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miércoles, 9 de febrero de 2011

Un imperio tras otro

El Imperio Austríaco (en alemán: Kaisertum Österreich) fue un imperio moderno fundado sobre un remanente del Sacro Imperio Romano, que se centró en lo que hoy es Austria y que oficialmente duró desde 1804 hasta 1867. Surgió como reacción a la creación del Primer Imperio Francés bajo Napoleón I.

El primer emperador de Austria fue Francisco I, que también ostentaba el título de Sacro Emperador Romano con el nombre de Francisco II. El Imperio Austríaco surgía como un estado que abarcaba sus tierras personales dentro y fuera del Sacro Imperio. Aunque el cargo de Sacro Emperador Romano era electivo, la Casa de Habsburgo había mantenido el título desde 1440 (con una breve interrupción) y Austria era el núcleo de sus territorios.

Francisco I de Austria


En diciembre de 1805, Francisco II acordó el humillante Tratado de Presburgo, que en la práctica significó la disolución del longevo Sacro Imperio Romano, con una reorganización de los territorios alemanes perdidos bajo Napoleón en un estado precursor de la Alemania moderna; esas posesiones nominalmente habían sido parte del Sacro Imperio Romano dentro de los límites actuales de Alemania, así como otras medidas debilitaron a Austria y los Habsburgo de otras maneras. Ciertas posesiones austríacas en Alemania pasaron a los aliados de Francia. El 10 de diciembre de 1805, el príncipe elector Duque de Baviera se proclamó Rey, seguido por el elector Duque de Württemberg, el 11 de diciembre. Por último, el 12 de diciembre, al margrave de Baden obtuvo el título de Gran Duque. Las demandas de Austria sobre aquellos estados alemanes fueron canceladas sin excepción.


El manto de coronación de los emperadores de Austria


El 6 de agosto de 1806 Francisco II disolvió el Sacro Imperio Romano, debido a la formación de la Confederación del Rin por Francia, que comprendía 16 países y soberanos; el Habsburgo no quería que Napoleón fuera su sucesor. Esta acción no fue reconocida por Jorge III del Reino Unido, también Elector de Hannover, que había perdido sus territorios alemanes en torno a Hannover debido a Napoleón. Los reclamos ingleses fueron resueltos con la creación del Reino de Hannover, corona llevada por los herederos británicos de Jorge III hasta la ascensión al trono de la reina Victoria.

Para mantener su título imperial, Francisco II elevó a Austria de la categoría de archiducado a la de imperio, creando el título de Emperador de Austria para sí y sus sucesores.


Bandera de la monarquía Habsburgo (1804-1867)


Cuando, el 11 de agosto de 1804, Francisco II asumió el título, el imperio se expandió desde la actual Italia a la actual Polonia y los Balcanes. El maquillaje multinacional del imperio se ilustra por la diversidad de su población: alemanes, checos, polacos, rumanos, húngaros, italianos, ucranianos, croatas, eslovacos, serbios, eslovenos y numerosas nacionalidades más pequeñas. El emperador gobernó Austria como su nombre indicaba, pero también ostentaba el título de Rey de Hungría, Bohemia, Croacia, Eslavonia y Dalmacia, llevando a que el ejército multinacional del imperio fuera llamado Kaiserlich-königliche Armée (Ejército Imperial y Real). El Imperio tuvo una estructura centralista, aunque cierto grado de autonomía se dejó a Hungría, que fue gobernado por su propia Dieta y a Tirol.

El castillo de Praga, antigua residencia de los duques de Bohemia, luego reyes y emperadores germánicos (luego de 1918 fue ocupado por las oficinas de los presidentes de Checoslovaquia y República Checa)


Territorios del Imperio austríaco
  • Reino de Bohemia (Königreich Böhmen)
  • Reino de Hungría (Königreich Ungarn)
  • Reino de Dalmacia (Königreich Dalmatien)
  • Reino de Galizia y Lodomeria (Königreich Galizien und Lodomerien)
  • Reino de Croacia y Eslavonia (Königreich Kroatien und Slawonien)
  • Reino de Lombardía-Venecia (Lombardo-Venezianisches Königreich)
  • Archiducado de Austria (Erzherzogtum Österreich)
  • Ducado de Carintia (Herzogtum Kärnten)
  • Ducado de Carniola (Herzogtum Krain)
  • Ducado de Salzburgo (Herzogtum Salzburg)
  • Ducado de Silesia (Herzogtum Schlesien)
  • Ducado de Estiria (Herzogtum Steiermark)
  • Ducado de Bucovina (Herzogtum Bukowina)
  • Ducado de Serbia y Banato de Tamis (Woiwodschaft Serbien und Tamisch Banat)
  • Banato de Temesvar (Temescher Banat)
  • Gran Principado de Transilvania (Großfürstentum Siebenbürgen)
  • Margraviato de Moravia (Markgrafschaft Mähren)
  • Condado del Tirol (Gefürstete Grafschaft Tirol)
  • Condado de Gorizia y Gradisca (Grafschaft Görz und Gradisca)
  • Estado de Vorarlberg
  • Margraviato de Istria (Istrien)

El Imperio austríaco formó parte de la Confederación Germánica a partir de 1815, cuando el Congreso de Viena restableció las fronteras de Europa después de la derrota de Napoleón I y reorganizó la forma e ideología políticas del Antiguo Régimen.

El crecimiento de los dominios Habsburgo


Tras varios intentos fallidos de reforma constitucional, se transformó en el Imperio de Austria-Hungría, como consecuencia directa de la derrota sufrida en la Guerra Austro-Prusiana, por la que perdería el Reino de Lombardía-Venecia y toda influencia en los estados alemanes a favor de Prusia. Con la firma del Compromiso Austrohúngaro de 1867 bajo el reinado de Francisco José I nacería la monarquía dual en la que se concedería igualdad de estatus a los territorios húngaros, declarándose el Emperador de Austria también como rey de Hungría, una acción diplomática que elevó el estatus del Reino de Hungría dentro del Imperio Austríaco.

El Imperio Austrohúngaro (Österreichisch-Ungarische Monarchie en alemán, Osztrák–Magyar Monarchia en húngaro) nació en 1867, tras el Compromiso Austrohúngaro que reconocía al Reino de Hungría como una entidad autónoma dentro del Imperio Austríaco. En 1914 tenía una extensión de 676.615 km² y contaba con 52.799.000 habitantes y era considerada como una de las grandes potencias en el marco internacional, ocupando el 6º puesto por su potencia económica.

Lo que era el Imperio Austrohúngaro se reparte en trece estados europeos que son en la actualidad las naciones de Austria, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina y las regiones de Voivodina en Serbia, Bocas de Kotor en Montenegro, Trentino-Alto Adigio y Trieste en Italia, Transilvania y parte del Bánato en Rumanía, Galitzia en Polonia y Transcarpatia (región Subcarpática) en Ucrania.



Joyas imperiales: la Corona, el Orbe y el Cetro


Cronología

1867: Compromiso Austrohúngaro. Autonomía para Galitzia y Croacia.
1878: Austria-Hungría obtiene los territorios turcos de Bosnia-Herzegovina y Novipazar.
1879: Alianza de Austria-Hungría y el Imperio Alemán.
1882: Italia se une a la alianza.
1892: Entra en circulación la corona de oro.
1907: Primeras elecciones en Austria con sufragio universal directo. Nuevo compromiso entre Austria y Hungría.
1908 : Anexión de Bosnia-Herzegovina.
1912: Serbia y Bulgaria forman una alianza contra el Imperio Austrohúngaro.
1914: El archiduque Francisco Fernando y su esposa Sofía Chotek son asesinados en Sarajevo por un terrorista serbobosnio. La declaración de guerra de Austria-Hungría a Serbia provoca declaraciones de guerra en cadena dando inicio a la Primera Guerra Mundial.
1915: El Imperio Austrohúngaro se declara dispuesto a ceder la región de Trieste. Se firma el Tratado de Londres, secreto entre Reino Unido, Francia, Rusia e Italia: Italia cambia de bando obteniendo Trieste como incentivo.
1916: En plena guerra el emperador Francisco José I muere tras 68 años de reinado.
1917: El nuevo emperador, Carlos I, intenta conseguir la paz por separado con Francia, sin resultado.
1918: Carlos envía a Guillermo II de Alemania un telegrama anunciándole el fin de la alianza.
1919: El Imperio Austrohúngaro queda totalmente disuelto tras los tratados de Saint-Germain y Trianon.
Estandarte del Emperador (versión usada durante la mayor parte del siglo XIX)


El jefe del estado, el Emperador, era a su vez jefe de los dos estados, como Emperador de Austria y Rey de Hungría. En los 51 años que duró la monarquía dual tuvo dos soberanos.

  • Francisco José I de Habsburgo (1867 a 1916)
  • Carlos I de Habsburgo (1916 a 1918)

La Emperatriz ostentaba la representación del estado del mismo modo que una Reina consorte. Las dos emperatrices que tuvo Austria-Hungría fueron:

  • Isabel de Wittelsbach, más conocida como Sissi (1867 a 1898)
  • Zita de Borbón-Parma (1916 a 1918)

Los herederos al trono que tuvo el imperio fueron:

  • Rodolfo de Habsburgo (1867 a 1889)
  • Francisco Fernando de Habsburgo (1896 a 1914)
  • Carlos I (1914 a 1916)
  • Otto (1916 a 1918)

El primer emperador austro-húngaro: Franz Josef Karl von Habsburg-Lothringen (1830-1916)


Austria y Hungría mantenían dos parlamentos separados, con sede en Viena y Budapest respectivamente, cada uno con su propio primer ministro. De la coordinación entre estos dos gobiernos se encargaba el Gobierno del Emperador, dotado en teoría de un poder absoluto, pero limitado en la práctica. En ambos territorios algunas regiones, como Galitzia-Lodomeria, en Austria, o Croacia-Eslavonia, en Hungría, tenían un régimen autónomo de autogobierno.

Había un Consejo de Ministros Común, formado por los dos primeros ministros, el ministro de Asuntos Exteriores, el Jefe del Estado Mayor Imperial, el ministro de Finanzas, algunos archiduques y el emperador, que se encargaba del gobierno de las responsabilidades comunes (finanzas, defensa y política exterior). A su vez, dos delegaciones representantes de cada uno de los dos parlamentos se reunían por separado y votaban las propuestas del Consejo de Ministros Común. En cualquier caso, el emperador tenía la decisión final en defensa y relaciones exteriores.
El Heldenplatz, en la residencia imperial de la Hofburg, Viena (1900)


La invasión de competencias entre los ministerios conjuntos y los gobiernos de cada uno de los dos estados causó fricciones y desgobierno, especialmente entre las fuerzas armadas. Aunque el Consejo de Ministros Común se encargaba de todas las cuestiones militares, el gobierno austríaco y el húngaro se encargaban de los temas de reclutamiento, legislación del servicio militar, transporte de tropas y de la regulación de las cuestiones civiles de los militares. Por tanto, cada uno de los gobiernos tenía mucha influencia en cuestiones militares y cada uno podía desbaratar operaciones militares si lo juzgaba conveniente a sus intereses.

El Compromiso de 1867 permitió que Galitzia-Lodomeria alcanzara una amplia autonomía administrativa y cultural. A cambio de su lealtad a la Monarquía, el control de los asuntos internos fue gradualmente transferido a la nobleza e "intelligentsia" polacas mediante un limitado sufragio censitario provincial, que beneficiaba a los polacos frente a los ucranianos. La nobleza polaca participó activa y lealmente en la administración imperial. Galitzia se convirtió en el "Piamonte" del irredentismo polaco frente al autoritarismo de alemanes y rusos en sus zonas de ocupación, naciendo la idea de la reconstrucción del Reino de Polonia bajo la corona de los Habsburgo (idea que se intentará llevar a la realidad durante la Gran Guerra).



Bandera de Austria-Hungría (1869-1918)

viernes, 19 de noviembre de 2010

Carlos V y el Toisón de Oro

La Orden del Toisón de Oro fue fundada en Brujas por Felipe el Bueno, Duque de Borgoña, el 10 de enero de 1430, durante las fiestas celebradas con motivo de su matrimonio con la infanta Doña Isabel de Portugal, hija del rey Juan I y Felipa de Lancaster. El cronista Georges Chastelain señala que Felipe llevaba largo tiempo meditando sobre la posible creación de una orden caballeresca, pero no acierta a dar una explicación concreta sobre su origen. Uno de los detonantes fue la invitación a ingresar en la prestigiosa Orden de la Jarretera cursada al Duque a través de Jean de Lancaster, duque de Bedford y regente de Francia, en nombre de Enrique VI de Inglaterra. Felipe rechazó educadamente tal ofrecimiento, alegando que planeaba fundar su propia orden cortesana. De este modo logró eludir un juramento de fidelidad que le hubiese puesto a merced del monarca inglés.

Felipe el Bueno fijó «le lieu, chapitre et collège» de la Orden del Toisón de Oro en la desaparecida Sainte-Chapelle del Palacio Ducal de Dijon. En el capítulo XXI de los Estatutos de la Orden, aprobados en Lille en 1431, dejó ordenado que «en el coro de dicho Templo de Dijon se fije sobre la silla del Soberano de esta Orden un escudo, en que estén representadas sus armas e insignias... y ordenamos que se haga lo mismo sobre los asientos de los caballeros de la Orden, según las armas de cada uno»-. Los primeros treinta y un paneles armoriados ya estaban colocados en la sillería en 1433, cuando en ella se celebró el tercer Capítulo de la Orden.


Jean Lefévre, rey de armas Toisón de Oro, entrega el Libro de Estatutos a Felipe el Bueno de Borgoña

Prescribía el ceremonial de la nueva Orden que los escudos de los caballeros decorasen los respaldos de la sillería del templo donde iba a reunirse el Capítulo. Cada escudo, rodeado con el collar del Vellocino y timbrado con un yelmo que siempre mira al altar mayor, era pintado en un panel rectangular de madera de roble cuyas dimensiones suelen aproximarse a 85 x 65 cm. Encima y debajo se escribía en letra gótica el nombre y títulos del caballero que iba a ocupar el sitial, con la particularidad de que en el caso de los fallecidos se suprimía el yelmo con su cimera y se escribía la palabra tréspassé al final del nombre y títulos. Después de la ofrenda de la Santa Misa de Difuntos, estos escudos se llevaban a la nave de la Iglesia para que los fieles rezasen por el alma de los fallecidos. Los escudos de los caballeros que habían sido expulsados de la Orden por haber cometido una falta grave eran cubiertos con pintura negra y sobre ellos se escribían los motivos de su expulsión.

En el plano artístico la sillería del Toisón de Oro de la Catedral de Barcelona supera a las sillerías de coro de la Iglesia de Nuestra Señora de Brujas (1468) y de la Catedral de San Salvador (1478) de la misma ciudad, que han conservado sus tablas armoriadas íntegramente. No tuvieron tanta suerte otras sillerías, aunque han sobrevivido escudos que formaron parte de ellas.


La fantástica sillería del Toisón de Oro en la Catedral de Barcelona

El Capítulo duraba cuatro jornadas del mes de mayo y tenía lugar en un palacio donde los caballeros y el Soberano disfrutaban de pantagruélicos banquetes. Había que acudir varias veces al templo elegido para la celebración de los oficios religiosos, los cuales incluían vísperas vespertinas y cuatro grandes misas cada mañana, celebradas respectiva y sucesivamente por San Andrés, de Requiem por los caballeros difuntos, por el Espíritu Santo (ésta se suprimió más tarde) y por la Virgen María. En días sucesivos los caballeros y el Soberano se reunían en la sillería de la iglesia o en una sala de palacio, donde en el más absoluto secreto era analizado el comportamiento de cada caballero, incluyendo el del Soberano. Otro día eran propuestos y elegidos por votación secreta los aspirantes a ingresar en la Orden. El voto del Soberano valía siempre por dos, e incluso por tres si había empate. Seguía el juramento de los caballeros electos, a los que el Soberano imponía los collares de la Orden. Reuniones sucesivas servían para tomar decisiones de carácter político.

En todos estos actos vestían los caballeros ropa talar, manto y chaperón de lana púrpura con cenefas doradas de fusils y toisones, excepto durante las vísperas, vigilias y misa de Requiem por los fallecidos, a las que acudían con vestiduras negras de paño sin cenefa alguna. En 1473 Carlos el Temerario aumentó el boato, estableciendo el uso de chaperón, ropa talar y manto de terciopelo carmesí, bordado éste con cenefas de oro y forrado interiormente de raso blanco. Continuó el uso de ropas de paño negro durante las ceremonias fúnebres, pero se estableció que a la misa del tercer día, celebrada en honor de la Virgen María, los caballeros acudirían con vestiduras talares blancas de damasco. Carlos V introdujo una última mejora en el Capítulo de 1516, ordenando que las túnicas, mantos y gorras de paño negro, usadas para las vigilias y misas de difuntos, fuesen en adelante de terciopelo negro, con forro de tafetán en las túnicas y de raso liso negro en los mantos. Sobre esta variedad de ropajes centelleaban siempre los collares del Toisón de Oro, que estaban numerados y debían ser devueltos al Tesorero de la Orden cuando moría su poseedor.
Capítulo del Toisón de Oro (1473-1477)


El propio fundador elevó de 25 a 31 el número de caballeros y presidió los capítulos de Lille (1431), Brujas (1432), Dijon (1433), Bruselas (1435), Lille (1436), Saint-Omer (1440), Gante (1445), Mons (1451), La Haya (1456) y Saint-Omer (1461). Su hijo y sucesor Carlos el Temerario sólo tuvo tiempo para reunir dos capítulos: Brujas (1468) y Valenciennes (1473). Ambos soberanos utilizaron la Orden con una doble finalidad: propagandística y política. La primera de ellas estaba sustentada en el brillo de un ceremonial que superaba a los de las cortes regias. En el plano político la Orden posibilitó la cohesión del mosaico multinacional y plurilingüe sujeto a la soberanía del Duque. De hecho, cada Capítulo servía para reunir en torno al Soberano a los aristócratas de esos territorios de lenguas y costumbres tan diferentes, contribuyendo a crear en sus súbditos una suerte de «nacionalismo» borgoñón que todavía permanecerá vivo en la mentalidad del emperador Carlos V.

Pero también sirvió la Orden como instrumento de política exterior, para asegurar las alianzas internacionales. En 1431 fue admitido en ella el renano Federico III, conde de Meurs, y en 1440 los franceses Jean V, duque de Bretaña; Jean II, duque de Alençon; Mathieu de Foix, conde de Comminges, y Charles, duque de Orleans. Pero el auténtico lanzamiento internacional de la Orden del Toisón de Oro comenzó en 1445, cuando Felipe el Bueno entregó el collar a Alfonso V el Magnánimo, rey de Aragón, de Sicilia y de Nápoles. Muerto éste, fueron recibidos en la Orden sus sucesores Juan II, rey de Aragón y de Navarra, en 1461, y los reyes Fernando V el Católico de Aragón y Fernando I de Nápoles, en 1473.


Alfonso V de Aragón, Caballero del Toisón de Oro en 1445

Siguiendo la misma estela recibieron el collar en 1451 Don Juan de Guevara, conde de Ariano, y Don Pedro de Cardona, conde de Golisano, y en 1456 el napolitano Giosia Acquaviva, conde de Terrano. Otros extranjeros admitidos en la Orden fueron Joao de Portugal, duque de Coimbra, en 1456, y Felipe de Saboya, conde de Bresse, en 1468. Carlos el Temerario y el rey Eduardo IV de Inglaterra pusieron el colofón a esta política cuando intercambiaron en 1468 sus respectivas insignias, el collar del Toisón de Oro y la Jarretera, rompiendo la premisa que exigía la pertenencia a una sola orden de caballeros.

En 1478 Maximiliano de Habsburgo, flamante esposo de María de Borgoña, se convirtió en el tercer Jefe y Soberano de la Orden, aunque de modo provisional. Como tal presidió los capítulos de Brujas (1478) y Hertogenbosch (1481), admitiendo a 16 nuevos caballeros, de los cuales 8 eran flamencos, 2 de Borgoña, 2 de Hainaut, 2 de Artois-Picardía, 1 francés y 1 alemán de Liechtenstein. El hijo de María y Maximiliano, llamado Felipe el Hermoso, fue Soberano de la Orden desde 1484, como Duque de Borgoña, llegando a presidir los capítulos de Malinas (1491), Bruselas (1501) y Middelbourg (1505). Al contrario que su padre, Felipe era natural de los Países Bajos, ahora pays de par-deçà, y por ello se atrevió a admitir en la Orden a su abuelo el emperador Federico III, al rey Enrique VII de Inglaterra, a 7 caballeros alemanes, a un francés y a un español, que era su favorito, llamado Don Juan Manuel, Señor de Belmonte. A Maximiliano y a Felipe el Hermoso se debe el renacer de la Orden del Toisón de Oro.


Sitial del emperador Maximiliano I en la Catedral de Barcelona

El capítulo barcelonés, antesala del Imperio de Carlos V

Don Carlos, duque de Luxemburgo, ingresó en la Orden del Toisón de Oro con el número 111 en el XVI Capítulo, reunido en Bruselas en 1501. Fue el quinto Chef et Souverain de la Orden desde 1506, año en que falleció en Burgos su padre Felipe I de Castilla, hasta 1555, año en que renunció a esta dignidad en favor de su hijo el rey Felipe II. Desde 1515 Carlos gobierna en los Países Bajos y al año siguiente se convierte en Rey de las Españas. Bajo su cetro, Castilla se va a erigir en cabeza del primer gran Imperio de la historia con conciencia de abarcar territorios en todo el orbe. Tal poderío adquiere reflejo en la heráldica y en la emblemática de la Monarquía Española, donde se funden definitivamente los símbolos castellano-aragoneses con los austro-borgoñones.

Residía Carlos I en Valladolid, en el Palacio del Marqués de Astorga, en diciembre de 1517, cuando ordenó iniciar los preparativos del XIX Capítulo del Toisón de Oro, que fue el único celebrado fuera de los dominios del Duque de Borgoña. En el Capítulo anterior, reunido en Bruselas en 1516, Carlos I había decidido aumentar el número de caballeros de 31 a 51. Jean van den Perre, orfebre de cámara del Soberano, realizaría la Potence, o collar de ceremonia del rey de armas Toison d'Or, que hubo de ser rediseñado para dar cabida a nuevos esmaltes armoriados, debido a la ampliación del número de caballeros.


La Potence del Toison d’Or conservada en Viena

Van den Perre realizaría a comienzos de 1517 la famosa Potence del Museo de Viena, un collar de oro formado por la habitual cadena de eslabones y pedernales de la que cuelga el Vellocino y por 26 placas trapezoidales y convexas dobles, unidas entre sí mediante bisabras y decoradas con los escudos esmaltados de todos los caballeros. La placa central muestra un rectángulo superior con el blasón del Soberano timbrado de corona real, que fue realizado hacia 1517, y otro rectángulo inferior que incluye las divisas del Fusil y de las Columnas de Hércules con el lema Plus Oultre surmontado de corona imperial, cuyo diseño corresponde a los inicios del siglo XVIII. Las placas podían intercambiarse para sustituir los blasones de los caballeros difuntos por las armas de los nuevos.

En la Catedral de Barcelona, el escultor Antonio Carbonell tallaba a comienzos de 1519 la elaborada decoración de medallones y grutescos a candelieri, en madera dorada, que sirven de marco a las tablas heráldicas de los sitiales, así como las columnillas abalaustradas que separan cada respaldo. Esta decoración abrió los caminos del Renacimiento italiano a la mise en scène de la Orden. Para el Capítulo de 1519 ya estaban instalados, en los accesos a la sillería y en la silla episcopal, los relieves de madera de Ordóñez y Monet con escenas del Antiguo Testamento y de la Pasión, de estilo miguelangelesco.

La espléndida bóveda de la Catedral barcelonesa

Juan de Borgoña pintó los 64 paneles heráldicos de los sitiales. Siguió en ellos la estética tardogótica de los Capítulos del Toisón de Oro, pero introdujo un mayor naturalismo de progenie renacentista. Thomas Isaac, rey de armas Toison d'Or, supervisó personalmente su ejecución, haciendo observar las leyes del blasón y el orden de precedencia en los 50 sitiales de los caballeros, a los que se añaden el del Soberano, el del Emperador Maximiliano, otros 6 respaldos decorados con frases laudatorias, 4 más con divisas borgoñonas y 2 con las fechas de celebración del Capítulo. Hay otros cuatro paneles más estrechos en los chaflanes de los pies, flanqueando al sitial de esquina respectivo. Los errores en los esmaltes de algunos escudos se deben al nefasto repinte que sufrieron en 1748. Pese a ello, podemos afirmar que nos encontramos ante la sillería del Toisón de Oro más bella y suntuosa de Europa.

Su aspecto más interesante radica en el hecho de que la disposición de los sitiales imperial y real responde a los preceptos escritos por Olivier de la Marche en su Espitre pour tenir et célébrer la noble feste du Thoison d'Or, siguiendo en lo demás lo marcado en los Estatutos de la Orden. El punto XVII de estos Estatutos señala que tenían precedencia los emperadores, reyes y duques, viniendo después los caballeros con mayor antigüedad en la Orden y los de mayor edad entre los elegidos en un mismo día. La relación de respeto que hubo entre el emperador Maximiliano I y el rey Felipe I de Castilla, sobrevive entre abuelo y nieto en el coro de la Catedral de Barcelona, donde, a los pies de la sillería y en un plano de igualdad, se disponen los sitiales de ambos. El de Carlos I está ubicado en el lado de la Epístola y el de su abuelo el Emperador se dispone simétricamente en el del Evangelio.

Otro aspecto de la sillería de la Catedral de Barcelona

Armas y divisas

En el sitial del Rey figura su complicada heráldica, flanqueada por dos tablas que conforman una leyenda, escrita en lengua francesa y con letras latinas de oro, que viene a expresar el inmenso poder territorial adquirido por Carlos I:

«TRES HAUT ET TRES EXCELLENT ET TRES PVISSANT ET TRES CATHOLIQVE PRINCE CHARLES ET PAR LA GRACE DE DIEV PREMIER DE CE NOM, ROY DES ESPAIGNES ET DES DEVX SECILLES, DE JHI(E)R(USALE)M ET DES ISLES ET TERRE FIRME DE LA MER OCCIANE, Sr. EN AVEERICQVE, E(T)C(ETERA), ARCHIDVC DAVSTRICE, DVC DE BOVRG(GOGNE), ETC, CHIEF ET SOVERAI(N) DV T(RES) NOBLE ORDRE DE LA THOYSON DOR».

El Rabot, antigua divisa de Juan Sin Miedo

También a los pies de la sillería, pero en lado del Evangelio, se encuentra el asiento reservado al Emperador Maximiliano I, que había fallecido en Wels (Alta Austria) el 12 de enero de 1519. Su escudo aparece todavía timbrado con yelmo y corona imperial, aunque una cartela lateral indica que es trespassé, esto es, difunto.

Continúa la sillería con los asientos de cuatro reyes que en 1519 pertenecían a la Orden. Sus blasones delatan una disposición jerárquica en la que primaba la antigüedad. Cerca del sitial de Carlos I, en el lado de la Epístola, está el asiento del rey Enrique VIII de Inglaterra (1491-1546), elegido en 1505 con el número 119. En el lado opuesto y cerca del de Maximiliano, se dispone el del rey Francisco I de Francia (1494-1547), elegido caballero número 129 en 1516. En dicho capítulo también ingresaron en la Orden los reyes Manuel I de Portugal (1469-1524), con el número 144, y Luis II de Hungría y Bohemia (1506-1526), con el número 145. El orden de precedencia les sitúa frente por frente en la sillería barcelonesa. De este modo quedan en el lado del Evangelio los escudos de Enrique VIII y de Manuel I, y en el de la Epístola los de Francisco I y Luis II. En ambos casos vienen escoltados por las divisas del Rabot y del Fusil, como si fuesen advertidos sobre el poder del Soberano. Ninguno de ellos acudió al Capítulo barcelonés, siendo representados en las ceremonias por sus embajadores respectivos.

Sitiales del Señor de Roeulx, del Infante Don Fernando y del Marqués de Brandeburgo

El Infante Don Fernando (1503-1564) fue elegido caballero del Toisón de Oro con el número 130 en el XVIII Capítulo de la Orden, reunido en Bruselas en 1516. El 12 de noviembre de 1517 en Valladolid se encontró por primera vez con su hermano el rey Carlos I, quien seis días más tarde le impuso el collar del Toisón. Don Fernando no asistió al Capítulo barcelonés, pues tuvo que abandonar España para evitar una posible rebelión y nunca regresó. Su sitial blasonado se encuentra en el lado del Evangelio. Es el quinto a partir del ocupado por la divisa del Fusil en el que utilizó las armas de su hermano con los cuarteles invertidos. Su escudo de armas sufrirá cambios cuando sea coronado Rey de Bohemia y Hungría en 1526, Rey de Romanos en 1531 y Emperador de Alemania en 1558.

Pero el alma de la Orden del Toisón de Oro seguía estando en los antiguos territorios de los Duques de Borgoña. En el XVIII Capítulo reunido en Bruselas en 1516, fueron elegidos 5 caballeros de Flandes y Brabante, 3 de Artois-Picardía, 3 de Borgoña, 2 de Holanda y 2 de Hainaut. Barcelona conoce la elección de 2 de Artois-Picardía: Jacques de Luxembourg, conde de Gavre, y Adrien de Croy, señor de Beaurain.

La elección imperial

Cuando se inició el Capítulo del Toisón de Oro hacía un mes que Carlos I conocía la noticia de la muerte de su abuelo, el Emperador Maximiliano I, por cuya alma hizo celebrar solemnes exequias en la Catedral de Barcelona. Entretanto, Frankfurt era un hervidero de embajadores y banqueros que trataban de conseguir el voto de los siete Príncipes Electores para alguno de los tres candidatos, que eran los reyes de España, Francia e Inglaterra.

Carlos I de España, Emperador electo Carlos V

El 28 de junio de 1519 Carlos fue elegido en Frankfurt «Rey de los Romanos» y «Emperador electo». A comienzos de julio, cuando residía en Molins del Rey, el Rey Carlos I de España recibió la noticia de manos de Federico, Conde Palatino del Rin y embajador de los Príncipes Electores. Después inició el Monarca un largo viaje hacia La Coruña para embarcarse con destino a Aquisgrán, donde sería coronado el 23 de octubre de 1520 en el trono de Carlomagno, aquel soberano medieval que a comienzos del siglo IX había reconquistado Barcelona a los árabes.

Carlos utilizó el Capítulo barcelonés del Toisón de Oro conforme a la tradición borgoñona, como un instrumento de integración de sus variadas posesiones. Mediante un ceremonial que sumergía a los asistentes en un ambiente mágico de destellos dorados, ropajes suntuosos y música sacra, le fue posible arrancar un juramento de fidelidad a la élite de unos territorios cada vez más extensos y diversos. La puesta en escena recreaba el ideal de unidad política expresado en el mito del Rey Arturo y la Tabla Redonda, anunciando una nueva edad dorada en la cual el Soberano y los caballeros del Toisón asegurarían la cohesión política que iba a traer la prosperidad a sus súbditos. Fue también el instrumento diplomático que le sirvió para sellar las alianzas con cuatro monarcas europeos, marcando el punto de partida al renacer de la idea medieval del Imperio Universal Cristiano, que tan presente estará en la Corte de Carlos V.

Sitial de Carlos V (como Carlos I) en la Catedral de Barcelona

Jugó un papel primordial el símbolo. Carlos V flanqueó al final del Capítulo barcelonés la divisa de las Columnas de Hércules pintada a ambos lados de la salida del coro catedralicio, superando los límites del mundo Antiguo. En la puesta en escena se daban cita dos mentalidades diferentes, la medieval, ya en completa decadencia, y la renaciente, que traía consigo profundos cambios sociales. Ambas concepciones del mundo parecían fundirse en el propio soberano y en sus caballeros. Así, por primera vez en la historia de la Orden adoptaron la estética del Renacimiento italiano, pero al mismo tiempo mantuvieron viva la esencia medieval de los relatos troyanos.

martes, 25 de mayo de 2010

La etiqueta borgoñona en la Corte de España

Borgoña en los siglos XIV y XV era un ducado vasallo del Rey de Francia: el tercer hijo del monarca galo era el titular. Era un ducado pequeño que había heredado una serie de territorios al Norte de Francia gracias a alianzas patrimoniales, convirtiéndose en el centro del poder económico europeo. El Duque Felipe el Bueno de Borgoña decide crear un protocolo fastuoso para imponer su autoridad y renombre frente a Inglaterra, Francia, Alemania y Castilla y Aragón, las grandes monarquías de entonces. Fue inventado para elevar la figura del soberano, el Duque, convirtiéndolo en un ser casi semi-divino, para así imponer la autoridad recibida de Dios frente a sus súbditos.

En este protocolo el orden era estrictamente riguroso: cada procedimiento estaba escrito, de modo que se sabía exactamente dónde se debía sentar cada persona, cómo se le servía y en qué orden. Existía una corte enorme, formada por personas con funciones específicas que debían cumplir estas normas con disciplina. La celebración de los actos era uniforme para los distintos territorios que poseía el ducado. Puesto que no existía una continuidad territorial entre dichas posesiones, se dictaminó que todas las ceremonias reunieran las mismas características, independientemente del lugar en que se organizasen.

Otto Cartellieri, uno de los pioneros en el estudio de la etiqueta en la corte borgoñona, creía que los duques de Borgoña y sus consejeros habían elaborado el protocolo con el fin de propagar la creencia que la autoridad ducal era semi-sagrada; que la pompa contribuía a convencer a sus súbditos que «nada era demasiado bueno para él... [que] la mano del soberano no podía tocar nada ordinario». Y, tal y como concluye Cartellieri, los duques de Borgoña, por muchas incomodidades e inconvenientes que les supusieran, «siempre prestaron suma atención a los asuntos ceremoniales y de preferencia».

Felipe El Bueno, duque de Borgoña, y su hijo, recibiendo el ejemplar de Las Crónicas de Hainaut.

Ya en 1360, los duques mostraban generosidad y magnificencia, solemnidad y «ceremonias esplendorosas y elaboradas». Gobernantes y cortesanos desarrollaron, desde la época medieval en adelante, una cultura cortesana de ceremonia y mecenazgo con la intención de realzar su autoridad y el poder del estado absolutista. De este modo, se manipulaba a la opinión pública por medio de coronaciones, entradas reales en las ciudades, ceremonias fúnebres reales y la popular festividad del Te Deum, entre otros rituales.

Tanto para los contemporáneos como para los historiadores, la etiqueta, utilizada debidamente, reforzaba la jerarquía e imponía un orden; y conseguir asentar la jerarquía y el orden era, de entre todos, el principal objetivo de las culturas política y cortesana de las primeras élites dominantes modernas. Y tal era así, que ya Lady Anne Fanshawe, esposa de un diplomático inglés de mediados del XVII y veterana cumplidora de la vida cortesana europea, elogiaba a la corte española describiéndola como la mejor ordenada en el mundo cristiano, por supuesto, después de la inglesa.

Durante estos siglos, incluso hasta las últimas décadas de la monarquía borbónica de principios del siglo XX, los observadores de la corte española a menudo quedaban impresionados por su etiqueta. Aparecía extraordinariamente rígida, ritualista, fría, y durante el XVII, degradante hacia los cortesanos y sirvientes que trabajaban de acuerdo con sus preceptos. Tanto monarcas como cortesanos parecían encadenados a unos ceremoniales heredados de un pasado lejano.


Armorial de Borgoña

La etiqueta española se basó en los principios y la organización de la corte del ducado borgoñón. Desde 1363, los duques de Valois y sus sucesores Habsburgo elaboraron tal estilo, regulando con sumo detalle casi todos los aspectos de la vida cortesana: dar a luz, atender la capilla, vestirse y desvestirse, recibir visitas, hacer regalos, organizar cenas con invitados y supervisar las cocinas ducales. Éstas y otras actividades se rodeaban de un ceremonial que creaba una «helada atmósfera» en la cual la familia real se movía.

Pero el ceremonial, combinado con enorme riqueza, generoso mecenazgo artístico y asiduo culto a los mitos caballerescos, así como la cruzada contra el Islam, ayudaron a crear una viva y espléndida corte donde la autoridad de los duques era realmente singular y su persona era considerada casi divina.

No es de sorprender que el esplendor borgoñón hubiera impresionado sumamente a Maximiliano de Habsburgo, el último Sacro Emperador Romano, como su mito deslumbró al hijo de éste, Felipe el Hermoso. Maximiliano, a través del matrimonio, y Felipe, por herencia, accedieron al trono ducal de Borgoña, así como al complicado ceremonial que eclipsó todo a cuanto la familia Habsburgo había estado acostumbrada. Maximiliano y su hijo, inevitablemente, asumieron los hábitos de la corte borgoñona y elevaron la etiqueta imperial Habsburgo al nivel de los duques de Valois. Fue Carlos V, Sacro Emperador Romano y el primer rey Habsburgo de una España unida, quien incorporó sistemáticamente el ritual borgoñón a la corte española.

Felipe el Hermoso y Juana de Castilla, padres de Carlos I (1500)

Durante toda su vida, Carlos I (V) se enorgulleció de su herencia borgoñona y pensó mucho acerca de cómo él había representado a los duques de Valois -como gran caballero cristiano, defensor del catolicismo, destacado mecenas de artistas, rico y héroe defensor de muchos de los valores medievales tardíos-. Hacia 1547 exigió a un agente en España, el tercer duque de Alba, que supervisara el establecimiento de la etiqueta borgoñona en casa de su hijo y heredero, el futuro Felipe II, quien era al mismo tiempo el sustituto del emperador en la Península. A partir de entonces, el estilo borgoñón se convertirá en la columna vertebral característica de la estructura, ceremonia y etiqueta de la Casa Real.

La imposición del estilo borgoñón en casa de Felipe fue intencionada para inculcar a los futuros súbditos la continuidad de la autoridad de los Valois y para asociar a su nombre el esplendor de sus ancestros ducales, así como satisfacer su inclinación personal y prescribir sus gustos. Además, Carlos, nacido en Gante y educado en la Corte holandesa borgoñona, se sentía fuertemente ligado a la etiqueta con la que había crecido y naturalmente deseaba ver como la gloria de Borgoña se reflejaba en su corte española. Era adecuado que los españoles, destinados a gobernar los Países Bajos, compartieran su cultura cortesana.

El III Duque de Alba

Aunque el estilo borgoñón era incómodo y rígido; tendía a aislar al monarca y a su familia entre un pequeño e íntimo círculo de grandes y sirvientes palaciegos y socavaba la tradicional simplicidad de las casas de los monarcas medievales de la Península, además de que era enormemente caro de mantener, ni Felipe II ni sus sucesores anularon lo que Carlos V había decretado. Felipe tenía demasiado respeto a su padre como para hacer tal cosa, mientras que los últimos Habsburgo aceptaron el estilo borgoñón como característica inevitable y como un recuerdo de las glorias políticas y militares del poder español.

Felipe IV, de entre todos los reyes del antiguo régimen español, fue el más resuelto a mantener la etiqueta en la corte en todo su rigor, entendió la etiqueta como un pilar del poder Habsburgo, una fuente de orden y fortaleza moral.


Felipe IV, en traje de caza

Los reyes Borbones del siglo XVIII, ansiosos a menudo por enfatizar la continuidad con el pasado Habsburgo, también conservaron el sistema borgoñón. Por entonces, además, hombres y mujeres con intereses creados -cortesanos aristócratas, oficiales, sirvientes, artistas y artesanos, oportunistas y traficantes de influencias y mecenazgos- se beneficiaron del extravagante estilo borgoñón y se resistieron a los pocos intentos serios hechos para una reforma indispensable. No sorprende, por tanto, ver que el intento hecho por Felipe V para reestructurar la Casa Real fallara.

Presionado, aparentemente, por el cardenal Alberoni, Felipe V, en 1718, impuso una reforma de la estructura y de la contabilidad financiera de la corte, proponiendo el recorte de costes y la mejora de rendimientos. Los departamentos tradicionales de la Casa Real -cada uno de ellos encabezado por un aristócrata eminente o por un prelado influyente- habrían perdido su independencia con respecto a la nueva figura del intendente general de la Casa Real de España. Por eso, la denominación oficial de la Casa Real como la Casa de Borgoña se extinguiría. Pero unos días después de que Alberoni perdiera el poder en 1719, Felipe revocó su reforma, la Intendencia General fue abolida y la estructura departamental borgoñona totalmente restaurada. Por lo tanto, una vez más, el estilo borgoñón triunfó sobre sus detractores.


El Cardenal Alberoni

En cualquier caso, la etiqueta borgoñona se adaptó a los gustos reales y a las variables circunstancias financieras, políticas e ideológicas. Esto fue así tanto en la corte ducal borgoñona bajo los Valois, como también bajo sus sucesores Habsburgo.

El carácter de su casa y de sus ceremonias y la rigidez de su etiqueta varió de reinado a reinado. Los reyes españoles, asimismo, moldearon y remodelaron el protocolo y a menudo lo olvidaron totalmente. Aunque la estructura de la casa, los nombres de sus empleados y la descripción de sus tareas, así como su posición relativa dentro de las detalladas jerarquías de los departamentos, permanecieron básicamente intactas de siglo en siglo, otros aspectos fueron de vez en cuando reformados. Los monarcas ocasionalmente decretaron nuevas reglas.

Se ha dicho, por ejemplo, que al hacerse viejo, Felipe II dejó de cenar en público; y que Carlos IV (1788-1808) y su consorte, María Luisa de Parma, relajaron el protocolo para tomar parte en los entretenimientos que ofrecían los Grandes -algo que los monarcas españoles no habían hecho de manera regular desde hacía más de dos siglos-.


El trono con dosel de Carlos IV, circundado por los retratos del rey y su consorte

Las ordenanzas reales, instrucciones y edictos modificando la etiqueta se hacían públicos una vez casi cada diez años, como mínimo, desde 1547 hasta 1720. Mientras Felipe II y Felipe IV tendían a utilizar estos métodos para intensificar el protocolo e imponer una disciplina estricta sobre sus cortesanos, muchos monarcas actuaron de manera totalmente diferente y «reblandecer las normas».

Tal «reblandecimiento», u olvido total de las normas borgoñonas, dio flexibilidad al sistema y ganó la lealtad, más o menos entusiasta, de todos los monarcas españoles de la Edad Moderna. Sin embargo, esta flexibilidad no fue el simple producto de la negativa real a vivir con un protocolo que podía parecer sin sentido o demasiado estricto, sino que resultó también de una profunda perversión del sistema borgoñón experimentada a finales del XVII. Por entonces, las costumbres originalmente franco-holandesas de los duques de Valois habían quedado diluidas primeramente por los hábitos alemanes.

Después, debido a las quejas en las Cortes de 1558, en España, tanto Carlos V como Felipe II habían permitido deliberadamente que algunas de las antiguas costumbres castellanas se mezclaran con las borgoñonas.

Isabel de Avis y Trastámara, Infanta de Portugal, Consorte de Carlos I

Además, la etiqueta cortesana portuguesa fue importada a España por la esposa de Carlos I y muchas de las prácticas de la Casa Real de Lisboa se aceptaron y se codificaron en las Ordenanzas de 1575. Más tarde, durante sus primeros años en Madrid, Felipe V complicó aún más el asunto cuando impuso algunas peculiaridades menores de organización y ritual traído de Versalles. De este modo, hacia mediados del siglo XVIII, la pureza que quedaba del protocolo borgoñón era escasa, a pesar de la esperanza que había expresado Felipe IV en 1631.

Igual que en otras cortes y en otros sistemas de protocolo, la etiqueta era ante todo un instrumento que los gobernantes manipulaban, como hemos visto, para glorificarse ellos y su dinastía y para mantener el orden y reforzar la convencional jerarquía social, rodeándose de inexpugnables muros de historia y de tradición. Los reyes españoles utilizaron la etiqueta para hacer que su persona fuera prácticamente inviolable. De ahí que Felipe IV advirtiera a sus gentilhombres de cámara, que no debían permitir que nadie tocara ni las sábanas ni los visillos de su cama «a menos que fueran gentilhombres y ayudas de cámara con el fin de prepararla o para alguna otra cosa necesaria a su mantenimiento, y aun entonces debía de ser hecho con la mayor decencia y respeto».

Las normas de etiqueta de la corte también servían para necesidades prácticas. La seguridad la proporcionaban los alabarderos y otras compañías de guardias y las reglas protegían al rey y a su familia de envenenamientos y otros peligros y salvaguardaban la Casa Real de intrusos y ladrones -aunque los robos incesantes de plata y lino indican que tales medidas no eran del todo eficaces-. Incluso las cocinas reales necesitaban una cuidadosa custodia contra los intrusos y Felipe II tuvo grandes dificultades, según cuenta un empleado de la corte, para mantener a los bribones a raya. Así que Felipe II tuvo que intensificar las reglas desde entonces.

Capítulos enteros de regulaciones, en las Ordenanzas de 1575 o en muchas órdenes de Felipe IV, se dedicaron en particular a mantener a hombres y mujeres separados. Los gobernantes del XVI y del XVII tenían que recordar a los galanes y a las jóvenes damas de la corte el modo de comportarse. Éstas y otras normas aseguraban, cuando se hacían cumplir con efectividad, que las sucesivas reinas, infantas y sus damas y sirvientas estuvieran prácticamente aisladas del mundo exterior.

Felipe II en el banquete de los monarcas (1596)

Otras reglas protegían la salud real y la limpieza de los palacios y de aquéllos que trabajaban en estas tareas: se lavaban las manos -incluyendo las del rey-; se fregaban las mesas; se barrían los suelos, y la comida se almacenaba y se servía cuidadosamente de acuerdo con los preceptos de los libros de etiqueta y otras órdenes. Otras fórmulas regulaban la gradación de los cortesanos, prescribiendo, por ejemplo, en qué lugar tenía que sentarse cada uno cuando los oficiales de alto rango se encontraban para comer o para conducir los negocios de la casa. Estas fórmulas fomentaban la eficacia y la puntualidad, y se aplicaban a supervisar los gastos a través de exámenes contables frecuentes y a asegurar la buena calidad de los productos adquiridos para la Corte.

domingo, 9 de mayo de 2010

Los Títulos de los Soberanos de España


Ha sido siempre costumbre encabezar las Leyes, Sentencias y Cartas de Ceremonia o de Cancillería con el nombre del Soberano y los títulos de cada uno de los Estados que posee, detallándolos por reinos y hasta por provincias.

Este “Título extenso” es el que se conoce por gran Título de un Soberano y el “Título pequeño” es el que se usa para la acuñación de moneda, por ejemplo. En este último no consta más que el nombre del Estado que gobierna.
La firma de Carlos V como Rey de España

Es costumbre también usar en el Título grande el nombre de los Estados que fueron poseídos por sus antepasados, como si todavía fueran sus soberanos. Dado que esta costumbre ha ocasionado controversias y reclamaciones se convino que al usar estos títulos se adoptaría la fórmula de non praejudicando, como se observa actualmente.

Carlos I de España usaba el gran Título como sigue:

CARLOS V, por la Divina clemencia, electo Emperador de Romanos, siempre Augusto y Rey de Alemania, de Castilla, de Aragón, de León, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Hungría, de Dalmacia, de Croacia, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, del Algarve, de Algeciras, de Gibraltar y de Islas Baleares, Islas Canarias, Indias y Tierra Firme del Mar Océano; Archiduque de Austria, Duque de Borgoña, de Lorena, de Brabante, de Estiria, de Carinthia, de Carniola, de Limburgo, de Luxemburgo, de Güeldres, de Würtemberg, de Calabria, de Atenas, de Neopatria; Conde de Flandes, de Habsburgo, de Tirol, de Barcelona, de Artois y Borgoña; Conde Palatino de Henao, de Holanda, de Zelanda, de Ferrete, de Riburgo, de Namur, de Rosellón, de Cerdeña y Zutphen; Landgrave de Alsacia; Marqués de Burgovia, de Oristán y Gociano y del Sacro Romano Imperio; Príncipe de Suevia y Cataluña; Señor de Frisia, de la Marca Eslavona, de Puerto Naón, de Vizcaya, de Molina, de Salinas, de Trípoli y Malinas, etcétera.


D. Carlos, por la divina providencia emperador semper augusto


En 1875, el Consejo de Ministros acordó que para los Títulos reales, despachos, patentes y demás documentos se usase el Título pequeño de Su Majestad, según consta en la Real Orden circular del Ministerio de Estado de fecha 3 de abril del mismo año, que lo establecía de esta forma:


DON ALFONSO XII, por la gracia de Dios, Rey Constitucional de España, etcétera.

Pero como en las Cartas de Cancillería no se puede prescindir del Título grande, porque al hacerlo con los que no lo han abolido se reconocería implícitamente la superioridad del otro soberano, durante el reinado de Don Alfonso XII se usó este Título en la misma forma que se empleó para la notificación del fallecimiento de S.M. Don Fernando VII y de la proclamación de S.M. Doña Isabel II.



En junio de 1886, el Consejo de Ministros acordó que la fórmula que se debía emplear en el encabezamiento de los títulos fuera la siguiente:

DON ALFONSO XIII, por la gracia de Dios y la Constitución, Rey de España, y en su Real nombre y durante su menor edad, la Reina Regente del Reino.

Y para los decretos, al terminar la parte dispositiva:

“… en nombre de Mi augusto Hijo el Rey Don Alfonso XIII y como Reina Regente del Reino, Vengo en… etcétera

Y finalmente, para las Reales órdenes:
S.M. el Rey (q. D. g.) y en su Real nombre la Reina Regente del Reino, etcétera

De modo que el Título pequeño de Su Majestad será:

DON ALFONSO XIII, por la gracia de Dios y la Constitución, Rey de España, etcétera.



El Título grande, como lo usó su antecesor, es:

DON ALFONSO XIII, por la gracia de Dios y la Constitución, Rey de España, Rey de Castilla, de León, de Aragón, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Menorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarves, de Algeciras, de Gibraltar, de las Islas Canarias, de las Indias Orientales y Occidentales, Islas y Tierra Firme del Mar Océano, Archiduque de Austria, Duque de Borgoña, de Brabante y de Milán, Conde de Habsburgo, de Flandes, del Tirol y de Barcelona, Señor de Vizcaya y de Molina, etcétera, usado con la fórmula de non praejudicando por los Estados de familia de que ya no es soberano.


Títulos y Honores de Don Juan Carlos I

Tratamientos:

5 enero 1938 – 15 enero 1941: Su Alteza Real El Infante Juan Carlos de España
15 enero 1941 – 21 julio 1969: Su Alteza Real El Príncipe de Asturias
21 julio 1969 – 22 noviembre 1975: Su Alteza Real El Príncipe de España
22 noviembre 1975: – : Su Majestad El Rey



Títulos en uso oficial:

Los títulos de Juan Carlos I son (los marcados con * son títulos en pretensión, puramente nominales y ceremoniales):

Rey de España, de Castilla, de León, de Aragón, de Dos Sicilias (Nápoles y Sicilia)*, de Jerusalén*, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña*, de Córdoba, de Córcega*, de Murcia, de Menorca, de Jaén, de las Algarves*, de Algeciras, de Gibraltar*, de las Islas Canarias, de las Indias Orientales y Occidentales y de las Islas y Tierras de la Mar Océana*; Archiduque de Austria; Duque de Borgoña, de Brabante, de Milán, de Atenas y de Neopatria; Conde de Habsburgo, de Flandes, de Tirol, del Rosellón y de Barcelona; Señor de Vizcaya y de Molina; etcétera.

Debido a la gran cantidad de títulos asociados a la Monarquía Hispánica, sólo se escribían los más importantes, terminando la lista con un «etc.» o «&c.». Refiriéndose así a títulos secundarios y en desuso. Estos son:

· Rey de Hungría, Dalmacia y Croacia
· Duque de Limburgo, Lotaringia, Luxemburgo, Güeldrés, Estiria, Carniola, Carintia y Würtemberg
· Landgrave de Alsacia
· Príncipe de Suabia
· Conde Palatino de Borgoña
· Conde de Artois, Hainaut, Namur, Gorizia, Ferrete y Kyburgo
· Marqués de Oristán y Gociano
· Margrave del Sacro Imperio Romano y Burgau
· Señor de Salinas, Malinas, la Marca Eslovena, Pordenone y Trípoli.


Honores en España

Rango militar

  • Capitán General de las Reales Fuerzas Armadas Españolas y su Supremo Comandante (22 de noviembre de 1975)

Con la venera del Toisón de Oro, la Cruz de Carlos III y las Grandes Cruces del Mérito Militar, Naval y Aeronáutico


Órdenes Hereditarias
  • Soberano Gran Maestre de la Insigne Orden del Toisón de Oro

  • Gran Maestre de la Real y Distinguida Orden de Carlos III

  • Gran Maestre de la Real Orden de Isabel La Católica

  • Gran Maestre de la Orden Real y Militar de San Hermenegildo

  • Gran Maestre de la Orden Real y Militar de San Fernando

  • Gran Maestre de la Orden de Montesa

  • Gran Maestre de la Orden de Alcántara

  • Gran Maestre de la Orden de Calatrava

  • Gran Maestre de la Orden de Santiago

  • Gran Maestre de la Orden de María Luisa

Órdenes militares y condecoraciones
  • Gran Cruz de la Orden del Mérito Militar, distintivo blanco
  • Gran Cruz de la Orden del Mérito Naval, distintivo blanco
  • Gran Cruz de la Orden del Mérito Aeronáutico, distintivo blanco

Con uniforme militar, en el que figuran las veneras de las órdenes de Santiago, Alcántara, Calatrava y Montesa


Honores extranjeros


  • Gran Cordón de la Orden de Leopoldo (Bélgica)
  • Estrella de Primera Clase de la Orden del León Blanco (República Checa)
  • Caballero de la Orden del Elefante (Dinamarca)
  • Gran Cruz y Collar de la Orden de la Rosa Blanca (Finlandia)
  • Gran Cruz de la Legión de Honor (Francia)
  • Gran Cruz de la Orden Nacional del Mérito (Francia)
  • Gran Cruz, Clase Especial de la Orden del Mérito o Bundesverdienstkreuz (República Federal de Alemania)
  • Gran Cruz de la Orden del Redentor (Grecia)
  • Gran Collar de la Dinastía de Reza (Irán)
  • Gran Collar de la Reina de Saba (Irán)
  • Gran Cruz y Collar de la Orden del Mérito de la República Italiana
  • Caballero de la Orden de la Annunziata (Casa de Saboya, no reinante)
  • Caballero de la Ilustre y Real Orden de San Januario (Casa de las Dos-Sicilias, no reinante)
  • Bailío Gran Cruz de Justicia y Collar de la Sagrada Orden Militar Constantiniana de San Jorge (Casa de las Dos-Sicilias, no reinante)
  • Caballero de la Orden de la Nación (Jamaica)
  • Gran Cordón de la Suprema Orden del Crisantemo (Japón)
  • Cadena Dorada de la Orden de Vytautas el Grande (Lituania)
  • Collar de la Orden del Águila Azteca (México)
  • Gran Cruz de la Orden del León de los Países Bajos (Países Bajos)
  • Gran Cruz de la Real Orden Noruega de San Olav (Noruega)
  • Bailío Gran Cruz de Honor y Devoción de la Soberana Orden de Malta
  • Caballero de la Orden del Águila Blanca (Polonia)
  • Gran Collar de la Orden de la Torre y la Espada (Portugal)
  • Caballero de la Real Orden del Serafín (Suecia)
  • Caballero de la Orden de Rajamitrabhorn (Thailandia)
  • Caballero 974º de la Orden de la Jarretera (Reino Unido)
  • Caballero de la Orden del Imperio Británico (Reino Unido)
  • Collar de la Orden de la Estrella de Rumania (Rumania)
  • Gran Collar de la Orden de Adolf Nassau (Luxemburgo)



Como Caballero de la Orden de la Jarretera


miércoles, 5 de mayo de 2010

La Corona y sus Títulos


La Monarquía en España, constitucionalmente referida como La Corona y comúnmente referida como Monarquía Española o (históricamente) Monarquía Hispánica, es una institución constitucional que implica la organización política del Gobierno y del Estado de España. Comprende un monarca reinante, su familia y una Casa real, que apoya al soberano y le facilita el ejercicio de sus deberes y prerrogativas reales.


La trayectoria histórica de la Monarquía Española va desde la unión dinástica de los reinos peninsulares en los descendientes de los Reyes Católicos, reformándose durante el nuevo régimen hasta la actualidad, interrumpida únicamente en los períodos de la Primera República (1873–1874), la Segunda República (1931–1939) y el régimen franquista (1936–1975).

Trono de los Reyes Católicos


Se considera generalmente que la Monarquía española tiene su origen en la unión personal entre Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón; intitulados Catholicos reges, et principes por el papado desde el 4 de mayo de 1493 en razón de la conquista de la península ibérica al Islam y el proyecto evangelizador del Nuevo Mundo; quienes procuraron llevar una política de acción común.

Carlos I, nieto de los Reyes Católicos, consolidó la unión de ambas Coronas, siendo llamado Rey Católico de las Españas (Hispaniarum Catholicus Rex) por el papa León X en la bula del 1 de abril de 1516. En la Embajada de España ante la Santa Sede se puso en febrero de 1977 una lápida conmemorativa refiriéndose a Ioannes Carolus I como Hispaniae Cath. Rex [adaptación del trato histórico que los papas habían dado a los reyes desde Carlos I]. Las de fecha posterior suprimen el calificativo de católico, de acuerdo con la constitución de 1978.

Carlos I a caballo, por Van Dyck


Felipe II, Príncipe de Asturias desde 1528, accedió al trono por abdicación de su padre, y usó en documentos y monedas la fórmula abreviada de rey de las Españas y de Indias (Hispaniarum et Indiarum Rex), y tras la Crisis sucesoria en Portugal (1580) adquirió también la titularidad de la Corona portuguesa.

Cambio de régimen

La Monarquía española pierde su condición monarquía absoluta, y adquiere su carácter de monarquía parlamentaria con la transformación de España en un estado liberal.

Desde el año 1833, con el pretexto de la cuestión dinástica, se sucedieron tres guerras civiles en España que jalonaron intermitentemente una parte del siglo XIX, donde los constitucionalistas («cristinos», «alfonsinos») oponían su ideario del «estado liberal» contra el «absolutismo» y «foralismo» de los carlistas. La cuestión dinástica se inició cuando Fernando VII promulgó la Pragmática Sanción de 1830, que era a su vez la publicación de la Pragmática Sanción de 1789, con lo que se anularon la disposiciones que impedían el acceso al trono de las mujeres hasta no agotarse toda la descendencia masculina de Felipe V. De esta manera, el hermano del rey Fernando VII, Carlos María Isidro, fue relegado en favor de su sobrina Isabel, hija del rey; y así, si Carlos María Isidro no tuvo inconveniente en renunciar a sus derechos en 1808, en 1833 sus argumentos habían cambiado, y con sus partidarios («carlistas») inició la Primera Guerra Carlista.


Isabel II de Borbón


Isabel II finalmente fue proclamada reina, pero su madre la regente María Cristina de Borbón-Dos Sicilias que se alineó con los liberales, sin embargo pretende el estatuto Real de 1834 lo que dio lugar al motín de La Granja (1836) y la vuelta al periodo constitucional. Así el artículo 180 de la Constitución de 1812 habría establecido el reinado legítimo de Isabel II, y el artículo 50 de la Constitución de 1837 y el artículo 49 de Constitución de 1845 indican que Isabel II era la legítima reina de las Españas. Desde entonces la legitimidad de la monarquía española ha ido vinculada con la Constitución de turno (aunque fuera a posteriori).

El sentido patrimonial de la unión bajo una corona de distintos reinos peninsulares desaparece también con el periodo constitucional. El cambio no fue brusco, la denominación de Reino en singular data desde la Constitución de 1812 (no así el Estatuto de Bayona de 1808), pero el territorio se denomina en plural, Españas, en la Constitución de 1812, de 1837 y 1845, con la salvedad que ya aparece en singular en las dos últimas. Pero en la Constitución de 1869, con la afirmación de la Nación española, el territorio pasó a denominarse en singular España, y así ha seguido desde entonces.


Representación heráldica de la corona real española

El estado actual

El actual régimen monárquico español reúne los caracteres típicos de la forma de gobierno de Monarquía parlamentaria, esto es:
  • La sucesión hereditaria de los miembros de la Familia Real en la Jefatura del Estado, con el título de Reyes de España.
  • La jefatura del Estado corresponde al Rey, el cual tiene funciones ceremoniales y simbólicas, y no dirige ni el poder legislativo ni el ejecutivo.
  • El poder ejecutivo, el gobierno, goza de la confianza del Congreso de los Diputados (poder legislativo).

La Constitución de 1978 confirmó el rol del Rey de España como la personificación del Estado español y un símbolo de la unidad duradera y permanencia de España. Constitucionalmente, el rey es el Jefe de Estado y el Comandante-en-Jefe de las Fuerzas Armadas Españolas. También se detalla allí el uso de la titularidad y los tratamientos reales, las prerrogativas reales, la sucesión hereditaria a la Corona, la compensación económica y una contingencia o regencia en los casos de la minoría o incapacidad del monarca. De acuerdo a la Constitución, el soberano español también se encarga de promover las relaciones iberoamericanas, las “naciones de esa histórica comunidad”. Desde este punto, el Rey de España sirve como presidente de la Organización de Estados Iberoamericanos, representando más de 700 millones de personas en veinticuatro naciones. En 2008, Juan Carlos I era considerado el líder más popular en toda Iberoamérica.


Los Títulos de la Corona


La actual Constitución española refiere a la monarquía como “la Corona de España” y el título constitucional del monarca es simplemente “rey o reina de España”. Sin embargo, autoriza el uso de otros títulos históricos pertenecientes a la monarquía española, sin especificarlos. Un decreto promulgado el 6 de noviembre de 1987 en el Consejo de Ministros regula los títulos completos y sobre esta base el monarca de España tiene un derecho de uso (“puede usarlos”) a esos otros títulos pertenecientes a la Corona. Contrario a algunas creencias, la titularidad larga que contiene más de 20 reinos, ducados, condados, etc. no se encuentra en uso oficial ni siquiera en la diplomacia española. De hecho, nunca ha estado en uso de esa forma, desde que “España” nunca fue parte de la lista en el período anterior a 1837 (cuando la lista larga se usaba oficialmente).


España, mencionada de forma diferente en la titularidad dependiendo del monarca que estuviera en el trono, estuvo por más de tres centurias simbolizada por la lista larga que comenzaba “… de Castilla, León, Aragón…”. Esta titularidad en el tratamiento feudal fue la última usada oficialmente por Isabel II en 1836, antes que se convirtiera en reina constitucional.


Escudo de armas de Carlos III (también de sus sucesores, incluyendo Isabel II) con el Toisón de Oro y su Orden. Variante con los leones de púrpura representados de gules, costumbre frecuente en la heráldica española.


El primer monarca que oficialmente usó una derivación del nombre “España” como reino en la titularidad fue Carlos I, Hispaniarum et Indiarum Rex. Debe notarse que este título era usado a menudo después del de Sacro Emperador Romano, puesto que “Emperador” era considerado superior a “Rey”. Durante su breve y controversial ocupación del trono, José Bonaparte, hermano del emperador Napoleón, también usaba un título similar.

En la primera restauración borbónica se regresó al formato tradicional (…de Castilla, León, Aragón…) hasta 1837, cuando la versión corta “reina de las Españas” fue comenzada a usar por Isabel II. El singular “España” fue usado primeramente por Amadeo de Saboya: “… por gracia divina y voluntad de la nación, rey de España”. Durante la segunda restauración, el rey Alfonso XII usaba “rey constitucional de España, por gracia divina…”.


Firmas del Rey Juan Carlos y de la Reina Sofía en el libro de visitas de Antena 3 (A3TV)


Con la actual (y tercera) restauración de la casa real de España, Juan Carlos de Borbón y Borbón usa el título simple de “rey de España”, sin ninguna referencia divina, nacional o constitucional. Este monarca decidió no usar el tratamiento de Su Majestad Católica y los otros títulos, aunque no declinó tales honores.

Tratamientos y “Fuente de Honor”


De acuerdo a un decreto real publicado en 1987, el rey y la reina consorte serán formalmente tratados como Su Majestad (o Sus Majestades en plural) antes que el tradicional Su Católica Majestad. Un príncipe consorte de una soberana reinante de España tendrá el tratamiento de Su Alteza Real. Adicionalmente, una reina viuda y que no contraiga nuevo matrimonio continuará siendo tratada como Su Majestad. Un príncipe consorte viudo y que no contraiga nuevo matrimonio continuará siendo tratado como Su Alteza Real.


Sus Majestades, El Rey y La Reina de España


El heredero tendrá el título de Príncipe de Asturias y los otros títulos históricamente asociados con el heredero aparente, como Príncipe de Viana (asociado al Reino de navarra), Príncipe de Girona y Duque de Montblanc (asociados a la Corona de Aragón). Si su progenitor es el monarca reinante al momento de su nacimiento, desde entonces portará estos títulos; en caso que el soberano no haya accedido al trono cuando su primogénito nace (como en el caso de Juan Carlos I), éste obtendrá los títulos a posteriori.

Otros hijos del monarca, y los hijos del heredero aparente, tendrán el título y rango de Infante o Infanta (príncipe o princesa) y el tratamiento de Su Alteza. Los hijos de un Infante o Infanta de España tendrán la consideración de Grandes de España y el tratamiento de Su Excelencia. No se prescribe en la Constitución títulos o formas de tratamiento a la cuarta generación, o bisnietos, de un monarca reinante. El real decreto limita aún más la capacidad de cualquier regente de utilizar o crear títulos durante la minoría o incapacidad de un monarca.


El Salón del Trono en el Palacio de Oriente


La posición del monarca como “Fuente de honor” en España es prescripta en el Artículo 62 (f), donde se especifica que el rey podrá conferir posiciones civiles y militares y otorgar honores y distinciones en conformidad con la ley. De acuerdo al Ministerio de Justicia, los títulos de nobleza y la Grandeza son creados por la “soberana gracia del rey” y pueden pasar a los herederos del recipiendario, quienes no los pueden vender. Los títulos pueden revertir a la Corona cuando quedan vacantes.

La sucesión puede seguir alguno de los cursos listados en el “Título de Concesión” cuando el título es creado. Por regla general, la mayoría de los títulos son heredados por primogenitura absoluta, según la cual el primogénito hereda todos los títulos de su padre, independientemente del género. Sin embargo, un titular puede designar su sucesor (Sucesión por Asignación) o dispersar los títulos entre sus hijos, donde el primogénito obtiene el título de mayor rango (Sucesión por Distribución).


El rey Juan Carlos condecora a Matías Prats con la Medalla de Oro al Mérito Deportivo en junio de 1980.


El rey Juan Carlos otorgó títulos nobiliarios a dos de sus antiguos presidentes de Gobierno que se retiraron de la actividad política: Adolfo Suárez fue creado 1º Duque de Suárez y Leopoldo Calvo-Sotelo fue hecho Marqués de la Ría de Ribadeo. El tercer presidente, Felipe González, declinó el título, mientras que la presidencia de José María Aznar estuvo tan envuelta en controversias que no hizo viable un título para él. Todos los sucesivos políticos permanecen en actividad.

El soberano concede órdenes militares y civiles y premios de distinción, tradicionalmente con el consejo del gobierno. La orden más distinguida que puede otorgar es la Orden de Carlos III, a “ciudadanos que, con su esfuerzo, iniciativa y trabajo, han prestado un distinguido y extraordinario servicio a la Nación”. La Cruz Laureada de San Fernando es el más alto premio militar para el valor.