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lunes, 23 de enero de 2012

Los ballets de cour y la Ópera Royal

Luis XIV fue nombrado “el gran Rey Sol de Francia” luego de representar a Apolo, el dios griego del Sol y patrono de las artes, en el Ballet de la Nuit que era una alegoría. Su carisma, así como su entusiasmo y admiración hacia el ballet lo caracterizaron. Como en Versailles se vivía en una "existencia teatral", los miembros de la corte personificaban a mitos vivientes en los ballets y luego continuaban comportándose en su vida diaria de acuerdo al molde de su papel, al modo en que su monarca lo hizo con su interpretación de Apolo.

El Rey Sol en el “Ballet de la Nuit”


Ballets de cour es el nombre dado a aquellos ballets, los representados en la corte durante los siglos XVI y XVII. Jean-Baptiste Lully, de origen italiano, es considerado el más importante compositor de la música para estos eventos, que era instrumental. En varias ocasiones éste actuó junto a su monarca, ya que, además de compositor, era a la vez bailarín y violinista. El gusto refinado de Luis XIV atrajo a colaboradores y conocedores del arte de la danza que querían demostrar su talento en el ballet francés. Tanto es así, que hasta el célebre Molière se preocupó de escribir una obra para la danza en colaboración con Lully: Le Bourgeois Gentilhomme ("El burgués gentilhombre"). Durante su servicio bajo el Rey Sol como director de la Académie Royale de Musique, Lully no solo trabajó con Moliére, sino también con Pierre Beauchamp, Philippe Quinault y Mademoiselle De Lafontaine (première danseuse del Paris Opera Ballet) para desarrollar el ballet como una forma artística del mismo nivel que la música acompañante.


El Rey Sol tomaba clases diarias con el maestro Beauchamp y ante el público actuó por primera vez en el ballet de "Cassandre", en 1651, con sólo 13 años de edad. Frecuentemente participaba de los ballets durante el primer período de su reinado, en donde tomaba el rol de las divinidades más majestuosas, como Neptuno, Júpiter y Apolo, ya que así pensaba que debía ser la personalidad de quien ocupara el trono: majestuoso. Beauchamp, superintendent del ballet y director de la Académie Royale de Danse, codificó las cinco posiciones establecidas por Thoinot Arbeau en su Orchesographie de 1588. Enfatizando los aspectos técnicos de la danza, Beauchamp estableció las primeras reglas del ballet técnico, que se vieron por primera vez en L’Europe galante, en 1697.




Frances Yates ha señalado que la influencia italiana en el ballet de cour francés debe mucho a Catherine de Médici, ya en el siglo XVI: “Fue inventado en el contexto de los pasatiempos caballerescos de la corte, por una italiana y una Medici, la Reina Madre. Muchos poetas, artistas, músicos, coreógrafos, contribuyeron al resultado, pero fue ella la inventora, quizá podríamos decir, la productora, la que daba a las damas de su corte entrenamiento para realizar estos ballets en escenas de su elaboración.”


Las Academias Reales


Luis XIV fundó L’Académie Royal de Danse en 1661 y con ello transformó la danza en oficial, aunque no era un arte autónomo aún. Las producciones de la época eran una gran fusión de diferentes artes, y por ello resultaban suntuosas para los espectadores. Años más tarde la Academia se disolvió, aunque dejó su marca para los acontecimientos venideros.


Asimismo el Rey continuó participando como bailarín de ballet hasta 1669, cuando ya con cincuenta años las preocupaciones de estado le consumían todo su tiempo y abandonó la práctica de la danza. Fue en ese mismo año, que Luis XIV fundó L’Académie Royal de Musique, con el nombre de Ópera du Paris, que logró sobrevivir en sus comienzos gracias a la intervención y reorganización de Jean-Baptiste Lully en su dirección musical.


Las Academias formaron parte del absolutismo con sus reglas y orden, promoviendo un status quo del poder y una creatividad conservadora. Se crearon como un modo de otorgarle jerarquía a la corte de Versailles, para envidia de otros reinos y aunque comúnmente se suele destacar a esta época como una etapa de gran apogeo creativo, lo cierto es que el creador tenía tantas limitaciones por parte del poder que sólo podía ser un "súbdito repetidor". Luis XIV pretendía que ningún artista se sometiese a sí mismo sino a la voluntad del Rey, sólo para él creaba y de acuerdo a sus gustos y condiciones.

La innovación del escenario

Es allí cuando, a través de la instrucción sobre la danza y la consecutiva evolución técnica de sus intérpretes, se produce la caída del ballet de cour y pasa a transformarse en espectáculo público. Se pasó a los escenarios teatrales en lugar del uso de los salones para los espectáculos, donde la danza podía ahora ser vista por otros que no participaban de los bailes, en contraposición con lo que ocurría anteriormente en los salones donde los que observaban también bailaban.


Gracias a la perspectiva frontal y la importancia del centro del escenario, las coreografías se modificaron destacando el cuerpo de los bailarines y los movimientos del conjunto, a la vez que comenzó a utilizarse el en dehors.




La grandiosidad de la vida en la Corte era también representada en los bailes, ya que estos eran muy coreografiados y por demás ostentosos. Para cada ballet trabajaba mucha cantidad de gente, además de los bailarines, que intervenían en el aspecto creativo de escenografías, ornamentos y vestuario. Los trajes de los bailarines eran parecidos a los de los oficiales romanos pero modernizados bajo el punto de vista del siglo XVIII. Las bailarinas usaban largas polleras y ceñidos corpiños que impedían el libre movimiento y la buena respiración. Se comenzó a utilizar tacos para bailar, lo que modificó el eje corporal de los intérpretes.


Los bailarines y figurantes eran sólo hombres y para la representación de los papeles femeninos se solicitaba la participación de los muchachos más jóvenes. A partir de 1681, Luis XIV introduce en los espectáculos a mujeres verdaderas. Lully hace participar por primera vez a mujeres profesionales en el ballet "Le Triumphe de l’Amour", realizado en la corte con actuación de las damas más distinguidas en 1681. Más adelante en la historia L’Académie de Musique presentó en este ballet a cuatro de sus primeras bailarinas, destacándose Mademoiselle De Lafontaine, quien se convirtió en la primera première danseuse del ballet clásico.



Personaje de Alceste

Los ballets de cour se convirtieron en la comédie-ballet y luego en la opéra-ballet a lo largo del siglo XVIII. Esta era una forma completamente operática que incluía ballet como una prominente participación de la representación. Les Indes Galantes, de Jean-Philippe Rameau (1735) es considerado el trabajo que signó la diferencia de la danza social (ballroom) y el ballet.


La Ilustración y el teatro


Durante la Ilustración, el teatro se convirtió en un lugar donde las ideas políticas y sociales se consideraban y los mitos y supersticiones se pusieron a prueba. A medida que más pensadores de la Ilustración empezaron a cuestionar los dogmas de la religión, muchos ciudadanos del siglo XVIII comenzaron a reemplazar el púlpito con el escenario, y miraban al teatro para su instrucción moral, así como entretenimiento. La nobleza tenía mucho que ver con el resurgimiento del teatro durante este tiempo.


El teatro cortesano, que comenzó a alcanzar esplendor en el siglo XVII, se caracterizaba por la espectacularidad visual y auditiva, muy costosa, coherente con los temas y con el embellecimiento de esa rama del arte. Maquinaria, efectos escénicos, bastidores, perspectiva, vestuario, todo conseguía el buscado efecto de fiesta y regocijo para los sentidos. Para ello colaboraban importantes escenógrafos, arquitectos, pintores y los propios dramaturgos.


Armide en Versailles

Las cortes y las familias nobles más poderosas de Europa edificaron teatros privados en sus palacios y castillos. En Madrid en 1640 surgió el Coliseo del Buen Retiro, en el Palacio del mismo nombre, que, entre otras, va a ser testigo de esplendorosas representaciones de Calderón de la Barca. Junto a las habitaciones para huéspedes y la sala de fiestas, el Palacio Nuevo en el parque Sanssouci en Potsdam, posee una joya: un teatro de 226 plazas que Federico el Grande hizo instalar en el ala sur. El palacio Friedenstein en Gotha no sólo es la construcción más grande del barroco temprano en toda Alemania, tiene también su magnífico teatro barroco , que data de 1681. El Palacio Drottningholm, residencia de la familia real de Suecia, obtuvo en 1766 el Teatro de la Corte. El Palacio Yusupov, en el malecón del rio Moika, alberga un magnifico teatro privado que se ve como una miniatura del Teatro Mariinsky.


El modelo de la mayoría de los palacios de la época, Versailles, también tuvo su teatro propio: la Ópera Royal. Luis XIV trasladó su corte de la capital a Versailles, aspirando a obtener un mayor control del gobierno. La Ópera, que fue construida para Luis XV, sin embargo, no se construyó hasta más tarde. Diseñada por Ange-Jacques Gabriel, con una decoración interior por Agustín Pajou, la Ópera se sitúa en el extremo norte de la Aile des nobles; fue construida totalmente en madera y pintada para parecerse a mármol en una técnica conocida como falso mármol. Algunas partes del edificio, como el loge du roi y el boudoir du roi, representan algunas de las primeras expresiones de lo que se conoce como el estilo Luis XVI.


Interior de la tribuna real de la Ópera


Salas temporales


Durante los primeros años del reinado de Luis XIV, los teatros eran a menudo estructuras temporales, construidas para un evento en particular y destruidas después de su uso. El primer teatro de este tipo fue construido para la fiesta Plaisirs de l'Île enchantée, que se celebró en 1664. En el área oeste de lo que hoy es el Bassin d'Apollon, un teatro temporal fue construido en el que Molière representó su Princesse d'Élide el 8 de mayo. Durante esta fête un teatro adicional fue erigido en el interior del château para la presentación de otras tres obras por Molière: Les Fâcheux, Le Mariage Forcé y Tartuffe, que se estrenó de forma incompleta, aunque contenciosa. Ninguno de estos teatros sobrevivió a esta fiesta.

El Grand Divertissement real de 1668, que celebró el fin de la Guerra de Devolución, fue testigo de la construcción de un lujoso teatro temporal en los jardines sobre el sitio de la futura Bassin de Bacchus. Construido de cartón piedra, que fue dorado o pintado para parecerse a mármol y lapislázuli, el teatro albergaba 1.200 espectadores sentados, que asistieron al debut de George Dandinel de Molière el 18 de julio de 1668. Al igual que con el Plaisirs de l'Île enchantée, este teatro fue destruido poco después del final de la fête.


Plaisirs de l'Île enchantée



La tercera fiesta o, más exactamente, una serie de seis fiestas -Les Divertissments de Versailles- se llevaron a cabo en julio y agosto de 1674 para celebrar la segunda conquista del Franco Condado. La fête incluyó una serie de producciones teatrales que se pusieron en escena a lo largo del parque en teatros temporales. El 4 de julio, el Alceste de Lully se representó en el Cour de Marbre; el 11 de julio, L'Églogue de Versailles de Quinault cerca del Trianon de Porcelaine; ocho días después, la Grotte de Thétys sirvió de escenario para Le Malade Imaginaire de Molière y la obra Iphigénie de Racine debutó el 18 de agosto en un teatro construido en la Orangerie.


Pequeñas salas


A pesar de la necesidad de un teatro permanente en Versailles, no sería hasta 1681 que una estructura permanente sería construida. En ese año, el Comptes des Bâtiments du Roi registra pagos para un teatro que fue construido en la planta baja del castillo entre los corps de logis y el Aile de Midi. El interior del teatro - conocido como la Salle de la Comédie - contiene un semicírculo de asientos con palcos establecidos en las paredes laterales. Sobre la pared sur, colindante con la pared de la Escalier des Princes, estaba la tribuna real, que contenía un palco central octogonal y dos palcos más pequeños a cada lado. La salle de la Comédie funcionaría como un teatro de facto permanente en Versailles hasta 1769, cuando fue destruida con el fin de proporcionar acceso directo a los jardines desde la Cour Royale.



Première de La Princesse de Navarre, de Rameau, el 23 de febrero de 1745.



En 1688, Luis XIV ordenó la construcción de un pequeño teatro en el ala norte del Grand Trianon. Esta estructura fue destruida en 1703 para dar cabida a un nuevo apartamento para el rey.


Debido a que la salle de la Comédie fue diseñada para obras de teatro, Versailles carecía de un lugar en el que las producciones más elaboradas pudieran ser representadas. Para las grandes producciones se utilizaba la Grand Manège (el picadero cubierto) en el Gran Écurie, pero el espacio tenía sus limitaciones. En 1685, Luis XIV aprobó los planes para la construcción de un teatro permanente más grande que permitiría poner en escena espectáculos más elaborados, tales como pièces à machines.


Las pièces à machines eran presentaciones teatrales usando ballet, ópera y efectos especiales de puesta en escena que requerían una construcción donde acomodar la complicada maquinaria utilizada en la producción de estas obras. La Salle des Machines del Palacio de las Tullerías en París, diseñado por Carlo Vigarani, era el más cercano a Versailles. Sin embargo, con Luis XIV que no gustaba de París -en gran parte debido a su huida de las Tullerías en 1651- y su creciente deseo de mantener su corte en Versailles, el rey aprobó la erección de un teatro con un plan más grandioso que el de las Tullerías.


La construcción fue prevista para el extremo norte de la Aile des Nobles, y ya estaba en marcha cuando la Guerra de la Liga de Augsburgo, que comenzó en 1688, detuvo la construcción de forma permanente. No sería hasta el reinado de Luis XV, que la construcción en este sitio se reanudaría.



Alceste, de Lully (Versailles, 1674)



Regreso a teatros temporales y conversiones


Con el regreso de la corte a Versailles en 1722, los espacios utilizados por Luis XIV fueron de nuevo puestos en servicio para las necesidades de la corte. En 1729, como parte de las festividades para celebrar el nacimiento del delfín, un teatro temporal fue construido en la Cour de Marbre. La salle de la Comédie y la Manège de la Grand Écurie se siguieron utilizando como lo habían hecho durante el reinado de Luis XIV.


Sin embargo, debido a la propensión de Luis XV hacia un teatro más íntimo, fue creada una serie de salas temporales conocidas como los théâtres des cabinets. Estos teatros eran generalmente construidos en una de las habitaciones del petit appartement du roi, siendo usada frecuentemente la petite gallerie a partir de 1746. En 1748, la Escalier des ambassadeurs se convirtió en un teatro, en el que la Marquesa de Pompadour organizó y actuó en una serie de obras. Dos años más tarde, el teatro fue desmantelado cuando la Escalera fue destruida para la construcción del apartamento de Madame Adélaïde.


Plenamente consciente de la necesidad de un teatro más grande y más permanente, ya en la década de 1740 Luis XV consideró seriamente la reactivación de los planes de Luis XIV para construir una sala de espectáculos en el extremo norte del Ala de los Nobles. Sin embargo, debido a la Guerra de Siete Años, la construcción no comenzaría sino hasta casi 20 años después, en 1763.



La Marquesa de Pompadour y el Vizconde de Rohan actuando en la ópera Acis et Galatee, en el Thèâtre des Petites Cabinets (10 de febrero de 1749).



El diseño del arquitecto Gabriel para la Ópera fue excepcional en su época, ya que presentó un plan de óvalo. Como medida de economía, el piso del nivel de la orquesta puede ser elevado al nivel del escenario, es decir, duplica el espacio. La transición desde el auditorio al escenario es guiada por la introducción de un orden gigante de columnas corintias, con una cornisa de entablamento jónico. Rompiendo con los teatros de tradicional estilo italiano, dos balconadas delinean la sala, coronadas por una columnata amplia que parece extenderse hacia el infinito gracias a un juego de espejos. Estaba previsto que la Ópera debería servir no sólo como un teatro, sino como sala de baile o de banquetes.

Abrió sus puertas el 16 de mayo de 1770, con la representación de Persée, de Lully - escrito en 1682, el año en que Luis XIV se mudó al palacio -, en celebración del matrimonio del Delfín - el futuro Luis XVI – con María Antonieta.


El 1 de octubre de 1789 los Gardes du Corps du roi celebraron allí un banquete para dar la bienvenida al Regimiento de Flandes, que acababa de llegar para reforzar la protección de la familia real en contra de los rumores revolucionarios que se escuchaban en París. En este banquete, Luis XVI, María Antonieta y el Delfín recibieron la promesa de lealtad de los guardias. El periodista revolucionario Jean-Paul Marat describe el banquete como una orgía contrarrevolucionaria, con los soldados arrancando las escarapelas azul-blanco-rojo que llevaban puestas y sustituyéndolas por las blancas, el color que simbolizaba la monarquía Borbón. En verdad, no hay evidencia de este acto y los testigos reales y asistentes, como la dama de alcoba de la reina, Madame Campan, no registraron la destrucción de escarapelas. Este fue el último evento celebrado en la Ópera durante el Antiguo Régimen.



Inauguración de la Ópera, 16 de mayo de 1770



A pesar de la excelente acústica y el despliegue de opulencia, la Ópera no fue de uso frecuente durante el reinado de Luis XVI, en gran parte por razones de coste. Sin embargo, para aquellas ocasiones en que la Ópera se utilizaba, se convertían en los acontecimientos del momento. Algunos de los usos más memorables de la Ópera durante el reinado de Luis XVI fueron:


* El de 5 de mayo de 1777, recreación de Castor et Pollux, de Jean-Philippe Rameau, para la visita del emperador José II, hermano de María Antonieta;

* El 29 de mayo 1782, recreación de la ópera Iphigénie en Aulide, de Christoph Willibald Glück y el ballet Ninette à la Cour, de Maximilien Gardel;

* El 8 de junio de 1782, baile de trajes en honor del conde y la condesa du Nord, el Gran Duque Pablo y la Gran Duquesa María Feodorovna de Rusia, que viajaban de incógnito.

* El 14 de junio de 1784, recreación de Armide, de Glück, para la visita de Gustavo III de Suecia.



La Ópera Royal recibe a la reina Victoria durante el Segundo Imperio (1855)

martes, 26 de julio de 2011

Las joyas de El Pardo

En los tres acuartelamientos de la Guardia Real en El Pardo (El Rey, La Reina y El Príncipe) trabajan 1.700 militares: aviadores, marinos e infantes; alabarderos y lanceros; jinetes a caballo y artilleros, incluso perros adiestrados para localizar explosivos y buceadores de combate. La Guardia Real es una unidad de élite que no se parece a ninguna otra unidad del Ejército, forma parte de la Casa de Su Majestad el Rey y está diseñada para velar por la seguridad del monarca, rendirle escolta y honores, custodiar (al menos de forma simbólica) el palacio de la Zarzuela y los Reales Lugares y estar a su disposición para lo que necesite.

El Pardo


La Guardia Real es la depositaria de una de las mejores colecciones de coches del mundo, piezas únicas que cuidan con devoción. Son los vehículos históricos que Juan Carlos I heredó de Francisco Franco. Alguno se salvó de milagro del desguace e, incluso, del expolio por parte de la familia del dictador. Ese particular parque móvil que se ha logrado preservar está depositado en el cuartel El Rey, a espaldas del palacio de El Pardo, en el que Franco vivió y desde el que gobernó 35 años. No es fácil contemplar estos vehículos que durante décadas han permanecido ocultos; menos aún circular en ellos. Sin embargo, algunos todavía se usan en las grandes ceremonias del Estado, por lo que se les chequea y revisa a diario.

Siempre que se habla de Franco y de su época apenas se menciona nada sobre sus vehículos oficiales, un apartado que también ha escrito su propia historia. Todavía persisten en el recuerdo de los españoles aquellas caravanas de Cadillac negros entre los que destacaba el del Generalísimo, una limusina blindada en titanio que llevaba sobre sus aletas un banderín con cuatro estrellas.



Franco en su Rolls descapotable


A través de sus coches se pueden reconstruir décadas de la memoria de España. Suponen un peculiar manual de historia que muestra, por ejemplo, los saltos mortales de Franco en política exterior para eternizarse en el poder, que se materializaban en la nacionalidad del vehículo que usaba en cada momento para complacer a su aliado de turno. Desde su entrañable amistad con Adolfo Hitler (que le regaló en 1940 un Mercedes 540 todoterreno de seis ruedas) y su profunda admiración por el régimen nacionalsocialista (el otro imponente Mercedes, un 770 Pullman blindado y con motor de avión, es idéntico al que usaban Himmler y los jerarcas de las SS), a su súbito acercamiento a los americanos en cuanto los nazis perdieron la contienda (que se concretó en la compra de un Cadillac Fleetwood de 1948 y varios Buick Eight); su aproximación a los británicos en los ‘50 (que se tradujo en la compra de tres Rolls-Royce), hasta los intentos de presumir de poderío industrial (con un despampanante Chrysler Imperial que le fabricó a medida el empresario Eduardo Barreiros en 1964) y su vuelta al redil del complejo militar-industrial estadounidense, a partir de 1970 (con sucesivas generaciones de Cadillac Fleetwood, El Dorado y Brougham, que conservaría hasta el final de sus días).

Cuando Franco llegó a la Jefatura del Estado en 1939, el parque de vehículos era muy reducido. Se compraron vehículos Packard; tuvo el Ford 8 CV, que había sido fabricado en España y con el que tuvo un accidente en Cuenca, un Cadillac y un Hispano-Suiza 12 cilindros, regalo de la familia catalana Mateu, fabricantes de esta marca. Debido a los problemas y posterior cierre de Packard y al igual que la mayoría de la clientela americana de prestigio, Franco se pasó a Cadillac en los años cuarenta, entre otras razones porque eran berlinas muy lujosas, confortables, seguras y con resistentes carrocerías.


El Cadillac Fleetwood, hoy en venta


En las caravanas todos los Cadillac eran del mismo modelo y color y con el paso de los años se fueron renovando por otros más potentes y modernos. La Guardia Civil y la Guardia de Franco realizaban la escolta con estos vehículos. Al principio la mayoría eran descubiertos, pero poco a poco se impusieron los cerrados. Los escoltas que se situaban detrás utilizaban el modelo ElDorado, en el que el techo se plegaba. Dos barras de acero situadas detrás de los cabeceros de los asientos delanteros servían de asidero para los escoltas mientras iban de pie. En viajes largos, como los que se hacían todos los veranos a San Sebastián o Galicia, estos Cadillac servían para transportar material de todo tipo y equipaje personal de la familia. Gracias a su cambio automático, sobre la columna de dirección, su conducción era placentera.

En los años 60 la mayoría de los mandatarios extranjeros cambiaron sus coches oficiales y de representación por Mercedes-Benz. Sin una explicación aparentemente lógica, Franco decidió conservar los Cadillac hasta sus últimos días. Aunque Hitler le regaló los famosos Mercedes G4 y 770, el Generalísimo continuó usando vehículos de la firma estadounidense. También se adquirieron tres Rolls-Royce Phantom IV, pero aún así no hubo forma de “bajarlo” de los Cadillac.

Regalos de lujo

El primero de los obsequios de Adolfo Hitler fue el famoso Mercedes de seis ruedas. En el período de 1934 a 1940 hubo varios todo-terreno fabricados por la compañía alemana, de los cuales el más representativo fue el 540 G4: en su primer año de fabricación se montaron tres unidades con un acabado exclusivo, lo que ha inducido a creer que sólo se produjeran éstos. Dos de los tres Mercedes de tres ejes fueron regalados por Hitler a Benito Mussolini y Francisco Franco. Pero en 1935 se construyeron cuatro Mercedes TT más y, entre 1937 y 1939, se ensamblaron un par más cada año.


El célebre Mercedes de 6 ruedas, regalo de Hitler


El otro Mercedes Benz que se conserva en la Casa Real es un 770 Grosse (grande) Pullmann-Limousine de 1942. La línea de la carrocería es similar a la del 540, pero solo utiliza dos ejes y su filosofía de uso fue bastante diferente. El original se presentó en el Salón del Automóvil de París, en 1930: pesaba 2700 kilogramos, medía 5.6 metros y utilizaba un motor de 8 cilindros en línea de casi 8 litros. De esta primera serie se fabricaron solo cien unidades hasta 1938. El sustituto resultó ser muy parecido, un poco más largo y la gran novedad fue un compresor Roots elevaba la potencia de 150 a 230 caballos. De esta última serie se montaron 88 unidades, la mitad fueron descapotables, diez berlinas y solo ocho de los dieciocho que se fabricaron con carrocería limousine se blindó su parte trasera, como la de la Casa Real. Esta protección suponía un incremento de peso total hasta los 4300 kilogramos, que le impedían poder pasar de 80 o 90 kilómetros por hora. Los 770 fueron muy solicitados durante unos años en que los Jefes de Estado tenían la necesidad de imitar a Hitler en su parafernalia diaria de desfiles y paradas militares.

La gran excepción al uso cotidiano de los Cadillac fueron los tres Rolls-Royce que compró la Casa de Franco a la firma inglesa y que fueron entregados el 28 de marzo de 1952. Del modelo Phantom IV sólo se montaron dieciocho unidades que fueron vendidas a reyes, jefes de Estado y príncipes. Pero el dato más importante es que España posee tres unidades, mientras que la Casa real británica solo conserva dos. De eos tres, uno solo es convertible, el que fue utilizado en el enlace de la Infanta Cristina con Iñaki Urangarín en 1997 y luego en 2004, para la boda del Príncipe de Asturias con Doña Letizia Ortiz.


El primer desfile del rey Juan Carlos en el Rolls-Royce convertible (1975)


El silencioso propulsor que utilizan los Phantom es de 8 cilindros y desarrolla la “suficiente” fuerza -160 caballos-, ya que la marca Rolls-Royce nunca revela la potencia de sus coches. Cuando llegaron estos Rolls a España no traían ruedas y hubo que adaptarles unas de camión. En la década del ’90 todo fue sustituido por materiales de origen y en la actualidad las tres limusinas prestan sus servicios a la Casa Real sin plantear problema alguno. Son custodiados y mantenidos meticulosamente por personal especializado del propio ejército.

Siempre que Franco asistía a presentaciones de factorías o inauguraciones era obsequiado con algún modelo de coche, aunque en algunas ocasiones los rechazara. Eduardo Barrientos, que inició su carrera transformando motores en Galicia y que posteriormente se instaló en Villaverde, fabricó una serie de Chrysler Imperial con el propósito de vender una veintena de unidades en España. Al final no hubo un público que respondiera a la fábrica de Barreiros y muchos de los Imperial se quedaron sin vender. La genial idea de su creador fue cederle tres unidades a la Casa de Franco y de este modo crearse un prestigio. El resultado fue muy satisfactorio y, tal como se pensó, todos los Imperial fueron vendidos a gente de alta representación. Franco lo usó menos que el Cadillac, aunque era utilizado por la escolta como coche de respeto en las caravanas. Esto es, cuando un coche se averiaba éste ocupaba su lugar. En la actualidad es uno de los pocos coches que, junto con los Cadillac y los Rolls, continúa dando servicio en la Casa real como vehículo de cortesía.

Los Reyes en otro de los Rolls-Royce Phantom IV


Aunque la mayoría de los coches fueron adquiridos por Franco, muchos otros que se conservan hoy en El Pardo han sido regalos de mandatarios o amigos personales a los Reyes. “Hace unos años”, cuenta una fuente, “surgió una gran polémica sobre la propiedad del Mercedes 540. Según la hija de Franco, este vehículo fue un regalo personal de Hitler a su padre, en 1940. El tiempo ha pasado y el Mercedes continúa en manos de la Guardia Real.

La herencia de un monarca sin corona

La colección de vehículos aporta otras pistas sobre su personalidad. Para empezar, dada su escasa estatura, detestaba los coches altos. Tampoco le gustaba que el conductor fuera más cómodo que él, como era el caso del Chrysler Imperial; disfrutaba con los descapotables y, aunque España estuviera en la ruina, siempre adquirió los mejores modelos de la época.

Cuando cogía manía a un coche oficial, se lo transfería a su mujer, Carmen Polo; por ejemplo, el Rolls-Royce Silver Wraith de 1950. La Señora (como se hacía llamar en su particular corte) más espigada que el general, prefería coches de techo más alto para acceder a ellos con sombrero o peineta. Hasta 1974, cuando Franco se hizo con una nueva flotilla de Cadillac Fleetwood, ninguno de sus vehículos incorporó aire acondicionado.



El Buick de caza (1949)


De este conjunto de coches históricos se deduce que Franco era un obseso por la caza, hasta el punto de hacerse instalar en la parte trasera de un Buick Eight de 1949 dos sofisticados sillones tipo barbero que giraban 360 grados para poder disparar en todas las direcciones mientras el vehículo marchaba descapotado a toda velocidad. Esos asientos están delicadamente tapizados en piel roja y el respaldo de los delanteros está diseñado para que Franco colocara tres escopetas. A sus pies se conservan unas mantas escocesas ribeteadas de piel para que no cogiera frío. Este modelo fue modificado en los talleres del Ejército en Torrejón de Ardoz (Madrid), al igual que un Land Rover con una pequeña torreta diseñada también para la caza. El mismo Mercedes de seis ruedas también lo utilizó una vez para ir de Valdepeñas a una montería, aunque el problema de todos estos coches era el peso tan elevado que tenían y la tracción tan mala que llevaban. El Buick se atascaba con gran facilidad en las zonas lodosas y lo mismo sucedía con el Mercedes, aún teniendo fuerza en los dos ejes posteriores. Otro de los vehículos que se conservan en perfecto estado es un camión-vivienda que usó Franco durante la Guerra Civil: tiene un despacho equipado y un dormitorio, entelado y alfombrado. En la misma línea también hubo un camión-cocina y un camión-comedor. Algunos de estos vehículos sirvieron después para las cacerías.

Como todo dictador que se precie, otra de sus manías era su seguridad. Todos los vehículos de Franco están blindados, alguno, como el Cadillac de 1948, con rudimentarios cristales de cuatro dedos de grosor que le fabricaron en la factoría de armas de Trubia (Asturias), y otros, con planchas de acero propias de un carro de combate, como el Chrysler de 1964. La mayoría solo lo están en su parte posterior (donde viajaba Franco), dejando al chófer a la intemperie. Por contra, la gran mayoría son descapotables, lo que parece un sinsentido.


El Rolls-Royce Phantom IV descapotable (1952)



Según el capitán Emilio Galindo, oficial a cargo de los vehículos históricos, "esa absurda idea sobre la seguridad que se limitaba a blindar los laterales y los bajos del coche y dejaba el techo descubierto duró hasta el atentado a Kennedy, en Dallas, en 1963, donde se demostró que un tirador apostado en una posición elevada podía acabar con un jefe de Estado. A partir de ahí se acabaron los descapotables. De hecho, cuando el Príncipe de Asturias contrajo matrimonio con doña Letizia, hubo que diseñar una pérgola de cristal a prueba de balas para cubrir el Rolls-Royce Phantom IV descapotable con el que iban a cruzar Madrid. Los atentados, desgraciadamente, nos dieron más lecciones de seguridad: era importante proteger la zona del conductor, porque si este era alcanzado, el automóvil quedaba inmovilizado y el jefe del Estado a merced de los terroristas. Y también era conveniente blindar el techo, porque alguien podía colocar un artefacto explosivo encima. Y lo mismo pasa con los escoltas en moto, que no es una cuestión estética, sino que son fundamentales para establecer una cápsula de seguridad en torno al jefe de Estado y que nadie pueda acercarse.”

Franco siempre temió por su vida. Cuando cruzó por primera vez el umbral del palacio de El Pardo, en la mañana del 15 de marzo de 1940, situó su dormitorio en el rincón más recóndito del edificio, con vistas a un patio sombrío, en el extremo opuesto de los impresionantes jardines que rodean la residencia. El conjunto palaciego, a siete kilómetros de Madrid, formaba parte del antiguo Patrimonio de la Corona y estaba inmerso en 15.000 hectáreas de bosques cercados y perfectamente conservados; un ecosistema único en Europa habitado por ciervos, gamos, jabalíes y gatos monteses, que suponía el último vestigio de las inmensas propiedades de los antiguos reyes de España y que el General Franco, monarca absoluto sin corona, eligió como hogar tras la contienda. La decisión de Franco (y su esposa) se basaba, según el historiador Paul Preston, en tres atractivos que tenía el enclave para la pareja: "Su pasado real, su seguridad y el hecho de que el monte que rodeaba la finca era ideal para la caza".



El 20 de noviembre de 1975 moría el dictador. El día 25, un decreto creaba la Casa de Su Majestad el Rey en la que se integrarían todos los miembros de la organización del anterior jefe del Estado. Don Juan Carlos heredaba la espesa maquinaria del franquismo. Sin embargo, nunca viviría en el palacio de Franco, continuaría en La Zarzuela, un palacete del siglo XVII situado en el mismo monte de El Pardo, al que había llegado de recién casado.

lunes, 28 de marzo de 2011

El Ducado de Cádiz


El Ducado de Cádiz es el título concedido por Fernando V a Rodrigo Ponce de León (1484-1492), III Conde de Arcos, II Marqués de Cádiz, de la Casa de Arcos. Su nombre se refiere a la ciudad andaluza de Cádiz.



Bandera de la ciudad de Cádiz


Una vez muerto el primer duque, los Reyes Católicos negociaron con su heredera Francisca Ponce de León (1492-1493) la caducidad del marquesado y ducado de Cádiz, reincorporando la ciudad a la Corona tras la muerte de la segunda duquesa. El título permaneció en desuso hasta el siglo XIX.


Desde entonces el título de duque de Cádiz lo han ostentado varios miembros de la familia del rey: Francisco de Asís de Borbón, primogénito del Infante de España Francisco de Paula de Borbón y de Luisa Carlota de Borbón Dos Sicilias, y, tras su muerte en la primera infancia, su hermano (de igual nombre) don Francisco de Asís de Borbón, rey consorte por su matrimonio con Isabel II, quien apenas utilizó este título en vida, y a cuya muerte dicho título volvió a revertir a la Corona.


Rodrigo Ponce de León, 1r Duque de Cádiz por creación de los Reyes Católicos


Una vez Alfonso XIII asumió el trono en 1902, recibió el ducado su primo el Infante de España Fernando de Baviera y Borbón y él lo portó hasta su muerte en 1958, en que revirtió a la Corona. Por último, su descendiente don Alfonso de Borbón y Dampierre recibió el título por parte del abuelo de su esposa, el dictador Francisco Franco. Tras su muerte, el título volvió a revertir a la Corona una vez más.


Lista de Titulares


Primera creación por Fernando V e Isabel I de Castilla


I - Rodrigo Ponce de León (1484-1492)

II - Francisca Ponce de León y de la Fuente (1492-1493)


Segunda creación por Fernando VII


I - Francisco de Asís de Borbón y Borbón (1820-1821)

II - Francisco de Asís de Borbón y Borbón (1822-1902)

III - Fernando de Baviera y Borbón (1902-1958)


Tercera creación por Francisco Franco


I - Alfonso de Borbón y Dampierre 1972-1989




Francisco de Asís de Borbón y Borbón, 1r Duque de Cádiz por creación de Fernando VII


El último duque de Cádiz


Fue Alfonso Jaime Marcelino Manuel Víctor María de Borbón y Dampierre, rey titular de Francia como Alfonso II de Borbón (1936- 1989), nieto de Alfonso XIII de España. Fue pretendiente legitimista al trono de Francia entre el 14 de marzo de 1975, fecha de la muerte de su padre —Enrique VI, de iure— y su muerte, el 30 de enero de 1989.


Su padre renunció en 1933 a los derechos de sucesión al trono de España para él y sus descendientes por su limitación física, ya que era sordo-mudo, y por expresa orden del rey Alfonso XIII de España, su padre, que en aquel entonces ya se encontraba en el exilio debido a la proclamación en 1931 de la Segunda República Española. Además, Jaime de Borbón contrajo matrimonio, algunos años después, con Emmanuella de Dampierre, una mujer que, aunque de familia noble, no pertenecía a la realeza, un requisito para no quedar excluido de la línea de sucesión, que estuvo vigente en la monarquía española desde el reinado de Carlos III.




Don Alfonso, futuro Duque de Cádiz, en brazos de su abuelo, el rey Don Alfonso XIII.



Alfonso de Borbón sólo tuvo un hermano, Gonzalo de Borbón y Dampierre (1937- 2000), con quien tuvo muy buena relación. Sus padres se separaron muy pronto, y el infante Jaime se volvió a casar, esta vez con una cantante prusiana; mientras tanto, Emmanuella de Dampierre se casó con un empresario milanés. Los dos hermanos Borbón y Dampierre deambularon por internados suizos varios, y solían ir a Lausana, para visitar a su abuela, la reina Victoria Eugenia de Battenberg, que les profesaba verdadero afecto. Alfonso XIII nunca consideró a sus nietos Alfonso y Gonzalo miembros de la línea sucesoria debido a la renuncia de su padre. En 1954, tras el permiso del general Franco, volvieron los hermanos a España. Alfonso de Borbón se licenció allí en Ciencias Políticas.


Francisco Franco designó en 1969 al primo de Alfonso, Juan Carlos de Borbón y Borbón como sucesor tras su muerte. Años antes, Alfonso de Borbón había especulado en televisiones francesas con la posibilidad de ser rey de España. -"Hay tres condiciones: tener sangre real, tener 30 años y ser español, y obviamente yo cumplo esos requisitos" dijo entonces Alfonso de Borbón y Dampierre. Estas especulaciones tuvieron su origen posiblemente cuando su padre, Jaime de Borbón y Battenberg se retractó de su renuncia al trono y se autoproclamó Jefe de la Casa Real de los Borbones en sus ramas española y francesa, así como duque de Anjou. Cuando Franco designó al futuro Juan Carlos I como su sucesor, nombró a Alfonso de Borbón y Dampierre embajador de España en Suecia. Fue ahí donde conoció a su futura esposa, María del Carmen Martínez-Bordiú y Franco, nieta del propio Franco. El padre de María del Carmen, el marqués de Villaverde, Cristóbal Martínez-Bordiú, la llevó a un acto al que Alfonso de Borbón le había invitado.



La boda entre el nieto del rey Alfonso XIII y la nieta del General Franco


Después de que Alfonso de Borbón y Dampierre contrajese matrimonio con Carmen Martínez-Bordiú en mayo de 1972, los rumores de una posible alteración de la línea sucesoria reaparecieron. El matrimonio recibió el ducado de Cádiz, título que ella sigue utilizando pese a no ser la poseedora legal del mismo. Algunos familiares y personas del entorno de Francisco Franco y Jaime de Borbón y Battenberg, querían que esta unión significase que Alfonso de Borbón y de Dampierre fuese designado sucesor de Franco con el título de rey, en lugar de su primo hermano Juan Carlos de Borbón y Borbón. Franco sentía verdadera aversión hacia Juan de Borbón y Battenberg y desde algunos sectores se especulaba que dicho cambio tendría lugar. Sin embargo, el Generalísimo no alteró los planes de sucesión de la Jefatura del Estado previstos desde 1969 y Juan Carlos de Borbón fue proclamado Rey de España, tras su muerte, el 20 de noviembre de 1975.


Tras la boda Borbón - Martínez-Bordíu, los recién casados se trasladaron a Estocolmo, donde Alfonso siguió desempeñando las labores de embajador durante todo su mandato. Estando en Suecia, el matrimonio anunció que estaban esperando su primer hijo: Francisco de Borbón y Martínez-Bordíu nació en 1972 en Madrid. Tuvo como padrinos a su bisabuelo Francisco Franco, y a su bisabuela, Vittoria Ruspoli. Dos años después, nació Luis Alfonso de Borbón y Martínez-Bordiú.



Los duques de Cádiz con sus hijos


En 1982 Alfonso de Borbón y Carmen Martínez-Bordiú se divorciaron. Dos años después, Francisco de Borbón, su hijo, falleció en un trágico accidente de automóvil, en el que estaban también su padre y su hermano Luis Alfonso. El nieto de Alfonso XIII sufrió un gran golpe psicológico tras saber del fallecimiento de su hijo mayor.


Su propia muerte, el 30 de enero de 1989, también tuvo características trágicas y misteriosas, en un accidente de esquí en Beaver Creek, Colorado. Fue repatriado posteriormente y enterrado en el Monasterio de las Descalzas Reales, donde descansan también los restos de su hijo Francisco y, desde el año 2000, los de su hermano Gonzalo, fallecido en Lausana, Suiza, a consecuencia de la leucemia.


Alfonso de Borbón y de Dampierre fue considerado por algunos sectores (muy minoritarios) del legitimismo francés como cabeza de la casa real francesa con el nombre de Alfonso II de Francia, al ser el supuesto descendiente más directo por línea paterna de Hugo Capeto y, por tanto, heredero de los antiguos reyes franceses según el derecho del Antiguo Régimen. Sin embargo, estas pretensiones jamás han obtenido ningún reconocimiento ni validez oficial, e incluso su misma base ha sido cuestionada debido a la explícita renuncia de derechos del padre de Alfonso, para sí y para sus descendientes.



Emblemática fotografía: el pretendiente legitimista al trono de Francia, con su heredero, en la residencia de los monarcas del Antiguo Régimen, el Château de Versailles



Desde la muerte del duque de Cádiz, su hijo Luis Alfonso de Borbón Martínez-Bordiú es considerado por algunos monárquicos franceses como Luis XX de Francia, virtual rey de dicho país, y titular de los ducados de Anjou, de Borbón y de Touraine, aunque oficialmente no se le reconocen tales distinciones, ni ninguna otra. En 1987, el gobierno español estableció que el título de duque de Cádiz no era hereditario al estar vinculado tradicionalmente a la Corona y Luis Alfonso no podría heredarlo, ya que no había sido otorgado por el jefe de la Casa Real. Tampoco le reconoce el tratamiento de Alteza Real pues no ha sido concedido por el Rey y, al igual que los ducados ya nombrados, no tienen validez en España.


miércoles, 15 de septiembre de 2010

El Delfín de Francia (Dauphin de France)

El Delfín de Francia, en sentido estricto, el Delfín de Vienne (Dauphin de Viennois), era el título dado al heredero al trono de Francia, hijo legítimo del monarca reinante, desde 1350 hasta 1791 y desde 1824 a 1830. La palabra alude, literalmente, a los animales que llevaban en su bandera.

Guy VIII, conde de Vienne, tenía un delfín en su escudo de armas y había sido apodado le Dauphin (Delfín en francés). El título de Delfín de Vienne descendía en su familia de los Levieux, Príncipes de Ivetot, posteriormente Señores del Dauphiné (Delfinado), que se autoproclamaban Delfines de Viennois y Condes de Albon. En 1349 Humberto II vendió su señorío al rey Felipe VI con la condición de que la corona francesa adoptara el título adjunto a la tierra y gobernara el Delfinado como una provincia separada. Y que el heredero al trono tuviese el título de Delfín. La esposa del Delfín sería conocida como la Delfina (Dauphine).

Pequeño sello de Humberto II de Vienne


Imitando a los Delfines de Vienne, una rama de los Condes de Auvernia adoptó el título de Delfín de Auvernia, que permanecería hasta la Revolución Francesa.

El primer príncipe francés llamado le Dauphin fue Carlos de Valois, futuro Carlos V. El título era más o menos equivalente al título inglés Príncipe de Gales, el escocés Duque de Rothesay, o el español Príncipe de Asturias. El tratamiento oficial de un delfín de Francia, antes de 1461, fue Par la grâce de Dieu, dauphin de Viennois, comte de Valentinois et de Diois ("Por la Gracia de Dios, Delfín de Vienne, conde de Valentinois y de Diois").


Charles, 8º Dauphin de France, coronado como Charles VI en 1380, en Reims


Un Delfín de Francia uniría el escudo de armas del Delfinado, que tenía delfines, con las flores de lis francesas, y podría en su caso unirse con otras armas (por ejemplo, François, hijo y delfín de Francisco I, era duque gobernante de Bretaña, por lo que unió el escudo de armas de esa provincia a las armas típicas de un Delfín de Francia; Francisco II, mientras que Delfín, fue también rey de los escoceses por su matrimonio con María, reina de Escocia, y por ello añadió las armas del Reino de Escocia a las del Delfín de Francia).


Armas del Delfín Francisco, rey consorte de los Escoceses


Durante su período como Delfín, Luis, hijo de Carlos VII, desafió a su padre por permanecer en el Delfinado más de lo que el rey había permitido y por hacer política personal más beneficiosa para el Delfinado que para Francia. Por ejemplo, se casó con Carlota de Saboya contra los deseos de su padre. Saboya era un aliado tradicional del Delfinado y Luis deseaba reafirmar tal alianza para acabar con los rebeldes y bandidos de la provincia. Luis fue expulsado del Delfinado por los soldados de Carlos VII en 1456, dejando a la región que cayera en el desorden. Después de su sucesión como Luis XI de Francia en 1461, unió el Delfinado con Francia, dejándolo de forma permanente bajo el control real.

El título de Delfín era conferido automáticamente al heredero aparente al trono de Francia en línea directa desde el nacimiento, la ascensión de los padres al trono o la muerte del anterior Delfín, a diferencia del título inglés de Príncipe de Gales, que siempre había sido una concesión del monarca antes que un derecho automático de nacimiento.


Luis XIII de Francia, hijo de Henri IV y Maria de Médicis

Para tener el título de Delfín no bastaba con ser el heredero del trono, era necesario ser hijo del Rey reinante. Así, Francisco I de Francia, primo de su predecesor Luis XII jamás fue Delfín. Hasta el reinado de Luis XIV se hablaba del Delfín de Vienne. Posteriormente el título pasó a denominarse Delfín de Francia. El primer Príncipe francés conocido como Delfín de Francia fue Juan II, que sucede en el trono a Felipe VI de Francia. El último fue el Duque de Angulema, hijo de Carlos X, que renuncia al título en 1830 para ser nombrado Rey.

El título fue abolido por la Constitución de 1791, que convirtió a Francia en una monarquía constitucional. Según la Constitución el heredero al trono (el Delfín Luis Carlos en ese momento) cambiaba su tratamiento a Príncipe Real (un príncipe de la sangre sería retitulado como prince français), siendo efectivo desde el inicio de la Asamblea Legislativa el 1 de octubre de 1791. El título fue restaurado in potentia bajo la Restauración borbónica de Luis XVIII; no hubo, sin embargo, otro Delfín hasta su muerte. Con la ascensión de su hermano Carlos X, el hijo de éste y heredero, Luis Antonio, Duque de Angulema, automáticamente se convirtió en Delfín.

Louis Charles, Dauphin de France, tercer hijo de Luis XVI y Marie Antoinette

No obstante, con la caída de los Borbones el título cayó una vez más en desuso (los herederos de Luis-Felipe serían titulados como Príncipe Real). Después de la muerte de Henri, conde de Chambord, Carlos, duque de Madrid, heredero del reclamante legitimista Juan, conde de Montizón, hizo uso del título en pretensión, al igual que los reclamantes legitimistas españoles desde entonces.

En la actualidad, la palabra Delfín se usa corrientemente para designar al sucesor en algún cargo.

Lista de Delfines

Casa de Albon

  • Guigues I leVieux (v. 1000-1070)
  • Guigues II el Gordo (1020-1079)
  • Guigues III el Conde (1050-1133), Primer Conde de Albon (parte meridional del antiguo condado de Vienne)
  • Guigues IV Dauphin (el Delfin) (1095-1142)
  • Guigues V (1120-1162)
  • Beatriz de Albon (1161-1202)


La Tour d'Albon

Casa de Borgoña


  • Guigues VI (1184-1237)
  • Guigues VII (1125-1269)
  • Juan I (1263-1282)
Casa de la Tour de Pin

  • Humberto I (12??-1306)
  • Juan II (1280-1318)
  • Guigues VIII (1309-1333)
  • Humberto II (1312-1355)
En 1349, Humberto II vende el delfinado al Rey de Francia. Éste lo convierte en la herencia del hijo mayor, que toma el título de Delfín de Francia.


Estandarte del Delfinado

Casa de Valois

  • Carlos de Valois, duque de Normandía (1338-1380), hijo de Juan II, futuro Carlos V
  • Carlos de Valois (1369-1422), hijo de Carlos V, futuro Carlos VI
  • Carlos de Valois (1386), hijo de Carlos VI
  • Carlos de Valois (1392-1401), segundo hijo de Carlos VI
  • Luis de Valois, duque de Guyena (1397-1415), tercer hijo de Carlos VI
  • Juan de Valois, duque de Turena (1398-1417), cuarto hijo de Carlos VI
  • Carlos de Valois, conde de Ponthieu (1403-1461), quinto hijo de Carlos VI, futuro Carlos VII
  • Luis de Valois (1423-1483), hijo de Carlos VII, futuro Luis XI
  • Francisco de Valois (1466), tercer hijo de Luis XI
  • Carlos de Valois (1470-1498), cuarto hijo de Luis XI, futuro Carlos VIII
  • Carlos Rolando de Valois (1492-1495), hijo de Carlos VIII
  • Carlos de Valois (1496), segundo hijo de Carlos VIII
  • Francisco de Valois (1497-1498), tercer hijo de Carlos VIII

Rama de Valois-Orleáns

  • NN de Valois (1508), hijo de Luis XII
  • NN de Valois (1512), hijo de Luis XII

Rama de Valois-Angulema
  • Francisco de Valois, duque de Bretaña (1518-1536), hijo de Francisco I de Francia
  • Enrique de Valois, duque de Orleáns y Bretaña (1519-1559, segundo hijo de Francisco I, futuro Enrique II
  • Francisco de Valois (1544-1560), hijo de Enrique II, futuro Francisco II


François, Dauphin de France, Duque de Bretaña, hijo de François I de Francia y Claude de Bretaña


Casa de Borbón

  • Luis, Delfín de Francia (1601-1610), futuro Luis XIII
  • Luis, Delfín de Francia (1638-1643), futuro Luis XIV
  • Luis, el Gran Delfín (1661-1711)
  • Luis, Duque de Borgoña, (1711-1712)
  • Luis, Duque de Bretaña, (1712)
  • Luis, Delfín de Francia, (1712-1715), futuro Luis XV
  • Luis, Delfín de Francia (1729-1765)
  • Luis Augusto, Duque de Berry, (1765-1774), futuro Luis XVI
  • Luis José de Francia, Duque de Bretaña, (1781-1789)
  • Luis-Carlos, Duque de Normandía, Delfín de Francia (1789-1791), luego Príncipe Real, futuro Luis XVII
  • Luis-Antonio de Borbón y Saboya, Duque de Angulema 1824-1830


Representación lineográfica de las Armas del Delfín de Francia


martes, 15 de junio de 2010

El Duque de Orléans

El Ducado de Orleans (en francés, Duché d'Orléans) es uno de los títulos más importantes de la nobleza francesa. Inicialmente fue un feudo francés, que sólo debió ser al principio un condado del imperio carlovingio. Cuando Carlos el Calvo volvió a formar los ducados, formaba parte del de Francia y era, por consiguiente, un sub-feudo de la Corona, pero volvió pronto a los duques. Roberto I (rey, o por lo menos competidor al trono, en 923) era conde de París y de Orleans, al mismo tiempo que duque de Francia.

Hugo el Grande y Hugo Capeto heredaron estos títulos, de modo que una misma persona poseía el feudo y los dos sub-feudos, que fueron las más sólidas bases del nuevo dominio real y del mismo poder real. El condado de Orleans no fue separado nunca de la Corona mientras reinó la línea directa de los Capetos, pero sí lo fue después con frecuencia:

1º - Felipe VI le erigió en ducado y se lo cedió a su cuarto hijo Felipe, que murió en 1375,
2º - Carlos V dio este título a su hijo segundo, Luis (1392), cuyo nieto, Luis XII, subió al trono en 1498 y lo reunió otra vez a los dominios de la Corona,
3º - Luis XIII lo separó de nuevo para su hermano Gaston, que no tuvo más que una hija (Mademoiselle),
4º - Entonces pasó al hermano de Luis XIV, Felipe I.


Carlos de Valois, Duque de Orleans (1394-1465)


El título de duque de Orleans se atribuía a algún príncipe de la familia real, los llamados princes du sang, por lo que constituía una línea secundaria en la sucesión al trono.

Durante el antiguo régimen, el titular del ducado era una figura política importante. Los Orleans subieron al trono con Luis XII en el siglo XV y Luis Felipe en el siglo XIX. Los descendientes de la familia son los pretendientes orleanistas al trono, y candidatos a él en caso de una restauración monárquica en Francia. El poseedor del título usaba el estilo de Alteza Serenísima.


Casa de Valois

Primera creación
  • 1344-1375: Felipe de Valois, duque de Orleans (1336 - 1376), hijo de Felipe VI de Francia.

Segunda creación
  • 1392 - 1407: Luis I de Orleans (1372 - 1407), hijo de Carlos V de Francia.
  • 1407 - 1465: Carlos I de Orleans (1391 - 1465), conde de Angulema
  • 1465 - 1498: Luis II de Orleans (1462 - 1515), rey de Francia como Luis XII desde 1498.


El Château de Blois, en el Valle del Loira, adquirido por Luis, Duque de Orleans y lugar de residencia de varios reyes franceses


Tercera creación
  • 1522 - 1545: Carlos II de Orleans (1522 - 1545) hijo de Francisco I de Francia.

Cuarta creación

  • 1549 - 1550: Luis III de Orleans (1549 - 1550) hijo del rey Enrique II de Francia, nombrado duque de Orleans desde su nacimiento.
  • 1550 - 1560: Carlos III de Orleans (1550 - 1574) hijo del rey Enrique II de Francia. Reinó como Carlos IX desde 1560.
  • 1560 - 1574: Enrique, duque de Orleans (1551 - 1589) hijo de Enrique II de Francia. Duque de Orleans desde 1560. Reinó como Enrique III sucediendo a su hermano Carlos IX.

Casa de Borbón

  • 1607 - 1611: Nicolás Enrique de Francia (1607-1611), hijo de Enrique IV de Francia.
  • 1626 - 1660: Gastón I (1608 - 1660) hijo de Enrique IV de Francia.

Marguerite de Lorraine, duquesa consorte de Orleans


Casa de Orleans
  • 1660 - 1701: Felipe I de Orleans (1640-1701) hijo del rey Luis XIII de Francia.
  • 1701 - 1723: Felipe II de Orleans (1674-1723), hijo del anterior y regente de Luis XV de Francia.
  • 1723 - 1752: Luis I de Orleans (1703-1752) hijo del anterior.
  • 1752 - 1785: Luis Felipe I de Orleans (1725-1785) hijo del anterior.
  • 1785 - 1793: Luis Felipe II de Orleans (1747-1793) hijo del anterior, renunció a su título en 1792, tomando el nombre de "Felipe Igualdad".
  • 1793 - 1830: Luis Felipe III de Orleans (1773-1850) hijo del anterior. Rey de los franceses desde 1830 como Luis Felipe I.
Luis Felipe, Duque de Orleans, llega a l’Hôtel de Ville en París (julio de 1830)

Título de la monarquía de julio


  • 1830 - 1842: Fernando Felipe de Francia (1810-1842) hijo del anterior.

Título de cortesía
  • 1894 - 1926: Luis Felipe Roberto, duque de Orleans.
  • 1960 (póstumo): Francisco de Orleans, hijo de Enrique de Orleans, conde de París
    desde 1969: Jaime de Francia, duque de Orleans.

Príncipe Jacques (Jaime) de Francia, duque de Orleans y su esposa, Gersende de Sabran-Pontèves (mayo de 2009)



domingo, 13 de junio de 2010

El Duque de Borbón

Borbón fue un señorío a cargo de vasallos del rey de Francia desde el 950 y hasta el año 1327. En el año 1272 el rey de San Luis IX casó a su hijo Roberto de Clermont con la Señora de Borbón, Beatriz de Borgoña. El hijo de ambos, Luis, por creación del rey se convirtió en el primer Duque de Borbón.


En 1416, con la muerte de Juan de Valois, los duques de Borbón eran simultáneamente duques de Auvergne.


Aunque la línea finalizó en 1527, es de los Duques de Borbón de donde emergen todas las ramificaciones de la Casa de Borbón, que llegarían a gobernar España y Francia, Dos Sicilias, el Gran Ducado de Luxemburgo, el Principado de Condé, el de Conti, entre otros tantos dominios.



Escalera principal del Palacio Real de Madrid, obra de Felipe V, el primer Borbón rey de España


Los Duques de Borbón

  • Luis I (1280-1342) Señor de Borbón, Conde de Clermont, Conde de La Marche
  • Pedro I (1311-1356) Conde de Clermont y La Marche
  • Luis II (1336-1410) Conde de Clermont; por su matrimonio con Ana d'Auvergne: Conde de Forez y Señor de Mercœur y después Señor de Beaujeau
  • Juan I (1381-1434) Conde de Clermont, Conde de Forez, Señor de Mercœur, Señor de Beaujeu; por herencia de su suegro: Duque de Auvergne y Conde de Montpensier
  • Carlos I (1401-1456) Conde de Clermont, Señor de Beaujeu, Conde de Forez, Duque de Auvergne
Armas del 5º Duque de Borbón, Conde de Clermont


  • Juan II (1426-1488) Conde de Clermont, Conde de Forez, Duque de Auvergne
  • Carlos II (1433-1488) Conde de Clermont, Conde de Forez, Duque de Auvergne
  • Pedro II (1438-1503) Señor de Beaujeu, Conde de La Marche, Conde de Forez, Conde de Clermont, Duque de Auvergne
  • Susana de Borbón (1491-1521) Señora de Beaujeu, Condesa de Forez, Condesa de Clermont, Condesa de Gien, Condesa de La Marche, Duquesa de Auvergne
  • Carlos III (1490-1527) Conde de Montpensier, Conde de Clermont-en-Auvergne y Delfín del Auvergne; Señor de Beaujeu, Conde de Forez, Conde de Gien, Conde de La Marche, Duque de Auvergne

A partir de 1503, Carlos III de Borbón, miembro de la Casa de Borbón-Montpensier, una rama menor de la Casa de Borbón en aquella época, se erigió en heredero de la dinastía ducal de Borbón debido a que el hijo de Pedro II de Borbón, el conde de Clermont, murió en 1489 sin herederos masculinos. Su situación fue consolidada con el título de Duque de Borbón cuando se casó con su prima, Susana de Borbón.


Ana de Beaujeu y su esposo Pedro de Borbón, con la hija de ambos, Susana de Borbón (Tríptico de Moulins)


Sus títulos y posesiones pasaron al dominio real en 1523, por la querella sucesoria contra Luisa de Saboya, reina de Francia, que salió favorecida excepto por el ducado de Borbón. La disputa que a raíz de ello había surgido, y en la que Francisco I de Francia optó por beneficiar a la reina Luisa en perjuicio de Carlos, produjo que éste cambiase de bando en un momento clave de la Guerra Italiana de 1521, pasando a servir al emperador Carlos V.


Ninguno de sus hijos sobrevivió un año de edad. Así, la línea de Borbón-Montpensier se extinguió en línea masculina a partir de 1527. La línea menor de Borbón-Vendôme no podía heredar porque Carlos III había perdido sus feudos. Por lo tanto, el heredero masculino de la dinastía Borbón pertenecía a la Casa de Borbón-La Marche en la persona de Carlos de Borbón, Duque de Vendôme, hasta su muerte en 1537. Fue sucedido por su hijo, Antoine, quien murió en 1562, y a éste sucedió su hijo Enrique de Borbón, rey de Francia y de Navarra. Todos los actuales miembros de la dinastía descienden de él. La Casa de Borbón-La Marche cambió su nombre por Casa de Borbón.

Antonio de Borbón, 2º Duque de Borbón


  • Carlos IV (1489-1537) Conde de Vendôme, primer Duque de Vendôme
  • Antonio de Borbón (1518-1562) 2º Duque de Vendôme; Duque de Beaumont; Vizconde de Bearn, Conde de Foix, Conde de Bigorre, Conde de Armagnac, Conde de Périgord, Duque de Albret y Rey de Navarra
  • Enrique I (1553-1610) Vizconde de Limoges, 3º Duque de Vendôme, Rey de Navarra (Enrique III); Rey de Francia (Enrique IV)

Título personal


El título de Duque de Borbón fue restablecido por lo menos dos veces luego de la incorporación del ducado al dominio real.


  • Luis Enrique, Duque de Borbón (1692-1740)
  • Luis Enrique, Príncipe de Condé (1756-1830)


Charlotte de Rohan-Soubise, princesa consorte de Condé y duquesa consorte de Borbón


Título de cortesía

  • 1950–1975 : Alfonso de Borbón (1936-1989), luego Duque de Anjou, también Duque de Cádiz
  • 1975–1984 : Francisco de Borbón (1972-1984), hijo del anterior, antes Duque de Bretaña
  • 1984-presente : Luis Alfonso de Borbón (1974-presente), hermano del anterior, antes Duque de Turena, luego Duque de Anjou

El Duque de Anjou, de Borbón y de Cádiz, con su esposa, en audiencia con el Papa Pablo VI