Carlos II.
  • Un crucifijo de plata, de la colección del Congreso de los Diputados.

La corona

La última vez que esta corona fue vista en público fue en 1981, durante el funeral de estado con motivo de la llegada de los restos del rey Alfonso XIII para su definitivo enterramiento en la Cripta Real del Monasterio de El Escorial.


Joyas del Patrimonio y joyas privadas

Las joyas exhibidas solemnemente en las proclamaciones reales y otras colecciones tradicionalmente vinculadas a la Corona Española, como el Tesoro del Delfín (que actualmente se exhibe en el Museo del Prado) u otras custodiadas en distintos lugares, forman parte del Patrimonio Nacional.

Las joyas que lucen los reyes de España, los príncipes de Asturias u otros miembros de la familia real española en la actualidad (diademas, collares, condecoraciones, etc.) son estrictamente privadas, no están vinculadas a ninguna institución, y se las considera propiedad personal del miembro correspondiente (sea éste el rey como persona particular, o algún otro pariente). En esa condición fueron llevadas con ellos al exilio en 1931 (proclamación de la Segunda República Española) y se mantuvieron fuera de España hasta 1975.


La familia real de gala en una recepción de Estado


Victoria Eugenia heredó joyas de su familia y la de su marido, aparte de recibir un sustancioso legado de Eugenia de Montijo, emperatriz de los franceses, quien era su madrina de bautismo. Además Alfonso XIII le regalaba exclusivas piezas. La reina demostró una pasión por las piedras preciosas que entra dentro del gusto de las casas reales de aquel entonces por la pedrería más ostentosa, pero contrasta con su dedicación a las obras benéficas y con la triste realidad social del país.

La República en sus inicios tuvo algunas deferencias con los miembros de la Casa Real. Una de ellas fue enviar a la reina sus joyas en sus correspondientes estuches, pues al fin y al cabo eran propiedad suya. Durante su exilio la reina vendió algunas de sus más preciadas pertenencias, otras las repartió entre sus hijas y nueras, reservando algunas para ‘las futuras representantes de la realeza española’.

Victoria Eugenia con la Tiara de la Flor de Lis


El codicilo testamentario de Victoria Eugenia sitúa en primer plano las ocho piezas descritas al vincular su propiedad, ya por tres generaciones al Jefe de la Casa. Efectivamente, don Juan recibió aquellas joyas que, tras la renuncia a sus derechos históricos, pasaron a Don Juan Carlos y que hoy lucen doña Sofía y doña Letizia en las ocasiones más solemnes. Como hemos visto, la mayoría de ellas proceden de la herencia de Alfonso XIII salvo el collar de perlas, que es de María Cristina, y el broche de perlas que sería de la Infanta Isabel, la «Chata».

Fernando Rayón y José Luis Sampedro, autores del libro "Las joyas de las reinas de España", sostienen que, aunque muchas joyas, como la famosa ‘Perla peregrina’ o la ‘Esmeralda de Alfonso XIII’, no están en propiedad de la Corona, se les ha seguido el rastro y se han conservado. “Queda constancia de que se han salvado muchas joyas. En el caso de la ‘Perla Peregrina’ actualmente pertenece a Elizabeth Taylor. La Esmeralda fue vendida por Alfonso XIII cuando estaba en el exilio. Hay que decir que el Rey, efectivamente, está intentando recuperar joyas perdidas de alto valor económico. Don Juan Carlos, en ocasiones, las ha comprado a alguno de sus parientes que habían recibido las joyas en herencia”.



La Reina con diadema heredada y juego de joyas obsequiadas


Aunque Ansorena ha sido la joyería tradicional proveedora de la Casa Real y actualmente se ocupa de la conservación de las joyas que proceden de su taller, hay otros joyeros españoles que surten a la Familia Real, como Suárez, que hizo el anillo de compromiso del Príncipe de Asturias para Doña Letizia, o Carrera y Carrera, que ha trabajado igualmente alguna joya para la princesa.

lunes, 17 de mayo de 2010

Títulos Reales II: Conde de Barcelona



El condado de Barcelona corresponde al territorio regido por los condes de Barcelona entre el siglo IX y el siglo XVIII, desde donde se formó históricamente Cataluña como una entidad política.

Originalmente el título era comes Barchilonensis en latín y posteriormente comes Barchinone, en catalán comte de Barcelona desde al menos 1194 y en español conde de Barcelona desde 1458.

Armas: En campo de oro, cuatro barras de gules. Son las armas de los condes de Barcelona a partir de Alfonso II de Aragón (1152-1196).


Sus orígenes se remontan al siglo VIII, cuando con motivo de la Invasión musulmana de los dominios del Reino visigodo y su posterior expansión sobre la actual Francia, la confrontación entre el los francos y las fuerzas musulmanas condujo a una respuesta defensiva de los monarcas carolingios, consistente en la creación de la la denominada Marca Hispánica. Esta se realizó mediante la dominación de los territorios del sur de Francia y del norte de la Península Ibérica y derivó en la formación de un conjunto de pequeños condados. La dominación franca se hizo efectiva tras la conquista de Gerona (785) y principalmente, cuando en el año 801 la ciudad de Barcelona fue conquistada por el rey de Aquitania Luis el Piadoso (o Ludovico Pío) y es incorporada al reino franco, estableciéndose en ella el Condado de Barcelona, con dependencia del rey franco.

Inicialmente, la autoridad condal recayó en la aristocracia local, tribal o visigoda, pero la actitud independentista que inmediatamente mostró ésta obligó a los Carolingios a sustituirlos por condes de origen franco. Pese a todo, los lazos de dependencia de los condados catalanes con respecto a la monarquía franca se fueron debilitando. La autonomía se consolidó al afirmarse los derechos de herencia entre las familias condales. Esta tendencia fue acompañada de un proceso de unificación de los condados hasta formar entidades políticas más amplias. El conde Wifredo el Velloso, último conde nombrado por los reyes francos, representó esta orientación. Consiguió reunir bajo su mando una serie de condados y transmitirlos en herencia a sus hijos. A su muerte en 897 la unidad se rompió, pero el núcleo formado por los condados de Barcelona, Gerona y Vic se mantuvo indiviso.


Wilfredo el Velloso, primer conde de Barcelona

El condado independiente

Durante el siglo X, los condes de Barcelona reforzaron su autoridad política y se fueron alejando poco a poco de la influencia franca. En el 985 Barcelona, entonces gobernada por el conde Borrell II, es atacada e incendiada por los musulmanes, liderados por Almanzor. El conde se refugia entonces en las montañas de Montserrat, en espera de la ayuda del rey franco, pero no aparecen las tropas aliadas, lo que genera un gran malestar. En el año 988, en el reino franco termina la dinastía Carolingia y es sustituida por la dinastía Capeta. Borrel II es requerido para prestar juramento de fidelidad al nuevo rey franco, pero no consta que el conde barcelonés acudiese a la llamada, pues el rey franco tuvo que acudir al norte a resolver un conflicto. Esto ha sido interpretado como el punto de partida de la independencia de hecho de lo que posteriormente se llamará Cataluña.


Posteriormente, el Condado de Barcelona va creciendo en importancia y en territorio con los sucesivos condes. Va absorbiendo otros condados de la Marca Hispánica y se expande hacia el sur gracias a las batallas contra los árabes. Así, por ejemplo, Ramón Berenguer III se casa con Dulcia de Provenza, por lo que parte de ese condado se une al de Barcelona, formando progresivamente un espacio territorial muy similar al de la actual Cataluña.




La creación de la Corona de Aragón


Sin embargo, otro matrimonio, el de Ramón Berenguer IV y Petronila de Aragón crea una unión dinástica compuesta por el condado de Barcelona y el reino de Aragón, que siglos después se conocerá como Corona de Aragón. Ramón Berenguer IV fue hasta su muerte conde de Barcelona y príncipe de Aragón. El hijo de ambos, Alfonso II, fue el primer rey de Aragón que a su vez fue Conde de Barcelona, títulos que heredarán a partir de entonces todos los reyes de la Corona de Aragón. Ambos territorios mantendrán sus cortes y derecho propios.

Durante los siglos XIII y XIV, el condado seguiría siendo regido por los condes de la casa de Barcelona, pero con motivo del Compromiso de Caspe, la titularidad del mismo pasó a la dinastía Trastámara, originaria de Castilla, mediante la coronación de Fernando I de Aragón. Posteriormente, la unión dinástica entre las coronas de Castilla y Aragón comportaría la inclusión del condado en los territorios regidos por los Austrias.


Ramón Berenguer IV y Petronila de Aragón


Cronología

· Condes Carolingios (no hereditarios)
Desde 801, en que se crea el Condado como parte de la Marca Hispánica, hasta 897, con Wifredo I el Velloso.


· Condes Carolingios (hereditarios)
Desde 897, con Wifredo II Borrell, hasta 947, con Suñer I.


· Condes Carolingios (independientes)
Desde 947 (Borrell II) hasta 1154 (Ramón Berenguer IV el Santo).



Alfonso IV de Aragón

A partir de aquí, el título queda ligado a la Corona de Aragón, lo poseen los Reyes Católicos, y, desde Carlos I, queda ligado a la Corona de España, salvo el período de 1641 a 1652 en que durante la Guerra de los Segadores la Generalidad nombra a Luis XIII de Francia Conde de Barcelona, título que hereda su hijo Luis XIV, volviendo el título a la Corona de España con el Tratado de los Pirineos en 1659.


Durante la Guerra de Sucesión española, entre 1702 y 1714, el título de Conde de Barcelona recayó en Carlos III, el archiduque de Austria y aspirante al trono español, y luego emperador de Austria como Carlos VI del Sacro Imperio Romano Germánico. Tras el Tratado de Utrecht volvió a Felipe V de España.

La extinción del condado de Barcelona

A pesar de la vinculación del condado a la monarquía hispánica, el Derecho propio del condado de Barcelona se mantuvo intacto hasta que se abolieron en el 1714 con los Decretos de Nueva Planta, tras la Guerra de Sucesión española. Desde entonces, el condado ya no sería nunca más una entidad política y el espacio político de la actual Cataluña sólo volvería a definirse como tal mediante los estatutos de autonomía de 1932, 1979 y 2006.

Don Juan de Borbón

El heredero del trono español, Juan de Borbón, que estaba exiliado en Portugal, usó el título de conde de Barcelona durante el gobierno de Franco. Parece ser que era el título español más próximo al de rey de España que podía tomar sin ser coronado. Tras la restauración monárquica en 1975, Juan de Borbón no fue nombrado rey, sino que lo fue su hijo Juan Carlos I. En 1978 el rey concedió oficialmente el título a su padre, que lo mantuvo hasta su muerte en 1993, revirtiéndose a los títulos de la Corona, pues es un título Real.

El título es ostentado actualmente por el titular de los derechos a la Corona española, o sea, Juan Carlos I.

Don Felipe, Don Juan Carlos y Don Juan

viernes, 7 de mayo de 2010

La Familia Real: composición, honores y tratamientos



La Familia Real española está formada actualmente por el Titular de la Corona (el Rey), por su consorte, por sus hijos (Príncipe de Asturias e Infantas de España), por los consortes de éstos y por sus nietos. No forman parte de la Familia Real, pero sí de la familia del Rey, sus hermanas, también infantas de España.



La Constitución de 1978 establece en su artículo 57.1 que "La Corona de España es hereditaria en los sucesores de S.M. Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la dinastía histórica".


El Titular de la Corona


El Titular de la Corona es la persona que ocupa el Trono por derecho propio (Rey o Reina de España), en virtud de la aplicación de las reglas sucesorias fijadas por la Constitución.


Cuando la Corona pertenece a una mujer, se suele aludir a ella como "Reina propietaria", a fin de marcar la diferencia con la "Reina consorte", que es aquélla que se denomina así únicamente por ser la esposa del Rey.

En cualquiera de los dos casos el Titular de la Corona es aludido por su nombre de pila, al que se antepone el tratamiento de Majestad y va seguido del ordinal correspondiente según la lista de los Reyes de España, que continúa la de los Reyes de Castilla.





La Reina consorte o el Consorte de la Reina


Artículo 58: "La Reina consorte o el consorte de la Reina no podrán asumir funciones constitucionales salvo lo dispuesto para la regencia".

Cuando el Titular de la Corona es un varón, su consorte es la Reina y recibe el tratamiento de Majestad, mientras lo sea o permanezca viuda. Cuando el Titular de la Corona es una mujer, su consorte se denomina Príncipe y recibe el tratamiento de Alteza Real. No existe ningún impedimento constitucional para que una futura Reina de España eleve a su esposo a la dignidad de Rey consorte, con tratamiento de Majestad.


El Heredero de la Corona


Artículo 57.2: "El Príncipe heredero, desde su nacimiento o desde que ocurra el hecho que origine el llamamiento tendrá la dignidad de Príncipe de Asturias y los demás títulos vinculados tradicionalmente con el sucesor de la Corona de España".


La persona llamada directamente a la sucesión en el Trono (es decir, que se convertiría automáticamente en Rey o Reina) en caso de fallecimiento o abdicación del Titular, ostenta la dignidad de Príncipe o Princesa de Asturias y recibe el tratamiento de Alteza Real.


Esta dignidad y corresponden al Heredero de la Corona desde el mismo momento en que se produzca su posicionamiento en el primer lugar del orden de sucesión en el Trono, bien por su nacimiento (como sería el caso del primer hijo del Rey) o bien por pasar posteriormente a ocupar dicho lugar (como sería el caso de que el Príncipe de Asturias falleciese sin descendencia pero el Rey tuviese otros hijos o hijas).


El consorte del Príncipe o Princesa de Asturias participa del título y tratamiento, en este caso sin distinción de sexos.


Los hijos del Titular de la Corona


Los hijos e hijas del Titular de la Corona que no ostenten la dignidad de Príncipe o Princesa de Asturias, así como los hijos e hijas de este Príncipe o Princesa, son desde su nacimiento Infantes de España y reciben el tratamiento de Alteza Real.



Sus consortes, mientras lo sean o permanezcan viudos, ostentarán el título y recibirán el tratamiento que el Titular de la Corona, por vía de gracia, juzgue conveniente concederles, en uso de la prerrogativa que le reconoce el artículo 62.h de la Constitución.

Los nietos del Titular de la Corona


Los hijos e hijas de los Infantes de España tienen la consideración de Grandes de España, sin que ello dé origen a otro tratamiento especial distinto del de Excelencia.



De los matrimonios

Artículo 57.4: "Aquellas personas que teniendo derecho a la sucesión en el trono contrajeren matrimonio contra la expresa prohibición del Rey y de las Cortes Generales, quedarán excluidas en la sucesión a la Corona por sí y sus descendientes".

Por tanto el matrimonio de los hijos del Rey se convierte en un asunto de estado pues deben contar no solo con la aprobación del Monarca Español si no también el de las Cortes Generales; de lo contrario pierden los derechos de suceder en el trono.




Composición actual

  • Titular de la Corona: S.M. El Rey Don Juan Carlos I.

  • Reina Consorte: S.M. La Reina Doña Sofía.

  • Heredero de la Corona: S.A.R. El Príncipe de Asturias, Don Felipe de Borbón y Grecia.

  • Princesa Consorte: S.A.R. La Princesa de Asturias, Doña Letizia Ortiz Rocasolano.

Infantes de España:

  • S.A.R. la Infanta Doña Leonor (Nieta del Titular, Hija primogénita de SS.AA.RR. los Príncipes de Asturias).

  • S.A.R. la Infanta Doña Sofía (Nieta del Titular, segunda hija de SS.AA.RR. los Príncipes de Asturias).

  • S.A.R. la Infanta Doña Elena, Duquesa de Lugo (Hija de SS.MM. los Reyes de España).

  • S.A.R. la Infanta Doña Cristina, Duquesa de Palma de Mallorca (Hija de SS.MM. los Reyes de España).

  • S.A.R. la Infanta Doña Pilar, Duquesa de Badajoz (Hermana de S.M. el Rey de España).

  • S.A.R. la Infanta Doña Margarita, Duquesa de Soria y de Hernani (Hermana de S.M. el Rey de España).

  • S.A.R. el Infante Don Carlos, Duque de Calabria (Primo hermano de S.M. el Rey de España).

  • S.A.R. la Infanta Doña Alicia, Duquesa viuda de Calabria (Tía de S.M. el Rey de España. Infanta viuda por su casamiento con el infante Alfonso de Borbón-Dos Sicilias y Borbón, duque de Calabria.)


Consortes Reales:

  • Excmo. Sr. Don Iñaki Urdangarín, Duque consorte de Palma de Mallorca.
  • Excmo. Sr. Don Carlos Zurita, Duque consorte de Soria.
  • S.A.R. la princesa Doña Ana de Francia, Duquesa consorte de Calabria.

Otros nietos del Titular:

  • Excmo. Sr. Don Felipe Juan Froilán de Marichalar y Borbón, Grande de España.
  • Excma. Sra. Doña Victoria Federica de Marichalar y Borbón, Grande de España.
  • Excmo. Sr. Don Juan Valentín Urdangarín y de Borbón, Grande de España.
  • Excmo. Sr. Don Pablo Nicolás Urdangarín y Borbón, Grande de España.
  • Excmo. Sr. Don Miguel Urdangarín y Borbón, Grande de España.
  • Excma. Sra. Doña Irene Urdangarín y Borbón, Grande de España.

Antiguos miembros de la Familia Real:
  • Don Jaime de Marichalar, Consorte de S.A.R. la Infanta Doña Elena, desde 1995 a 2010.

Los Honores de la Corona

El saludo civil no está reglamentado por ninguna ley, por lo que habitualmente se utiliza el marcado por la tradición: para los caballeros una pequeña inclinación de cabeza, como signo de respeto, y para las damas aparte de una leve inclinación de cabeza también se suele hacer una pequeña genuflexión.


Si el saludo es militar, este se halla reglamentado en las Reales Ordenanzas de los tres Ejércitos. En ellas se indica que todos los militares de cualquiera de los Ejércitos saludarán militarmente a Sus Majestades los Reyes, a Su Alteza Real el Príncipe de Asturias, y a los Infantes de España, de acuerdo a lo que reglamentariamente se disponga en las preceptivas Ordenanzas. Aparte del habitual saludo militar (con la palma de la mano hacia abajo, en posición de casi 90 grados a la altura de la sien), el saludo deberá ir acompañado de una leve inclinación de la cabeza.


Con respecto al tratamiento a los miembros de la Familia Real, durante mucho tiempo se rigió por la costumbre y la tradición, ya que carecía de cualquier tipo de reglamentación oficial. Luego de lo especificado en la Constitución de 1978, en el año 1987 se aprueba un Real Decreto en el que se dan las pautas pertinentes para el correcto tratamiento, como se especifica ut supra.

Para dirigirse verbalmente al rey o a la reina se utiliza Su Majestad o Vuestra Majestad. Si se les nombra en una conversación debe referirse a ellos como Su Majestad el Rey o su Majestad la Reina. Lo mismo ocurre con el tratamiento del Príncipe de Asturias: se debe dirigirse a él como Su Alteza o Vuestra Alteza, y al referirse a él, debe usarse Su Alteza Real.


Para dirigirse por escrito al Rey o la Reina se debe utilizar Señor o Señora. En el caso del Príncipe, el tratamiento escrito deberá ser Alteza o Señor.


Los honores militares especificados en las ordenanzas correspondientes son:
  1. Rey de España. Arma presentada, Himno Nacional (primera parte completa), salvas de veintiún cañonazos, y siete voces de "¡Viva España!". Las Banderas contestarán al saludo de Su Majestad.

  2. Reina de España. Arma presentada e Himno Nacional (primera parte completa).

  3. Príncipe de Asturias. Arma presentada, Himno Nacional (primera parte sin repetición), diecinueve cañonazos de salvas y cinco gritos de "¡Viva España!".

  4. Infantes de España. Arma presentada e Himno Nacional (primera parte sin repetición).
En general se rinden estos honores cuando se preside algún acto oficial o en las recepciones y despedidas de los viajes oficiales. Siempre se deben rendir estos honores, salvo orden contraria expresa.



La Pascua Militar, en la que los asistentes rinden honores a don Juan Carlos como Jefe del Estado, marca el fin de las fiestas navideñas y siempre se celebra un día después del cumpleaños del monarca.